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EXPLICA LOS PRINCIPALES PROYECTOS DE REFORMA DEL CONDE DUQUE DE OLIVARES

Gaspar De Guzmán Y Pimentel, Conde Duque De Olivares, hijo del conde de Olivares, estaba destinado como otros
segundones de la nobleza a la carrera eclesiástica. Pero la temprana muerte de sus dos hermanos mayores y poco
después la de su padre le permitieron heredar el título y el mayorazgo de su casa. Permaneció un tiempo en Sevilla
ocupándose de sus dominios y se casó con Isabel de Velasco, dama de honor de la reina Margarita, lo que le facilitó
su ingreso en la Corte. A partir de entonces, su carrera política fue meteórica. En 1615 fue nombrado gentilhombre
de cámara del príncipe, cargo desde el cual se ganó la confianza del heredero. Cuando accedió al trono Felipe IV en
1621, Olivares se convirtió en el valido del nuevo rey, persiguió y desplazó a los miembros de la camarilla de su
predecesor, para después ocupar esos cargos con sus allegados. Igualmente aprovechó su posición para engrandecer
su linaje. A diferencia, su antecesor como valido, Olivares sí tenía un proyecto de gobierno y una inagotable
capacidad de trabajo. Pero su talante autoritario, sus errores políticos y las circunstancias desfavorables provocaron
su caída en desgracia y Felipe IV prescindió de sus servicios en 1643. Olivares se retiró a Loeches y después a la
localidad zamorana de Toro, donde murió dos años después.

El, ideario del conde duque de Olivares se apoyaba en dos principios fundamentales que inspiraban todo su
programa de gobierno:
 Volver a la tradición imperial de prestigio y recuperar el protagonismo en el exterior. Su consecuencia
inmediata fue la reanudación de la guerra contra Holanda al finalizar la Tregua de los Doce Años (1621), a la
que siguió una activa participación en los conflictos europeos.
 Fortalecer la monarquía y evitar su decadencia, lo que se plasmó en una serie de ambiciosos proyectos de
reforma interna que terminaron fracasando.
La población española recibió mal sus proyectos de reforma, que abarcaban todos los ámbitos, desde la economía
hasta las costumbres y la moral; y los grupos sociales que podían salir perjudicados los boicotearon.

Además, la situación de guerra casi permanente exigía soluciones urgentes e inmediatas, y obligaba a aplazar unas
reformas que requerían tiempo y paz para su realización.

El proyecto de un banco estatal

Olivares pretendía crear una red nacional de fondos (erarios) que liberase a la Corona de su dependencia de la banca
extranjera. La idea no era nueva, pero sí sus características.

Los fondos actuarían como bancos: pagarían un interés a quienes depositaran su dinero en ellos y concederían
préstamos a la Corona, que así obtendría la ayuda de sus súbditos y no se endeudaría con extranjeros. Pero para
constituir la red de erarios se necesitaba un capital fundacional, que debían aportar, obligatoriamente y en
proporción a su riqueza, todos los súbditos cuya fortuna superase una cierta cantidad (2.000 ducados).

Las Cortes se opusieron a la obligatoriedad de esta aportación inicial, que habría supuesto una investigación sobre
las fortunas privadas, y a cambio aceptaron el aumento de un impuesto que se pagaba sobre productos de primera
necesidad. De este modo fracasó un proyecto innovador y se sustituyó por un recurso tradicional de efectos
limitados.

El proyecto de unificación jurídica e institucional de la monarquía

Para Olivares el asunto político más importante era la unificación de la monarquía bajo unas mismas leyes e
instituciones, según el modelo de las de Castilla.

En su opinión, una monarquía unitaria facilitaría el gobierno de todos los territorios y la solidaridad entre todos sus
habitantes. Como propuso en el Memorial secreto de 1624 dirigido a Felipe IV, este debería convertirse en «rey de
España» y no de una suma de territorios, esto suponía negociar en cada territorio la modificación de sus leyes, pero
con la presencia de un poderoso ejército que sugiriera la posibilidad de imponer los cambios por la fuerza. Este
proyecto político no se intentó siquiera, ya que era demasiado arriesgado en un contexto de guerra y amenaza
exterior constante.

El proyecto de un ejército nacional permanente: la Unión de Armas

La Unión de Armas pretendía ser un ejército permanente integrado por 140.000 hombres reclutados de todos los
reinos de la monarquía, en proporción a su población y riqueza. De ese modo cualquier territorio que fuese atacado
por el enemigo sería socorrido por una fuerza de 20.000 hombres (la séptima parte de ese ejército); o lo que es lo
mismo, se podrían atender hasta siete frentes simultáneos.

Olivares pretendía con este proyecto tres objetivos:


 La creación de un ejército poderoso y eficaz.
 La distribución del coste de la guerra entre todos los territorios de la monarquía, descargando a Castilla de
un peso que llevaba prácticamente en solitario.
 El fortalecimiento, por medio de la colaboración en el ejército, de lazos de solidaridad entre todos los
súbditos, independientemente de su lugar de origen.
Sin embargo, en la Unión de Armas la distribución de la carga estaba muy lejos de ser ajustada y proporcional a la
población real de los distintos territorios: a Castilla le correspondía una aportación de hombres solo tres veces
superior a la de Cataluña, cuando tenía una población quince veces mayor.

En cualquier caso, el proyecto fracasó por la oposición de las Cortes de la Corona de Aragón, que recelaban de una
monarquía a la que consideraban ajena y de una medida que iba en contra de lo establecido en sus fueros. Al final,
las Cortes de Aragón y de Valencia se negaron a aportar hombres, pero concedieron sendas sumas de dinero; y las
de Cataluña, ni hombres ni dinero.

El fracaso de Olivares

Las necesidades financieras de la monarquía a causa de la Guerra de los Treinta Años obligaron a aplazar las
reformas y a recurrir a medidas que agravaron aún más la crisis social y económica, sobre todo en Castilla. Se
crearon nuevos impuestos, se pusieron a la venta cargos públicos, se convirtieron en señoríos tierras de realengo a
cambio de dinero, etc.

En consecuencia, el descontento social y la oposición a la política de Olivares se generalizaron por distintas razones:
 Los territorios periféricos (Portugal, Aragón, Valencia y Cataluña) rechazaban las pretensiones unitarias y
centralistas de Olivares.
 Los miembros de la alta nobleza se quejaban del escaso protagonismo que les concedía el autoritarismo del
valido.
 Las clases populares denunciaban su agotamiento económico y la presión fiscal que sufrían.
 Los conflictos y protestas fueron constantes y se desencadenaron rebeliones en todas partes: Vizcaya (1632),
Cataluña (1640‐1652), Portugal (1640‐1668), Andalucía (1641).
El momento más crítico para la monarquía se alcanzó en 1640, año en que estallaron las rebeliones independentistas
de Cataluña y Portugal.

La impopularidad del valido fue en aumento y en 1643 Felipe IV le apartó de la política. Olivares murió dos años
después. Pero su caída no fue suficiente para restablecer la paz social, ya que las rebeliones de Cataluña y Portugal
continuaron, y brotaron estallidos populares en Andalucía (entre 1647 y 1652), Nápoles (1647) y Sicilia (1647).