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‘obar (editor). la literatura / Leonardo Romero T Prensas Universitarias de Zaragoza, Historia literaria/ historia de 2004. 470 pags. iia: Editorial ‘Zaragoza, Espai 66 exe aparente dilema (la produc-ién libidinal/ideolbgica de la condiciéa humana o de cada yo), pero prefiero concluir con una cita ajena. Una parifrasis de Raymond Chandler en el eapieulo 1v de su fantéstica novels FL largo adits. «Qué se esperaba usted de la gente? —viene a decitncs Chandle:— ;Que fueran maripasas doradas?». Desde luego que no somos mariposas doradas, pero tampoca gusanas, aunque sean de seda Creo que esto supondrfa un buen punto de apoyo para seguir trabs- ‘nls historia literati yen la historia de aguty ahora. idades; 47) (Coleccién humanit Juan Carlos Rodriguez LA HISTORIA LITERARIA, TODA PROBLEMAS' Leonardo Romero Tobar (Universidad de Zaragoza) _ braba los vatios hilos prosopogréfics con los que don Amor tee a figura de _ subella en el libro de Juan Rusiz.* Hack Ia fecha en la que fnsula publicaba este trabajo, los estudios hispénicos empezaban a recobratse del marasmo 2 que los habian reducido las guerra ain cercanas. De 1949 es el primer volu- en de la Historia General de las Literatures Hispénicas prologado por un historiogeéficamente memorable de Menéndez Pidal, en 1950 habia de las prensas mejicanas la traduccién espafiola del gran libro de ~ Bauallon, y el propio Damaso Alonso firmaba en 1951 la primera edicién su Poestaexpariola, Ensayo de método:y limites esilitices. Hablar de historia y de historiogiafia inevitablemente lleva al cuento los afos y ls fechas que suelen entenderse como significativas en el teji- de la materia historiable. Sin la pretensién de reproducir un nuevo caso de lo que la jerga antropolégica denomina shick description, las alusiones | Ge acabo de hacer a algunos acontecimientos bibliogrificossignificativos Se eproduceaqul el taco del confencia plenaria dcade por el autor en el IT impos de fs Azocacin Expo de Teoria dea Literature ques cleb en la Unive ‘iad de Valencia ls dias 3031 de enero de 2003, Al watase de un texto que fue expucs- Moralmence, as cas estintaducidas dea lengua original 2 ‘Dimaso Alonso, «La balls de Juan Rui, toda problemas, _ Madi, Gredos, 1973, vol. 2, pp. 399-411. [ed fal 2 79, Obras Compleas, 52) 68 Leonardo Romero Tobe cn cf dmbito doméstico de nuestros estudios cumplen una funcién def «2 como indicadores de la actitud que los hispanistas més notables d= 1mediados del siglo pasado mantenfan en relacin al esatuto epistemolég:- ‘co que caracteriza a la historia literaria. Un programa de rasgos basicos y caracterizadores dela literatura «racionaly en el texto pidaliano (Menénde: Pidal, 1949), una muestra préctica de historia intelectual en la monografis de Bataillon y una declaracién de idealismo en las paginas que el maestzy ‘spatiol de la Estilitica concedta¢ las observaciones de tipo general. Déma- s0 Alonso escribfa en el libro de 1951: «No existe historia literatia» y, poco ‘més adelante, la obra literaria es ahistricas, ela obra de arte es eterna (si entendemos por eternidad el ciclo de nuestra cultura)», Para Démaso Alon- so sélo la obra poética individual posefa realidad artstica en sf y en el ‘momento de su apropiacién por el lector —eel estudio de una obra poéti- ao, en general, artistica, es siempre estudio de una realidad actual»—, y el testo... era crudici6n indigeste 0 ruido cultural: «Nuestras historias de la liceratura, lo que entendemos por historias de la literatura, tienen un con- tenido mixto: cierto que tratan {cuando no maltratan) esas espléndidas permanencias, esas luminosas criuras inmutables; pero, ay, arrojadas con- fusamente entre una enorme masa de fracasos, entre montones de obras ‘que nunca dijeron nada ala mente y al corazén del hombre, o que si tuvie- ron vida fue slo algunos afos, quiz4 una moda o un capricho de la imagi- nacién popular (Alonso, 1957: 295-209). Damaso Alonso, aunque coincidia con ella, no formulaba explicita- ‘mente la distincién que habfa hecho Desiré Nissed, en 1844, entre histoi- re listéraire © histoire de la littérature y que, literalmente, ha cubierto un recortido de mas de doscientos aios en los estudios de la literatura fran- cesa, desde los benedictinos de Saint-Maus en el xvii y Gustave Lanson a principios del xx (1903) hasta llegar a Roland Barthes (1963), ya media- do este siglo, y quienes, a su zaga han entendido el marbete historia litera- ria como el andlisis y explicacién de todos los componentes de esa pecti- liar cinstcuciény social a la que llemamos lieratura? 3. «Et fon pourrait alors écrre& ci de cere “Hiscoire de la iératue Fangs’, fs avanzado el siglo X%, un dindmico eatedrético de institut —Guillermo Diaz-Plaja— y uno de los més eminentes filélogos del Centro de Estudios fistéricos —Américo Castro— son Ics tinicos nombres de profesionales fel saber literario que dieron pruebas dz interesarse por el huidizo estatuto snoseoldgico que plantean los textos literarios en su vivir histérico; el pri- ‘con titiles programas editoriales 7 algiin trabajo informativo (Diaz~ ja, 1949; 1963), el segundo con la elaboracién de un apasionante y dis- itido procedimiento de lectura de los clisicos espatioles. ___La precaria, la casi inexistente refleién hispanistica sobre la historia _ lteraria ha seguido manteniendo su confortable estado de desinterés por el hhecha excepcién de prontuarios académicos como el de Oscar Tacca 168) y de las aportaciones relacionadas con los condicionantes ideol6gi- fide esvt de lou ocr gi li a ben ue des indivi ilstesqu ei (anon 15 367 2 Cathrine Whitmore de 18-1933 en que comenta uns oporcone = Gide: de Licata Espala ss yu hora de sab en Epa con oa deenertin !conepco de hisora tein, miscrblemen: historia, ue domme) que permite {58 pobre hombre como Hid se poor de Madde (eo San, Carr © Eeherine Whimare (1932 1947) e, Bate Bos, Barcelona, Tague 200, p. 173). Esta Gut de ler juno con adie Jonge Galen en -DC1932 (edo ings Jonge Soria Olmedo, Beans Toe 70 Leonardo Romero Tobssy ‘cos que han podido marcar la constitucién de la historia nacional dela lite. ratura espafiola (Mainer, diversos trabajos desde 1981; 2000). Afortunad.. ‘mente, convocatorias como la que aqut nos ha reunido presagian aperturss de horizomte y el inicio de un proceso intelectual mae eigenr qe ee ‘muchos testimonios personales que pueden aducirse —anécdotas de opo siciones, andlogas a Ia referida en las carts de Salinas— coo sfncome ce tas inquietudes de nuestra sociedad lteraria por ef tema que nos ocupa Lamentablemente no es posible leer en espafiol ni las reflexiones metodolégicas del Lanson o el B:unétidre de principios del x%, ni los bri- antes alegatos de Proust contra Sainte-Beuve o de Péguy contra Lanson; sélo algiin apunte sobre la compkjidad que supone la historia literaria en alguna pégina de Américo Castro.” Asi pues, la primera gran crisis que habfan experimentado los estudios europeos de historia literaria en el filo dl primer tercio de siglo xx fue desconocida en estos pagos. Las requi. sitorias que desde distntas publiaciones académicas de los afios veinte y ‘treinta —la Romanic Review, la Modern Philology, la Southern Review ola Kenyon Review— y las movidas sesiones del Congreso de Historia Litera. ffacelebrado en Budapest en 1931 (Bulletin of International Commitee of istorical Sciences. Proceedings of the Firs International Congres of Lit History, 1932) entre nosotcos pasaron desapercibidas, sey Itinerarios criticos de la historia literaria Hacia los afios treinta del siglo xx los vientos de fonda se cernian tanto sobre los estudios histéricos generales como sobre los de historia lite- ‘aria; un proceso de critica rigurose se estaba realizando contra el prstigio metodolégico y las seguridades conceptuales en que se habfa asentado la Préctica del positivismo historicista, a pesar del cdmulo de sus aportacio- 6 Las Memoriam de la oposciones y concurs a pleas dacentes de Enscfanan Meds de Unividad han sd ina prolongada pica durante macho stort algo de vals tic a podido produce ctand a aside, nus sure lo hea paolo, 40 como tab exencoy bead dela cag de prom admininatva quseaaie dere tot impone En cualquier cas, la reeraciba de or sgumentor de atoad ele see imeeatno eae dea sla hsoiograli no puede coe bsjo una cul, ica de concepts Bos unlvoos, sl menos euando se pire ace vrl parado ome uaa etsanaey aieed perspectv de lor (Casto, 19873). isoria literaria, toda problemas n - ges documentales. Fl historicismo —un quehacer intelectual que habia : introducido la experiencia de la contingencia en el universo intemporal de "|g Poética y la Retérica—, una vex camplida su funcién dinamizadora, ‘abfa pasado a convertirse en un modelo cientificamente extéil y moral- ‘mente inquietance (Popper dixi). No olvidemos —se ha recordado en muchas ocasiones— que al historicismo positivista se deben las grandes sportaciones en historiograffa literaria —desde Lanson a Mornet, desde “De Sanctis a Sapegno, desde F R. Leavis a E. Tillyard, desde Amador de ‘fos Rios, Mil y Menéndez Pelayo a Menéndez Pidal— de las que ain Jes». Del mismo modo, es preciso recordar contra las simplificaciones abu- ‘sivas que, desde la historiograffa historiista in strietu sensu, ya se habfan truido los puentes que relacionaban los textos artisticos con los des- wudos chechose de la historia tout court, una operacién librada en los capf- los apendiculares que la llamada ehistoria de la civilizacién» inclufa en “sus programas de trabajo (Rafael Altamira fue en Espafia un ilustre repre- sentante de esta direccién, en la que intuitivamente habfa sido precedido ppot Juan Valera en su continuacién de la Historia de Modesto Lafuente). Pero volviendo al micleo de las preocupaciones de los congresistas de _ Budapest, podemos verificar en sus Acta eémo los grandes temas alli debati- | dos fueron el método y las técnicas de trabajo que mejor convenian alos estu- dios hiseérico-literatios entonces en curso, La alternativa metodol6gica que se (Huyssen, 1992: 194). Planteamientos muy parecidos defiende ‘Gianni Vattimo (1991) en un texto en el que pormodernidad, critica ¢ his son categorlas inseparables: «Pensar lo posmoderno como fin de la historia, como el final del fin, no significa, entonces, darse cuenta de que a euestién hubiera ya dejado de proponerse, sino, al revés, stuar en cl pri- er plano de una atencién central la cuestién de la historia como rafz de timaciones (Vattimo, 1991: 20). | Se impone entonces realizar, como quiere Fredric Jameson (1991. 1), «un auténtico esfuerzo dialéctico para pensar nuestro tiempo pre- ite dentro de la historia», un tiempo —el de la posmodernidad— que, no sefala en otto lugar el propio Jameson (1996), se traduce en una ‘tic de problemas politicos y estétcos particulares. Por eso, frente al Silencio cémplice con el orden institucional y econémico vigente que Jmpers en esa cércel de oro que para muchos intelectuales es [a posmo- AEsnidad, es preciso mantener una actitud vigilante y critica, fomentar “l establecimiento de didlogos, recrear la elaboracién de discursos Ampulsar la produccién de sentidos; didlogos, discursos y sentidos que ten de Ilenar de contenido ese vacio radical y ontolégico que parece Polar al ser humano y se orienten hacia la restauracién de la razén ‘Omunicativa y la vida civil entendidas como procesos colectivos, y todo flo convencidos de que el mejor de los mundos posibles no ha de ser ‘ccesariamence el presente —como asegura el pensamiento posmoderno _ Gil fin de lahistoria—, y de que sdlo desde una ética fuerte, como sefia~ T. Eagleton (1997), se puede combat r esa forma de futuro posible (y 1) que es el fascismo. AMfredo Sale!iig dernidad, historia, literatura 7 En todo caso, algo que resulta meridianamente claro es que la pos. {a posmodernidad como una realidad histérica y cultural con perfiles ‘modernidad ha puesto en tela de juicio el concepto y el campo semdaicg efinidos, una realidad en la que se elaboran précticas artisticas con eleva- de la historia (algunos autores del posescructuralisino francés hablar de [= dos contenidos criticos y de oposicién que tevelan profundas contradic- posthistore). Kibédi Varga (1990: 6), por ejemplo, se pregunta ses lee. anes y tensionesincernas del sistema. Que la cidea occidental» Fukuya ‘mo utilizar el concepto histbtico de période a propésico de una posmode. 1990: 85) dominante sea inseparable de la préctica de un liberalismo aude ove sates Thiesin sowre 3 un pulse vege. Fran pole y sons no que dec qu no haya os et ces de cis Fukuyama, asesor de diferentes presidentes norteamericanos, desde un erpretar el mundo —no sélo el o I~ de otras maneras ni que, petspectiva muy conservadora, sefiala la posibilidad de estar viviendo ya ras condiciones, no pueda surgir una nueva sidea occidental» dos no «el final de la guerra fifa 0 el ocaso de un determinado periodo dela ce distinta de la actual, Nuevas situaciones que generan nuevos con- historia de la posguerta, sino dl final de la historia en siv (1990: 85), idea tos que demandan a su vez nuevas respuestas. En todo caso, cabe pen- con la que evidentemente no estén de acuerdo pensadores de formacién © sar que el deseo de ver y la voluntad de construir de otra manera son ‘marxista. T. Eagleton (1997: 105) sefiala: «Para el socialismo, la muerte de Taherentes a una cierta sensibilidad posmoderna y luchar para que la Ia Historia atin esté por llegar; Eagleton ve en el socialismo una fuerza femocracia liberal al servicio de los intereses del capitalismo no se con- capaz de combatir el gran relato de fatigas, opresién e indignidad que ha sierta —como temiera Lyotard— en el horizonte irrebasable del tiempo. sido en gran parte la historia. A juicio de Gianni Vattimo (1990), la cate sentido, conceptos como los de diensién, diferencia, descentra- seeded ence nn sand a noo posse msi a ia i deonareé s ban heho abe enol ate yl pension como algo unitario. Esta crisis de la idea de historia, en opinién del fils- FE nuestro tiempo, y el titimo Lyotard —que sigue aqut la estela mar- sofo italiano, estéestrechamente relacionada con la crisis de la idea de pro- tada por Adorno— aboga por la refundacién de una razén capaz de greso puesto que wi no hay un curso unitario de las vicisitudes humanas no podré sostenerse tampoco que éstas avancen hacia un fin, que efecien ionalismo crtico» (Lyotard, 1995: 36). un plan racional de mejoras, educacién y emancipaciéns (Vattimo, 1990: 76). Por su parte, Fredric Jameson (1991: 15) intenta eoftecer una hipé- tesis de periodizacién hist6ricas de la posmodernidad como pauta cultural dominante, aun a sabiendas de los problemas que plantea el propio con- cepto de periodizacin historia. De hecho, y a pesar de la diversidad y Ein, pecocnte ue te xcarn : ‘ complejidad de formas calturales que pucblan nnestro presatc, ox urges ee en te realizar un esfuerzo para llenar de contenido el canon estético hegems Be creas Huyssen (1992), la reeuperacién a ean eee . i ‘salir del callején sin salida en el que nos hemos introducido desde la pos- nico de la posmodernidad, lo que Fredric Jameson (1991: 20) denomina Friodemi «légica cultural dominantes. Si no se logra esto, continda Jameson (1991 edad strat tay res de ak secupenitn eats be Sri eee eee ee ue el pasado y la tradicién no son rechazados —ni recuperados— total- ),teeaeremot en una vsin de le historia atl como mera hetenge Face En ests sentido, hs coondenadas antropoldgicas de dempo y erpa- nid, difrence alec 0 consents de um mache de fs agnor Wwe rd ch as distincas cuya efectividad es indecidibles Hc hiswace rH . oo Alchistorias se trata de nociones tiempo y espacio— que experimentan, ‘Ast pues, el andlissinicial propuesto de la posmodernidad desde ale onstantes procesos de disoluci6n y que afectan por lo tanto ala singulat nos sectores de la izquierda politica como un fendmeno aficmativo, _ fenstruccién de los acontecimientos hiséricos y a las imagenes e ideas que os scien, viel «formas wcine ule eee | os hacemos de ese iis sontcideton Ae ey om ga del extremadamente débil y reduccionista. La perspectiva con que contempla- = Acabamiento y ese sintoma de la penura a los que al parecer ha quedado mos el fenémeno no es todavia muy amplia pero sf suficiente para ape” Feducida la posmodernidad no pueden ser sino propuestas para pensar De este modo, asistimos algo escépticos, desorientados y perplejos a acto con el pasado y con Ia historiayel sentido que gobernaba su vida 98 Aifedo Salagg <7 gaber— de ot manera, indcios de otras miradas,susurtosy eos de Palabras que no pueden entenderse pero repletas de sentidos. Mis ain, o¢ Sélo las nociones de tiempo y espacio han sido dinamitadas por esas n° as condiciones de representacién; de un modo parecido, también le tera y lr idea del mundo se han visto altradas profundamente por ox Imismas condiciones, unas condiciones que afectan, en todo caso al epee dlzajey a conservacién y a la transmisién de conocimientos en ure sociedades donde el estaruto del saber ha sido plenamente modifiado, ae tal manera que los versos que Charles Olson escribié en su poema «The Kingfisherss —eWhat does not change / is the will to changer— bien udieran servir como lema de estos tiempos convulsos. IL LA CONSTRUCCION DE LA HISTORIA LITERARIA