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blecer una nueva meta para las disciplinas hist6ricas: la com. prensién. La comprension es el objetivo del método histético- filos6fico, que hemos eshozada en el eapftulo anterior y a cuyos problemas ¥ mediaciones estamos dedicando este. - La hermenéutica ha concebido el fenémeno de la compren- jén como tn acontecimiento circular. Con frecuencia se ha ape- lado a la formula del tedtico de la historia K. G. Droysen para defi- nir el cfrculo hermenéutico: «Lo singular es comprendido en lo total a partir de Io singular». Quiere esto decir que, contra la cre- encia comtamente compartida por los historiadores modernos, el cempirismo no puede ser el fundamento de la investigacién histé- rica. Y, si esto es asf para la investigacién hist6rica en general, lo es doblemente cuando se trata de historiar un fenémeno estético. Las obras literarias se comprenden de forma circular en la medida en que precisan una ‘otalidad de sentido para abrirse a la comprensién. Esa totalidad de sentido lo es doble: la de la cultu- ra -entendida en su dimensién més amplia, Ia sociol6gica- y la de la estética que le da forma. Ademés el intérprete interroga a la obra desde su propia posicién, ampliando su capacidad com- prensiva mediante el esfuerzo por entender al otro. Gadamer con- cibi6 ese fenémeno como una fusidn de horizontes. Quizé la ima- gen de un didlogo més 0 menos satisfactorio sea més idénea que la de la fusién. Bse didlogo parcial conforma la historia de lo que es comprendido, la historia de la interpretacién. Y el ser obra lite- raria es precisamente esa historia. Este trénsito de la explicacién empirica a la comprensi6n is- l6gica requiere un nuevo método para las disciplinas historicas: el método histérico-filos6fico, Pero lejos de resolver este proble- ‘ma por la via abstracta habinual entre los filésofos, resulta mucho mis esclarecedor abordarlo en Ia forma concreta de una exposi- cin de flosofia de la historia: un relato que, segdn Kant, se ase- ‘meja al de una novela. Le dedicaremos a esta exposici6n el capi- tulo siguiente, V. PROLEGOMENOS A LA HISTORIA LITERARIA. ‘Una nueva historia literaria debe partir de una comprension superior de la historia y sus imites. Al hablar de limites no nos estamos planteando cenceptos abstractos sino realidades concre- _ tas: la prehistoria y el futuro. Vayamos con la prehistoria y su aleance para la comprensién de la historia literaria, La imagina- cidn literaria ha conocido dos grandes perfodos: el de las tradi- ciones y el hist6rico. La imaginacién tradicional se ha confor- mado durante decenas de miles afios. Ofrece un panorama a la ‘vez diverso y universel. Diverso porque cada cultura, cada tibu | laa adaptado a su Ienguaje. Universal porque responde a las censefianzas de un largo y fértil periodo de la trayectoria de Ia ‘humanidad. Los indices de Aame-Thompson son una de las prue~ ‘bas de esa universalidad en el dominio del cuento popular. Esta imaginaci6n tradicional no concibe la escisién entre el arte, los titos religiosos y la actividad de la tribu. Todo forma una com- pleta unidad: las tradiciones. También la seriedad y la risa estén {ntimamente unidas. El tiempo se concibe como un ciclo. Y este Ciclo se subordina al espacio conocido, que suele ser el espacio de la tibu. Esta imaginaci6n es propia de la prehistoria, pero sub- siste en formas diversas en el mundo hist6rico, con un grado Variable de adaptacin a ese nuevo mundo. La imaginacién Lteraria hist6rica supone una ruptura com- pleta con la imaginacién del periodo anterior. El arte y Ia litera~ tura se autonomizan de la religin y de la esfera laboral. El mundo se abre y aparece la sociedad internacional. También el mun- do interior, el de las ideas y 1a conciencia se abre de par en par a la investigacién. La sociedad se diversifica, se jerarquiza y apa- rece un fuerte proceso de creciente desigualdad social -esto es, ticos y pobres-. La seriedad y la risa se escinden para fundar dominios estéticos propios. Mas tarde aparecerin nuevas formas mixtas, cuande ambos dominios se hayan debilitado. También la seriedad conoce dos orientaciones divergentes: una hacia el fahn- lismo, la otra hacia el didactismo. En la primera se afronta el mundo extericr en creciente expansién de sus fronteras. En la segunda se aborda el mundo interior cada vez més complejo. La Modernidad supone un nuevo proceso en el que aparecen nue- vas tendencias centripetas de la imaginacién literaria hist6rica. Estas tendencias conllevan un nuevo proceso de mixtificacién ~confusién— que retine aspectos de la seriedad y de la risa. Dos Ifneas se oftecen a la estética moderna: el realismo y el simbo- lismo (que los anglosajones han llamado modernismo). El real ‘mo busca la expresiGn de la identidad individual. El simbolismo persigue la salvaciGn del individuo en un mundo concebido como ‘una lucha esencial entre dos grandes poderes: el del Bien y el del Mal. Pero veamos esto con algo més de detenimiento, En primer lugar, debemos partir de un concepcién més exi gente de la historia. La historia forma parte de la tarea por la cons- truccién de la conciencia del género humano. No es la memoria del género humano, como dice el t6pico, sino algo de mayor tras- cendencia. Esa consideracién de la historia como memoria pro- cede de que el hombre de la historia ve el pasado como olvido, ‘una amenaza permanente de Ia que no le ampara la tradicién pre- histérica. No puede ser s6lo objeto de erudicién profesional, dejando Ia inte:pretacién a los aficionados. Esta es la razén de que cl individualisuuo sea incapaz de ir més allé del viejo histo- ricismo, porque no puede concebir la historia sino como memo- ria pasiva, sujeta a los limites del empirismo y del individuo. La idea de la historia como consciencia ya la apuntaron Hegel, Dilthey ~cla comprensién hist6rica incrementa la autoconcien- cia» y Gadamer (II, 38). En el dominio literario, autoconsciencia significa compren- si6n de los cicles de la imaginacién, de sus tareas y estratos; para ello, una historia estética de la literatura y de las artes debe estar atenta a los puntos de ruptura de la continuidad lineal de la his QUE ES La wieronta LiTERAsiA? 8 toria. Y, sobre todo, debe contemplar la historia desde una pers- pectiva muy amplia, La concepcién empitica entiende la historia como una sucesién lineal y cronol6gica de momentos; y con- templa esos momentos sin apenas perspectiva, dando lugar arela- tos segmentados (una obra, un autor, un periodo nacional, etc). ‘Una concepcisn filoséfica comprende la historia como una suce- siGn de etapas que tienen un carécter propio -una ideologfa, unas tareas sociales, etc.~. Y contempla el acontecer hist6rico en pers pectivas amplias que permiten reconocer la unidad y la distinta cntidad de esas etapas. El primer gran problema que se nos presenta para compren- der la historia es comprender su prehistoria, La historia es un pro- ‘ducto de la Modernidad y esta época ha tenido grandes dificulta- ‘des para comprender el largo periodo que quedaba més alld de la historia. En la préctica, el historicismo, llevado de la compren- sin de la historia como cultura en el sentido de civilizacién, ha comprendido la prehistoria como un periodo‘initil, infecundo, pura barbarie. Y, sin embargo, la Modernidad ha ido reuniendo ideas y elementos de interés sobre ese largo periodo anterior ala historia, Un debate sobre Ia naturaleza de la imaginacién prehis- térica y sus productos ha ido creciendo en interés. Ese debate es esencial por Ia luz que guede aportar sobre la prehistoria, pero también por Ia luz que arroja de paso sobre la historia. El modo de pensar y de crear-en suma, de imaginar- de la his- toria no es un modo natural. Es una respuesta, una réplica a la ima- ginacién tradicional prehist6rica. Y, ademés, la imaginacién hist6rica nunca se ha podido desprender del todo de la imagina- ci6n tradicional y de su legado, Por esta raz6n, resulta impres- cindible para comprender la imaginaci6n hist6rica realizar un esfuerzo de comprens:én de la imaginacién tradicional. In- tentaremos abordar aunque sea muy brevemente esta cuesti6n. La imaginacién tradicional La imag nacién prehistérica se expresa mediante tradiciones. Las taliciones son actividades variadas: unas caen en el dominig de lo que hoy lamamos artes, otras caen més bien en el dominio de Ja artesanfa y las tltimas son saberes y creencias que rigen cier, {as manifestaciones de Ia vida, y hoy las amarfamos costumbres y también cultura, Es dificil definir con precisién las tradiciones, pues abarcan Periodos muy largos y muy distintos. La imaginacisn tradicional ‘conocié, al menos, dos revoluciones: Ia primera fue el trnsito de Jas comunidades de cazadores y recolectores a comunidades agrt- ccolas. La segunda es la pugna entre agricultores y ganaderos, la edad de los Metales, y da lugar a procesos de federacién de ti- bbus que suponen la emergencia incipiente de naciones y la apa- ricién de guerras. Pese a las enormes diferencias que tales perio dos alentaron, Ia imaginaci6n tradicional parece tener, desde ‘nuestro punto de vista temporal y cultural, ciertos rasgos comu- nes, dos especialmente: la verticalidad y la endogénesis. Por verticalidad cabe entender la conexién que existe en el ‘mundo de las tradiciones entre el mundo de los mortales, el de los muertos y el de Ios inmortales. Esa conexién vertical no s610 supone la presencia entre los vivos de dioses y antepasados, velando por los vivos, sino que da lugar a una temporalidad espe- ial, axiolégica. Este tiempo no conoce la experiencia préxima, el legado de las generaciones anteriores, ni tampoco el futuro ‘como ideal de progreso, La excelencia se sitia en el pasado remo- to, el tiempo de los patriarcas fundadores, y el futuro s6lo puede ser el tiempo de la gran catéstrofe, el del fin del mundo, Esta con- cepcién temporal no permite la libertad. El ideal de las genera- ciones en el mundo tradicional es ser idénticas a los antepasados fundadores, que consiguieron la alianza con los dioses gracias a superfecci6n. Esa grandeza vertical de estas culturas tradiciona- les se ve contrarrestada por la estrechez del mundo tribal, Ia endo- génesis. Ese mundo se reduce 2 la tierra conocida (en las culturas agricolas). Mas alld del mundo de la tribu s6lo existe lo desco- 2 8s que us LA misToRIA LITeRAsia ™ pocido: el bosque, el deserto. ¥ de lo desconocido es difieil que egve nada bueno, Seta de un mundo cea pra los Vos, sue slo pueden salir desu estechez pot os cielas po el sub- Jo, Este cardcter vertical ha conformado la este - © olisio tradicional. Esta esttica concibe el mundo como el esce ‘ott para el crecimiento personal. Esl estética de los cuentos spulaes, sobre todo, pro también esté presente en otros Béne- roe de tipo legendari, ‘ncluidos la leyenda y la epopeye May ‘Fecuentemente estos géneros adoptan la forma simi via “je. un viaje de inciacié: alos cielos, al subsuelo 0 los = dela tierra oe sca api de ascalurs agro sientris do na formacin de una estética contrapuesta al sim Sati odoa on maxing exes él reciento familiar labora arene, Stele dar lagu wen ros poetics, como la canci aictonal pero también a eyen- Gas ocls, como es leas de a iblca Rut. Se craters por un eng macado estamos clas yuna fet ascologia agricole i patio ncn Gon gan etn ta cin, pron as is, idactsmotraiconl toma con fe ‘cuencia un aspecto sapiencial, visible en los refranes y p bios. La transici6n a la historia Sihubiera que lar un nico rsgo Ia fontera entre ome, do dels tradciones ya historia exe sera de Ia igualdad ese cial de sus pobladores, Esta afirmacign merece ser matizade Y expicad. En las times etapas del mundo dels tradiciones Ins socedades de pastes que federan sus sos par fomae jentes naciones més 0 menos teocriticas a Inportantes de desigualdad, Esas formas son, eaprimer i una desigualdad sexi. Se trata de sociedades poligamicas (hk> tualmente poliginéticas). También se da el fenémeno V, PROLEGOMENOE A LA HHBTORIA LTERARIA gamia en sociedades agricultoras. Toda la Edad de los Metales conoce esa forma de desigualdad. Hay otras formas de desigual- dad quizas anteriores: Ia jerarquizacin por la edad. Las socieda. des agricolas jerérquicas conocen formas de autoridad basadas en la edad y también en otros criterios, como la capacidad mili- tar o la herencia familiar. Pero estas formas de desigualdad, pese a su trascendencia y profundidad, que llega hasta nuestros dias, no consiguen alterar esencialmente la vida y el pensamiento de esas sociedades prehistoricas. Ese cambio se produce cuando la sociedad tribal se abre al exterior y se integra en un mundo internacional. Esa apertura a la diversidad se traduce, al mismo tiempo, en el interior de la tribu. De una situacién igualitaria ~para los hombres y, en cierta medi- da, para las mujeres en su posicién subordinada— a la que s6lo escapan los miembros de la casta sacerdotal y militar, pasamos a una situacién desigual en la que todos estan obligados a procu- rarse una identidad para sobrevivir. Estas identidades son colec- tivas durante una larga etapa, caracterizada por un pensamiento