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Reporte de lectura #2

Biografía: Nacido en 1947 en Nueva York, actualmente es Profesor titular de


Estudios Latinoamericanos y del Departamento de Lenguas y Culturas Modernas
en la Universidad de Miami. Se doctoró en Lenguas y Literaturas Románicas en
Princeton University, y también cursó el doctorado en Sociolingüística en el
Graduate Center de la City University of New York. Se especializa en investigación
en los usos económicos y sociales de la cultura, desde la renovación urbana en
las ciudades creativas a la reducción de la delincuencia y la violencia mediante
programas culturales.

Yúdice, George (2002) “El recurso de la cultura”, en El recurso de la cultura.


Barcelona, España: Gedisa, pág. 23-55.

El propio autor al principio del texto explica “mi argumento es que el papel de la
cultura se ha expandido de una manera sin precedentes al ámbito político y
económico, al tiempo que las nociones convencionales de cultura han sido
considerablemente vaciadas.” (2002, 23) siendo este párrafo el inicio de una
amplia discusión teórica, al menos en lo que respecta a este capítulo puesto que a
lo largo de este apartado nos va dando referencias de los capítulos subsecuentes
en los que ahonda con ejemplos las bases teóricas que nos aquí nos expone.

Para el autor, fenómenos sociales como la migración y el contacto entre pueblos


son producto del carácter multivocal de la globalización, problematizando el uso de
la cultura como recurso nacional. El concepto de la cultura como recurso, nos
explica el autor que en “La pregunta por la técnica” Heidegger identifica la
tecnología como una forma de comprensión en la cual la naturaleza deviene un
recurso, un medio para un fin o una “reserva disponible”. Se llega a considerar que
todo, incluidos los seres humanos, constituye una disponibilidad permanente lista
para ser utilizada como recurso (2002, 42).

Hace un importante análisis del papel del arte en conjunción de la economía y la


política y, como admite, no es un vínculo que se haya generado en décadas
recientes. Sin embargo, lo importante de este nuevo enfoque por parte del autor,
sería la idea de que el arte es una herramienta para resolver problemáticas
sociales como la discriminación, el desempleo, etc, pero si analizamos más de
cerca este vínculo entre estos tres estatutos, nos explica que el papel del arte es
también una extensión del capitalismo.

Se invoca la cultura cada vez más no solo como un motor del desarrollo
capitalista, y ello se manifiesta en la repetición ad nauseam de que la industria
audiovisual ocupa, en Estados Unidos, el segundo puesto después de la industria
aeroespacial (2002, 31) y me gustaría rescatar aquí que al menos en México el
fenómeno de vinculación entre arte y las empresas privadas se da en la
estetización y el uso del concepto que se tiene de arte en productos como la
cerveza, en específico la cerveza Indio, como una forma de sensibilizarse, de
mostrar un producto con una máscara humanista cuando los modos de
explotación siguen imperando.

Parafraseando al autor, la cultura proporciona un estatuto ideológico en el que se


determina que las personas poseen un valor humano, y esto se traduce en una
inscripción material en formas de conducta, el comportamiento de la gente cambia
debido a las exigencias físicas implícitas en discurrir por escuelas y museos, como
las maneras de caminar, de vestirse, de hablar (2002) por lo tanto, considero que
el papel del arte contemporáneo es bastante cuestionable no por sus mecanismos
técnicos.

La propuesta del arte contemporáneo es fusionar la obra, la subjetividad a la


realidad objetiva, de ahí que crear piezas con objetos del cotidiano se enaltezca
como arte. La intención es acertada, tomando en cuenta que la ideología
dominante ha creado desde la tradición estética un modo unidireccional de ver el
arte. El error me parece, estriba en la necesidad del arte contemporáneo –en
específico en la rama de las artes visuales- de una institución para designarse
como arte, por otra parte, aquellas y aquellos artistas que hacen un “arte político”
parten precisamente de la designación desde su perspectiva como Arte Político
antes de dejarle a las personas como agentes activos darle ese papel a las obras,
haciendo un acto antidemocrático.

La propuesta del autor me pareció bien fundamentada y es de gran valor para mi


tema de interés que es la ideología y el arte contemporáneo en los museos. En mi
revisión general para el estado del arte he encontrado pocos trabajos que hablen
de una relación política, económica y artística desde un punto de vista de la
globalización. Y aquellos que lo hacen son en Estados Unidos, en México
prácticamente nuestra historia enfocada al arte ha sido desde principios del siglo
pasado a la legitimación del Estado. Pareciera que es algo que se da por sentado,
sin embargo, si pensamos en las épocas donde un color se pone de moda como la
grana cochinilla o el azul turquesa, queda en evidencia que los componentes
materiales como los medios de producción se transformarán a través del arte en
elementos simbólicos que ilustran narrativas que justifican esas relaciones de
dominación.