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 “Diferencias entre la teoría clásica y la teoría psicosocial de Latinoamérica en la

psicología de grupos”.

Abordaremos primero la teoría clásica sobre los grupos la cual consiste en una
discusión constante en la existencia inexistencia de estos planteando que tienen mucha
importancia ya que afectan tanto en la realidad personal como en la social, tiene varias
características como una pluralidad, interacción entre miembros y esquemas establecidos
con anterioridad según lo dicho por Merton (1980, p. 36).

Hablar del estudio de los grupos es muy complejo, puesto que: filósofos, psicólogos,
sociólogos y teóricos han hecho sus aportes partiendo de sus creencias, valores,
comportamientos, la influencia de la ideología que los caracteriza, etc., unos de manera
empírica otros de manera científica, considerando que cada aporte o postulado puede
enriquecer al otro. Tales aportes tratan de explicar de manera objetiva. La evolución, el
comportamiento, el pensamiento, los cambios psicológicos y psicosocial de los diferentes
grupos que se han conformado a lo largo de la historia de la humanidad, éstos han influido
en el desarrollo de la personalidad de cada individuo y del conglomerado en general a partir
de las luchas que han dado con miras al logro de sus objetivos.

El punto de partida y primer desafío de la Psicología Social Latinoamericana,


inspirada en Martín Baró, es la praxis liberadora, es decir, una Psicología que reconoce y
está comprometida con las luchas sociales de los pueblos que buscan liberarse de un
sistema social explotador y opresivo, para construir una sociedad más libre y justa, donde la
pobreza y desigualdad afecta la construcción democrática. (Martín Baró 1983) El
pensamiento y las creencias juegan un papel importante en el comportamiento y actuar de
cada grupo, ya que cada integrante es influenciado por las formas de pensar del otro, acerca
de sus capacidades, sus deseos, sus aciertos o fracasos, frente a ellos mismos y a las demás
personas, lo que los llevan a actuar y a comportarse de diferentes maneras y en diferentes
escenarios de la vida de acuerdo a los factores que inciden en el contexto inmediato.

La cultura también incide demasiado en la personalidad de cada individuo, ya que la


cultura es un sistema de significados (creencias, valores, normas, actitudes, conductas,
conocimientos, habilidades, etc.,) que rigen el comportamiento del ser humano, el cual las
interioriza y posteriormente las exterioriza dependiendo de sus preferencias, estados de
ánimo, situaciones concretas, de tal forma que la cultura incrementa la probabilidad de
ciertos comportamientos consistentes de la sociedad al consolidarse los grupos,
persiguiendo el fin o los objetivos por el cual fueron creados; en el que la psicología social
entra a jugar un papel preponderante, ya que “la Psicología social ha sido la rama de la
psicología que se ha encargado de teorizar y analizar los fenómenos y las interacciones que
se dan en la dinámica de grupos”. (Dinámica de los grupos, pág. 3) 

Martín Baró, propuso la Psicología de la liberación que consistía en liberar del


sufrimiento de los pueblos vulnerados en sus derechos y aspiraciones, por lo cual expone la
necesidad de recuperar la memoria histórica, la acción desideologizadora y la
responsabilidad ética del científico social.  Cabanillas B (2010).   Cabanillas B lo indica
mencionando la importancia de la historia y de las teorías clásicas para llegar a generar
cambios en la conducta social actual.  La postura teórica clásica expone que los grupos, al
interrelacionarse entre sí generan ciertas diferencias marcadas, estas diferencias pueden
generar discrepancias de opiniones, ideas, creencias, donde una resulta ser líder, otra
participa activamente, es decir se generan roles, los cuales obligan a generar una estructura
grupal.

Con respecto a lo anterior se explica el lugar que ocupa cada una de las personas
que forman parte de un grupo, o su posición, será justamente el resultado de esas
diferencias y desigualdades: quien influye más sería el líder, quien participa de una forma u
otra tendrá asignado un rol determinado. Esto confirmaría que la estructura del grupo hace
referencia a la pauta de relaciones existentes entre las distintas posiciones que ocupan las
personas dentro de un mismo grupo social. Vivas, P. Rojas, J. Torras, M. (2009).  La
estructura de un grupo no determina la relación que existen entre estos grupos sino las
posiciones o la jerarquía y la relación que tienen con dicho rol y el rol que asuma otro
grupo o persona.  Es decir que es las desigualdades generan patrones de conducta de
cambio que promueven la creación de estructuras sociales las cuales se fundamentan en
roles o estatus. 

 El rol social se relaciona con él con junto pauta de comportamientos que se esperan
de alguien que se vincula con una determinada posición dentro del grupo.
 El estatus tiene que ver más con un tipo de evaluación, o con el prestigio o la
importancia o incluso el valor que pueden asociarse a las distintas posiciones que
hay dentro de un grupo. El estatus da lugar a la jerarquía que se establece dentro de
un grupo.
 La cohesión, por su parte, se suele explicar por la fuerza o el sentimiento que obliga
a no abandonar el grupo. En otras palabras, es la atracción que tiene el grupo
atrapando a las personas que forman parte de él. Vivas, P. Rojas, J. Torras, M.
(2009).

  Respecto a la realidad social de Latinoamérica Martin Baró enfoco su trabajo en el


aprendizaje a partir del contexto, esto le permitió observar la realidad y comprenderla para
poder realizar un cambio y una acción que no se desliga del contexto socio histórico. En
este escenario de una Psicología Social por parte de Martín Baró pretendía realizar un
análisis riguroso partiendo de la propia realidad en la que viven los distintos pueblos
latinoamericanos y, de es amanera ir construyendo un conocimiento teórico relevante.        
Esto le permitió sostener un realismo crítico que, a partir de los problemas sociales más
urgentes iba articulando sus contribuciones teóricas.  Así es la propia realidad la que va
definiendo la utilidad de sus esquemas analíticos como herramientas para comprender y
transformar la realidad estudiada: Cabanilla, B. (2010, diciembre)

Es importante recordar que a fines de la década del cuarenta, durante los cincuenta y
con mayor fuerza n los años sesenta se desarrolla una nueva interpretación del evangelio y
su adaptación a la realidad latinoamericana. A este movimiento de sacerdotes
comprometidos se les denominó a partir del dominico peruano Gustavo Gutiérrez como
“Teología de la Liberación”. En este contexto intelectual y contestatario latinoamericano es
que llega un joven sacerdote, también inquieto con el atraso y dictadura sufrida en su patria
europea.
  En unos momentos donde la inferencia norteamericana en la vida política de los
pueblos latinoamericanos eran reales; las dictaduras militares apoyadas por desde
Washington; las continuar campañas de invasión  en varias regiones del continente; la
manipulación de los medios de comunicación para politizar el continente frente a la
expansión soviética durante la Guerra Fría; la creación de la OEA, como una institución de
carácter multilateral pero al servicio de los intereses del país del norte; la violación de los
derechos humanos por parte de los dictadores de derecha apoyados por los Estados Unidos;
el empobrecimiento y la miseria de países ricos, pero manejados por elites locales apoyados
por las multinacionales del norte; la Revolución Cubana; el surgimiento de nuevas capas
intelectuales alternativas provenientes de la democratización paulatina del mundo
universitario; las respuestas de las comunidades eclesiales de base sobre el papel de la
iglesia cercana a los pobres; las reformas de eta iglesia desde Roma por el Papa Juan XXIII
y Paulo VI,   entre otras, marcan estas décadas donde Martín-Baró llegó al continente.

Su trabajo pastoral combinado con su vocación de servicio a los pobres estará


mediado por su competencia comunicativa y el conocimiento de la psicología social. A la
par de su conocimiento teológico aplicado a la realidad y contexto latinoamericano,
también entrará en contacto con otros intelectuales que se mueven en los diversos campos
del conocimiento. Todos ellos al servicio de una causa: la reivindicación de los pueblos
latinoamericanos y de sus millones de habitantes explotados, oprimidos y marginados por
sus élites y con el apoyo del imperialismo norteamericano. Junto a la teología de la
liberación, se desarrollará desde Brasil y se extenderá por todo el continente la “Pedagogía
de la Liberación” de Paulo Freire; la sociología de la liberación o de la dependencia y la
lectura realizada en Colombia por el sacerdote Camilo Torres Restrepo; la economía del
subdesarrollo; la comunicación comunitaria y la ceración de medios radiales y periodismo
escrito de corte popular; el avance de los estudios antropológicos sobre Latinoamérica y sus
habitantes; la Filosofía de la Liberación o Filosofía Latinoamericana. Es decir, el
conocimiento puesto al servicio de la realidad latinoamericana. Una opción desde el
conocimiento al servicio de los pobres.

Pero junto a estas opciones académicas y universitarias, también se combinan las


interpretaciones de la realidad desde su óptica profesional. Martín-Baró, estudio teología,
filosofía, ciencias sociales y se doctoró en Psicología. Es decir, que conoció todos los
campos de las ciencias humanas (Cabanilla, 2010). De allí, que sea considerado como uno
de los pioneros de la creación de la psicología política latinoamericana. Su formación como
sacerdote, como intelectual y como humanista y desde el campo de la psicología le permitió
ver la realidad de un continente sufrido por la injusticia y la opresión. De allí, que
trascendió del campo pastoral sin abandonarlo a convertirse en un sacerdote con
compromiso y opción comunitaria y popular. Pero allí no terminó su escalada en la
comprensión de escenario continental. Desde El Salvador, observó que en su totalidad
América Latina vivía circunstancias de miseria análogas.

  En ese análisis entra el papel del intelectual y se convierte en uno de los líderes
académicos y docentes de la Universidad José Simeón Cañas de El Salvador. Un país
azotado por la violencia, donde uno de sus hermanos en fe, el ilustre Sacerdote Oscar
Arnulfo Romero ofrendaría su vida por esos años ochenta, asesinado por militares de
derecha apoyados por los norteamericanos. Más tarde, el y varios de sus hermanos jesuitas
serían también asesinados por esas mismas fuerzas oscuras de derecha. Como intelectual
entrará a conocer la esencia de la latinoamericanidad. Desde allí, también construirá un
nuevo discurso sobre la psicología. A partir d un método como el Realismo Crítico, se
acercará a lo más profundo de las realidades del continente y de sus habitantes. La creación
de una psicología dese y para América Latina. Como intelectual formado en escuelas
europeas, norteamericanas y latinoamericanas veía el mundo desde distintas ópticas
académicas. Esa visión global, le permitió comprender los procesos mentales de los
habitantes y desde su realismo crítico comprender las experiencias vitales del
latinoamericano.

Desde su óptica como psicólogo se interesa por el malestar de los muchos como se
señala en uno de sus párrafos escrito y presentado por Cabanilla (2010). El malestar de los
muchos, es el de una sociedad empobrecida y sufrida, donde la función del psicólogo es
comprender esa realidad para transformarla. La mirada psicosocial del intelectual español,
buscaba crear una nueva corriente de la psicología desde y para América Latina, capaz de
entender la realidad y el sufrimiento de millones de habitantes.

La diferencia de Martín-Baró con otros intelectuales comprometidos con el cambio


es lo que Cabanilla (2010) y que me parece importante resaltar: incita actuar en lugar de
intervenir. En tal sentido, es ver a los participantes comunitarios como propios actores de su
cambio para promocionar una vida más digna. El anhelo de justicia social, se debe hacer
interviniendo en las comunidades para formarlas y desde una óptica psicosocial contribuir a
su liberación. El psicólogo, se debe convertir en un líder comunitario, para formar otros
líderes de la comunidad sujetos de cambio social y democrático.

  Desde la perspectiva individualista la existencia de los grupos no ha sido muy


concreta porque desde tiempo atrás la psicología no ha tenido un contexto claro ni evidente
como nos relata Floyd Allport (1985) quien dice que un grupo no es más que la suma de sus
partes, esto nos lleva a pensar que la noción de grupo se tiene hasta que sus miembros
vayan disminuyendo en gran medida y logrando analizarlo desde la individualidad de cada
uno de sus integrantes.

Teniendo en cuenta lo dicho es bueno definir que es un grupo, ya que todo conjunto
humano no es un grupo, la constitución de un grupo se va formando en tipos y en espacio
por lo cual se necesita tener una necesidad en común cabe notar que en un grupo lo primero
que se estipula es la organización interna.

Continuando con la concepción de un grupo el señor Martin Baro nos plantea un estudio
basado en la realidad cotidiana que vivía en su entorno cercano, proponiéndonos una
producción intelectual y sobre todo en el aprendizaje a partir de su contexto y el trabajo de
sus pares latinoamericanos. Nos expone una perspectiva donde la realidad social se ve
afectada por la violencia, pobreza y la injusticia las cuales abundan y son el despliegue para
más sucesos lamentables en la sociedad las cuales Baró critica haciendo un análisis
riguroso desde el punto de vista científico y trascendiendo hasta el punto de vista
psicológico imponiendo ante todo la idea de desigualdad
En conclusión, las dos perspectivas pueden ser asertivas ya que dependiendo la situación
pueden presentarse de una u otra forma según el contexto social en el que se encuentren. Lo
dicho anteriormente en un caso la persona puede afectar el grupo de manera buena o mala,
desde el otro lado una colectividad afecta la situación de un individuo a causa de conflictos
e ideas con fines objetivos.

La psicología en América Latina debe replantearse y me pongo en una posición de


apoyo citando este texto: “que no sean los conceptos los que convoquen a la realidad, sino
la realidad la que busque los conceptos; que no sean las teorías las que definan los
problemas de nuestra situación, sino que sean esos problemas los que reclamen y, por así
decirlo, elijan su propia teorización” (Martin Baró, 1998:314), como psicólogos de  américa
latina tan golpeada por el conflicto social se debería tomar un rol desde campo, dejando
atrás la teoría y buscando más la realidad de nuestra sociedad, que se pueda orientar a
nuestra comunidad pero con la convicción de haber vivido y saber qué es lo que siente y
piensa cada grupo latino en situación de conflicto.

Al observar la realidad y de paso comprenderla se tendría una forma más clara y concisa de
cómo es esta para hacer una rigurosa comparación con la teoría y así plantear la diferencia
entre la psicología clásica y la teoría psicosocial de Latinoamérica vista desde nuestro
propio territorio.

En este campo, se encuentra su aporte más valioso pata la psicología y su historia en


América Latina: una psicología política Latinoamérica, puesta al servicio del cambio. Es
una psicología política que trascienda las lecturas y la tradición clásica de la psicología a
otra más novedosa y cercana las realidades contextualizadas del continente. Una psicología
que actué para el cambio, comprometida con los pobres y al servicio de una opción
comunitaria. Una mirada psicosocial a una realidad. Martín-Baro, es un ejemplo como
sacerdote, como líder social, como intelectual y como psicólogo social y político
comprometido con la realidad latinoamericana. Compromiso, que lo llevó a ofrendar su
vida por la lucha por la justicia. “Que no sean los conceptos los que convoquen a la
realidad, sino la realidad la que busque los conceptos”. Martín Baró (1998).