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El Antidemocrático

\ Desarrollo Capitalista
de Colom bia
en los A ñ os Cincuenta

COLECCION

FO N D O E D IT O R IA L

Universidad Distrital
cultura universitaria Francisco José de Caldas
E C O N O M IA Y V IO L E N C IA
Renán Vega Cantor
X V Eduardo Rodríguez Ruiz

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ECONOMIA
Y
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VIOLENCIA
El Antidemocrático
Desarrollo Capitalista
de Colom bia
\ en los A ñ os Cincuenta

PRIMERA EDICION
1990

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C O L E C C IO N


cultura universitaria ^
F O N D O D E P U B L IC A C IO N E S
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Primera Edición 1.000 ejemplares


octubre 1990

© R en & n V ega Cantor


Eduardo Rodríguez Ruiz
© F o n d o de Publicaciones
Universidad Distrital Francisco José de Caldas

ISBN 958-9160-17-4
ISBN 958-9160-02-6

Dirección y ejecución editorial:


Departamento de Publicaciones
Universidad Distrital “ Francisco José de Caldas”
Miembro de la Asociación de Editoriales
Universitarias de América Latina y el Caribe E U LAC
En memoria
de mi madre.
E.R.R.

A María Orfilia
por su cariño
y ternura.
R .V .C .
AGRADECIM IENTOS

A Alvaro Carvajal, Director de Publicaciones de


la Universidad Distrital, que mediante su callada
pero efectiva labor, hizo posible esta edición.

Al profesor Manuel Trujillo, de la Facultad de


Ciencias Económicas de la Universidad Nacional,
que nos orientó durante el desarrollo de la
investigación y accedió amablemente,
como suele ser su costumbre, a escribir la
presentación de este libro.

Al profesor Pierre Gilhodes, que leyó la versión


original, a la cual le hizo críticas de forma
y de fondo que sirvieron para mejorarla.

Al profesor Alberto Gómez, de la


Universidad Distrital, que dio un concepto
favorable para que esta versión final
fuera publicada.

A nuestros amigos Alvaro Sanabria y


Hugo Torres, por su invaluable colaboración
durante la elaboración de este escrito.

IIBIIOTECA DARIO ECHAMDIA


IBAGUE
A Amanda Sanabria, Sonia Ordóñez,
Luz Marina Castro, Nydia Garzón,
Luz Miryam Murcia y Virginia Spell,
por su colaboración en las labores de
mecanografía y mejoramiento de la calidad
de los textos.

A los estudiantes de Historia de Colombia de


las Universidades Distrital y Pedagógica, que
leyeron apartes de este libro, proporcionando
invaluables criticas y recomendaciones.

Desde luego las personas antes mencionadas, así


como todas aquellas que de algún modo
participaron en esta investigación, no son
responsables de las carencias y limitaciones
de la misma.
“...durante diez anos, entre 1948 y 1957, la guerra cam pe­
sina abarcó los minifundios y los latifundios, los desiertos y
los sembradlos, los valles y las selvas y los páramos andi­
nos, em pujó al éxod o a comunidades enteras, generó gue­
rrillas revolucionarias y bandas de criminales y convirtió al
país entero en un cem enterio: se estima que dejó un saldo
de ciento ochenta mil muertos. E l baño de sangre coincidió
con un periodo de euforia económ ica para la clase dom i­
nante: ¿es lícito confundir la prosperidad de una clase con
el bienestar de un país?” .
Eduardo Gaicano

“En estas (las zonas cafeteras), la Violencia se ha institucio­


nalizado económ icam ente. Rebrota dos veces al aflo con la
recolección del café y determina la redistribución de granjas,
fincas, de las cosechas cafeteras y de su com ercio. Es signi­
ficativo que las perpetuas matanzas que se llevan a cabo en
estos lugares no han afectado en nada al increm ento del
cultivo del café. Tan pronto co m o se expulsa a un campesi­
no de su propiedad, cualquier otro toma a su cargo inme­
diatamente un bien tan lucrativo".
Eric Hobabawm
CONTENIDO

Página

Prólogo
Introducción
CAPITULO I
Política y V io le n cia ...................... 1
Los comienzos de la breve hegemonía C onservadora................. 2
El impacto del 9 de Abril de 1948 .............................................. 6
Después del 9 de A b r il................................................................... 16
De los gobiernos de Laureano Gómez y
Urdaneta Arbeláez a la caída de R o ja s ......................................... 21
El Movimiento Obrero y Popular durante la V io le n cia ................. 32
La ingerencia política de los Estados Unidos
durante la época de la Violencia .................................................. 40

CAPITULO II
Violencia y transformaciones dem ográficas................................... 51
Incremento demográfico y evolución de la
Población Económicamente Activa P .E .A ..................................... 53
La estructura de clases de la sociedad colombiana
de la postguerra .............................................................................. 58
Migraciones Internas........................................................................ 73
Urbanización ................................................................................... 84
Colonización ................................................................................... 92
Mortalidad ......... 97
CAPITULO III
Violencia y Desarrollo Capitalista .................................................. 103
La industrialización durante la postguerra..................................... 104
Incremento de la inversión extranjera en la
economía colombiana ..................................................................... 117
Modernización de la agricultura...................................................... 124
Concentración de la p ro p ied a d ...................................................... 124
La consolidación de la agricultura com ercial................................. 128
El café ............................................................................................. 139
Ciclo económico en C o lo m b ia ........................................................ 144

CAPITULO IV
La regionalización económica de la V io le n cia ................................ 147
Introducción metodológica ............................................................. 147
Historia regional e historia n acion al.............................................. 147
Historia regional y violencia ........................................................... 153
Caldas y Quindío ............................................................................ 159
El caso general del viejo Caldas .................................................... 160
El Quindío ................................................................................... • 163
T o lim a .............................................................................................. 167
Efectos sobre las zonas cafeteras y la
producción de c a f é .......................................................................... 167
Cultivos com erciales......... ............................................................. 175
Valle ................................................................................................ 183
Córdoba ................................................... 192
Los Llanos ..... 198

CAPITULO V
Estado y V io le n c ia ..................................... . ................................... 211
Introducción ..................................................................................... 211
Algunos aspectos de la consolidación del
Estado-Capitalista ............................................................................ 214
Consolidación temporal de la burguesía cafetalera........................ 217
El peso de los g re m io s ..... ............................................................. 220
Efectos de la Violencia sobre el E s ta d o ......................................... 231

Bibliografía 239
103
104

117
124
124 INDICE DE CUAD RO S
128
139
144

147 Página
147
147 CAPITULO I
153 Cuadro No. 1
159 Despido de trabajadores 1947-1949 ...................................... 37
160
163 Cuadro No. 2
167 Conflictos Colectivos de Trabajo. Primer Semestre 1952 ---- 37

167 Cuadro No. 3


175 Historia del Estado de Sitio 1943-1958 ................................. 38
183
192 Cuadro No. 4
198 Salarios reales de obreros en la industria manufacturera
de Cundinamarca, Boyacá, Norte de Santander y
Santander, 1946-1954 ............................................................ 39
211
211 Cuadro No. 5
Envíos militares de Estados Unidos a
214 Colombia 1950-1968 .............................................................. ....... 49
217
220
231 CAPITULO II
Cuadro No. 1
239 Evolución Demográfica de Colombia (1938-1964) ............. ....... 53
Cuadro No. 2
Población Económicamente Activa por ramas de economía
según los censos de población de 1951 a 1964 ............... 54

Cuadro No. 3
Distribución de la Población Económicamente Activa por
ramas de la economía según los censos de
población de 1951 a 1964 ............................................................. 55

Cuadro No. 4
Población rural económicamente activa 1951 y 1964 ................... 57

Cuadro No. 5
Distribución por ramas de la Población Económicamente
Activa, 1964 ................................................................................... 57

Cuadro No. 6
Población Económicamente Activa por grupos de
ocupación y posición ocupacional.................................................. 63-64

Cuadro No. 7
Trabajadores asalariados de la industria fabril por
escalas de personal o c u p a d o ......................................................... 65

Cuadro No. 8
Concentración de la fuerza de trabajo en la
industria manufacturera,, 1964 ....................................................... 67

Cuadro No. 9
Café, producción y superficie según tamaño de
las unidades de explotación, 1955 ................................................ 71

Cuadro No. 10
Café, producción y superficie según tamaño de las
unidades de explotación, 1970 ...................................................... 71
Cuadro No. 11
Población nativa migrante durante el período
intercensal, 1951-1964 ................................................................... 75
as de economía
1964 ...........
Cuadro No. 12
Saldos migratorios de la Población Económicamente Activa
para los Departamentos 1951-1964 .............................................. 82
se Activa por

Cuadro No. 13
................................... 55 Total de inmigrantes interdepartamentales por
ocupación, 1954 .............................................................................. 83

1 y 1964 ................... 57
Cuadro No. 14
Zonas de colonización a nivel departamental
(Década del 60) .............................................................................. 94
TÓmicamente
57 Cuadro No. 15
Homicidios en Colombia 1946-1960 ............................................. 101

os de
63-64 CAPITULO III
Cuadro No. 1
Colombia: Sector de bienes de consumo corriente por
I por
agrupaciones industriales en 1953 y crecimiento
65 relativo 1945-1953 .......................................................................... 106

Cuadro No. 2
Colombia: Sector de bienes intermedios por agrupaciones
67 industriales en 1953 y crecimiento relativo 1945-1953 ................. 107

Cuadro No. 3
Colombia: Sector de bienes de capital por agrupaciones
industriales en 1953 y crecimiento relativo 1945-1953 ................. 108

Cuadro No. 4
de las
Composición de la actividad económica 1945-1964 109
71
Cuadro No. 5
Dinamismo del sector industrial...................................................... 110

Cuadro No. 6
Tasas de crecimiento de las ramas industriales y su
contribución a la expansión, período 1950-1958 .......................... 111

Cuadro No. 7
Aumento de la productividad de algunas materias
primas industriales .......................................................................... 114

Cuadro No. 8
Aumento de la población trabajadora y evolución de
la cuota de plusvalía ...................................................................... 115

Cuadro No. 9
Colombia: Remuneración al trabajo, productividad y
participación en el valor agregado por departamentos
en 1953 ...................................................................... ................... 116

Cuadro No. 10
Inversión Directa de EE.UU. en Colombia 1940-1964 ................. 121

Cuadro No. 11
Colombia: Inversión extranjera y estadinense 1917-1966 ........... 122

Cuadro No. 12
Relación entre la extensión y el empleo de la tierra (1 9 5 4 )....... 126

Cuadro No. 13
Colombia: Número y superficie de las explotaciones según
su extensión, 1954 ...................... ................................................... 126

Cuadro No. 14
Colombia: Dimensión de las explotaciones, 1960 126
Cuadro No. 15
Distribución de la propiedad. 1951-1960 127
110
Cuadro No. 16
Predios de más de 2.000 hectáreas en Colombia,
número de fincas según escala de tamaño, 1963 ........................ 127
111
Cuadro No. 17
Colombia: Superficie cosechada de los cultivos mayores,
tasas de crecimiento. 1950-1966 .................................................... 131
114
Cuadro No. 18
Rendimiento de varios cultivos en Colombia 1965-1967 ............. 134

115 Cuadro No. 19


Valor real de la producción de cultivos. 1950-1964 .................... 135

Cuadro No. 20
Tasas de crecimiento promedio anual (1950-1960) de
................... 116 la producción física, valor real y superficie cultivada
de los principales productos según su
funcionalidad econ óm ica ................................. 136
i ............... 121
Cuadro No. 21
Composición del Producto Interno Bruto 1950-1964 .................. 137
966 ........... 122
Cuadro No. 22
Evolución de la fuerza de trabajo en el sector cafetero
(1 9 5 4 )........ 126 para el período 1923-1960 ........................................................... 140

Cuadro No. 23
según Producción y exportación de café p ila d o ....................................... 142
................... 126
Cuadro No. 24
Rendimiento de café, promedio nacional y por
................... 126 departamentos. 1932-1955 ............................................................. 143
Cuadro No. 25
Ciclo interno de la economía colom biana..................................... 145

CAPITULO IV
Cuadro No. 1
Distribución de las aparcerías en Caldas. 1954 ............................ 160

Cuadro No. 2
Caldas - Población Económicamente Activa en el área
rural. 1954 ....................................................................................... 161

Cuadro No. 3
Tolima - Fincas para vender o permutar a quienes
puedan vivir en ellas según municipio y tamaño. 1959 ............... 172

Cuadro No. 4
Producción y superficie según tamaño de las unidades
de explotación. Tolima. 1950-1970 .............................................. 174

Cuadro No. 5
Evolución del volumen de la superficie cosechada en el
Tolima. Principales productos......................................................... 177

Cuadro No. 6
Evolución del volumen de producción agrícola
en el Tolima. Principales produ ctos.............................................. 178

Cuadro No. 7
Producción de arroz en Colombia. 1956 ....................................... 178

Cuadro No. 8
Evolución de la producción de arroz en el T o lim a ...................... 179

Cuadro No. 9
Crecimiento industria azucarera del Valle 1934-1 184
Cuadro No. 10
145 Concentración de la propiedad en el departamento
del V a lle ........................................................................................... 185

Cuadro No. 11 *
Ingenios existentes en el V a l l e ........................................................ 188
160
Cuadro No. 12
Año de fundación de algunas industrias del V a l l e ............... ...... 190

161 Cuadro No. 13


Departamento del Valle: Datos seleccionados sobre
desarrollo industrial. 1945-1961...................................................... 191

172
CAPITULO V
Cuadro No. 1
Inversiones de Fedecafé .................................................. .............. 219
174
Cuadro No. 2
Fecha de fundación de los principales g re m io s ............................ 221

177 Cuadro No. 3


Interpenetración entre intereses económicos
y políticos 1944-1957 .................................................................... 223
229
178
Cuadro No. 4
Composición de los Comités Cívicos pro-paro en los
178 principales ciudades del país ......................................................... 233
234

179

184
INDICE DE M A P A S

Página

Mapa No. 1
Principales corrientes migratorias en Colombia 1964 .................... 77

Mapa No. 2
Inmigrantes en las 4 zonas de atracción 1951-1964 .................... 79

Mapa No. 3
Principales zonas migratorias,1951 ................................................. 80

Mapa No. 4
Zonas migratorias. 1964 ................................................................. 81

Mapa No. 5
Ciudades importantes y tasas de crecimiento 1951-1964 ............. 86

Mapa No. 6
Movimientos demográficos campo-ciudad.
Período 1951-1964 ........................................................................ 88

Mapa No. 7
Síntesis ............................................................................................ 91

Mapa No. 8
Departamento del Tolima - ZonaC a fe te ra ....................................... 170
Mapa No. 9
Departamento del Tolima. Promedio del cultivo de c a f é ....... . . . 173

Mapa No. 10
Expansión de los ingenios durante la V io le n c ia ...................... . . . 189
MCE DE M A P A S
Mapa No. 11
Departamento de Córdoba: Haciendas y migraciones
después de la Violencia ........................................................... . . . 196

Página

INDICE DE GRAFICO S
77

79
Página

80 Gráfico No. 1
Componentes del crecimiento de la población por
Departamentos - Colombia 1951-1964 ......................................... 78
81
Gráfico No. 2
Muertos por Violencia ..................................................................... 98
86
Gráfico No. 3
Parcelas agrícolas perdidas por la V io le n cia ................................ 100

88 Gráfico No. 4
Valor de la producción de los principales
cultivos. 1948-1968 ........................................................................ 133
91
Gráfico No. 5
Tolima. Participación en la producción nacional de
170 algodón. 1951-1958 .............................................. 178
PRO LO G O

Escribir hoy sobre la violencia en Colombia es referirse a,


por lo menos, los últimos sesenta años de nuestra historia. Y,
así com o el estado de sitio ha regido en forma casi continua
desde 1949, los momentos de una relativa paz que ha experi­
mentado el país, desde comienzos de los años 30, son no sola­
mente escasos sino que, en términos generales, ni siquiera han
permitido que en períodos cortos se pueda hablar de confron­
taciones democráticas mínimamente civilizadas. En los m o­
mentos que preceden la salida a la luz pública de este libro, se
adelanta una campaña presidencial en la cual han sido asesina­
dos, hasta ahora, cuatro candidatos; no por casualidad, tres de
ellos, representantes de distintos matices de la izquierda.

Sin embargo, y por razón del mismo caudal de los nefas­


tos acontecimientos que han enmarcado las últimas décadas
de nuestra historia, escribir sobre los procesos económicos, so­
ciales o políticos en Colombia es una ardua tarea, en la que se
corre el riesgo de perder objetividad por compromisos ideoló­
gicos o por razones afectivas. Para hacer frente a ese reto, al­
gunos investigadores y estudiosos del acontecer nacional han
invertido sus esfuerzos en tratar de encontrar una explicación
sólida y objetiva, científicamente concebida, de estos hechos,
de tal manera que se pueda llegar a la formulación de los ele­
mentos centrales hacia un diagnóstico de lo que un conocido
tratadista de esta temática denominara el “capitalismo salvaje”.
Las nuevas generaciones de colombianos tienen ante sí la
casi ciclópea tarea de enderezar el rumbo de un país que, des-
de hace ya mucho tiempo, rueda por el abismo de la miseria y
de la muerte sin que, a pesar de las esperanzas de no pocos,
se pueda vislumbrar el fondo, que sirva de punto de partida
para construir un futuro mejor, más digno y amable, para un
pueblo que parece impotente y desesperado. V esta faena his­
tórica exige valentía y decisión desde sus primeros pasos, entre
ellos, el de establecer las bases del conocimiento que permitan
marchar hacia el cambio. Contribuir con tal proceso se prop o­
nen Renán Vega y Eduardo Rodríguez con el trabajo que hoy
ofrecen al público.
N o quiero entrar a hacer una descripción precoz de la obra
porque, com o alguna vez lo señalara, considero eso com o una
falta de respeto con los autores y con los lectores. Quien quie­
ra conocer el libro, que no dudo, será mucha gente, que lo lea
en su totalidad y, si así lo desea, entable polémica con los auto­
res, lo que podrá enriquecer el análisis histórico y el conoci­
miento de la realidad nacional en su peculiar dinámica de vio­
lencia. Puedo si afirmar, sin rodeos, que aún quienes disientan
de las formulaciones y conclusiones de los autores, encontra­
rán que por la riqueza de la información, así com o por el reco­
rrido que hacen por la literatura existente sobre el tema, el ri­
guroso método que emplean para desarrolldr el estudio y la
pulcritud en el análisis, encontrarán, repito, que “Economía y
Violencia; el antidemocrático desarrollo del capitalismo en la
Colombia de los años cincuenta” , es una obra de obligada con­
sulta, y amable lectura, para el conocimiento de las raíces de
no pocos de los problemas en los que hoy se debate el país.
Me siento, por todo ello, muy honrado de que Eduardo Rodrí­
guez y Renán Vega me hayan brindado la generosa oportuni­
dad de presentar estas breves y tal vez deshilvanadas opiniones
sobre un libro que, para decirlo en términos familiares, dará
mucho que hablar.
Bogotá, D .E ., mayo de 1990

Manuel Trujillo Rueda


Vicedecano Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia.
INTRODUCCION

En los últimos años la Violencia se ha constituido en uno de los temas


favoritos de la moderna investigación histórica y social. La mayor parte de
dicha investigación ha privilegiado determinadas temáticas y perspectivas
de análisis, centrándose la mira de los estudios en el aspecto político, so­
cial, ideológico y, ahora, en menor medida, cultural y religioso.1

Ante la evidente importancia que adquieren estas temáticas, práctica­


mente ha quedado la sensación de que la economía muy poco tiene que
decir sobre la Violencia. Este prejuicio —porque no es otra cosa— se ha
originado en parte en el hecho de rechazar las primeras interpretaciones
globales, que pretendían darle un valor excesivo a lo económico, conside­
rando los otros factores de la estructura social como epifenómenos mecá­
nicamente derivados de los aspectos económicos. Esta interpretación eco-
nomicista de la Violencia alcanzó alguna difusión en los años sesenta, pero
fue una interpretación tan sesgada como lo fueron las explicaciones sociolo-
gizantes o criminalísticas.2 Criticando el economicismo, en los últimos años
se ha venido sosteniendo a nivel académico que muy poco radio de acción
le queda a la economía para analizar la Violencia, pues a la larga como dis­
ciplina habría limitado las posibilidades explicativas del fenómeno. Entre los
drculos especializados en Violencia — horriblemente bautizados como “ vio-
lentólogos” — son cada día menores las incursiones de los economistas-
historiadores (o historiadores-económicos) y es marginal el papel que la dis­
ciplina económica ha jugado en la explicación del desencadenamiento y ge­
neralización de la Violencia en Colombia.

'BIBLIOTECA DARIO ECHASS01Á


IBAGUE
La reacción extrema del deterninismo económico ha generado su
opuesto: el desprecio absoluto por las posibilidades analíticas e interpretati­
vas que desempeña la economía (especialmente la economía política mar-
xista), creyendo que la ciencia económica se reduce a los modelos y las va­
riables.3 A esta confusión, a su vez, han contribuido los economistas, que
consideran el análisis histórico como reducido a la descripción de datos e
información empírica, sin ningún nexo con procesos actuales.4

Teniendo en cuenta esas aclaraciones, consideramos posible realizar


un ensayo sobre el impacto económico de la Violencia en Colombia, inscri­
to en el proceso general de desarrollo del capitalismo en nuestro país. Con­
cebimos que desde el punto de vista económico son muchas las cosas que
se pueden todavía plantear, no sólo sobre el fenómeno de la Violencia,
sino sobre la mayor parte de los procesos de la historia nacional, y más de
la contemporánea. Pero para analizar la violencia, no basta con concebir lo
político o lo económico como mundos separados, sino tratar de efectuar un
análisis de la sociedad concebida como totalidad concreta entendida en el
sentido hegeliano y marxista del término5 y no vista como una serie de es­
tancos separados, sin ninguna conexión lógica entre sí. Aquí se ha intenta­
do efectuar un análisis en esos términos, sin despreciar ni lo político, ni lo
social, ni la dimensión regional de la Violencia, ni el papel del Estado. Por
el contrario, se ha pretendido realizar un análisis global que abarcara todos
estos fenómenos, resaltando el aspecto económico del proceso; lo que no
quiere decir que estemos hablando de éste como una determinante natural
del resto de elementos. Es decir que los principales hechos económicos que
discurrieron en el transfondo de la tenebrosa Violencia, pueden ser aborda­
dos con la misma legitimidad del estudio de las mentalidades, los discursos,
la religiosidad o la cultura para sólo mencionar algunos de los ámbitos que
hoy preocupan a los historiadores de la Violencia.6

II

La realización de este trabajo ha partido de la tesis de que en el trans­


fondo de la Violencia discurre un indudable desarrollo del capitalismo, vis­
to como una relación social particular que se difunde y consolida en el en­
tramado de la sociedad colombiana y que hegemoniza diversas relaciones
precapitalistas. Esto, según lo tratamos de demostrar en el curso de este es­
crito, no significó que determinadas relaciones sociales precapitalistas desa­
parecieran por completo, sino que pasaran a ser subordinadas por la rela­
ción capitalista dominante, que entró a controlar los diversos aspectos de la
vida social, desde el Estado que devivó en un “ órgano” capitalista y actua­
ba como garante de la reproducción del capital en conjunto, hasta formas
particulares de organización de diversas fracciones de las clases dominantes
(gremios). La consolidación y desarrollo del capitalismo en Colombia estu­
vo vinculada tanto a procesos nacionales como internacionales, y significó,
en menos de 20 años, la transformación de la sociedad colombiana, que
pasó de ser dominada por unas pautas y formas de organización y compor­
tamientos ideológicos y sociales precapitalistas, a constituir una estructura
capitalista.

La transformación se produjo en medio de la consolidación de un régi­


men político tremendamente autoritario, que primero desorganizó y repri­
mió a los núcleos más cualificados de trabajadores, luego golpeó al gaita-
nismo y, finalmente, generalizó la violencia contra los campesinos en las
zonas agrarias. La confluencia de todos estos elementos, en el contexto in­
ternacional de la Guerra Fría, facilitó el proceso de acumulación y de desa­
rrollo del sistema capitalista en Colombia, desde finales de la Segunda
Guerra Mundial.

La consolidación del capitalismo debe ser vista como la conformación


de la relación fundamental del modo de producción capitalista, en donde el
trabajo asalariado y la extracción de plusvalía son los elementos centrales,
y no como la configuración de unidades productivas exclusivamente fa­
briles.7

Aunque en realidad la aparición de fábricas y chimeneas indique el


grado de maduración del capitalismo, ésto no es lo clave, pues en muchas
regiones del país se establecieron relaciones capitalistas que no necesaria­
mente implicaron la formación de fábricas. En importantes zonas los campe­
sinos y pequeños propietarios desarraigados no se transformaron directa­
mente en trabajadores fabriles, sino que se convirtieron en proletarios, se-
miproletarios agrícolas y en colonos. Teniendo en cuenta estos presupues­
tos, es apenas elemental que la Urbanización no siguiera los moldes clási­
cos sino que, por el contrario, se constituyeran núcleos urbanos ligados a
actividades “ terciarias” y del sector “ servicios” — lo que hoy se denomina
‘economía informal” — . Las pequeñas ciudades y poblados, como en las
zonas cafeteras, se convirtieron en receptáculos de fuerza de trabajo em­
pleada en zonas agrarias, como jornaleros y cosecheros, que periódicamen­
te aún hoy marchan tras los ciclos de cosechas que se presentan intermi­
tentemente a lo largo y ancho de la dilatada geografía nacional. Diversos
elementos de la consolidación de la relación básica del modo de produc­
ción capitalista se han tenido en cuenta en el curso de esta exposición.

III

En concordancia con la complejidad del período estudiado, se ha con­


sultado —y valorado a nuestro m odo— la mayor parte de la bibliografía
existente sobre la temática de la Violencia. Es pertinente establecer algunas
precisiones sobre las fuentes empleadas en este trabajo. Para el conoci­
miento del período se consultaron diversas fuentes (desde inéditas e intere­
santes tesis de grado hasta entrevistas, así como el intercambio de puntos
de vista con algunos investigadores que se encuentran estudiando el pro­
blema de la Violencia) hasta configurar un trabajo relativamente extenso.
Esta extensión, sin embargo, no impide que en lo esencial éste escrito siga
siendo un trabajo de síntesis, en el sentido de que los elementos centrales
de la investigación se construyeron a través de fuentes secundarias, partien­
do de una particular interpretación del fenómeno de la violencia.

Esto no quiere decir que ciertas partes de este texto no hayan sido ela­
boradas a partir de fuentes e investigación de primera mano. En realidad,
gran cúmulo de fuentes primarias fueron trabajadas directamente para la
elaboración de distintas partes del libro, en especial los capítulos I y II. Pero
el eje fundamental de los problemas planteados o esbozados en las restan­
tes partes se basó, casi enteramente, en artículos, libros e investigaciones
— muchas de las cuales siendo bastante ricas y rigurosas, son prácticamente
desconocidas— específicas o de algún modo ligadas a la temática de la
Violencia en Colombia.

Este trabajo consta de cinco capítulos encadenados entre sí.

En el primero se hace un balance general de la evolución política del


país durante el período de la Violencia, preocupándonos por considerar las
repercusiones de esos fenómenos políticos sobre el plano de la lucha de
clases y la dinámica social como elementos en torno a los cuales se estruc­
turaron las contradicciones entre los partidos y se reorganizó el bloque en
el poder durante el período de gobierno del General Rojas Pinilla. —

En el segundo capítulo se efectúa un amplio balance demográfico de


los cambios poblacionales ocurridos en el país desde finales de los años
cuarenta hasta comienzos de los sesenta. Este balance no pretende ser un
análisis exhaustivo, siguiendo los términos clásicos de la demografía — si
por tal se entiende el considerar las variaciones poblacionales con exactitud
o mirar en profundidad los niveles de fecundidad, natalidad, mortalidad,
etc.— . Simplemente se intenta demostrar cómo la modificación de la es­
tructura demográfica del país pasó por el crisol de la Violencia. Si bien ésta
no puede ser considerada como el único factor, ni como una condición
mecánica, sí constituye el proceso más importante que reestructuró demo­
gráficamente a Colombia; esa reestructuración presentó como hecho más
espectacular la urbanización del país y, como elementos derivados, la colo­
nización y ampliación de la frontera agrícola, la configuración del proletaria­
do agrícola y la descampesinización progresiva del país.

V En el tercer capítulo se hace un breve análisis de los principales ele­


mentos del desarrollo capitalista en Colombia, resaltando tres procesos bá­
sicos: la industrialización como eje articulador de las demás transformacio­
nes del período; la modernización de la agricultura, en conexión directa
con las necesidades de la industria, y vinculada con la ampliación del mer­
cado interno (división del trabajo entre un sector moderno y un sector de
subsistencia); y, finalmente, el impacto de la inversión extranjera en la eco­
nomía colombiana durante los años cincuenta, como muestra de que el
proceso de desarrollo del capitalismo en Colombia se inscribía en una fase
particular de internacionalización del capital.

En el cuarto capítulo se exploran las múltiples manifestaciones regiona­


les de la Violencia. No se puede decir que los análisis regionales que allí se
presentan aborden exhaustivamente el fenómeno a nivel locai y regional, ni
tampoco que consideren las múltiples dimensiones temáticas del proceso.
Simplemente se han tratado de considerar, a partir de la poca información
existente, los principales aspectos económ icos de la violencia regional*
tratando de captar sus repercusiones particulares y el contexto económ i­
co en que discurren. Es necesario advertir que se dejaron de lado algunas
regiones (Antioquia, Boyacá y Santanderes), por no encontrarse fuentes
secundarias sobre ellas; además, por no disponer ni de tiempo ni de dispo-
sición para realizar un riguroso estudio de fuentes primarias, pues ésto en
sí mismo proporciona tema, no para uno, sino para cientos de libros.

Finalmente, en el capítulo quinto se repasa el papel desempeñado por


el Estado durante la fase de ia Violencia, retomando la discusión a propó­
sito de ese tema adelantada por varias investigaciones, para concluir que
aquél no se debilitó sino que, por el contrario, salió fortalecido de ese pe­
ríodo, para garantizar la reproducción del capitalismo en su conjunto.

El ans
dejaran d
fin y al c
zón de m
fenóment
centrales
proceso c
1. Una interesante exposición sobre las posibilidades temáticas de la Violencia se encuentra en
G. Sánchez, “ Los estudios sobre la Violencia: Balance y perspectivas” , en G. Sánchez y
R. Peñareda (compiladores) Pasado y Presente de la Violencia en Colombia, CE ­ Además
REO Editores, Bogotá, 1986. más resti
najnientt
2. Cf, Germán Guzmán et al, La Violencia en Colombia, Estudio de un Proceso So­
cial, Tom os I y II, Editorial Tercer Mundo, Bogotá, 1962-1963. ginables.
contribu
3. Esta posición es particularmente clara en el libro de Carlos M. Ortiz, Estado y Subversión presentó
en Colombia. La Violencia en el Quindio Años Cincuenta, CEREC Editores, B ogo­
tá, 1985.
Segur, r
4. Por supuesto que nos estamos refiriendo a todas aquellas escuelas económicas que no el pacs c
consideran com o fundamental el análisis histórico (Keynesianismo tradicional, teoría neo­
clásica, monetarismo).
político
que, p *
5. Cf. Karel Kossick, Dialéctica de lo Concreto, Editorial Grijalbo, México, 1976. crático 1
6. Trabajos interesantes en ese sentido han sido desarrollados por Alfredo Molano, especial­
como u
mente bajo la forma de historia oral e historia testimonio. nebulos
Cf. Los años del Tropel, CEREC Editores, Bogotá, 1985; Selva Adentro. Una Histo­ principí
ria Oral de la Colonización del Guaviare, El Ancora Editores, Bogotá, 1987.
talista«
7. Cf. V .I. Lenin, El desarrollo del capitalismo en Rusia, Editorial Progreso, Moscú, benefici
S . F.; Karl Kautsky, La Cuestión Agraria, Siglo X X I Editores, México, 1978; Rosa Lu-
xemburgo, La Acumulación de Capital, Editorial Grijalbo, México, 1967; Karl Marx,
El Capital, Vol. I, F.C .E ., México, 1975. La Vio!
que fies
CAPITULO I

Política y Violencia

El análisis de las repercusiones de la Violencia sería incompleto si se


dejaran de considerar los aspectos propiamente políticos del período. A l
fin y al cabo, la política es la expresión concertada de lo económico, ra­
zón de más para considerarla factor fundamental en la explicación de los
fenómenos de la Violencia. De ahí que el recuento de los hechos políticos
centrales del período aquí esbozado sea básico para explicar el mismo
proceso de la Violencia, así como sus repercusiones y alcances.

Además hay que tener en cuenta que la esfera de lo político en su sentido


más restringido de lo partidista fue privilegiada, tanto para el desencade-
najniento de la Violencia como para su exacerbación hasta límites inima­
ginables. Esto hace indispensable desentrañar los agentes políticos que
contribuyeron a desangrar al país en aras del desarrollo capitalista, que se
presentó a la par de la violencia

Según nuestra tesis central, el proceso de desarrollo capitalista vivido por


el país desde mediados de la década del cuarenta, se expresó en el plano
político en la consolidación de un autoritarismo represivo y excluyente
que, pasando por diversas etapas, desembocó en el no menos antidemo­
crático Frente Nacional. Así las cosas, el desarrollo capitalista no aparece
como un proceso neutro, encubierto sofísticamente bajo la terminología
nebulosa de la “ modernización” , sino que dicho acontecer involucra,
principalmente, a las clases fundamentales del modo de producción capi­
talista en continua lucha1 y a ciertas clases sociales como las directamente
beneficiadas del proceso de la Violencia.

La Violencia se produce paralelamente con una recurrente crisis política,


que tiene que ver tanto con una crisis orgánica del bloque en el poder como
2

con la adopción de nuevas y eficaces formas para desvertebrar los núcleos


más radicales de las clases subalternas. Se enmarca, así mismo, en el ám­
bito internacional de la “ Guerra Fría” y el anticomunismo, patrocinado
directamente por el imperialismo norteamericano.2 Estos elementos serán
detallados a continuación.

Los comienzos de la breve hegemonía conservadora

En agosto de 1946 el partido conservador nuevamente regentaba el


control político del Estado. Había llegado a esa posición luego de 16 años
y en una forma hasta cierto punto inesperada. Para empotrarse nueva­
mente en el Estado, ese partido requirió de una serie de transformaciones
internas entre las que se destacan, de una parte, su cambio de frente a
nivel internacional, luego de la derrota del nazi-fascismo durante la Se­
gunda Guerra Mundial y el rápido reconocimiento de la hegemonía mun­
dial del imperialismo norteamericano, cosa que lo convirtió en el principal
portavoz de aquel durante la Guerra Fría; de otra parte, poco antes de las
elecciones de 1946, los conservadores colombianos, incluyendo a sus por­
tavoces más ultrarreaccionarios y sectarios (como los antiguos “ Leopar­
dos” y el carismático Laureano Gómez), aparecieron como “ progresis­
tas” políticos que reconocían las “ realizaciones” de sus adversarios libe­
rales (en cuanto modernización del Estado, carácter de la intervención de

1. Retomamos aquí el argumento del historiador inglés E. Thompson quien considera que
clase “es una categoría histórica; es decir, está derivada de la observación del proceso so­
cial a lo largo del tie m p o ...” . De igual forma, que “clase, en su uso heurístico, es insepa­
rable de la noción de “lucha de clases’’... las clases no existen co m o entidades separadas,
que miran en derredor, encuentran una clase enemiga y empiezan luego a luchar. P o r el
contrario, las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determina­
dos..., experimentan la explotación (o la necesidad de mantener el poder sobre los ex­
plotados), identifican puntos de interés antagónicos, comienzan a luchar p or estas cues­
tiones y en el proceso de lucha se descubren co m o clase, y llegan a conocer ese descu­
brimiento co m o conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre las últi­
mas, no las primeras, fases del proceso real histórico". E. P. Thompson, “La sociedad
inglesa del siglo X V III: ¿lucha de clases sin clases?”, en Tradición, revuelta y conciencia
de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Editorial Crítica. Barcelona,
1979, pp. 35 y s.s.

2. Entre algunos autores que han recalcado el peso de la Guerra Fría sobre el proceso de
violencia vivido p or el país, se destacan: Carlos Gatbler. L a lucha de Clases y la Violen­
cia. Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de los Andes, mimeo, s.f.; Arturo
Alape. L a Paz, la Violencia: Testigos de excepción, Editorial Pluma. Bogotá, 1985: Da­
río Fajardo. Haciendas, Campesinos y Política s Agrarias en C olom bia. Editorial Oveja
Negra. Bogotá, 1983.
3
éste, identidad entre los partidos a nivel de política internacional, etc.,3 y
súbitamente, se presentaron enarbolando un programa político muy mode­
rado y muy “ liberal” (del liberalismo colombiano, obviamente) si se
quiere.

En dicho programa, como en los anuncios hechos por el electo presidente


Ospina luego de los comicios de mayo de 1946, no se asomaba la menor
brizna de sectarismo ni de radicalidad. Por el contrario, en sus discursos
existían permanentes llamados a la concordia nacional, a la alianza de los
partidos, a la necesidad de una administración conjunta de la nave del Es­
tado durante los vientos favorables de la postguerra, etc.

En lo que sí fueron claros desde un comienzo tanto Ospina como el conser-


vatismo en bloque, e incluso buena parte del liberalismo criollo, fue en la
necesidad de atemperar los ánimos del sindicalismo y en continuar la polí­
tica anti-obrera y anti-popular del pro-imperialista Alberto Lleras Camar-
go. Esta claridad también sirvió para que un buen número de sectores
liberales apoyaran al candidato conservador y para que distintas fracciones
de las clases dominantes, incluyendo a ciertos reductos de los industriales y
los comerciantes, se inclinaran decididamente por el político antioqueño.4

Pues bien, con estos presupuestos, y ante el incontenible empuje del gai-
tanismo, Ospina inició el 7 de agosto de 1946 la nueva administración
conservadora desarrollando desde el comienzo un gobierno de “ Unidad
Nacional” (léase bipartidista) con la participación burocrática de los dos
partidos. Pero en el curso del cuatrenio de Ospina fueron sucesivas las
rupturas de la “ unión nacional” y cada una de ellas profundizó aún más
la crisis política y la violencia partidista.5

Es necesario anotar que desde antes de empezar el gobierno de Ospina ya


se había presentado un ataque a fondo contra los sectores sindicales y ur­
banos. Así mismo, la violencia contra el gaitanismo ya era un hecho desde
1944.6

Cuando los conservadores regresaron al control del Estado, era innegable


su minoría electoral a medida que se incrementaba la urbanización. La
única forma de contrarrestar esa minoría era recurriendo, como hicieron
los liberales al comenzar los años treinta, a la violencia abierta contra sus
adversarios, al exclusivismo sectario en vi manejo de la cosa pública y al
montaje de toda una maquinaria política (que luego incluiría la famosa
“ popol” y a los “ pájaros” ) para fortalecerse en el manejo administrativo es que Gaita
del Estado. dudable resp
qoe después
De tal forma que mientras el discurso político que manejaba el presidente
Ospina respiraba concordia y paz por todas sus líneas, la realidad del país Los conserva
pronto se tornó en la antipoda: matanzas y persecuciones en distintas re­ ai .«fe libera
giones de la geografía nacional, que ya en 1947 alcanzaban niveles incon­ doctoral de
trolables. Ante el hecho evidente de que la Violencia golpeaba a los libera­ social, opu e
les, principalmente a los gaitanistas, el liberalismo presionaba a la admi­ es un desear
nistración Ospina para contrarrestar esa situación. Gaitán a la cabeza del
liberalismo denunciaba la complicidad oficial en la generalización de la
En el seno d
violencia, pero el presidente y la plana mayor del conservatismo respon­
patentizado
dían que si la violencia campeaba a lo largo y ancho del dilatado panora­
ciático del *
ma nacional no se debía precisamente a ellos sino a los liberales que se ne­
Santos. Ech¡
gaban a reconocer las supuestas mayorías conservadoras y que, además,
astas y exp<
preparaban un inmenso fraude electoral pues contaban con un millón
y adquiría fi
ochocientos mil cédulas falsas (ni una más, ni una menos).7

Los certámenes electorales de 1947 (en marzo y octubre) sirvieron para De r-a. : cm
atizar mucho más los enardecidos ánimos partidistas, puesto que cada coc su rr-nr
partido consideraba que el responsable de los sucesos era su adversario y carácter de
no mostraban señas de ceder en lo más mínimo. Esas elecciones fortale­ Tan atreva
cieron a Gaitán en el seno del partido liberal, lo que encumbró al líder po­ te de “ Unk
pular en la dirección de ese aristocrático partido. A partir del momento jego abane
participaba
roLticab T í
3. A l respecto pueden consultarse los discursos de la campaña del candidato Ospina Pérez, to a las vid
publicados bajo el título de L a p olítica de U nión Nacional, E l Program a. Imprenta N a­ ¿rasdeas, p
cional. Bogotá, 1946. i reconocer
4 . Renán Vega C ., Crisis y caída de la República liberal 1942-1946, Editorial El Mohán, proceso de
Ibagué, 1988, pp. 231 y s.s.
Sor eauem t
5 . Para distintos puntos de uista sobre el gobierno de “Unión Nacional” pueden consultarse:
Hernán Jaramillo O. D e la U nión N acion al a la Hegem onía Conservadora. Editorial P lu ­ qpe egMI
ma. Bogotá, 1983 y Catalina Reyes. “Las tres rupturas de la Unión N acional" en M e m o ­ _bera.es n
rias del qu in to Congreso de H istoria de C olom bia. ICFES. Bogotá, 1986.
■santrí } i
6. El archivo de Jorge Eliécer Gaitán proporciona testimonios al respecto, especialmente en
la correspondencia enviada al caudillo liberal. También se encuentran testimonios entre­ NLemras k
sacados de ese archivo en Gloria Gaitán. “Orígenes de la Violencia de los años cuaren­ gante j sol
ta”, en Once Ensayos sobre la Violencia. C E R E C Editores. Bogotá, 1985, pp. 328 y s.s.
su aparato
7. Este aspecto está documentado ampliamente en Arturo Alape. E l B ogotazo, M em orias "ateo y a i
del O lvido. Editorial Pluma, Bogotá, 1984, pp. 78 y s.s. jugó un pa
en que Gaitán emergió como jefe único del liberalismo y contó con-un in­
dudable respaldo popular, se vislumbraron muchas de las circunstancias
que después fueron decisivas en la historia política del país.

Los conservadores, empezando por el propio Laureano, ya no aplaudían


al jefe liberal como lo habían hecho en los prolegómenos de la campaña
electoral de 1946, sino que lo consideraban como un peligroso agitador
social, opuesto a la filosofía de la democracia colombiana y occidental y
en un descarado contubernio con el comunismo criollo.8

En el seno del liberalismo se bosquejaba la tajante división, como quedó


patentizado durante los sucesos del 9 de abril, entre el liberalismo aristo­
crático del “ país político” encabezado por la élite tradicional de López,
Santos, Echandía, Lleras, la gran prensa y los opulentos banqueros finan­
cistas y exportadores, y el pueblo anónimo que pujantemente participaba
y adquiría fuerza dentro del gaitanismo.

De igual forma, era manifiesta la ambigüedad de Gaitán, acorde no sólo


con su formación doctrinaria sino con sus convicciones políticas y con el
carácter de los intereses pequeño burgueses y plebeyos que representaba.
Tan ambivalente llegó a ser Gaitán, que mientras colaboraba en el gabine­
te de “ Unión Nacional” , participó en un intento de huelga nacional, que
luego abandonó a su propia suerte, dirigida contra el gobierno en el que
participaba y contra el ministro de Trabajo, que era de su propia filiación
política.9 Tan ambiguo era su comportamiento, que exigía a Ospina respe­
to a las vidas de los militantes liberales y amenazaba con tomar medidas
drásticas, pero en la práctica coqueteaba con el gobierno e incluso llegaba
a reconocer que la administración no tenía ninguna responsabilidad en el
proceso de Violencia.10
j
Sin embargo, los que sí no eran nada ambiguos eran los Conservadores
que llegaron a colocarse, en la práctica, en pie de guerra civil contra los
liberales, proclamando a los cuatro vientos que el orden sería defendido a
“ sangre y fuego” si era el caso y si eso querían los liberales.11

Mientras los liberales, incluyendo a Gaitán, amenazaban en forma arro­


gante y sobreestimaban sus propias fuerzas, los conservadores fortalecían
su aparato de represión e instigaban a sus prosélitos contra el liberalismo
“ ateo y criptocomunista” . En el papel de legitimación del conservatismo
jugó un papel de primer orden la iglesia, la que unánimemente considera-
6
ba al liberalismo como el principal responsable de los sucesos que tenían
atribulada y ensangrentada la República, debido al carácter antisristiano
de la doctrina liberal.12

Y mientras los dirigentes conservadores y liberales hilaban todo tipo de


denuncias y discutían sobre quiénes eran los que manejaban la urdimbre
de la violencia, los humildes labriegos y militantes de los dos partidos,
pero más del liberal, caían por montones aquí y allá. De esa forma, a san­
gre y fuego, como lo había anunciado el cojo Montalvo, los conservado­
res trataban no sólo de conseguir la mayoría, sino de atemorizar a la po­
blación y de neutralizar a los dirigentes liberales. Estos, aparte de las pe­
roratas, no hacían nada concreto para detener la violencia oficial y con­
servadora.

El impacto del 9 de abril

Y a es un lugar común decir que el 9 de abril partió la historia contem­


poránea de Colombia en dos. L o que es menos común es el señalamiento
de los hechos cardinales que indican esa fractura del discurrir histórico del
país: y lo es menos por la sencilla razón de que el discurso oficial que ha
primado en la conciencia del país ha sido el del bipartidismo a través de
los-mismos “ protagonistas” — de la dirigencia liberal y conservadora— de
aquellas tempestuosas horas del viernes 9 de abril y los días subsiguientes.

8 . El diario “El S iglo" contiene abundantes artículos de este tipo durante 1947 y 1948, entre
los que pueden consultarse los siguientes: “El Com unism o filtrado con el Gaitanismo tra­
ta de anarquizar el país, declaró el Dr. M ontalvo", E .S ..., noviembre 14 de 1947; “Gai-
tán viaja a Cali a preparar con el comunismo paro subversivo en el país”, E .S ., diciembre
4 de 1947.

9. Para un análisis del contradictorio papel desempeñado por Gaitán en esa huelga cf. “Gai-
tán declaró que se opuso al paro p or considerarlo ilegal, pero no lo dijo para no ser titu­
lado de esquirol", E l Siglo, mayo 17/47 y Víctor Manuel M oncayo y Fernando Rojas.
Luchas Obreras y P olítica laboral en C olom bia. Editorial La Carreta. Medellín, 1978,
pp. 81 y s.s

10. CF. A . Alape, op. cit., pp. 79-80.

11. La frase corresponde al célebre José A ntonio Montalvo. El discurso en cuestión aparece
citado en Paul Oquist. Violencia, P olítica y C on flicto en C olom bia. Ediciones Banco
Popular. Bogotá, 1978, p. 232.

12. CF. R odolfo de R O U X . Iglesia y Sociedad en C olom bia, 9 de abril de 1948. Funciones
sociales y fu ncion a m iento de la institución católica, m im eo, Bogotá, 1981.
7
Sin duda alguna, el 9 de abril ha sido importante no sólo por lo que pasó
en aquel día y lo que significó en el proceso de la Violencia, sino además
por la muerte política del gaitanismo que, al contrario de su jefe, no tuvo
entierro ni de tercera categoría: y por el tímido intento de reconciliación
entre los partidos cuando todavía estaba tibia la sangre del caudillo liberal.

Para completar el cuadro de los factores estructurales que gravitaban so­


bre el país, y que gravitarían en los años venideros, en el mismo día y lu-
gdr de los acontecimientos se reunía la Novena Conferencia Panamericana
que desde un comienzo había adoptado como su lema central el Anti­
comunismo. Y como prueba de que su política era “ correcta” y que se
avecinaban agresiones extracontinentales para las “ democracias” lati­
noamericanas, era necesario adoptar políticas drásticas contra los repre­
sentantes criollos del comunismo en los diversos países.13

No es éste el lugar para elaborar un detallado recuento sobre los sucesos


del 9 de abril, sobre los que últimamente se han elaborado estudios com­
petentes en medio de miles de toneladas de hojarasca sin ningún valor his­
tórico.14 Por ahora nos interesa efectuar un breve recuento de los alcances
del 9 de abril sobre el discurrir posterior del país.

El primer hecho destacable es que, contrariamente al eufemístico nombre


del “ Bogotazo” , el 9 de abril alcanzó prácticamente una dimensión nacio­
nal a nivel urbano e incluso tuvo manifestaciones rurales. Este hecho es
necesario precisarlo para indicar el alcance de la protesta popular ante el
asesinato del líder liberal y la forma como esa protesta influyó en la con­
ducta de los jefes liberales y fue, a su vez, mediatizada por la acción del
patriciado liberal. En efecto, luego de conocido el asesinato de Gaitán, se
produjeron levantamientos espontáneos, protestas abiertas y formación de
juntas provisionales de gobierno en diversos lugares del país. El desarrollo
de esos acontecimientos estuvo directamente vinculado con la evolución
de los sucesos de la capital.15 N o obstante, se presentó una notable dife­
rencia entre los sucesos en la capital del país y los acontecimientos en
provincia.

En las grandes capitales el liberalismo oficial era la fuerza dominante, lo


que se expresó en que el movimiento no tuviera ninguna cohesión interna,
ni orden, ni organización, y condujera al desahogo de las masas populares
contra ios símbolos del orden establecido, y que al final fuera capitaneado
por los dirigentes tradicionales del liberalismo. En provincia, en cambio,
8
ante ia existencia de tradiciones de lucha popular, se presentó una relativa
cohesión interna que posibilitó nuevas formas de organización popular y
un control de los síntomas de protesta desordenada.1 16
5

En las ciudades grandes, y en primer lugar Bogotá, no fue posible consti­


tuir un poder alterno: los dirigentes del bipartidismo lograron mantener
su cohesión y unidad en medio del dolor y la ira, incontenible pero des­
bocada, de la población citadina. En provincia, aunque los resultados
no se hayan podido consolidar durante bastante tiempo en vista de los
acontecimientos de la capital, se generó una especie de dualidad d e p o ­
deres, en que emergió de las entrañas mismas de la población un tipo de
organización interna diferente a la de las élites y clases dominantes. Mien­
tras que en Bogotá el movimiento estaba derrotado desde un comienzo
por el comportamiento político de la aristocracia liberal, en provincia se
dieron gérmenes de nuevas formas de poder popular en contra de las insti­
tucionales establecidas.17 Incluso, los resultados del descontento popular
fueron diversos, dado que mientras en Bogotá la destrucción de propieda­
des y edificios públicos y privados fue amplia, en provincia los daños
causados fueron escasos.18

13. La información fundamental sobre la Novena Conferencia Interamericana la proporciona


la prensa, especialmente el diario El Siglo, de enero de 1948 hasta Junio efe ese mismo
año. Sobre ese certarrien se encuentran interesantes apreciaciones en A. Alape, E l B o-
g ota zo... pp. 192 y s.s. y en Pierre Cilhodes, "El 9 de abril y su contexto internacio­
nal’’. En A n ua rio C olom biano de Historia Social y de la Cultura. (En adelante será cita­
do co m o A .C .H .S .C .), N o. 13-14, 1985-1986, pp. 239-260.

14. Entre otros pueden citarse a A. Alape, op. cit., y Herbert Braun, M ataron a Gaitán. Vi­
da pública y violencia urbana en C olom bia, Ediciones Universidad Nacional, Bogotá,
1987.

15. Un análisis sobre las implicaciones del 9 de abril fuera de Bogotá se encuentra en Gon-
zalo Sánchez, L o s días de la revolución, Gaitanismo y 9 de abril, Centro Jorge Eliécer
Gaitán, Bogotá, 1983. Para el caso de Barranca, donde se presentó la protesta popular
más prolongada y con m ejor organización cf. Gonzalo Buenahora, La Comuna de Ba­
rranca, Gráficas Leipzig, Bogotá, s.f.; también Apolinar Díaz Callejas, E l 9 de a bril de
1948 en Barrancabermeja. Diez días de p od e r popular, Editorial Fescol-EI Labrador, B o ­
gotá, 1988.

16. G. Sánchez, op. cit., p. 153.

1 l.Ib id , p. 156.

18.1bid, p. 159.
9
Un hecho que sí influyó decisivamente en el comportamiento de la protes­
ta en provincia, fue el desarrollo de los acontecimientos en Bogotá. La
derrota política de la capital repercutió directamente en provincia, ya que
contribuyó a desmovilizar y desmoralizar la protesta organizada en las
distintas regiones. El segundo aspecto digno de resaltar al analizar el 9 de
abril, fue el comportamiento político de la oligarquía liberal. Con el opor­
tunismo que históricamente la ha caracterizado, ésta empleó el cadáver de
Gaitán como arma de presión para negociar su reingreso al gobierno de
Ospina y, al mismo tiempo, calmar los ánimos de las enardecidas multi­
tudes. El forcejeo duró 17 horas, al cabo de las cuales se llegó al acuerdo
de la oligarquía bipartidista a espaldas de la población que, como siem­
pre, puso los muertos, la sangre y las lágrimas en protesta por la muerte
del líder.

Los liberales, aterrorizados ante la insurgencia de las masas — por muy


espontánea que haya sido— , no fueron al palacio presidencial a pedir el
poder, sino que imploraron la paz por la vía constitucional. Se inició el
regateo y Ospina fue imponiendo su criterio y convenciendo a los liberales
de que no podían jugar a la subversión, a identificarse con esas fuerzas
brutales que habían salido a flote con ocasión de la muerte del líder popu­
lar. Darío Echandía reunió una convención liberal de bolsillo para plan­
tear si aceptaba o no el ofrecimiento presidencial de designarlo ministro
de Gobierno. La “ democrática” convención consideró que lo mejor para
el liberalismo era aceptar tanto el ministerio de Gobierno como la m odifi­
cación en el gabinete propuesta por el primer mandatario, incluyendo la
remoción del asombrado Laureano Gómez.

El más encarnizado rival de Gaitán dentro del liberalismo, el financis­


ta Carlos Lleras Restrepo, dando muestras de un cinismo aterrador, fue
ei encargado de pronunciar el postrer discurso ante la tumba del caudi­
llo liberal, y pasó además a presidir la Dirección Nacional Liberal. Días
después los dos partidos expidieron una declaración conjunta en la que
le pedían al país olvidar los sucesos anteriores y se declaraban partida-
nos de una paz verdadera pero, eso sí, castigando a los culpables de los
delitos contra la propiedad y los bienes públicos. Manifestaban estar dis­
puestos a conducir al país por caminos de concordia y democracia intro­
duciendo cambios sustanciales en la lucha política y partidista.19 Pampli­
nas, porque el último acto de “ Unión Nacional” estaba pegado con ba­
bas, pues la tan anunciada unidad duró un año escaso, al cabo del cual
los liberales estaban otra vez pidiendo garantías al Ejecutivo y, en la som-
bra, pensando en organizar levantamientos armados o guerrillas campesi­
nas, con la intención de qüe sus presiones fueran escuchadas, y nada más.

De tal forma que el 9 de abril mostró dos elementos característicos de las


fuerzas del liberalismo: de un lado, el carácter pequeño-burgués del gaita-
nismo y, de otro, el sentido espontáneamente anti-imperialista y anti­
oligárquico de las masas populares. Este último aspecto fue el que a la
larga cohesionó a la burguesía. Esta tenía en su favor,

“ N o só lo la unidad interna q u e le im p on ía el p á n ic o p o r el alza­


m ien to p op u la r, sino, además, la d ebilidad organizativa del gaitanis-
m o apenas en p ro c e s o de fo r m a c ió n c o m o m o v im ie n to a u tó n o m o .
E s to le p e rm itió a aquella em p ren d er d e m anera eficaz un d o b le j u e ­
g o d e op o sició n y cola bora ción con el g o b ie r n o d e O spina P érez.
E s así c o m o la participación d e los tradicionales je f e s del p a rtid o li­
bera l en el g o b ie r n o d e U n ió n N a cion a l, q u e era presentado c o m o
un p rim e r p a s o en la conquista del aparato gubern a m en ta l a n o m b r e
d e las banderas dem ocráticas q u e agitaba Gaitán, en la práctica n o
hacía sin o legitim ar la cruzada represiva contra el m o v im ie n to p o p u ­
lar d e inspiración gaitanista” . 20

Como primer efecto notable, el 9 de abril condujo, luego de la virtual pa­


rálisis de los distintos órdenes del Estado, a la unidad política entre los
dos partidos y la identificación del conjunto de las clases dominantes para
enfrentar la crisis. Así se produjo una recomposición y luego un fortaleci­
miento de todos los aparatos estatales. Para facilitar esa tarea se recurrió
a un mecanismo tradicionalmente usado en el país: el excesivo dramatismo
puesto ante los acontecimientos de abril.21

El primero en señalar las alarmantes dimensiones adquiridas por los acon­


tecimientos fue el presidente Ospina, quien no dudó en proclamar inme­
diatamente que el principal responsable de los motines y desórdenes era el

19.Lecturas Dom inicales, E l Tiem po. Abril 8 de 1978.

2 0.Sánchez, op. cit., p. 160.


11
comunismo internacional, como para servir de caja de resonancia a las
acusaciones provenientes de la Novena Conferencia Panamericana.22 T o ­
davía hoy el argumento es repetido por El Siglo, La República y otros pe­
riódicos.

Entre las repercusiones del 9 de abril cabe destacar, en primer término, la


adopción del anti-comunismo como doctrina oficial del gobierno colom­
biano, en concordancia con las conclusiones generales de la Conferencia
Panamericana lo que prácticamente significó la entrada de esta parte del
continente en el proceso de la Guerra Fría. Como para que no quedaran
dudas de las intenciones del gobierno de Estados Unidos, es bueno recor­
dar que en las discusiones al interior de la reunión surgió la propuesta de
traer m arines para solucionar los disturbios e imponer la paz y la tranqui­
lidad en el país, así como para asegurar la vida y propiedades de los súb­
ditos norteamericanos, empezando por el “ arquitecto de la paz univer­
sal” , el propio Marshall.23

La Organización de Estados Americanos, O EA, surgió de las cenizas de


Bogotá y se institucionalizó como el órgano predilecto de los Estados Uni­
dos para imponer sus políticas en el continente latinoamericano, para lo
cual contó con innumerables testaferros en los diferentes países, empezan­
do por Colombia.

El espíritu anti-comunista de la Novena Conferencia Interamericana se


manifestó a lo largo de sus sesiones. Los documentos internos del gobier­
no de Estados Unidos relacionados con la Conferencia así lo atestiguan.23A
La presión de la delegación norteamericana influyó directamente para que
fuera aprobada la declaración final, titulada “ Prevención y Defensa de la
Democracia en América” , que en sus partes fundamentales de condena al
comunismo decía:

“ L a s R ep ú blica s representadas en la N o v e n a C on feren cia In tern a ­


cional A m erica n a

Considerando:

Q u e para salvaguardar la p a z y m antener el m u tu o respeto entre los


Estados, la situación actual del m u n d o exige q u e se tom en m edidas
urgentes q u e p roscriba n las tácticas de h egem onía totalitaria, in con ­
ciliables con la tradición de los países d e A m é ric a , y q u e eviten q u e
12
agentes al servicio del co m u n is m o internacional o d e cualquier tota­
litarism o p retendan desvirtuar la auténtica y libre volu n ta d d e los
p u e b lo s de este continente.

Declaran:

Q u e p o r su naturaleza antidem ocrática y p o r su tendencia interven­


cionista, la acción política del c o m u n ism o internacional o de cual­
q uier totalitarism o es in com p a tible co n la con cep ción de la libertad

22. Algunos de los apartes más significativos de la interpretación ospinista del 9 de abril son
los siguientes: “En medio de esta hora de locura —decía el presidente — el gobierno no
puede permitir que la anarquía nos devore, y que el caos destruya la grandeza y gloria
de Colombia. Pensando sólo en el interés de la patria... este gobierno está dispuesto a
aplastar... el m ovim iento subversivo que amenaza hundir al país en una definitiva y acaso
irreparable catástrofe. ...Estamos ante un m ovim iento de inspiración y prácticas com u ­
nistas, en el cual vienen interviniendo indeseables elementos extranjeros, algunos de los
cuales han caído (sic) en manos de fuerzas leales al gobierno...". El discurso en mención
aparece co m o apéndice documental en el libro, tantas veces citado, de Gonzalo Sán­
chez, pp. 169-174.

23. El dirigente político venezolano Róm ulo Betancourt, quien se hallaba presente en la co n ­
ferencia co m o delegado de su país, proporciona un elocuente testimonio, en sus m em o­
rias, sobre la propuesta de la delegación norteamericana de traer marines para “pacifi­
car” la ciudad de Bogotá. Betancourt sostiene que: "S e propuso (a la Conferencia In-
teramericana reunida en esos días) que bombarderos y tropas de Estados Unidos, trasla­
dados desde la zona del Canal de Panamá, ocuparan el aeropuerto de Techo, para ga­
rantizar la seguridad de los delegados. Reaccioné co m o si hubiera recibido una descarga
eléctrica. Dije que asumía la representación de Colombia, que p or ser tan convulsivos
aquellos días, aún no había integrado su nueva delegación para protestar en su nombre
y en el de Venezuela al considerársele co m o nación ocupable p o r fuerzas armadas ex­
tranjeras en una parte p o r pequeña que fuera de su territorio. Y anuncié que la delega­
ción venezolana, la misma que había hecho triunfar la tesis de permanecer en Bogotá,
después de dejar constancia de su airada protesta, abandonaría la conferencia si bombar­
deros y paracaidistas de los Estados Unidos llegaron a ocupar aeropuertos de Colom bia".
Lecturas Dom inicales. E l Tiem po, abril 8 de 1978.

Docum entos internos del Departamento de Estado norteamericano, publicados reciente­


mente, confirman las aseveraciones de Betancourt. A l respecto, el Secretario de Estado
G eorge Marshall envió el 10 de abril de 1948 desde Bogotá un cablegrama en el que
afirmaba: “ ...n o discutiría las sugerencias de la delegación argentina en el sentido de traer
tropas norteamericanas para asegurar el aeropuerto de B ogotá; además de ser una grave
decisión para mi gobierno, requeriría de una aprobación unánime de los delegados (a la
Conferencia Interamericana) que no existe". Foreign Relations o f United States, 1948,
Volumen IX, Western Hemisphere, p. 40. D ocum ento que aparece co m o apéndice d o­
cumental del libro de Apolinar Díaz C. E l 9 de abril... op. cit., p.p. 196-198.

2 3 A .A . Díaz Callejas, op. cit., pp. 195-217.


13
americana, la cual descansa en d os p ostu la d os incontestables: la dig­
nidad del h o m b r e c o m o p erson a y la soberanía d e la nación c o m o
E s t a d o " .238

El segundo efecto significativo del 9 de abril fue la reorganización interna


de los cuerpos represivos del Estado colombiano. Para el gobierno de Os-
pina y para el conservatismo ésta era una medida de urgente realización,
si se recuerda que la policía estaba compuesta en su mayor parte por fer­
vientes partidarios del asesinado líder popular y durante los sucesos había
mostrado su beligerancia al incorporarse casi en masa a los amotinados.
Con los primeros decretos, como el No. 1268 del 18 de abril de 1948, se
trasladó el control del orden público al ejército. También se ordenó el li­
cénciamiento del personal uniformado dé la policía nacional (Decreto 2244
del 4 de julio de 1948) y otras disposiciones entraron a considerar a la po­
licía como una institución “ eminentemente técnica” (Decreto 1403 de
abril 30 de 1948).24

Otro efecto importante de los acontecimientos señalados estaba vinculado


con los aspectos económicos, tanto a nivel de recuperación como en el
plano de nuevos instrumentos de inversión en bienes urbanos y en plani­
ficación urbana. Sobre el impacto económico de los mencionados sucesos,
el ministro de Hacienda y Crédito Público, J. M . Bernal, señalaba pocos
días después:

“ L a s desventuradas ocurrencias del 9 de a bril p a sa d o... implican


una nueva fu e n te de nuevas obligaciones q u e es inevitable llenar de
alguna fo r m a . E l sostenim iento d e un ejército sensiblem ente m ás n u ­
m e ro s o q u e el ord in a rio; la dotación de n u e v o s e inaplazables servi­
cios d e seguridad; la urgencia d e to m a r m edidas encam inadas a la
pacificación del país y al robu stecim ien to d e su eco n o m ía ; la indis­
cutible urgencia d e atender a servicios sociales q u e p ro c u re n un sano
equ ilibrio entre los distintos g ru p o s de c o lom bia n os, son necesidades
q u e han surgido con m ás p rotu bera n cia q u e antes, y q u e representan
gastos inm ediatos a los cuales es indispensable atender con recursos
ordinarios, y a que, en su m a y o r parte, n o son gastos a los cuales,
dentro de una sana política, deba atenderse co n recursos de cré­
d i t o " . 25

Para implementar la recuperación económica y ampliar el aparato de re­


presión, el gobierno creó dos organismos asesores de su política económi-
14

ca: La Junta de Planeamientos de la Reconstrucción de Bogotá y el Comi­


té de Crédito Público y Asuntos Económicos. El primero tenía funciones
de administrar recursos y operaciones comerciales, mientras el segundo
era más amplio y abarcaba el asesoramiento de toda la política económi­
ca del gobierno.26

Entre las medidas de recuperación se destacaban: las concernientes al


ordenamiento del espacio urbano para la reconstrucción del centro de Bo­
gotá, que posteriormente contó con el asesoramiento directo del arquitec­
to Corbussier:27 en el orden bancario, el Banco de la República rebajó un
25% el encaje bancario con el fin de destinar créditos a los propietarios
perjudicados por los sucesos del 9 de abril; en el orden financiero, se
autorizó al gobierno para contratar un préstamo externo de hasta 60 millo­
nes de dólares con el Banco Mundial: a nivel tributario, se estableció el
impuesto a las grandes rentas, consistente en la imposición de una tasa
que variaba del 5% sobre las rentas líquidas superiores a 24.000 pesos, y
se impuso un gravamen a los solteros y a los colombianos residentes en el
exterior.28 Pero en este último sentido el impuesto que más directamente
afectó a la población fue aquel destinado a restablecer el orden público.
Según esta disposición, cada contribuyente tenia que aportar el 10% de lo
pagado por liquidación en el año gravable de 1946 por concepto de im­
puesto a la renta, patrimonio y complementario. Calculando el probable
monto de este impuesto, el Banco de la República autorizó un préstamo
al gobierno central por un valor de 10 millones de pesos. Por una suma
equivalente, el municipio de Bogotá emitió bonos de servicios urbanos.29
Así se lograba una típica socialización de las pérdidas, para que no sólo
los comerciantes resultaran afectados por los destrozos del 9 de abril,
sino para que además el aumento del pie de fuerza fuera financiado direc­
tamente por la población.

23B. Citado en A. Díaz Callejas, op. cit., p. 179.

24. Estos decretos aparecen en el apéndice documental del libro de G. Sánchez, pp. 268-273.

25. D ia rio Oficial, junio 11 de 1948.

26. G. Sánchez, op. cit., p. 151.

27. CF. J. Aprille. E l Im p a cto de N ueve de A b r il sobre el Centro de Bogotá. Centro Jorge
Eliécer Gaitán. Bogotá, 1983.

2 8 . G. Sánchez, op. cit., p. 151.

2 9 Ib id .
15
Resumiendo, desde el punto de vista de las clases dominantes el 9 de abril
sirvió para que se impulsara una completa reorganización del Estado y
que al final el ente estatal apareciera fortalecido y cualificado, preparado
para la represión en una forma más sofisticada y con nuevos instrumentos
de control social e ideológico. De esa forma, las clases dominantes dispo­
nían de todos los recursos para controlar cualquier rebeldía o síntoma de
protesta de las clases subalternas.30

Esto explica que, paradójicamente, el 9 de abril representara el golpe más


fuerte contra la movilización popular en las grandes ciudades, moviliza­
ción que se había ampliado desde 1943-1944. De esa forma, la “ Unión
Sagrada” de las clases dominantes contra el movimiento obrero-popular
tuvo como primordial objetivo la desorganización y desarticulación de los
núcleos más combativos del movimiento urbano. Primero los obreros,
que saldrían sucesivamente mal librados en 1947-48, y en forma paralela
el movimiento gaitanista, destrozado en sus pocos reductos (recuérdese
que en Bogotá murieron cientos de personas de procedencia popular y
vinculadas con el gaitanismo).

Después del 9 de abril, el habitante citadino humilde, que tanta actividad


mostró en la década del cuarenta, fue definitivamente desterrado de las
calles de las grandes urbes, cuyo control pasó directamente al aparato
represivo: control necesario para las fuerzas del bipartidismo y de las
clases dominantes dada la radicalidad de la protesta popular.31

Pero al ciudadano tampoco se le compensó su “ expulsión” de la calle


ofreciéndole condiciones aceptables y humanas de vida en el interior de
los espacios residenciales, sino que se proporcionaron pésimas condiciones
de existencia, y represión violenta, expresadas en el Estado de Sitio per­
manente. Se “ expulsó del espacio urbano al ciudadano y por la fuerza se le
mantuvo encerrado en su espacio habitacional absolutamente insuficiente,
malsano, antihigiénico, individualizante y opresor” .32 Las clases dominan­
tes pudieron dedicarse entonces a diseñar ciudades de y para el capitalis­
mo, sin ningún tipo de participación de los sectores mayoritarios de la po­
blación. Esta particularidad del desarrollo urbano de los años cincuenta
hizo exclamar a un estudioso del problema que “ la década de 1950 a 1960,
que tiene tan sombrías consecuencias en la vida nacional, fue paradójica­
mente la época del apogeo de la arquitectura moderna en Colombia” .33
16

Desde el punto de vista de las clases subalternas, el 9 de abril también


dejó su impronta. Muchos de los “ nueveabrileños” serían protagonistas
centrales de posteriores gestas de resistencia contra la violencia oficial,
tanto durante los gobiernos conservadores como bajo el régimen rojista,
y organizadores de importantes baluartes guerrilleros en diversas zonas
del país.34 Pero ellos se marcharon a pelear a la zona rural, porque el 9 de
abril definitivamente desplazó la violencia de las ciudades al campo, al
que se trasladarían también los más importantes focos y centros de resis­
tencia popular.

Después del 9 de abril

Sobre el cadáver aún caliente de Gaitán se reconstruyó por última vez


la “ Unión Nacional” bipartidista. H oy se sabe con exactitud que esa re­
construcción del gobierno de Ospina Pérez, materializada el 10 de abril
con la participación de los liberales en el gabinete ministerial, obedeció a
una sugerencia directa de los Estados Unidos. A l respecto es suficiente­
mente ilustrativo uno de los apartes del cablegrama enviado por el Secre­
tario de Estado George Marshall ese mismo día a su gobierno, en el que
informaba: “ El presidente Ospina Pérez ha anunciado hoy la formación
de un gabinete de coalición que incluye liberales y conservadores. L o s in­
f o r m e s q u e he recibid o indican q u e la situación se torna m ás m a n eja ­
b le ” .34A

3 0 Ib id , p. 152.

3 1.Fernando Viviescas et al., la Problem ática Urbana hoy en C olom bia C1NEP. Bogotá,
1982, p. 287.

3 2 Ib id , p. 288.

3 3 Ib id ., p. 290.

3 4 .C . Sánchez, op. cit., p. 161; A . Díaz Callejas, op. cit., pp. 138 y s.s. A. Alape, Las
vidas de P ed ro A n to n io M arín, M anuel Marulanda Vélez T iro fijo , Editorial Planeta,
Bogotá, 1989, pp. 73 y s.s.

34A. Foreing Relations... op. cit. D ocum ento publicado en A. Díaz Callejas, op. cit., p. 198.
(El subrayado es nuestro).
17
De la misma forma, el alejamiento de Laureano Gómez del gobierno al
parecer fue exigido por la delegación norteamericana que asistía a la Con­
ferencia Interamericana.348

Pese a esas interferencias y presiones norteamericanas, la “ Unión Nacio­


nal” fue efímera, pues menos de un año después el liberalismo oficial­
mente la rompió. En la práctica sólo había servido para producir una
identificación temporal entre los representantes del “ país politico” que
con tanto ahínco había denunciado Gaitán. Poco contribuyó ese acuerdo
oligárquico a atemperar la Violencia que, por el contrario, se generalizó y
difundió por diversos lugares de la dilatada geografía nacional después del
9 de abril. Con la diferencia de que los sucesos de esa fecha proporciona­
ron un elemento de retaliación a los conservadores, como no había existi­
do antes del asesinato del líder liberal.

A comienzos de 1949 ya era evidente la ruptura de la “ Unión Nacional” ,


como sucedió el 21 de mayo de ese año cuando los liberales se retiraron
oficialmente del.gobierno. En el comunicado de rigor la Dirección Nacio­
nal de ese partido denunciaba — lo que a la vista de todos estaba, y du­
rante más de un año no habían querido ver y entender— que, ante la vio­
lencia oficial, los humildes militantes de esa colectividad eran perseguidos
y asesinados en masa.35 El retiro liberal tenía presupuestos que a la larga
resultaron equivocados. El abandono del gobierno partía de la falsa supo­
sición de que las mayorías liberales eran suficientes por sí solas para obli­
gar al gobierno a adoptar una política diferente: creían que el predominio
liberal en las cámaras alcanzaría para bloquear cualquier acción por parte
de los conservadores. Los liberales criollos seguían apegados a los viejos
dogmas que consideraban que la democracia colombiana se seguiría man­
teniendo por encima de las diferencias políticas y que los conservadores
no se atreverían a tocar esas “ inmaculadas” instituciones.

Tal era la perspectiva de los liberales en el decisivo año de 1949. Para


ellos era impensable que el parlamento pudiera ser intervenido de alguna
forma por el Ejecutivo y consideraban que Ospina toleraría, en una for­
ma parecida a como lo hizo López durante su segunda administración, las
actividades oposicionistas de sus adversarios. N o tenian en cuenta que
para los conservadores y el propio presidente Ospina la afirmación de
defender el gobierno a sangre y fuego era verdad y no tan sólo un enun­
ciado retórico y demagógico. Después de los sucesos del 9 de abril el go­
bierno conservador, con la complicidad de los “ convivialistas” del libera-
18
lismo, se fortaleció en el sentido de armarse contra sus potenciales adver­
sarios y de perseguir a los militantes liberales en varias zonas del país.

Las elecciones legislativas realizadas en junio de 1949 fueron decisivas en


la agudización de la guerra civil no declarada que desde tiempo atrás se
vivía en los ensombrecidos campos del pais. Los comicios confirmaron
la mayoría liberal en el Congreso y el Directorio de ese partido en tono
triunfalista maximizó el alcance de la victoria, viéndose ya a las puertas
deí poder en 1950.36

A partir de esos resultados el liberalismo optó por emprender la lucha en


el parlamento, suponiendo equivocadamente que en esa institución era
donde se tomaban las verdaderas decisiones políticas del país y que el
gobierno conservador tendría que subordinarse a sus dictados. Así, adop­
taron la táctica de utilizar su mayoría parlamentaria para bloquear cual­
quier iniciativa del Ejecutivo e ir preparando el terreno que los hiciera in­
vencibles en las elecciones presidenciales de 1950; con un elemento adicio­
nal que creían ahora favorable: ya no se encontraba el temido e incómodo
caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán.

Después de instaladas las sesiones ordinarias del Congreso el 20 de julio


de 1949, los liberales iniciaron su labor de torpedear al gobierno. Para el
efecto empezaron por proponer leyes que iban manifiestamente en contra
del conservatismo. Entre esos proyectos se destacaban: la policía debía
funcionar bajo el control del Legislativo; elección directa de gobernantes;
aprobación por parte del parlamento de cualquier nombramiento en el

3 4 B .P . Gilhodes, op. cit., p. 252.

35.En el mencionado comunicado se decía: “La colaboración liberal no tenía sentido ni jus­
tificación sino en cuanto con ella se consiguiera que el gobierno fuera imparcial y otor­
gara garantías iguales a todos los ciudadanos. Si los hechos demostraban, lo demostra­
ron, que a pesar de la composición mixta del gobierno, las autoridades conservadoras
practicaban o protegían la violencia y la indebida coacción sobre el electorado liberal, sin
que el presidente de la República adoptara medidas eficaces para evitarlo, la cooperación
perdía toda razón de ser y no podía servir más que para cubrir con un mentiroso manto
de legitimidad los crímenes y los atropellos de que se hacía víctima al liberalismo” . Direc­
torio Nacional Liberal, citado p or P. Oquist., op. cit., pp. 236-237.

36.P. Oquist., op. cit., p. 137.


19
gabinete ministerial; pero lo más importante, mediante una reforma cons­
titucional exigían el adelanto de las elecciones presidenciales.37

Ospina no aceptaba en su totalidad las reformas planteadas por los libera­


les pero sí estaba dispuesto a conciliar y a llegar a un acuerdo con sus ad­
versarios, ya que no veía con buenos ojos la posible elección de Laureano
Gómez para la presidencia de la República con un programa tan extrema­
damente retardatario y sectario. El presidente respondió a los liberales
que aunque no aceptaba al pie de la letra las reformas, consideraba que
un acuerdo entre los partidos debía conducir a una forma de gobierno en
que éstos se turnarían en la presidencia a partir de 1950 (similar fórmula
a lo que luego constituirá el Frente Nacional). Los liberales, confiando en
su superioridad en el Congreso y subestimando la capacidad política de
Ospina y el conservatismo, se negaron a aceptar tal propuesta.38

La suerte estaba echada y el antagonismo entre los dos partidos se hacía


más virulento. La violencia se radicalizaba en distintas zonas del país. La
postulación de los dos candidatos para las elecciones del cincuenta no
hizo sino atizar la hoguera de los odios partidistas y sectarios. Laureano
Gómez, el “ monstruo” , fue postulado por su partido enarbolando un
programa anti-comunista y sosteniendo que el país debía defenderse de los
embates de la revolución mundial que, según su maniqueísmo, estaba
patrocinado por el liberalismo criollo.39

Por su parte, los liberales lanzaron la candidatura de Echandía, que sólo


duró unas cuantas semanas. Después éste retiraría su postulación amena­
zadoramente.40 Luego del retiro de esa candidatura, los liberales procla­
maron a los cuatro vientos que efectuarían un juicio público en el parla­
mento contra el presidente por su complicidad en los sucesos de la violen­
cia. Este juicio, en el que participarían los más importantes dirigentes li­
berales (como el propio Echandía y Carlos Lleras Restrepo), debia iniciar­
se el 9 de noviembre, dos días después del retiro de la candidatura de
Echandía.

Los liberales no contaban con que las puertas del “ glorioso” parlamento
colombiano estaban franqueadas por el ejército, que les impedía entrar a
ocupar sus confortables curules dentro del recinto sacro de la democracia
colombiana. A l tiempo, Ospina declaró turbado el orden público, limitó
las libertades constitucionales, prohibió las reuniones públicas, impuso la
20
censura de prensa y dispuso el control directo de los gobernadores por
parte del ejecutivo.41

Ante el fracaso de su tentativa de golpe parlamentario, los liberales opta­


ron confusamente por la vía de la acción de masas mediante la realización
de una huelga general convocada para el 25 de noviembre. Confusa, tími­
da y contradictoria fue la preparación previa del proyectado paro: en vis­
ta de los recuerdos del 9 de abril, optaron porque la huelga fuera pasiva,
no‘ obstante qüe desde hacía unas cuantas semanas apoyaban en la prácti­
ca las guerrillas liberales de los Llanos orientales.42 Sin tener claro en qué
radicaba lo pasivo y lo activo, Echandía salió a la calle en manifestación
pública el 23 de noviembre. Bien pronto fue atacado por las fuerzas o fi­
ciales y aunque salió ileso, en la refriega murió un hermano suyo, Vicen­
te, y unos cuantos acompañantes. Como la rebelión parlamentaria, la
huelga general fue un rotundo fracaso para los liberales. Estas demostra­
ron que eran incapaces y que únicamente podían ser “ audaces” como el 9
abril cuando, para detener la protesta popular, se subordinaron a los
dictados de Ospina, ante el peligro de ver amenazados sus intereses de
clase.

37 James Henderson. Cuando C olom bia se desangró. Un estudio de la Violencia en M e ­


tró p o li y P rovincia. El Ancora Editores. Bogotá. 1984. p. 170

38 Ibid.

39 Laureano Góm ez afirmaba: " Som os uíctimas de una diabólica coerción, vamos forzados
y constreñidos p or maniobras ideadas p or el espíritu de la revolución, que con ellas es­
pera dar el golpe de muerte a la cristiana civilización de Colom bia". Citado p or Juan M a­
nuel Saldarriaga. Laureano Gómez o la tenacidad al servicio de la ju sticia y de la patria.
Editorial Granamérica. Medellín, 1950. p. 130.

40 En el m om ento de renunciar a la candidatura presidencial Echandía sostuvo: " Y o quiero


notificarle al partido conservador y al gobierno que la extensión de la violencia oficial no
nos intimida: nosotros no vamos a permitir pasivamente el asesinato de nuestros inocen­
tes e indefensos compatriotas que están cayendo p or cientos, p o r el simple crimen de ser
liberales". Citado por James Henderson, op. cit., p. 174.

41.J. Henderson, op. cit., p. 174. Oquist, op. cit., p. 239 y s.s. Germán Guzmán. La Vio­
lencia en C olom bia. T om o 1. Ediciones Tercer Mundo, 1962, pág. 64.

42. J. Henderson, op. cit., p. 174.


I------.
Para completar su estruendosa derrota, el 27 de noviembre fue elegido
Laureano Gómez como presidente del país. Después de las torpezas políti­
cas de los liberales, quedaba totalmente despejado el camino para los con­
servadores y la Violencia se enseñoreaba todavía más sobre el nublado
panorama del país. Claro que ésto no importaba para nada a las clases
dominantes del país que desde 1949 anunciaban públicamente el notable
crecimiento de la economía colombiana y los índices inimaginables de
dividendos y ganancias que obtenían en sus empresas.43

De los gobiernos de Laureano Gómez y Urdaneta Arbeláez a


la caída de Rojas

Laureano Gómez llegó a la presidencia de la República luego de una


dilatada campaña política que se remontaba a más de 40 años de activi­
dad pública prácticamente ininterrumpida. Admirador incondicional del
falangismo y del gobierno de Franco en España, simpatizó abiertamente
con las potencias del eje al comenzar la Segunda Guerra Mundial44 pero,
ante las presiones norteamericanas contra el diario El Siglo,45 moderó su
posición y al final de la guerra estaba ya convencido de que el destino del
país se encontraba indisolublemente ligado a la suerte de la democracia
norteamericana, sistema de gobierno al que había criticado acerbamente
en los años veinte, treinta y comienzos de los cuarenta. Vencido ya ese obs­
táculo, tanto Laureano Gómez a nivel personal como el conservatismo en
bloque estaban en condiciones de contar con el apoyo norteamericano en
caso de regresar al poder.

Con estos antecedentes, Laureano Gómez fue uno de los gestores del
triunfo de Ospina en 1946 y temporalmente alivió, en plena campaña elec­
toral, su tradicional oposición a los liberales. Y a durante el gobierno de
“ Unión Nacional” enfiló sus baterías contra el partido opositor, convir­
tiendo en una de sus consignas centrales la lucha contra el supuesto frau­
de electoral que preparaba el liberalismo al poseer un millón ochocientas
mil cédulas falsas. Fue funcionario del gabinete de Ospina y uno de los
organizadores de la Novena Conferencia Panamericana, ante la cual ac­
tuó como representante oficial del gobierno.

Cuando se produjeron los sucesos del 9 de abril desempeñaba el cargo de


Ministro de Relaciones Exteriores. Ese día se convirtió en uno de los per-
_____________ - -

W ^ '

22__________________________________________________________ __

sonajes más buscados por la enfurecida multitud, que lo acusaba de ser el


directo responsable del asesinato de Gaitán. El líder conservador debió
esconderse y soportar la destrucción de sus propiedades y de su diario
El Siglo. Para completar, durante el desenlace de los sangrientos sucesos,
su cabeza rodó como canciller y se vio forzado a un auto-exilio en el ex­
tranjero. Trago amargo que no olvidaría fácilmente.

Laureano Gómez estuvo convencido desde un comienzo de que el 9 de


abril fue una abortada revolución comunista que contó con la complici­
dad directa de los liberales, y además consideraba que la frustrada insu­
rrección era simplemente un eslabón en la extensa cadena subversiva del
comunismo internacional contra nuestra civilización cristiana.46 Por esta
razón él se consideró como el abanderado número uno de la patria en de­
fensa de las tradiciones cristianas de la civilización colombiana y para de­
tener el comunismo ateo y al liberalismo masónico, su “ quinta-columna” .

Este se constituyó en el eje de su programa de gobierno, que no contó


con una oposición real dado que los liberales se abstuvieron de participar
en las elecciones presidenciales de mediados del siglo. Con tenacidad, el
viejo líder conservador se dio a la tarea de desmontar el orden constitu­
cional vigente para sustituirlo por un régimen corporativista de estilo
franquista; medida que era el resultado directo de la entronización en
el aparato de Estado de un sector minoritario del partido conservador
y de la expansión de la violencia a un nivel inusitado.46,4

43. Rafael Saquero, “La Econom ía Nacional y Política de Guerra”, en C olom bia : Estructura
P olítica y A graria. Ediciones Estrategia. Bogotá, 1971, pp. 83 y s.s.

44. CF. Los documentos presentados en “G óm ez pedía ayuda a Franco en 1939". E l Espec­
tador, noviembre 8 de 1949, p. 12.

4 5. Presiones detalladas p or David Bushnell. Eduardo Santos y la P olítica del buen vecino.
El Ancora Editores. Bogotá, 1984

4 6. Los artículos del periódico El Siglo abundan en este sentido, especialmente luego de su
reaparición, a las pocas semanas de la destrucción de su sede p o r las multitudes enfure­
cidas durante el 9 de abril de 1948.

46A. Sobre el anti-comunismo visceral de Laureano Góm ez y el carácter corporativista de la


reforma constitucional de 1953 cf. James Henderson, “El proyecto de Reforma Consti­
tucional de 1953 en Colom bia". En A .C .H .S .C .. N o. 13-14, 1985-1986, pp. 261-279.
Desde el gobierno el laureanismo pretendía erradicar cualquier forma de
oposición, la que siempre, como en el contemporáneo macartismo de Es­
tados Unidos, era considerada comunista. Esa labor tuvo diversas impli­
caciones en todos los órdenes de la vida nacional, implicaciones que por
ahora enumeramos ya que luego serán retomadas en el curso de estas pá­
ginas.

Por una parte, a nivel político la acción laureanista radicalizó aún más la
violencia, que adquirió todavía un tinte de mayor cariz partidista, ya que
en distintas veredas y rincones de la patria la persecución por el color
político se hizo más manifiesta. A l mismo tiempo, los liberales, en forma
contradictoria, asumieron el reto laureanista: fanfarroneando amenaza­
ban con la resistencia armada generalizada y con enfrentar abiertamente
al gobierno, pero en la práctica impulsaban tímidamente el movimiento
guerrillero como forma de presión, y no con el objetivo de que se consti­
tuyera en una forma alternativa de recuperar el poder. Así las cosas, los
prohombres del liberalismo, ante el temor que despertaba la radicalidad
del movimiento armado, prefirieron agachar la cabeza y con el tiempo
identificaron a los mismos guerrilleros, que ellos contribuyeron a gestar,
con los bandoleros comunes y corrientes.47

El Sectarismo Laureanista no sólo afectó a miembros del partido liberal


sino a otras corrientes del partido gobernante, empezando por la fracción
acaudillada por el expresidente Ospina, que consideraba como peligroso
el giro extremo a que conducía la política preconizada por el primer man­
datario, que bien podía manifestarse — como de hecho estaba sucediendo—
en el incremento de la oposición armada. De tal forma que andando el
tiempo, el régimen laureanista llegó a contar con la oposición de todo el
“ país político” incluyendo a la totalidad de las fracciones liberales y al
alzatismo y ospinismo dentro de su propio partido. Estas contradicciones
serán esenciales a la hora de considerar la suerte del gobierno antes del 13
de junio de 1953, cuando emergió la “ figura” providencial de un anodino
militar de la República, formado en los Estados Unidos y en cuya hoja de
vida se encontraba, como principal servicio prestado al bipartidismo, la
sangrienta represión a que sometió a los amotinados del 9 de abril en la
ciudad de Cali.48

De otra parte, en el plano militar Laureano Gómez continuó con la incor­


poración del país en el ámbito de la Guerra Fría, auspiciada por diversas
administraciones norteamericanas. Hacia 1950, ya habían pasado para
Laureano los tiempos en que era un ferviente antinorteamericano,49 y en
que denunciaba el papel expansionista del gobierno de ese país. En ese
momento Laureano, como buen continuador de las administraciones libe­
rales de Olaya en adelante, aparecía como el principal agente y portavoz
de los intereses del imperialismo norteamericano en nuestro país, hasta el
punto de que durante su gestión se presentó el tristemente célebre envío
del “ Batallón Colombia” a Corea. Este tan sólo fue un aspecto de la for­
ma como en ese tiempo incrementaron sus intereses las firmas norteame­
ricanas en el país; se establecieron nuevos pactos militares y diplomá­
ticos; se adoptó el anti-comunismo como doctrina oficial del país des-

4 7.El testimonio de un liberal retrógrado co m o Juan Lozano es muy revelador sobre la con ­
ducta asumida p or los altos jerarcas liberales frente al m ovim iento guerrillero, especial­
mente el de los Llanos. Concretamente Lozano afirmó: "Era de pensarse que los em i­
nentes hombres públicos del liberalismo que llevaron hasta el último extrem o la lucha civil
y legal contra el gobierno del D octor Ospina, y que com prom etieron al pueblo en esa
lucha, estaban espiritual y personalmente preparados para afrontar las consecuencias de
sus actos; y que ganados de mano p o r el gobierno, sentirían la responsabilidad que
habían contraído con sus copartidarios humildes y pondrían todos los medios para resis­
tir al poderío del Estado desbordado de sus cauces legales y humanos lanzado al colérico
exterminio de las masas rurales del liberalismo. N o fue así, sin embargo. Sino que p or el
contrario, cuando la violencia oficial planificada se estrelló con los pueblos, y las gentes
del cam po se vieron ante la alternativa de perecer o resistir y optaron p or la resistencia,
entonces los prohombres liberales, hasta ayer tan valerosos, exigentes e insatisfechos, o
se recluyeron en sus casas y particulares ocupaciones, u optaron p or la circunspección,
la moderación, las buenas rnanerns, la cabeza fría, los amistosos acercamientos y los res­
petuosos memoriales. Fue de esta guisa com o, con el tácito consentimiento de los jerar­
cas liberales, en el léxico conservador, que era el léxico oficial, guerrillero y bandolero se
hicieron sinónimos. El gobierno decía que estaba luchando contra bandoleros, salteado­
res, malhechores; y el liberalismo oficial decía que no fueran a confundir al liberalismo
auténtico, con esos malandrines. En ese clima transcurrió una década, fueron muertos
p or la fuerza pública doscientos mil ciudadanos liberales, p or lo menos, y regiones ente­
ras de la República quedaron devastadas. P ero tuvieron los conductores liberales la satis­
facción de mostrarse ante los gobernantes violentos co m o admirables pacifistas”. Citado
en A . Alape. L a Paz.... pp. 93-94.

48. Gonzalo Bermúdez, E l pod e r m ilitar en C olom bia. D e la C olon ia al Frente Nacional,
Ediciones Expresión, Bogotá. 1982, p. 82, Silvia Galvis y Alberto Donadío, E l je fe Su­
prem o. R ojas Pin illa en la violencia y en el poder. Editorial Planeta, Bogotá, 1988,
p. 117 y s.s.

49.Algunos aspectos sobre la época en que Laureano profesaba un abierto antinorteamerica-


nismo se encuentran en: J. Henderson. Las ideas de Laureano Gómez. Ediciones Ter­
cer Mundo. Bogotá, 1985 (obra de fuerte sabor apologético) pp. 238-240.
25
pués de los sucesos del 9 de abril: se convirtió en una moda el asesora-
miento por misiones norteamericanas de “ desarrollo” económico, etc.50

En tercer lugar, durante el régimen laureanista los reductos más beligeran­


tes del movimiento obrero y popular fueron destruidos; en el plano ur­
bano desaparecieron, literalmente hablando, las huelgas y manifestaciones
políticas de los trabajadores. Las anteriores organizaciones sindicales
fueron prácticamente eclipsadas y la Unión de Trabajadores de Colombia,
U .T.C ., apareció como la central oficial que, controlando los nuevos
renglones industriales del país, instauró nuevas formas de vinculación
laboral, adecuadas a los intereses de los industriales y de otras fracciones
de la burguesía colombiana. El desarme del movimiento popular generó
el deterioro de sus condiciones de existencia, el prolongado desangre de
sus economías por la incontrolable inflación y un acelerado proceso de
concentración del ingreso en manos de una exigua minoría.51

Es decir, que durante el régimen laureanista se acentuaron las caracterís­


ticas centrales del proceso de Violencia, particularidades que no eran dis­
tintivas únicamente de ese gobierno, como diversas interpretaciones, so­
bre todo liberales, tienden a mostrarlo.¡En general se presentaba una re- \Q
cúrrente crisis de las formas tradicionales de ejercer el poder por las fuer- ¥
zas bipartidistas. La Violencia era tan sólo una manifestación más de
dicha crisis. Política que no se correspondía mecánicamente con una crisis
económica, puesto que al mismo tiempo se presentaba un notable desarro­
llo del capitalismo colombiano*

Pero si las cosas eran así, cabría preguntarse: ¿Por qué razones se produ­
jo el derrocamiento del régimen laureanista? A nuestro modo de ver, la
respuesta de este problema debe contemplar dos aspectos mutuamente
relacionados: de una parte, el intento de erradicar cualquier forma de
oposición viniera de donde viniera, lo que significó el reagrupamiento de
diferentes fuerzas del bipartidismo, que veían en dicho intento un grave
peligro para la preservación del sistema tradicional de dominación predo­
minante en el país: de otra parte, la protesta social en los campos adqui­
ría síntomas desestabilizadores — aunque no de tipo revolucionario— , que
amenazaban la estabilidad política del régimen, y alteraban en alguna
medida el proceso de acumulación de capital que en ese momento conocía
un importante período de auge.52 El extremo sectarismo del gobierno
Gómez-Urdaneta implicó la pérdida del último soporte de legitimación
en que frágilmente se apoyaba: las Fuerzas Armadas. Perdida su legitimi-
26

dad dentro del conjunto de las fuerzas políticas, no pudo resistir el empu­
je de éstas que, ahora, recurrieron al golpe de estado, un mecanismo po­
lítico poco común en la historia contemporánea de Colombia.

50. A unque en realidad la primera Misión de importancia en su género —la de 1949— no


era en sentido estricto norteamericana, pues venía a nombre del Banco Internacional de
Reconstrucción y F om ento (B IRF), sí estaba bastante influida p o r los planteamientos
“desarrollistas" típicos del pensamiento económ ico y social norteamericano. La citada M i­
sión presidida p o r el economista de origen canadiense L. Currie, visitó a Colombia entre
el 11 de julio y el 5 de noviembre de 1949. Incluía 14 expertos internacionales en las
áreas de Agricultura, Salud, Economía, Finanzas Públicas y Banca, Balanza de Pagos,
Industria, Energía, Petróleos, Transportes y Servicios Comunales. Hasta esa fecha fue la
Misión internacional más importante de las venidas a Colom bia y la pionera en impulsar
el discurso ideológico sobre el “desarrollo”. Cf. Arturo Escobar, “La invención del desa­
rrollo en C olom bia” . En Lecturas de Econom ía, N o. 20, mayo-agosto de 1986, pp. 11-
33. C o m o una muestra de la importancia que la Misión le atribuía a su estudio de C o ­
lombia y a sus recomendaciones en materia de política económ ica y social, entre sus
conclusiones sostenía: “Esta es una oportunidad única en la larga historia de C olom bia ...
ya se han establecido organizaciones internacionales y entidades en países desarrollados
con el propósito de ayudar a los países subdesarrollados tanto técnica co m o financiera­
mente. S ó lo se necesita ahora un esfuerzo decidido p o r parte de los colom bianos mis­
m os para inaugurar un períod o de desarrollo am plio y rápido. D ich o esfuerzo le p erm i­
tiría a C olom bia n o sólo lograr su salvación (sic), sino también convertirse en un inspi­
rador ejem plo para el resto del m undo subdesarrollado” . Citado en A. Escobar, op.
cit., p. 14. (El s u b r a y a d o es nuestro).

51. Una clara muestra de la form a co m o se concentraba el ingreso en un reducido círculo de


la sociedad colombiana se patentiza al considerar las siguientes cifras:

C O M P A R A C IO N E S D E L A D IS T R IB U C IO N D E L IN G R E S O , 1934-36, 1951, 1964.

Todos los sectores económ icos 1934-36 1951 1964


Coeficiente de Gini 0.553 0.602 ■ .633 0.57
Participación del 5 % superior 38.41 40.00-42.22 33.66
10% 48.16 51.15-53.90 47.87
2 0% 60.79 64.95-67.68 63.10
30% 70.14 74.29-77.01 73.73
5 0% 83.79 86.14-88.00 86 84

2 0 % inferior 3 .78 2.49- 3.00 3.30

Fuente: Miguel Urrutia y Albert Berry, op. cit., p. 141.


El cuadro anterior señala có m o en el período de 30 años, entre 1934-64, la co n ­
centración del ingreso prácticamente se mantuvo inmodificable, e incluso a comienzos
de los años cincuenta, en plena Violencia, tendió a acentuarse. El coeficiente de C oncen ­
tración de Gini — usado co m o u n indicador del grado de concentración del ingreso entre
una población determinada— muestra có m o en general la concentración del ingreso era
más acentuada en 1964 (con un coeficiente de .57) que treinta años antes (que era de
.553). A sí mismo, tan sólo el 20 p o r ciento de la población controlaba el 63.1 0% del
ingreso en 1964, mientras que en 1934 ese mismo 2 0 % concentraba el 60.7 9% del in­
greso. P o r su parte, el 2 0 % de la población de los estratos más pobres se hizo más
27
De esta forma, el 13 de junio de 1953, el General Gustavo Rojas Pinilla
llegó a la presidencia de la República casi contra su voluntad e impuesto
por los distintos grupos conservadores opuestos al laureanismo.53 El golpe
de “ opinión” de Rojas fue recibido sin disimulo por los liberales en blo­
que y por las fracciones alzatista y ospinista del partido conservador.
Estas mismas fuerzas serán fundamentales para entender el desarrollo de
la administración Rojas, su posterior caída y el surgimiento del Frente
Nacional.

Las primeras manifestaciones públicas de Rojas indicaban el carácter del


golpe del 13 de junio y los objetivos de las fuerzas que lo habían fraguado
y que se encontraban detrás de él. Dos puntos fueron recalcados reitera­
damente durante los primeros meses de su administración: preparar el
pais para el retorno a la “ normalidad constitucional” y, crear las condi­
ciones para la erradicación de la Violencia. La primera medida sólo sería
factible si se alcanzaba en el corto y mediano plazo la segunda. Y para
implementar esta última desde un comienzo se tomaron distintas disposi­
ciones encaminadas a lograr la desmovilización de los distintos frentes
guerrilleros.54

A l comienzo el proceso fue efectivo ya que se logró la desmovilización


de importantes frentes guerrilleros, tanto en los llanos como en otras re­
giones del país.55 Esta supuesta erradicación de la violencia significó el
afianzamiento temporal del gobierno militar y el respaldo de los distintos
sectores bipartidistas — con la lógica excepción del laureanismo— .

El prestigio del gobierno de Rojas se vio incrementado por la favorable


coyuntura cafetera vivida desde 1954, que representó un notorio incre­
mento de divisas por el aumento del precio del grano colombiano a nivel
internacional. En este contexto favorable, durante los dos primeros años
de su administración se presentó una “ luna de miel” entre éste y las fuer­
zas bipartidistas antes señaladas.56

Tan clara fue esta “ luna de miel” que el gobierno militar contó con un
sólido respaldo de los dos partidos con motivo de la masacre de estudian­
tes en 1954. Los dos partidos no tuvieron ningún im^ dimento para apro­
bar las declaraciones oficiales, en que se acusaba a miembros del comu­
nismo nacional e internacional de ser los directos instigadores de las movi­
lizaciones estudiantiles que ocasionaron los luctuosos acontecimientos.
Poco importaba que dichas movilizaciones sólo fueran conmemorativas
28

pobre durante las tres décadas consideradas, pues sus ingresos tan sólo representaban el
3 .7 8 % del total en la primera fecha considerada y esa participación en el ingreso cayó
a 3 .3 0 % , treinta años después.

' El coeficiente de concentración de Cini entre más se aproxime a 1 indica un mayor


grado de concentración del ingreso entre un núm ero m enor de personas. P or ejemplo
a comienzos de los años sesenta Colombia tenía uno de los mayores coeficientes de con ­
centración del Ingreso (co m o ya se dijo .57) sólo superado p or Brasil, con .59. Cf. M.
Urrutia y A . Berry, op. c i t , p. 56.

52. Los datos estadísticos suministrados p o r la oficina de Rehabilitación producen un doble


efecto. Permiten darse cuenta de có m o fue de amplia el área nacional devastada y de
profundo el impacto de la violencia. Y consecuencialmente, cuánto esfuerzo ha tenido
que hacerse para remediar en parte la desgracia. 305 municipios y los Llanos sufrieron
el azote. Sus gentes se dispersaron caóticamente. La tierra no tuvo brazos para la siem­
bra. Las parcelas y heredades cambiaron de dueño, al socaire de una ilícita posesión,
nacida del im perio de la fuerza. Coordinar la inmigración a las aldeas deshabitadas,
devolverle al campesino su fe en el porvenir de la tierra, habituarlo a la paz, al juego
de la normalidad, no era —no podrá ser— obra de pocos días. La pacificación está
lograda. P ero dejarla estancar sería una tarea frustrada. Hay que seguir con lo que p u ­
diera llamarse la silenciosa revolución de la tierra. Esas diecisiete mil y más personas
reincorporadas al agro necesitaban una orientación, una continua asistencia. A! alambre,
al azadón, al machete que se les ha regalado, conviene imprimirles un más adecuado
sistema de empleo. Se necesita elevar los índices de productividad del hombre co lom ­
biano. Imprimirle una dinámica de trabajo nacional".
E l Tiem po, julio 6 de 1954.

53. Para un recuento de los diversos acontecimientos que precedieron al golpe de 1953
pueden consultarse los trabajos ya citados de J. Henderson, A . Alape, además de Jhon
D. Martz. C olom bia, un estudio de p olítica contemporánea. Ediciones Universidad N a­
cional. Bogotá, 1969; Carlos Uran. R ojas o la manipulación del poder. Carlos Valencia
Editores. Bogotá, 1983; Renán Vega. "Abajo la Dictadura", en fascículos de Historia de
C olom bia. Editorial Oveja Negra, N o . 28, 1986.

54. Alfredo Molano. Am nistía y Violencia. Editorial C IN EP. Bogotá, 1980, p.p. 13 y s.s.

55. G. Sánchez, "La amnistía o las etapas de la guerra en C olom bia” en Revista de Exten­
sión Cultural de la Universidad Nacional, sede Medellín, N o. 13, 1983.

56. A finales de 1954 el expresidente López Pumarejo todavía consideraba benéfico el golpe
de Rojas, pues pensaba que

“La intervención de las Fuerzas Armadas para rectificar el pasado que llevaba la Repúbli­
ca y restablecer la confianza en las instituciones ha sido sumamente fecunda. Colombia
ha recobrado en 18 meses gran parte de su equilibrio antiguo y ahora busca con legíti­
m o afán las vías de regreso al régimen democrático, convencida, p or una real experien­
cia, de que es muy preferible a cualquiera de los que hemos ensayado, o estuvimos a
punto de ver adaptados para sustituirlos o desvirtuarlos”.

Semana, N o. 427, enero 10 de 1955. Pronto, co m o se sabe, el expresidente cambió de


parecer y el gobierno rojista se convirtió para los políticos bipartidistas en la más odiada
de las tiranías.
29
o que hubieran sido originadas por cuestiones reivindicativas internas,
en las que participaban con más prominencia fuerzas vinculadas al libera­
lismo.57

Pero la “ luna de miel” duró poco tiempo, y antes de dos años las relacio­
nes entre el, ahora si, “ dictador” , y las fuerzas del bipartidismo, empeza­
ron a deteriorarse. Este cambio de frente en las relaciones entre los secto­
res políticos tradicionales y del gobierno de Rojas estaba directamente
reracionada con una serie de hechos económicos, políticos y sociales del
momento. Entre los principales aspectos coyunturales, desde el punto de
vista económico, sobresalió el viraje en el ciclo económico del capitalismo
colombiano, influido nuevamente por la alteración en las cotizaciones
internacionales del café, lo que repercutió en la caída de divisas, en el
proceso de industrialización y en el conjunto de la economía nacional.58

Desde el punto de vista político el panorama se tornó bastante complejo


por el desarrollo interno de la administración militar que, a despecho de
sus manifestaciones iniciales y contra los intereses del bipartidismo, inten­
tó tímida y contradictoriamente seguir su propio curso con independencia
relativa de esas fuerzas. Los esfuerzos de Rojas abarcaban varios frentes:
pretendía crear una central de trabajadores similar a la central peronista
en la Argentina; intentaba consolidar una “ tercera fuerza” por encima
de los dos partidos y de los sectores políticos tradicionales, aunque con­
tando con antiguos miembros de las dos colectividades: fundó sus propios
medios de comunicación, distintos a los de la Gran Prensa.59

Por supuesto, estos intentos de seguir una vía independiente produjeron


la inmediata reacción del bipartidismo. El gobierno, en una forma dema­
siado ambigua, se negó a tomar una posición definida: siempre intentó
dotarse de una organización y sustentación propias, pero a esos propósi­
tos nunca les dio el impulso y la radicalidad que ameritaban. El biparti­
dismo estaba alerta, y la contradictoria política del general sirvió como
catalizador para unir los intereses, hasta ese momento “ antagónicos” ,
de los dos partidos.60

Desde el punto de vista social, resurgió la Violencia en algunas zonas del


país y se desencadenó la represión abierta contra cualquier manifestación
popular, tanto a nivel urbano como rural, bajo el pretexto de estar com­
batiendo el “ comunismo internacional” .61
30

Con todas estas contradicciones ei gobierno militar fue perdiendo “ con­


senso” entre aquellas fuerzas y sectores que la habían llevado al poder
en 1953. Las Fuerzas Armadas fueron el único soporte con que efímera­
mente contaba el régimen militar, por eso no dudó en considerarlas como
una fuerza política deliberadamente, cosa que aterró a los políticos más
avisores del bipartidismo.62

Porque si Rojas lograba convertir en una base de sustentación a las Fuer­


zas Armadas, las posibilidades de encauzar el sistema institucional demo­
crático burgués serían más remotos. Por esta circunstancia, desde antes
de la caída de Rojas los distintos sectores políticos se dieron a la tarea de
contrarrestar el “ pernicioso” influjo que el poder dejó en diversas capas
militares, en el sentido de que éstas lo pudieran usufructuar directamente
sin contar con la tutela y control de los partidos.

5 7 . Detalles sobre la masacre se encuentran ampliamente en El Tiem po, junio 9 a 20 de


1954. También, en Renán Vega, op. c it.; igualmente en Carlos Medina. Crónicas de
Violencia. Com ité de solidaridad con los presos políticos. Bogotá, 1983, de la misma
manera en William Ramsey. G uerrilleros y Soldados. Editorial Tercer Mundo. Bogotá,
1983, pp. 235 y s.s. Este último autor, fiel a su tradición de contrainsurgente en Filipi­
nas, Vietnam y Colom bia durante la violencia (experiencia que se encuentra reproducida
en su libro Revolu ción Campesina 1950-1954, Editorial libros de Colombia, Bogotá,
1973), llega a concluir que en la movilización de estudiantes sí estuvieron involucrados
agentes comunistas internacionales.

58. Cf. Luis Bernardo Flórez “El sector externo y los ciclos en la economía colombiana",
en Cuadernos Colom bianos N o. 3, 1974.

5 9 . Para detalles al respecto ver las obras ya citadas de Uran, Martz y Fluharty.

60. A principios de 1955 el expresidente Santos era de los que todavía consideraba que “Los
liberales nunca podrán entenderse con Mariano Ospina, Laureano Gómez, Roberto
Urdaneta, porque tenían muchas cuentas pendientes con ellos”. Revista Javeriana, No.
211, febrero de 1955.

61. Información en este sentido se encuentra en Revista Javeriana N o. 215, julio de 1955;
Igualmente en A. M olano, op. cit., pp. 37-39.

62. Alfonso López P ., comentando el equívoco del liberalismo sobre Rojas afirmaba:

“Fue una engañosa ilusión en una hora de euforia democrática creer que las Fuerzas
Armadas harían una obligación suya realizar el proyecto de constituir un gobierno que
habría de mantenerse atento a las indicaciones y deseos de la opinión pública para h a ­
cerse fuerte con su ap o yo ” .

“Mensaje a la Dirección Liberal Nacional”, reproducido en Nueva Frontera, diciembre 15


de 1980.
31
La dictadura, empero., dejó unas Fuerzas Armadas prontas a combatir a
los “ enemigos” internos y dispuestas a mantener el orden establecido sin
necesidad de monopolizar los altos puestos de la administración del Esta­
do: aunque esa misma administración se militarizó en extremo y recurrió,
en forma permanente, al Estado de Sitio y a otros mecanismos coerciti­
vos similares para garantizar el orden para las fuerzas bipartidistas que
derrocaron al gobierno de Rojas en mayo de 1957.

En efecto, desde el interior del gobierno militar se gestaron las condicio­


nes que originaron el Frente Nacional y que restablecieron la tan cacarea­
da “ concordia” entre las “ fuerzas vivas” del país. El frente Civil, que fue
el embrión del futuro Frente Nacional, venciendo los obstáculos que toda­
vía colocaba el exilado Laureano Gómez, se constituyó en 1956 y fue
gestando una conspiración subversiva para derrocar al “ tirano” , que la
mayor parte de esas mismas fuerzas habían colocado en el poder cuatro
años atrás.

Como por encanto se borraron las profundas diferencias políticas de anta­


ño y los dos partidos se identificaron en lo fundamental: la necesidad de
unirse para terminar con el “ usurpador” que incumplía sus promesas de
un pronto retorno a la legitimidad constitucional.63 Ante el estrechamien­
to de su base social de legitimidad, el gobierno de Rojas quedó aislado,
incluso de la propia cúpula militar, y desde mediados de 1956 tuvo que
soportar toda una conspiración subversiva de los gremios, los bancos, las
industrias, el comercio organizado y, por supuesto, los partidos tradi­
cionales.64

Fueron los instantes en que hasta la alta jerarquía eclesiástica se tornó


subversiva y sus pastorales estaban destinadas a que Dios iluminara los
corazones de los dirigentes del bipartidismo, para expulsar al dictador que
se atrevió a “ manchar” los sacramentos religiosos en distintos recintos
sagrados (pero especialmente en la aristocrática iglesia de la Porciúncula
en Bogotá, desde donde su párroco repartía maldiciones a diestra y sinies­
tra contra el “ dictador” ).64*

Las jornadas de mayó dieron al traste con el gobierno rojista e implan­


taron una junta militar de transición, que luego entregó el poder al Frente
Nacional. A partir de ese momento los prohombres del Frente bipartidista
se esforzaban por demostrar que los partidos tradicionales nada tenían
32

que ver con lá Violencia sino que ésta era una pesada herencia de la dic­
tadura.

Se pretendía así que la violencia era una cosa lejana y exótica, muy dis­
tante de las tradiciones “ civilistas” de la República y su “ sistema demo­
crático” , y de la cual el principal instigador fue aquel individuo que osó
pensar en sustituir las formas tradicionales de dominación bipartidista.65
Así, la Violencia dejaba de existir como un complejo problema estructural
para ser considerado como un asunto de orden público.

El movimiento obrero y popular durante la Violencia

En los primeros años de los gobiernos conservadores aumentó la pro­


testa obrera y popular, principalmente a nivel urbano, la que estaba aso­
ciada con dos hechos fundamentales: la crisis de la hegemonía liberal
sobre dicho movimiento, expresada con más fuerza en el trato represivo
que el gobierno de Lleras dio a la huelga la Federación de Trabajadores
del Transporte Marítimo y Fluvial, Fedenal, en diciembre de 1945, y el
apaciguamiento de los enfrentamientos entre el gaitanismo y los sectores
sindicales dirigidos por el partido comunista, no obstante que esa alianza
fuera contradictoria de parte y parte y que la ideología liberal influyera
bastante en las acciones del partido comunista.

63. A finales de 1955, Alberto Lleras pretendía mostrar que no existían razones válidas “para
que todos los colom bianos... no nos entendamos, a un lado de los partidos, por encima
de ellos, en su asentimiento o sin él, creando así una fuerza nacional[_ que no ponga
co m o primera condición para que la República vuelva a ser vivible, que lo sea bajo la
exclusiva y excluyente dirección de un grupo político determinado”. E l Espectador, n o­
viembre 29 de 1955.

64. Renán Vega C ., “Las jornadas de mayo de 1957 en Bogotá: La conspiración subversiva
de los partidos, los gremios y el clero contra el gobierno de Rojas Pinilla". En C olom bia
entre la Dem ocracia y el Im perio, Editorial El Buho, Bogotá, 1989.

64A . A l iniciarse la protesta organizada contra Rojas, patrocinada, financiada, y dirigida por
los partidos y las clases dominantes, los clérigos ocuparon un lugar de primer plano
para denunciar a Rojas, incluso a la salida de las iglesias se agitaba la consigna “Cristo
sí, Rojas n o". Y el párroco de la aristocrática iglesia de la Porciúncula le predicaba a las
señoras y señoritas de “bien" maldiciones de grueso calibre dirigidas contra Rojas: “Mal­
dición sobre el tirano, maldición sobre el hombre que ha llevado a la iglesia a esta situa­
ción ” repetía incansablemente el clérigo subversivo. CF. Renán Vega. “Abajo la Dicta­
dura", op. cit., p. 455.

65. Un argumento histórico de este tipo que abiertamente aplaude al Frente Nacional se en­
cuentra en John D. Martz, op. cit., pp. 239 y s.s.
33

Desde los primeros meses de la administración Ospina, se presentó un


incremento en el nivel de luchas obreras y populares en las ciudades y se
notó de la misma manera una gran agitación contra los intereses económi­
cos imperialistas (sobre todo petroleros) en nuestro país.66 De este movi­
miento huelguístico se destacaron los paros generales del 10 de marzo, 22
de abril y 13 de mayo de 1947 que originaron la parálisis de unos 25.000
trabajadores, y el paro ferroviario de Antioquia en ese mismo año que
movilizó a 3.000 trabajadores.67 Particular importancia adquirió el movi­
miento huelgúístico en el Valle del Cauca, donde se presentaron paros en
diversos sectores como los ferroviarios, los trabajadores de carreteras, los
mineros y portuarios. En 1946 se encontraban en discusión, en el Valle del
Cauca, 159 pliegos.68

La política laboral del gobierno de Ospina continuó la gestión adelantada


por sus antecesores liberales, destacándose la represión abierta y la decla­
ración del Estado de Sitio como herramienta jurídica para detener la mo­
vilización popular.

Otro argumento frecuente de la administración conservadora consistió en


asimilar cualquier movimiento reivindicativo, por parcial y limitado que
fuera, con las maniobras del “ comunismo internacional” para desestabili­
zar la democracia colombiana. En este sentido se destacan las apreciacio­
nes oficiales en torno a los paros generales de 1947 y a la huelga petrolera
de comienzos de 1948.69

Pero el despertar del movimiento obrero-popular desde 1946 tenía pro­


fundas limitaciones. En primer término, su remezón se producía luego
de una década de continua hegemonía por parte del liberalismo, lo que
hacía que muchas de sus acciones todavía estuvieran influidas por esa
ideología y fueran en cierto modo espontáneas; en segundo lugar, los
sectores sindicales que movilizaba la C .T.C . cobijaban a los reductos de
trabajadores del sector de las obras públicas (ferroviarios, tranviarios,
choferes, portuarios, petroleros, estibadores, etc.) y no aglutinaba a la
“ nueva clase obrera” , formada desde los años treinta, que se concentraba
en la órbita de la industria fabril. Estos sectores fueron controlados y diri­
gidos, en buena parte, por el sindicalismo clerical y, desde 1946, constitu­
yeron la columna vertebral de la Unión de Trabajadores de Colombia,
U .T.C . En esta medida, la protesta obrera que se gestó a partir de ese
año cobijaba a los viejos sectores obreros que, prácticamente, se negaban
a desaparecer ante las nuevas condiciones del desarrollo capitalista y que,
34
además, siempre habían constituido los batallones más firmes de la
C .T.C . y del gaitanismo. Los trabajadores de la industria moderna, con­
centrados en ese momento en Antioquia, fueron controlados desde un
comienzo por la U .T .C ., que se convirtió tanto cuantitativa como cuali­
tativamente en la central obrera más importante. Es decir que la hege­
monía del movimiento obrero se desplazó — caso raro en la historia de
América Latina— del partido liberal al conservador, donde el clero se
constituyó en el baluarte de ese partido dentro del sindicalismo.

El proceso de afianzamiento de la U .T.C ., ratificado durante el gobierno


de Ospina, estuvo directamente vinculado con la erradicación de influen­
cias socialistas y al predominio de una concepción de lucha gremialista y
economicista en el seno del sindicalismo. En las nuevas condiciones, la
mediación estatal no era necesaria para desarrollar la relación patrón-báse
obrera, pues precisaba de una vinculación directa, donde el patronato
burgués imponía sus condiciones a un movimiento obrero hegemonizado
por la más atrasada de las ideologías: la impulsada por la doctrina social
de la iglesia en compadrazgo con las concepciones del partido conser­
vador.70

El peso que adquirió la U .T.C . queda patentizado al observar la forma


como crecieron sus sindicatos afiliados. Mientras que en 1948, 325 sindi­
catos agrupaban a 150.000 obreros, en 1950 ese número se habia incre­
mentado a 500 sindicatos y 200.000 trabajadores, el mismo número de
afiliados que la C .T.C . tenía en 1947.71

66. MedófUo Medina. Historia del Pa rtido Comunista de C olom bia. Ediciones Colombia
Nueva. Bogotá, 1980, pp. 525 y s.s.

67. Carlos Orí/z. E l desencadenamiento de la Violencia en C olom bia. Tesis de grado. Uni­
versidad de los Andes, Depto. de Ciencias Políticas, 1977, pp. 254-255.

68. M. Medida, op. cit., p. 521.

69. E l Siglo, distintas ediciones de enero de 1948.

70. Cf. Ana María Bidegain de Uran. Iglesia, P u eblo y Política , un co n flicto de intereses,
1930-1953. Facultad de Teología, Universidad Javeriana; igualmente M. Urrutia. Historia
del Sindicalismo en C olom bia. Editorial La Carreta, segunda edición. Medellín, 1976,
pp. 229 y s.s.

71. C. Ortiz, op. cit., p. 261.


35

El paso de una forma de organización sindical a otra, es decir, del sindi­


calismo que precisaba de la mediación estatal a aquel que privilegiaba las
relaciones directas entre el patronato y los trabajadores generó resistencias
entre los sectores sindicales ligados a la primera forma, predominante ba­
jo la “ República Liberal” . Así mismo, para su desmantelamiento, que se
hizo difícil por la alianza entre el sindicalismo de la C .T.C . y el gaitanis-
mo, fue necesario que el Estado acudiera primordialmente a la represión
indiscriminada, como se demostró claramente en diferentes huelgas del
período que terminaron en forma sangrienta.72

Y es aquí, justamente, donde radica el centro del problema para explicar


el desencadenamiento de la Violencia como un proceso que se inició a
nivel urbano y que después continuó en los campos. Es decir, que el norte
de la lucha de clases indicaba el escenario principal del enfrentamiento:
cuando fueron las masas urbanas, tanto obreras como de distintos secto­
res populares, las que se movilizaron radicalmente contra el Estado y los
órganos de poder tradicionales, se gestó la “ Unión Sagrada” de las clases
dominantes en contra de las clases subalternas.73 Alianza oligárquica que
tuvo como primera preocupación desvertebrar esos núcleos más radicales
para asegurar, por la vía más antidemocrática y retardataria, el manteni­
miento de la prosperidad económica que conocía el capitalismo colombia­
no desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

En este orden de ideas, y recurriendo a la hipótesis exploratoria de Daniel


Pecaut, se pueden señalar algunas tesis centrales para explicar la relación
y continuidad entre la Violencia Urbana de mediados de la década del
cuarenta y la irrupción generalizada de formas de violencia en las zonas
agrarias, después. La Violencia se inscribió entonces en el marco de las
luchas sociales que adelantó la debilitada clase obrera colombiana después
de 1945, y se generalizó luego de que esos sectores urbanos habían sido
fuertemente golpeados.74 De ahí, justamente, que entre las distintas frac­
ciones de las clases dominantes se presentara un tácito acuerdo destinado
a aplastar a las masas populares. Esta fue una constante de la política
desarrollada por los gobiernos y partidos desde 1945 y que alcanzó su
punto máximo luego del 9 de abril.

Además, el proceso de desarme ideológico y político del movimiento po­


pular se facilitó porque el propio liberalismo se opuso decididamente a la
movilización que en su interior venía impulsando el gaitanismo. A l mismo
36

tiempo, los intereses de clase y las reivindicaciones específicas de los sec­


tores urbanos quedaron diluidos en la pugna interpartidista entre liberales
y conservadores.745
7
3

La transformación de la lucha social en partidista, mucho más nebulosa


y etérea, incidió para que la Violencia se “ trasladara” de las ciudades a
los campos y rápidamente se entrelazara con la violencia gamonal de tipo
partidista.76 Para darse cuenta de cómo la esfera política partidista despla­
zó a las reivindicaciones sociales, es pertinente señalar que las pocas pro­
testas urbanas que se pudieron efectuar después del asesinato de Gaitán
privilegiaban más las denuncias del sectarismo conservador y de la violen­
cia desatada por el gobierno que cuestiones de tipo social o económico;
tal fue lo que sucedió con el paro cívico y ferroviario anunciado para el
17 de mayo de 1949.77

La derrota histórica del movimiento obrero-popular, luego del 9 de abril,


puede constatarse a través de algunos indicadores. Por ejemplo, el núme­
ro de trabajadores despedidos entre 1947 y 1949 aumentó notablemente,
estando la mayoría de ellos vinculados a actividades sindicales o siendo
afiliados al liberalismo o a la C .T.C .

Algunos datos parciales sobre despidos en este periodo son presentados


en el cuadro No. 1.

Otro factor sintomático de la desarticulación del movimiento obrero se


expresó en el número de huelgas realizadas. En 1952, en uno de los años
más críticos de la Violencia, no se presentó ni una sola huelga, como se
indica en el cuadro No. 2.

72. Ejemplos al respecto se encuentran en M. Medida, op. cit., p. 522. En una huelga de
choferes organizada p o r F E A E TA V , en noviembre de 1946, fueron asesinados por el
ejército dos trabajadores.

73. La expresión es de Daniel Pecaut. Classe auvrier et systema p o litiq u e en C olom bie. Te­
sis Doctoral Universidad René Descartes, 1979 T om o II, p. 829.

74. Ibid, p. 790.

75. C. Ortiz, op. cit., pp. 265-266.

76. Ibid.

77. Ibid, p. 329.


37
CUADRO N8 1

DESPID O DE TR A B A JA D O R E S . 1947-1949

Coltejer 1000
Sedal ana 65
Rayón Viscosa 16
Avianca 200
Sind. Ferroviario de Antioquia 1000
Ministerio de Comunicaciones 127
Ministerio de Educación 60 (Liberales)
Troco 1500

Fuente: C. Ortiz. E l desencadenamiento... p. 249.

CUADRO Ns2

C O N F LIC TO S C O LE C TIV O S DE T R A B A J O
P R IM E R SEMESTRE 1952

Arreglo Dto. Conciliación Arbitraje Huelga Total

Antioquia 11 — _ _ n
Boyacá 3 — — — 3
Cauca l — — — 1
Cundinamarca 25 l — ____
25
Magdalena 1 — — — 1
Norte de Santander 8 — — — 8
Valle 3 2 l — 6

Total 52 3 l 56

Fuente: DAÑE, B oletín mensual de estadística No. 22, diciembre de 1952, p. 48.
38

Ahora bien, si se tiene en cuenta que a nivel político el Estado de Sitio se


convirtió en una constante en la vida nacional, se podrá comprender el
clima de represión laboral que existió durante todos estos años. El cuadro
N o. 3 indica la manera como evolucionó el Estado de Sitio durante el pe­
riodo 1943-1958. A llí se muestra claramente tóm o su implantación ha es­
tado directamente ligada a fenómenos de protesta social urbana. Ese ins­
trumento de excepción se convirtió, ya desde ese momento, en norma per­
manente de tipo represivo para contrarrestar la movilización de las masas
populares. Por consiguiente, el Estado de Sitio no es un fenómeno exclu­
sivo del Frente Nacional sino un legado jurídico del periodo de la Violen­
cia, que el régimen bipartidista se ha encargado de perfeccionar hasta
límites insospechados, pero siempre con los mismos propósitos de la épo­
ca anterior.78

C U A D R O N o. 3
H IS T O R IA D E L E S T A D O D E S IT IO . 1943-1958

Fecha de Iniciación tFechas de Terminación Tiempo Efectivo


Motivo Regiones
D. M. A. D. M. A. D. M. A.

H uelga de Caldas todo 07 10 43 16 10 43 0 0 9


choferes el país 10 07 44 22 02 4} 0 7 12

Bombas en B ogotá 12 06 45 19 07 45 0 1 8
la Catedral

H uelga de V a lle Z .
Choferes Pacifica 8 11 46 16 09 46 0 0 8

Sucesos
N . de S. N . de S. 17 01 48 10 04 48 0 2 23

Sucesos T o d o el país 10 04 48 17 12 48 0 8 7
9 abril

Sucesos
9 de nov. T o d o el país 09 11 49 27 08 58 7 9 18
de 1949

Fuente: F. Calderón. “ Estado de Sitio, militarismo y Estatuto de Seguridad” ; en D ocum entos


P o lític o s N o. 134, Enero-Febrero de 1979. p. 16.

78. C o m o lo demuestra el excelente análisis de Gustauo Gallón Quince años de Estado de


S itio en C olom bia 1958-1978. Editorial América Latina. Bogotá, 1979.
39
Si a la escasa movilización laboral, casi imposible por las condiciones de
represión imperante, se agregan las pésimas condiciones de vida de la
población obrera y popular, se tiene un panorama adecuado para visuali­
zar la otra cara de la moneda de los índices de crecimiento que muestra
el capitalismo colombiano en esos momentos. Dado el estado incompleto
de los datos es imposible construir un “ índice de miseria” (desempleo
más inflación) de los sectores urbanos. Sólo se pueden señalar algunos as­
pectos aislados del costo de vida para la familia obrera a mediados de
siglo.

Durante buena parte del período considerado se nota el estancamiento e


incluso la baja en los salarios reales. Tomando como base 1938, encontra­
mos la siguiente evolución de los salarios reales.
C U A D R O N o. 4

S A L A R IO S RE ALES DE OBREROS EN L A IN D U S T R IA
M A N U F A C T U R E R A DE C U N D IN A M A R C A , B O Y A C A ,
N. DE S A N T A N D E R Y S A N T A N D E R . 1946-1954
(1938 = 100)

Año Sin incluir prestaciones Incluyendo prestaciones


Sociales Sociales

1946 112.3 114.5


1947 118.0 120.4
1948 109.2 112.4
1949 115.9 119.8
1950 114.4 118.8
1952 114.1 119.5
1953 107.8 113.4
1954 102.9 108.7

F u e n te : A rru b la M ., U rru tia M . Com pendio de estadísticas históricas de C olom bia, e d ic io n e s


U n iv e rs id a d N a c io n a l, B o g o t á , 1 9 7 0 , p . 7 6 , C u a d r o N o . 13.

La inflación galopante, en la práctica, drenaba el ingreso nominal de los


trabajadores como distintos observadores de la época lo consignaron.79

Según un estudio de la época, elaborado por el economista Rafael Baque-


ro a partir del análisis de las declaraciones de renta, se podía concluir:
40

“ E n 1945 aparecen 43 m illonarios y tres añ os después éstos su ben a


136. D u ra n te el m is m o tiem po, el n ú m ero d e sociedades c o n m ás d e
un m illón d e p e s o s pasa d e 118 a 214. P e r o lo q u e resulta verdade­
ram ente escandaloso es la utilidad obten id a y la acum ulación de
capital en m a n os d e un centenar d e person a s y d e 200 sociedades.
. . . L a riqueza en p o d e r d e las person a s q u e tienen m ás d e u n m illón
d e p e so s a u m en tó en el a ñ o de 1948 en m ás d e 125 m illones y la de
las sociedades en 434 m illones. P o r otra parte, e l p a trim o n io d enun­
ciado p o r 136 m illonarios en 1948, equivalía al 1 1 .7 % d el p a trim o ­
n io total denunciable p o r p erson a s naturales y el d e las 214 socieda­
des representa el 8 6 .5 % del q u e tienen todas las sociedades existentes
en C o lo m b ia . Estas cifras m uestran co n claridad indiscutible, q u e el
p u e b lo c o lo m b ia n o trabaja y se e m p o b re c e cada día m ás p a ra ben e­
fic ia r a 136 m illonarios q u e seguram ente n o integran n i otras tantas
fa m ilia s...

La ingerencia política de Estados Unidos durante la época de


la Violencia

A nivel internacional, la Violencia desatada en Colombia discurre en


medio de la Guerra Fría, iniciada luego de concluida la Segunda Guerra
Mundial. Como resultado de la confrontación mundial, los norteamerica­
nos reafirmaron su hegemonía en distintas partes del mundo, pero espe­
cialmente en América Latina. Esto, por supuesto, tuvo profundas impli­
caciones en el desarrollo de los acontecimientos políticos y económicos
internos que discurrieron en el país.

La hegemonía norteamericana sobre el país, empero, se gestó durante las


“ progresistas” y “ nacionalistas” administraciones liberales de Eduardo
Santos y Alfonso López Pumarejo.7 01 Simplemente el partido conservador
8
9

79. Entre otros Vernon Flubarfy, op. cit., y Rafael Baquero, op. cit., pp. 87 y s.s.

80. R. Baquero, op. cit., p. 88.

81. Silvia Galvis y Alberto Donadío, C olom bia Nazi, Editorial Planeta, Bogotá, 1986, pp. 62
y s.s'. En este libro se utiliza información confidencial norteamericana, que demuestra la
actitud política complaciente de Eduardo Santos y López Pum arejo ante Estados Unidos.
Cf. también Renán Vega, Crisis... pp. 66-71.
41
fue un continuador natural de lo realizado en este campo por el liberalis­
mo colombiano. Justamente el desenlace de la Guerra Mundial unificó a
los dos partidos en lo relacionado con la política internacional, que supu­
so el reconocimiento pragmático de la hegemonía norteamericana.

Desde luego, no se puede decir que linealmente las relaciones entre Esta­
dos Unidos y Colombia hayan transcurrido sin ningún tipo de contradic­
ciones. En realidad se presentaron desacuerdos y divergencias, sobre todo
en aspectos circunstanciales o de coyuntura. Por ejemplo, durante la ad­
ministración Ospina se enfriaron las relaciones mtre los dos paises por
varias razones: primero, por los viejos resquemores norteamericanos ante
las tendencias pro-fascistas que habían existido en el seno del partido con­
servador: segundo, la creación de la Flota Mercante Grancolombiana no
fue muy bien recibida por los armadores de Estados Unidos que conside­
raron esa empresa como una competidora inconveniente: y, tercero, las
dudas del gobierno colombiano para firmar un nuevo tratado de “ paz. y
amistad” con Estados Unidos que ratificara el de 1846. (Ese tratado fue,
finalmente, firmado por Laureano Gómez en abril de 1951).82

Pese a esos “ malentendidos” , en los aspectos esenciales y estratégicos


— como los referentes a ayuda militar, asesoramiento logístico, anti­
comunismo, préstamos y financiamiento externo para el “ desarrollo” ,
etc— no existían divergencias, como lo corroboraron los hechos poste­
riores, pues Colombia fue uno de los países del continente más incondi­
cionales ante Estados Unidos.

Después de 1945 los intereses norteamericanos en el país se hicieron mu­


cho más complejos y diversos, abarcando distintas esferas: el impulso a
los primeros programas de planeación económica y social (entre los cuales
sobresalió la Misión Currie); el notorio incremento de la inversión extran­
jera en la industria manufacturera nacional, en ramas productivas con un
notable nivel- de desarrollo tecnológico: la adopción del anticomunismo
como política oficial del Estado colombiano: el adiestramiento táctico y
estratégico del ejército de Colombia por parte de instructores y personal
norteamericano; el envío vergonzoso de “ voluntarios” del “ Batallón Co­
lombia” a Corea para congraciarse con la administración norteamericana;
en fin, la adopción de programas agrarios — sobre todo luego de la revo­
lución cubana— encaminados a deslegitimar la base social de posibles
transformaciones revolucionarias.
42
Por ahora nos interesa analizar los aspectos políticos de la ingerencia nor­
teamericana en el país, ya que dejaremos para un próximo capítulo los
aspectos relacionados con las inversiones extranjeras y el manejo econó­
mico impulsado por asesores de ese país.

Tal vez el hecho más importante que reafirmó el “ consenso” del imperia­
lismo norteamericano en el continente fue la Novena Conferencia Pana­
mericana, reunida en Bogotá en abril de 1948. Entre las principales con­
clusiones de dicho encuentro existen dos puntos centrales: en primer tér­
mino, la adopción del anti-comunismo como doctrina oficial en la mayor
parte de los países del área, política abiertamente impulsada por la dele­
gación norteamericana y apoyada inmediatamente por la casi totalidad
de las delegaciones. Esa doctrina anticomunista se vio reforzada por los
sucesos del 9 de abril en la ciudad capital. En segundo término, las con­
clusiones económicas de la conferencia apuntaron preferencialmente a fa­
cilitar las inversiones extranjeras norteamericanas en el continente, supri­
miendo cualquier tipo de control o impedimento interno por parte de los
gobiernos locales. En este sentido es interesante citar la opinión de un
periódico norteamericano cuando, comentando este aspecto, consideraba:

“ L a s diferencias m ás n otorias d e o p in ión durante la C o n feren cia de


B o g o t á versaron s o b r e cuestiones económ icas. E l m ás im portante
resultado o b te n id o se refirió al establecim iento d e u n clim a fa v o r a ­
b le p a ra la participación d el capital p riv a d o en el desarrollo d e la
A m é ric a Latina. E l p o r ta v o z d e los E sta d os U n id o s d ijo q u e las
em presas privadas y e l esfuerzo com ercia l tendrán u n m a y o r p a p e l
en el fu tu r o . P e r o q u e si las em presas tienen q u e luchar contra res­
tricciones y regulaciones oficiales d e con trol, la salida d e capitales
hacia las regiones p o c o desarrolladas será m u y reducida.

P o r otra ra zón q u e n o alcanza a las m entes ordinarias, existe una


corriente d e op in ión , en este y en m u c h o s países, q u e considera que
e l h o m b r e q u e e x p o n e su tiem po, su energía y su capital, es d e p o r
s í d ig n o d e sospechas. S e ha creado la tendencia a m irar a l inversio­
nista c o m o u n agente d e l fe u d a lis m o d ig n o d e p r o v o c a r nuevas p r o ­
clam aciones d e independencia. E s to es fá c il d e co m p re n d e r respecto
a los viajeros d e industria o a lo s cazadores d e concesiones, m u ch o 8
2

82. P. Gilhodes, op. cit., p. 242.


43

m ás cu ando están p ro teg id o s p o r las balas de un acorazado c o n v e ­


nientem ente dispuesto. P e r o n o para tom a rlo c o m o p rin cip io d e
duda. A q u e llo s días y a p a s a r o n ” . 83

De tal forma que, durante la Conferencia Panamericana, en medio de las


llamas de la ciudad capital de Colombia y de los cientos de muertos del
pueblo bogotano, se fundó la O EA. Este organismo, descaradamente pro­
norteamericano, como muestra clara de la posición asumida por los par­
tidos políticos de Colombia ante Estados Unidos, declaró como su primer
secretario general al pro-imperialista Alberto Lleras Camargo, que de esta
forma aprovechó la oportunidad para salir del país y dejar abandonado
a su suerte, como hicieron los otros patricios liberales, al pueblo humilde
del liberalismo.

El gobierno colombiano se apersonó de impulsar las políticas aprobadas


por la Conferencia, ya que fue uno de los baluartes del anticomunismo
durante cerca de una década, y abrió de par en par sus puertas al capital
extranjero, principalmente al de procedencia norteamericana. En el plano
militar los gobiernos conservadores, como buenos continuadores de sus
antecesores liberales, firmaron una serie de pactos ignominiosos para la
soberanía nacional y aceptaron todo tipo de “ ayudas” que las compañías
extranjeras proporcionaron al ejército colombiano.84

En el caso de Colombia, donde más se manifestó la ingerencia norteame­


ricana fue en el campo militar. Según Gonzalo Bermúdez, un experto en
la materia, luego de concluida la segunda guerra mundial:

‘ ‘S e increm enta la dependencia m ilitar d e C o lo m b ia d e la Política


exterior m ilitar norteam ericana, a través d e las nuevas m isiones m ili­
tares de ese país, y co n la asistencia, entrenam iento y sum inistro de
m aterial y e q u ip o bélico a las Fuerzas A rm a d a s y a la p olicía nacio­
nal, C o lo m b ia habrá de ocu p a r un lugar p referen cia l en la política
norteam ericana dada su estratégica p o s ic ió n g eográfica y las consi­
derables inversiones financieras q u e ese país com en za rá a negociar
a q u í” . 85

Los sucesos de abril de 1948, y la posterior resistencia en los campos con


la creación de guerrillas agrarias, aceleró no sólo el intercambio bélico
con Estados Unidos sino que fortaleció el poderío interno de las Fuerzas
44
Armadas del país, con el claro propósito de perfeccionar los instrumentos
y mecanismos de represión institucionalizada. La principal escuela la pro­
porcionó la Guerra de Corea. Incluso, militares que participaron en ese
conflicto y que luego serian portavoces de altas jerarquías castrenses,
como Alvaro Valencia Tovar, han reconocido la importancia de ese con­
flicto sobre la estructura y organización del ejército colombiano.86

La participación de Colombia en una guerra, en la que no tenía absoluta­


mente nada que ver, y en la que olímpicamente se sumó a las fuerzas nor­
teamericanas, indicaban el estado de postración a que llegaron los gobier­
nos del país.87

Para comprobar que existió una estrecha relación entre la participación


en aquel conflicto internacional con la política interna del país, baste re­
cordar que en 1950 fue fundado el tristemente célebre “ Batallón Colom­
bia” , que luego de participar militarmente, con muy malos resultados por
cierto, en la Guerra de Corea, regresó al país para manifestar su dilatada
experiencia en las calles bogotanas contra una pacífica manifestación de
estudiantes que dejó varios muertos en junio de 1954.

Para comprender el alcance y sentido de la experiencia coreana sobre el


ejército colombiano, es pertinente citar este extenso comentario del mayor
Bermúdez:

83. Saturday Euening Post, citado en E l Siglo, junio 9 de 1948.

84. Se destaca la contribución de 50.000 dólares de la Tropical al gobierno en junio de


1948. Cf. E l Siglo, junio 9 de 1948.

85. Gonzalo Bermúdez Rossi, op. cit., p. 59.

86. Según Valencia Tovar, la participación en la guerra de Corea:

“Fue una fuente de experiencias militares extraordinarias... que dividieron en dos eras
la Historia moderna (del ejército): (éste) se modernizó, aprendió a luchar dentro de con ­
ceptos m odernos".
A nivel doctrinario:

“Nuestra doctrina se adaptó a los cambios de los tiempos y todo el ejército experimentó
una gran renovación intelectual, doctrinaria, procedimental, en form a tal que realmente
llegamos a colocarnos para esta época, sin exagerar, en el primer ejército de América
en cuanto a estos aspectos se refiere’’.
Revista de H istoria. Volumen I, N o. 5, noviembre 1977, p. 33.

87. G. Bermúdez, op. cit., p. 62.


45
“ E sta fu e rz a m ilitar se con virtió autom áticam ente en agresora de
C o re a del N o r t e , y a su vez represiva en C o lo m b ia ; todas las tropas
y unidades navales expedicionarias estuvieron a m erced d e los intere­
ses econ óm icos, p o lítico s y militares y hasta p ublicitarios de N o r ­
team érica; los com batientes d e las unidades colom bia n a s fu e r o n des­
p la za d os a C o re a im positivam ente, a u n q u e se les q u iso m ostra r c o ­
m o “ voluntarios ” , a los q u e se les hacía fig u ra r en m isiones d e ser­
vicio rutinario; tam bién se integraron cuadros y tropas co n á n im o
aven tu rero y ro m á n tico; otros, m u ch os d e los cuales eran reservistas
d e las Fuerzas A rm a d a s, lo hicieron p o r la considerable d esocupa­
ción q u e siem p re ha existido en el p a ís; algunos d e los cuadros y
m a n d os actuaron así p o r la necesidad d e buscar galardones y ascen­
sos, m a y o r status ec o n ó m ic o , social y militar, o p o r deseo d e viajar;
oficiales, suboficiales y m arinos interrogados en una encuesta espe­
cial, con escasas excepciones, contestaron q u e n o entendían h o y en
día p o r q u é m o tiv o s habían acudido a un teatro de guerra extraño
a su geografía, ideales, valores y aspiraciones.

L o s cuadros y m a n d os de las unidades expedicionarias, algunos de


los cuales han o cu p a d o el liderazgo m ilitar en el país, se transform a­
ro n p o r la p ropaganda norteam ericana, la prensa y los v o cero s del
s is te m a x o lo m b ia n o , en los “ héroes m o d e lo s ” d e la dem ocracia a
quienes se les p r o d ig ó caudalosam ente un c o n ju n to d e “ p re m io s y
d istinciones” , concretizadas en felicitaciones y con d ecora cion es; la
expedición d e C o re a sirvió a las Fuerzas A rm a d a s para acrecentar
su d e se n volvim ien to en la guerra regular y relativam ente para c o n ­
trarrestar la irregular; C o lo m b ia f u e el ú n ico país d e A m é ric a L a ti­
na, y m ie m b r o de la O rganización d e E stados A m e ric a n o s, q u e acu­
d ió a destruir un “ en em ig o ” corea n o q u e en ningún m o m e n to le
había declarado la guerra; la gran m a yoría de los cuadros p rog resis­
tas de las Fuerzas A rm a d a s n o ju stifica ron la participación, dado
q u e n o existía lógica para in voca r al país contra una supuesta agre­
sión al hem isferio occidental; los E sta d os U nidos, abyecta y unila­
teralmente, lo hacían en n o m b r e de to d o el h em isferio; la verdad es
q u e ellos intervenían m ilitarm ente con la única intención de d efen d er
sus considerables intereses y m o n o p o lio s ec o n ó m ic o s en el A s ia ; la
m ism a participación colom bia n a f u e pírrica e irrisoria, y hasta causó
hilaridad entre p r o p io s y extraños en L a tin oa m érica ; a su p a s o p o r
el C a n a l de P a n a m á las unidades militares y navales colom bianas,
d e escasa relevancia para decidir alguna acción táctica o estratégica
46

im portante en la guerra, eran despedidas c o n cierta hilaridad y bu r­


las en los m uelles; “ éxitos p a ra los valientes sold a d os y m a rin os de
C o lo m b ia q u e van a c o m b a tir p o r los capitalistas d el W a ll-S treet” ;
la in tervención d el p a ís f u e d e m ucha trascendencia para la p ro p a ­
ganda internacional de los E sta d os U n id os, ya q u e se in ten tó ju s tifi­
car la agresión y hacer visible cierta solidaridad de “ países libres ” ,
q u e concretam ente n o tenían intereses e c o n ó m ic o s o p o lítico s de nin­
guna clase en el c o n flic to ; en esta f o r m a C o lo m b ia , y otros g o b ie r­
nos, fu e r o n en cu brid ores d e la p olítica intervencionista norteam eri­
cana; ésta es la m e jo r m anifestación de nuestra dependencia

Después de la Guerra de Corea los pactos militares entre Colombia y Es­


tados Unidos se incrementaron por doquier y las relaciones entre los dos
ejércitos se hicieron mucho más estrechas. El acuerdo más importante fue
firmado a mediados de 1952. A llí se estipulaba en primer lugar que la
“ ayuda” proporcionada por el gobierno norteamericano se “ destinará”
de manera que fomente la defensa y mantenga la paz del “ hemisferio
occidental” (A rt. I ) . 89

Se exoneraba de cualquier impuesto y gravamen la importación y re­


exportación de productos militares destinados al país (A rt. 4.). Se acepta­
ba la intromisión de asesores norteamericanos y el envío de personal co­
lombiano a prepararse en instalaciones pertenecientes al ejército de los
Estados Unidos (Art. 5). Colombia se comprometía, a partir de la expe­
riencia coreana, a cooperar con el gobierno de Estados Unidos para “ re­
gular el comercio con las naciones que amenacen la seguridad del hemis­
ferio occidental” (A rt. 8). Finalmente, se estipulaba que “ el gobierno de
Colombia, reafirmando su decisión de cooperar en la p r o m o c ió n d el en ­
tendim iento y d e la buena volu n ta d mundiales y en el mantenimiento de
la paz mundial, de proceder como se convenga de mutuo acuerdo para
elim inar las causas d e la tensión internacional y de cumplir las obligacio­
nes militares que ha asumido conforme a convenciones tratados multila­
terales o bilaterales de los cuales son parte los Estados Unidos de Améri-

------------ /
88. Ib id ., pp. 62-63.

89. Rosa G óm ez Lleras y Juan Valdés. L a intervención m ilitar yanqui en C olom bia. Edicio­
nes Frente Social. Bogotá, s.f., p. 29.
47
ca y Colombia, contribuirá en lo que sea compatible con su estabilidad
política y económica y en cuanto lo permitan sus recursos humanos, sus
riquezas, su facilidades y su estado económico general, para acrecentar y
mantener su p ro p ia fu e rz a defensiva del m u n d o libre y tom ará toda m ed i­
da razonable que sea necesaria para acrecentar su propia capacidad de
defensa” (Art. 9).90

El regocijo norteamericano por la realización de este “ favorable” tratado


no se hizo esperar. Así, el embajador norteamericano en Colombia, Ca-
pus M. Waynick, fijó con motivo de la firma del pacto la estrategia impe­
rialista respecto al país y al continente:

“ M i patria n o es un pa ís militarista n i tiene el m e n o r deseo de vo l­


verse militarista. D im o s p ru e b a d e ésto cuando, al fin a liza r la Se­
g u n d a G uerra M u n d ia l, p ro c e d im o s rápidam ente a desm ovilizarnos
y desarm arnos. In gresa m os a las N a c io n e s Unidas y p ro cla m a m o s
nuestro deseo de ser p a rte de un m u n d o q u e rechazara la guerra
c o m o instrum ento de política nacional. E n este sentido f u im o s tan
le jo s c o m o hasta sugerir q u e la fu e rz a atóm ica, recién descubierta y
de la cual éra m os entonces los ú n icos p oseed ores, se controlara con ­
ju n ta m e n te p o r todas las naciones y se dedicara al servicio d e la
hum anidad. P e r o los com unistas rechazaron toda oferta d e coop era ­
ción pacífica. ( . . . )

L a dictadura erigió su “ cortina d e hierro ” , se o p u s o a los p la n es de


las N a c io n e s Unidas e intensificó sus p rep a ra tivos bélicos. M i patria
se vio entonces obligada a tener en cuenta la am enaza d e una p o te n ­
cia cu yos voceros p rocla m a ron abiertam ente sus p ro p ó s ito s d e al­
canzar la destrucción d e las instituciones políticas, econ óm ica s y aún
religiosas del resto del m u n d o . F u e s ó lo entonces cuando iniciam os
nuestro rearm e, y re solvim os ayudar a q u e las dem ás naciones libres
hicieran lo m ism o.

A los E sta d os U n id o s les agradaría m u ch o m ás dedicar sus recursos


a finalidades distintas d el rearm e. M i patria está dispuesta, y así lo
ha declarado, a participar en un p rog ra m a general de desarm e y a
rechazar la fu e rz a c o m o solu ción de los p ro b le m a s internacionales.
P e r o n o está dispuesta a p erm a n ecer inerm e en presencia d e una
am enaza a sus instituciones fundam entales.
48
U n a cantidad relativam ente reducida d e los f o n d o s dedicados p o r
los E sta d os U n id o s a reforza r la defensa d e las dem ás naciones li­
bres se está em p lea n d o en el hem isferio occidental. L a necesidad
(s ic ) d e esta clase d e ayuda m ilitar con los países de la A m é ric a L a ti­
na so n apenas suficientes p a ra ayudar a m od ern iza r y estandarizar
en un g ra d o razonable el eq u ip o bélico d e estos países. Y aún a
tiem p o q u e se está adelantando este p rog ra m a d e prepa ra ción bélica
parcial, m i patria abriga la confianza d e q u e llegue p r o n t o el m o ­
m e n to en q u e el énfasis de nuestra coop era ción se con cen tre n o ya
en los a rm am entos sin o enteram ente en el p ro g re s o y el bienestar
p a cífico de nuestros p u eb lo s. E n la actualidad m i patria está dedi­
cando al rearm e el 1 5 % de su p ro d u c c ió n nacional total. A l hacer
ésto, n o olvid a m os que, en ú ltim o análisis, la m e jo r defensa de
nuestro sistema p o lític o y e c o n ó m ic o es la dem ostración d e su capa­
cidad para m e jo ra r las condiciones de vida d e nuestro p u e b lo y de
otros. P o r esta razón n o h em os a ba n d on a d o nuestro p ro g ra m a de
coop era ción técnica p a ra el p ro g re s o e c o n ó m ic o d e la c om u n id a d de
naciones occidentales. N i h em o s p en sa d o en a bandonarlo. N u estra
esperanza es la de q u e la necesidad d e ayuda m ilitar sea transitoria.
C o n fia m o s en q u e la coop era ción eco n ó m ica y social se increm enta­
rá y será el aspecto p erm a n en te d e nuestras relaciones ” .w

El embajador esbozaba todo un programa contrainsurgente que el gobier­


no colombiano aprobaba a pie juntillas, porque además le convenía en
medio de la Violencia generalizada.

Desde mucho antes del triunfo de la revolución cubana y de la difusión en


el continente de la doctrina de la seguridad nacional, la guerra especial,
la lucha contraguerrillera y las operaciones cívicas militares, Colombia fue
el laboratorio perfecto para los primeros ensayos de todas estas políticas
que se generalizaron a nivel continental después de 1960.92

90. Ib id ., p. 33. (El subrayado es nuestro).

91. E l Tiem po, abril 18 de 1952.

92. Sobre este aspecto comenta un sociólogo norteamericano, muy apegado al punto de vis­
ta oficial del Departamento de Estado, que:

“Sensitivos co m o han sido p o r largo tiempo a su tarea de reprimir disturbios con bala y
bayonetas, los militares están tratando de crearse una nueva imagen p o r medio de co m ­
batir las causas de la Violencia y de los disturbios sociales que antes afrontaban exclusi­
vamente con la fuerza. Una evidencia importante de esta nueva perspectiva ha sido el
49
La asistencia militar norteamericana, no por casualidad, fue bastante ele­
vada durante el período de violencia y los años subsiguientes. En el cua­
dro N o. 5 se aprecia la evolución de dicha asistencia:

C U A D R O N o. 5

EN VIO S M IL IT A R E S DE ESTAD O S U NID O S A C O L O M B IA .


1950-1968
(Cantidad en millones de dólares)
Programa Artículos
Año Fiscal de Asistencia Militar de Guerra excedentes
(PA M ) (a costo de adquisición)

1950-1963 39.4 10.3


1964 6.2 .6
1965 5.7 .7
1966 8.3 .8
1967 7.9 1.0
1968 12.2 1.0
1950-1968 79.7 14.6

F u e n te : R o s a G ó m e z y J. V a ld é s , op. cit., p. 7 9 .

Obsérvese que la “ ayuda” del período 1950-1963 comprendió cerca del


50% del total proporcionado durante el período tomado en referencia.
Colombia entró en la órbita de la “ Guerra Especial” promovida por Es­
tados Unidos, mucho antes de que este tipo de estrategia políticormilitar
fuera impulsada en Vietnam y otros países. El programa que a finales de
la década del cincuenta esbozó Robert Me. Námara, como secretario de
Defensa de Estados Unidos, ya había sido iniciada en Colombia algunos
años antes.93
50

programa de acción cívica militar. Se trata de algo parecido a los ensayos a escala local
hechos en los Llanos Orientales a principios de los cincuenta y que, desde 1960, con la
dirección y asistencia de la misión norteamericana en Colombia, se han convertido en
un programa de creciente significación. El plan es emplear al ejército, equipo y co n oci­
mientos en proyectos de desarrollo social afectadas actualmente (1967) o en pasado re­
ciente p o r la violencia”.

Robert Dix Las dimensiones políticas del cambio. Yale University Press, 1967, p. 302.
Este acápite del mencionado libro aparece en R. Lleras y J. Valdés, op. cit., pp. 21
y s.s.

93. A finales de la década del cincuenta, R. Me. Námara, a la sazón secretario de Defensa
de Estados Unidos, alardeando de teórico de la “Guerra Especial”, especulaba respecto
al papel que debían desempeñar los ejércitos nativos de cada país para evitar la insu­
rrección y la protesta social. Consideraba que las funciones de los modernos ejércitos:

“Incluyen la construcción de caminos, el desarrollo de elementos de comunicación, los


programas de Ingeniería Sanitaria y de Salud Pública (...) y en caso de los planes de
acción cívica, también, la asistencia militar y la econom ía están frecuentem ente unidas
a los objetivos de los Estados Unidos, las Fuerzas Armadas nativas provistas p or el p ro ­
grama de asistencia militar con instructores avezados y la A .I.D . (Agencia para el Desa­
rrollo Internacional) apartando los elementos materiales”.

Citado p o r H. Veneroni, E .U . y las F .A . en A m érica Latina. Ed. Periferia. Buenos


Aires, 1971, p. 35.
CAPITULO II

Violencia y transformaciones demográficas

Colombia experimentó notables modificaciones en su estructura de­


mográfica desde mediados de la década del cuarenta si se le compara con
las características que presentaba la población en períodos anteriores. El
mismo crecimiento demográfico, ligado a factores conexos como la urba­

CA DARIO F
nización y la colonización, alcanzó tan notable significación que en los
años sesenta se produjo en el país una verdadera “ avalancha” de estudios
de población; estudios auspiciados, en primer lugar, por expertos y funda­
ciones norteamericanas preocupadas por encontrar remedio a aquellos
que, eufemísticamente siguiendo una concepción malthusiana, se denomi­
naba “ explosión demográfica” .

La mayor parte de esos estudios se concentraron, prioritariamente, en


cuantificar el crecimiento de la población nacional y en captar la influen­
cia de tal crecimiento en el proceso de “ marginalidad” urbana — otro
término del arsenal ideológico de ese entonces— y despoblación de los
campos.

El análisis efectuado en estos términos podia aparecer como inocente,


si no fuera por el tipo de razones que se esgrimían para aclarar las causas
que explicaban tanto la despoblación de los campos como el crecimiento
desordenado de las ciudades, con sus cordones de miseria y el incremento
de la “ terciarización” económica. Entre esas razones sobresalían las con­
cernientes a destacar los falsos atractivos que la ciudad le ofrecía a los
campesinos y a resaltar la ignorancia de éstos por aventurarse en un mun­
do que no era el suyo. Este argumento — que no resiste un análisis media­
namente serio— se constituyó en todo un marco explicativo que pretendió
ocultar las múltiples contradicciones existentes en el campo, legitimar al
Frente Nacional y “ olvidar” el tenebroso período de la Violencia.

*|!SUOTECA DARIO ECHANDIA'


(BAGUE
CAPITULO II

Violencia y transformaciones demográficas

Colombia experimentó notables modificaciones en su estructura de­


mográfica desde mediados de la década del cuarenta si se le compara con
las características que presentaba la población en períodos anteriores. El
mismo crecimiento demográfico, ligado a factores conexos como la urba­

'OTECA DARIO r
nización y la colonización, alcanzó tan notable significación que en los

I3ACI-
años sesenta se produjo en el país una verdadera “ avalancha” de estudios
de población: estudios auspiciados, en primer lugar, por expertos y funda­
ciones norteamericanas preocupadas por encontrar remedio a aquellos
que, eufemísticamente siguiendo una concepción malthusiana, se denomi­
naba “ explosión demográfica” .

La mayor parte de esos estudios se concentraron, prioritariamente, en


cuantificar el crecimiento de la población nacional y en captar la influen­
cia de tal crecimiento en el proceso de “ marginalidad” urbana — otro
término del arsenal ideológico de ese entonces— y despoblación de los
campos.

El análisis efectuado en estos términos podía aparecer como inocente,


si no fuera por el tipo de razones que se esgrimían para aclarar las causas
que explicaban tanto la despoblación de los campos como el crecimiento
desordenado de las ciudades, con sus cordones de miseria y el incremento
de la “ terciarización” económica. Entre esas razones sobresalían las con­
cernientes a destacar los falsos atractivos que la ciudad le ofrecía a los
campesinos y a resaltar la ignorancia de éstos por aventurarse en un mun­
do que no era el suyo. Este argumento — que no resiste un análisis media­
namente serio— se constituyó en todo un marco explicativo que pretendió
ocultar las múltiples contradicciones existentes en el campo, legitimar al
Frente Nacional y “ olvidar” el tenebroso período de la Violencia.

‘{ISilOTECA DARIO EGHANDí*


■BAGUE
52

Pero este tipo de estudio demográfico, cuyos principales representantes se


expresaron a través de Planeación Nacional y A S C O F A M E ,1 si bien no
señalaban la Violencia como uno de los elementos centrales para explicar
el cambio demográfico que sufrió el país en el lapso de veinte años, sí
daban soluciones concretas, como aquella de controlar el acelerado creci­
miento de la población con el fin de atemperar el descontento social en
momentos de álgidas luchas populares. De tal forma que antes de ser una
explicación razonada de todo un proceso histórico, estas “ teorías” , tan en
boga en los sesenta, eran una ideología transnacional.

En contraposición a esta forma de abocar el problema demográfico, que


no la vincula de ninguna manera con la violencia, surgieron otro tipo de
estudios que resaltaban el impacto de dicho proceso sobre la estructura
poblacional del país.2

Siguiendo un poco dicha variante, en este lugar se sostiene que el acelera­


do salto demográfico que vivió el país desde 1945, estaba directamente
asociado con fenómenos de Violencia, así en muchos casos esa relación
no fuera directa, sino que estuviera disimulada por otras variables in­
termedias.

Para el análisis del contexto económico de la Violencia, partimos de la


población siguiendo las formulaciones metodológicas señaladas por Marx
en la Introducción a la Crítica de la Economía Política en donde reco­
mienda analizar la población, pero no en abstracto sino vista en sus múl­
tiples determinaciones económicas y sociales para que la misma no apa-

1. Entre otros estudios pueden mencionarse: Departamento Nacional de Planeación, “La


población en Colombia: Diagnóstico y política" en Revista de Planeación >' Desarrollo,
Volumen 1, N o. 4, diciembre de 1969. Eduardo Arriaga, "M ovim iento migratorio inter­
no en Colombia durante el período intercensal 1951-1964", en Revista de Planeación
y Desarrollo, Volumen IV, N o. 1, Enero-M ayo de 1972, pp. 57-111; Ramiro Cardona
y Alan B. Simmons. Destino la M etróp o li. Un m odelo general de las migraciones inter­
nas en A m érica Latina. Corporación Centro Regional de Población. Bogotá, 1978 Ra­
miro Cardona (Editor), C olom bia : D istribución espacial de la población . Corporación
Centro Regional de Población, Bogotá, 1976.

2. Entre los estudios más significativos en esta óptica merecen destacarse: Urbano Campo,
L a Urbanización en C olom bia. Ediciones Armadillo. Bogotá, 1977, y, Urbano Campo.
Urbanización y Violencia en el Valle. Ediciones Armadillo, Bogotá, 1979.
53
rezca como una totalidad caótica sino como una totalidad concreta.3 Esta
recomendación metodológica puede ser completada con las consideracio­
nes que hace W . Kula quien sostiene que la demografía histórica no debe
limitarse a contar y describir a la población sino que su objetivo funda­
mental radica en develar los mecanismos internos que explican sus rela­
ciones y “ funcionamiento” .4

Siguiendo estas formulaciones se presentará a continuación un breve aná­


lisis sobre las modificaciones que experimentó la población en Colombia
durante el período 1938-1964, resaltando la evolución de la Población
Económicamente Activa (P E A ) y centrando el examen en fenómenos di­
rectamente vinculados con el proceso demográfico como son: la migra­
ción campo-ciudad, la tasa de mortalidad (como manifestación directa de
la violencia), el avance de la urbanización y, en fin, el incremento de los
frentes de colonización en distintas zonas de la geografía nacional.

Incremento Demográfico y Evolución de la P.E .A.

Para efectuar consideraciones sobre la evolución demográfica del país


se debe partir de las cifras concernientes a los cambios experimentados
por la población entre 1938 y 1964, años en los que se cuenta con datos
proporcionados por censos oficiales. En el cuadro N o. 1, se consigna esa
información:

C U AD R O No. 1

E V O L U C IO N D E M O G R A F IC A DE C O L O M B IA
(Hab. en cifras redondeados)
1938 - 1964

1938 1951 1964

Centros Urbanos 2.692.000 4.468.000 9.093.000


Porcentaje 31 39 52
Areas Rurales 6.010.000 7.080.000 8.391.000
Porcentajes 69 61 48
Totales 8.702.000 11.548.000 17.484.000

F u e n te : U r b a n o C a m p o . L a Urbanización en C olom bia, p . 15 , C u a d r o N o . 1.


54

A primera vista se aprecia que en un lapso de 25 años, la población co­


lombiana se duplicó y que el predominio de las ciudades se hizo irrever­
sible. Pero estas cifras globales, desde el punto de vista económico y so­
cial, no indican mayor cosa. Para que las mismas adquieran una signifi­
cación concreta, es indispensable conocer la forma como evolucionó la
P E A del país.
Aunque entre varios estudios existen discrepancias sobre la magnitud real
de la P E A , dichas diferencias no son demasiado amplias como para en­
trar en una prolija discusión sobre la validez de los datos proporcionados
por distintos autores. De acuerdo a este criterio, se trabajará indistinta­
mente con datos suministrados por los censos de 1951 y 1964, y por cifras
compiladas por algunos investigadores.
Las variaciones en la P E A aparecen consignadas en el cuadro N o. 2.
En forma de resumen, de acuerdo a la posición ocupacional dentro de la
P E A , el siguiente cuadro N s 3 precisa aún mas la información proporcio­
nada por el anterior.

C UAD RO No. 2
POBLACION ECONOMICAMENTE A C TIV A POR RAMAS
DE ECONOMIA SEGUN LOS CENSOS DE POBLACION DE
1951 A 1964 (en miles)
R a m a s d e la a ctivid a d ec o n ó m ic a C ifra s absolutas P e s o e s p e c ífic o V a ria ció n durante
1951 1964 1951 1964 e l p e r ío d o
T o ta l d e la ec o n o m ía _____________________ 3.755.6 5.134.1 100.0 100.0 1.378.5 (\00% )
A gric u ltu ra , silvicu ltu ra, ca za y p e zc a 2.023.2 2.42 7.0 53.9 47.3 403.7 (2 9 % )
Indu stria de ex tra cció n _______________ 6 1 .2 81.2 1.6 1.6 20 .0 m % )
Industria d e tra n sform ación 460.9 655.9 12.3 12.8 195.0 (42% )
C on stru cció n ________________ 132.9 220.7 3.5 4.3 87.7 (6 6 % )
E le ctricid a d , gas, agua, v otros se rv ic io s 10.4 13.2 0.3 0.2 2.8 (27% )
C g m e r c io ._____ ._______________ 293.7 440.7 5.4 8.6 236.7 (81% )
T ra n sp orte, co m u n ic a c io n es v a lm a cen a je 130.0 191.8 3.5 3.7 61 .7 (47% )
S e rv ic io s _____________________ 598.0 925.9 13.9 18.0 327.8 155%1
O tras a ctivid a d es 134.8 177.5 3.6 3.4 42.7 (3 2 % ll
F u en te: R e v is ta d e p la n e a c ió n y d e sa rro llo v o l. I I , ju n io 1970. p g . 143-298. " E l e m p le o en C o lo m b ia
d ia g n ó s tic o y rec o m en d a c io n es d e p o lític a ". C u a d ro 6 p g , 151-92

3. Kart Marx. In trod u cción General a la C rítica de la E con om ía P olítica . Editorial La O ve­
ja Negra. Bogotá, 1975, p. 14.4

4. W. Kula. Problem as y M étod os de la H istoria Econ óm ica . Ediciones Península. Barce­


lona, 1973, p. 353.
55
C U A D R O N o. 3

D IS TR IB U C IO N DE L A P O B L A C IO N E C O N O M IC A M E N T E
A C T IV A PO R R A M A S DE L A E C O N O M IA SEGUN LOS CENSOS
DE P O B L A C IO N DE 1951 A 1964
(en miles)

Posición Ocupacional Cifras Absolutas Distribución


1951 1964 Porcentual
1951 1964

Empleadores 386.8 420.9 10.3 8.2


Trabajadores independientes 890.0 1.283.5 23.7 25.0
Ayudantes familiares 311.7 420.9 8.3 8.2
Empleados 732.3 1.365.6 19.5 26.6
Obreros 1.239.3 1.571.0 33.0 30.6
Otros 195.2 71.8 5.2 1.4

Total 3.755.6 5.134.1 100.0 100.0


F u e n te : El e m p le o e n C o lo m b ia D ia g n ó s t ic o y r e c o m e n d a c io n e s d e p o lític a . R e v is ta d e P la -
n e a c ió n y d e s a r ro llo . V o lu m e n II, ju n io 1 9 7 0 . C u a d r o N o . 7, p . 15 2.

Según estas informaciones se puede concluir que, desde el punto de vista


de la configuración de distintos sectores económicos — que bien podrían
ser asociados con el concepto leninista de clase social, a no ser por la
inexactitud en la clasificación y especificación de la función de cada uno
de ellos— , como elementos centrales del período se destacan, de una
parte, el notable incremento del sector denominado “ empleados” que
aumentó en el lapso de tiempo señalado, tanto en términos absolutos
como relativos: de otro lado, pese a que en términos relativos la impor­
tancia numérica de los obreros disminuyó, en forma absoluta su volumen
sí aumentó.

A partir de estos dos elementos centrales se pueden indicar distintas carac­


terizaciones de la sociedad colombiana, que van desde aquellas interpreta­
ciones que ven consolidado en el país un capitalismo tan “ puro” como el
de los países de Europa Occidental o Estados Unidos.5 Otros autores tien­
den a señalar cómo en el país se consolidó un proceso de “ terciarización”
económica, muy diferente al fenómeno clásico.6 También hay quienes
afirman que, pese a que en Colombia el capitalismo no adquirió los tintes
definidos adoptados en los países altamente industrializados, para media­
dos de la década del 50 y comienzos del sesenta el predominio cuantitativo
de la clase obrera era evidente.7
56

A partir de estas diferentes interpretaciones, consideramos que, induda­


blemente, desde el punto de vista económico, el país experimentó una ra­
dical transformación que implicó la consolidación de la industria manu­
facturera, aunque, si bien es cierto, ese proceso no significó la proletari-
zación absoluta de todos los sectores de la sociedad desplazados de las
zonas campesinas.

Aunque la información de los censos es muy ambigua, la clasificación de


empleados y obreros de acuerdo con los grupos de ocupación, puede reve­
lar el peso que adquirió el proletariado en la industria moderna en compa­
ración con otras actividades, concretamente la agricultura, donde ya se ob­
servaba un notable proceso de proletarización y semiproletarización, que
por supuesto, tampoco fue tan lineal y drástico como en su momento lo
pretendieron ver ciertos analistas.8

Por último, la evolución de la P E A en la agricultura es un indicador sig­


nificativo de la forma como se alteraban las relaciones existentes en los
campos hasta mediados de los años cuarenta. Siguiendo la ambigua clasi­
ficación de los censos, la distribución de la P E A rural está consignada
en el siguiente cuadro (ver pág. siguiente, cuadro N o. 4).

De acuerdo a estas cifras se puede entonces concluir provisionalmente,


mientras se señalan algunos elementos adicionales en el presente trabajo,
que en el campo se presentaba una importante transformación de la es­
tructura social predominante hasta los años cuarenta y en las ciudades se
concentraba ya una cifra similar de personal ocupada con relación al cam­
po. Para sólo señalar una cifra, podemos decir que en 1947 en la ciudad
se concentraban 1.124 000 personas ocupadas, mientras que en el campo

5. Esta fue la concepción original de Salom ón Kalmanovitz en sus obras: La Agricultura en


C olom bia 1950-1972. D A Ñ E , 1974 y en “Desarrollo Capitalista en el C am po Colom bia­
n o”, en Mario Anubla (Editor), C olom bia H oy. Editorial Siglo X XI, Bogotá, 1978.

6. Confróntese p o r ejemplo algún a de las obras ya citadas de Ramiro Cardona, pero espe­
cialmente el artículo de Alan Gilbert. “La Concentración Industrial y su impacto en el cre­
cimiento de las ciudades colombianas", en Ramiro Cardona (Editor). C olom bia : D istri­
b ución... op. cit.

7. M edófilo Medina. “Cambios en la Estructura del Proletariado Urbano C ontem poráneo en


Colom bia", en Estudios Marxistas, N o. 6, 1974.

8. Especialmente Kalmanouitx en las obras anteriormente citadas.


57

ese mismo personal llegaba a la cifra de 1.755.000.9 Esas magnitudes se


modificaron drásticamente, como se puede ver en los diferentes cuadros,
en el curso de los años siguientes.
CUADRO No. 4
POBLACION RURAL ECONOMICAMENTE ACTIVA.
1938, 1951 y 1964
(miles)1

Cueforta 1951 1964

% No. % No.

Total 1.808.9 100.00 2.023.2 100.00 2.405.2 100.00

1. Empleadores 307.4 17.00 335.1 16.56 307.7 12.79

2. Empleados 9.6 0.53 28.8 1.42 48.1 2.00

3. Obreros 502.1 27.75 818.2 40.44 967.8 40.24

4. Trabajo Ind. 609.5 33.70 488.0 24.12 706.6 29.38

5. Ayudts. Fliares. 338.7 18.72 278.1 13.75 367.8 15.29

6. No definida 41.6 2.30 75.0 3.71 7.2 0.30

1. Fuente: Censos Nacionales de Población, ¡939-1951 y 1964. Citados por Salomón Kal-
manovttz, en “Evolución de La Estructura Agraria", Cuadernos Colom bianos No. 3. p. 377.
Y en la Agricultura en C t iembla 193+1972. Imprenta del DAÑE. Bogotá, s.f.: lyD . p 89

Para constatar la pérdida de importancia de la agricultura, sobre todo en


sus formas precapitalistas, dentro de la economía nacional y su progresiva
sujeción al modo de producción capitalista, es bueno considerar la evolu­
ción de la P E A por ramas económicas, atendiendo a la tradicional clasifi­
cación en sector primario, secundario y terciario. Esa clasificación para el
año de 1964 presentaba los siguientes guarismos:

CUADRO No. 5
D IS T R IB U C IO N P O R R A M A S DE L A P O B L A C IO N
E C O N O M IC A M E N T E A C T IV A EN C O L O M B IA . 1964
Rama Población

Agricultura 2.427.059SECTOR P R IM A R IO
2.508.338 Personas Aprox.
Industria Extrativa 89.27950% de la población ocupada
Transporte 191.817
Construcción 220.705 SECTO R SE C U N D A R IO
Industria de Transí. 655.961
Comercio 440.520
Servicio 939.222 SECTOR T E R C IA R IO
Otros 177.562

Total 5.134.125
F u e n te : D A Ñ E , X II C e n s o N a c io n a l d e P o b la c ió n . B o g o t á , s.f.
58

Desde el punto de vista de la participación de cada uno de esos sectores


en el Ingreso Nacional, disminuyó la importancia de las actividades agríco­
las. Así, entre 1950 y 1958 la participación del sector primario en el In­
greso Nacional prácticamente se mantuvo constante, un 40% aproxima­
damente; mientras la industria fluctuó entre un 15% y 18% respectiva­
mente, el comercio y el sector terciario se mantuvieron a un nivel de 40%.10
de 40% .10

En síntesis, desde mediados de la década del cuarenta la estructura eco­


nómica del país se modificó sustancialmente, siendo ya irreversible la con­
solidación del M odo de Producción Capitalista, aunque en nuestro país
éste no adquiera los parámetros del modelo “ clásico” auncuando haya em­
pleado, como veremos, instrumentos parecidos para lograr su consolida­
ción (violencia, despojo, expropiaciones, etc.). El desarrollo del capitalis­
mo en Colombia se expresa, en la consolidación de las dos clases funda­
mentales de esta forma de organización social: el proletariado y la bur­
guesía, aunque en el caso colombiano su existencia está matizada por una
serie de clases intermedias, fracciones de clase o clases en descomposición.

Esa estructuración de clases, que seguidamente pasamos a detallar, se


puede seguir en términos generales a través del estudio de la Población
Económicamente Activa (P E A ), la que en corto lapso se concentró en las
ciudades y en el campo asumió un nuevo funcionamiento.

La Estructura de Clases de la Sociedad Colombiana desde la


Postguerra

Durante la postguerra se consolidó en el país el M odo de Producción


Capitalista y la industria pasó a ser el eje fundamental de la actividad eco­
nómica, pero en la formación social colombiana coexistían diferentes fo r­
mas de producción precapitalistas, aunque subordinadas a la relación
capitalista dominante. Por este mismo hecho, ligado a todo el desarrollo
histórico particular del pais, en nuestro medio la estructuración clasista no
presenta los niveles claramente definidos que muestra para los casos del
capitalismo clásico, inglés o norteamericano, por ejemplo.

9. Carlos Ortiz. E l Desencadenamiento de la Violencia en C olom bia. Tesis de grado. D e ­


partamento de Ciencias Políticas, Universidad de los Andes. Bogotá, 1978, p. 14.

10. Ibid, p. 17.


59

En Colombia, junto al proletariado y la burguesía, coexisten diferentes


clases y fracciones de clases, e incluso las clases fundamentales no presen­
tan tampoco en su interior una definición tan marcada que permita cons­
tatar una clara línea de separación entre una fracción de clase y otra.
Para sólo mencionar un caso, en el campo junto al proletariado agrícola
coexisten semiproletariados, semiarrendatarios, o pequeños propietarios
que en muchos casos se confunden en un mismo sector de clase. Guar­
dando las debidas proporciones espaciales y temporales, esta configura­
ción de la sociedad rural colombiana durante las décadas del cuarenta y
cincuenta presentaba algunas similitudes con la estructura agraria de la
Rusia pre-revolucionaria, tal y como fue analizada magistralmente por
Lenin en diferentes obras."

Esta abigarrada estructura clasista de la sociedad colombiana dificulta


una comprobación empírica más o menos rigurosa. N o obstante, a partir
de los elementos proporcionados por los pocos autores que han abordado
con seriedad el problema, es factible presentar un bosquejo general de las
clases que coexistían en la formación social del país desde mediados de los
años cuarenta. Este es un elemento clave para comprender el carácter de
la Violencia, la magnitud de sus repercusiones y el sentido de la sociedad
colombiana que emergió de ese conflictivo período. De igual manera, ese
análisis es» fundamental ya que el mismo permitirá comprender el alcance
de la derrota histórica de la clase obrera y de otros sectores urbanos entre
1945 y 1951 y, como contrapartida, explicar la consolidación de las clases
dominantes y la articulación al bloque en el poder bajo la hegemonía de
la burguesía industrial, en alianza con otras fracciones burguesas del cam­
po y la ciudad y arrastrando tras de sí a los terratenientes tradicionales.

Desde el punto de vista de las clases dominantes, dentro del bloque en el


poder ya era hegemónica desde fines de los cuarenta la burguesía, aunque
diferentes fracciones desempeñaban papeles diversos de acuerdo a la for­
ma como participaban en el reparto de la plusvalía y estaban relacionadas
con la división del trabajo existente en el interior del país. Entre dichas
fracciones de la burguesía sobresalen la burguesía industrial y financiera,
los comerciantes y los cafeteros.12

Nuevamente, esta separación no aparece tan marcada en la sociedad co­


lombiana, pues en muchos casos los mismos cafeteros son industriales
comerciantes o exportadores. Esta coexistencia de intereses se puso de
manifiesto en el plano politico en importantes coyunturas de la década del
60
cincuenta, en forma especial durante el gobierno de Rojas tanto en sus co­
mienzos pero más en el momento de su caída en las Jornadas de Mayo
de 1957.

Para constatar la influencia que van adquiriendo dentro del bloque en el


poder las fracciones directamente ligadas a la burguesía, se debe examinar
el peso de los gremios en la actividad puramente económica y en su espe­
cial función política, tanto en los partidos, como lo que es más importan­
te, dentro del propio Estado. Hasta tal punto fue grande esta influencia
en la órbita estatal que, a partir de ese hecho, Pecaut ha podido sostener
que en ese momento el Estado se disolvió en medio de los intereses par­
ticulares de los gremios.123
1

En efecto, incluso desde las últimas administraciones liberales ya se nota­


ba la influencia de gremios como FEDECAFE, A N D I, o F E N A L C O , tan­
to a nivel de las presiones por adoptar una política económica que direc­
tamente los favoreciera en la coyuntura de postguerra, como — y esto es
lo fundamental— en su “ entromisión” en todas aquellas medidas de tipo
social encaminadas a desmontar el “ Estado Intervencionista” de tipo
proteccionista desarticulando las organizaciones sindicales y limitando al
máximo la movilización obrera y popular.13A

Efectivamente la A N D I, entidad fundada apenas en 1944, y FEDECAFE,


eran los dos gremios que llevaban la voz cantante desde finales de los
años cuarenta. N o sólo tenían miembros en la burocracia gubernamental
sino que además estaban directamente representados en diferentes orga­
nismos estatales: en la Junta Nacional de Aduanas, en la Junta Nacional
de Control de Cambios; en la Interventoría Nacional de Precios; en el
Comité de Inmigraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores, etc.14

11. Cf. Especialmente E l D esarrollo del Capitalismo en Rusia. Editorial Progreso. Moscú,
s.f. y A los pobres del Cam po. Editorial PEPE. Medellín, 1973.

12. C. Ortiz, op. cit., p. 20.

13. Daniel Pecaut. Classe ouvriere et systema p olitiq u e en C olom bia. Universidad René
Descartes. París, 1979. T om o I.

13A. Renán Vega, Crisis..., pp. 49 y s.s.

14. C. Ortiz, op. cit., p. 21.


61

En el transfondo de la consolidación de ciertas fracciones de la burguesía,


especialmente del sector industrial, se encontraba el notable proceso de
acumulación de capital que se vivó en el país durante buena parte de las
décadas del cuarenta y cincuenta, proceso que se expresó, entre otras co­
sas, en la difusión de las primeras fábricas productoras de bienes inter­
medios y en el agotamiento de la industrialización por la vía de la sustitu­
ción de importaciones, así como en la directa ingerencia del capital mono-
pólico norteamericano. Con estos presupuestos se puede afirmar que el
período de la Violencia a la larga resulta ser un momento de unificación y
consolidación de la gran burguesía, tanto en el campo como en la ciudad.15

Incluso en las disputas políticas de la época, reiteradas veces salió a relu­


cir el tema del excesivo predominio de los intereses industriales respecto a
otras fracciones de las clases dominantes. El propio Alfonso López Puma-
rejo podía decir abiertamente, al analizar las preferencias gremiales y eco­
nómicas de la administración Ospina, que:

“ N o se han con ten ta d o los conservadores co n excluir a m is cop a r-


tidarios d el servicio p ú b lic o . C o n igu a l tesón tratan de desalojarlos
d e sus p osicion es en el com ercio, en la banca, en las industrias, en
el ejercicio p riv a d o de las p ro fe sio n e s liberales ( . . . ). S o m o s partida­
rios d e la intervención del E sta d o en p r o v e c h o de la econ om ía na­
cional... N o nos seduce el ideal de la vida cara... N o aspiram os a ser
ciudadanos d e una República de Industriales” ."1

Por otra parte, entre las fracciones de la burguesía se destacó también el


sector de los comerciantes, vinculados a actividades exportadoras e impor­
tadoras. Erigieron su propio gremio, F E N A L C O , aunque éste no llegó a
adquirir durante los gobiernos conservadores la importancia de los gre­
mios industrial y cafetero.17

Así por ejemplo, durante la administración Ospina Pérez los comerciantes


tuvieron reiteradas contradicciones con los industriales y con el propio
gobierno, sobre todo en lo relacionado con el control de la comercializa­
ción de los productos de la gran industria. Esta contradicción se expresó,
temporalmente, en el plano político en el hecho de que el gaitanismo asu­
mió una permanente defensa de los comerciantes y atacó abiertamente a
los industriales. Empeoró, luego del 9 de abril, cuando justamente los in­
tereses más afectados directamente fueron los del comercio, se olvidaron
61
En el transfondo de la consolidación de ciertas fracciones de la burguesía,
especialmente del sector industrial, se encontraba el notable proceso de
acumulación de capital que se vivó en el país durante buena parte de las
décadas del cuarenta y cincuenta, proceso que se expresó, entre otras co­
sas, en la difusión de las primeras fábricas productoras de bienes inter­
medios y en el agotamiento de la industrialización por la vía de la sustitu­
ción de importaciones, así como en la directa ingerencia del capital mono-
pólico norteamericano. Con estos presupuestos se puede afirmar que el
período de la Violencia a la larga resulta ser un momento de unificación y
consolidación de la gran burguesía, tanto en el campo como en la ciudad.15

Incluso en las disputas políticas de la época, reiteradas veces salió a relu­


cir el tema del excesivo predominio de los intereses industriales respecto a
otras fracciones de las clases dominantes. El propio Alfonso López Puma-
rejo podía decir abiertamente, al analizar las preferencias gremiales y eco­
nómicas de la administración Ospina, que:

“ N o se han con ten ta d o los con serva d ores con excluir a m is c o p a r-


tidarios del servicio p ú b lic o . C o n ig u a l tesón tratan de desalojarlos
de sus p osicion es en el com ercio, en la banca, en las industrias, en
el ejercicio p riv a d o de las p ro fe sio n e s liberales (. . . ). S o m o s partida­
rios de la intervención del E sta d o en p r o v e c h o de la econ om ía na­
cion a l... N o n os seduce el ideal de la vida cara... N o aspiram os a ser
ciudadanos d e una República de Industriales” .'1
*

Por otra parte, entre las fracciones de la burguesía se destacó también el


sector de los comerciantes, vinculados a actividades exportadoras e impor­
tadoras. Erigieron su propio gremio, F E N A L C O , aunque éste no llegó a
adquirir durante los gobiernos conservadores la importancia de los gre­
mios industrial y cafetero.17

Asi por ejemplo, durante la administración Ospina Pérez los comerciantes


tuvieron reiteradas contradicciones con los industriales y con el propio
gobierno, sobre todo en lo relacionado con el control de la comercializa­
ción de los productos de la gran industria. Esta contradicción se expresó,
temporalmente, en el plano político en el hecho de que el gaitanismo asu­
mió una permanente defensa de los comerciantes y atacó abiertamente a
los industriales. Empeoró, luego del 9 de abril, cuando justamente los in­
tereses más afectados directamente fueron los del comercio, se olvidaron
las rencillas momentáneas entre comerciantes e industriales y los primeros
se subordinaron a la hegemonía de los segundos, (véase el análisis que se
efectuó en este mismo trabajo sobre las repercusiones económicas del 9
de abril).

También a nivel urbano se configuró un gran sector de difícil clasificación


como cíase social, pues no cumplía un papel específico dentro del proceso
productivo o de la circulación mercantil, sino que más bien se desempeña­
ba como funcionarios ligados al aparato estatal o a las esferas del poder
político y económico.

Por el lado de las clases urbanas explotadas se destacaban también dife­


rentes sectores y fracciones. En primer lugar tenemos, como lógico resul­
tado del dominio del régimen capitalista en la formación social colombia­
na, al proletariado, que se distribuyó en distintos frentes de la actividad
económica. Tenemos, en primer término, a los obreros de las actividades
públicas (puertos, ferrocarriles, Río Magdalena y empresas petroleras) que
durante las décadas del treinta y cuarenta constituyeron los sectores de
más actividad sindical, aunque la mayor parte de ellos hayan estado in­
fluenciados y mediatizados por la política del liberalismo. El aumento de
los niveles de proletarización en concordancia con la evolución del sector
industrial, puede patentizarse con información cuantitativa referente a la
P E A y a la fuerza de trabajo de los distintos sectores de la economía na­
cional. La información proporcionada en el cuadro N o. 6, suministra da­
tos sobre el persona! empleado en los distintos grupos de ocupación.

En realidad el incremento de la fuerza de trabajo libre no es muy espec­


tacular, lo que demuestra que tampoco el proceso de industrialización en
nuestro país tuvo ni ha tenido la capacidad de absorber a toda la pobla­
ción desarraigada de los campos: ni tampoco ha configurado una super­
población relativa con las características de las formas capitalistas desa­
rrolladas. N o obstante, esas cifras sí indican que un porcentaje significa­
tivo de la fuerza laboral ya se había proletarizado. Es incluso viable supo­
ner que puedan ser aún mayores si se tiene en cuenta que muchos de los

15. Manuel Sánchez Vásquez, “Sobre la estructura de clases de la formación social capitalista
en Colombia. Hipótesis de trabajo", en U n o en Dos. No. 8, 1977, p. 30.1
6

16. E l Tiem po, enero 26 de 1950.


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CUADRO No. é

P O B L A C IO N E C O N O M IC A M E N T E A C T I V A P O R G R U P O S D E
O C U P A C IO N Y P O S IC IO N O C U P A C IO N A L

T o ta l PEA EM PLEADO RES T r a b a ja d o r e s In d e p e n d ie n te s


O c u p a c ió n
1951 1964 1951 1964 1951 1964

1. P ro fes io n a les Técn icos


tra b a ja d ores afines'. 87.076 201.424 3.792 11.149 15.013 26.892
2. G erentes, a dm inistradores,
fu n cion a rio s de ca tegoría
directiva . 215.509 134.430 3.072 25.438 131.798 42.722
3. O ficin ista s y tra ba ja dores
afin es. 89.940 237.795 195 2.066 1.165 5.549
4. V en d ed ores y sim ilares 62.559 288.854 583 19.113 16.032 147.158

5. A g ric u lto res , pescadores,


m ad ereros y tra b a ja d ores
afines. 1.994.507 1.726.699 334.476 308.185 486.822 719.456
6. T ra b a ja d o res en ocupaciones
de m in ería, canteras y
afines. 47.783 42.261 617 531 15.676 13.606
7. A rtesan os o p era rio s en
fábricas y tra ba ja dores
en ocu p acion es afines. 568.960 674.451 18.019 29.517 168.660 211.686
8. T ra b a ja d o res en la con du cción
de m ed ios d e transporte. 72.547 153.984 605 4.794 11.274 37.131
9. T ra b a ja d o res m anuales y
jo rn a lero s. 76.885 156.854 337 8.471 15.223 26.889
10. T ra b a ja d o res de servicios
y sim ilares. 3% .68 8 574.480 2.817 7.128 25.905 36.499
11. O tro s tra b a ja d ores N O E C
y tra b a ja d ores en o cu p a cio ­
nes n o Id en tifica d a s o
n o declaradas. 141.355 177.952 430 3.490 2.218 11.493

TO TAL 3.755.609 5.132.008 385.943 419.882 889.786 1.283


100.0% 100% 10.3% 8 .2 % 23 .7 % 2 5 .0 %
..................^ w v . T . '■ V i v ^ v n n w i i v i Vlivni

L «N OH UVíU

(Continuación)

O c u p a c ió n A y u d a n t e s F a m ilia r e s E m p le a d o s O b re ro s
1951 1964 1951 1964 1951 1964 1951 1964

1. P r o fe s io n a le s , técn ico s ,
tra b a ja d o r e s a fin e s . 492 880 61.750 161.359 6.029 1.144
2. G ere n te s, a d m in is tra d o re s
fu n c io n a rio s d e c a te g o r ía
d ire c tiv a . 5.948 2.735 50.625 62.799 4.066 736
3. O fic in is ta s y tra b a ja d o re s
a fin e s . 195 959 84.271 226.841 4.114 2.380
4. V e n d e d o r e s y sim ila res 1.402 9.798 43.027 110.750 1.515 2.035
5. A g r ic u lt o r e s , p e sc a d o res,
m a d e re ro s y t ra b a ja d o re s
a fin e s . 277.789 369.006 21.521 61.071 826.736 1.261.153 47.163 7.828
6. T r a b a ja d o r e s en o c u p a c io n e s
d e m in e ría , ca n tera s
y a fin e s . 7.606 5.285 49 23.756 22.881 79 309
7. O p e r a r io s en fá b ric a s , a rtesan os
y tra b a ja d o r e s en o c u p a c io n e s
a fin e s . 15.067 20.219 22.321 317.002 400.250 27.891 12.779
8. T r a b a ja d o r e s en la c o n d u c c ió n
360 1.041 49.824 109.003 6.335 4.149 2.015
d e m e d io s d e tra n s p o rte.
9. T r a b a ja d o r e s m an u a les
y jo r n a le r o s . 447 458 10.616 46.827 116.705 3.435 4.331

10. T r a b a ja d o r e s d e s e rvicio s
y sim ila res. 1.206 4 .25 0 345.956 523.348 66 20.738 3.225

11. O t r o s tra b a ja d o r e s N O E C y 1.572 197.151 70.172


tra b a jo s en o c u p a c io n e s
n o d e c la ra d o s 479 1.481 42.835 112.556 18.143 17.760 77.250 31.172

311.001 420.685 732.875 1.365.600 1.238.853


TOTAL
8 .3 % 8 .2 % 1 9 .5 % 2 6 .6 % 3 3 .6 % 3 0 .6 % 5 .2 % 1 .4 %

Fuente. Pinto L. A. Transición Social en Colombia. Bogotá, 1970, p. 110. Tomado de: M. Medina. O p. cit. p. 22.
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CUADRO No. 7

T R A B A J A D O R E S A S A L A R IA D O S DE L A IN D U S T R IA F A B R IL P O R
E S C A L A S DE P E R S O N A L O C U P A D O

Cifras absolutas Distribución porcentual


Escalas de personal Ocupado 1945 1953 1958 1966 1945 1953 1958 1966

Total de la Industria fabril 58.000 105.700 143.919 199.385 50 58.2 63.7 69.2

De 50 a 74 Trabajadores 8.186 — 17.481 18.960 7.1 — 7.7 6.5

De 75 a 99 Trabajadores 5.485 — 10.327 16.086 4.7 — 4.6 5.6

De 100 a 199 Trabajadores 15.005 — 28.019 38.613 12.0 — 12.4 13.4

De 200 y más Trabajadores 31.175 — 88.092 125.744 27.1 — 39.0 43.7

Fuente: “ Revista del Banco de la República” , censo industrial de 1946


y Boletín Mensual de Estadistica_No. 209, DAÑ E, 1968, p. 40.

Cs

66

trabajadores que figuran desempeñando otro rol económico (independien­


tes o empleados), a la larga son obreros.

El aumento, tanto en términos absolutos como relativos, queda patenti­


zado en forma más clara al observar la evolución del empleo generado
por la industria fabril.

Se debe hacer una precisión teórica para evitar malentendidos. Si bien es


cierto que el proletariado industrial constituye el núcleo vital de la clase
obrera, existen otras fracciones de ésta en actividades no propiamente in­
dustriales, que abarcan las esferas de la comercialización y distribución de
mercancías (el caso de cierto tipo de almacenes donde la fuerza de trabajo
se ha proletarizado o el caso de los transportes, tanto de carga como de
pasajeros). Ahora bien, económicamente el proletariado industrial es vital
para el funcionamiento del sistema capitalista — y esto ya es un lugar
común— , pero su importancia, para seguir a Lenin, no es sólo cuantitati­
va, sino fundamentalmente cualitativa, ya que “ en cualquier país capita­
lista, la fuerza del proletariado es incomparablemente mayor que su pro­
porción numérica en la masa general de la población. Y esto es así por­
que el proletariado domina en el centro y en el nervio de todo el sistema
económico del capitalismo, y también porque bajo el capitalismo, el pro­
letariado expresa económica y políticamente los verdaderos intereses de la
mayoría de los trabajadores” .18

En la misma información estadística considerada, también se muestra


cómo el peso relativo del proletariado industrial seguía siendo débil si se
tiene en cuenta que la pequeña industria y la artesanía eran todavía im­
portantes. Así, en 1966 (véase cuadro N o. 8) la producción artesanal com­
prendía un total de 10.757 establecimientos y ocupaba un total de 88.934
trabajadores, mientras que la industria de más de 50 trabajadores com­
prendía un poco más de 1.000 establecimientos y ocupaba a casi 200.000
personas. Cifras que indican a las claras el notable papel que seguían
desempeñando en ese momento la pequeña industria y la artesanía, lo que
tenía notables implicaciones económicas (superexplotación de la fuerza
de trabajo, extracción de plusvalía absoluta, etc.) y políticas (bajo o nulo
nivel de sindicalización, y pocas posibilidades organizativas).

A l mismo tiempo, en las ciudades también se concentraban otros sectores


no propiamente obreros, considerados en términos genéricos por los so­
ciólogos latinoamericanos como las “ clases medias” que en algunos paí-
67
ses se constituyeron en la base fundamental de apoyo de los regímenes
populistas. Estas masas urbanas son fundamentalmente heterogéneas y
están compuestas por artesanos, trabajadores independientes, empleados
de bajos ingresos, sectores “ marginales” y desclasados. También se en­
contraban ubicados en estos sectores diferentes estratos de la pequeña
burguesía como pequeños tenderos, comerciantes, profesionales indepen­
dientes y funcionarios de bajo rango.1
19
8

C U AD R O No. 8

C O N C E N T R A C IO N DE L A F U E R Z A DE T R A B A J O EN L A
IN D U S T R IA M A N U F A C T U R E R A . 1964

Grupo de empresas No. de Distribución


de acuerdo ai estableci­ Personal Porcentual
personal Remunerado. mientos. remunerado Empre. - Trabaj.

1. Producción Artesanal 10.757 88.934 91.3 30.8


porcentual Empresas Trabajadoras.

Menos de 5 Personas 3.714 6.878 31.5 2.4


De 5 a 9 Personas 3.687 19.747 31.3 6.8
De 10 a 14 1.734 18.764 14.7 6.5
De 15 a 19 388 6.192 3.3 2.1
De 20 a 24 365 7.726 3.1 2.7
De 25 a 49 869 29.627 7.4 10.3
2. Producción Fabril 1.040 199.115 8.7 69.2
De 50 a 74 315 18.690 2.6 6.5
De 75 a 99 189 16.068 1.6 5.6
De 100 a 199 288 38.613 2.4 13.4
De 200 y más personas 248 125.744 2.1 43.7
Total (1-2) 11.797 288.049 100.0 100.0

Fuente: DAÑE. Boletín mensual de Estadística No. 209, Bogotá, 1968, p. 40.

18. V. /. Lenin. Las Elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del Proletaria­


do. Editorial Progreso. Moscú, Sf., p. 17.

19. C. Ortiz, op. cit.. p. 25.


68
Esta gran franja social urbana se concentró en las ciudades, como resulta­
do de la permanente migración desde el campo, debida a su vez a las múl­
tiples presiones de los terratenientes desde los años veinte; o también pro­
venía de las actividades artesanales citadinas que durante mucho tiempo
se mantuvieron como forma económica de algún significado en los ren­
glones productivos del país, no habiendo desaparecido en la actualidad su
influencia. En las ciudades se conformó un importante núcleo de sectores
medios que alimentó la base social del emergente gaitanismo en los años
cuarenta y que fue uno de los sectores más golpeados por la galopante
inflación que azotó al país desde finales de la década del treinta.20

Desde el punto de vista político estos sectores se afiliaron al partido libe­


ral y constituyeron la base de lo que podríamos llamar la democracia re­
volucionaria de tinte pequeño burgués y plebeyo, por lo menos hasta el
asesinato de Gaitán, cuando la prédica carismática del caudillo liberal les
conmovió y movilizó, pero posteriormente devino en un grupo heterogé­
neo y amorfo de difícil caracterización política, ya que indistintamente
apoyó a los dos partidos o configuró una gran masa de abstencionistas.
Ese sector ha sido indistintamente liberal, conservador, o anapista, de
acuerdo a las circunstancias predominantes en determinados momentos
de nuestra historia contemporánea.

Finalmente, en el ámbito urbano se debe considerar al sector del lumpen


y los estratos desclasados de la sociedad, porque políticamente desempe­
ñaron un rol histórico significativo por su fuerte presencia dentro del gai­
tanismo y por su papel protagónico durante el 9 de abril, sobre todo a
nivel de las grandes ciudades.21 Adicionalmente, en la Violencia una bue­
na parte de estos sectores desclasados fueron incorporados por los parti­
dos al fragor de la lucha, a sueldo de distintos politicos locales y regiona­
les.

En cuanto a las clases sociales existentes en el campo se puede señalar


cómo allí se encuentran también segmentos ligados a las clases dominan­
tes, como importantes fracciones de clases subalternas.

Entre los primeros hay que considerar a los terratenientes tradicionales


que, a pesar de la crisis de la agricultura tradicional desde mucho antes
de la generalización de la Violencia, seguían teniendo algún peso significa­
tivo dentro del bloque en el poder y se expresaban a través de la Sociedad
de Agricultores de Colombia, SAC, el gremio más antiguo existente en el
69
país. Estos terratenientes tradicionales se encontraban vinculados a la per­
manencia de relaciones pre-capitalistas. N o obstante que la agricultura
tradicional empezó a ser socavada por la penetración del capitalismo en
las zonas agrarias, así como por las importantes luchas agrarias libradas
por colonos y campesinos en los años veinte y treinta, ei peso de la in­
fluencia terrateniente a nivel económico y político dentro del bloque his­
tórico (para utilizar una categoría gramsciana) es tal, que su desaparición
incluso como sector pre-capitalista, no es definitiva; y también se observa,
como una cosa común que caracterizó el desarrollo agrario del país, la
transformación de la gran propiedad en hacienda capitalista y la conver­
sión del terrateniente tradicional en terrateniente moderno y burguesía
agraria.2
12
2
0

A la par con la penetración de las relaciones capitalistas en el campo,


proceso que no fue uniforme ni abarcó todas las regiones del país, se pro­
dujo la descomposición de las formas tradicionales de organización de la
fuerza de trabajo rural, la que pasa de ser mayoritariamente campesina y
familiar, con diversas variantes de aparcería y medianía, a ser predomi­
nantemente libre o semilibre, también con múltiples gradaciones interme­
dias. Desde el punto de vista de la composición de la P E A , ya se ha podi­
do observar la manera como aumentaron el número de trabajadores asa­
lariados. Así, si en 1938 el proletariado agrícola era de 502.100 trabajado­
res, representando el 27.75% de la P E A rural, en 1964 esa cifra había

20. A l respecto puede confrontarse la inmensa literatura que últimamente se viene publican­
do sobre Gaitán y el gaitanismo. Entre esos trabajos merecen destacarse: Arturo Alape.
Antecedentes y Consecuencias del 9 de a bril (material mecanografiado) 12 tomos. C en­
tro Jorge Eliécer Gaitán, s.f.; A. Alape. E l Bogotazo. M em orias del O lvido. Pluma. B o ­
gotá, 1984; Cordell Robinson. E l M ov im ie n to Gaitanista en C olom bia. Editorial Tercer
M undo. Bogotá, 1976. Herbert Braun. M ataron a Gaitán. Publicaciones Universidad
Nacional. Bogotá, 1987.

21. A . Alape. E l Bogotazo, op. cit., y Gonzalo Sánchez, L os días de la R evolución. E l 9


de a bril en P rovincia. Centro Jorge Eliécer Gaitán. Bogotá, 1983. H. Braun, op. cit.,
pp. 289 y s.s.

22. Para una conceptualización rigurosa de las distintas fracciones de clase existentes en el
agro, confróntese Marcos Jaramillo. “Colom bia: Clases Sociales en el C am po”, en U no y
D os N o. 5, 1975, pp. 58-89. El punto de vista de la transformación de la gran propiedad
tradicional en hacienda capitalista mediante la vía ju n k e r ha sido sostenida con más rigor
p o r Víctor Manuel M oncayo en varios trabajos, el último de los cuales resume sus posi­
ciones anteriores. Cf. “Política Agraria y Desarrollo Capitalista", en Absalón Machado
(Coordinador). Problem as A grarios C olom bianos. Siglo X X I Editores. Bogotá, 1986,
pp. 85-120.
70
pasado a 967.800 trabajadores con un porcentaje de 40.24 dentro de la
P E A rural.23

Era evidente el predominio del trabajo asalariado en el agro colombiano,


pero no se debe exagerar su alcance, puesto que en algunas regiones del
país persistían relaciones de producción pre-capitalistas donde el modo de
producción capitalista las mantenía bajo su égida sin transformarlas radi­
calmente. Por esta razón, a nivel agrario seguían siendo importantes los
campesinos parcelarios cuya existencia estaba ligada a la pequeña produc­
ción familiar. El caso más significativo de supervivencia de pequeños pro­
ductores es el del café, hecho por lo demás relacionado con el desarrollo
histórico de ese producto dentro de la economía colombiana. Por ejem­
plo, en 1955, período álgido de la Violencia y el bandolerismo en las zo­
nas cafeteras del país, las propiedades entre 1 y 10 hectáreas constituyen
el 86.4% del total de fincas existentes en el país y abarcaban una superfi­
cie en donde se produce el 63.2% del total del grano nacional. Esta infor­
mación se encuentra consignada en el cuadro N o. 9.

Sin embargo, después de 1955 la evolución del sector cafetero ha mostra­


do significativas variaciones, destacándose la importancia asumida por
las propiedades medianas y grandes. Para 1970, las fincas de menos de 10
hectáreas se habían reducido del 94.4% a 69.5% respecto del total de fin­
cas existentes; la superficie en hectáreas ya no representaba sino el 31%
del total del área sembrada y la productividad sólo representaba el 29.5%
(información en el cuadro N o. 10).

De tal forma que, por lo menos a nivel del café, inmediatamente después
del período de la Violencia se consolidó la mediana propiedad y en menor
medida la grande, en desmedro directo del campesino parcelario y mini-
fundista. El mismo fenómeno sucedió con la pequeña propiedad en otros
cultivos, sin que ello implique ni la total proletarización de los campesinos
ni tampoco el predominio omnímodo de la gran propiedad en todos los
renglones y ramas de la actividad agrícola. En general, las pequeñas pro­
piedades disminuyeron entre 1955-1970, siendo absorbidas unas 97.457
hectáreas en ese mismo período.24

Persiste igualmente el minifundio como unidad agraria fundamental, y


ligada a ella una fracción de campesinos pobres, como en Boyacá, parte
de Cundinamarca, y Nariño. Esa estructura agraria se constituyó desde
siglos atrás y sobre ella se ha erigido el poder gamonal y clerical, gene-
71
raímente vinculado al conservatismo, aunque ésto tampoco sea exclusivo
de ese partido.2
*25
3

CUADRO No. 9

C A F E . P R O D U C C IO N Y S U P E R F IC IE S E G U N T A M A Ñ O D E L A S
U N I D A D E S D E E X P L O T A C I O N . 1955

T a m a ñ o d e lo s c a fe ta le s N ú m e ro d e F in c a s
S u p e r fic ie P r o d u c c ió n
a d u lto s
T o n e l.
No- 1% H e cts. 7#
M e n o s de 1 hectárea
77.245 36.3 39.573
D e 1.1 a 10 hectáreas 5.8 19.129
123.719 5.3
58.1 388.923 56.7
D e 10.1 a 50 hectáreas 207.639 57.9
11.429 5.4 198.947
D e 50.1 a 100 hectáreas 29.0 108.637 30.3
447 0.2
M á s de 100 27.120 3.9 13.734
130 3.9
31.677 4.6 9.422 2.6
TO TAL
100 358.561 100

CUADRO No. 10

C A F E . P R O D U C C IO N Y S U P E R F IC IE S E G U N T A M A Ñ O D E L A S
U N I D A D E S D E E X P L O T A C I O N . 1970

S u p e r fic ie

Hects.

M e n o s d e 1 h ectárea 38.159
16.962
D e 1.1 a 10 hectáreas 171.711 8.736
314.828
D e 10.1 a 50 hectáreas 74.422 159.349
440.412
D e 50.1 a 100 hectáreas 10.956 234.717
136.699
M á s d e 100 6.570 74.573
157.977
91.586
TO TAL
■---------- ------------------- * vw i1.067.067
.w / .u d / in n
Fuente: N * - de C * t e « . N n con e, Cntete.o 1970. 19^ nexo 2 . ^
568.943 100

23. S . Kalmanovitz. La A gricu ltu ra ..., p 89.

2 4 Ibid.

25. C. Ortiz, op. cit., p. 34.


72

Durante la época de la Violencia, buena parte de estos campesinos pobres


eran — tal vez con más fuerza en algunas zonas de Boyacá— la base fun­
damental de la Violencia conservadora, ya que estaban muy vinculados
con el Laureanismo. Como se sabe, en esas zonas la Violencia fue par­
ticularmente activa y, según ciertos investigadores, ello denotaría que exis­
te una vinculación directa entre Violencia y gamonalismo: es decir, que
donde había una articulación entre el campesino pobre y los caciques
locales y regionales, que son los personeros directos de los partidos políti­
cos y en el caso de la Violencia los encargados de azuzar los odios parti­
distas, la violencia fue bastante aguda.26

Estos campesinos pobres, víctimas y protagonistas centrales del proceso


de generalización de la violencia, constituyen la base fundamental, junto
con los gamonales y los terratenientes tradicionales, de aquella estructura
económica que Eric Hobsbawn designa como la sociedad pre-industrial,
el mundo arcaico o el ámbito de los rebeldes primitivos.27

Por supuesto, si existían campesinos medios y pobres, como se ha visto,


también existían campesinos ricos que se presentaban en aquellas zonas
donde la apropiación territorial no fue tan monopólica y se constituyeron
núcleos familiares relativamente prósperos, como el sur de Santander, el
occidente cafetero y parte de Caldas.28

Aunque estos campesinos constituían embriones del poder gamonalista, su


importancia era menor con relación a los típicos gamonales y caciques y
respecto también a los terratenientes tradicionales. Estaban aislados del
poder político veredal, comarcal, regional, el que estaba usufructuado por
los gamonales del bipartidismo.

Resumiendo, se puede señalar que el modo de producción capitalista se


convirtió en dominante en la formación social colombiana desde media­
dos de la década del cuarenta. Ese impulso y crecimiento notable del capi­
talismo se vio favorecido durante la Violencia, sin que ello signifique que
la maduración y consolidación del capitalismo sea un proceso lineal que
implique, por sobre cualquier condición específica, la destrucción absolu­
ta de relaciones sociales pre-capitalistas.

En el caso de Colombia, se observa que existe un desigual desarrollo del


capitalismo con una gama muy variada de clases y fracciones de clases. Si

\
73
bien la proletarización fue importante, la industria no tuvo la suficiente
capacidad para absorber la fuerza de trabajo expulsada del campo: una
parte de ésta se proletarizó pero otra se mantuvo vinculada a sus ances­
trales minifundios y pequeñas propiedades y siguió subordinada al poder
local de los gamonales de cualquiera de los dos partidos.

A nivel urbano se configuró una variada gama de sectores sociales, eufe-


místicamente llamados “ marginales” por cierta sociología en boga en los
años sesenta, que aunque de origen campesino y expulsados de sus pro­
piedades, no encontraron empleo ni en la industria ni en sectores de la
economía moderna, pese a que éstos se incrementaron durante la fase
considerada, pero no hasta el punto de absorber la totalidad de trabajo
expulsado de las zonas de violencia.

Migraciones Internas

Relacionada con aspectos demográficos, aunque en sentido estricto


impliquen otra serie de procesos y de elementos causales, se encuentra la
migración interna y la urbanización, fenómenos que adquirieron especial
relevancia durante las décadas del cuarenta y cincuenta.

El análisis que se efectuará a continuación intenta demostrar la existencia


de una vinculación directa entre migración-colonización-urbanización y el
proceso de violencia generalizada que se desató en el país desde mediados
de los años 50. Esto es necesario plantearlo claramente, pues existe una
corriente interesada en mostrar que prácticamente los migrantes llegan a
las ciudades por motivos psicológicos o razones parecidas y las ciudades
crecen porque sí.2*29
7

26. Esta interpretación la sostuvo con bastante fuerza Carlos Ortiz en la Tesis que venimos
citando, especialmente en la p. 34.

27. Eric. Hobsbawn Rebeldes Prim itivos. Editorial Ariel. Barcelona, 1967: L o s Bandidos.
Editorial Ariel. Barcelona, 1973.

28 C. Ortiz, op. cit., p. 35.

29. Esta es la explicación que predomina en los estudios de A S C O F A M E , co m o ya se seña­


ló al comenzar este capítulo.
74
De la misma manera, se sostiene en forma tendenciosa que el proceso de
urbanización es en realidad una variable independiente de la Violencia, ya
que como proceso general se encontraba en curso antes de los años cua­
renta y a la larga era inevitable el ensanchamiento de las ciudades. En
esta misma perspectiva se afirma que si las migraciones internas y la colo­
nización son un fenómeno intrínseco a la historia nacional, no hay que
sorprenderse por las migraciones de fines de los años cuarenta y los cin­
cuenta.30

Como se advierte claramente, este punto de vista escamotea el impacto


fundamental de la violencia sobre el crecimiento urbano y sobre los reaco­
modos permanentes de la población nacional. En Colombia el proceso de
poblamiento ha partido de diversos procesos colonizadores, entre los cua­
les el más conocido y mixtificado ha sido el antioqueño — que no es úni­
co, sino otro proceso colonizador más— e, igualmente, la urbanización
había avanzado significativamente en las primeras décadas del presente
siglo. Pero el salto espectacular en la evolución de esos procesos se pre­
sentó durante las décadas del cuarenta y cincuenta y estuvo ligado, en ge­
neral, a las regiones de más aguda violencia.

Por nuestra parte, analizaremos estas dos variables en forma paralela por
considerar que las dos están íntimamente relacionadas. Si partimos de los
flujos de población presentados durante la Violencia, vemos que esos
movimientos fueron permanentes y afectaron a distintas regiones del terri­
torio nacional. Según los datos proporcionados por los censos de 1951 y
1964 encontramos que entre los dos años considerados se produjo un mo­
vimiento migratorio que cobijó a 1.139.763 personas, cifra alta si se re­
cuerda que el censo de 1951 registró una población de 11.548.000 perso­
nas y el de 1964, de 17.484.000.

De mayor importancia en el estudio de las migraciones internas es consta­


tar las regiones y departamentos más afectados durante el período de la
Violencia. (Dicha información aparece en el cuadro N o. 11). A partir de
esa información se pueden establecer algunos elementos fundamentales
del proceso migratorio en el pais durante ese período. Entre 1951 y 1964
el saldo migratorio fue positivo para Atlántico, Magdalena, Antioquia,
Valle y Cundinamarca. En todos los otros departamentos el saldo fue ne­
gativo. La mayor afluencia positiva ocurrió en la región central, específi­
camente en Cundinamarca, que llegó a recibir más de un tercio de millón
de habitantes en la fase considerada. Ningún otro departamento captó
75
tal cantidad, aunque algunos como Valle y Antioquia recibieron un buen
número de inmigrantes (161.071 y 101.334 respectivamente). A la Costa
Atlántica llegaron cerca de 100.000 personas. En términos absolutos, los
departamentos que más perdieron población fueron Caldas y Tolima. Así
mismo, el saldo neto de la inmigración y la emigración fue superior a
100.000 personas solamente en tres departamentos: Caldas, Cundinamar-
ca y Tolim a.31

Esta es una parte del problema. La otra está relacionada con las principa­
les corrientes migratorias que se establecen espontáneamente. Aunque la
migración es prácticamente un fenómeno nacional que involucra a buena
parte del territorio colombiano incluyendo zonas lejanas e inhóspitas más
allá de la frontera agrícola, se hace más fuerte entre departamentos veci­
nos: hecho apenas elemental, pues la gente primero migra hacia las zonas
más próximas donde algunos se establecen y otros migran a zonas más le­
janas. Las principales corrientes migratorias se explican en función de
aquellos departamentos (cinco) que aumentaron su volumen poblacional:
crecimiento demográfico que está vinculado al éxodo desde zonas vecinas.

CUADRO No. 11

POBLACION NATIVA MIGRANTE DURANTE EL PERIODO


INTERCENSAL 1951-1964.

Departamento Distribución Porcentual Migración Intercensal

Inmigración Emigración Saldo Inmi­ Emi­


grantes grantes

Total 1.139.763 1.139.763 0 0 .0 0 0 100.0 100.0


Antioquia 1 101.334 58.122 43.212 8.9 5.1
Atlántico 64.307 27.431 36.876 5.6 2.4
Bolívar 37.273 104.047 — 66.774 3.3 9.1
Boyacá 43.709 117.511 — 73.802 3.8 10.3
Caldas 35.897 166.245 — 130.348 3.1 14.3
Cauca 29.347 37.867 — 8.520 2.6 3.3
Cundinamarca 374.083 67.132 306.951 32.8 5.9
Chocó 6.983 19.507 12.524 .6 1.7
Huila 20.701 40.509 — 19.808 1.8 3.6
Magdalena 84.909 32.001 52.908 7.4 2.8
Narifio 7.262 49.657 — 42.395 .6 4.4
Santander del Norte 22.736 28.999 — 6.263 2.0 2.5
Santander 28.563 81.041 — 52.478 2.5 7.1
Tolima 9.167 161.299 — 152.123 .8 14.2
Valle del Cauca 161.071 109.151 51.920 14.1 9.6
Intendencias y
Comisarías 112.421 39.244 73.177 9.9 3.4
Tomado da: “ Doa Estudio* sobre Planificación en Colombia R tv . <U Plantación y D esarrollo, 1972, p. 64. Tabla No. 3

30. Una crítica similar se encuentra en U. Cam po. L a Urbanización, p. 98 y s.s.

31. R. Cardona y A. Simmons, op. cit., p. 43-45.


Detallando por departamento los principales flujos migratorios, tenemos
el siguiente comportamiento en las zonas más importantes:

Cundinamarca: Formó, con algunas zonas aledañas, el principal sistema


migratorio. Recibió inmigrantes de Boyacá y Tolima, los cuales suminis­
traron un 50.3 de la afluencia poblacional. Otros dos departamentos veci­
nos, Caldas y Huila, aportaron el 16% del total. Santander originó un
10% de migrantes.

Valle del Cauca: Junto con otras zonas próximas, constituyó el segundo
eje migratorio. Recibió población que provenía primordialmente de Cal­
das (31.2%), de Cauca y Nariño 31.3% y del Tolima en un 10%.

Atlántico: Constituyó un tercer sistema. Recibió un 71.5% de migrantes


de Bolívar y Magdalena. En la región sobresalió el despoblamiento relati­
vo de Bolívar frente a los otros dos departamentos de la Costa Atlántica.

Antioquia: Junto con departamentos vecinos, Boyacá y Caldas, constitu­


yó un débil sistema migratorio. Recibió un pequeño número de migrantes
de Bolívar y el resto provenía de Caldas.32

Sintetizando el sentido de los flujos poblacionales se puede señalar que el


destino de los migrantes de los departamentos que perdían población era
el centro de desarrollo más próximo, como fue el caso de Bogotá respecto
a la población proveniente de Boyacá. Cuando una región se encontraba
entre dos polos de atracción de características similares, las fuerzas migra­
torias se dividían. Tal es el caso de Caldas cuyos flujos migratorios se
repartieron entre Cundinamarca 26.7%, Valle 30.2% y Antioquia 19.7%.
Igual cosa sucedió con los migrantes del Tolima, una parte de los cuales
marchó al Valle, 19.4%, y la otra migró hacia Bogotá y Cundinamarca,
50.7%.33 El sentido de esos flujos migratorios queda reflejado en el mapa
N o. 1.

De igual manera, el gráfico No. 1 indica los principales componentes que


contribuyeron al crecimiento demográfico en cada departamento, desta­
cándose claramente los focos de atracción y expulsión de poblaciones, ex­
plicadas líneas atrás. (Véase gráfico N o. 1, Componentes del crecimien­
to...). De la misma forma los mapas 2, 3 y 4 señalan claramente la rela­
ción entre los flujos migratorios con las principales zonas de atracción
señaladas.
77
MAPA No I

P R IN C IP A L E S CORRIENTES MIGRATORIAS EN COLOMBIA


1.964

"ECONOM IA Y V IO L E N C IA "

Fuente: Censo de 1.964


Tomado de: REVISTA DE p l a n EACION, Diagnostico... Op.C.t.

32. Ibid.

33. Ibid, p. 49.


79
M APA No 2

INMIGRANTES EN LAS CUATRO ZONAS DE ATRACCION (Miles)


1.951 -1.964

" e c o n o m ía y v io le n c ia "

Tomado de; Revista de Planeación Nacional


80

M APA N. 3

Tomado de: Revista de Planeacion Nacional op. cit


81

MAPA No 4

Tomado de: R evista de Planeación Nacional.


82

Pero para nuestros propósitos es mucho más significativo indicar la forma


como las migraciones internas incidieron dentro de la P E A . En tal senti­
do, el cuadro N o. 12 señala los saldos migratorios de la PEA por de­
partamentos.

CUADRO N*. 12

SALDOS MIGRATORIOS DE L A POBLACION


ECONOMICAMENTE ACTIVA PARA LOS DEPARTAMENTOS.
1951, 1964, 1951-1964

Departamentos 1931 1964 1931-1964

Antioquia 86.151 63.785 22.366


Atlántico 36.899 49.139 12.240
Bolívar 28.027 55.269 33.142
Boyacá 118.673 158.788 40.115
Caldas (i) 38.306 0)
Cauca 24.326 26.983 2.657
Córdoba (2) 5.900 (2)
Cundinamarca 74.907 171.843 157.585
Bogotá, D.E. (2) 404.335 (2)
Chocó 3.420 12.007 8.587
Huila 8.067 14.076 6.009
Magdalena (1) 31.154 (l)
Meta (2) 37.346 (2)
Nariño 28.543 51.110 22.657
Norte de Santander 7.410 11.824 4.414
Santander 9.000 38.006 29.006
Tolima 16.347 86.498 70.151
Valle del Cauca 184.984 206.155 21.171

Fuente: PUneadón Nacional, -Ptaqnflcfcn * «p. ck„ p. 44.


1. Loe dato* de 1951 para la P.E.A. per lepe de nacimiento y por lugar de residencia no
son confiables
2. No eran departamentos 1951
ea

A partir de esta información ae puede indicar que los departamentos con


un mayor desarrollo relativo dentro del país — de alguna forma vincula­
dos con fenómenos de Violencia— , los cuatro focos mencionados atrás
(Antioquia, Cundinamarca, Valle y Atlántico), presentaron saldos migra­
torios positivos entre 1951 y 1964, y además concentraron en ese período
el 81.6% del valor agregado.34

Del cuadro anterior se puede concluir que un buen porcentaje de los mi­
grantes pertenecía a la P E A , hecho lógico si se tiene en cuenta que en las
zonas agrarias los afectados por problemas de Violencia correspondían,
en término medio, a campesinos y pequeños propietarios vinculados direc­
tamente a la producción. Así, en las zonas de minifundio, fueron afec­
tados principalmente los campesinos pobres: en las zonas cafeteras, tanto
los pequeños propietarios como los recolectores de café:35 en los Llanos
Orientales, los peones de los hatos y los fundos:36 y, en el Valle, muchos
campesinos y pequeños propietarios se convirtieron en colonos que abrían
trocha en otras zonas del pais.37
83
Si se observan los datos específicos sobre la inmigración por profesiones,
encontramos que las cifras más elevadas estaban en el ramo de la agricul­
tura-ganadería y servicios personales (categoría muy difusa que parece
significar servicios de tipo doméstico y actividades parecidas), que repre­
sentaban una cifra de 761.465 personas, correspondientes a un poco más
del 50% del total de inmigrantes.

Con toda esta información, que muestra algunas tendencias fundamenta­


les, ya se pueden extraer algunas correlaciones con las zonas más afecta­
das por la Violencia. En primer término, se debe señalar que el movimien­
to migratorio generalizado en el país es relativamente reciente. Si bien el
censo de 1951 indicaba que el 85% de la población residía en el lugar de
nacimiento, para el censo de 1964 los índices de migración se mostraban
significativamente altos: en Caldas, Tolima, Bolívar, Boyacá y Valle del
Cauca. Casi un tercio de los migrantes se radicaron en Cundinamarca:
46% en el Valle del Cauca, Antioquia, Magdalena y Atlántico; el resto
en las Intendencias y Comisarías.38
C U A D R O No. 13

TO TAL DE INMIGRANTES INTERDEPARTAMENTALES


POR OCUPACION 1954

OCUPRCODC Inmifruitcs Inmigiuua/Rei. (%,

Profesionales, técnicos
y Directivos: 139.025 41.40
Empleados: 90.595 38.26
Vendedores: 119.710 41.44
Agricultores, ganaderos: 416.504 17.16
Mineros: 7.839 18.40
Conduct. Transp.: 57.769 37.37
Artesanos, operarios: 271.314 32.47
Obreros en general: 21.690 35.94
Servicios personales: 244.961 42.64
Otros: 86.609 48.54
Total: 1.456.016 28.36

Fuente: Eduardo Am aga. “ Movimiento migratorio en Colombia” , p. 62.

34. Departamento Nacional de Planeación. "La Población en C olom bia ...” , p. 44.

35. Carlos M. Ortiz. Estado y subversión en C olom bia. L a Violencia en el Quindío, años
cincuenta. C ER EC Editores. Bogotá, 1985.

36. Eduardo Franco Isaza. Las guerrillas del Llan o. Ediciones Hom bre Libre. Medellín, se­
gunda Edición, 1976.

37. U. Cam po. Urbanización y Violencia en el Valle, op. cit., pp. 84 y s.s. Alfredo Mola-
no. L o s A ñ os del Tropel. C ER EC Editores. Bogotá, 1985. M ateo Mina. Esclavitud y L i ­
bertad en el Valle del R ío Cauca. Ediciones La Rosca. Bogotá, 1975.

38. Eduardo Arriaga. “M ovim iento migratorio interno en C olom b ia ...”, p. 62.
84
¿Acaso fue pura coincidencia que justamente en las zonas más afectadas
por la Violencia se originaran las principales corrientes migratorias? Los
departamentos indicados lo fueron y de ellos el que probablemente menos
sintió ese impacto fue Bolívar, aunque no del todo, ya que Córdoba
— que para esa época pertenecía a aquel— , resultó afectado por la V io­
lencia de los años cincuenta en su parte sur, limítrofe con Antioquia.

Existe, entonces, una directa correlación entre migración y Violencia, que


no puede pasar desapercibida en cualquier intento de estudiar los fenóme­
nos demográficos de los años cincuenta.
r - :)'
En segundo lugar, se debe mencionar que en algunas regiones del país la
migración adquirió el carácter de éxodo masivo. Tal como aconteció, por
ejemplo, “ en una zona central que empieza en los Llanos de San Martín,
abarca zonas del Norte del Huila, la parte Norte y Central del Tolima, los
municipios limítrofes de Cundinamarca, amplias regiones de Caldas y la
mitad del Norte del Valle” .39 En Caldas, quince municipios registraron
una disminución absoluta de 59.000 hombres: en Tolima, 26 municipios
perdieron un total de 70.000 hombres; y de 20 municipios emigraron
118.000 hombres adultos.40 Nuevamente todas estas zonas fueron los más
drásticamente afectadas por la Violencia.41

En tercer lugar, dentro del proceso migratorio hay que distinguir variantes
y fases. Es decir, que existieron diversos tipos de migraciones que iban
desde una campo-campo — poco estudiada, y que tenía que ver con los fe­
nómenos de colonización y recomposición campesina— , a una migración
hacia ciudades “ refugio” , desde donde luego se migraba a otros sitios
distantes: por último, se presentaba la migración a grandes ciudades (Bo­
gotá, Cali y Medellín) donde se establecía la población. Encontramos un
complejo proceso de transformación social que entrelazaba varios eslabo­
nes de una misma cadena: de campesinos a semiproletario, proletario, ha­
bitante de la ciudad o colono.42

Urbanización

El acelerado proceso de urbanización del país también es un fenómeno


reciente ligado a las corrientes migratorias analizadas antes que, a su vez,
son resultado de la Violencia y de las contradicciones sociales existentes
en el campo (véase mapa N o. 5, de ciudades principales). Por esta cir-
85
cunstancia, para entender la dinámica urbana del país en la fase de la
Violencia no es suficiente con constatar el crecimiento de las ciudades, la
“ terciarización” o la “ macrocefalia” urbana, etc.: en fin, todos los fenó­
menos que acompañaron la urbanización de Colombia, no pueden ser
entendidos al margen de lo que acontecía en los campos de donde proce­
día la fuente poblacional que nutría las ciudades. Siguiendo a U. Campo,
podemos entonces decir que existe una estrecha relación entre los aconte­
cimientos de las zonas agrarias y los sucesos urbanos.323 Esta es la tesis bá­
1
0
4
9
sica del análisis que sigue a continuación.

Y a indicamos al comienzo de este capítulo la forma como se modificó


a nivel nacional, en el breve lapso de veinte años, la distribución espacial
de la población, concentrándose la mayor parte de ésta en las ciudades.
En dicho tiempo la población urbana pasó de menos del 40% a ser el
52%.44 Esta es sólo la manifestación global del fenómeno de urbaniza­
ción, ya que existen otros elementos distintivos de ese proceso.

Por ejemplo, en 1938 sólo existían tres ciudades importantes, a las que en
1951 se sumaron Cali, Bucaramanga y Cartagena, y en 1964 se agregaron
Manizales, Armenia, Pereira, Cúcuta, Ibagué y Palmira. En total, en
1964 existían doce centros urbanos con una población superior para cada
una de ellas a 100.000 habitantes. Además, estas nuevas ciudades se ubi­
caban principalmente en la zona central y occidental del país.45

39. U. Cam po. La Urbanización..., pp. cit. 31.

40. Ibid.

41. Los testimonios recogidos por A. M oiano señalan, entre líneas, la relación existente en­
tre el proceso migratorio y la Violencia, y la persecución política partidista durante los
años cincuenta. Cf. Los años del Tropel, op. cit.

42. U. Cam po. La Urbanización..., p. 62.

43. U. Campo. Urbanización y Violencia, p. 17.

44. U. Cam po. L a Urbanización..., p. 16-17.

45. Ibid., p. 17.


86

MAPA No 5

COLOMBIA
CIUDADES IMPORTANTES Y TASAS DE CRECIMIENTO
L95I -1.964

Tomado d e : Ramiro Cardona, Alan B. Simons, Op, cit.


87
De igual manera existían en el lapso de 1951-1964 más de 130 ciudades y
poblaciones que duplicaron su población. Esos centros se localizaron así:
10 en la costa Atlántica; 6 en la Pacífica; 15 en el Huila, Nariño y Cauca;
100 entre el sur de Antioquia, centro de Boyacá, Cundinamarca, Caldas,
Valle y Norte del Tolim a.46 Consiguientemente, se puede señalar que esa
“ explosión urbana” se presentó en la zona centro-occidental del país, una
de las más directamente afectadas por los fenómenos de Violencia. La
urbanización de esta zona central del país tuvo varias características nota­
bles, entre las que se pueden mencionar: a) Desarrollo de suburbios, que
se extendieron alrededor de las grandes ciudades, denominados por algu­
nos autores como “ cordones de miseria” ; b) Del primer elemento men­
cionado se desprende lo que Urbano Campo denomina la con u rba n iza -
cióti, o sea la unión físico-espacial de dos o más poblaciones por el relle­
no del sector rural que antes las separaba; c) Aquellos pueblos que fluc­
tuaban entre 5.000 y 10.000 habitantes, presentaron un mayor crecimie-
to.47 Pero la pérdida absoluta de población de muchos caseríos y munici­
pios también se presentó durante el período de la Violencia. Otra vez la
zona central del país fue la más afectada por ese fenómeno de “ despobla­
ción” . A l respecto el mapa No. 6 indica tanto las zonas afectadas por la
pérdida de habitantes como aquellas que recibieron gran cantidad de mi­
grantes (véase mapa No. 6. Movimientos demográficos Campo/Ciudad).

Aunque desde el punto de vista relativo el desarrollo de los grandes cen­


tros urbanos haya sido menor en comparación a la urbanización de pe­
queñas poblaciones y ciudades intermedias, fue de todas formas notable
en el período considerado (véase mapa No. 5 Ciudades principales y tasas
de crecimiento).

Es destacable en ese proceso el caso de la capital, que afianzó su predomi­


nio centralista en las diferentes actividades de la vida nacional. Es decir
que la Violencia reforzó ese proceso de centralización política y de mono­
polio de obras, instituciones y servicios. Sobre la forma como el proceso
de la Violencia impactó a Bogotá, es pertinente conocer la opinión de un
investigador extranjero que, sin tener una visión crítica de la sociedad,
señala la tendencia fundamental en estos términos:

46. Ib id ., p. 27.

47. Ib id ., p. 29.
88
MAPA N« 6

M O V IM IE N T O S DEMOGRAFICOS CAMPO-CIUDAD
Poriodo L95I-L964.

"ECONOMIA Y v i o l e n c i a "

• Centros urbanos que registran una duplicación de población


Municipios que registran una disminución de población rural del orden d »
//, 1 0 % a 30%
30% a 70%

Ibmado da: Urbano Campo, op. cit. pg 28


89

“ ...L a Violencia alteró la oferta de tra ba jo d e la capital. N o sólo


gran n ú m ero de personas se trasladaron de allí para huir d e la v io ­
lencia sino q u e m uchas n o quisieron regresar a los cam pos, aunque
en la ciudad tuvieran un ingreso in ferior a las tasas de los salarios
rurales. A p a ren tem en te d eb id o a estos d os fa cto res la oferta d e m a ­
n o de obra creció desm esuradam ente y n o f u e igualada p o r la d e­
manda, lo q u e tu v o c o m o consecuencia una dism inución de los sala­
rios tradicionales a p rin cip ios de la década del 50. L o s efectos c o n ­
trarios surgidos a finales de ésta, p o s ib le m e n te se presentaron cuan­
d o después de calmada la Violencia el ritm o de la oferta d e trabajo
se to rn ó m ás l e n t o " . 4*

El tan mentado centralismo de Bogotá, consolidado aún más en el perío­


do que venimos comentando, se manifestó no sólo en la industrialización
de la postguerra, sino también en la aparición de grandes sociedades fi­
nancieras y un amplio mercado de capitales. Además la amplitud que ad­
quiría el Estado, tanto desde el punto de vista funcional como institucio­
nal, se expresó en el incremento de la importancia económica y demográ­
fica de la ciudad.49

Ahora bien, se debe resaltar que el crecimiento de las ciudades no estuvo


acompañado por un proceso de industrialización de la misma intensidad,
que tuviera la posibilidad, como en el caso del capitalismo clásico inglés,
de absorber la mayor parte de la fuerza de trabajo obrera calificada, que
intermitentemente regula la oferta y demanda de fuerza de trabajo. Por el
contrario, en el país se presentó un desarrollo urbano similar al de la-tota­
lidad de los países latinoamericanos, caracterizado por la “ terciarización”
de las actividades económicas y por una configuración espacial de cordo­
nes de miseria alrededor de las grandes urbes. Tal proceso constituye, en­
tonces, una forma su i géneris de urbanización capitalista en Colombia,
porque una cosa debe quedar clara: si bien es cierto que la expulsión agra­
ria no se materializó directamente en proletarización, fundamentalmente
por la incapacidad de absorción industrial de la fuerza de trabajo expul­
sada, eso no significa que las relaciones capitalistas no se hayan hecho
dominantes en la formación social colombiana.

48. Alan T. Udall. “ Tendencias Históricas de la migración, de los salarios y del desempleo
en B ogotá", en R. Cardona (Editor). Colombia: D istribución espacial..., p. 72.

49. Alan Gilbert. “La Concentración Industrial y su impacto en el crecimiento de las ciudades
colombianas", en R. Cardona (Editor), op. cit., p. 129
90

Esto es lo que no parecen entender ciertos críticos de la teoría que sostie­


ne la primacía del desarrollo capitalista durante la violencia. Arguyen
que ios campesinos desplazados se convirtieron en habitantes citadinos
“ marginales” o migraron a otros sitios en calidad de colonos. En una
forma extrema se llega a sostener que en las regiones donde más fuerte
es la expulsión de campesinos, como en la cafetera central, no surgieron
industrias importantes.50

Esta visión restringe la posibilidad de analizar el proceso de acumulación


de capital en el ámbito global de un país y en directa relación con el papel
que cumple el Estado Capitalista. Además, queda prisionera de los fenó­
menos que ocurren en cierta región, desconectándolos del conjunto de
procesos económicos y políticos nacionales, e incluso mundiales, que ocu­
rren en los años cincuenta.

Finalmente, hay que recalcar que existió una relación directa entre la V io­
lencia, migraciones internas y urbanización. Esta serie de procesos “ coin­
cidieron” en la zona central del país en un mismo período de tiempo,
durante cerca de veinte años. El autor que más se ha preocupado por es­
tablecer relaciones entre todos los procesos mencionados es Urbano Cam­
po, que ha establecido un cruce geográfico — espacial de todas las varia­
bles señaladas. La síntesis de su trabajo se encuentra presentada en el
mapa No. 7.

Haciendo un balance de su propio estudio, el autor mencionado concluye


que durante el período de la Violencia se presentó un proceso encadenado
que comprendió:

“ L u ch a s p o r la tierra, desarrollo im p etu oso d el cultivo d e café, ex­


p u lsión violenta d e los p e q u e ñ o s p rod u ctores, éx o d o rural hacia la
ciudad p rotectora , inversiones de las ganancias del c a m p o en la in­
dustrialización: tales s o n los fe n ó m e n o s básicos y los m o to re s q u e
im pulsan la urbanización del país durante los años cuarenta” . 51

Proceso contradictorio permeado por la lucha de clases y en el fondo del


cual se configura en Colombia la estructura actual del “ capitalismo sal­
vaje” .
91
MAPA No 7

S IN T E S IS

"ECO NO M IA Y VIOLENCIA"

\fS lí \ •)

\ . .......> ___ 7
< /

J¿bz?'r*o i, >

• * • Regiones de mayor impacto del


• • * fenómeno urbano

RegiQnes de permanente despor


w blamiento rural en su máxima -
intensidad.
Zona ca fetero principal.
.-*» Geografía de ia expulsión violenta
^ ^ del campesinada

Tomado d«: Urbano Campo, op. clt. pg 4 9

50. Este es el argumento de C. Ortiz, muy diferente al que sostuvo en su prim er trabajo de
1977, que se encuentra en su libro: Estado y Subversión en C olom bia, reproducido.
Igualmente en G. Sánchez y R. Peñaranda (compiladores). Pasado y Presente de la
Violencia en C olom bia. C E R E C Editores. Bogotá, 1986, pp. 267-303.5
1

51. U. Cam po. L a U rbanización..., p. 65.


92

Colonización

Diferentes estudios sobre la agricultura colombiana han establecido


que en el país la “ solución” del problema agrario fue escamoteada para
los campesinos mediante la apertura de frentes de colonización bajo los
auspicios del Estado, sin repartir ni un centímetro de tierra. La ley 100 de
1944 ratificó la consolidación de la gran propiedad y la ampliación de la
frontera agrícola por parte de los campesinos desarraigados de sus mise­
rables parcelas. Pues bien, durante el curso de la última parte de los años
cuarenta y las décadas posteriores, ese proceso de apertura de nuevos
frentes de colonización y de ampliación de la frontera agrícola se diversi­
ficó y adquirió un mayor grado de complejidad.

Entre los factores que contribuyeron a expandir la colonización se deben


destacar: de una parte, la política agraria general del Estado colombiano
que adoptó esa vía como la “ solución” óptima a la monopolización de
tierras por parte de los terratenientes tradicionales y la conversión de la
hacienda tradicional en hacienda capitalista: y, de otra parte, el proceso
de guerra civil que se vivió en los campos desde mediados de los años
cuarenta.

Y a desde la campaña presidencial de Ospina Pérez éste fue enfático en


destacar los aspectos fundamentales de su política agraria, que partía de
un apoyo tácito a la Ley 100 y una continuación de la política agraria de
las últimas administraciones liberales, cuyo objeto último era la consoli­
dación del desarrollo gran burgués de la agricultura colombiana. Conti­
nuando con esa política de los liberales, Ospina llegó mucho más allá y
durante su administración dio un impulso especial al reforzamiento de la
gran propiedad y de apoyo oficial a los procesos de colonización. Para el
efecto creó el Instituto de Parcelaciones, Colonización y Repoblación
Forestal en el año de 1948. Dicho organismo debía encargarse de fortale­
cer la gran propiedad mediante la concesión de incentivos especiales y el
impulso de la colonización. Es interesante conocer el pensamiento de su
primer gerente, el conservador José Jaramillo Montoya, quien anunciaba
los objetivos del nuevo instituto, como para que no quedaran dudas de
sus propósitos, haciendo una crítica abierta a la Ley 200 de 1936, dictada
bajo el gobierno liberal de A lfonso López Pumarejo. A l respecto sostenía
el mencionado funcionario:
93
“ L a L e y 200 d e 1936... causó g ra ves p erju icio s a la agricultura c o ­
lom bia n a p o r su errada interpretación, q u e m o t iv ó la dism inución
d e los cu ltivos agrícolas. E l p rop ieta rio rechazó, entonces, el trabajo
d e agregados y cultivadores, ante el tem o r d e con flictos litigiosos,
reclam aciones y dificultades... C o m o consecuencia los ca m p os f u e ­
ro n abandonados, d ism in u yó la p ro d u c c ió n y las ciudades se vieron
invadidas p o r cam pesinos q u e buscaban tra ba jo en las obra s p ú b li­
cas, industrias, burocracia, cu ando n o ingresaban al g re m io de los
desocupados, ya q u e el espíritu u rba n o les atraía con to d o s Sus hala­
gos (. . . )” . »

Seguidamente, efectuaba una serie de anuncios demagógicos sobre la ne­


cesidad de realizar parcelaciones y promover el regreso de los campesinos
a sus tierras, pero, desde luego, sin considerar para nada la posibilidad de
subdividir las grandes propiedades, sino sugiriendo simplemente la parce­
lación de propiedades públicas y de baldíos. Finalmente, remataba su
análisis retomando el problema de la colonización, que no dudaba en
aplaudir como un remedio recomendable para los males sociales que tenía
el país y especialmente el campo colombiano. Concretamente señalaba:

“ E n relación con la obra realizada p o r la colon iza ción ( . . . ) después


d e pacientes ensayos e investigaciones se ha logrado hacer p ro d u cir
extensas áreas de terrenos, antes com p leta m en te baldías. D e s p u é s de
las p rim era s realizaciones en parcelaciones p o d r e m o s dedicar espe­
cial atención a la colonización en la cual se encuentra el b en eficio de
q u e ésto ayudará a los cam pesinos q u e con algunas posibilidades
quieran dedicarse p o r en tero a la agricultura o a la ganadería. Y en
esto se presenta la op ortu n id a d de cola bora r en la ayuda d e nuestra
eco n o m ía co n el a p rovech a m ien to d e lo s baldíos d e la n a c ió n ” . 53

Esta política oficial de colonización se reforzó con la expulsión de milla­


res de campesinos de sus parcelas, que constituyeron el eje de los movi­
mientos migratorios que se dirigían a las ciudades o a otras zonas agrarias
del país para ampliar la frontera agrícola. Así el segundo proceso no siga

52. La Ley de tierras ocasionó “el abandono del cam po y la parcelación lo repoblará”. E l
Siglo, septiembre 18 de 1948.

53. Ibid.
94

inmediatamente a la expulsión de sus parcelas, sí fue una causa eficiente


del posterior “ auge” colonizador que tomó fuerza a fines de la década
del cincuenta y se convirtió, de la misma manera, en uno de los presu­
puestos de la reforma agraria de comienzos de la década siguiente.

Para darse cuenta de la magnitud del proceso colonizador, tanto espontá­


neo como “ planificado” en el territorio colombiano, es pertinente mos­
trar esquemáticamente las zonas que englobaba durante los años sesenta.
Según estudios del geógrafo E. Guhl, la colonización presentaba los si­
guientes frentes a nivel de los departamentos:
CUADRO No. 14

Z O N A S DE C O L O N IZ A C IO N A N IV E L D E P A R T A M E N T A L
(D E C A D A D E L 60)

Departamento Zonas

Antioquia Valle del rio Magdalena'


Bajo Cauca
Nechi
Costa Antioquefla
Macizo Andino del Baudó de Jaramillo en la
cordillera Occidental.
Darién Antioqueño y carretera al mar.
Cordillera Occidental en la región de Urrao.
Bolívar Serranía de San Lucas
Valle d d río Magdalena.
Boyacá Territorio Vásquez.
Vertiente Oriental de la Cordillera Oriental,
Casanare Caldas, Cordillera Occidental, Ver­
tiente chocoense, Valle del río Magdalena en
muy pequeñas extensiones.

Cauca A lto Caquetá-Macizo Colombiano Cordillera


Occidental y Costa del Pacífico.
Córdoba Montaña del Alto Sinú, Montañas dd A lto río
San Jorge.
Cundinamarca Sumapaz y baja veniente sobre el río Magda­
lena.
Chocó El Darién.
Huila Macizo Colombiano-Moscoyen, Villalobos,
Cordillera Oriental sobre el departamento dd
Meta y Caquetá.
Magdalena Sierra Nevada de Santa Marta
Serranía de los Motilones, Montes de Oca,
Valle dd río Magdalena.
Meta Sumapaz y rio Duda.
Nariflo Cordillera Centro-Oriental, vertiente exterior
y Occidental, Llanura dd Pacífico.
Norte de Santander Seiranía de los Motilones, Catatumbo y Cara-
re-Opón.

Santander Valle dd Magdalena - Tunebia.


Tolim a Vertiente del Nevado del Huila y Sumapaz.
Valle del Cauca Cordillera Ocddental y Valle del río Garra­
patas.
Guajira Dibulla y Montes de Oca.
Arauca Piedemonte Amazónico.
Putumayo Piedemonte Amazónico, Orito, Caldero,
Guamuéz, R io de San Juan.
Vaupés San José d d Guaviare - El Retomo.

Tom ado de: DAÑE. B oletín M ensual de Estadística, 1971.


95
Gran parte de estos focos colonizadores se abrieron desde finales de los
años cuarenta y se ampliaron en los años cincuenta. Los testimonios que
han sido recogidos entre sobrevivientes de las primeras oleadas coloniza­
doras así lo indican.54

Nuestra propia consulta de prensa de finales de los años cincuenta mues­


tra también cómo, sobre todo después de la caída de Rojas Pinilla, a nivel
de las esferas gubernamentales se empezó a considerar la colonización
como la mejor forma de redimir de la Violencia a los campesinos afecta­
dos. Por supuesto que el tema no se planteaba en esos términos, sino que
se le rodeaba de toda una explicación eminentemente ideológica que se
afanaba por recalcar las buenas intenciones pacificadoras del Frente N a­
cional en comparación con el “ totalitarismo” de la dictadura.

Nada se decía del verdadero origen de las masas de campesinos migrantes


que se disponían a ampliar la frontera agrícola del país. Tampoco se men­
cionaba el tema de la Violencia política, partidista y sectaria que afectaba
a cientos de millares de labriegos humildes.

Todo era obra y gracia de los buenos propósitos del gobierno y los parti­
dos. La colonización no estaba ligada, según el discurso oficial, con los
problemas reales que generaba el desarrollo del capitalismo ni con el con­
flicto de clases sociales en el campo colombiano.

Demográficamente la colonización ha tenido efectos sobre la estructura


poblacional del país, ya que ha implicado el reacomodamiento espacial en
zonas inhóspitas donde no existía prácticamente ningún rasgo de presen­
cia estatal.55

Sólo hasta cuando los antiguos bosques y selvas fueron “ civilizados” ,


emergió la presencia estatal o de los partidos políticos. Este proceso en
los años posteriores no se ha detenido, hasta el punto de que algunos

54. Cf. El excelente testimonio recogido por A. Molano. "D e la Violencia a la Colonización.
Un testimonio colom biano", en Estudios Rurales Latinoamericanos. Vol. 4, N o. 3,
Septiembre-Diciembre de 1981, pp. 257-285

55. William Ramírez. "La Guerrilla Rural en Colom bia: Una Vía hacia la Colonización Arm a­
da", en Estudios Rurales Latinoamericanos. Vol. 4, N o. 2. M ago-Agosto de 1981, p.
199 y s.s.
96
autores consideran a la guerrilla como impulsora de la colonización arma­
da, que ha servido para modernizar y forzar la acción estatal en regiones
alejadas del centro del país, que de otra manera no recibirían la más míni­
ma atención gubernamental.56

Resumiendo, podemos decir que la Violencia de los años cincuenta tuvo


repercusiones directas en la oleada colonizadora que ha vivido el pais des­
de entonces. A lfredo Molano puntualiza que la colonización,

“ ...t u v o c o m o resorte principal la violencia partidista, ya q u e usual­


m en te las m otiva cion es políticas en cu brieron el d e s p o jo de tierras, la
concentración d e las m ism as y la expulsión d e cam pesinos. A s í suce­
d ió en el Valle del Cauca, en algunas zonas cafeteras y en n o p oca s
regiones d e la costa. L a persecución a los cam pesinos y aún su p r o ­
p ia defensa — p ro ceso s q u e tenían su p ro p ia dinám ica — , n o deben
oscurecer el resultado fin a l: el c a m b io de p ro p ie d a d de m u ch os p r e ­
dios. Tanto los p ersegu id os c o m o los defendidos, p erd ieron sus tie­
rras a m a n os d e los gam onales, q u e lo atacaban o los protegían.
M u c h o s d e estos cam pesinos se unieron a g ru p o s guerrilleros de u n o
u o tro ba n d o y se internaron p o r razones d e sobreviven cia física y
social, en lugares inhóspitos reputados c o m o baldíos. A s í se inicia la
colonización del Valle M e d io del M a g d a len a y B a jo Cauca, tam bién
de buena p a rte del p ie d e m o n te llanero desde Támara y Pa ja rito,
hasta G ranada y F u en te d e O r o ” 57

En el período de la Violencia (1945-1966) se desarrolló un intenso proceso!


colonizador, motivado por factores económicos y políticos que ocasiona­
ron la expansión de la frontera agrícola. Esa incorporación de zonas “ in­
civilizadas” a la vida económica nacional — aunque muchas de esas regio­
nes hayan seguido siendo muy marginales— no fue, desde luego, idéntico.
En verdad cada proceso ¿olonizador tuvo sus propias características, en
concordancia tanto con las motivaciones de los migrantes — toda su cultu­
ra, sus hábitos e historia— como con las formas socio-culturales de los
habitantes locales de la frontera recién abierta (que por lo general eran
indígenas). De ese complejo contacto resultaron los diversos tipos de colo­
nización, unos más “ pacíficos” que otros, pero todos en general signados
con la imborrable impronta de la Violencia.58
97

Mortalidad

El último factor que debe ser considerado en el estudio demográfico


de la Violencia es el relacionado con los niveles de mortalidad alcanzados
en ese período. En verdad, la mortalidad debió constituirse en la variable
inicial del análisis, ya que ésta muestra, como ningún otro indicador, el
verdadero carácter alcanzado por determinado proceso de Violencia.

Sin embargo, como el interés de éste capítulo no ha consistido tanto en


efectuar un exhaustivo análisis demográfico en el sentido convencional del
término — en cuanto tienen que ver con pirámides de edades y estructura
interna de una población— , sino en mostrar las repercusiones generales
que en la distribución espacial de la población generó el proceso de V io­
lencia (por eso consideramos las migraciones, la colonización y la urbani­
zación), hemos constatado que algunas apreciaciones sobre la mortalidad
se convierten en punto de llegada para rematar el análisis efectuado pre­
viamente. Para concluir, así, que la causa principal del gran éxodo pobla-
cional que conoció el país desde mediados de los años cuarenta estaba
vinculado, primordialmente, con fenómenos de Violencia y no con otro
tipo de circunstancias (psicológicas o de racionalidad económica, por
ejemplo).

Establecer una cifra así sea aproximada del número de muertos que dejó
la Violencia es bastante difícil, por lo cual los investigadores coinciden en
señalar que al respecto tan sólo se pueden establecer tendencias antes que
cifras exactas.5
89
7
5
6

56. Ibid.

57. Alfredo Molano, “ Violencia y colonización". En Revista F o ro , N o. 6, jun io de 1988,


p. 26.

58. Ib id ., p. 28.

59. Información sobre la cantidad de muertos que dejó el proceso de Violencia de mediados
de siglo se encuentra en : Germán Guzmán et. al., L a Violencia en C olom bia. T om o I,
Editorial Tercer M undo, Bogotá, 1962, pp. 287 y s.s.'Paul Oquist, Violencia, C onflictos
y P olítica en C olom bia, Editorial Banco Popular. Bogotá, 1978, pp. 84 y s.s. J. Hen-
derson, op. cit., pp. 315-16.
98

Según las apreciaciones de Paul Oquist, quien se basó en informaciones


proporcionadas por la Compañía Colombiana de Datos, durante el perío­
do comprendido entre 1946 y 1957 se produjeron en el país un total de
168.451 muertos, discriminados a nivel regional en la forma como lo indi­
ca el gráfico N o. 2.

G R A F IC O N . 2

'ECONOM IA Y VIO LEN CIA"


45

MUERTOS POR VIO LENCIA


40 Dato» »ntr» 1946 a L957

D tp to M u » rt «

I® Antiguo Calda» 4 2 .8 0 5
35-
2®Tolima 2 9 .9 2 6
39 Antloquia 2 5 .2 7 8
4® Nort» d» Santander 20209
59 Santander 18812
30- 6 9 Valí» d»l Cauca 12.687
7 « M » ta 5.649
89 Boyoca 5.199
99 Hulla 3.982
109 Cundinomarca 3904
25
TOTAL 168.451

20-

10-

5-

|9 29 39 4» 5» 6* 79 8» 99 109

F u * n tt: PAUL OQUtST, V I0 l£ N C lA , CONFLICTO Y P O L IT IC A EN CO LO M B IA ,


99
L o interesante es constatar cuales fueron las regiones más afectadas por la
Violencia. Sobresalen, en primer lugar, el Viejo Caldas, luego el Tolima
y después Antioquia. S; se compara esta información con los datos men­
cionados en las secciones anteriores, se podrá notar una cosa significativa:
los mayores focos de Violencia partidista son los mismos en donde los
procesos de migración y crecimiento de las ciudades fueron más marca­
dos, salvo el caso excepcional de la Costa Atlántica. Los otros se constitu­
yeron en zonas de expulsión y de atracción de migrantes.

Sorprende particularmente el caso del Antiguo Caldas, donde se presenta­


ron a la vez las cifras más elevadas de mortalidad y las de despoblamiento
(como ya vimos antes) y, económicamente, se concentró la producción
cafetera que nunca se vio alterada por la Violencia sino que, por el con­
trario, se alimentó y nutrió con ese proceso.

Hay que señalar que existe otro factor adicional, íntimamente vinculado
con procesos de violencia: el número de parcelas perdidas. Es apenas lógi­
co suponer que un buen número de labriegos, ante constantes amenazas
y el temor de perder sus vidas, dejaban abandonados sus predios. Eso ex­
plica, entonces, que no en todos los casos la variable de mortalidad refleje
exactamente la magnitud del efecto de la Violencia, como acontece en el
caso del Valle, Boyacá y Cundinamarca. Considerando el número de par­
celas perdidas, se puede constatar su importancia en el desarrollo de la
Violencia, (como se indica en el gráfico No. 3). Asi las cosas, queda un
poco más claro el origen de la migración acelerada a Bogotá de gran nú­
mero de campesinos provenientes de Cundinamarca, Tolima y Boyacá, y
por qué también alcanzó tanta magnitud la migración de población va
lluna.

Pero el tema de la tierra y de los efectos que sobre ella causó la Violencia
será analizado con más detalle en el próximo capitulo.
100

GRAFICA No 3

"e c o n o m í a y v io l e n c ia "

PARCELAS AGRICOLAS PERDIDAS POR LA VIOLENCIA


108 ■ Parcelas
Depto

1- - Antloquia 16.200
29 - Boyaca 2 6 .4 0 0
96-
39- Ant. Caldas 3 6 .8 0 0
49 - Cauca 3 .0 0 0
59 - Cundinamarca 5 0.4 00
69 - Hulla 27.100
84- 800
7« - Meta
89 - Norte de Santander 38*400
99 - Santander 2 6.600

HOMICIDIOS EN COLOMBIA. 1946-1960


109 - Tollma 5 4.900
72- 9 8.400
119 - Valle

“ ECONOMIA Y VIO LENCIA”


122 - Otros Deptos. e Int. 14.648

TOTAL 393.648
60-

(por 100.000)
48

36-

24-

|9 2« 38 49 59 69 89 99 119 129

Fuente: Datos citados por Paul Oqulst en: ' Violencia , Conflicto
y política en Colombia'.'
CUADRO No. 15

“ ECONOMIA Y VIO LEN C IA”


HOMICIDIOS EN COLOMBIA. 1946-1960
(por 100.000)

Departamentos 1946 1947 1948 1949 1950 1951 1952 1953 1954 1955 1956 1957 1958 1959 1960

u>
> o Antioquia 8.7 6.2 8.8 14.5 25.8 25.0 45.6 33.9 21.3 23.5 29.4 24.2 38.4 38.3 41.6
O >
es £ Atlántico 3.1 3.0 9.2 12.1 9.7 6.2 7.6 7.6 6.6 7.5 4.7 6.0 6.6 6.3
*» O
Bolívar 3.0 1.5 2.4 5.2 4.3 6.0 5.5 6.4 6.1 6.1 4.6 7.6 5.2 5.0 11.8
Boyacá 12.8 17.8 32.1 50.6 33.5 35.9 38.2 25.3 20.1 17.0 19.2 19.7 26.6 22.3 27.9
Caldas 6.6 7.9 14.1 29.0 30.1 34.7 37.0 41.8 42.2 51.8 59.5 91.0 117.0 81.1 43.5
Cauca 9.3 7.0 11.9 12.6 11.7 15.5 14.8 15.9 19.9 26.1 27.6 32.1 44.8 27.1 25.9
Córdoba 1.4 2.9 9.3 5.1 9.5 8.5 8.1 6.4 4.7
Cundinamarca 11.9 9.3 11.5 17.5 23.6 31.2 35.0 22.4 17.5 22.3 18.0 18.9 24.7 22.9 23.7
Chocó 1.8 3.6 9.8 13.3 18.6 5.9 8.1 3.6 14.3 12.1 14.7 10.4 11.0
Huila 6.0 3.8 8.5 12.2 10.0 23.2 18.4 59.0 50.9 47.6 99.9 47.3 68.3 21.8 31.9
Magdalena 5.3 6.3 12.1 17.9 17.2 14.9 9.5 17.9 15.1 12.2 11.5 14.1 14.2 12.5 11.8
Nariflo 9.6 11.4 8.6 9.2 5.9 8.9 6.9 6.4 9.1 11.0 5.6 8.5 9.0 10.3 8.0
Norte de Santander 48.0 77.1 46.0 79.5 53.5 43.5 52.0 51.0 46.3 47.7 51.5 49.6 62.7 66.4 56.8
Santander 16.1 30.0 40.3 86.5 37.4 43.5 57.0 46.9 36.1 40.2 41.9 36.2 59.0 50.6 56.0
Tolima 8.5 7.2 11.4 13.9 31.2 47.6 86.7 63.4 47.9 98.1 164.1 115.6 133.7 100.7 62.8
Valle 19.4 16.7 21.6 69.3 76.2 68.1 83.5 44.9 33.1 57.0 54.6 87.5 97.3 62.4 51.2
Intendencias 14.5 5.7 15.2 27.1 35.3 45.7 60.9 40.3 20.4 24.4 21.2 28.8 27.4 29.6 27.9

Fuente: Colombia, Ministerio de Justicia, C in c o a ñ os, anexo, p. 41.


Tomado de: J. Henderson, Cuando Colombia se desangró, p. 375.
CAPITULO III

Violencia y Desarrollo Capitalista

En el período de más acentuada Violencia, en especial entre la primera


fase y el advenimiento del gobierno de Rojas Pinilla, la situación eco­
nómica del capitalismo en Colombia fue boyante. En los principales ren­
glones y sectores económicos se presentó un momento positivo del que
salieron favorecidas las clases dominantes.

Ese momento de prosperidad — que se prolongó hasta 1956, cuando se


inició un largo ciclo recesivo— coincidió con un importante nivel de pre­
cios del café colombiano en el mercado mundial. Dicha bonanza, sin em­
bargo, no puede considerarse como el único factor explicativo del auge
en el proceso de acumulación que conoce el capitalismo colombiano: es
uno más, aunque de indudable importancia, pues junto a él se destaca el
despegue de la agricultura comercial moderna en algunas zonas planas del
país: el desarrollo, a finales del cincuenta, de exportaciones no tradiciona­
les que generaron divisas para impulsar el proceso interno de industriali­
zación; la construcción de obras de infraestructura durante los gobiernos
conservadores (Paz del Río, Salvajina, carreteras, distritos de riego, aero­
puertos, etc.), pero más acentuadamente en el gobierno de Rojas Pinilla:
la apertura liberal a las inversiones extranjeras que empezaron a desem­
peñar un rol significativo en importantes ramas de la industria nacional:
y finalmente, todos estos procesos fueron más fáciles de implementar ante
la ausencia de una oposición organizada entre las clases subalternas — no
obstante que se presentó resistencia campesina en amplias zonas del
país— dado que el movimiento obrero y popular de las ciudades fue
desarticulado.

Todos estos elementos serán analizados seguidamente bajo la óptica de


que el proceso fundamental — lo que no significa que sea el único— du-
104

rante los años de la violencia, lo constituyó el desarrollo del capitalismo


y el aceleramiento de la acumulación de capital. Si bien es cierto que este
no es un proceso lineal, ya que en los años cincuenta se presentan varios
ciclos intermitentes de crecimiento y de recesión, sí se puede observar
como, al final de los años cincuenta y comienzos de los sesenta — cuando
concluía la violencia— el país que emergía de ese tenebroso período era
totalmente distinto: con un sector industrial manufacturero que se ubicó
al frente de las actividades económicas; con una acelerada urbanización:
con el despoblamiento de los campos; con una agroindustria en proceso
de despegue; con un sector cafetero que, ante las circunstancias de desa­
rrollo capitalista, debió plegarse a ese proceso e iniciar el período de mo­
dernización de la estructura productiva y técnica del cultivo del café.

L a industrialización durante la postguerra

Durante el período inicial de la postguerra, la industrialización en


Colombia conoció una etapa de revitalización y crecimiento, caracterizada
fundamentalmente por dos elementos complementarios: 1. Un rápido pro­
ceso de acumulación, que implicó un reforzamiento de ciertos sectores
industriales desarrollados desde antes de la guerra y la consolidación de
nuevos sectores; 2. La inserción de la economía colombiana, y de la in­
dustria en particular, en el proceso de internacionalización del capital.
Son estos dos procesos los que configuraron un desarrollo particular de
la industria colombiana, inscrito en el contexto del capitalismo transna­
cional y monopolista y además caracterizaron la forma como la economía
del país se ligó a ese capital monopolista.

La mejor fuente comparativa del desarrollo industrial durante la Violeni-


cia la proporciona la existencia de los censos industriales de 1945 y de
1953.1 Partiendo de esta base empírica efectuaremos algunas considera­
ciones sobre el patrón de industrialización desarrollado en el país durante
este período y, luego, se tendrán en cuenta los efectos de ese proceso.1

1. C f. Contralorfa General de la República, P rim e r Censo In d u stria l de C olom b ia , Resu­


men General, tomo XVI, Imprenta Nacional, Bogotá, 1947; DAÑE, “Resumen general
del segundo Censo Industrial Colombiano de 1953”. Distintas ediciones del B oletín M en ­
sual de Estadísticas, 1954-1955.
105
Si se observan las cifras del censo industrial de 1945 se podrá concluir
que, en esos instantes, en la industria nacional predominaba el sector de
bienes de consumo (el 80.7%), luego seguía la producción de bienes inter­
medios (con un 16%) y el sector destinado a producir bienes de capital tan
sólo constituía el 3.3% del total.2

A l considerar con más detalle la estructura industrial, se observa que en


los distintos sectores predominaban diversos grados de desarrollo en cuan-
•to a nivel tecnológico y productividad. Así se tiene que mientras en el sec­
tor de bienes de consumo existían industrias que generaban un escaso
valor agregado (principalmente aquellos sectores con predominio de una
organización artesanal; molinos, trilladoras de café, etc.), también exis­
tían industrias con importantes avances tecnológicos (ingenios, fábricas de
chocolate y galletas).3

El sector de bienes intermedios presentaba un desfase tecnológico más


agudo frente al de bienes de consumo, pues allí eran representativas in­
dustrias poco desarrolladas (cuero y madera). Aunque en este sector se
encuentra la industria química, ésta en 1945 comprendía unidades poco
tecnificadas (como jabonerías, producción de fósforos) junto a agrupa­
ciones con alta tecnología (producción de derivados de petróleo, caucho y
minerales no metálicos). Pero, en general, el desarrollo tecnológico era
más escaso en este sector que en el de bienes de consumo.

Si se compara esta estructura industrial con la predominante ocho años


después se constatará que a nivel global no se presentaron cambios signi­
ficativos en cuanto al porcentaje que cada uno de los sectores tenía dentro
del total de la industria. Los bienes de consumo siguieron representando
el 80% del total, los intermedios el 17% y los de capital el 3% .4

L o más importante, sin embargo, es que en el interior de los distintos sec­


tores se presentaron cambios significativos, en cuanto a desarrollo tecno­
lógico y productividad. Comparando la evolución de los sectores de bie­
nes de consumo e intermedios se aprecia la magnitud de los cambios ope­
rados.

En cuanto a los bienes de consumo su evolución se observa en el cuadro


N o. 1.
106

CUADRO No. 1

C O L O M B IA : SECTO R DE BIENES DE C O N SU M O C O R R IE N TE
P O R A G R U P A C IO N E S IN D U S T R IA L E S E N 1953 Y
C R E C IM IE N T O R E L A T IV O 1945-1953
(porcentajes)

Agrupaciones Crecimiento Relativo Participación Porcentual


Industriales 1945-1953 (•) 1953

Alimentos 96.5 50.7


Bebidas 124.0 15.6
Tabaco 98.4 3.1
Textiles 103.9 18.2
Confecciones 90.6 8.3
Muebles 66.9 0.8
Imprentas 88.6 2.4
Industrias diversas 89.8 0.9

TO TAL 100.0 100.0

(* ) Relación entre las tasas de crecimiento de la agrupación y el sector.


Fuente: Primer Censo Industrial de Colombia 1945. Segundo Censo Industrial Colombia 1953.

En este sector crecieron más dinámicamente las agrupaciones de tecnolo­


gía avanzada (bebidas y textiles) pero las demás crecieron menos que el
promedio. Uno de los hechos que impidió que el cambio en el sector fuera
más significativo, lo constituyó la evolución de los precios del café, que
conocieron alzas permanentes hasta 1954. El efecto de esta circunstancia
radicó en que, sin modernizar la industria cafetera, crecieron las trillado­
ras, lo que aumentó la participación de la rama alimenticia dentro del
total del sector de bienes de consumo.5

Por su parte, en el sector de bienes intermedios sobresale el avance de las


agrupaciones de papel, caucho, derivados de petróleo y metálicas básicas.
La información respectiva se presenta en el cuadro N o. 2.2
4
3

2. Contraloria General de la República¡ Primer Censo..., op. cit.

3. Ibid.

4. D A Ñ E , “Resumen General’’... op. cit.


107
C U A D R O N o. 2

C O L O M B IA : SECTOR DE BIENES IN TE R M E D IO S PO R
A G R U P A C IO N E S IN D U S T R IA L E S EN 1953 Y
C R E C IM IE N T O R E L A T IV O 1945-1953
(porcentajes)

Agrupaciones Crecimiento Relativo Participación Porcentual


Industriales 1945-1953 1953

Maderas excepto muebles 62.3 6.4


Papel 145.3 4.7
Cuero 78.7 11.2
Caucho 176.6 10.0
Productos químicos 95.5 26.1
Derivados del Petróleo 111.3 13.9
Minerales no metálicos 98.9 24.4
Metales básicos 150.9 3.3

TO TAL 100.0 100.0

Fuente: Primer Censo Industrial de Colombia 1945 y Segundo Censo Industrial 1953.

Aunque el sector productor de bienes de capital disminuyó porcentual­


mente respecto a las cifras de 1945, en su interior también se presentaron
desniveles en avance tecnológico. Entre las agrupaciones más desarrolla­
das están maquinaria eléctrica y material de transporte, mientras las más
estancadas fueron las agrupaciones de productos metálicos y maquinaria
mecánica. El estancamiento relativo del sector de bienes de capital se de­
bió, en parte, al hecho de que durante la postguerra aumentó la capacidad
para importar y buena parte de las divisas acumuladas durante la guerra
se emplearon en importar maquinaria.6

Desde el punto de vista de la estructura industrial se puede, entonces, de­


rivar una primera conclusión: la industria se diversificó intersectorialmen-
te pero esa dinámica fue impuesta por el proceso de sustitución de impor­
taciones de bienes de consumo corriente y la expansión del mercado inter­
no. El poco avance en los sectores intermedios y de bienes de capital está
relacionado con el aumento en la capacidad de importar y el bajo arancel
que facilitaba la traída de equipos y bienes de producción.7
108

C U A D R O No. 3

C O LO M B IA : SECTOR DE BIENES DE C A P IT A L PO R
A G R U P A C IO N E S IN D U S T R IA L E S EN 1953 Y
C R E C IM IE N T O R E L A T IV O 1945-1953
(porcentajes)

Agrupaciones Crecimiento Relativo Participación Porcentual


Industriales 1945-1953 1953

Productos metálicos 80.7 56.9


Maquinaria no eléctrica 100.5 10.8
Maquinaria eléctrica 247.7 13.7
Material de transporte 148.2 15.9

TO TAL 1 0 0 .0 1 0 0 .0

Fuente: Primer Censo industrial de Colombia 1945. Resumen General del Segundo Censo
Industrial 1953.

El desarrollo de la industria durante la década del cincuenta implicó un


notorio incremento de su participación dentro del PIB , desplazando pro­
gresivamente a la agricultura del puesto más importante dentro de la eco­
nomía colombiana. En las cifras presentadas sobre la evolución del P IB
industrial y su relación con la evolución del PIB total claramente se obser­
va ese fenómeno (véase cuadro N o. 4).6 7

6. Antonia García, G u ió n y el problem a de la R evolu ción Colom biana, Editorial, M .S .C .,


pp. 23 y s.s.

7. Mariano Arango, “La industria en Colombia 1945-1953". En Lecturas de Econom ía N o.


12, 1983, Uriuersidad de Antioquia, p. 42.
109
C U A D R O No. 4

C O M P O S IC IO N DE L A A C T IV ID A D E C O N O M IC A . 1945-1964
(En pesos constantes de 1975)

1945-9 1950-4 1955-9 1960-4


% % «Po Vo

Sector Agropecuario 40.5 33.6 31.3 28.9


Minería 2.8 3.2 3.2 3.1
Industria manufacturera 14.8 17.4 19.4 20.6
Construcción 3.4 2.8 3.4 2.9
Comunicaciones
Electricidad, gas y agua 0.5 0.3 0.4 0.5
Comercio
Servicios Financieros 11.6 10.4 9.8 9.8
Transporte 4.9 6.6 6.9 6.9
Servicios del gobierno 6.1 7.3 6.9 7.1
Servicios personales
Alquileres de vivienda 15.5 6.7 6.7 7.3

1. Incluye pesca, caza y silvicultura.


Fuente: Cuentas nacionales de Cepal (1945-1950), y D AÑ E (1970-1984).
Tom ado de: “ El problema laboral colombiano: Diagnóstico, perspectivas y políticas” , E c o n o ­
mía Colom biana, Separata N o. 10, Agosto-Septiembre, 1986, p. 20.

Sin embargo, un hecho básico al considerar esas cifras debe ser tenido en
cuenta: el sector que presenta un aumento más significativo es el de servi­
cios, en donde aparecen una variada gama de actividades de difícil clasifi­
cación (comercio, servicios financieros, personales, etc.) y con diferentes
relaciones laborales en su interior (que van desde relaciones salariales has­
ta formas de trabajo independiente). Esto indica que la industria se con­
virtió durante los años cincuenta en el principal sector de la actividad
económica del país — poniendo de presente la consolidación del modo de
producción capitalista— , mostrando las particularidades de ese proceso
en el contexto histórico de la sociedad colombiana. Porque una cosa sí es
clara: la industria se convirtió en el primer renglón pero no logró homo-
genizar todas las actividades económicas bajo la relación básica capitalis­
ta, sino que en el interior de la economia se perfilaban una serie de rela­
ciones intermedias no propiamente capitalistas que tuvieron gran impor­
tancia económica (actividades comerciales, vendedores ambulantes, secto­
res “ terciarios” , etc.).
110
La evolución de la industria durante el período de la Violencia puede di­
vidirse en dos fases principales. Un primer período que comprende el
quinquenio 1945-1950 y uno segundo que abarca desde este último año
hasta 1958. El dinamismo del sector industrial, teniendo en cuenta estas
dos fases, aparece a continuación:

C U A D R O N o. 5

D IN A M IS M O D E L SECTOR IN D U S T R IA L
(Tasas de crecimiento logarítmicas anuales % )

Período Fabril Artesanal Total

1945-1950 10.2 9.2 10.0


1950-1958 7.4 3.3 6.5
Fuente: “ Cuentas Nacionales” , Banco de la República y C E P A L , “ El desarrollo Económico de
Colombia” , A n exo estadístico. DAÑE.

Esto implicó que la participación de la industria dentro del PIB pasara de


15% en 1950 a 17.2% en 1958.8 ¿Cómo explicar este avance de la indus­
tria? Creemos que no responde a una única causa, sino que se configura
como resültado de una serie de circunstancias particulares del desarrollo
del país en los años cincuenta. Entre los elementos que se pueden bosque­
jar para explicar el avance de la industrialización se encuentra, en primer
lugar, el incremento de los precios del café, que generó gran cantidad de
divisas, algunas de las cuales se invirtieron en el plano industrial.-Un se­
gundo factor estaba relacionado con la ampliación del mercado interior,
expresado en la urbanización y en los aumentos de consumo de bienes
producidos por la industria, tanto a nivel urbano como rural. Un tercer
factor, lo constituyó la ampliación de la división del trabajo, entre secto­
res vinculados a la rama industrial y a la agrícola, que implicó la especia-
lización y complementariedad de procesos, pero subordinados a la indus­
tria. Por último, continuando con la política de sustitución de importa­
ciones, nuevas ramas de la industria colombiana fueron incorporados a
ese proceso durante los años cincuenta; primordialmente esto se observó
en la rama alimenticia y en los sectores de consumo durable.9

8. Alberto Corchuelo. “El proceso de industrialización colom biano 1945-1958". En U n o en


Dos, N o. 4, p. 48.

9. Ibid, p. 54.
111

Pero el desarrollo fundamental de los años cincuenta estuvo marcado por


la importancia que adquirió la industria manufacturera, en ramas como
la producción de derivados de petróleo, metálicos básicos, metalurgia,
caucho, etc. Esa información está consignada en las cifras que se presen­
tan en el cuadro N o. 6.
C U A D R O N o. 6

T A S A S DE C R E C IM IE N T O DE L A S R A M A S
IN D U S T R IA L E S Y SU C O N T R IB U C IO N A L A E X P A N S IO N ,
PE R IO D O 1950-1958
Crecimiento Contribución
*1% %

Alimenticios 6.0 13.7


Bebidas 4.4 10.0
Tabaco 3.1 3.4
Textiles 7.1 16.0
Confecciones y Calzado 6.8 5.1
Madera y muebles 8.2 2.2
Papel 11.4 1.9
Edit. Imprentas 9.3 3.4
Cuero 4.4 1.0
Caucho 12.5 3.3
Químicas 9.9 10.9
Derivados del Petróleo 13.0 4.8
Minerales no Metálicos 5.7 4.6
Metálicos Básicos 34.2 4.6
Mecánicas y Metalurgia 17.3 13.3
Diversos 7.1 1.8

TOTAL 7.4 100

Fuente: Cálculos con base en Muestras anuales Manufactureras, D AÑ E y Cuentas Nacionales,


Banco de la República. Tom ado de: A . Corchuelo, op. cit., p. 54.

El impulso y consolidación de estos sectores generó efectos globales sobre


la estructura industrial y económica del país, que transformaron su estruc­
tura productiva. De esa manera se constituyó un mercado relativamente
amplio, dado que el impulso — fundamental para el proceso de acumula­
ción de capital— se dio por el lado del fortalecimiento del consumo pro­
ductivo, todo lo cual configuró una amplia división del trabajo entre sec­
tores, aumentó la productividad del trabajo y amplió los mercados.10

Alberto Corchuelo resume bien el impacto multiplicador del desarrollo


industrial colombiano en los años cincuenta, cuando afirma que:

“ L a con tribu ción del sector industrial a la expansión g lo b a l s o b re ­


venía a través d e su creciente p ro d u c c ió n m aterial q u e determ inaba
m a yores tasas y niveles d e p ro d u c tivid a d n o s ó lo a l interior d el m is­
m o sector sin o d e los restantes... E l m is m o p ro c e s o d e urbanización,
112

q u e p u e d e ser visto c o m o p ro d u c to d e la expansión industrial, con s­


tituía un p o d e r o s o ingrediente en la aceleración d e las tasas de p r o ­
ductividad al originar una transform ación cualitativa de los p atrones
d e c o n s u m o m ediante la sustitución de los m é to d o s de p ro d u c c ió n
c o n q u e se satisfacían las distintas necesidades básicas m anufactu­
reras. Esta sustitución im plicaba el ro m p im ie n to d e ciertas activida­
des artesanales rurales, en especial las dedicadas a la p ro d u c c ió n de
con feccion es, alim entos, tabaco y bebidas, y d e esta f o r m a otorgaba
un m a y o r im p u lso a la división d el trabajo y a la am pliación de los
m erca d os de la industria fa b r il s o b r e los m ercados artesanales, gra­
cias a los m e jo re s p recio s q u e rom p ía n las barreras naturales d e los
m erca d os regionales en d o n d e op eraban las unidades p rod u ctiva s
artesanales” . u

Este constituye el típico proceso de acumulación capitalista que rompe, a


pesar de la resistencia, las relaciones predominantes en formas de pro­
ducción precapitalista, integrando al conjunto de la economía y sociedad
— asi no en todos los lugares existieran relaciones capitalistas— a la hege­
monía del capital. En esto, por consiguiente, el país no se distinguió en
cuanto al proceso clásico de ampliación del mercado interno — tratado
por Lenin o Kautsky— : lo que varió, desde luego, fueron las formas his­
tóricas peculiares de desarrollo de ese proceso. Dentro de esas formas
particulares la Violencia jugó un papel de primer orden, pues se constitu­
yó en un mecanismo “ superestructural” para agilizar la modernización
económica del país y la implantación del modo de producción capitalista.

La expansión de la industria manufacturera fue, además, el factor fun­


damental que planteó la necesidad de modernizar la agricultura, haciendo
que se constituyera un sector agroindustrial moderno, dotado de equipo
sofisticado, con un amplio paquete tecnológico y con una relación capita­
lista en la organización de la unidad productiva, frente a un sector tradi
cional, de economía familiar, explotado antitécnica e improductivamente
por la familia campesina. La economía agroindustrial debió especializarse
en la producción de materias primas para la industria y la economía cam­
pesina acoplarse a producir alimentos. Asi las cosas, en el fondo del asun­*1

to. Ibid, p. 58.

11. Ibid, p. 59.


113
to de la modernización de la agricultura colombiana se encontraban, en
primer término, los requerimientos de la industria. De tal manera, que la
violencia, en forma aparentemente indirecta, contribuyó a su modo a
acelerar esa especialización agrícola y a constituirse en una actividad com­
plementaria de la industria, que, a su vez, aceleró el proceso de acumula­
ción de capital.

Ahora bien, el otro aspecto fundamental del proceso de acumulación de


capital durante los años cincuenta, estaba relacionado con la estructura
altamente monopolista de la industria colombiana. Hacia 1958 el proceso
de concentración y centralización de capital, que en realidad había sido
una constante de la evolución industrial del país desde los orígenes de esa
actividad económica, había alcanzado niveles significativos. Así tenemos
que en el año considerado, de las plantas industriales con más de 100 tra­
bajadores, 367 establecimientos concentraban el 70.3% del valor agregado
fabril y el 47.4% del empleo.12

De la misma manera, al finalizar los años cincuenta 6 empresas de bebi­


das concentraban el 80% de la producción: una sola empresa de tabaco
monopolizaba el 70% de la producción del sector; en la rama de textiles
(telas, hilos y confecciones), 29 empresas controlaban el 87% de la pro­
ducción.13

Este proceso de concentración y centralización de capital se tornó más


evidente después de 1945, en plena postguerra, ya que en los más impor­
tantes rubros de la industria nacional existían pocas empresas, que contro­
laban en forma monopolista y oligopolista el mercado y/o la producción:
en galletas, una empresa: en productos lácteos, una: en el sector de azú­
car, dos: en cerveza, cuatro: en gaseosas, dos: en cigarrillos, una; en cal­
zado de caucho, dos; etc.14

A la concentración y centralización de capital en la industria colombiana


durante los años cincuenta contribuyó la difusión de nueva tecnología. La
que sólo pudo ser adquirida por las industrias de mayor disponibilidad de
capital líquido o que podía conseguir, con base en su poder y tamaño,
créditos fáciles en el exterior o, sencillamente, fueron las empresas ex­
tranjeras las que fácilmente pudieron operar con maquinaria más sofisti­
cada y productiva. N o es raro, por esto, constatar que los sectores de
punta de la industrialización colombiana durante el período de postguerra
114

hayan sido aquellos donde fue más notable el proceso de incorporación


de tecnología moderna e intensiva en capital.1
25
4
3
1

Como resultado obvio, esos sectores industriales presentaron los más im­
portantes incrementos en productividad y volumen de producción. Para
sólo dar una muestra representativa en ese sentido, consideremos algunos
datos referentes al aumento en la producción de importantes materias
primas industriales.
CUADRO No. 7

A U M E N T O E N L A P R O D U C T IV ID A D DE A L G U N A S
M A T E R IA S P R IM A S IN D U S T R IA L E S
Materia Prima 1952 1956 Cree. %

Azúcar (toneladas) 144.9% 240.463 69.3


Gasolina (mil barriles) 2.25 • 5.40 73.2
Acido sulfúrico (tnls) 6.700 11.300 58.9 >•
Paños (millones de mts) 3.64 4.66 28
Hilazas y fibras artifi-
cíales (toneladas) 3.700 7.800 111

Fuente: Gabriel Poueda Ramos, “ Historia de la Industria en Colombia” . Revista Trimestral


andi, No. 11, 1970, p. 70 y s.s.

Las materias primas de mayor importancia para la industria nacional tu­


vieron un crecimiento espectacular en un lapso de cuatro años. El incre­
mento más significativo se presentó en el consumo de gasolina (73.2%) y
de fibras artificiales (111%). Muestra clara de que el desarrollo industrial
jalonaba otros sectores de la economía.

12. Ibid, p. 65.

13. Ibid.

14. Ibid, p. 64.

15. Ibid, p. 65.


115

Para terminar este breve análisis del desarrollo industrial del país durante
los años cincuenta, es necesario efectuar una corta consideración sobre la
forma como la ofensiva de las clases dominantes contra la clase obrera
— cuyos elementos más significativos hemos explicado detalladamente en
el primer capítulo— implicó aumentos en los niveles de explotación de la
fuerza de trabajo, lo que facilitó y aceleró el proceso de acumulación en
la industria colombiana.

Cálculos elaborados por historiadores del movimiento sindical indican


que durante el período aqui considerado se presentan notorios aumentos
en las tasas de explotación y extracción de plusvalía de los trabajadores
colombianos. En el siguiente cuadro se precisa esa información.

CUADRO No. 8

A U M E N T O DE L A P O B L A C IO N T R A B A J A D O R A
Y E V O L U C IO N DE L A C U O T A DE P L U S V A L IA

1945 1953 1956 1957

Empresas 7853 11243 9853 11007


Personal ocupado 135400 199116 211979 230773
Salarios Pagados 105.6 Mili 430.0 M ili 666.0 MUI 894.0 M ili
Valor Agregado 144.8 ” 1500.0 ” 2227.0 ” 2823.0 ”
Plusvalía Total 39.2 ” 1068.0 ” 1561.0 ” 1960.0 ”
Plusvalía por
Trabajador (enpesos) 280 5340 7480 8520

Fuente: Documentos Políticos No. 21, enero de 1961, p. 62.

Según estas cifras, la plusvalía extraída por cada trabajador prácticamente


se triplicó en un lapso de 10 años. Este aumento de extracción de plusva-
-lía, que alcanzó modalidades incluso de plusvalía absoluta, como en los
primeros tiempos de constitución de la sociedad capitalista, fue resultado
directo del proceso de desorganización sindical y política a que se vieron
sometidos los trabajadores, sobre todo después de la huelga de Fedenal,
en diciembre de 1945. Detrás del auge capitalista de la industria durante el
período de la Violencia, se encontraba, entonces, un incremento acelerado
de los niveles de superexplotación del trabajador colombiano.
116

CUADRO No. 9

C O L O M B IA : R E M U N E R A C IO N A L TR A B A JO ,
P R O D U C T IV ID A D Y P A R T IC IP A C IO N EN E L
V A L O R A G R E G A D O PO R D E P A R T A M E N T O S E N 1953.
(Pesos y Porcentajes)

Remuneraciones Valor agregado Remuneración


Departamento a valor agregado por trabajador por trabajador
(Porcentajes) (pesos) (pesos)

Antioquia 29.0 8.136 2.359


Atlántico 33.7 6.986 2.354
Cundinamarca 31.1 7.771 2.416
Valle del Cauca 31.4 7.409 2.326
Resto del pais 22.9 6.830 1.564

TO TAL 28.7 7.527 2.160

Fuente: Resumen general del Segundo Censo Industrial - 1953.

Esta era la directa consecuencia de la Violencia urbana que se gestó con­


tra el proletariado y otros sectores urbanos desde mediados de los años
cuarenta, durante las últimas administraciones liberales. En esa medida,
la acción del Estado y de los partidos políticos fue ampliamente eficaz
para el capitalismo colombiano.

En forma enfática Mariano Arango considera fundamental, en el proceso


de acumulación de capital durante los años cincuenta, la desorganización
de los sectores obreros. Concretamente indica:

“ L a acum ulación d e capital industrial en el p e r ío d o 1945-1953 se


ba só en la extracción d e plusvalía absoluta y relativa. L a p ro d u c ti­
vidad a p re c io s corrientes a u m en tó en el 6 4 .8 % , d e 1.000 p e so s en
e l p rim e r a ñ o a 7.482 en e l segundo, m ientras la rem uneración al
tra ba jo creció el 1 9 4 .5 % , d e 729 p e s o s a 2.147. A consecuencia de
ello, el p o rc e n ta je d e las rem uneraciones en el va lor agregado indus­
trial se r e d u jo del 7 2 .9 % en 1945 al 2 8 .7 % en 1953. L a rem unera­
ción al tra ba jo p ierd e com p leta m en te su relación con la p ro d u c tiv i­
d a d del tra ba jo y pasa a depender del m ín im o para p ro d u c ir la f u e r ­
za d e tra b a jo ; así, se observa q u e la p a rte del tra ba jo en el valor
agregado es d el 4 4 % en el sector d e bienes d e capital y d el 2 6 .4 % en
117
el sector d e bienes de c on su m o, p e r o s ó lo p o r q u e de ese m o d o es
p o s ib le un ingreso m ín im o a la fu e rz a d e tra ba jo co n una p ro d u c ti­
vidad en el p rim e r sector un 4 0 % m e n o r: las rem uneraciones fu e r o n
2.174 y 2.181 p e s o s respectivam ente y la total d e 2 .1 4 7 ” . 16

La violencia en forma directa jugó su papel en ese proceso, pues se cons­


tituyó en el factor fundamental para normalizar la “ oferta” de trabaja­
dores, impulsando la migración a las ciudades o hacia zonas agro-indus­
triales e incrementando la superpoblación relativa que buscaba trabajo en
la ciudad.17 Este factor y la implacable inflación vivida en el país desde
comienzos de los años cuarenta, provocaron un claro envilecimiento del
salario real de los trabajadores, lo que claramente se puede constatar ob­
servando la evolución de la participación de los asalariados en el valor
agregado industrial. En efecto, en el cuadro N o. 9 se puede apreciar la
manera como se homogenizó, pese a diferencias de productividad y nivel
de calificación de fuerza de trabajo, la remuneración de los obreros.

Aunque la clase obrera no hubiera vivido directamente la etapa más san­


grienta de la Violencia, sí fue afectada por ese proceso, por la forma
como se resintieron sus ingresos. Además, poco tiempo después muchos
de los campesinos expulsados del campo engrosaron las filas del proleta­
riado colombiano.

Incremento de la inversión extranjera en la economía co­


lombiana

Y a indicamos en capítulos anteriores la forma como, durante los años


cincuenta, el país se inscribió en el contexto internacional de Guerra Fría,
bajo la égida de Estados Unidos. Pues bien, esa abierta vinculación del
país en la órbita norteamericana, iniciada desde los años veinte, amplia­
da durante la guerra y consolidada en la postguerra, influyó en todos los
aspectos de la vida nacional. Como consideramos que lo político es sobre­
determinante, pensamos que el análisis del incremento de intereses eco­
nómicos norteamericanos en el país durante los años cincuenta, estaba en
directa vinculación con los intereses políticos y estratégicos de Estados

16. M. Arango, op. cit., p. 50.

17. Ibid.
118
Unidos, tanto respecto a Colombia como al conjunto de América Latina.
Es más, desde finales de los años cuarenta la postura adoptada por el go­
bierno norteamericano y los empresarios privados de ese país frente al
hemisferio, estaba encaminada a impedir cualquier brote de nacionalismo
— tipo Guatemala— que pusiera en peligro sus intereses en la región.

Concluyendo, en 1948 — y en concordancia con lo aprobado en la Confe­


rencia Panamericana de Bogotá— , el presidente de la United Fruit Com-
pany, Thomas D. Cabot, proponía, como requisitos fundamentales para
garantizar la inversión de Estados Unidos en el resto del continente, las
siguientes cláusulas:

1. Las propiedades no serán nacionalizadas.

2. N o se dictarán leyes discriminatorias.

3. Los inversionistas tendrán derecho ( ! ! ) a llevar consigo dirigentes y


técnicos.

4. N o se aplicarán impuestos discriminatorios ni excesivos para absorber


un porcentaje extraordinario de las utilidades.18

Se esbozaba todo un programa general de tipo político para garantizar la


seguridad de las inversiones norteamericanas en los demás países del he­
misferio. Entre la justificación política de ese plan sobresalía — cosa que
no podía faltar— el anticomunismo y el maniqueísmo: cualquier país que
se negara a aceptar de plano las condiciones de los inversionistas y el go­
bierno norteamericano, en el acto aparecía como un títere de los comu­
nistas y un peligro para el “ mundo libre” , sin importar el régimen políti­
co imperante en ese país.19

Dentro de este marco político global desde finales de los cuarenta se incre­
mentaron notablemente las inversiones norteamericanas en el resto del
continente. Algunas cifras muestran ese proceso. Mientras que en 1940 el
total de inversión norteamericana ascendía a 2.962 millones de dólares, en
1950 esa cifra casi se había duplicado (4.445 millones de dólares) y en
1961 su monto total era de 8.200 millones de dólares.20

Pero más importante es considerar el monto de las ganancias obtenidas


por los inversionistas directos. Así, tenemos que si esas ganancias ascen­
dieron, para el total de inversión efectuada en la región, a 672 millones de
119
dólares en 1948, ya en 1955 esas mismas ganancias alcanzaban una cifra
de 976 millones de dólares.1
01
2
9
1
8

Por supuesto, la inversión norteamericana no tenia la misma importancia


en todos los países ni en todos predominaba la inversión directa, pues en
las naciones centroamericanas todavía los enclaves — principalmente
bananeros— mostraban una clara preponderancia, tanta que se daban el
lujo de organizar golpes de estado, como el realizado por la C IA , la OEA,
y la United Fruit Company contra el gobierno de Jacobo Arbenz en 1954,
en Guatemala.

En el caso especifico de Colombia la inversión directa empezó a tomar


importancia desde fines de la guerra mundial. Aunque tampoco adquirió
una magnitud comparable a la de otros países de la región. Además por­
que los enclaves bananero y petrolero soportaron una prolongada crisis,
tanto por factores económicos y financieros, como por las luchas que li­
braron, como en el caso del petróleo, los trabajadores colombianos.

En general se apreció, además, un viraje en las áreas de interés económi­


co por parte de Estados Unidos, ya que dejaron de ser considerados como
sectores de primera importancia la industria extractiva y de subsistencia
para ser desplazadas por la industria manufacturera y el sector financiero,
aunque dfsde luego siguieron conservando su importancia la industria pe­
trolera y algunos sectores mineros.22

La Segunda Guerra Mundial marcó una nueva etapa en la inversión ex­


tranjera en el país. Desde ese momento se perfilan dos características que
hasta hoy subsisten: primero, Estados Unidos era el inversionista líder en

18. “Latinoamérica ofrece hoy al extranjero las mismas condiciones de 1848”, E l Siglo, n o ­
viembre 10 de 1948.

19. El mismo director de la United Fruit Company decía que el “mayor antídoto contra la
propagación comunista en Latinoamérica (es el de) la prosperidad económ ica... Para
contrarrestar esta propaganda roja... los inversionistas norteamericanos en los países de
Latinoamérica deben demostrar que están genuinamente interesados en el progreso eco­
n óm ico y en el bienestar social de la América Latina” . E l Siglo, ibid.

20. Theotonio Dos Santos, E l nuevo carácter de la dependencia, mimeo, s.f., p. 11.

21. Mauricio Botero, La herencia del Frente N acional, Ediciones Tercer M undo, Bogotá,
1986, p. 49.

22. Konrad Matter, Inversiones extranjeras en la econom ía colom biana, Ediciones Hom bre
N uevo, Medellín, 1977, p. 127.
120

Colombia y, segundo, el eje de la inversión se centró en la industria y en


las finanzas. N o por casualidad la inversión norteamericana aumentó en
el país luego de la guerra de Corea.23

Según un estudio de la H a rv a rd Business S ch ool, en 1945 operaban en


Colombia 10 multinacionales norteamericanas, entre 1946 y 1957 ingresa­
ron al país 19 corporaciones, y 44 durante los diez años siguientes.24 Sólo
hasta 1948 se abrió la primera sucursal de un Banco Norteamericano y en
1950 la inversión extranjera en ese sector únicamente ascendía a 4 millo­
nes de dólares.25

De acuerdo a la fecha de su consolidación, la inversión extranjera en las


principales ramas manufactureras evolucionó en la siguiente forma: papel,
1944; textiles, 1944; productos metálicos y maquinaria, 1956; caucho,
1944-49; derivados del petróleo, 1952-54.26

Entre los mecanismos más utilizados por las firmas extranjeras para pene­
trar en el mercado nacional se destacó la asociación con capitales nativos,
los cuales fueron absorbidos rápidamente, para pasar a convertirse en las
dueñas o accionistas mayoritarios de las empresas. Tal cosa sucedió en ca­
sos como el de la W .R . Grace que en 1940 compró una parte de Tej¡cón­
dor y en 1951 era ya su principal accionista; la Celanese en 1951 tenía una
participación del 75% de capital extranjero.27 También es bueno recordar
que algunas empresas creadas en la década del 40, bajo los auspicios del
Instituto de Fomento Industrial, IF I, y con capital estatal, fueron asimila­
das por el capital transnacional pocos años después. En este sentido es
particularmente revelador el caso de Icollantas y Peldar.

La evolución de la inversión directa de Estados Unidos en Colombia se


aprecia en el cuadro N o. 10.

La inversión norteamericana en la economía colombiana aumentó en un


400 por ciento en un breve período de 25 años. Pero su importancia sólo
se puede apreciar si se compara con el total de inversión extranjera exis­
tente en nuestro país, tal como lo registra el cuadro N o. 11.

La penetración del capital extranjero durante la postguerra indicaba no


sólo la hegemonía del capital norteamericano sino, además, mostraba el
proceso de internacionalización de la economía colombiana — lo que
autores como Matter denominan “ desnacionalización” de la industria
CUADRO No. 10

IN V E R S IO N D IR E C T A DE EE. U U . E N C O L O M B IA .
1940 - 1964
(Valores en libros a final de cada año)

Manufacturera Otras
Millones Petróleo
Millones Millones Total
USS <Fo USS % Millones
USS % USS

1940 1 1 36 32 75 67
1943 4 112
3 36 31 77
1946 66 117
12 6 51 27 126 67 189
1950 25 13 56 29 112 58
1952 37 193
16 73 31 122
1955 53 232
58 17 100 30 178 53 336
1956 68 18 110 30 193 52
1957 371
61 15 91 23 245 62 397
1958 68 18 91 24 225
1959 58 384
77 19 99 25 225 56 401
1960 92 21 100 24 233 55
1961 94 425
22 102 24 229
1962 54 425
102 23 97 21 257 56 456
1963 120 26 98 21 246 53
1964 148 464
29 105 21 255 50 508

Fuente: K. Matter, Inversiones Extranjeras en la E con om ía Colom biana, p. 119.2


7
6
5
4
3

23. Ib id , p. 134.

24. Citado en K. Matter, op. cit., p. 138.

25. Ib id .

26. Juan Ignacio Arango, La Inversión Extranjera en la Industria Manufacturera Colombiana,


Editográficas, Bogotá, 1982, p. 55.

27. Ibid, p. 236.


colom biana que significaba sim ple y llanamente que los sectores
industriales con mayores tasas de crecimiento correspondían a empresas
pertenecientes en su totalidad al capital extranjero o, por lo menos, con altos
niveles de participación del capital foráneo. Por ejemplo, en el periodo 1958
-69 los sectores con m ayor participación extranjera regí straron los más altos
niveles de crecimiento papel y sus productos 16.2%; maquinaria y aparatos
eléctricos, 14.2 %; química y farmacéutica, 11.8 % (29).

C U AD RO No. 11
C O LO M B IA : IN V E R S IO N E X TR A N JE R A Y ESTADINENSE,
1917 -1966
(Millones de dólares)
SECTOR N o IN V E R S IO N IS T A S T O T A L IN V E R S IO N

T. G E N E. U . A . T. G E N E. U : A :
Alimentos 65 30 2 ( . 767.547 21 .437.665
Bebidas 23 18 1.340.765 1.337.888
Textiles 46 12 19.756.210 11.217.847
Prendas
de vestir 5 5 376.542 3 7 6.542
Maderas 1 28.599
- -
Muebles de
madera
Papel y
derivados 23 22 35.496.698 35 .390.198
Editorial 1 792.623
- -
Cueros y
derivados
Caucho 30 29 30.108.347 30.099.209
Química 80 37 54.645.915 38 .237.124
Derivados del
petróleo 15 9 10.890.973 3.84 8.7 40
Minerales no
metálicos 20 2 8.057.487 84 2.710
Minería 3 3 7.88 4.6 50 7.8 8 4 .6 5 0
Productos
metálicos 76 37 16.663.624 7.93 8.4 85
Maquinaria
no eléctrica 12 11 585.705 167.702
Maquinaria
y art. eléctricos 40 14 28.753.061 23 .380.547
Material de
transporte 4 4 35.212 35 .2 12
Construcción 29 4 2.513.861 8 4 6.622
Varias 31 17 15.959.551 13.519.668
Farmacéutica 96 36 26.584.179 11.881.397
Comercio 79 30 48 .327.736 3 8 .3 83.44 0
Servicios 39 17 14.380.863 9.15 5.6 93
Financieras 98 43 40.610.578 20 .5 80.02 9
Agropecuarias 28 15 2.59 0.4 04 972.835

Fuente: D AÑE, Boletín Mensual de Estadística, N o 239, Junio de 1971


123

Por supuesto que la penetración de capital extranjero norteamericano fue


ampliamente facilitada por la liberal legislación nacional adoptada al res­
pecto desde mediados de los años cuarenta. Sobresale, en este cúmulo
de legislación favorable a la penetración de capital extranjero, la regla­
mentación de los años cincuenta, del gobierno de Laureano Gómez en
adelante. En 1952 se reglamentó la presencia de capitales extranjeros en
la economía colombiana en una forma bastante amplia. El autor de dicha
reglamentación, el financista antioqueño Antonio Alvarez Restrepo, se
jactaba abiertamente de lo alcanzado en esas disposiciones, considerando
que:

“ L e s d a m os a los inversionistas d e otros países la p osibilid a d de es­


tablecerse en C o lo m b ia , o b ten er sus utilidades y exportarlas, así c o ­
m o d e reexportar el capital invertido en el país. C r e o q u e estas c o n ­
diciones son excepcionales ahora en A m é r ic a L a tin a d el S u r... ” . 2
30
9
8

Esta política de puertas abiertas al capital extranjero continuó en los si­


guientes gobiernos. Así tenemos que en 1956 el régimen de Rojas adoptó
una serie de medidas que reforzaron las vigentes. Entre éstas se destaca­
ban: exención de impuestos por determinado número de años; subsidios
del gobierno para el establecimiento de plantas por parte de extranjeros;
bajos impuestos aduaneros para materias primas y maquinaria utilizada
por esas empresas; monopolio legalizado de la producción y comercializa­
ción; facilidades para enviar altas tasas de utilidades al exterior; etc.31

Para concluir se puede afirmar que en los años cincuenta se prepararon


todas las condiciones internacionales, políticas, institucionales y militares,
para que Estados Unidos reafirmara su hegemonía en América Latina, y
por supuesto Colombia no fue la excepción. Pero ese proceso se facilitó
todavía más en el caso de nuestro país, porque sus clases dominantes
— casi sin excepción de ninguna de sus fracciones— y los partidos tradi­
cionales en su totalidad fueron los principales impulsores de la moderni­
zación por la senda de la dominación imperialista.

28. K. Matter, op. cit., p. 236.

29. Ibid, p. 236.

30. “Libertad total para todos los capitales extranjeros", E l Tiem po, enero 16 de 1952.

31. CEIS, “La industria farmacéutica en C olom bia”, en Estudios Marxistes, N o. 19, mayo
de 1979.
124

Modernización de la Agricultura

Entre los cambios más sobresalientes observados en el panorama eco­


nómico nacional durante el período de la violencia, se destacó el ocurrido
en el sector agrícola. Estos cambios fundamentales en la formación social
nacional pueden asociarse, entre muchos elementos, con dos factores fun­
damentales: de una parte, con la violencia que tuvo su epicentro en las
zonas agrarias — aunque por supuesto su impacto no haya sido similar en
todas las regiones— , y de otra parte, con la consolidación de relaciones de
tipo capitalista durante los años cincuenta — lo que tampoco significa que
en todos los lugares esas relaciones fueron únicas, sino que se encontra­
ban imbricadas con otro tipo de relaciones.

Concentración de la propiedad

El primer elemento a ser tenido en cuenta tiene que ver con la manera
como el proceso de violencia alteró o influyó en la distribución de la pro­
piedad rural. Aunque no se encuentran datos totalmente exhaustivos sí
hay aproximaciones al respecto.32

Para constatar el impacto que la violencia tuvo sobre la propiedad terri­


torial, hay que recordar que en los años cincuenta predominaban en el
país dos formas principales de explotación: grandes propiedades impro­
ductivas y pequeñas unidades superexplotadas. En el cuadro N o. 12 se
puede observar la distribución de la propiedad relacionada con la utiliza­
ción de la tierra.

Claramente se aprecian las disparidades entre concentración y productivi­


dad. Mientras que todavía las grandes propiedades eran, en términos ge­
nerales improductivas, el peso de la producción agrícola recaía en los pe­
queños productores minifundistas: estos últimos eran los que soportaban,
entonces, el peso de una sobreexplotación agotadora y antitécnica.33

El tipo de organización de la agricultura colombiana predominante al co­


menzar los años cincuenta podía ser desarrollada en dos formas: bien
mediante una reforma agraria democrática, o bien convirtiendo los lati­
fundios improductivos en modernas haciendas capitalistas. A nivel gene­
ral, como proceso global y dominante en el país, predominó el segundo
camino, que tantas consecuencias ha traído no sólo a la agricultura sino
125
al conjunto de la economía y sociedad colombiana. Adicionalmente, y como
complemento del camino terrateniente adoptado por la agricultura colombiana,
a los pequeños campesinos se les envió a colonizar las zonas "marginales" del
territorio nacional, como ya lo habíamos bosquejado an otra parte de este
trabajo.

Según nos indican algunos datos estadísticos a fines del periodo de la violencia,
la exesiva concentración de la tierra en pocas personas seguía incólume.
Algunos datos resultan pertinentes para corroborar esa afirmación: según se
muestra en el Cuadro No. 13, las dimensiones se las exportaciones agrícolas
indicaban que en 1960 las fincas menores de 10 hectáreas comprendían el
76.5% de los predios pero tan sólo representaban el 8.6% de la superficie total.
Asimismo, las fincas mayores de 100 hectáreas constituían únicamente el 3.5%
de los predios, pero representaban el 65.8% de la superficie total. La situación
no había variado mucho en comparación con 1954 , año en el cual la Cepal
presenta una información general (véase Cuadros Nos 14 y 15). El fenómeno
de concentración territorial es todavía más palpable si se consideran las cifras
referentes a los predios mayores de 2,000 hectáreas (véase Cuadro No. 16). Es
tan notoria la concentración, que en 1960 sólo 23 fincas acaparaban casi
600,000 hectáreas, es decir un poco más que todas las tierras de los campesinos
minifundistas, que poseían una parcela menor de 3 hectáreas.

En síntesis, aunque no se cuenta con una sólida base comparativa de tipo


empírico para antes de los años sesenta, los datos del censo realizado en 1960
muestran nítidamente que el proceso de concentración territorial por lo menos
no había sido afectado por la violencia, en el sentido de contribuir a la
distribución un poco más igualitaria de la propiedad y el uso de la tierra. Las
desmesuradas cifras de conentración territorial, reseñadas anteriormente, tal
vez fueron las que llevaron a uno de los primeros analistas del fenómeno déla
violencia a considerar que en ese proceso violento triunfaron los latifundistas
"semifeudales" y se produjo el retroceso económico del país (34). Que se
hubiera afianzado el monopolio territorial no indica que el capitalismo criollo
siguió las pautas más retrógradas y antidemocráticas: no se redistribuyó ni un
centímetro de tierra y tampoco se otorgaron conseciones de ningún género a
los campesinos, que fueron los más directamente afectados por la Violencia.3 4
2

32 E l a n á lis is e in fo r m a c ió n esta d ística p e rtin e n te s se e n c u e n tra en S. K a lm a n o v itz , La agricultura


en Colombia. 1950 - 1972, D a ñ e , 1974.
33 Luis Galeano M oreno el al., Política agraria implementada p o r el Estado en el periodo 1940 ■
1980, T esis de G r a d o , U n iv e rs id a d N a c io n a l de C o lo m b ia , D e p a r ta m e n to d e E c o n o m ía , 1982, p .
83.
34 N o s re fe r im o s a F r a n c is c o P o s a d a en su l ib r o Colombia Violencia y Subdesarrollo, P u ­
b lic a c io n e s U n iv e rs id a d N a c io n a l, B o g o tá , 1968
126

C U AD RO No. 12
R E L A C IO N EN TRE L A EX TE NSIO N Y EL E M PLE O DE L A
T IE R R A (1954)
M IN IF U N D IO
H asta d e 1 H ectárea 161,778 8 6 .2 0 %
De 1 a 5 H ectáreas 342,708 6 9 .8 0 %
D e 6 a 10 H ectáreas 142,549 5 4 .7 0 %
L A T IF U N D IO
D e 501 a 1000 H ectáreas 15,366 11 .1 7%
D e 1001 a 2500 H ectáreas 4,912 11 .05%
D e 7.501 V m ás_____ H ectáreas___ 637 8 .0 8 %
Fuente: R e v is ta E c o n ó m ic a C o lo m b ia n a , F e b re ro 1964, v o l, pag. 29

CU AD RO No. 13
C O LO M B IA : D IM E NSIO N DE LA S EX PO R TA C IO N E S 1960
Tam año n u m ero % % S u p e rfic ie en % %
ex p orta cion es A cm u H ectáreas A cu m u |
U dlt
M e n o s d e 0.5 H ectáreas 165,652 13.7 13.7 38 ,3 4 4 0.1 0.1
De 0.5a m en os de 1 132,419 10.9 24.6 93,649 0.3 0.4
De la m en o s de 2 191,347 15.8 40 .4 27 0,308 1.0 1.4
De 2a m en o s de 3 117,005 9.7 50.1 2 7 5,656 1.0 2.4
De 3a m en o s de 5 150,082 12.4 62.5 56 1,019 2.0 4.4
De 5a m en o s de 10 169,145 14.0 76.5 1,164,749 4.2 8.6
De 10a m en o s de 50 2 0 1 ,0 2 0 16.7 93.2 4,21 0,7 77 15.5 24.1
De 50a m en o s de 100 39 ,9 9 0 3.3 96.5 2,680,471 9.8 33.9
De 100a m en o s de 200 22 ,3 17 1.9 98 .4 2,99 6,1 52 11.0 44.9
De 200a m en o s de 500 13,639 1.1 99.5 3,99 4,3 19 14.6 5 9 .5
De 500a m en o s de 1,000 4,141 0.3 99.8 2,73 0,7 64 10.0 69.5
De 1,000a m en o s de 2,500 1,975 0.2 100.0 2 ,80 8,2 10 10.0 79.8
- 2,000 a m ás H ectáreas 786 100.0 5 ,51 3,4 09 20.2 100.0
T o ta l 1,20 9,6 72 100.0 27 ,337,827 100.0
Fuente: D A Ñ E . C e n s o A gro p ec u a rio . 1960 R e su m en N a c io n a l (segu n d a p a rte ) pag. 39

C U A D RO No. 14
C O LO M B IA : N U M ER O Y SU PERFICIE DE LAS EX-
PLO TAC IO N E S SEGUN SU EXTENSIO N. 1954.
E x ten sión E X P L O T A C IO N E S S U P E R F IC IE
N ú m e ro D istribu c. hectáreas D istribu c.
Porcentu a: Po rcen tu al
E x p lo ta cio n es d e to d o s los tam años 919.00C 100.0C 27.748.00C 100.0C
E x plotacion es de m en o s d e 1 hectárea 161.77? 17.6C 83.988 0i3C
•x o lo ta cio n es de 1 H ectá rea v más 757.222 82.4C 27.664.012 99.7C

De 1hectárea a 5 342,788 37.3C 843,136 3,04


De óhectáreas a 1C 143,545 15.62 982,568 3,54
De 11 hectáreas a 2C 101,275 11.02 1,376,097 4,96
De 21hectáreas a 5(j 85,371 9.25 2,594,406 9,35
De 51 hectáreas a 10C 37,814 4.11 2 ,5 8 6 ,0 1C 9,32
De lO lh e ctá rea s a 20C 22,965 2.5C 3,432,206 12,37
De 201 hectáreas a 50C 15,366 1.67 4,685,574 16,85
De 501 hectáreas a 1,00C 4,912 0.54 3,749,071 13,51
De 1,001hectáreas a 2,5 0C 2,541 0.28 4,037,154 14,55
De 2.501hectáreas v m ás 637 0.07 3 .3 7 7 .796j 12.17
127
CUADRO No. 15

D IS TR IB U C IO N DE L A P R O P IE D A D . 1951-1960

Número Superficie
Tamaño de las explotaciones en hectáreas 1951 1960 1951 1960

*1% V# %
Menos de 1 13.66 24.6 0.25 0.4
de 1 a menos de 2 19.0 15.8 1.03 1.0
de 2 a menos de 3 8.46 9.7 0.76 1.0
de 3 a menos de 5 14.85 12.4 2.14 2.0
de 5 a menos de 10 16.63 14.0 4.51 4.2
de 10 a menos de 50 20.16 16.7 17.24 15.5
de 50 a menos de 100 3.65 3.3 9.9 9.8
de 100 a menos de 500 3.05 3.0 33.15 25.6
de 500 a menos de 1000 0.35 0.3 9.59 10.0
más de 1000 0.19 0.2 21.43 30.2

100 99.8 100 100


Nota: Los datos no son directamente comparables y sirven sólo com o término de referencia.
La información para 1951 proviene de una muestra tomada del censo de población.

Fuentes: 1951 con base en C E PA L. E l desarrollo económ ico de C olom bia . An exo estadísti­
co, Cuadro No. 73.
1960. Censo agropecuario de 1960.

Tom ado de: Bejarano J. Antonio, “ La Economía Colombiana entre 1946-1958” en. Nueva
H istoria de C olom bia, T om o V ., Ed. Planeta, p. 163.

CUADRO No. 16

PRED IO S DE M A S DE DOS M IL H E C T A R E A S E N C O L O M B IA
— N U M E R O DE F IN C A S SEGUN E S C A L A DE T A M A Ñ O — 1963
Número de
Extensión en hectáreas fincas

De 2.000 a 9.999 hectáreas 603


De 10.000 a 49.999 hectáreas 103
De 50.000 a 99.999 hectáreas 15
De 100.000 a 499.999 hectáreas 12

Fuente: IN C O R A . Segundo año de la Reforma Agraria. 1963, p. 78, Cuadro No. 1.


128
Pero la consolidación de la concentración territorial en sí misma no está
significando nada para explicar el proceso de desarrollo capitalista, pues
la monopolización territorial, antes por el contrario, es una característica
básica de los modos de producción precapitalistas.353 6L o decisivo es consta­
tar el tipo de relaciones sociales que se consolidaron a la par con la recon­
centración territorial. Pero antes de hacer caracterizaciones de este tipo,
es importante considerar algunos elementos adicionales que nos conduz­
can a demostrar que las relaciones que emergieron durante la Violencia
fueron de tipo capitalista.

En primer lugar, hay que considerar las formas de tenencia predominan­


tes en la agricultura colombiana en el período objeto de nuestra atención.
Así observamos que de un total de 82.902 predios mayores de 50 hectá­
reas (que en total acaparaban 20.723.400 has.), 63.113 predios (que repre­
sentaban un 76.13% con un total de 15.776.522 has.) aparecían bajo la
forma de tenencia de propiedad. Mientras tanto, de esas mismas propie­
dades existían tan sólo 5.347 predios, que representaban el 6.45% del total
de predios, de más de 50 hectáreas.34 Cualitativamente, esto indica que
buena parte de los terratenientes habían devenido en capitalistas que ex­
plotaban directamente sus propiedades, mientras un reducido número de
empresarios capitalistas, que invertían en actividades agrícolas, debían
pagar renta de la tierra.

La consolidación de la agricultura comercial

Otro elemento clave de la agricultura colombiana en la época de la


Violencia lo constituyó el despegue de la agricultura comercial. Obvia­
mente que, como cualquier proceso, este hecho no fue resultado exclusivo
de los acontecimientos de la Violencia, pues con anterioridad se venían
presentando tendencias en el sentido de impulsar la agricultura comercial.
Por ejemplo, ya en 1937 el Anuario General de Estadísticas registraba un
total de 16.175 predios destinados a producir arroz y algodón, sobre una

35. Esto claramente lo señaló la econom ía clásica desde los fisiócratas, p ero quienes más p ro­
fundizaron en su estudio fueron Ricardo y Marx.

36. Cálculos elaborados a partir de S. Kalmanovitz, op. cit., especialmente cuadros 1-11 y
13, pp. 103-104.
129
superficie de 110 mil hectáreas que producían un poco más de 90 mil to­
neladas.37

Sin embargo, la Violencia aceleró un proceso incluso recomendado por la


primera misión Currie en 1950. En efecto, la misión del BIRF presidida
por Currie recomendó claramente que el sector agrícola debía garantizar
un aumento de la productividad que se manifestara en una mayor produc­
ción de alimentos, materias primas y productos exportables; todo lo cual
sólo era posible con la tecnificación y “ modernización” del sector agríco­
la, y con la modificación de las antieconómicas formas de explotación de
los minifundios, de tal forma que los cultivos de ladera fueran desplaza­
dos a las zonas planas para facilitar su mecanización.38

Según el esquema recomendado por la Misión del BIRF, la tecnificación


del campo aumentaría el consumo per cápita, mejoraría la condición de
vida de la población y también aumentaría el volumen de productos ex­
portables, lo cual conllevaría, poco a poco, a la autosuficiencia agrícola
del país y contribuiría a aumentar los bienes de consumo para la indus­
tria.39

Recomendaciones de este género — que fueron adoptadas casi al pie de la


letra por los gobiernos de Laureano Gómez y sus sucesores bipartidistas— ,
planteadas en medio de la violencia más desenfrenada, era obvio que tan
sólo apuntaban a consolidar el proceso de desarrollo capitalista en el país
y a acelerar la incorporación de amplias extensiones de tierras a la agricul­
tura comercial. N o es raro, por eso, constatar que en la década del cin­
cuenta lo hicieron 800.000 hectáreas de tierra, de las cuales sólo 132.000
estaban relacionadas con la colonización.40

La Violencia y el desarrollo capitalista — procesos complementarios— ubi­


caron espacialmente la producción capitalista en el área donde más se fa­
cilitaba su implantación, principalmente en las zonas planas del Tolima,
Valle y Norte del Cauca. A l mismo tiempo, los campesinos eran despla­
zados de esas zonas, bien a los rincones más escarpados de las laderas, a
ampliar la frontera agrícola en calidad de colonos, o a apilarse en las ca­
beceras municipales.41

En los años cincuenta la agricultura comercial creció, mientras que la


agricultura tradicional tendió a decrecer. El cambio es más relevante si se
130

tiene en cuenta que en el café, los cultivos mixtos, e incluso en los tradi­
cionales, se consolidaron empresas capitalistas que generaban buena parte
de la producción de ese tipo de sectores.3
12 La expansión de los cultivos co­
0
4
9
8
3
7
merciales siguió el siguiente comportamiento por quinquenios: entre 1950-
1954 alcanzó una cifra promedio de un 3.4% anual: entre 1955-1959 ese
crecimiento llegó a ser de 15% anual; y entre 1960-64, de 2.2% anual. El
año de mayor crecimiento fue 1959, cuando la producción de cultivos co­
merciales alcanzó un crecimiento — ponderado por medio de un índice ar­
mónico— de 67.6%, cifra lograda, en parte, por la expansión del cultivo
del algodón.43

La expansión territorial de los cultivos comerciales fue más importante en


las tierras dedicadas antes al pastoreo (como el Valle del río Cauca, plan
del Tolima, Cesar, Magdalena y Meta). Después fueron incorporadas nue­
vas tierras (Roldanillo, Saldaña, Coello, Sibundoy) y con la ampliación de
la frontera agrícola también se incorporaron a su producción algunas
tierras de colonización (principalmente en el Meta y el Caquetá). El empu­
je inicial de los años cincuenta se debió ante todo a la expansión territo­
rial, mientras que los mayores incrementos de productividad se dieron
luego de 1965.44

37. S. Kalmanovitz, op. cit., p. 46.

38. El análisis de la primera Misión Currie partía del siguiente diagnóstico: "En la región más
densamente poblada del país... las extensiones planas, situadas en fértiles valles, se dedi­
can a la ganadería mientras que para la agricultura se emplean las faldas de las monta­
ñas (p. 72). Ante esta situación de la agricultura, la Misión concluía: “ ...hay dos solucio­
nes para el problema: provocar una m ejor y más económ ica utilización de la tierra, espe­
cialmente de los campos situados en los ricos valles y sabanas y proporcionar mayores
oportunidades a aquellos que cultivan la tierra para que adquieran terrenos” (p. 443).
Banco Internacional de Reconstrucción y Fom ento, Bases de un program a de fo m e n to
para C olom bia. In fo rm e de una M isión dirigida p o r Lauchin Currie, 2a. edición, Banco
de la República, Bogotá, 1951.

39. Ibid.

40. L. Galeono, op. cit., p. 46.

41. Interesantes descripciones de este proceso se encuentran en los diversos trabajos de


Alfredo Molano, especialmente L o s años del tropel, C E R E C Editores, Bogotá, 1985 y
en Selva adentro. El Ancora Editores, Bogotá, 1987.

42. S. Kalmanovitz, op. cit., p. 111.

43. Ib id ., p. 112.

44. Ibid.
131
Cuantitativamente se puede apreciar el incremento de los cultivos comer­
ciales, tomando como indicativos el área destinada a la producción, la
producción anual y el valor real de esa producción.
Una información comparativa en cuanto a la superficie destinada a la
producción de los distintos tipos de cultivo se encuentra en el cuadro No.
17, según el cual en menos de 15 años la superficie destinada a la produc­
ción de cultivos comerciales más que se duplicó, mientras que la dedicada
a los cultivos de subsistencia o de agricultura tradicional, en ese mismo
lapso de tiempo, mantuvo casi constante el área de cultivo. Las cifras an­
teriores son más reveladoras al observar que el incremento de la superficie
destinada a los cultivos tradicionales, considerado por quinquenios, fue
exiguo: de 0.4% entre 1950-1964: de 1.5% entre 1955-1960: y de 0.1% pa­
ra 1960-1964.45
CUADRO No. 17

C O L O M B IA : SU PE RFIC IE C O S E C H A D A DE LOS
C U LT IV O S M A Y O R E S T A S A S DE C R E C IM IE N T O
1950-1966
Miles de hectáreas
Tipo de cultivo Promedio
1950-54 1965 1966

A. Sector expon. 739 812


1. C a fé
B. S e c to r d e a lta
p ro d u c t iv id a d 56 134
1. A lg o d ó n 151 375
2 . A rro z 50 91
3. C añ a d e azú car3 16
4 . A jo n jo lí 52
5. C ebada N .D .
6 . A c e ite d e p a lm a 12' 30
7. Soya 232 30
8. Sorgo

C. S e c to r d e b a ja
p r o d u c t iv id a d 729 869
1. M a íz 55 66
2. Papa 176 118 115
3 . T r ig o 19 25
4. T abaco 217 246
5 . P a n e la 32 37
6. C acao N .D . 29
7. B an an o

D. S e c to r d e su b s ist.
1. Y u c a 94
2. Fríjol _ 76

3. PtÉUMO

1. Porcentaje acumulativo anual, usando com o puntos finales las cifras del primer y último
año disponible. Prom edio 1958-1962 primeras cifras disponibles.
2. Promedio 1962-1966 primeras cifras disponibles.
3. Azúcar centrífuga.
Tom ado de: J. F. Gaviria, et al, op. cit., p. 73.
132
Las características adoptadas por la agricultura nacional (concentración
territorial, expropiación violenta de los campesinos, tecnificación exclu-
yente de las zonas planas y deterioro de la producción campesina produc­
tora de alimentos) indicaban las particularidades del desarrollo capitalista
del campo colombiano. Esto trajo profundas consecuencias en los años
siguientes al período de la Violencia, pues se afectó profundamente la ca­
pacidad autobastecedora del país en el renglón de los alimentos de origen
agrícola, pese a que la economía parcelaria siguió siendo la principal
fuente de abastecimiento de bienes alimenticios. Pero el país, no mucho
después de la Violencia, debió empezar a importar alimentos y materias
primas que anteriormente producía (como maíz, por ejemplo). En este
punto específico el modelo propuesto por Currie no se cumplió, ya que la
agricultura nacional no pudo satisfacer íntegramente la demanda total de
alimentos y materias primas de origen agropecuario.4 46
5

Ahora bien, los aspectos relacionados con el valor que adquirieron los
principales cultivos es indicativo del peso de la agricultura comercial. En
efecto, la producción aumentó en los cultivos comerciales, siendo la ma­
yor parte de éstos destinados como materias primas para la industria,
mientras que los productos alimenticios apenas si registraron un débil cre­
cimiento (que si se compara con el espectacular crecimiento demográfico
de esta época resulta ser un decrecimiento relativo). En el gráfico No. 1
se observa claramente el desigual crecimiento que, durante el período
1948-1968, presentaron los distintos tipos de cultivos.

Estas desiguales niveles de productividad estaban directamente relaciona­


dos con la incorporación de maquinaria y tecnología moderna a la pro­
ducción de la hacienda capitalista, proceso de tecnificación al que desde
luego no tuvieron acceso ni los medianos agricultores, ni mucho menos
los campesinos parceleros. De ahí la brecha que se presentó entre la pro­
ductividad de las empresas agrícolas de tipo capitalista y la producción

45. Tbid., pp. 120 y s.s.

46. Pese a lo cual los apologistas de Currie, co m o Jesús A. Bejarano, intentaron demostrar
la "sapiencia de los planteamientos de su mentor intelectual”. Cf. al respecto, J. A. Be-
jarano, “Contribución al debate sobre el problema agrario, en F. Leal (presentador), E l
agro en el desarrollo histórico nacional, Editorial Punta de Lanza, Bogotá, 1977, pp. 39
y s.s. En este mismo texto se encuentra una clara respuesta de Jorge Vallejo a los plan­
teamientos del admirador de Currie.
133
campesina. Diferencias que también son ostensibles entre distintos depar­
tamentos, e incluso entre unidades agrícolas individuales en el interior de
una misma región.47 Para completar, la brecha de productividad es mucho
más amplia en la producción de los bienes alimenticios, en que precisa­
mente se ha especializado la economía campesina (como lo registra el cua­
dro N o. 18).

G RAFICA N .4
"E C O N O M IA Y V IO LE N C IA "

VALOR DE L A PRODUCCION DE LOS PRINCIPALES CU LT U /Q a


EN PESOS CONSTANTES DE L958

MILES DE MILLONES DE PESOS

1.8

1.968
LA EXPANSION EN LA PRODUCCION FU E PRINCIPALMENTE EN CULTIVOS
MECANIZADOS

Tomado do: Juan F. G aviria et al., op. c lt . p. 41.


134
C U A D R O N o . 18

R E N D IM IE N T O DE V A R IO S C U L T IV O S EN C O L O M B IA
(Kg. por hectárea) 1965-1967
Tipo de cultivo Experimental Comercial Promedio
Nal.

Arroz riego 5.000 4.000 3.173


Caña de azúcar 21.000 12.000 6.183
Cebada 6.000 3.000 1.747
Fríjol 1.500 1.500 541
Maíz 7.000 4.500 1.028
Papa 60.000 40.000 10.977
Trigo 4.500 2.650 1.076

Fuente: “ Revista Arroz” No. 204, Vol. 19, Sept. 1970, Bogotá, p. 30, Tabla 1.

De la misma manera, si se tiene en cuenta el valor real de la producción


de los principales cultivos comerciales y mixtos, en comparación con los
tradicionales, se observa e) predominio de los primeros. (Algunas cifras
indicativas en este sentido se presentan en el cuadro N o. 19). Mientras
que el valor real de la producción de los cultivos comerciales pasó de
$ 250.500 en 1950 a $ 981.000 en 1964, en el mismo período los cultivos
mixtos (semi-mecanizados) pasaron de generar un valor real de $ 773.100
pesos a otro de $ 1.057.200: los que menos incrementaron el valor gene­
rado fueron los cultivos tradicionales, que originaban un valor real de
$ 727.300 en 1950 y uno de $ 1.079.700 en 1964. Si se suman los culti­
vos comerciales y los mixtos, se obtiene una notable diferencia sobre los
cultivos tradicionales.

En todos los órdenes señalados se notan dos características básicas de la


agricultura colombiana durante los años cincuenta: por un lado, una con­
solidación de la agricultura comercial, ligada a las formas de explotación
tecnificada de tipo capitalista y explotadas primordialmente por formas
de trabajo de tipo asalariado: de otro lado, un estancamiento de la agri­
cultura tradicional, sustentada en trabajo familiar, poco tecnificada y con
un uso superintensivo y, en la mayor parte de los casos, antitécnico del
suelo. Este estancamiento de la agricultura tradicional, comparada con la
comercial y mixta, queda sintetizado en el cuadro N o. 20, en el que se4 7

47. Juan F. Gavina et al., Contribución al estudio del desempleo en Colombia, CIE y DAÑE,
Bogotá, 1971, p. 40.
135
destaca la funcionalidad económica de cada uno de esos tipos de agricul­
tura. Nótese cómo, desde el punto de vista de su funcionalidad económi­
ca, el crecimiento más palpable ocurrió entre aquellos productos agrícolas
destinados a convertirse en materias primas industriales, mientras que los
destinados a alimentación, antes que crecer, reflejan estancamiento.

C U A D R O N o. 19

VALOR REAL DE L A PRODUCCION


DE LOS CULTIVOS 1950 - 1964
Miles de Pesos
(Indice base 1958 = 100)

Subtotal Indice Subtotal Indice Subtotal Indice


Años mixtos mixtos comerciales comerciales tradicionales tradicionales

1950 773.1 94.5 250.5 46.0 727.3 90.4


1951 817.9 100.0 333.6 61.3 742.3 92.3
1952 771.4 94.3 316.3 58.2 720.7 89.6
1953 793.5 97.0 330.1 60.7 733.0 91.1
1954 825.4 100.9 374.7 68.9 759.4 94.4
1955 784.2 95.8 384.4 70.7 761.8 94.7
1956 835.4 102.1 389.2 71.6 783.0 97.3
1957 800.8 97.9 431.8 79.4 836.4 104.0
1958 818.3 100.0 543.9 100.0 804.6 100.0
1959 825.3 100.9 775.2 142.5 835.7 103.9
1960 827.1 101.1 797.0 146.5 737.5 91.7
1961 831.4 101.6 846.4 155.6 852.8 106.0
1962 792.5 96.8 948.2 174.3 942.0 117.1
1963 933.0 114.0 874.7 160.8 1.052.7 130.8
1964 1.057.2 129.2 981.1 180.4 1.079.7 134.2

Fuente: S. Kalmanovitz, O p. cit., Cuadros Nos. 2-11, p. 153.


136

CUADRO No. 20

T A S A S D E C R E C IM IE N T O P R O M E D IO A N U A L (1950-1960)
D E L A P R O D U C C IO N F IS IC A .
V A L O R R E A L Y S U P E R F IC IE C U L T IV A D A D E L O S P R IN C IP A L E S P R O D U C T O S
S E G U N SU F U N C IO N A L ID A D E C O N O M IC A

Produc. Valor
Función Económica Producto física real de Superf.
la prod. cultivada

E X P O R T A C IO N
C afé 4.2 3.8 2.7
Banano 4.9 7.5 5.8
Subtotal 4.5 4.1 3.6

M A T E R IA S P R IM A S
A jo n jo lí 8.1 11.5 12.8
A lgod ón 76.6 75.6 30.8
Cebada 11.2 10.4 4.7
Sorgo y soya — — —

Caña de azúcar 11.7 30.7 4.0


Tabaco 2.5 — 1.0 — 2.6
Subtotal 12.4 24.3 12.2

A L IM E N T O S D E C O N S U M O
D IR E C T O
A rro z 8.6 11.7 7.0
Panela — 1.1 - 1.3 0.6
T rigo 3.9 — 0.7 — 1.3
Fríjol 7.2 3.5 3.7
Plátano 2.8 0.4 1.8
Yuca — 1.8 0.4 — 2.0
M aíz 8.6 4.0 4.1
Papa 8.1 - 1.2 6.0
Subtotal 0.3 1.6 2.7

TO TAL 1.61 3.67 3.42

Fuente? Cálculos realizados con base en las estadísticas de “ La Agricultura en Colombia 1950-1972” . S. Kaimanovitz, Cuadros Nos. 2.3,
2.5, 2.6 y 2.7.
137

Entre las causas que se pueden indicar para explicar el estancamiento de


la agricultura tradicional se debe considerar que su productividad no re­
gistró cambios notables, porque las innovaciones tecnológicas estuvieron
fuera de su alcance; además, las formas de mercadeo y comercialización
siguieron siendo dominadas por la dispersión y la presencia de intermedia­
rios; se continuaron presentando pérdidas en el traslado y movilización
de los frutos, cosa que también limitó la posibilidad de colocar excedentes
en los mercados externos.48

Pero en general, pese al incremento de la agricultura comercial y mixta


— o mejor, por haberse impuesto esa vía en la forma más retardataria po­
sible— la agricultura colombiana perdió importancia relativa frente a
otros sectores, como el industrial y el de servicios. (Esa tendencia se ob­
serva en el cuadro No. 21).

C U A D R O No. 21

C O M P O S IC IO N D E L P R O D U C T O IN T E R N O B R U T O 1950- 1964
( A P R E C IO S C O N S T A N T E S D E 1958)

(Millones de pesos)

°7o Producto
bruto industrial
°7<¡ del producto Producto bruto °7o del producto sobre pro­
Años Producto interno Producto bruto bruto agropecuario industrial bruto industrial ducto bruto
bruto agropecuario sobre el P.I.B. (manufacturero) sobre el P .I.B . agrario

1950 14.688.8 5.615.7 38.23 2.178.5 14.83 38.8


1951 15.146.6 5.687.4 37.54 2.246.8 14.83 39.5
1952 16.102.0 6.074.5 37.72 2.405.8 14.94 39.6
1953 17.081.0 6.091.0 35.66 2.624.6 15.36 43.1
1954 18.262.3 6.254.5 34.25 2.869.6 15.71 45.9
1955 18.976.1 6.408.7 33.77 3.062.8 16.14 47.8
1956 19.745.7 6.624.3 33.54 3.288.1 16.65 49.6
1957 20.186.2 7.035.4 34.85 3.439.8 17.03 48.9
1958 20.682.5 7.257.1 35.09 3.590.2 17.36 49.5
1959 22.176.9 7.615.7 34.34 3.888.8 17.53 51.1
1960 23.123.4 7.626.5 32.98 4.128.9 17.85 54.1
1961 24.300.2 7.950.4 32.71 4.375.8 18.00 55.0
1962 25.615.3 8.219.0 32.08 4.676.6 18.25 56.9
1963 26.457.2 8.260.9 31.22 4.898.6 18.51 59.3
1964 28.088.8 8.730.6 31.08 5.188.2 18.47 59.4

Fuente: S. Kalmanovitz, O p. cit., p. 135.


138

Cada vez es menor, como se puede apreciar p rim a fa cie, la participación


del P IB agrícola dentro del PIB total, tendencia que después de 1964 se
ha mantenido. Ahora bien, por supuesto que la política económica adop­
tada por los distintos gobiernos liberales y conservadores — sobre todo
después de la aprobación de la Ley 100/44— estaba encaminada a impul­
sar y fortalecer el proceso de desarrollo capitalista en el campo. Las prin­
cipales medidas de esas diversas administraciones crearon condiciones fa­
vorables a la inversión agrícola — cosa aparentemente paradójica, en mo­
mentos en que el campo era el escenario principal de los hechos de violen­
cia— ; se dio énfasis a la producción de materias primas (como ya se vio
antes) y se intentó diversificar las exportaciones de bienes agrícolas (con
algodón o caña); también se crearon incentivos para la modernización tec­
nológica de la producción agrícola mediante la incorporación tanto de
máquinas e instrumentos modernos como de semillas mejoradas y abonos
químicos.4 49 De tal manera que el Estado, actuando, al decir de Engels, co­
8
mo un “ Capitalista colectivo” , no intervino para reestructurar la tenencia
de la tierra, sino para adecuar la agricultura a los requerimientos de la in­
dustria, la que debía ser abastecida, principalmente, por las materias pri­
mas de origen agrícola.50

El desarrollo de la agricultura capitalista en Colombia se basó, entonces,


en la conciliación de los intereses de la burguesía y los sectores terrate­
nientes, pues si bien estos últimos se subordinaron a los intereses de los
primeros adecuando la producción en concordancia con los requerimien­
tos de la industria, también es cierto que siguieron manteniendo su omní­
modo control sobre las tierras mejor situadas, de topografía más adecua­
da para la agricultura intensiva y las más productivas. De esta forma, po­
demos decir con Gilhodes, que la Violencia, sobre todo en su período más
álgido de 1949-1953, “ revelaba la crisis estructural permanente de una
agricultura ampliamente tributaria de relaciones de producción precapi-
talistas” .51

48. S. Kalmanovitz, op. cit., pp. 129 y s.s.

49. L. M. Galeano et al., op. cit., p. 43.

50. J. F. Gavina, op. cit., p. 45.

51. P ie n e Gilhodes, L a Question A graire en C olom bie. P olitiq u e et Violence, ED. Armad
Colín, París, 1974, p. 341.
139

L o que definitivamente se impuso, en directa conexión con la violencia,


fue la hegemonía de las relaciones capitalistas en el campo, tanto porque
proletarizó a un contingente importante de campesinos (por ejemplo los
miles de cosecheros de las zonas cafeteras), creando una importante reser­
va de super-población relativa: o bien, porque subordinó a los intereses
del capital a otras formas productivas (como la economía campesina) que
aunque no desaparecieron sí se articularon en una forma muy particular a
las relaciones capitalistas dominantes. La economía campesina persistió,
en primer término, porque debido a su particular permanencia histórica
— de algo así como tres siglos— era bastante difícil que fuera erradicada
del todo de la geografía nacional: en segundo término, el proceso de in­
dustrialización nacional tampoco tuvo la fuerza suficiente como para pro­
letarizar a todos los campesinos; y, en tercer lugar, el capitalismo subordi­
nó a la economía campesina para que produjera alimentos para satisfacer
en parte las demandas urbanas y para que siguiera cumpliendo su función
de producir bienes-salarios, tan importante para la reproducción del capi­
tal en su conjunto.52

El Café

Atención particular merece el caso del café, dado que las regiones más
afectadas por diversas formas de violencia fueron las cafeteras y porque
la estructura de dicho renglón conoció sucesivos momentos de auge y re­
cesión, debido al alza y caída de los precios internacionales. Además, pese
a la crisis experimentada por el sector en 1955, la Federación de Cafete­
ros, FEDECAFE, siguió siendo el gremio más poderoso, e incluso dicho
poder parece haberse reafirmado durante los años cincuenta. Por todo
esto es necesario realizar unas breves anotaciones sobre el impacto que la
violencia tuvo sobre la estructura cafetera.

En primer término, se debe considerar lo relacionado con la tenencia de


la tierra en las zonas cafeteras. A pesar de las disparidades existentes entre
diversas fuentes (como el D A Ñ E , la Federación, la F A O ), está claro que
en los años cincuenta se presentó una leve concentración de la propiedad
agrícola. N o se puede decir, sin embargo, que eso haya significado una
gran concentración de la tierra dedicada al cultivo de café.53 Más bien se
produjo el deterioro de las grandes haciendas que todavía sobrevivían y el
fortalecimiento de las fincas pequeñas y medianas.
140
Empero, el factor más importante en la producción del café — como de
cualquier cultivo— no está directamente relacionado con la extensión de
la propiedad sino con las formas de producción imperantes. En este senti­
do la violencia sí presentó un notable impacto sobre la estructura cafetale­
ra del país. L o fundamental de ese proceso consistió en que, ante la desa­
parición irreversible de la gran hacienda cafetera — proceso iniciado desde
mucho tiempo antes— , la pequeña y mediana propiedad recién consolida­
das empezaron a utilizar nueva tecnologia y a emplear trabajo asala­
riado,5
34 que hacia mediados de los años cincuenta constituía ya la relación
5
2
laboral dominante en la producción cafetera, como se pone de presente en
el cuadro N o. 22. La información indica el proceso evolutivo de la eco­
nomía cafetera que, en 1960, mostraba claramente cómo el trabajo asala­
riado representaba la mitad de la fuerza de trabajo empleada, mientras
que los trabajadores familiares habían disminuido a menos del cincuenta
por ciento y las formas semiserviles sólo constituían el 3.3%.

CUADRO No. 22

EVOLUCION DE LA FUERZA DE TRABAJO EN EL SECTOR CAFETERO EN


EL PERIODO 1923- 1960

Tipo de fuerza
de trabajo
1923 Vt 1932 * 1955-56 % 1960 *

Trabajadores fami-
liares independientes 43.000 50.1 90.000 69.2 130.000 52.0 140.000 46.7
Trabajadores campesi-
nos dependientes 42.000 49.1 30.000 23.1 20.000 8.0 10.000 3.3
(estimados) (estimados)
Trabajadores asalariados
proletarios y semi- (estimados)
proletarios — — 10.000 7.7 100.000 40.0 150.000 50.0

Total de fuerza de
trabajo cafetera 85.000 100 130.000 100 250.000 100 300.000 100

Fuente: Proyecto OTT/PNUD Migraciones Laborales, op. cit.; corresponde al Cuadro No. 8 de dicho trabajo.
Tomado de: A. Machado, op. cit., p. 173.

52. L. M. Galeano, op. cit., p. 50.

53. Absalón Machado, “La econom ía cafetera en la década de 1950”, en Cuadernos de E co ­


nomía, N o. 2, 1980, Universidad Nacional, Departamento de Economía, pp. 160 y s.s.

54. Ib id ., p. 179.
Analizando este proceso, un estudio del Ministerio de Trabajo señalaba
las implicaciones de la Violencia en la economía cafetera en estos tér­
minos:

“ ...S e da un p ro c e s o de d escom p osición cam pesina p o r ei f e n ó m e n o


d e violencia sin q u e p ierda im portancia durante el p e r ío d o la p ro p ia
p ro d u c c ió n cam pesina; aún más, se consolida y expande num érica­
m ente. H a b ía entonces un p ro c e s o c o m b in a d o bastante interesante
de d escom p osición , proletarización y reconstitución más o m en os
continua de explotaciones fam iliares cafeteras a lo largo del p e ­
r ío d o

La penetración de relaciones capitalistas en el interior de la economía


cafetera siguió las características adoptadas por el capitalismo en Colom ­
bia para subordinar distintas áreas de la agricultura: a la par se vivía un
proceso complejo y contradictorio — no lineal ni mecánico— de descam-
pesinización, proletarización y recampesinización, aunque en última ins­
tancia predominó el proceso de conversión de campesinos parceleros en
trabajadores asalariados.

Ahora bien, si se considera la Violencia en las zonas cafeteras y el avance


de la agricultura comercial en regiones como los valles del alto Magdalena
y el alto Cauca — que colindan con las zonas cafeteras— se puede pensar
que entre los dos procesos existió alguna complementariedad y articula­
ción que parece estar relacionada con la circulación de fuerza de trabajo
asalariada. En otras palabras, los campesinos expulsados de las zonas ca­
feteras no se convertían en proletarios agrícolas en el lugar donde habita­
ban — cosa además improbable por los fenómenos de persecución política
que obligaba a emigrar a sitios relativamente distantes— , sino que mu­
chos de ellos se transformaron en trabajadores asalariados en las zonas
de agricultura comercial.56

Esa población se estableció en poblados y caseríos constituyendo un par­


ticular caso de urbanización (ya analizado en el capitulo anterior) en don­
de los nuevos habitantes citadinos estaban más vinculados a las activida­
des agrícolas, pero en condición de asalariados. Estas pequeñas poblacio­
nes y ciudades intermedias, que crecen al ritmo de la Violencia y de la ex­
pulsión rural, cumplieron por consiguiente un particular rol para el capi­
talismo colombiano: fueron grandes “ depósitos” de fuerza de trabajo en
función del desarrollo capitalista a nivel agrícola.57
142
En esta medida, lo fundamental no es que hubieran aparecido chimeneas
y pitos que indicaran la existencia de grandes fábricas e industrias — pen­
sando que la fábrica clásica es lo único que significa capitalismo— sino
que, lo más importante, era que el capitalismo estaba presente como rela­
ción social básica y fundamental, a partir de la cual se configuró tanto la
dominación espacial como el proceso de urbanización; el destino de la
fuerza de trabajo, como la articulación de diversas formas de produc­
ción: etc.

Por otro lado, pese a que las zonas cafeteras fueron las más afectadas
por la Violencia — en todas sus diversas etapas, incluyendo al bandoleris­
mo— la producción de café nunca se detuvo y éste no dejó de exportarse
al mercado mundial. El cuadro N o. 23 muestra bien ese proceso.

CUADRO No. 23

P R O D U C C IO N Y E X P O R T A C IO N DE C A F E P IL A D O
Sacos de 60 kg.

Aflo Producción Exportación

1946/47 ...................... 6.158.605 5.661.464


1947/48 ...................... 5.774.263 5.338.866
1948/49 ...................... 6.148.391 5.587.535
1949/50 ...................... 5.630.440 5.409.653
1950/51 ...................... 5.037.5% 4.472.357
1951/52 ...................... 6.711.083 4.793.983
1952/53 ...................... 6.405.031 5.032.058
1953/54 ...................... 6.718.452 6.632.336
1954/55 ...................... 6.285.133 5.753.820
1955/56 ...................... 5.584.133 5.866.891
1956/57 ...................... 6.085.907 5.069.777
1957/58 ...................... 7.809.170 4.823.733
1958/59 ...................... 7.442.098 5.440.625

Fuente: A . Machado, op. cit., p. 180.5


7
6

55. Citado en A . Machado, op. cit., p. 174.

56. Manuel Sánchez Vásquez, “Sobre la estructura de clases de la Formación Social Capita­
lista en Colombia. Hipótesis de trabajo”, en U n o en Dos, N o. 8, 1977, p. 37.

57. Ibid. En el mismo sentido, U. Cam po, L a Urbanización, pp. 35 y s.s.


143
Los dos momentos de caída de la producción de café pilado, 1950-51 y
trillado 1955-56 se deben no precisamente a los fenómenos de violencia
sino, en el primer caso, a influencias climáticas negativas y, en el segundo,
al impacto inmediato de la caída de los precios del café en el mercado in­
ternacional.58

Finalmente, desde el punto de vista tecnológico, en los años cincuenta la


economía cafetera evidenció un marcado retraso frente a la moderniza­
ción de la agricultura comercial. En el cuadro N o. 24 se observa en forma
comparativa la evolución de los rendimientos que presentaba el café en
los distintos departamentos en tres períodos diferentes.

CUADRO No. 24

RENDIMIENTO DE CAFE, PROMEDIO NACIONAL Y POR DEPARTAMENTOS


1932-1955
kg/ha. Cafetos por ha.
Departamento 1932 1955 1970 1932 1955

Antioquia 580 656 588 1.537 1.976


Boyacá 323 309 391 1.130 4.708
Caldas 767 680 726 1.212 1.285
Cauca 304 420 374 1.423 3.236
Cundinamarca 634 330 508 1.687 4.470
Huila 342 397 457 1.125 2.398
Magdalena 225 360 429 1.947 3.303
Nariño 313 191 377 1.542 3.298
Santander del Norte 647 377 340 2.405 4.968
Santander 483 411 450 2.347 4.968
Tolima 449 517 506 1.259 2.250
Valle 555 621 611 1.198 2.050
Promedio Nacional 581 523 541 — —

Fuente: Fedecafé. Censo Cafetero 1970.


Fedecafé. Censo Cafetero 1932.
C E PA L / F A O , op. cit., para 1955.
Tom ado de: A . Machado, op. cit., p. 194.

El estancamiento de los rendimientos en la explotación cafetera estaba


vinculado a diversos factores como la edad de los cafetales, el efecto del
cambio de relaciones sociales en la producción de café en tan poco tiem­
po, y al escaso nivel tecnológico alcanzado en la producción del grano.
Sólo hasta los años sesenta se revirtió un poco el desfase tecnológico exis­
tente en la producción de grano.
144

Ciclo económico en Colombia

Analizando las estadísticas macroeconómicas de Colombia, podemos


observar las notorias fluctuaciones que se presentan en el período de la
Violencia, con las cuales es factible establecer un ciclo interno que, si bien
está ligado al ciclo externo de la economía mundial, presenta ciertas ca­
racterísticas dadas por las políticas de los gobiernos de turno.

En un lapso de 16 años, desde 1951 hasta 1966, se distinguieron claramen­


te cuatro fases. Una primera, que recogió el alza de precios de la post­
guerra, mostrando una bonanza con un notorio crecimiento del Producto
Interno Bruto (ver cuadro N o. 25) y unas fluctuaciones de las exportacio­
nes con un promedio elevado. L o mismo sucedió con el Valor Agregado
de la industria y la Inversión Bruta Fija, de notable crecimiento.

Una segunda fase empezó en 1955 y coincidió con el descenso de los


precios del café. En medio de la crisis externa, el crecimiento de la econo­
mía colombiana fue mínimo. Las importaciones disminuyeron, el creci­
miento del P IB fue regular e inferior al del período anterior. El Valor
Agregado de la industria se redujo pero en menor proporción que la In­
versión Bruta Fija. Mientras los precios del café caían, el nivel de precios
interno del total de la economía subía triplicándose hacia la mitad de la
fase, para luego estabilizarse hacia 1958.

La tercera fase, de recuperación, presentó un notorio desarrollo. Los


indicadores económicos señalan un rápido crecimiento: el PIB tuvo un
aumento hacia 1959 para estabilizarse en los años siguientes alrededor
del 5.5%. La industria se afianzó y su Valor Agregado Bruto pasó de un
promedio de 5.8 a 6.9. Igualmente, la Inversión Bruta Fija tuvo un gran
crecimiento hacia el año 60, pasando de 7.5% a un 17.8%, para luego
descender en los años siguientes. Aún cuando hay un notorio avance de
la economía, si miramos las cifras del cuadro N o. 25 podemos observar
que este aumento es menor que la primera fase, es decir, que el período
de la bonanza en la postguerra.5
8

58. A . Machado, op. cit., pp. 179 y s.s.


145

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146
La última de las cuatro fases comenzó en 1963 y finalizó hacia 1966. Fue
un período de grandes fluctuaciones, pues las importaciones pasaron de
un 0.2% a un 24.8% en 1964, para luego presentar un índice negativo en
tasas de crecimiento del año siguiente con un — 20.3%, y recobrar su im­
portancia en 1966 con un 32.8%. Dichas fluctuaciones estuvieron ligadas
íntimamente al nivel de los precios internacionales del café. El PIB y el
V A B de la industria se mantuvieron estables, con un cierto crecimiento,
pero afectados por las fluctuaciones tanto internas como externas. El índi­
ce de nivel de precios muestra cómo se presentó un vertiginoso aumento
comparado con las fases anteriores, con una inflación afectada básica­
mente por el sector externo.59

59. Luis Bernardo Flórez, ‘‘Los ciclos en la Economía Colom biana", Cuadernos C olom bia ­
nos, N o. 3. José A ntonio Ocam po, H istoria Económ ica de C olom bia, Cap. 7, Ed. Si­
glo X X I, Bogotá, 1988.
CAPITULO IV

La Regionalización Económica de la Violencia

Introducción M etodológica

Desde hace varios años se vienen incrementando en el país los estudios


regionales en distintas áreas de las Ciencias Sociales, pero especialmente
en Historia. Hasta tal punto, que los tres últimos Congresos Colombianos
de Historia han versado centralmente sobre este tipo de enfoque para el
análisis de la Violencia. Estos elementos ameritan, según nuestro punto
de vista, unas breves reflexiones sobre el sentido de la historia regional,
sus alcances y limitaciones, sus vinculaciones con la historia nacional y
mundial, etc.

Historia Regional e Historia Nacional

Hace ya casi un cuarto de siglo, Mario Arrubla propuso el célebre afo­


rismo de que en nuestros países no existía historia nacional, sino que en
ellos se reproducían, casi automáticamente, las etapas de la dependencia,
las que a la larga predominaban sobre cualquier proceso interno de estos
países. Mucho fue el debate posterior que suscitaron dichas tesis, así
como el conjunto de los postulados dependentistas, a las que se llegó a
considerar como esquemas muy mecánicos y rígidos para el análisis de la
conflictiva historia latinoamericana:1 además, poco se dijo que en el fon­
do esos esquemas estaban muy cargados de etnocentrismo y europeocen-
trismo y de la visión hegeliana sobre los pueblos “ sin historia” .

La Tesis de Arrubla y de los dependentistas extremos como A . Gunder


Frank, rápidamente fueron perdiendo audiencia, debido, entre otras co­
sas, al fracaso del modelo político catastrofista en que estaban basados
148
y se empezaron a implementar estudios de historia nacional en los diver­
sos países de América Latina, incluido Colombia.

En el curso de los años surgió, en parte como reacción al dependentismo


extremo, una corriente histórica que reivindicó el análisis de los procesos
regionales. Germán Colmenares, uno de sus principales impulsores en C o­
lombia, escribía hace más de 10 años, sobre el fundamento espistemológi-
co de los estudios regionales:

“ E ste vira je m e to d o ló g ic o , q u e privilegia el análisis d e la p ro d u c c ió n


m ism a y d e sus fo r m a s sociales antes q u e los fe n ó m e n o s del m erca­
d o internacional, d e b e con d u cir a la investigación de “ pa rcela s ” de
la realidad y n o sim plem ente p o r “ n a cio n a lism o ” o regionalism o
p ro vin cia n o , sin o co n el f i n de sustentar una teoría más adecuada
d e la fo r m a c ió n eco n ó m ic a -s o c ia l” . 1
2

Desde mediados de los años 70 tomaron auge en el país estudios regiona­


les. En estos se pueden encontrar distintas tendencias y posibilidades me­
todológicas, pero a nivel académico predominó una concepción específica
de la historia regional: la que tiende a sustituir el conocimiento de la N a­
ción por la consideración de la región.2A

Si bien es cierto que es saludable la aparición de la historia regional, por­


que ella posibilita un acercamiento más concreto a problemas específicos
de determinada región y, al mismo tiempo, supera las generalizaciones
abusivas de muchos investigadores que no tienen una formación historio-

1. Entre las críticas más sobresalientes hechas a Mario Anubla se cuentan las de Salom ón
Kalmanovitz, “A propósito de Anubla", en Ideología y Sociedad. N o. 10, 1974 y Enri­
que Sem o. H istoria del Capitalismo en M éxico. L o s Orígenes. Ediciones Casa de las
Américas, La Habana, 1978, especialmente la introducción.

2. Germán Colmenares, Cali, mineros, terratenientes y comerciantes Publicaciones Univer­


sidad del Valle. Cali, 1975, p. 12.

2A . Algunos análisis regionales ya habían aparecido antes de los años setenta, pero su interés
fue mínimo y escasos los estudios efectuados. Entre esos estudios merecen destacarse los
relacionados con la colonización antioquefía (principalmente el de James Parsons). Para
el caso de la Violencia se presentan tentativas de regionalización ya desde los primeros
escritos, sobre el tema específicamente en Roberto Pineda Giraldo (E l im pacto de la Vio­
lencia en el Tolim a : el caso del Líb a n o) y en el clásico libro de Guzmán, Fals Borda y
Umaña Luna (L a Violencia en C olom bia. Estudio de un proceso social).
149
gráfica, también es válido que la historia regional no puede suplantar a la
historia nacional. En ese sentido, aunque la afirmación inicial de Colme­
nares, asi como sus trabajos investigativos, indicaban el camino “ correc­
to” , no se puede decir que esa linea predomine en la investigación re­
gional.

Si se miran con algún detalle las ponencias presentadas en los últimos tres
Congresos, de Historia y en los dos simposios de la Violencia realizados
en Chiquinquirá, se podrá constatar como, antes que la historia regional,
lo que predominó fue el provincianismo regional.3

Para ser más concretos, en la gran mayoría de casos ha prevalecido un


discurso que privilegia el análisis de asuntos regionales, pero cuyo entra­
mado se deja de vincular tanto con la historia nacional como con historia
mundial, cosa todavía más grave cuando se analiza la historia contempo­
ránea del país. Es mucho más difícil encontrar relaciones entre distintas
regiones de lo que hoy constituye Colombia y el imperio español o el mer­
cado mundial del siglo X IX , pero en pleno siglo X X , sobre todo en los
últimos 30 años, es casi imposible disociar el análisis de cualquier fenóme­
no histórico, por local que parezca, del contexto nacional y mundial.

Este es un aspecto clave en la discusión que se efectúe sobre historia re­


gional, puesto que, salvo excepciones,3A no se encuentra en el discurso de
la historia regional un análisis a fondo de los nexos que se establecen con
la historia global del país. Porque pese a que Colombia sea considerada
como un “ archipiélago de regiones” y que el país se haya unificado na­
cionalmente en forma tardía — algunos pregonan que ese proceso de unifi­
cación nacional todavía no ha concluido— , ni el federalismo de los radi­
cales ni intentos separatistas de distintas regiones durante el siglo pasado
y parte del presente han cuajado en la conformación de otros países deh-
tro del país. Es decir, que por más que la unificación nacional se haya
dado en forma autoritaria (a partir del modelo de la constitución del 86)
y excesivamente centralista, algún hilo vincula a ese centro con las perife­
rias regionales. Creemos que eso es más evidente y difícil de soslayar al
abordar el estudio de la historia contemporánea del país.

En no pocos casos la historia regional ha devenido en puro regionalismo,


como lo indica una de las conclusiones del Quinto Congreso de Historia
donde se pregonó que al “ antiguo Caldas” en adelante debería denomi­
nársele “ Gran Caldas” .4
150

Vista en este sentido la historia regional sirve para cualquier cosa: para
legitimar a los gamonales locales de cada región, identificándoles su histo­
ria (bien de sus haciendas, de su expansión colonizadora, de sus funda­
ciones o de lo que sea) o para que los historiadores de las regiones po­
sean objeto de estudio propio y tengan de qué hablar en sus provincias.

La otra perspectiva, la del análisis regional para ayudar a desentrañar


procesos sociales que iluminen las actuales luchas populares de las regio­
nes, tanto contra las fracciones dominantes locales como contra el asfi­
xiante centralismo de las élites dominantes, no aparece claro en esa ten­
dencia académica de la historia regional. Surge nítida, por el contrario,
entre investigadores que han seguido su trabajo al lado de los sectores
populares (cuyo caso más representativo es el de Orlando Fals Borda), en
los paros y movimientos cívicos y fuera de la academia. Es decir, esta al­
ternativa de historia regional, que impide caer en un regionalismo estre­
cho que legitime a las élites locales, se ha gestado a partir de los mismos
protagonistas populares que en el momento llevan la voz cantante en las
provincias contra aquellos gamonales, terratenientes o comerciantes que
han usufructuado los poderes locales y han sido los portavoces más escla­
recidos del poder central del país.

En efecto, en esta otra variante de lo regional se encuentra una concep­


ción explícita sobre los alcances de la investigación en las localidades y
provincias. A l respecto es bueno recordar los planteamientos de Fals Bor­
da en el primer tomo de su “ Historia doble de la Costa” , cuando señala
que:

“ E l con cep to de región, q u e a p rim era vista p a rece o b v io , d e b e re­


con ocerse y estudiarse seriam ente, p o r q u e tiene im plicaciones im p o r - 3
4

3. Cf. M em orias del Tercer Congreso de Historia. Medellin, 1981 y M em orias del Q uinto
Congreso de Historia. Armenia, 1985.

3A. Entre obras que han efectuado un análisis regional en directa conexión con el plano na­
cional merecen destacarse: P. Oquist, Colombia, Violencia, co n flicto y p olítica en C o ­
lom bia, Publicaciones Banco Popular, Bogotá, 1978 y James Henderson, Cuando C o ­
lom bia se desangró. El Ancora Editores, Bogotá, 1984.

4. Conclusiones del Quinto Congreso de Historia de Colombia, julio de 1985, Grabación


en p od e r de los autores.
151
tantes para la práctica política, e l fre n te id eológ ico y la planeación
econ óm ica y s o c ia l” . 5

Y más adelante, en forma todavía más enfática, retoma el análisis marxis-


ta de formación económica-social, indicando que:

“ D in a m icid a d e historicidad van cogidas de la m a n o en el estudio de


toda fo rm a c ió n . P e r o n o p u e d e darse el infinito social. Pa ra q u e
tengan sentido, d eben expresarse en lo social delimitada p o r la natu­
raleza específica d e sus articulaciones propias. Estas articulaciones
com p ren d en n o s ó lo la m anera c o m o se interpenetran en esa totali­
dad los diversos m o d o s d e p ro d u c c ió n sin o tam bién la e volu ción de
las instituciones políticas y sociales locales con sus secuencias de
continuidad y discontinuidad histórica. E l espacio g eográ fico, q u e es
el teatro de esas secuencias, p u e d e determ inarse social y e c o n ó m i­
c a m e n te '\ *

A partir de estas consideraciones, Fals Borda concluye haciendo una reco­


mendación metodológica de indudable importancia:

“ U n a fo r m a c ió n social p u e d e estudiarse c o m o una interacción de re­


g ion es vinculadas histórica y políticam ente, q u e dejan de verse c o m o
entes solam ente, naturales o geog rá ficos para recom p on erse c o m o
entidades sociales y econ óm ica s dinám icas q u e tienen una base espa­
cial com ú n . D e term in a r regiones c o m o elem entos dinám icos de una
fo r m a c ió n social concreta es un p ro b le m a q u e n o se ha resuelto sa­
tisfactoriam ente. E vid en tem en te n o c o n vie n e parcelar excesivam ente
el espacio para p ro d u c ir visiones m icrosociales, y a lo m ás q u e p u ­
diera ju stifica d a m en te aspirarse sería a plantear su b re g io n e s” . 7

En forma explícita Fals Borda se está refiriendo, cuando habla de que no


se debe parcelar en forma excesiva el espacio, a una tendencia muy mar­
cada en la historia regional, que nosotros denominamos el “ aporismo
histórico” (siguiendo la terminología del filósofo presocrático Zenón de
Elea):8 concepción que conduce a la superespecialización de los historia­
dores, consistente en que éstos llegan a saber tanto de tan poco, que no
saben nada de nada (el caso de aquellos investigadores que saben todo lo
relativo a la minería en el Valle o en Antioquia, que llegan al extremo de
saber todo lo relacionado con una veta minera en un año concreto, pero

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^{IBIIOTECA DARIO ECHANDIA
' ¡B A G U E
152

perdiendo de vista el contexto y la totalidad. Son, en definitiva, historia­


dores de “ socavón” .)

Otro de los problemas que presenta la historia regional es que en vista de


que ha aparecido como una moda — cosa nada rara en el medio intelec­
tual del país— , se considera que nadie está en capacidad de escribir histo­
ria nacional hasta tanto no se hayan escrito la historia de todas las regio­
nes.5
9 Es decir, que en esta perspectiva la historia nacional es una suma de
8
7
6
historias regionales y nada más. La región sustituye, desde el punto de
vista analítico, a la nación y al mundo y se erige en el nuevo objeto de es­
tudio privilegiado que no tiene nada que ver con el resto de la totalidad
social. De esta forma, luego de 20 años asistimos a la paradoja de llegar
nuevamente a la formulación de Arrubla sobre la inexistencia de historia
nacional, por la vía contraria. Si para el primero sólo existían vínculos de
dependencia, para los segundos únicamente existen regiones, o cuando
mucho una yuxtaposición de regiones, pero no historia nacional. Un ex­
tremo, como suele ser común, condujo al otro, y ambos se identificaron
en el camino.

Por último, no es casual que muchos de los estudios que han devenido en
una historia regionalista y provinciana — distinta en nuestro entender a
una adecuada historia regional— fundamenten epistemológicamente su
concepción en el ataque al concepto de totalidad social,10 por considerar
5. Orlando Fals Borda. M o m p ó x y Loba, H istoria doble de la Costa. Carlos Valencia Edi­
tores. Bogotá, 1980, p. 178.

6. Ibid.

7. Ibid.

8. Utilizamos aquí la denominación de "apolism o histórico" para referirnos a aquella con ­


cepción, muy en boga entre ciertos historiadores regionales, que intenta justificar la divi­
sión al absurdo del tiempo y el espacio histórico hasta llegar a constituir una microhisto-
ria extrema que tranquilamente puede divagar sobre la historia de un caso en una fecha
muy concreta. El término aporta, que en el fon d o es un sofisma lógico fue empleado por
el filósofo griego Zenón de Elea para demostrar que no había movim iento porque el es­
pacio, teóricamente, se podía dividir al infinito. Ciertos historiadores creen también que
el espacio y el tiempo se pueden dividir en partículas infinitas, que constituirían el objeto
del estudio de la microhistoria.

9. En la conferencia inaugural del Cuarto Congreso de Historia, realizado en Tunjo en di­


ciembre de 1983, Jaime Jaramillo Uribe consideraba que para volver a escribir historia
nacional tendrían que pasar muchos lustros, puesto que todavía faltaba investigación a
fon d o sobre las distintas regiones. Grabación en p od e r de los autores.

10. Cf. Ronald Anrup. Sobre la totalidad, mimeo, s.f.


153
que quienes sustentan esta perspectiva tienen una visión que privilegia el
estudio del conjunto (nación y mundo) antes que de las partes (regiones y
subregiones). Como si se tratara de que una predominara sobre la otra,
la historia regional sobre la nacional y viceversa, y no de determinar las
múltiples y contradictorias conexiones que existen en el interior de una
formación social específica e históricamente determinada.

Historia Regional y Violencia

Y a desde la primera obra clásica sobre la Violencia, escrita hace 25


años, se vislumbraron las diferencias regionales de ese proceso. A llí se
indicaron como regiones diferenciables a: la zona central (parte del Toli-
ma, Cundinamarca y Huila), zona nororiental (parte de Boyacá y los San-
tanderes), zona oriental (los Llanos), zona occidental (el antiguo Caldas
y Valle), zona noroccidental (parte de Antioquia y Chocó y sur de Bolívar
— actual departamento de Córdoba).11

El énfasis de este estudio apuntaba principalmente a señalar las particula­


ridades sociológicas y culturales de cada región, antes que a considerar los
aspectos políticos y económicos del fenómeno. En cierta forma eso es ex­
plicable si se tiene en cuenta la formación académica y profesional de los
autores del libro, asi como el sentido de la investigación que consistía en
elaborar un diagnóstico del fenómeno de la Violencia para proponer so­
luciones, que deberían aplicar los primeros gobiernos del Frente Nacional.

Un segundo intento de regionalización de la Violencia fue realizado por


Paul Oquist a mediados de los años setenta. Este análisis, sin embargo,
partía de bases absolutamente opuestas a las de Guzmán, Fals Borda jj
U maña Luna, pues su regionalización se hacía teniendo en cuenta el aná­
lisis estructural de la Violencia. Por eso último Oquist entendió la con­
fluencia de un cierto tipo de fenómenos históricos que adoptaron una ma­
nifestación violenta particular. El autor norteamericano consideró que du­
rante los años cuarenta y cincuenta se sobrepusieron, cruzaron y relacio­
naron distintos elementos de Violencia, los cuales estaban ligados princi­
palmente a cierta región, sobresaliendo estos casos: guerras civiles de gue­
rrillas; rivalidades tradicionales entre diferentes poblaciones, sobre todo
por el color político: violencia por el control de las estructuras de poder
local: conflictos por el control y monopolio de la tierra: enfrentamientos
154

en la zona cafetera por el control de la cosecha: y aquellas áreas en donde


hubo Violencia a pesar de que la presencia estatal era sólida.12

En este caso el análisis regional de la Violencia es mucho más esencial


que el proporcionado por los autores de la “ Violencia en Colombia” ,
dado que a partir de un eje central de análisis, el derrumbe parcial del Es­
tado, que aparecía como el elemento cardinal dominante a escala nacio­
nal, se consideraban sus manifestaciones regionales: es decir, directamente
se establecía una vinculación entre lo general (la Violencia a escala na­
cional) y lo particular (las diferentes violencias regionales).

Pese a que la tesis central de Oquist no fuera válida, en su estudio sí indi­


có un punto fundamental, que a nuestro modo de ver no puede ser aban­
donado cuando se considera cualquier estudio de la Violencia en la pers­
pectiva que sea, incluso a nivel local. Ese aspecto es el relacionado con la
confluencia histórica de la Violencia en una dimensión nacional, aunque
existieran particularidades regionales.13

Una tercera forma de regionahzación de la Violencia fue elaborada por


Carlos Ortiz, en un trabajo absolutamente desconocido.14 Para efectuar
su regionahzación, Ortiz parte de considerar que en el período de la V io­
lencia se presentó una consolidación del capitalismo en Colombia, tanto
por el predominio de relaciones económicas de ese tipo como por la con­
solidación del Estado burgués. Esto implicó que en la Violencia se res­
quebrajaran ¡as bases del poder gamonal (de tipo precapitalista). Como
las bases del poder gamonal eran diferentes en diversas regiones (por la
misma evolución histórica de cada una de ellas), de la misma-, manera las

11. Germán Guzmán et. al., La Violencia en C olom bia. Estudio de un proceso Social. T o ­
m o I. Ediciones Tercer Mundo. Bogotá, 1962, pp. 118 y s.s.

12. Paul Oquist. Violencia. C o n flicto y P olítica en C olom bia. Ediciones Banco Popular. B o ­
gotá, 1978, pp. 275 y s.s.

13. Según Oquist: “La Violencia está compuesta p o r varios y complejos procesos socíales-
económ icos y socio-políticos que se tornaron violentos en varias áreas dentro del mismo
lapso. El elem ento común condicionante de esos conflictos y de su violenta expresión fue
el derrumbe parcial del Estado Colom biano”, op. cit., p. 275.

14. Nos referimos a su tesis de magister titulado. E l desencadenamiento de la Violencia en


C olom bia. U. de los Andes, 1978.
155
manifestaciones de Violencia fueron disímiles en distintos ámbitos espa­
ciales y económicos del país y también sus manifestaciones temporales tu­
vieron discontinuidades. Según Ortiz, primero entraron a la Violencia las
zonas de minifundio — en donde existían formas de propiedad parcelaria
y muy pocos hacendados— las que fueron afectadas por una Violencia
partidista sectaria, espontánea y masiva. En estas áreas no existia, sin
embargo, como agente central de la Violencia, una intencionalidad eco­
nómica sino más bien un predominio de las actitudes partidistas. Aquí
dominaban a sus anchas los gamonales.

Donde se desarrolló con más fuerza la segunda ola de Violencia (1949-


1953) fue en sectores esencialmente latifundistas (los Llanos, sur y oriente
del Tolima, Cundinamarca suroccidental y Antioquia occidental). Hay
que diferenciar entre estos dos grupos: las regiones ganaderas de los Lla­
nos y Antioquia occidental y el resto de zonas latifundistas. Aquí también
se manifestó el poder gamonal pero en forma diferente a las zonas mini-
fundistas, ya que en este caso no existía un apego ancestral a la tierra o a
la clerigalla, sino que las pautas de compartimiento social y cultural eran
un poco más laxas, lo que posibilitó como en el caso de los Llanos, que
el enfrentamiento adquiriera connotaciones sociales más definidas, hasta
el punto de que se bosquejara un enfrentamiento nítido contra el gobier­
no. En las otras zonas, como el Tolima, existía un claro y tradicional en­
frentamiento contra la hacienda o contra los terratenientes que cercaban
los resguardos indígenas. En estas dos últimas partes fue donde la Violen­
cia apareció como una retaliación contra las luchas agrarias de los años
veinte o treinta.

En tercer lugar, la Violencia tardía, que adquirió más fuerza en aquellas


regiones de predominio de la pequeña propiedad, en donde las relaciones
precapitalistas estaban más descompuestas (viejo Caldas, norte del Valle
y Tolima, región cafetera de Santander). Aunque en estas zonas también
el poder gamonal estaba presente, su presencia se encontraba más direc­
tamente relacionada con aspectos económicos, como por ejemplo con la
cosecha cafetera en Caldas o con el despojo a que fueron sometidos los
campesinos en el norte del Valle.15

Resumiendo su primera concepción sobre la Violencia, Ortiz indica:

" E n todas las fo r m a s d e " Violencia ” se cernía la fig u ra c o m ú n del


"g a m o n a l” : es decir, terrateniente o com erciante o u surero (o las
156

tres cosas al tie m p o ) q u e arrienda su hacienda a varios “ vivientes ” ,


o q u e even tu a lm en te le cede en com pañía a varios “ a g reg a d o s” o
“ p u ra m b e ro s ” , o q u e em plea p e o n e s p a ra la ganadería, o qu e, en
f in , sin ejercer su explotación a través d e la renta supedita a los
cam pesinos independientes p o b r e s y a los m e d io s a través ( . . . ) d e la
com p ra m ayorista condicionada d e su p ro d u c c ió n (p o r e je m p lo los
com p ra d ores d e ca fé), y les adelanta el p a g o a con d ición d e im p o ­
nerles los p re c io s d e c o m p r a ” . 1
56

En esta clasificación existe también un elemento dominante, pero con la


diferencia de que es visto como una relación social: el poder gamonal,
que salió resquebrajado o “ modernizado” en algunas zonas luego de la
Violencia.

Esos tres intentos de regionalización de la Violencia tenian en mente la


estrecha relación entre lo nacional y lo regional e inscribían ese proceso
dentro de un patrón dominante o que permeaba los distintos aspectos
regionales.

H oy en día se nota una concepción opuesta que, privilegiando los aspec­


tos regionales, descuida la consideración de lo nacional. Quien más espe­
cíficamente ha manifestado esta tendencia es Daniel Pecaut, que contra­
dictoriamente en sus estudios concretos no lo ha desarrollado sino ha
continuado su investigación desde una perspectiva global. El mencionado
autor ha llegado a sostener:

“ d e un departam ento a otro, d e un m u n icip io a otro, d e una vereda


a otra, los hechos, partidistas sociales y el ba n d id ism o se com bin a n
y se organizan de m aneras diferentes a lrededor d e una m ultiplicidad
d e prota gon ista s; además, se d esenvuelven algunas tem poralidades
diferentes, se explican en f o r m a diferente y tienen consecuencias
distintas s o b r e la distribución de la p ro p ie d a d o el excedente eco ­
n ó m ic o , hay un elem en to q u e se encuentra p o r d oq u ier, sobrep u esto
a todas las m anifestaciones de violencia: la división partidista. L a

15. Ibid, pp. 60 v s.s.

16. Ibid, p. 64.


157

era d e las grandes explicaciones causales está definitivam ente ( ! ! )


term inada... ” . n

De tal forma que en el extremo del “ aporismo histórico” (dividir el espa­


cio y el tiempo al infinito como hacia el filósofo griego) se puede entonces
llegar a sostener que entre la casa de un campesino y la de su vecino la
Violencia es distinta y no hay posibilidad de hacer ningún intento de gene­
ralización ni de explicación jerarquizada. Esto es llegar al escepticismo
total en las ciencias sociales.

En ese caso, ¿para qué las ciencias sociales? Poco importa que después
Pecaut intentara enmendar su extremismo sosteniendo que “ ni la diversi­
dad de los fenómenos de la Violencia, ni la quiebra de las explicaciones
causales globalizantes pueden impedir que la violencia sea al mismo tiem­
po una” .18 Es decir que Pecaut, como le sucedió a Galileo, al final tuvo
que confirmar todo lo que previamente había negado. Así, el problema de
fondo sigue gravitando: ¿por qué coinciden en el tiempo, en casi todo el
país, distintas manifestaciones de Violencia?

Siguiendo la línea indicada por Pecaut, Ortiz efectuó otro trabajo, sobre
el Quindío, a nuestro modo de ver de menos calidad y rigor en compara­
ción con su tesis de grado, en donde ataca a fondo aquellos intentos de
analizar la Violencia a partir de un parámetro central, en este caso el rela­
cionado con el desarrollo del capitalismo — el que también compartió en
su primer trabajo— indicando que este tipo de análisis

“ se alim entaba d e un p o s itiv is m o m u y característico en la ép oca p o r


de quienes utilizaban térm inos m arxistas: consistía grosso
p a rte
modo, en reunir estadísticas g loba les d e fu e n te oficial (distribución,
d e tam año d e p rop ied a d , m igraciones, censos p o r ocupación, e t c .) y
“ aplicarles” las fo rm u la c io n e s del capital o de los clásicos eu rop eos
en general, sin trabajar especialm ente los m ecanism os de la relación
q u e se establecía... L a Violencia en C o lo m b ia n o p o d ía así tener m ás
respuestas q u e las p osib les b a jo una sola pregunta, la cual se consi­
deraba a priori, e l “ m a rco te ó r ic o ” necesario: c ó m o determ in ó en
ella su (ú n ic o ) f i n d e adaptar la estructura d e la tierra en la dirección
del capitalism o, o a l o su m o , c ó m o se sirvieron d e ellas los “ terrate­
n ien tes” para sabotear la lógica d e la e v o lu c ió n ” . ' 9
158
Es cierto que este autor efectúa críticas correctas a algunas interpretacio­
nes sobre la Violencia, que realmente poco trabajaron con un material
empírico amplio y además manejaron conceptos y categorías muy genera­
les. Que eso haya acontecido no quiere decir que cualquier nivel de abs­
tracción y generalización sea ilícito y que no pueda ser viable considerar
el dinamismo de determinada formación social vista como una totalidad
concreta con múltiples interrelaciones entre sus partes. Y no es que única­
mente el capitalismo en forma teleológica desde sus primeras manifesta­
ciones muestre los aspectos centrales de su desarrollo, sino que en ciertas
fases históricas acelera ese proceso de desarrollo y consolidación y, en el
caso colombiano, ese proceso se presentó durante la Violencia. Aunque
la estadística no es un instrumental “ neutro” , sí puede indicar tenden­
cias (por ejemplo si la producción tiene cierta magnitud y no otra está
indicando algo, lo mismo sucede con el nivel de industrialización, la po­
blación económicamente activa, la participación de la agricultura dentro
del PN B , etc.) a partir de las cuales se plantean los problemas y se buscan
las respuestas a dichos problemas. En este sentido, la función de la histo­
ria, y en particular de la historia económica, consiste en no contentarse
con indicar las cifras globales de la industrialización, de la inversión ex­
tranjera, el crecimiento agrícola, etc., sino en explicar qué conflictos y
contradicciones se encuentran detrás de esas cifras, etc. En forma olímpi­
ca, como hace Ortiz, tampoco se pueden desconocer las cifras, desechán­
dolas simplemente porque su tratamiento ha sido defectuoso.

En el fondo del asunto hay elementos que no pueden ser hoy soslayados:
por ejemplo, a pesar de lo que consideren los campesinistas, sobre el su­
puesto de que la Violencia no haya generado capitalismo en los campos
colombianos, cabe hoy preguntarse, entonces, ¿cuál es la relación domi­
nante en la agricultura colombiana?, o ¿cuál es el peso de los jornaleros
agrícolas dentro de la P E A rural?, o ¿el capitalismo no genera mecanis­
mos de subordinación de relaciones precapitalistas (¿la famosa economía
campesina?).19
8
7

17. Daniel Pecaut. "D e las Violencias a la Violencia”, en G. Sánchez y R. Peñaranda (c o m ­


piladores). Pasado y Presente de la Violencia en C olom bia. C E R E C Editores, Bogotá,
1986.

18. Ibid, p. 64.

19. Carlos Miguel Ortiz. “La Violencia y los negocios", en G. Sánchez y R. Peñaranda, op.
cit., p. 288 y s.s. Este artículo constituye una parte del libro del mismo autor Estado y
Subversión en C olom bia. E l Quindío años cincuenta. C erec Editores, Bogotá, 1985.
159
A veces ciertos investigadores son muy propensos a ver lo particular de un
fenómeno o proceso, olvidándose de elementos generales que siguen ma­
nifestándose en forma muy terca (lo& tozudos hechos). En el caso colom­
biano ese proceso tiene que ver con la consolidación del capitalismo, por
encima de las cabriolas de ciertos académicos que se desvelan por demos­
trar que este no es un país capitalista, sino otra cosa distinta, nebulosa,
que no se dice bien qué es.

En el breve recuento regional que se esboza a continuación se intenta ha­


cer una síntesis del material elaborado para ciertas regiones, resaltando
nuestra tesis central: pese a que en cada región específica no se hayan
desarrollado relaciones capitalistas “ puras” , entendidas como relaciones
fabriles, en la formación social colombiana coexisten diversas formas de
producción que se articulan y subordinan al modo de producción capita­
lista. En esa medida, procesos tan disímiles como la colonización, la “ ter-
ciarización” , la urbanización, la proletarización de miles de campesinos
que recorren anualmente el país detrás de cada cosecha agrícola, etc., se
encuentran jerarquizados por la relación capitalista dominante.20

Nuestro interés básico en este capítulo no es profundizar en los múltiples


y variados aspectos de la Violencia (políticos, culturales, sociales, religio­
sos, étnicos, surgimiento de resistencia armada, etc.) sino tratar de deter­
minar cuáles fueron los aspectos ec o n ó m ic o s relevantes en cada región y
en qué medida se subordinaban al modo de producción capitalista.

Las regiones estudiadas no tienen como punto de partida un análisis es­


pacial detallado, sino la consideración de los elementos generales de iden­
tificación. En ese sentido, no se presentan con todo el rigor del caso dife­
rencias entre diversas subregiones de un mismo sector regional, sino que
se indican tendencias generales dominantes. Esto se hace porque, como es
apenas normal para un estudio de esta índole, trabajamos con fuentes
secundarias, aunque la mayor parte de ellas estén dispersas y hayan sido
poco consideradas en un intento de síntesis de los fenómenos económicos
de la Violencia.

Caldas y Quindío

Sería ideal efectuar un análisis global de la Violencia en las zonas ca­


feteras, lo que abarcaría el estudio de la mayor parte de centro-occidente
160

del país. Com o eso requiere de un trabajo sistemático y exhaustivo de lar­


go aliento, — que aquí no se realizará— en este lugar nos limitaremos a
mencionar algunos aspectos generales para el caso de Caldas y el actual
Quindío.

El Caso General del V iejo Caldas


Para el caso general de Caldas existen algunas menciones importan­
tes,2
21 pero no se encuentra una obra de conjunto que haya abordado a
0
fondo el asunto. Según los estudios de la región la Violencia en la mayor
parte de Caldas contribuyó a liquidar las aparcerías cafeteras, que habían
sido realimentadas con la Ley 100 de 1944. Ese proceso de crisis de las
aparcerías en Caldas durante los años cincuenta se puede bosquejar en el
cuadro N o. 1.

CUADRO No. 1
D IS TR IB U C IO N DE L A S A P A R C E R IA S EN C A L D A S . 1954

Región Central 19.0%


Región Oriental 8.7%
Región Occidental 9.1%
Quindío global 17.1%
Subregión^de Armenia 13.6%
Subregión de Pereira 15.0%
Subregión de Balboa 22.5%

Fuente: A . Machado. “ La Economía Cafetera en la década del 50", p. 217.

20. Hace ya más de una década en un breve comentario Fernando Urrea señalaba unos as­
pectos esenciales de Upo m etodológico para el estudio de la Violencia a nivel regional.
El m encionado autor consideraba que: “El mismo fen óm eno de la Violencia asume moda­
lidades y se apoya en agentes diferentes y en sus efectos puede traducirse en tendencias
socio-económicas también distintas de una región a otra.
...La violencia fue un gran factor para la descomposición del viejo sistema de la hacienda
con trabajo semiservil pero esta descomposición no recorrió el mismo camino ni tuvo los
mismos efectos” . Más adelante enfatiza: "La lógica de las diferencias y similitudes de un
fen óm eno concreto co m o el de la Violencia hay que hallarla a partir del estudio de las
características regionales del desarrollo global de la sociedad; o sea, del desarrollo capita­
lista p ero visto a través de sus elementos e instancias desiguales y a la vez articulados
combinados” . F. Urrea “Consideraciones sobre el fen óm eno de la Violencia", en F. Leal
Buitrago et. al. E l A g ro en el desarrollo h istórico nacional. Ediciones Punta de Lanza,
Bogotá, 1977, pp. 301 y s.s.

21. Entre otros Jaime Arocha. La Violencia en el Quindío, Ediciones Tercer Mundo. B og o­
tá, 1979. Absalón Machado “La Econom ía Cafetera en la década de 1950”, en Cuader­
nos de Econom ía, N o. 2, 1980, pp. 153-232; Keith Christie. Oligarcas, Campesinos y
P olítica en C olom bia. Publicaciones U. N. de Colombia, Bogotá, 1986.
161

Claramente, hacia mediados de la década señalada, ya la aparcería no


constituye la relación de trabajo básica de Caldas, pues estaba siendo sus­
tituida por otraís formas en las que primaban el trabajo familiar y, en me­
nor medida, el asalariado. Esos datos aparecen registrados en el cuadro
N o. 2 sobre población económicamente activa.
C U AD R O No. 2
CALD AS
— P O B L A C IO N E C O N O M IC A M E N T E A C T IV A EN
E L A R E A R U R A L — . 1954
Número %

Activa Independiente 350.280 61.3


Activa Asalariada 98.450
Activa Independiente 350.280 61.3
Activa Asalariada 98.450 17.2
Asalariada Permanente 47.050 (8.2)
Asalariada N o Permanente 51.400 (9.0)
Aparceros, Arrendatarios y otros 123.100 21.5

Total 571.830 100.0


Fuente: Absalón Machado, op. cit., p 218.

Y a los aparceros no representaban sino una quinta parte del total de for­
mas de explotación cafetera en la región de Caldas. Pero hacia fines de la
década, por distintas presiones, entre las cuales sobresale la Violencia, las
formas de trabajo familiar también estaban siendo sustituidas y daban
paso a la gran propiedad capitalista que empleaba trabajo asalariado.22
La descomposición de la aparcería se explica por varias razones. De una
parte, ese fenómeno estaba relacionado con el alza de precios que conoció
la cotización internacional del café entre 1945 y 1954. Tal “ bonanza” im­
plicó un aumento de la renta del suelo en las zonas cafeteras, y un creci­
miento paralelo del precio de los bienes, incrementos todos que fueron
poco benéficos para los aparceros. Adicionalmente, la Violencia afectaba
en forma directa a los aparceros y arrendatarios, pues éstos eran los que
primero sufrían las retaliaciones banderizas de las cuadrillas y grupos ar­
mados de bando contrario. Eran, por supuesto, los aparceros y arrenda­
tarios los que primero migraban.23
En el caso de Caldas, en los años cincuenta se presentó, como efecto di­
recto de la Violencia, un proceso complementario y paralelo de descom­
posición-recomposición campesina. En ciertas zonas, evidentemente los
162
distintos sectores campesinos eran los más afectados por los fenómenos
violentos, y en primer término los aparceros y arrendatarios, muchos de
los cuales se vieron obligados a migrar y a conformar un ejército perma­
nente de jornaleros que iban buscando una cosecha tras otra... Otros se
fortalecieron temporalmente en la economía familiar de tipo medio, pero
esta recomposición familiar tan sólo preparó el terreno para la adopción
del sistema de trabajo asalariado durante los años sesenta.

Según Jaime Arocha, durante los años cincuenta la descampesinización se


encontraba bastante adelantada en Caldas, siendo ese proceso la manifes­
tación de la expansión del capitalismo, a nivel agrario, en las zonas cafe­
teras del centro del país.2
34 Por esta misma circunstancia no es raro que, en
2
un pormenorizado estudio efectuado en plena Violencia sobre la produc­
ción cafetera en Caldas, se llegara a concluir que el incremento de jornale­
ros era tal que existía sobre-oferta de trabajadores y no escasez de fuerza
de trabajo, como solía suceder en la cosecha cafetera.25

Además, si se recuerda que el Viejo Caldas fue una de las zonas más afec­
tadas por la criminalidad, dado que allí se registraron las mayores tasas
de asesinatos y también de migración (como lo detallamos en el segundo
capítulo), se podrá entonces comprender el impacto económico de los pro­
cesos de Violencia.26

Un investigador canadiense que realizó un trabajo sobre Caldas, concluyó


que el impacto de la Violencia “ parece haber contribuido a un drástico
cambio en la propiedad de la tierra, ya que muchos campesinos migraron
a las ciudades o a las poblaciones más grandes. Mientras que al comienzo
de los años cincuenta aproximadamente la tercera parte de los trabajado-

22. A . Machado, op. cit., p. 129.

23. Ibid, p. 183.

24. Jaime Arocha, op. cit., p. 12.

25. Ministerio de Trabajo. Depto. Técnico de la Seguridad Social Campesina. Caldas: M e­


moria explicativa del Atlas S ocioecon óm ico del Depto. Citado en Machado, op. cit.,
p. 213.

26. Jaime Arocha, op. cit., K. Christie, op. cit. Según estos autores, cerca de una cuarta
parte del total de asesinatos cometidos en el país durante la Violencia tuvo lugar en Cal­
das. K. Christie, p. 69.
163
res agrícolas de la región no estaban respaldados por títulos de propiedad,
diez años más tárde la proporción se había duplicado” .27 Justamente esta
fuerza de trabajo libre, expropiada violentamente, se constituyó en la
savia que alimentó la modernización cafetera del país hacia los años se­
senta, cuando ya la capitalización del cultivo se hizo irreversible.

El Quindío

Antes de que la Violencia se generalizara en el Quindío, a mediados de


los años cuarenta, las características generales que presentaba esta región
se pueden sintetizar en tres aspectos básicos: peso de la pequeña y media­
na propiedad en la agricultura: el eje central de la acumulación estaba en
el comercio más no en la caficultura: y, a nivel social, por su papel econó­
mico, tenían importancia dos personajes peculiares: el f o n d e r o en el co­
mercio y el agregado en la producción.

La importancia del fondero radicaba en que, a nivel veredal y comarcal,


constituía el eslabón entre ese micromundo y el mercado mundial a tra­
vés, obviamente, de la exportación de café: mientras que el agregado se
constituía en el intermediario eficaz que, mediando entre los jornaleros
y los propietarios, evitaba cualquier conflicto entre las partes.28 Durante
la Violencia estos dos personajes jugaron un papel trascendental, como
veremos más adelante.

A medida que la confrontación partidista asumía el carácter de enfrenta­


miento sectario, diversos negocios y procesos económicos se desencadena­
ron en la región. Las cuadrillas jugaron un papel importante en esos pro­
cesos, por lo que se puede hablar de antes de la consolidación de las cua­
drillas y después de su aparición. Antes de que existieran estas bandas
armadas de tinte partidista, los dos personajes ya considerados empezaron
a solidificarse. Unos, los comerciantes, se lucraban comprando café a
bajo precio, aprovechando las persecuciones y amenazas a que eran some­
tidos los productores; al mismo tiempo, los agregados, jugaban un papel
de primer orden en aquellas fincas de propietarios ausentistas, pues ellos
eran los que garantizaban la continuidad del funcionamiento de las fin­
cas.29 En esta primera fase, muchos fonderos y agregados ascendieron de
status social al reemplazar a antiguos propietarios o comerciantes, pero
los más beneficiados, desde el punto de vista político, fueron los con­
servadores.
164

Posteriormente, cuando se afianzaron las cuadrillas de los dos partidos


— lo que implicó la homogenización política de las veredas— , los terrenos
se vendían a cualquier precio. Eran las famosas “ gangas” , que ya habían
caracterizado la región desde antes de generalizarse la Violencia.

Tanto en el comercio como en las actividades de tierras las cuadrillas ju­


garon un importante papel, ya que los bandos, de acuerdo al color polí­
tico, se “ especializaban” en cierto tipo de actividades: las cuadrillas con­
servadoras en robar café y las liberales en hurtar ganado.2 30
9
8
2
7

Pero si a nivel rural existió un reparto entre las actividades de liberales y


conservadores, en el plano urbano los conservadores, con la eficaz ayuda
de las autoridades y el poder disuasivo de los “ pájaros” , se apropiaron de
casi todo: el café, almacenes, locales, y hasta salas de cine.31 Es decir, que
en el transfondo de la Violencia, pese a los muertos, amenazas, persecu­
ciones y reordenamiento de los propietarios territoriales, la economía se­
guía funcionando y no se paralizaba de ningún modo.

El hecho más evidente de que el sistema productivo seguía funcionando


al ritmo de los tiempos “ normales” se expresaba en el café, que no se vio
afectado en nada por la Violencia: lo que se explica por la cadena de me­
diaciones que se habían establecido entre el productor directo y el comer­
cio mundial, de tal forma que, pese a riñas y enfrentamientos, el café
salía directamente para el mercado mundial a través de los exportadores.
Com o bien lo anota Ortiz:

“ estos ú ltim o s... fu e ra n quindianos, nacionales o ex tra n jeros n i g a ­


naban n i perd ía n c o n la Violencia, n i les interesaba discernir las cir­
cunstancias m ora les del origen d el g ra n o q u e recibían.

L o esp ecífico d e los exportadores, tanto c o m o los bancos, había


sid o q u e el tra b a jo socia l q u e se ap rop ia ba n en m u y p o c o dependía

27. K. Christie, op. cit., p. 85.

28. C. Ortiz. “La Violencia y los negocios...’’, p. 270.

29. Ibid.

30. Ibid., p. 271.

31. Ibid.
165

de los avatares locales, ni siquiera en esta ép oca tan convulsionada;


ellos n o necesitaban inm iscuirse en las querellas de la política c o ­
m arcal; parecían flo ta r a sa lvo de todas las borrascas y sin em ba rg o
entre ellos quedaban altas p o rcio n es, sin o las m ayores, d e la a cu m u ­
lación r e g io n a l".32

Que del café no se perdiera ningún grano y todo se incorporara al merca­


do nacional o internacional, era responsable el fondero que, en mutuo
compadrazgo con las cuadrillas, recogía el café robado en asaltos o direc­
tamente en la mata.33 Eso hizo que muchos fonderos que nunca habían
estado vinculados al mundo político, se enriquecieran como compradores
de café de varias formas: porque siempre habían sido compradores; otros
de asalariados que eran en las fondas, se convirtieron en dueños cuando
sus patrones liberales se vieron obligados a migrar por amenazas y presio­
nes; finalmente, algunos más se convirtieron en financistas de las cuadri­
llas que, por supuesto, les vendían el café a menor precio.34

Por su parte, los agregados (mayordomos) eran en la práctica el segundo


patrón. Se constituían en intermediarios que aprovechando su posición
podían presionar tanto a los patrones como a los jornaleros. Respecto a
los trabajadores empleaban la Violencia para evitar pagar salarios u obli­
garlos a marcharse de la estancia. Muchos de estos desconocidos agrega­
dos de ayer se convirtieron en prósperos millonarios del Quindío luego de
concluida la Violencia.35

El tercer protagonista de la Violencia, el que realmente la vivió y sufrió


directamente, fue el jornalero transhumante. Se constituyó en la principal
cantera de aprovisionamiento de las guerrillas y era la carne de cañón
cuando se intimidaba a un propietario, independientemente de su filiación
política. A la larga fueron las víctimas de siempre cuando se trataba de
intimidar a un patrón ausentista.36

Por otra parte, desde el punto de vista de la propiedad territorial, era os­
tensible el incremento en las transacciones de tierras. Tres tendencias en
tal sentido se presentaban: de una parte, los comerciantes realizaban in­
versiones rentísticas de este tipo: de otra parte, predominaba la compra
de tierra por debajo de su precio real; y, finalmente, se incrementó la
desposesión de los pequeños propietarios, muchos de los cuales murieron
y otros se vieron obligados a marchar en un éxodo masivo, sin que se
viera alterada para nada la forma de tenencia y distribución de la tierra,
166
puesto que si unos jornaleros conservadores se iban, eran sustituidos por
otros del bando contrario y viceversa. Aunque los pequeños propietarios
se negaran a vender con la esperanza de regresar, y se instalaran en las
pequeñas ciudades como subempleados, vendedores, o compradores de
café, en la práctica muy pocos podían regresar, dejando abandonados sus
predios o vendiéndolos a menores precios. Y cumpliendo esta función de
compradores de tierras apareció en escena otro protagonista de la violen­
cia cafetera: aquel que por disponer de liquidez de capital y mantener un
contacto permanente con los oferentes de tierras estaba en posibilidad de
adquirir predios. Así se incorporó al círculo de medianos y grandes pro­
pietarios un nuevo personaje proveniente, por lo general, de los estratos
bajos de la población migrante. Y este también fue un efecto general de
la Violencia.3
67
5
4
3
2

En síntesis, en la zona quindiana la Violencia tuvo múltiples efectos eco­


nómicos pero la tendencia dominante consistió en que la turbulencia polí­
tica afectó poco a los antiguos propietarios, salvo excepciones, y que ese
sitial de honor empezó a ser compartido con individuos enriquecidos por
los negocios de la Violencia.38

Ahora bien, la migración de los campesinos a la ciudad no repercutía en


la transformación de éstos en obreros asalariados de tipo fabril, porque
sencillamente en Armenia o en los pueblos grandes del Quindio no se
crearon industrias modernas de alguna importancia. Sin embargo, para
que exista la relación capitalista fundamental, no es indispensable que
existan fábricas y chimeneas.

32. Ibid.

33. Ibid, p. 271.

34. Ibid, p. 277.

35. Ibid, pp. 280 y s.s.

36. Ibid, p. 282.

37. Ibid, pp. 291 y s.s.

38. Ibid, p. 300.


167
Pero esto no significa que la Violencia y el proceso de expulsión de pe­
queños propietarios y de jornaleros no haya contribuido a fortalecer las
relaciones capitalistas: antes por el contrario, en esta época se reforzaron
los aspectos capitalistas en la caficultura nacional, sobre todo en lo rela­
cionado con las formas de trabajo de tipo salarial donde un ejército de
migrantes, que a veces podía habitar en las ciudades, trabajaba en fincas
que no eran de su propiedad, generando plusvalía.39

Tolima

El departamento del Tolima fue una de las zonas más afectadas por la
Violencia, en sus diferentes fases. A llí se experimentaron las más impor­
tantes transformaciones capitalistas, sobre todo en el caso de la agricultu­
ra comercial. Por estas circunstancias esa región ha sido un escenario pri­
vilegiado para la investigación histórica sobre la Violencia.40

A continuación sintetizaremos algunas de las conclusiones a que han lle­


gado los diversos trabajos efectuados sobre la Violencia en el Tolima.
Se considerarán, primero, los efectos de la Violencia sobre las zonas cafe­
teras y la producción de café y, luego, su impacto sobre la agricultura
comercial.

Efectos sobre las zonas cafeteras y la producción de café

En la región tolimense se desarrolló desde mediados del siglo X IX el


cultivo del café, tanto en torno a las grandes propiedades en el sur, como
a pequeñas parcelas familiares en el norte, principalmente en aquellos
lugares hasta donde se expandió la colonización antioqueña.41 N o obstan­
te, en forma rápida tendió a consolidarse la gran hacienda, pues los terra­
tenientes aprovecharon el trabajo de colonos para descuajar monte y sem­
brar cafetos, en terrenos de los que luego se apropiaban.

Así, en poco tiempo se constituyeron grandes haciendas, junto a las cua­


les coexistían los minifundios. Justamente en esas grandes haciendas cafe­
taleras se presentaron importantes luchas durante los años veinte y trein­
ta.42 Esos conflictos alcanzaron bastante intensidad en ciertos momentos,
por lo cual la Violencia que se generalizó desde mediados de los años cua-
168

renta se convirtió en continuación de las luchas agrarias de años atrás,


aunque con la diferencia de que en los años cuarenta se produjo una arre­
metida contra los sectores agrarios e indígenas que tan beligerantes habían
sido anteriormente.

A nivel de las zonas cafeteras se presentaron diferencias. Así, en el sur


predominó la lucha entre los hacendados y colonos, ló que ocasionó la
ampliación de la frontera agrícola y la apertura de nuevos frentes de co­
lonización que continuaron durante la Violencia e incluso después. Por
el contrario, en el Norte se desarrolló un sistema de colonización de tipo
capitalista. Por esta circunstancia, allí, junto a luchas agrarias, también
se desarrollaron conflictos urbanos, en donde asumieron un papel prota-
gónico los artesanos (como el caso del Líbano y la rebelión de 1929).*4
23

Tanto por las luchas sociales que resquebrajaron el poder de la hacienda


o posibilitaron su transformación en unidades capitalistas, así como por el
mismo desarrollo del capitalismo desde los años veinte, se puede indicar
que la “ modernización” de buena parte del Tolima ya era notoria antes
de que se generalizara la Violencia. Esta última simplemente contribuyó

39. Incluso -Qrtiz, que es muy reacio a subrayar el proceso de desarrollo capitalista, particu­
larmente en la zona del Quindío, sostiene que "La Violencia ju gó un papel con respecto
a la intensificación posterior de las formas capitalistas de trabajo en ia caficultura, más su
consolidación en este sentido es fortuita (I!?), y de ninguna manera obedece a la lógica
preestablecida de la evolución del capitalismo" op. cit., p. 268.

40. P o r eso no es sorprendente comprobar la existencia de numerosos estudios sobre la V io­


lencia en el Tolima, desde el prim ero elaborado p o r autoridades del departamento a fi­
nes de los años cincuenta. Sobresale entre esa bibliografía: Roberto Pineda. E l Im pacto
de la Violencia en el Tolima, el caso del Líbano. Monografías de Sociología, U. N. B o ­
gotá, 1960: James Henderson. Cuando C olom bia se desangró. Un estudio en M e tró ­
p o li y Providencia. El Ancora Editores. Bogotá, 1984, Soledad Ruiz ha elaborado es­
tudios sobre el café, ganado, algodón y arroz y, más recientemente, un excelente estudio
sobre el desarrollo ideológico de los trabajadores tolimenses.

41. D. Fajardo. "La Violencia y las estructuras agrarias en tres municipios cafeteros del Toli­
ma: 1936-1970”, en Feo Leal et al. E l agro en..., p. 276.

42 Sobre esas luchas existen numerosos trabajos y testimonios, entre los que merecen des­
tacarse: Gloria Gaitán, L a Lucha p o r la tierra en la década del treinta. Tercer M undo
Editores. Bogotá, 1976, G. Sánchez. Las ligas agrarias en C olom bia. Editorial ECOE.
Bogotá, 1977, Pierre Gilhodes. Las luchas agrarias en C olom bia. Ediciones La Carreta.
Bogotá, 1972.

43 Cf. G Sánchez. Los bolcheviques del Líbano. Ediciones el Mohán, Bogotá, 1976.
169

a acelerar un proceso en curso a partir de la coyuntura de guerra y el cam­


bio de régimen político en 1946. Por los odios sectarios, heredados de ge­
neración en generación después de la derrota liberal, el Tolim a resultó
seriamente afectado por los enfrentamientos partidistas.44

Los choques entre campesinos y autoridades oficiales se hicieron frecuen­


tes, así como entre campesinos de pueblos cercanos contra aquellos veci­
nos que representaran un color político diferente. Después del 9 de abril,
la Violencia se intensificó y llegó hasta sitios antes relativamente pacífi­
cos. Eso repercutió en la reorganización demográfica del departamento.
Si en 1951, del total de la población un 71% habitaban en las zonas rura­
les, ya en 1964 tan sólo vivia en áreas rurales el 57% del total. En ese
mismo período, la población de la ciudad de Ibagué experimentó un creci­
miento de un 65%, pasando de 98 mil habitantes a 164 mil. Otras pobla­
ciones grandes también experimentaron un notable crecimiento demográ­
fico: Mariquita, 34.6%: Falan, 32.7%: Líbano, 27.3%: Honda, 23.3%:
Armero, 29%: Chaparral, un crecimiento espectacular del 182%: etc.
Pero también hubo cabeceras urbanas que registraron despoblación: Villa-
hermosa, 13%; Anzoátegui, 21%; Rovira, 35%: Roncesvalles, 32%:
etc.45

Por supuesto que este reordenamiento demográfico se manifestó princi­


palmente en migraciones, abandono de parcelas, asesinatos, retaliaciones,
etc. El Secretario de Agricultura del departamento registraba dicho proce­
so en estos términos:

“ 16.200 cam pesinos sacrificados; 361.500 exiliados, perm anentes o


transitorios; 34.300 casas arrasadas p o r el f u e g o ; m ás d e 40.000 p r o ­
pietarios rurales pertenecientes a m ás d e 32.000 p rop ied a d es a ba n d o­
nadas transitoria o definitivam ente (e l 4 2 % d e las propiedades y
prop ieta rios del d e p a rta m e n to )” . 46

Un efecto significativo de la Violencia en el Tolima, lo constituyó, por


consiguiente, la movilidad forzada que adquirió la propiedad territorial.
El cuadro N o. 3 precisa, aunque sea parcialmente, los efectos de los fenó­
menos de Violencia sobre la compra venta de tierra.

Ahora bien, específicamente ¿cuáles fueron los efectos de todo este proce­
so de Violencia sobre la producción del café? En principio produjo resul­
tados desastrosos porque en algunas zonas el cultivo del grano empezó a
170
ser sustituido por algodón, arroz o ajonjolí, sobre todo en las partes pla­
nas. De la misma manera, muchos cafetales prósperos se destruyeron por
el proceso de Violencia. Mientras que, por ejemplo, en 1955 la cosecha
cafetera del departamento arrojaba cuantiosas pérdidas, el algodón pro­
ducía numerosos beneficios.467
5
4
MAPA No 8

DEPARTAMENTO DEL TOLIMA

"ECONOMIA Y VIOLENCIA"

FUENTE: SOLEDAD RUIZ, L A FUERZA


DEL TRABAJO EN L A ZONA
CAFETERA DEL TOUMA

44. Información detallada sobre esas pugnas partidistas se encuentra en J. Henderson, opi
cit.y pp. 127 y s.s.

45. Soledad Raíz. La fuerza de trabajo en la zona cafetera del Tolima. D A Ñ E, 1972, pp.
85 y s.s.

46. Citado p or S. Ruiz. E l desarrollo ideológico de los trabajadores rurales del Tolim a ,
1952-79, mimeo. Depto. de Ciencias Políticas U. de los Andes, 1980, p. 84.

47. D. Fajardo. Violencia y ..., p. 157.


171
Esto hizo que FEDECAFE se preocupara por impulsar una modificación
y tecnificación en el cultivo del grano. De tal forma que a finales de la dé­
cada del cincuenta, pese a que el café estuviera todavía desparramado por
casi todo el departamento, su cultivo intensivo y moderno sólo se imple-
mentaba en el extremo norte (parte del Líbano y Falan) y en el sur orien­
te (Dolores) (véase mapa N o. 1).

Esto no significó, por supuesto, que súbitamente el café hubiera dejado


de ser el cultivo más importante: lo siguió siendo en diversas zonas del
departamento y en algunas coexistía junto a otros cultivos (véase mapa
N o. 2).

El impacto directo de la Violencia sobre los cultivadores de café adquirió


dimensiones parecidas a las que asumió en zonas como Caldas, Quindío,
sobre todo en el momento en que irrumpieron las cuadrillas de bandole­
ros. Pero en el Tolima, fueron más directamente afectados los pequeños
y medianos propietarios y no los jornaleros, como sucedió en el Quindío.
Los pequeños propietarios se vieron obligados a abandonar sus tierras y a
emigrar; también eran frecuentes los robos de la cosecha de café y las cua­
drillas actuaban dentro del circuito de comercialización del grano. En este
último sentido había identificación con otras zonas cafeteras, pues el
grano nunca dejó de circular hacia el mercado mundial. N o es raro que
en estas zonas, y en general en todas las regiones cafeteras, el incremento
de las acciones violentas fuera paralelo a los períodos de cosecha. Un in­
forme de la policía de 1959 lo registraba claramente.

“ L a aparición de los bandidos — decía el in fo rm e — coincide co n la


cosecha cafetera. L o s cosecheros y secadores son asesinados y la
cosecha robada. M u c h o s dueños se ven fo r z a d o s a contratar los
“ serv ic io s ” de ba n d oleros para p ro te g e r sus fin ca s, otros para re­
so lv e r sus venganzas p ersonales p a ra la com p ra d e prop ied a d es a
p recio s ridículos. Los m a y o rd o m o s o adm inistradores d e fin ca s
m antienen un am bien te d e tensión y p rop icia n la Violencia p a ra evi­
tar la p resencia d e los p ropietarios, cosa q u e les privaría de en orm es
ganancias. L a s rivalidades entre adm inistradores a m biciosos y aspi­
rantes q u e quieren reem plazar a los fa vo recid o s, han causado cien­
tos de m u e r to s ” . 48
CUADRO No. 3

T O L IM A .
FINCAS P A R A VENDER O PE R M U TAR A QUIENES PU E D A N V IV IR EN ELLAS
SEGUN M U N IC IPIO Y T A M A Ñ O . 1959

Fincas según Tamaflo — has.


No.
11-50 51-100 101-500 más de 500
Total 0-10
Municipio Fincas $ No. $
No. s* No. % No. s No.

Cliaparral 22 2 500 7 739 9 393 1 250 1 83


Rovira 12 5 1,485 5 890 1 510
'V¡*lle de S.J. 10 2 1,421 4 503 3 590 1 253
S. Antonio 8 3 463.0 3 480 2 233
Rioblanco 8 3 368.0 1 538 3 800
Anzoátegui 5 1 3 118
Ibagué 4 2 1,295 1 66 1 200
Ataco 3 2 210 1 50
Mariquita 3
Cunday 2 2 230
Alvarado 2 1 1666 1 100
Ortega 2 1 375 1 500
Cajamarca 1 1 450
Purificación 1 1 2,000
Venadillo 1 1 1,250
Falan 1 1 ?

Fuente: Elaborado, con base en la lista publicada en T ribu n a , Ibagué, julio 17 de 1959.
’ Precio prom edio por ha. en oferta.
172

T om ad o de: Soledad Rulz, E l d esa rrollo Id e o ló g ic o de lo s traba ja d ores d el T o lim a , 1959-1972.


2. Para 1970 se tom aron los estim ativos d e la Caja Aparta.
173
M A P A No 9
D E P A R T A M E N T O D E L T O LIM A

" ECONOMIA Y VIOLENCIA "

T O LIM A
174

De otro lado, la estructura de la producción cafetera se modificó notoria­


mente en el departamento, puesto que fueron las unidades medianas y
grandes las que incrementaron tanto el número de hectáreas con café sem­
brado como, lo que era todavía más significativo, las que controlaban la
mayor parte de la producción. El cuadro N o. 4 muestra nítidamente esa
evolución. En un lapso de 15 años se modificó, como se puede observar
allí, la estructura cafetera del Tolima. Así, el número de fincas de menos de
10 hectáreas pasó de constituir el 94% en 1955 al 69.5% en 1970; la super­
ficie que poseían esas mismas fincas decreció en cerca de 100.000 hectáreas,
mientras que las mayores de 10 hectáreas incrementaron la superficie cul­
tivada en más de 500.000 hectáreas (de un total de 257.744 pasaron a
735.278). Los datos de producción también son indicativos: mientras en
1955 las fincas de menos de 10 hectáreas generaban el 63.2% del café pro­
ducido en el departamento, en 1970 esas fincas ya no producían sino el
29.5%.

CUADRO No. 4

PRODUCCION Y SUPERFICIE SEGUN TAMAÑO DE


LAS UNIDADES DE EXPLOTACION. TOLIMA
1950 Y 1970

,9T0J !*«■ 19701 IMS' 19701

Tamafio de lo»
cafetales adultos Número % Número % Has * Has. * Tons. % Tons.
MArica % Marica *

Hasta de 1.0 has. 77,245 36,3 38.159 12.6 39.573 5.8 16.962 1.6 19.129 5.3 8.736 1.5
1.1 a 10 has. 123.719 58.1 171.711 56.9 388.923 56.7 314.828 29.5 207.639 57.9 159.349 28.0
10.1 a 50 has. 11.429 5.4 74.422 24.7 198.847 29.0 440.412 41.3 108.637 30.3 234.717 41.2
50.1 a 100 has. 4447.000 0.2 10.956 3.6 27.120 3.9 136.869 12.8 13.734 3.9 74.573 13.1
Sobre 100 has. 130.000 - 6.570 2.2 31.677 4.6 157.997 14.8 9.422 2.6 91.586 16.1

TOTAL 212.970 100.0 301.818 100.0 686.240 100.0 1067.067 100.0 358.561 100.0 568.943 100.0

Fuente: 1 Naciones Unida El cafe en América Launa -Colombia y el Salvador Cuadro


No. 18. p. 30.
2 Federación Nacional de Cafetero» -Carao Nacional Cafetero 1970-71. anexo 2-.
Dato» preliminares
Tomado de S Ruis. La Futría de Trabaje.

48. Policía Nacional. Criminalidad Colombiana, 1959, p. 29. Citado en P. Oquist, op. cit.,
p. 311. Es interesante señalar que el historiador Eric Hobsbawn observó agudamente ese
proceso, casi en el mismo m om ento de la Violencia, describiéndolo en esta form a:
"En estas áreas (cafeteras), la Violencia se ha institucionalizado económicam ente. Rebro­
ta 2 veces al año con la recolección de café y determina la redistribución de granjas,
fincas, de las cosechas cafeteras y de su com ercio. Es significativo que las perpetuas
matanzas que se llevan a cabo en esos lugares no han afectado en nada el incremento
d e í cultivo del café". E. Hobsbawn. Rebeldes Prim itivos. Editorial Ariel. Barcelona,
1967, p. 229.
175
La modernización y tecnificación de la producción cafetera en el Tolima,
que tomó un gran impulso desde fines de los años cincuenta, implicó la
drástica reducción de la pequeña propiedad, la concentración territorial,
la proletarización de antiguos campesinos, y el desarrollo capitalista de la
producción del grano. Los cafeteros se adecuaron, por consiguiente, a las
nuevas condiciones, creadas desde finales de la tormentosa década del
cincuenta, para competir exitosamente con los cultivos comerciales — que
aparentaban desplazarlos en el Tolima durante la fase de la Violencia— ,49
Resistió el embate de los cultivos comerciales no la economía cafetera
familiar sino la mediana y grande, que devino también en capitalista.50

Cultivos Comerciales

Com o indicábamos al comienzo de esta sección, fue en el Tolima y en


el Valle donde más se incrementaron los cultivos modernos de tipo capi­
talista. Dicho aumento de los cultivos comerciales no tradicionales se em­
pezó a vislumbrar en esta región desde mediados de los años treinta.51

El desarrollo de la agricultura comercial en la región puede apreciarse ob­


servando algunos datos. De los 8 cultivos principales del departamento a
finales de los años cincuenta, sólo el café era importante desde comienzos
de siglo y los demás eran de reciente difusión. Entre 1950 y 1970 el cultivo
de arroz se incrementó en un 2007o: en 1956 en el Tolima ya se producía
el 807o del algodón nacional.52 La evolución histórica de los distintos cul­
tivos aparece registrada en l o s c u a d r o s n ®5 y n s 6

Nótese como el café fue paulatinamente desplazado tanto en cuanto a la


superficie cosechada como en lo que tiene que ver con los volúmenes pro­
ducidos. Así mismo, los cultivos temporales desplazaron también a los
permanentes y de pan coger.

Ahora bien, los cultivos comerciales se desarrollaron primordialmente en


las zonas planas del departamento, a donde se desplazaron gran cantidad
de jornaleros y campesinos expulsados de las zonas montañosas y de lade­
ra. Las zonas algodoneras y arroceras “ se beneficiaban tanto de este mer­
cado de mano de obra barata como de las condiciones del capital que se
hacía allí altamente rentable, mientras la cordillera permanecía en su
176

atraso, y el conjunto de las condiciones nacionales institucionales del


desarrollo industrial y el impulso tecnológico dado a la agricultura por los
gremios y el Estado, favorecían el desarrollo de los productos propios de
las Llanuras tolimenses” .5 23
5
1

Es innegable, entonces, que durante el período de la violencia se incorpo­


raron nuevas tierras a la producción capitalista. Como indicadores de ese
proceso estaban el aumento de la zona plana de cultivos de algodón, sor­
go, arroz, y el surgimiento de distritos de riego. La incorporación de tie­
rras a cultivos comerciales implicó el aumento de las rentas y por tanto
del nivel de arrendamiento.54

En los cultivos comerciales, el Tolima ocupaba una posición significativa


a escala nacional. Por ejemplo, durante la década del cincuenta, su grado
de participación en la producción total de algodón siempre fue superior al
507o de la producción nacional tal y como lo indica el gráfico N o. 1.

En el arroz sucedió otro tanto, ya que el Tolima ocupaba el primer lugar


de la producción nacional, aunque este cultivo no tuviera la misma signi­
ficación que el algodón. En 1956 el Tolima se encontraba al frente de los
cinco departamentos más importantes en la producción de arroz, como lo
indica el cuadro N o. 7.

El cultivo de arroz se incrementó notablemente en el Tolima en los años


cincuenta y sesenta, como se muestra en el cuadro N o. 8. Aunque, como
se puede ver, el área cultivada oscilaba y tendía a mantenerse constante,
la producción total, así como los rendimientos, crecían ostensiblemente.

49. A. Machado, op. cit., p. 183.

50. Ibid, p. 184. En el mismo sentido María Errazuriz. Cafeteros y cafetales del Líban o. Pu­
blicaciones de la U. N . Bogotá, 1986, pp. 155 y s.s.

51. En 1946 un funcionario departamental indicaba: “El Tolima en la actualidad es el mejor


productor de arroz entre los departamentos colombianos con la particularidad de que
para ello está aprovechando en gran parte tierras que hasta ayer eran tenidas por estéri­
les y sólo servían para mantener una improductiva y atrasada industrial pastoril’’. R. B o­
nilla. Mensaje a la Asamblea Departamental, lbagué, 1946, citado por D. Fajardo en
Violencia y..., p. 155.

52. S. Ruiz. E l desarrollo id eológico..., p. 125 y s.s.

53. Ibid, p. 97.

54. S. Ruiz. L a Fuerza de trabajo en el algodón, mimeo, 1974, p. 96.


EVOLUCION DEL VOLUMEN DE L A SUPERFICIE COSECHADA EN EL TO LIM A

Porcentaje sobre la superficie cosechada nacional.


177
178
CUADRO No. i

EVOLUCION DEL VOLUMEN DE L A PRODUCCION A G RIC O LA EN EL TO LIM A


PRINCIPALES PRODUCTOS

(Tons.) (Tons.) (Tons.)


Productos

70.106 25.2 78.525 19.3 168.519 25.0


Arroz
Ajonjolí
_ — 19.855 61.6 45.237 63.4
42.631 51.8 39.030 20.2 20.935 11.5
Algodón
34 0 .6 4.713 8.5
Sorgo o millo
63.280 12.4 44.458 9.7
Café
53.994 13.3 719 3.8 1.644 17.7
Cacao
1.260 8.4 1033.543 R 3.2 1208.730 R 2.5
Banano
21 448 11.6 26922.345 R 11.3 16853.067 R 6.4
Plátano
14.245 7.7 435.911 2.9 417.450 3.3
Calía de Azúcar
71 9.7 1.412 3.4 2 .1 0 0 7.4
Tabaco
2.520 8 .0 5.027 7.1 3.631 5.6
Fríjol
— No hay <
• Porcanta)* «obra la producción nacional.
1- La producción M calculó n superficie departamental por la producción nacional

Fuente: DAÑE Anuario Estadístico General, 1954 Encuesta Ni . Agropecuaria, 1960 Censo Agropecuario Nal., 65 Encuesta Anual
Agropecuaria y 1970. Estimativos y pronósticos agrícolas. 1969-1972.
Tomado de: S. Ruis, op. dt.

•RAFICO 5
'"ECO NO MIA Y V IO LEN CIA "
T O L IM A : P A R T IC IP A C IO N E N L A PRODUCCION
N A C IO N A L D E A L G O D O N 1351 1958

CUADRO No. 7

PRO D U CCIO N DE AR R O Z.
EN C O LO M B IA 1956
Porcentajes
Departamentos Producción Area

Tolima 27.4 14.9


Bolívar 11.1 17.4
Córdoba 9.0 14.3
Meta 8.2 11.3
Huila 7.9 4.1
Colombia 100.0 100.0

Fuente: S. Ruiz, L a fu e rz a d e tra b a jo en la


p ro d u c c ió n d e a rro z , DAÑE, 1974, p. 242 F U E N T E : S O L E D A D R U IZ , L A F U E R Z A DE T R A B A J O EN E l
A LG O D O N .
179
C U A D R O N o. 8

E V O L U C IO N DE L A P R O D U C C IO N DE A R R O Z E N E L
T O L IM A

Producción Indice A rea cultivada Indice


Años Total 1951 = (has.) 1951 = Total
100 100

1945 110.389 42.0


1946 118.213 46.0
1947 149.614 58.0
1948 167.769 65.0
1949 207.641 80.0
1950 241.058 93.0 141.600 88.0 1.702
1951 259.400 100.0 160.000 100.0 1.621
1952 265.350 102.0 163.000 102.0 1.628
1953 272.200 105.0 167.000 104.0 1.630
1954 294.850 114.0 179.000 112.0 1.647
1955. 320.200 123.0 188.000 117.0 1.703
1956 342.500 132.0 195.000 122.0 1.756
1957 350.200 135.0 190.000 119.0 1.843
1958 380.450 147.0 197.000 123.0 1.931
1959 422.100 163.0 222.000 139.0 1.901
1960 450.000 173.0 227.300 142.0 1.980
1961 473.600 183.0 237.100 148.0 1.997
1962 585.000 225.0 274.550 171.0 2.093
1963 550.000 212.0 254.000 159.0 2.165
1964 600.000 231.0 302.500 189.0 1.983
1965 672.000 259.0 374.750 234.0 1.793

Fuente: 1 942-1949, Revista “ A rro z” N o . 121 de 1962.


1950 a 1960, Revista “ A rro z” N os. 6 1 / 5 7 ; 7 3/ 5 8; 121/62; 142/64; 1 59/66; 169/67;
1 77/78; 189/69; 2 0 5 / 7 0 ; 2 11 / 71 ; y FEDE- A R R O Z X C o n g reso , Inform e de G erencia
1 96 5 .1 9 6 1 a 1970, F E D E A R R O Z Inform e d e G erencia al X III C on greso-1 9 7 1 .
T o m a d o de: S. Ruiz, La Fuerza de Trabajo en la producción de arroz.
180

Sin embargo, estas cifras en sí mismas no revelan nada importante, pues


se podría pensar que la producción de cultivos comerciales también puede
provenir de explotaciones tradicionales o algo por el estilo. En verdad,
un supuesto de tal naturaleza es insostenible como se puede demostrar al
caracterizar las relaciones de producción y de trabajo imperantes desde
finales de los cincuenta en el campo tolimense.

En este sentido, sin embargo, las transformaciones internas de las unida­


des productivas de todo el Tolima no fueron homogéneas ni coincidieron
en tiempo y espacio. Mientras se expandían relaciones salariales de tipo
capitalista, sobre todo en las zonas planas, los trabajadores conservaban
remanentes ideológicos y “ culturales” de otros modos de producción
precapitalistas.55

Ocurrió de tal forma porque la empresa capitalista se desarrolló en la


región sin contar con la transformación generalizada de las relaciones de
producción antes existentes, entendida en el sentido de modernización y
“ racionalidad” económica. En otras palabras, “ la acumulación se daba
sobre un complejo tejido de relaciones sociales donde se articulaban (...)
toda clase de niveles tecnológicos administrativos de posesión de la tie­
rra” .56 Esto es congruente con las particularidades históricas de la región,
lo que quiere decir que el capitalismo se implantó allí condicionado y limi­
tado por el tipo de desarrollo económico, social, político y cultural (en­
tendido como un conjunto de tradiciones, valores, hábitos, etc.) predomi­
nante durante muchas décadas.

En el caso del Tolima, la relación capitalista se hizo dominante pero co­


existiendo, combinándose y articulándose con formas de producción pre­
capitalistas, las que en algunos casos desaparecieron del todo, dejando su
impronta ideológica en los trabajadores, y en otros casos coexistieron
como unidades “ marginales” subordinadas a las relaciones ¡capitalistas
dominantes. Esta interpenetración del capitalismo con otros .modos de
producción precapitalistas también se puede encontrar al bosquejar la
función de los gamonales. En efecto, después de la Violencia y de la ins­
tauración del Frente Nacional, el peso político e ideológico de los gamo-

55. S. Ruiz. E l desarrollo id eológico..., p. 100.

56. Ib id ., p. 166.
181
nales no desapareció, pues su presencia ha sido indispensable para garan­
tizar la manipulación política de los trabajadores. Los gamonales hereda­
ron las maquinarias políticas regionales que habían constituido el eje del
poder hacendatario, pues aunque hubiera desaparecido la base de esa rela­
ción, seguía manteniéndose el compadrazgo y el prestigio partidista.

N o es raro que, en virtud de estos “ poderes” , muchos gamonales se con­


virtieran en voceros de las reivindicaciones económicas de los campesinos
y fueran enlaces decisivos en el proceso de enganche de trabajadores de
“ confianza” para las nuevas empresas capitalistas.57

Es decir que por la Violencia, entre otras razones, la población trabajado­


ra del Tolima rompió sus nexos tradicionales con la gran hacienda. Debi­
do a los problemas generados por la “ guerra” — como se solía denominar
en la región a la Violencia— , así como a la reactivación de la economía en
las zonas planas, se constituyeron verdaderos mercados de fuerza de tra­
bajo libre, como lo recalca Soledad Ruiz:

“ La m igración d e la p o b la c ió n asentada en el área rural, efecto de


la crisis social, la p érd id a d e la parcela y la desaparición d e m uchas
aparcerías, nutrió la p o b la c ió n urbana d e los m u nicipios localizados
estratégicam ente para la com p ra -ven ta de los brazos necesarios a la
agricultura d e las zonas planas. E n consecuencia Ib a g u é, A r m e r o ,
Lérida, E sp in a l y Natagaim a ven durante esta década (d e l cincuenta)
la fo r m a c ió n de zonas marginales o suburbanas d o n d e se instalaban
en precarias condiciones fam ilias d e trabajadores venidas de las z o ­
nas rurales azotadas p o r la g u e rra ” . 58

Las familias migrantes se fueron instalando en la periferia de Ibagué y


otras poblaciones, ubicándose en las zonas más adecuadas, cerca a las
carreteras, para ir a jornalear a las fincas. De esa manera terminaba el
secular aislamiento de la casa campesina, pero no por el ofrecimiento de
adecuadas condiciones de vida en las ciudades o de empleo altamente re­
munerado en industrias citadinas, sino porque jornalear intermitentemen­
te se convirtió en la única alternativa de sobrevivir en el ambiente hostil
de la Violencia. Cuando el empleo se incrementaba, los cosecheros se
veian obligados a regresar a la montaña cafetera. Y en esta práctica se
reforzaron los nexos entre la condición de asalariado moderno con hábi­
tos y costumbres familiares y de compadrazgo.59
182

En concordancia con la difusión de la relación salarial de tipo capitalista


se presentó la acción estatal, al iniciarse el Frente Nacional. La política
social, de que tanto se habló durante sus primeros años, buscaba un obje­
tivo claro: alcanzar suficiente cohesión ideológica para impedir los con­
flictos que el campesinado pudiera crear a una sociedad organizada en
torno a relaciones capitalistas. En el Tolima los principales rasgos de ese
proceso fueron:

— Fundación de granjas experimentales, auspiciadas por el Ministerio de


Agricultura y financiadas por el gobierno norteamericano.

— A nivel financiero se creó el Fondo Financiero Agrario (1966), y me­


diante diversos mecanismos (Ley 26 de 1959) se obligó a los bancos
privados a dirigir el 15% de depósitos a la vista y a término fijo al fo ­
mento de renglones específicos de la ganadería, agricultura y pesca.60

Estas políticas sirvieron para concentrar todavía más el capital a nivel


agrario y no para masificar la mediana empresa capitalista.

Además, es interesante resaltar que los primeros intentos de extensión


rural se realizaron bajo los directos auspicios de Estados Unidos, a través
del Servicio Técnico Agrícola Colombo-Americano (S T A C A ). Sobre la
importancia que el Estado colombiano le confirió a dicho organismo, el
Ministro de Agricultura decia en 1961:

“ £7 S T A C A p u e d e ser descrito c o m o un orga n ism o de asistencia


técnica cu yos principales fin e s son entrenar p erso n a l co lo m b ia n o ,
dem ostrar técnicas m od ern a s d e la p ro d u c c ió n y ayudar a alcanzar
una mayor seguridad rural.61

57. Ibid, p. 176.

58. Ibid, p. 139.

59. Ibid, p. 101.

60. Ibid, p. 266 y s.s.

61. Citado p or S. Ruiz en el D esarrollo Ideológico. p. 227. (Subrayado nuestro).


183
En el Tolima, como una de las zonas más afectadas por la Violencia, se
intensificaban, desde antes de la Alianza para el Progreso, dos de los pi­
lares básicos de ese programa imperialista: modernización agrícola y con-
trainsurgencia. En esto también el Tolima fue un departamento modelo.

Valle

El impacto de la Violencia también fue de gran magnitud en el Valle


del Cauca y en la zona norte del departamento del Cauca. N o obstante,
sus repercusiones no fueron idénticas en todas las zonas del Valle, pues
se presentó con más intensidad en la región montañosa o en cercanías a
los territorios cordilleranos, siendo menor su efecto en el plan.62
Es interesante enfatizar cómo el proceso de Violencia implicó una trans­
formación de la economía vallecaucana que siguió, sin embargo, los pa­
trones tradicionales de concentración de la propiedad y de superexplota-
ción de la fuerza de trabajo, aunque desde la época del cincuenta las re­
laciones predominantes pasaban a ser de tipo salarial capitalista.

En efecto, tanto en el norte caucano como en parte del Valle, la violencia


incidió en la reducción de los pequeños propietarios, quienes obligados a
migrar por las pugnas partidistas dejaron abandonadas sus parcelas o las
vendieron a menor precio. Esto implicó que los hacendados ampliaran las
fronteras de sus propiedades y éstas se convirtieron en grandes ingenios.
La transformación de la agricultura vallecaucana estuvo ligada con la
importancia que alcanzó el cultivo de caña de azúcar. Los datos revelan
el incremento del cultivo de caña, como se muestra en el cuadro que apa­
rece a continuación (cuadro No. 9 pág. siguiente).

De esos datos se puede concluir que en un lapso de dos décadas, entre


1940-1961, la producción de caña de azúcar experimentó un notorio
aumento, pues pasó de 51.200 toneladas en 1940 a 362.600 en 1961, lo
que representó un incremento de un 700 por ciento en un breve período
de tiempo y para un solo departamento.

Ahora bien, ese crecimiento estuvo directamente ligado al proceso de


industrialización del país, en la medida en que el azúcar, siendo un bien
complementario, se empleaba como materia prima para la producción de
gaseosas, lácteos, dulces, alimentos, etc. De tal manera que el desarrollo
de industrias que necesitaban el azúcar como materia prima, tanto en el
Valle como en otras regiones del país, implicó la modernización y trans­
formación de la producción azucarera y generó la concentración y centra-
184

lización de capital, tanto a nivel de inversión como en lo relativo al mo­


nopolio territorial. Esa tecnificación incluyó la incorporación de nuevas
variedades de caña, la preparación mecanizada del suelo, utilización de in­
sumos químicos, control mecanizado de malezas, etc.63

CUADRO No. 9
C R E C IM IE N T O — IN D U S T R IA A Z U C A R E R A D E L V A L L E .
1934-1968

Toneladas métricas expor.


Producción
A ños Hectáreas cultivadas métricas
de azúcar (miles) Total (miles) a EE.UU.

1934 33.2
1940 51.2
1952 51.629 196.1 3.3
1955 53.173 553.3 29.8
1961 62.755 362.6 45.9 45.9
1964 71.633 427.6 25.3 25.3
1966 91.633 527.3 133.9 45.9
1968 90.236 665.0 208.0 60.0
Fuente: A S O C A N A , Cali.
Tom ado de Mateo Mina, op. cit., p. 111.

62. Según Urbano Cam po, la guerra social agraria de los años cincuenta afectó en gran m e­
dida las áreas donde predominaba el latifundio. “La Violencia será particularmente vi­
rulenta —continúa el citado autor— .. .en territorios en pugna; en las fronteras agrícolas
nuevas, en las vertientes de reciente penetración, en las laderas en proceso de integra­
ción a la economía mercantil cafetera o ganadera, en tierras baldías” . N o hubo conflictos
donde predominaba el latifundismo o minifundismo porque no era necesario, en cambio
fueron intensos donde había que expropiar y consolidar grandes propiedades. U. Cam ­
po, Urbanización y Violencia en el Valle. Ediciones Armadillo. Bogotá, 1980, pp. 97
y s.s.
63 María Bonilla de Restrepo. L o s trabajadores contratistas de la caña y la región norte-
caucana, CIDSE, U. del Valle. Cali, 1982, p. 23.
La tecnificación en la producción de caña puede comprobarse al observar el aum ento en
el núm ero de tractores utilizados. Dicha información aparece en el siguiente cuadro:

AÑOS N o. D E TR A C TO R E S

1953 2.136
1959 3.037
1967 4.555

Fuente; Carlos Ossa Escobar. Mecanización de la Agricultura en el Valle del Cauca. B o ­


gotá, 1970. U. de los Andes, p. 52.
185
Pero este proceso de tecnificación en la producción de caña pasaba por un
requisito previo: la proletarización de la fuerza de trabajo indispensable
para la reproducción económica de los ingenios y, desprendiéndose de este
factor, la concentración de las tierras más aptas y productivas para el
cultivo de caña, que se incrementó durante los años cincuenta como se
pone de presente en el cuadro No. 10.
CUADRO No. 10

C O N C E N T R A C IO N DE L A P R O P IE D A D EN
EL D E PAR TA M E N TO DEL V A L L E
Evolución de la tenencia de la tierra en los años cincuenta en el
Valle del Cauca
1954 1959

N o. Total de fincas 59.000 50.823


Fincas menos 10 has. 354.000 35.500
Porc. total propietarios 681% 69.9%
Porc. de tierra que controlaban 10% 9.4%
Mayores de 100 has. 2.360 2.576
Porc. total propietarios 4% 5%
Porc. de tierra que controlaban 60% 58%
Mayores de 1000 has. — 78
Porc. total propietarios — 13%
Porc. de tierra que controlaban 11% 12.3%
Fuente: Elaborado con base en los datos de una muestra de 1954 sobre tenencia de la tierra
y un Censo Agrícola del Valle en 1959. Estos datos aparecen citados en A . Posada y J. de
Posada, op. c i í pp. 58 y s.s.

Es decir, que a fines de los cincuenta, los grandes propietarios monopoli­


zan más tierras que cinco años atrás. Como es obvio, esta concentración
se produjo a costa de los terrenos de los campesinos, que fueron desplaza­
dos a sangre y fuego. En este sentido existen evidencias notorias. En la
década del cincuenta se crearon cinco nuevos ingenios y se consolidaron
los ya existentes. Dicho incremento a nivel económico estuvo relacionado
con la baja de la producción de azúcar de remolacha, por motivos de la
Segunda Guerra Mundial y, como ya se vio, por el incremento de la de­
manda interna, tanto en el consumo directo como para los requerimientos
de algunas industrias.64
La expansión del cultivo de caña se facilitó por la incorporación de gran­
des extensiones de tierras antes dedicadas a pasto y ganadería. La conso­
lidación de la agroindustria cañera ocasionó la crisis de la agricultura
dedicada a producir alimentos y bienes de subsistencia. De muy diversos
modos, bien mediante presión económica o coacción extraeconómica, del
plano del Valle fueron desapareciendo las pequeñas parcelas campesinas,
hasta que finalmente dejaron de existir.6
65
4

En el crecimiento de la agroindustria azucarera se pueden distinguir dos


fases: la primera, entre 1925-1960, se caracterizó por la concentración de
tierras alrededor del ingenio y “ corresponde al período de acumulación
en que los empresarios dueños (los Eder, Cabal y Caicedo) participaron
en forma directa, logrando consolidar la empresa azucarera e imponer
el control del capital nacional sobre la producción de caña y azúcar. En la
segunda fase de crecimiento, que cubre la década del sesenta hasta el pre­
sente, se observa un fenómeno de desconcentración de las tierras cultiva­
das de caña de propiedad de los ingenios por la presencia de los provee­
dores independientes, llamados antiguamente colonos” .66
La reducción de la tierra perteneciente a campesinos se hizo evidente. En
el norte del Cauca, entre 1950 y 1958, fueron expropiadas 11.000 hectá­
reas. En la misma zona, durante la Violencia se aceleró el proceso de ex­
pansión de los ingenios, pues mientras que en el período 1922-1953 las in­
dustrias azucareras expropiaron 169 fincas, de 1953 hasta 1969 expropia­
ron 270 pequeñas propiedades de campesinos.67

Un estudió de fines de los años sesenta sobre el proletariado Agrícola sos­


tenía ante la irreversibilidad del ensanche de los ingenios, que:
“ L a industrialización d el ca m p o, particularm ente a través de la caña
d e azúcar, había c on vertid o en p o c o s años una d e las zonas más
“ feudales ” (s ic ) d el país, las ganaderías del p la n o d el “ G ra n C a u ­
c a ” (u n d o m in io ... tradicionalm ente señ oria l) en la m a y o r con cen ­
tración de agricultura m ecanizada capitalista de C o lo m b ia .

E s to d eterm in ó q u e el p e ó n azucarero se viera m etid o de la n o c h e a


la m añana d en tro de un régim en salarial y un m erca d o c om p etid o
de m a n o d e obra, sin alcanzar a d eja r su “ status ” d e siervo.

64. María Bonilla de Restrepo, op. cit., p. 24.

65. Ibid.

66 Ib id ., p. 25.

67. M ateo Mina, Esclavitud y Libertad en el Valle del R ío Cauca. Publicaciones de la Rosca.
Bogotá, 1975, p. 109.
187
S igu ió con serva n d o una sociología y una serie de relaciones serviles
de dependencia. Siguió p erseg u id o p o r la violencia, “ a r r o p a d o ” p o r
la hacienda, trabajando sin “ horas ” , sin p o sibilid a d d e “ reclam ar ”,
etc. ” . 6S

La estructuración del despojo, entonces, ha seguido en el Valle lincamien­


tos similares a los de la expansión y consolidación del capitalismo en dis­
tintas zonas del mundo. En esto el proceso colombiano no fue demasiado
sui géneris. Fue específico, en el caso del Valle, porque ese despojo y ex­
propiación no generó un proletariado de tipo fabril que se empleara pri­
mordialmente en las ciudades, sino que conformó un proletariado agríco­
la que nutrió las necesidades de los ingenios y la agroindustria.69 En eso
radica la particularidad de la industrialización y “ modernización” del Va­
lle, lo cual no significa, desde luego, que esa relación deje de ser capi­
talista.

La consolidación de esa agroindustria, que algunos consideran mayor que


la propia industrialización urbana,70 precisó de la conversión de gran can­
tidad de trabajadores campesinos en peones y jornaleros, dado que aun­
que la industria cañera necesite pocos trabajadores en el área de procesa­
miento, sí requiere gran cantidad de peones en el proceso de producción.71

En estas condiciones, no es raro que el Valle y parte del Cauca se convir­


tieran en los emporios productores de caña. En el Norte del Cauca, por
ejemplo, la tierra dedicada a su producción pasó de 400 hectáreas en 1955
a 20.000 a fines de los años sesenta.72

De la misma forma, ya en 1954 el Valle producía el 917o de la producción


azucarera nacional.73 Además en el Valle existían los siguientes ingenios
(ver cuadro N o. 11).

Ahora bien, en la mayor parte de los estudios se ha enfatizado el proceso


de consolidación de los ingenios y la producción de azúcar en el Valle del
Cauca — proceso reforzado por el saboteo norteamericano a la produc­
ción azucarera de Cuba, después de 1960— , pero poco se ha señalado el
impacto de otros fenómenos económicos del periodo de Violencia. Cree­
mos que es necesario remarcar algunos de esos factores (ver mapa N o. 3).
188

C U A D R O N o . 11
IN G E N IO S EX ISTE N TE S E N E L V A L L E . 1955
Ingenios Situación Producción

Anaime Palmira 150.000 sacos


Balsillas Florida 60.000 sacos
Buchitolo 120.000 sacos
Castilla S.A. Pradera 300.000 sacos
Carmelita (en construcción) Riofrío ...
Carmelita (en construcción) Riofrío . . . sacos
El Arado Pradera 60.000 sacos
La Industria Florida 50.000 sacos
La Quinta Candelaria 60.000 sacos
Manuelita S.A. Palmira 700.000 sacos
María Luisa Florida 150.000 sacos
Mayagüez Candelaria 250.000 sacos
Meléndez S.A. Cali 250.000 sacos
Oriente Ltda. Palmira 120.000 sacos
Papayal Palmira 200.000 sacos
Perodias 25.000 sacos
Pichichí Guacarí 300.000 sacos
Providencia (central
Azucarera del Valle) Cerrito 500.000 sacos
Riopaila Zarzal 600.000 sacos
San Fernando Cerrito . . . sacos
San Carlos S.A. Tulúa 250.000 sacos
San José (panelero) Palmira . . . sacos
Tumaco (Central Azucarero) Palmira 200.000 sacos

Total de la Producción 4.345.000 sacos


Fuente: Joaquín Paredes Cruz. E l Valle del Cauca, la realidad económ ica y cultural, p. 111.

68. “Los Iguazos. Proletarios y parias en el azúcar”, en Estudios Marxistas, N o. 1, 1969,


p. 45.
69. U. Cam po. Urbanización y Violencia..., pp. 8 2 y s .s .
70. Ib id ., p. 82.
71 Ibid.
72. U. Cam po. La Urbanización en C olom bia ... pp. 59.

73. Joaquín Paredes Cruz. E l Valle del Cauca, Su realidad económ ica y cultural, sin pie de
imprenta, Cali, 1955, p 111.
189

M APA M « 1 0

EXPAN SIO N DE LOS INGENIOS DURANTE LA VIOLENCIA

"ECONOMIA Y VIOLENCIA"

Fuente: U. Campo, Urbanización y Violencia en el Valle del Cauca.


190
En primer término, es bueno recordar que durante los años cincuenta se
fundaron importantes industrias en la zona del Valle, como lo señala el si­
guiente cuadro:

C U A D R O N o . 12

AÑO DE F U N D A C IO N DE A L G U N A S IN D U S T R IA S D EL V A L L E

Cicolac 1946
Cía. Fleischman 1951-53
Colombina
Fruco 1948
Avena Quaker (1953?)
Fábrica de manteca La Garza 1952
Embotelladora Cañada Dry 1951
Celanese Colombiana 1950-51
Fábrica de llantas U.S. Royal 1955
Bicicletas Monark 1951
Talleres Crup 1953
Planta lavadora de Carbón 1954
Premadera 1954
Talleres “ El Cóndor” 1954 (?)
Manuelita 1864
(Ampliación fundamental en 1952)
San Carlos (?)
Nueva maquinaria en
Fábrica de Sabajón
“ Sander Mardell” 1949
Fuente: Joaquín Paredes Cruz, op. cit.

Es fácil observar cómo en los años cuarenta y cincuenta se fundaron gran­


des industrias en la zona del Valle, lo cual no implica sostener que ellas
fueron un efecto inmediato de la Violencia, entendiéndola como causa
única de la industrialización.
L o que sí indica la fundación de nuevas empresas y el ensanche de otras
durante este período es que, pese al rigor de los enfrentamientos violen­
tos, no existió estancamiento ni parálisis en el equipo industrial. De pron­
to, el capital de esas industrias provenía de períodos anteriores, años vein­
te y treinta, y muchas de esas industrias fueron impulsadas durante la
“ República Liberal” , pero lo cierto es que en los años de Violencia se fa­
cilitaron las condiciones para el despegue de algunas y la consolidación
de otras, como se puede apreciar en el cuadro precedente.
191
CUADRO No. 13

DEPARTAMENTO DEL VALLE:


DATOS SELECCIONADOS SOBRE DESARROLLO INDUSTRIAL.
1945-1961

Personal
Número Número ocupado
de estable- de personas por esta-
Aflo cimiento ocupadas blecimiento Total

1945 800 17.979 22 (a)


1953 1.506 32.575 (b) 22 243.189.030
1958 1.441 37.221 26 331.229.250
1959 1.456 39.530 27 373.898.470
1960 1.532 42.220 28 427.679.820
1961 1.584 44.605 28 487.531.500

Por traba­ Total Por traba­


Indice jador Indice H.P. Indice jador Indice

(a) (a) (a) 29.140 31 1.6 55


100 7.465.5 100 93.626 100 2.9 100
136 8.898.9 119 110.534 118 3.0 103
154 9.458.6 127 122.151 130 3.1 107
176 10.129.7 137 128.851 138 3.1 107
200 1.929.9 149 150 160 3.4 117

a. No se dispone de datos.
b. Incluye sólo personal remunerado.
Fuente: A. Posada, o p . cit.
192
En segundo término es necesario destacar cómo desde los años cincuenta,
el Valle se dotó de una infraestructura amplia e imprescindible para cual­
quier expansión de las relaciones capitalistas (que los portavoces de la
C .V.C . denominan en forma pretensiosa como los factores que posibilita­
ron el “ desarrollo industrial inducido” ).74

Entre los factores claves de infraestructura se encontraban: suministro de


un importante volumen de energía eléctrica (entre los principales proyec­
tos hidroeléctricos de entonces se destacaba la puesta en funcionamiento
de la Central Hidroeléctrica de Anchicayá), que significó una triplicación
del consumo de energía por parte de las industrias regionales entre 1945
y 1953: ampliación de la red carreteable con importantes vías hacia las
zonas montañosas y la integración del extenso territorio departamental.75

Por supuesto, esta infraestructura no operaría sin que en el fondo se tu­


viera un importante contingente de fuerza de trabajo libre y semilibre,
que es una condición indispensable para la producción industrial capitalis­
ta: y, como vimos, en el Valle ya existían los trabajadores “ libres” .

En tercer término, se debe destacar como, desde un comienzo, las clases


dominantes vallecaucanas han pretendido darse un barniz de planificado-
ras. Y a desde los años cincuenta protagonizaron — según sus apologistas,
como “ héroes” cas1 ' épicos— la fundación de la Corporación Regional del
Cauca (C .V .C .), directamente organizada bajo los auspicios de personal
norteamericano (especificamente David Lilienthal). Esta corporación ha
sido básica en el desarrollo posterior del Valle del Cauca.

Córdoba

En el caso del sur del actual departamento de Córdoba, que hasta


1951 formaba parte de Bolívar, la Violencia adquirió tanto un carácter de
enfrentamiento partidista como de “ revancha terrateniente” . Este último
aspecto es casi obvio si se tiene en cuenta que en los años veinte y treinta
esta zona conoció importantes movilizaciones populares y campesinas

74. Cf. A ntonio J. Posada y Jeanne de Posada, C. V .C .: un reto al subdesarrollo y al tradi­


cionalism o, Tercer M undo Editores. Bogotá, 1966, pp. 112 y s s.

75. Ibid.
193
contra el poder de los grandes hacendados y terratenientes76 disputas que
en no pocas ocasiones estuvieron acompañadas de intentos organizativos
por parte de fuerzas diferentes a las del bipartidismo y, en ciertos momen­
tos, desembocaron en recuperaciones de tierra o en adjudicaciones por
parte del Estado, sobre todo durante la primera administración López.

En Córdoba, desde antes del estallido de la Violencia, se podía notar una


clara división territorial a partir de intereses políticos, ligada a las formas
de organización económicas predominantes y a ciertas fracciones de clase.
En el norte, sede de los grandes hacendados, tenían su centro de acción
los conservadores, mientras que en el sur, zona de colonización, eran más
fuertes los liberales. Esto tenía profundas implicaciones para los campesi­
nos, puesto que a ellos se les daba trabajo en las haciendas a partir de su
adscripción partidista.77 Tal diferenciación política se manifestaba, del
mismo modo, en el control clientelista que los hacendados ejercían sobre
los campesinos, sobre todo en épocas electorales.78

Es decir que desde un principio se confunden los aspectos políticos y pro­


piamente económicos de la Violencia. Así las cosas, cuando estalló la per­
secución generalizada de liberales luego de 1946, resultaron particular­
mente afectados aquellos reductos de las clases subalternas de filiación
liberal. Esa persecución podía ser directa mediante la utilización de la re­
presión indiscriminada, para lo cual los conservadores contaban con el
apoyo de las autoridades; o indirecta, empleando métodos de asfixia eco­
nómica y fiscal, puesto que en forma arbitraria ciertos conservadores ta­
saban los impuestos a los comerciantes, hacendados rivales y a los cam­
pesinos y, para hacerlos pagar, se valían de la incondicional policía. En
este sentido se tienen noticias de un terrateniente conservador de nombre
Pedro Marchena que prohibió vender a los demás comerciantes aguar­
diente y ron, llegando a monopolizar personalmente, con el tiempo, esas
actividades.79

Otra forma de excluir a los hacendados liberales consistió en cobrarles


multas elevadas. Algunos pagaban pero otros huyeron y organizaron cua­
drillas de resistencia. Incluso se llegaron a emplear las instituciones oficia­
les, como el IN A , para presionar a los hacendados liberales. En efecto, al
principio el IN A se había convertido en un organismo de acumulación de
capital que indistintamente favorecía a los hacendados de los dos partidos
mediante el mecanismo de excluir de sus compras a los pequeños campe­
sinos. Estos se veían obligados a vender a menor precio a los terratenien-
194
tes, o a intermediarios, que luego vendían los productos al IN A a precios
oficiales, y éste a su vez los vendía al consumidor a precios más elevados.7
90
8
7
6

Sin embargo, esta situación se trastocó un poco durante la Violencia en


el sentido de que los hacendados liberales fueron excluidos de este meca­
nismo ilícito, y ellos también, como los campesinos, tenían que vender
sus cosechas a intermediarios conservadores, los que tenían las conexiones
ideales con el IN A . Según los autores que han estudiado este fenómeno,
“ la mayoría de estos intermediarios conservadores se convirtieron en
grandes hacendados una vez terminada la Violencia” .81

Pero en realidad los más afectados fueron los campesinos, que soportaron
la “ revancha terrateniente” (la expresión original parece ser de Pierre
Gilhodes). Así, las colonias de Canalete y Lomagrande, de aguerrida tra­
dición de lucha durante los años veinte, fueron virtualmente aniquiladas
por los “ pájaros” : los campesinos tuvieron que huir y otros fueron ase­
sinados. De esos antiguos territorios surgieron haciendas y latifundios que
todavía hoy existen.82

También contra los campesinos se utilizaban otras formas “ diplomáticas”


de expulsión: por ejemplo el terrateniente interesado en comprar se hacía
acompañar de un agrimensor que arbitrariamente medía la superficie y el
terrateniente, por su propia iniciativa, decidía el precio del terreno “ ava­
luado” . Con este tipo de acciones se enriquecieron prestantes familias de

76. Este proceso se encuentra ampliamente descrito y analizado en Orlando Fals Borda. His­
toria de la Cuestión agraria, Ediciones La Rosca. Bogotá, 1975.

77. Luis Bottia y R odolfo Escobedo. L a violencia en el sur del Departamento de Córdoba.
Tesis de grado. Universidad de los Andes. Facultad de Ciencias Políticas. 1979.

78. “En la casa Burgos se le indicaba (al trabajador) dónde y p or quién tenían que votar en
Ciénaga de O ro... Si cometían traición (!!!) política se le aplicaban buenos ratos de ce ­
p o ... si no, si votaban por el patrón, se les daba un sancocho de gallina y media botella
de ron “dunquera". Testimonio de un campesino, citado en Bottia y Escobedo, op. cit.,
p. 26.

79. Ib id ., p. 49.

80. Ib id ., p. 29.

81. Ibid., p. 59.

82. Ib id ., p. 51.
195

terratenientes, como los Ospina:83 otras de las formas empleadas consistía


en la ocupación directa de aquellas parcelas abandonadas por sus propie­
tarios: o, finalmente, se arrasaba la cosecha de los campesinos, viéndose
éstos obligados a huir para abrir nuevos frentes de colonización.84

Según el estudio que nos ha servido de fuente principal para este análisis,

“ L a clase cam pesina n o solam ente salió perju d ica d a al p e rd e r su tie­


rra. L a im p osibilid a d d e utilizar la selva y sus alrededores d eb id o al
clima d e Violencia f u e u n o d e los p erju icio s m ás grandes q u e su frió
esta clase. R e c o rd e m o s que m u ch os de los cam pesinos vivían de re­
cog er fr u t o s de la naturaleza y de venderlos a los com erciantes q u e
los exportaban. D u ra n te el p e r ío d o de la Violencia este tip o de ca m ­
p e s in o s ó lo p u d o entrar a la selva para huir y n o para desem peñar
su trabajo. L a m ayoría de ellos d ecid ieron ... a ba n d on a r sus parcelas
e internarse río arriba en bú squ ed a d e un lugar para so brevivir.
O tro s decidieron m ás bien em igrar lejo s o enrolarse a la cuadrilla
libera l” . 85

Ante la represión, los campesinos, en la mayoría de casos dirigidos por


hacendados, se organizaron en cuadrillas. Estas tuvieron un comporta­
miento diferente en distintas zonas de la región, atendiendo siempre a los
intereses de los hacendados y comerciantes liberales. Donde estos últimos
tenían más fuerza su reacción defensiva fue tímida: donde la colonización
era la dominante, la reacción liberal fue más beligerante; en otros sectores
las cuadrillas se plegaron a los intereses de los terratenientes: finalmente,
en otras zonas, las cuadrillas resistieron el embate de los hacendados de
los dos partidos.86

Dependiendo del tipo de respuesta de los miembros del partido liberal


vinculados directamente al desarrollo socio-económico predominante en
cada zona, los efectos económicos del período de la Violencia fueron tam­
bién diversos.

Los liberales no se organizaron en cuadrillas en aquellos sectores donde


se había conformado una clase terrateniente-burguesa que ejercía un es­
tricto control económico e ideológico sobre las masas campesinas, a través
de un omnímodo monopolio territorial. A l final de la Violencia, de esas
zonas (véase mapa N o. 4) habían desaparecido las pequeñas propiedades
196
MAPA N. T I

DEPARTAMENTO DE CORDOBA

“e c o n o m í a y v io l e n c ia "

Haciendas. Después de la Violencia: A


Migraciones. Después de la Violencia: ^

ABuel vafia
^Jalisco
ALos Esquim ales
Porum a A
Chimborazo A

M Magda len a A

A
B e rro c a l A 8
6
5
4
3

A La Doyida

M arcelo

Fuente: Botia y Esc


op. c it .

83. Ib id ., p. 52.

84. Ibid.

85. Ib id ., p. 54.

86. Ibid. A llí se encuentra un minucioso análisis que aquí tan sólo se esboza.
197

que todavía subsistían en los años cuarenta, porque los campesinos, ante
la deserción de los gamonales liberales, quedaron huérfanos para enfren­
tar la represión conservadora.87

En el norte del actual Córdoba y en Montelíbano, entonces, se consoli­


daron durante la Violencia las haciendas ganaderas y agrícolas, explota­
das bajo relaciones capitalistas, porque la “ coyuntura de Violencia creó
condiciones para que el proceso de expropiación campesina se acelerara
en estas zonas y ...para que la monopolización de la tierra se fortale­
ciera” .88

En otras zonas de la región, las cuadrillas mismas contribuyeron, como


respuesta a la represión de la policía conservadora, a expropiar campesi­
nos conservadores y colonos, generando un notable proceso migratorio
hacia otras zonas del departamento de Bolívar e incluso fuera de él. En
estos casos, la Violencia aceleró el proceso de concentración de la tierra
y la expropiación de los campesinos, indistintamente de cualquier color
político. “ Los beneficiarios de este proceso fueron hacendados que se
habían empezado a conformar en las primeras décadas del siglo y comer­
ciantes que empezaban a adquirir intereses en la producción agropecuaria
y que pasaban por un período de expansión” .89

De tal forma que en una extensa zona del actual departamento de Córdo­
ba la Violencia contribuyó a expulsar campesinos hacia otras zonas agra­
rias o a ciudades aledañas (como Cartagena y Barranquilla), contribuyen­
do a engrosar los cordones de miseria de estas ciudades. Esta migración
explica en parte el importante movimiento poblacional que conoció la
Costa Atlántica en este período, aunque desde luego no sea el único fac­
tor ni el dominante. N o tenemos suficiente información para corroborar
en qué medida durante ese período se presentó incremento en el proceso
de industrialización de la Costa, para afirmar si buena parte de esa fuerza
de trabajo expulsada se convirtió en proletariado. L o cierto del caso es
que muchos campesinos sí se convirtieron en peones y jornaleros agrícolas
que entraron a trabajar en las haciendas tecnificadas y otros devinieron
en colonos que se “ Recampesinizaron” , aunque su número tampoco de­
bió ser apreciable.90
198

Los Llanos
Para terminar esta exposición sobre las particularidades económicas
de la Violencia a nivel regional retomaremos a continuación, en forma
por lo demás breve, el caso de los Llanos Orientales, uno de los más tí­
picos de todos los considerados.

El problema de la Violencia en los Llanos hay que considerarlo, en la par­


te económica y social, como vinculado a dos momentos, de pronto com­
plementarios: por un lado, al efecto directo que los procesos de Violencia
tuvieron durante el período 1949-1953 (en este último año se produjo la
desmovilización de los más importantes frentes guerrilleros en virtud de la
amnistía del gobierno de Rojas): y, de otro lado, la influencia de los pro­
cesos migratorios de otras zonas del país, cuando miles de hombres y mu­
jeres que escapaban de la Violencia ampliaron la frontera agrícola y cons­
tituyeron los núcleos de grandes focos colonizadores.8
90*
8
7
87. Ibid., p. 58.

88. Ib id ., p. 59.

89. Los Ospinas, familia de presidentes de la República, ensancharon su hacienda ‘‘La Mar-
tha Magdalena” durante la Violencia en varios miles de hectáreas. Igual es el caso de
Pepe Sierra, Los Berrocal, Jaime Vélez, etc., Bottia y Escobedo, op. cit., p. 72, nota
106.

90. Véase al respecto Orlando Fals Borda. R etorn o a la Tierra, T o m o IV de Historia doble
de la Costa, Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1986.

90A Creemos que la importqpcia central del proceso de la Violencia en los Llanos está rela­
cionada con las formas de resistencia que allí se gestaron y que, a grandes rasgos, atra­
viesan dos etapas decisivas: la primera, aquella cuando los liberales controlaban e in­
fluían sobre el m ovim iento guerrillero; la segunda, se caracterizó porque se produjo un
distanciamiento efectivo entre la dirigencia liberal y el movim iento armado del Llano. Esta
segunda etapa vislumbraba la transformación cualitativa del m ovim iento; dicha transfor­
mación se manifestó claramente en la llamada Primera Ley del Llano y en los intentos de
form ar una alianza con otros frentes guerrilleros, primordialmente del Tolima. Sin embar­
go, la derrota del m ovim iento — mediante la amnistía y posterior asesinato de los princi­
pales dirigentes guerrilleros— , impidió que ese proceso se desarrollara exitosamente.
Para un detallado análisis de la evolución del m ovim iento guerrillero del Llano Cf. Eduar­
do Franco Isaza, Las guerrillas del Llano, Editorial Hombre N uevo, Medellín, 1976, Jus­
tas Casas, Las Guerrillas del Llan o, EC O E Editores, Bogotá, 1986; G. Sánchez, “La
amnistía o las etapas de la guerra” en Revista de Extensión C ultural de la Universidad
Nacional, Sede Medellín, N o. 13, 1983; A. Alape, La paz, la Violencia...; Olga Behar,
La guerra p o r la paz, Editorial Planeta, Bogotá, 1985. Recientemente se ha elaborado
un trabajo que analiza en profundidad el proceso de Violencia en los Llanos y que supera
factual y analíticamente el material hasta ahora existente sobre el tema. Cf. Reina ldo
Barbosa, Centauros de Guadalupe o la insurrección llanera 1946-1966. Tesis de Magister
en Historia, Universidad Nacional, Bogotá, 1989.
199
Respecto a las condiciones económicas generales que conocían los Llanos
antes de la irrupción de la Violencia se puede indicar que esta región era
bastante despoblada. Se encontraba poco comunicada con el centro del
país — la carretera entre Bogotá y Villavicencio fue fundada en 1936— y
las actividades económicas, salvo excepciones, se circunscribían a la crian­
za extensiva de ganado91 y a ia producción de artículos de autosubsistencia
principalmente en las zonas de pie de monte de Casanare y Arauca.

Un testimonio de un viejo campesino recrea coloridamente aquella época:

“ Y o s o y de C á qu eza y n os vin im os siendo chinos, y o tenía p o r ah í


7 años. L a carretera de B o g o tá para acá s ó lo llegaba hasta antes de
C h ip a q u e a un sitio llam ado H o rn ito s , y o m e acuerdo m u y bien p o r ­
q u e m e llevaron a p ie a B o g o tá a com p ra rm en el vestido d e la p ri­
m era co m u n ió n y c o n o c í a B o g o tá y e n d o a p a ta ... L a carretera llegó
a Villavicencio en 1936, antes tocaba en m uía, si cu ando nos vini­
m o s de C á qu eza gastam os 3 días y llegam os con los p ies hinchados.
Villavicencio era 4 m anzanas; lo q u e h o y es el p a rq u e p rin cipa l era
la plaza y d o n d e es la inspección d e p olicía quedaba el m atadero.
A ca cia s tenía unas 15 ó 20 casas y una enram ada d o n d e decían la
misa, p u e s para casarm e q u e f u e en 1937 n os vin im os para Villavi­
cencio y estaban constru yen d o la catedral, y le sigo c o n ta n d o ... lo
de 1925. C o m o le d ije eso n o había carretera, se usaba c o m o m ed io
de transporte los cam inos de herradura y las m uías q u e son más
guapas q u e los caballos; en esa época se sem bra ba arroz, plátano,
yuca, m a íz; para cog er arroz usábam os el ch ije q u e era un tarro
am arrado a la cintura y se cogía a m a n o ; eso le chorriaba a u n o la
sangre m ientras salía callo. L o s q u e traían el m erca d o a pata y m u -
las de Q u eta m e y esos p u e b lo s se llam aban tibrotes y lo llevaban
hasta el río G u a yu riba y u n o venía a com prarles hasta ahí. C o m o
usted m e dice q u e le cuente c ó m o estaban distribuidas las fin ca s y lo
q u e hacía la gente p u es le cuento q u e la q u e sem braban era p o c o ,
lo q u e había era grandes hatos d e ganado y p rincipalm ente en San
M a rtín q u e era la capital p e r o quedaba m u y le jo s ; sin em b a rg o en
San Juan d e A r a m a q u e queda m u c h o más allá, los jesu íta s sem bra ­
ban cacao. L a gen te dice ahora q u e es cacao silvestre, p e r o eso es
p u ra p a ja p o r q u e lo sem bra ron los curas, si allá tenían hasta c o n ­
ven to, q u e todavía existe; es q u e ese p u e b lo y San M a rtín son m u y
viejos, sin o q u e San Juan se ha q u em a d o c o m o dos veces; en ese
tiem p o c o m o le d ije (1925) n o había cercas n i nada d e eso. E l gana-
200

d o lo traían a pata desde allá para B o g o tá , p u e s m i tío Vicente hacía


apargatas de f iq u e p a ra p o n e rle al g anado y eso vendía m u ch o, si
n o le p o n ía n alpargatas se espiaba fsic) y n o llegaba a B o g o tá , p u es
de Villavicencio a B o g o tá se gastaba con el g anado 15 a 20 días sin
contar lo de a q u í para a b a jo ; en ese tiem p o sufría m os m u c h o " . 9
12

La región estaba prácticamente aislada del resto del país y en ella no se


notaba ningún síntoma de presencia estatal, ni de tipo físico ni ideológico.
Los detentadores del poder político y económico eran los grandes ganade­
ros. Antes de la Violencia los comerciantes de ganado adquirieron impor­
tancia por ser quienes distribuían las reses de los Llanos hacia el interior;
en vista de la dificultad para movilizar las cabezas de ganado, pagaban
los animales al precio que se les antojara.93

La tenencia de la tierra es de difícil caracterización dado que no existía


un valor mercantil de la misma, ni renta precapitalista o capitalista — en
el sentido que bajo determinadas condiciones se tuviera que pagar algún
canon por el uso del suelo— sino que, contrariamente, la importancia de
las propiedades se medía por el número de cabezas de ganado que tuviera
un hato. Ese era el indicador clave para medir la importancia de un gana­
dero. La tierra tenía tan poca importancia que los títulos de propiedad no
existían y cualquiera podía ocupar el terreno que se le antojara. Hasta tal
punto se facilitaba la generalización del latifundio ganadero, que en una
disposición de 1946 (Ley 97), el gobierno reafirmó el carácter latifundista
del Llano al considerar que “ en las zonas en las que prevalezcan sabanas
de pastos naturales, como en las llanuras de San Martín y Casanare, las
adjudicaciones a título ganadero podrán hacerse hasta por 5.000 hectá­
reas” .94 Además, los hatos ganaderos estaban ubicados en las áreas más
fértiles, al lado de las vegas de los ríos.

91. Un amplio recuento de las características económicas, sociales y políticas de la región se


encuentra en María Zeneyne Maya y Elizabeth A m ado de Ortega, Antecedentes eco­
nóm icos y p olíticos de la Violencia en los Llanos Orientales de C olom bia (período
1927-1947), Universidad Cooperativa Indesco, Bogotá, 1979.

92. Entrevista con Rosendo Baquero. Acacias, 1986.

93. M. Z. Maya y E. Am ado, op. cit.

94. Citado en Ib id ., p. 31.


201

Las haciendas se organizaron internamente de dos formas diferentes: bajo


la administración directa del dueño, o a través del mayordomo que repre­
sentaba los intereses de los terratenientes ausentistas.

Dentro de las haciendas existía una típica relación de peonaje, pues luego
de los hacendados y mayordomos se encontraban los peones, vinculados
mediante relaciones salariales sui géneris, pues el pago de sus labores se
hacía por medio de aguardiente, ropa, alimentos y, excepcionalmente, en
dinero. Ante la escasez de fuerza de trabajo, los hacendados trataban de
mantener a sus mayordomos y peones de diversas formas: la coacción ex­
traeconómica y el endeude, y mediante actitudes paternalistas.95

Cuando se desencadenó la Violencia, los Llanos estaban débilmente inte­


grados a la vida nacional. El hato seguía siendo el epicentro socio-eco­
nómico y cultural de la región, y en él se desenvolvían diferentes sectores
sociales: hateros o “ amos blancos” , constituían el grupo de los propieta­
rios; encargados, intermediarios entre aquellos y los trabajadores, que
asumían el control en períodos de ausencia de los patronos; y los peones
de la sabana, que constituían la base de la pirámide e indistintamente se
desempeñaban como ordeñadores, vaqueros, caballeros, cabestreros o
caporales, conocedores de todos los oficios y secretos y, por lo tanto, de
gran importancia. Por último, existía un sector pauperizado socialmente,
que conformaban la servidumbre, “ mensuales” y cocineras.

Además existía un sector anexo, el de los vegueros, que suplían con su


trabajo agrícola buena parte de la demanda de los productos quejel hato
requería para funcionar: estaban ubicados a las orillas de los ríos y caños,
donde cultivaban una parcela y mantenían un intercambio desigual con
los hatos, pues trocaban productos agrícolas a cambio de carne.96

Esta estructura social propia del hato ganadero fue golpeada por la “ Re­
volución” , tanto por divergencia de intereses entre hacendados y peones
como por las repercusiones del conflicto. En efecto, en los comandos y
grupos guerrilleros que se conformaron en la región los hateros querían
mantenerse, a toda costa, como los dirigentes “ naturales” de la pobla­
ción. Por el contrario, los peones veían en esa “ Revolución” la posibili­
dad de mejorar sus condiciones de vida y de reafirmar su “ libertad”
— que para ellos estaba asociada con la pertenencia al partido liberal— .
Esos sectores, con intereses sociales, económicos y políticos contrapues­
tos, constituyeron lo que Germán Guzmán denominó el “ Bloque Llane-

^ 0 TEC^ i ° ECHAHDláÍ
202

ro” . Pero ese bloque se disolvió cuando la propia dinámica de la acción


política y militar mostró los intereses antagónicos de los protagonistas.
Así, los hacendados y comerciantes de ganado fueron partidarios de la
“ Revolución” hasta tanto ésta no los afectó ostensiblemente; pero cuan­
do vieron tocados sus intereses, fueron los primeros en respaldar las
“ Guerrillas de Paz” , para que cuidaran y defendieran sus hatos y para
que escoltaran la movilización del ganado.

Por su parte, los peones de sabana — el nervio vital de los ejércitos in­
surgentes del llano— tuvieron que soportar la persecución tanto de los
dueños de los hatos, como del Estado, pese a la debilidad regional de este
último. Los peones fueron directamente golpeados por los hateros y los
comerciantes de ganado, quienes aprovecharon la situación de guerra
pero, recurriendo al asesoramiento de las Fuerzas Armadas o de otras
instituciones gubernamentales, “ limpiar” la región, con lo cual no sólo
eliminaban a los peones díscolos y peligrosos, sino que dejaban de pagar
salarios a sus trabajadores y sembraban el pánico entre la población.

Como mecanismo ideológico para legitimizar la persecusión, los hacenda­


dos utilizaban el calificativo de “ bandoleros” para referirse a todos aque­
llos habitantes de la llanura que no fueran de sus simpatías o que se con­
sideraran como potenciales componentes de los comandos guerrilleros.9 67
9
5

Aunque la “ Revolución” afectó las relaciones internas del hato, desorga­


nizó la fuerza de trabajo, alteró los abastecimientos y creó, en general, un
ambiente de zozobra y alteración de la actividad económica, ésta no fue
impactada tanto por el mismo conflicto social del llano sino por una fuer­
za exógena — relacionada con la violencia del centro del país, que condu­
jo a los campesinos a huir de la persecución política— como era la c o lo ­
nización. Fue este factor el que vino a incidir definitivamente en la trans­
formación económica y social del llano, en la medida en que el colono re­
cién llegado traía unos valores económicos y culturales distintos, un arrai­
gado concepto de propiedad bien diferente a la visión amplia y sin “ alam­
bradas” del habitante de la sabana. Sobre este aspecto es elocuente un
testimonio de un llanero que vivió ese traumático choque:

95. Ib id ., pp. 293 y s.s.

96. R. Barbosa, op. cit., p. 78.

97. Ib id ., pp. 108 y s.s.


203
“ L a lucha n o afectó en nada el tra ba jo d el lla n o... T o d o s los c o ­
m a n d os tenían la orden de trabajar m ientras fu e ra p o sib le. ¡ A p r o ­
ducir com id a habían d ich o los com a n d a n tes! A l llano lo a fectó f u e
la invasión p o r q u e el llano se v o lv ió c o sm o p o lita ... E n tró g en te a
f o r m a r m in ifu n d io, así q u e acabaron c o n tod o.

L a violencia la utilizaron lo s hacendados p a ’echale la culpa a los


guerrilleros... y n o f u im o s lo s de la revo lu ció n los ladrones. L o s la­
d ron es f u e (s ic ) la gente q u e en tró ... q u e venía d e puallá d e otras
partes d izqu e en so n de p a z ... C o m o qu ien dice vivían en la miseria
y se vinieron f u e a hacer plata. E s o s eran p olicías o ejércitos... ” . 9S

Ahora bien, el predominio económico del hato en la estructura de la so­


ciedad llanera fue alterado por la violencia. Esta alteración tuvo que ver,
en gran medida, con el nuevo papel que la regulación estatal empezó a
jugar en la región. Antes de los años cincuenta la presencia estatal en los
llanos estaba restringida a algunos centros urbanos, como Villavicencio o
Sogamoso, que se convirtieron en el epicentro de los escasos recursos del
Estado destinados a la región. Así mismo, esos centros urbanos eran la
sede de los principales caciques y gamonales, que desde allí extendían su
radio de acción a otras zonas, para dominar a su antojo los asuntos de la
vida regional. Sin embargo, la débil presencia estatal no alcanzaba a sen­
tirse llano adentro donde, contrariamente, se desarrollaban mecanismos
de autorregulación política, como formas sustitutivas de la acción estatal.

Se puede decir que en los Llanos el Hato suplía al Estado. Existían, en


este sentido, diversos mecanismos de autorregulación, entre los'que so­
bresalían:

1. La explotación de los elementos y relaciones de trabajo — como pastos,


ganados, bestias y peones— se ajustaba a una normatividad especial, lla­
mada “ derecho de sabana” , que era de aceptación colectiva. Tal derecho
suponía que el caporal era el mediador entre patrón y peón y, al mismo
tiempo, el organizador de la actividad productiva y laboral: y los trabaja­
dores tenían control sobre determinado aspecto de su actividad productiva.

2. La región permanecía aislada del mercado interior capitalista y los


mercados locales se vinculaban al mercado nacional por medio del com­
prador, un agente ajeno al proceso social y económico propio de la vida
de los hatos. Ese comprador era el principal portavoz del sistema de
204

Endeude, mecanismo no sólo de crédito sino de subordinación política y


control de los sectores sociales de las zonas más alejadas de los centros de
consumo (impactaban más a los vegueros, peones desarraigados e indíge­
nas).

3. Era evidente el predominio social y político de los hacendados y gamo­


nales, que controlaban sus respectivos hatos y las zonas circundantes.
Esa hegemonía se apoyaba fundamentalmente en la fuerza.

4. Las relaciones partidistas eran resultado de la combinación de la adhe­


sión por deudas económicas con el poderío que daba la preeminencia de
ser gamonal y el uso de la fuerza. Estos dos elementos daban una exigua
fortaleza a los partidos, finalmente expresada en los votos y en el control
de los pocos cargos públicos existentes."

Todos estos mecanismos de autorregulación fueron alterados por la V io­


lencia y por la presencia del Estado en la región que tendió a incrementar­
se de diversas formas desde los años cincuenta. En general con relación a
los elementos de autorregulación mencionados anteriormente, se pueden
deducir las consecuencias de la Violencia.

En primer lugar, se mantuvo incólume la hegemonía de los hacendados,


con el agravante de que la crisis de la Violencia les facilitó la ampliación
de sus propiedades hasta cientos de miles de hectáreas, proceso que se
reforzó con la aparición del alambre de púas. También la propiedad terri­
torial fue afectada por la llegada a la región de los “ pájaros” , “ chulavi-
tas” y todo tipo de matones a sueldo, que se apropiaron de terrenos para
convertirse en los nuevos ricos y amos del Llano.

En segundo lugar, se amplió el radio de acción de las ciudades-centros,


que no fueron sólo Sogamoso y Villavicencio, sino que aparecieron en es­
cena nuevas localidades como Arauca, Saravena, Yopal, en donde habia
algún margen de participación de las entidades del Estado, pero también
continuaban siendo el sitio de las actividades de los grandes gamonales y
hacendados. La presencia estatal — aunque tampoco era homogénea para
la extensa región de los Llanos— se manifestó en la existencia de sucur-98

98. Citada en R. Barbosa, op. cit., p. 111.

99. Ib id., pp. 173-179.


205
sales de la Caja Agraria, el Incora, el IC A , Banco Cafetero, o con la pre­
sencia de mecanismos de represión militar.

En tercer lugar, pese a los cambios ocurridos, continuó operando el en­


deude, aunque ahora con nuevos mecanismos. Ese endeude siguió vincu­
lando obligatoria y coactivamente la fuerza de trabajo regional a las gran­
des propiedades, mediante mecanismos como “ obsequios” o “ adelantos”
a las familias o a los peones para que éstos en compensación “ devolvie­
ran” con trabajo los favores concedidos por el gamonal. De la misma ma­
nera que mantenían las adhesiones partidistas, con la diferencia de que
éstas se hicieron más complejas y tenían un mayor radio de acción, con la
incorporación de zonas que antes no habían sido dominadas por el bipar-
tidismo. El bipartidismo se afianzó contradictoriamente a partir del pre­
dominio de los gamonales y caciques locales, que en general representa­
ban el poder económico en las subregiones del Llano y que fueron los
articuladores con el poder político central, tanto del Estado como de los
partidos.100

La Violencia afectó profundamente las actividades económicas de los Lla­


nos pero, a nuestro modo de ver, no revirtió el proceso de desarrollo en
dirección a la consolidación del latifundio ganadero y a la apertura de
frentes de colonización. Las haciendas ganaderas fueron drásticamente
afectadas por la Violencia. Los grandes propietarios, y en menor medida
los pequeños, huyeron hacia el interior del país. Pueblos enteros fueron
destruidos por las acciones violentas (entre otros la Uribe, Cumaral, la
Aguada). También hubo apropiación forzada de tierras y ganados. En
plena “ guerra” los migrantes empezaron a llegar masivamente al Llano,
procedentes primordialmente del Tolima, Cundinamarca y Caldas.101

La Violencia en los Llanos tuvo una serie de connotaciones centrales que


la diferencian radicalmente del conjunto de las otras zonas. Pará com­
prender lo fundamental de esa diferencia es interesante escudriñar en la
base social de la resistencia que se gestó en la región. Los focos de resis­
tencia estaban compuestas por campesinos desplazados de sus parcelas y
por un importante y variado conjunto de trabajadores agrícolas que labo­
raban dentro del hato ganadero y que iban desde el campesino (veguero),
fuente de aprovisionamiento de los hatos, hasta peones, vaqueros y capo­
rales. Esta fuerza social, con eminente raigambre popular, andando el
tiempo se convirtió en un incómodo estorbo para los grandes ganaderos
206

(de los dos partidos) que se vieron obligados a unificarse para detener el
avance de la protesta.

Hacia comienzos de la década del cincuenta — cuando era evidente que la


comercialización de ganado se veía afectada por la acción guerrillera y
cuando muchos de los trabajadores de los hatos veían como sus potencia­
les enemigos no a los conservadores sino a los propios hacendados y gana­
deros liberales, y al gobierno— , la economía ganadera de los Llanos esta­
ba siendo afectada por la Violencia. Las mismas disposiciones oficiales
restringieron significativamente el traslado de ganado hacia el interior del
país, puesto que prohibieron la libre circulación de automotores con gana­
do: exigían salvoconductos a los portadores de ganado: sólo permitían
vuelos a zonas donde existieran guarniciones militares, etc.1
102
0

Los más favorecidos con estas medidas fueron los conservadores y las
autoridades, que se enriquecieron bajo la protección de los salvoconduc­
tos, para comprar a bajo precio y vender luego a precios abultados. Según
Paul Oquist, “ enormes fortunas fueron hechas de este modo, incluyendo
la riqueza inicial de algunas de las más adineradas familias de Villavi-
cencio” .103

A diferencia de lo que sucedió en las zonas cafeteras del centro del país,
el proceso de Violencia partidista y la posterior resistencia guerrillera se
desarrollaba en una zona marginal, poco vital en esos momentos para la
economía nacional. Eso implicó, entonces, que la ganadería y otfas fo r­
mas productivas fueron profundamente afectadas por las acciones arma­
das (cosa que no sucedió con el café); lo que visto en el plano global, no
repercutió significativamente en la economía colombiana. Y esta es una
seria limitación objetiva del movimiento guerrillero de los llaneros, pues
pese a su cualificación interna y a su distanciamiento progresivo de las
fuerzas bipartidistas, sus acciones no lograron afectar una zona vital de la
economía colombiana. Sus pugnas se desarrollaron en una zona evidente­
mente marginal.104
100. Comunicación personal con R eina ld o Barbosa, autor de Centauros... op. cit., julio 27
de 1989.

101. A l respecto Cf. Alfredo Molano. Selva adentro, Una historia ora l de la colonización del
Guaviare, El Ancora, Editores, Bogotá, 1987.

102. Semana, febrero 16 de 1952.

103. P. Oquist, op. cit., p. 184.

104. G. Sánchez, op. cit., p. 36.


De tal forma, que en los Llanos la Violencia sí significó parálisis y estan­
camiento económico; por lo menos en su primera fase, para el conjunto
de las clases dominantes del país allí no se generaban divisas apreciables
que afectaran sus ingresos y repercutieran en el proceso de acumulación.

Además, en ese momento, allí no penetraron las relaciones capitalistas,


pues no se generó proletarización (ni en sentido urbano ni hacia la agro-
industria), ya que el interés de los hacendados y dueños de hatos radicaba
en lo contrario: mantener en sus propiedades a importantes contingentes
de trabajadores, que en la zona eran bastante escasos. Es decir, en los Lla­
nos siguió coexistiendo, con las relaciones capitalistas dominantes en la
formación social colombiana, una forma de organización social y econó­
mica de tipo precapitalista. En efecto, no desaparecieron los campesinos
sino que antes aumentaron en número con el proceso de colonización y
recampesinización de grandes conglomerados de parceleros y campesinos
que escapaban de la Violencia del centro del país. Por esto, la coloniza­
ción fue vista desde un comienzo — por los partidos y el Estado— , como
la más efectiva solución a los problemas de Violencia del interior, luego
de que en los Llanos había sido derrotado, jurídica y politicamente, el
movimiento guerrillero.

Portavoces de la contrainsurgencia como el militar Gustavo Sierra Ochoa


podían afirmar a mediados de los años cincuenta que “ la sola eliminación
de los bandoleros sería un empeño incompleto y relativo... Por lo tanto,
“ la colon iza ción se im p o n e c o m o m ed io ú n ico y eficaz para resolver de
una vez p o r todas el p r o b l e m a " . m

La colonización servía, así, para desembotellar las zonas más afectadas


por la Violencia o por la presión sobre la tierra, y se constituía en el rema­
te de la alianza entre burguesía y terratenientes a nivel del bloque en el
poder. En los Llanos no fue tocado para nada el latifundio, y los terrate­
nientes, reafirmando su poderío, utilizaron a los campesinos para ampliar
la frontera agrícola y para que las relaciones capitalistas subordinaran, de
muy diversos modos, a la economía campesina (mediante canales de co­
mercialización y distribución, asesoría técnica, “ modernización” , etc.),
sin tener que repartir ni un centímetro de tierra, cosa que se había conver­
tido en la política oficial del Estado colombiano desde los tiempos de la
“ República Liberal” .
La política de colonización descongestionaba la zona central, pero pre­
sionaba sobre las culturas indígenas del oriente, que aceleradamente fue­
ron arrinconados en el extremo selvático del país. Si bien el Estado co­
lombiano impulsó la colonización, ese patrocinio fue principalmente de­
magógico ya que en realidad no dio facilidades de ningún género a los co­
lonos para que cultivaran la tierra en forma productiva, para que comer­
cializaran sus productos, para que tuvieran acceso a los requerimientos
mínimos de salud, alimentación y educación que cualquier ser humano ne­
cesita. A l respecto es interesante el testimonio de un funcionario de la
Caja Agraria:

“ Se organizaron d os colonizaciones en el A ria ri: C a naguaro y A v i -


chure; se hicieron trochas y se repartieron lotes d e 50 hectáreas y se
instalaron 100 fam ilias en cada una de las colonizaciones, p e r o s ó lo
se instalaron en definitiva unas 80 fam ilias en cada una, y a q u e el
g o b ie r n o n o cu m p lió c o n los p rog ra m a s q u e eran el d e hacer carrete­
ras, escuelas, p u estos d e salud, e tc .; la colonización n o tu v o los re­
sultados q u e se habían p revisto, esas g en te p e rd ió m u ch a plata. L a
m ayoría salió p o r q u e c o m o to d o era m o n te escasam ente alcanzaron
a tu m ba r unas 5 hectáreas, im agínese lo q u e p o d ía n sem bra r... culti­
varon arroz, plátano, yuca, m aíz; p e r o n o p o d ía n sacar su p r o d u c ­
ción p o r q u e c o m o de Granada a allá n o había carretera y m u ch o
m e n o s p u e n te en el A ria ri; ese p u e n te lo hicieron en 1968 ó 1969,
entonces de m anera q u e los p ro d u c to s eran para subsistencia y el
resto lo perdían. A d e m á s , las distancias eran inmensas. E n esa época
se gastaba en carro desde Villavicencio a San M a rtín un día y d e a h í
para allá p o r trochas. Granada era un caserío en 1958 p o r ah í tenía
en 1960 u n os 15.000 habitantes y San M a rtín un os 4.000 a 5.000 y
eso es m u c h o ; c ó m o será q u e en 1960 n o habían cercas. Esas se e m ­
p eza ron a hacer en el L la n o hacia 1975. L a s fin ca s tenían c o m o divi­
siones los caños y ríos. E n resum en, de lo q u e el g o b ie rn o p la n e ó n o
se llevó a c a b o n i un 1 0 % y to d o f u e culpa d el m is m o g o b ie rn o p o r
n o cum plirle a esa gente. N o s o t r o s su frim os m u c h o organizando esa
gente p o r q u e n o había m ed ios de com u n ica ción ” . m

105. Citado p or G. Sánchez, op . cit., p. 33. (El subrayado es nuestro).

106. Testimonio de Mario Díaz, empleado de la Caja Agraria en la región del Ariari, 1987.
209

El Estado colombiano sólo hizo presencia en las zonas de colonización en


la medida en que los conflictos sociales y la colonización armada asumían
formas que cuestionaban la misma legitimidad del Estado y de los parti­
dos políticos, como sigue siendo la tónica de su acción hasta el presente.
CAPITULO V

Estado y Violencia

Introducción

En la casi totalidad de estudios sobre la Violencia existe una concep­


ción de Estado, a veces explícita pero en la mayor parte de los casos im­
plícita, que se articula con el conjunto de explicaciones e hipótesis plan­
teadas para abordar el análisis de la misma Violencia. En verdad, pensa­
mos que sin una consideración del papel jugado por el Estado durante
este período, sería imposible comprender la Violencia, máxime desde el
punto de vista económico, eje central de nuestro análisis. Por esta cir­
cunstanciales interesante referirse a las tesis más elaboradas al respecto.

En primer término, el investigador norteamericano Paul Oquist formuló


hace más de 10 años la tesis de que durante el período mencionado se pro­
dujo el “ derrumbe parcial del Estado” . Con ésto da a entender que el
Estado dejó de tener presencia en determinadas zonas, lo que aceleró las
luchas partidistas y dio pie a que los conflictos tomaran cauces distintos,
por fuera de aquel. De la misma manera, sostiene que existió un colapso
del Estado dado que éste se había fortalecido previamente en la “ Repú­
blica Liberal” , pero durante el tránsito a la hegemonía conservadora se
debilitó sustancialmente, debido al sectarismo partidista de los distintos
bandos involucrados en el conflicto.1

Esta tesis, que rápidamente quedó revaluada por la investigación históri­


ca, presenta un problema fundamental: la presencia del Estado tiende a
ser vista en términos físicos, materiales, de instituciones, pero no en el
plano ideológico, o como garante del proceso de acumulación y de “ mo­
dernización” , por ejemplo. En cierta forma, Oquist estaba muy permeado
de una concepción funcionalista.
212

Sin embargo, hay que atribuirle a este investigador el mérito de ser el pri­
mero en replantear claramente el estudio de la Violencia y de señalar la
manera como confluyen distintos procesos (sectarismos partidistas, luchas
clasistas, problemas laborales, gamonalismo, etc.) en diversos planos re­
gionales y en el contexto nacional durante un mismo período de tiempo.1 2
Si bien la solución que proporciona no es la adecuada, fue de los primeros
en plantear nítidamente el problema.

Una segunda tesis de importancia es la de Daniel Pecaut, presentada en


diversos trabajos pero más directamente desarrollada en su extensa tesis
“ Classe ouvriere et politique en Colom bie” donde postuló que en el perío­
do de la Violencia se presentó una “ disolución progresiva del Estado” .
Por tal cosa el autor entiende el debilitamiento progresivo del papel inter­
ventor del Estado, para dar paso a un Estado liberal que se diluyó entre
los poderosos gremios e intereses económicos, sobre todo en los sectores
industriales y cafeteros. Esta disolución fue resultado del predominio de
un esquema liberal de desarrollo que hizo perder al Estado su carácter
autónomo para fragmentarse en diversas corporaciones gremiales.3

Esta tesis supone, entonces, que durante la Violencia el Estado sufrió una
profunda crisis en todos los órdenes, que incidieron en su paulatino debi­
litamiento. Es decir, a la larga es casi la misma tesis de Oquist, aunque
con la diferencia de que el autor francés enfatiza en que la crisis política
no fue acompañada de una crisis económica sino, por el contrario, de un
acelerado proceso de desarrollo económico. O sea, que el debilitamiento
del Estado estuvo seguido de un proceso de desarrollo capitalista en el que

1. ... “Una división en la clase dirigente de Colom bia tuvo lugar co m o resultado de una p o lí­
tica partidista no pluralista y hegemónica, bajo circunstancias en las cuales, ningún lado
admitía la exclusión del poder del Estado. El resultado de esto fue el derrumbe parcial
del Estado en una sociedad con numerosos conflictos sociales latentes. La contracción,
ineficacia y en algunos casos ausencia del pod er estatal, condicionaron la agudización de
estos conflictos y frecuentemente a su violenta expresión”, p. Oquist, op. cit., pág. 52.

2. P. Oquist, op. cit., p. 52 y s.s.

3. D. Pecaut, Classe O uvriere... Más recientemente este autor resumió su concepción al


respecto en estos términos: “ ...h ay una gran crisis de Estado que tiene orígenes propia­
mente políticos... Esta crisis del Estado, que facilita la expansión de la Violencia, remite
ante todo al consenso de las élites económicas, a partir de 1943-1944, para rom per con
la ideología de la regulación estatal...". D. Pecaut, “De las Violencias a la Violencia”, en
Gonzalo Sánchez y R. Peñaranda, Pasado y Presente de la Violencia en C olom bia, Edi­
ciones C ER EC , Bogotá, 1986, p. 185.
213
prácticamente el aparato estatal no jugó ningún papel de importancia. Ese
avance del capitalismo se debió ante todo al desarrollo espontáneo de los
diversos sectores económicos y al peso de los gremios.

Estas dos tesis son controvertidas implícitamente por Fernando Rojas y


Víctor M. Moncayo, quienes han analizado el papel del Estado respecto
a la política laboral y a las luchas obreras.4 Estos autores sostienen que al
estudiar el Estado no se le puede dar una preponderancia demasiado gran­
de al estudio de los conflictos partidistas, y en general a la esfera política,
sino que se debe remitir su análisis a la órbita económica y el proceso de
reproducción capitalista. En esa medida, los autores considerados indican
que al final de la Violencia salió fortalecida la relación capitalista básica
(capital-trabajo) y el Estado capitalista como garante de la reproducción
de esa relación básica del andamiaje del modo de producción capitalis­
ta.5 Durante la fase de la Violencia se habría efectuado, entonces, una
restructuración del bloque en el poder bajo la égida de la burguesía com­
pradora, siguiendo la terminología de Poulantzas, de tipo industrial-cafe­
talero-exportador .

Así las cosas, al final de la Violencia no apareció debilitado el Estado


— por lo menos si se entiende ese debilitamiento desde el punto de vista fí­
sico o institucional— sino que emergió como el garante de la reproduc­
ción del modo capitalista en su conjunto. Esto no significa que no exista
diversidad en la formación social colombiana sino, antes por el contrario,
esa diversidad se subordina a las relaciones capitalistas dominantes y el
Estado es impulsor central del desarrollo capitalista por encima de los in­
tereses partidistas, pues los partidos políticos tradicionales ya se han iden­
tificado en la ineluctabilidad de tal desarrollo: cosa que en el caso colom­
biano quedó instituida desde 1950-51 con el plan Currie, donde se diseña­
ron las políticas que, de una u otra forma, desarrolló el Estado colombia­
no en los años subsiguientes.

Esta última óptica será el núcleo cardinal del análisis presentado en este
capitulo, lo cual no significa desconocer aportes, tanto teóricos como em­
píricos, efectuados por los otros autores mencionados. Simplemente que
para nuestro objetivo y perspectiva teórica consideramos como más acer­
tado el análisis de Moncayo y Rojas, pese a que sus tesis han sido poco
consideradas por los investigadores de la Violencia.
214

Algunos aspectos de la consolidación del Estado-Capitalista

A manera de premisa para el análisis posterior señalamos algunos as­


pectos que apuntan a precisar la forma como en el país se consolida el
Estado-Capitalista. Se ha visto en los capítulos anteriores que, pese a las
pugnas políticas, el proceso económico no sufrió ninguna alteración seria
ni tampoco se presentó parálisis económica y productiva, sino más bien
un notable proceso de acumulación. Pues bien, ese sostenido proceso de
acumulación, que indistintamente se presentó bajo los últimos gobiernos
liberales, durante los conservadores y luego bajo la dictadura militar,
indican que en cuanto al proceso de desarrollo económico capitalista,
prácticamente existe consenso entre las distintas fracciones de las clases
dominantes y a nivel político entre los partidos. En este sentido, el princi­
pal papel del Estado consistió en, pasando por encima de la diversidad
de intereses políticos, mantener las condiciones de acumulación. Eso im­
plicaba diseñar toda una política social bastante retardataria que a la lar­
ga contribuyó a desarmar a la clase obrera y al gaitanismo, y de otro lado
incentivar el desarrollo capitalista mediante distintas políticas encamina­
das a promover y mantener ese proceso de acumulación.

Algunos de los aspectos económicos donde se presentaron evidentes coin­


cidencias entre los dos partidos son las siguientes:

1. En el informe Currie se consignó y recomendó la adopción de la vía


Junker de desarrollo capitalista a nivel agrario, solicitando el aceleramien­
to del proceso migratorio del campo a la ciudad y urgiendo por la trans­
formación de las propiedades agrarias en complejos agroindustriales. Ta-4 5

4. Víctor Manuel M oncayo y Fernando Rojas, Luchas obreras y P o lítica L a b ora l en C o­


lom bia, Editorial La Carreta, Medellín, 1978.

5. El investigador Fernando Rojas sostiene que aunque la pugna partidista se expresa en la


esfera política, “sólo cobijó a los partidos y al aparato estatal más no a la existencia mis­
ma del Estado en cuanto relación social constitutiva de las premisas del intercambio m er­
cantil y de la mercancía fuerza de trabajo. Bien p o r el contrario, el Estado colom biano y
el proceso mismo de la Violencia, actuaron co m o agentes de singular eficacia en la am ­
pliación de los sujetos y las relaciones de mercado durante esta fase de descomposición
de las relaciones agrarias tradicionales (aparcería, colonato, otras formas de tenencia pre­
caria”). Fernando Rojas, E l Estado colom bia no desde los antecedentes a la dictadura de
R ojas P in illa hasta el gobierno de Betancur (1948-1983), C IN EP. D ocum en to Ocasional
N o. 15, febrero de 1984, m im eo, p. 10.
215

rea que se facilitó porque los problemas de Violencia contribuyeron a


concentrar aún más la propiedad territorial.

2. Predominio de las políticas de desarrollo capitalista recomendada por


el Banco Mundial, retomadas luego por la C E P A L , la A ID y la Alianza
para progreso, independientemente del partido político que se encontrara
controlando el Estado. De ahí se desprendió que la inversión pública fue­
ra manejada con recursos provenientes del crédito externo y el Banco
Mundial y la A ID se convirtieran en los principales prestamistas del país
durante las décadas del cincuenta y sesenta.

3. Las reformas institucionales de comienzos de los años cincuenta con­


sagraron las políticas monetarias y fiscales abiertamente intervencionistas
que favorecieron al sector público dentro del conjunto de la economía co­
lombiana. Estas políticas fueron impulsadas por los gobiernos conserva­
dores, luego por Rojas Pinilla y después por el Frente Nacional.

4. El gremio cafetero se consolidó dentro del bloque en el poder en los


años cincuenta, porque la economía cafetera era, a la vez, fuente de divi­
sas — papel fortalecido por la bonanza de precios de los años cincuenta—
en el proceso de sustitución de importaciones y fuente de acumulación de
excedentes a su vez ligado a la renta del suelo. De tal forma que la bur­
guesía compradora, ligada al sector cafetalero, salió incólume de los ciclos
de “ librecambio” “ proteccionismo” que intermitentemente conoce el país
desde la gran depresión de los años treinta y luego durante la Segunda
Guerra Mundial. Esta primacía del gremio cafetero prácticamente es el
colchón entre las pugnas burguesía-terratenientes, pues la fracción cafete­
ra los representa y los supera a ambos a la vez.6

Ahora bien, el gobierno que más contribuyó a consolidar la relación capi­


talista y el mismo Estado capitalista fue el militar, presidido por Rojas
Pinilla, pero como obvia continuación de un proceso en curso. N o obs­
tante, las concepciones bipartidistas y frentenacionalistas han tendido a
desconocer la importancia del régimen de excepción en el impulso al capi­
talismo. Pero el régimen rojista fue profundamente contradictorio dado
que, aunque intentó impulsar la transformación del aparato estatal, dicha
transformación no alcanzó el ritmo exigido por el capital.7

Rojas amplió la administración pública, siguiendo a los gobiernos que le


antecedieron, en dos frentes principales: de un lado, impulsó los sectores
216

encargados de construir una sólida infraestructura y de proveer los insu­


mos básicos para el sector capitalista más desarrollado. Esto lo hizo el go­
bierno rojista en los primeros años de su gestión, tanto por las divisas
provenientes del café como por las facilidades de crédito externo concedi­
das a su administración.68 De otro lado, amplió el personal e instituciones
7
encargados de patrocinar la reproducción ideológica-biológica de la fuerza
de trabajo (creación de SENDAS, fortalecimiento del ICSS y el IC T, etc!).

El régimen rojista fue profundamente ambiguo, dado que realizó intentos


por desarrollarse con independencia de las fracciones políticas tradiciona­
les y dotarse de una base de sustentación propia. Pese a dar pasos condu­
centes al fortalecimiento del Estado capitalista, al mismo tiempo ciertas
de sus políticas, así como la modificación en el ciclo positivo de acumula­
ción, se interpusieron y obstaculizaron la consolidación del Estado capi­
talista.9

El desarrollo agrícola de tipo capitalista continuó bajo el gobierno de R o­


jas, siguiendo las pautas recomendadas por Currie. Dicho desarrollo esta­
ba directamente vinculado a una serie de particularidades que presentó ese
sector durante la década del cincuenta entre los cuales cabe destacar: a) Se
otorgaron facilidades para importar maquinaria agrícola como resultado
del incremento de divisas que generó el aumento de los precios interna­
cionales del café y la concesión de un crédito de 5 millones de dólares por
parte del BIRF. El resultado de estos ingresos de dólares está a la vista:
las importaciones de maquinaria agrícola crecieron al ritmo más elevado

6. Ib id ., p. 7 y s.s.

7. V. M. Moneado y F. Rojas, op. cit., p. 140.

8. Según la historia de la A N D I, “entre 1953 y 1957 surgieron nuevas fábricas, (se produje­
ron) ensanches de Ecopetrol, se inició la planta de soda y com ienzo de Paz del Río. Se
registraron grandes inversiones en la producción de fibras celulósicas, cloro electrolítico,
cem ento gris, pinturas, refinería de petróleo (Cartagena) e industria textil" Gabriel Pove-
da Ramos, A rtd i y la industria en C olom bia , 1944-1984, 40 años, Publicación de la
A N D I, Medellín, 1984, p. 62.

9. V. M. M oncayo y F. Rojas observan que “a pesar del increm ento de la actividad estatal
en favor del capital monopolista, Rojas Pinilla no alcanza a marchar al ritm o requerido
p o r esta fracción del capital, ni introduce los cambios cualitativos correspondientes en la
estructura Estatal. P o r el contrario, las instrucciones políticas del régimen de excepción
se constituyen en una difícil barrera para el funcionam iento armónico del Estado capita­
lista”, op. cit., p. 149.
217
de todo el período 1950-1974, e igualmente se alcanzaron las cifras más
altas de capitalización agrícola de todo el lapso 1950-1975: b) se incremen­
tó la expropiación campesina, el desalojo de propietarios ausentistas y la
concentración territorial como resultado directo de la Violencia; c) Vincu­
lación de tierras planas a los cultivos mecanizados: d) altos precios agríco­
las durante el período.10

Tanto en el plano agrario como industrial, el sector que más importancia


adquirió durante la Violencia fue el cafetero. Se puede decir que la bur­
guesía cafetalera (burguesía compradora) se fortaleció temporalmente co­
mo fracción dominante dentro del bloque en el poder durante el período
señalado.11 Distintos elementos muestran claramente cómo el gremio cafe­
tero salió fortalecido durante la sangrienta época de la Violencia. N o sólo
se afirmó su poderío económico y se diversificó en los distintos órdenes
de la actividad económica nacional, sino, lo que es más importante, inten­
tó alcanzar la hegemonía dentro del bloque en el poder. Este aspecto me­
rece ser desarrollado con más detalle.

Consolidación temporal de la burguesía Cafetalera

Algunos autores han esbozado la tesis de que en general la Violencia


constituyó un momento de readecuación de las clases dominantes dentro
del bloque en el poder, inscrito en el conjunto del desarrollo capitalista y
en el que adquirieron primacía los sectores burgueses sobre los intereses
terratenientes.12 O, más exactamente, los terratenientes tendrían que aco­
modarse a las tendencias del desarrollo capitalista y subordinarse a las di­
versas fracciones de la burguesía.

Pero durante el estado de excepción, la burguesía compradora pareció ju­


gar el papel hegemónico.13 Mientras se resolvía la crisis de dominación,
esta burguesía emergió como una fracción con supremacía dentro de las
clases dominantes.14 Su fortalecimiento estaba directamente ligado al po­
der económico que alcanzó el gremio cafetero en las décadas del cuarenta
y cincuenta.

En este período se produjo un afianzamiento de la Federación Nacional


de Cafeteros, que se constituyó en el punto de lanza en el proceso de mo­
dificaciones comerciales y productivas que conoció el cultivo del grano.
Asi, mientras que la descomposición de las viejas relaciones sociales a ni-
216

encargados de construir una sólida infraestructura y de proveer los insu­


mos básicos para el sector capitalista más desarrollado. Esto lo hizo el go­
bierno rojista en los primeros años de su gestión, tanto por las divisas
provenientes del café como por las facilidades de crédito externo concedi­
das a su administración.68 De otro lado, amplió el personal e instituciones
7
encargados de patrocinar la reproducción ideológica-biológica de la fuerza
de trabajo (creación de SENDAS, fortalecimiento del ICSS y el IC T, etc ).

El régimen rojista fue profundamente ambiguo, dado que realizó intentos


por desarrollarse con independencia de las fracciones políticas tradiciona­
les y dotarse de una base de sustentación propia. Pese a dar pasos condu­
centes al fortalecimiento del Estado capitalista, al mismo tiempo ciertas
de sus políticas, así como la modificación en el ciclo positivo de acumula­
ción, se interpusieron y obstaculizaron la consolidación del Estado capi­
talista.9

El desarrollo agrícola de tipo capitalista continuó bajo el gobierno de R o­


jas, siguiendo las pautas recomendadas por Currie. Dicho desarrollo esta­
ba directamente vinculado a una serie de particularidades que presentó ese
sector durante la década del cincuenta entre los cuales cabe destacar: a) Se
otorgaron facilidades para importar maquinaria agrícola como resultado
del incremento de divisas que generó el aumento de los precios interna­
cionales del café y la concesión de un crédito de 5 millones de dólares por
parte del BIRF. El resultado de estos ingresos de dólares está a la vista:
las importaciones de maquinaria agrícola crecieron al ritmo más elevado

6. Ib id ., p. 7 y s.s.

7. V. M. Moneado y F. Rojas, op. cit., p. 140.

8. Según la historia de la A N D I, "entre 1953 y 1957 surgieron nuevas fábricas, (se produje­
ron) ensanches de Ecopetrol, se inició la planta de soda y com ienzo de Paz dei Río. Se
registraron grandes inversiones en la producción de fibras celulósicas, cloro electrolítico,
cem ento gris, pinturas, refinería de petróleo ( Cartagena) e industria textil" Gabriel Pove-
da Ramos, A n d i y la industria en C olom bia , 1944-1984, 40 años, Publicación de la
A N D I, Medellín, 1984, p. 62.

9. V. M . M oneado y F. Rojas observan que “a pesar del increm ento de la actividad estatal
en favor del capital monopolista, Rojas Pinilla no alcanza a marchar al ritm o requerido
p o r esta fracción del capital, ni introduce los cambios cualitativos correspondientes en la
estructura Estatal. P o r el contrario, las instrucciones políticas del régimen de excepción
se constituyen en una difícil barrera para el funcionam iento arm ónico del Estado capita­
lista", op. cit., p. 149.
217
de todo el período 1950-1974, e igualmente se alcanzaron las cifras más
altas de capitalización agrícola de todo el lapso 1950-1975: b) se incremen­
tó la expropiación campesina, el desalojo de propietarios ausentistas y la
concentración territorial como resultado directo de la Violencia; c) Vincu­
lación de tierras planas a los cultivos mecanizados: d) altos precios agríco­
las durante el período.10

Tanto en el plano agrario como industrial, el sector que más importancia


adquirió durante la Violencia fue el cafetero. Se puede decir que la bur­
guesía cafetalera (burguesía compradora) se fortaleció temporalmente co­
mo fracción dominante dentro del bloque en el poder durante el período
señalado.11 Distintos elementos muestran claramente cómo el gremio cafe­
tero salió fortalecido durante la sangrienta época de la Violencia. N o sólo
se afirmó su poderío económico y se diversificó en los distintos órdenes
de la actividad económica nacional, sino, lo que es más importante, inten­
tó alcanzar la hegemonía dentro del bloque en el poder. Este aspecto me­
rece ser desarrollado con más detalle.

Consolidación temporal de la burguesía Cafetalera

Algunos autores han esbozado la tesis de que en general la Violencia


constituyó un momento de readecuación de las clases dominantes dentro
del bloque en el poder, inscrito en el conjunto del desarrollo capitalista y
en el que adquirieron primacía los sectores burgueses sobre los intereses
terratenientes.12 O, más exactamente, los terratenientes tendrían que aco­
modarse a las tendencias del desarrollo capitalista y subordinarse a las di­
versas fracciones de la burguesía.

Pero durante el estado de excepción, la burguesía compradora pareció ju­


gar el papel hegemónico.13 Mientras se resolvía la crisis de dominación,
esta burguesía emergió como una fracción con supremacía dentro de las
clases dominantes.14 Su fortalecimiento estaba directamente ligado al po­
der económico que alcanzó el gremio cafetero en las décadas del cuarenta
y cincuenta.

En este período se produjo un afianzamiento de la Federación Nacional


de Cafeteros, que se constituyó en el punto de lanza en el proceso de mo­
dificaciones comerciales y productivas que conoció el cultivo del grano.
Así, mientras que la descomposición de las viejas relaciones sociales a ni-
218

vel cafetero llegaban a su término, FED E CAFE se robustecía y consoli­


daba aún más. De esta forma garantizaba a la nueva estructura en gesta­
ción los mecanismos y “ las relaciones con el Estado necesarias para que
los nuevos horizontes de inversión cafetera no encontraran ningún obs­
táculo en su ascendente marcha hacia la conformación definitiva del gru­
po financiero más estructurado y poderoso que se haya formado en el
país en los últimos cincuenta años” .15

El poderio de la Federación se puso de presente con su interferencia en


los más disímiles campos de la economía nacional. En los años cuarenta
y cincuenta, participó directamente en: la creación de la Compañía Na­
cional de Navegación en 1944: tenía asiento en la junta directiva del Insti­
tuto de Fomento Forestal; era miembro del Consejo de Economía Nacio­
nal: actuaba en el Consejo Coordinador del Comercio Exterior: integra­
ba el Consejo Nacional de Enseñanza A grícola.16 Com o se puede ver su
esfera de influencia abarcaba las más variadas instituciones del Estado.

Este era, si se puede denominar así, el plano formal del asunto, ya que lo
más significativo radicaba en que FED E CAFE tenía inversiones económi­
cas en los más diversos órdenes de la vida nacional. A l respecto es ilustra­
tivo mencionar algunos casos. Hacia 1951 participaba con un 33.5% en el
capital de la Caja Agraria: desplazó en el proceso de comercialización a
los competidores extranjeros consolidándose como el primer comerciab­*1

le). Ib id ., p. 113.

11. En el mismo sentido Cf. Absalón Machado, “la econom ía Cafetera en la década de
1950", Cuadernos de Econom ía, N o. 2, 1980, p. 153.

12. A . Machado, “Políticas Agrarias e n C olom bia”, en Campesinado y Capitalism o en C o­


lom bia, Ediciones C IN EP, Bogotá, 1981, p. 75.

'13. El concepto de Burguesía compradora engloba a un conjunto heterogéneo de fracciones


de clase ligadas en form a directa al capital extranjero, que lo reproducen internamente
d e n tó de una economía nacional. Cf. V. M. M oncayo y F. Rojas, op. cit., p. 100 nota 7.

14. Ib id ., pp. 1 2 0 12 1 .

15. A . Machado, “La Econom ía Cafetera”..., p. 153.

16. Ib id ., p. 156 y s.s.


219

zador del café colombiano hacia finales de la década del cincuenta.17


“ Controlaba una capacidad de trilla de café de 2.500 sacos diarios en 11
trilladoras de su propiedad y toda esta acción sobre el comercio la hacía
sustentándose en una legislación que le daba poderes omnímodos para
controlar calidades, pesas, marcas trilladoras, registros de exportación, li­
cencias, distribución de café, pasillas a los tostadores, etc.” 18

Para darse cuenta de la diversificación de intereses económicos que adqui­


ría la Federación, considérese la lista que proporciona el cuadro N o. 1.
Claramente se puede constatar el alcance económico de los cafeteros en la
década del cincuenta, en momentos en que la Violencia — más en las zo­
nas cafeteras— alcanzaba los niveles más dramáticos y espeluznantes.

En 1953 fue creado el Banco Cafetero con dineros del Fondo Nacional del
Café, lo que amplió las posibilidades financieras de la Federación en dis­
tintos sectores de la producción y la comercialización. Tal medida tam­
bién tuvo una función distractora, ya que se constituyó en un mecanismo
que sirvió para esconder el Fondo Nacional del Café, Fonac, que empeza­
ba a ser visto por los distintos gobiernos como un instrumento eficaz para
combatir los déficits fiscales y públicos. La creación del Banco Cafetero
hizo pasar al Fondo a un discreto segundo lugar, ya que a partir de este
instante a "través del Banco se calibraría el poder y alcance de FEDE-
C A F E .19

CUADRO No. 1
IN VERSIO N E S DE FED ECAFE
Préstamos a municipios y departamentos $ 5.000.000
Acciones de la Flota Mercante 14.790.820
Préstamos al Gobierno del Ecuador para el
pago de las acciones de la Flota Mercante 1.000.000
Acciones en la Caja Agraria 25.305.000
Acciones en el antiguo I N A (Corporación de
Defensa de Productos Agrícolas 1952) 3.500.000
Acciones en el Instituto Nacional de Parce­
laciones, Colonización y Defensa Forestal 500.000
Acciones en la Compañía Agrícola
de Seguros 3.748.110
Industria Colombiana de Pesca 500.000
Compañía Nacional de Navegación 647.600
F u e n t e : F E D E C A F E Revista Cafetera N o . 124, s e p t ie m b r e 1 9 5 2 , p . 3 8 8 5 .
220

Com o lo manifestó el expresidente de la República — precisamente duran­


te el período de la Violencia— e industrial cafetero Mariano Ospina Pérez
años después, la FED E CAFE se había convertido en el “ Estado Mayor,
administrativo, bancario y comercial” de la nación.1 20
9
8
1
7

Es obvio, además, que el peso de los cafeteros se viera fortalecido por el


ciclo positivo que conoció la economía colombiana en su conjunto, pero
especialmente el sector externo, y dentro de éste, en primerísimo lugar, la
exportación de café. Esto explica en buena parte por qué la burguesía
compradora adquirió tanta importancia durante el gobierno de Rojas y,
de la misma manera, cómo al final de la dictadura su cambio de frente
fue vital en la caída del General.21

El peso de los Gremios


Si se observa la historia de la aparición de los gremios se podrá ver
cómo, durante los años cuarenta y cincuenta, surgió no sólo una gran
cantidad, sino que se configuraron, con pocas excepciones, los más im­
portantes. El cuadro siguiente registra la constitución de gremios en dis­
tintos períodos, ( c u a d r o n 2 2 p a g . s i g u i e n t e )

Esta configuración gremial tiene que ver, y esto es apenas elemental, con
la consolidación de nuevas actividades económicas y productivas (consoli­
dación de nuevos cultivos comerciales — tales como arroz, caña de azúcar,
algodón, etc.— y de nuevas actividades industriales, automotriz, metal-
mecánica, petroquímica, etc.) pero también ha estado vinculado a la ne-
1 7. Existe un notorio proceso de concentración en las actividades de comercialización del Ca­
fé; en 1940 habían 100 firmas comercializadoras; en 1950, 68; en 1960, 58. Esta con­
centración se aprecia mejor con otros datos: las 10 principales firmas exportaban en
1942 el 83% del café, en 1950 el 67% y en 1960 el 75%.

En la década de 1950 FEDECAFE entró a controlar buena parte de las actividades co­
mercializadoras; mientras que en 1950 exportaba sólo el 3.2% del grano nacional, en
1960 esa cifra llegaba a ser el 31.8%. En este ario ya era la principal firma exportadora
habiendo desplazado a las casas extranjeras. Esto le dio a la Federación una base eco­
nómica financiera sólida, debido a las ganancias obtenidas en el proceso de comerciali­
zación del café. A. Machado, ‘‘La Economía...", pp. 205-206.

18. A. Machado, “Políticas Cafeteras 1920-1962”, en Desarrollo y Sociedad N o. 7, 1982,


Universidad de los Andes, p. 194.
19. A. Machado, “La Economía Cafetera”..., p. 159-160.

20. Revista Cafetera No. 143, marzo-abril de 1968, p. 30.

21. V. M . Moncayo y Fernando Rojas, op. cit., pp. 121 y s.s.


221

cesidad de esos sectores de hacer presencia en el ente estatal para repre­


sentar directamente sus intereses.22 Tal vez esta última circunstancia fue lo
que movió a Daniel Pecaut a sostener su tesis sobre el debilitamiento pro­
gresivo del Estado y su disolución en medio de los intereses privados de
las clases dominantes, siendo representadas sus distintas fracciones en los
gremios.

CUADRO No. 2
F E C H A DE F U N D A C IO N DE LO S P R IN C IP A L E S G REM IO S
1. Sociedad de Agricultores de Colombia - SAC 1871 (1914)
2. Sociedad de Ingenieros 1887
3. Federación Nacional de Cafeteros - FED E C A FE 1927
4. Asociación Bancaria de Colombia 1936
5. Asociación Nacional de Industriales - A N D I 1944
6. Federación Nacional de Comerciantes - F E N A L C O 1945
7. Asociación Colombiana Popular de Industriales - A C O P I 1951
8. Federación Colombiana de Industrias Metalúr­
gicas - F E D E M E T A L 1955
9. Cámara Colombiana de la Construcción - C A M A C O L 1957
10. Federación Colombiana de Ganaderos - F E D E G A N 1963
11. Federación Nacional de Algodoneros 1953
12. Federación Nacional de Arroceros - F E D E A R R O Z 1947
13. Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar
de Colombia - A S O C A Ñ A 1959
14. Asociación Nacional de Instituciones Financieras - A N IF 1974
Fuente: Miguel Urrutia, G r e m io s , P o lític a E c o n ó m ic a y D e m o c r a c ia . Ed-FEDESARROLLO,
Fondo Cultural Cafetero, Bogotá, 1981, p. 17.

Pero los intereses gremiales y de las clases dominantes, tanto de aquellas


vinculadas al capital nacional como al capital monopolista internacional,
estaban directamente representadas en el Estado desde los tiempos de la
“ República Liberal” (con más énfasis en los sectores petroleros). Ese pro­
ceso de interpenetración directa entre intereses políticos bipartidistas e in­
tereses económicos dominantes fue ostensible a partir de la segunda admi­
nistración de López y se amplió luego durante los gobiernos conservado­
res. El cuadro N o. 3 ilustra la interpretación de los intereses económicos
y políticos dominantes en el período 1944-1953. Se puede apreciar cómo
la integración entre la órbita partidista y la esfera económica no corres­
pondía a determinada fracción económica. En otras palabras, no se pre­
sentaba una dicotomía entre liberales y conservadores en torno al desem-
222

peño de determinada función económica. Indistintamente, liberales y con­


servadores eran cafeteros, exportadores, comerciantes o representantes del
capital monopólico internacional.2

22. “En la medida en que se diversifica la agricultura, y deviene en capitalista, nuevas frac­
ciones ingresan en la configuración de la burguesía agraria. Buena parte de los capitales
han sido acumulados en la industria, el comercio y la banca. Se refuerza aún más la ar­
ticulación económica de la burguesía... En relación a cada tipo de cultivo o actividad in­
corporados a la producción capitalista se constituyen las respectivas organizaciones secto­
riales de la burguesía (caficultores, ganaderos, algodoneros, arroceros, cacaoteros, ce-
realeros), los cuales no sólo expresan los Intereses comunes de los nuevos y viejos bur­
gueses, sino que materializan políticamente, solos o asociados, la producción sino que se
limitan a percibir las-rentas”. Manuel Sánchez Vásquez, op. cit., p. 41.
CUADRO No. 3

IN T E R P E N E T R A C IO N E N T R E INTERESES
EC O N O M IC O S Y P O L IT IC O S
1944-1957

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

Luis Tamayo Ministro de Economía Gerente de Editorial


(2da, Admon. López P .) CROM OS.

Hernán Echevarría Ministro de Obras Públicas Industrial antioqueño


(2da. Admon. López P .) accionista de fábricas
textileras, represen­
tantes de casas ex­
tranjeras.

Antonio Rocha Ministro de Industria, Representante de fir­


Trabajo y Educación. mas petroleras.
(2da. Admon. López P .)

Arcesio Londoño Ministro de Trabajo Gerente del Banco


(2da. Admon. López P .) Agrícola de Maniza-
les. Presidente de la
Asociación de expor­
tadores de café.

Alberto Arango T. Ministro de Guerra Urbanizador privado.


(2da. Admon. López P .)
224
CUADRO N® 3 (continuación)

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

A lirio Gómez P. Correos y Telégrafos Gerente de Transpor­


(2da. Admon. López P .) tes Aéreos T A C A .

Carlos Lleras R. Ministro de Economía Miembro principal


(2da. Admon. López P .) del Comité Nacional
de FED ECAFE.

Roberto Urdaneta Ministro de Gobierno Accionista de la Co-


(Admon. Ospina P.) lombian Petroleum
Presidente Encargado Company.
1952-1953

Francisco de Paula Ministro de Hacienda Accionista de dos fi­


Pérez (Admon. Ospina P .) liales de la Tropical
Petroleum Co.

Eduardo Zuleta Angel Ministro de Educación Accionista de Regalías


y Relaciones Exteriores petrolíferas. Abogado
(Admon. Ospina P .) de la Magdalena Fruit
Co.

José Vicente Ministro de Comuni­ Accionista de la Co-


Dávila Tello caciones lombian Petroleum
(Admon. Ospina P .) Company.

Gonzalo Restrepo Relaciones Exteriores Exgerente del Banco


(Admon. L . Gómez C .) de la República y Ban­
co Comercial Antio-
queño. Presidente de
la Asociación de Ex­
portadores de café.

Rafael Delgado Ministro de Hacienda Gerente de la Com­


Barreneche (Admon. L. Gómez C .) pañía Distribuidora de
azúcares. Accionista
de la Sociedad Colom­
biana de Capitaliza­
( continúa)
ción.
225
CUADRO N® 3 (continuación)

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

Miembro de la Junta
del Banco Francés e
Italiano.

Antonio Alvarez Ministro de Hacienda Accionista y Gerente


Restrepo (Adm on. L . Gómez C .) de Chocolates LUKER.
Gerente del Banco Ca­
fetero.
Director del Periódi­
co La Patria.

Guillermo Amaya Ministro de Justicia Gerente de la Compa­


Ramírez (Adm on. L . Gómez C .) ñía Distribuidora de
azúcares.

Juan Uribe Holguín Ministro de Justicia Miembro de la Junta


(Adm on. L. Gómez C .) Directiva de: Cemen­
tos Samper, Bavaria
y Avianca.

Alejandro Angel Ministro de Agricultura Socio de Alejandro


Escobar (Adm on. L . Gómez C .) Angel y Compañía.
Miembro de la- Junta
Directiva de Avianca
y Bavaria.

Camilo Cabal Ministro de Agricultura Propietario Ingenio


(Adm on. L. Gómez C .) Providencia, presiden­
te del Comité Nacio­
nal de Arroceros.

José Ma. Arango Ministro de Guerra Gerente Siderúrgica de


Grau (Adm on. L. Gómez C .) Medellín.

Manuel Echeverry Correos y Telégrafos Presidente de la SAC.


Cortéz (Admon. L . Gómez C .)
( continúa )
226
CUADRO N® 3 (continuación)

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

Evaristo Sourdis Ministro de Relacio­ Cultivador de caña de


nes Exteriores. Azúcar en la costa.
(Adm on. Gustavo R o­ Asesor Jurídico de la
jas Pinilla) Empresa de Aviación.
Presidente de la A so­
ciación de Importa­
dores de Autom oto­
res A N D E M O S.

Carlos Villaveces Ministro de Hacienda Subgerente del Banco


(Admon. Gustavo R o­ de Colombia.
jas Pinilla) Miembro de la Junta
del Banco de la Re­
pública.
Criador de ganado de
lidia.
Cultivos de oleagino­
sas.

Manuel Mosquera Ministro de Educación Exministro de Traba-


Garcés (Admon. Gustavo R o­ bajo. (Admon-Urda-
jas Pinilla) neta)

Daniel Henao Ministro de Educación Ganadero de Cota


Henao (Admon. Gustavo R o­ (Cundinamarca).
jas Pinilla) Funcionario del Min.
de R.R.E.E.

Gabriel Betancur Ministro de Educación Presidente de la Jun­


Mejía (Admon. Gustavo R o­ ta Directiva de Peldar.
jas Pinilla) Asesor Comercial de
Celanese.
Asesor Técnico de la
Presidencia (1950).
Gerente del IC E TE X
(1953).
( continúa)
CUADRO N B3 (continuación)

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

Miembro del Comité


Planificador y del Co­
mité de Economía
(1959-1957).

Josefina Valencia Ministra de Educación Negocio de Ganade­


deH . (Adm on. Gustavo R o­ ría en el Cauca. Her­
jas Pinilla) mana, Guillermo León
Valencia.

Santiago Trujillo Ministro de Obras Socio de Seguros San­


Gómez (Adm on. Gustavo R o­ ta Fe con Ignacio
jas Pinilla) Umaña de Brigard
(Gerente Cementos
Diamante).
Socio de Cía. Popu­
lar de Seguros.
Hacienda “ El Puen­
te” (Tolim a).

Carlos Villaveces Ministro de Fomento Miembro de la Junta


(Adm on. L. Gómez C .) Directiva del Banco
de la República y de
Colombia.

Jorge Leiva Ministro de Obras Fundador de trans­


Públicas portes Marítimos.
(Admon. L . Gómez C .)

Santiago Trujillo Ministro de Obras Accionista de Colmo-


Gómez (Adm on. Gustavo R o­ tores, con Sáenz de
jas Pinilla) Santamaría, Pedro
Navas Pardo, Emilio
T oro y Hernán Echa-
varría O. 1957.
Alcalde de Bogotá
(1950-53). (COTtm4a)
228

CUADRO N® 3 (continuación)

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

Gerente de Ecopetrol
Santiago Trujillo Ministro de Obras (1954-1955).
Gómez (Adm on. Gustavo R o­ Presidente de la Jun­
(Continuación) jas Pinilla) ta Directiva del Ban­
co Popular.

Juan Guillermo Ministro de Agricultura Gerente de Avianca


Restrepo J. (Admon. Gustavo R o­ (56).
jas Pinilla) Socio de la Empresa
Colombiana de Turis­
mo con Hernán Echa-
varría Olózoga, Pa­
blo Samper Ortega y
Ernesto M c’Allister
(1958).

Administrador de los
F.F. Nacionales (1951).
Miembro de la Junta
Directiva de la Caja
Agraria (1952).

Hernando Salazar Ministro de Agricultura Directiva de la Cáma­


Mejía (Admon. Gustavo R o­ ra de Comercio de
jas Pinilla) Bogotá.
Socio de Casa Italia
(Concesionarios Fiat).

Aurelio Caicedo Ministro de Trabajo Presidente de la A so­


Ayerbe (Adm on. Gustavo R o ­ ciación de Ganado
jas Pinilla) Pardo-Suizo.
( continúa )
229
CUADRO N° 3 (continuación)

Nombre del Cargo Administrativo a Nivel


Político Burocrático Papel Económico

Castor Jaramillo Ministro de Trabajo Negocios de Ganade­


Arrubla (Adm on. Gustavo R o­ ría.
jas Pinilla) Asesor Jurídico de la
firma Alotero.

A lfredo Rivera Ministro de Fomento Ganadero de Santan­


Valderrama (Adm on. Gustavo R o­ der.
jas Pinilla) Ex-secretario del M i­
nisterio de Gobierno.
Ex-gobemador de
Santander (Adm on-
Urdaneta).

Manuel Archila Ministro de Fomento Miembro de la Junta


Monroy (Adm on. Gustavo R o­ de Dva. Bavaria.
jas Pinilla) Suplente de la Geren­
cia de Bavaria.

Jorge Reyes Ministro de Fomento Presidente de Acopi


Gutiérrez (Adm on. Gustavo R o­ (1952).
jas Pinilla) Presidente de la Cor­
poración de Ferias y
Exposiciones (1953).
Gerente del Banco Ga­
nadero (1957).

Fuente: Carlos Ortiz, Estado y Subversión en C olom bia , p. 60.


Carlos Ortiz, E l Desencadenamiento de la Violencia, p. 326.
M edófilo Medina, H istoria del P a rtid o Com unista de C olom bia , p. 551.
Oliverio Perry, ¿Q uién es quién en C olom bia ?, Edición de 1949.
Alvaro Echeverry Uruburu, Elites y Proceso P o lític o en C olom bia , pp. 43-46, 154-155-
156.
230

Mientras a nivel del control de los altos cargos de la administración cen­


tral del Estado existía una pugna violenta entre los dos partidos, en el
manejo de la política económica general del Estado existía consenso entre
las distintas fracciones de las clases dominantes acerca del inevitable pro­
ceso de desarrollo capitalista y del impulso estatal a ese proceso. Ese con­
senso se manifestó más nítidamente en la conducción de los gremios. En
este último sentido, durante la época de la Violencia, a nivel de las orga­
nizaciones gremiales, se presentó un adelanto de lo que sería el Frente N a­
cional: la interpenetración de intereses bipartidistas y el mutuo acuerdo
en el manejo de los gremios.23 Desde la segunda administración López las
élites económicas dominantes lograron imponer su visión de que sus inte­
reses particulares eran los intereses generales, de donde se derivó la insti-
tucionalización de los gremios. Para dicha institucionalización existió de
entrada un consenso: el rechazo del “ Estado Intervencionista” . Posterior­
mente, en los años más agudos de la Violencia, cuando los enfrentamien­
tos partidistas adquirían manifestaciones dramáticas, los gremios se las
arreglaban para que en su interior primara la armonía entre los intereses
bipartidistas.24

La paz gremial — exaltada hace algunos años como manifestación de de­


mocracia en un libro apologético25— establecía, sin embargo, un adecua­
do reparto del predominio partidista en ciertas actividades, sin que en ese
predominio relativo fuera en menoscabo de sus adversarios de color polí­
tico. Así, los liberales tenían predominio en los sectores cafetero, banca-
rio y comercial, mientras que los conservadores presentaban un predomi­
nio acentuado entre los industriales y grandes agricultores.26 Esta dife­
renciación explica, en mucho, las discrepancias políticas entre distintas
fracciones de las clases dominantes y entre diversos sectores de los parti­
dos en lo relativo a la política económica, impulsada coyunturalmente por
determinada administración. Aunque, repetimos, a nivel estratégico exis­
tía pleno acuerdo sobre el ineluctable proceso de desarrollo capitalista.

23. A lv a ro E cheuerry U rubu ru, “Elites y p ro c e s o p o lític o en C o lo m b ia ” , P o lé m ica , Revista


d e E stu dian tes E . S . A . P . , N o . 5-6 , 1986, p. 38.

24. D. P eca u t, D e las V io le n c ia s ..., p. 186.

2 5. N o s refe rim o s a M ig u e l U rrutia M o n to s a er¡ e l libro, Gremios, p olítica y Dem ocracia,


F o n d o C ultura l C a fe tero, 1982. L ib ro a p o lo g é tic o y de dudosa calidad científica.

26. A . E cheuerry U ., op. cit., p p . 4 0 y s.s.


231
Para mencionar unos pocos ejemplos de estas discrepancias de política
económica, recordemos que los liberales se opusieron tenazmente durante
el gobierno laureanista, a todo aquello que sonara a “ protección eco­
nómica” e incluso acusaron a Laureano Gómez de ser desmedidamente
protector de la industria y de los intereses industriales.27

Desde el punto de vista opuesto, de la misma forma puede explicarse la


adopción de ciertas políticas oficiales sostenidas por las administraciones
conservadoras que iban encaminadas a promover la racionalización y
redistribución de recursos generados por el café; manejo que pasó por
encima de los intereses particulares de los cafeteros, aunque estos en ver­
dad no salieron muy golpeados por las medidas tomadas por el ejecutivo,
al fijar, por ejemplo, el diferencial cambiario para financiar la importa­
ción de maquinaria industrial. Una medida como ésta, que produjo la in­
mediata reacción del gremio cafetero, indicaba que, pese a todo, el apara­
to de Estado mantenía cierta autonomía respecto a los intereses particula­
res. Frente a los mismos, obraba de acuerdo a los “ intereses generales” ,
vale decir, de todas las clases dominantes en su conjunto y como garante
del proceso de acumulación capitalista, así como reproductor de las con­
diciones generales de las relaciones capitalistas.

Efectos de la Violencia sobre el Estado

Pese a las divergencias antes señaladas, que se efectuaron en el gobier­


no de Laureano Gómez, entre los dos partidos existía acuerdo general
sobre los aspectos relativos al manejo estratégico del Estado en lo relacio­
nado con el proceso capitalista. Identificación que se expresaba en: acep­
tar como un hecho el desarrollo de la agricultura por la vía terrateniente:
reconocer el proceso de industrialización de la vía de sustitución de im­
portaciones; considerar vitales las inversiones extranjeras para el “ impul­
so” de la economía nacional, primordialmente a nivel de la industria ma­
nufacturera; vincular políticamente al país a la órbita norteamericana en
pleno período de la Guerra Fría, influencia que antes de atenuarse se am­
plió durante el Frente Nacional; reforzar el proceso de concentración y
centralización del capital; etc.

Que este patrón de desarrollo era ya reconocido por el conjunto de las


clases dominantes y por la mayor parte de las fracciones políticas se puso
de presente cuando, ante la política ultrasectaria y excluyente de Laureano
Gómez de un lado, y el intento de Rojas Pinilla por separarse tímidamen­
te de esas fuerzas de otro, la totalidad de las clases dominantes se identi­
ficaron en superar esos escollos y enrumbar nuevamente el proceso por
las cauces que facilitaran, sin traumas de peligrosa índole, el avance del
capitalismo.

De tal forma, en el ámbito estatal se expresaron de alguna manera las


pugnas y contradicciones entre las distintas fracciones de las clases domi­
nantes; pero esas contradicciones estaban vinculadas más con aspectos
secundarios y coyunturales que con elementos esenciales del desarrollo
capitalista. Esto explica que mientras los gobiernos de Laureano Gómez y
Rojas Pinilla no entorpecieron el proceso de desarrollo capitalista y sirvie­
ron para superar la crisis de legitimidad que conocían las clases dominan­
tes, no tuvieron contradicciones de fondo con la mayor parte de las frac­
ciones de esas clases dominantes, pero cuando se puso en evidencia que
esos gobiernos no contribuían a reorganizar el bloque en el poder, sino a
demorar su reestructuración, fueron liquidados sin ambages por las otras
fuerzas políticas, respaldadas por la totalidad de las clases dominantes.
En éste último sentido es ilustrativo conocer la forma como se realizaron
los golpes de Estado contra Laureano Gómez el 13 de junio de 1953 y
contra Rojas el 10 de mayo de 1957. Si se hace una radiografía de la dis­
posición de las distintas fuerzas políticas en esos momentos, se podrá no­
tar cómo, en la práctica, no existían voces discordantes — por supuesto
salvo las adictas a los sectores depuestos— que pusieran en duda la legiti­
midad de las acciones emprendidas contra los “ dictadores” .2 28 En el caso
7
de la caída de Rojas, por ejemplo, la acción de los sectores económicos
más poderosos fue determinante. El movimiento que derrocó al “ usurpa­
dor” fue una acción típicamente oligárquica, por los objetivos, sentido y
fuerzas sociales que participaron en su organización y desenlace. Ese
carácter oligárquico se puso de presente en la composición social, eco­
nómica y política de los Comités de Paro, creados en las principales ciu­
dades para impulsar la lucha contra el gobierno de Rojas. La información
referente a la composición interna de esos Comités aparece registrada en
el cuadro N o. 4.

27. Ib id ., p . 40.

28. U n análisis p o rm e n o riz a d o de esos h ech os se encuentra en R en á n Vega, A b a jo la dicta­


dura, op. cit. A . A la p e , L a pa z... J. O . M artz, op. cit; A lb e rto Zalam ea, Las Jornadas
de M ay o, E d icion es D o c u m e n to s C o lo m b ia n o , B o g o tá , 1957.
233
CUADRO No. 4

C O M P O S IC IO N D E L O S C O M IT E S C IV IC O S P R O -P A R O E N L A S
P R IN C IP A L E S C IU D A D E S D E L P A IS

Fecha de Papel Económico


Ciudad Formación Integrantes y/o político

Bogotá 6-V-57 — M artín Del Corral Gte. Banco de Bogotá


— Ignacio Copete Lizarralde Gte. Banco Colom bia
— A u relio Correa Gte. Banco Com ercial A .
— Enrique Caballero
Escobar Gte. de la A N D I de Btá.
— Bernardo Restrepo Ochoa Gte. de Coltabaco
— A n ton io O viedo Secretario de la Directiva Sec­
cional de la A N D I.

M edellín 6-V-57 — Cipriano Restrepo


Jar am illo ler. Presidente de la A N D I.
— Pedro N el Ospina
Vásquez Accionista de Coltabaco y Cer­
vecería U N IO N
— Luis Echeverría Villegas Gte. de F A B R IC A T O
— Jaime Posada An gel Gte. de Hilanderías M edellín.
— Vicente U ribe Rendón Subgerente del Bco. Comercial
Antioqueño
— Eduardo U ribe Botero M iem bro de casi todas las jun ­
tas directivas de las Emp. A n -
tioqueñas.
— A d o lfo Restrepo Gte. de T ejicóndor
— D arío M ejía M edina Gte. de Tejid os U N IO N
— Carlos J. Echeverría Gte. de Coltejer
— Jaime R. Echeverría Subgerente de Fabricato
— Ram ón R. Echeverría Accionista de Fabricato

Cali 6-V-57 — Carlos N a via Belalcázar Varias veces presidente del D L


del V alle
— H arold Peña Zam orano Ex-secretario municipal de Cali
— Luis E m ilio Sardi
Garcés ler. Gte. de E copetrol
— Luis Carlos Varela Propietario de la firm a Varela
Hnos.
— Gabriel Velásquez Palau Exministro de Salud de Rojas
— Gustavo Balcázar
M on zón Expersonero de Cali
— M anuel Carvajal
Sinisterra Exministro de Fom ento de G ó ­
mez y Gte. de Carvajal & Cía.
— M arin o R en gifo Representante liberal del Valle.
234
Pereira 10-V-57 — Baltazar A . Restrepo Obispo de Pereira
— Coronel G il M artínez Ex-alcalde de la ciudad
— R oberto Cardona Arias A lcald e de Pereira
— Lázaro Nicholls

Ibagué 10-V-57 — R afael Parga Cortés Presidente del D D L


— Manuel C oronado Presidente del D D C
— H éctor Echeverry
Cárdenas D irector de “ Tribu n a”

Manizales 10-V-57 — A lfo n so M u ñ oz Botero Ex-gobernador de Caldas


— M ario Vélez Escobar Ex-decano Facultad de Derecho
U . de Caldas.
— M arin o Jaramillo
Echeverry Gobernador encargado
— Ram ón M arín Vargas Presidente de la D L C
— Guillerm o Ocam po
Avendaño
— A d o lfo H o yo s Ocampo Sacerdote de la Catedral Basílica

Barranquilla 10-V-57 — M onseñor G allego Pérez Obispo de Barranquilla


— A lb erto Pum arejo Representante liberal
— A b e ll Carbonell Representante liberal
— D avid Sourdís Representante liberal
— Eduardo Carbonell Representante liberal

Bucar amanga 10-V-57 — P ab lo Arias Delgado Sacerdote


— A n ton io J. U ribe Prada Representante conservador del
departamento
— Bernardo U ribe Prada Representante conservador del
departamento
— Ricardo Serpa Cueto Representante conservador del
departamento
— H u go M antilla Correa Representante conservador del
departamento
— A lfo n so G óm ez Góm ez Representante liberal del depar­
tamento
— H éctor G aravito Barrera Representante liberal del depar­
tamento
— Hernán G óm ez Gómez,
—- Augusto Espinosa
Valderrama Presidentes de la Dirección L i­
beral Departamental.
— C iro Ríos
— M ax Olaya Restrepo

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Intermedio, Bogotá, mayo 11/57, p. 4.
235
Por supuesto que esa identidad estratégica que señalamos anteriormente,
no implicaba que en el interior de las clases dominantes dejaran de pre­
sentarse contradicciones, sino que esos antagonismos estaban inscritos en
el marco general del desarrollo capitalista. A l respecto es ilustrativo situar
la tesis de Víctor Manuel Moncayo y Fernando Rojas, para quienes

“ L a dictadura m ilitar, es ...la “ vía c o lo m b ia n a ” d e transición a l es­


tadio m o n o p o lis ta ... L a dictadura aparece determ inada p o r una si­
tuación d e eq u ilibrio catastrófico entre las clases dom inantes, q u e
am enaza su m u tu a destrucción, situación q u e exige ob via m en te, la
neutralización d e los enfrentam ientos, c on g reg a n d o las clases y f r a c ­
ciones d om in a n tes en una alianza q u e n o consagre la h eg em on ía d e
una d e ellas s o b r e las restantes” . 29

Adicionalmente, el aparato de Estado aparece como un lugar, un espacio,


de permanente confrontación de intereses inmediatos, más bien coyuntu-
rales, determinados por: 1) el cambio que el mercado mundial generó en
el interior del país, dado que la burguesía compradora tenía un peso signi­
ficativo dentro de la reestructuración del bloque en el poder: y 2) por los
intereses particulares — de tipo gremial— que las distintas fracciones ex­
presaban en el Estado, y que si bien de pronto se resolvieron transitoria­
mente, luego se manifestaron en nuevos conflictos y contradicciones entre
esas distintas fracciones.30 Sin embargo, como el Estado debe ir más allá
de los intereses particulares de los capitalistas — cuyas diversas fracciones
sólo ven sus intereses particulares olvidándose de los globales— el Estado
colombiano, pese al carácter excesivamente gremializado que llegó a tener
durante los gobiernos de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta, cumplió
su función de pasar por encima de esas contradicciones y convertirse en
garante de la reproducción del sistema capitalista.

De acuerdo con todos los elementos mencionados anteriormente es nece­


sario indicar las características que asume el Estado colombiano al final
del período de la Violencia. A l final de la década del cincuenta la indus­
tria colombiana, en diversas ramas presentó un notable dinamismo, ex­
presado más nítidamente en los sectores intermedios y productores de bie­
nes de capital, que impulsaron la producción de materias primas esencia­
les (petróleo, acero, hierro) y la diversificación productiva del aparato
industrial.31
236

De la misma forma, la concentración monopólica se reforzó aún más


durante los años cincuenta y, en el sector agrícola, se presentó la consoli­
dación de la línea prusiana de desarrollo, habiendo contribuido a elimi­
nar importantes reductos de relaciones precapitalistas y determinadas fo r­
mas de organización no propiamente capitalistas. De esta manera, la rela­
ción entre terratenientes y capitalistas adoptó el pago de la renta del suelo
como forma predominante.2 12
0
3
9

Con estos parámetros, a nivel político el Estado de excepción — sobre to­


do durante el gobierno de Rojas— fue un importante instrumento de re­
organización del bloque en el poder y se constituyó en un mecanismo
clave — así lo hayan desconocido las clases dominantes y los partidos tra­
dicionales— para la superación de la crisis de hegemonía existente. A l
. final emergió como fracción hegemónica la burguesía monopolista, a la
que se subordinaron los distintos sectores de la burguesía compradora que
parecieron jugar el papel protagónico durante dicha crisis. De esa forma,
la burguesía inferior monopolista fue estableciendo mecanismos propios
de acumulación y ampliando los mercados externos y las fuentes de finan­
ciación propias, cuyos recursos ya no provenían mayoritariamente de los
ingresos cafeteros.33

En conclusión, la Violencia no entorpeció notablemente el proceso de acu­


mulación capitalista sino que, antes por el contrario, sirvió para impul­
sarlo y subordinar el sector agrario a la relación capitalista dominante.
Dentro de ese contexto el Estado desempeñó un rol central puesto que,
antes de salir debilitado, apareció en escena como el “ Capitalista colec­
tivo” que, representando los intereses del sistema en su conjunto, se con­
virtió en el garante de la reproducción de las condiciones básicas del mo­
do de producción capitalista.

29. V. M. M oneado y F. R ojas, o p . c it., p. 102.

30. A . E ch e verry U ., o p . c it., p. 46.

3 1. A lb e rto C o rc h u e lo . “E l p ro c e s o de industrialización c o lo m b ia n a ", en U n o en dos, N o . 4,


m arzo de 1975.

3 2. V . M. M on ca y o y F. R ojas, o p . c it., p . 175.

33. Ib id ., p. 178.
237
A l mismo tiempo, la crisis política experimentada por la democracia bur­
guesa después del 9 de abril ha sido superada por los partidos tradiciona­
les mediante la imposición del autoritario Frente Nacional, que institucio­
nalizó el sistema bipartidista y bloqueó, de entrada, cualquier posibilidad
de apertura política y de reforma económica y social. Pero en el fondo,
el regreso a la institucionalización tradicional (presidente, parlamentos,
etc.) simplemente expresó la superación de la crisis de hegemonía que se
había presentado durante los años cincuenta y la reestructuración del blo­
que erí el poder que, partiendo de consolidar la industrialización de capi­
tal, colocó en primer plano, ejerciendo su hegemonía, a la burguesía mo­
nopolista. L o cual definió, en buena parte, el desarrollo político, econó­
mico y social del país durante todo el periodo del Frente Nacional y con­
dicionó el devenir histórico del país hasta el momento actual.
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E l E specta d or
E l S ig lo
E l T ie m p o
Estudios Marxistas
Estudios Rurales L a tin oa m e rica n os
Id eolog ía y S o c ie d a d
N u e v a F rontera
Revista d el B a n co d e la R epú blica
Revista de Historia
Revista Javeriana
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—úe de P a rís-U nivesité R e-

L~_-versklad d e los A n d es ,

Finalizó la impresión el 25 de
octubre, 1990, en los talleres
gráficos del Departamento de
Publicaciones de la Universidad
Distrital Francisco Josó de Caldas.
Renán Vega Cantor
Nació en Bogotá. Licenciado en
Ciencias Sociales de la Universi­
dad Distrital, Economista y Ma-
gister en Historia de la Univer­
sidad Nacional. En la actualidad
es profesor de Historia en las
Universidades Pedagógica Na­
cional y Distrital.
Es autor de los libros “ Crisis y caída de la República Liberal” ,
“ Colombia entre la Democracia y el Imperio” y coautor de “ Or­
ganización y promoción de la comunidad” ; “ Los Llanos: una
historia sin fronteras” ; “ 12 de Octubre: ¿descubrimiento o inva­
sión?” . Publicó una Antología de textos del escritor peruano
José María Arguedas. Colaborador habitual de las publicaciones
Colombia Hoy, Opción, Revista de la Universidad Distrital y
Boletín Cultural y Bibliográfico. Junto con Mario Aguilera obtu­
vo el premio en el concurso sobre el Impacto de la Revolución
Francesa en Colombia, organizado por la Universidad Nacional
y el Banco Popular, con el trabajo titulado “ Revolución France­
sa: Simbología y Movimiento Popular” , investigación próxima a
publicarse.

Eduardo E. Rodríguez Ruiz


Nació en Gutiérrez (Cundina-
marca). Economista de la Uni­
versidad Nacional, con estudios
en Ingeniería Catastral en la
Universidad Distrital; ha realiza­
do una serie de investigaciones
sobre: Los artesanos en Colom­
bia, La deuda externa en C o­
lombia, el Catastro y la valorización. Y ha colaborado en diver­
sos estudios de valorización.