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FACULTAD

DE

DERECHO

DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE 2a. Sala COLECCION DE ESTUDIOS ]URIDICOS SOCIALES y

2a.

Sala

COLECCION

DE

ESTUDIOS ]URIDICOS SOCIALES

y

VOL.

XLIX

EDITORIAL

jURIDICA

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CHILE

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AVELINO

HURTADO

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Profesor titular de Derecho Civil de la Universidad de Chile

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CAUSA

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BIBLIOTECA
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VI

OBRA

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VI OBRA 1:5 l'ROPIElMD DEL AUTOR EDITORJ.U UNIVERSITARIA, s. !l SANTIAGO Tipografia de Mauricio Amster

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Tipografia de Mauricio Amster

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LA

Capítulo

1

CAUSA

LICITA

"La teoría de la causa tiene reputación bien ganada de ser abstracta y Oscura; la responsabilidad de ello incumbe al legislador, que sólo ha consagrado a esta importante materia tres disposiciones sumamente

lacónicas (art, 1.1 31 a 1.133) ,

la tradición, que es indecisa y a

veces contradictoria, como tambien a la jurisprudencia, que ha reali. zado aquí una excelente labor, pero en forma completamente empírica, mientras los autores se ingenian para edificar, por su parte, una teoria

supuestamente lógica, pero estrecha e insuficiente para encuadrar con la construcción jurisprudencia] que la desborda por todas partes",

LoUls JOSSERA¡.;n,

Y a

1. LEGISLACION POSITIVA.-EI título Segundo del Libro IV del Código Civil trata "De los actos y declaraciones de voluntad". El arto J.l445 1 , primero de este Titulo, dispone: "Para que una persona se obligue a otra por un acto o declaración de voluntad es necesario:

039 Que recaiga sobre un ob· jeto lícito;

tenga una causa lí-

19 Que sea legalmente capaz; 29 Que consienta en dicho acto o declaración y su consentimiento no adolez- ca de vicio;

Y, en seguida, dos artículos de este mismo Título II vienen a complementar estas escasas disposiciones sobre la doctrina de la causa dentro del Código. En efecto, el arto 1.467 prescribe; . "No puede haber obligación sin una causa real y lícita; pero no ,es necesaria expresarla. La pura liberalidad o beneficencia es causa suficiente. Se entiende por causa el motivo que induce al acto o con- trate;¡; y por causa ilicita la prohibida por la ley, o contraria a las buenas costumbres o al orden pu blico.

49 Que

cita."

1 Las 'referencias al

Código y las'

citas de .artículos que contiene esta

obra sin otra jndicación, son del Có· digo Civil chileno.

14

Avelíno León Hurtado

Así la promesa de dar algo en pago de una deuda que no existe carece de causa y la promesa de dar algo en recompensa de un crimen o de un hecho inmoral, tiene una causa ilícita".

y el arto 1.468 agrega: "No podrá repetirse lo que se haya dado

o pagado por un objeto o causa ilícita a sabiendas". Los dos primeros articulas -1.4t}5, y 1.467- reproducen en sustancia lo prescrito por los arts. 1.10'8, l.i131, 1.13<2' Y 1.133 del Código Civil francés, que disponen:

Art. 1.108: Cuatro condiciones son esenciales para la vali· dez de una convención. El consentimiento de la parte que se obliga; la ·capacidad de contratar; un objeto cierto que forme la materia de la obligación (engagement); una causa lícita en

la obligación".

A ,-t. 1.113: "La obligación sin causa, o sea, con causa falsa,

o con causa ilícita, no puede tener ningún efecto"; Art. 1_132: "La convención no es menos válida porque la causa no se haya expresado"; y, finalmente, el arto 1.133 dice:

"La causa es ilícita, cuando es prohibida por la ley, cuando es contraria a las buenas costumbres o al orden público". En cuanto a nuestro arto 1.468, que agrava la sanción de nulidad impidiendo la repetición de 10 dado o pagado por ob·

jeto o causa ilícita a sabiendas, la jurisprudencia francesa, cuan· do se trata de causa inmoral, aplica un criterio semejante, si- guiendo el principio "meno auditor propiam turpitudinem alle- gans". Puede decirse, pués, que nuestra legislación es casi igual

a la francesa en esta materia.

2. CAUSA DEL CONTRATO Y !CAUSA DE LA OBLIGAClóN.~La lectura de estas disposiciones de la legislación chilena y de la francesa nos demuestra que no aparece claro si este requisito de la causa lícita se exige que concurra en todo acto o declaración de vo- luntad, en el contrato o convención, o en las obligaciones, pues ambos códigos después de referirse a la "convención" o al "acto o declaración· de voluntad" se remiten a "la obligación". Esta falta dt!' precisión de la ley se advierte también en la

La causa lícita 1 5 doctrina. Así, algunos autores 2 estiman que la causa es

La causa lícita

15

doctrina. Así, algunos autores 2 estiman que la causa es requisito de la declaración de voluntad, del acto o contrato, como se des- prende de la colocación del arto 1.467 en el título que U'ata ele los requisitos internos de los actos o declaraciones de voluntad. La causa de la obligación será la fuente de donde emana, y la causa del contrato es el interés jurídico que induce a cada una de las partes a contratar. Este criterio ha sido impugnado y la doctrina dominante se refiere a la "causa de la obligación", confirmando lo que expre-

;{.

Claro Solar estima que el asunto no tiene importancia prác- tica, "ya que afectando la causa esencialmente· a la manifesta- ción de voluntad, al consentimiento, tiene que referirse al con- trato o al acto juridico, así como a la obligación que en ellos se genera. H. Capitant 4 sostiene que es un error hablar, como lo hacen ciertos autores, de la causa del contrato, porque la causa de un contrato nada significa. No nos parece, sin embargo, agre- ga Claro Solar, que pueda prescinclirse de la necesidad de la existencia de la causa de todo acto o declaración de voluntad de que emana una obligación, porque el hombre no se compro· mete a dar, hacer o no hacer algo, sino en virtud de un motiyo, es decir, de una causa que lo mueve a contratar y que la obli- gación deberá realizar"o. Esta solución intermedia, ecléctica, no resuelve el problema,

sa el arto 1.4&7: "No puede haber obligación sin umi causa

\

~

. y mantiene la confusión de la legislación positiva.

.~ Arturo Alessandri R., "Los con·

tratos", pág. 50; Arturo Alessandri Besa, "La Nulidad y la Rescisión en el· Derecho Civil Chileno",. NQ 200, pág. 189; Leopoldo Urrutia, "Expli. caciones de Código Civir', pág. 9; Coviello, "Doctrina General del De- recho Civil", NQ 130, pág. 445, etc. a Maree! Plan¡ol, "Traité Elemen· taire ,de Droit Civil", París, 1949,

102; Henri,

León y Jean Maleaud, "Lecons de

Tomo 'II, NQ 282, pág.

Droit Civil", París, 1956, Tomo 11,

NQ 255, pág. 205; Jorge E. Mera Mo· lina, "Exposición de la doctrina de

la causa", NQ 12, pág. 27, Y N9

pág. 101, Y los autores que cita; Gior- gi, "Teoría de las Obligacíones". NQ 437, pág. 462, etc.

1I3,

• "De la causa de las obligaciones", N9 5, pág. 26, París, 1924.

• Luis Claro Solar. "Explicaciones

. de Derecho Civil Chileno y Campa. rado", Tomo X, NQ 90G, pág. 305.

,

~

~Y.

~~

16

Avelino León Hurtado

La doctrina de la causa sólo tiene cabida en materia de oblig;;¡.ciones que emanan de actos jurídicos, vale decir, en gene- ral, de obligaciones contractuales, que ~acen por voluntad del deudor. Por eso se habla de causa del contrato para significar la causa-de la obliga'ción contractual. Así aparece, además, de la doctrina originaria de la causa, pues Domat y Pothier si bien hablan indistintamente de causa del compromiso u obligación (engagement) y causa del contrato, refieren el concepto a la obligación contractual. Dice Pothier que cuando la obligación no tiene causa, o lo que es lo mismo, cuando la causa es falsa la obligaCión es nula, "y el. contrato que la contiene es nu-

]0"6.

Otros autores expresan con mayor precisión que la causa del contrato son los motivos que mueven a cada contratante a celebrar el acto. Estos móviles concretos, personajes de cada contratante, constituyen la causa ocasional que, como veremos más adelante, no tienen influencia en la validez del contrato. En cambio, la causa de la obligación sería la razón jurídi- ca por la cual el contratante asume su obligación. Esta causa final es idéntica en contratos de la misma especie y es ajena a la personalidad del contratante. Es una noción abstracta de téc- nica jurídica 7 •

• Pothier, "Obligations". Cap. 1, N9 42. Este autor dedica un párrafo especial a la "faIta de causa en el contrato"; pero al mismo tiempo ha- bla de "carencia de causa de la obli- gación". 7 La legislación y la doctrina ita- liana, distinguen también la causa del contrato de la causa de la obli- gación en la siguiente forma: el Código Civil italiano de 1942 regla- menta específicamente la causa del

contrato

y 1.418 de ese Código). La doctrina dominante ha precisado que la cau-

5a es el fin económico-social perse- guido en el contrato y que "consiste en la módificación de una situación existente que el derecho objetivo consider¡¡ importante para sus pro- pias finalidades". La causa de la obligación, en cambio, es el funda- mentó jurídico del deber de cum- plimiento (causa debendi) . y así puede haber causa del con- trato y no J.1aber causa de la obliga- ción, como ocurre con .la compraven- ta en que la causa para el vendedor es 1a promesa del pago del precio -causa del contrato-, pero una vez.

(arts.

1.325,

1.343

a

1.345

\

La causa licita

17

Nuestros

Tribunales

han

empleado

indistintamente

los

conceptos de causa del contrato y causa de la obligación. Un

fallo dice: "Nuestro Código Civil exige para que pueda haber obligación o contmto válido, fuera de otras condiciones, la

existencia de una causa lícita

ción, siguiendo a Colin y Capitant, que la causa se encuetra en

todas las obligaciones que tienen su fuente en la voluntad del individuo, "ya sean contractuales, ya provengan de una dispo- sición testamentaria". En resumen: la caUSa se refiere a la obligación y no al con-

trato. La causa del contrato, en el sentido de motivo que induce

Pero, agrega a continua-

"8.

a

contratar, corresponde al concepto de cawa ocasional, según

la

clasificación que veremos más adelante, y no tiene influencia

en la validez del acto. La causa de la obligación, en cambio, co- rresponde a la causa fina1 9 , En este sentido la aborda el presente

trabajo.

No obstante, para mayor comodidad de expresión, diremos en esta obra, indistintamente, causa de la obligación, o del acto

o contrato.

3. LA CAUSA SE APLICA SOLO A

LAS OBLIGACIONES

DE

ORIGEN

VO-

LUNTARIO Y ESPECIALMENTE cONTRActuALEs.-Cuando se habla de

causa en relación con la obligación, ésta debe tener su origen en

la ma.nifestación de voluntad del deudor. La ley se refiere a la

causa. en-los "actos y contratos" (arts 1.445, 1A'6'7). Y esta con-

'perfeccionado el contrato, el vende- dor no estará obligado a entregar la cosa si el comprador se niega a pa- gar el precio, pues la causa de la obligación del vendedor viene a fal- tar por ese incumplimiento. La causa del contrato obra, pues, antes que el coñtrato se forme, o a lo sumo durante 'Su formación; la causa de la . obligación obra después que el con-. trato se ha formado (y formado re- .

gularmente,

sa)

cumplirse

y

porque trene su cau-

debe

(F. Messiueo, "Doctrina

Cap. II, NO

cuando

la

obligación

General del Contrato",

92, págs. 1I6 y sigtes_). No es acep-

razones

table este

que

criterio

el

por

las

damos en

e R.

NO ll,

D. Y J., Tomo XXX. Secc. 2~.

pág. 26.

pág. 1.

.

"'tréase N9

12, pág.

28 .

18

Avelino León Hurtado

c1mión la corrobora el origen histórico de la causa, pues Domat creó esta doctrina a propósito de los contratos sinalagmáticos 10 En las obligaciones de otro origen no cabe referirse a la causa en el sentido que la estamos estudiando. Por eso, se ha fallado que "no tratándose de una obligación emanada de un contrato, sino de una obligación legal ("de un acto de autori- dad cuya fuente y causa está en la ley misma") no es aplicable el arto 1.467 del Código Civil. Por tanto, no puede existir la in- fracción consistente en que la obligación carecería de causa real

y Iícita"n,12.

4. ORIGEN Y EVOLUCION DE LA DOCI'RINA DE LA CAUSA13.-La causa

no fue creada 'por el Derecho Romano ni tuvo aplicación en él de acuerdo con el concepto que le fija el derecho actual. Para los romanos la causa era la formalidad (verba), la entrega de la cosa o el cumplimiento de la fórmula (factum) que daba origen al contrato; es decir, la palabra causa se empleaba en el sentido de causa eficiente, de generadora del contrato. En igual sentido hablaban de la causa como fuerte de las obliga- ciones: contrato, cuasicontratos (variae causarum figura e) de- litos, etc.

10 Véase el número siguiente sobre "Origen y Evolución de la doctrina de la causa".

cio unilateral patrimonial mortis causa", es decir, al testamento (F. Messineo, "Manual de Derecho Ci-

vil y Comercial", Tomo J, pág. 275,

.

"

R.

D.

Y J,

Tomo XXXV, Seco

1\\, pág. 417.

El Código CivH italiano de 1942 menciona la cama como requisito, del contrato (art. 1.325). Pero de acuerdo con el arto 1.324 del mismo Código, "salvo disposiciones contra· rias de la ley. las nonnas que regu- lan los contratos se observarán en cuanto fueren compatibles respecto de los actos unilaterales entre vivos que tengan un contenido patrimo- nüil". Igualmente, por analogía pue- den aplicarse esas normas al "nego-

pág.

372) .

'" Van Jhering, "El espíritu del Derecho Romano", Tomo IIl, pág. 233; Capitant, "La causa", N.oS' 'iD

y sigtes.; y Planiol, obra. cít., N .ús 284 y sigtes. Planiol y Ripert, Tomo VI, N .os 250 y sigtes., págs. 242 y sigtes. Henrí León y J. Mazeaud, "Lecons de Droit Civil", París, 1956,

Tomo 11, N.os 258 y sigtes, págs. 206

Y sigtes.

Y Tomo n, Párrafo 38,

N9

5,

La causa lícita

19

Veremos, no obstante, las vinculaciones que tiene esta doc- trina con el Derecho Romano. En los primeros tiempo de Roma exlsheron los contratos verbales, formalitas, en que, por ejemplo, la promesa de pagar una suma de dinero, hecha solemnemente, obligaba al que ha- da, aun cuando el prometiente no hubiera tenido motivo algu- no para contraer ese compromiso. La obligación surgía, expre- sándonos en la terminología actual, "abstraída de su causa", es decir, era una obligación abstracta. Esta obligación daba el má- ximo de seguridades al acreedor y una gran estabilidad a la re- lación jurídica, pues probado el cumplimiento de la fórmula, esto es, probada la existencia formal de la obligación, el deudor no podía excusarse de cumplir a pretexto de error, de falta de contraprestación por parte del acreedor, etc. En el antiguo De- recho Romano el formalismo llegó pues al extremo de hacer del contrato, originariamente solemne, un acto abstracto, pues el deudor se obligaba por el cumplimiento de la fórmula jurídica elegida, con prescindencia absoluta de la voluntad real, aunque ésta fuera evidente. La razón que movía a contratar era ajena

a la formación del contrato. Y, consecuencialmente, los vicios de la voluntad no influían en la validez del acto. Así se explica también que las obligaciones del vendedor y del comprador,

fueron independientes durante un largo

Romano_ Pero como esta obligatoriedad rigUrosa conduda a evidentes injusticias, verbigracia, cuando el deudor no había recibido el dinero que se obligó a restituir, o si se obligó en consideración a la prestación u obligación recíproca del acreedor que éste no cumplía, los pretores crearon acciones dest.iriadas a proteger al deudor, sea mediante acciones de repetición para impedir el enriquecimiento injusto, sin causa, sea para excusarse de cumplir. Nacieron así las conditiones sine causa, la querela·llon numeratoe pecuaia, la· exceptio doli, la condictio liberationis, etc. Estas acciones no. tendían a invalidar el acto por defectos de la volun-

período del Derecho

""""J9,rn:asw"T.~iMiii.BiI

20

Avelino León Hurtado

tad que los creó, pues, en esencia, el acto nacía por el cumpli-

miento de la fórmula, sino a privar de eficacia a un acto injusto,

sea impidiendo que se cumpliera -exceptio doli, condictio libe- rationis- o bien obteniendo la restitución de 10 pagado para evitar el enriquecimiento sin causa -condictio indebiti, etc. No

era, pues, la validez la que se atacaba sino los efectos contrarios

a la equidad. La técnica contractual se mantuvo, pero, se impi- dió el enriquecimiento injusto por estos medios indirectos, ajenos al contrato. En los contratos nominados se aplicaron con mayor razón estos principios de elemental justicia conmutativa. Asi, en la

compraventa~ la obligación de una de las partes se sabe que se ha contraído por la recíproca que contrae la otra. "La causa de la obligación de uno, es la obligación que el otro contrae a su favor. No obstante, los romanos no aplicaron en toda su exten- sión estos principios, y así el riesgo de la cosa vendida pesa sobre el comprador; éste debe pagar el precio aun cuando no reciba la cosa por haber perecido. O sea, una obligación debe cumplirse aunque ]a otra desaparezca. Esta situación que se mantiene has- ta nuestros días (arts. 1.550 y 1:8120) se debió a qu~ los romanos no lograron desprenderse totalmente del formulismo de la épo- ca primitiva; el solo consentimiento no era bastante para crear la obligación. Aun en el Derecho Romano clásico se necesitaba cumplir con ciertos elementos formalistas. Más tarde en los con- tratos sinalagmáticos -excluidos los consensuales: venta, arren- damiento, sociedad y mandato- se creó una conditio para lograr

la repetición de lo entregado por una parte.

Una razón de equidad fue, pues, exigiendo que la fórmula, para ser eficaz, tuviera un contenido, correspondiera a una rea- lidad. En suma: ,había que probar, aparte del cumplimiento de

la fórmula, la catr,sa; esto es, el contrato mismo.

La evolución de la doctrina de "la causa", en el concepto romano, guarda también estrecha relación con el desarrollo y validez de los pactos nudos, pues dar valor al solo consentimien·

I

La causa Uó la 2 1 importa un progreso en la idea de finalidad y

La causa la

21

importa un progreso en la idea de

finalidad y un alejamiento del valor de la simple fórmula H . Los romanistas de la Edad Media y especialmente los cano- nistas de esa época, dieron un mayor valor a los actos celebrados sin sujeción a fórmulas preestablecidas, esto es, se dio valor al solo consentimiento. Además, la eficacia de la obligación con- tratada se subordinaba como norma a la contraprestación en mi- ras de la cual el deudor se hubiere obligado, salvo que se trata- ra de una donación. En este punto tuvieron, como decimos, una participación destacada los canonistas, pues el deudor que no cumplía pasaba a ser culPable de una falta y para ver si merecía una sanción había que estudiar su voluntád al obligarse, a fin de saber si en conciencia el deudor debía respetar la palabra dada. Así, en general, la justicia conmutativa vino a determinar el valor moral de esa obligación. En el análisis del consentimien- to, los canonistas t::oncIuyen que sin una causa, no hay obliga- ción; y la causa es la obligación correlativa, conexa, que contrae la otra parte. Por eso ya en el siglo XIII surge la fórmula "non servandi fielero, non est fidem servanda" (no debe mantenerse la palabra propia respecto del que no mantiene la suya), que viene a ser la excepción de contrato no cumplido (art. 1.5512) y el nacimiento de la causa como elemento independiente de vali- dez del contrato. Y al analizar la moralidad de los motivos que inducen a contratar, los canonistas llegan inicialmente a la no- ción de causa lícita. Los canonistas fueron aún más allá de la apreciación COll- mutativa de las obligaciones y establecieron, olvidando la esta- bilidad del contrato, que el juez debía juzgar también la mora- lidad de la relación jurídica, es decir, la causa del contrato, los móviles que determinaron a contratar.

to

(scilus consensut obligat)

5. iDOCTRINA DE DOMAT.-Llegamos, pues, al inicio de la doctrina

de la causa, desarrollada en cierta medida por los postglosadores

22

Avelino León Hurtado

(Bartolo) y sistematizada por primera vez por el jurísta francés Jean Domat (siglo XVII) al tratar "De la naturaleza de los contratos y su modo de formación". Primeramente clasifica Domat los contratos en cuatro cate- gorías y dice: "las personas pueden estar relacionadas por servi- cios de ellas o de uso de ciertas cosas y estas relaciones cristalizan en cuatro especies de convenciones. Hay casos en que dos indi- viduos se dan recíprocamente cosa por cosa, como sucede en la venta, y en la permuta, o se prestan mutuamente algún servicio, como ocurre al encargarse cada uno de los asuntos del otro. Ese servicio puede prestarse también por una remuneración, como en el arrendamiento de servicios, o suceder por último, que sólo una de las partes dé o haga, sin contraprestación alguna, como sucede en el desempeño gratuito de negocios ajenos," o en las donaciones por pura liberalidad. En las tres primeras especies se trata de un comercio en el que nada es gratuito y la "obligación de uno es el fundamento de la del otro"15. y aun en las conven- ciones en que uno soja aparece obligado, como en el préstamo, la obligación del deudor ha nacido en razón de la obligación del acreedor de entregar la cosa prestada. La obligación de uno tie- ne su causa en la del otro. Si el acto es gratuito, el solo deseo de donar, de hacer el bien, "toma el lugar de causa,"16. De lo expuesto aparece que Domat trata de explicar que la forma no tiene valor en sí, como originariamente aceptaron los romanos, si no hay un contenido en el contrato, una causa, que consiste en haber recibido, recibir o esperar recibir una contra- prestación, o en el "solo propósito de hacer el bien. Esta "causa" no viene a ser otra cosa, entonces, que el contenido de cada contrato; éste surge y es válido cuando las obligaciones que crea tienen una justificación, una causa, lo que aparece muy claro en los contratos onerosos, por oposición a los gratuitos, en que la mera liberalidad "toma el lugar de la causa"17.

lli Domat, "Les lois civiles (dans leul' ordre natul'el) n, Libro 1, Tít.

N .os 4 y sigtes.

1, Seco

l'I",

,. Cita anterior.

17 Pero

aunque Domat se refiera

a los con tratos gratuitos (con cierto

r

" "

La causa lícita

23

6. DOCTRINA DE POTHIER.-Pothier, siguiendo a Domat, formula

después la doctrina en estos términos: "Toda obligación (enga- gement) debe tener una causa honesta. En los contratos intere· sados, la causa de la obligación que contrae una de las partes, es lo que la otra le da o se compromete a darle, o el riesgo que tome de su cargo. En los contratos de beneficencia, la liberalidad que una de las partes quiere hacer en favor de la otra, es causa suficiente 18 de la obligación que contrae en favor de ella. Pero cuando una obligación no tiene causa alguna, o lo que es lo mis-

/ mo, cuando la causa por la cual ha sido contraída, es falsa, la

, obligación es nula; y el contrato que la contiene es nulo". Y agrega que si se cumple una obligación sin causa, hay acción de repetición; y esta acción se llama conditío sine causa 1D • Esta es la fuente de donde los redactores del Código francés tomaron la doctrina de la causa, y de ahí pasó a nuestro Código, sin perjuicio de que el concepto de causa de Domat ha evolu- cionado, pues para este autor la causa no era un elemento de validez del contrato distinto del consentimiento y del objeto. El p'ropío Capitant que es el mejor defensor de esta doctrina, así lo reconoce al juzgar la individualidad propia de este nue\'o requisito del acto jurídico. Surge de este modo la noción de causa-final que difiere sustancialmente de la causa ocasional y de la causa eficiente.

r;

I-

',~

7. ACEPCIONES DE LA PALABRA CAUSA.-La causa se puede con-

circullloquio) , la idea de la doctrina. de la causa, surgió a propósito de los contratos innominados y sobre la base de la fórmula romana do lit des, facio, ut tacias. Por eso dice Dabin ,("La doctrina de la causa", NQ 64, pág. 67) que esta teoría nació de los contratos sinalagmáticos "y de su seno se la' quiso hacer irradiar

,""

sobr~ campos extra.ños }" hostile¡

y agrega que Domat habría confun· dido 105 contratos innominados del Derecho Romano con Jos sinalagznii. ticos.

18 Pothier, precisando la idea de Domat, establece como causa wfi. dente de los actos gratuitos, la mera

liberalidad.

19 Pothier,

N,os

42 r 4~,

"Obligations",

Cap.

lo

24

Avelino León Hurtado

siderar, en tres acepciones distintas: causa eficiente, causa final

y causa ocasional.

8. CAUSA EFICIENTE.-Corresponde al concepto lógico de la pa-

labra: es causa eficiente el elemento generador del efecto. Es el antecedente u origen de algo. Por consiguiente, en esta acep- ción la causa de las obligaciones es la fuente de donde emanan:

contrato, cuasicontrato, delito, cuasidelito y ley. Como adelantábamos en páginas anteriores, en este sentido entendían la causa los jurisconsultos romanos. Y así, se distin- guían las oblígaciones que tenían por causa el contrato, o que nadan ex variae causarum figurae, es decir, quosi ex contractu, quosi ex maleficio (que 'comprende al cuasicontrato, delito y cuasidelito) . Esta causa de la obligación -causa civilis- era la fuente capaz de crear el vinculum furis, pues como hemos dicho más arriba, el solo consentimiento, el simple pacto, no podía ge- nerar la.obligación. El cumplimiento de la fórmula era más fuer- te que el consentimiento. No es ésta la acepción que nos Íntel'esa para nuestro estudio, pues si el legislador exige como condición de validez del acto o contrato que éste tenga una causa lícita (art. I.Q45), no se está refiriendo evidentemente a las fuentes de las obligaciones, entre' las que se encuentra el contrato, pues la causa sería requisito del contrato ya ]a vez el contrato mismo, lo que es un absurdo20. t

9. CAUSA FINAL.-En esta acepción la causa es el fin o propósito

inmediato e invariable de un act0 21 ; "la razón o interés jurídico que induce a ob]jgarse"22. "La finalidad típica y constante,

cualquiera que sea el sujeto empírico que se valga del negocio

., Un fallo de la Corte de Apela_ ciones de Santiago toma la palabra causa en esta acepción, pues dice:

contrato entre las partes, carece de

causa". R. D. Y J., Tomo XVoII, Seco

2~, pág.

5

(letra F), pág. 7.

"si el decreto que ordena al ejecu-

Claro Solar, Tomo X, NI,> 910,

tante pagar su hOllorario al tasador

pág. 308.

no nació de una resolución dictada

"" Jorge

E. Mera, obra cit., NQ 32,

con arreglo a la ley ni de acto o

pág. 37,

La causa lícita 2 5 y cualesquiera que sean sus móviles individuales~3. "Es la razón

La causa

lícita

25

y cualesquiera que sean sus móviles individuales~3. "Es la razón

por la cual el

En este sentido es el fin que se propone lograr el deudor al obligarse y que es idéntico siempre en contratos de la misma especie. Por ejemplo, el mutuario siempre estará obligado a res· tituir en razón de que el mutuante le hizo entrega de la cosa prestada. La causa de su obligación será invariablemente ésta, en todos los contratos de mutuo que se celebren. O sea, asume Su obligación de restituir, porque se le ha hecho entrega. Pero este fin inmediato, directo y uniforme en contratos de la misma espe. cie, no debe confundirse con otros móviles, que también deter- minan a contratar y que, generalmente, son distintos en cada contratante y en cada contrato aunque sean de la misma especie. Estos motivos lejanos y distintos constituyen la causa ocasional (o impulsiva). En el ejemplo anterior, el mutuario puede ha- berse obligado porque necesitaba pagar una deuda, hacer una compra, etc. Si se trata de contratos sinalagmáticos, Como si dos perso· nas celebran sucesivamente dos o más contrátos de compraventa de automóviles, la causa final será también siempre la misma:

para el vendedor, la obligación que contrae el comprador de pagar el precio; para el comprador, la obligación del vendedor de entregar el automóvil. La "causa-fin" es, pues, común a am- , bos contratantes e idéntica en contratos de la misma especie. Esta noción de causa es' esencialmente técnica y pasa a ser "la pieza maestra del mecanismo del contrato":!5. La causa impulsiva, en cambio, los motivos, son individuales y varían en cada contrato y en cada contratante, sin afectar a la validez de la relación jurídica.

lO. CAUSA OCASIONAL.-La causa ocasional son lo~ motivos indi- viduales, personales de cada parte, son los reSortes de su yolun-

contratante asume su obligación" 24.

""

F.

Messineo,

Comercial",

11, pág. 372.

Bs.

., Henry, 'León

"Derecho

Aires,

1954.

Civil

y

Torna

y

Jeall

Mazeaud,

·'Lecons de Droit Civil", París, 1956, Tomo Ir, N9 255, pág. 205, "" Henri, León y Jean Mazeand,

cita antedo~,

26

Avelino León Hurtado

tad que la determinan a contratar. Estos motivos o causas ocasio- nales varían hasta el infinito y, a menos que se expresen, per- manecer en el fuero interno de cada parte sin que puedan de- terminarse objetivamente 2G Como dice la doctrina francesa, la causa queda dentro del campo contractual; los motivos son ajenos, quedan fuera del acto jurídico, son adventicios. Así, en cada contrato de compraventa, mientras la causa final es siempre

igual, la causa ocasional será -o puede ser- siempre distinta: el comprador. habrá adquirido un automóvil para usarlo; otro

arrendarlo, etc., y el vendedor habrá vendido

para donarlo,

el primero porque necesitaba pagar una deuda, el segundo por-o que necesitaba adquirir para sí otro más moderno, etc. Estos conceptos los ha precisado nuestra jurisprudencia di- dendo que "la causa de un contrato es el interés jurídico que induce a las partes a contratar, interés que es distinto e indepen- diente del móvil utilitario o subjetivo que hayan podido tener en cuenta al momento de celebrar el contrato 21 •

para

11. DOCTRINA DEL FIN E;CONOMICo.-Esta doctrina ha sido ex- puesta por Henri Capitant 28 y en esencia puede considerarse como un derivado de la doctrina de la causa final. En electo; dice Capitant, que el fin que se persigue al celebrar un acto jurídico es de caracter económico y no puramente jurídico. La causa es así un fin económico· que las partes persiguen al con- tratar y esto, sin duda, está más de acuerdo con la voluntad real del que se obliga. Así, el fin perseguido aUn en un acto gratuito, es de carácter económico: el donante desea hacer pasar una parte de sus bienes a otro sin contraprestación. Se mantiene

O. Si se expresan y son aceptados por las partes, estos motivos pueden pasar a ser una condición del con· trato, tIna estipulación obligatoria para los contratantes, peTO en ningún caso, la causa del acto en sentido técnico. Véase Raymopd Salailles,

"De la

decIaTation de volonté",

N9

8, pág. 254.

ZI

R. D. YJ

Tomo XXIII, Seco 1",

pág. 669; Tomo XXIV, Seco 1", pág.

678.

os "De

la

cause

des

obligations",

N .os

1 y sigtes.,

págs. 18 y sigtes.

La causa licita

27

el criterio de causa final; no se cae en los motivos, pero se da al fin perseguido el carácter constante de fin económico. CovÍelIo sigue también esta doctrina y dice que "el acto jurídico es la manifestación de voluntad de una o más personas, cuyas consecuencias jurídicas van encaminadas a realizar el fin práctico de aqueIlas"!l9. Y atendido este fin práctico, la causa es "la razón económico-jurídica del negodo"30. Conforme con esta doctrina, la causa se identifica con el fin práctico y. en consecuencia, en un contrato bilateral la causa que determina a obligar5e, no es la obligación recíproca, sino el deseo de obtener la ejecución de la prestación que se le ha prometido en cambio s1 . No es la obligación (concepto-jurídico) sino la prestación, el objeto de la obligación (concepto econó- mico) . Sí el contrato es aleatorio, cada parte persigue la prestación completa de la otra parte, pero por el "álea", que es otro factor que aquí interviene, puede en definitiva la contraprestación ser

. Se ha criticado y con razón esta nueva concepción de la cau- sa, que ~s ajena al Código Civil francés, a Domat y a Pothier,

puesto que si de no cumplirse la prestación prometida en cambio, la obligación desapareciera por carecer de causa, "estaríamos abandonando el terreno de los requisitos de validez de las obliga- ciones (arts. I.108 y sigtes. del Código Civil francés) para pasar- nos al de la resolución de los contratos (art. 1.184 Código Civil)". La obligación que tiene una causa al momento de nacer, no

insignificante o no existir.

puede convertirse después en

obligación sin causa B2 •

1 1 2.

a)

ACEPCION DE LA PALABRA CAUSA A QUE SE REFIERE EL COOIGO:

Causa final.-De lo expuesto más arriba aparece que la ley al

"" Coviello, "Doctrina General

del

.~ yéase

J.

Dabin, "L.a teoría de la

Derecho Civil", pág. 344.

causa", pág. 13. Henn, León y Jean

"" Cita anterior. pág. 446.

 

Mazeaud; "Lecons de Droit Civir',

01 Capitant,

obra

citada,

NQ

14,

.

NQ 266. pág. 212.

28

Avelino León Hurtado

hablar de causa del acto ° contrato, o de causa de la obligación (arts. 1.445 y 1.'-167) , se está refiriendo a la causa final. En efecto, como hemos dicho, no se ha referido a la causa eficiente; y tam- poco ha podido referirse a la causa ocasional, pues si se atiende

a los móviles o motivos psicológicos de cada contratante, a sus.

representaciones psíquicas, que varían' hasta el infinito, se crea-

ría la total inestabilidad jurídica. AsÍ, lo resuelve la generali- dad de la doctrina 33 • O sea, en cada tipo de contrato, habrá siempre una misma causa de valor constante y abstracto, precisada de antemano por el Derecho.

'Su modelo francés, definió

la

Sin duda esta definición no. e~ feliz, pues parece confundir la causa con los motivos 34 • Claro Solar trata de justificar esta defi- nición diciendo que se ha dado a la palabra motivo una acepo

ción diversa de la que le corresponde generalmente. En efecto, la expresión legal es exacta, en cuanto la causa es el motivo de- • terminante de la voluntad contractual, la razón suficiente para que la voluntad se produzca y obre el fin, el propósito persegui-

do en la convención"s".

Nuestro Código, a diferencia de

causa y dijo que es "el motivo que induce al acto ° contrato".

.:

Lo cierto es que por las razones ya dadas, debemos entender que este artículo se refiere a la causa de.la obligación, a la causa final y, en consecuencia, cuando habla ele motivo, quiere decir la razón jurídica que determina a obligarse. Lo dicho, con la sal- vedad que veremos en seguida, sobre causa ilícita.

b) Cazlsa ocasiona l.-Pero aún aceptando como válido' el

Claro Solar. Tomo X, N.os 912 y sigtes. págs.· 309 Y sigies.; Jorge E. Mera Molina, obra cit. NQ 22. pág. 32; Alessandri R., Arturo, "Con- tratos", pág.· 53; Alessandri B., Ar- turo, obra cit., NQ 198, pág. 187;

Véase también:

Giorgi, "Teoría de las Obligaciones",

pág. 460,. Y los

aucores Citados por estos tratadistas.

a. Amunátegui Reyes. "Imperfec- ciones y erratas manifies tas del Có- digo Civil Chileno", pág. 98; Ales· sandri R., Arturo, "Los contratos", pág. 53. Claro Solar, Tomo X, N9 913, pág. 310.

Tomo Er,

N? 437.

La causa lícita

29

/.

principio general de que el Código se refiere a la causa final, es forzoso reconocer que cuando se plentea un problema de cau- sa ilícita debe atenderse a la intención real de las partes, es decir, a los motivos individuales, a la causa ocasional, que determinó a contratar. Quien pide un préstamo para instalar un prostíbulo, o ha- ce una donación para iniciar o mantener relaciones sexuales extramatrimoniales, no podrá invocar la causa final, abstracta, de todo préstamo o donación y pretender que tales actos se con- siderenválidos. El juez invalidará el contrato si comprueba los móviles concretos ilícitos que determinaron a las partes a con- tratar. O sea, debe juzgar la causa ocasional.

, Durante el siglo XIX,' gran parte de la doctrina francesa preten¡jió que el juez no podía entrar a juzgar los motivos por encontrarse éstos en una esfera distinta de la causa, ajena al con- trato. Pero la jurisprudencia no aceptó este criterio y juzgó los motivos individuales del contratante, cuando le parecieron ilí- citos. Henri Capitant pretende demostrar -sin lograrlo a nues- tro juicio- que la jurisprudencia al resolver estos casos no se ha apartado de la causa final, pues "las partes que contratan' pue- den introducir a la convención cualquiera consideración que se convierte entonces en elemento constitutivo", y en las liberalida- des" que no son enteramente gratuitas, el animus donandi "es sólo un medio para lograr' un fin, que es elemento esencial de la voluntad del disponente"36. Esta causa adjunta, como la' denomina Dabin, no puede inducir a error, pues se trata simplemente de la causa ocasional, de los motivos, pese al esfuerzo dialéctico de Capitant. Porque, ¿cómo pretender que se trata de la causa final, abstracta, inva- riable en cada contrato si está constituida por motivos indivi- duales de cada contratante? Podrá ser una condición del con- trato, pero jamás la causa en sentido técnico.' La búsqueda de la intención real del contratante, cuando

9~ Henri, Capitant, "De la cause des obliga~ions", NQ n2, pág. 244, Y Nº 196.

pág,43B.

30

Avelino León Hurtado

se trata de causa ilícita, es indispensable y está permitida por la ley puesto que si define la causa ilícita como la que la ley prohi- be, o es ·"contraria a las buenas costumbres o al orden público" . (art. 1.467). hay que establecer los motivos concretos que tuvo el autor para celebrar el acto o contrato. Esta es la causa impulsi- va y determinante; el "Móvil-fin". La jurisprudencia tanto francesa como chilena así lo han entendido. O sea, cuando se trata de causa licita, el legislador sólo se 1'efiere a la causa final, a la causa preestablecida, constan- te, invaTiable y abstracta en contratos de un tipo determinado. Pero cuando los motivos que determinan a contratar (causa impulsiva y deteTminante) son ilícitos (contrarios a las buenas

considerarlos

costum bres o al orden público) el juez tiene que

en concTeto, es decir, juzgar los motivos individuales" que indu-

cen al acto o contrato": la e a tt s a o c a s ion al. No hay, pues, en el Código una doctrina unitaria de la causa, sino dual. Es ésta la única solución posible, atendidos nuestros confusos textos legales. Así 10 ha resuelto también la jurisprudencia, como lo veremos más adelante.

Sin duda, el sistema del Código es equivocado, pues la doctrina de la causa final se desvirtúa totalmente cuando se la confunde con los motivos. De consiguiente, si debe· invalidarse un acto por motivos ilícitos, no es necesario hablar de causa ilicita, sino, específicamente, de motivos ilícitos, y disciplinar esta materia fuera de la causa, como se hace, por ejemplo, con

en el error 37 •

los motivos falsos o equivocados que se sancionan

De esta manera se reglamenta en los Códigos más modernos 3s •

CON'I1RATos.-La

CJusa final es idéntica en los contratos de la misma especie. Des-

13.

LA

CAUSA

FINAL

EN

LOS

DIV.ERSOSACTOS

y

., Véase N9 61

Y pág. 84.

os Además, Domat, que es el ver· dadero creador de esta doctrina, no hace referencia alguna a la causa

illcita, sino a la nulidad de las con·

vendones contrarias a las buenas costumbres o al orden público,

Pothier fue el primero que habló de

convenciones

ilícita

que tienen

e inmoral.

una

causa

La causa lícita

31

de los tiempos de Domat, es decir, conforme con la doctrina clásica, se han precisado esos móviles que inducen a obligarse, según la naturaleza de los contratos: gratuitos u onerosos y bila- tera]es y unilaterales.

contrato one·

roso bilateral persigue la utilidad de ambos contratantes, gra- vándose cada uno en beneficio del otro. La causa de la obligación de una de las partes es la contraprestación recíproca de la otra. Se consideran separadamente las obligaciones que surgen del contrato y se ve entonces cual es la causa de que el deudor asu- ma su obligación. Esta razón abstracta, jurídica, de la obliga. ción es siempre igual en contratos de una misma especie. Es aquí donde aparece el fundamento primero de la doctrina de la causa, "el principio ,de justicia elemental del dando y clando"3ü,

La obligación de una de las partes tiene por fundamento la obligación correlativa o, según algunos autores, el cumplimiento o ejecución de la obligación de la otra parte. La causa debendi

]4.

LA

CAUSA

EN

LOS ;CONTRATOS BILATERALES.-EI

se haya pues

en la justicia conmutativa 40 •

En estos contratos bilaterales,'la causa de la obligación de cada una de las partes es la considemción de la obligación que asume el otro contratante. Es la consideración de la prestación que el obligado debe recibir al mismo tiempo de cumplir su compromiso (pago del precio de la cosa comprada y entregada en el acto) o que deberá hacerle después (entrega de la cosa vendida a crédito) 41. De acuerdo con estos principios, el art. L814 dice que "la venta de una cosa que al tiempo de perfeccionarse el contrato se supone existente y no existe, no-produce efecto alguno". O sea, la obligación del comprador carece de causa (la del vende- , dar por su parte, carece de obj~to) . Dicho de otro modo: "en los

•• Planiol y Ripert, Tomo VI, NQ 252, pág. 34'9. .0 Así lo entendió Domat cuando ;¡firma que "la obligación de uno es el fundamento de la del otro". Véa-

. se

NQ

11, pág. 2G.

41 Plal1iol y Ripert, Tomo VI, NQ 253. Giorgi, obra citada, NQ 438,

. pág. 463.

32

Avelino León Hurtado

contratos

bilaterales

cada

parte se obliga

teniendo

como fin

jurídico, corno causa, el obtener la prestación consentida por la

.otra"4!l.

Por la misma razón, si no existe precio en la compraventa,-' la obligación del vendedor carece de causa 43 Se ha fallado que si el precio consiste en: "a) cierta suma

que el vendedor deja en poder del comprador para que cumpla después de sus días ciertos encargos que se indican en la escri-

tura

sino también en un derecho de habitación, talaje para anima_o

les

y,

b)

una renta vitalicia que no sólo consiste en dinero,

", el contrato es nulo, pues no hay precio y, consiguiente-

mente, el acto carece de causa para el vendedor. La razón de la falta de precio está en que "la primera de dichas prestaciones importa el establecimiento de disposiciones de última voluntad, para que, ajustándose a ellas, el comprador distribuya parte. del predio que no paga en vida del vendedor sino que lo conser- va en su poder, disposiciones que carecen de valor por no haberse sujetado a las solemnidades del testamento; de lo que resulta que siendo ineficaz e ilusoria parte del precio, no existe este elemento esencial de la compraventa y falta entonces la causa

de la obligación del vendedor. La renta viÚtlicia que señala como parte de precio de la compraventa adolece, asimismo, del

vicio de nulidad que se deriva del precepto prohibitivo del arto

2

ser sino en dinero"44.

.,. R. D. }' ]., Tomo XXI, Seco 1'1-, p:íg. 973; Tomo XXX, Seco 2~,p¡\g. 1. La causa puede aparecer de dos es. crituras que se complementan. "No carece de causa la obligación por la, cual .se reconoce un crédito a favor de una persona si la escritura por la cual se hace el reconocimiento forma un todo COll otra posterior. en que el acreedor transfiere una propie- dad al deudor, ya que ambas dan testimonio de las condiciones en que

del Código Civil que establece que la pensión no podrá

2;67

se efectuó esa transfel'encia". Misma revista, Tomo VII, Seco 1'1-, pág. 175. .,. R. D. Y j., Tomo XXXIII, Seco l~, pág. 91.

l~ R.

D,

}'

J.,

Tomo

XXI, Seco

l~,

pág. 973. En la misma forma se ba fallado en un caso de arrendamiento sin renta, pues ésta se fijó en parte de las utilidades que produjera la finca de modo que si estas no se pro- ducían no había precio y el derecho del. arrendador "se frustra por falta'

La causa lícita

33

:.'

t"

Lo dicho respecto de la compraventa rige para otros contra- tos bilaterales, como el arrendamiento de cosas, en que "el con- trato termina por la destrucción total de la cosa arrendada", y

"por la extinción del derecho del arrendador (art. 1.950, N.os 1 y 3) • Para el arrendatario el contrato carecería de causa en el pe- ríodo correspondiente, ya que es un contrato de tracto sucesivo. Igualmente en la transacción puede haber falta de causa

derechos

ajenos o sobre derechos que no existen" (art. 2.45tZ) o "si al

estuviera ya terminado

el litigio por sentencia

Nótese que en estos contratos bilaterales, basta con la exis- tencia de obligaciones recíprocas, sin que deba considerarse el valor de ellas para establecer una equivalencia. Es la consecuen- cia de que la lesión no es causa de rescisión, sino excepcional- mente. El valor de las cosas es a veces muy relativo y son las

que deben fijarlo resguardando sus intereses 45 • Por

partes las

eso se ha fallado que "la desproporción de las prestaciones en un contrato sinalagmático no implica una falta absoluta de causa y no afecta, desde este punto de vista, a la validez de la conven- ción; ninguna disposición legal existe para fundar una aseve- ración contraría 46 •

Lo dicho anteriormente dge también para los contratos en que las partes persiguen una utilidad común de la que se repar- tirán. en seguida, como la sociedad y la asociación o cuentas en participación. En estos casos la contraprestación para cada socio

real y lícita para una de las partes si versa "

sobre

tiempo de celebrarse la transacción "

(art. 2.455).

de causa". La estipulación anterior importaba dejar la fijación del precio o renta al arbitrio de uno de los contratantes, puesto que al arrenda- tario no se le impuso obligación al.

guna de trabajo. inversión, etc., y tal estipulación está prohibida (arts. 1.809, ine. 2 Q , y 1.918. C. Civil). R.

D. Y J., Tomo

'" Los ingleses dicen que un gra-

Ll,

Seco

1~, pág.

622

no de pimienta puede constit-uir una consideration (noción cercana de nuestra causa) suficiente para una obligación de cien libras. Pla- niol y Ripert, Tomo VI, NQ 252,

. pág. 349; Giorgi, obra cit., N'I 438, Y

463; H. Capitant, "De la cause deS obligations", NQ 8S. Gaceta de los Tribunales, año 1919, Tomo 1, Sent. 1.180, pág. 551.

34

Avelino León Hurtado

es el dinero o servicios prestados o prometidos por los otros 47 • En la sociedad, si uno de los socios no pone en común aquéllo a que se obligó, los otros podrán dar la sociedad por disuelta (arts. 12.055 y '2.101), pues faltaría la causa de la obligación de éstos.

15. AUSENCIA PARCIAL DE CAUSA. REDUCCIÓN EN EL MONTO DE LAS

PRESTACIONES Cm,lVE:NIDAS.-Si la cosa ha perecido parcialmente antes de perfeccionarse el acto y éste puede subsistir por decidir los jueces del fondo que la pérdida no es de consideración 48 , debe decidirse igualmente que no hay falta de causa. Por eso se ha fallado: "en una compraventa de un fundo y unos dere- chos sobre ciertos regadores de agua, la causa de las obligaciones

contraídas por el vendedor es no sólo la adquisición de los rega- dores, sino también muy principalmente, el fundo, que era la cosa de mayor importancia en ·el contrato. En consecuencia, en la hipótesis que no hubieran existido los derechos a los rega- dores de agua a la fecha de la venta por haberse extinguido con anterioridad los derechos del vendedor por el cumplimiento de la condición a que estaban sujetos, no puede decirse en absoluto que la venta carecía de objeto y de causa para el comprador ya que su objeto y causa sólo serían inexistentes en la parte cons- tituida por los derechos que se suponían existentes y que no lo eran en realidad 4D • Hemos dicho en el número anterior que existiendo una causa no interesa el monto de la contraprestación. La lesión no es causa de rescisión sino excepcionalmente, y, en consecuen- cia, el acto será válido y las prestaciones serán exigibles aunque haya una ev~dente desproporción entre ellas. Y así, deberíamos

Cijbe observar que el intuiw pe!"Sollae de la sociedad no se rela- ciona con la teoría de la causa. "Es sólo un móvil especial tomado én consideración en ciertos contratos". Planiol y Ripert, obra cit., NQ 253, pág. 358. (En contra Capitant, Cause

des obligations, N~ 20) . os Véase nuestro trabajo sobre "EI objeto en los actos jmídicos':, NQ 6,

pág. 2I.

XXVII, Seco

••

R,

D.

Y J.,

Tomo

l", pág. 163.

La causa lícita 3 5 sostener que contratados los servicios de una persona, aunque éstos

La causa

lícita

35

sostener que contratados los servicios de una persona, aunque éstos sean de valor insignificante, habría que pagar el honorario prometido, pues aplicaríamos el principio "de la autonomía de la voluntad: "Todo contrato legalmente celebrado es una ley para los contratantes, y no puede ser invalidado sino por su consentimiento mutuo o por causas legales" (art. 1.5'45). No obstante, si consideramos que hay ausencia parcial de causa, podría reducirse el monto del honorario, pues el contrato adole· cería de este vicio, y no estaría, entonces, "legalmente celebra- do". La eqtiidad, justifica ampliamente esta interpretación. Debemos, sí, observar que en este punto la doctrina de la causa se aproxima mucho a la lesión, que normalmente no es causa de rescisión, aun cuando en la mayoría de las legislaciones actuales la lesión se extiende a la generalidad de los conu·atos 50 • Dabin limita por esta razón los casos de causa insuficiente a los de lesión sancionados por la ley y concluye que se trata de consiguiente de una cr~ación artificial 51 • Los tribunales franceses, sin ha'blar de "falta parcial" o de "insuficiencia" de la causa, reducen el monto del honorario estipulado con medicos, mandatarios o agentes de comercio (no en otros casos), cuando existe una manifiesta desproporción entre el servicio realmente prestado y la remuneración com'e- nida 5 !l. pe este modo, como dicen algunos autores, esta noción

Véase nuestro trabajo "La va·

luntad y la capacidad en los actos jurídicos", NQ 179, pág. 257.

causa", NQ 125,

pág. 135. Henri, León y Jean Ma· zeaud piensan que teóricamente puede distinguirse entre causa insu· fidente y lesión. En efecto, los tribu· nales al rebajar los honorarios no juzgan el valor, sino la extensión e importancia de los servicios; no se dice que "la ciencia y celebridad

la

"' "Teoría

de

de tal hombre de arte sean insufi. cientes para justificar los honorarios

demandados, sino que los servici0S prestados no son los considerados ;tI momento del contrato" (Lecons de

Droit Civil, N9 276, pág. 222.).

No

obstante, la verdad es que en ambos casos se juzga el valor de los serví· ci05, sea que se atiend a a la calidad (ciencia y celebridad del profesio· na!) o a la cantidad (extensión) de los servicios prestados. iIa.Pero algunos fallos antiguos, franceses y belgas, expresan que "la "retribución carecería de causa juri·

36

Avelino León Hurlado

de falta parcial de causa mira más que a la conexión jurídica ~le las obligaciones, a la equivalencia económica de las prestaciones, como establecía el derecho canónico~3. Esta interpretación tiene, además, la particularidad de que la sanción a la falta -parcial- de causa no es la nulidad, sino la rebaja en el monto de la prestación. Pero en última instancia viene a ser lo mismo si consideramos que la estipulación de honorarios queda "anulada" en lo que exceda del monto fijado por el juez 54 •

16. LA CAUSA EN EL CONTRATO DE PERMU'I'A.-Nuestra Corte Su-

prema ha resuelto que "no puede estimarse que la adquisición de las acciones que se reciben en permuta de un inmueble, sea la causa única de la celebración del contrato pa"ra los dueños ele éste, ya que dentro del carácter de doble cOlp.praventa· que jurí- dicamente se reconoce a la permuta, debe tenerse también como causa determinante para ellos, el propósito de <;lesprenderse del inmueble en condiciones que se estimaron convenientes 55 • Este fallo, creemos, se aparta de la doctrina genendmente aceptada, pues la causa para el que contrata no está en la pres~ tación a que se obliga, sino en lo que debe recibir en cambio. Y esta prestación que va a recibir es la que 'determina si "son convenientes las condiciones en que el contratante va a despren- derse de su inmueble".

dica si fuese desproporcionada al servicio prestado" (Dabin, La teoría de la causa, NI? 123, pág. 132). ro Henri, León y Jean Mazeaud, Lecons de Droit Civil, Tomo II, NQ

276, pág. 222.

u Los redactores del Código Ci. vil francés entendieron que nin- guna obligación puede existir sin causa; más aún: "que ninguna obli- gación puede existir sin una causa

razonable y proporcionada". Y en- tendieron por "proporcionada" "que exista un racional equilibrio en- tre lo que se da y lo que' se recibe" (Portalis. Exposición de motivos del título relativo a la venta. Véase Da- bin, La doctrina de la causa, NQ 55.

pág. 57).

os R. D. Y l, Tomo XLIV,

pág. 397.

Seco P"

.

l

 

La causa licita

 

37

 

17_ CONTRATOS UNILAITERALES.-Si el conu-ato es unilateral, la causa de la obligación está en la prestación que el otro contra- tante ha hecho ya al prometiente, o que éste espera recibir. Es la oblígación de restituir la cosa ya recibida en mutuo, depósito, renta vitalicia, prénda, etc., o la promesa de un préstamo, tra· tándose de contratos consensuales unilaterales. Por eso se ha fallado que si en un contrato de mutuo "no ha existido entrega de dinero, el acto no se perfecciona; el contrato no queda legalmente celebrado y adolece de nulidad absoluta por falta de causa"56.

 

Pero si no se prueba por el mutuario que no se le entregó el dinero y "constituyendo plena prueba en su contra la decla· ración de haberlo recibido hecha en escritura pública, la obli· gación de pagar esa suma tiene causa", y es válida 57 • También la causa de una obligación proveniente de un contrato consen- sual unilateral -no real- puede ser la existencia de una obli· gación anterior, civil o natural, que '-el deudor desea extinguir. En esta hipótesis la caus·a está en I<f liberación del deudor de la obligación anterior -causa solvendi. Así, el responsable del daño causado a un tercero se obliga

en favor de éste a pagarle una suma de dinero u8 ; el

heredero

suscribe un pagaré en favor del legatario de una suma de dinero; el obligado naturalmente contrae una obligación civil en favor

 

de su acreedor. Nótese que no es necesario que haya intención de novar; pueden subsistir las dos obligaciones, sin perjuicio de .

que la

ejecución de. una excluirá la ejecución

de la otra 59 •

 

18. LA CAUSA EN LOS A.!eros A TITULO GRATVITo.-Nuestra ley dispone que "el contrato es gmtuito o de beneficencia cuando sólo tiene por objeto la utilidad de una de las partes,sufriendo

'" R. D. Y J., Tomo XXXIX, Sec. 1"-, pág. 505; Tomo XXXVI, Seco 1", pago 361; Tomo XXXVIII, Seco 1 3 ,

 

(cons. 20).

 

H, pág. 693 ••

Véase N .os 29

y

52.

.0 Colín

y

Capítant,

"Curso de

pág. 149_

. Derecho Civil", Tomo IU, pág. Gi3.

 

67 R-

D. Y J., Tomo XXVII,

T

38

Avelino León Hurtado

la otra el gravamen (art. 1.440). En estos contratos, como la donación entre vivos, el mandato gratuito, etc., es el animHs donan di, la causa de la obligación. "La pura liberalidad o bene- ficencia es causa suficiente (art. 1.467, inc. IQ) 60. Y agregan Jos causaIistas queIa causa es la intención liberal, separada de los motivos que hayan impulsado al donante 6l • La donación puede ser puramente gratuita o con causa onerosa. Si es puramente gratuita, rige 10 que acabamos de expresar_ "La causa de un acto de beneficencia, está en la bene" ficencia misma"62. Si, por el contrario, la donación es con causa onerosa, hay un acto complejo en que juntó al anirous donandi está el deseo de lograr un resultado específico 63 • La doctrina considera, en general, que hay aquí "simultáneamente un acto a titulo gratuito y una operación sinalagmática. De ahí la exis- tencia y simultaneidad de una doble causa 64 • Creemos, por nuestra parte, que en tal caso la donación sólo conserva el nombre de tal. Y se aproxima más que al con- trato unilateral y gratuito al bilateral y oneroso. Esto lo confir- ma el arto 1.426 cuando dispone: "si el donatario estuviere en mora de cumplir lo que en la donación se le ha impuesto, ten- drá derecho el donante o para que se obligue al donatario a cumplirlo, o para que se rescinda (resuelva) la donación". O sea, se aplica el efecto propio de los contratos bilaterales, esto es, se concede la acción resolutoria que señala el art. 1.189. y el inciso final agrega: "Se abonará al donatario lo que haya inver.

'"

R.

D.

F, pág. 91.

Y J., Tomo XXXIII, Seco

"' Véase NQ 60, pág. 82. Portalis, citado por Josserand, obra cit., NQ 129, pág. 95. Para los autores anticausalistas esto es una tautología, pues equivale a decir "que se dona porque se desea do·

nar·'.

Igual

solución

rige

para

saber

cuál es la causa en los legados, que "será puramente gratuita o con cau".

sa onerosa, COll la diferencia" de qUe la manifestación de volUntad es uni.· lateral en el legado, mientras que ell la donación es contractual". Claro Solar, obra cit., NQ 929, pág. 329.

Josserand,

pág. 96.

obra

cit.,

NQ

130,

La causa lícita

39

tido hasta entonces en desempeño de su obligación, )' de que se aprovechare el donante"G5.

t9. CONTRATOS ALEATORIQs.-Si el contrato oneroso es aleatorio, es la suerte, el álea,. "la contingencia incierta de ganancia o pérdida" la causa de las obligaciones recíprocas. La contrapres- tación puede resultar insignificante (seguros, renta vitalicia, venta de derechos litigiosos) y aun no existir, como ocurre en el juego y la apuesta, en que el objeto de una de las obligaciones es el álea, la suerte exclusivamente y, en consecuencia, es tamo bién el alea la causa de la obligación del perdedor. Repugna a la conciencia y atenta al ordenamiento jurídico dar valor a contratos en que no hay contraprestación o en que éste puede ser insignificante, y por eso la ley concede validez a esos contratos con muchas limitaciones y asegurando en todo caso que el álea -que es la causa- exista realmente (arts. C.259

'2.'279, Código Civil, y 517, 574, etc.,

y sigtes., 1

913,2.1261&,2.,270,

Código de Comercio) .

2,0.

. CONTRATOS

ACCESOR.lOs.-Contrato

accesorio

es

el que

tiene

por objeto asegurar el cumplimiento de una obligación princi- pal, de manera que no pueda subsistir sin ella (arts. ,1.44 1 2, y 46). La causa de estas cauciones (fianza, hipoteca, prenda, anticresis) varía según sea prestada la garantía por un deudor o por un tercero, con excepción de la fianza, como se verá más adelante. Si el propio deudor constituye una prenda, hipoteca o anti- cresis, la causa de la obligación de garantía, es la misrAa de la obligación principal, si se constituye conjuntamente ·con ella. Si es poteríor, la causa será alguna ·ventaja concedida por el acree- dor (plazo, reducción de intereses, mutación del lugar del pago, etc.~·o bien la mera liberalidad, para favorecer al acreedor.

u;;; Un principio semejante informa

el precepto del arto 1.367 que al re· solver sobre la responsabilidad <le_ los legatarios por las deudas de la- herencia dispone: "Los legado~ con

causa

en dinero, no contribuyen sino con

deducción del gravamen

criterio se aplica también en materia

de d<;maciones remuneratoriílS, etc.

estimal·sc

onerosa

que 'pueda

".

Igual

40

Avelino León Hurtado

Si es un tercero el que presta la garantía, lo que siempr~ sucede en la fianza, la causa puede ser la mera liberalidad, si el obligado nada recibe por el servicio que le presta al deudor, o bien la obligación que el deudor contrae en su favor en como' pensación. De este modo la causa de la obligación del tercero debe buscarse en sus relaciones con el deudor y no con el acree- dor. Frente a éste, la obligación está desligada de su causa, es una obligación abstracta, a la que nos referiremos en el número siguiente. Si el acreedor promete o da al tercero una contraprestación por la caución que le otorga, ahí está la causa de la obligación de éste y se tratará generalmente de una 'especie de seguro.

21.

pone nuestro Código que no puede haber obligación 'sin una'

OBLIGACIONES

NO

CAUSALES

O

ABSTRACTAS

DE

CAusA6 6 .-Dis-

causa real y lícita. No obstante, tratándose de un acto abstracto, su validez no queda subordinada a la existencia de una causa. El acto abstracto opera como la stipulation romana, que

nuestro Código

Pero, como acabamos de ver, la obligación del fiador frente al acreedor es abstracta de causa y es perfectamente válida. La causa sólo aparece cuando se consideran las relac::iones del fiador con el deudor, o sea, la causa queda fuera del contrato de fianza. Hay, que convenir, pues, en que la obligación del fiador frente al acreedor carece totalmente de causa y que no por eso es menos válida 68 Igual cosa ocurre en los ~asos de la delegación, de la estipulación en favor de un tercero, etc., que veremos en segui- da. Adviértase que en todos estos supuestos intervienen tres

no acepta en general 6T

llIl Véase Somarriva Undurraga, Manuel, "Tratado de las cauciones", NQ 109. pág. 108. ·¡Véase NQ 4, pág. 18. Se ha fallado que "el pago he- cho por el fiador al acreedor es en todo caso válido, pues cualquiera puede pagar por el deudor aun sin

el conocimiento o autorización d'e éste y sin que la causa o motivo determinante del acto rl'eba ser to- mado en cuenta por el acreedor e influir en la eficacia del pago" (Ga• ceta de los Tribunales, 1898, Tomo III, NQ 1.127, pág. 842 (Cons. 49).

le' .' : . La causa licita 41 personas, en que una se obliga frente

le'

.'

:

.

La causa licita

41

personas, en que una se obliga frente a otra por cuenta u orden de la tercera. En estos casos se permiten las obligaciones abstrac- tas por la "seguridad jurídica", por la seguridad del tráfico. Veremos a continuación ciertas figuras jurídicas en que nuestra legislación acepta obligaciones abstractas de causa.

22. DELEGACIÓN.-Es un caso bien semejante al de la fianza o caución prestada por un tercero. En. efecto, el delegado se obliga frente al delegatario .por orden del delegante. La causa ele esa obligación 'Se encuentra en las relaciones del delegarlo con el delegante, pues frente al delegatario la obligación del delegado carece de causa; es un acto abstracto. La obligación del delegado tendrá por causa normalmente una deuda u obligación anterior en favor del delegante; es decir, el deudor (delegado) sustituye a su acreedor (delegante) por otro (delegatario) con el consen- timiento de éste (art. 1.1635). La causa de la nueva obligación del deudor está, pues, en la obligación primitiva. Pero para el nuevo acreedor se trata de un acto abstracto de causa, sin cmsa. Si él deudor (delegado) no acepta frente al nuevo acreedor (delegatario) hay solamente una cesión de crédito del deleg-ante (cedente) al delegatario (cesionario) (art. 1.636). La aceptación tiene importancia, por de pronto, para los efectos de la excep- ción de compensación que pueda oponer el deudor al cesiona- rio (art. 1.659). El.,.art. 1.636, que contiene la norma que se acaba de indicar, dispone: "Si el delegado es sustituido contra su voluntad al dele~ante, no hay novación sino solamente cesión ele accion~ del delegante a su as¡eedor; y los efectos de este acto se sujetan a las reglas de la ceSi!\n,. de .acciones"69. En verdad es imp~'opio hablar en este caso de delegado, pues la delegación 'Supone un acuerdo entre acreedor (delegante) y deudor (delegado) en or- den a que éste se obligará frente al nuevo acreedor (delegatario).

Si no hay acuerdo, se tratará solamente de una cesión de 'créditos en la que el consentimiento del deudor no es necesario (arts .

El Cildigo francés no contiene una norma ~el:nejante.

42

Avelino León Hurtado

1:901 ,I.9(2) . Cuando la cesión es aceptada por el deudor (arts.

1.902, 1.904)

(delegado) no puede oponer

sin reserva alguna, los efectos son iguales a Jos de

la delegación en cuanto el deudor

excepciones (compensación) al cesionario (delegatario). Pero nótese que en materia de causa, cuando hay delega- ción, la obligación del delegado frente al delegatario es abstracta de causa; en cambio, si hay cesión existe un solo crédito que se> traspasa y, en consecuencia, la obligación del deudor tiene la misma (única) causa que haya tenido frente al acreedor y ce- dente íO •

23., ESTIPULACION EN FAVOR DE UN TE&CERo.-Este supuesto es también, técnicamente, muy parecido al de la delegación an~e­ riormente enunciado.

El promitente se obliga frente al beneficiario por la contra:

prestación del estipulante en su favor. He ahí, pues, la causa de su obligación. Y si el promitente se obliga gratuitamente, la causa de su obligación será la mera liberalidad (art. 1.449) .En este caso, el promitente puede oponer al beneficiario todas las excepciones que podría oponer al estipulan te siempre que naz e can objetivamente del contrato, pero no las excepciones perso- nales que tenga contra el estipulan te. Así, podrá oponer las excepciones ele nulidad absoluta, los vicios dd error, fuerza -no el dolo, puesto que no vicia el consentimiento sino cuando es

obra ele una de las partes (art. 1.4-58), "la exceptio non adipleti

Pero no podrá

contractus", plazo o condición pendientes, etc. ,

'

oponer la excepción de compensación proveniente de créditos pendientes con el estipulante, o de convenciones con éste que> modifique el derecho ya adquirido por el beneficiario, etc. 71 • '

 

.

<> Lo cual tiene interés para la

'n Capitant. "La cause des obliga-o

yalidez de la obligación si la causa

tions", NQ 182, Héctor Salas N. "La'

,

es falsa, simulad a,

i1icita, etc. Véase

estipulación por otro", N'> 93, pág.

"

también Planiol y Ripert, obra cit.,

]58. Véase también. Planiol y Ripert,

XQ 271,

pág. 37i.

obra citada, Tomo VI, NQ- 270, pá¿-.

376.

';~

~

~

·I~

La causa licita

43

24. LETRA DE CAMBIO Y EFECTOS lOE C01\fERCI0 72 .-Presenta igual-

mente analogía con los casos anteriores el de la letra de cambio, cheques, títulos al portador y otros efectos ele comercio llama- dos, en genera], títulos negociables. En la letra de cambio, el librado, desde el momento de su aceptación, se oblíga a pagar el documento al legítimo tenedor de ella. La obligación del librado tiene su causa en sus relaciones con el· librador, el cual le habrá hecho o prometido la corres- pondiente provisión de fondos 73 • También podrá ser el deseo de hacer una donación, un préstamo, etc. Pero frente al tenedor de la letra, la obligación del aceptante, es abstracta, carece de causa. . Igual situación se presenta con los cheques, títulos al por- tador, a la orden y, en general, tratándose de los llamados por la doctrina "títulos negociables", que se transfieren mediante la simple entrega manual o el endoso. Son efectos de comercio, cuya fácil circulación es indispensable, lo que supone a su vez dar garantía de pago a los portadores de eIlosi4. Es decir, el obligado -suscriptor del documento- no puede oponer al por- tador de buena fe las excepciones que podría hacer valer a los

portadores anteriores.

La "seguridad del t¡'áfico" ha obligado a configurm' estos

actos como abstractos de causa. Y de este modo el acto es válido

aunque la causa no exista o sea ilícita, pues en este supuesto la

seguridad jurídica ocupa el lugm' de

portador legítimo y de buena fe. Nuestra jurisprudencia ha dado correcta aplicación a estos principios 75

justicia, "espeéto del

la

Véase Julio Olavarría 'Avila "Manual de Derecho Comerciar'. Santiago, 1956, Tomo 1I1, Capítulo 11; Arturo Davis, "La letra de cam·

.bio". Santiago, 1957.

R.

D.

pág. 453.

74 Véase

Y J., Tomo XLI, Seco 1':1,

Capitane,

obra

cit,

N.os

185 Y sigtes. Planiol y Ripert, obra

cit.,

N.os

27.3

a

275,

págs.

374

y

sigtes.; Henri, León y jean Mazeand,

"Lecons de Droit Civil", N.os 289

y sigtes., págs. 228 y 'sigt~ Claro Solar, NQ 928, pág. 328. Pueden consultarse, R. D. Y J.,

,

~_-.::_c~~:.

~

~'

44

Avelino Lean Hurtado

25. PRO~!ESA ABSTRACTA EN QUE SOLO Il\1TERVIENEN DOS PARTES.

PRUEBA DE LA CAUSA76.-El art. 1.467 expresa que: "no puede haber obligación sin una causa real y lícita; pero no es necesario

expresarla". Esta disposición puede enfocarse desde el ángulo de la prueba -que es el propio y que desarrollaremos más ade- lante- y del de la validez de la promesa abstracta.

En el antiguo Derecho se discutió el valor de los actos que no expresaban su causa y, en general, se les negaba toda eficacia porque se su ponía que una promesa de esta especie podía ocul- tar una causa inmoral o ilícita. Además, se apoyaban en los

que concedían acción de repetición, querela

non 1iumeratoe pecunia cuando el documento en que constaba la estipulación no indicaba.la causa 77 _ Pero este criterio se abandonó en el siglo XVI debido a la comodidad de las promesas no causadas y especialmente por el uso cada vez más difundido en todo el mundo de los efectos de comercio -letra de cambio, vales, etc.- en que se generalizó una mención genérica de causa, sin mayor valor en sí, como "valor en mercaderías", "valor en especie", etc. 7S . Este es el origen del arto 1.1 32 del Código francés que dis- pone: "la convención no será menos válida aunque su causa no se exprese", y del cual se tomó nuestro citado arto 1.467. De lo dicho aparece que toda obligación tiene validez aun- que no se exprese su causa, aunque aparezca como obligación abs tracta'U . Pero el deudor podría probar la falta de causa y, consi-

textos romanos

Tomo XXV, Seco 1<1, pág. 420; Tomo XXXVIII, Seco H, pág. 560. <o Véase NQ 27, pág. 48.

r7 Capitant, "De la cause des obli- gations", N.os 44, 57 Y sigtes. <8 Capitant, obra citada, No 169.

, Capitant ("De la cause des obli·

gations", NI? 165; págs. 368 Y sigtes.)

funda la validez del acto abstracto en la arto 1.132 del C. Civil francés que establece sólo la presunción de ca usa de nuestro arto 1.467, eDil ]0 que confunde "el fondo del derecho y su prueba". Véase Dabin, "La teo-' .

ría de la causa", p¡íg. 20, nota 2.

fondo del derecho y su prueba". Véase Dabin, "La teo-' . ría de la causa", p¡íg.

.~

.:

La causa lícita

45

guientemente, esa obligación aparente desaparecerá, sera nula. La validez de esta promesa abstracta se mantiene mientras no se pruebe la falta de causa. Estamos, pues, en presencia solamente de una presunción legal de causa para facilitar el comercio jurídico y no ante la validez de una promesa abstracta. Y esta presunción de causalidad no es sino la aplicación de un princi- pio mas amplio, según el cual todo acto se presume valido )' quien alega lo contrario deberá probarlo 80 •

El acto abstracto sólo puede tener valor, por excepción, cuando la ley lo diga expresamente, pues la causa es requisito de la existencia del acto. En las legislaciones en que se da valor al acto abstracto, se exige siempre la observancia de determinadas formas, como medio de advertir al deudor que quedará privado de la posibilidad de oponer más tarde algunas excepciones. Por

toma el lugar de la

eso

se dice

en

doctrina que "la

forma

causa"Sl.

Si se trata de un contrato bilateral que cons~e por escrito, la causa estará siempre expresada, pues aparecerán las obliga- ciones de las partes que son a su vez la causa recíproca de ellas. Si el acto es unilateral, es frecuente también que la causa aparezca del acto mismo, como sucede con el mutuo, en que el deudor se obliga a restituir ]a suma de dinero que declara haber recibido del acreedor.

. Lo dicho no obsta a que se pueda probar que la causa no

existe realmente, que es falsa o que es simulada. En estos supuestos, cuando la causa aparece expresada en el documento que deja constancia del acto, no será admisible la

00 Claro Solar, obra cit., Tomo XI, NO 937, pág. 346; A. Alessandri Besa,

obra cit., N<> 233, pág. 221; Planiol

y Ripert,

págs. 367 y sigtes. El Código Civil italiano de 1942 no mantuvo los arts.

1.120 y 1.121 del antiguo Código que establecían la presunción de causa-· lidad, pero de hecho rige el mismo

Tomo VI, N .os 267 y 268,

principio, pues probado el contrato en general, se da por probada la causa. F. Messineo, "Doctrina Gene-

ral del Contrato", Cap. n, NO 11, letra B), pág. 111. 81 F. Messíneo, "Manual de Dere· cho Civil y Comercial", Buenos Ai. res, 1954, Tomo II, Párrafo 38, N9 11 bis, pág. 3?7.

,

46

Avelino León Hurtado

prueba de testigos para acreditar la falta de causa, pues confor- me con el art. 1.709, inc. ¡2<?: "No será admisible la prueba de testigos en cuanto adicione o altere de modo alguno lo que

se expresa en el acto o contrato, ni sobre lo que se alegue haber-

se dicho antes, o al tiempo o después de su otorgamiento

a

menos que haya un principio de prueba por escrito, es decir, "un acto escrito del demandado o de ~u representante, que

",

haga verosímil el hecho litigioso" (art. 1 .

11).

En los demás actos o contratos puede no aparecer expresada la causa, pero por la presunción de causalidad que acabamos de indicar, será el deudor, el que niega la existencia de causa, el que deberá probar la falta de causa 82. Aplicando estos principios, nuestra Excma. Corte ha resuel- to que si en un juicio ejecutivo el ejecutado pretende que la obligación cuyo cumplimiento se persigue carece de causa, debe probarlo; e invalidó el fallo de segunda instancia que había resuelto 10 contrario. La doctrina es la siguiente: "Es nula por- que infringe los arts. 1.467 Y 1.698 del Código Civil la sentencia que declara que corresponde al ejecutante la prueba de la ex· cepción alegada por el ejecutado, de nulidad de la obligación por carecer de causa real y lícita, y que, con tal antecedente, acoge la excepción. Si bien no puede haber obligación. sin causa real y lícita, no lo es menos que no es necesario expresarla, por lo cual el hecho de que no se exprese no basta para deducir que carece de ella, ya que puede establecerse en el juicio en forma legal. Opuesta por el ejecutado la excepción de nulidad de la obli- gación fundada en que carece de causa real y lícita, incumbe n éste justificarla, y si no cumple con esta obligación, debe des- hecharse la excepción y acogerse la demanda ejecutiva"sa.

Así se ha fallado también reite-

público. R_ D. Y J., Tomo XXXIX,

radamente.

R.

D_

Y J.,

Tomo XV,

.

Sec.

1;t, pág_ 505_

 

Seco

1'1,

pág.

292.

Tomo XXXVIII,

""

R.

. D. Y J., Tomo

XV, Sec_

1'1-,

Seco

H, pág.

383. La prueba de la

pág. 292. En el mismo sentido de

falta de causa puede producirse aUIl·

que no es necesario expresar la cau_

que

el

acto

conste de instrumento

sa, pueden consultarse· los siguientes

La causa licita

47

En resumen: cuando intervienen sólo dos partes, debe haber siempre una causa; la ley no acepta el acto abstracto. Pero como la ley presume la existencia de una causa real y lícita y, por otra parte, al deudor de una obligación cuya causa no se expre- sa, será muy difícil probar la falta de causa, de hecho estas obli- gaciones pasan a tener plena validez*. O sea, cuando el deudor se obliga sin indicar el porqué, sin señalar la contraprestación recibida o prometida, o la intención de donar, surge una obli- gación abstracta, que teóricamente no tieIle valor por carecer de causa, pero que de hecho es plenamente dicaz. El art. 1AG7 da una norma de prueba al presumir la GlllS:l, pero lleva a un resultado semejante al de las legislaciones que dan valor al aero abstracto.

26.

l'ROMESA

ABSTRACTA

EN

QUE

INTERVIENEN

TRES

PERSON.'\S.-

Distinto es el caso de la promesa u oblig~ción abstracta en que intervienen tres personas y que son válidas ¡lUnque carezcan absolutamente de causa, como hemos visto en ]05 númerOs pre- cedentes.

. La razón de la diferencia está en que cuando intervienen dos personas, si se prueba que la obligación no tiene causa, se justifica plenamente la sanción de nulidad o inexistencia de esa aparente obligación. En cambio, cuando intervienen tres personas, como en la fianza, la obligación del fiador trente al acreedor carece de cau- sa, pero en misma tiene una causa que aparece de las relacio- nes del fiador para con el·deudor s4 •

fallos de la misma Revista: Tomo

IlI,

Seco 111-, pág. 99; Tomo XXI, Seco !\l,

pág. 537.

Tomo XVI,

Seco

pág.

406;

1~,

• Véase N9

27, pág.

48.

e. Cnando una persona se obliga por orden de un tercero de quien no es representante, como sucede con la carta de crédito que da nn banqueTo para ante un correspollsal,

~lrge una figura jurídica especial en que no hay delegación ni cesión de crédito. El corresponsal se obliga frente al tenedor porque entiende hacer un préstamo o servido al ban· quero que emitió la carta, pero fren-

te

es

abstracta. Esta operación, que es muy

frecuente

en

. derecho suizo asignación (art. 166

al

beneficiario

hoy

en

su

día,

obligación

se llama

48

Avelino León Hurtado

Si resultare a la postre que esta causa real tampoco existe, la obligación frente al acreedor no se altera, pero el obligado tendrá acción de repetición .contra el deudor, con lo que, aún en ese supuesto, se mantiene la justicia conmutativa que infor- ma la doctrina de la causa y se da seguridades a este acreedor, que debe ser, normalmente, ajeno a las relaciones que determi- nan la causa de la obligación que el tercero contrae en su favor.

Por eso nuestro Código dispone que si "el que delegado por alguien de quien creía ser deudor y no lo era, promete al acree- . dor de éste pagarle para libertarse de la falsa deuda, es oblififdo

de su promesa; pero le quedará a salvo-'u

derecho contra el clelegante para que pague por él, o le reembol- se lo pagado (art. 1.06 1 3 1 3). Este acto abstracto tiene, pues, plena validez. Si la ley no le reconociera este valor, que es excepcional, el delegado no estaría obligado al cumplimiento de su promesa, pues su obligación carecería de causa. Y si paga, podría repetir por igual razón; sería un pago de lo no debido.

al

cumplimiento

El arto :2.<295 sienta una regla semejante, inspirada en prin- cipios de equidad. "Si el que por error ha hecho un pago (causa falsa), prueba que no lo debía, tiene derecho para repetir lo pagado. Sin embargo, cuando una persona a consecuencia de un error suyo ha pagado una deuda ajena, no tendrá derecho de repetición contra el que a consecuencia del pago ha suprimido o cancelado un título necesario para el cobro de su crédito; pero podrá intentar contra el deudor las acciones del acreedor".

"

27.

MEDIOS DE PRUEBA.-Hemos dicho ya que la causa se presu-

me y, por consiguiente, no es necesario que se indique. El que

de ese Código). Véase PlanioI y

materia

(arts. 783

a 792

de ese

Có-

Ripert, obra cit., N9 272, pág. 373. En el Código alemán existe también una reglamentación especial en esta

digo) .

La causa lícita

49

pretenda que el acto carece de causa, deberá probarlo. Esta prueba es de suyo difícil. En cuanto a los medios de prueba, si en el acto o contrato no se expresa la causa se podrá acreditar por todos los medios, incluso por testigos, ya que no se probaría contra el documento, toda vez que la causa no se menciona y no se viola entonces el arto 1.709 que rechaza "la prueba de testigos en cuanto adicione o altere de modo alguno lo que se exprese en el acto o contrato, ni sobre lo que se alegue haberse dicho antes, o al tiempo o

"sr

Además, lo dicho rige aunque se trate de insu'umento pú- blico, pues "el hecho de que ciertos instrumentos públicos ten- gan el valor de escritura pública no impide que se pueda probar por los medios legales correspondientes, que el acto a que el ins- trumento se refiere,.es nulo por falta de causaBG. Si, por el contrario, la causa se expresa en el acto o contrato, rige la limitación contenida en este art. 1.709. Y ésta será la única limitación a los medios de prueba que se puedan emplear. En suma, con la limitación de la prueba testimonial que acabamos de señalar, la falta de causa se puede acreditar por todos los medios probatorios.

después de su otorgamiento

128. PROMESA ABSTR

Código Civil alemán s7 acepta la promesa abstracta siempre que conste por escrito. Dice ese artículo: "Para la validez de un contrato por el que se prometa una prestación de tal modo que la promesa se convierta en causa de la obligación, deberá C011- signarse por escrito dicha promesa, a no ser que se haya prescrito en otra forma".

EN EL CODIGO ALEMAN.-EI arto 780 del

CTA

De este modo, mientras nuestro Código presume que hay una causa válida en toda obligación y será el deudor quien deba

66 Planiol .y Ripert, obra citada,

NQ

Jean

Civil",

268,

pág.

368.

Henri,

León

y

Mazeaud, "Lecons de Droit )./<;> 290, pág. 229.

so R. D. Y J., Tomo XXXIX, Seco

H, pág. 505. ., Igual norma establecen el Códi- go suizo y el polaco.

~.

50

Avelino León Hurtado

demostrar 10 contrario, el Código alemán prescinde del factor. causa y basta que la obligación conste por escrito para que tenga valor. Pero el Código alemán acepta que el deudor pueda excep-

cionarse de cumplir si ha habido error (arts. 119, }121 Y 122) ; si

la causa de su obligación es ilícita (art. 81.7) y, en general, si ha

habido enriquecimiento sin causa (arts. 8],2 a 18212) 8S. Además, tratándose de causa ilícita, el Derecho alemán hace

excepción a su teoría de la declaración de voluntad, ele la pro- mesa abstracta, y permite juzgar los motivos ilícitos prescindien- do del simple contenido formal del acto, al igrial que ocurre en nuestro Derecho. Y así "será nulo todo acto jurídico contrario·

a las buenas costumbres" (art. 13B, C. Civil alemán) 8G. Y al

reemplazar este Código la noción de causa, por la noción extra·~ contractual de enriquecimiento sin causa, incurre en el mismo· error de técnica que hemos criticado al Derecho Romano. En esta forma se vuelve en cierta medida a la doctrina de la causa, en cuanto se persiguen las ventajas que de ella derivanDO.

29. LA CWSA DEBE SER REAL.-El Código elísponeen el arL 1.467

que la cansa elebe ser "real y lícita, pero no es necesario expre- sarla". Y agrega: "así la promesa de dar algo en pago de una deuda que no existe, carece de causa En doctrina se discute si un acto jurídico puede carecer de caus;:¡ y si es lo mismo la falta de causa que la falsa causa o el error en eIla91.

ss Es decir, si no hay acto jurídico que justifique el enriquecimiento, lo que equivale a la condictio sine cal/- S/! del Derecho Romano. Igual nor- ma contiene el art. 62 del Código Suizo de las Obligaciones. s. Véase Salailles "De la declara. tion de volante', KQ 40, pág. 268. 00 Josserand critica el sistema ale· mán y dice que es nn retroceso de la ciencia jurídica, pues se hace revivir

la antigua .estipulación romana, en que las palabras y las formas te·" nían más valor que la voluntad de las partes (Obra cit., NQ 138). Véa- se tambiéll Raymond Saleilles, "De la declaración de la volante", NQ 14 pág. 256; Henri, León y Jean Mazeaud "Lecons de Droit Civil",

NQ 266,

pág.

212.

m Jorge E. Mera, obra cit., NI? 121

Ysigtes., pág. 110.

,~

\

La causa

lícita

51

En primer término, nuestro Código exige que la causa sea real y esto significa que objetivamente debe existir una causa. No interesa saber si subjetivamente para el autor existe una causa, pues ello importaría caer en la causa ocasional en la que siempre habrá algún motivo que justifique su existencia, "a menos que se trate de la obra de un loco". La causa es inmutable y no se altera por error de derecho en que incurran las partes. El acto no producirá otro efecto que el correspondiente a su estructura jurídica, cualquiera que sea la idea que al respecto tengan las partes. Esta objetividad, esta impersonalidad, es la ,que distingue la causa de los motivos. La falta de causa final y la causa final errónea o falsa, son una misma cosa, o en todo caso, produce iguales efectos. Quien celebra un acto sin causa está en igual situación que si contratara creyendo que la causa existe. Además, siempre se contratará creyendo que existe una causa 92 El ejemplo del Código confirma lo dicho: "la promesa de

dar algo en pago de m,

No hay causa porque no hay obligación anterior y, normalmen- te, habrá falsa causa porque el que hace la promesa sólo se obligará por su creencia de que existe esa obligación, o sea, porque para él hay una causa falsa, lo que equivale a decir que no hay causa. Por eso, si las partes transigen sobre un pleito ya fenecido, la transacción carece de causa, "porque no existe motivo real ni aún aparente que haya inducido a las partes a la celebración del contrato, esto es, a poner fin extrajudicialmente a un litigio terminado ya por los tribunales de justicia"9S. y de igual manera, si una persona se obliga a indemnizar lo que en realidad no debe, su obligación es nula por falta de

que no existe, carece de causa".

,deuda

0:1 Beudant, "COUIS de Droit Civil

VIII,

NQ 202, pág. 143; Alessandri Be-

208;

sa

Henri,· León et J. Mazeaud, "Le_

FIancais",

A.,

Pans,

1936,

tomo

pág.

obra dt., N9 220,

.

cons de Droic

279, pág. 223.

Civil", Tomo H, NQ

Gaceta

de los

Tribunales,

año

1909, Tomo 1, Sent. 287, pág. 434.

52

Avelino León Hurtado

causa, porque "para que proceda la indemnización de perjuicios es necesario que el que los toma sobre sí tenga la obligación de pagarlos, o sea deudor de ellos; si no hay obligación, se reconoce una deuda que no existe o una responsabilidad que no se tiene, y en tal caso la obligación carece de causa real, pues el motivo que ha inducido a contraerla, que ha sido extinguir esa respon- sabilidad o pagar esa deuda, no tiene existencia legal"94. Nótese que si la causa desaparece con posterioridad -perece la cosa comprada- puede haber resolución del contrato, pero no nuli- dad por falta de causa o de objeto. Será también el caso de] heredero que basándose en 'un tes- tamento se obliga a pagar un legado, en circunstancias que el testamento había sido revocado en esa pa.rte95. Tampoco habrá causa si se contrata un seguro para ponerse a cubierto de un riesgo que no existe; si un moribundo enajena un inmueble a una persona que se obliga en cambio a alimen- tarIo durante la vida del primero; "'/, en general, cuando se cele- bre un compromiso con el propósito de remediar una situación que no existe!JB.

30. LA FALTA DE CAUSA EN ACTOS A TITULO GRATUITO.-Si el acto

es a título gratuito no se concibe la falta de causa, .pues siendo el fin la mera liberalidad, siempre habrá una causa, siempre se cqn- seguirá el fin de hacer la liberalidad. Es' casi imposible separar aquí la causa del consentimiento. Si se padece de error en cuanto a las personas, la sanción deberá encontrarse en este vicio, pero no puede hablarse de falta de causa 97 •

.

., Gaceta de los Tribunales, año

1889,

Tomo

r,

Sellt. 404,

pág.

'" ]osserand ~'Les mobiles

342,

",

N9

33. pág,

48.

Josserand

"Derecho

Civil", To·

mo

Jurisprudencia francesa ha resuelto otros casos que pueden calificarse de

pág,. 97. La

n. Vol.

r,

NQ

132,

pintoresco: en el siglo pasado era posible y lícito "comprar un reem- plazante" pal'a el cumplimiento del servicio militar. Si ·el supuesto obIi= gado descubría que estaba exento de tal obligación militar, se anulaba el contrato por falta de causa, o; Nótese la diferencia en cuanto

~~

I

La causa lícita

53

31. CAUSA FALSA. ERROR DE HECHO Y ER'ROR DE DERECHO.-Se ha-

bla de causa falsa cuando las partes creen equivocadamente que existe una caUSa. La falsa cau-:.a es sólo un caso de ausencia de causa. Como la existencia de la causa se determina con criterio objetivo, si ésta no existe, el error de las partes no altera la situa- ción y el acto carecerá de causa. Así, si se hace un pago sin que haya una deuda, ese pago carece de causa y puede repetirse 9S , a menos que se pruebe que el pago se ha hecho con conocimien-

to tanto de los hechos como del derecho, en cuyo caso hay que

presumír la donación, el animus donandi, en ese pago aparente. Es lo que dispone el ,art.1,2. ' 299: "Del que lo que no debe no se presume que lo dona, a menos de probarse que tuvo perfecto conocimiento' de lo que hada tanto en el hecho como en el dere- cho". Y por igual razón, "se podrá repetir aún lo que se ha pa- gado por error de derecho, cuando el pago no tenía por funda- mento ni aun una obligación puramente natural" (art. 2.-297).

O sea, el error en que incurre el que paga, aunque sea de dere-

cho, no valida el pago si no hay un~ deuda, una causa que lo

justifique. Enfocando, pues, estos dos artículos desde el ángulo de la

, causa- ilparece cIaro que en ellos se acepta invocar el error de de- recho, no para lucrar sino precisamente para evitar un daño

a sus efectos: el error en la persona

se sanciona con la nulidad relativa,

si concurren ]05 requisitos legales;

la

nulidad absoluta_ os Así se ha fallado que "precede acoger la acción de repetición de las sumas pagadas al Fisco por error, en concepto de impuesto global com- p]ementario, si ha quedado estable- cido que la obligación tributaria que se satisfizo por quienes no tenian la representación del demandante y obraron oficiosamente a su nom-- bre, solucionándola C011 cargo al

faIta de ca usa, se sanciona con la

patrimonio suyo, carece de causa real y efectiva, por cuanto se ha probado que el demandante no te-

'nía ]a calidad de contribuyente para Jos efectos del impuesto complemen- tario. por tratarse de un extranjero que no residía en Chile en los arios tributarios a que se refiere el juicío, por lo que resulta de toda eviden- cia que tal gestión oficiosa de pago se realizó por error, dado qlle la obligación solucionada en estas con- diciones especiales, carecía de catl-

Sil

D.

y

no

era

debida

Y J- -Tomo LI,

por aquél". R,

Seco

l~,

pág.

27_

54

Avelino León Hurtado

("damnovitando, lucro captanelo") , pues en última instancia la

ley desea que el que recibió el pago no pueda retenerlo asílán- dose en el error de derecho del que pagó, pues eUo equivaldría

a dar una justificación jurídica, una causa, a esa aparente obli- gación y, consiguientemente, al pa§O. En conclusión, si no hay causa, el acto es nulo aunque las

partes por error de hecho o de derecho crean que existe una cau-

por la inversa, si hay una causa y las partes por error

creen que es otra o que no existe causa, el acto puede ser vá- Jido 100 •

De aquí que el arto 2.,295 dispone: "., .cuando una persona

a consecuencia de un error suyo ha pagado una deuda ajena, no

tendrá derecho de repetición contra el que a consecuencia del pago ha suprimido o cancelado un título necesario para el cobro de su crédito; pero podrá intentar contra el deudor las acciones del acreedor". La apreciación subjetiva sobre la existencia de la causa no tiene, pues, influencia, lo que confirma una vez más que nuestro Código sigue la doctrina de la causa final, y no la ocasio- nal, con la salvedad que hemos hecho sobre la causa ilícita 101

Finalmente, si no hay caUsa y las 'partes por .error creen que existe, la sanción no debe buscarse en el error -vicio del consen- timiento- (art. 1l'.453) sino en la falta de causa (arts. 1:4s.i y

sa 09

y

1.682) 102,

•• Por eso carece de causa la

mani

festación de voluntad de una perso- na en la que declara reconocer la va- lidez de un testamento y se compro-

mete a no impugnarlo, creyendo que era válido si después una sentencia

j ndicial declara la nulidad de dicho testamento (Gaceta de los tribunales, año 1899, Tomo II, Sent, 1.125, pág. 921) .

cit.,

N<;>222, pág. 210 lDi Se ha fallado que el gOC(! de la

100

A.

Alessandri

Besa,

obra

cosa arrendada es la causa para el arrendatario y el precio la causa para el arrendador, "no constituyen-

do la ca·usa del contrato los motivos que haya podido tener el arrendata- rio para aceptar un aumento de la

renta". R. D. Y ]., Tomo xxxvn,

Seco }<I, pág. 383

(consid_ 13) .

lOO Véase nuestro trabaJo sobre '"La voluntad y la capacidad en los actos jurídicos", NQ 135 (El error obstácll-- lo y la falta de causa) , pág. 194.

'j

La causa licita

55

causa simulada cuando las partes

de común acuerdo, para inducir a error a los terceros, sefíalan

a la convención o contrato una causa que es falsa. Es decir, las

partes deliberadamente crean un¡¡. causa aparente para inducir

a error a los terceros. Si la simulación es absoluta, si no llay causa, el acto será nulo. Es el caso del deudor insolvente que reconoce una deuda que no existe, coludido con un tercero, a fin de perjudicar a sus acreedores en el futuro juicio de quiebra. Si por el contrario, la simulación es relativa, esto es, si hay una causa falsa señalada por las partes para inducir a error a los terceros, pero existe también una causa real y lícita no expre- sada, el acto es perfectamente válido l03 • Por eso se ha fallado que "no obsta a la validez de la obli- gación la simulación de la causa, si la causa yerdadera u oculta es perfectamente lícita"104.

Igualmente si el comprador reconoce deber a título de mutuo el saldo de precio que queda adeudando, hay una causa reaL y lí- cita. Lo que no obsta a que el contrato verdadero prevalezca y, ppr consiguiente, ese mutuo 110 podr~ devengar más ínterese~ que los permitidos por la ley (Ley Nq 4.691 de 27-XI-I929 y Ley N9 IllM4 de 9-IX-195l3) 105. Si por el contrario se reconoce deber a título de mutuo lo que se debe por juego de azar, habrá causa ilícita. Igualmente si se hace una donación a la concubina para iniciar o mantener el concubinato, y se simula una comp¡'aventa

(u otro acto a título oneroso) en que el vendedor declai"a recibir

el precío,Ja causa es inmoral y, consiguientemente, Ilay nulidad

absoluta~

32.

CAUSA

SIMULADA

-Existe

Cuando la simulación la acuerdan las partes con el propósi·

lO> Véase nuestro trabajo "La vo·

luntad )' la capacidad

pago 151 y sigtes. lO' Gaceta 'de los Tribunales, afio

1890, Tomo n, Sent, 3.966, pág, 887.

",

X~

106,

,'''

R.

D.

2'.1,

pág. 60.

Y

,•• Humberto

J.,

Tomo

.

'

Pinto"

"El

LlI,

Scc.

cOIlcubi·

nato y sus efec(os jurídicos" Ed. Nas-

¡;im~nEo, 1942, NI' 57,

pág.

103,

56

Avelino León Hurtado

to de perjudicar a terceros, hay también causa ilícita. Se ha fa- llado que si el marido celebra contratos con el propósito de defraudar los derechos de su mujer en la liquidación de la sociedad conyugal (si este hecho llegaba a producirse a raíz de la acción de divorcio perpetuo deducida por la mujer), "en dichos contratos no hubo de parte de los contratantes la volun- tad real de celebrarlos y faltó en ellos, además, una causa real y lícita. Por consiguiente, son nulos de nulidad absoluta"lor.

33. SANGraN A LA FALTA DE CAusA.-En doctrina la falta de causa

acarrea la inexistencia jurídica. Dentro de nuestra legislación

absoluta 10S • Esta materia se ha

discutido, pero creemos que la opinión sustentada por José Clemente Fabres lOlI y seguida por Arturo Alessandri R., Arturo Alessandri Besa llO y otros, es la que más se ajusta a nuestros textos legales y por eso sostenemos que la sanción es la nulidad absoluta. En efecto, el arto 1.682 dispone que hay nulidad abso· luta si se omite "algún requisito o formalidad que las leyes prescriben para el valor de ciertos actos y contratos en conside· ración a la naturaleza de ellos y no a la calidad o estado de las

positiva la sanción es la nulidad

" y entre estos requisi-

tos exigidos en consideración al acto o contrato está indiscutible-

mente la causa. Además, en numerosos casos el legislador sanciona específi- camente la falta de causa con la nulidad absoluta (arts. 1.630,

personas que los ejecutan o acuerdan

1.814, :2.452, ·i2.455, etc.).

Finalmente, el arto 1.682 sanciona la causa ilícita con la nu- lidad absoluta y el arto 1.416,7 dice que no puede haber obliga-

LV, Seco