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NENNOLINA: CUANDO EL AMOR SUPERA EL DOLOR

Extractos

Ave María

 Una vez, Antonieta dice:


-“Mamá, ¿por qué sufres tanto por mi? ¡Si en vez de pensar en mi
pensases en Jesús sobre la Cruz… Él sí que ha sufrido tanto! ¡Mamá,
debes estar alegre! ¿No sientes el deseo de tener entre tus brazos a tu
chiquitina? ¡Ríe, mamá! ¡Vamos, ríe! Yo quiero verte reír”.
Una tarde, Nennolina toma la mano a su mamá y le dice tantas
palabras confortadoras, sorprendentes en una niña de su edad y
concluye:
-“Cuando sufres por mí, piensa en la Virgen en el Calvario; ¡Ella sí
que tenía razones para sufrir!”.
Responde la mamá:
-“¿Y tú no sufres?”.
-“¡No, yo no sufro. Sí, a veces sufro, pero cuando sufro, yo pienso
pronto en Jesús y entonces no sufro más!”.

 A muchos que sabía que rezaban para obtener su curación, respondía:


-“Yo estoy en el Calvario y quiero permanecer en el Calvario”.
Un día, Antonieta oyó que la mamá hablaba de rezar por ella y le dijo:
-“¿Por qué les dices que recen por mi curación?¡No debes decirlo!”.
- “Pero, hijita mía, ¡yo quiero que tú te cures!”.
Y ella: “Mamá, deja que el Señor haga lo que quiera”.
Repetía que, incluso si moría, la mamá no debería llorar y que ella
había pedido esto para su mamá. Un mediodía, la mamá le responde:
-“¿Por qué estas cosas no se las dices también a papá?
Así, por la tarde lo llamó cerca y le dice:
-“¡Papá, si yo debiese morir, tu no debes llorar! Esfuérzate; después
en el Cielo rezaré por ti”. Fue entonces cuando, viendo al marido tan
angustiado y queriendo confortarlo, la mamá le dijo que Antonieta veía
a Jesús y él quedo muy consolado.

 El 5 de junio se decidió una consulta con el profesor Milani, después


de haber visitado a la pequeña, dijo que se sería necesario proceder a la
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extracción del pus, temiendo un enfisema pulmonar; que si la causa


fuera que se había reproducido el mal, no se podía ya nada más. Entre
sollozos la madre responde a sus palabras de ánimo: “¡No! ¡No vivirá;
tengo este sentimiento! También en la última cartita que me ha
dictado…”. “¿Qué cartita?”, preguntó el profesor Milani rápidamente
interesado y, después de haberla leído, pidió permiso de llevarla
consigo para hacérsela leer al Santo Padre, el cual amaba tanto a los
niños.

Esta es la cartita del 2 de junio de 1937 que fue dada a conocer al


Santo Padre, Pío XI:
“Querido Jesús Crucificado
Yo te quiero tanto y te amo tanto.
Yo quiero estar en el Calvario contigo y sufrir con alegría
porque se que estoy en el Calvario.
Querido Jesús yo te agradezco que Tú me hayas enviado esta
enfermedad porque es un medio para llegar al Paraíso. Querido
Jesús, di a Dios Padre que lo amo tanto también a El. Querido Jesús
yo quiero ser tu lámpara y tu lirio querido Jesús. Querido Jesús, dame
la fuerza necesaria para soportar los dolores que te ofrezco por los
pecadores.
Querido Jesús, di al Espíritu Santo que me ilumine de amor y
me colme de sus siete dones.
Querido Jesús: dile a la Madrecita que la amo mucho y que
quiero estar junto a Ella sobre el Calvario porque yo quiero ser tu
víctima de amor, querido Jesús.
Querido Jesús: te recomiendo a mi Padre espiritual y
concédele todas las gracias necesarias.
Querido Jesús: Te recomiendo a mis padres y a Margarita [su
hermanita].
Querido Jesús: te mando muchos saludos y besos.
Antonieta de Jesús.

El día después un coche de la Ciudad del Vaticano llegó de Castel


Gandolfo reportando la cartita con una nota de Mons. Vennini y la
bendición del Santo Padre. Había también otra nota del profesor Milani
dirigida a Antonieta y también la restitución del honorario de 100 liras.
Antonieta se puso muy contenta de haber recibido la bendición del
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Santo Padre y divide así el dinero restituido: 50 liras a Pompeya y 50 a


su Padre espiritual para el pan de los pobres.

 Antonieta amaba su lugar sobre el Calvario y se mantenía fiel. Un día


tuvo un ataque de tos que le duró más de tres horas, al cual sus
familiares temían que no resistiese. La mamá llorando le dice:
- Antonieta mía, recemos a Jesús, que te haga bajar un poquito del
Calvario.
- ¡No!.
- Pero querida, yo no puedo ya más. Estas tres horas han sido
terribles; y tus ojos están todavía llenos de lágrimas y yo no puedo no
llorar al verte sufrir así! Yo pediré que bajes del Calvario.
Antonieta elevó sus ojitos cargados de fiebre y de lágrimas, tomó una
punta de la sábana y con un esfuerzo enjugó los ojos de la mamá y
dijo:
- ¡No, mamá. No; no llores! Mamá, mírame. Yo no lloro.
Su voz temblaba de agotamiento y continuó:
- Pero tú no debes llorar. ¡Yo no quiero!. ¡Yo quiero permanecer
sobre el Calvario con Jesús!
Y la mamá: Bien, yo estaré contigo, siempre contigo. Si Jesús te
quiere sobre el Calvario, yo estaré cerca de ti.
Antonieta la miró con reconocimiento y le dice:
- Sí, mamá. Tú debes estar siempre cerca de mí sobre el Calvario. Yo
haré la parte que a mí me toca. Y tú aquella que le toca a la mamá.

 Si bien pasaba largas horas en un afanoso silencio sufriente y absorta,


sin embargo estaba consciente de ella misma. No obstante las
medicaciones fueron dolorosísimas. La pequeña dijo un día a la tía:
- ¿Pero tú no sabes que yo estoy contenta con lo que me hacen? Estoy
contenta de sufrir y así ofrecer a Jesús por las almas.
Su padre descubrió que la pequeña decía de ponerla apoyada de la
parte de la parte de la herida y que lo hacía para sentir más dolor y
ofrecerlo a Cristo.

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 Antonieta estaba ingresada en el Hospital. La tarde del segundo día


que se encontraba en la clínica, la paciente que estaba en la cama a su
lado izquierdo y que había sido operada por la mañana de apendicitis,
se quejaba. Antonieta dice:
-¡La señorita se lamenta tanto por una sola herida! Jesús no se
lamentaba y ¡tenía tantas…! ¡en las manos, en los pies, en el
costado… por todo el cuerpo.! ¡Y encima Él nunca había cometido el
más mínimo pecado!
La señorita de al lado oyó. No se lamentó más. Y a la mañana, cuando
su mamá vino a buscarla refirió: ¡Qué lección me ha dado ayer por la
tarde Antonieta!.

 La mamá, para prepararla ante la próxima mutilación, comenzó a


hablarle de Jesús, de su amor, de todo lo que había sufrido por los
hombres. Después, estremecida, le preguntó:
- Si Jesús te pidiese todo, y tus juguetes, ¿Se los darías?
- Sí, mamá.
- Si Jesús te pidiese una de tus manecitas, ¿se la darías?
La pequeña se miró la mano derecha, y luego repuso:
- Sí, mamá. Si Jesús quiere, le doy también mi manecita.
Después, mirándola seria, seria, la niña preguntó a su madre:
- ¿Por qué me dices esto?
Aquella tarde, viernes, la mamá no se atrevía a dejar a la pequeña,
sabiendo todo lo que a la mañana siguiente le esperaba. La besó
temblando. Y le besó la piernecita que no volvería a ver más.
Nennolina dejó hacer en silencio. Después dice:
- ¡Es el último beso!.
- ¿Qué quieres decir? pregunta la mamá, sintiéndose morir al pensar
que la pequeña habría comprendido, pero ella repuso con calma:
- Quiero decir que me duele ahí donde me has dado el último beso.

 Una vez fue la abuela a visitar a Antonietta a la clínica, la cual apenas


la vio la abrazó con entusiasmo y le dijo: ¿Sabes, abuela que mañana
voy a casa? Sí, querida, pero ahora no regresas como cuando viniste; y
los ojos se le llenaron de lagrimas. Y ¿Por qué, abuela? Porque te falta

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una cosa. ¡No abuela, no me falta nada! Piensa, querida, una cosa te
falta. Después de reflexionar un instante, Antonietta responde: Me
falta una pierna, ¡pero esa, se la regalé a Jesús!

El primer día que le pusieron la inyección de yodo, la pequeña gritó,


lloró; yo estaba muy dolida, pero estaba decidida a hacérselas a
cualquier costo. El día siguiente le pusieron la de calcio, que soporto
bastante bien; después sentándome al lado de ella le dije: mañana te
pondrán la de yodo, y porque comenzó a protestar, le dije: Antonietta
mía, es necesario hacértelas para curarte; el profesor lo ha dicho,
entonces no se discute. Pero tú que amas tanto a Jesús, si piensas lo
que él ha sufrido por nosotros cuando le pusieron la corona de espinas,
sabrás soportar por su amor este dolor y ofrecerlo a Él; piensa también
en los clavos que le traspasaron las manos y los pies. Nennolina
escuchaba con los ojos fijos, y al fin me dijo: Sí mamá, seré buena y lo
soportaré por amor de Jesús.
Al día siguiente la pequeña se puso por sí misma en posición, mientras
le decía algunas palabras de ánimo; mientras le ponían la inyección la
pequeña cantaba. Cuando terminaron, la miré, y sus ojos estaban llenos
de lágrimas.

 “El domingo 3 de mayo – significativamente fiesta de la Santa Cruz –


el profesor dijo que Antonietta podría levantarse y gozar un poco del
sol. Para decirle que no tenía más una pierna la mamá se sentó al lado
y le dijo ‘días atrás me dijiste que tu a Jesús le habrías dado todo.
Dijiste que le habrías dado incluso la mano. Y si Jesús te pidiese la
pierna que te hace mal, ¿Se la darías?’ ‘¡Sí, mamá!’. ‘¿Y no te
disgustaría permanecer sin una pierna?’. La miró; después, inclinando
la cabeza, responde: ‘Un poquito – pero después, alzándola con
energía – No mamá, no me disgusta; Jesús ha sufrido tanto en la Cruz
y yo la ofrezco por nuestro soldados que están en Abisinia’. Luego
preguntó ‘¿La pierna me crecerá de nuevo?’. ‘No, pero se podrá aplicar
un aparato ortopédico y podrás caminar aún’”

 “Una vez una delegada de la Acción Católica le preguntó: ¿Cuáles son


las formas de apostolado?, Nennolina respondió rápido: el apostolado

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del sufrimiento, que se hace cuando, por ejemplo, una persona sufre y
no se lamenta, pero ofrece al Señor sus dolores”

 “Una característica de Nennolina era ofrecer sacrificios a Jesús. Cuenta


la empleada, Catalina Prosperi: ‘Cada vez que me escuchaba gruñir,
me exhortaba a tener paciencia, a hacer sacrificios (flores) y a
ofrecerlos a Jesús. Un día le dije: Tú no haces más que pedirme hacer
flores. Pero se puede saber, ¿Qué cosa son estas flores? Y ella muy
seria: ‘Es el dinero que sirve para comprar el Paraíso’”

 “Nennolina experimentó la mística ‘noche del espíritu’: Jesús no se


hacía ver más. Se lamentaba con la mamá. El 9 de abril 1937 dictó esta
cartita: “Querido Jesús, deseo tanto verte y quisiera que todos pudieran
verte. Entonces sí que te quisieran bien.” El 25 del mismo mes,
aniversario de la amputación de la pierna, se lamenta con Jesús porque
“son muchos días que no te veo más. Pero Tú, déjate ver aún porque te
amo tanto; y hoy quisiera verte”