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TRASTORNOS DE

SÍNTOMAS SOMÁTICOS Y
TRASTORNOS
RELACIONADOS
INTRODUCCIÓN
• Tradicionalmente, los hoy denominados desórdenes somatoformes
provienen de un conjunto de trastornos derivados del concepto de
neurosis histérica.
• Aunque el término histeria fue ya utilizado por los griegos y los
romanos para describir una alteración propia de las mujeres que se
caracterizaba por problemas localizados en el útero, su incorporación
al ámbito de la psicopatología obedece en gran medida a los trabajos
efectuados en la escuela francesa por J. M. Charcot (1825-1893) y P.
Janet (1859-1947) y, sobre todo, a la influencia de la escuela
psicoanalítica de Sigmund Freud (1856-1939)
• El término somatización fue introducido por Stekel (1943, citado por
Kellner, 1992) para hacer referencia a un proceso hipotético mediante
el cual una neurosis profundamente arraigada podría causar un
trastorno corporal.
• Lipowski concibe la somatización como una tendencia a
experimentar y expresar malestar (distress) psicológico en forma
de síntomas somáticos que el sujeto interpreta erróneamente como
signo de alguna enfermedad física severa y, en consecuencia,
solicita asistencia médica para ellos.
• Lo que comprende tres elementos básicos: experiencial,
cognitivo y conductual
• El aspecto experiencial se refiere a aquello que los
sujetos perciben con respecto a su propio cuerpo, por
ejemplo, sensaciones corporales dolorosas, molestas o no
habituales, y disfunciones o variaciones en el aspecto
físico.
• El elemento cognitivo. Es el modo en que éstos interpretan las
percepciones, el significado subjetivo que tales percepciones
tienen para ellos y el proceso de toma de decisiones en
relación con la valoración realizada de los síntomas.
• El componente conductual. Son las acciones y comunicaciones
(tanto verbales como no verbales) que emprenden las
personas y que se derivan de las atribuciones de sus
percepciones.
• Tal y como se recoge en el DSM-II (APA, 1968), el grupo de
neurosis histérica se categorizó a través de dos tipos de
trastornos, esto es, el tipo de conversión y el tipo disociativo. Por
otra parte, la hipocondría fue considerada como una categoría
de neurosis independiente de las neurosis histéricas.
• Posteriormente, con la publicación del DSM-III (APA, 1980) se
abandona el término de histeria, sustituyéndose los dos subtipos
de trastornos previos por dos categorías diagnósticas discretas
de los trastornos denominados somatoformes y disociativos,
respectivamente.
• Los trastornos disociativos podrían estar más
relacionados con fenómenos de tipo
cognitivo, implicando cambios en la
conciencia, memoria y personalidad, que
sugieren posiblemente la existencia de algún
problema neurológico
Los desórdenes somatoformes se caracterizan
por la presencia de síntomas físicos, tales como
dolor, ceguera, parálisis, en los que no es
posible identificar una patología o disfunción
orgánica aparente, aunque es evidente su
vinculación con factores psicológicos.
• Los trastornos somatoformes (específicamente el trastorno de
conversión) despertaron un gran interés durante el siglo XIX y
principios del XX.
• Las escuelas de Viena y París, las cuales demostraron que los
síntomas somatoformes podían ser inducidos y eliminados mediante
la hipnosis, sino también por razones de otra índole como,
• Durante esas épocas históricas eran más frecuentes los casos de
conversión histérica, posiblemente porque los determinantes sociales
inducían más condiciones de estrés traumático que en el momento
actual (por ejemplo, guerras frecuentes).
• Lipowski Considera que la somatización no supone una
categoría diagnóstica concreta ni implica que las personas
somatizadoras padezcan necesariamente un trastorno
psiquiátrico. Propone que es posible distinguir varias
dimensiones de somatización:
• 1) duración (la somatización puede ser transitoria o persistente);
• 2) grado de hipocondría (los pacientes somatizadores varían en
su preocupación por su salud y sus síntomas y en el temor o
convicción de que se encuentran físicamente enfermos)
• 3) emocionalidad manifiesta (los pacientes somatizadores
pueden oscilar desde la indiferencia por el malestar somático
que perciben hasta el pánico o la depresión agitada focalizada
en el presentimiento de estar al borde de la muerte, de sufrir
una incapacitación severa o cualquier otro evento negativo
similar);
• 4) habilidad para describir los sentimientos y desarrollar
fantasías (algunos pacientes somatizadores parecen carecer de
tal habilidad, mientras que otros no difieren en este punto de los
no somatizadores).
• No obstante, y pese a esta conceptualización
multidimensional de la somatización y a que los
pacientes somatizadores son un grupo heterogéneo,
Lipowski estima que la característica esencial de
estos pacientes estriba en que frente al estrés y al
arousal emocional exhiben un patrón de respuesta
principalmente somático en lugar de cognitivo
• Distintos tipos de problemas pueden sugerir un trastorno de
síntomas somáticos. Incluyen los siguientes:
• Dolor excesivo o crónico
• Síntomas conversivos (véase el texto entre barras más adelante)
• Síntomas crónicos múltiples que parecen carecer de una
explicación adecuada
• Malestares que no mejoran, no obstante la administración de un
tratamiento que ayuda a la mayor parte de los pacientes
• Preocupación excesiva en torno a la salud o el aspecto corporal
• Cabe diferenciar las somatizaciones en agudas y crónicas3:
• Las somatizaciones agudas se dan en individuos con una personalidad
y un nivel previo de adaptación normales, que debido a un estrés
psicosocial presentan síntomas somáticos. Estos pacientes, sin una
orientación adecuada, pueden llegar a cronificarse.
• Las somatizaciones crónicas se dan en pacientes con un nivel previo
de adaptación insatisfactorio y frecuentes problemas de personalidad,
que presentan desde hace mucho tiempo, un mínimo de 6 meses,
múltiples síntomas físicos inexplicados que les producen mucha
incapacidad.
• Los pacientes con trastornos de síntomas somáticos y
relacionados suelen haber sido valorados (quizá muchas
veces) para descartar algún trastorno físico.
• Estas valoraciones con frecuencia conducen a la realización de
pruebas y tratamientos que son costosos, consumen tiempo, son
ineficaces y, en ocasiones, peligrosos.
• Los resultados de estos tratamientos pudieran traer consigo
tan sólo un reforzamiento de la creencia temerosa del
paciente en alguna enfermedad médica inexistente.
• En algún momento, el personal de atención de la salud reconoce
que lo que está mal tiene un sustento emocional fuerte, y refiere a
estos individuos para que sean sometidos a una valoración de
salud mental.
• Es importante reconocer que, con la evidente excepción del
trastorno facticio, estas personas pudieran no estar simulando sus
síntomas. Con frecuencia creen que en ellos hay algo mal; esta
creencia puede generarles gran ansiedad y disfunción. Sin
desearlo, se infligen un gran sufrimiento, y también se lo general a
quienes les rodean.
• Por otra parte, también hay que recordar que la
mera presencia del trastorno de síntomas
somáticos no asegura que más adelante no pueda
desarrollarse otra afección médica. Estos
pacientes también pueden desarrollar otras
formas de alteración mental.