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¿DE QUIÉN ERES HIJO?

Charles Finney fue un evangelista del siglo 19. Cuando llegó para pastorear una iglesia
que se había quedado sin pastor, subió al pulpito y las primeras palabras que dirigió a la
expectante iglesia fueron: no he venido para agradarles, sino para producirles
arrepentimiento.
Su principal preocupación no eran los años que los creyentes llevaran convertidos o la
experiencia ministerial de cada creyente, su principal preocupación era asegurarse de que
todos los que se congregaban en aquella iglesia, fuesen salvos.
Los siglos 18 y 19 fueron escenarios de grandes avivamientos donde hombres y mujeres
destacaron por la vida que llevaban, y por la predicación sobre el pecado, la santidad, el
cielo y el infierno, y aunque no podemos quedarnos anclados en esa época, si es cierto que
los tiempos que estamos viviendo tanto dentro como fuera de la iglesia hacen necesario
que volvamos a predicar una y otra vez lo que significa ser salvo, lo que es el pecado, lo
que Dios aprueba y lo que le hace vomitar.
Paul Washer dijo: “que el falso evangelio hace que el cerdo se sienta cómodo creyéndose
oveja, mientras se sigue revolcando en el lodo”
Como citaba Finney, mi mayor preocupación y responsabilidad como pastor y predicador,
es asegurarme de que cada persona que oye el mensaje que predico, haya entendido lo que
significa ser salvo.
Tras el estudio concienzudo de 1ª Juan que estamos ofreciendo los miércoles, el Espíritu
golpeó mi corazón con este pasaje. No le voy a aburrir citándole palabras griegas, pero si
que he estudiado este texto palabra por palabra para decirle exactamente lo que el texto
quería decir tal cual como cuando lo escribió el apostol Juan a la Iglesia de Asia:
1ª Juan 3:6-8 Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha
visto, ni le ha conocido. 7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es
justo. 8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio.
Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
I. TODO AQUEL QUE PERMANECE EN EL NO PRACTICA EL
PECADO
V.6) Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le
ha conocido.
La expresión “todo aquel” aparece 13 veces en la 1ª Epístola de Juan.
Nos muestra que el mensaje de Juan es para todos los que tuvieran la oportunidad de
escuchar o leer este mensaje. Sin excepción de personas, sin distinción de títulos
ministeriales, o años de asistencia a la iglesia, sin distinción de edad.
Es como cuando Jesús expresaba “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Así que esta
Palabra, es para ti independientemente de tu nombre, edad, sexo, o experiencia.
Todo aquel que permanece en él: Está hablando de Cristo, de permanecer en Cristo.
Esta palabra aparece 19 veces sólo en la 1ª Carta de Juan lo cual nos hace ver la
importancia que tenía para Juan la permanencia y lo importante que es para el Evangelio.

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¿DE QUIÉN ERES HIJO?

La permanencia de la que habla Juan aquí es méno: y habla de quedarse en un lugar, en un


estado, hacer escala, habla de esperar, de morar, de durar, de perdurar de manera
permanente. Nos habla de perseverancia, de vivir, de retener.
Esto excluye al cristiano emocional, al que no persevera, al que sólo habla pero no vive el
Evangelio, una verdadera relación con Cristo. Al creyente religioso, al que conoce a Dios
de oídas.
Habla del verdadero creyente que tiene una verdadera relación permanente con Cristo. Que
hoy es luz y mañana también. Alguien que vive para Cristo y Cristo vive en él.
No es comenzar una relación con Cristo lo que nos mantiene salvos, sino perseverar en
esa relación hasta el final (Mt 10:22).
Así que Juan está hablando a aquellos que no juegan a ser cristianos, que no apagan su luz
y la vuelven a encender segúan sean las circunstancias. Juan está diciendo:
Todo aquel que permanece en él, no peca: Ya sólo el hecho de permanecer en una
relación perdurable y correcta con Jesús nos librará de pecar. Pero además, la NVI lo
traduce de la siguiente manera: Todo el que permanece en él, no practica el pecado.
Y esto es a lo que realmente Juan se estaba refiriéndo, a no practicar el pecado de una
manera contínua como si no conocieramos a Cristo, como si Cristo no hubiera muerto para
nosotros, como si nada hubiera ocurrido en el momento en el que recibimos a Cristo.
Pero la Palabra de Dios dice: el que está en Cristo es una nueva criatura, las cosas viejas
pasaron y he aquí, todas son hechas nuevas. (2ª Co 5:17).
Esto es de lo que habla Juan, permanecer en Cristo, vivir en Cristo, perseverar en Él,
resultará en una vida santa que nos librará de las ataduras del pecado.
John MacArthur: “Un cristiano no es alguien que dice que cree en Jesús. Un cristiano
no es alguien que ora cierta fórmula de oración. Un cristiano no es una persona que va a
una iglesia o pertenece a alguna institución cristiana. Un cristiano no es alguien que se
siente bien acerca de Jesús o acerca de Dios. Un cristiano es una persona que ha sido
liberada.”
Todo aquel que permanece (persevera, vive de manera contínua) en él (Cristo), no practica
el pecado (de una manera contínua).
No peca, no practica el pecado: Además el énfasis que Juan le da en su idioma original es:
que no practica el pecado en absoluto, de ninguna manera.
Es realmente imposible que aquel que está sometido al Espíritu Santo y esté
permaneciendo en Cristo esté al mismo tiempo sometido al pecado, atado a el.
¿No lo cree así? ¿Cree que estoy siendo muy estricto? La Palabra de Dios es más estricta
que yo…
¿No ha leído Romanos 8:1-9?
Nos habla de que aquel que está en Cristo y tiene al Espíritu Santo en su vida no estará
bajo condenación, la pregunta es ¿está en Cristo? ¿Tiene al Espíritu Santo? No diga que sí

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con rapidez porque lleva asistiendo a una iglesia hace años o porque hizo una oración una
vez, examínese a la luz de las Escrituras:
Romanos 8 nos habla de aquellos que tienen al Espíritu, aquellos que como Juan dice,
permanecen en Cristo, han sido liberados del pecado.
- Nos dice que todo aquel que permanece en Cristo, no anda conforme a la carne
- Nos dice que los que son de la carne (los que no han nacido de nuevo), piensan en
las cosas de la carne, pero si nació de nuevo, si es del Espíritu, de Cristo,
pensarán en las cosas del Espíritu.
- Nos dice que el deseo de la carne, el pecado, su práctica, es enemistad contra
Dios, no se sujeta a la ley de Dios ni puede.
No pueden dejar de pecar, no pueden abandonar el pecado porque no tienen a Cristo ya que
según Juan Todo aquel que permanece en Cristo, no peca, no practica el pecado.
- Romanos 8 nos dice que aquel que vive según la carne, no puede agradar a Dios
(aunque le alabe, aunque se congregue, aunque lea la Biblia) y esto es porque lo
único agradable que puede haber en nosotros es el hecho de que Cristo esté en
nosotros.
- Y nos dice que aquellos que tienen a Cristo y al Espíritu Santo no viven (de
ninguna manera) según la carne… sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de
Dios mora en vosotros.
Y si esto le parece radical, escuche lo que continúa diciendo Juan a la Iglesia:
Todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido: De nuevo la traducción aquí es
todo aquel que practica el pecado y la NTV lo traduce como todo el que sigue pecando.
Ni le ha visto, ni le ha conocido: Ou joráo: en absoluto ha visto a Cristo, de ninguna
manera lo ha discernido o lo ha experimentado. Oudé Ginósko: de ninguna manera sabe
de Cristo, de ninguna manera conoce a Cristo, no reconoce a Cristo, de ninguna manera
tiene a Cristo. Y si sigue practicando el pecado, de ninguna manera puede llegar al
conocimiento de Cristo.
MacArthur: Si no existe un sistema de alarma en contra del pecado habitual en alguien
que profesa ser cristiano, el pronunciamiento de Juan es claro en el sentido de que la
salvación de esa persona nunca tuvo lugar.
William MacDonald: cuando una persona peca habitualmente, ello es prueba concluyente
de que nunca ha sido regenerada.
Matthew Henry: La persona regenerada no puede pecar como pecaba antes de nacer de
Dios, ni como pecan otros que no son nacidos de nuevo. Existe esa luz en su mente que le
muestra el mal y la malignidad del pecado. Existe esa inclinación en su corazón que le
dispone a aborrecer y odiar el pecado. Existe el principio espiritual que se opone a los
actos pecaminosos. Y existe el arrepentimiento cuando se comete el pecado. Pecar
intencionalmente es algo contrario a él.
Usted puede discutir esto conmigo, pero la Palabra de Dios es clara y contundente.

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II. EL QUE ES JUSTO PRACTICA LA JUSTICIA


V.7) Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
Nadie os engañe: planáo: nadie os extravíe, os seduzca, o haga vagar, errar o descarriar.
Lamentablemente muchas personas están siendo engañadas por el falso evangelio.
Vagar: Ir una persona por distintos lugares sin un destino fijo; Ir una persona por
distintos lugares sin encontrar una cosa que busca.
Muchos están vagando debido al engaño, al tipo de Evangelio que han escuchado. Muchos
llevan incluso años asistiendo a iglesias sin haber encontrado la salvación porque han sido
engañados y el mensaje de Juan es: Nadie (ningún hombre, predicador, pastor) os engañe,
os haga vagar sin encontrar lo que buscas.
¿Y cómo sabemos que no hemos sido engañados, que no estamos vagando?
El que hace justicia es justo, como él es justo: El que “practica” la justicia. A diferencia
del hombre anterior que practica el pecado, este practica la justicia, lo que es justo, la
dikaiosúne: lo que es equitativo con la vida o el don que ha recibido.
Pero no está diciendo que por hacer justicia usted será justo, sino que por cuanto es justo,
practicará la justicia como resultado de ello.
Usted es justo, como Cristo es justo, y por lo tanto practicará la justicia: Las palabras
griegas utilizadas por Juan nos muestran que lo que uno es, hace como propio de su
naturaleza.
No es simplemente algo que hacemos y aparentamos ser justos, sino que la permanencia en
Cristo, la sumisión al Espíritu Santo por medio del arrepentimiento y la entrega ponen en
nosotros una nueva naturaleza justa, santa, pura que aborrece el pecado y por lo tanto, es
algo que forma parte de nuestro ser. O se es justo o no. Y Juan dice que el que es justo,
practica la justicia (lo contrario al pecado).
Y el que no lo es, se evidenciará por las obras de la carne que según Pablo, son manifiestas
(no se pueden esconder, revelan lo que somos).
Adrian Rogers: Una prueba para saber si usted es salvo no es ver si puede pecar o no,
sino ver si puede pecar y simplemente ignorarlo u olvidarlo. Si usted es salvo, el Espíritu
Santo no le permitirá ignorarlo ni olvidarlo. El Espiritu Santo pondrá su dedo en la llaga
y hará presión.
Juan está diciendo que en esto, podemos ser engañados, extraviados, y está hablando de los
falsos maestros que como en aquel tiempo, también hoy están abundando. Personas que
minimizan el pecado y sus consecuencias, que predican que se puede seguir siendo un
discípulo de Cristo aún cuando no se ha abandonado el pecado.
Y Juan nos está diciendo: Nadie os engañe…
III. EL QUE PRACTICA EL PECADO ES DEL DIABLO
V.8) El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio.
Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

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En este último texto, Juan está confirmando lo anteriormente hablamos. No está hablando
de un creyente que pecó en un momento aislado sea por la razón que sea. Está hablando del
que practica el pecado de una manera contínua, del que tiene el hábito de pecar sea en un
pecado concreto o en muchos.
Ya vimos que si permanecemos en Cristo, en el Verdadero Evangelio, no vamos a
practicar el pecado ni el Espíritu Santo nos va a dejar hacerlo.
Vimos que aquel que practica el pecado de manera contínua, no ha visto a Cristo (aunque
diga lo contrario).
Juan 3:3 De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el
reino de Dios.
Su pecado contínuo es una prueba de ello, su pecado no arrepentido no le deja ver a Cristo,
no le permite experimentarlo, porque el pecado nos mata y nos separa de Dios.
Si continúa practicando el pecado, dice Juan, no ha conocido a Cristo, y por lo tanto, según
Juan 17:3 y muchos otros textos, usted no tiene verdadera vida eterna, diga lo que diga.
Juan dice ahora: el que practica el pecado es del diablo:
Si lo dijera yo, en cualquier contexto, me juzgarían de legalista o demasiado estricto,
menos mal que es la Palabra quien lo afirma y no yo.
Juan está usando la misma palabra gr estí para hablar de naturaleza, de ser. Así como la
naturaleza del que practica la justica es justa porque hace lo que es, el que es del diablo, no
puede hacer otra cosa que pecar, practica el pecado, vive para el diablo porque es del
diablo, nunca ha sido redimido.
Porque el diablo peca desde el principio: Desde que se reveló contra Dios, desde que fue
echado del cielo y arrojado a la tierra su naturaleza es pecar, revelarse contra Dios y
aquellos que le pertenecen hacen lo mismo y seguirán haciendo lo mismo aunque vayan a
una iglesia, aunque oren, aunque lean la Biblia, a menos que sean regenerados por medio
de Cristo y del Espíritu Santo.
Jesús mismo dijo en Juan 8:34 De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace
pecado, esclavo es del pecado. Doúlos y Déo: Hablan de alguien que está atado,
encadenado, preso o sujeto al pecado como lo sería un esclavo a sus cadenas.
También Jesús se refirió a los religiosos de su tiempo diciéndoles Si fueseis hijos de
Abraham, las obras de Abraham haríais (Juan 8:39)  Pero les dijo que eran hijos del diablo
porque hacían las obras del diablo (Juan 8:44).

Recuerda que el falso evangelio te hace vagar, te extravía, te hace dar vueltas sin llegar a
verdadero destino. Te hace creer que eres creyente aunque nunca hayas abandonado tu
pecado. El falso evangelio no ofrece libertad porque no tiene poder para hacerte libre.

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¿DE QUIÉN ERES HIJO?

Si usted está atado a su pecado, se llame como se llame. Si anda practicando el pecado, si
no puede abandonar su pecado, el Verdadero Evangelio le dice hoy que usted es un
esclavo del pecado que no ha visto ni conocido a Cristo y que es del diablo tal y como
puede leer tambien en Ef 2:1-3 y esa es la razón por la que no puede dejar de pecar.
Si usted recibió la vida de Cristo, no andará en sus delitos y pecados, no andará siguiendo
la corriente del mundo. Pero si sigue la corriente del mundo, si sigue pecando, está
siguiendo al principe de la potestad del aire, al espíritu que opera en los hijos de
desobediencia.
Si vive en los deseos de su carne haciendo la voluntad de la carne por mucho que usted
diga que es cristiano, es por naturaleza, hijo de ira o como otras versiones dicen, objeto del
enojo de Dios.
Necesita convicción de pecado, necesita seriamente arrepentirse de su pecado y
abandonarlo de una vez por todas.
Es usted un esclavo del pecado, y un esclavo no es un miembro permanente de la familia
(Juan 8:35).
Si está atado a hábitos pecaminosos que le alejan de Dios, que le producen muerte, y que le
condenan. Si es capaz de ver su pecado, de confesarlo y si desea ser un verdadero hijo de
Dios, el apóstol Juan termina esta porción con una buena noticia:
Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
Para esto, para este propósito, para estas personas, para las que están atadas, para las que
no pueden vencer, para las que viven dominadas por el pecado, apareció el hijo de Dios:
Cristo no vino para los que están sanos, sino para los que están enfermos, para los que
están oprimidos por el diablo y por el pecado.
Para esto Cristo dejó su gloria, se encarnó. Para esto vivió una vida en obediencia, para
esto murió en la Cruz, para esto resucitó.
Para deshacer las obras del diablo: lúo: para destruir, quebrantar, derribar. También
traducido como soltar de las cadenas, abrir, liberar.
No tienes porqué seguir viviendo sin Cristo, sin esperanza, sin gozo, sin vida. No tienes
porqué vivir siguiendo los deseos de la carne, del diablo. No tienes porqué seguir llevando
esas cadenas.
Es exactamente lo que dice Hechos 10:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con
poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los
oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Satanás te tiene oprimido, esclavo del pecado, la mentira, la fornicación, el vicio, pero
Cristo ha venido para hacerte libre si tan sólo eres capaz de reconocer tu pecado,
confesarlo en arrepentimiento y pedirle a Cristo que te libere haciéndote un verdadero hijo
de Dios.