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traducciónde

CHRISTOPHER MICHAEL FRAGA

conlacolaboraciónde
IRLANDA VILLEGAS
GUNTHF.R DIETZ
Instituto de Investigaciones en Educación
UniversidadVeraerazana

grupo editorial
siglo veintiuno
siglo xxi editores, méxico
CERRO DELAGUA 248. ROf4EB0DE TERREROS. 04310NcXJCO. 0F
vAw/.sgksoóedilOfes com mx
siglo xxi editores, argentina
GUATEMALA 4824. C 14258UP, BUENOS ARES. ARGENTINA
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anthropos editorial
LEPANT 241 243. 08013BARCELONA. ESPAÑA
vAw/.anthtopos-edtoriai c a n
UNAEDUCACIONESTETICA
ENLAERADELAGLOBALIZACIÓN
por
GAYATRI CHAKRAVORTY SPIVAK

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METROPOLITANA editores
BH61
S6518
2017 Spivak, Gayatri Chakravorty
Unaeducaciónestéticaenlaeradelaglobalización/ por Gayatri ChakravortySpivak; traducción de
Christophcr Nlichael Fraga ; con lacolaboración de Irlanda Villegas, Gunther Dieta. —Ciudadde México:
UniversidadNacional Autónomade México, Dirección General de ArtesVisuales, Institutode Investigaciones
Estéticas: UniversidadAutónoma Metropolitana : Palabra de Clío: Fundación Universidadde lasAméricas,
Puebla :SigloXXI Editores, 2017.
566p. - (Serie Zonacrítica)
Traducciónde: Anaestheticeducationintheeraofglobalization
ISBN-13: 978-607-03-0863-5 (SigloXXI Editores)
ISBN-13: 978-607-02-9510-2 (UNAM)
ISBN-13: 978-607-28-1115-7 (UAM)
ISBN-13: 978-607-97546-6-2 (Palabrade Clío)
ISBN-13: 978-607-7690-71-9 (UDIAP)
1. Estética- Estudioyenseñanza- Filosofía. 2. Literatura- Estudioyenseñanza- Filosofía. 3. Culturaygloba­
lización- Filosofía. I. Fraga, Christopher Michael, traductor. II. Villegas, Irlanda, colaborador. III. Dietz, Gunther,
colaborador. IV.t. V.ser
figuras5ay6a20: ©aliccatlie
figuras 27a35: Abdcrrahmane Sissako (director) (2009), Bamako(cinta cinematográfica), Francia: Archipiel 33
figuras 36a39: ©anish kapoor 2017
primeraediciónen español, 2017
©universidadnacional autónoma de méxico
direccióngeneral de artesvisuales, insurgentes sur 3000,
centrocultural universitario, ciudaduniversitaria,
delegación coyoacán, ciudadde méxico, c.p. 04510
institutode investigacionesestéticas
circuitonitro, mariode lacuevas/n, zona cultural, ciudad
universitaria, delegación coyoacán, ciudadde méxico, c.p. 04510
isbn978-607-02-9510-2
©universidadautónoma metropolitana
prolongación canal de miramontes 3855quinto piso,
coloniaex-haciendasanjuan de dios,
delegación tlalpan, ciudadde méxico, c.p. 14387
isbn978-607-28-1115-7
©palabradeclíoa.c.
insurgentes sur 1814, despacho 101,
coloniaflorida, delegación álvaroobregón,
ciudad de méxico, c.p. 01030
isbn978-607-97546-6-2
©fundación universidadde lasaméricas, puebla
exhaciendasantaCatarinamártir
sanandrés cholula, puebla, c.p. 72810
isbn978-607-7690-71-9
DR©2016sigloxxi editores, s.a. de c.v.
cerrodel agua248, col. romerode terreros
04310ciudad de méxico,
isbn978-607-034)863-5
títulooriginal: anaestheticeducationintheeraofglobatizalion
©2012bythe president and fellovvsof harvardcollege
©2012harvarduniversitypress, Cambridge massachusetts; londres
derechos reservados conforme alaley
ParaMaitreyi Chandra
ya lamemoriade
LoreMatzger
hermanas
PRÓLOGO

Esta recopilación de ensayos abarca, por lo menos, veintitrés años. Al mirar atrás,
identifico en ellos lo que Derrida, en la introducción de Psyché, llamó una théoiie
distraite, al descubrir que los ensayos recopilados en su libro compartían algunos
motivos teóricos.1En el presente libro, después de escribir el Prólogo, he buscado,
de manera activa, una teoría distraída (traducción pobre pero atinada) del doble
vínculo (double bind). Siguiendo el adagio: “En la crítica literaria, cuando buscas
algo, loencuentras”, lohe encontrado. El punto es, por supuesto, que ahora siento
que el doble vínculo va mucho más allá de lasugerencia de que al haberlo encon­
trado, una puede ponerlo enjuego. (Apropósito, ése era el problema con el “uso
estratégico del esencialismo”.)
Como sostengo en la Introducción, muchas veces surge en ellos la sugerencia
de que las humanidades son capaces de aprender, de alguna manera, cómo re­
solver los dobles vínculos al ponerlos enjuego. En varias ocasiones he sugerido que
“Three Women’s Texis and a Critique of Imperialism” (texto surgido a partir de
mi experiencia al impartir un curso universitario en 1978 en la Universidad de
Texas-Austin), “French Feminism in an International Frame”, y la traducción de
“Draupadi”con una introducción crítica (los dos escritos como reacción en contra
del reconocimiento de mi pericia “francesa”), y, por último, “Can the Subaltern
Speak?”, representaron el iniciode un nuevorumbo en mi forma de pensar.12El pri­
mer ensayoaquí recopilado, “Lacarga del inglés”, representa la responsabilidad de
tal giro, con lamirada dirigidaami país natal, mi primera presentación profesional
en una institución de educación terciaria en la India. El doble vínculo surge aquí
entre la casta yla clase social, también entendidas necesariamente como la raza y
la clase. La esperanza que aparece al final del ensayo niega reconocer que ciertas
contradicciones entre lo performativo conservado de la indigeneidad yel civiliza-

1Jacques Derrida, Psyché, París, Galilée, 1987, p. 9 [ed. en español: “Psyche: Invenciones del Otro",
trad. M.Rodés de CléricoyW.NeiraCastro, enW. AA., Diseminario:Ladesconstrucción, otrodescubrimiento
deAmérica, Montevideo, XYZEdiciones, 1987].
2Más recientemente en París, en dos ponencias inéditas: “Femmes, langage, culture et politique
á l’heure de la mondialisation postcoloniale”, con Etienne Balibar, Le Merle Moqucr; y“Paroles su­
balternes: Politique culturelle du féminisme et du postcolonialismc”, con Eric Fassin, Ecole Nórmale
Supérieure, París, 25de enerode 2010. Hace poco descubrí algoque puede ser unorigensecreto, pero
¿que séyo?Véaseel capítulosobre el programa de rehabilitaciónen Nayanika Mookheijee, TheSpectral
Wound: Sexual Violence, PublicMemoriaand theBangladesh Warof 1971 (Durham, N.C., Duke Universily
Press, 2011). “French Feminismin an International Frame”y“Draupadi”están recopiladas en Gayatri
ChakravortySpivak, InOtherWorlds:EssaysinCulturalPolitics, NuevaYork, Routledge, 2006, pp. 184-211,
245-269. “Three Women’sTexts" y“Canthe Subaltern Speak?”, los dos en versiones muy revisadas, han
sidoincluidas enSpivak, Críticadelaratónposcolonial:Haciaunahistoriadelpresenteevanescente, trad. Marta
Malode Molina, Madrid, Akal, 2010, pp. 120-152, 245-304.
ÍO PROLOGO
cionismo ni siquiera pueden entrar a laseguridad de un doble vínculo. Duda envez
de esperanza, o, lo arcaico en vez de lo residual. No lo podía ver ni decir en aquel
entonces. Pero la Introducción nos lleva a ese punto.
Esta primera incursión en la educación terciaria india fue seguida de inmediato
por el segundo ensayo del presente libro, “¿Quién demanda la alteridad?”, escrito
en 1987 por invitación de TheStatesman, el diario más antiguo de mi ciudad natal,
Calcuta, que celebraba el cuadragésimo aniversario de la independencia india. Por
alguna vaga razón, no creo que fuera precisamente lo que el periódico buscaba.
Amplié el texto para presentarlo en la serie “Remaking History”de la DiaArt Foun­
dation. Ilubo muchas personas interesadas en asistir. En ese entonces yo vivía en
Pittsburgh. Recuerdo que Gary Indiana, escritor, cineasta yartista visual estaduni­
dense, estaba entre el público. Esamultitud, alamoda en Chelsea, en un momento
en que las fachadas de esacolonia todavía guardaban un aspecto atractivamente lú­
gubre, estaba perpleja frente a la autocrítica de un miembro de la minoría modelo,
antes incluso de que ese término fuese inventado. Aestos dos anfitriones bastante
dispares, ¿les habrá molestado el doble vínculo entre la perspectiva de una minoría
metropolitanaylade una mayoría poscolonial en ese estirayaflojaque seda dentro
de un mismosujeto?
“Cómo leer un libro ‘culturalmente diferente’”, el siguiente capítulo del libro,
fue escrito como respuesta a una petición particular. ABadrel Young, una británica
de ascendencia pakistaní que por aquel entonces daba cursos en una secundaria del
British Council en Ilackney, le tocó El guiade R. K. Narayan como texto para el sa­
lón de clase multicultural. Pidió que yole diese un poco de “mitología hindú”como
contexto. Este ensayo surgió como respuesta. Harish Trivedi, profesor de inglés en
la Universidad de Delhi, quien sigue siendo muycrítico de mi postura poscolonial,
se quejaba de que yo no trato El guía como una novela “india”. No sé hacerlo. ¿Es
un doble vínculo? En el quinto ensayo, “La cultura: situar el feminismo”, cronoló­
gicamente fuera de lugar en el índice, lo hago explícito: “La cultura es su propio
contra-ejemplo irreducible”.
Ruedi Kuenzli pidió que yo presentase el discurso inaugural en el congreso de
la Midwestern Modern Language Association en 1991. Ruedi es una persona enor­
memente concienzuda. Como respuesta a su petición, todo lo que pude sentir fue
una honestidad desesperada, pensando habitar el doble vínculo entre el ser una
calcutense yel ser una neoyorquina. Acababa de llegar a Columbia pero ya había
caído en la seducción ejercida por Nueva York. Hacia marzo de 2011, ya había pa­
sado más tiempo en NuevaYork que en Calcuta. Recuerdo que Leonard Gordon,
mi colegade Columbia University, estaba entre el público. Yosabía que él estaba en
contacto con la comunidad académica bengalí en Estados Unidos. De una manera
poco razonable, yo quería que él viese que, en los comentarios que preparé, no
había ninguna huella de identitarismo bengalí.
Entre los rasgos de laglobalización, reconocer este dilema cultural como un do­
ble vínculo performativo en vez del “doble vínculo”representado de tal forma que
pueda encubrir la contemporaneidad del capital es negarse a reconocer el control
de daños.
PRÓLOGO 11

Creo que “Pedacitos de actuación/Hablar la identidad”, el séptimo ensayo, fue


escrito para un congreso organizado por laUniversidad Nacional de Singapur. Para
mí esa visita ha quedado marcada para siempre por la muerte de mi amigo Bimal
Krishna Matilal. Partía a Singapur desde Bangladés (pues mi vida de “activista”ha­
bía empezado en 1986). Había hablado con Bimal antes de salir de Estados Unidos.
No era posible hablar por teléfono desde Bangladés, dado que yo estaba en una
zona rural. Le marqué tan pronto llegué a Singapur. Yahabía muerto.
Hayun pequeño fragmentosobre flatulencias en el ensayo. Por supuesto que me
davergüenza. Recuerdo que un profesor sudasiático comentó que mi presentación
lehabía parecido unapedorrera. Estoyacostumbrada alahostilidad de los hombres
(ya veces de las mujeres) de mi propia inscripción cultural. En aquel momento no
dije loque ahora puedo escribir.
Bimal Matilal murió de mieloma múltiple. Hacia el final de su vida, su caja torá­
cica había colapsado yejercía presión sobre sus pulmones. Trabajamosjuntos tanto
como le fue posible y, cuando su mente se obnubilaba, él me pedía que le cantara.
Durante todo este tiempo, por lapresión en sus pulmones, creo, sufría de constante
flatulencia, lo cual le daba mucha vergüenza. Para tratar de aliviarle, había sacado
el tema del pasaje de Glas—“laontología no puede aferrarse a un pedo”—que co­
menta sobre Genet, que escribe sobre los pedos, yBimal había mencionado la dis­
cusión de vientos corporales en lapránáyfima. He aquí el doble vínculo entre cuerpo
ymente, el lugar de una ética imposible para el Levinas maduro, el bebé marcado
para la muerte desde el momento mismo de nacer.3
El semestre que presenté “Enseñar en nuestros tiempos”, el sexto ensayo, traba­
jaba como profesora visitante en la Universidad de California en Riverside. Allá la
atmósfera estaba llenade Derrida. Fue allí donde escribí el octavoensayo, “Comple­
mentar el marxismo”. Espero escribir un libro sobre Derrida después de entregar
un delgado libro sobre Du Bois a la imprenta. Ahí tendrán su lugar “Touched by
Deconstruction” [Tocada por la deconstrucción] (2000) y“Notes toward a Tribute
tojacques Derrida” [Apuntes para un tributo ajacques Derrida], dos textos que es­
cribí con este público (mis “compañeros universitarios” [“schoofonates”]) en mente.4
El doble vínculo aquí trata del yoyel otro. Lo he yuxtapuesto con “¿Qué queda (a
la izquierda) de la teoría?”porque da el tremendo doble vínculo entre lo intuitivo
y lo que va en contra de la intuición en el aprendizaje de una teoría hecha para
cambiar el mundo.
Fue escrito como respuesta a la invitación deJudith Butler en el sentido de pre­
sentar una ponencia en el English Institute, con muy poca antelación. Fue un se­
mestre muy movido. Pero mi tremenda lealtad a Butler, lealtad que ha producido,
yque seguirá produciendo mucho trabajo en conjunto, me hizo responder a esta5

5Emmanuel Levinas, Deotromodoqueser, oMásalládelaesencia, 4a. ed., trad. Antonio Pintor Ramos,
Salamanca, Sígueme, 2003.
*“TouchedbyDeconstruction", GreyRoom20, veranode 2005, pp. 95-104; “NotestowardaTribute to
Jacques Derrida”, differences 16.3, otoñode 2005, pp. 102-113, reimpresoconadiciones en Costas Douzi-
nas (ed.), AdíenDerrida, Londres, PalgraveMacmillan, 2007, pp. 47-60.
12 PRÓLOGO
primera llamada. Sin embargo, debería de mencionar también que tengo un exage­
rado respeto hacia el Institute. Sigocreyendo que es el ápice escolar de la profesión.
He llevado conmigo una carga de inseguridad intelectual desde los años de mi
licenciatura debido al sexismo cotidiano, sobre todo cuando es aplicado a mujeres
aparentemente carismáticas. No pude negar una invitación al Institute.
Pero tenía poco tiempo para prepararme. Por lo tanto, tomé la lección que en­
señaba en aquel momento (era sobre Marx) ypermití que me llevara a donde me
llevara. Como era de esperarse, me llevófuera del aula. Estos gestos repetidos hacia
el exterior de la máquina de enseñanza desde el interior son mi auge ycaída.
Imparto este curso sobre Marx desde finales de los años setenta, cuando em­
pecé a dar cursos en la Universidad de Texas en Austin. Leemos más o menos mil
páginas de selecciones de varios textos, en alemán yen inglés, contraponiéndolas.
Las instrucciones son pensar a “Marx”como una figura textual en los escritos, en
vez de leer el texto sólo porque uno lovaa necesitar para algún proyecto de teoría
cultural. Si bien he escrito fragmentos aquí yallá sobre mis experiencias en el salón
de clase, no me puedo imaginar escribiendo el libro que siempre digo que surgirá
de esta experiencia: ¿Puede haber una éticasocialista? Todavía no puedo “imaginar
lo que conozco”.5
En 1981, devastada por la partida de mi querida pareja, presenté una ponencia
en el Whitney Humanities Center de Yale University sobre la injusticia generizada
de La culturadel narcisismode Christopher Lasch.56Un par de años más tarde, como
respuesta auna invitación de Ralph Cohén, presenté una versión extendida (“Eco”,
el décimo ensayo) en la Universidad de Virginia. Yosabía queJacqueline Rose iba
a estar entre el público. Hice mi lectura de Freucl tan cuidadosamente como pude.
Había establecido una profunda amistad con Bimal Krishna Matilal desde 1985. Mi
intercambio intelectual con el profesor Matilal, un hombre que creía que lacrítica
racional índica no era meramente un artefacto cultural sino un instrumento para
filosofar, me permitió entender (o imaginar) a Freud en el contexto de Ovidio de
una manera más generosa. Logré empezar a leer a Freud como un filósofo de la
mente-cuerpo.
En 1992, comenzó otra amistad. AssiaDjebar yyopudimos reconocer una mutua
resonancia. Fue esta escritora de la Argelia mediterránea, musulmana feminista a
quien le ha fascinado la historia del idioma bereber, quien me dio una sensación
del “eco en el origen”.Yala hemos encontrado en “Pedacitos de actuación”.
LaEuropa musulmana, perosólovíaFrancia. ¿Puedo llamarleaesto teoría?Sien­
to que mi uso del psicoanálisis en este ensayo es distinto a su usocomo una taxono­
mía descriptiva. El doble vínculo aquí es más obvio, dado que tiene que ver con el
imperativo de ab-usar, tema que abordo en la Introducción.

5PercyByssheShelley, Defensadelapoesía: Textobilingüe, trad.JoséVicente Selmade la1loz, Barcelo­


na, Península, 1986, p. 57.
6Christopher Lasch, Im cultura del narcisismo, trad. Jaime Collyer, Barcelona, Andrés Bello, 1999
[1979].
PRÓLOGO 13

Ya introduje una consecuencia de ello como mirando hacia el país natal. El si­
guiente ensayo, “La traducción como cultura”, tematiza este doble vínculo, ysu­
giere desde su misma estructuración que se puedejugar con él en ambos sentidos.
Por un lado, una profesora “diaspórica”del inglés en una universidad y, por el otro,
una ciudadana india de clase alta, hindú de casta yde orientación radical; de las
dos hay a montones, por así decirlo. Por supuesto que queda a los lectores captar
las inesperadas asimetrías de este deliberado cambio de voz, meramente citado.
Presenté la primera parte como un discurso inaugural en el congreso anual de la
International Association de Commonwealth Literature (iacl ) en Oviedo, España.
Explico la procedencia de lasegunda dentro del texto.
Paraseguir, he elegido“Traducir al inglés”, donde el doblevínculo trata de cómo
habitar laposición lectora cuando una eslalectora implícita publicada y, desde lue­
go, el alarmante doblevínculo de traicionar alalengua materna al remitirla alafor­
ma idiomática global. Coloco “Nacionalismo e imaginación” exactamente al lado,
porque tal yuxtaposición volvióclaras estas asimetrías, pues ese congreso de la iaci.
tomó lugar en terreno conocido: Hyderabad, la India. (Una versión revisada para
una presentación en Bulgaria fue editada como Nationalismand theImaginationpor
Seagull Books en 2010; luego fue traducida al francés yeditada por Payot en 2011.)
El doble vínculo que describoahí oscila entre loprivado no derivado yla tremenda
función publica del nacionalismo. El problema aquí es que sí habitamos ese doble
vínculo no reconocido; si lo reconociéramos destruiríamos dicha habitación. Una
de las razones por las cuales hayque valerse de él para complementar laglobalidad.
La esperanza contra todo pronóstico.
En mi primer seminario con Paul de Man en 1961, di una ponencia sobre Ra-
bindranath Tagore. El es un recurso invariable para los bengalíes tanto en el ex­
tranjero como en su país natal. En mi primera presentación en la India, se habrá
notado, hablé de Tagore. Dados todos los doblesvínculosque estoydescribiendo, no
es de sorprender que, de entre toda la ficción en prosa de Tagore, la que más me
conmueva sea Gora. Meparecía imposible, por supuesto, no intentar el análisis con
la diada Kim/Gora. Me molesta mucho que Gorase enseñe en su traducción común
ycorriente al inglés, simplemente como una narrativa del nacionalismo, ejemplar,
fuera del itinerario variado de Tagore en prosayverso. Sin embargo, sin una tradi­
ción de enseñanza del bengalí, ¿podría ser distinto?
Intentándolo con valentía, yo enseñé Gora/Kimen un curso de narrativa en Co­
lumbia University. No me cabe duda alguna de que no fui capaz de comunicar más
que los usuales clichés del discurso colonial.
La Society of Fellows de Columbia Universityes, en buena medida, una organi­
zación tradicional. Como tal, ymuy apropiadamente, no ha buscado involucrarme
en sus operaciones. Ann Waters, alumna de Nicholas Dirks en la University of Mi­
chigan, fue miembro de laSociety durante un año. Ainvitación suya, presenté una
ponencia en la Society, por primera yúltima ocasión. El curso sobre Gora/Kimfue
el tema de mi ponencia.
Cuando Sugata Bose de Tufts University me solicitó dictar una ponencia en un
congreso de despedida para Amartya Sen (quien partía de Harvard para ser el úni­
»4 PRÓLOGO
co maestro no blanco en Trinity College, Cambridge, durante cierto periodo), “Re­
sidente extranjera”, el decimocuarto ensayo, era el único texto apropiado que tenía
a la mano. Supongo que debe haberme pasado por la mente que tanto Sen como
yoéramos residentes extranjeros en Estados Unidos. Entre ese público conformado
por historiadores ycientíficos sociales especializados en Asia del Sur, la ponencia
pareció algo bochornoso. Elegí colocar en este punto “Ética ypolítica en Tagore,
Coetzee yciertas escenas de enseñanza”, yaque sitúa tanto aSen como a Tagore. El
doble vínculode la historia se aloja en el futuro anterior, los inesperados resultados
de la educación activista; pero también en esa oscilación entre la coerción yel con­
sentimiento en laenseñanza. He aquí el doblevínculo más grande, lamayor prueba
en contra de la posibilidad de una sociedad justa, que mantiene mi vida entera
como una gran pregunta sin respuesta: ¿se puede complementar el vanguardismo?
En Gora, Tagore tematiza la complementación del vanguardismo al remover a
Gora de lavanguardia hindú; pero Gorasiguesiendo la representación desde arriba
de un residente extranjero. En el siguiente ensayo, “Imperativo para reimaginar
el planeta”, intento imaginar a los de abajo que quisieran ser ciudadanos. Es una
puesta en imaginación distinta a lade “Enseñar en nuestros tiempos”, yresponde a
otro tipo de demanda.
Endiciembre de 1997, mi querido amigoWilli Goetschel me hizoel inusual honor
de solicitarme pronunciar el discurso para inaugurar el giroque daba una fundación
llamada Stiftung Dialogik, desde el asilo del Holocausto, hacia el multiculturalismo
migrante, ensu natal Zúrich. Actualmente, Goetschel es el presidente de laStiftung,
pero en ese momento el presidente fundador, Hermann Levin Goldschmidt, cuya
esposa, Mary, había sido la fundadora inicial de esta ruta de asilo específica, todavía
vivía. Allá tampoco dije exactamente lo que el grupo quería. Pero, tal ycomo relato
en el texto, el genio de Goldschmidt me permitió responder a esa discrepancia.
Repitoque me resulta tediososeguir hablando interminablemente sobre mi dias-
poricidad particular. Pase lo que pase, no puedo pensar en lo que antes se llamaba
la “fuga de cerebros”ni como exilio ni como diáspora. Creo que, como intelectual
literaria, estoyaquí para usar mi imaginación, no sólopara imaginar el dilema de la
diáspora, el exilio, el refugio, sino también para negar rotundamente que el desti­
no manifiesto de Estados Unidos es dar asilo al mundo (o pretender que lo hace).
Como tal, a menudo tengo que enfrentarme con la pregunta de “hablar por”gru­
pos que no son el mío.
He respondido a esta pregunta tantas veces que una referencia particular sería
absurda. Pero parece que nunca me escuchan. Permítaseme repetir, entonces. ¿Por
qué esque este modelo, heredado de laIlustración, de lademocracia parlamentaria
(es decir, representar aun electorado, “hablar por”él) se havuelto el modelo maes­
tro para rechazar el trabajo académico diaspórico? ¿Por qué se ha quitado el impe­
rativo de imaginar al otro de una manera responsable? Es necesario reflexionar so­
bre la respuesta, por favor, cuando se lea esta parte. Esta súplica ya estaba presente
en la primera versión de este libro, que surgió hace diez años. Actualmente ubico
el doble vínculo como entre la inutilidad de lavida humana (la planetariedad) yel
impulso de ser útiles (la mundialidad).
PRÓLOGO »5
En laprimavera de 1998, impartí un seminario dedicado alalectura para univer­
sitarios a punto de terminar la carrera. Era un grupo muy reducido ylos alumnos
eran excepcionalmente concentrados ymuy listos. La lectura de Lucy que se pre­
senta es una relación de la manera en que leimos la novela en ese curso. Si se lee
“Cómo leer un libro ‘culturalmente diferente’”en el modo de larecuperación de la
imaginación “para el salón de clase multicultural”, “Thinking Cultural Questions”
se lee en el modo formalista para el alumno de literatura en lengua inglesa. Lo
escribí en la British Library de Londres, durante los nueve días planeados que yo
tenía que esperar aque lainundación retrocediese de Dacaafinde que pudiesevia­
jar a Bangladés. Ensu formaactual, “Leyendocon Stuart Hall en términos literarios
‘puros’”, se relaciona con el trabajo de Hall porque seeditó posteriormente en una
antología en homenaje suyo. Fue en 1996cuando empecé a reivindicar laenseñan­
za de la crítica literaria inglesa en el nivel universitario. Era lo que mis profesores
en la Universidad de Calcuta me habían enseñado a hacer. Ustedesjuzgarán si fue
ono buena opción. Aquí el doble vínculo se sitúa entre la “verdad”yla retórica.
“El doble vínculo empieza a hacer efecto”, antes llamado “Moral Dilemma”, en­
cuadra este giro más pedagógico-administrativo. Debería de interesarle al lector
general que he podido leer algunos fragmentos de este texto frente a los alumnos
de mi curso universitario de historia de crítica literaria para explicarles larazón por
la cual no puedo impartir un curso breve normal. También me gustaría agradecer
a Emily Donaldson, alumna en aquel curso en 1998, quien me inspiró al afirmar:
“Profesora Spivak: no es difícil obtener un 9 en su curso; es difícil incluso obtener
un 8”. Los alumnos me han explicado posteriormente que, cuando mis colegas más
famosos imparten sus cursos breves, los imparten como “cursos fáciles con pocos
requisitos”, para que los alumnos de especializaciones más “difíciles”o los alumnos
que están preparándose para estudiar Medicina o Derecho, puedan pasarlos fácil­
mente yasí obtener loscréditos necesarios. Esto me dio una pista de lo cercano que
están esas operaciones de la trivialización de las humanidades yla privatización de
laimaginación. También me gustaríaagradecer aChristopher Brady, el único alum­
no de una carrera científica (Biología) que perseveró a lo largo del curso entero,
si bien se vio obligadoa aceptar créditos sin calificación porque el curso fue dema­
siado exigente. Debería de ser obvio que una no puede habitar este doble vínculo,
convertirlo en el vínculoúnicode descripciones de curso.
Los ensayos que siguen han reptado hacia el tipo de duda que finalmente surge
en la Introducción. Aquí me es más fácil tabular. “Terror: un discurso después de
Septiembre 11”: entre modelos existentes del derecho secular y la necesidad de
abarcar la intuición de lo trascendental. “Harlem”: entre el desarrollo yel impulso
a resistir (esto tendrá una expresión más completa en mis ponencias sobre Du Bois,
presentadas en Harvard en noviembre de 2009). “Especulaciones dispersas en tor­
no alosubalternoylopopular”:entre lasubalternidad como posición sinidentidad
yel afecto identitariomasivode un compromiso concasos específicos de lasubalter­
nidad. “Sistemas mundo ylo criollo”y“Repensar el comparatismo”hacen explícito
el doble vínculo en el seno del comparatismo; pienso en la muerte de ladisciplina
precisamente por esesentido más extremo de un doble vínculo. En “Loque está en
i6 PROLOGO
juego en una literatura mundial”es una canción subalterna laque hace explícito el
doble vínculo que lo repetirá como todos los demás doblesvínculos del libro.
“Signo yhuella”y“Rastreando la piel del día” son ensayos de catálogo. Ambos
hacen explícito el doble vínculo que se encuentra en el deseo de poner la huella en
signo, mientras que la huella encuentra una salida al renunciar a la verbalidad por
completo, perojamás con éxito total.
El género es la palabra final. Descífrense los dobles vínculosque están ahí, sencillos
e imponentes.
INTRODUCCIÓN

La globalización sucede sólo en el capital yen los datos. El resto es control de da­
ños. El dominio sobre lainformación ha arruinado la capacidad de saber yde leer.
Por consiguiente, realmente no sabemos qué hacer con la información.1Muchos
proyectos insuficientemente analizados cobran existencia simplemente porque ahí
está la información. El crowdsourcing—es decir, la colaboración abierta ydistribui­
da—remplaza a la democracia. Las universidades se vuelven adjuntos de lo que se
conoce como la sociedad civil internacional; las humanidades ylas ciencias sociales
imaginativas muerden el polvo. Aestas alturas, algunos de nosotros nos empeñamos
en recordar que el legado de la Ilustración europea es laDuda. La ilusión (o la falta
de ella) yel nacionalismo sentimental (o el globalismo posnacional ysentimental)
conforman ese sitio donde seubica gran parte de nuestro mundo. El presente libro
trata de deshacer de manera productiva otro legado de la Ilustración europea —la
estética—. Deshacer de manera productiva es una tarea difícil. Hay que examinar
cuidadosamente las fallas tectónicas del hacer, sin acusar, sin excusar, sin perder de
vista el uso. Siempre guardo esto en mis pensamientos, pero debo confesar que en
esta época del mantra de la ilusión, deshacer la Estética, otrora prima de la Duda,
provoca que la presente Introducción sea menos optimista que los capítulos de este
libro, capítulos en los cuales, en los tiempos oscuros, la ilusión aún parecía una
valiosa alternativa.
Los capítulos en sí son en elogio al aprendizaje del doble vínculo (double bind)
—yno sólo al aprendizaje sobre él. Dada la necesidad de las humanidades de apo­
yarse en el mundo académico, este elogio continuo conducía a menudo a la convic­
ción de que las humanidades pudiesen de alguna manera aprender cómo resolver
los dobles vínculos al ponerlos enjuego. Pero el hecho de que tales convicciones
sean compartidas, en distintos registros, no sólo en las humanidades, y que esos
otros modos de manejar el saber se puedan hacer más congruentes con las axiomá­
ticas del capitalismo electrónico, han desplazado las bases de tal convicción.
La presuposición más perniciosa hoyen día es que laglobalización ha alcanzado
felizmente cada aspecto de nuestras vidas. La globalización sólo puede ocurrirle al
aparato sensorial del ser experimentador en la medida en que siempre ha estado
ahí, implícita en sus contornos evanescentes. Lo único que puede seguir preparán­
donos para esto es una educación estética, el pensar una contemporaneidad irregu­
lar ysólo aparentemente accesible que ya no puede ser interpretada según polari­

1Obsérvese un ejemplodel respaldoprovenientede losmedios decomunicación populares: “Puede


ser que el caminoal saber verdaderoconsistaen esforzarnos asalirdel Internet”, PeggyOrenstein, “The
WayWe Live Now: StopYourSearch Engines”, NewYorkTimesMagazine, 25de octubre de 2009, p. 11.
[17]
1 INTRODUCCION
dades cómodas yen boga tales como modernidad/tradición, colonial/poscolonial.2
Todo lo demás inicia ahí, en ese espacio que nos permite sobrevivir en lo singular
ylo no-verificable, rodeados de las consolaciones letales ylúgubres de la elección
racional. Otros tipos de saber institucional implícitamente presuponen esta base.
¿Cómo es la índole de esta educación estética? No puede haber una fórmula glo­
bal para ella. En el presente libro, yo, que me muevo con mayor comodidad en las
instituciones de la educación terciaria, propongo una idea que se podría describir
como un sabotear a Schiller.34
Cuando el manejo del saber intenta, sobre estas bases movedizas, deshacer el
doble vínculo ylo nombra la práctica de la sustentabilidad —hacer el mínimo de
algo para hacer el máximo de algo más—estamos ante un desplazamiento de la
transformación schilleriana de la filosofía crítica de Kant, tema en el que me de­
tendré más adelante. Tales cálculos, que cuadran de arriba para abajo, también
pueden explicar la razón por la cual Kant dice que la “mera razón”es moralmente
perezosa. El mundo requiere un cambio epistemológico que reorganice losdeseos/
Lacontemporaneidad global lorequiere. También esto forma parte de nuestra pre­
ocupación en el presente libro.
Antiguamente, la versión de la sustentabilidad proveniente de las humanidades
se trataba de maximizar la capacitación imaginativa yde minimizar la aturdidora
uniformización de la globalización. (Se pueden encontrar claves para ello en el
movimiento romántico de la poesía británica.) Mientras intentábamos lograrlo, la
universidad globalista de Estados Unidos, cada vezmás corporativizada yambiciosa,
vigilaba la minimalización de las humanidades ylas ciencias sociales —para realizar
el máximo de alguna versión de laglobalización.5Al esgrimir los presentes ensayos,

2Claus Offe esconsciente de estacontemporaneidad. Al pensar en Europa Oriental como “ejemplo


singular”, la denomina como una simultaneidad yun dilema. En la globalización, todo sitioes contem­
poráneo pero también singular. Nosotros, por lo tanto, la llamamos un doble vínculo. OÍTe también es
consciente de una necesidad de lo que estamos llamando una “educación estética", pero por supuesto
que no lo puede decir. Éstas son las formas bajo las cuales aparece: “En la medida en que los macro-
acontecimientos han asumido una velocidad increíble, la dolorosa tarea de la esperanza paciente recae
sobrelos individuos”y“¿esposible, mediante el empleojuicioso de recursos políticosyreformas institu­
cionales, generareste tipo depacienciaycomportamientocivilizadoahí donde hacen falta?”, “Capitalism
byDemocratic Design? Democratic Theory Facing the Triple Transition in East Central Europe”, Social
Research58.4, invierno de 1991, pp. 869, 872, 887, 888.
5 Derrida tiene razón al escribir que launiversidad moderna, dondequiera que sea, es unavariación
del modelo europeo medieval. Jacques Derrida, La universidadsin condición, trad. Cristina de Peretti y
PacoVidarte, Madrid, Trotta, 2002. He aquí el extracto de un correo electrónico que le escribí al vice­
rrector de la Universidad Mahatma Gandhi en Kerala: “Hace poco me invitaron aparticipar en las insti­
tucionesélite de educación terciariaypos-terciariaen laIndia, donde el inglés (que, desde mi punto de
vistatambién es un idioma indio) puede ser entendido. Si bien es ahí donde me siento más en casa, por
lapresenciade inteligenciascríticas talescomolasdeSanal MohányThomasjoseph (ymuchosotros, no
cabeduda), no puedodetenermeallá por mucho tiempo, precisamente por esa razón.”Schiller también
sesiente comoen casaahí. Sabotaje afirmativo.
4Senota que Obama reconoce estode modo minimalista en sunombramientode economistas con-
ductuales a fin de transformar los deseos de los consumidores, Benjamín Wallace-Wells, “Cass Susstein
Wants toNudge Us”, NewYorkTimesMagaiine, 16de mayode 2010, pp. 38-44.
5En un ámbito más amplio, nuestra simpatía se inclinaría hacia alguien como Lucio Flávio Pinto,
INTRODUCCION !9
esa tendencia no había alcanzado su pleno florecimiento. Algunos de nosotros está­
bamos al inicio de la construcción de instituciones en ambos extremos del espectro,
con ilusión yconfianza cautelosas. Apesar de que estaban teniendo lugar la guerra
del Golfo (1991) y luego la guerra en Iraq (2003-), el peculiar “fin” de la guerra
fría, una conclusión extraída de manera quizás demasiado rápida de la implosión
de la Unión Soviética, todavía parecía dar algo con qué trabajar. Actualmente la co­
yuntura ha avanzado —los movimientos sociales globales se han internacionalizado
completamente en una alianza con la feudalidad del Norte. Las humanidades ylas
ciencias sociales son periféricas allá arriba—. La única ilusión, para mí, queda en
el extremo subalterno; y ¡así no se puede conformar un libro por publicarse [en
Estados Unidos], en una editorial universitaria! Aquí el único vínculo puede ser
trabajar con un cierto Gramsci, pero esa labor es cronológicamente posterior a los
presentes ensayos. Me referiré a él en breve. Será tarea del lector rastrearlo entre
líneas en este libro.
En el cuerpo del texto también hay, de vezen cuando, una convicción no-exami­
nada en la originalidad, desafiante a la historia, de lo aborigen. En el ínterin, me
he dado cuenta de que puede haber surgido de una protección yuna preservación
“feudales”que no eran más que una trampa de la benevolencia primitivista.
Las reconsideraciones ylas aclaraciones que aquí delineo se ven reflejados en la
presente Introducción, yno siempre en el cuerpo del libro. Demando, como siem­
pre, un lector interactivo. La Introducción empieza con el doble vínculo: aprender
avivir con instrucciones contradictorias. Rastrea una trayectoria que vade Kant a de
Man, pasando por Schiller yMarx, donde los nombres propios europeos son meto­
nimias de los cambios de época. En la parte final, la Introducción se mueve hacia
un espacio que contradice la virtud de adquirir el talento dejugar el doble víncu­
lo: la esquizofrenia como figura, reterritorializada yrecodificada. La Introducción
concluye con la exhortación de Gramsci: que se instrumentalice al intelectual en
aras de producir un cambio epistemológico, en lugar de sólo prestar atención a lo
ético, tanto en subalternos como intelectuales.6Invoco el mundo, como algo dado,
empírico, no-examinado, en los intersticios de la Introducción.
El más ubicuo de los dobles vínculos deshace la dicotomía entre individuo yco­
lectivo mediante un pensamiento, de la muerte, que también desharía la dicotomía

quien “tiene sus sospechas frente a las perogrulladas contemporáneas sobre el ‘desarrollosustentable’,
loque aojos suyosnoes ‘nada másque ideología hastalafecha, empleada paradorar lapíldora, suavizar
laopinión pública internacional’ytranquilizar las consciencias de lo que denomina los consumidores
‘coloniales’, tantoal interior comoal exterior de Brasil. Posibilitar que los humanos aprendan ‘maneras
de utilizar’laselvadel Amazonas ‘sindestruirla’esel mayor desafíode la región, diceél”,ReedJohnson,
“On the Beat in the Amazon: BrazilianJournalist LucioFlávioPinto Has Spent More thanFour Decades
TryingtoRight WrongWhile StayingAliveand Out ofJai!”, J a s Angeles Times, 18de mayode 2008, p. F8.
Los comentarios de Pinto implican un proyectoepistemológico practico, un gran desafío.
6 Considero que Gramsci era comunista democrático más que demócrata liberal. Espero que eso
quede claroa partir de las referencias que hagoaquí de él. Para una crítica de laapropiación liberal de
Gramsci, véase a Giorgio Baratta, “Gramsci entre nosotros: Hall, Said, Balibar, Coutinho" en Las rosasy
loscuadernos. ElpensamientodialógicodeAntonioGramsci, trad. Amonio FirenzeyLucasVermal Ahumada,
Barcelona, Bellaterra, 2003, pp. 211-235.
20 INTRODUCCIÓN
entre lo humano y lo animal. “El futuro general nada tenga que ofrecer a la vida
individual, cuyo único futuro cierto es la muerte.”7Si yo pudiese escribir el libro de
nuevo, incluiría lecturas de Dme una adivinanzade Tillie Olsen yde Subscript yLife,
End ofde Christine Brooke-Rose.8Son novelas que se atreven a poner en escena lo
ético-político en general, junto con el envejecimiento yla muerte, relacionándose
sin relación a la práctica textual. ¿Será por el factor Baubo —que las mujeres que
yasuperaron la edad reproductiva pueden mirar a la normatividad reproductiva de
una manera desapasionada—que son textos de ancianas? ¿Una queeñdad pos-nor­
mativa? ¿Será por eso queJ. M. Coetzee selecciona a protagonistas ancianas como
huella del autor en La edaddehierro, ylos textos sobre Elizabeth Costello?9En este
registro tal vez lo literario todavía puede lograr algo. Tal vez no.
Trabájese por favor en este doble vínculo entre la Introducción yel libro confor­
meva leyendo. He proporcionado un Prólogo que traza una trayectoria intelectual:
¿Deberíamos de darle crédito al intelecto del Pro-Pos-facio apisonado por la coyun­
tura, o el optimismo de la voluntad de los ensayos? Nada de sustentabilidad aquí;
dado el momento actual, quien gane, pierde.
En 1992, cuando me pidieron que presentara la primera Ponencia en Homenaje
a T. B. Davie en la University of Cape Town, después de la abolición del apartheid,
sugerí que aprendiésemos a usar laIlustración europea desde abajo.10Usé la expre­
sión “ab-usar”porque el prefijo latino, “ab-”, dice mucho más que “abajo”. Al indi­
car tanto “movimiento hacia otra parte” como “agencia, punto de origen”, tanto
“que apoya”como “los deberes de los esclavos”, plasma de manera concisa el doble
vínculo de los poscoloniales ylos emigrantes metropolitanos frente a la Ilustración.
Queremos las ganancias en la esfera pública ylas limitaciones en la esfera privada
que provienen de laIlustración, pero también debemos hallar algo quese relacione
con “nuestra propia historia” para contrarrestar el hecho de que la Ilustración lle­
gó, tanto a los colonizadores como alos colonizados, a través del colonialismo, para

7Hannah Arcndt, Sobrelaviolencia, trad. GuillermoSolana, Madrid, Alianza Editorial, 2005, p. 42.
8Tillie Olsen, Dime una adivinanza, trad. Antonio-Prometeo Moya, Barcelona, Anagrama, 1984;
Christine Brooke-Rose, Subscript, Manchester, R.U., Carcanet, 1999yLife, Endof, Manchester, R.U., Car-
canet, 2006. Una lectura de Olsen aparece en Spivak, DuBoisReivritesHistory, Cambridge, MA, Harvard
UniversityPress.
9 FriedrichNietzsche, Elgaysaber, o, Gayaciencia, 2a. ed., trad. LuisJiménezMoreno, Madrid, Espasa-
Calpe, 2000, citado yexaminado enJacques Derrida, Espolones: Ix>sestilos deNietzsche, 2a. ed., trad. M.
ArranzLázaro, Valencia, Pre-Textos, 1997. Lasancianas, desdeeste puntodevista, dan miedoporque sus
genitales marchitos, más alláde lasseducciones de lasexualidad, sehan liberado del cautiveriomasculi­
noy, por lotanto, sonsabiassobre lahumanidad. Parece probableque Nietzsche tomarasuinformación
de Clemente de Alejandría, cuya propia fuente, a su vez, para este rito particular de Deméter es poco
definitiva (Clemente de Alejandría, El prolréptico, trad. Marcelo Merino, Madrid, Ciudad Nueva, 2008,
pp. 108-111); para la dudosa procedencia del rito, véase: G. E. Mylonas, Eleusis andtheEleusinianMysfe­
ries, Princcton, NJ, Princeton UniversityPress, 1961; yj. M.Coetzee, Laedaddehierro, trad.Javier Calvo,
Barcelona, Mondadori, 2002; Coetzee, Las vidas delos animales, trad. Miguel Martínez-Lage, Barcelona,
Mondadori, 2001; Coetzee, Elizabeth Costello, trad. Javier Calvo, Barcelona, Mondadori, 2004; Coetzee,
Hombrelento, trad.Javier Calvo, Barcelona, Mondadori, 2005.
10“ThinkingAcademicFreedomin Gendered Posicoloniality", en Gayatri ChakravortySpivak, Space
andPlace, Calcuta, Seagull Books.
INTRODUCCIÓN 2 1

respaldar un “libre comercio”destructivo, yque las brechas de arriba para abajo de


las políticas de los principios de la Ilustración no son la excepción sino la regla."
Esto distingue nuestros esfuerzos de los mejores intentos europeos modernos de
usar la Ilustración europea de manera crítica, hacia los cuales sentimos cierta sim­
patía, ¡losuficiente como para subvertirlos!112Pero “ab-usar”puede ser un engañoso
neografismo que llegue a significar, sencillamente, “abusar”, lo cual debería estar
tan lejos de nuestras intenciones que pensé sacrificar la precisión yla amplitud al
decir, sencillamente, “desde abajo”. Esto también exaspera, pues presupone que
“nosotros”, quienes quiera que seamos, estamos debajo del nivel de la Ilustración.
Otra vez un doble vínculo.1314
La frase “doble vínculo” proviene de Pasos hacia una ecología elela mentede Gre-
gory Bateson, publicado [en inglés] en 1972.HPara empezar, el doble vínculo
era para él una manera de entender la esquizofreniajuvenil de manera cualitati­
va. Sin embargo, Bateson estaba consciente de que “tanto aquellos cuya vida está
enriquecida por dones transcontextuales como aquellos que están empobrecidos
por confusiones transcontextuales se asemejan en un aspecto: para ellos siempre,
o frecuentemente, existe una ‘doble recepción [double take\\" En otras palabras, al
habitar así los dos extremos del espectro, el doble vínculo podría ser generalizado.
En un extremo, la necesidad de un remedio; en el otro, reconocer al sanador. Tam­
bién tenía en cuenta la necesidad de las metáforas-concepto catacrésicas para las
cuales no puede haber referente literal. En su ensayo sobre “Una teoría del juego
yde la fantasía”, define “el juego de dos individuos en determinada ocasión”—el
juego yla terapia—algo que nunca está lejos de loque nombramos una educación
estética —mediante un “diagrama que proviene de la teoría de los conjuntos”—.
Es cuando “la analogía matemática se quiebra” que él sistemáticamente esboza la
11 Considérese Haití, donde el pueblo negro estableció la Libertad, la Igualdad yla Fraternidad; o
Uzbekistán, nuestro compañero en la guerra contra el terrorismo. Para un resumen conciso del caso
haitiano, véase: “Haiti’sLesson”, EconomicandPolitical Weekly45.5, 30de enerode 2010, pp. 5-6; para Uz­
bekistán, véase: CraigMurray, MurderinSamarkand:ABrilishAmbassador’sControversialDeftanceofTyranny
inthe WaronTerror, Londres, Mainstream, 2006.
12 Paraun tratamientobrillante, véase: Diana K.Reese, ReproducingEnlightenment:ParadoxesintheLife
oftheBodyPolitic:LiteratureandPhilosophyaround 1800, NuevaYork, de Gruyter, 2009.
13 Hayque pensar el ab-usode la Ilustración en términos de lapresencia residual/dominante e irre­
gular pero tenazde las políticas de clanen distintas partes del mundo. Kathleen Collins ofrece un resu­
men provocador en ClanPoliticsandRegimeTransilioninCentralAsia, NuevaYork, Cambridge University
Press, 2006. Paraentender laheterogeneidad del abusador, hayque expandir el modelo de la“cultura”
de RaymondWilliams comoladanza de loarcaico/rcsidual/dominante/emergente/oposicional/alter-
nativo/pre-emergente (RaymondWilliams, Marxismoyliteratura, trad. Pablodi Masso, Barcelona, Penín­
sula, 1988, pp. 143-149). Tambiénhayque pensaren lairregularidadde lasviolaciones posibilitadoras de
variedades de imperialismos, yla influencia de laestadunidización-como-globalización colocada sobre
este terreno desnivelado congrupos históricamente específicos como una especiede recipientes. ¿Dón­
de se sitúa el/la intelectual en esta fantasmagoría? ¿Qué significa que Chinguiz Aitmátov, el novelista
“liberal”, respaldaba aAkayev, el físicoque se transformó paulatinamente en el autócrata que manejaba
los clanes yaprobaba la tortura?
14 GregoryBateson, Pasoshaciaunaecologíadelamente, trad. Ramón Alcalde, Buenos Aires, Editorial
Lohlé-Lumen, 1998, p. 302 (de aquí en adelante citado en el texto como EM, seguido del número de
página).
22 INTRODUCCION
manera en que el terapeuta debe trabajar en los límites del doble vínculo de “lo
abstracto” y “lo concreto” (EM, pp. 214-215). En el contexto contemporáneo lo
podemos nombrar el doble vínculo de la universalizabilidad de losingular, el doble
vínculo en el corazón de la democracia, para la cual una educación estética puede
ser una preparación epistemológica, mientras nosotros, los maestros de la estética,
usemos material marcado históricamente por una región, cohabitando con, resis­
tiendo a, yacomodando a lo que nos llega de la Ilustración. Incluso esto requiere
de pujantes iniciativas dirigidas hacia la transformación de las instituciones, que se
ven frustradas por el espíritu burocrático, aceptado arriba yabajo por igual. Sin em­
bargo, hay “el buen maestro”, “el buen alumno”, en camino hacia la colectividad.
La duda yla ilusión...15
En su ensayo Bateson explicó con lujo de detalle la capacitación de la imagina­
ción en términos de una puesta-en-abismo, una serie indefinida de reflejos mutuos:
escribiendo sobre “dilema[s]... [que] no se limita[n]... a los contextos de esqui­
zofrenia” (EM, p. 267), él distingue entre “la gente ylos robots... en el hecho del
aprendizaje... [pasando] de una solución a otra solución, eligiendo siempre otra
solución que es preferible a la que precedió” (EM, 269-270). Él busca “ensanchar el
alcance de lo que hayque incluir dentro del concepto de aprendizaje" por medio de
“serie[s] jerárquica[s] [que] estará[n] constituida[s] entonces por mensajes, mc-
tamensajes, meta-metamensajes, etcétera” (EM, p. 276). Esta “capacitación”, que
es el baluarte de una educación estética, fracasa habitualmente con la religión yel
nacionalismo: “en laborrosa región donde se encuentran yse superponen en parte
el arte, la magiayla religión, los seres humanos han elaborado la ‘metáfora tomada
literalmente’, como, por ejemplo, la bandera por cuya salvación mueren los hom­
bres o el sacramento que se siente como ‘un signo externo yvisible, que nos ha sido
dado’” (EM, p. 210); es notable que Freud menciona las mismas dos cosas —"trono
yaltar”en “El fetichismo”, como los monitores de la ilógica fetichista.16
La capacitación parajugar, es decir la educación estética, fracasa habitualmente
con la bandera yel sacramento, el trono y el altar. Bateson describió el hábito de
una manera nada sentimental. Una línea de practicante lo liga aquí al Wordsworth
de las Baladas líricas, a quien le interesaba deshacer las malas consecuencias episte-
mo/afectivas del capitalismo naciente, ya Gramsci, que buscaba producir el intelec­
tual subalterno a partir del “hombre [iíc] de las masas”en un lugar yun momento
en donde las políticas de clan no se desconocían.17He aquí Bateson:

15 Tal comoquedóclaro, por ejemplo, a partir de “Towarda Common Morality”, la ncurociencia n


nos puede ayudar aquí, si bien socavacon firmeza la plausibilidad del libre albedrío (11 de septiembre
de 2009, Naciones Unidas). Estamos limitados alacapacitación del sujeto individual. En laocasión cita­
da, el máselocuentesobre este temaeraMaxwell R. Bennett, profesor de ncurocienciaenlaUniversidad
de Sydney.
15SigmundFreud, “Fetichismo”, Obrascompletas, vol. 21, trad.José L. Etcheverry, BuenosAires, Amo-
rrortu Editores, 1976, p. 148 (citado en el texto de aquí en adelante como OC, seguido del número de
volumenylapágina).
17WilliamWordsworth, PrólogoaBaladas líricas, edición bilingüe, trad. EduardoSánchez. Fernández,
INTRODUCCIÓN 23
En el campo ele los procesos mentales, nos hallamos muy familiarizados con este tipo de
economía [de adaptabilidadpor ensayoyerror], yde hecho selogra unahorro importante
ynecesario mediante el proceso de formación de hábitos. Podemos, en primera instancia,
resolver determinado problema al sustraerlos del alcancede laoperación estocásticayal de­
legar lassoluciones aun mecanismomás profundoymenos flexible, quellamamos “hábito”.
(EM,p. 286.)
Bateson escribió el pasaje anterior en 1959. Diez años después, en un simposio
sobre el doble vínculo, generaliza el hábito. Aquí la conexión del practicante/filó-
sofo es con el Freud que intentaba ir más allá del principio de placer para llegar a
una “compulsión de repetición en el mundo orgánico [que yace] en los fenómenos
de la herencia y en los hechos de la embriología” (OC 18, pp. 36s.). He aquí, de
nuevo, Bateson:
Superponiendoeinterconectandomuchos circuitosde retroalimentación, nosotros (ytodos
los otros sistemas biológicos) no sólo resolvemos problemas particulares, sino que también
formamos hábitos que aplicamos a la solución de clases de problemas. Actuamos como si
todaunaclasede problemaspudieraresolverseentérminosdesuposiciones opremisas, cuyo
número es menor que el delos miembros de laclasede problemas. Enotras palabras, noso­
tros (losorganismos) aprendemos aaprender... [La] rigidez [de los hábitos] sesiguecomo
corolario necesario de suposición en lajerarquía de laadaptación. Lamisma economía de
ensayoyerror que se logramediante la formaciónde hábitos sólo es posible porque los há­
bitos están comparativamente sujetos a una “programación dura.”... La economía consiste
precisamenteen noreexaminar oredescubrir laspremisasdel hábitocadavezqueseemplea
el hábito. Podemosdecir queestaspremisassonparcialmente“inconscientes”o, si ustedeslo
prefieren, quese ha desarrolladoun hábitode noexaminarlas. (EM,p. 304.)
Lo estético provoca un cortocircuito en la tarea de sacudir este hábito de no
examinarlas, quizás. Dije al inicio que en las etapas anteriores podíamos encontrar
nuestros modelos en el Romanticismo británico. Pero si tomamos lo literario sólo
como una fuente sustancial del buen pensamiento, no cumplimos la tarea de la
educación estética tal como la proponemos: entrar, a cualquier precio, al texto de
otro. De otra forma, notaremos que el proyecto de WilliamWordsworth está pro­
fundamente marcado por su clase social, yque nojuzga el hábito. Queda claro, para
él, que es superior a los demás en su aspecto de poeta, excepcionalmente dotado
con una imaginación excesivamente fuerte, capaz de organizar los hábitos de los
demás. Cito en extenso para demostrar su falta de interés en trabajar con los sub­
alternos, si bien es cierto que sí reconoce el poder del lenguaje “real”de ellos. Su
principal interés es ir cambiando el gusto de los lectores de poesía; su confianza en
los dones “del poeta” (¿la huella del autor?) se expresa de una manera elaborada

Madrid, Ediciones Hipcrión, 1999 (citado en el textode aquí en adelante como BL, seguido de la pági­
na). [Traducción modificada, (t .)]
24 INTRODUCCIÓN
en estos pasajes, al mismo tiempo, repito, que reconoce el poder (¿inconsciente de
sí mismo?) del lenguaje “real”de “los hombres:”
Porque son nuestros pensamientos, como representantes de todas nuestras emociones pasa­
das, losque modificanydirigen lacontinua afluenciade emociones; y,del mismomodoque
reflexionandosobre larelación que esos representantes generales tienen entre sí descubri­
mos loque es realmente importante para los hombres, así también las sensaciones relacio­
nadas con temas importantes se nutrirán de la repeticiónypermanencia de este acto, hasta
que, finalmente, si estamos poseídos desde un principio por una gran sensibilidad innata,
se crearán tales hábitos mentales que, obedeciendo ciega ymecánicamente a los impulsos
de esos hábitos, describiremos objetos yexpresaremos sentimientos de tal naturaleza ytan
relacionadosunosconotros, queel entendimientodel ser al que nosdirigimos, si seencuen­
traen un estadofavorable de asociación, tiene necesariamente que sentirse de algún modo
iluminado, sugustoelevadoysusafectos mejorados. (BL, pp. 41, 43.)
[El poeta] es un hombre que habla a hombres: un hombre, es cierto, dotado de una
sensibilidad más viva, de mayor entusiasmo yternura, que tiene un mejor conocimiento de
lanaturaleza humana yun alma que abarca más de loque comúnmente se supone entre el
génerohumano; un hombresatisfechoconsuspropias pasionesydeseos, yquesealegramás
que otroshombres del espíritudevidaque hayensuinterior; quegozaal contemplar deseos
ypasiones semejantes a los manifestados en los acontecimientos del Universo, yque habi­
tualmentesesiente impulsadoacrearlos donde nolosencuentra. Aestascualidades el poeta
añade unadisposición influida, másque en otros hombres, por cosas ausentes comosi estu­
vieranpresentes; unacapacidadparaevocar dentrodesí pasionesqueverdaderamenteestán
muylejosdeser igualesalasproducidas por sucesos realesyque, noobstante (sobre todoen
aquellas partes de lacomprensión general que son agradables ydeliciosas), se parecen más
alas pasiones producidas por sucesos reales que cualquier otracosaque, de las operaciones
de sus propios pensamientos únicamente, otros hombres estánacostumbrados asentirse en
sí mismos. Por esto ypor la prácdca, el poeta ha adquirido una mayor disposición yfuerza
para expresar loque piensaysiente, yespecialmente esos pensamientos yesos sentimientos
que, por elecciónpropiaypor laestructura de supropia mente, surgen en él sin necesidad
de estímuloexterno... (BL, p. 61.)
Pero, seacual sea lacantidad de esta facultad que nosotros podamos suponer en el más
grande de los poetas, no puede haber duda de que el lenguaje que ella le sugiera debe, en
vivezayen autenticidad, distar mucho del empleado por los hombres en la vida real, bajo
la presión real de esas pasiones, cuyas sombras el poeta produce, o cree que se producen,
dentrodesí. Aunquedeseáramosmantener unaideaelevadadelafuncióndepoeta, esobvio
que, mientras describa e imite pasiones, su situación es completamente servil ymecánica,
comparada con lalibertad ylafuerza de laacciónyel sufrimientoreales. Así pues, el poeta
deseará acercar sus emociones alasde la gente que describe, omejor, introducirse así mis­
mo, quizásdurante cortos espaciosde tiempo, enunacompletailusióne, incluso, confundir
eidentificarsuspropias emociones con lasdeellos, modificandoel lenguaje quede esta ma­
neraseleinsinúateniendoencuentasolamenteque él describeconunaintenciónconcreta:
lade producir placer... (BL, pp. 61, 63.)
Puesto que es imposible que el poeta produzca en todas las ocasiones el lenguaje tan
int r oduc c ión 25
exquisitamente adecuado ala pasión comoel que sugiere la propia pasión, es conveniente
que seconsidere a sí mismoen lasituaciónde un traductor, que secreejustificado cuando
sustituyelasexcelenciasdeotraclase por aquellas queél nopuede obtener ytrataocasional­
mentedesuperar el original conel findecompensarlainferioridadgeneral alaqueél siente
quedebe someterse. (BL, pp. 63, 65.)
Así que puede ser un “hombre que habla a hombres”. Aél, sin embargo, no le
hubiera atraído la tercera tesis de Marx sobre Feuerbach: que ya que no se puede
circunvalar la diferencia de conocimiento entre quien enseña yquien aprende, no
dejar que se desarrolle en una diferencia de poder es una tarea constante que siem­
pre mantendrá la sociedad en el estado de agitación necesario para la liberación.
(La traducción usual de agitación [upheaval\ —Uvnualzurig—tiende a ser “revo­
lución”y no “agitación”, destruyendo así la importante advertencia de Marx: que
hay que educar a los educadores).18La teoría, profundamente individualista, de la
imaginación creativa del Romanticismo en Wordsworth debe quedar como anti-
sistémica.19Gramsci, en cambio, dedica todas sus energías a producir al intelectual
subalterno, al instrumentalizar al “nuevo intelectual”:
La historia del industrialismo ha sido siempre (yhoylo es en una forma más acentuada y
rigurosa) una continua luchacontrael elemento“animalidad”del hombre, un procesoinin­
terrumpido, a menudo dolorosoysangriento, de sometimiento de los instintos (naturales,
oseaanimales yprimitivos) asiempre nuevas, más complejas yrígidas normas yhábitos de
orden, de exactitud, de precisión que hagan posibles las formas cadavez más complejas de
vidacolectivaquesonlaconsecuencianecesariadel desarrollodel industrialismo. Estalucha
es impuesta desde el exterior yhasta ahora los resultados obtenidos, si bien de gran valor
prácticoinmediato, son puramente mecánicos en gran parte, nose han convertido enuna
“segunda naturaleza”... Hastaahora todas las transformaciones del mododeser yde vivir se
han producido por coerciónbrutal... laseleccióno“educación”del hombre adaptadoa los
nuevostiposdecivilización, oseaalasnuevasformasdeproducciónyde trabajo, haocurrido
mediante el empleo de brutalidades inauditas, arrojando al infierno de las subclases a los
débilesya los refractarios oeliminándolos del todo.20

18Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en La ideologíaalemana, trad. WenceslaoRoces, México, Grijalbo,


1987, p. 666. Ahora entiendo que se trata de lafelixculpade Engels (véaseaW.F. Haug, “Gramsci’s ‘Phi-
losophyof Praxis,’”SociatismandDemocracy14.1, primavera-verano de 2000, pp. 1-19). Dermot Ryan ha
señalado el interés que tenía Wordsworth en sistemas educativos innovadores (Dermot Ryan, “Writing,
Imagination, and the Production of Empire fromAdamSmith toWilliamWordsworth”, tesis de docto­
rado, Columbia University, 2007).
19Esposible que Coleridge seamucho más democráticoen este aspecto, yaque suteoría humanista
de la imaginación es una descripción de ser-humano [being-human] para el ser humano {human being]
en general.
20AntonioGramsci, Cuadernosdelacárcel, tomo6, trad. AnaMaría Palos, MéxicoyPuebla, Ediciones
ErayBenemérita UniversidadAutónoma de Puebla, 2000, pp. 78-79 (citadoen el textode aquí en ade­
lante como CC, seguidodel númerode tomoyde página).
26 INTRODUCCION
(Aquí hay que mencionar que Gramsci, al igual que todo proyecto de “educa­
ción”, manifiesta una necesidad de establecer una distinción de una “animalidad”
homogénea. Derrida lo ha analizado con lujo de detalle en El animal queluegoestoy
si(gui)endo.2} Es una negociación que no podemos evitar. Lo vemos en la retórica
puesta en escena de La universidad sin condición, el ensayo de Derrida.2122) Gramsci
yBateson, interesados en la educación yla terapia, no se quedaron satisfechos con
el solo hábito en tanto algo más que la base del cambio epistémico. En efecto, Ba­
teson llegó a pensar en la terapia misma como una especie de doble vínculo: “La
diferencia entre el bind terapéutico yla situación original de doble vínculo reside,
en parte, en el hecho de que el terapeuta no está comprometido personalmente en
una lucha de vida o muerte. Por consiguiente, puede establecer bindsrelativamente
benévolos y ayudar a que el paciente se emancipe paulatinamente de ellos” (EM,
p. 256). Y,ya que su tarea no es epistemológica sino psicológica, se detiene al dejar
muy en claro que el hábito no hace preguntas. Es Gramsci el que insiste, al menos
por implicación, que las premisas de un argumento sí deben ser efectivamente “re-
descubribles”, “re-examinables”, por el hombre de las masas mientras lo educan
para ser un ciudadano. Me tomo la libertad de autocitarme:
Siqueremos “cambiar el mundo”, el alter-globalismodebe pensar enlaeducaciónde losque
estándesprovistos de susderechos civilesen el desinterés en un doblevínculocon el interés
de la lucha de clases: “la tendencia democrática... no sólo puede significar que un obrero
descalificadosevuelve calificado”, escribe Gramsci. Más bien debe significar que "todo ‘ciu­
dadano’puede volverse ‘gobernante’yque lasociedad lo pone, aunque sea ‘abstractamen­
te’, enlascondiciones generales de poder llegar aserlo”.23*25
En un comentario importante sobre Marx, Gramsci distingue entre lo psicológi­
co, lo moral (nuestra palabra sería quizás “lo ético”), ylo epistemológico. Nuestra
tarea es “ab-usar”esta distinción, no para disculpar su aparente confianza sistémica
(contradicho por gran parte de la vacilación de lo que Gramsci escribió desde la

21 Derrida, El animal queluegoestoysi(gui)endo, trad. Cristina de Peretti yCristina Rodríguez Marciel,


Madrid, Editorial Tiotta, 2008.
22Derrida, Launiversidadsincondición, trad. Cristina de Peretti yPacoVidarte, Madrid, Trotta, 2002,
p. 9. Derrida lollama una “profesión de fe”, yasí nos invitaa seguir el encuadre laberínticode laprofe­
siónde lafeoriginal en el Emiliode Rousseau. Nopuede escapar a una versióndel humanismoal hablar
delashumanidades, sinoque tieneque pedir que desviemosese predicamentoatravésdeuna invitación
intertextual.
25 “Western Marxismand the Lcgacy of the NewSocial Movemcnts”, ponencia presentada en el
congresodeActuel Marxsobre el Altermondialisme/Anticapitalisme, Universidadde París-Sorbonne, 5
deoctubre, 2007; presentadacomo“RevisitingPostcolonialism”en el Centre for Cultural Studies, Golds-
mithsCollege, UniversityofLondon, 7de noviembre de2007. Lareferenciaincrustante para el extracto
deGramsci esCC4, p. 379. Cf.JosephStiglitz, El molestarenlaglobalización, trad. Carlos RodríguezBraun,
Madrid, Punto de Lectura, 2007: “Hoy reconocemos que existe un ‘contrato social’ que vincula a los
ciudadanos entre sí ycon su Estado” (p. 152). Los ciudadanos son formados, mediante un aparlheid de
claseque es quebrado por loqueyollamo una “educación estética.”
INTRODUCCION 27

cárcel), ni para acusarlo de lo mismo, sino para ver, en la incorporación de lo epis­


temológico, una manera de leer a Gramsci con “la historia en lalectura”:24
Laproposicióncontenidaenlaintroducción alaCríticadelaeconomíapolíticadequeloshom­
bres toman conciencia de los conflictos de estructura en el terreno de las ideologías, debe
ser considerada como una afirmación de valor gnoseológicoyno puramente psicológicoy
moral. Deahí sesiguequeel principioteórico-prácticodelahegemoníatiene tambiénun al­
cancegnoseológicoypor lotantoenestecampodebebuscarselaaportación máximateórica
de Ilich [Lenin] alafilosofíade lapraxis [esdecir, el marxismo], llichhabría hecho progre­
sar [efectivamente] lafilosofía [comofilosofía] en cuantoque hizoprogresar ladoctrina yla
prácticapolítica. Larealizacióndeunaparatohegemónico, encuantocreaun nuevoterreno
ideológico, determina una reformade lasconciencias yde los métodos de conocimiento, es
un hechode conocimiento, un hechofilosófico. Conlenguajecrociano: cuandoseconsigue
introducir una nueva moral conforme a una nueva concepción del mundo, se termina por
introducir también tal concepción, oseaquesedetermina toda una reforma filosófica.25
La relación entre la educación yel hábito de lo ético es como la relación sin re­
lación entre la responsabilidad yel don que debemos imaginar para dar cuenta de
la responsabilidad —una deducción trascendental sin restricciones, por así decir­
lo—.24256La capacitación para el hábito de lo ético sólo puede ser trabajado median­
te la atención a la tarea sistémica de compromiso o negociación epistemológica.
“Aprendemos a aprender” (en la expresión más general de Bateson) cómo enseñar
a partir del texto histórico-cultural dentro del cual se podría colocar cierto grupo
de alumnos. Por eso Gramsci invoca
la relación activa entre [el intelectual] yel ambiente cultural que él quiere modificar, am­
biente que reacciona sobre el filósofo y, obligándolo a una continua autocrítica, funciona
como“maestro”... porque sólodonde existe estacondición políticaserealiza larelación de
maestro-discípuloen los sentidos más generales arriba mencionados yen realidadse realiza
“históricamente”un nuevotipodefilósofoquesepuede llamar “filósofodemocrático”, osea
el filósofoconvencidodequesupersonalidadnoselimitaal propioindividuofísico, sino que
esuna relaciónsocial activade modificacióndel ambiente cultural.27
Una educación estética enseña lashumanidades de tal manera que todos los suje­
tos están “contaminados”. He insistidoen que esto no me genera mucha ilusión que
digamos en el contexto actual. Permítaseme, al menos, citar la ilusión gramsciana:

24Agradezcoa Stathis Gourgouris, Drearn-Nation: Enlightenment, Colonization, andtheImtitution ofMó­


demGreece, Stanford, CA, Stanford UniversityPress, 1996, p. 45, por estaformulación afortunada.
25 Gramsci, CG4, p. 146.
26 “1.aexplicación de laformasegúnlacual losconceptos aprioripueden referirse aobjetos la llamo,
pues, deducción trascendental de los mismos yla distingo de la deducción empírica [evidencial]”, Kant,
Críticadelarazónpura, trad. PedroRibas, Madrid, Alfaguara, 1978, p. 121 (citadoen el textode aquí en
adelante como RP, seguido dela página). Así serásiempre el sentido en que empleo estafrase.
27Gramsci, CC4, p. 210.
28 INTRODUCCIÓN
El modode ser del nuevo intelectual no puede seguir consistiendo en laelocuencia... sino
en el mezclarse activamente en lavida práctica... superior al espíritu abstracto matemático;
de la técnica-trabajo llega a la técnica-ciencia ya la concepción humanista histórica, sin la
cual se permanece como“especialista”ynosellegaa“dirigente”[especializadoypolítico].28
Acontinuación considero la lección “tecno-científica”, “superior al espíritu abs­
tracto matemático”. Por el momento, recordemos que los cuadernos de cárcel, en
cuanto apuntes para sí mismo pensando en obras futuras, existen necesariamente
en una forma abierta que requiere un conocimiento cuidadoso con los protocolos
del texto. Quisiera proponer que la capacitación de la imaginación que puede en­
señar al sujeto ajugar —una educación estética—también le puede enseñar a des­
cubrir (teórica o prácticamente) las premisas del hábito que nos obliga a trascen-
dentalizar la religión yla nación (tal ycomo loseñalan tanto Bateson como Freud).
Sin embargo, si esto resulta ser nada más que una “reorganización del deseo”o la
sustitución de un hábito por otro mediante una prestidigitación pedagógica, no se
podrá recuperar aquel hallazgo para una continuidad del esfuerzo epistemológico.
Hay que aprender a violentar la diferencia epistémica-epistemológica y recordar
que estoes loque laeducación “es”, yasí mantener la labor de desplazar lacreencia
al ámbito de la imaginación, intentar acceder a loepistémico. El desplazamiento de
la creencia al ámbito de la imaginación puede ser una descripción del acto de leer
en su sentido más firme. También es el elemento irreductible de una educación es­
tética. Aprender, en el contexto de este inicio del siglo xxi, a des-trascendentalizar
la religión y (el nacimiento de) la nación hacia la esfera imaginativa es un don
invaluable. Pero esta función particular de leer también guarda importancia en un
sentido general yduradero. En alguna otra parte he argumentado que este tipo de
educación, acompañado de una cuidadosa consideración del contexto social, pue­
de formar parte de la educación a partir del nivel de educación básica, donde es
aún más formal que sustancial. En el presente libro, tal argumento surge aquí yallá,
pero su ámbito general es la educación terciaria yaquella que se imparte en el pos­
grado, esto es, la reproducción de ciudadanos ymaestros. Es aquí donde utilizamos
el legado de la Ilustración, donde reubicamos lo trascendental fuera de lacreencia,
con una mirada hacia su doble vínculo, ydonde producimos una solución más sen­
cilla: privatizar la creencia, racionalizar lo trascendental. Esta solución particular,
que es ofrecida como la educación liberal tal cual, le queda mejor al capitalismo.
Ya vimos someramente la manera en que Bateson extrae el doble vínculo del
contexto limitado o del sentido restringido de una “enfermedad”mental. En efec­
to, puede ser que se haya vuelto, para él, una descripción general de todo hacer, de
todo pensar cómo hacer, de todo vivir auto-consciente, río arriba del capitalismo,
una cuestión de grados. Las instrucciones contradictorias nos caen encima en todo
momento. Aprendemos a escucharlas ya permanecer en eljuego. Cuando ymien­
tras decidimos, sabemos por lo tanto que hemos quebrado el doble vínculo en un

28 Ibid., p. 382.
int r o d u c c ió n 29

singlebind, por así decirlo, ytambién sabemos que pronto habrá que emprender el
cambio o que las cosas cambiarán: tarea o acontecimiento. Asabiendas de esto, la
típica emoción que acompaña las decisiones —éticas, políticas, legales, intelectua­
les, estéticas, yen efectolasdecisiones de la rutina cotidiana—constituye un amplio
espectro que va desde el arrepentimiento o el remordimiento hasta, por lo menos,
la inquietud o de otra manera, la auto-congratulación seguida de la negación o la
perplejidad. Esto es muydistinto a la ilusión no-examinada que actualmente anima
gran parte de laactividadglobalistayalter-globalista, tantoen Estados Unidos como
entre la élite global.
Pensaré en nuestra relación con la Ilustración europea yel “ab-uso”/ “uso desde
abajo”mediante el modelo gramsciano-batesoniano conforme voy desplegando mi
argumento, ysiempre tendré en cuenta la desigual cliacronía de la contemporanei­
dad global. Esto cuestiona el incondicional énfasis en el legado del Romanticismo
británico yalemán, o el primitivismo feudal ybenévolo del Sur global. También re­
visa, en efecto, el error filosófico de laconfianza en acceder directamente al reflejo
ético, en lugar de insistir en una preparación epistemológica para la posibilidad
de una relación sin relación: el re-ordenamiento reflexivo de los deseos, un reclu­
tamiento de los maestros de lengua yliteratura inglesas que tocan las mentes ylos
corazones de sus alumnos, en contra de los intereses de un capitalismo máximo y
la ciber-competencia no mediada como el mejor de los bienes. Puede que mi re-
territorialización de Schiller sirva como ejemplo de ello.
Por supuesto, la Ilustración también contaba con un fuerte elemento de control
y, epistemológicamente, albergaba un impulso enciclopedista que iba a la par con
el impulso clasificador que parece ser la virtud más potente de la ciencia clásica. El
estudio de la literatura también puede valerse de esto de una manera poco crítica.
No necesariamente está mal hacerlo, pero no es lo que necesita la globalización de
una educación estética como complemento.
Bien se sabe que los estudios literarios se convirtieron en disciplina formal con­
currentemente con el colonialismo. Agrandes rasgos, se puede argumentar que su
construcción como objeto de disciplina yestudio también fue la inauguración de su
agotamiento. En la medida que se volvían cada vez menos útiles para la auto-deter­
minación del capital, empezaron a legitimarse mediante distintas variedades de cien­
tificismo. El estructuralismo estrictoyel análisis del discurso formaron parte de esto
a partir de los años cuarenta. La tendencia actual hacia el análisis cuantitativo per­
tenece al mismo impulso. Por supuesto que se puede estudiar la literatura de tantas
maneras como se quiera. El propósito de una educación estética no se ve auxiliado,
sin embargo, por un cientificismo protector. Todo doble vínculo se ve bien resuelto
ahí bajo un control aparentemente científico.
De vezen cuando estos científicos de laescena de lacrítica literaria dicen que los
defensores de la lectura minuciosa enfatizan la “función del autor”. Por el contra­
rio, los que leen la literatura de una manera minuciosa para ejercer la imaginación
yasíjugar el doble vínculo se interesan, como Bateson, por la forma más que por
el autor. La muerte de la (autoridad del) autor (al establecer la corrección contex­
tual como crítica literaria) es el nacimiento del lector (enfocándose en la práctica
3° INTRODUCCION
de leer) —una buena fórmula de los años sesenta que sigue vigente hoy en día, en
tiempos más pobres. Usaríamos la fórmula como doble vínculo, en vezde entender­
lacomo lucha territorial.
Por conveniencia, presupongamos que la Ilustración europea puede ser metoni-
mizada filosóficamente por la Paz de WestfaliayKant —laintegridad de los estados
naciones, y el uso público de una razón auto-constreñida. He aquí otro límite del
presente estudio. Otras imaginaciones de la Ilustración generarán otras narrativas.
Creo que, mutatis mutandis, se puede usar mi argumento con ellas.29
La Paz de Westfalia anuncia la posibilidad remota de una globalidad parcial
hacia Europa y específica al estado nación, la cual hemos aprendido a reconocer
como el imperialismo europeo, en tanto formación social. Lo que llamamos “la
historia”, sea lo que sea, no es una narrativa continua, salvo en las generalizaciones
metonímicas más amplias. En ese modo, podemos leer el gesto auto-consciente de
Westfalia también como el anuncio del fin simbólico de un mundo antiguo, justo a
lavuelta de la esquina, en sí metonimizable como cambio en el sentido de la pala­
bra “imperio”. El Sacro Imperio Romano, fuese lo que fuese, tuvo que acabarse en
1795, cronológicamente más de cien años después, pero se supone que el cambio
semiótico se lanzó con Westfalia, lugar de nacimiento del Cándidode Voltaire. Las
formaciones imperiales otomanas yrusas, “incluyentes”de maneras distintas, sedis­
locaban cada vez más de esta narrativa, esta recodificación semiótica ymiope que
acompañaba loque se puede computar, de manera igualmente reductiva, claroestá,
como la auto-determinación del capitalismo.30Hoy, en la coyuntura post-soviética,
sevuelven, en su diacronía, nuestras señales de alarma cuando generalizamos. Con
esta auto-presentación expandida de la norma, las formaciones epistémicas de las
afueras fueron hechas excepcionales, yantropologizadas toda vez “conocidas”. Esto
se está descomponiendo en la contemporaneidad global, pero las presuposiciones
dominantes, incluyendo las nuestras, siguen siendo las mismas. (Proponer episte-
mes alternativas y no-europeas es una variante del antiguo antropologismo.) “Las
subjetividades locales dentro del espacio imperial [siguen siendo] secundarias”.31

59Inclusoun escritor tanconservador como Hervé de Carmoy, que quiere que la Europa blancayel
Estados Unidos blanco se unan en fraternidad, guarda cierta relación —comosi estuviese en un espejo
agrietado—con lo que estamos planteando. Quiere una transformación epistémica yracional al estilo
del sigloxvmde estos sujetos favorecidos para poder salvar al mundo (Hervé de Carmoy, L’Euramerique,
París, 2007, pp. 9, 57, 65, 76). Nuestroesfuerzo desestabilizaríayreubicaría tal proyecto, cancelado
p u f ,

yelevado[sublated] auna dialécticano restringida, siemprecon pérdidas, sufriendo pérdidas alavistade


un futuroanterior. El libroEnlightenment Orientalism: ResistingtheRiseoftheNovel (Chicago, Universityof
ChicagoPress, 2012) de SrinivasAravamudan nos daunasensación del deseo, de parte de laIlustración,
parael Oriente, através de novélelas, lanovelaylainstitucionalizacióndelaliteratura. Por supuestoque
la relaciónentre, por un lado, nuestrodeseo para laIlustracióndesplazadohaciael ab-usoyen una prác­
ticamundana, modulada con cuidado y, por el otro, el lugar de una educación estética en ese conjunto
yel argumentode Aravamudan también está “agrietada”.
50Voltaire, “Cándido”, en Novelasy cuentos (trad. Carlos Pujol, Barcelona, Planeta, 1982), ofrece una
cartografía del campodiscursivoque está listopara estos cambios.
51DenisCosgrove, Apollo’sEye:ACartographicGenealogyoftheEarlhintheWesternImagination, Baltimo­
re, MD.Johns Hopkins UniversityPress, 2001, p. 19.
int r o d u c c ió n 31
En la contemporaneidad global, entonces, una manera de “democratizar” es abrir
el espacio para el capitalismo canalla, aprovechando la simultaneidad del movi­
miento de capital/información, inclusive si implica la violencia militar o de par-
tido/clan, portando consigo el aura de la misión civilizadora que acompaña los
proyectos transformativos, del imperialismo al desarrollismo. Esta aura empuja a la
cuestión de los derechos minoritarios en las sociedades civiles desarrolladas, donde
interactúa con una especie más política del radicalismo poscolonial, mientras que
“la mayoría” y “la minoría”son construcciones euro-estadunidenses relacionadas
con la democracia como recuento de cuerpos. Tal como Marx señaló, el capital es
reducción. El cambio en el sentido de “imperio”es la apertura de la posibilidad de
acceder a “otro lado del mundo”, nación tras nación europea yparadójicamente, el
inicio del sueño del cosmopolitismo por una clase particular.
Cuando Goethe yMarxescribieron sobre la literatura mundial entendida como
universal, presupusieron este acceso específicamente europeo a un mundo, en vez
del mundo entero empírico, entendido como fuente de lo literario. Goethe pudo
haber notado su índole aporética al insistir en “esforzarse” porque sucediera. El
socialismo científico lo viocomo hecho consumado.32Cuando escribía como inte­
lectual público en lugar de como filósofo, Kant también habló así de un mundo. De
esose trata el mundo que habita su pensamiento de una cosmopoliteia, una constitu­
ción para la gobernanza mundial. Debemos de recordar que en estos contextos, la
formación del estado precedía la democratización, uno de los factores cruciales en
lasuperación del clan por medio del capital.33
Para entender el doble vínculo del “mundo” hacia la Ilustración europea, exa­
minemos de nuevo aquel documento profético, la apuesta kantiana para la cosmo­
politeia, “Sobre la paz perpetua”, tal como emerge en cuanto reacción calculada
a lo que se puede considerar como un cumplimiento de la Paz de Westfalia: el
Tratado de Basilea (1795).34Se trata de una narrativa-fuente del acceso “europeo”
a un “mundo”. La forma en que Kant lo entiende en términos del colonialismo
parece ser, a primera vista, ejemplar. Pero el resto del argumento también parece
ser ejemplar, para nosotros en una forma menos interesante. Con ironía, cierto es,
Kant ve el capital (lo llama“dinero”, pero su argumento es inconfundible) como el
gran igualador, ypropone una gobernación mundial implícitamente de los países
maestros —ya que no propone otra manera de establecer la igualdad—predicada
sobre una contención así como un permiso de hacer guerra. La prohibición kantia­
na de algo como la intervención estadunidense en Iraq, que comenzó a finales del
siglo xx ycontinuaba a principios del xxi (“Ningún Estado debe inmiscuirse por la

52 Menciono este punto de nuevoen “Loque está enjuego en una literatura mundial” (capítulo 22
del presente libro).
55 En Clan Politics, Kathleen Collins anula la oposición entre Euro-Estados Unidos y“el resto del
mundo”más o menos de esta manera. Enel proceso, deja claroel marcohistóricoendonde Gramsci tal
veztuviera una comprensión especial de larelaciónentre el comunismodemocráticoylosclanes, que es
loque lohace parecer tan tempestivo hoyen día.
54 Immanuel Kant, Hacialapazperpetua: Un esbozofilosófico, trad. Jacobo Muñoz, Madrid, Biblioteca
Nueva, 1999 (citadoen el textode aquí en adelante como PP, seguido del númerode página).
32 INTRODUCCIÓN
fuerza en la constitución ygobierno de otro”) es ominosa; pero también se permite
losiguiente:
Se trata del espíritu comercial [Hcindelsgeist] que no puede coexistir con la guerra yque,
antes odespués, seapodera de todos los pueblos. Como el poder del dinero [Geldmachl] es,
enrealidad, el másfiel de todos los poderes (medios) subordinados al poder del Estado, los
Estados sevenobligados afomentar lapaz (por supuesto, no por impulsos [Triebfeder] de la
moralidad)... —Deesta suerte garantiza lanaturaleza lapaz perpetua mediante el mecanis­
mode los instintos humanos. (PP, pp. 107-108.)
Planteamiento temprano de la globalización mcdonaldista como naturaleza hu­
mana como la cooperación de la naturaleza con el capitalismo mercantil; la cone­
xión es mecánica —se trata de un impulso inadecuado.
Este detalle, fácil de ignorar, la ironía del pasaje inicial de la obra y la nitidez
filosófica de una injunción concluyente señalan la urgencia de nuestra tarea de
ab-usar (que no es abusar). Si prestamos atención, el texto señala su deshacer ysu
re-ubicación.
El pasaje inicial, que invoca de manera “literaria” el rótulo de una posada, su­
giere que la única paz perpetua —“paz eterna” (dereiuigePriede) sería más idiomáti-
co—es la de la muerte. En la invocación final la oración que tengo en mente es “la
filosofía haría fracasar, fácilmente, esta astucia [Hinterlist] de una política tenebrosa
[lichtscheu]”—las palabras de Kant son más fuertes que la mayoría de las traduccio­
nes al inglés—“mediante la publicidad de sus máximas [von der Philosophie durch
diePublicitátjener ihrerMaximen], si la política se atreviera a conceder al filósofo la
publicidad de las suyas” (PP, p. 133).
Enfoquémonos un momento en la palabra “máxima”:
Atodoslos principiosaterrizantes [Grundsatze, “groundingproposilions"en latraducciónde la
autora] subjetivos noencontrados [hergenommen]en lanaturaleza [Beschaffenheit] del objeto
[ortografíalatina], sinodel interés de larazóncon respectoaunaespecífica [gcjms] posible
perfeccióndel conocimientodeeseobjeto [ortografíalatina], losllamo máximasde larazón.
Hay, pues, máximasdelarazónespeculativaque noposeenotroapoyo [lediglich]quesuinte­
rés especulativo, aunque parezcan principios [Principien]objetivos. (RP, p. 545.)
Antes de seguir con la cita, quisiera comentar algunos puntos sobre las modifi­
caciones que he hecho a la traducción.35Normalmente, estas observaciones forma­
rían parte de una “Nota de Traductora”. Las incorporo al texto mismo porque la
dificultad de traducir los matices de la práctica prolongada de Kant permite que
una lectora común, como lo soyyo, oel lector de un libro de crítica literaria (como

55 [Aquí la autora señala sus modificaciones al insertar los términos alemanes entre corchetes. He
modificado la traducción al español de Pedro Ribas para que concuerde con las modificaciones hechas
alatraducción al inglésde Paul Guyer yAlienW.Wood (Cambridge, Cambridge UniversityPress, 2000).
(t .)]
INTRODUCCION 33
éste), se pierda la gramática privada y sostenida de los valores. Y, claro está, una
presuposición general de traducibilidad continua se ve desviada a causa de la he­
terogeneidad diacrónica de nuestro globo, algo que invoco persistentemente. Por
ejemplo, Kant tiene una práctica sostenida de distinguir entre Grundsátzey Princi­
pien. El primero pertenece a los contornos del filosofar como verdad que yo deno­
mino un “error intencionado”. Son las proposiciones que hacen que el filosofar esté
bien fundamentado. El segundo forma parte del mundo objetivo de la razón pura
tal como se deduce trascendentalmente por el filósofo, sin la habilidad de producir
evidencias. En efecto, siempre que Kant usa la ortografía latina —como es el caso
en las dos instancias de la palabra “Objeto” como Objekt en lugar de Gegenstand
en nuestro pasaje—Kant hace esta distinción. En la mayoría de las traducciones
al inglés, se traduce ambos Grundsátze y Principien como “principies" (principios).
Esta confusión borra la distinción entre el filósofo que filosofa mediante la pro­
gramación del “error intencionado”y el filósofo que lleva la filosofía a una crisis
al deducir trascendentalmente las características de las ideas de la razón pura, la
diferencia crucial que un lector como Schiller debe ignorar cuando trasforma las
aporías en quiasmos reversibles. También he cambiado “derivados”por “encontra­
dos”, porque la noción de algo ya fijado o programado para el sujeto filosofador,
disponible en el trasfondo profundo alemán de hergenommen, se vuelve más activa
si optamos por “derivados”. Quiero insistir en que ninguna de las palabras inglesas
que aparecen en la excelente traducción de Cambridge es “equivocada”. Tan sólo
es que aquí parecen, de manera sorprendente, no haber practicado el literalismo
que la simpatía con la gramática privada de Kant hubiera producido. He escrito al
respecto en “Traducir al inglés” (capítulo 12 del presente libro). Para seguir con
mis comentarios sobre la modificación de la traducción, señalo “sin apoyo” para
el lediglich. “Unicamente” [solely] es más idiomático, pero yo creo que se pierde la
idea de estar desacoplado, como una persona soltera, que está presente en lediglich,
si leemos nada más que “únicamente”. De esta manera podemos ver que máximas
como Grundsátzeson subjetivas yprincipios como Principien son objetivas, ylos an­
teriores no pueden ser tomados de manera objetiva, aunque, yesto es importante,
parezcan objetivos. ¿Empezamos a tener una sensación de los consejos que Kant les
da a los políticos? ¿Aentender que lo que trabajan no es racional sino interesado?
En el protocolo de los textos filosóficos de Kant, algunas palabras se relacionan
con las exigencias programadas de la razón filosofadora y, mutatis mutandis, con la
mera razón; otras se relacionan con la descripción del funcionamiento de la razón
pura. El grupo anterior es, en la mayoría de las instancias, alemán ymás coloquial;
el posterior, latín ymás formal. Así es con GiundsatzyPñncip. Traducir los dos como
“principio”es perder un matiz importante ysostenido.
Sigamos leyendo a Kant:
Si se consideran como constitutivos los principios aterrizantes [Grundsátze] que son mera­
mente [esto trae consigoel lugar de la “mera”razón en laarquitectónica kantiana] regula­
dores, pueden entrar enconflictounos conotrospor tomárseloscomoobjetivos [Ptincipieti].
Pero si los consideramos meramente [énfasis agregado] como máximas, no hay conflicto al­
34 INTRODUCCIÓN
guno, sinosólo diferentes intereses de la razón, lo cual da lugar [verursacht] al divorcio [la
metáforade un matrimonio programado para deshacerse yaestá disponible en lediglich] de
distintos modos de pensamiento. Dehecho, larazónposee un solointerés unificado [einig]\
el conflictodesus máximas no hace más que expresar una diferenciayuna recíproca limita­
ciónde los métodos tendentes asatisfacer eseinterés [einGeniigezaíwn].36
Sin una teoría de la Razón en sí, la afirmación que hace Kant de que hay un
solo interés unificado de la Razón se puede leer (o no) como dentro del “error
intencionado”yprogramado. Doble vínculo inevitable, que Schiller debe evitar, o
transformar en una serie de equilibrios que terminan en eljuego.
Una “máxima”, entonces, es algo que el filósofo divisa para llegar a un acuerdo
con el intervalo trascendental que se encuentra en el origen de la filosofía. El com­
portamiento del político, en el mejor de los casos “racional” en un sentido entera­
mente estrecho, no puede dar cuenta de este intervalo auto-encuadrante, cautelar
ypre-cautelar.
Me gustaría pensar que esta manera de encuadrar Sobrelapazperpetuaes el espa­
cioen Kant en donde podemos desviar el texto para hacer de él un permiso, no para
disculpar o acusar, sino para usar (ab-usar), o sea, tomar la Ilustración anestesiada
como auto-engañada, una trampa para los ingenuos, un lugar para las excusas. Tal
vez lo estético puede conducir a la crisis mediante la Ilustración. Se puede esperar
que una educación por vía de lo estético pueda proteger la elección racional de lo
político al entenderla como producida por la necesidad metodológica de parte de
los filósofos de las máximas en lugar de la convicción no cuestionada de la supre­
macía de la razón. Ilusión. Deseo. Ninguna garantía. Un respaldar responsable de
la posibilidad de lo político en vista de las tremendas incertidumbres de lo ético.
Tal fue el esfuerzo kantiano de actualizar el libro de Platón sobre las constitucio­
nes. Afin de cuentas, Platón sólo conocía una ciudad-estado. Kant tenía el mundo.
El colonialismo de los griegos yel de la Ilustración se auto-representaban de mane­
ras distintas —una diferencia epistémica. Derrida señala la contradicción entre un
mundo “sin fronteras”yla exigencia kantiana de una vigilancia incondicionada de
laverdad.37
Esta formulación de la cosmopoliteianos inquieta porque parece estar aliada con
el imperialismo mientras éste contempla el mundo que tiene en la mano. Por otro
lado, queremos reescribirlo según nuestros gustos, desde la definición más dura
de la política hasta los más misteriosos confines de la teoría literaria. Yno todos
nosotros podemos realizar la traducción hacia una manera de pensar en un mundo
justo. ¿Se puede sostener la lucha de clases yde géneros, tan explotada por los he-

56Kant, RP, p. 545. [Traducción modificada de acuerdo con los cambios de laautora, (t .)]
57DerridayAnneDufourmantelle, Lahospitalidad, trad. MirtaSegoviano, BuenosAires, Ediciones de
laFlor. Cuandome invitaron adar el discursoinaugural del European Cultural Capital en 2010, asaber
“laciudad sin fronteras” de Pees en Hungría, pasé enormes dificultades ¡a causa de haber extraviado
mi pasaporte durante un día! Una variación, sin duda, de lavigilancia, incluso policíaca, sobre el-decir-
verdades.
INTRODUCCIÓN 35
raidos benéficos del capital yde clan? ¿Se puede complementar persistentemente
el vanguardismo por una (preparación para la) educación estética madura en la
educación terciaria ypos-terciaria, a fin de que informe la cultura general del ciu­
dadano?
Con tales preguntas en cuenta, siempre debemos recordarnos a nosotros mis­
mos de cuando Kant escribía específicamente como filósofo. Y,en el manejo de lo
trascendental desde la creencia hacia la razón filosofadora (una facultad que Kant
nunca nombró, pero que esuno de los temas impulsores de la Criticade larazónpura
que puede caber en mi “definición”amplia yvulgar de la imaginación: “pensar las
cosas ausentes”, apenas distinguible de pensar —que no se confunda con el Einbil-
dungskraft estrechamente alojado de Kant)—mediante la deducción trascendental,
Kant es nuestro maestro.38En “Terror” (capítulo 18del presente libro) comento la
manera en que, en sus manos, la gracia misma se vuelve, por metalepsis, “efecto”,
lo cual, cuando se logra incorporarlo al pensamiento (¿imaginarlo?), nos puede
permitir superar la pereza moral de la mera razón. Incluyo esta última (no) facul­
tad en mi definición vulgar de la imaginación. En el mismo espíritu de divulgación,
permítaseme señalar que Kant llama “ilusión”[illusion] el llenar de la dialéctica que
resulta de la deducción trascendental. Podríamos pensar que aquí se prevé la teleo­
logía eurocentrista de Hegel al llenar la filosofía con la historia. El contenido está
irreductiblemente ausente en el pensar kantiano de la dialéctica trascendental, de
ahí mi sensación de que “lacapacidad de pensar cosas ausentes”no esté tan lejos.
Como filósofo, Kant escribía en una voz fracturada, la cual, por supuesto, él mis­
mo no admitía, pero ésaes otra historia. Al escribir sobre el “mundo”en el contexto
de la función práctica de larazón pura, por ejemplo, escribió losiguiente:
Larealización de la mismaessiempre limitadaydeficiente, perodentro de límites nodeter-
minables y, por consiguiente, se halla siempre bajoel influjodel concepto de una plenitud
absoluta [absolut]... La razón pura posee en ella [la idea práctica] incluso la causalidadde
llevar adelante... la idea de lanecesaria unidad de todos los fines posibles, debe servir, en
cuanto condición originaria o, al menos restrictiva, de norma para todo lopráctico. (RP, p.
319.)39
Pero cuando manejamos la razón práctica en sí deberíamos de proceder en la
siguiente manera:
Cuandosetomalarazónmismacomocausadeterminante (enlalibertad [índerFreiheil]),es
decir, enel casode losprincipios prácticos, nosprescribe, encambio, queprocedamos como
33Kant, RP, pp. 120-122. \jh “democracia”se combina con la “religión”en las políticas de clan. El
siguiente pasaje que se cita proviene de la p. 297.
59 [Aquí la autora prefirió la traducción al inglés de Wcrner S. Pluhar (Indianapolis, IN, Hackett
Publishing, 1996, p. 372), puestoque la traducción de Guyer yWood parece desviar del texto de Kant.
Agradece a Patricia Kitcher por señalársela. He modificado la traducción al español de Ribas para que
concucrde con los cambios de laautora, (t .)] Laidea general es que “en lalibertad”la razón pura, pre­
cisamente al llevar adelante una causalidad, limita la ideapráctica.
36 INTRODUCCIÓN
si no nos halláramos ante un objeto de los sentidos, sino ante un objeto del entendimiento
puro,... ypodemos considerar laserie de los estados comosi (en virtud de una causa inteligi­
ble) se iniciara en términos absolutos [schlechthin] (por una causa inteligible). (RP, p. 556.)40
Al escribir sobre la razón pura, las instancias de “como si”, no sólo “el mundo”
sino también “el yo”, claramente se revelan como cosas necesarias para posibilitar
tanto la experiencia como el filosofar. Esto es lo mejor de la Ilustración europea,
que reconoce los límites de sus poderes sin teologizados ni patologizarlos. Ulises
entre las sirenas, esas tramposas que nos tientan con el saber absoluto.41Cuando
Nietzsche escribe: “Laverdad es el error sin el cual no puede vivir ningún ser vivien­
te de determinada especie. El valor para vivir es lo que decide en último término”,
la potencia retórica de la palabra “error”yla clara designación de la decisión a algo
que no es lamente consciente yfilosofadora, nos hace perder de vista la semejanza
familiar entre la afirmación nietzscheana yla noción kantiana de que hay que pre­
suponer un “mundo”yun “yo”a fin de que el ser humano piense que él (para Kant)
tiene experiencia.42Un “como si” guarda tanto error como verdad. El interés de
cada uno de nosotros nos lleva a decidir cuál de esas palabras utilizar. Yla manera
en que Kant usa Anlage, palabra que se aproxima a programación, lleva consigo la
idea de una agencialidad fuera de la mente como consciencia. Si podemos usarla
“desde abajo” (o más bien ab-usarla), podemos tener una práctica ilustrada que no
es oposición meramente.
Otra vez, un doble vínculo.
Los marxistas académicos ymecánicos son tan supersticiosos cuando se trata de
las palabras “ética”y“estética”como lo eran las feministas académicas ymecánicas
cuando se trataba de algo vagamente entendido como “la biología”.
He hablado con frecuencia de Melanio Klein, quien estableciólabiología comoel
terreno de lasemiosis ética. Aquí permítaseme señalar el fracaso obvio de cualquier
marxismode producir el impulsode redistribuir sinel control yel cumplimiento for­
zosos del estado. Puede que ladescompostura de la primera ola de experimentación
marxista, gracias a la seducción del capitalismo, tanto para los líderes como para el
pueblo, tenga algo que ver con la ausencia de los aspectos éticos del comunismo en
el proyecto epistemológico de educación popular. Si la ética yla estética se definen
como privadas de e incluso como opuestas a lo político, lo cual se limita a cierta
40 He insertado lasdos palabras alemanas que fueron traducidas como “absoluto”para mostrar que,
enlaprimerainstancia, en donde el alemánsevalede lapalabrafilosóficaabsolut, estamos considerando
la condición limitante que es impuesta por la razón pura en su función práctica o, en otras palabras,
la manera en que se comporta la razón pura, por decirlo de alguna manera. En la segunda instancia,
la palabra alemana coloquial schlechthin trata de la manera en que nosotros, los seres humanos que fi­
losofamos, deberíamos comportarnos. Un momento estético. Obligo al texto a decir: la razón pura no
proporciona ningún objeto para los “comosi”programados de larazón práctica.
41Jon Elsler, UlyssesandtheSirens: Studies in RalionalityandIrralionality, Cambridge, Cambridge Uni-
versilyPress, 1984. Tambiéndebo mencionar la política degénero (mujeres que tientan a hombres) yla
políticadeclase (los marineros deben atarloytaparselosoídos concera), si tomoel pre-compiomisode
Ulisescomoel característicoideal europeo.
42 Friedrich Nietzsche, Im voluntaddepoder, trad. Aníbal Froufe, Madrid, k d a f , 2000, p. 343.
INTRODUCCION 37

formación yestructura estatales ycierto manejo de lo económico, podemos esperar


que el sistema comunista tenga una vida corta o forzosamente cumplida. El hecho
de que la relación entre un sistema socialista globalizado, una ética incondicional
yuna estética abierta es, en el mejor de los casos, un doble vínculo, no desplaza el
problema. Una crítica literaria cuantificada es poco más que un juego de salón en
contraste con la seriedad de la situación. Tales consideraciones nos conducen hacia
los proyectos epistemológicos que denominamos “educación”. De otra manera, nos
veríamos obligados aceder un ámbito más amplio a loque George Caffentzis apunta
en el contexto del Complejode laProducción Máxima de Petróleo: “Aprimera vista,
pareciera que [el Complejo]... podría transformar la modalidad del lema del movi­
miento [anticapitalista], ‘Otro mundo es posible’, en ‘Otro mundo es necesario para
que haya un mundo”’, pero finalmente él seve obligadoadecir: “En general, se trata
de una política de la energía alternativa sin sociedad alternativa.”43
Los dobles vínculos actuales de la cosmopolítica se vuelven más claros si relacio­
namos los escritos filosóficos de Kant con sus escritos políticos. Como ya he men­
cionado, Kant nunca definió el sujeto de la filosofía, la razón filosofadora, sino que
sólo tabulaba de manera brillante los hechos no-incontrovertibles que establecen la
experiencia como necesaria. Esta es la escena más espectacular del doble vínculo.
Nuestra propia tendencia general ymás cotidiana es negar el doble vínculo, aunque
en la práctica lo manejemos diestramente al realizar vínculos sencillos [singlebinds]
a corto plazo, persistentemente delimitados. La negación puede asumir la forma
de enfatizar un solo extremo de la oscilación del doble vínculo como la solución
acertada. Las visiones eurocéntricas de la elección racional o del estado racional
—desde Rawls hasta Kafka, pasando por los Derechos Humanos yla alter-globaliza-
ción—sencillamente son demasiadas como para tratarlas aquí. O puede sugerir un
equilibrio como solución posible. (El más contundente de nuestros malabarismos
actuales, como mencioné al inicio, es “la sustentabilidad”.)
En sus Cartas sobrelaeducaciónestéticadel hombre, Friedrich Schiller intentaba des­
hacer el doble vínculo de lamente yel cuerpo al plantear el Spiellrieb—la “pulsión
dejuego”, el arte comomalabarismoque salvaráa lasociedad—.44Suele entenderse
que tuvo la influencia de Kant. Estoy un tanto obsesionada con Schiller porque él,
un no-filósofo, cayó en el tipo de error en el que un lector general de la filosofía
necesariamente tiene que caer: transformar el deseo inscrito en la filosofía en su
realización. Paul de Man le ha reprochado haber caído en este error sobre Kant, y
también en el error igualmente ubicuo de psicologizar a Kant. (Se puede agregar
que esta segunda formade leer mal a Kant es tan ubicua que se le puede aplicar una
fórmula temprana de ladeconstrucción: debe haber algo en el texto que permite45
45 George CafFentzis, “ThePeakOil Complex, CommodityFetishism, and ClassStruggle”, Retliinking
Marxism20.2, 2008, pp. 313,317. “Otro mundoes posible”espreeminentemente el lema del ForoSocial
Mundial.
44Friedrich Schiller, Carlassobrelaeducaciónestéticadelhombre, trad. Manuel García Morente, 4a. ed.,
Madrid, Espasa-Calpc, 1968 (1920) (citado en el textoylas notas de aquí en adelante como EE, seguido
de lapágina). Nocarece de importanciaacordarse de que Schiller escribiólascartas aFedericoCristian
II, el Duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg.
38 INTRODUCCION
tal psicologización; nada de excusas, si bien hayque marcar los lugares en los textos
en donde surge la posibilidad de tales lecturas “desviadas”. Obsérvese también la
manera en que el propio Kant responde a ellas. Es aquí donde entra enjuego la in­
tuición de Kant, finalmente mecánica, del sujeto operativo. Nuestra tarea también
es “psicologizante”en cierta medida —repetir el error de Schiller ytransformar el
equilibrio en una serie abierta de dobles vínculos.)45
Para el propósito que nos ocupa, baste señalar la manera en que Kant maneja la
crisis del doble vínculo. He hecho notar un caso en el primer capítulo de Críticade
larazónposcoloniaL*6En lapresente Introducción, he ido sugiriendo que el otro gran
caso—debo filosofar, el hombre no puede filosofar (el entendimiento no puede ac­
ceder a las ideas de la razón pura)—es manejado por la deducción trascendental.
Recito el pasaje de relevancia: “La explicación de la forma según la cual los concep­
tos apriori pueden referirse a objetos la llamo, pues, deducción trascendental de los
mismosyladistingo de ladeducción empírica[evidencial]”(RP, p. 121). Comoyahe
señalado, Kant prohíbe que rellenemos este intervalo con contenido, yse refiere a
tales pasos como una “ilusión trascendental, que influye en principios aterrizantes
[Grundsátze] cuyo uso ni siquiera se basa en la experiencia” (RP, p. 298).
Schiller es inequívoco sobre la resolución de este doble vínculo:
Las disensiones que siempre han reinado en el mundo filosófico, yque aún hoy dominan,
sobreel conceptode labelleza, no tienen otro origen que uno de estos dos: olainvestigación
no partió de una división convenientemente estricta o la investigación no se prolongó hasta
una síntesis pura ycompleta. (EE, pp. 82-83 [traducción modificada].)
El impulso hacia la forma yel impulso hacia la materia “se destruyen una a otra
ylavoluntad consérvase perfectamente libre entre los dos” (EE, p. 88). “Porque tan
pronto como los dos impulsos opuestos empiezan a actuar pierden ambos su carác­
ter constrictivo, ylacontraposición de dos necesidades da origen a la libertad' (EE, p.
90). Su domesticación a Kant resulta lo más evidente en la definición celebrada de
loestético: “si llamamos físico al estado de determinación sensible, ylógico ymoral
al estado de determinación racional, habrá que denominar estético este estado de
determinabilidad real yactiva” (EE, p. 93). Apartir de este punto no se requiere más
que un paso para llegar a una explicación idealizada de la educación, a que la cuali­
dad duraytrabajosa del modelo gramsciano-batesoniano no puede tener semejanza:
Debe aprender a concebir deseosnoblespara no tener más tarde que tomar decisionessublimes.
Ytodoestolollevaacabolaeducación estética, lacual somete aleyes de belleza todo aquello
en que no hay ni leyes naturales ni leyes racionales que obliguen al humano albedrío. la
educación estética, dando forma a lavida externa, abre el cauce de la vida interior. (EE, pp.
107-108 [traducción modificada].)456

45Tema tratado extensivamente en “Traducir al inglés”(capítulo 12del presente libro).


46Spivak, Críticadelarazónposcolonial: Hacia unahistoriadelpresenteevanescente, trad. Marta Malode
Molina, Madrid, Akal, 2010 [1999], p. 33.
int r oduc c ión 39
Pero por aquí yallá surge la intuición aporética del siglo decimonónico alemán,
como, por ejemplo, cuandoSchiller habla del esfuerzopara hacer que lo estéticosuija
como algo que “fuese como una garantía sensible de la invisible moralidad” (EE, p.
19). Pero, como demuestra la famosa undécima carta, él piensa en el yo como ínte­
gro, como algo que puede “aniquila[r] el tiempo”, o “somete[r] la multiplicidad del
mundo a la unidad de suyo” (EE, p. 55). Aquí no se encuentra el rigor filosófico del
sujeto fragmentado y no-reconocido de Kant. Este tipo de confianza parece ser del
todo bien aceptado en esta época de ilusión no-examinada que aquí intentamos des­
hacer. ¡Nuestro problema social parece estar resumido de una manera muy acertada
en Schiller! “Falta laposibilidad moral. El instante generosocae sobre una generación
poco preparada para acogerlo”(EE, p. 24 [traducción modificada]).
Se podría aducir que Kant ySchiller nos enseñan dos formas distintas de vivir en
el doble vínculo. Si es así, ab-usar esta ilustración es expandir el ámbito de esto por
un “error intencionado”:legarle una geografía. Puedo afirmar que los capítulos del
presente libro son instancias de tales errores. Schiller no tenía intención de caer en
error; era kantiano. Nosotros no apostamos por el valor de la intención. Sin embar­
go, tal como he insistido durante mucho tiempo, lo que nos impulsa en el campo
de la agencialidad es el frágil instrumento de la intención. Ypor lo tanto, es en el
terreno de los errores intencionados versus los no-intencionados donde podemos
diferenciarnos de Schiller.
En efecto, el texto de Kant mismo también se puede describir como error inten­
cionado, en donde la intención es el programa de la razón yel “error”es el único
procedimiento acertado disponible al filósofo. En el mundo de Kant no se aplicaría
esta expresión. Kant la aborda mediante la deducción trascendental. Como hemos
visto, la garantía elegida en contra de la posibilidad de “error” no está dispuesta a
hacerse evidente: “no se puede introducir ningunajustificación clara, ni desde la
experiencia ni desde la razón, para poner de manifiesto la legitimidad de su em­
pleo” (RP, pp. 120-121). Aquí sólo se puede emplear “error”como catacresis, y la
intención es programada como la marca de la razón. Mientras voyescribiendo, em­
piezo a sugerir cada vez más que la relación de este estilo de leer con la Ilustración
es una taxonomía de “errores”. Los de Kant intencionados pero manejados; los de
Schiller no intencionados; los nuestros intencionados y reconocidos; ytodos suje­
tos a la regla taxonómica general de la anterioridad futura. El estilo de la Ilustra­
ción, en cambio, se reconoce generalmente como acceso a la norma auto-idéntica
yrazonable. ¿Puede ser que esto sea históricamente nuestro papel? ¿Hacer que la
Ilustración sea susceptible a un (ab-)uso que dé lugar a lajusticia ya que quita la
absolutidad de las garantías yla asegura de la sátira mordaz de un Cándido?
APrabhat Patnaik, economista de la India, un párrafo como el anterior le re­
sultaría incomprensiblemente “posmoderno”, y se indignaría si dijéramos que “se
equivoca”. Sin embargo, cuando invoca a Gramsci, en el campo de la educación
general, yescribe lo siguiente, está con nosotros:
La tarea de la educación superior de “construir la nación”(en otro texto sigoa Gramsci al
llamarla la tarea de generar “intelectuales orgánicos”del pueblo), quiere decir, sinembargo,
4° INTRODUCCIÓN
algo muydistinto aestas sugerencias. Esefectivamente un esforzarse por llegar al conocimien­
to, a laexcelencia, pero no está restringido por la hegemonía de las ideas corrientes que típi­
camente se difunden desde los países avanzados. Por supuesto que hay que comprometerse
con estas ideas, pero la educación superior en las sociedades en desarrollo no puede ser un
meroclon de loque existe en los países avanzados. Lassociedades en desarrollo han de ir más
allá de lamera imitación de las agendas investigativas determinadas por los centros estableci­
dos de aprendizaje en los países avanzados para tomar en cuenta lasnecesidades del pueblo.47
Cada quien a su manera, de forma bastante distinta, ambos demandamos un
desplazamiento de la economía de lo correcto entre Europa/no-Europa. Yo lo de­
nomino un “error”; él lo puede denominar el camino acertado. Incluso puede que
sea la diferencia disciplinaria entre las humanidades ylas ciencias sociales. Puede
que sea el secreto de una educación estética hoy en día.
Doyun giro para dirigirme a de Man mediante la última maniobra globalizadora
de Derrida hacia “una Nueva Ilustración”, una deconstrucción de las primeras ma­
niobras (aunque él jamás abandonó lo que he denominado las limitaciones de la
Ilustración, un Ulises mediterráneo que convocó los cantos de sirenas de la decons­
trucción sin dejarse llevar por completo) que ponen frenos a la universalización
(¡nada de “globalización” como palabra de moda académica en 1968!) por medio
de la huella. Creo que hay una diferencia entre la Nueva Ilustración de Derrida y
el ab-uso que estoy planteando. Sin embargo, tengo la sensación de que debo lla­
mar la atención de la lectora a aquellas páginas de Canallas para que ella decida.48
Aquellas páginas continúan lainsistencia derrideana en la Ilustración, ahora, quizás
desde una intención “distinta”contenida en el programa de la deconstrucción.
En el periodo temprano de su trayectoria profesional, Derrida parece haber sen­
tido que el pensar de la huella detendría la “trascendentalización”no intencionada
de la deducción trascendental kantiana —la transformación estructuralista del len­
guaje en una causa sin causa, desplazado de un efecto sin causa (que ya literaliza
la figura de la metalepsis)—y, por lo tanto, el asegurar de la predicación definitiva
del “hombre”. De acuerdo con esta forma de pensar, he sugerido que un ejemplo
importante de la explicación kantiana de la filosofía entre los límites de la razón
(puede ser que no haya otro) puede conservar las marcas de la operación de la
huella, sin ninguna figuración psicológica necesaria.49
Kant tachó catorce párrafos en su propia copia de laprimera edición de Críticade
larazónpura (RP, pp. 222-229). En la segunda edición agregó dos párrafos iniciales,
pero conservó los párrafos tachados sin cambiarlos. En mi imaginación, están para
siempre “bajo tachadura”al hacer visibles los soportes mecánicos (¿pertenecientes
47 Prabhat Patnaik, “Challenges before Highcr Education in Developing Socictics”, Social Scientist
37.434-435, 2009, pp. 21-32.
43 Jacques Derrida, Canallas. Dos ensayos sobre la razón, trad. Cristina de Peretti, Madrid, Editorial
Trolla, 2005.
49 Tomo los cinco párrafos que siguen de Spivak, “Notes toward aTribute toJacques Derrida”, diffe-
rences16.3, otoñode 2005, pp. 104-106; reimpresoconadiciones enCostas Douzánas (ed.), AdieuDerrida,
Londres, Palgrave Macmillan, 2007, pp. 49-51.
int r oducción 41
al siglo xviii?) de un método al que el lenguaje de Kant normalmente le da un
aspecto más filosofador (pero no psicologizador).50Yes aquí donde Kant parece
reconocer la idea de que su tarea como filósofo se trata de imponer control sobre
algo tan indeciso como una huella:
Dado, pues, que hayalgoquesigue, meveoobligadoa relacionarlo con algoque esanterior y
disdnto, ytras locual sigue, de acuerdocon una regla, esdecir, de modo necesario; deforma
que el suceso, en cuanto condicionado, remite indudablemente aalguna condición que es la
que lodetermina. (RP, p. 224.)
(Deberíamos de señalar que “suceso”aquí es Begebenheit, con la connotación de algo
dado, en lugar de toas dageschieht en el pasaje citado en la nota 52, con la connota­
ción de algo que tiene lugar, que también se traduce como “suceso”.)
Kant está hablando de la aprehensión de lasucesión como causalidad. El filósofo
debe contar con la aprehensión de una sucesión objetiva, porque en el caso contra­
rio la aprehensión subjetiva de la sucesión estaría “completamente indeterminada”
(RP, p. 224). Y¿cuál es el objeto que rinde la objetividad? Através de la árida lógica
de estos catorce párrafos, Kant proporciona una respuesta enteramente impersonal:
“Aquello que contiene en el fenómeno la condición de esta regla necesaria de la
aprehensión es el objeto” (RP, p. 223). Estamos observando el manejo del riesgo
socavador de la huella. Más adelante Kant nos dice que “ninguna experiencia puede
darnos”el objeto que nos dará la objetividad verdadera yque debemos “considerar
toda concatenación [Verknüpfung] de las cosas del mundo sensible comosi tuvieran
sufundamento en [un ente creado por la razón que funciona de manera racional]”
(RP, pp. 553, 554 [traducción modificada de acuerdo con los cambios de laautora]).
Si queremos seguir esta línea de pensamiento, esta huella, por decirlo así, in­
cluso podemos plantear que Derrida coloca la huella en el lugar de la deducción
trascendental. Acontinuación, Kant:
Pretender deducir [el espacio, el tiempoylos conceptos del entendimiento] empíricamente
sería una tarea totalmente inútil, ya que el rasgo distintivo de su naturaleza consiste preci­
samente en que se refieren a sus objetos sin haber tomado nada de la experiencia para su

50 Los traductores de Kant al inglestienendificultadesconesteparticular aspectosuyo, porsupuesto.


Pero a lo largo de estos párrafos, incluso los traductores más astutos toman decisiones extrañas. En el
lugar de “sostellelsichetwasvor" (somethingIhusseisitselfout [así algose pone adelante]), leimos “/ represenl
something' [me represento algo]; “wasdageschieht"sevuelve “anoccurrence” [un suceso] enlugar de “what
takesplacethere" [lo que sucede ahí] (RP, p. 227). [La autora se refiere a la traducción al inglés de Paul
Guyer yAlien W.Wood (Kant, CritiqueofPuréReason, trad. Paul Guyer yAlien W.Wood, Cambridge,
CambridgeUniversityPress, 2000, p. 310). Latraducciónal español deRibascorrespondepuntualmente
a las observaciones anteriores, pero no a las siguientes. Además, Ribas señala, en una nota de pie (p.
227, n.l), que, según BennoErdmann, el responsable de la edición enmendada de la Crítica(1911), se
lee “stelleich”en lugar de “stell sich”. (t .)] [En laedición de Cambridge] “Anschauungse traduce como
“experiencia”en lugar de “intuición”en laoración crucial, “mediante el entendimiento, produce e im­
pone en laserie de las percepciones posibles exactamente el mismoorden ypermanente conexión que
encontramos apriorien la forma de laintuición interna (tiempo)”(RP, p. 228).
42 INTRODUCCIÓN
pensamiento [Vorstellung]. Si hace falta deducirlos, su deducción tendrá, pues, que ser tras­
cendental... Un rastreo de las huellas [Nachspüren] de las primeras tentativas [Bestrebungen]
de nuestra facultad cognoscitiva para elevarse desde las percepciones singulares a los con­
ceptosgenerales, posee indudablemente una gran utilidad... Perojamás se produce por este
mediouna deducción de losconceptos puros aptioti, yaque nose halla en estadirección. En
efecto, esos conceptos han de exhibir, por lo que se refiere a su futuro empleo —que ha de
ser completamente independiente de la experiencia—un acta de nacimiento enteramente
distinta a la de un engendramiento [Abstammung] empírico. (RP, pp. 121-122 [traducción
modificada de acuerdo con los cambios de la autora].)
No podemos sino notar que queda bastante clara la cuestión de conseguir una
mejor acta de nacimiento (la deducción trascendental) que un mero rastreo del na­
cimiento empírico. Un origen paternal en lugar de un engendramiento maternal.
Cuando Derrida escribió, en 1968, “La salida fuera del cierre de este esquema,
he tratado de indicar su objetivo a través de la ‘huella’”, evidentemente hablaba de
la adopción saussureana del lenguaje como efecto sin causa. El párrafo concluye
así: “No puede bastarse a sí misma, fuera del texto [/tors texte], para operar la trans­
gresión necesaria”.51Sugiero que tendría sentido reemplazar “la transgresión”con
“la deducción trascendental”, pues Kant clausura (“el cierre de un esquema”) la
huella mediante la deducción trascendental.
Por lo tanto creo que es la conexión del “como si”con lasupresión de laestructu­
ra-huella en aras del acta de nacimiento más segura de la deducción trascendental,
la cual establece las convenciones rcalizativas de la filosofía, por decirlo de alguna
manera, lo que hace que Derrida escriba, casi cuarenta años más tarde, en una
sección con el subtítulo “La neutralización del acontecimiento”, que la idea de un
“mundo”, como de “puesta en mundo” [worlding] o de “globalización”, es en sí uno
de los “como si” arquitectónicos del pensamiento kantiano que detiene la huella y
neutraliza el acontecimiento.52
Sugiero, entonces, que la operación de la huella resiste la figuración. También
sugiero que el impulso de “lo humano” es cambiar la huella en signo —río arriba
del debate sobre la figura y su literalización. Derrida hace mímica a su carácter
“humano, demasiado-humano” al hacer la última maniobra hacia una Nueva Ilus­
tración, para expandir el alcance de la razón, para “salvar el honor de la razón”, al
mismo tiempo que, en El animal queluegoestoysi(gui)endo, publicado postumamente,
enmarca a lo humano en sí en el “animot(e)”.53

51 Derrida, “1.adifTérance”, Márgenes delafilosofía, trad. Carmen González Marín, Madrid, Cátedra,
1994, p. 47. [González Marín tiene “marca”en lugar de “huella", (t .)]
s*Derrida, Canallas: dosensayossobrelarazón, trad. Cristinade Peretti, Madrid, Editorial Trolla, 2005,
p. 148. [Alolargodel presente libro, opto por “realizativo”como traducción técnica del conceptoclave
dej. L. Austinde loperformative. Véase nota 7de capítulo6del presente libro, yaj. L. Austin, Cómohacer
cosasconpalabras: Palabrasy acciones, trad. Genaro R. Carrió y Eduardo A. Rabossi (Barcelona, Raidos,
1990, p. 30ypassim). (t .)]
MDerrida, El animal, p. 65.
INTRODUCCIÓN 43

La lectura que hace De Man a Schiller en La ideologíaestéticaapunta específica­


mente que Schiller convierte el atasco de la filosofía en la deducción trascendental
en una reversibilidad quiástica. Esto es porque Schiller lleva el uso catacrésico de
Kant de la psicología a una referencia al desarrollo psicológico. Lo que surgió con
estos “errores”no intencionados (Schiller creía que leía bien a Kant, e incluso que
hacía un avance práctico sobre él), era una filosofía del equilibrio.
De Man lee a Kant como un filósofo para quien el filosofar era reconocido como
una actividad amenazada por el filosofar mismo hasta la última instancia. El lee a
Schiller como alguien que domestica la perspicacia crítica de Kant para re-valorizar
lo que él consideraba como lo “estético”. (El uso del mismo Kant de lo “estético”
es muchísimo más complejo, como una especie de refugio ambivalente, plasmado
hermosamente en la expresión “laverdad —un nombre atractivo”que emplea para
denominar laisla en donde se ubica este lago, yala cual viaja el filósofo, de una ma­
nera totalmente parecida a la de Ulises entre las sirenas [RP, p. 259]. Recordamos
la revisión derrideana de laposición de Ulises. Ningún marinero a la mano para ta­
parle los oídos con cera. Ab-uso de la Ilustración.) Sugiero que De Man finalmente
descubre una manera de señalar la domesticación persistente como una manera de
manejar laaporética. Incluso apostaría por sugerir que para Kant el filosofar resulta
precario precisamente porque podría ser también una especie de la domesticación
programada por la propia índole del ser racional.S i*54De Man lo describe como la
descompostura del sistemakantiano bajo supropio peso.55Si bien de Man reconoce
que el Spieltriebo la “pulsión dejuego” complica la idea del equilibrio en aras de
la educación, amonesta a Schiller por siempre presuponer una continuidad entre
el lenguaje y“el hombre”, algo que el sistema kantiano entero, implícitamente, no
pudo presuponer. Si el sistema kantiano siempre está a punto de descomponerse
bajo su propio peso crítico, Schiller se mueve fluidamente de polaridad a polari­
dad. El elogio actual a las humanidades no debe hacer este error de la mercado-
tecnia por nichos. Kant trabaja con las leyes, Schiller con las pulsiones. (Nuestro
comentario anterior sobre palabras como Grundsatzo máxima señala la protección
cuidadosa que Kant dirige a la filosofía —¿como “error intencionado” por un en­
tendimiento que aprehende la intención de la ley?—en contra de la impenetrabi­
lidad eviclencial de las leyes deducidas trascendentalmente.) Lo sublime dinámico
de Kant escenifica los límites de la imaginación. Schiller reescribe la diferencia
entre lo matemático y lo sublime dinámico como lo sublime teórico y práctico, y
valoriza su reescritura sobre lo que él percibe como las dificultades de Kant. Como
siempre, mientras que en Kant la imaginación denomina un momento estructural
con funciones programadas en una arquitectónica de facultades, en Schiller se trata
de una capacidad humana fenomenal. Por lo tanto, sus expectativas de la imagina­
ción son distintas. Schiller desconoce lajerarquía en donde, en Kant, el intelecto

Si David Columbia (The Cultural Logic of Computation, Cambridge, MA, Harvard University Press,
2009, p. 16) capta bien el espíritu de mi manera de entenderlo.
55 Paul de Man, La ideologíaestética, trad. Manuel Asensi yMabel Richart, Madrid, Ediciones Cátedra,
1998 [1996], p. 192.
44 INTRODUCCIÓN
triunfa sobre la imaginación, y tiene una concepción enteramente no-kantiana de
la libertad. (Para Kant la invocación de la libertad se entreteje con la maquinalidad
programada de larazón práctica. De Man lo resume al decir: “Schiller representa la
ideología de la filosofía crítica de Kant”.56
Apesar del cuidadoso intento por parte de Andrzej Warminski en el sentido de
extraer la noción de De Man de la ideología tal como iba a aparecer en la conclu­
sión teórica [“Rhetoric/Ideology”] de su libro proyectado, Aesthetics, Rhetoric, Ideolo-
gy, aquí no voya considerar el sentido de esta oración más que en un comentario,
una pregunta, yun desplazamiento. Asaber:
El comentario: aquí “la ideología” tiene algo que ver con el idealismo. De Man
amonesta aSchiller unayotra vezpor deshacer lafilosofíacrítica de Kant al recurrir
al idealismo.
La pregunta: Si dejamos que la inteligencia crítica de alguien que es lo suficiente­
mente discretoyeruditoextraiga ydesarrolle una posible teoría de la ideología a par­
tir de De Man, ¿podemos sacar aquí una regla práctica de lo que ya existe —a saber,
que el prestar atención a la retórica nos advierte de la escenificación del idealismo,
mientras que éste subvierte lo crítico? Esta atención es la crítica de la ideología, y, si
la combinamos con la conclusión pos-althusseriana de que la ideología nos permite
vivir, es posible que nos conduzca hacia la responsabilidad del “error intencionado”.57
El desplazamiento hacia tal error intencionado viene al final del presente capí­
tulo. Intentaremos sacudir el equilibrio schilleriano para convertirlo en un doble
vínculo, a través del tratamiento batesoniano del “Juego”, para llegar al ab-uso de
la Ilustración.)
He aquí la última maniobra de mi Introducción. Me voya dirigir a la oscilación
contradictoria del doble vínculo —ydiré que ésta, la mejor lección de la filosofía
europea, cuya concurrencia con el uso, de parte del capital, de la diferencia (entre
el necesitar y el producir) en el seno de lo humano no es accidental, no puede
ser recordada hoy en día: que el trabajo inteligente, el trabajo que ahorra viene,
cuando sus límites son conocidos, con un saber auto-inmune, lamentablemente.
Internet sigue parasitando la imaginación humana, misma que a su vez percibe
en él una promesa fáustica. Nos parece maravilloso desde el lado izquierdo de la
balanza cuando los ecólogos de hoy pueden convocar al mundo entero en aras de
la biodiversidad, luchando en contra de los monocultivos. El capitalismo se apropia
del mundo orgánico, pero ¿quizás esuna lucha equilibrada? Cuando damos a lame­

56DeMan, Laideologíaestética, p. 209.


57“Laideologíaesuna ‘representación’de larelación imaginariade los individuos consus condicio­
nes reales de existencia.”I.ouisAltliusser, Ideologíayaparatos ideológicosdeestado. FreudyLocar), trad.José
SazbónyAlbertoJ. Plá, BuenosAires, NuevaVisión, 1988, p. 43. Althusser parece expandir el principio
general de la neurosis hastaabarcar lasupervivencia ideológica. Véase: Freud, “Formulaciones sobre los
dos principios del acaecer psíquico", OC12, pp. 217-232. La palabra que aparece en latraducción al in­
glés como“functioniiijf [funcionamiento] es Geschehens, que quiere decir algo más comoacaecimientos
oacontecimientos. [Etcheverrytraduce Geschehenscomo“acaecer”, (t .)]. Lo que sugerimos desde luego
es que el filosofar en Kant puede considerarse uno de estos "acaecimientos”, algo que Kant textualiza
razonablemente comolacrítica.
INTRODUCCION 45

táfora de los monocultivos de la mente su potencial completo sobre el terreno de


la diversidad lingüística, vemos que la situación se descompone. No es adecuada la
analogía entre la mente yel mundo sensible. El mundo natural o sensible necesita
la ayuda del uso-capital —suuniformidad—para acceder a las mentes. Las mentes,
para volverse dispuestas al uso apropiadamente social del capital, ypor lo tanto al
uso ético de la tierra, tienen que crecer lejos de la universalización del capital —y
cortejar la singularidad, de latextura—para que las estructuras puedan seguir fun­
cionando de manera eficiente.
La diversidad lingüística sólo puede poner freno a lo global. La muerte de una
disciplinaes un libro demasiado esperanzado!.58En el feroz impulso de ser “globa­
les”, las humanidades ylasciencias sociales cualitativas, comparativas en sus mejores
instancias, ya no constituyen una fuerza epistemológica conmovedora. Cada vez
más se asemejarán a la ópera, que cumple una función periférica en la sociedad.
Queda por verse si atraerán el mismo nivel de patrocinio corporativo que logra la
ópera, cuyo glamour las humanidades ylas ciencias sociales no tienen ninguna es­
peranza de equiparar. Yason los grupos de expertos relativamente glamorosos yla
“interdisciplinariedad”monolingüe (léase, diversidad menguante ymonocultura a
la estadunidense) los que vanganando lacarrera por los patrocinios. Las “asignatu­
ras del tronco común”estadunidenses —“políticamente correctas” en un mínimo
porcentaje por el hecho de incluir los clásicos “multiculturales”—traducidos, de
nuevo, al inglés —están viajando al extranjero. (Es una ironía que China —con su
tradición bimilenarista de asignaturas comunes en el servicio civil imperial—des­
taque en esta lista.)
En tal clima, una súplica a favor de la educación estética no puede esperar sino
un público conformado por un círculo íntimo —los aficionados a la ópera enmas­
carándose como “especialistas de la cultura popular”, esperando un mundojusto e
imposible con la difusión desesperada através de la retórica de un “por venir”—un
reconocimiento de la aporética, del doble vínculo. Los musculosos marxistas ceden
el paso a la feudalidad, financiada por las corporaciones, de los alter-globalistas con
su confianza digital. El aprendizaje a profundidad de lenguas yla ética incondicio­
nal están tan fuera de quicio con esta máquina-mundo felizysu inmensa potencia,
que personas como nosotros hacemos esta súplica porque no nos queda más que
hacerla, porque nuestra obsesión común declara que hayque mantener vivaalguna
ilusión de llevar a cabo la revolución epistemológica necesaria para girar el capital
hacia lajusticia social generizada, incluso contra toda esperanza. Escribí la mayor
parte de los ensayos del presente libro antes de estas últimas novedades, la contra­
dictoria oscilación del doble vínculo. Para tratar la presente Introducción también
como epílogo, entonces, permítaseme, para concluir, esquematizar:
Kant nos dio el trabajo de la mente, de la cabeza, como “error intencionado”que
conoce límites. Tan fuerte como para socavar la confianza ciega, impersonal, yapa­
rentemente racional de la productividad social del capital, pero irrelevante al egoís­
58 Gayatri ChakravortySpivak, Lamuertedeunadisciplina, trad. IrlandaVillegas, Xalapa, Universidad
Veracruzana, 2009.
46 INTRODUCCIÓN
mo personal e irreductible que acompaña la confianza racional en la productividad.
No es de sorprenderse, por lo tanto, que, como señalamos anteriormente, el propio
Kant confía en que el comercio trae consigo la paz—sin comentar sobre la deficien­
cia de la ausencia de la violencia en aras del comercio como la marca ética de una
sociedadjusta—.El error de Marx consistió en pensar que el egoísmo de los trabaja­
dores disminuiría si se revelara el secreto de la productividad social. Algunos habían
pensado ubicar la solución en la educación ética. El genio de Gramsci estribaba en
hacernos entender que el propósito era deconstruir a Marx al insertar la palanca en
la tercera Tesis para epistemologizar el proyecto: instrumentalizar al nuevo intelec­
tual para producir un sujeto“revolucionario”como intelectual proletario-subalterno,
mismo que se ha perdido sin variar hasta la fecha en el vanguardismo como secuela
inmediata de lasrevoluciones. Una episteme desinteresada puede permitir yresistir la
interrupción de loético. Hayque estudiar el humanismo, dijoGramsci, en ese mismo
espíritu con que algunos de nosotros decimos que el aprendizaje a profundidad de
las lenguas yla textualidad literaria capacitan el reflejo ético.
Mientras tanto, Schiller había neutralizado lavalentía de Kant al transformar el
error aterrizante en la reversibilidad. Toda solución “intermedia” hace la misma
maniobra. Paul de Man nota que el Spieltrieb, al formar parte de la programación
humana, se relaciona, por remotamente que sea, a la situación kantiana de “no
poder sino filosofar”. Es aquí donde se puede insertar la palanca para deconstruir
a Schiller desde la reversibilidad al doble vínculo. En efecto, el filosofar kantiano
como “error intencionado”, en donde la intención es una pulsión, también puede
ser leído como la situación de un doble vínculo —entre la filosofía como verdad
ymentira, la psicología como figura o letra. (“Nada más que una figura”, dice De
Man. “Nada más que”, la legitimación por inversión —doble vínculo.)
Todo esto contribuye muypoco al inicio de esta Introducción. Contribuyamos al
argumento al considerar otro punto de partida: que el Spieltriebde Schiller guarda
algo en común con el “juego”de Bateson. Protege al sujeto del doble vínculo como
esquizofrenia. La conclusión de la presente Introducción nos lleva desde la alenta­
dora tarea poscolonial de ab-usar la Ilustración europea hasta el desolado paisaje
de la academia euro-estadunidense contemporánea, produciendo al “académico”,
el Gelehrt, el afortunado sujeto de la Ilustración, como un analista de mercados con
discapacidad epistemológica. La Ilustración está enferma en su propia casa. Ya es
hora de recodificar yreterritorializar un mensaje de los años setenta, época en que
la globalización en su forma actual empezaba a emprenderse. El sujeto euro-esta­
dunidense debe cortejar la esquizofrenia como figura.59En nuestras celdas de aisla­

59 El sentidoen queempleola“figura”provienede un usoderrideanoespecífico. Cuando trataa Hc-


gel en Glas, Derridasedirige a loliterario en un punto particular: lofigurativo. Derrida está precisando
que la familia funciona de una manera figurativa para suprimir un doble vínculo en Hegel: “Este mo­
mento determinado de la familia, esta finitudfigura" —yel paréntesis de Derrida—“(por el momento
dejoaestapalabra laposibilidadde una apertura muygrande) latotalidaddel sistema”. Según Derrida,
el nombredel doblevínculoen Hegel eseljudío, del mismomodoenque, por mi parte, el doblevínculo
del sujeto (universal euro-estadunidense) es el esquizofrénico, sobre todoen laglobalización. Es intere­
sante que Derrida computa la figura en términos de la heteronormatividad reproductiva (HNR; véase
INTRODUCCIÓN 47

miento menguantes, debemos sondear la bipolaridad olvidada yobligatoriamente


ignorada de la productividad social yde la capacidad de destrucción social del ca­
pital ydel capitalismo por afectar a los subalternos del mundo, en los lugares en
donde ellos hablan, inaudibles, mediante el aprendizaje a profundidad de las len­
guas, las ciencias sociales cualitativas, el filosofar hacia la ética incondicional. Detrás
de cada uso “ético”de la Internet se encuentra una “buena”educación —familiar,
cultural, institucional—“estética”, en nuestro sentido. Sin esta buena educación
preestablecida —las literaturas y los movimientos de inmigrantes como el fin, la
celebración de las épocas de oro de las civilizaciones chinas, árabes e índicas como
alternativas, los sueños de la democracia digital como la feudalidad sin feudalismo
de los foros sociales mundiales—todos esos ejemplos no son más que convenientes
callejones. El temor a esta bipolaridad produce dos tendencias actuales, aparente­
mente opuestas: el elogio del Imperio yla alter-globalización, los cuales comparten
algunas simpatías comunes.60Si, en vez de que cada grupo identitario permanezca

el capítulo 5 del presente libro, “La cultura: situar el feminismo”): “¿Se dirá precipitadamente que la
familiafinita aporta un modelo metafóricoo una figuración cómoda para laexposición filosófica?¿Una
facilidad pedagógica? ¿Una buena manera de hablar al alumno de cosas abstractas, jugando mientras
tantoconlafamiliaridaddesignificaciones familiares?Todavíacabesaber quéeslafamiliaridadabsoluta
de unasignificación.”Allí estálaRHN; ¿por qué cabe saberlo? ¿Quées lafamiliaridad absoluta de algo?
“Si eso puede pensarse ynombrarse sin la familia, pues asegurarse que la familia finita en cuestión ya
noes infinita, en aquel casoloque lasupuesta metáfora llegaríaafigurar yaestaría en lametáfora” (De­
rrida, Olas, París, Galilée, 1974, p. 28). Lo que lasupuesta metáfora (de la familia) llegaría a figurar ya
estaríaenlametáfora. Enlaanalogíamásestricta, pero teniendoencuenta quefinalmente todaanalogía
también ynecesariamente esfalsa, digo, entonces, que loque lasupuesta metáfora (del sujetouniversal
euro-estadunidense —no reconocido como metáfora, entendido como verdad) llegaría a figurar (la
esquizofrenia como la pérdida radical del sujeto) yaestá enla metáfora.
60 Entre los pensadores contemporáneos que recomiendan el imperio en una u otra forma —yson
muchos—,en un extremo seencuentran aquellos que simplemente recomiendan el imperio por el im­
perio mismo, por decirlo de alguna manera, aquellos que dicen que por poderosos, yal ganar las gue­
rras, aportan la paz; que Estados Unidos debería decomportarse máscomoun imperio. Análisis históri­
cos como el de Niall Ferguson oel de Markvon Hagen pueden abordar el argumento de la “violación
posibilitadora” (Niall Ferguson, Colossus: The RiseandFall of theAmericanEmpire, Nueva York, Penguin
Books, 2005; Jane Burbank yMarkvon Hagen, “Corning into the Territory: Uncertainty and Empire",
manuscrito inédito). Dcepak Lal acepta la“posibilitación”pero nola“violación”:“Apesar de lapalabre­
ría nacionalistaymarxista, esteprimer régimen liberal [el imperio británico] aportaba beneficios enor­
mes al mundo, sobre todo a los más pobres” (Deepak Lal, In Praise ofEmpires: Globalization and Order,
NuevaYork, Palgrave, 2004, p. 207). Segúnél, WoodrowWilsonderrocóWestfalia (p. 192). Desprecia los
“derechos humanos, lademocraciaylalibertad”comolabanderade luchade“esteyihadoccidental”(p.
209). Amenudo yo misma he criticadoa la sociedad civil internacional ysusector dedicado alos dere­
chos humanos. Los extremos seunen. El asunto epistemológico se resuelve mediante una sencilla fór­
mula: “Modernizar sin occidentalizar”(p. 203). ¿Susolución? “Esposible que lasburocracias internacio­
nales dealgunas de lasagenciastécnicas multilateralessean absorbidas por lanuevaburocraciaimperial
[estadunidense]” (p. 75). Yaque éstos son sueños que realizan deseos, él noescapaz de pensar los tre­
mendos dobles vínculos implícitos de cualquier esfuerzo de tal tipo. Enel casode Ferguson, lomás lla­
mativoes su cinismo frente a labipolaridad del capital/capitalismo. Si bien reconoce que “loinconve­
niente de los logros imperiales es que es mucho más probable que sean dados por hechos que los
pecados imperiales” (p. xxi), Ferguson lanza lapregunta: “¿Puede haber globalizaciónsinlanchas caño­
neras?” (p. xix). Yllega a una conclusión, al final de su libro de 351 páginas, a favor de que “Estados
Unidos cambia de ser un imperio informal a ser uno formal”, inclusive si esoimplica “una buena canti-
48 INTRODUCCIÓN
en su propio enclave, algunos de nosotros ab-usamos la violación posibilitadora de
dad de pequeñas guerras como lade Afganistán”(p. 314). Esdentro del contexto de esta fe en el impe­
rioque él apunta uno que otro proyectode capacitación para laciudadanía, enAustralia oÁfricay, por
supuesto, India. No se puede ignorar esta posibilitación en la violación; es el mochlos, la palanca para
convertirenab-usoproductivolacolaboración entre las abstracciones del capital ylaignoranciade clase
socioeconómicade parte de los identitaristas culturalistas. Unavezmás, si esconsideradocomoverdade­
ro esfuerzo epistemológico, ¡debe haber una manera de imaginar alguna forma de pensar el esfuerzo
implicado en su implementación, en conducir lavoluntad al deseo de la posibilidad de la ley! Los tres
libros populares deJoseph Stiglitzson representativos de una posición liberal desde el estadode bienes­
tar. El dapor hechoque laintegración en una globalizaciónequitativaeslaúnicasolución paralos países
“en desarrollo”yque la responsabilidad (¿"carga”?) de los países “desarrollados”consiste en transfor­
marse así mismos de la manera indicada. Es crítico, sin lugar a dudas, del “colonialismo”del ylas
f m i

iniquidades de la o m c (Stiglitz, El malestar en laglobalización, trad. Carlos Rodríguez Braun, Madrid,


Puntode Lectura, 2007, pp. 90-95, 141; StiglitzyAndrewCharlton, Comerciojustoparatodos: Cómoelcomer­
ciopuedepromoverel desarrollo, trad. Natalia Rodríguez Martín, México, Taurus, 2007), pero esta actitud
general de lacarga de la gente desarrollada conduce a un “buen”imperialismo, sin duda el mejor que
podemos esperar. El wiafei/arefectivamente buscaun cambiode disposiciónmental a travésde grados de
“desarrollo”, pero lo que estoy llamando un “buen imperialismo queda clarosi consideramos el pasaje
representativo que aparece en la página 378de El malestar, yque empieza con “El mayor desafío... radi­
ca... en lasdisposiciones mentales”[traducción modificada]. “Un deseoimperialista intenta imponer, a
un nivel global, sus valores yestructuras fundamentales de gobierno y modos de pensamiento” (Ugo
Mattei, “ATheoryofImperial Law:AStudyon U.S. Hegemonyand the I^atinResistance”, IndianaJournal
of Global Legal Studies 10.38, 2003, pp. 401-402). Nuestra manera de cimentar la posibilidad de cambio
epistémico está contenido en Unaeducaciónestética. La noción stiglitziana de las “asimetrías de informa­
ción” (p. 16) puede conducir a nuestra manera si prestamos atención a la diferencia entre manejar la
información yaprender a leer, yasea información o cualquier otra cosa. Su noción de la educación es
por supuestoladel accesoal empleo (p. 123). Puede abordar aGorz (La metamorfosisdel trabajo. Búsqueda
delsentido. Críticadelarazóneconómica, liad. Mari-Carmen Ruizde Elvira, Madrid, Sistema, 1997), perose
le escapa necesariamente el aspecto Bloomsburyde Keynes, mismo que es loque estamos buscandoab­
usar. Cuandoescribe Cómohacerquefuncionelaglobalización, sinembargo, el hincapié parece haber girado
hacia el enforcement, o el cumplimiento forzoso, para las numerosas yexcelentes sugerencias de política
que ha reunido, a fin de crear un equilibrio entre la esfera económica ylos “valores básicos” (Stiglitz,
Cómohacerquefuncione laglobalización, trad. Amado Diéguez yPaloma Gómez Crespo, Madrid, Taurus,
2006, pp. 173-177, 205, ypassim). Pero¿cuáles son estos valores?¿Cuál essumanufactura?Tales pregun­
tas nos motivan, peroStiglitznotiene tiempoque perder con nosotros. Suideaeshacer cumplir [enforcé]
la“buenavoluntad”(p. 209). Estecambioempiezaaasemejarsea laimpacienciajustificadadel lobbyde
derechos humanos local yglobalmente, que también está empezando a girar hacia el enforcement. \j&
discusiónformal sólida en el salón de clases yel cuestionamiento informal extensivodejan en claro que
lapresuposición general esque el sector financiero no es capaz de sigilarse así mismoa menos que sea
“obligado” [forced] a hacerlo. No tengo paciencia para los teóricos de la alta burguesía quejustifican
implícitamente una “sociedad política” basada en esta especie de convicción —generalizada—proce­
dente de laclase bajaurbana poscolonial. Al otro extremo, laconvicción de Charles Tillydeque “sopor­
tar las cargas del bien común”yhacer posible que un gobierno aporte tratamiento equitativo a los sub­
alternos efectivamente conduce a una “transformación y una mejora”, pero nuestro breve resumen
debería de ilustrar que tales transformaciones ymejoras requieren, de una manera irreductible, la pro­
ducción epistemológica de las condiciones internas de laciudadanía que tal vezsean capaces de torcer
suscondicionesexternassinbenevolenciaglobal interminableysinunainsistenciaciegaen el enforcement
en solitario (Charles Tilly, Democracia, trad. Raimundo Viejo Viñas, Madrid, Akal, 2010, pp. 132, 228).
Con Gramsci yDuBois, puedeser que uno quieraver las cosas bajootra luz: que afaltade un reordena­
miento de los deseos hacia el acto imposible de desear el derecho, inscrito de una manera persistente y
epistemológica, no hayilusión de unasociedadjusta. Actualmente laleyes considerada comopoco más
que un instrumento de enforcement. Keynes cuestionaba esta situación desde el grupo Bloomsbury. Es
bien sabido que Estados Unidos impone sus leyes domésticas en un nivel internacional para regular el
INTRODUCCIÓN 49
nuestro pasado colonial para conversar los unos con los otros, es posible que sea-
comercio mundial. Aprendí esto por primera vezen Bangladés a mediados de los años ochenta. En su
artículo“Empire’sLaw”, Susan Marks rinde sobrias cuentas de cómo integrarlo a ladeclaración, de par­
te de Hardt yNegri, de una ruptura entre el imperialismo yel Imperio (IndianaJournal of Global Ilegal
Studies 10, 2003, pp. 449-465). Por supuestoque nos quedaclarísimoaquienes trabajamos por el reorde­
namiento epistemológico que el enforcement no es una meta unitaria práctica. En este punto Hardt y
Negri también son conservadores (Michael Hardt yAntonioNegri, Multitud: Guerraydemocraciaenlaera
delImpetro, trad.Juan AntonioBravo, Barcelona, Debate, 2004, p. 285ypassim). La idea que tienende la
democracia eneste librodesconoce el doblevínculoentre laipseidadylaalteridad, mismoque acompa­
ña la democracia desde Platón hasta Gandhi. Nose puede definir la democracia por la ausencia de la
guerra. Sigoperpleja por estosdos compañeros deviaje. Nopuedo respaldar por completosunoción de
laescena contemporánea, como el Imperiosuperando [sublating] el Sueño Estadunidense, para ser su­
perado por una multitud que debe materializarse. Pero cuando dicen que “la multitud no es un sujeto
políticoespontáneo, sinounproyectodeorganizaciónpolítica, desplazandoasí ladiscusióndel ser de la
multitud al hacer la multitud”, puedo ponerme de acuerdo con ellos, si bien para mí el cambio episte­
mológicoes una preparación más que una organización política. Jamás podré aceptar, en cambio, que
“lamultitud es la autora misma de su perpetuo devenir otro, un proceso ininterrumpido de autotrans-
formación colectiva” (Hardt yNegri, Commonwealth: El proyectode una revolución delocomún, trad. Raúl
SánchezCedillo [Madrid, Akal, 2011], pp. 181, 184), que produce un deseo para un commonwealthreal,
en lugar del que actualmente existe, en un sentido extra-moral muyrobusto. Esto precisa ser cotejado
conlarealidad. Aún no es el momento de que ardan lasuniversidades. I-ashumanidades aún nose han
vuelto inútiles, en principio. Godot no ha llegado, no llega. No hemos llegado al pos-humanismo; lo
únicoque podemos hacer, siempre, esestar en camino. “Un universode redes lingüísticas productivas”
—su frase (Hardt yNegri, Impetro, trad. Alcira Bixio, Barcelona, Paidós, 2005, p. 349—debe tomar en
cuentaque debidoalainmensa riquezalingüísticadel mundo, noes posibleentendernos todoel tiempo
(yesto más allá de los irreductibles malos entendidos en la comunicación humana exitosa, incluso la
monolingüe) yes posible quealgunos quieran preservar ese misteriofrente a la claridad, basada en los
datos, del capital globalizadoal serviciode un mundo. ¡Yno se puede, así de sencillo, dar al sector ter­
ciario, siempre celebrado por losderechistas, el nuevoysexyapelativode “producción inmaterial”!Si les
interesa un mundojusto futuro, tal vezles convendría hacer lapregunta de Judith Butler: “¿qué es una
vida?” (Judith Butler, Marcos de guerra: Las vidas lloradas, trad. Bernardo Moreno, Barcelona, Paidós,
2010, p. 14). No basta con insinuar, como lohacen ellos, que en la biopolítica (poco definida, siquiera
en lomás mínimo, en sus tres desafiantes libros) el cuerpo es lamente (Hardt yNegri, Multitud, p. 383
ypassim). En una época cuando las tecno-investigacioncs genómicas yneurológicas se multiplican de
manera exponencial, ya no es especialmente radical adoptar esta postura. Afalta de los hábitos de los
reflejos democráticos (estoyde acuerdo con sucelebración del hábito en Multitud, pp. 233ss.), no hay
democracia. Distintos tipos de educación estética, específica a los (con)textos, van a formar la base en
movimientoyde largo plazode esto, enesteabigarradomundo nuestro, parasiempre, noaúnun globo.
Elartículo“MúltipleModernities”de Samuel Eisenstadt (Daedelus 129.1, inviernode2000, pp. 1-29) —ya
implícito en Saussure (para Saussurc “el carácter holísticamentc sistémico de cada posición sincrónica
hace irrelevante lasucesiónde pasos anteriores através de los cuales fue alcanzada; por interesante que
sea la pregunta en sí, no tiene nada que ver con el estado sincrónico dado deljuego"; Boris Gasparov,
“Freedomand Mystery” [manuscrito inédito])—parece ser mucho más coherente con lacontempora­
neidad de la globalización. Jon Solomon ha escrito contundentemente de un “nacionalismo imperial
que circula entre los izquierdistas estadunidenses”yaconseja que “mirfemos] más alláde lascategorías
delasoberaníayladiferenciacivilizacional en nuestroacercamientoalaviolenciadel capitalismofinan­
ciero”(correo electrónico inédito). Si Internet)’la red son asumidos como su alegoría de leer la multi­
tud, haymucho que queda excluido. Con respecto al ForoSocial Mundial (k s m ),muchos de sus miem­
bros ya lo saben. Su problema es que al dar por un hecbo la globalización (capitalista), comparten los
peligros de desconocer la bipolaridad necesaria. F.l tal como es analizado en el excelente libro de
k s m ,

José Corróa Leitc, FórumSocial Mundial: Ahistoriadeurnainven(ñopolítica (Sao Paulo, Funda^áo Perscu
Abramo, 2003) se queda en la línea del “buen imperialismo” de Kant. ¿Cómo sabemos que, dada la
oportunidad, los trabajadores nose irán por el camino de Enron (pp. 142-144)?Tal comohe argumen-
f
I 50 INTRODUCCION
mos capaces no sólo de darle un vuelco a laglobalización, sino también de comple­
mentar la uniformización necesaria de la globalización con diversidad lingüística.
Pero tal ilusión está fuera de quicio; es mejor dudar.
Con ladocencia: una educación estética; esperar contra todo pronóstico, loiclio-
mático del salón de clases. Académicas como Lynn Hunt yMartha Nussbaumestán
seguras de que las humanidades conducirán a la iluminación. “Uno podría argu­
mentar —o bueno, yo podría, de todos modos—”escribe Charles Isherwood,
que sepuede rastrear una parte del líoque surgió a partir de lacrisis de las hipotecas de alto
riesgo [de 2008] a una amnesia colectiva por parte de las autoridades establecidas sobre la

tadoen repetidas ocasiones, en otros espacios, la“concientización”no es un sustituto del cuidadoepis­


temológicopaciente. Deotromodo, no haycapacitación cuando los oprimidos emergen de la“libertad
negativa”para entrar a la “libertad positiva”. Miargumento en este libroes que los de arriba necesitan
una educaciónestética. Encasocontrario, la imaginación no tiene lacapacitaciónsuficientemente fuer­
te para darse cuenta de que los “movimientos sociales”son apropiados por el estado ypor lasélites, se­
gún sus motivaciones distintas, interminablemente. Correa Leite tiene razón al lamentar que el k s m

como tal no tiene acceso a lonacional/local. Sin embargo, la metonimización de Bombaycomo “muy
alejadode lacultura política occidental”¡llevaimpresa el aura de Foucault cuando encuentra asuotro
enlaGreciaantigua! [Laautorase refiere al nuevoepílogoque fue agregadoalaediciónestadunidense
del libro. Véase:José CorreaLeiteyCarolina Gil, TheWorldSocialForurn:SlrategiesofResistance, trad. Ttaci
Romine, Chicago, Haymarket Books, 2005, p. 147. (t .)] Es excelente queel libro incluya la incisivacríti­
cade Naomi Klein. Pero lacrítica de Klein apenas puede ser distinguidade lavieja crítica socialista (p.
174 [de la edición estadunidense]). Otra vez nos dirigimos a Gramsci ysu manera de estudiar la deca­
dencia del socialismo internacional. No se puede construir “otro mundo”con el de hoy. Hayque
f s m

considerar comoepistemológicalacargade lavisióndecimonónicade Marx, que diounvuelcoalameta


lasabiduría ideológicaysimplificada de las páginas de la edición dominical del NewYork Times. Sigoci­
tándola para combatir las quejas académicas sobre la impracticabilidadyla alta teoría. Un comentario
sobre el hecho de que el enforcement en solitario no es suficiente, entonces: “Basándose en decenas de
conflictos históricos, laconclusión principal del manual [es decir, el Manual deCampoContrainsurgencias
que fue adoptado en 2006por el Ejércitoylos Marines estadunidenses] es la aseveración de que no se
puede derrotar las insurgencias sin proteger yconvencer a la población general, no obstante laeficacia
de los golpes directos a los combatientes enemigos” (James Glanz, “Historians Reassess Battle of Agin-
court”, NewYorkTimes, 25de octubre, 2009). Yel apunte que escribí amanoen el margen: “Si asísegana
laguerra, asíconseguimoslapaz, sinduda”.Yacomprenden. Nuestraposiciónes, porsupuesto, quesólo
el capital ylosdatos pueden lograr laglobalización. Todo lodemás es re-codificación, una picardíaante
el tontocontrol de daños. Frente al “dilema de lasimultaneidad" Claus OfTeaconseja: "Los macroacon-
tecimientos han adquirido una velocidad increíble... los actores individuales... requieren de... pacien­
ciapara nointerferir con la‘destrucción creativa’quevaaseguir tras las reformas de precioydepropie­
dad de una manera perfectamente intencionada, si bien al valerse de sus derechos civiles, recién
ganados, serían bastante capaces de hacerlo”(Claus Offe, “CapitalismbyDemocratic Design? Democra­
ticTheoryFacingthe TripleTransition in East Central Europe, Social Research58.4, invierno de 1991, p.
887). Charles Tillyafirma que sus lecturas le indican que “un cierto nivel de confianza [es] una condi­
ción necesaria para la democracia” (Democracia, p. 129). Lapaciencia, laconfianza—¿de dónde provie­
nen estas virtudes? ¿Quién en la actualidad proporciona este tipo de capacitación?—Sin embargo, las
universidades ponen freno a las humanidades. En el modo tan ficticio que puede ser usado por un so­
ciólogoprofesional, en “una serie de conjeturas no del todo probadas”, Tillyda el vistobueno: “Si estas
conjeturassoncorrectas, aunque sólo seade manera rudimentaria, no sólohemos estado trazandouna
interesanteseriede transformaciones políticas, sinounavíapara lamejorade lascapacidades ydel bien­
estar humanos”(pp. 228, 229). Una educación estética.
INTRODUCCIÓN 51

esencia de la naturaleza humana. En algún momento Alan Greenspan argumentaba que la


faltade regulación no fue loque causó latormenta de fuego: fue el excesode avaricia enWall
Street. ¿Acasono loveía venir? Hayque remediar este evidente desconocimiento de nuestra
naturaleza más baja entre loseconomistas de primera fila, para evitar más problemas. Por lo
tanto, recomiendo un cursillosobre loque sonloshombresylasmujeresylo que son capaces
de hacer para sobrevivir yprosperar cuando se relajan las restricciones de la civilización. Les
receto una noche en la espeluznante compañía de “Blasted”.61
Hace falta que se nos enseñe a (querer/saber cómo) leer “Blasted” para sentir
lo que sienten Charles Ishenvood o Martha Nussbaum o incluso Lynn Ilunt. O,
por otro lado, puede ser que uno sólo quiera invertir en la obra: una variedad de
la avaricia. Schiller efectivamente estaba equivocado en su manera de comprender
a Kant. Pero ¿quién está totalmente en lo correcto? El problema de Schiller no era
que estuviera equivocado, sino que no se echó a correr con su versión de su error,
tal como lo hizo Kant, tal como lo hizo Nietzsche, tal como lo hizo Derrida, de
maneras distintas. Toda acción comunicada, incluso la acción auto-comunicada,
está destinada a la errancia. Es una aseveración que parte del sentido común tanto
que casi no vale la pena plantearlo. Pero es muy difícil hacer que entre a la teoría.
Para conservar los casos afortunados, parece que estamos obligados a desconocer
la destinerrancia.
Prefiero sugerir que hay que saber qué error cometer con un texto específico,
y que también hay que saber cómo defender nuestro error como el que nos per­
mite vivir. Presupongo, desde luego, que cuando un texto está a mi alcance es un
mis-take. tanto un error como algo que interpreto mal. Cuando nos acercamos al
subalterno, sólo podemos aprender mediante los errores, si es que llega esa remota
contingencia.
Dirijámonos ahora al saber “técnico-científico”de Gramsci, “superior al espíritu
abstracto matemático”. Se puede leer aquel saber y aquella abstracción como el
secreto del mensaje marxista al trabajador, lección obligatoria para cualquier líder
involucrado en la organización en las fábricas, tal como lo era Gramsci, ydescono­
cido a menudo por los lectores de Marx involucrados exclusivamente en la organi­
zación partidaria, o en losdebates textuales académicos. Es el “punto de lanzamien­
to” (Sprengfnmkt) para el entendimiento de la economía política, la homeopatía o
el carácter de medicamento/veneno (pharmakon) de la cuantificación laboral (“el
promedio abstracto” en Marx).62La aseveración es básica. Si los trabajadores, dis­
puestos a cuantificar su trabajo para su uso en el bienestar social, usan la plusvalía
generada por la diferencia humana definitiva entre la capacidad de fabricar y la
necesidad, tendremos el socialismo científico. Aquí el modelo de la voluntad yel
consentimiento es sencillo, y comparte su sencillez con el concepto agencial del

61 Charles Ishervvood, “AHealthy Dose of Misery for Company”, NewYork Times, 26 de octubre de
2008, p. 6.
65 Karl Marx, El capital. Críticadelaeconomíapolítica, tomoi, volumen 1, trad. PedroScaron, México,
SigloXXI , 1987 (1975).
52 INTRODUCCIÓN
voto. “¿Cuántos votos para una inconsciente?” pregunta Derrida, revisando así a
Reich tanto como a Nancyen un doble vínculo.63El asunto es que Marx no ubicó a
este agente en una teoría desarrollada del sujeto. Los freudo-marxistas franceses de
los años setenta nos dijeron que Freud se asemejaba a Marx, yen el proceso com­
plicaron a Marx.64Perry Anderson se quejaba de que el pos-estructuralismo pudo
surgir porque Marx no teorizó el sujeto revolucionario.65Por otro lado, el equipo
entero del lado de la enajenación-cosificación presuponía de manera implícita que
Marx efectivamente teorizó al menos la posibilidad de un sujeto libre, ylanzaron
su crítica del capitalismo como crítica de la cuantificación (el promedio abstracto)
grossomodocomo el trabajo muerto sobre el vivo.66De hecho, loque Marx no teorizó
fue el sujeto (pos/para)revolucionario. ¿Por qué debería de ser que el agente de lo
“social” como la cuantificación usada para la libertad agencial de la intención del
capitalismo dedicara su intención liberada a la construcción de una sociedad de
bienestar, en donde lo “social”es entendido, por Marx ylos marxistas, en un senti­
do humanista general? (El “socius”de Deleuze yGuattari tiene la psiquiatría como
su alegoría de la lectura, yse considera a sí mismo como otra especie de remedio,
algo que, no obstante suimportancia, carece de relevancia aquí.)67Aquí eljuego de
la palabra “social”—por un lado, los adjetivos ferozmente originales gesellschaftlich
o vergesellschaftet en el sentido de una asociación basada en el trabajo cuantificado
como pharmakon, y por otro el sustantivo difuso, teorizado en su mejor instancia
mediante un lectura profunda de las teorías de antropólogos como Lewis Mor­
gan.68Ai proletario sólo hayque enseñarle la lección del primer sentido. Aquí entra
Gramsci. Se da cuenta de que la lección técnico-científica y matemática abstracta
por sí sola no es suficiente. El nuevo intelectual instrumentalizado tiene que hacer
más. Mediante su inteligencia, experiencia yocio obligatorio, llega a darse cuenta
de que Marx podía pensar losocial comopharmakonporque él mismo, a través de su
propia educación humanística, llegó a entender losocial como el bienestar consen­
sual de la colectiva ysus clases socioeconómicas diversificadas. De ahí la insistencia
de Gramsci en que el proletario (más el subalterno) tiene que ser el sujeto de una
educación humanista.69Es en aras de esto que hay que entender todo respaldo im-

63Derrida, Canallas, p. 74 [traducción modificada]; WilhelmReich, Lapsicologíademasasdelfascismo,


trad. Raimundo Martínez Ruiz, México, Roca, 1973; el pasaje verdadero probablemente se trata de una
réplica cariñosa ala ideadeJcan-Luc Nancyde una comunidad de singularidades.
61Jean-Frangois Lyotard, Economíalibidinal, trad. Tununa Mercado, México, Fondo de Cultura Eco­
nómica, 1990 [1974]; JcanJoseph Goux, Freud, Marx: Economie et symbolique, París, Editions du Seuil,
1973.
65 PerryAnderson, Traslashuellas del materialismohistórico, trad. Eduardo Terrén, México, SigloXXI,
1988.
66 HarryBraverman, Trabajoycapital monopolista: Im degradacióndeltrabajoenelsigloXX(trad. Gerardo
Dávila, México, NuestroTiempo, 1978) yGyórgyLukács, Historiayconscienciadeclase:Estudiosdedialéctica
marxista(trad. Manuel Sacristán, México, Grijalbo, 1969) representan una lista muchomás larga aquí.
67Gilíes Deleuze yFélixGuattari, El anti Edipo: Capitalismoy esquizofrenia, nueva ed., trad. Francisco
Monge, Barcelona, Paidós, 1985.
68LewisH. Morgan, Lasociedadprimitiva, 5a. ed., trad. CarmeloLisónTolosana, Madrid, Ayuso, 1987.
69Me refieroal dilema de Derrida con respecto a lo“humano”en las humanidades en la nota 22.
INTRODUCCIÓN 53

plícito de la “burguesía progresista” (expresión celebrada de Lenin para designar


al aliado histórico de lavanguardia) —en pocas palabras los diagramas de Venn de
la hegemonía yel estado—como pharmaka.70
En “Complementar el marxismo” (el capítulo 8del presente libro), el entendi­
miento del problema de la paleonimia de lo social conduce a una propuesta para
lo ético. Esto se relacionaba con mi confianza en la originalidad accesible del abo­
rigen que he apuntado de paso. Expandir mi trabajo para abarcar un grupo sub­
alterno en la India moderna —en lugar de una comunidad aborigen “preservada”
feudalmente—ha hecho que me diera cuenta de que mi idea de que se podía
convocar lo ético simplemente porque fue pensado como “conformismo cultural
dispuesto a la modernización”dependía del hecho de que el primer grupo de es­
cuelas con las que trabajé se ubicaba en un distrito aún más “retrógrado”, yque los
subalternos de allí habían sido contenidos en un cruel “aislamientocultural”, como
si estuvieran en un museo, por el terrateniente. Este sólo entendió la obligación
frente al subalterno en tanto lucha contra del partido yde la escritora feudalista y
culturalista cuyas obras he traducido. En otras palabras, la presencia aparentemente
sin mancha de un sedimento ético salvable era el resultado de una subordinación
sistemática bajo un despotismo benévolo, cosa que no entendí hasta que esas es­
cuelas fueron clausuradas porque algunos de los chicos empezaban a cuestionar la
autoridad, si bien de una manera poco sistemática, al mismo tiempo que las chicas
iban robotizándose. Gramsci tenía razón al pensar que el proyecto era epistemoló­
gico. Hay que atender a la interrupción de lo ético. No puede formar parte de un
plan directamente.
Apunté anteriormente que en el registro de la Baubo, quizás puede ser que lo
literario todavía logre algo. Oquizás no. Permítaseme concluir con el género, en­
tonces, ya que la heteronormatividad reproductiva es la cosa mundial con que ase­
guramos el espacio entre la fabricación y la necesidad, muchísimo antes de que
el capital surgiera de esa falla. Es un espacio ni de la razón ni de la insensatez,
totalmente irreductible. Recuérdese el lamento de Edipo: “Oh matrimonio, matri­
monio, me engendraste y, habiendo engendrado otra vez, hiciste brotar la misma
simiente y diste a conocer a padres, hermanos, hijos, sangre de la misma familia,
esposas, mujeres ymadres, ytodos los hechos más abominables que suceden entre
los hombres”.71Si tan sólo fuésemos animales, sin la abstracción de la inscripción
del parentesco como revisión secundaria, no hubiera existido el pecado.
El género es nuestro primer instrumento de laabstracción.

70V. I. Lenin, “Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista”, en Obras escogidas en doce
tomos, tomo XI, mayo de 1920—marzo de 1921 (Moscú: Progreso, 1977), pp. 119-165; Lenin, “El im­
perialismo, fase superior del capitalismo”, en Obras escogidas en doce tomos, tomo V, 1913-1916 (Moscú:
Progreso, 1976), pp. 372-500; yChristineBuci-Glucksmann, Gramsciyelestado:Haciaunateoríamaterialista
delafilosofía, trad.Juan Carlos Garavaglia (México, SigloXXI, 1978).
71 Sófocles, EdipoRey, 1403-1407; traducción [al inglés] mía, tan literal como me fue posible para
mostrar que Edipo le reprocha al matrimonio la inscripción del parentesco humano, que de ahí posi­
bilita el incesto. Sófocles representa aEdipocomoalguien que no aprende la Leydel Padre. Es el coro,
contratadode obraen obra, en quienrecae el deber de hacer deél un ejemplo. Edipo Reyinicia laobra
54 INTRODUCCIÓN
Si doy una pequeña definición provisoria de la cultura —misma que ampliaré
en “La cultura: situar el feminismo” (capítulo 5 del presente libro)—tendrán una
idea de esto. Pensemos la cultura como un paquete de presuposiciones que en gran
medida no reconocidas, mantenido sin demasiada rigidez por parte de un grupo bo­
rrosamente delineado de personas; presuposiciones que mapean las negociaciones
entre lo sagrado ylo profano, yla relación entre los sexos. Para teorizar de manera
abstracta, necesitamos una diferencia. Sea como sea que filosofemos lo sensible y
lo inteligible, lo abstracto y lo concreto, etcétera, la primera diferencia que perci­
bimos materialmente es la diferencia sexual. Se convierte en nuestra herramienta
para la abstracción, de muchas maneras y formas. Al nivel de las presuposiciones
mantenidas sin mucha rigidez que, durante dos siglos, los grupos angloparlantes
han denominado “la cultura”, los cambios son constantes. Pero, en cuanto cambian,
estas //^suposiciones inconscientes se convierten en sistemas de creencias, en supo­
siciones organizadas. Los rituales se fusionan para coincidir con, apoyar yadelantar
las creencias ylas suposiciones. Pero estas presuposiciones también nos otorgan los
medios para cambiar nuestro mundo, para innovar ycrear. la mayoría de las perso­
nas creen, incluso (o quizás en particular) cuando se comportan como relativistas
culturales, que la creación yla innovación son su propio secreto cultural, mientras
que “los otros”están determinados sólo por sus culturas. Este hábito es inevitable y
es computado con el respaldo de la diferencia sexual, sostenida hasta convertirse
en algo que las feministas angloparlantes empezaron a llamar “el género” desde
hace cuarenta años. Pero si nuestra aspiración es ser ciudadanos del mundo, no sólo
debemos luchar en contra del hábito de creer que la creación y la innovación son
nuestro propio secreto cultural, sino que también debemos deshacernos del hábito
de creer que nuestra versión de computar el género es universal, ydel hábito de ig­
norarlo cuando no estamos hablando específicamente de mujeres yqueers.
Pensado como un instrumento de abstracción, el género es, de hecho, una po­
sición sin identidad (una perspectiva que proviene de los estudios queer gracias a
David Halperin), sexualizada en la práctica cultural.72Por lo tanto nunca podemos
pensar por completo la instrumentalidad que abstrae a partir del género. Con esta
breve introducción me dirijo a la conclusión de “Kant ySchiller”de Paul de Man y
concluyo por mi parte la presente Introducción.
Este es el desplazamiento señalado en la página 26.
De Man no abordó el género. Sin embargo, subraya un pasaje de Schiller que en­
gendra ygeneriza lo estético ylo deja impávido. Permítaseme una cita en extenso:
La hipotiposis representa para Kant [...] un problema muy difícil que de nuevo amenaza
el discurso filosófico; en cambio, Schiller, lo ofrece como una solución, de nuevo bajo la
forma de un quiasmo, mediante una oposición similar. Losensible [...] se convierte en una

conuna referenciaaun nacimientocolectivomíticofuerade lacopulaciónheterosexual. Escasi comosi


hubiera aquí un retoalaaplicabilidad general de la leyque sólopuede ser un error de base.
72 DavidHalperin, SanFoucault: Paraunahagiografíagay, trad. MarianoSerrichio, Córdoba, Argenti­
na, Ediciones Literales, 2004, p. 83.
int r oduc c ión 55
metáfora de la razón. Esto seextiende a la humanidad que, parece ser, no es totalmente un
principio de clausura, porque la humanidad no es única —sino que contiene una polaridad,
lapolaridad de macho yhembra que lahabita, yéste es el modo como Schiller se las arregla
con el problema. “El otro sexo”, dice Schiller, el sexo femenino “no puede y no debería
compartir el conocimiento científico con el hombre, aunque por medio de su representa­
ción figural puede compartir la verdad con él. Los hombres tienden asacrificar la forma al
contenido. Pero la mujer nopuede tolerar una forma rechazada, ni siquiera en presencia del
contenido más rico. Ytoda laconfiguración interna de su ser le da derecho a hacer esta exi­
gente demanda. Es verdad, no obstante, que en esta función, ella puede adquirir solamente
el material de la verdad yno la verdad misma. Por consiguiente, la tarea que la Naturaleza
le impide hacer a la mujer, el otro sexo... esta tarca debe ser doblemente asumida por el
hombre si desea ser igual a lamujer en este importante aspecto, en este importante aspecto
de su existencia. El hombre, pues, tratará de transponer, en la medida de lo posible, laesfera
de lo abstracto, en la que domina ygobierna, a laesfera de la imaginación yla sensibilidad.
El gusto incluye u oculta la natural diferencia intelectual entre los dos sexos. Alimenta y
embellece la mente femenina con los productos de la mente masculina, y permite al sexo
bello sentir lo que no ha pensado ygozar de lo que no ha producido su labor” (Werke, 21,
pp. 16-17). Todo esto para lasmujeres. Quizá, el humanismo de Schiller está mostrando aquí
algunos de sus límites. De cualquier manera, la conclusión teórica de este pasaje sería que
en lamedida en que losensible llegaaser, sin ninguna tensión, una metáfora de la razón, en
Schiller, las mujeres llegan aser, sin opresión, una metáfora del hombre. Porque la relación
de la mujer con el hombre es la misma que la de la metáfora con loque ésta indica, ola de
larepresentación sensible con larazón.
De la misma manera, las consideraciones de Schiller sobre la educación conducen a un
concepto de arte como metáfora, como popularización de la filosofía. La filosofía, como
vieron, constituye el dominio del hombre, el arte es—básicamente, lobello es—el dominio
de las mujeres. La relación es metafórica.73
No me interesa rescatar a Schiller ni a De Man para hacer que su política de ge­
nero sea buena, signifique loque signifique. No es un secreto que la “feminización”
es un insulto. Sin embargo, “lasola feminización”no puede ser necesariamente un
insulto. Ylo estético, para Schiller, es algo potente, algo digno de los príncipes, que
puede salvar el mundo de sí mismo. No se puede negar que estos despliegues pecu­
liares de la mujer son el momento de transgresión que piden un desplazamiento, y
mi tarea es emprender tal desplazamiento.
Supongamos que intentáramos voltear ydesplazar el antiguo binario hasta que
la “mujer” sea una posición sin identidad. Escribo “intentáramos” porque la fuer­
za del esfuerzo es la fuerza de leer ypensar, ya que el interés determinado por la
diferencia sexual no puede desaparecerse. Con esto en cuenta, recuerdo nuestros
esfuerzos en los primeros días del feminismo académico: buscábamos distinguir en­
tre las tareas masculinas ylas domésticas (de mujeres ysirvientes), como las de una75
75De Man, La ideologíaestelica, pp. 218-219. Un buen ejemplo de los comentarios típicos de Schiller
en tornoa las mujeres está en EE, p. 135ypassim.
56 INTRODUCCIÓN
solavezylas que se repetían porque siempre eran necesarias, respectivamente. Algo
que se puede citar en una nota de pie a diferencia de cocinar ylimpiar, digamos.
Aprimera vista, la mujer schilleriana es de clase alta. Sin embargo, si examinamos
con cuidado el pasaje que cita De Man, veremos que la distinción entre el acceso
a la verdad yel acceso a la figuración es un desplazamiento de la distinción entre
una-sola-vez yla repetición, misma que abordamos como históricamente atribuida
al varón yclasificada como masculina/femenina. En este sentido se puede juntar
la metáfora-concepto de lo femenino con Baubo para pensar el lugar de lo estético
como útil para apuntalar un mundo desviado por la elección racional y la racio­
nalidad abstracta extrema de lo electrónico, en donde la imaginación misma es
hecha empírica para convertirse en programación razonable, al mismo tiempo que
la imaginación como acontecimiento inevitablemente huye. Es así que la expresión
taquigráfica de Gramsci de “la historia humanista” puede ser expandida en el con­
texto actual, y es así que debemos instrumentalizarnos como nuevos intelectuales
ilusionados con un buen mundo en el modo aporético del “por venir”. En un libro
anterior anuncié una muerte yaquí anuncio una desesperanza, porque la vida yla
esperanza son arrogadas de una manera demasiado fácil por el campo de la mera
razón. Quizás sería más acertado concluir la presente Introducción con una tarea
“femenina”imposible tanto en el sentido schilleriano como en el mío.
Permítaseme finalizar con lainvocación de tal tarea en laconclusión del libro Ca­
nallas deJacques Derrida. No es una tarea desagradecida, sino una tarea generiza-
da, una repetición necesaria de la diferencia en lugar de la obtención una-sola-vez
de la buena teoría, en donde el género es una posición sin identidad, la inyunción
schilleriana de feminizar lo estético, el último de los mejores dones para mí, una
mujer, su primera alumna doctorada, un don legado a contrapelo por mi maestro
deshonrado, Paul de Man.
He aquí el doble vínculo. “Ser responsable... sería inventar unas máximas de tran­
sacción para decidir entre dos exigencias igualmente racionales yuniversales aun­
que contradictorias con la razón ycon sus luces”. Obsérvese lapalabra “máximas”.
Yhe aquí la tarea: “Queda por saber, para salvar el honor de la razón, cómo tra­
ducir. Por ejemplo, la palabra ‘razonable’.Ycómo saludar, más allá de su latinidad,
en más de una lengua, la frágil diferencia entre lo racional ylo razonable”.74
En el prefacio de Alegorías de la lectura, De Man describe un “desplazamiento”,
yno un “fin”—un “desplaza[miento] desde la definición histórica a la problemá­
tica de la lectura... típico de mi generación, tiene más interés por sus resultados
que por sus causas”—palabras prudentes, camuflando las “causas”como “de poco
interés”.75Pero, el “literalismo pugnaz”enseñado por este maestro hace que yo, su
alumna, husmee esas mismas causas: desplazando a una generación nacida en Euro­
pa en los años veinte desde una definición histórica a la problemática de la lectura
que, para ellos, seguía contenida en los principios canónicos de la historia literaria.

7<Derrida, Canallas, p. 188.


75 DeMan, Alegoríasdelalectura, trad. EnriqueLynch, Barcelona, Editorial Lumen, 1990 [1979], p. 9.
INTRODUCCIÓN 57

Los críticos se han fijado en estas palabras, por supuesto, yhan hecho que co­
rrespondieran con otras instancias del contraste entre la historia yel lenguaje. Sin
embargo, nadie parece haber notado que de Man habla no sólo de sí mismo sino
de su generación. Mi generación nació cuando la suya coqueteaba con el fascismo,
la causa sin interés de un desplazamiento subsecuente de la historia a la lectura.
Nosotros maduramos fuera de Europa, cuando su guerra, en la cual luchamos de
parte de nuestros amos, inauguró el fin del imperialismo territorial. Aestas alturas
ya tengo más años de los que tenía De Man cuando falleció. “Típica de mi genera­
ción”es esta preocupación por preservar los sueños de la poscolonialidad frente a
laglobalización. Es la historia de esa parábasis que para mí fue la lección más soste­
nida de Paul de Man: desplazar la lección de Paul de Man hacia otro teatro.
Acontinuación De Man dice que, “en principio”, el desplazamiento de lahistoria
a la lectura típico de su generación “podría conducir a una retórica de la lectura
que trascendiera los principios canónicos de la historia literaria que aún sirven, en
este libro, como punto de partida de su propio desplazamiento”.76“Trascender”.
Desplazados a otro lugar. ¿Aqué distancia? ¿Ala distancia que los empujo, en estos
tiempos? ¿Aotro lugar aparte? ¿Por lo menos aun entendimiento, mientras que las
mejores universidades aconsejan a sus alumnos que acorten sus tesis de doctorado
según las demandas comerciales, que una educación estética inevitablemente tiene
una función meta-vocacional?
Instrumentalícese losensayos que siguen, pues. Por más cómodamente condena­
dos que estén avalerse de material de lodominante yen lodominante, hayque des­
hacerlos rumbo a la subalternidad yacordarse de que también en la subalternidad
lorazonable ylo racional andan como una diferencia. Que cualquier lector desper­
dicie el tiempo para aprender a analizar los deseos (adiferencia de las necesidades)
de los ejemplos colectivos de la subalternidad es mi falsa ilusión.

76Unaafirmación casi idénticaaparece en el prefaciode Laretóricadelromanticismo, trad.JuüánJimé-


nez HefTernan, Madrid, Akal, 2007, pp. 77-79, sin la referencia generacional, pero con laadición de la
metáfora conmovedora de “buscar refugio, mediante investigaciones más teóricas, en los problemas del
lenguaje figural”[traducción modificada (r.)].