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CRÍTICAS…Debo encontrar lo escrito sobre vamos muriendo

a tiempo.

CAPÍTULO 1

Por ahí me platicó alguien o leí, no me acuerdo bien, que si


quería leer de pornografía, de incestos, de asesinatos, traiciones,
mentiras, masturbaciones, locuras, bajezas y aberraciones del ser
humano, buscara en la Biblia. ¿En la Sagrada Biblia me pregunté
incrédulo?

Pasaba el tiempo y la idea me revoloteaba en mi cerebro y yo


mismo me contestaba: bueno, sí hay en la Biblia cosas terribles,
pero simplemente es lo que sucede en la historia de todos los
pueblos antiguos y modernos.

¿En el pasado cercano o lejano de qué pueblo no se


encuentran robos, incestos, violaciones, crueldades, hechos
imaginarios, fanatismos, aberraciones y asesinatos horribles en
eventos ceremoniales justificados por sus creencias religiosas¿

La diferencia, en todo caso, está en que en la Biblia todas


esas cosas horrendas, todas esas morbosidades humanas, están
encubiertas dentro de alegorías, fábulas y milagrerías; éstas sí,
muy alejadas de la vida real.

Así, no hay motivo de sorprenderse por las historias


inventadas o leyendas exageradas que narra la Biblia, pues se
trata de supercherías, eventos metafísicos o actos técnicamente
inexistentes y científicamente imposibles de realizar. Todo eso está
muy cerca de la fe y muy alejada de lo objetivamente comprobable.
Lo que pasa es que los decadentes vicios e ignorancias de las
civilizaciones antiguas son encubiertos con ropaje de misterio y
misticismo.

Además, pensaba, la Biblia, concretamente el Antiguo


Testamento, no es más que el pasado del pueblo judío y por lo tanto
describe sus errores, sus leyendas, sus ilusiones, sus desgracias,
su fe en seres todopoderosos, su muy particular idea de la creación
de la materia y del universo, y su miedo a que la vida termine para
siempre con la muerte del cuerpo; todo ello en forma brutalmente
deformado por el trascurrir de los miles de años y por las
alteraciones y “modernizaciones”que las narraciones sufrieron al
pasar de boca en boca, siglos antes de ser inventada la escritura y
originalmente plasmados en rudimentarios jeroglíficos.

En realidad, la situación no es de extrañar, pues en todos los


pueblos, desde los más remotos tiempos, se ha suplido la
ignorancia con la imaginación. O podemos decir, igualmente, que la
imaginación es enriquecida por la ignorancia. Inclusive en la época
actual y en las sociedades más civilizadas, todavía subsisten
creencias ridículas con principios milagreros y apocalípticos.

Entendemos por ignorancia todo lo desconocido o


incomprendido por los pueblos en determinada etapa de su
existencia. Ahora mismo, cuando los científicos exploran el universo
con naves y extraordinarios telescopios y ondas radiales, somos
ignorantes de la mayor parte de fenómenos que suceden en el
cosmos y, para no ir tan lejos, en nuestro pequeño entorno.

Ignoramos si hay o no raras aleaciones atómicas en otras


galaxias y si en esas remotas galaxias los fenómenos naturales que
aquí en la tierra nos parecen lógicos e inevitables, allá se registren
en forma diferente. Por ejemplo: puede haber lugares en donde
debido a su compleja composición atómica y las fuerzas cósmicas a
las que estén sujetas, las explosiones no sean hacia afuera sino
hacia adentro, hacia sí mismas, como los inexplicables, hasta
ahora, llamados hoyos negros; o que la ley de gravedad, conocida
en nuestro mundo, funcione al revés, u cualquier otra forma, en
mundos lejanos donde las condiciones sean totalmente diferentes a
la dimensión o materia que conocemos.

Comprendo que es sumamente difícil y complicado imaginar lo


antes señalado, pero para explorar las posibilidades de la existencia
de fenómenos incomprensibles para los humanos, baste decir que
seguramente existen metales con raras aleaciones y características
en otros lugares del universo, cuyas reacciones serán muy lógicas
con su composición atómica y con las características del lugar
estelar en que se encuentren, y que aquí en La Tierra, nos
parecerían imposibles.

En verdad, lo incomprensible sería que una porción pequeña


de materia, que es la que contiene nuestro humilde planeta,
contenga todos, absolutamente todos los metales y combinaciones
atómicas existentes en el universo.

Los fenómenos naturales que se dan aquí, tienen


forzosamente que ser distintos en otros mundos que sean un millón
de veces más grandes y cercanas a estrellas aún mayores, pero
varios millones de veces más compactos que la materia de nuestra
Tierra.

Los mismos fenómenos que originan determinadas reacciones


en la Tierra, podrían originar otra clase de reacciones en mundos
lejanos sometidos a otras fuerzas cósmicas.

Es sabido que los diamantes se formaron por las grandes


presiones a que estuvieron sujetos determinadas piedras o
carbones durante la formación de nuestro planeta. Imaginemos que
esas mismas piedras o carbones hubieran estado recibiendo
millones de veces más presión, ¿qué hubiera resultado?
Seguramente no exactamente lo mismo. No los mismos cristales
con idénticas características.

Imaginemos también que existe un planeta del tamaño de la


Tierra en un lugar de alguna galaxia lejana, pero que ese planeta
tiene una concentración atómica muchos millones de veces más
que la Tierra. O sea, que siendo del mismo tamaño físico de la
Tierra, pesaría muchos millones de veces más. En ese caso, ¿cuál
sería la reacción de la ley de gravedad¿ Yo me imaginaría que sería
tan grandiosa la atracción, que un hombre, hipotéticamente parado
ahí, sería literalmente tragado hacia el centro de ese mundo, y por
lo tanto, la misma superficie sería constantemente tragada y
renovada por capas inferiores, y sería, por lo tanto, una eterna
ebullición y renovación instantánea de la superficie. No anarquía ni
caos en el comportamiento de la materia, puesto que, con esta
vorágine, estaría correspondiendo disciplinadamente a sus propias
leyes naturales.
Algo parecido a la teoría, respaldada por científicos, de que es
tan grande el poder de atracción de los hoyos negros, que ni
siquiera puede escapar la luz, sino que, literalmente, se tragan su
propia luz. De ahí el nombre de hoyos negros, ya que si dejaran
escapar su luz, entonces, quizás, se les llamaría hoyos brillantes.

De suerte que si el Pentateuco no es más que una serie de


leyendas basadas en la imaginación y exageraciones de sus
profetas que adulteraron e inventaron la historia y también el futuro
del pueblo judío, encontraremos las más increíbles aberraciones y
bajezas de las que son protagonistas los seres humanos pero
forradas de misticismo. La imaginación suplía a la ciencia y creaba
el misticismo que a su vez originaba las religiones. Definitivamente,
si no existiera la inteligencia no existirían las religiones y tampoco
existiría el pecado. Los animales no tienen religión ni tampoco
pecan: así, si una manada de perros o lobos se comieran a un
obispo o al mismo papa, no tienen peligro de irse al infierno con el
que han asustado y amenazado durante siglos a los seres con
inteligencia.

Afirma la Biblia en el Génesis, “Al principio no había nada” o


sea que no había nada de nada, por lo que se colige que cuando
dice más adelante “que solamente había tinieblas y volaba Dios
sobre las aguas” entonces llegamos a la forzosa conclusión que si
había algo, pues había agua, tinieblas y Dios, que no es poca cosa.

Pero aún que dijera que “no había nada, solo tinieblas”.
Tampoco eso es aceptable, pues había algo…!tinieblas! Existían las
tinieblas o sea la oscuridad. Y si las tinieblas es nada, a la nada no
se le puede iluminar, porque a lo que no existe no se le puede
añadir nada.

Quiero decir, que antes de ser practicante de una religión, de


cualquiera, el hombre debe existir, siendo un ser con virtudes y
defectos inherentes a un animal con inteligencia; o lo que es lo
mismo, antes de creer hay que ser, por lo tanto, para ser
protagonista de fanatismo, aberraciones y bajezas de cualquier
índole, se necesita la inteligencia. Los animales no cometen
aberraciones, bajezas, fanatismo ni pecados. Otros animales son,
pero no creen. Esto es porque no tienen inteligencia y por lo mismo
carecen de raciocinio.

De la misma manera, si el hombre es capaz de descubrir,


inventar, explorar, investigar y aplicar a la vida cotidiana y para su
provecho y comodidad sus propios inventos, es producto de su
ingenio e inteligencia. Una vaca jamás inventaría un avión o un
alfiler ni un caballo una máquina para desgranar el maíz.

El pecado no existe si no hay alguien susceptible de pecar.


La misma Biblia lo dice: antes de que Adán y Eva pecaran, no
existía el pecado. ¡Claro!, pues antes, de acuerdo con la Biblia, no
existía el sol, ni el agua, ni el aire, ni el día ni la noche, ni Adán ni
Eva, ni la serpiente, ni las manzanas, menos el pecado. Podemos
asegurar que el pecado existe desde el instante en que apareció el
hombre con inteligencia. Por eso, los animales no pecan. El hombre
entre más imbécil sea menos peca, por lo tanto, los inteligentes
pecan más. Los pecados van en sentido inverso al desarrollo de la
inteligencia.

El asesinato no existe si no hay quien asesine y quien sea


asesinado. Antes de Caín y Abel, no existía, de acuerdo con la
Biblia.

No hay hechos milagrosos si no hay una conciencia que les


dé existencia dentro de ella. Y esto es por la sencilla razón de que
esas acciones y valores existen porque existe el hombre. Cosa
contraria son los fenómenos naturales, que existen
independientemente de que exista el hombre, tales como las olas
del mar, el movimiento de la tierra, la ley de gravedad, la
composición de la materia, la expansión del universo. Todo esto
existe independientemente de que exista el hombre. El misticismo
existe a condición de que exista la conciencia humana.

Antes de que el hombre apareciera, las olas del mar ya


llegaban a las playas, la ley de gravedad hacía que las rocas
arrojadas hacia arriba por los volcanes volvieran de nueva cuenta
buscando el centro de la tierra y la materia ya existía, lógicamente,
pues si no hubiera existido la materia no existiría nada, ni siquiera el
vacío. El vacio existe a condición de que exista la materia. Si no
existe la materia no existe nada, pues el mismo vacío es
consecuencia de la existencia de la materia.

CAPÍTULO 2

En México, uno de los pueblos que vivieron en el altiplano,


construyeron con esfuerzo descomunal, que solamente la fe otorga,
las pirámides de Teotihuacán, de gigantescas dimensiones, que
debieron haber costado miles de muertes y millones de sacrificios,
en honor del sol y de la luna. La motivación fue que en su infinita fe
y en su desconocimiento del origen del universo y de la mecánica
universal, creyeron que eran dioses, y que si no llovía y no
germinaba la semilla, era porque estaban enojados y debían
contentarlos a base de danzar, tomar pulque a raudales y sacarles
el corazón, aún latiendo, a una, varias o cientos de doncellas;
dependía de la gravedad de la situación. Relacionaban lo
eventualmente rojizo de la luna con la menstruación de las
muchachas y se las ofrecían en un macabro y despiadado ritual
que consideraban sagrado.

Pero total: ¿Qué respeto y admiración pueden causar


actualmente esos abominables crímenes¿

Las tribus que habitaban el territorio que ahora conforma la


nación mexicana y aún la América completa, desde Alaska hasta la
Patagonia, practicaban ritos completamente despiadados y
totalmente crueles. Los incas, los jíbaros, los mayas, los aztecas y
todas las tribus menores realizaban semejantes ceremonias
sangrientas.

En una cosa eran iguales, en cuanto a creencias, pues los


que no tenían al sol y a la luna como dioses, tenían alguna piedra
toscamente labrada como Tláloc, que era el dios de la lluvia, otros
a Hichilopoztli o a Tezcatlipoca, de la guerra.

En fin, en virtud de su escaso conocimiento de las leyes


naturales, todos los fenómenos que estaban por encima de su
voluntad, los atribuían a la venganza de sus dioses, y como al
parecer sus dioses siempre estaban inconformes, dizque por que no
obedecían o se portaban mal, ni tardos ni perezosos se dedicaban
al único deporte que practicaban con más pasión y júbilo que tomar
pulque: a sacar corazones a las doncellas, muchas de ellas ni
doncellas han de haber sido, pero lo que les importaba era
descargar errores o supuestas desviaciones a los mandatos de los
dioses en los más indefensos, echándoles la culpa de sus propios
vicios o simplemente de las desgracias que los afectaban debido a
los fenómenos naturales.
Los que no sacaban corazones, arrojaban a las doncellas a
los cenotes sagrados, que no son más que unos pozos con agua
formados por la naturaleza y que actualmente se sabe que de
sagrados no tienen nada.

A otros los arrojaban al vacío desde los acantilados, a otros a


las chimeneas de los volcanes, a otros los ahogaban o los
quemaban a otros los abandonaban en el desierto sin agua y sin
comida y a otros, los más afortunados, solamente les cortaban la
cabeza.

En fin, que los pueblos antiguos cometían desmanes y


crueldades incalificables motivados por el miedo que les infundían
los relámpagos, los temblores, la muerte, las tempestades, los
huracanes, tornados, eclipses, lluvias de estrellas, cometas,
enfermedades, plagas, epidemias, etcétera, y de inmediato
procedían a practicar su deporte favorito, sacrificar doncellas y con
singular entusiasmo sacarles el corazón con burdos y desafilados
cuchillos de piedra. No tenían ninguna consideración con las pobres
víctimas, que no tenían más delito que no se habían dejado “llegar”
del novio. Algunas.

Ni siquiera les daban unos hongos alucinógenos o una


generosa ración de pulque para mitigar el dolor o por lo menos para
morir riéndose y gritando ¡Viva Tenochtitlán y Quetzalcoatl hijos de
la chingada!

O como gritaban al recibir la descarga de fusilería los


llamados “cristeros”: ¡Viva Cristo Rey, pelones hijos de la chingada!,
pero éstos, al menos, morían por su gusto y por un ideal, porque
también el fanatismo encierra ideales. No así las pobres doncellas
indígenas.

En realidad, no hay motivo de enorgullecerse de los


antepasados aztecas, pues eran solamente unos sádicos. Por lo
que toca a mí en lo personal, tampoco tengo de que avergonzarme,
pues soy descendiente de tarascos, y estos no mataban doncellas,
sino las desfloraban que era más placentero.
A mis ascendientes tarascos no les gustaba trabajar, por lo
que al descubrir don Vasco de Quiroga esta cómoda afición, los
enseñó sabiamente a que se entretuvieran viendo como los
gusanos de seda fabricaban sus capullos sin descanso en esa su
acción natural.

En esta situación los tarascos eran felices y fue la razón de


que hayan querido mucho a don Vasco, al grado que le decían Tata
Vasco, por haberles inventado un pasatiempo tan a modo. Lo malo
del asunto es que a muchos nos heredaron sus genes, los llevamos
en la sangre, por lo que no tenemos la culpa de que nos la pasemos
acostados, casi todo el día, ya no viendo a los gusanos de seda,
sino la “tele”.

Es cosa irremediable, no somos culpables. En todo caso la


culpa la tienen los genes que nosotros no pedimos, sino que nos
impusieron sin nuestro consentimiento. Don Luís Amante decía que
don Vasco los enseñó a ser “huevones”, pero yo le contradigo y
afirmo que él no los enseñó, sino que ya eran. Mejor dicho, ya
éramos, pues repito, yo soy orgullosamente descendiente de
tarascos.

Sin embargo, no todos los tarascos “trabajaban” viendo a los


gusanos de seda en los árboles de mora realizar su productivo
instinto, sino que don Vasco, muy atinadamente, enseñó a otros
pueblos de la meseta Purembe diversos oficios como en Santa
Clara a trabajar el cobre; la madera en Cherán, a otras
comunidades a trabajar el barro, la piedra, la pesca, el carbón, etc.

Pero a pesar de lo positivo y altamente benéfico que


resultaron las enseñanzas de don Vasco para los indígenas
tarascos, ahora se le recuerda con respeto y en algunos poblados
con cariño y veneración, pues su actitud humanista, mucho más
que religiosa, es inolvidable, admirada y reconocida. Por si fuera
poco fundó la primera universidad y el primer hospital de América.

Don Vasco de Quiroga es un personaje con gran prestigio en


la historia de México. Pero hasta ahí.
A nadie se le ha ocurrido decir que hacía milagros; que
hablaba por las noches con Dios; que Dios hizo tratos con los
tarascos mediante don Vasco para gozar de su amor y protección;
que serían sus hijos predilectos y que además les “prometía”
regalar Michoacán, Jalisco y Guerrero, aunque ya vivieran ahí otros
pueblos, como lo hubieran hecho los judíos.

La historia también nos dice que cuando los aztecas salieron


de su lugar de origen, Aztlán, agobiados por el hambre y las
epidemias, guiados por un líder o sacerdote llamado Hueman, en
busca de nuevas tierras donde establecerse y que sus dioses les
marcarían cuales eran esas tierras con una señal, que interpretaron
como la efectiva cuando descubrieron a una águila parada en un
nopal devorándose una serpiente, a nadie se le ocurrió pensar que
esa era la “tierra prometida”, la que sus dioses les tenía reservada
eternamente para ellos, pues para empezar, el islote en donde
vieron la “señal” ya estaba ocupada y pertenecía al señorío de
Tacuba, mismos que les dieron permiso de establecerse en el islote
pagando su respectiva renta. Después se la apropiaron a “la
brava”; se hicieron de ella mediante actos de guerra.

Los judíos hicieron algo parecido, pero siempre mezclándolo


con algo divino y mucho de fantasía: Dice la Biblia que cuando
llegaron a Canáan, provenientes de Egipto, al mando de Josué y
ayudados por los ángeles que tocaron las trompetas, se
derrumbaron las murallas de Jericó y vencieron a los ocupantes de
lo que los judíos decían era su “Tierra Prometida” y hasta el
nombre le cambiaron en honor al último de sus patriarcas: Israel.

A nadie se le ocurrió, entre los aztecas, decir que esa tierra


les pertenecía porque Tlaloc se las había prometido por ser sus
hijos consentidos.

Los guerreros de la antigüedad en Asia, Europa, América y en


cualquier lugar del mundo, conquistaban nuevos territorios mediante
las armas y jamás afirmaron que sus dioses se las habían regalado.
Incluso la Conquista de América hispana, fue mediante la violencia.
Los ingleses de América del Norte, les quitaron sus tierras a los
apaches a balazos y una gran parte del territorio mexicano fue
arrebatado mediante la guerra por los norteamericanos.

Los grandes guerreros de la antigüedad como Atila, Alarico,


Gengis Kan, Tedorico, Alejandro de Macedonia, Ciro, Darío el
grande, hasta Carlos Quinto, don Juan de Austria, Alí Pashá,
Hernán Cortez, Francisco Pizarro, incluso Hitler, conquistaron
territorios pero nunca pretendieron legalizar sus actos de guerra,
como derechos heredados por Dios o porque tuvieran un tratado
con Él.

Y así podemos enumerar los casos de todas las etnias y


razas del mundo, menos, naturalmente, a los “verdaderos hijos y
únicos preferidos de Dios: los judíos”.

Los judíos gozan del amor y preferencia de Dios y a los que a


pesar de ese infinito amor y protección, en todas partes les han
puesto unas chingas horribles a través de la historia. Y si a ellos que
son hijos tan queridos por Dios les ha ido como en feria ¿qué
podemos esperar nosotros que ni a bastardos llegamos¿

CAPÍTULO 3…..

Pornografía, tanto como pornografía, no he encontrado en la


Biblia a la que algunos llaman “santa”, pero lo que si se encuentran
en abundancia son asesinatos, incestos, masturbadores, traiciones,
fanatismo, sodomías y toda clase de bajezas humanas, además de
mentiras, concepciones erróneas de todo tipo, mitos y locos al por
mayor. Exactamente igual que los que se encuentran en la historia
de cualquier pueblo sin especial protección divina.

“En aquellos tiempos”, al parecer, estaba Dios bien facilito,


pues se le aparecía y platicaba con cualquier vejete medio loco de
fanatismo, que sucio y andrajoso, mal oliente y greñudo, se
remontaba a la montaña o al desierto y ahí, sin más ni más, se
ponía a platicar con Dios y posteriormente a trasmitir sus deseos de
que creyeran en Él; lo adoraran a mañana, tarde, noche y también
en la madrugada; se portaran bien y no anduvieran de avaros ni
agiotistas, ni fornicadores, ni de libidinosos deseando a las vecinas
o a las comadres y menos a las primas.

Y aunque siguieran haciendo lo mismo, al vejestorio mugroso


lo consideraban un profeta y cualquier simpleza que dijera la
consideraban palabras sabias y además, santo, ya que pronto
corría la voz de que hacía milagros.

Si cualquier día el supuesto iluminado decía emocionado y


ceremoniosamente: ¡pecadores, arrepiéntanse!, pues “a la madera
hay que encontrarle el hilo y a los pendejos el lado”, juraban que
eran palabras sabias y contenían un mensaje, tan profundo y divino,
que los simples mortales no podían descifrar.

A casi todos los profetas lo primero que se les ocurría propalar


era que el mundo se iba a acabar. Que Dios le dijo que ya merito los
mandaba a todititos y agarraditos de la mano, al juicio final, y
después de ese juicio sin posibilidades de defensa, ya que el
veredicto de Dios sería sumario e inapelable, sin que nadie abogara
por el infeliz inculpado, los mandaría al castigo eterno dizque por
que ya lo tenían harto, pues nunca obedecían sus órdenes de
adorarlo hasta el delirio todos los minutos del día y de la noche y
que había algunos ingratos que llegaban al colmo de querer más a
sus madres que a Él mismo.

¡Arrepiéntanse!...! Después será demasiado tarde! ¡Pronto


llegará la hora de rendirle cuentas y solamente los buenos
reinaremos en el cielo a su lado! Y el viejo se apuntaba como uno
de los más favorecidos por sus méritos de haber vivido como
anacoreta largos años. Como si a Dios le beneficiara mucho que
esos sujetos hayan llevado una vida solitaria, sin bañarse y llena de
carencias.

De cualesquier modo esos agoreros del fin del mundo, por


poco y le atinan, pues actualmente la ciencia enseña que dentro de
cinco mil millones de años, millones menos millones más, el sol se
auto consumirá y la Tierra, como tal, dejará de existir. Repetimos:
por poquito y le atinan. Y es que esos alucinados afirmaban que el
mundo se destruiría en el año mil de nuestra era y cuando llegó ese
año y no pasó nada, cambiaron su vaticinio y dijeron que “no llegará
el mundo al año dos mil y si llega, no pasará”.

Los llamados profetas proliferaron como moscas en aquellos


tiempos en que reinaba el desconocimiento del origen de los
fenómenos naturales a los que daban paternidades mágicas.

En todas partes nos muestran, inclusive en la misma Biblia


cuando está adonada con dibujos, a unos vejetes barbones,
andrajosos, mugrosos, que se hablaban de tú a tú con el mismísimo
y todopoderoso Dios. Parecer ser que Dios no tenía nada más que
hacer o no tenía nada útil que hacer que ponerse a platicar durante
largas horas con esos viejos medios locos.

Claro que lo que pregonaban esos sujetos era falso, porque


eran unos mentirosos o estaban tan locos de fanatismo que se
imaginaban que platicaban con Dios ¿acaso Dios no tendría nada
más provechoso que hacer que platicar con esos judíos
embaucadores? Además, ¿por que razón nunca les dio una seña
objetiva para que nadie dudara de sus vaticinios y
profecías¿ ¿Acaso Dios no tiene seriedad o es un bromista y
solamente se los estaba vacilando¿ ¿O solamente se divertía
platicando con hebreos locos para matar el tiempo y salir de la
monotonía de su existencia eterna¿

Recordemos la conquista de Tenochtitlán en 1521 por las


fuerzas hispanas en alianza con los tlaxcaltecas y otros grupos
menores y el coraje, amor propio y patriotismo de Cuauhtémoc,
que en lucha desigual, con armas inferiores, fue derrotado,
atormentado cruelmente quemándole los pies, llenarlo de escarnio,
burlas y humillaciones, para al final matarlo en el camino a las
Hibueras y abandonar su cadáver colgado de los pies de una ceiba.

A pesar de ese sufrimiento, pasar por ese cadalso y ser


receptor de las más bajas humillaciones y burlas, nadie, ni en aquel
tiempo ni después, pensó siquiera que Cuauhtémoc era un Dios. Él
solamente era un rey. Un auténtico rey azteca. Nadie ha dicho
nunca, ni ahora ni antes, que hace milagros. Ni los que se creen sus
descendientes ni los más rabiosos indigenistas, han pretendido
nunca construirle un lugar para adorarlo, para pedirle favores o
mediante milagros curaciones para enfermos.

En Perú, el emperador inca Atahualpa, que fue quien enfrentó


con valor y dignidad a los conquistadores y murió también sufriendo
terribles tormentos y vejaciones, no ha sido calificado como un
hacedor de milagros. A los líderes que se comportan en la
adversidad como héroes y mueren defendiendo a sus pueblos se
les recuerda con admiración y respeto, pero hasta ahí. No hay por
que exagerar y hacerlos santos, y por si fuera poco, milagrosos.

El Popolbuh es, según dicen, parte de la historia de los


mayas; sea cierto o no, nadie ha dicho que sea el “Sagrado
Popolbuh”. Porque, simplemente, de sagrado no tiene nada. Es su
historia, parte de su historia o supuestamente su historia y hasta
ahí.

Por su lado los hebreos si le dan categoría de “sagrada” a su


historia. Y llegaron, incluso, a transformar su historia en religión. Al
grado que el judaísmo es todo junto: pueblo, historia y religión.
Además, su religión y su Dios es solamente de ellos. Ellos jamás
han dicho que su Dios lo sea de todos los pueblos del mundo. Es un
Dios local, particular. Caso contrario a los cristianos que aseguran
que su Dios, lo es de todo ser viviente.

Retomamos el pasaje del éxodo de las tribus aztecas de


Aztlán, guiados por Hueman, en busca de nuevas tierras donde
pudieran desarrollarse mejor, para hacer el comparativo con el
éxodo de los judíos de Egipto guiados por Moisés.
La historia de México simplemente enseña que debido a
problemas, quizá a carencia de lluvias y por lo tanto de cosechas,
salieron en busca de nuevas tierras donde establecerse con mejor
futuro. Narrar las cosas así, es narrarlas con seriedad. Así, nadie
duda que los acontecimientos se registraron de esa manera. No hay
motivo para la mentira o para la exageración.

Pero los judíos por su parte hacen un drama increíble


aderezada con leyendas mal hilvanadas, cuando dejan constancia
que Moisés fue encontrado por una hermana del faraón flotando en
el rio Nilo dentro de una canasta de mimbre y criado en el seno de
la familia real. Para empezar, una canasta de bejuco se hubiera
hundido en corto tiempo en las aguas, por muy apretada que
estuviera su fabricación.

Cuando Moisés creció, descubrió su origen judío, y se le metió


en la cabeza llevar a su pueblo de regreso a la “Tierra Prometida”
en contra de la voluntad y conveniencia económica del faraón, pues
por su calidad de esclavos, eran parte importante de la producción y
riqueza de Egipto.

Pero para describir este simple hecho, muy legítimo por


cierto, en la Biblia hacen un enredo cuajado de mentiras,
descripciones de hechos mágicos, leyendas absurdas y acciones
imposibles.

¿Qué necesidad había de inventar la engorrosa historia de las


plagas de Egipto que Dios mandó para que el faraón liberara a “su
pueblo”¿ Pero si fueran ciertas las plagas de langostas, de ranas, la
conversión de las aguas del Nilo en sangre, la muerte inesperada
del hijo del faraón y las otras, ¿cómo entender la necedad o torpeza
del faraón de, a pesar de las evidencias, negarse a darles la
libertad¿

Cualquier persona, con tantito sentido común, accede de


inmediato a la más insólita solicitud, si ante sus ojos se convierten
las aguas de un rio en sangre. Hitler mismo se hubiera hincado ante
los judíos y les hubiera besado el trasero y hasta las criadillas si
ante sus ojos las aguas del Danubio se hubieran convertido en
sangre. Y vaya que Hitler los odiaba por cuestiones racistas, que
son motivos más poderosos que los que tenía el faraón, que no los
odiaba, sino que los necesitaba por simples razones de mano de
obra.

No es que sea compleja la historia del pueblo judío, lo que


pasa es que ellos la hacen compleja y truculenta, al inventar
leyendas, milagros, alianzas imposibles y elucubraciones que no
sucedieron; simplemente porque no pueden suceder cosas
mágicas, porque es imposible, antinatural, en contra de las leyes
naturales que sucedan.

El Mar Rojo no pudo abrirse en dos, simplemente no pudo


suceder ese hecho.

La materia se da a sí misma sus propias leyes; es más, las


leyes naturales son inherentes a la materia, por lo que el
movimiento, el tiempo y el espacio no pueden existir sin la materia y
la materia a su vez no puede existir independientemente de sus
atributos inherentes, por lo que no se pueden alterar solamente con
buenos deseos.

Por ejemplo, si a mi me dicen que cuando los aztecas llegaron


a la orilla del lago donde fundaron Tenochtitlán y al estar pensando
cómo le harían para pasar, su dios Tláloc o hutzilopoxtli o la
serpiente emplumada, abrieron las aguas, haciendo una gran
avenida hasta de doble circulación para que sus encuerados y
hambrientos hijitos consentidos pasaran, yo diría con toda
convicción: ¡Pinches mentirosos!, pues si tanto los quería les
hubiera construido un puente y no hubieran andado prácticamente
encuerados, habiendo desde entonces, en China, tan buenas
sedas.
CAPÍTULO 4

En este contexto, brilla la leyenda de que cuando al fin el


faraón aceptó que Moisés se llevara a los hebreos a la Tierra
Prometida, Dios, o un ángel exterminador, les avisó que por la
noche cada familia judía sacrificara un cordero y se comieran toda
la carne sin desperdiciar nada, y que con la sangre del cordero
pintaran una señal en la puerta, ya que por la noche vendría y
mataría a todos los niños que no fueran judíos y cuyas casas no
tuvieran las puertas con la señal de sangre. Así lo hicieron para que
Dios o su enviado no se fuera a equivocar y matara niños judíos por
no ver la señal en la puerta.

Lo anterior no es una historia, ni una leyenda, sino una


soberana tontería. ¿Cómo es posible que un Dios todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra y de todo lo que existe y hasta de lo
que no existe, pues si hay algo que no existe es por que él no
quiere que exista, haya necesitado que le pusieran una señal para
no equivocarse y poder matar a gusto y seguridad a los niños no
judíos¿ ¿Qué clase de magnanimidad infinita tiene un Dios que se
atreve a matar a todos los niños no judíos, que no han cometido
ninguna falta o pecado y que no son culpables de no ser judíos¿ En
todo caso, el hecho de que esos niños no hayan sido judíos sería
culpa del mismo Dios, pues solamente él decide sobre todos los
actos que sucedan o no sucedan en el planeta tierra, y no
solamente en este planeta si no en todo el universo. Por lo menos
eso nos dicen en la misma Biblia ¿Por otro lado, cómo creer que
Dios necesitara la señal de sangre para no equivocarse de casa,
pues entonces qué clase de Dios es que tan fácilmente se
equivoca¿ ¿Dónde ponen los inventores de la leyenda y los
escribanos de la Biblia la sabiduría infinita¿ ¿Acaso no hacen
quedar en ridículo al que ellos mismos dicen que “todo lo sabe”¿

Hay que hacer mención que según la fábula bíblica añade que
por las prisas de empacar sus cosas y poder emprender el viaje de
regreso a su tierra, los hebreos fabricaron pan sin levadura, ya que
no tuvieron la calma de ponerle al pan ese añadido. Los judíos son
tan tradicionalista que desde entonces, hace más de cuatro mil
años, en la fecha conmemorativa, consumen pan sin levadura,
como un homenaje a sus ancestros que así se vieron en la
necesidad de llevar a cabo ese hecho bíblico.

En realidad ese detalle causa admiración, por su poca


importancia real, pero tan trascendente inexplicablemente para la
religión judaica. Además, quizá algunos no tuvieron tiempo de
ponerle levadura al pan que llevarían en su travesía, pero es de
creerse que la mayoría, más previsores y menos atarantados, sì.

Es como si cuando salieron los aztecas de Aztlán, por las


prisas, algunos no le hubieran puesto sal a los frijoles y cuatro mil
años después los que traigan en sus venas sangre azteca,
recordaran ese hecho, comiendo frijoles sin sal, tan puntualmente y
con tanta devoción como si fuera en verdad un hecho muy
importante. Como si fuera la piedra angular de su propia existencia.

Quizás este hecho nos sirva para comprender un poco la


mística judía por conservar sus orígenes de sangre, lo que los ha
convertido en una raza pura, según ellos, pero para muchos en
francamente racistas. Y esto tiene su razón, pues de no haberse
conservado racistas, hubieran desaparecido como raza desde hace
miles de años, como les pasó, precisamente, a los aztecas y a
todas las etnias americanas que por mezclarse perdieron su
identidad como raza, y por lo tanto, sus tradiciones ahora carecen
de valor místico y si acaso merecen alguna desabrida mención en la
historia.

En esta época moderna, en que ya tienen de nueva cuenta


territorio y patria propia, sus leyes, que se originan en su religión
misma, se han suavizado y gran cantidad de judíos y judías, se
casan con no judíos, perdiendo únicamente algunos derechos
menores. Sobre todo en Estados Unidos es ampliamente tolerado el
llamado matrimonio mixto.

Si a través de los siglos los hebreos se hubieran mezclado


con otras razas y hubiera surgido un mestizaje alejado de los
orígenes ¿Tendría importancia el que no le hayan puesto levadura
al pan¿ ¿Acaso los mexicanos que traen algo de sangre azteca
comerían devotamente frijoles sin sal para recordar el éxodo de sus
ancestros de Aztlán¿ ¿Tiene sentido eso¿
Nada más faltaba que después, cuando se partió en dos el
Mar Rojo para que pasaran los hijos predilectos, todavía el
testarudo faraón haya insistido en regresarlos. Por otro lado, ¿no
hubiera sido más fácil y creíble que les hubiera puesto unas
barcazas o un puente, que técnicamente ya existían, que abrir las
aguas del Mar Rojo, que hasta la fecha técnica y científicamente no
es creíble ni posible¿ Ante estas preguntas y dudas nos
contestarían que las decisiones de Dios son misteriosas e
insondables. Eso es cuestión de dogma y por lo tanto de fe, nos
dirían.

Porque es razonable no creer en milagros, cuando uno no los


ha visto. Como dicen que dijo, con toda razón, Santo Tomás. Pero
el faraón los estaba viendo y seguía en su necedad. Si el abuelo del
faraón hubiera sido como mi abuelo, le hubiera dicho “¡muchachito
macetón. Deja eso por la paz!”, como me decía a mí cuando
porfiaba neciamente en hacer alguna travesura.

Es lógico que alguien se niegue a creer en algo metafísico


que choca directamente con lo real. Con lo material.

Yo por ejemplo, no creo en milagros, pero si veo que alguien


transforma el agua de un rio en sangre y abre el mar para que
pasen por lo seco sus hijos predilectos, tengo que creer en ese
poder y de ahí en adelante me dedicaría a vivir para adorarlo, morir
por él, abandonaría a mi esposa por pecaminosa e incitarme al
pecado, llevar una vida santa y dedicar toda mi vida en pregonar su
doctrina. Se necesita ser pendejo, es más, muy pendejo, para
después de ver esos milagros negarse a creer en el poder de su
autor.

Pues más “macetones” resultaron los judíos, ya que eso fue


precisamente lo que hicieron, después de ser beneficiarios de los
milagros y haberlos visto con sus propios ojos, renegaron de su
Dios. Renegaron del mismo Dios que los había sacado de Egipto,
del mismo Dios que abrió el Mar Rojo para que huyeran del faraón.
Cuando moisés los dejó unos días para ir a la montaña del Sinaí a
entrevistarse con Dios a solas y bajar con las tablas en donde Dios
había grabado los diez mandamientos de su puño y letra ya los
encontró volteados, es decir, ya estaban adorando al buey Apis o al
becerro de oro.

En unos cuantos días ya habían “chaqueteado” y se


dedicaban a realizar bacanales y a renegar del Dios que los
acababa de ayudar. Ya estaban prestando a rédito y no les hacían
la circuncisión a los chiquillos, además que deseaban
descaradamente, sin disimular sus malas intenciones, a cuanta
mujer ajena o prima pasaba por enfrente.

Moisés se molestó y los increpó duramente y con toda razón,


pues cómo era posible que después de recibir tan enormes
beneficios mediante milagros grandiosos, vociferaban y volvían a la
adoración de sus antiguos dioses, que si nos les pedían nada
tampoco les daban nada.

La diferencia era que uno les prohibía casi todo, incluyendo


los vulgares placeres de la vida como fornicar, embriagarse, desear
la mujer del prójimo y adueñarse de la propiedad ajena mediante
préstamos leoninos. Los otros no prohibían nada de nada. ¿Es
posible que haya alguien más que malagradecido, imbécil, que
después de constarle el poder que los ayudó y protegió tan
generosamente, renegar de él en unos cuantos días, exponiéndose
a sus terribles castigos y a motivar su cólera explosiva, ya que nos
dan a conocer a un Dios que es infinitamente misericordioso, pero
al mismo tiempo, infinitamente cruel e iracundo. Por menos, puso
de patitas en la calle o para decirlo sin mistificaciones corrió del
Paraíso a Adán y Eva sin ninguna consideración. ¿Además, cómo
explicarlo sin recurrir al subterfugio de la fe o del dogma¿

Por otra parte, la Biblia nos dice que los muchos miles de
hebreos recién liberados, vagaron por el desierto durante cuarenta
años. Nos dice también que se alimentaban del maná que Dios les
dejaba caer del cielo durante la noche. Otra vez los estaba
protegiendo a pesar de sus ingratitudes. Esto es, que durante 40
años se alimentaron del maná enviado del cielo. El maná es una
especie de lo que ahora conocemos como “palomitas de maíz “ y
que profusamente se vende en los cines ¿De eso se alimentaron
durante 40 años¿ ¿Y agua¿ ¿acaso del sereno que también caía
durante la noche¿ No, del agua abundante y fresca que Dios hizo
brotar de la roca bruta al golpearla Moisés con su bastón.

Por si fueran pocas las historias ¿O fantasías¿ que nos narran


en la Biblia, vagaron por el desierto durante 40 años. Se tiene que
considerar que no eran unos pocos sino miles y miles de hombres,
mujeres, niños, ancianos, enfermos, pues se trataba no de una
familia sino de doce numerosísimas tribus. Y además, cómo vagar
durante 40 años, si del Bajo Egipto a Jerusalén no hay más de 300
kilómetros¿ ¿40 años para recorrer 300 kilómetros¿

Algunos teólogos y estudiosos de la Biblia con criterios


religiosos, argumentan que esto se debió a que Dios no quiso que
la generación que había salido de Egipto fuera la misma que llegara
a la Tierra Prometida, sino otra, sana, libre de pecados que se había
redimido mediante las penas sufridas en el desierto durante 40
años. Aquí cabe preguntar: ¿si Dios los había ayudado con tan
grandiosos milagros a salir de Egipto, por qué razón luego le
pareció que eran indignos de alcanzar su destino¿ ¿Acaso fue
porque lo traicionaron y no siguieron fielmente sus
mandamientos¿ ¿Esto quiere decir que el Dios todopoderoso, el
mismo que de la nada sacó la materia, se equivocó¿ ¿acaso Dios
se equivoca¿ ¿entonces no es infalible¿ ¿no sabía de antemano
que lo iban a traicionar y a desobedecer¿ ¿Y si sabía de antemano
que lo iban a traicionar y desobedecer qué otra cosa podían hacer
los pobres judíos que ya estaban de antemano señalados y
estigmatizados por su propio destino¿

Bueno, ni siquiera a Moisés, que obedeció fielmente sus


designios, le fue permitido llegar, pues murió antes, dejando el
mando a Josué.

En este caso no podían salirse de ninguna manera de lo que


ya estaba en conocimiento de Dios. Por lo tanto, lo que hicieran o
dejaran de hacer no era su culpa y por lo mismo no merecían
ningún castigo, pues todo castigo sería injusto y lo menos que tiene
Dios es ser injusto, y además, nos enseñan, que es inmensamente,
infinitamente mejor dicho, misericordioso.
En estas condiciones no cabía ningún castigo, pues cualquier
castigo se convertiría en venganza y, naturalmente, Dios no es un
ser vengativo, porque es infinitamente misericordioso. Como vemos,
la teología se convierte en un círculo que, al mismo tiempo, no deja
acercarte al centro ni alejarte de él. Y ahí, en la nada y en ningún
lado, se permanece atrapado. La única salida es la fe y el dogma.

CAPÍTULO 5

No se trata en este trabajo de comentar todas y cada una de


las fábulas, alegorías y leyendas sin sustento que integran la Biblia;
sería tedioso y además interminable. Este trabajo no es más que un
ensayo tomando como base la historia judía, plasmada en los cinco
rollos o libros del Pentateuco; por lo tanto, es una pasada visual,
somera, superficial, comentando únicamente como ejemplos
algunos de los hechos narrados y que son los más característicos,
mayormente conocidos y más mencionados por la gente que gusta
de hacer mención con fines proselitistas y religiosos de ellos. Lo
que tratamos de hacer es poner en relieve las contradicciones y
acciones imposibles y por lo mismo increíbles que ahí se narran.

En virtud que Génesis no sigue un orden cronológico en su


narrativa, sino que brinca de un hecho a otro, sin fijarse que entre
los dos median cientos o miles de años de distancia, nosotros lo
haremos también así. Haciendo la aclaración, muy pertinente, de
que trataremos únicamente lo referente al llamado “Viejo o Antiguo
Testamento”, o Génesis, que es la historia y filosofía resumida en el
Pentateuco que reconocen los judíos. Por eso no tocaremos nada
relacionado con el “Nuevo Testamento” que es en el que se
sustenta fundamentalmente el cristianismo.

Es bien sabido que los judíos esperan todavía la llegada del


Mesías, pues no le dan esa categoría a Cristo Jesús. Y
precisamente la crucifixión y muerte de Jesús en la Cruz, o quizás
en el instante mismo en que el arcángel san Gabriel avisa a la
virgen María que ha sido concebida por el Espíritu Santo, es el
parteaguas entre el Viejo Testamento y el Nuevo, y es donde se
bifurca el destino humano para, solamente, volver a unirse, las dos
tendencias, hasta el juicio final: los que creen en Jesús como el
Mesías, que son los cristianos y los que esperan aún la llegada del
“verdadero Mesías”, que son los judíos.

Otras creencias religiosas marcan las dos épocas, el Nuevo y


el Viejo Testamento, tomando como base la muerte de Moisés en el
desierto, antes de llegar a Jericó y ser tomada por el nuevo guía
Josué.

Pues bien, en una de sus historias nos dicen que Dios le dio a
conocer a Noé que el mundo se iba a acabar en un diluvio y que le
encargaba, o le ordenaba, que construyera una barca para que él y
su familia superviviera, pero no solamente eso, sino que además
debía de embarcar también una pareja, hembra y macho, de todos
los seres vivientes que existieran sobre la faz de la tierra, para así
impedir su extinción. Aquí existe una contradicción, pues en otros
pasajes se dice que de los animales puros debían ser siete
hembras y siete machos y de los impuros solamente una pareja.

Noé no dudó de la premonición y ni tardo ni perezoso puso


manos a la obra, cortando y labrando la madera con la que
construiría la gigantesca barca, que debería ser lo suficientemente
grande para albergar a una pareja de todos los seres vivientes
existentes. Dios también le dio las medidas de la barca que debían
ser ciento cincuenta metros de largo, 35 de ancho y 35 de alto.
En realidad, se trataba de un encargo descomunal, pues
construir una barca de madera que era el único material disponible
en ese tiempo, seguramente que ha de haber sido una verdadera
pesadilla para el pobre de Noé. Es más, no es atrevido decir
sencillamente que no pudo haberla fabricado y que todo es una
fábula. Veamos por qué.

Las dimensiones ordenadas para la barca debieron ser


insuficientes para albergar a todos los animales y además para
almacenar su alimento, que debió haber sido de miles de toneladas,
toda vez que duraron encerrados en la barca casi cinco meses,
desde que empezó el diluvio “al abrirse las compuertas del cielo y
los manantiales de los mares”, hasta que bajaron las aguas y la
barca quedó atorada en lo más alto del monte Ararat. A lo mejor en
esos tiempos todavía no existía el monte Everest, que es el más
alto del mundo. O a lo mejor si existía, pero los autores de la
leyenda lo ignoraban. De cualesquier modo la embarcación tendría
que ser de varios o quizás muchos kilómetros de largo y también de
ancho, cosa imposible contando únicamente con madera. Y ya no
nos fijemos en minucias como el acarreo de las gigantescas vigas y
tablones desde lugares lejanos. Quizás desde Líbano. Digamos que
eso es lo de menos.

Pero vamos a suponer que sì pudo construirla y ya la tenía


lista para cuando se viniera el diluvio. Fue entonces que se puso a
coleccionar animales de todo tipo y tamaño. Un elefante y una
elefanta, un león y una leona, un tigre y una tigresa, un caballo y
una yegua, dos hipopótamos, hembra y macho, y así los miles de
especies que existían en esos tiempos, pues hay que tomar en
cuenta que por la acción irresponsable del hombre se han
extinguido miles de especies en más tres mis años. Con la otra
versión las cosas son peores, pues se trataba de siete parejas de
cada especie pura, y una de las impuras, entre las que destaca el
sabroso cochinito, que con sus cueritos sancochados y
chicharroncitos, son la delicia de mercados y tabernas.

Después de haber reunido a un par o siete pares de animales


mayores en distintas partes del mundo, pues los camellos no
estaban en donde estaban los orangutanes, ni los osos polares
donde vivían las cebras, ni los rinocerontes donde estaban los
pingüinos, al fin, supongamos, logró reunirlos y subirlos a la barca.
Cada pareja debía tener un lugar propio, pues de otra manera, se
comerían unos a otros.

Bueno, aceptemos que ya están a bordo y en paz las parejas


de animales mayores. Ahora debía capturar a una pareja de aves.
De las miles de especies que surcan los cielos ¿sería tan
conocedor como para no agarrar a dos zopilotes machos o
hembras¿ ¿o a dos águilas del mismo sexo¿ ¿fue a Australia a
capturar un par de canguros y un par de avestruces¿ ¿a México a
agarrar un par de guajolotes¿ ¿a las laderas del Popocatépetl a
capturar un par de teporingos que son originarios únicos de ese
lugar¿ ¿a Perú para llevarse una pareja de llamas¿

Esto es improbable, por la sencilla razón de que en esos


tiempos, Noé no sabía de la existencia de Australia ni de América,
y aunque hubiera sabido, no tenía en que venir.

Pero supongamos, sin conceder, que si lo logró. Después


debía capturar insectos y aquí es donde de plano el engrudo se le
tuvo que haber hecho bolas. Existen aproximadamente cinco
millones de diferentes especies de insectos. Para capturar una
pareja de cada especie de insectos esta en chino, más enredoso
aún, está en bíblico.

Aquí es donde se hubiera hecho de la vista gorda y no hubiera


embarcado a los alacranes, avispas emborrachadoras, moscas
panteoneras, a las víboras tan aborrecidas hasta por el mismo Dios,
a los odiados zancudos que no dejan dormir, a las ratas porque
asustan a las mujeres principalmente y a los gatos, que para nada
sirven.

Por lo que toca a las lombrices, piojos, pulgas, ladillas,


garrapatas y espiroquetas pálidas, supongo que no tenía que
preocuparse, pues siendo fama que no tenía tiempo ni de bañarse,
las ha de haber traído consigo por miles, por lo que al abordar Noé
al barco, se subieron con el mismo boleto.
Dicen que para Dios todo se puede. Sì, así es, pero Noé no
es Dios. Además, si Dios iba a ayudar hacer todo a base de
milagros ¿qué necesidad tenía de hacerle el encargo al afligido
Noé¿ ¿Nomás lo estaba calando¿ Eso no es creíble, toda vez que
Dios ya sabía de antemano que sì lo iba a obedecer.

Por otro lado, se habrán preguntado a través de los siglos los


lectores curiosos, por qué terminar al mundo en un diluvio y porque
anunciar el próximo fin del mundo en lumbre, pues por la sencilla
razón de que eran los únicos elementos que imponían temor en el
ser humano de entonces. ¿Por qué no se anunció el fin del mundo
mediante una explosión atómica o el choque con otro planeta o la
extinción del sol¿ pues simplemente porque no se conocían en esos
tiempos ni la composición del átomo, ni siquiera su existencia, ni las
leyes que rigen al cosmos.

Dice el dicho que “se come de lo que hay”, por esa razón lo
único que había en el conocimiento de esa época era el agua y el
fuego. O por lo menos era a lo que más se temía. No sabían que en
el futuro muchos países tendrían en su poder bombas
termonucleares y que en una guerra serían capaces de acabar con
la vida y hasta con el mismo planeta Tierra. Y eso en esta época,
porque dentro de varios miles de años habrá formas más
sofisticadas de acabar con todo, hasta con el sistema solar
completo. Pero ahora, estamos como los que escribieron la Biblia,
decimos las formas de acabar con el mundo de acuerdo con lo que
conocemos. Ni ellos sabían, ni se imaginaban lo que ahora existe,
ni nosotros sabemos lo que habrá dentro de tres mil años, por lo
que si nos imaginamos la destrucción del mundo es con lo que
ahora hay y no con lo que habrá para entonces.

Pero volvamos al tema: era tan grande la cantidad de


animales carnívoros, que para alimentarlos durante unos cinco
meses que duró la travesía, debió nuestro padre Noé embarcar
también otra gran cantidad de animales extras, como venados,
conejos, gallinas, reses, y otras especies, ya que de otra manera
los leones, tigres, hienas, leopardos, etc. se hubieran comido unos
a otros, y en un descuido se hubieran saboreado al mismo Noé y a
su familia y ahí hubiera terminado la historia.
También se debió haber necesitado una gran cantidad de
pastura para alimentar a las especies elegidas y hasta a las que
iban para alimentar a su vez a los carnívoros. Total: debió haber
tomado minuciosas precauciones para evitar un desastre, incluso
para tener a buen resguardo a las termitas, que se reproducen
geométricamente y comen madera, por lo que sin las debidas
providencias, hasta al mismo barco se hubieran comido y otra vez,
hasta ahí hubiera llegado la historia.

Pero supongamos que todo salió bien con el apoyo de quien


había ordenado el asesinato o ahogamiento en masa de todas las
estirpes vivientes, incluyendo a los humanos, menos, naturalmente,
las elegidas, pensamos que al azar, que se salvaron en el arca.
Cuando desembarcaron, Noé plantó unas raices de vid y dieron
fruto. Con éste fruto fabricó vino y un buen día se emborrachó y
quedó dormido completamente encueradito. Como tenía dos hijas
que eran muy traviesas, se aprovecharon de la situación y tuvieron
contacto sexual con su propio padre. Este incesto narrado en la
Biblia es el más famoso de la historia antigua, aunque junto con el
diluvio, la barca y todo lo demás, no debió pasar de ser una
inocente leyenda o fábula inventada para darle sabor a las
Sagradas Escrituras. Hay que reconocer que en una leyenda
alterna, para suavizar las cosas, se dice que las hijas únicamente
taparon a su encuerado y borracho padre, dándole la espalda para
no verlo y así salieron del recinto, sin hacer nada malo, pues ni
siquiera lo tocaron al aventarle encima una manta o cobija.

Todo lo anterior es una historia tan, pero tan exagerada y


absurda, que no se le encuentra el hilo, no habiendo más camino
que dudar, o de plano no creer que haya sucedido y que solamente
se trata de una larga, muy larga historia mal armada o pésimamente
estructurada.

Por esa razón, es risible la noticia que aparece de cuando en


cuando en los periódicos, reseñando que “un grupo de prestigiosos
arqueólogos, historiadores y científicos de las universidades e
institutos tecnológicos de Israel, después de arduas y lentas
investigaciones descubrieron en la cima del monte Ararat, restos de
madera que de acuerdo a los análisis del Carbono 14, datan de
hace diez o 20 mil años, lo que hace suponer que pertenecieron a la
famosa arca de Noé”. Es lógico que estos “científicos hebreos”
mienten, o no existen, y si existen, deben ir a la escuela primaria.

CAPÍTULO 6

Algunos eruditos y estudiosos del Génesis, que como ya


dijimos, abarca desde la creación del cielo y la tierra hasta la muerte
de Moisés, según unos, o el nacimiento de Jesús o su muerte y
resurrección, según otros, dicen que “la Biblia no se debe de leer en
forma lineal, literal, ni entenderla de acuerdo a lo que está escrito,
sino que hay que interpretarla”.

El problema está en que únicamente la pueden interpretar los


sabios y los rabinos experimentados, pues si se autoriza para que
un simple lector la interprete, puede llegar a resultados falsos o
equivocados o contrarios diametralmente a lo que se quiso decir. De
manera que a nosotros, los lectores profanos, no nos queda más
remedio que ni siquiera ojear ese libro tan sagrado o tan mágico,
cuyo contenido “no quiere decir lo que está escrito sino otra cosa
muy diferente”.

Y yo que creía que solamente era la historia de los judíos,


pero adulterada por leyendas, fábulas, exageraciones, falsas
concepciones originadas por el bajo grado de desarrollo cultural y
científico, narraciones que fueron desvirtuadas al pasar de boca en
boca, como tradición, durante miles de años hasta que fueron
escritas en pergaminos en forma aislada, por partes, en diferentes
épocas, por diversos escribas.

Sin embargo, rabinos cultos han dicho que hay cuatro formas
de leer e interpretar la Biblia. Primero: leerla y entenderla
literalmente, o sea interpretarla de acuerdo con lo que está escrito;
Segundo: por comparación de hechos, fechas y personajes con
otras Biblias escritas en otras épocas y lugares por diferentes
escribas; tercero: mediante metáforas y alegorías, y cuarta:
analizarla en su idioma original, el arameo, y en escritos originales.

Para hacer el presente escrito, el autor tomó el primer método,


tomando en cuenta que la escritura moderna interpreta los hechos y
los sentimientos con bastante claridad, cuando se hacen con
habilidad y se realizan de buena fe.

La segunda forma es por comparación. Para hacer este tipo


de trabajo, que rebasa un simple ensayo como este, se entra al
camino de la investigación y de los viejos documentos, que
solamente se encuentran en antiguas bibliotecas del Vaticano por
ejemplo o en las bibliotecas de países de Asia Menor, del cercano y
medio oriente y del norte de África, cosa imposible para este autor.

La tercera es la favorita para aquellos que en cada renglón de


la Biblia ven cosas milagrosas, misteriosas y metafísicas, que
según ellos, “el simple mortal no tiene capacidad de entender”.
Estos son los que más criticarán y hasta condenarán este trabajo.

Y la cuarta, que es prácticamente imposible, pues para


encontrar escritos originales en arameo y tener acceso a ellos para
su estudio y análisis, como son por ejemplo los Rollos del Mar
Muerto. Simplemente se debe perder toda esperanza. Lo mismo
para tener acceso a tablillas babilónicas que mediante la escritura
cuneiforme, narran viejas leyendas y mitos, de las que se “colgaron”
los judíos para reciclar los inicios de su propia historia y religión.

Los judíos resumen en cinco libros llamados el pentateuco, o


Génesis, toda su historia, desde la creación hasta que inicia el
nuevo testamento. Y son tan apegados a sus tradiciones que todo lo
que les ha pasado o se han inventado a través de los miles de años
lo han convertido en sagrado. Por eso decíamos que el judaísmo es
al mismo tiempo historia, pueblo y religión atrayéndose
mutuamente. Fundiéndose como tres metales diferentes en uno
sólo, dando como resultado solamente un elemento indivisible: el
judaísmo.

Decíamos anteriormente que no vamos a seguir una línea


cronológica, puesto que Génesis no la sigue y brinca de una historia
a otra sin tomar en cuenta que medien entre los dos hechos miles
de años.

Hace aproximadamente seis mil años nació el judaísmo, miles


de años antes o miles de años después, es lo mismo,
cuando el patriarca Abraham, que vivía en un pueblo llamado Hur,
en la Mesopotamia, pensó que era un error ser politeísta, y que lo
correcto y verdadero era tener un solo dios, tan poderoso,
infinitamente misericordioso y autor de todo lo existente, que era a
quien se le debía adorar y rendir pleitesía sin condiciones y que
solamente así se lograría la vida eterna.

En vista que Abraham no podía vivir entre gente que adoraba


a muchos dioses, optó por irse de su pueblo natal y fundar uno
nuevo donde pudiera pregonar su nueva visión religiosa. Empacó
sus cosas y en compañía de su esposa Saraí, de sus sirvientes y
esclavos, pues era rico, se adentró al desierto en busca del lugar
que su Dios le indicara para practicar y propagar su nueva fe.

En una noche que dormía en su campamento en compañía de


su esposa y de su hijo Issac, se apareció inopinadamente un ángel
que quería matar a Abraham, al parecer sin ningún motivo, nada
más por que sí. Afortunadamente despertó Saraí y al ver las malas
intenciones del ángel, le dijo que no lo matara pues era su esposo
de sangre. El ángel, evidentemente inocentón, quiso cerciorarse de
que si en verdad eran esposos de sangre, cuando rápidamente la
hábil Saraí, con manos ligeras que ni el ángel lo notó, agarró una
piedra filosa y le cortó el prepucio a Abraham, por lo que éste se
manchó de sangre. Al ver la sangre, el ángel ya no tuvo dudas, se
retiró volando y los dejó en paz. Si hubiera sido un ángel mexicano
seguramente hubiera exclamado: ¡Ah…Ta gueno!

Otra versión dice que la habilidosa Saraí a quien le cortó el


prepucio fue a su pequeño hijo Issac y acto seguido llenó de sangre
a su esposo y así logró engañar al ángel. Como hay dos versiones
no se sabe cual es la verdadera y por lo tanto se ignora quien fue el
primero en ser mutilado de esa parte del miembro sexual, si
Abraham o Isaac.

El caso es que eso sucedió, según el Génesis, hace


aproximadamente seis mil años, y todavía los judíos les practican
la circuncisión a sus hijos a los ocho días de nacidos. El cuento del
ángel, la convirtieron en historia, después en tradición y ahora está
convertida en parte de su religión. Por eso decíamos anteriormente
que historia, leyenda, tradición y pueblo, se funden en una sola
cosa: el judaísmo.

Para ser judío se necesita ser creyente y practicante del


judaísmo, aunque no se haya nacido en el seno de una familia
judía. Si nacen en Israel, pero no son judíos, son israelitas o
hebreos. Ser judío no es gentilicio, como tampoco lo es ser
cristiano, mahometano o budista. Sencillamente se trata de
religiones no de nacionalidades.

También hace miles de años existió una región en Israel que


se llamó Judá. De ahí viene esa denominación, pero también hace
miles de años que desapareció ese nombre y por lo tanto ya no
tiene sentido ni valor como gentilicio.

Lo curioso o lo inaudito, es que después de seis mil años que


sucedió un hecho, real o inventado, porque está por verse que los
ángeles hayan andado revoloteando sin ton ni son y
entrometiéndose en las intimidades ajenas, como lo hacen los
odiados zancudos, todavía lo tengan tan actualizado como si
hubiera sucedido hace una semana.

En seis mil años han sucedido tantas cosas. Se ha


desarrollado la ciencia en forma fantástica; se han inventado cosas
que en aquellos tiempos ni siquiera se imaginaban; se han
descubierto extraordinarias formas de escudriñar el universo; se
conocen las partículas que integran al átomo; se cambian
corazones; le meten mano al cerebro; la historia y la filosofía se han
enriquecido con el avance de la ciencia y de la técnica; cualquier
día descubren el origen de la vida y más aún de la materia, o la
forma de transportarse a la velocidad de la luz, pero a pesar de todo
lo acontecido y el desarrollo palpable de la humanidad, los judíos
siguen comiendo pan sin levadura, practicando la circuncisión no
por necesidades médicas sino religiosas y de tradición,
lamentándose de la segunda destrucción del Templo de Jerusalén,
acaecido hace mil ochocientos años y doliéndose por la Diáspora, a
pesar de que ya tienen territorio a costillas de Palestina, mismas
tierras que abandonaron o fueron corridos casi al finalizar la
ocupación romana.
CAPÍTULO 7

La Biblia ha sido alterada o mejor dicho adulterada a través de


los miles de años y de diversas circunstancias. Para empezar las
cientos de traducciones que han hecho de ella gentes con
intereses religiosos, políticos, de tradición, de conveniencia grupal o
hasta de convicción personal. También, por que no decirlo, de
desconocimiento perfecto de traductores que al pasar sus textos de
un idioma a otro, se confundan conceptos o palabras que en un
idioma quieren decir algo y en otro, otra cosa muy diferente. Este
aspecto es muy sensible, toda vez que originalmente lo narrado en
el Génesis, pasó de boca en boca durante muchas generaciones y
forzosamente tuvo que exagerarse en algunos aspectos y en otros
minimizarse, por cuestiones de criterio, lo que le restaría veracidad.

Es claro que antes de que se inventara la escritura, o en los


inicios de ésta, que necesariamente fue muy imperfecta, se
señalaron hechos que no podían ser claramente transmitidos de la
mente a los signos en madera, barro, piedra o el material cualquiera
que haya sido usado en los inicios de la escritura.

Si actualmente es difícil transmitir exactamente los


sentimientos y el pensamiento del redactor en sus escritos, con todo
el desarrollo que ha tenido y tiene actualmente la escritura, debió
ser prácticamente imposible plasmar en un jeroglífico los
sentimientos religiosos de un pueblo, sus leyendas y creencias que
son tan íntimas, tan propias de un conjunto de seres humanos o de
cada ser humano en lo particular.

Por todo lo dicho y muchas más razones fáciles de


comprender lo narrado en la Biblia no es confiable.

En el transcurso del siglo tercero después de Cristo, el Papa


encargó a un grupo de monjes eruditos, encabezados por san
Agustín y san Jerónimo, que tradujeran el Génesis del arameo al
latín. Simplemente aquí debió haber cambios sustanciales en la
interpretación, pues evidentemente la concepción cristiana era y es
muy diferente a la concepción judía. Por eso son tan diferentes las
narraciones de algunos hechos importantes en el Génesis cristiano
del Génesis judío. Y si a esto añadimos que el arameo no fue la
escritura original, sino el babilónico miles de años antes, en el
método cuneiforme, podremos comprender las modificaciones y
alteraciones que han sufrido esas historias hasta nuestros días, que
siguen adecuándose, lenta y trabajosamente a la modernidad.

Lo anterior no nos debe extrañar, pues los evangelios


cristianos que fueron escritos cuando ya la escritura estaba más
desarrollada y solamente cien o doscientos años después de los
hechos, contiene contradicciones y repeticiones, puesto que fueron
escritos por cuatro personajes a saber: san Juan, san Mateo, san
Marcos y san Lucas. Por esa razón se dice en la misa, como
ejemplo ponemos, “Jesús dijo a sus discípulos según san Marcos”,
o según san Lucas o según san Marcos o según san Juan, depende
del párrafo al que el sacerdote se esté refiriendo.

Así las cosas, qué de raro tiene que el Génesis haya sido
escrito por varios escribanos distintos y en diferentes épocas y
recogido de diferentes idiomas, pues la escritura señala que la
descendencia de Abraham se dividió en diferentes tribus por el
desierto, durante muchos años, y que cuando fueron vueltas a
concentrar en Babilonia, cada una de ellas ya tenía diferentes
concepciones de la historia, pues al pasar de boca en boca durante
generaciones se habían alterado las narraciones. Así, en algunas
partes de Génesis, se le llama Dios a quien se debe adorar, en
otras Jave y en otras Jehová, y en otras se le da otros nombres. En
este tipo de hechos se basan los estudiosos del Antiguo
Testamento, para afirmar que las narraciones fueron redactadas por
diferentes escribas, de acuerdo con las concepciones de las
diferentes tribus y posteriormente concentradas por sacerdotes
babilónicos.

Sin embargo, yo pienso que lo importante es el concepto de


Dios todopoderoso, creador de todo lo existente e infinitamente
justo y magnánimo y tiene poca importancia como se le llame, pues
lo importante es la sustancia o lo sustantivo y no el calificativo, o el
nombre.
Por otra parte, la mitología babilónica, miles de años antes de
Abraham, ya tenían la creencia de la creación de la estirpe humana
por sus dioses y de la creación del sol, la luna y las estrellas.

Por eso no es nada casual que Génesis ubique al Edén en la


Mesopotamia, entre los ríos Eufrates y el Tigris. O sea en Babilonia.
Y no en la llamada Tierra Prometida.

Bajo el reinado de Ciro, en Babilonia, sus tropas macharon


sobre Israel y lo vencieron. Con el fin de evitar que se organizaran
para liberarse de la influencia invasora, se llevaron a los
componentes de las clases dominantes o sea a las familias mejor
preparadas y mejor acomodadas económicamente, dejando al
pueblo o clases bajas e ignorantes, sin líderes, sin jefes y sin guías,
pues en esa forma no representaban ningún peligro para Babilonia
y aceptarían sin sublevarse la dominación impuesta. A esa
emigración forzosa también se le conoce como la primera diáspora,
o sea la primera vez que los judíos eran obligados a dejar su patria
y a trasladarse a otros países ajenos y además frustrados por la
primera destrucción, por los mismos babilonios, del templo de
Jerusalén, 300 años antes de Cristo, que según la tradición judía
había iniciado su construcción bajo el reinado del rey David y
terminado bajo el esplendor, de su hijo, el rey Salomón. Sin
embargo, el templo lo volvieron a reconstruir, pero se debe recordar
que fue nuevamente y definitivamente destruido en el año 70 d.C.,
por los romanos, como represalia por una rebelión judía, cuando el
emperador Calígula quiso colocar en su interior una estatua
ecuestre de él mismo, lo que les pareció un intolerable sacrilegio.
Después de ese levantamiento que puso en aprietos al imperio
romano, los judíos fueron masacrados, perseguidos, despojados de
sus propiedades y pertenencias y gran parte de ellos, expulsados
de su territorio, mismo hecho que es conocido como la segunda
diáspora, diseminándose las familias judías por España, Italia y
Francia, para de ahí pasar a los demás países de Europa oriental e
incluso Rusia y Turquía en donde con anterioridad ya había
importantes asentamientos judíos. De ahí salió la leyenda del judío
errante.
Bueno, pues esa diáspora terminó cuando se fundó el
moderno Israel, tomándole a Palestina parte de su territorio y
empezando un conflicto sangriento e interminable entre judíos y
musulmanes.

Otra prueba de la mística tradicionalista de los judíos es que


el segundo Templo de Jerusalén, que como ya dijimos fue destruido
por los romanos en el año 70 después de Cristo, o sea hace 1928
años, todavía a la fecha, siguen lamentándose y van al muro de las
lamentaciones, que según ellos es esa pared lo único que quedó en
pie del Templo de Salomón, a rezar y a lamentar la destrucción.

Pero cerca de dos siglos después los babilonios fueron


sojuzgados por lo fenicios, cuyo rey Darío el Grande, dio libertad a
los hebreos para que volvieran a su territorio de nueva cuenta.
Muchas familias regresaron, pero muchas se quedaron
definitivamente. Fue cuando se dice que doce tribus judías se
perdieron en el desierto para siempre.

CAPÍTULO 8

Ahora vamos a entrar de lleno a una de las partes más


importantes e igualmente polémica: La Creación.

Quizás a muchos lectores les parezca extraño que entremos a


este tema al final y no al principio como está escrito en el Génesis,
pero se debe a que pensamos que debíamos sentar las bases de
nuestra argumentación en la historia judaica, para terminar con el
capítulo fundamental del Viejo Testamento. Empecemos:

Cuando en el principio Dios creo los cielos y la tierra, reinaba


el caos y no había nada en ella.

El abismo estaba sumido en la oscuridad y el espíritu de Dios


aleteaba sobre las aguas.

Dios dijo: Que haya luz, y hubo luz.

Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad.

Dios llamó a la luz día y a la oscuridad noche.


Llegó la tarde y después la mañana.

Ese fue el primer día.

Vamos a comentar lo que Dios hizo el primer Día, según la


Biblia: “Dios creo los cielos y la tierra, reinaba el caos y no había
nada en ella”. Ante esto se supone que de la nada, Dios sacó a la
materia, pero no la dotó de sus atributos intrínsicos, o sea de sus
leyes naturales que le dan orden y sustancia. Los más elementales
serían el espacio, el movimiento y el tiempo. Si no había nada,
entonces no había espacio, y por lo tanto ¿en dònde iba a meter a
la tierra y al cielo al crearlos¿

Por otro lado, si independientemente ya existía el espacio, no


fue obra de Dios. Esto es imposible de pensar y nos encontramos
con el primer dogma. Aquí les preguntamos a los teóricos de la
Biblia: ¿Qué fue primero la materia o el espacio, pues no podemos
entender que el espacio es el cielo al que se refería Dios, pues Él
mismo dijo que las aguas quedaron arriba del firmamento, o sean
las nubes. Se entiende que el firmamento al que se refería es el
espacio que hay entre la tierra y las nubes.( volveremos a comentar
esto en el siguiente Día de la Creación).

Nosotros pensamos que la materia siempre ha existido y que


es indivisible del espacio, del tiempo y del espacio, y estos existen a
condición de que exista la materia. Pero la materia es todo junto.
¿Podemos imaginar el movimiento en donde no haya materia¿ ¿Si
no hay materia qué se mueve¿ ¿Podemos imaginar la materia en
donde hay espacio¿ ¿Si no hay espacio donde meter a la
materia¿ ¿Podemos imaginar al movimiento sin el tiempo¿ Si no
hay tiempo, nada se movería, pues si un núcleo de un átomo es
rodeado por el neutrón y el positrón, para llevar a cabo una vuelta
se necesita un tiempo. Un tiempo ínfimo, tan pequeño que no puede
actualmente ni siquiera medirse. Pero vamos a poner un ejemplo
más grande. La Tierra dura determinado tiempo en dar una vuelta al
sol. Si no existiera el tiempo nada se movería. No me estoy
refiriendo al tiempo convencional que el hombre mide con relojes,
porque estos lo que hacen es medir el tiempo que ya existe, pues
los relojes en cualquiera de sus formas no lo hacen ni lo crean. Dios
mismo necesitó tiempo para crear lo que creo. Necesitó seis días.
Así, repito, podemos pensar que la materia tiene sus componentes
o categorías filosóficas, dicen los cultos, y que no pueden ser
retirados de la materia pues son indivisibles. Vamos a poner un
ejemplo burdo: Si al agua le retiras el hidrógeno ¿queda agua sin
hidrógeno¿ No. ¿Si le retiras el oxígeno, queda agua sin
oxígeno¿ No. Simplemente deja el agua de existir y se transforma,
en oxígeno e hidrógeno, que separados no son agua, sino gases.
Así la materia, si pudiéramos, que no se puede, quitarle el tiempo o
el espacio o el movimiento, se convertiría en algo desconocido, pero
no seguiría siendo materia sin espacio o materia sin movimiento o
materia sin tiempo o materia con ninguna de las tres cosas.
Entonces sí, no existiría nada. Ni siquiera el caos, pues éste es
consecuencia del espacio, del tiempo y del movimiento de la
materia. Por lo tanto, al principio, cuando no había nada, tampoco
podría existir caos, pues el caos es consecuencia de la materia.
Vamos a poner un ejemplo fácil de entender de lo que es un caos: si
en el vaso de una licuadora ponemos fresas, hielo, leche, azúcar,
canela, jerez, un plátano y las frutas y cualesquiera otras sustancias
y sabores que se quiera, y la conectas a la electricidad, todo lo que
hay en el vaso se moverá vertiginosamente mezclando todos los
ingredientes entre sí y verás un caos. Por lo tanto, para que haya
caos se necesita, que exista lo que se va a convertir en un caos.
Por otro lado, debemos decir que todo es relativo ya que el
contenido del vaso de la licuadora se mueve en orden,
respondiendo a sus propias leyes naturales, puesto que el
contendido se mueve hacia el mismo lado. No están las fresas
girando a la derecha y la leche y el hielo a la izquierda y el plátano
hacia arriba y el azúcar y la canela hacia abajo. Eso sería también
un caos, pero es imposible que exista, pues la materia de la que
están hechos los ingredientes, responden forzosamente a sus
propias leyes naturales.

Al decir que reinaba el caos y no había nada en ella,


implícitamente se reconoce que había movimiento, pues si no
hubiera movimiento no habría caos, que es equiparable al
movimiento. No puede haber caos en un lugar en donde no hay
movimiento. Pero donde hay movimiento, que es un atributo de la
materia, no hay caos, pues el movimiento esta sujeto a las propias
leyes de la materia, pues el movimiento mismo es una condición
para que exista la materia. No puede haber movimiento sin materia

de la materia, esta formado por otras partes en perpetuo


movimiento, pues no se puede concebir que los neutrones y los
positrones paren en su vertiginoso camino alrededor de su núcleo.
La ciencia todavía no sabe si dentro de cada neutrón, positrón y el
propio núcleo, existen otras partes aún más pequeñas.

…Reinaba el caos y no había nada en ella.“El abismo estaba


sumido en la oscuridad”. Si había un abismo sumido en la
oscuridad, no se puede decir que no había nada, pues había,
precisamente, un abismo y una oscuridad. Porque la oscuridad es la
ausencia de la luz, que se atacó creando la luz, cuando Dios dijo:
Hágase la luz. Por otra parte, primero Dios creo a la tierra, pero
luego dice que solamente había un abismo sumido en la oscuridad,
por lo que se entiende que la tierra no era más que un abismo y no
era como la conocemos y que así es desde antes de que hubiera
seres humanos y por lo tanto quien escribiera la Biblia……..Aquí es
donde debe empezar el análisis de los otros cinco días que Dios
necesitó para llevar a cabo la creación, y sobre todo lo que es tan
fácil de cuestionar como la creación de Adán y Eva y el Pecado

LA FAMILIA GÓMEZ….

Mi familia, por parte de mi mamá, es originaria de Michoacán.


No sé desde cuando, pero seguramente desde hace cientos de
años. Emigraron mis abuelos al Distrito Federal, en los años treinta.
Más preciso, fue al principio del gobierno del general Cárdenas.
Este presidente, también michoacano, conocía a mi abuelo por su
participación en la lucha agraria, la registrada especialmente, en las
grandes haciendas de Lombardía y Nueva Italia.
El presidente Cárdenas pensaba cumplir uno de los objetivos
primordiales de la revolución, esto es, repartir la tierra. Impulsivo
como era, invitó a mi abuelo a ocupar una consejería en el
Departamento Agrario. Eran 6 consejerías en total y cada una tenía
a su cargo tres o cuatro estados de la República, para efectos de
analizar las solicitudes de afectación. En ese tiempo el
Departamento Agrario era una de las principales dependencias del
gobierno federal, pues no ignoraba el mandatario que ahí se
centraría la atención general por ser la responsable de fallar a favor
o en contra de las solicitudes de repartición de las haciendas y que
fue la parte medular del gobierno cardenista. Era pues, una
dependencia vital, para llevar por buen camino el principal objetivo
de mejoramiento social de la revolución mexicana. Por lo tanto las
consejerías del Departamento Agrario, tenían una gran
responsabilidad, pues de ellas dependía prácticamente el éxito o el
fracaso de los ideales revolucionarios. Para esa tarea el general
Cárdenas debía tener en ellas personas probadas en la lucha
agraria, honradez demostrada en los hechos y de gran sensibilidad
que comprendieran las necesidades de los campesinos.

El único problema para mi abuelo, cuando tomó posesión del


cargo y le señalaron su oficina con teléfono, escritorio, alfombra,
archivero y le presentaron al licenciado Manuel Martínez, que
fungiría como su secretario particular fue que mi abuelo… ¡No sabía
leer ni escribir!

Al enterarse el presidente que su amigo Donaciano Gómez no


sabía leer ni escribir, giró instrucciones precisas para que en tanto
aprendiera lo ayudara a salir del paso, y lo hacía responsable de
ello, al jefe del Departamento Gabino Vázquez.Como sea que haya
sido mi abuelo ocupó el cargo mencionado durante doce años, esto
es, todo el gobierno cardenista y del de Ávila Camacho. De esta
manera nació en la familia un afecto entrañable hacia el general
Cárdenas que se alargó a varias generaciones. También el orgullo
familiar relativo a la amistad sobredimensionada por la
descendencia, del general con mi abuelo.Esa creencia afecto a toda
la familia, pues todos nos sentíamos, grandes y chicos, importantes.
Y aunque éramos pobres, nos sentíamos de la “clase media”. Y esta
creencia se reforzaba al ver a mi abuelo vestido con traje, pistola al
cinto y un sombrero de fieltro gris de ala ancha. Elegante el
viejo.Mientras mi abuelo se movía en un estrato político alto, era
pobre económicamente, pues debido a su honradez, no obtenía
más que su sueldo que por cierto en esas fechas no eran muy
elevados.La razón de que yo, siendo nieto, viviera en la casa de mi
abuelo es sencilla de explicar. Mi abuelo y mi abuela habían tenido
10 hijos; 8 mujeres y dos hombres. Las 8 mujeres se había “ido” con
sus novios que las habían llenado de hijos y después por diversas
razones había sido recibidas con todo y prole en el seno de la
familia. De tal suerte que no habiendo más ingresos económicos
que los de mi abuelo, vivíamos en una pobreza galopante, pues
cada hija abandonada que llegaba con sus respectivos hijos eran
más bocas que comían de lo que había y que no se estiraba.El caso
es que fuimos a dar a una colonia pobre, Tacuba, cuyas calles eran
de tierra. La casa estaba ubicada en la parte más alejada del centro
de la colonia. La casa era fea aunque grande, pero lo importante es
que mi abuelo era el propietario y por lo tanto nosotros también nos
sentíamos dueños y por lo mismo ricos. Pero como no éramos muy
pretensiosos nos calificábamos a nosotros mismos como de la
“clase media”. Además, para defender nuestra posición social y
económica de clasemedieros, ahí estaban otras familias más
pobres aún que nosotros, al grado que mi abuelo rentaba algunos
cuartos horrendos y otros rincones más amplios que le llamábamos
“departamentos”. La casa nos daba esa seguridad. Mejor dicho,
nosotros, la segunda generación de mi abuelo habíamos heredado
de la primera generación o sea mi madre y mis tías y tíos, esa
pretensión de sentirnos mejores que los más pobres, que eran los
que rentaban cuartos de la casaEn realidad, en ese tiempo, yo, de
unos siete u ocho años, no estaba consciente de nuestra
desgraciada miseria y me sentí felliz todavía la recuerdo con
nostalgia, pues nos alegrábamos que nadie de la familia había
muerto hasta entonces.
Lázaro Cárdenas, Mich.16 de julio de 2018.

Señora Itzé Camacho Sapién,

Presidenta Municipal Electa de

Lázaro Cárdenas, Mich.

Apreciable Señora: los abajo firmantes nos


dirigimos a usted con todo respeto para felicitarla por su triunfo
electoral y desearle éxitos durante su gestión, éxitos que traerán
indudables beneficios a la colectividad costera, de la cual formamos
parte y por ende también seremos usufructuarios.

Señora Itzé, aprovechamos la ocasión para, con todo respeto,


proponerle que se sirva tomar en cuenta al señor Jesús Montúfar
para que continué ocupando el cargo de Director de Protección
Civil, que actualmente desempeña.

Esta atenta y respetuosa propuesta, la hacemos por estar


plenamente convencidos que el mencionado señor Montúfar ha
realizado una excelente labor al frente de la dependencia señalada.
Es ésto, señora presidenta, lo que nos ha motivado a que por
iniciativa propia busquemos en usted una respuesta positiva a
nuestra petición, pues sabemos del trabajo comunal, honestidad y
capacidad del señor Montúfar.

Puede usted, señora presidenta, informarse sobre lo que


estamos diciendo y si encuentra una, solamente una opinión
adversa sobre decencia personal, conducta social y proceder oficial
del señor Montúfar, nosotros quedaríamos avergonzados por haber
intervenido a su favor sin que él nos lo pidiera.

Los firmantes somos bien identificados como ciudadanos


pertenecientes a diferentes partidos políticos; así, usted sacará por
conclusión que no nos mueve ningún interés vulgar o personal,
tampoco partidario, sino que únicamente nos impulsa el interés de
contar en esa dependencia tan sensible para la sociedad en casos
de contingencias graves e inesperadas como terremotos, ciclones,
incendios, etcétera, a un funcionario apto, con calidad humana y
probado espíritu de servicio y no a cualquier elemento improvisado
que ante los ataques inclementes de los fenómenos naturales no
conozca a fondo los protocolos y acciones que deben aplicarse para
la debida protección de la sociedad civil.

Sabemos que sobre nuestra patria soplan aires saludables de


renovación moral, por lo que quedamos confiados que tomará en
cuenta nuestra iniciativa basada en la conveniencia social y no en el
compadrazgo o influyentismo, que eran las credenciales infalibles
en regímenes caducos y totalmente obsoletos.

ATENTAMENTE

C.c.p. Síndico Electo para su conocimiento,

C.c.p. Sr. J. Montúfar.