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TEMA 2

ANTOLOGÍA POÉTICA, Antonio Machado


ORACIÓN POR ANTONIO MACHADO ( RUBÉN DARÍO)
Misterioso y silencioso
Iba una vez y otra vez,
Su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.
Cuando hablaba tenía un dejo
De timidez y de altivez.
Y la luz de sus pensamientos
Casi siempre se veía arder.
Era luminoso y profundo
Como era hombre de buena fe.
Fuera pastor de mil leones
Y de corderos a la vez.
Conduciría tempestades
O traería un panal de miel.
Las maravillas de la vida
Y del amor y del placer,
Cantaba en versos profundos
Cuyo secreto era de él.
Montado en un raro Pegaso,
Un día al imposible fue.
Ruego por Antonio a mis dioses,
Ellos le salven siempre. Amén.

1. Obra y contexto
a. Introducción.
Situación del poeta en su época.
Marco histórico-cultural.
Etapa en la que se inscribe la obra.

2. Temas, motivos poéticos y aspectos estilísticos


a) Composición estrófica
b) Poética del autor. identificación de la tendencia lírica a la que pertenezca. rasgos estéticos e
ideológicos
c) Temas y motivos
d) Recursos literarios

1. Obra y contexto
Antonio Machado es uno de los mayores poetas de fin de siglo que ha dado la literatura
española. Perteneció a la llamada Generación del 98, grupo de escritores de finales de siglo,
coetáneos de los modernistas, que tienen en común unas preocupaciones similares respecto a
la realidad social, histórica y cultural del momento en que vivieron, al margen de sus
diferencias individuales. Junto a él, destacaron Miguel de Unamuno, José Martínez Ruiz,
"Azorín", Pío Baroja v Ramiro de Maeztu. A pesar de que la crítica literaria actual afirma que
estos escritores no cumplen los requisitos necesarios para ser considerados una verdadera
generación literaria, hoy se tiende a hablar de ellos como un grupo generacional, que
compartieron una preocupación temática y unos rasgos de estilo. Todos buscan crear una
lengua sencilla, marcada por un claro antirretoricismo, enriquecerla con la expresión popular.
Por otro lado, el tema de España y el sentido de la vida son sus dos grandes preocupaciones
temáticas. Declaran un entrañable amor hacia el país, denuncian su atraso y buscan soluciones
para forjar una España distinta de la consagrada por los tópicos.

LA GENERACIÓN DEL 98 - Véase el tema anterior de Unamuno.

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En la poética de Antonio Machado predomina la descripción subjetiva del paisaje, sobre
el cual el poeta refleja su alma, el reflejo de los problemas existenciales y la angustia vital
propios de toda generación artística finisecular y la importancia de la historia de España o de la
intrahistoria, como diría Unamuno, es decir, la vida callada de millones de hombres sin historia,
que han protagonizado la verdadera historia de España.

Su vida
Hijo del folclorista Antonio Machado y Álvarez, Machado pasó su infancia en Sevilla,
donde había nacido en 1875, pero pronto se trasladó con su familia a Madrid y estudió, junto
con su hermano Manuel, en la Institución Libre de Enseñanza. Allí tuvo como profesor a
Francisco Giner de los Ríos, cuyas enseñanzas ejercieron una enorme influencia en el poeta y,
más tarde, condicionaron su postura ideológica liberal. En 1899 viajó con su hermano a París,
donde trabajó como traductor y frecuentó los ambientes literarios de la época. En 1902, en su
segundo viaje a la capital francesa, conoció a Rubén Darío, con quien trabó una enorme
amistad. Al volver a Madrid se relacionó con los escritores modernistas, conoció a Unamuno,
Juan Ramón Jiménez y Valle-Inclán. En 1907 obtuvo la cátedra de Francés en el Instituto de
Soria, donde conoció a Leonor Izquierdo Cuevas, con quien se casaría en 1909. Tres años más
tarde Leonor murió. Este hecho le sumió en una profunda tristeza que se reflejará en su obra
poética: "Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. / Oye otra vez, Dios mío, mi corazón
clamar. / Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía, / Señor, ya estamos solos mi corazón y el
mar" (Campos de Castilla).
En 1927 fue elegido miembro de la Real Academia Española y conoció a Pilar
Valderrama, la famosa "Guiomar" de sus poemas amorosos. Defensor de la República, cuando
estalló la Guerra Civil se refugió primero en Valencia y luego en Barcelona, desde donde partió
a Francia. Murió en Colliure en 1939.

El concepto de Machado sobre la poesía


"La poesía es palabra esencial en el tiempo" es la frase que resume mejor el concepto poético
que tenía el autor. Con estas palabras, Machado sintetiza su doble objetivo lírico: captar la
esencia de las cosas a la vez que el tiempo fluye en ellas; y más que la idea del tiempo, nos
transmite la emoción del tiempo: "la poesía es el diálogo del hombre, de un hombre, con su
tiempo".
Estéticamente el modernismo (becqueriano y simbolista) no desapareció nunca de su obra,
aunque Machado depuró su estilo hasta la sobriedad y la densidad, más de acuerdo con el
carácter antirretórico que caracterizó el lenguaje de la Generación del 98.

2. Temas, motivos poéticos y aspectos estilísticos


a) Composición estrófica
No es tarea fácil puntualizar los diferentes usos métricos utilizados por el poeta a lo
largo de toda una antología, pero sí podemos aclarar cuáles eran las preferencias de Antonio
Machado. Es un poeta de tendencias claramente populares y sencillas no sólo en el uso del
lenguaje sino también en la versificación. Su estilo se resume en la síntesis. Sus versos
predilectos son el octosílabo, el endecasílabo, los aires sutiles y envolventes de la silva
arromanzada, romances y romancillos o la agilidad de los octosílabos de rima consonante y el
pie quebrado. Al alejandrino no supo extraerle las posibilidades musicales que este verso
atesora, pero lo utilizó en algunos de sus celebrados poemas. En los últimos tiempos ensayó
con fortuna estrofillas populares (soleares, seguidillas, coplas) y el soneto. Los efectos sonoros
no eran llamativos pero producen una impresión de naturalidad y claridad.
En resumen, la métrica machadiana está marcada por la reducción de medios a favor
de la llaneza y la concisión. No quiere decirse con ello que adolezca de dificultad y simbología,
sino que no hay en sus estrofas oscuridad alguna que impida al lector acercarse a la intimidad
de sus sentimientos.

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b) Poética del autor: tendencia lírica y rasgos estéticos e ideológicos

La obra de Antonio Machado tiene proporciones reducidas. En vida del autor se recogió
en volumen la mayor parte de su poesía. Primero en libros independientes: Soledades (1903)
Soledades, galerías y otros poemas,(1907) Campos de Castilla (1912-1917 ) y más tarde en
sucesivas ediciones de Poesías completas.
Algunos críticos opinan que existe coherencia entre su obra, mientras que otros insisten
en que, habiendo vivido un periodo de fin de siglo en que los sucesos políticos, sociales v
culturales no le eran ajenos, no es de extrañar que hayan operado cambios en ella. Así pues,
se han establecido, entre otras, las siguientes etapas en la obra de Antonio Machado:
a. Intimismo simbolista (1899 - 1907)
b. Castellanismo regeneracionista (1907 - 1917)
c. Poesía filosófica y folklórica (1917 - 1926)
d. Poesía filosófica (1926 - 1936)
e. Escritos de la guerra civil (1936 - 1939)

Entre los principales rasgos de estilo que definen a nuestro poeta, destacan la sencillez
de los versos, en rima asonante o consonante que conjugan perfectamente la sonoridad y el
sentimiento melancólico de la vida; la llaneza del lenguaje, que se acerca al tono
conversacional, a la exclamación popular y los giros coloquiales; la concisión y la tendencia a la
frase escueta, breve y enjuta. No obstante, esta aparente sencillez claridad encierra
ambigüedades, sentidos y resonancias múltiples que solo se aclaran en la mente y el corazón
del lector.

El concepto de Machado sobre la poesía


"La poesía es palabra esencial en el tiempo" es la frase que resume mejor el concepto
poético que tenía el autor. Con estas palabras, Machado sintetiza su doble objetivo lírico:
captar la esencia de las cosas a la vez que el tiempo fluye en ellas; y más que la idea del
tiempo, nos transmite la emoción del tiempo: "la poesía es el diálogo del hombre, de un
hombre, con su tiempo".
Estéticamente el modernismo (becqueriano y simbolista) no desapareció nunca de su
obra, aunque Machado depuró su estilo hasta la sobriedad y la densidad, más de acuerdo con
el carácter antirretórico que caracterizó el lenguaje de la Generación del 98.

c) Temas y motivos
La temática de Antonio Machado se ocupa manifiestamente de sus dos grandes
preocupaciones: el tema de España y el sentimiento de la vida. De la una resulta el interés por
el paisaje castellano y su actitud crítica ante el atraso secular de la nación española; de la otra
arranca el análisis del paso del tiempo, la muerte, los sentimientos y los recuerdos.
La economía verbal confiere a la obra machadiana su peculiar intensidad y hondura. Su recurso
más fecundo es saber callar a tiempo, dejar en suspenso el símbolo de una realidad inefable.
Los símbolos más importantes son el espejo, el sueño, el camino, el mar, la luz y el agua, entre
otros.
Por último, se habla también en algunos poemas de Antonio Machado de símbolo disémico , es
decir, aquellas palabras que admiten una doble lectura, recta y figurada, como ocurre en el
conocido poema XXXII de Soledades
Las ascuas de un crepúsculo morado/detrás del negro cipresal humean...

d) Recursos literarios
En el universo poético de Machado asistimos al frecuente uso de metáforas y
metonimias tópicas y lexicalizadas, que en ocasiones cobran un valor simbólico, junto a otras
rebuscadas y bellísimas figuras literarias:
No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aljaba negra...
Abundan las imágenes y comparaciones descendentes o diminutivos cariñosos
(Campillo amarillento...).Pero, sin duda, el recurso más repetido en los versos de Antonio
Machado es el epíteto. La adjetivación envuelve a menudo leves pero sugerentes sinestesias
(blanca juventud, lágrimas sonoras).
Y ligadas a la adjetivación están también ligadas las notas de color en un curioso contraste: lo
modernista y los tonos grises y difuminados de su angustia pueden mezclarse en un mismo
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poema. Ello solo revela la sensibilidad impresionista del autor, quien, además, emplea con
mucha frecuencia otras figuras literarias como las antítesis, aliteraciones, paradojas, ironías e
innumerables juegos conceptuales.

Consúltense apuntes complementarios y un documental en sobre la vida y obra de Antonio Machado en


http://www.isabeldeespana.org/lengua/ayuda.htm
ANTOLOGÍA DE ANTONIO MACHADO

SOLEDADES (1899-1907) —No sé qué me dice tu copla riente


de ensueños lejanos, hermana la fuente.
II Yo sé que tu claro cristal de alegría
He andado muchos caminos, ya supo del árbol la fruta bermeja;
he abierto muchas veredas; yo sé que es lejana la amargura mía
he navegado en cien mares, que sueña en la tarde de verano vieja.
y atracado en cien riberas. Yo sé que tus bellos espejos cantores
En todas partes he visto copiaron antiguos delirios de amores:
caravanas de tristeza, mas cuéntame, fuente de lengua encantada,
soberbios y melancólicos cuéntame mi alegre leyenda olvidada.
borrachos de sombra negra, —Yo no sé leyendas de antigua alegría,
y pedantones al paño sino historias viejas de melancolía.
que miran, callan, y piensan Fue una clara tarde del lento verano..
que saben, porque no beben Tú venías solo con tu pena, hermano;
el vino de las tabernas. tus labios besaron mi linfa serena,
Mala gente que camina y en la clara tarde, dijeron tu pena.
y va apestando la tierra... Dijeron tu pena tus labios que ardían;
Y en todas partes he visto la sed que ahora tienen, entonces tenían.
gentes que danzan o juegan, —Adiós para siempre la fuente sonora,
cuando pueden, y laboran del parque dormido eterna cantora.
sus cuatro palmos de tierra. Adiós para siempre; tu monotonía,
Nunca, si llegan a un sitio, fuente, es más amarga que la pena mía.
preguntan adonde llegan. Rechinó en la vieja cancela mi llave;
Cuando caminan, cabalgan con agrio ruido abrióse la puerta
a lomos de mula vieja, de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
y no conocen la prisa sonó en el silencio de la tarde muerta.
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino; XI
donde no hay vino, agua fresca. Yo voy soñando caminos
Son buenas gentes que viven, de la tarde. ¡Las colinas
laboran, pasan y sueñan, doradas, los verdes pinos,
y en un día como tantos, las polvorientas encinas!...
descansan bajo la tierra. ¿Adonde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
VI a lo largo del sendero...
Fue una clara tarde, triste y soñolienta... —La tarde cayendo está—,
tarde de verano. La hiedra asomaba "En el corazón tenía
al muro del parque, negra y polvorienta... la espina de una pasión;
La fuente sonaba. logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón."
Rechinó en la vieja cancela mi llave; Y todo el campo un momento
con agrio ruido abrióse la puerta se queda, mudo y sombrío,
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave meditando. Suena el viento
golpeó el silencio de la tarde muerta. en los álamos del río.
En el solitario parque, la sonora La tarde más se obscurece;
copla borbollante del agua cantora y el camino que serpea
me guía a la fuente. La fuente vertía y débilmente blanquea,
sobre el blanco mármol su monotonía. se enturbia y desaparece.
La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano, Mi cantar vuelve a plañir:
un sueño lejano mi canto presente? "Aguda espina dorada,
Fue una tarde lenta del lento verano. quién te pudiera sentir
Respondí a la fuente: en el corazón clavada."
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana. XIII
Fue esta misma tarde: mi cristal vertía Hacia un ocaso radiante
como hoy sobre el mármol su monotonía. caminaba el sol de estío,
¿Recuerdas, hermano? ... Los mirtos talares, y era, entre nubes de fuego,
que ves, sombreaban los claros cantares
que escuchas. Del rubio color de la llama, una trompeta gigante,
el fruto maduro pendía en la rama, tras de los álamos verdes de las márgenes del río.
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano? .. Dentro de un olmo sonaba la sempiterna tijera
Fue esta misma lenta tarde de verano. de la cigarra cantora, el monorritmo jovial,
entre metal y madera,
que es la canción estival.
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En una huerta sombría Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
giraban los cangilones de la noria soñolienta. y un huerto claro donde madura el limonero;
Bajo las ramas obscuras el son del agua se oía. mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
Era una tarde de julio, luminosa y polvorienta. mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Yo iba haciendo mi camino, Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
absorto en el solitario crepúsculo campesino. —ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
Y pensaba: "¡Hermosa tarde, nota de la lira inmensa mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
toda desdén y armonía; y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
hermosa tarde, tú curas la pobre melancolía Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
de este rincón vanidoso, obscuro rincón que piensa!" pero mi verso brota de manantial sereno;
Pasaba el agua rizada bajo los ojos del puente. y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
Lejos la ciudad dormía, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
como cubierta de un mago fanal de oro transparente. Adoro la hermosura, y en la moderna estética
Bajo los arcos de piedra el agua clara corría. corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
Los últimos arreboles coronaban las colinas mas no amo los afeites de la actual cosmética,
manchadas de olivos grises y de negruzcas encinas. ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Yo caminaba cansado, Desdeño las romanzas de los tenores huecos
sintiendo la vieja angustia que hace el corazón pesado. y el coro de los grillos que cantan a la luna.
El agua en sombra pasaba tan melancólicamente, A distinguir me paro las voces de los ecos,
bajo los arcos del puente, y escucho solamente, entre las voces, una.
como si al pasar dijera: ¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
"Apenas desamarrada mi verso, como deja el capitán su espada:
la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera, famosa por la mano viril que la blandiera,
se canta: no somos nada. no por el docto oficio del forjador preciada.
Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera." Converso con el hombre que siempre va conmigo
Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría. —quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
(Yo pensaba: ¡el alma mía!) mi soliloquio es plática con este buen amigo
Y me detuve un momento, que me enseñó el secreto de la filantropía.
en la tarde, a meditar... Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
¿Qué es esta gota en el viento A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
que grita al mar: soy el mar? el traje que me cubre y la mansión que habito,
Vibraba el aire asordado el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
por los élitros cantores que hacen el campo sonoro, Y cuando llegue el día del último viaje,
cual si estuviera sembrado y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
de campanitas de oro. me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
En el azul fulguraba casi desnudo, como los hijos de la mar.
un lucero diamantino.
Cálido viento soplaba, XCVIII (A ORILLAS DEL DUERO)
alborotando el camino. Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, en la tarde polvorienta, Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
hacia la ciudad volvía. buscando los recodos de sombra, lentamente.
Sonaban los cangilones de la noria soñolienta. A trechos me paraba para enjugar mi frente
Bajo las ramas obscuras caer el agua se oía. y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
LXXVII y hacia la mano diestra vencido y apoyado
Es una tarde cenicienta y mustia, en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
destartalada, como el alma mía; trepaba por los cerros que habitan las rapaces
y es esta vieja angustia aves de altura, hollando las hierbas montaraces
que habita mi usual hipocondría. de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
La causa de esta angustia no consigo Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
ni vagamente comprender siquiera; Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
pero recuerdo y, recordando, digo: cruzaba solitario el puro azul del cielo.
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera. Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
* y una redonda loma cual recamado escudo,
Y no es verdad, dolor, yo te conozco, y cárdenos alcores sobre la parda tierra
tú eres nostalgia de la vida buena —harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
y soledad de corazón sombrío, las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
de barco sin naufragio y sin estrella. para formar la corva ballesta de un arquero
Como perro olvidado que no tiene en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
huella ni olfato y yerra hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
por los caminos, sin camino, como Veía el horizonte cerrado por colinas
el niño que en la noche de una fiesta obscuras, coronadas de robles y de encinas;
se pierde entre el gentío desnudos peñascales, algún humilde prado
y el aire polvoriento y las candelas donde el merino pace y el toro, arrodillado
chispeantes, atónito, y asombra sobre la hierba, rumia; las márgenes del río
su corazón de música y de pena, lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
así voy yo, borracho melancólico, y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
guitarrista lunático, poeta, ¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros,
y pobre hombre en sueños, cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
siempre buscando a Dios entre la niebla. de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
El Duero cruza el corazón de roble
CAMPOS DE CASTILLA (1907-1917) de Iberia y de Castilla.
¡Oh tierra triste y noble,
XCVII (RETRATO) la de los altos llanos y yermos y roquedas,

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de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones, CXV (A UN OLMO SECO)
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aun van, abandonando el mortecino hogar, Al olmo viejo, hendido por el rayo
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar! y en su mitad podrido,
Castilla miserable, ayer dominadora, con las lluvias de abril y el sol de mayo,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora. algunas hojas verdes le han salido.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada ¡El olmo centenario en la colina
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada? que lame el Duero! Un musgo amarillento
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; le mancha la corteza blanquecina
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira. al tronco carcomido y polvoriento.
¿Pasó? Sobre sus campos aun el fantasma yerra No será, cual los álamos cantores
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra. que guardan el camino y la ribera,
La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, habitado de pardos ruiseñores.
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes. Ejército de hormigas en hilera
Castilla no es aquella tan generosa un día, va trepando por él, y en sus entrañas
cuando Mío Cid Rodrigo el de Vivar volvía, urden sus telas grises las arañas.
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia, Antes que te derribe, olmo del Duero,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia; con su hacha el leñador, y el carpintero
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, te convierta en melena de campana,
pedía la conquista de los inmensos ríos lanza de carro o yugo de carreta;
indianos a la corte, la madre de soldados, antes que rojo en el hogar, mañana,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados ardas de alguna mísera caseta,
de plata y oro, a España, en regios galeones, al borde de un camino;
para la presa cuervos, para la lid leones. antes que te descuaje un torbellino
Filósofos nutridos de sopa de convento y tronche el soplo de las sierras blancas;
contemplan impasibles el amplio firmamento; antes que el río hasta la mar te empuje
y se les llega en sueños, como un rumor distante, por valles y barrancas,
clamor de mercaderes de muelles de Levante, olmo, quiero anotar en mi cartera
no acudirán siquiera a preguntar: ¿qué pasa? la gracia de tu rama verdecida.
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa. Mi corazón espera
Castilla miserable, ayer dominadora, también, hacia la luz y hacia la vida,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora. otro milagro de la primavera.
El sol va declinando. De la ciudad lejana Soria 1912
me llega un armonioso tañido de campana
—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—. CXXVII (POEMA DE UN DÍA) MEDITACIONES RURALES
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas; He aquí ya, profesor
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen de lenguas vivas (ayer
de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen. maestro de gay-saber,
Hacia el camino blanco está el mesón abierto aprendiz de ruiseñor),
al campo ensombrecido y al pedregal desierto. en un pueblo húmedo y frío,
destartalado y sombrío,
XCIX (POR TIERRAS DE ESPAÑA) entre andaluz y manchego.
El hombre de estos campos que incendia los pinares Invierno. Cerca del fuego.
y su despojo aguarda como botín de guerra, Fuera llueve un agua fina,
antaño hubo raído los negros encinares, que ora se trueca en neblina,
talado los robustos robledos de la sierra. ora se torna aguanieve.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares; Fantástico labrador,
la tempestad llevarse los limos de la tierra pienso en los campos. ¡Señor,
por los sagrados ríos hacia los anchos mares; qué bien haces! Llueve, llueve
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra. tu agua constante y menuda
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes, sobre alcaceles y habares,
pastores que conducen sus hordas de merinos tu agua muda,
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes en viñedos y olivares.
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos. Te bendecirán conmigo
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto, los sembradores del trigo;
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas los que viven de coger
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto la aceituna;
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas. los que esperan la fortuna
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, de comer;
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales, los que hogaño,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea, como antaño,
esclava de los siete pecados capitales. tienen toda su moneda
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza, en la rueda,
guarda su presa y libra la que el vecino alcanza; traidora rueda del año.
ni para su infortunio ni goza su riqueza; ¡Llueve, llueve; tu neblina
le hieren y acongojan fortuna y malandanza. que se torne en aguanieve,
El numen de estos campos es sanguinario y fiero; y otra vez en agua fina!
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor, ¡Llueve, Señor, llueve, llueve!
veréis agigantarse la forma de un arquero, En mi estancia, iluminada
la forma de un inmenso centauro flechador. por esta luz invernal,
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta —la tarde gris tamizada
—no fue por estos campos el bíblico jardín—; por la lluvia y el cristal—,
son tierras para el águila, un trozo de planeta sueño y medito.
por donde cruza errante la sombra de Caín.

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Clarea siempre viva,
el reloj arrinconado, fugitiva;
y su tic-tac, olvidado poesía, cosa cordial.
por repetido, golpea. ¿Constructora?
Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído. —No hay cimiento
Tic-tic, tic-tic... Siempre igual ni en el alma ni el viento—.
monótono y aburrido. Bogadora,
Tic-tic, tic-tic, el latido marinera,
de un corazón de metal. hacia la mar sin ribera.
En estos pueblos, ¿se escucha Enrique Bergson: Los datos
el latir del tiempo? No. inmediatos
En estos pueblos se lucha de la conciencia, ¿Esto es
sin tregua con el reloj, otro embeleco francés?
con esa monotonía Este Bergson es un tuno;
que mide un tiempo vacío. ¿verdad, maestro Uhamuno?
Pero ¿tu hora es la mía? Bergson no da como aquel
¿Tu tiempo, reloj, el mío? Immamuel
(Tic-tic, tic-tic...) Era un día él volatín Inmortal;
(Tic-tic, tic-tic) que pasó, este endiablado judío
y lo que yo más quería ha hallado el libre albedrío
la muerte se lo llevó. dentro de su mechinal.
Lejos suena un clamoreo No está mal:
de campanas... cada sabio, su problema
Arrecia el repiqueteo y cada loco, su tema.
de la lluvia en las ventanas. Algo importa
Fantástico labrador, que en la vida mala y corta
vuelvo a mis campos. ¡Señor, que llevamos
cuánto te bendecirán libres o siervos seamos;
los sembradores del pan! mas, si vamos
Señor, ¿no es tu lluvia ley, a la mar,
en los campos que ara el buey, lo mismo nos han de dar.
y en los palacios del rey? ¡Oh, estos pueblos! Reflexiones,
¡Oh, agua buena, deja vida lecturas y acotaciones
en tu huida! pronto dan en lo que son:
¡Oh, tú, que vas gota a gota, bostezos de Salomón.
fuente a fuente y río a río, ¿Todo es
como este tiempo de hastío soledad de soledades,
corriendo a la mar remota, vanidad de vanidades,
con cuanto quiere nacer, que dijo el Eclesiastés?
cuanto espera Mi paraguas, mi sombrero,
florecer mi gabán... El aguacero
al sol de la primavera, amaina... Vámonos, pues.
sé piadosa, Es de noche. Se platica
que mañana al fondo de una botica.
serás espiga temprana, —Yo no sé,
prado verde, carne rosa, Don José,
y más: razón y locura cómo son los liberales
y amargura tan perros, tan inmorales.
de querer y no poder — ¡Oh, tranquilícese usté!
creer, creer y creer! Pasados los carnavales;
Anochece; vendrán los conservadores,
el hilo de la bombilla buenos administradores,
se enrojece, de su casa.
luego brilla, Todo llega y todo pasa.
resplandece, Nada eterno:
poco más que una cerilla. ni gobierno
Dios sabe dónde andarán que perdure,
mis gafas... entre librotes, ni mal que cien años dure.
revistas y papelotes, —Tras estos tiempos, vendrán
¿quién las encuentra?... Aquí están. otros tiempos y otros y otros,
Libros nuevos. Abro uno y lo mismo que nosotros
de Unamuno. otros se jorobarán.
¡Oh, el dilecto, Así es la vida Don Juan.
predilecto —Es verdad, así es la vida.
de esta España que se agita, —La cebada está crecida.
porque nace o resucita! —Con estas lluvias...
Siempre te ha sido, ¡oh Rector Y van
de Salamanca!, leal las habas que es un primor.
este humilde profesor —Cierto; para marzo, en flor.
de un instituto rural. Pero la escarcha, los hielos...
Ésa tu filosofía — Y además, los olivares
que llamas diletantesca, están pidiendo a los cielos
voltaria y funambulesca, agua a torrentes.
gran Don Miguel, es la mía. — A mares.
Agua del buen manantial, ¡Las fatigas, los sudores

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que pasan los labradores! Fue ayer; éramos casi adolescentes; era
En otro tiempo... con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios,
Llovía cuando montar quisimos en pelo una quimera,
también cuando Dios quería. mientras la mar dormía ahíta de naufragios.
—Hasta mañana, señores. Dejamos en el puerto la sórdida galera,
Tic-tic, tic-tic... Ya pasó y en una nave de oro nos plugo navegar
un día como otro día, hacia los altos mares, sin aguardar ribera,
dice la monotonía lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.
del reló. Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño —herencia
Sobre mi mesa Los datos de un siglo que vencido sin gloria se alejaba—
de la conciencia, inmediatos. una alba entrar quería; con nuestra turbulencia
No está mal la luz de las divinas ideas batallaba.
este yo fundamental, Mas cada cual el rumbo siguió de su locura;
contingente y libre, a ratos, agilitó su brazo, acreditó su brío;
creativo, original; dejó como un espejo bruñida su armadura
este yo que vive y siente y dijo: "El hoy es malo, pero el mañana... es mío."
dentro la carne mortal, Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda,
¡ay!, por saltar impaciente con sucios oropeles de Carnaval vestida
las bardas de su corral. aun la tenemos: pobre y escuálida y beoda;
Baeza, 1918 mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.
Tú juventud más joven, si de más alta cumbre
la voluntad te llega, irás a tu ventura
XXXV (EL MAÑANA EFÍMERO) despierta y transparente a la divina lumbre,
A Roberto Castrovido como el diamante clara, como el diamante pura.

La España de charanga y pandereta,


cerrado y sacristía, CLXIX
devota de Frascuelo y de María, ULTIMAS LAMENTACIONES DE ABEL MARTÍN
de espíritu burlón y de alma quieta, (CANCIONERO APÓCRIFO)
ha de tener su mármol y su día, Hoy, con la primavera,
su infalible mañana y su poeta. soñé que un fino cuerpo me seguía
El vano ayer engendrará un mañana cual dócil sombra. Era
vacío y ¡por ventura! pasajero. mi cuerpo juvenil, el que subía
Será un joven lechuzo y tarambana, de tres en tres peldaños la escalera.
un sayón con hechuras de bolero, —Hola, galgo de ayer. (Su luz de acuario
a la moda de Francia realista, trocaba el hondo espejo
un poco al uso de París pagano, por agria luz sobre un rincón de osario.)
y al estilo de España especialista — ¿Tú, conmigo, rapaz?
en el vicio al alcance de la mano. —Contigo, viejo.
Esa España inferior que ora y bosteza, Soñé la galería
vieja y tahúr, zaragatera y triste; al huerto de ciprés y limonero;
esa España inferior que ora y embiste, tibias palomas en la piedra fría,
cuando se digna usar de la cabeza, en el cielo de añil rojo pandero,
aun tendrá luengo parto de varones y en la mágica angustia de la infancia
amantes de sagradas tradiciones la vigilia del ángel más austero.
y de sagradas formas y maneras; La ausencia y la distancia
florecerán las barbas apostólicas, volví a soñar con túnicas de aurora;
y otras calvas en otras calaveras firme en el arco tenso la saeta
brillarán, venerables y católicas. del mañana, la vista aterradora
El vano ayer engendrará un mañana de la llama prendida en la espoleta
vacío y ¡por ventura! pasajero, de su granada.
la sombra de un lechuzo tarambana, ¡Oh Tiempo, oh Todavía
de un sayón con hechuras de bolero, preñado de inminencias!,
el vacuo ayer dará un mañana huero. tú me acompañas en la senda fría,
Como la náusea de un borracho ahíto tejedor de esperanzas e impaciencias.
de vino malo, un rojo sol corona ***
de heces turbias, las cumbres de granito; ¡El tiempo y sus banderas desplegadas!
hay un mañana estomagante escrito (¿Yo, capitán? Mas yo no voy contigo.)
en la tarde pragmática y dulzona. ¡Hacia lejanas torres soleadas
Mas otra España nace, el perdurable asalto por castigo!
la España del cincel y de la maza, Hoy, como un día, en la ancha mar violeta
con esa eterna juventud que se hace hunde el sueño su pétrea escalinata,
del pasado macizo de la raza. y hace camino la infantil goleta,
Una España implacable y redentora, y le salta el delfín de bronce y plata.
España que alborea La hazaña y la aventura
con un hacha en la mano vengadora, cercando un corazón entelerido...
España de la rabia y de la idea. Montes de piedra dura
—eco y eco— mi voz han repetido.
CXLIV ¡Oh, descansar en el azul del día
(UNA ESPAÑA JOVEN) como descansa el águila en el viento,
... Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda, pobre la sierra fría,
la malherida España, de Carnaval vestida segura de sus alas y su aliento!
nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda, La augusta confianza
para que no acertara la mano con la herida. a ti, Naturaleza, y paz te pido,

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mi tregua de temor y de esperanza,
un grano de alegría, un mar de olvido... De mar a mar entre los dos la guerra,
Poesías de la guerra civil más honda que la mar. En mi parterre,
miro a la mar que el horizonte cierra.
Tú asomada, Guiomar, a un finisterre,
LA GUERRA 1936-1939
miras hacia otra mar, la mar de España
EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA que Camoens cantara, tenebrosa.
LORCA Acaso a ti mi ausencia te acompaña.
A mí me duele tu recuerdo, diosa.
1. El crimen
Se le vio, caminando entre fusiles, La guerra dio al amor el tajo fuerte.
por una calle larga, Y es la total angustia de la muerte,
salir al campo frío, con la sombra infecunda de la llama
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico y la soñada miel de amor tardío,
cuando la luz asomaba. y la flor imposible de la rama
El pelotón de verdugos que ha sentido del hacha el corte frío.
no osó mirarle la cara. Hora de España (Barcelona), n.º XVIII, junio 1938, p. 8.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

2. El poeta y la muerte
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3. Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

“La muerte del niño herido”


Otra vez en la noche...Es el martillo
de la fiebre en las sienes bien vendadas
del niño. - Madre, ¡el pájaro amarillo !
¡Las mariposas negras y moradas !
-Duerme, hijo mío.- Y la manita oprime
la madre, junto al lecho. - ¡Oh flor de fuego !
¿Quién ha de helarte, flor de sangre, ¿Dime ?
Hay en la pobre alcoba olor de espliego ;

fuera, la oronda luna que blanquea


cúpula y torre a la ciudad sombría.
Invisible avión moscardonea.

-¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía ?


El cristal del balcón repiquetea.
¡Oh fría, fría, fría, fría, fría !
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