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Minería en Chayanta:

Sublevación indígena y auge minero: 1775-1792


María Concepción Gavira Márquez

Minería en Chayanta:
Sublevación indígena
y auge minero: 1775-1792
© María Concepción Gavira Márquez, 2013
© Plural editores, 2013

Primera edición: noviembre de 2013

dl: 4-1-2620-13
isbn: 978-99954-1-560-0

Producción:
Plural editores
Av. Ecuador 2337 esq. Calle Rosendo Gutiérrez
Teléfono 2411018 / Casilla 5097 / La Paz, Bolivia
Email: plural@plural.bo / www.plural.bo

Impreso en Bolivia
Índice

Agradecimientos........................................................................................... 9
Prólogo......................................................................................................... 11
Introducción................................................................................................. 13

Capítulo I
Producción de plata y sublevación indígena en Chayanta
1. Las minas de la provincia de Chayanta.................................................. 18
2. Producción de plata registrada procedente de la provincia
de Chayanta............................................................................................ 22
3. El rescate de plata: el Banco de Aullagas............................................... 27
4. La sublevación indígena en Chayanta................................................... 34
5. Los mineros y la sublevación de 1781 en Oruro y Carangas................ 41

Capítulo ii
Los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores
1. Los azogueros de Aullagas..................................................................... 50
2. Propietarios de minas............................................................................. 78
3. Los trabajadores de minas e ingenios.................................................... 85

Capítulo iii
A la sombra de Potosí: la nueva mita y el Socavón
de Colquechaca
1. La visita del intendente Juan del Pino Manrique al partido
de Chayanta............................................................................................ 101
2. El desagüe de Colquechaca.................................................................... 117
3. La visita del mineral de Aullagas de 1792.............................................. 126

Conclusiones................................................................................................. 133
Anexos........................................................................................................... 137
Bibliografía................................................................................................... 191
6 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Índice de gráficos

Gráfica i Producción en Chayanta (1765-1850).................................. 25


Gráfica ii Producción en Chayanta, Potosí y Oruro (1765-1818)....... 26
Gráfica iii Producción de plata de Oruro (1770-1813).......................... 43
Gráfica iv Producción de plata de Carangas (1770-1804)..................... 46

Índice de cuadros

Cuadro i Procedencia de la Plata Registrada en el Banco


de San Carlos: 1784-1793..................................................... 24
Cuadro ii Producción de plata procedente de Chayanta registrada
en el banco de rescate, 1770-1779........................................ 53
Cuadro iii Registradores de plata de Chayanta en el banco
de rescate, años 1772-76....................................................... 54
Cuadro iv Propietarios de ingenios en el asiento de Aullagas, 1792..... 63
Cuadro v Principales registradores de Chayanta, 1781 A 1785........... 65
Cuadro vi Registradores de plata de Chayanta, 1786 A 1790............... 72
Cuadro vii Producción de Chayanta 1780-1800..................................... 73
Cuadro viii Trapicheros de Aullagas, 1792.............................................. 77
Cuadro ix Registradores de plata de Chayanta, 1781-1785.................. 96
Cuadro x Registradores de plata de Chayanta, 1786-1790.................. 97
Cuadro xi Matrícula de Chayanta de 1787............................................ 104
Cuadro xii Mitayos correspondientes a Chayanta y Porco.................... 110
Cuadro xiii Relación de propietarios de Ingenios y Trapiches
que presentan informes en la Visita de Aullagas de 1792..... 131
Cuadro xiv Relación de propietarios de minas........................................ 132
Cuadro xv Dueños de Ingenios en la Visita de Aullagas de 1792.......... 132

Archivos
Archivo General de Indias, Sevilla: agi
Archivo Nacional de Bolivia, Sucre: anb
Archivo Histórico Nacional, Madrid: ahn
Archivo General de Simancas, Valladolid: ags
Real Academia de la Historia, Madrid: rah
Archivo Histórico de Potosí, Potosí: ahp
A LUCÍA
Agradecimientos

Este trabajo se planteó hace algunos años, en principio Tristán Platt y yo nos
entusiasmamos pensando en un estudio de larga duración sobre Chayanta, que
pretendía analizar un periodo amplio y significativo, que partiendo de mediados del
siglo xviii llegara hasta fines del siglo xix. En gran manera compartimos algunas
de las ideas y avances de esta investigación y no me queda más que agradecer.
Gracias a Platt por compartir y discutir en eternos cafés este proyecto.
Muchos colegas amigos e instituciones también me facilitaron la realización
de este trabajo: responsables y trabajadores de Archivos en Bolivia y en España.
En Sucre, Potosí y La Paz cuento con grandes amigos que aportaron mucho en
esta aventura y me esperan en la próxima. En España he compartido el interés
con Angel Revuelta, descendiente de un importante azoguero de Aullagas, el cual
me facilitó algunos documentos. En México, mi país de adopción, la Universidad
Michoacana de San Nicolás de Hidalgo apoyó la financiación de parte de la in-
vestigación. Mi deuda es inmensa con esta Máxima Casa de Estudios.
Gracias a mis amigas y colegas María Carmen Alonso y Juani Barrios por
ayudarme, a Juan Marchena por escucharme, animarme y facilitarme esa bella foto
de la portada, a Vicente Guijosa por compartir la ilusión, a todos mis amigos…
Gracias a mi pequeña Lucía a quien va dedicado este libro con todo mi amor.
Prólogo

En este fascinante libro, Concepción Gavira nos ofrece el primer estudio riguro-
so del celebrado centro minero de Aullagas-Colquechaca (Provincia Chayanta,
Potosí) durante su boya renovada en la segunda mitad del siglo xviii. Con una
metodologia precisa y una lectura cercana e intuitiva de los documentos, la autora
enfatiza que el auge del Aullagas se produjo nada menos que durante la suble-
vación en 1780 de Tomás Katari, llevada a cabo por los ayllus vecinos de Macha
(Majasaya). Se trata de una perspectiva fresca y sorprendente sobre esta famosa
sublevación indígena, que recupera una paradójica comunidad de intereses entre
algunos azogueros criollos regionales y los indios rebeldes.
El trabajo viene a complementar dos estudios anteriores de la misma autora
sobre dos centros más al Norte: Oruro y Carangas, que tampoco compartían
condiciones de producción tan favorables como las que gozaba el “ilustre gremio”
de azogueros de la Rivera de Potosí. Durante la rebelión indígena, y a diferencia
de Chayanta, esos dos centros languidecían, e incluso sufrían perjuicios a manos
de los sublevados. En otros momentos, sin embargo, todos atraían inversiones, y
a menudo producían cantidades de plata muy superiores a las que se lograban por
los azogueros del Cerro Rico. Es más, Gavira muestra cómo la minería del Cerro
pudo actuar como un freno sobre la producción de los llamados “minerales de afue-
ra”, que de otro modo quizás se hubieran desarrollado aún más abundantemente.
A diferencia de Oruro y Carangas, en Chayanta los mineros y los campesinos
rebeldes compartían un enemigo: el notorio militar catalán Joaquin de Alós, Co-
rregidor de Chayanta, quien se oponía al nombramiento de Tomas Katari como
curaca, y al mismo tiempo conducía un Banco de Rescates, fundado en 1778 (y
hasta ahora desconocido en la literatura), donde se pagaba mucho menos por los
marcos de plata de los mineros que cuando Alós los revendia en Potosí. Algunos
12 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

azogueros apoyaban a Alós y el Banco, pero los que se opusieron al Corregidor


eran acusados de tomar la parte de Tomas Katari, el caudillo rebelde de Macha.
Y en la secuela, vemos efectivamente una red de favores dirigidos hacia los indios
por ciertos azogueros opuestos a Alós, sugiriendo un “pacto” que explicara como
el auge productivo pudo haberse mantenido durante los acontecimientos violentos
de la sublevación.
El punto metodológico de partida es la serie cuantitativa de producción anual
de plata recogida en el Archivo General de Indias, Sevilla, cuyo analisis riguroso
revela las diferencias señaladas con las series de Oruro y Carangas, y permite
situar el auge de Aullagas entre 1776 y la Visita de 1792.
En el segundo capítulo, Concepción Gavira profundiza en la condición de
los trabajadores mineros, muchos de ellos indios estacionales procedentes del
campo circundante. Los azogueros (cuya riqueza a menudo provino de los trapi-
ches artesanales más que de los grandes ingenios industriales) también recurrían
a arreglos con los “capitanes” de grupos de cacchas, o jucos, lo que recuerda
inmediatamente las mismas prácticas en el Cerro Rico de Potosí. Cuestionando
la oposición demasiado esquemática entre el trabajo “forzado” (mita) y el trabajo
“libre” (minga), Gavira llama la atencion a otras formas de coerción (como los
watacos, el enganche o los “recogedores” de mano de obra), a la vez que encuentra
relaciones mas asociativas (como los citados capitanes, donde las dos partes impli-
cadas acordaban repartirse el mineral extraído, o el dinero producto de su venta).
El último capítulo nos introduce a la única inversión hecha por el Banco
Real de San Carlos de Potosí en un “mineral de afuera”: el préstamo hecho a José
Antonio Amaral para la construcción del Socavón de Colquechaca por debajo del
pueblo de Aullagas. Y el libro termina con la Visita de 1792, un documento de
excepcional valor para nuestra comprensión de la vida minera de aquellos años.
Hoy, los azogueros muertos de Aullagas siguen poblando los recuerdos
confusos de mineros y pobladores de la región, preservados en mitos y leyendas,
historias, equivocaciones, nombres sueltos ... El libro de Concha permite situar
mejor estos ecos del pasado, y penetrar el pasado mítico que se esconde detrás de
las ruinas del antiguo y abandonado centro. Su recuperación histórica devolverá
a los Villafane, los Astuena, los Álvarez Reyero, los Amezcaray y los Amaral una
imagen más verosimil de su antigua vitalidad.

Tristan Platt
Professor in Anthropology and History
University of St Andrews
Escocia, R.U.
Introducción

Este trabajo representa el resultado de parte de una investigación más ambiciosa


que pretendía abordar las repercusiones de la sublevación indígena de 1780-81 so-
bre la actividad minera en los centros más importantes de la Audiencia de Charcas,
perteneciente desde 1776 al virreinato del Río de la Plata. En concreto, la primera
intención era realizar un análisis de las diferentes respuestas que manifestaron las
curvas de la producción de plata en los centros mineros ubicados en el Alto Perú
y en especial en los corregimientos donde el levantamiento indígena de 1780-81
fue de gran repercusión. El objetivo surgió hace algún tiempo mientras trabajaba
mi tesis doctoral sobre Oruro a fines del periodo colonial. La investigación sobre
la minería en Oruro me llevó a cuestionar si los testimonios coloniales tenían la
razón en argumentar que la sublevación de 1781 era la responsable de la crisis
minera (Gavira 2005). Después, estudios posteriores, como el trabajo sobre Ca-
rangas (Gavira 2008), me hizo plantear la misma pregunta, y también el caso de
Chayanta comprendió un reto por sus características particulares que apoyaban
la tesis inicial de que las sublevaciones indígenas no repercutieron determinan-
temente en la producción de plata de los diferentes centros mineros.
Al final, el análisis del impacto de la sublevación en la actividad minera se
ha quedado reducido a algunos de los centros mineros productores de plata más
importantes en la Audiencia de Charcas a fines del siglo xviii: Oruro, que tenía su
propia Caja Real, Chayanta, que pertenecía a la jurisdicción económica de la Caja
Real de Potosí, y otro centro de menor importancia cuantitativa como Carangas,
que también tenía instituida una Caja Real propia. En estos tres corregimientos
la rebelión tuvo graves consecuencias para la administración colonial. Chayanta
fue el foco de la sublevación de los Cataris, por lo cual es muy representativo
como lugar donde el impacto podría suponerse en mayor dimensión. En Oruro
14 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

la sublevación tuvo unas características especiales por estar implicados en un


primer momento los mineros criollos, y en Carangas los indígenas sublevados
también terminaron matando al corregidor y a los escasos vecinos españoles. Dos
distritos muy importantes nos quedan pendientes para completar la investigación:
Chucuito y los minerales de provincias de Potosí. En el caso del famoso Cerro
Rico de Potosí, debemos aclarar que la sublevación no llegó a manifestarse de
forma directa e inmediata, podríamos decir que se quedó a sus puertas. No hay
duda que se vio afectado y sufrió problemas de abastecimiento e inseguridad
pero no hubo disturbios en su interior;1 sin embargo, los minerales de “afuera”
o de provincias, salvo el trabajo que presentamos sobre Chayanta, permanecen
todavía por investigar y por tanto queda por evaluar el impacto de la sublevación
indígena en la producción. El caso de Chucuito representa también una asignatura
pendiente y por eso señalamos que la investigación que ofrecemos es parte de ese
proyecto más amplio que algún día nos gustaría completar, porque al final nos
atrapó el estudio de Chayanta.
La sublevación indígena de 1781 ha sido considerada por la historiografía,2
al igual que por los testimonios de la época, como un duro golpe para todo el
sistema colonial y por tanto para la actividad económica, en especial la minería,
por sus características propias. La minería andina y, en concreto la altoperuana,
tenía como mano de obra a la población indígena en su mayoría, por lo cual
estamos hablando del sector poblacional más vinculado e involucrado en este
proceso de rebelión. Pero no sólo se trataba de la mano de obra, también otros
rubros se vieron fuertemente afectados como eran los insumos y el transporte,
de manera que no parecía posible que durante el período 1780-83 se produjera
una actividad económica normalizada. Además podríamos añadir que en muchos
casos la sublevación destrozó las instalaciones mineras, las cuales sufrieron daños
y perjuicios con graves pérdidas, como pudimos observar que ocurrió en Oruro.3
En este trabajo vamos a analizar un caso especial: el auge minero de Chayanta
que se manifestó de forma contundente de 1780 al 1785, aunque comenzó en la
década de los setenta y terminó a comienzos de los noventa, como se manifiesta
en las cifras de la plata registrada en el Banco de Rescate y posterior Banco de San
Carlos de Potosí y por los documentos de la época. El final de esta etapa de auge
lo hemos concretado en 1792 como se evidencia en el valioso documento de la

1 Véanse por ejemplo los trabajos clásicos de Enrique Tanteter, Coacción y Mercado. La minería de
la plata en el Potosí colonial, 1692-1826. Buenos Aires, 1992, y Rose Marie Buechler, Gobierno,
Minería y Sociedad. Potosí y el “Renacimiento” borbónico, 1776-1810. La Paz, 1989.
2 La bibliografía sobre la sublevación indígena en la región andina es muy numerosa por lo cual
nos limitaremos a señalar a lo largo del texto los trabajos más importantes para las cuestiones
que nos ocupan.
3 María Concepción Gavira, Historia de una crisis: La minería en Oruro a fines del periodo colonial.
La Paz, 2005.
introducción 15

visita del mineral de Aullagas de 1792. Una fuente de gran valor que agradecemos
a Tristan Platt y que anexamos en el apéndice documental porque entendemos
que puede ser de gran utilidad para otros estudiosos.
Un primer paso importante en esta investigación era establecer la estimación
de plata de las minas del corregimiento de Chayanta, la cual estaba pendiente de
calcular hasta la fecha, al igual que la de otros asientos mineros de provincias,
por ejemplo Lípez y Porco. Después quedaba el reto de explicar el auge minero
que se manifestaba durante los años de la sublevación. Para encontrar las causas y
razones de este auge hubo que introducirse en la sublevación indígena y analizar
el papel de los diferentes actores sociales implicados en la región y no reducirse
simplemente a los protagonistas de la actividad minera.
Tenemos por tanto la intención de presentar un estudio que no pretende
quedar reducido a la actividad minera, sino que intenta atrapar en una coyuntura
muy especial una serie de actores sociales y analizar sus relaciones y estrategias
de manera que nos ayuden a entender mejor los sucesos acaecidos en la región.
capítulo i

Producción de plata y sublevación


indígena en Chayanta

Este capítulo tiene como objetivo principal presentar una estimación de la pro-
ducción de plata de las minas ubicadas en la provincia de Chayanta y analizar las
diferentes coyunturas dentro del contexto de convulsiones sociales y políticas
de las últimas décadas del siglo xviii. Esta primera evaluación es necesaria para
poder abordar más adelante con una perspectiva más amplia las distintas respues-
tas que se produjeron en los centros mineros altoperuanos durante los años de
la sublevación indígena, y así comprender la particularidad del corregimiento o
partido de Chayanta.
Intentar explicar los indicadores de la producción de la plata registrada pro-
cedente del corregimiento de Chayanta será una labor compleja que implicará
una evaluación cuantitativa y crítica de las fuentes fiscales, el análisis del contexto
político en mayor y en menor escala, y también la difícil tarea de interpretar los
silencios, las ausencias y toda una serie de factores que nos lleven a explicar una
coyuntura tan especial como es el auge de la producción de plata en plena suble-
vación indígena de 1781 y años inmediatos posteriores.
Esta primera parte del trabajo comprende desde la presentación del corregi-
miento y sus minas, hasta la estimación de la producción de plata registrada, para
pasar al estudio de las relaciones de poder dentro de este espacio colonial, donde
se combinan muchos y distintos actores: la elite minera y azoguera y sus conflic-
tos al interior, el corregidor Joaquín Alós, el líder Tomás Catari, la Audiencia de
Charcas, los visitadores. Coyunturas más o menos importantes como la supuesta
rebelión de los azogueros de Aullagas y la sublevación indígena, serán decisivas;
sin embargo, ninguno de estos factores de forma aislada podría explicarnos el por
qué en la década de los ochenta se produjo el auge minero en Chayanta. Por tanto
nos encontramos con el reto de analizar un contexto amplio y complejo donde
18 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

debemos dar su lugar a los distintos protagonistas y procesos que se relacionan y


se producen de forma simultánea.
Durante este trabajo hemos revisado la mayor parte de la bibliografía que
se ha ocupado de la sublevación de 1781 en Chayanta, o más concretamente la
sublevación liderada por Tomás Catari. Dos autores principales para nuestro
trabajo han sido Sergio Serulnikov4 y Sinclair Tohmson,5 a través de los cuales
hemos podido entender la situación de la población indígena, el cacicazgo en
Chayanta y en especial el papel del líder Tomás Catari. Otra contribución impor-
tante ha significado la recopilación de documentos que contiene la publicación
de Boleslao Lewin.6 Pero de todas formas, queremos advertir que no es nuestro
objetivo realizar un análisis sobre la sublevación indígena de 1780-81 en Chayanta
de forma exclusiva, tan solo pretendemos entender el desarrollo de la actividad
minera durante estos años.

1. Las minas de la provincia de Chayanta

El altiplano andino tuvo dos grandes alicientes para los españoles: población y
plata. Desde el principio de la conquista, la búsqueda de metales preciosos cons-
tituyó un gran motor para adentrarse y llegar hasta los lugares más inhóspitos;
tanto la selva como el altiplano no se libraron de las pesquisas y las expediciones
que algunas veces fructificaron y otras fracasaron. Estos esfuerzos consiguieron
localizar algunas de las minas trabajadas en tiempos del Inca y también se fueron
descubriendo nuevas vetas y filones. No tenemos mucha información sobre la
explotación de minas incaicas en este corregimiento Chayanta, aunque es bastante
probable puesto que se conocían minas de plata cercanas como las trabajadas en
Porco o las de Paria y Oruro. Algunas pistas nos la proporciona el propio nombre
del corregimiento. Según Cañete, el nombre de esta provincia es de Charcas,7
pero se le conocía como Chayanta por ser su capital nominada “Espíritu Santo de
Chayanta”.8 El nombre de Chayanta significa estaño, según Tristan Platt proviene

4 Sergio Serulnikov, Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí
en el siglo xviii. Buenos Aires, 2006.
5 Sinclair Thomson, Cuando sólo reinasen los indios. La política aymara en la era de la insurgencia.
La Paz, 2006
6 Boleslao Lewin, La Rebelión de Tupac Amaru y los orígenes de la emancipación Americana. Buenos
Aires, 1957.
7 Respecto a los significados de Charcas, véase T. Platt, T. Buouysse-Cassagne y O. Harris,
Qaraqra-Charcas. La Paz, 2006. Estos autores hacen diferentes propuestas. “Provincia de
Charcas”, como región situada al sur del Collao e integrada por las “siete naciones” de Charcas,
y la “Provincia de los Charcas” como jurisdicción del señorío de los Charcas.
8 Pedro Vicente Cañete, Guía Histórica de la Provincia de Potosí, Potosí, 1952. Capítulo duodéci-
mo: Del partido de Chayanta, pp. 243-246. La Historia o Guía de Potosí fue realizada entre
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 19

de un pueblo prehispánico refundado por Toledo como parte de la política de


reducciones en la década de 1570.9
La provincia ubicada en pleno Collasuyu comprendía el territorio donde se
asentaban charcas y caracaras y donde después del gobierno del virrey Toledo
quedó conformada por cinco repartimientos como unidades fiscales: Sacaca,
Chayanta, Moromoro, Macha y Caracara. Situada al norte de la famosa Villa
Imperial de Potosí, limitaba con los corregimientos coloniales de Paria al oeste,
al sur con Porco, al este con Mizque y Yamparae.10
La población indígena estaba organizada en estancias (asentamientos fami-
liares) que formaban parte de los ayllus, los cuales pertenecían a una de las dos
mitades: Anansaya (parte alta) Urinsaya (parte baja) que constituían cada una un
Ayllu Mayor. La reorganización espacial durante la colonia impuso algunos ajustes,
como por ejemplo los pueblos de reducción y la instalación de las autoridades
coloniales, pero se mantuvo en cierta medida la organización social y económica
prehispánica. Entre sus actividades económicas tradicionales y principales se
encontraban la agricultura y la ganadería, la cual practicaban a través del acceso
a tierras de puna y valles, en lo que se llamó doble domicilio. Para los siglos xvii
y xviii, la minería representó una actividad importante hacia dentro del corre-
gimiento, pues su población también tenía la obligación de cumplir desde fines
del siglo xvi con la mita de Potosí, después de la reorganización establecida por
el virrey Toledo. Como ya señalamos, son escasas las referencias a la explotación
minera en Chayanta antes de la llegada de los españoles y durante el periodo
colonial temprano. Tenemos muy poca información sobre el descubrimiento de
minas en la frontera montañosa de Macha y Pocoata11 en 1586. En el siglo xvii
también se tienen referencias a la minería pero no se han realizado estudios que
describan ni cuantifiquen su producción.12 No será hasta el siglo xviii, cuando a

1795-96 y dedicada al Gremio de azogueros, pero estaba a punto de publicarse en España,


cuando los azogueros indignados y soliviantados por el uso que le dio Victorián Villaba en
sus discursos contra la mita potosina, la boicotearon y no logró publicarse de forma completa
hasta 1952. Véase Rose Marie Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad. Potosí y el Renacimiento
Borbónico, 1776-1810. 2° Tomo. La Paz, 1989, pp. 392-399.
9 Tristan Platt, La persistencia de los ayllus en el norte de Potosí, La Paz, 1999, p. 20.
10 Sobre esta región véanse los trabajos de Tristan Platt y en especial T. Platt, T. Bouysse-Cassagne
y O. Harris, Qaraqara-Charcas. La Paz, 2006; Mónica Adrian, “Acerca de las unidades de análisis
en el sur andino colonial a partir de un estudio de caso: Chayanta, siglo xvi-siglo xviii”, en
Surandino Monográfico, segunda sección de Prohal Monográfico, vol. 2 N°. 2, Buenos Aires,
2012. www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/ravignani/prohal/mono.html
11 Platt et al., p. 535. Hay mención incluso de algunas minas prehispánicas en la región trabajadas
en tiempos del Inca.
12 Sobre las pocas referencias a la actividad minera en Chayanta en el siglo xvii, Bakewell señala
los intereses de Antonio López de Quiroga, el cual tenía propiedades en Aullagas y un ingenio
en Ocurí. Véase de este autor, Plata y empresa en el Potosí del siglo xvii. Pontevedra, 1988.
20 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

partir de este trabajo se evalúe y determine la cantidad e importancia de la plata


registrada proveniente de este corregimiento.
Chayanta era una provincia bajo la jurisdicción económica de la Caja Real de
Potosí, donde las autoridades debían entregar los tributos y los mineros azogueros
tenían que registrar su plata, pagar impuestos y abastecerse de azogues hasta la
creación del Banco de Rescate y posterior Banco de San Carlos, también ubicados
en la Villa Imperial, instituciones que heredaron estas competencias con respecto
a la minería de provincias.
Para las últimas décadas del siglo xviii, contamos con dos descripciones inte-
resantes escritas por el intendente Juan del Pino Manríquez, titulada “Descripción
de la Villa de Potosí y de los partidos sujetos a su Intendencia”,13 y por Pedro
Vicente Cañete, asesor del intendente de Francisco de Paula Sanz: “Guía de la
intendencia de Potosí”.14 En estas relaciones podemos encontrar información del
partido y las características principales de sus asientos mineros, pues fueron con-
cebidas ante todo con fines económicos. Decían de sus naturales que conseguían
frutos de distintos ecosistemas, por lo cual eran considerados como indígenas de
recursos sin problemas para pagar el correspondiente tributo.15
Sus asentamientos principales eran 20, según Pino Manrique, y 19, según
Cañete, los cuales están situados en la puna y el valle.16 Los primeros eran consi-
derados de temperamento “destemplado y poco apacible”,17 pero con la ventaja
de ser los que disfrutan de los minerales de plata. El asiento minero más famoso
era el de Aullagas, a 32 leguas de Potosí, de donde procedía la mayor cantidad de
plata registrada durante el siglo xviii. La descripción realizada por el intendente
Juan del Pino Manríquez en la década de los ochenta, durante los años de mayor
auge en la producción, le adjudicaba 100.000 marcos de plata al año “de que es
la mayor parte de Aullagas”.18 Destacaban en este asiento los parajes del Rosario,

13 Juan del Pino Manrique, “Descripción de la villa de Potosí y de sus partidos sujetos a su
Intendencia”, en Pedro de Angelis, Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua
y moderna de las provincias del Río de la Plata. Buenos Aires, Plus Ultra, 1969-72, tomo ii.
14 Las doctrinas son: Chayanta, Aymaya, Panacachi, Pocoata, Macha, Aullagas, Chairapata,
Moromoro, Sacaca, Chayala, Pintatora, Guaycoma, San Marcos, Surumi, Carasi, Micani,
Moscari, San Pedro de Buenavista y Acacio, según Pedro Vicente Cañete, Guía Histórica…
15 Del Pino Manrique, “Descripción de la villa de Potosí …”.
16 La cuestión es que hay 19 pueblos de doctrina, pero el pueblo Chayanta tiene dos doctrinas
(Laymes y Chayantacas). Los pueblos son: Chayanta, Aymaya, Panacachi, Pocoata, Macha,
Aullagas, Chairapata, Moromoro, Sacaca, Chayala, Pintatora, Guaycoma, San Marcos, Surumi,
Carasi, Micani, Moscari, San Pedro de Buenavista y Acacio. Sobre las doctrinas y su evolu-
ción en el siglo xviii, véase la tesis inédita de Mónica Adrian, “Curas, doctrinas, reformas y
conflictividad local en la provincia de Chayanta, segunda mitad del siglo xviii”, Universidad
de Buenos Aires, diciembre de 2009. Directora de tesis Ana María Lorandi.
17 Cañete, Guía Histórica…, pp. 243-246.
18 Pino Manrique, “Descripción de la villa de Potosí …”.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 21

Palca, Angostura, Churicala, Ayoma y Guancarani, en los cuales se ubicaban los


ingenios y además nos dice que había treinta trapiches.19 Entre las distintas vetas
y socavones en 1787 se señalan: San Nicolás, Sivelo, La Purísima y San Agustín; y
dos socavones uno llamado Colquechaca y otro inconcluso en esas fechas llamado
Gallofa, pero sin duda habían muchos más, como quedan registrados en la visita
realizada al asiento de Aullagas en 1792 y en el plan de minas fechado en 1808,20
que abordaremos más adelante. Por tanto, consideramos que Pino Manrique no
tenía una información muy precisa cuando realizó la descripción de Chayanta
con respecto a los minerales, sus vetas y socavones.
Aullagas se constituía como el poblamiento de mayor número de españoles,
aunque su ubicación “lo hace incomodo, sumamente frío, destemplado y com-
batido de fuertes vientos”. Se encontraba en una situación difícil para urbanizar;
según Pino Manrique no tenía formación de calles y “la plaza es una peña viva”.21
También opinaba Cañete que era una villa incomoda “así por el desorden de las
calles y mala forma de las casas”, como por su temperamento frío y la altitud, de
manera que se sufría el mal de altura que llamaban “apunarse”.22 Actualmente tan
sólo quedan restos del pueblo ya desaparecido porque en el siglo xix se trasladó
al actual Colquechaca.23
Otro de los minerales de plata estaba ubicado en el cerro de Mallcocota,
situado al noroeste de Aullagas. Su asiento se conocía como Toracari y era el más
antiguo de la provincia, pero a fines del siglo xviii, según Cañete, se encontraba
“casi abandonado por su decadencia”. Ocurí era el otro mineral, donde se ubi-
caban cuatro ingenios. Existían también dos minerales de oro: Aymayapampa y
Capacirca, que comenta Cañete que ya estaban abandonados pero que dieron
mucho oro a mitad del siglo xviii.24
Como podemos observar en la descripción de Cañete, se evidencia que ya a
fines del siglo xviii el mineral de Chayanta se encontraba en crisis, como efecti-
vamente también observamos en el cuadro de la producción que presentamos y
que hemos elaborado con los registros de plata procedente de toda la provincia,
aunque es cierto que en mayor proporción los registros de plata procedían del
mineral de Aullagas.

19 Cañete, Guia Histórica…


20 Estas fuentes se encuentran en el Archivo Nacional de Bolivia (en adelante ANB) y Archivo
Histórico de Potosí (en adelante AHP).
21 Pino Manríquez, “Descripción de la villa de Potosí …”
22 Este consistía en “vómitos con vehementísimos dolores de cabeza”, Véase Cañete, Guía
Histórica… p. 244. En la actualidad también se conoce como sorojche.
23 En la visita a Chayanta del intendente Juan del Pino Manríquez de 1787 dice que los azogueros
y vecinos le propusieron el traslado del pueblo a otro paraje más cómodo y habitable. Archivo
General de Indias (en adelante AGI), Charcas, 438.
24 Cañete, Guía Histórica…
22 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

2. Producción de plata registrada procedente de la provincia


de Chayanta

Hablar de plata en América del Sur durante el periodo colonial era hablar de Po-
tosí, este famoso centro minero o, mejor dicho, este fantástico Cerro Rico opacó
cualquier otro centro minero colonial. Durante la mayor parte de la colonia,
Potosí formó parte del virreinato de Perú y a partir de 1776 pasó a pertenecer
al virreinato del Río de la Plata, que por cuestiones estratégicas necesitaba la fi-
nanciación proveniente de las minas de plata del Alto Perú. Sin embargo, como
hemos argumentado ya en otros trabajos, la actividad minera en Potosí se realizaba
en condiciones diferentes a las de otros centros mineros andinos y, en especial
durante su primer siglo de vida bajo plata potosina se incluyó una gran parte de
plata procedente de otros centros más o menos cercanos y que se trabajaban en
diferentes condiciones.25 Lo bueno de estudiar el siglo xviii es que la contabilidad
de los registros de plata se encuentra ya mejor especificada y por tanto es más
fácil de cuantificar. Procuraremos ofrecer una información básica para explicar
cómo hemos llegado hasta la estimación de la producción de plata procedente de
las minas de Chayanta.
Hasta que el mineral de plata llegaba a los circuitos comerciales en forma de
moneda, el proceso de producción de la plata pasaba por una serie de fases, las
cuales podían ser independientes o estar integradas dentro de una misma empresa.
Por lo general, los azogueros o dueños de ingenios poseían también minas, aunque
esto no excluía que beneficiasen mineral procedente de otros mineros. La Corona
como dueña del subsuelo otorgaba la concesión del usufructo a cambio de una
serie de impuestos. La primera fase, denominada extractiva, consistía en extraer
el mineral de las vetas argentíferas localizadas en el subsuelo para lo cual había
que registrar las estacas26 de minas y cumplir con una serie de requisitos legales.27
La siguiente fase en el proceso era la denominada de beneficio, que consistía
en la transformación del mineral bruto en piñas o lingotes de plata. Estricta-
mente esta producción debería ser llevada directamente por el minero azoguero
hasta la Caja Real más cercana y registrarla pagando el impuesto (10%) llamado

25 Este tema lo hemos abordado en el trabajo “Política minera y conflictos entre Potosí y Oru-
ro a principios del siglo xvii”, en Tiempos de América. Centros de investigación de América
Latina, Universidad Jaume I. N° 14, Año 2007, pp. 3-21.
26 Estaca: “Divisiones hechas en las minas. También el poste afirmado en la tierra, ubicado en
un punto de la mina, desde el cual se medía la pertenencia. Significa además una participación
en una mina y, por último, se daba ese nombre al dueño de una mina que pagaba el impuesto
pero que no trabajaba su minas…” Véase F. Langue y C. Salazar, Diccionario de términos mineros
para la América española (siglos xvi-xix), p. 223.
27 Véase Capítulo 2.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 23

Diezmo en el siglo xviii.28 En estas dependencias se fundían en barras de plata y


se marcaban con el sello correspondiente que indicaba su valor, concediéndoles
así legalidad por haber pagado sus tasas a la Real Hacienda.29 Sin embargo, en
muchas ocasiones la plata era registrada por el habilitador o el comerciante que
financiaban a los mineros-azogueros. Esta operación era registrada en libros
contables que pasaban a ser supervisados más tarde por los tribunales de cuentas
y que constituyen la fuente de información con la que los estudiosos contamos
para realizar una estimación de la producción de plata de un centro minero.30
Hasta el momento, la producción de los centros mineros llamados de “pro-
vincias” o “minerales de afuera” adscritos a la jurisdicción de Potosí no ha sido
estimada de forma particular, entre otras cosas por la dificultad que representan
las fuentes. Para el siglo xviii, que es el que nos ocupa, encontramos que los re-
gistros de la plata de los centros provinciales, Chichas, Chayanta, Lípez, y Porco
estaban conjuntamente anotados en los libros del Banco de Rescate y a partir de
1780, una vez creado el Banco de San Carlos, cada centro tenía un libro particular
donde se registraba su producción.
Las fuentes utilizadas, por tanto, para estimar la producción de plata han sido
hasta 1779 los libros del Banco de Rescate, y posteriormente los libros del Banco
de San Carlos destinados a la producción de Chayanta. Esta gestión la mayoría
de las veces era realizada por un comisionado o apoderado y otras veces era un
comerciante o rescatista el que se trasladaba hasta Potosí desde Chayanta para
realizar esta y otras operaciones comerciales como la compra de insumos o azogues.
En los libros se anotaba la procedencia del mineral y se establecía un precio según
la calidad o ley de la plata. Estos registros se hacían por fechas de entradas, por
lo cual en un mismo día nos encontramos anotaciones de los diferentes mineros
de los distintos minerales de provincias. Afortunadamente a partir de la creación
del Banco de San Carlos este proceso se simplificó y quedó registrada la plata
según procedencia en libros individualizados.
Sin embargo, como hemos referido en otras ocasiones sobre la fiabilidad de
esta información, no podemos afirmar que estos registros sean un fiel reflejo de
la producción de toda la provincia, pero es la única fuente que nos permite esta-
blecer una estimación aproximada. No tenemos manera de evaluar la cantidad de
plata que salía de contrabando sin pagar impuestos, ni la plata que era registrada

28 Hasta 1735 el impuesto sobre la plata estaba fijado en un 20%, el llamado quinto. También
se pagaban el derecho de ensaye llamado en la región andina el impuesto de “Cobos” que
consistía en 1 ½ %.
29 El ensayador tenía que sellar la barra de plata indicando la ley del mineral, es decir, su valor.
Para la plata estaba determinado en dineros. La máxima ley era de 12 dineros y cada dinero
contenía 24 granos. En la Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV, Título xx, Cap. xii,
se especifica cómo cada ensayador debía marcar con punzones las barras de plata, indicando
“por el dinero D, por el grano una G y por el medio una m pequeña”.
30 Esta información se encuentra en el Archivo Histórico de Potosí, en la Casa de Moneda.
24 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

por terceros (rescatistas, habilitadores o comerciantes) en otras cajas fuera de la


jurisdicción económica a la que pertenecía el centro minero. Sabemos de casos en
que los azogueros tenían intereses en dos distritos diferentes; Chayanta y Oruro,
donde registraban plata y sacaban azogue indistintamente.31 Por tanto, es muy
difícil adscribir la producción a un centro concreto debido a la complejidad de los
circuitos por los que pasaba la plata32 y a los intereses y estrategias de los mismos
azogueros. Pedro Vicente Cañete decía que había mucha plata de Chayanta y
Chichas que era registrada como potosina por azogueros del Gremio.33
A pesar de la existencia de una proporción de plata que no puede estimarse y que
quedó recogida como plata de los azogueros potosinos, es evidente la importancia de
la producción de los minerales de provincias, la cual queda constatada a partir de los
datos que se presentan para las últimas décadas del silgo xviii. Véase por ejemplo el
cuadro i donde se advierten las cantidades que registraban los minerales de provincias.
Cuadro I
Procedencia de la Plata Registrada en el Banco de San Carlos: 1784-1793

Años Azogueros Trapicheros Minerales de fuera Bajilla Total


1784 145,982 15,340 222,588 3,123 387,034
1785 158,404 13,880 190,923 2,332 365,539
1786 167,801 13,737 159,269 4,688 345,497
1787 183,536 13,098 204,954 5,310 406,900
1788 183,832 11,495 195,383 5,481 396,191
1789 174,897 8,386 160,734 5,543 349,562
1790 190,564 9,788 166,144 6,786 373,283
1791 207,908 8,732 158,828 8,441 383,910
1792 219,677 7,367 157,458 8,390 392,893
1793 220,083 5,565 150,454 9,067 385,170
Fuentes: AGI. Charcas, 441. Potosí, 18 de octubre de 1794.

31 Los oficiales de Oruro informaban al visitador José A. Areche con fecha del 15 de octubre de
1777 que en su Caja de Oruro llegaban a sacar azogues y fundir plata, además de los mineros
azogueros de su jurisdicción, los de los minerales de Uncía, Aullagas y Toracari de Chayanta.
Archivo y Biblioteca Municipal de Oruro, “Ordenes y correspondencia de los visitadores
generales desde el año de 1777 hasta 1786”.
32 Un caso especialmente significativo ocurría en la jurisdicción de la Caja Real de Carangas
donde se registraba plata de Tarapacá, del cerro de San Agustín de Huantajaya y del mineral
de Carangas. Véase María Concepción Gavira, “La Caja Real de Carangas y el mineral de
Huantajaya, 1750-1804”, en Anuario. Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, Sucre, 1999.
33 agi. Buenos Aires, 371. Pedro Vicente Cañete a Diego de la Vega, Buenos Aires 16 de enero
de 1804. “En cuarto lugar han corrido y corren en la clase de platas de Potosí muchísimas
piñas de Chayanta y Chichas por causa de presentarlas al rescate los azogueros de la villa, los
cuales toman de sus verdaderos dueños en pago de los azogues y otros efectos con los que os
habían habilitado, sonando únicamente el nombre de los rescatadores y no las personas ni
minerales donde se han beneficiado”
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 25

Una vez que advertimos de las limitaciones de las fuentes y de los datos con
los que hemos trabajado, presentamos la estimación de la producción de Cha-
yanta en la gráfica i que mostramos a continuación. Como podemos observar, a
partir de 1775 se manifestaba un aumento en los registros de plata procedente
de la provincia de Chayanta que tiene su máximo durante los años 1781-82-83
y 84, para después ir cayendo hasta quedar por debajo de los 20,000 marcos a
principios del siglo xix.

Gráfica I
Producción en Chayanta (1765-1850)

120000

100000

80000
Marco

60000

40000

20000

0
1765
1767
1769
1771
1773
1775
1777
1779
1781
1783
1785
1787
1789
1791
1793
1795
1797
1799
1801
1803
1805
1807
1809
1811
1813
1815
1817
1819
1821
1823
1825
1827
1831
1833
1835
1837
1839
1841
1843
1845
1847
1849

Años

La manifestación de este auge tan significativo de la década de los ochen-


ta, en plena crisis de la sublevación indígena y posterior represión, nos parece
muy interesante, pues por lo general durante estos años se manifestaron signos
de violencia y condiciones de inestabilidad que representaban obstáculos para
el desarrollo normal de cualquier actividad económica. Para que obtengamos
una idea a simple golpe de vista, presentamos otra gráfica donde se advierten
los efectos negativos en la producción de Potosí y la de Oruro, mientras sube
la de Chayanta.
26 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Gráfica II
Producción en Chayanta, Potosí y Oruro (1765-1818)

250000

200000

150000
Marco

100000

50000

0
1765
1767
1769
1771
1773
1775
1777
1779
1781
1783
1785
1787
1789
1791
1793
1795
1797
1799
1801
1803
1805
1807
1809
1811
1813
1815
1817
Años

Azogueros de Potosí Azogueros de Chayanta Azogueros de Oruro

Como consecuencia de los resultados de la evaluación de la producción hemos


considerado necesario resolver algunas cuestiones que puedan explicarnos este
comportamiento tan especial en el registro de la producción de plata de Chayanta.
La pregunta principal que nos planteamos es: ¿Por qué los registros de plata son
más cuantiosos durante los años de la sublevación e inmediatos posteriores cuando
todavía no se ha restablecido la normalidad en la región? ¿Este aumento significa
que se produjo una mayor cantidad de plata, o significa tan sólo que aumentaron
los registros? Debemos buscar entonces evidencias que nos expliquen el por qué
la sublevación indígena no fue la causa de una crisis minera como ocurrió en el
resto de los centros mineros andinos, o al menos como así argumentaban los
testimonios de los contemporáneos (véase Gráfica ii).
La clave para resolver esta cuestión nos lleva a estudiar los diferentes aconte-
cimientos durante la década de los setenta hasta 1781, y que nos obligan a analizar
dos aspectos importantes que van a repercutir directamente en la actividad minera.
El primero va a girar en torno a los registros de plata de la provincia, dónde y en
qué condiciones van a registrar y pagar sus impuestos los azogueros de Chayanta;
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 27

y en segundo lugar nos introduciremos en los acontecimientos de la sublevación


en la provincia para rastrear los posibles efectos en las instalaciones mineras y sus
propietarios, intentando explicarnos el por qué no se produjo un impacto signifi-
cativo como ocurrió en otros centros mineros. Es decir, si esta coyuntura afectó
a la producción de plata en otros centros mineros, como fue el caso de Oruro,
Carangas y Potosí, ¿por qué no afectó a la producción de Chayanta?

3. El rescate de plata: el Banco de Aullagas

Las barras y pastas de plata que producían los mineros y azogueros de cualquier centro
minero debían de ser fundidas y registradas en las Cajas Reales más cercanas al centro
minero. Después de este trámite, tenían que ser enviadas a la Casa de la Moneda de
Potosí para hacerlas convertir en monedas. Este requisito solía tardar desde algunas
semanas hasta varios meses dependiendo de la lejanía del centro productor hasta Potosí.
Generalmente, el pequeño y mediano minero, ante la imposibilidad de esta espera,
vendía sus barras a un menor precio a los mercaderes, habilitadores o a los mineros
más importantes que podían costear el viaje y la espera que suponía este trámite.
La figura del mercader de plata a gran escala fue muy importante en Potosí donde
gozaba de gran poder e influencia. Estos controlaban el último tramo del circuito
de la conversión de pasta o barra de plata a moneda. Estas operaciones requerían de
un gran capital para la compra de la plata que después era llevada hasta la Casa de la
Moneda de Potosí, donde se tramitaba todo el proceso de conversión en moneda.
Este último paso requería de cierta pericia para solventar trámites burocráticos y
supervisar el proceso de acuñación,34 pero los cambios que se produjeron en la se-
gunda mitad del siglo xviii, acabaron con el monopolio de los grandes mercaderes
en estas funciones. A partir de la reorganización de la Casa de la Moneda en 1750, el
proceso de amonedación pasó a ser controlado por la Corona a través de empleados
asalariados. Otras instituciones que minaron el monopolio de los grandes mercaderes
de plata en Potosí fueron la Compañía de Azogueros,35 conocida más tarde como el
Banco de Rescate y posteriormente convertido en el Banco de San Carlos.
La reorganización de la Casa de la Moneda de Potosí en 1750 fue conferida
al gobernador de Potosí, Ventura Santélices. La gestión de este gobernador fue
bastante beneficiosa para los mineros del famoso Gremio de azogueros de Potosí
y para la Compañía de Azogueros. Santélices consiguió el monopolio del rescate

34 Véase P. Bakewell, Plata y empresa en el Potosí del siglo xvii. Pontevedra, 1988, p. 59.
35 La Compañía de Azogueros se instauró en 1747 y se conformó con acciones de 2000 pesos
de todos los azogueros del Gremio de Potosí que estuvieran interesados y con la aportación
de dos reales y 2/3 de descuento en el precio del marco de plata; después, en 1752, Santélices
la reconfiguró y se le llamó Banco de Rescate y en 1779 Escobedo fundó el Banco de San
Carlos. Véase Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad, pp. 16-64.
28 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de plata para la Compañía, que a partir de entonces se le conoció como Banco


de Rescate, al prohibir a la Casa de la Moneda comprar barras que no fueran
de Oruro, Carangas o Chucuito. Es decir, el Gremio de Potosí y los azogueros
de provincias (Porco, Chayanta, Chicas, Tarija, Lípez y Atacama) debían llevar
su plata hasta el Banco de Rescates donde tenían un precio adjudicado según su
procedencia: azogueros del Gremio de Potosí, Trapicheros, Capchas (trabajado-
res independientes o también considerados ladrones de minas),36 y azogueros de
provincias (o también llamados minerales de fuera).37
Esta institución, bajo la supervisión de Santélices, consiguió tener los suficien-
tes fondos a través de un descuento aplicado a la plata comprada, que le permitía
ofrecer a los azogueros créditos libres de intereses y el abastecimiento de insu-
mos a precios más bajos que los del mercado. Gracias a su afortunada gestión se
pudieron aumentar los precios pagados a los azogueros potosinos hasta 7 pesos 5
reales por marco, los trapicheros recibirían 7 pesos 3 reales y los capchas 7 pesos
1 real, a los que había que descontar 2 reales para los fondos del Banco.38 La plata
proveniente de Chayanta se pagó la mayoría de los años a 7 pesos 1 real y a veces
7 pesos y 2 reales.39 Como puede comprobarse, los mineros de provincias tenían
establecidos los peores precios y en realidad eran los que les proporcionaban las
mayores ganancias. Estos al final estaban financiando en gran parte la minería
potosina, como se podía apreciar de los cálculos realizados por el contador del
Tribunal de Cuentas, Miguel Feijoo.40
Los minerales de provincias fueron los grandes olvidados de las reformas
implantadas en la segunda mitad del siglo xviii, porque aunque pertenecientes
a la jurisdicción de la Caja Real de Potosí, estaban lo suficientemente alejados
para sufrir las mismas consecuencias que los minerales de otros distritos. Es decir,
en teoría gozaban de mejores condiciones pero nunca igual que los azogueros
pertenecientes al Gremio de Potosí, los cuales eran los ubicados en su ribera.
Por ejemplo, en la década de los 80 todos los minerales de provincias juntos
tenían más producción que el Gremio de Potosí (cuadro I). Santélices subió el
precio de la plata a los mineros de otras provincias o distritos (Oruro, Carangas

36 Tandeter, Coacción y Mercado, p. 100.


37 Véase Tandeter Coacción y Mercado, y Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad.
38 El Banco quebró durante la administración del gobernador Jaime San Just, durante la cual
se disiparon los fondos fraudulentamente. Véase de Rose Marie Buechler, “La compañía de
Azogueros y el Banco de Rescates de Potosí (1747-1779)”. Buenos Aires, 1980, p. 93.
39 agi. Buenos Aires, 439. Informe al Sr. Visitador por el Sr. Juez comisionado, Aullagas, 28 de
septiembre de 1779.
40 Rose M. Buechler expone las cuentas realizadas sobre las ganancias del Banco de Rescate por
el contador del Tribunal de Cuentas Miguel Feijoo. Según éste, el Banco sacó de la compra
de plata al gremio de azogueros de Potosí, entre 1771-1774, la ganancia de 23.245 pesos y
de la compra a los capchas, trapicheros y minerales de afuera, 104.084 pesos. Véase de esta
autora, “La compañía de Azogueros…”, p. 113.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 29

y Chucuito). Esta medida resultó bastante polémica, debido a la queja levantada


por los azogueros potosinos que exigían un trato de igualdad en el pago de sus
marcos por la Compañía de Azogueros. Santélices argumentaba que los azogue-
ros potosinos tenían amplias ventajas al vender su plata a la Compañía o Banco
de Rescate, pues aunque les pagase a menor precio siempre disfrutarían de otros
beneficios, y del reparto de utilidades, esto por supuesto no se correspondía con
los mineros de otras provincias.
Este conflicto provocó que se suspendiera la subida de precio para las barras
procedentes de Oruro, Carangas y Chucuito. Pero la suspensión no duró mucho
tiempo debido a la tenacidad de Santélices, y en 1753 estaban los nuevos precios
vigentes. Sin embargo, aunque esta medida no dejaba de ser un alivio para los
mineros alejados de Potosí, los de provincias no se beneficiaban y continuaban con
el obstáculo de la distancia y los bajos precios por la plata, por lo que en muchos
casos los azogueros y trapicheros se veían obligados a malvender sus piñas o barras
de plata a los comerciantes o a los mismos azogueros del Potosí. En cambio, el
Gremio de azogueros de Potosí contaba con los medios para evitar “la extorsión
mercantil” con la Compañía de Azogueros o Banco de Rescate.41
Después de la quiebra del Banco de Rescate en 1779, Escobedo se encargaría
de organizar una nueva institución mucho más decisiva para la minería potosina, el
Real Banco de San Carlos. Esta institución tenía los mismos fines que el anterior
banco: la emancipación de los azogueros de la dependencia de los comerciantes,
pero gozaba de muchas más atribuciones y el respaldo de la Corona. Entre las
medidas más importantes radicaba la distribución del azogue,42 hecho que levan-
tó numerosas quejas de los oficiales reales potosinos pero que sin duda volvió
a beneficiar a los azogueros del Gremio de Potosí, los cuales monopolizaron
la distribución de este insumo43. Era frecuente que en momentos de escasez el
azogue de Almadén, que llegaba vía Buenos Aires hasta el Banco de San Carlos,
donde debía ser distribuido, se quedara en este centro44. También era muy común
que los azogueros de Potosí sacaran más azogue del necesario y lo negociaran.45

41 agi. Lima, 643. Despacho de Ventura Santélices. Potosí, 8 de junio de 1751.


42 El superintendente, Francisco de Paula Sanz, estaba al corriente del privilegio y abuso de los
azogueros del gremio con el azogue: “el monopolio que practican los azogueros tiranizando
al trapichero y demás dueños de minas de otras provincias o partidos, porque valiéndose los
de gruesa labor de mil máximas para conseguir más porción de azogue del que debían tomar
del banco, lo revenden después a los de dicha clase...”. Véase agi. Buenos Aires, 434.
43 agi, Buenos Aires, 434. Expediente que incluye una carta de los oficiales reales de Potosí a
la Corona quejándose del traspaso de la distribución de azogue por el Banco de San Carlos.
44 En muchas ocasiones los azogueros de Oruro se quejaban de los privilegios de los azogueros
potosinos en la distribución del mercurio. Véase M. C. Gavira, Historia de una crisis: La minería
en Oruro a fines del periodo colonial, La Paz, 2005, pp. 250-259.
45 La investigación por la aparición en Aullagas de un mercado de azogue a elevados precios
no pudo ser resuelta. Algunas autoridades culpaban de este tráfico ilegal a los oficiales de las
30 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Jorge Escobedo era partidario de crear más bancos como el de Potosí que
beneficiaran a los azogueros y los protegieran de mercaderes y oficiales reales,
pero tan sólo quedó en intenciones porque, según Escobedo, la Real Hacienda
no tenía dinero para realizar estos proyectos. Al menos, esta fue la respuesta del
intendente de Potosí, cuando le propuso uno de los oficiales interinos de la Caja
Real de Oruro, Pedro Vicente Vargas, la creación de un banco de rescate en Oruro
en 1781.46 La respuesta de Jorge Escobedo no fue negativa, pero se excusó con la
escasez de capital en la Real Hacienda. A pesar de las peticiones por parte de algu-
nos intendentes, como el de Puno47 en 1786, requiriendo la creación de un banco
en su jurisdicción, no se instalaron en ningún otro lugar del virreinato del Río de
la Plata más que en Potosí, salvo la particular excepción de Aullagas (Chayanta).
El corregidor de Chayanta, Joaquín Alós,48 abrió en Aullagas en 1778 un banco
de rescate en la casa particular de su teniente Lucas de Villafañe, donde instaló
un letrero que decía “Banco Real donde se rescata plata y oro”. Este compraba
toda la plata del asiento de Aullagas, prohibiendo el comercio a particulares. Se-
gún el informe del presidente intendente Ruedas, el corregidor fue denunciado
por el minero Manuel Álvarez Villarroel a la cabeza de un grupo de mineros de
Aullagas,49 que lo acusaban de extorsionar a los mineros y azogueros, además de

Cajas de Oruro y Carangas, otras opinaban que los responsables eran los azogueros potosinos
que sacaban más azogues del Banco de lo que necesitaban para la reventa en provincias. agi.
Buenos Aires, 434. Expediente sobre azogue, 1784-895.
46 La propuesta consistía en un banco con capital de la Real Hacienda que estaría administrado
por este oficial, el cual abandonaría su labor en la Caja Real de inmediato, además de un oficial
de pluma y un operario de fragua, todos con sus respectivos sueldos. El oficial estimaba que
se podía rescatar de la villa y asientos circunvecinos una cantidad mínima de 4.000 marcos
mensuales. Los precios estipulados dependerían “según las platas, a seis pesos, seis y dos, seis y
medio y siete, cuando no pasan las piñas de diez marcos; y de allí para arriba por muy rica que
sea la plata no sube de siete pesos dos reales”. Archivo Histórico de Potosí. Casa Nacional de
Moneda. Gobierno. Varios años. Cartas de Pedro Vicente Vargas a Jorge Escobedo, Oruro,
1781.
47 agi. Charcas, 704. El intendente de Puno, Reseguín a Francisco Paula Sanz. Puno, 3-11-1786.
La respuesta de Sanz fue que esperase órdenes de la Superintendencia de Buenos Aires.
48 Joaquín Alós nació en Barcelona y era hijo del Marqués de Alós. Militar de carrera, que a pesar
de ser considerado responsable por su mal gobierno de la sublevación de Chayanta, consiguió
que le nombraran gobernador intendente de la provincia de Paraguay y, posteriormente,
gobernador político militar de Valparaíso. Véase Juan Marchena Fernández, “Al otro lado del
mundo: Josef Reseguín y su generación Ilustrada en la Tempestad de los Andes. 1781-1788”,
en Tiempos de América, N°. 12, Año 2005, pp. 43-111; y Ana Gimeno, “Una etapa crítica en la
carrera de Joaquín Alós: el corregimiento de Chayanta”, en Europa e Iberoamérica, cinco siglos
de Intercambio, Sevilla, 1999, pp.223-241.
49 El grupo de los firmantes era: Gabriel Iglesias, Isidoro Pimentel, Melchor de Ribera, Lo-
renzo Peláez, Pedro Requena, José Carrasco, Tomás de la Fuente, Pedro Salcedo, Antonio
de la Orden, Domingo Mínguez, Juan Antonio Barceló, Martín Mendoza, Vicente Rosales,
Vicente Molina, Ignacio Miranda, Domingo Arce, Luis Córdoba, Francisco Hidalgo, Hilaria
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 31

defraudar a la Real Hacienda. El pago de los marcos de plata se efectuaba a seis


pesos y medio, o seis pesos y seis reales, y después el corregidor los vendía al Real
Banco de San Carlos a siete pesos dos reales o siete pesos y un real, apropiándose
las ganancias que compartía con el teniente. La denuncia por el banco era uno de
los frentes abiertos conectado con otro conflicto entre el corregidor y el coronel
de milicias (Álvarez Villarroel) que había llegado a alborotar todo el asiento de
Aullagas. Las tensiones entre el azoguero y Alós llegaron a manifestarse de forma
más violenta cuando Álvarez Villarroel se defendió en el intento de ser apresado.
El corregidor acudió hasta la Audiencia de Charcas diciendo que en Aullagas
había una sedición encabezada por este azoguero.50
Ante tal escándalo (la denuncia de sedición de los azogueros de Aullagas), la
Audiencia de Charcas nombró como comisionado al oidor Manuel García de la
Plata. Tenía el objetivo de investigar lo ocurrido y aplacar las desavenencias en la
provincia cerrando el Banco de Rescates. El nombramiento de este oidor como
visitador fue cuestionado por algunos oidores que lo consideraban partidario del
presidente de la Audiencia de Charcas, Ruedas, y también de un grupo de mineros
de Aullagas.51 Algunos informes hacen alusión a la división imperante entre los
oidores de la Real Audiencia y a sus conocidos abusos y vidas indecorosas. Decía
Ignacio Flores al virrey Vértiz que los metales de Potosí y de Aullagas tenían co-
rrompidos a los oidores de la Audiencia de Charcas.52 Las evidencias manifestaban
en estas circunstancias dos partidos diferentes: el que apoyaba al corregidor y el
que apoyaba a los mineros azogueros de Aullagas, los cuales entraron en disputa
por los intereses que estaban en juego. Este bando contrario al corregidor Alós
fue culpado de haber apoyado o favorecido a Tomás Catari en su lucha contra el
corregidor, como veremos más adelante.
Joaquín Alós, al cual se le acusó además de superar el valor de mercancías que
repartía,53 se justificó diciendo que la Real Audiencia de Charcas le concedió el
permiso para abrir el banco, el cual tenía como objetivo mirar por los intereses

Centellas, Cecilio de Olmos, Santiago Villa, Pedro Paricolla, Guillermo Cedilla, José Ibáñez,
Miguel Rueda, Manuel Alvarez. ahn. Consejos, 20366, Exp. 1. Imagen 1512-1521.
50 Véase la información que ofrecen las fuentes en Archivo Histórico Nacional (en adelante
ahn). Consejos 20366. Exp. 1
51 agi. Buenos Aires, 439. Reservada N.° 50. Carta de Escobedo a Gálvez.
52 ahn. Consejos, 2036. Exp. 1.
53 El valor permitido del repartimiento de mercancías en la provincia de Chayanta era de 92.665
pesos y el corregidor admitió haber repartido 109.000 pesos. ahn. Consejos 20366, Exp.
1. Sin embargo, Tomás Catari denunciaba los tiranos repartos del corregidor que se aproxi-
maban a los cuatrocientos mil pesos. Parece que además de Alós repartieron mercancías sus
tenientes Luis Núñez y Lucas Villafañe. Véase Boleslao Lewin, La Rebelión de Tupa Amaru…,
p. 300. Sobre los corregidores y sus abusos véanse: Moreno Cebrian, El corregidor de indios y
la economía peruana en el siglo xviii. Madrid, 1977 y Golte, Reparto y Rebeliones. Lima, 1980.
32 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de la Real Hacienda.54 El corregidor argumentaba que el rescate del Banco estaba


destinado especialmente a los “pucheros y trapicheros”,55 los cuales eran motivo
de contrabando, y además estaban a expensas del maltrato de los rescatadores que
pagaban “el importe de los marcos en vinos, aguardientes y otros efectos viciosos
y nada servibles a precios subidos”.56 También obtenía azogue y estaño que tan
solo vendía –decía el corregidor– en caso de que lo demandaran. Respecto de los
grandes azogueros afirmaba que esto no les repercutía porque llevaban su plata a
registrar a Potosí u Oruro con las guías reglamentarias. Otra de las medidas que
perjudicaba a los grandes mineros azogueros era el monopolio del rescate que
hacía el corregidor, evitando que, como era la costumbre, los buscones y traba-
jadores le vendieran los minerales a los azogueros a “un precio moderado”.57 Sin
embargo, las órdenes de Alós no debieron tener mucho éxito en principio porque
pronto pasó a medidas más coactivas como fue sellar “los fuelles de las fundicio-
nes y los puchos de los trapiches”,58 con la justificación de evitar el contrabando.
Estas acciones generaron un conflicto abierto entre la mayoría de los mineros,
azogueros y trapicheros de Chayanta y el corregidor, el cual por otra parte tenía
un conflicto abierto con los tributarios de Macha que querían que se reconociera
a Tomás Catari como su cacique.
En 1779 se le prohibió el rescate al corregidor, cerrándose el banco y orde-
nándole que presentara las cuentas ante el tribunal de Cuentas de Buenos Aires,
el cual después consideró que Alós59 se apropió de 7.593 pesos. Sin embargo nos
sorprende una carta fechada en La Plata el 15 de mayo de 1780 donde el oidor
Manuel García de la Plata escribe al Rey diciendo que a pesar del descontento
provocado en la provincia por el banco, todavía no había sido cerrado. Este hecho
tan significativo se entiende cuando comprobamos que el corregidor Alós tenía
muy buena relación con alguien dentro de la Audiencia que cuidaba sus intereses.
En este caso era el nuevo presidente de la Audiencia de Charcas y su esposa los
cuales estaban implicados al recibir una cantidad, según cuenta Lewin de 60.000
pesos60. Escobedo también se manifestaba sorprendido de que la Real Audiencia

54 agi. Buenos Aires, 439. La Real Audiencia de Charcas dio permiso a Joaquín Alós para la
apertura del Banco de forma bastante irregular, tan sólo firmó un oidor: Lópes Lisperguer.
55 Dueños de instalaciones menores donde se procesaba el mineral en menor escala.
56 ahn. Consejos, 20366, Exp. 1. Banco de Rescate de Chayanta.
57 Se trata del rescate o venta del partido, que era el mineral con el que también se pagaba a los
trabajadores y que después compraban los dueños de las minas o azogueros. Los buscones
eran gente que se metían a rebuscar en las minas abandonadas o cuando no eran trabajadas
y sacaban mineral que luego vendían a los azogueros o trapicheros.
58 ahn. Consejos, 20366, Exp. 1. Banco de Rescate de Chayanta.
59 agi. Buenos Aires, 439. Informe del regente Ruedas. La Plata, 15 de diciembre de 1779.
60 Lewin muestra una carta del intendente de Potosí, Juan del Pino Manríquez, donde dice
que Alós le pagó 60.000 pesos al presidente de la Audiencia Sr. Pinedo y su mujer, además
contaba con el apoyo de los oidores Blanco Ciceron y Pedro Cernadas. Véase B. Lewin, La
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 33

de Charcas le hubiese concedido el permiso para la apertura del banco.61 Pero sin
embargo, ninguno de los incidentes ocurridos durante su polémico gobierno en
Chayanta le perjudicó y pudo continuar su ascenso dentro de la administración.62
Al oidor García de la Plata se le abrió un expediente por su actuación en la
visita de Chayanta. El realizó algunos comentarios en su defensa que también nos
explican algunos hechos como la permanencia de Alós y el apoyo que recibía de
la Audiencia de Charcas. Manuel García de la Plata decía en una carta fechada el
15 de noviembre de 1782 que en la Audiencia había un grupo sólido de peninsu-
lares que se protegían.63 Con motivo de la represión de la sublevación indígena
habían llegado muchos peninsulares militares que tenían conexión entre ellos y
se protegían.64
La resolución de la Audiencia de Charcas de 14 de diciembre de 1779 abor-
daba distintos puntos del conflicto de los azogueros de Chayanta contra el corre-
gidor Alós. Se pedía respeto y obediencia a los vecinos del asiento de Aullagas, los
cuales se habían negado a custodiar al corregidor cuando llevaba a Tomás Catari
a la cárcel de la Plata, y respecto a la acusación de desacato contra el coronel de
milicias Álvarez Villarroel por su pelea con el corregidor, decía el visitador “que
en aquel pueblo no había habido tal sublevación, sino cierto ruido ente el citado
coronel de milicias y el mencionado corregidor a que dio mérito el desahogo de
sus pasiones…”, y que por tanto se debía inhibir la jurisdicción del corregidor
sobre Álvarez. También se paralizaba el cobro del reparto de mercancías, y a su
teniente Lucas Villafañe se le sentenciaba a destierro. Se decía que el banco ya
había sido suspendido, pero al final se condenaba al pago de costas a los vecinos.65
A pesar de las consideraciones de Escobedo, de los intentos y de las peticiones
a las que hemos aludidos, en el virreinato del Río de la Plata sólo se estableció
por parte de la Corona el Real Banco de San Carlos. Aunque este Banco tenía
estipulado un precio ligeramente inferior para los azogueros de fuera de la villa,

Rebelión de Tupa Amaru…, p. 855. También tenemos noticas de una denuncia que decía que
Alós tenía intereses mineros en compañía con Benavides en el asiento de Aullagas y en las de
Toracari habilitando a Manuel Saldivar. ahn. Consejos, 20366, Exp. 1
61 agi. Buenos Aires, 439. Reservada N° 50, Escobedo a Gálvez, Potosí, 16 de noviembre 1780.
En esta carta Escobedo comenta a Gálvez sobre el banco del corregidor Alós, “esta idea no
sé cómo, ni por quiénes se aprobó en la Real Audiencia...”.
62 Joaquín Alós Bru fue alumno destacado en la Real Escuela Militar de Barcelona, de donde
salieron personajes influyentes en la política española y americana. A su salida de la Escuela
fue ascendido a capitán del Regimiento de Infantería de Aragón, además poseía el hábito de
la Orden de San Juan. Después pasó a América donde se encontró a muchos compañeros
de generación en puestos de poder y suponemos que esto fue decisivo en su carrera. Véase
Marchena, “Al otro lado del mundo…”
63 ahn. Consejos, 20366, Exp. 1. La Plata 15 de noviembre de 1782.
64 Véase Juan Marchena, “Al otro lado del mundo …”
65 ahn. Consejos, 20366, Exp. 1. La Plata 15 de noviembre de 1782.
34 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

seguía sin interesar por la enorme distancia desde los centros hasta la villa impe-
rial. También se tenía estipulado la posibilidad conceder créditos a los mineros
de provincias que vendiesen allí su plata, pero con mucho más requisitos como el
depósito de fianzas y, aún así había menos posibilidades de conseguir el crédito que
monopolizaban los potosinos.66 En general, los azogueros de provincias fueron
perjudicados ante el control del Gremio de Azogueros de Potosí que monopoli-
zaron las ayudas del banco, salvo como veremos en el capítulo 3, la financiación
del socavón de Colquechaca.
Pero volviendo a la cuestión que tenemos pendiente de resolver, nos interesa
destacar que el cierre del Banco de Alós a fines de 1779 o 1780, no explica la subida
en la producción de plata en la década de los ochenta. Manteníamos algunas sos-
pechas de que pudiera ser el descontento de los principales mineros de Chayanta
con el corregidor y los precios que ofrecía en su Banco de rescate, la causa de que
alguna proporción de la producción de Chayanta se estuviera registrando fuera,
por ejemplo en la Caja Real de Oruro, pero tampoco nos parece que explique
este auge, puesto que comenzaba su primera manifestación antes de la llegada de
Alós y que se extiende muy después de que este personaje saliera de Chayanta.
Podríamos señalar 1775 como el comienzo de la bonanza en la producción, la cima
se ubicaría entre 1781 y 1785, y entraría en decadencia a partir de 1790, cuando
ya la producción descendía por debajo de los cuarenta mil marcos.
De todas formas, es sorprendente que 1782 sea el año de mayor registro de
producción, pues suponemos que esta plata se extrajo y benefició el año anterior,
precisamente cuando la inestabilidad y la violencia fue más generalizada, más
extendida y radical en todo el territorio andino, tal como abordaremos a conti-
nuación brevemente.

4. La sublevación indígena en Chayanta

No es la intención de este trabajo realizar un análisis de la sublevación indígena


en Chayanta, pero nos vemos obligados a hacer referencias en cuanto a la impor-
tancia del contexto y las condiciones que imperaban en el centro minero durante
1780-1781, cuando empezaba a manifestarse más contundentemente el auge en
la producción de plata registrada durante los acontecimientos más violentos en
la provincia.
La sublevación indígena en Chayanta ha sido objeto de estudio de numero-
sos investigadores que la han analizado desde distintas perspectivas. En muchas
ocasiones esta rebelión fue vista dentro del contexto más grande de la sublevación
de Tupac Amaru. Sin embargo, en un principio no hay muchas evidencias de la

66 Véase Rose M. Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad…, pp. 433-435.


producción de plata y sublevación indígena en chayanta 35

comunicación y conexión entre los dos líderes Tupac Amaru y Tomás Catari,
pero Lewin nos describe a Tomás Catari ajustándose a la política y planes de
Tupac Amaru.67 En esta ocasión nos vamos a remitir a lo ocurrido en Chayanta
sin profundizar en otras cuestiones como la ideología o las conexiones entre los
sublevados.
Sergio Serulnikov que se ha dedicado a estudiar esta región de Chayanta
propone una visión más compleja y opina que un primer momento la violencia
masiva de los sublevados y las estrategias legales buscaban una transformación
dentro del sistema colonial, pero ya en su última etapa este movimiento indígena
fue por el derrocamiento de la estructura imperial dominante.68 Este autor dife-
rencia el carácter de la sublevación norpotosina y la que se produce en el Cuzco,
donde el reemplazo del orden colonial estaba ya previsto en un nuevo orden,
y la insurrección en Chayanta estaba más bien incluida dentro de una serie de
revueltas locales y protestas judiciales que estaba dirigida a recuperar el control
de la comunidad sobre sus recursos económicos y su sistema de autoridad.69 Esta
misma opinión sobre la sublevación en Chayanta y la posición de Tomás Catari la
comparte también el investigador Sinclair Thomson.70 Dentro de esta perspectiva
es que podemos explicarnos el entendimiento entre líderes Cataris y los mineros
de Aullagas, tal como vamos a tratar a continuación.
Sin intentar desviarnos de nuestro interés, haremos referencia a los principa-
les acontecimientos de la sublevación en la provincia de Chayanta de una forma
sucinta. En el virreinato peruano los conflictos surgidos ante la disconformidad
de las comunidades indígenas con los caciques nombrados por los corregidores
empezaron a ser muy frecuentes desde mitad del siglo xviii.71 Esta disconformidad
fue agravándose durante la década de los setenta cuando en Chayanta los machas
pretendieron destituir al cacique mestizo Bernal, aliado del corregidor, y en su
lugar poner a Tomás Catari. Este último, utilizando los recursos legales, comenzó
por hacer una denuncia ante los oficiales reales de Potosí por los abusos y fraudes
realizados por el cacique Bernal con respecto a la recaudación de tributos. A partir
de entonces y a consecuencia de las pruebas presentadas, los oficiales resolvieron
encargar de la recaudación de los tributos a Tomás Catari y a su acompañante

67 B. Lewin, La rebelión de Tupac Amaru…, pp. 356 y 363.


68 S. Serulnikov, Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino…, p. 270-271.
69 Ibídem, p. 298.
70 Sinclair Thomson, Cuando sólo reinasen los indios. La política aymara en la era de la insurgencia.
71 Según Thomson, para entender la crisis de legitimidad del cacicazgo hay que tener en
cuenta tres criterios. 1- Linajes extinguidos, desaparece el cacicazgo de sangre y se produce
la intromisión de mestizos y oriundos nombrados por la administración colonial. 2- Los ca-
ciques empezaron a identificarse culturalmente con los españoles. 3. Los caciques se habían
enriquecido a costa de las comunidades. Véase de este autor, Cuando sólo reinasen los indios…,
p. 81.
36 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Acho, después de que hicieran el correspondiente pago de fianzas. Los oficiales


mandaron providencias al corregidor de Chayanta, pero la respuesta de éste fue
apresarlos. Ante la negativa de Alós, los oficiales pidieron explicaciones, pero éste
nunca estuvo en disposición de reconocer a Catari.
Tomás Catari optó entonces por encaminarse hasta Buenos Aires y presen-
tarse ante el virrey. El líder aymara tan sólo consiguió que el virrey comunicara a
la Audiencia la investigación de los hechos, pues no podían resolver nada porque
Tomás Catari no tenía consigo los despachos de los oficiales reales de Potosí y de la
Audiencia de Charcas por habérselos arrebatado el corregidor. En todo caso nunca
fue probada la reducción de tributos de que alardeaba Tomás, ni su nombramiento
como cacique. Así es como lo plantea Boleslao Lewin.72 En cambio, Sergio Serul-
nikof alude a un nombramiento por parte del Virrey del Río de la Plata y supone
que la negativa de Alós y de la Audiencia Charcas a reconocer este nombramiento
era el rechazo a admitir la interferencia de Buenos Aires en los asuntos locales.73
Las tensiones continuaron y se agravaron con el arresto de Tomás Catari por la
Audiencia de Charcas en junio de 1780. A partir de entonces se produjo un periodo
de violencia donde los indígenas sublevados controlaban la provincia, depusieron a
todas la autoridades indígenas que colaboraron con el corregidor Alós y ejercieron
un estricto control sobre la circulación de personas y misivas dentro de la provincia.
Nadie podía pasar sin informar primero a los indígenas del lugar de procedencia,
del destino y de los negocios que traían y generalmente requisaban el equipaje.74
Pero sin duda los acontecimientos ocurridos en Pocoata en agosto de ese mismo
año, fueron cruciales para que se tomaran algunas decisiones en la Real Audiencia
de Charcas, como fue por ejemplo la salida de Alós del corregimiento. Durante la
feria de Pocoata en agosto de ese mismo año, cuando se despachaban los mitayos
a Potosí, se produjo el primer enfrentamiento violento y frontal entre indígenas y
autoridades. En este lugar los tributarios secuestraron al corregidor y pidieron a
cambio la libertad de Tomás Catari que estaba en la cárcel de La Plata75
A partir de la libertad de Catari, en la provincia comenzó la revancha contra
los colaboradores del corregidor Alós, que por fin había sido depuesto76. La eje-
cución del cacique Lupa en manos de los sublevados y la exposición de su cabeza
en las cercanías de la ciudad de la Plata se entendió como una manifestación clara

72 B. Lewin, La rebelión de Tupac Amaru…, pp. 353-356.


73 S. Serulnikov, Conflictos sociales…, pp. 247-254.
74 Ibídem, pp. 275-278.
75 Estos acontecimientos están narrados por Joaquín Alós y por Juan de Gelli en un diario. Estas
fuentes se encuentran en AGI. Charcas 594.
76 La Real Audiencia propuso el cargo de justicia mayor a Esteban Amescaray, importante azo-
guero en Aullagas, pero este declinó y hubo otras propuestas hasta que se decidió que sería
Acuña, alguien que no tenía buena reputación en el trato con los indígenas, según Boleslao
Lewin. Véase de este autor, La rebelión de Tupac Amaru…, p. 371.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 37

de rebelión. La reacción en la ciudad de La Plata fue de pánico pues suponían


la invasión inminente. Las autoridades empezaron a organizar las milicias y esto
alertó de la misma manera a los sublevados que se prepararon a rechazar cualquier
intromisión en la provincia. Los sublevados pedían la libertad de los indios de
Condo-condo (Paria) que se encontraban en la cárcel. El presidente de la Audiencia
de Charcas decidió dejarlos en libertad ante el miedo de que tomaran la ciudad
y a pesar de la oposición de algunos oidores.77
En este mismo mes de octubre de 1780, Catari escribió una relación de los
hechos al rey donde pedía el perdón de los indios y explicaba lo ocurrido, hablaba
del tirano reparto del corregidor, de las mentiras y la persecución. El origen de estos
movimientos, según Tomás, era porque “el corregidor está coligado con algunos mi-
nistros de la Real Audiencia, don Pedro Cernadas y el fiscal Pino”, de manera que se
disimulaba la tiranía de Alós y no se impartía justicia. Conociendo lo que implicaba
la importancia de los tributos, negó que él hubiera dicho que se reducía el tributo
y argumentaba que hasta entonces siempre se había entregado de forma íntegra.78
A mediados de diciembre en Aullagas, el comandante de milicias Manuel Al-
varez Villarroel arrestó a Tomás Catari a la salida de su ingenio Rosario (Aullagas),
mientras informaba de la rebaja de los tributos que le había sido concedida por
el virrey de Buenos Aires. Después de esta provocación se temía el ataque de los
rebeldes al pueblo de Aullagas, donde sabemos estaban instalados la mayoría de
los ingenios y mineros más importantes de la provincia. Alvarez Villarroel, para
organizar la defensa, y ante la duda de que las milicias y los trabajadores (coyaru-
nas) del asiento minero pudieran contener a los rebeldes, convocó a los enemigos
de Tomás Catari, los machas de la parcialidad de anansaya y los pocoatas.79 Esta
llamada no fue fructífera y el nuevo corregidor Acuña decidió, con una pequeña
guardia, llevarse a Tomás Catari y su amanuense hacia La Plata. Antes de llegar
fue atacado por una multitud de indios y el mismo corregidor decidió ejecutar a
los dos presos, en respuesta él también fue asesinado por los indígenas.
Después de la muerte de Catari, sus dos hermanos Nicolás y Dámaso80 toma-
ron el liderazgo de una rebelión que ya dejó de lado la negociación y las estrategias
legales para convertirse en un movimiento abiertamente subversivo y violento.
Durante los primeros meses de 1781, la sublevación indígena se generalizaba en
los Andes y se producían los acontecimientos más violentos.

77 agi. Charcas 594. El presidente regente de la Real Audiencia de Charcas Jerónimo Manuel
Rueda, La Plata 15 de octubre de 1780. Agustín de Pinedo murió en julio de 1780 y Rueda
volvió a ejercer como presidente regente de la Audiencia, (f.367-376).
78 B. Lewin, La rebelión de Tupac Amaru…, Tomás Catari al Rey. Chayanta 13 de octubre de
1780.
79 Sergio Serulnikov, Conflictos sociales…, p. 361
80 Claudio Andrade argumenta que en realidad eran primos de Tomás. Véase Andrade, La rebelión
de Tomás Katari. Sucre, 1994, pp. 56-57.
38 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Entre los episodios violentos que nos interesa destacar se encuentra el ataque
al asiento minero de Aullagas. A mediados de enero, Nicolás Catari y Sebastián
Colque convocaban a los indios a sitiar este pueblo para vengarse del responsable
de la detención y muerte de Tomás Catari, el jefe de las milicias y minero Alvarez
Villarroel. Las milicias y los trabajadores mineros se refugiaron en la iglesia pero
ante la amenaza de prender fuego, los trabajadores decidieron entregar a Alvarez
Villarroel, el cual estaba escondido en una mina. Sergio Serulnikov dice que hubo
un pacto entre los trabajadores mineros y las comunidades rebeldes que se selló a
la manera andina con chicha y coca. Después los trabajadores llevaron a Alvarez
Villarroel hasta el cerro de Anconasa donde lo mataron a golpes y sus propieda-
des fueron distribuidas entre los indígenas que habían participado del ataque y
se abstuvieron de tomar dinero o propiedades de otros azogueros.81 Este hecho
nos hace pensar entonces en un posible pacto entre los azogueros de Aullagas y
los sublevados donde se respetaron las instalaciones y propiedades mineras. En
estos momentos hubiera sido lo esperado que continuaran con el asalto al resto
de los ingenios de Aullagas.
En el interrogatorio realizado en la ciudad de La Plata a Nicolás Catari des-
pués de su detención, se le preguntó por su intervención en el sitio Aullagas y los
tumultos en este asiento, y contestó en su declaración que fue Sebastián Colque el
que se excedió en el pillaje de Aullagas y que él mismo pidió perdón a los españoles:
“el confesante pidió perdón a todos los españoles después de la muerte de Alvarez”
y le dijo a Sebastián Colque: “ya que tu hiciste llorar a tantos españoles, por eso
os hice llorar a ti y a tu mujer en la cárcel”. Estas palabras traslucen un pacto de
no agresión hacia los mineros azogueros de Aullagas. También encontramos en
estos mismos testimonios otra evidencia del buen entendimiento entre mineros
y Cataris, pues parece que los primeros auxiliaron con ayuda económica a Tomás
y que sus hermanos restituyeron el dinero prestado:

Pregunta:
“con quien se aconsejaba su hermano Tomás en la provincia y en particular en Macha
donde más residía, quien le dictaba las cartas y convocatorias que con frecuencia enviaba
fuera de la provincia, y si él, su hermano Dámaso y otros algunos de sus allegados
fueron conductores y si estuvieron en Oruro o pasaron adelante en busca de Tupac
Amaru? Dijo: que ignoraba tuviese persona que le aconsejase en sus asuntos más que
su escribiente Isidro Serrano, a quien socorría con algunos pesos que pedía prestados
a don Esteban Amescaray y don Ramón Urtisberea y que cuando estaba en la cárcel
le servía de escribiente un fulano Lucero e ignora quien le servía de conductor de las
cartas o papeles que despachaba porque se veía con su hermano de tarde en tarde”82

81 Sergio Serulnikov, Conflictos sociales…, p. 371.


82 Relación Histórica de los sucesos de la Rebelión de José Gabriel Tupac Amaru en las Provincias del Perú,
en el año de 1780. Edición digital: Alicante: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, 2002.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 39

También en la declaración de Dámaso Catari, el cual dice que no estuvo en el


sitio de Aullagas por encontrarse enfermo, se afirma que “de la remesa de Potosí le
dieron 300 pesos y con ellos pagó a Amaral 60 que le debía su hermano Tomás”.83
Esta relación de favores y entendimiento entre los líderes de la sublevación de
Chayanta con los azogueros pudo comenzar, como se aprecia en la declaración de
Nicolás y Dámaso, durante la primera etapa del proceso de lucha de Tomás Catari
para que se le reconociera como cacique de Macha. Los azogueros podrían haber
apoyado a Tomás porque representaba un enemigo del corregidor Alós, el cual
también estaba enemistado con los azogueros del asiento. Debemos reconocer
que estos mismos azogueros son los que se negaban a prestar ayuda al corregidor
con el traslado de Tomás Catari hasta la cárcel. Por tanto, tenemos una serie de
evidencias que nos inducen a pensar en un entendimiento clave entre sublevados y
cierto grupo de azogueros que permitió que se produjera el auge minero de estos
años, puesto que la violencia no afectó a las instalaciones mineras, y los insumos
imprescindibles para esta actividad llegaron de igual manera.
Esteban Amescaray, Ramón Urtizberea y Francisco Amaral se pueden con-
siderar de los mineros y azogueros más importes del mineral de Aullagas, como
abordaremos en el capítulo siguiente. En 1781 estaban entre los máximos regis-
tradores de plata de la provincia de Chayanta, Francisco Amaral y su hijo José
Antonio, el cual se haría cargo de las propiedades de su padre a su muerte.84 Esteban
Amezcaray era otro azoguero importante asociado con el Dr. Ormaechea, el cual
era uno de los enemigos declarados de Joaquín Alós por lo cual incluso llegó a
estar preso. Según cuenta Escobedo, la vinculación de este abogado azoguero y
Tomás Catari era pública:

“El Dr. Ormaechea abogado de la Plata era de toda confianza del presidente y tuvo
no se qué disgustos con el corregidor de modo que el indio Catari que pasó a Buenos
Aires se ha dicho que fue influido de él y ha estado algunos días preso de resultas de
los presentes alborotos”85

La idea de que Tomás Catari contara con un apoyo en la sombra, ya la había


contemplado Jorge Escobedo, según los informes que le envió a José de Gálvez
en noviembre de 1780, donde aludía a los pocos medios de Tomás Catari para
haber conseguido él sólo llegar hasta Buenos Aires y lograr el apoyo del virrey:

“el haber el indio hecho un viaje tan largo y tenido tanto valor y medios para ello, ha
dado con otros indicios merito a que se crea movido y sostenido por algunos sujetos

83 Ibídem.
84 Véase el capítulo siguiente.
85 agi. Buenos Aires, 439. Reservada N° 50. El Gobernador de Potosí a José de Gálvez, 16 de
noviembre de 1780.
40 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de más capacidad y facultades y en el día ha habido otras conjeturas que lo acrediten


pues por sí y estando en su prisión no era capaz de haber manejado todo este trágico
suceso con la sagacidad de venir aquí la mita completa y no haber quitado la vida al
corregidor como parecía regular en una gente ebria y amotinada al primer furor de
su alzamiento”86

Este comentario lo hizo Jorge Escobedo cuando todavía vivía Tomás Catari y
no habían sucedido los acontecimientos más violentos de la sublevación indígena.
Ciertamente Escobedo sospechaba que fue el grupo de mineros contrarios al
corregidor, quienes estaban apoyando a Tomás Catari, pero se equivocó en insi-
nuar que el cabecilla pudiera ser Manuel Alvarez Villarroel, del cual no opinaba
muy bien,87 porque precisamente fue una de las víctimas más significativa de la
sublevación de Chayanta. Este azoguero fue quien apresó a Tomás Catari y por
eso mismo fue linchado por los sublevados dirigidos por Nicolás Catari. También
Joaquín Alós en un informe decía:

“…porque como este indio ha sido y es manejado de sujetos de respeto que con
astucia y sagacidad depravada, siguiendo éste sus influjos se maneja en la misma
conformidad que se los sugieren”88

Es probable que estos personajes a quienes se refieren Alós y Escobedo sean


los oidores que apoyaban a Alvarez Villarroel y que se manifestaban contra Alós.
En todo caso el virrey de Buenos Aires opinaba que “a la inicua perfidia de los
Indios y aún más execrable de los que puedan haberles influido, dio ocasión el no
administrarse prontamente Justicia por la Audiencia”,89 por tanto a esta institución
también la hicieron en parte responsable de los acontecimientos.
Ciertamente no tenemos muchos más detalles sobre qué consistía el acuer-
do con el líder Tomás Catari, pero contamos con las suficientes evidencias para
vincular a Tomás con algunos mineros importantes del mineral de Aullagas y
deducir que el auge minero de Chayanta fue posible porque los sublevados se
mantuvieron alejados de las instalaciones mineras, cosa que no ocurrió en otros
lugares, como comentaremos a continuación.

86 Ibídem. Jorge Escobedo a José de Gálvez, Potosí 16 de noviembre.


87 Escobedo decía de Manuel Alvarez: “este sujeto es notado públicamente de conducta criminal
y repetidos e impunes atentados, sobre que dudo si en la misma Audiencia se han seguido
autos anteriormente”. Es posible que el corregidor Alós hubiera tenido anteriormente co-
municación con Jorge Escobedo, poniéndole al corriente de los conflictos con este azoguero.
agi. Buenos Aires 439.
88 agi. Charcas, 594. Informe del corregidor Joaquín Alós. La Plata 15 de septiembre de 1780.
89 Carta de Vértiz a Gálvez, 1781, citada B. Lewin, La Rebelión de Tupac Amaru, p. 841.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 41

5. Los mineros y la sublevación de 1781 en Oruro y Carangas

Ninguno de los estudios sobre la sublevación de Chayanta hace alusión a una


conexión entre los mineros azogueros y los líderes sublevados. En otros centros
mineros como Oruro, por ejemplo, la relación de los sublevados con los mineros
criollos fue muy particular y dio mucho que hablar y escribir.90 En este centro,
segundo en importancia en cuanto a producción de plata durante el siglo xviii, la
implicación de los mineros fue protagónica y les llevó hasta la cárcel. La incidencia
de la sublevación fue decisiva para agravar la crisis minera del asiento, aunque como
ya hemos aludido en otros trabajos no fue la causa de esta crisis que venía gestándo-
se de años anteriores. También en Carangas se evidencia que hay una vinculación
con la minería. Un oficial de la Caja Real, minero y azoguero, a pesar de las pro-
hibiciones, tomó la revancha con sus opositores y se sospecha que se alió con los
indígenas sublevados en su corregimiento. Veremos brevemente las relaciones que
se produjeron entre mineros azogueros con los sublevados, y cómo respondieron
las curvas de producción de estos dos distritos mineros durante la sublevación.

Oruro:
En febrero de 1781, después de que las familias de mineros azogueros criollos
perdieran el control del cabildo frente al bando peninsular, se extendió el rumor
de la entrada inminente en Oruro de los indios sublevados de las provincias ve-
cinas: Chayanta, Paria y Carangas. Todos los acontecimientos que se sucedieron
a partir de estas elecciones han sido recogidos en diferentes diarios escritos por
partidarios de los distintos bandos que se enfrentaron. Uno de estos, conocido
como “El Diario Fabuloso” o “La Relación trágica de los funestos, y ruinosos
acontecimientos de la villa de Oruro”,91 trató de justificar los sucesos ocurridos
durante el levantamiento, siendo su autoría adjudicada generalmente al cura
Gabriel Menéndez,92 uno de los detenidos, aunque a veces ha sido atribuido a
otro implicado, el abogado Juan Gualberto Mejías. El otro documento es “La
Relación verdadera de los lastimosos sucesos ocurridos en la villa de Oruro con

90 Sobre la sublevación de Oruro, véase Fernando Cajías de la Vega, Oruro 1781: Sublevación
de Indios y Rebelión Criolla. 2 tomos, La Paz, 2004. Oscar Cornblit, Power and Violence in the
Colonial City: Oruro from the Mining Renaissance to the Rebellion of Tupac Amaru (1740-1782).
Cambridge, 1995. Nicholas Robins, El Mesianismo y la Rebelión Indígena. La Rebelión de Oruro
de 1781. La Paz, 1997.
91 agi. Charcas, 605. La relación fue escrita en 1781, pero se encuentra incluida en el expediente
de la causa con fecha 1794.
92 En una carta de Jorge Escobedo a Gálvez se hace referencia a este diario que supuestamente
llegó a Potosí al enviarlo Menéndez a su padre. La opinión de Escobedo sobre su contenido
fue la siguiente: “aunque en el modo de pintar los lances pueda haber algún disimulo o afec-
tación en la sustancia de los hechos, me persuado sea cierta...”. agi. Charcas, 706. Escobedo
a Gálvez. Potosí, 16 de abril de 1781.
42 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

motivos de haber los mestizos y cholos de ella, procedido inicuamente a quitar


la vida a los españoles europeos, que la habitaban. Escrita en contraposición del
diario falso, que formó, sugerido de su malicia, un parcial de los amotinados en
el año de 1781”,93 atribuido al mercedario José Echeverría.94
El corregidor de Paria había sido asesinado al intentar cobrar su deuda sobre las
mercancías repartidas y en su lugar se había nombrado corregidor a Juan de Dios
Rodríguez, el minero azoguero criollo más importante de Oruro y Paria. Ante la
incidencia del levantamiento en Chayanta, y de los acontecimientos en la vecina
Paria, el corregidor de Oruro empezó a organizar la defensa de la villa. Los ánimos
estaban crispados pues también corría el rumor de que los “europeos” querían acabar
con los criollos y esto provocaba que no quisieran acuartelarse juntos ante el temor
de ser asesinados. En este ambiente de tensiones entre peninsulares y criollos, se
sucedieron los primeros conatos de violencia en el interior de la villa y fueron ata-
cadas durante la noche las casas de los peninsulares. Al día siguiente, el resultado
fue de 11 peninsulares muertos y 5 esclavos. En la plaza un gran número de indios
reclamaban a Jacinto Rodríguez como corregidor de Oruro, éste era hermano de
Juan de Dios Rodríguez y también minero azoguero importante.95
El grupo de mineros criollos tomó el control en Paria y Oruro, proclamán-
dose autoridades locales. Sin embargo, la entrada de los indios sublevados en la
Villa de Oruro con el objeto de defender a los criollos mineros conllevó el saqueo
generalizado, lo cual provocó el temor de los criolllos de ser también víctimas de
la violencia y el pillaje descontrolados. Se terminó expulsando a los indios de la
villa y con ello se rompió la alianza de los indígenas y los mineros criollos, y en
lo sucesivo la ciudad se vio sitiada en tres ocasiones. Los hermanos Rodríguez,
corregidores de Oruro y Paria, se encargaron de organizar la defensa, que según
Fernando Cajías tuvo éxito debido a la desorganización de los sublevados.96
Según los testimonios, se dieron contactos entre los hermanos Rodríguez y
Tupac Amaru, aunque no se sabe desde cuando estaban en comunicación y los
términos específicos de esta relación. Boleslao Lewin afirma que es muy difícil
que hubiera una vinculación con Tupac Amaru y que los criollos importantes lo
único que pretendían era poner fin al predominio político y económico de los
peninsulares.97 Fernando Cajías establece una relación epistolar entre Amarus y
Rodríguez que queda constatada en las fuentes e incluso cierta influencia entre los
sublevados de Chayanta. Esta buena relación con los sublevados que más tarde fue
rota, siempre fue negada por los mineros criollos cuando estaban en la cárcel.98

93 Recogida por Adolfo Mier, Noticia y proceso de la villa de San Felipe de Austria. Oruro, 1913.
94 Véase Gavira, Historia de una crisis…, pp. 139-161.
95 La documentación sobre la sublevación de Oruro se encuentra en agi. Charcas, legajos 601-605.
96 Fernando Cajías de la Vega, Oruro 1781: Sublevación de Indios y Rebelión Criolla…, pp. 743-808.
97 B. Lewin, La Rebelión de Tupac Amaru, p 580.
98 Fernando Cajías de la Vega, Oruro 1781: Sublevación de Indios y Rebelión Criolla.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 43

En todo caso, la minería en Oruro durante la segunda mitad del siglo xviii
estaba en crisis; advertimos el endeudamiento de los principales mineros criollos y
el auge económico y social que tomaban los peninsulares habilitadores. Las visitas
de minas ya evidenciaban un gran número de minas aguadas y abandonadas y en
general la minería se hallaba en decadencia desde años antes de 1781, por eso los
mineros criollos habían contraído grandes deudas y se sentían amenazados de
perder sus propiedades.
La sublevación indígena en Oruro afectó en lo general y lo particular, es de-
cir como cualquier otro centro se vio desabastecido de insumos y azogue por los
problemas con las comunicaciones durante estos años, especialmente 1781. Pero
en lo particular hay que señalar la importancia de la muerte de los habilitadores
peninsulares que financiaban la minería y que han sido los eternos olvidados del
conflicto. También la detención y encarcelamiento de los principales mineros
criollos y el embargo de sus propiedades representó un duro golpe; y por último
señalar la violencia ejercida sobre las propiedades mineras. Una vez rota la alianza
entre criollos e indígenas, estos últimos tomaron una actitud agresiva contra las
instalaciones mineras. Los ingenios fueron asaltados para hacerse con la plata y
utilizar las herramientas como armas.99

Gráfica III
Producción de plata de Oruro (1770-1813)

140000

120000

100000

80000
Marco

60000

40000

20000

0
1770
1772
1774
1776
1778
1780
1782
1784
1786
1788
1790
1792
1794
1796
1798
1790
1792
1794
1796
1798
1800
1802
1804
1806
1808
1810
1812

Años

99 Todas estas cuestiones han sido desarrolladas en M. C. Gavira, Historia de una crisis… pp. 170-182.
44 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

En la gráfica iii elaborada con la producción de la plata registrada en la Caja


real de Oruro desde 1770 hasta 1813, podemos apreciar cómo el auge minero
que se venía arrastrando desde fines de la década de los cincuenta y que tiene su
máximo en los setenta, cae abruptamente en 1781 para no recuperar nunca más
los niveles productivos anteriores a la sublevación. Sin embargo, tal como hemos
aludido en otros trabajos, la crisis minera ya venía haciendo estragos antes de 1781.
La mayoría de los mineros criollos tenían grandes deudas y muchos de ellos las
propiedades embargadas.

Carangas
A principios de febrero de 1781, el tesorero Pablo Gregorio Castilla escribía
al intendente de Buenos Aires una carta contándole los acontecimientos durante
la sublevación en Carangas.100 Informaba que el día 26 de enero a las cuatro de
la madrugada, los indios de las doctrinas y pueblos de Orinoca, Huayllamarca y
Totora asaltaron y dieron muerte al corregidor Mateo Ibáñez y a tres familiares
suyos que se encontraban en el pueblo de Corquemarca. El corregidor fue dego-
llado y le robaron más de 15.000 pesos, también mataron a algunas autoridades
indígenas, como al gobernador de la doctrina de Huachacalla. Después nombraron
como capitán a Miguel Morales, originario de Andamarca, con la orden de pasar a
Curaguara, donde se reunieron más de cuatrocientos indios armados. Los alzados
llegaron hasta Sabaya donde sorprendieron a los españoles y mestizos que estaban
en la fiesta de la virgen de la Purificación y, una vez apresados, todos rindieron
obediencia a Tupac Amaru. Este acto lo justifica el tesorero diciendo que todos
los presentes lo hicieron por miedo y por conservar la vida. Seguidamente ma-
taron a Teodoro Ugalde, familiar del corregidor, y arrestaron al contador Juan
Manuel Güemes,

“lo ataron de pies y manos, lo llevaron a la cárcel y sobre el cepo lo degollaron,


prohibiendo cuidase ninguno del cadáver que en aquella noche comieron en parte
los perros”.101

El tesorero, que salvó su vida, no sólo consiguió hacerse con las llaves de la
Caja Real tras convencer a los indios de no asaltarla “unas veces con razones y otras
con amenazas”, sino que fue aclamado por los sublevados como justicia mayor. Al
día siguiente los indios se retiraron hasta Sabaya llevándose a todos los españoles.
Castillo pedía en su carta auxilio para poner un pronto remedio a la situación,
porque estaba peligrando la Caja Real, la provincia, y la vida de los vasallos que

100 agi. Charcas, 706, Nº 480. Carta del tesorero Pablo Gregorio Castilla al intendente de Buenos
Aires. Carangas, 7-ii-1781.
101 Ibídem.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 45

allí se encontraban.­Finalmente decía que debía de tomarse una resolución que


incluyese las exigencias de los indios sublevados que era la abolición total del re-
partimiento. También pedía el indulto general para todos los indios de la provincia.
El intendente comunicaba a Gálvez las noticias recibidas desde Carangas y
advertía de la poca confianza que le inspiraba Castilla, pues eran conocidas las
discordias con sus compañeros. Sospechaba el intendente que el tesorero había
tenido mucha culpa en las muertes y robos que se habían perpetrado en la pro-
vincia. Opinaba que lo más conveniente era conceder la jubilación al tesorero
que ya tenía muchos años “y poca inteligencia para desempeñar lo que tiene a su
cargo”.102 De manera que se le concedió la jubilación con un tercio del sueldo y, a
pesar de las sospechas, no fue investigado porque falleció al poco tiempo. Murió
en Carangas en 1782, y sus propiedades fueron embargadas por la Real Hacienda,
porque tenía deudas pendientes.
Efectivamente parece bastante sospechoso que sobreviviera Castilla y que
muriesen sus enemigos declarados. También nos parece muy sugerente que el
antiguo tesorero que llevaba más de 20 años en Carangas, que tenía minas e inge-
nios, y que además, según los testimonios, contaba con una importante clientela
entre sus trabajadores, fuese aclamado “por corregidor, abogado y defensor” de
los indios. Todos estos hechos nos llevan a plantear dos hipótesis: una primera,
para la cual faltan más evidencias, consiste en suponer a Gregorio Castilla impli-
cado en la sublevación y responsable del asesinato de sus enemigos; y otra más
probable es que aprovechase la coyuntura para efectuar su venganza, en vista de
contar con un fuerte ascendiente sobre los que eran sus trabajadores o lo que
llamaban “gente comprada”.103
En todo caso, su papel de defensor transmitiendo las exigencias de los rebeldes,
supone ciertos compromisos adquiridos con los sublevados y que se sustentaban
en las quejas contra el corregidor, su principal enemigo. Desafortunadamente
no tenemos más fuentes que nos describan con precisión el papel de Gregorio
Castilla. En noviembre de 1781 el presidente de la Audiencia de Charcas, Ignacio
Flores, escribía a Antolín Chavarri, el cual había sido nombrado justicia mayor
de Carangas, para que se pusiera pronto en camino, ya que la provincia estaba
tranquila y había “asuntos muy graves que aclarar”.104 No sabemos cuándo llegó
Chavarri a Carangas, pero suponemos que esos asuntos que aclarar pudieran
referirse a los acontecimientos y comportamiento de Castilla durante la subleva-
ción. De todas formas Chavarri no llegó a tiempo para encontrarse con Castilla
porque, aunque no sabemos la fecha exacta, para mayo de ese mismo año ya había

102 agi. Charcas, 706, Nº 480. Carta del intendente de Buenos Aires a José de Gálvez. Buenos
Aires, 29 de julio de 1781.
103 anb. T. 96, Nº 14.
104 agi. Charcas, 706. Ignacio Flores a Chavarri. Oruro, 7 de noviembre de 1781.
46 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

muerto el tesorero. En mayo de 1782, Chavarri salía de Oruro con tropas como
comandante de armas de la provincia de Chichas, Lípez y Atacama, para unirse
con el comandante general José Reseguín.105
Podemos observar en el gráfico iv, elaborado con los impuestos procedentes
de la plata registrada en la Caja Real de Carangas desde 1746 hasta 1803, que
no tenemos información de los años clave para nuestra investigación porque en
el tumulto desaparecieron los libros de la Caja Real, al menos es la excusa que
aparece en los documentos. De todas formas, estas cifras no son de gran utilidad,
pues durante este siglo se registra en la Caja Real de Carangas la plata procedente
del mineral de Huantajaya, Tarapacá. Sin embargo, tenemos constancias de la
crisis minera en Carangas donde a partir de 1781 quedaban muy pocos mineros
azogueros y la mayoría de la actividad minera la realizaban los buscones y jucos.106

Gráfica IV
Producción de plata de Carangas (1770-1804)

40000

35000

30000

25000
Pesos

20000

15000

10000

5000

0
1746
1748
1750
1752
1754
1756
1758
1760
1762
1764
1766
1768
1770
1772
1774
1776
1778

1785
1787
1789
1791
1793
1795
1797
1799
1801
1803

Años

Algunos de estos acontecimientos nos sugieren ciertas coincidencias con lo


que ocurrió en Oruro, donde los principales mineros también tuvieron un papel
protagonista en la sublevación de 1781, por lo que fueron apresados. Tal como
ocurrió en Carangas, había dos facciones enfrentadas en competencia por los

105 Fernando Cajías de la Vega, “Rebeliones andinas anticoloniales del siglo xviii. Rebelión e
Iglesia. Oruro, 1781”, Historia, Nº 21. La Paz, 1990, pág. 34.
106 Gavira, Población indígena, sublevación y minería en Carangas. Arica, Chile, 2008.
producción de plata y sublevación indígena en chayanta 47

recursos y el poder local, y los indos sublevados también aclamaron por corregi-
dores de Oruro y Paria a dos de los mineros implicados. Pero mientras en Oruro,
centro minero de mayor importancia, las muertes de los comerciantes peninsula-
res fueron más numerosas y quedaron testigos que denunciaron la acción de los
mineros implicados, en Carangas no hubo expediente contra Castilla, ni sabemos
que se presentaran otros testimonios o versiones de los sucesos.
Podríamos continuar con más casos en los que los mineros se implicaron
de alguna manera en la sublevación más o menos activamente. Sin ir más lejos
conocemos el caso de Toracari, en el mismo corregimiento de Chayanta, donde
la española y azoguera Francisca Estupiñán tomó partido por los sublevados a
los cuales instó para cercar y agredir al representante de la Corona, el coronel
Saldivar. Fue acusada de haber aprovisionado a los sublevados que lucharon contra
las tropas cochabambinas y de haber acogido al líder Guacachaca en su casa.107
Otro caso especialmente significativo es el estudiado por María Eugenia del Valle
sobre la participación del minero Antonio Molina en la toma de Sorata, Larecaja,
junto a los rebeldes capitaneados por Andrés Tupac Amaru. Molina fue acusado
de vincularse a la sublevación aportando sus hombres y armas de fuego, de haber
aceptado el cargo de Justicia mayor de manos del líder rebelde y de vestir como
indio. Justificó su comportamiento como única forma de salvar su vida y la de
sus hombres.108
El auge que manifestaba la curva de producción de Chayanta durante los años
de la sublevación e inmediatos posteriores no mantenía una lógica con respecto
a los otros centros mineros del Alto Perú, inmersos en unas condiciones de gran
inestabilidad que no favorecían la actividad minera. La sublevación indígena que
asolaba durante 1780-81 la región andina tuvo uno de sus centros en Chayanta,
donde se levantaron los tributarios bajo el líder Tomás Catari. Sin embargo, no
parece que esto representara ningún inconveniente para el aumento de la produc-
ción de plata del corregimiento, a diferencia de otros centros mineros donde las
repercusiones fueron más o menos graves. La actividad minera del corregimiento
no sufrió los inconvenientes suficientes como para obstaculizar el auge que se
venía manifestando con los minerales ricos de los cerros de Aullagas y Anconasa,
tal como veremos en el próximo capítulo.
Los mineros y azogueros altoandinos fueron personajes muy importantes en
la sociedad colonial y no se quedaron al margen de los acontecimientos, como
pudimos observar en el caso de Oruro e incluso Carangas, y también por qué no
del mismo Chayanta. La coyuntura de inestabilidad y los conflictos por intereses
fueron aprovechados también en Chayanta donde encontramos evidencias sobre

107 C. Andrade, La rebelión de Tomás Katari, pp.221-225.


108 María Eugenia Valle de Siles, “Andrés Tupac Amaru y los criollos de Tuile y Sorata”, en Actas
del Coloquio Internacional: Tupac Amaru y su tiempo. Lima y Cusco, 1980. Lima, 1982.
48 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

un entendimiento entre un grupo de azogueros importantes de Aullagas, penin-


sulares en su mayoría, y Tomás Catari. El líder de la sublevación indígena recibió
apoyo financiero de estos mineros: Amezcaray, Urtizberea y Amaral. Suponemos
que este apoyo le pudo haber facilitado su presencia en Buenos Aires ante el
virrey para conseguir los recursos legales necesarios para pelear el cacicazgo de
manera legítima.
No estamos suponiendo una vinculación de los principales mineros-azogueros
de Aullagas con la sublevación, pensamos que ni siquiera sospechaban el alcance
al que llegarían los sublevados, tan sólo se pusieron de acuerdo para colaborar
frente un enemigo común: el corregidor Joaquín Alós. Ellos apoyaron al tributario
Tomás Catari en sus pretensiones de hacerse con el cacicazgo, pero no de levantar
a los tributarios y promover una ruptura con el sistema colonial.
capítulo ii

Los protagonistas:
azogueros, mineros y trabajadores

En este capítulo vamos a abordar la historia de los protagonistas principales de la


actividad minera: los azogueros, los trapicheros, los dueños de minas y los traba-
jadores. Intentaremos presentar a los protagonistas de las diferentes actividades
haciendo hincapié en la complejidad de cada uno de los grupos, y a veces en la
dificultad para encasillar a sus miembros debido a la diversidad de sus actividades. El
hilo conductor partirá de las fuentes, tomaremos los registros de plata realizados en
el Banco de Rescate y Banco de San Carlos, para identificar a los registradores, sus
ingenios y sus minas. Empezaremos abordando quienes registraban la plata porque
en ocasiones eran los mismos que la beneficiaban y los mismos que la extraían,
pero no siempre era así; es decir, había comerciantes habilitadores o rescatadores
que se hacían con la plata a un precio de descuento al proveer con crédito a los
mineros y azogueros. En este capítulo nos vamos a interesar por los productores,
dueños de minas y plantas de beneficios, sean ingenios o trapiches, instalados en el
corregimiento de Chayanta, aunque nos centraremos especialmente en el asiento
minero de Aullagas, del cual tenemos más información.
Generalmente los azogueros poseían minas propias, pero además podían
trabajar en sus ingenios los metales de otros mineros. Como abordaremos más
adelante, en Chayanta la mayoría de los azogueros tenían minas, aunque también
existían algunos dueños de minas que no poseían ingenios o trapiches, que eran
instalaciones más pequeñas para procesar los metales. Pero si es complicado situar
cada uno de los productores dentro de este complejo panorama, resulta todavía
más complejo abordar el estudio de los trabajadores porque habría que distinguir
entre los que laboraban las minas y los que operaban en los ingenios o trapiches.
Entre los primeros se encontraba un grupo de gente independiente que no tenía
una relación laboral dependiente con el dueño de las minas, más bien se trataba
50 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de una especie de asociación para trabajar y repartirse los beneficios (metales)


entre ambos (trabajadores y dueños de minas).
Nuestra intención será realizar una especie de mapa humano de San Miguel
de Aullagas, que como dijimos anteriormente es el mineral que centra nuestra
atención por ser el más importante en cuanto a la producción de sus minas y tener
instalados la mayoría de los ingenios y trapiches. Comenzaremos desde arriba por
el grupo más fuerte: los azogueros o dueños de ingenios, para continuar con los
trapicheros y los dueños de minas y terminar con los trabajadores.
Los azogueros eran el grupo menor numéricamente, al que podrían agregar-
se algunos trapicheros de considerable prestigio, pero el resto de los vecinos de
Aullagas eran calificados, según los testimonios, como gente de minas de dudosa
reputación, así decía Jorge Escobedo:

“Hallose el mineral de Aullagas con cerca de seis mil almas y entre ellas no habrá
cincuenta de una regular conducta, recogiéndose la gente más bandida de estos
contornos, con partidos escandalosos a causa de unos pleitos que siguen los mineros”109

Esta descripción es de 1780, justo cuando el asiento mineral se encontraba


dividido y en conflicto con el corregidor Alós. Pero nos acercaremos a sus dife-
rentes protagonistas para tener una idea menos prejuiciosa que la manifestada
por el gobernador Jorge Escobedo.

1. Los azogueros de Aullagas

Los centros mineros eran el foco de atracción de un sinnúmero de personas que


veían en estos lugares la oportunidad para conseguir realizar sus sueños de riquezas.
En la pirámide social del centro minero se encontraban los mineros azogueros
y las autoridades coloniales, en el caso de Chayanta, el corregidor o más tarde
el subdelegado. Generalmente, estas autoridades terminaban vinculándose a la
actividad minera y lucraban desde su espacio de poder, a pesar de la prohibición
expresa de las leyes. Tenemos un ejemplo claro en el corregidor Joaquín Alós, o
también en el anterior corregidor Urzainqui. Por supuesto esto no era un caso
exclusivo de Chayanta, ocurría en otros centros como Oruro o Carangas.110
Además de la gente presente, también estos lugares eran el centro de interés
de personajes que estaban ausentes o en las sombras, como por ejemplo los comer-

109 agi. Charcas, 594. Carta de Jorge Escobedo a José Antonio Areche. La Plata, 20 de febrero
de 1780.
110 Por ejemplo, véase el caso de Oruro donde los principales mineros criollos fueron corregi-
dores en diversas ocasiones y también era frecuente que los corregidores se aliaran con los
principales mineros. C. Gavira, Historia de una crisis…, cap. iv.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 51

ciantes habilitadores, y las altas autoridades que de forma disimulada conseguían


beneficios por proteger a ciertos mineros azogueros o por tener propiedades bajo
testaferros. Así decían de Chayanta y Potosí, que tenían corrompida la Audiencia de
Charcas, pues los oidores gozaban de beneficios indirectos o directos provenientes
de este asiento minero. Por ejemplo sabemos que Joaquín Alós pagó para tener al
presidente de la Audiencia a su favor la cantidad de 60.000 pesos. Otro ejemplo a
destacar era el del fiscal Alvarez de Acevedo111 que llegó a la Audiencia de Charcas
con un pariente que consiguió convertirse en un importante minero de Aullagas,
Baltasar Alvarez Reyero. Es muy posible que el fiscal pudiera estar también tras
los negocios mineros de Baltasar, el cual consiguió ser Alférez Real del cabildo de
la Plata y apostamos que para ello le valió la influencia de su protector. El oidor
García de la Plata pasó a ejercer su plaza en la Audiencia de Charcas con un criado
llamado Manuel Perogil, el cual rescataba y registraba plata de Chayanta, y así
podríamos continuar con más referencias.
Este binomio tan exitoso, azoguero-autoridades, se daba de forma frecuente
y bajo circunstancias y condiciones variadas. Los personajes que se evidenciaron
más fueron los corregidores, pero no faltaban los oficiales reales, los subdelega-
dos, los intendentes, y los oidores.112 Los beneficios de las partes son previsibles,
unos obtenían riquezas a partir de su espacio de poder y los otros protección ante
las múltiples dificultades que se presentaban, como también ventajas fiscales,
abastecimientos favorables de azogues, favores judiciales y crédito. En ocasiones,
también los mineros azogueros ejercían como corregidores, o más frecuentemente
poseían cargos en los cabildos o estaban vinculados con la administración de la
Real Hacienda. Por ejemplo, en Oruro, los hermanos Rodríguez fueron alcaldes
en frecuentes ocasiones y también corregidores113. El ideal era sumar al poder
económico que ofrecía la minería, el prestigio y poder político, claro que estamos
hablando de la cumbre de la pirámide social del centro minero: los azogueros. El
minero-azoguero de Aullagas, Juan de Gelly, fue corregidor de Oruro y ejerció
también ocasionalmente de contador interino de la Caja Real de Oruro. Pero
a veces era el corregidor el que se convertía en minero azoguero, como fue el
caso de Urzainqui, el cual se instaló en Potosí y consiguió ser un azoguero de
influencia en los dos centros. Era frecuente que el peninsular que llegaba a ejercer
su cargo a un centro minero se adentrase en el negocio, rescatando, habilitando

111 Tomás Alvarez Acevedo era originario de Lois, León, pasó a La Plata a ejercer como fiscal de la
Audiencia de Charcas en 1767, en su licencia para pasar a Indias estaba acompañado de dos jóvenes,
uno de ellos era el azoguero Baltasar Alvarez Reyero. En 1773 fue nombrado oidor comisionado
para administrar el Banco de Rescate de Potosí. AGI. Contratación, 5510, N° 2, R. 30.
112 En la Audiencia de Charcas, el presidente José López de Lisperguer era el suegro de cuatro
mineros potosinos, a pesar de la existencia de una ley que prohibía el matrimonio entre los
miembros de las familias de los oidores y los habitantes del distrito donde se ejercía.
113 Gavira, Historia de una crisis…, p. 151.
52 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

y también haciéndose con propiedades o asociándose con los locales. Sin ir más
lejos, mencionaremos el caso del mismo Joaquín Alós que siendo militar de ca-
rrera no desperdició la oportunidad de medrar y hacerse con las ganancias que le
ofrecía el banco de rescate de plata de Aullagas, aunque también tenía intereses
en la compañía de Benavides y habilitaba a Manuel Saldivar.114 En definitiva, no
podemos afirmar quién fue primero, la autoridad que se vinculaba a la actividad
minera o los azogueros que se hacían de un cargo en la administración colonial.
Se dieron casos para todos los gustos.
Los azogueros tenían una situación especial, gozaban de una legislación que
los protegía del embargo o cárcel por deudas. En 1571, una provisión del virrey
Francisco de Toledo concedía ciertos privilegios a los dueños de minas e ingenios
para que no se encarcelasen por motivo de deudas y cumpliesen penas dentro del
asiento de minas o en sus ingenios. Tampoco se les podía ejecutar sus propiedades
ni herramientas, pertrechos o esclavos por este concepto. Otro de los escollos
a la hora de cobrar las deudas de los mineros era la prioridad que tenía la Real
Hacienda para cobrar deudas generadas principalmente por el abastecimiento de
azogues. Esta protección era una de las ventajas de pertenecer al oficio, ventajas que
aumentaron y se consolidaron a fines del siglo xviii con las reformas borbónicas.
La mayoría de los azogueros instalados en Aullagas en la década de los sesenta
o setenta, partícipes del auge minero, eran peninsulares, a veces gente que después
de una estancia en Potosí donde no habían conseguido integrarse, se arriesgaron
en las provincias, sirva de ejemplo Francisco Amaral y Astuena. Posterior a esa
década de esplendor, en las décadas siguientes nos vamos a encontrar con un nú-
mero de criollos de primera generación realizando un esfuerzo por hacer renacer
al mineral de sus cenizas.
Nuestra intención será abordar la situación de los azogueros protagonistas de
este auge hasta llegar a la crisis que situamos concretamente en 1792, cuando no se
superan los treinta mil marcos en la producción registrada. Para ello hemos pensado
analizar tres escenarios: los años antecedentes (la década de los setenta), la década del
auge (los ochenta) y la crisis de 1792. Un testimonio evidente y muy importante de esta
crisis lo representa la visita al asiento de Aullagas de ese mismo año que nos muestra
una considerable cantidad de minas sin labor e ingenios y trapiches parados que tra-
taremos en el siguiente capítulo y que hemos trascrito como apéndice documental.

– Los antecedentes: la década de los setenta

El análisis de los años antecedentes a la sublevación que situamos en 1780, como


año clave cuando los indígenas abiertamente manifestaban sus protestas de forma
violenta, nos parece importante para observar el comienzo y causas del auge en

114 ahn. Consejos, 20366, Exp. 1 pieza 8.


los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 53

la producción de plata en Aullagas. Para el análisis de esta etapa hemos recurrido


a los registros de plata individualizados procedentes del corregimiento de Cha-
yanta y que con gran paciencia hemos ido reconstruyendo a partir de los libros
del Banco de Rescate, donde esta información se encontraba mezclada con otros
registros procedentes de diferentes minerales. En todo caso, advertimos que esta
fuente nos proporciona una estimación interesante pero que tan sólo representa
una aproximación, pues sabemos que a veces los pequeños productores como trapi-
cheros o rescatadores no registraban la plata, o pudieron hacerlo en otros lugares.
Durante esta década de los setenta vamos a percibir la llegada y consolidación
de algunos de los mineros azogueros que instalados en el mineral de Aullagas van
a protagonizar de alguna manera la etapa de auge productivo durante los años de
la sublevación. Tal como presentamos en el siguiente cuadro, durante estos años
se fue produciendo un aumento del número de registradores de plata y también
del monto total registrado en el transcurso de la década de los setenta.

Cuadro ii
Producción de plata procedente de Chayanta registrada
en el banco de rescate, 1770-1779

Años Registradores Total de marcos


1770 16280
1771 26128
1772 70 22821
1773 57 31021
1774 45 30662
1775 48070
1776 83 42108
1777 55825
1778 46650
1779 57199
Fuente: AHP. Libros del Banco de Rescate.

Desafortunadamente tan sólo contamos con los detalles de una muestra de


4 años de esta década, durante la cual empezó a manifestarse un aumento de la
producción que resultó más contundente en el transcurso del segundo quinque-
nio. El salto más importante se produjo en los registros del año de 1775 cuando
la producción aumentó en un 56% con respecto a la del año anterior. Para 1776
encontramos que más del 75% de la producción estaba acaparada por un grupo de
5 mineros. Estos eran José Astuena, Lucas Villafañe, Francisco Amaral, Manuel
Prego y Ramón Urtizberea, en orden de importancia cuantitativa.
54 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Cuadro III
Registradores de plata de Chayanta en el banco de rescate, años 1772-76

Registradores 1772 % 1773 % 1774 % 1776 %


Totales 2282 31021 30662 42108
Alquisalete, J.B. 1089 4,77 100 0,32 597 1,91 253 0,60
Alvarez, Baltasar 692 3,03 822 2,64 1078 3,51
Amaral, Fco. 2256 7,35 5604 13,30
Arias, Antonio 569 2,49 688 2,21
Astuena, José 13010 30,89
Burgoa, Santos 334 1,46 437 324 1,05 394 0,93
Carrasco, José 144 0,63 796 795 2,59 900 2,13
Chavarria, José 1413 6,19 1512 4,87 1824 5,94 1673 3,97
López, Francisco 464 2,03 8922 29,0 8014 26,13
Ortega Francisco 124 0,54 588 1,89
Ortiz, Juan J. 22 1083 2,57
Prego, Manuel 3982 17,44 5544 17,87 2237 7,29 3369 8,00
Ruiz Eusebio 869 3,8 2089 6,73 1514 4,93 700 1,66
Urtizberea, Ramón 699 3,06 1531 4,9 1921 6,26 1924 4,56
Villafañe, Lucas 1131 3,68 5972 14,18

José Astuena era un peninsular comerciante que se dedicó a la minería por


haber quebrado sus negocios en el mercado de Buenos Aires. Según contaba él
mismo, al encontrar el mercado de Buenos Aires saturado a fines de los cincuenta,
decidió dedicarse a la minería y terminó estableciéndose en Chayanta como minero
azoguero de la rivera de Aullagas, dueño de minas en los cerros de la Gallofa y
Anconasa.115 Poseía un ingenio llamado Nuestra Señora de la Purísima Concep-
ción de Guancarani, situado en el río Macha, a 5 leguas de Aullagas. Este ingenio
tenía 6 almadenetas y 5 hornos de fundir. De todas sus minas, la de la Gallofa fue
conocida por su riqueza, y suponemos que empezó a rendir en la década de los
sesenta, cuando se trabajó el socavón para desaguar las minas.116 Estaba casado
con María Josefa Rodríguez, la cual heredó sus propiedades en 1777 a la muerte
de su marido y después marchó a Buenos Aires, quedándose sus propiedades
administradas por Pedro Vicente Vargas.
Durante los escasos veinte años que el azoguero estuvo asentado en el mineral
de Aullagas, dejó evidencias de sus registros, propiedades, compañías y conflictos,­

115 anb. Minas, T. 152, N° 5, Año 1774. Expediente por deudas al General Juan Francisco
Navarro.
116 Véase en el apéndice la Visita del mineral de Aullagas de 1792.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 55

propios de los que desempeñaban esta labor. Encontramos pleitos en la Real


Audiencia de Charcas por límites de minas, como el que entabló con Francisco
Amaral en 1775 por minas continuas en la veta Gallofa.117 Pero sus pleitos más
sonados fueron por la compañía que realizó con el francés Carlos Malherbe, del
cual no sabemos con detalles cuándo ni cómo llegó a Aullagas, pero suponemos que
como era lo habitual llegaría desde Potosí, donde las posibilidades de integrarse
en la minería estaban más competidas y difíciles, por lo que algunos aspirantes
se aventuraban a las provincias. Es posible por la carta de apoyo que presentó
de Joseph Jussieu,118 naturalista francés que acompañaba al matemático Louis de
Godin y que formaban parte de la expedición geodésica francesa a Quito, que el
mismo Malherbe hubiera sido parte de esta expedición.119 Por ejemplo, Jussieu
se quedó como médico en Potosí de 1750 a 1755, y Godin estuvo en Lima algu-
nos años antes de partir para Cádiz, por tanto pudiera ser posible que Malherbe
también pasara por Potosí y se vinculara con los azogueros de Aullagas.
Astuena se implicó con Malherbe en la aventura del socavón de la Gallofa
para desaguar las minas de este cerro. Este francés pidió en 1761 ante la Real Au-
diencia que se le adjudicara una mina abandonada nombrada Gallofa en el mineral
de Aullagas. El justificaba que estaba desierta y aguada y se le concedió ante el
argumento de que tenía una máquina de desaguar que había inventado y que sería
útil para el interés público.120 Una vez concedida su petición estuvo en trabajos de
limpia y construcción de su máquina hidráulica y acudió al corregidor para que
le concediese también el socavón que daba a la mina. El corregidor convocó una
vista de ojos y dijo que el socavón estaba “lleno de desmontes, sin poder hallar
parajes para entrar a sus planes” y según los testigos hacía como un siglo que no
se trabajaba. El corregidor realizó la petición ante la Real Audiencia de Charcas y
la respuesta del fiscal fue positiva. Carlos Malherbe se asoció entonces con Pedro
Isasa, pero como solía ocurrir tuvieron un contratiempo pues José Gabino Zagaseta
tomó posesión del socavón en 1762. Al final, la Audiencia de Charcas sentenció a
favor del francés en compañía con Isasa, Astuena y Malaver, los cuales años más
tarde, en 1769, denunciaban al francés por la mala gestión de la compañía.121 Pero
aunque consiguieron quitarle la administración a Malherbe, las minas volvieron a

117 anb. Minas, T. 72, N° 9. Años 1775-76.


118 anb. Minas, T 71, N° 9. Años 1761-1762. Carta de Josehp de Jussieu como apoderado de
D. Carlos de Malherbe. Aullagas, 25 de agosto de 1762.
119 Isabel Galaor et al., Las minas Hispanoamericana a mediados del siglo xviii, Madrid, 1998, p.
73-76.
120 anb. Minas T. 71, N° 9. Años 1761-1762. El expediente incluye una carta donde Malherbe
cuenta que se hizo un experimento en dos pozas del río Quirpinchaca frente al oidor José
López Lisperguer con su máquina de desaguar y también incluye el informe del oidor ante
la Real Audiencia de Charcas.
121 anb. Minas, T. 71, N° 14, Año 1763-69. Don José Astuena, Don Pedro Isasa y Don Hilario
Malaver contra Don Carlos Malherbe.
56 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

él por sentencia de la Audiencia de Charcas en 1777, tras la muerte de Astuena. El


francés se quejó y levantó testimonios sobre las malas condiciones en que le devol-
vieron la mina, sin puentes, sin canaletas y sin máquinas de desagüe, compuestas
por malacates y tornos.122 Esta explotación debió de dar grandes riquezas durante
la administración de Malherbe, pues en un expediente afirmaba el beneficiador del
ingenio de Guancarani donde se enviaban a beneficiar los metales que “sacaban las
brozas a cuarenta y tanto marcos por cajón, las pintas a setecientos y tantos marcos.
Las guías a tres mil y tantos marcos (que estos eran pocos)”.123
José Astuena no estuvo siempre en buena situación financiera, como era algo
frecuente en el oficio al que se dedicaba. Tenemos evidencias de que en 1773 su
situación de quiebra era tan grave que pidió a la Real Audiencia de Charcas una
providencia para que sus acreedores no les molestaran y poder continuar con el
trabajo de las minas y pagar las deudas.124 Pero su situación se complicó en 1774
cuando un representante de Juan Francisco Navarro pasó por Chayanta y quiso
cobrar la deuda de más de treinta y tres mil pesos que había contraído con Navarro
mientras fue corregidor de Chayanta. El pacto, como lo llamaba el propio Astuena,
es una muestra clara de cómo los corregidores o autoridades coloniales se implicaban
en la minería a pesar de las prohibiciones y medraban a costa de sus cargos. Parece
que Juan Francisco tenía un ingenio en Aullagas, en el cual Astuena debía benefi-
ciar los minerales que extraía con las condiciones siguiente, pagaba a setenta pesos
por cajón todo lo que superase los 26 marcos de ley pero lo que fuera inferior a 22
marcos debería bonificarlo Astuena. No está muy claro el tipo de negocio al que
llegaron, pero Astuena se quejaba de que era fruto de la usura y coacción por parte
del entonces corregidor Juan Francisco Navarro.125 El representante de Navarro
comenzó a tramitar el embargo de las propiedades de Astuena con la justificación
de traer una carta del Virrey del Perú.126 No sabemos la resolución de la Real Au-
diencia, a la cual acudió el azoguero, pero suponemos que no se pudo embargar
sus propiedades porque lo encontramos en 1776 registrando la cantidad de 13.010
marcos de plata que posiblemente terminase en manos de sus acreedores. También
encontramos algunos registros esporádicos de plata en la Caja Real de Oruro, pre-
cisamente durante 1777, pero esto no significa que tuviera minas en ese distrito,
pudo haber llevado la plata a registrar por comodidad o quizás para despistar a los
acreedores. En todo caso, entre sus propiedades, después de muerto, figuraban minas

122 anb. Minas, T. 72, N° 8 y 9. Años 1777 y 1778.


123 anb. Minas, T. 72, N° 8. Testimonio de D. Bernardo Cortés beneficiador del ingenio Guan-
carani, 1778.
124 anb. Minas, T. 71, N°18, Año 1773 y T. 152, N° 5, Año 1774.
125 Juan Francisco Navarro fue un personaje muy influyente en Potosí. Procedía de una familia
de oficiales reales de la Caja de Potosí. Fue visitador de la Caja Real de Oruro, corregidor de
Chayanta y después contador del Tribunal de Cuentas de Lima.
126 anb. Minas, T. 152, N° 5, Año 1774. Expediente por deuda al General Juan Francisco Navarro.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 57

muy importantes como la del Bronce, Jesús María en Anconasa y las del Rosario,
Gabia, Gallofa grande y el socavón Begoña en el cerro de la Gallofa, éstas dieron
un mineral de alta ley “80, 100, 500 o más marcos”.127
Otro de los mineros azogueros importantes fue Francisco Amaral, portugués,
que llegaba a Potosí en la década de los cuarenta, y en 1751 se instaló en Aullagas.
Casado con Ana Baena, natural de Jujuy, tuvo dos hijos Ana María y José Antonio.
Curiosamente también practicaba el oficio de cirujano y lo encontramos en los
documentos atendiendo a los indios heridos en un ingenio. Con motivo de la
guerra con Inglaterra y Portugal en1762 hubo una orden para expulsar a todos los
vecinos de esa nacionalidad, sin embargo pudo evitarla por su oficio de minero.128
Como decía Amaral, llevaba por entonces más de veinte años en esas tierras donde
se había desempeñado como minero y azoguero, invirtiendo fuertes sumas en el
trabajo de las minas y la construcción de un ingenio en la rivera de Aullagas, que
pudiera haber sido alguna de sus dos propiedades, La Palca o Ayoma.129 Presentó
una constancia del Banco de Potosí de haber registrado 31.000 marcos hasta ese
año y decía haber invertido mucho dinero en un socavón que ya contaba con 600
varas.130 Suponemos que se trataba del socavón de la Soledad en Aullagas, el cual
trabajó en 1751 en compañía de Joaquín Márquez y de otro portugués, Francisco
Pereira Varela.131 También se decía dueño de otros dos socavones, el de la veta de
la Gallofa (en el cual estaba asociado con Malherbe, Astuena, Isasa y Malaver) y
el llamado Colquechaca; el primero para desagüe de su mina Guainacucho y el
segundo para la mina de Menguengue. Ambas minas fueron muy ricas y dieron
mucho mineral, pero sabemos que tuvo diferentes habilitadores con los cuales
quedaron deudas pendientes, entre ellos Juan Francisco Navarro y Francisco
Antonio Urtizberea y Manuel Prego de Montaos.
La actividad de Amaral era suficientemente importante y útil para la Corona
como para cerrar los ojos ante su nacionalidad portuguesa. De hecho, de los cuatro
portugueses que había en este corregimiento de Chayanta, se expulsaron a dos y
sólo quedaron los dos que practicaban la actividad minera, rubro muy importante
para los intereses de la Corona. En el expediente abierto por motivo de la expulsión
se aprecia en los testimonios y preguntas que plantea el mismo Amaral, que era
un azoguero muy importante y con una larga trayectoria en la minería altoandina:

127 Véase la Visita al mineral de Aullagas de 1792 en el anexo.


128 anb. Minas, T. 71, N° 13. Año 1762-68. Expediente de D. Francisco Amaral y Don Francisco
Varela sobre que no se le aplique el bando para la expulsión de los portugueses. Se informó
de la existencia de 4 portugueses en Chayanta, de ellos dos mineros, Amaral y su socio, los
otros dos fueron expulsados.
129 Este ingenio lo vendió tres años antes de la sublevación a Francisco Güemes. anb. csj. 100.
Juicio seguido por Manuel de Santander.
130 anb. Minas, T. 71, N°13, Años 1762-68.
131 anb. ep. Protocolos notariales, Años 1750-51.
58 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

1. “Primeramente si saben y les consta que estoy en este reino el espacio de


veinte y seis años, en cuyo tiempo no he dado la menor nota de mi persona
antes si es constante y pública y notoria la honradez y buena correspondencia
de mi manejo con todos.
2. Iten si saben y les consta que ha el espacio de diez años que soy casado y
velado con dª Ana Baena con quien siempre he vivido y vivo actualmente en
este mineral y tenemos dos hijos nombrados José Antonio de edad de ocho
años y medio y Ana María, de cuatro años y medio.
3. Iten si saben como es público y notorio que después de haberme mantenido
muchos años en la villa de Potosí en que no di motivo alguno a la menor gue-
rra, ni reconvención judicial, me pasé por el año cincuenta y uno a este cerro
de Aullagas (abandonado por entonces) a descubrir y labrar minas en donde
me he mantenido y mantengo en el espacio de doce años cateando, buscando
vetas de las que tengo hecho pedimentos y registros correspondientes en cuyo
exercicio continuo e incesante trabajo fuera de los considerables cuidados y
fatigas que ofrece la intemperie del lugar, he gastado muchos miles a fin de
establecer la seguridad en dicho exercicio y empleo de azoguero, como uno
de los primeros para volver a acreditar la fama y nombre de este rico cerro
de Aullagas, ya olvidado de inmemorial tiempo a esta parte la que otra vez
triunfó por haber seguido otros a mis pisadas y exemplo.
4. Iten si saben y les consta que en fuerza de estas fatigas y esforzado empeño
en que no he omitido los desagües facilitándolos por medio de tornos como
es notorio he conseguido poner corrientes dos labores formalizándolas con
un solo socavón real de seiscientas varas corridas con otros barrenos y con-
trabarrenos para su mejor establecimiento.
5. Iten si saben que después de todos estos gastos tan crecidos he fabricado un
ingenio distante dos leguas del cerro con todos los aperos fuste y prolijidad
que son notorios con una bien dilatada casería de igual fábrica y con todas la
oficinas correspondientes a la comodidad de mi familia como a la considerable
gruesa de gente que allí trabaja en el beneficio de la plata.
6. Iten si saben como es notorio que el gasto semanal que se impende entre
ingenio y mina pasa de mil pesos sin los costos de hicha, sal y de leña. Digan
y refieranse a las boletas de las cuentas semanales”.132

El prestigio y poder de Amaral fue muy importante en este centro. Sabemos


que tuvo fuertes pleitos con otros vecinos azogueros y fue acusado de beneficiarse
de sus estrechas relaciones con el oidor de la Audiencia de Charcas, D. Ramón
Rivera y también con el presidente de la Audiencia, José López de Lisperguer,
suegro del conde Casa Real de Moneda, con el cual Amaral también tenía una

132 anb. T. 71, Nº 13. Amaral al Corregidor y justicia Mayor de Chayanta.


los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 59

relación de amistad. Estas alianzas configuraron fuertes redes de amistad y soli-


daridad que fortalecían las posiciones sociales y económicas, a tal punto que ni
los tribunales se resistían a oponerse. Así, en los múltiples conflictos judiciales,
según algunos testimonios, Amaral salía favorecido.
También se le conocía por tener mucha gente a su servicio defendiendo sus
intereses. Y aunque encontramos algunas referencias o comentarios sobre su na-
cionalidad portuguesa, esto no parece que fuera ningún obstáculo, pues como ya
aludimos estaba muy bien relacionado y era económicamente fuerte y poderoso
en el asiento minero. Entre sus amistades y personas de confianza, además de su
paisano portugués, se encontraba su representante en Potosí, Francisco Javier de
Romay, gallego, con el que se entendía muy bien, decía por la afinidad de los idio-
mas, aunque sin duda Amaral hablaba castellano. Entre sus enemigos declarados
por conflictos en los negocios estaban dos azogueros igualmente importantes:
Astuena y Alvarez Reyero.
No sabemos la fecha exacta de la muerte de Francisco Amaral, pero debió ser
entre 1781 y 1782. Le heredó su hijo José Antonio que se dedicaría a la misma
profesión de azoguero. La situación económica de la familia no se manifestaba
muy boyante al momento de su muerte, pues José Antonio tuvo que enfrentar las
fuertes deudas que contrajo su padre por habilitación. Entre otras deudas, Fran-
cisco Antonio Urtizberea (hermano del azoguero Ramón Urtizberea asentado en
Aullagas), le reclamaba 28,000 mil pesos, el cual decía haber prestado a su padre
por concepto de habilitación, y José Antonio se vio obligado a arrendar el único
ingenio que heredó, la Palca, a Baltasar Alvarez Reyero, el cual se comprometía
a ir pagando esta deuda además de 30 pesos semanales en concepto de alimentos
para José Antonio Amaral.133 También Manuel Prego de Montaos le reclamaba
13 mil pesos de los 25 mil con que había habilitado a su padre.134 El ingenio de
Ayoma ya lo había vendido a fines de la década de los setenta. En 1792 ya no
estaba en arriendo el ingenio de la Palca pero se encontraba parado por la escasez
de metales en sus minas que se encontraban aguadas, tan sólo trabajaba la mina
de Santo Cristo en la veta de la Purísima.135 Años más tarde José Antonio Amaral
conseguiría apoyo del Banco de San Carlos para trabajar el socavón de Colquechaca
en compañía de Weber, como abordaremos más adelante en el tercer capítulo.

133 anb. Minas, T. 79, N° 2. Años 1784-85. Francisco Amaral también dejó una deuda a Antonio
de Sosa y Meneses, comerciante de San Miguel de Tucumán, por efectos de Castilla y de la
tierra. Francisco Antonio Urtizberea decía que José Antonio Amaral le era deudor de 28 mil
pesos y que “una parte del dinero que le suplí compró un par de sarcillos de diamantes y un
ahogador de la misma clase, en el precio de 1300 pesos y estas joyas las usó su mujer doña
Teodora Crespo” Decía que al final las dio en préstamo por ser deudor de la real hacienda y
que como fueron compradas con el dinero que le prestó debe ser preferido ante otros acree-
dores. anb. Minas, T. 75, N° 13. 26 de noviembre de 1787.
134 anb. Minas, T. 73, N° 9, Año 1785.
135 Véase apéndice. Visita del mineral de Aullagas.
60 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Los hermanos Francisco Antonio y Ramón Urtizberea, eran parientes del


comerciante asentado en Cádiz, Juan Agustín de Ustariz. Ramón se instaló en
Aullagas, donde aparece casado con Tomasa Baena,136 la cual posiblemente fuera
hermana de Ana Baena, mujer de Francisco Amaral y vecina de Jujuy. Su her-
mano Francisco Antonio se instaló en la ciudad de La Plata donde llegó a ser
veinticuatro del cabildo y matricularse como comerciante en el consulado de esa
ciudad; también sabemos que se dedicó a la habilitación, financiando mineros
como Francisco Amaral y a su propio hermano. Es posible que ambos llegaran a
asentarse en Aullagas, cuando el olor a plata comenzaba a manifestar su bonanza.
Fue pocos años antes de la sublevación que Ramón realizó compañía con
Juan de Gelly y Rodrigo Moreno. Esta asociación era para construir un ingenio,
llamado Churicala, y trabajar unas minas, dos estacas en la veta de la Purísima y
otra en la Gavia. Cada uno de los asociados pusieron dinero y propiedades, pero
al parecer la máxima cantidad para la construcción del ingenio la puso Francisco
Antonio Urtizberea, hermano de Ramón, aunque este no aparece en las escritu-
ras de la compañía. La aportación de cada uno no estaba bien delimitada y eso
complicó posteriormente la disolución de la compañía.

“El ingenio se empezó a construir y se concluyó por los tres mencionados compañeros
poniendo cada cual su industria, asistencia y dinero conforme a las facultades de cada uno
y luego trabajaron las minas, sacaron crecidos azogues en el Real Banco y mutuamente
beneficiaron los metales hasta que con motivo del alzamiento se dispersaron los
compañeros Gelly y Moreno quedando Urtizberea corriendo con la finca”.137

Antes de la desaparición de los dos socios, Ramón Urtizbera tuvo que afrontar
los robos de azogue que hacía Gelly138 y el intento de hipoteca de esta propiedad por
deudas del mismo Gelly con la Real Hacienda, aunque afortunadamente pudo con-
servar la propiedad. Ramón los denunció como gente aprovechada que no aparecía
para ajustar las cuentas de la compañía y disolverla porque les interesaba pertenecer
al oficio de mineros azogueros, cuyos miembros se encontraban protegidos por ley.
Juan de Gelly era un personaje bastante polémico, de 1773 a 1775 ejerció
como corregidor de Oruro,139 donde dejó deudas pendientes y sacó azogue para
sus fines particulares; y tal como comentamos anteriormente ejerció de teniente

136 anb. Minas, T. 79, N° 7.


137 anb. Minas, T. 79, N° 7.
138 Se le conocía como “sujeto enredador que tiene alborotado esta provincia y que sus delitos
cometidos así en Oruro en tiempo que fue corregidor como aquí desde que es corchete o
ministril del corregidor Alós”. Denuncia ante la Real Audiencia de Don Pedro Reguera por
los abusos del corregidor Joaquín Alós, y los tenientes Juan de Gelly y Lucas Villafañe. ahn.
Consejos, 20366, Exp. 1.
139 Véase por ejemplo las cartas cuentas de esos años de 1773-75 perteneciente a la Caja Real de
Oruro. AGI. Charcas, 649.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 61

del corregidor Alós. En Chayanta tuvo un papel destacado durante la sublevación


y en el enfrentamiento con los mineros azogueros por el Banco de Rescate que
abrió el corregidor, sin embargo tuvo suerte para salir vivo de todos los conflic-
tos y tumultos en que se vio envuelto. Después del enfrentamiento ocurrido en
Pocoata, donde los indios apresaron al corregidor Alós para pedir la puesta en
libertad de Catari, escribió una relación o diario contando los acontecimientos,
en la cual se dice “general, administrador del Real estanco de tabacos y naipes
de la provincia de Chayanta, dueño de minas e ingenios en ella”.140 Salió de la
provincia de Chayanta durante los años de la sublevación y en 1787 se encontraba
residiendo en Buenos Aires, donde reclamaba derechos sobre los beneficios de la
compañía con Urtizberea y Moreno.141
No tenemos mucha información de las actividades de Manuel Prego Montaos
en Chayanta, porque radicaba en Potosí donde ejercía como administrador de
tabacos, y donde a principios de los años sesenta compraba un ingenio. Representa
uno de los personajes difícil de ubicar en el panorama económico colonial pues
tenía sus actividades muy diversificadas; fue un comerciante rescatador impor-
tante y también azoguero. Según Enrique Tandeter, era íntimo de San Just y le
había ayudado a éste a defraudar capitales del Banco de Rescate mientras era su
administrador con el objetivo de quedarse con el rescate de plata en Potosí.142
No le conocemos propiedades mineras en Chayanta, donde parece que tan sólo
se dedicó a la habilitación y al rescate de plata, y para la década de los ochentas
desaparece de la lista de los registradores de este corregimiento.143
En todo caso, podemos advertir que para la década de los setenta se produjo
un aumento de trabajo en las labores que va a repercutir en la producción de plata
que se registra. Hay un trabajo importante en el socavón de la Gallofa (cerro de la
Gallofa) que suponemos rindió frutos y abrió las posibilidades para que se trabajaran
las minas de la veta de la Gallofa en el cerro de este mismo nombre, perteneciente
al asiento de Aullagas. Mineros azogueros como Astuena, Amaral y Malherbe es-
taban en esta labor. Otro de los cerros que fueron trabajados más intensamente fue
Anconasa donde dieron frutos algunas vetas como La Purísima, La Encarnación,
Fajardo, y Colquechaca, de las cuales nos encargaremos más adelante.
El único escollo de estos años fructíferos fue la gestión del corregidor Joaquín
Alós, el cual con su actitud y su banco de rescate estaba alterando el estatus quo
de la provincia. El hecho de querer monopolizar el rescate, perjudicando a los
buscones, a los rescatadores y trapicheros, es decir a un considerable número de
gente que vivía de la minería, provocó un ambiente de conflictos y tensiones. Tan
sólo los grandes azogueros podían sortear su gran ambición, pero el conflicto con

140 agi. Charcas, 594, Nº 2, f. 340-345


141 anb. Minas, T. 75, N° 8, Año 1787.
142 E. Tandeter, Coacción y mercado, p. 165.
143 Ibídem, p. 163.
62 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Alvarez Villarroel también acrecentó el malestar por su gestión. Cuando se habla


de tumultos en Chayanta durante esa década de los setenta, no se contemplaba en
un principio los tumultos originados por la sublevación de la población indígena
sino de los vecinos implicados en la minería. Las denuncias ante la Real Audiencia
de Charcas abrieron un expediente contra Joaquín Alós, que al mismo tiempo
denunció de insubordinación a los vecinos de la provincia, los cuales según él se
estaban amotinando y no lo reconocían como representante del rey.144

– El auge de los ochenta

Esta década, en lo que respecta a la minería, se distinguió por la intensa actividad


e importantes resultados a nivel de la producción registrada. Las cifras que se
registraron en el Banco de San Carlos, procedente de Chayanta, en su mayoría
pertenecían a los mineros azogueros con propiedades en el asiento de Aullagas. Sin
embargo, debemos decir que aunque la mayor cantidad de plata era registrada por
el grupo de mineros azogueros peninsulares, también había un grupo numeroso
de trapicheros, de los cuales nos vamos a ocupar más adelante.
Como podemos apreciar en la serie que hemos realizado con el registro de
plata de esta década dorada de la producción en Chayanta, se destaca un grupo
de mineros azogueros que se distinguen por las elevadas cantidades que estaban
registrando y que aparecen como dueños de los siguientes ingenios,145 que ofre-
cemos en cuadro iv.
Durante estos años de auge, o los inmediatos anteriores, fueron construidas
diferentes plantas de beneficio, tanto ingenios como trapiches, que luego para
la década siguiente se encontraban en su mayoría sin labor, como lo demuestra
la visita que se realizó en 1792 (véase cuadro iv). El ingenio de Lurucachi se
construyó entre 1784 y 1786 y a los tres años estaba parado. También Manuel
Campero, vecino trapichero en este asiento de Aullagas, construyó su trapiche
llamado Nuestra Srª de los Dolores entre el ochenta y uno, y ochenta y dos.146

144 agi. Buenos Aires, 439. Cuaderno 7. “Autos seguidos por el común de vecinos del asiento y
mineral de Aullagas sobre el Banco de Rescate”. Firman Isidro Pimentel, Tomás de la Fuen-
te, Gabriel Iglesias, Pedro Salcedo, Luis Córdoba, Pedro Requena, Vicente de Molina, José
Carrasco, Lorenzo Peláez, Ignacio Miranda, Martín Mendoza, Hilario Centellas, Antonio
de la Orden, Juan Antonio Barceló, Domingo Mínguez.
145 Según el diccionario de García Llanos: “Aunque el nombre de ingenio comprende otras
muchas cosas concernientes a él, propiamente es ingenio el artificio con que se muele el
metal que las partes principales de que consta son: canal, chiflón, rueda, eje, quijo, cureñas,
chumaceras, castillo, triangulo, cabezales, cadenas, mazos, levas, sobardos, almadenetas,
tejos y montero, de las cuales no hay necesidad de decir en particular”. Véase de este autor,
Diccionario y Maneras de Hablar que se usan en las minas… Estudio introductorio de Gunnar
Mendoza y comentario de Thierry Saignes. musef, La Paz, 1983.
146 Véase apéndice, Visita del mineral de Aullagas de 1792.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 63

Las instalaciones llamadas ingenios eran propiedades más o menos grandes


que en ocasiones también contaban con grandes extensiones de terreno donde
estaban asentados los trabajadores. Podían tener distinta estructura, además de
los molinos movidos por ruedas hidráulicas o por fuerza animal, contaban con
diversos espacios donde se realizaban los diferentes procesos del beneficio del
mineral: tanques o buitrones, acequias, hornos, almacenes o galpones, viviendas
e incluso capillas. Sin lugar a dudas para construir estas plantas de beneficio se
necesitaba un importante capital.
La mayoría de los ingenios en Aullagas se encontraban cerca de un río o
arroyo llamado Macha, por lo cual se supone que movían el molino con energía
hidráulica. Durante la década de los ochentas estaban trabajando 10 ingenios,
además de numerosos trapiches. De estos, algunos propietarios se encontraban
ausentes y estaban a cargo de un responsable, o en algunos casos arrendados. Por
ejemplo, Francisco Llera Majón era vecino de Potosí y tenía su ingenio en manos
de un apoderado, y Baltasar Alvarez Reyero se encontraba en La Plata durante
1778-84 y años después se marchó a la Península dejando su ingenio arrendado
a Francisco Basagoitia.

Cuadro IV
Propietarios de ingenios en el asiento de Aullagas, 1792

Ingenios Propietarios
San Antonio de las Peñas Francisco Llera Majón
1791 en paro.
Lurucachi Tomás Cortés
1789 en paro.
Nuestra Sra. Del Rosario Baltasar Alvarez Reyero (p)
Arrendatario Francisco Basagoytia (p)
Trabaja a tiempo parcial.
La Palca Francisco Amaral (p)
José Antonio Amaral (c)
1792 en paro.
Angostura Manuel Bayro
1792 en paro.
Macha y Esquena Juan Bautista Ormaechea (p)
Esteban Amezcaray (p)
N. Sra. Concepción José Astuena (p)
de Guancarani Herederos de José Astuena
Interventor: Pedro Vargas (c)
Churicala Ramón Urtizberea (p)
Ayoma Francisco Güemes (p)
Fuente: AHP. Gobierno e Intendencia, Caja 30. Visita de Aullagas 1792.

No siempre encontramos a los dueños de ingenios efectuando los mayores


registros de plata, como se puede observar en el cuadro de los registradores, pues
64 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

a veces eran los trapicheros o a veces personas a las que no se les conocía como
propietarios de plantas de beneficio de plata, y que rescataban y beneficiaban su
plata en una de las muchas de las instalaciones de Chayanta. Un ejemplo al que ya
hicimos referencia era el azoguero Francisco Llera Majón, vecino de Potosí que
tenía su ingenio a cargo del administrador José González Tames. Sus registros de
plata no eran muy cuantiosos ni regulares por lo que sospechamos la posibilidad
de que estuviera vendiendo la plata en Potosí o que tuviera un habilitador que
recibiera la plata a precio de descuento. Buechler hace referencia a las dudas sobre
el origen de la plata que registraba en el Banco de San Carlos el azoguero Luis
Orueta, pues se sospechaba que compraba los marcos de plata en provincias y
luego los vendía a precios más ventajosos como azoguero del gremio en el Banco
de San Carlos.147 Debemos de contemplar la posibilidad de que mucha plata de
Aullagas se registrara como potosina u orureña.
El ingenio llamado San Antonio de las Peñas o Escalerilla estaba ubicado a
una legua de San Miguel de Aullagas. Tenía una sola cabeza con seis almadenetas,
sus hornos, buitrón y todos los espacios propios para el beneficio del mineral, el
cual sacaban de diferentes minas situadas en diferentes vetas: Zibelo, San Nicolás
y la Purísima.148
Tomás Cortés era el dueño del ingenio de Lurucachi situado a tres leguas del
asiento de Aullagas, el cual se empezó a construir en 1784 y se terminó en 1786. Es
como dijimos anteriormente, una de las instalaciones que nacen al calor del auge
minero y que en 1789 estaba parado, según la declaración que hizo el azoguero
en la visita de Aullagas de esa fecha. Pocos años después lo debió vender a Juan
de Lucuy.149 De su ingenio decía:

“Ytem tiene buitrón, lavadero, piña guasi, almacén para los azogues y aperos,
semanería para recoger azadones y herramientas, cerco cuadrado para acopiar leña,
galpón para la icha y otro separado para entrojar la sal, cal y salitres para los beneficios
y la casería de cuatro viviendas principales”.150

Precisamente para el primer quinquenio de los ochentas había registrado una


moderada cantidad de plata, pero en 1785 no vuelve a registrar (véase cuadro de
registradores principales 1781-85 al final del capítulo). Por tanto, no podemos
suponer que los dueños de ingenios sean siempre los principales registradores.
Durante el quinquenio de mayor auge 1781-1785, los registradores que se
destacaron fueron por orden de importancia: Lucas Villafañe, Baltasar Alvarez

147 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad…p. 359.


148 Véase apéndice la Visita de minas de Aullagas de 1792.
149 anb. Minas, T. 78, N° 3, Año 1795. D. José Arias sobre la deuda por habilitación de D. Juan
Lucuy, dueños del ingenio Lurucachi.
150 Véase la Visita del mineral de Aullagas de 1792.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 65

Reyero, Esteban Amezcaray, Ramón Urtizberea, Francisco Güemes y Tomasa


Carpio, de la cual no tenemos más información que los registros de plata en el
Banco de San Carlos.
Lucas Villafañe representa durante esta década de los ochenta uno de los
principales registradores que superó en varias ocasiones más del diez por ciento
del total de la plata registrada en Chayanta. Ya hicimos mención de su participa-
ción como teniente del corregidor a fines de los setenta, lo cual le trajo bastantes
enemistades al estar a cargo del Banco de rescate. Suponemos que mientras fue
teniente del corregidor Alós pudo medrar a sus anchas. Este Azoguero era criollo
oriundo de Oruro, donde sus padres Santiago Villafañe, originario de Burgos, y
su madre María Antonia Zubieta estaban asentados y practicaban el oficio de azo-
gueros dueños de minas e ingenios. Decía que después de la muerte de sus padres
con la escasa herencia familiar se estableció en Chayanta en 1767 y se dedicó al
oficio de sus padres y al de rescatar marcos de plata. Como ya apuntamos no le
conocemos ni ingenio ni trapiche, aunque si propiedades mineras, como queda
reflejado en el apartado siguiente. Sin embargo sabemos que estaba casado con
Rosa Iporre, la cual suponemos hermana de Bernarda Iporre, propietaria de un
trapiche.151

Cuadro V
Principales registradores de Chayanta, 1781-1785

Registradores Total de marcos Proporción en cuanto el total de la plata registrada:


4456,933 Marcos
Villafañe Lucas 44.028 marcos 9,63%
Alvarez Reyero 40.254 marcos 8,80%
Amezcaray, Esteban 33.483 marcos 7,32%
Gúemes, Francisco 21.489 marcos 4,70%
Carpio Tomasa 10.570 marcos 2,31%
Amaral, J. Antonio 10.413 marcos 2,27%
Urtizberea, Ramon 7.726 marcos 1,6%
Fuente: AHP. Libros Banco de San Carlos de Potosí.

Villafañe en 1784 envió un memorial pidiendo el cargo de alguacil mayor de


la Audiencia de Charcas o algún oficio de la Real Hacienda o de la Academia de
Metalurgia de Potosí. Avalaba su relación de méritos el intendente de Potosí Juan
del Pino Manrique y en este memorial se hacía referencia a su participación activa
en la pacificación de Chayanta y haber descuidado sus intereses económicos en
beneficio de la Corona. No podemos imaginarnos cómo fue perjudicado en sus

151 Véase apéndice, Visita del mineral de Aullagas de 1792.


66 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

negocios mineros cuando sus registros son los más cuantiosos durante los años
de mayor producción y mayor impacto de la sublevación, 1782 y 1783. Durante
estos dos años fue el máximo registrador con 13 % del total de la plata registrada.
La suma de toda su producción registrada desde 1781 a 1790 supera los 50 mil
marcos. No sabemos la resolución de esta petición pero no tenemos noticas de
que hubiese conseguido ningún cargo de los que aspiraba.152
Baltasar Alvarez Reyero, peninsular nacido en Lois (León),153 paisano y
pariente del fiscal de la Audiencia de Charcas, Tomás Alvarez Acevedo, llegó a
Charcas en su compañía el año 1769.154 Debió de trasladarse muy pronto a Cha-
yanta, pues tres años más tarde de su llegada, en 1772, ya tenemos noticias de que
estaba registrando plata. Es posible que empezara como canchero y apoderado
de José Astuena en sus minas de la veta de la Purísima Concepción en Anconasa.
Sus posesiones mineras fueron muchas y muy importantes y debieron de darle
el suficiente poder económico para conseguir un buen papel dentro de la polí-
tica municipal de La Plata, donde en 1779 y 1780 fue elegido alcalde ordinario
del cabildo y ese último año compró “la vara de alférez real” en 1000 pesos.155
Durante los primeros años de la década de los ochenta, en plena sublevación,
parece que permanece en La Plata, donde se encontraba cuando empezaron los
acontecimientos violentos en Chayanta. Su papel más protagónico lo ejerce como
alférez real especialmente en las fiestas de la proclamación del nuevo rey Carlos
iv. Como lo refiere Eugenia Bridikhina, la importancia de este cargo municipal
como portador del pendón o estandarte real se hace especialmente significativa
como símbolo monárquico institucional en el momento de la sucesión.156 En esta
misma celebración tuvo un papel destacado por sus gestos de generosidad:

“ha dado repetidas pruebas de su lealtad y amor al Rey, pues además de los crecidos
gastos que hizo en las funciones, arrojó al pueblo en distintos días 30 monedas de plata
del peso de una onza, sin la crecida cantidad de otros varios tamaños que había hecho
acuñar y que también derramó al pueblo, cedió a favor de la real Hacienda 500 pesos
que le destinó la ciudad para ayuda de gastos, distribuyó muchas limosnas y dotó a
nombre de s.m. a una doncella para tomar estado de religiosa con 30 pesos diarios”.157

Respecto a sus propiedades mineras sabemos que tenía un ingenio llamado


Nuestra Señora del Rosario en el mineral de Anconasa con todas las estancias

152 ags. sgu, Leg. 6600, 50.


153 ags. sgu, Leg. 6811, 27. Relación de los méritos y servicio de Don Baltasar Alvarez Reyero.
154 agi. Contratación, 5510, N 2, R 30.
155 ags. sgu, Leg. 6811, 27.
156 Véase el acto ceremonial de la jura a la lealtad al nuevo rey en Eugenia Bridikhina, Theatrum
Mundi. Entramados del poder en Charcas colonial, La Paz, Plural editores e ifea, 2007, p. 181
157 Citado por Eugenia Bridikhina, ibídem, p. 202.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 67

requeridas e incluso capilla, donde había un capellán que daba misa diaria. Entre
las minas más ricas, era propietario de la de Nuestra Señora del Camino en la veta
de la Purísima y otra en la veta Sacramento de Anconasa. Existe un testimonio del
intendente de Potosí en el que dice que el azoguero registró en el Real Banco de
San Carlos 98.357 marcos.158 Estas propiedades se encontraban bajo arriendo a
partir de 1790, en que el azoguero y alférez real se trasladaba a la Península. No
sabemos el dinero acordado para el arriendo de estas propiedades, las únicas minas
que según la visita de 1792 declaraba Francisco Basagoytia como arrendatario de
Alvarez Reyero, pero no aparece referencia de los registros que tenía en la veta
de Colquechaca o en el asiento de Maragua.
Fueron sonados sus pleitos con el paisano, y posiblemente pariente, Manuel
Alvarez Villarroel, también originario de León que llegó a Aullagas cuando
Baltasar ya estaba establecido. Recordemos que este es el azoguero que prendió
a Tomás Catari y que después ajusticiaron los indios en el asedio de Aullagas.
Dicen los testigos que llegó Villarroel “en un traje lo más lamentable que bien
daba a entender su miseria y total pobreza, y así en aquella miseria lo recogió
en su casa Don Baltasar Alvarez Reyero”.159 Según el testimonio de Francisco
Antonio Urtizberea, Villarroel fue recomendado por el fiscal de la Audiencia de
Charcas, Tomás Alvarez de Acevedo, y podríamos sospechar que pudieran ser
también parientes.160
A pesar de no tener experiencia en minas, el azoguero lo empleó como can-
chero en su mina de Anconsa dándole el salario de 15 pesos semanales. En 1778,
Baltasar cedía esta mina de Anconasa a Villarroel, según algunos testimonios y,
según otros, se la vendió. El problema se suscitó con unos quintales de mineral
que estaban almacenados en la cancha mina y que se disputaban como propios
los dos azogueros. La mina, según algunos testimonios, podía estar valorada en
cincuenta mil pesos. Cuando Baltasar fue a sacar el mineral de la cancha mina,
Villarroel lo persiguió y amenazó de muerte tratándolo de ladrón.
El juicio sobre este incidente implicó el testimonio de la mayoría de los
azogueros que discrepaban en que fuera donación gratuita, algo que les resultaba
increíble tratándose de una mina tan rica, la cual estaba en su mejor momento.
Según los testimonios, Villarroel llevaba tan sólo un año en Aullagas al servicio
de Baltasar, cuando este último arreglaba todos los negocios en Chayanta porque
se disponía a partir hacia La Plata. La venta de la mina estuvo a punto de cerrarse
con Antonio Armandos que llegó de Potosí para este negocio, acordándose en
veinte y cinco mil pesos, pero al final no se concretó la operación. El litigio per-
duraba todavía en 1782, ya muerto Villarroel, y aunque no nos consta la decisión

158 ags. sgu, Leg. 6811, 27, Imagen 14.


159 anb. Minas, T- 73, Nº. 2, f. 38.
160 anb. Minas, T. 73, N. 2, f. 11. Testimonio de Francisco Antonio Urtizberea.
68 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

final de la Real Audiencia sabemos que la mina de Nuestra Sra. del Camino en
Anconasa volvió a ser propiedad de Baltasar, el cual cuando abandonó Charcas
en 1790 dejó sus propiedades arrendadas a Francisco de Basagoytia.
Después de la muerte de Tomás Catari, sus hermanos van a liderar a los indios
sublevados de Chayanta y uno de sus primeros actos lo constituirá la venganza. Se
dirigieron hacia el mineral de Aullagas para acabar con Villarroel. Los trabajadores
entregaron a este azoguero, que fue asesinado y sus propiedades fueron asaltadas
y repartidas por los que participaron en el asedio de Aullagas. Es muy posible que
sean estos perjuicios a los que alude Alvarez Reyero en su memorial cuando dice que
“no satisfechos los sediciosos con esto quemaron y talaron sus haciendas, habiendo
llegado el perjuicio, según su cálculo prudencial a cerca de medio millón de pesos
fuertes”.161 No tenemos noticias de asaltos, robos ni otro tipo de perjuicios en las
instalaciones mineras de Chayanta durante la sublevación indígena, por tanto su-
ponemos que fueron sus antiguas propiedades, la mina de Anconasa y su ingenio en
manos de Villarroel, las que fueron perjudicadas. Sabemos que el azoguero Alvarez
Reyero no registró plata en 1781, pero al año siguiente registró la cantidad de 7.129
marcos, siendo el segundo en importancia en cuanto a la producción registrada, tan
solo superado por Lucas Villafañe (véase cuadro de registradores). Precisamente
este año de 1782 fue el año en que se registró la mayor cantidad de plata en el co-
rregimiento de Chayanta, por tanto suponemos no fueron muchos los perjuicios
en la actividad minera. Como puede apreciarse en los cuadros que elaboramos con
los registros de plata durante la década de los ochenta, Alvarez Reyero se destacaba
como uno de los principales registradores, llegando a alcanzar en 1790 más del 20
% del total de la plata registrada procedente de Chayanta.
De Alvarez Villarroel tenemos testimonios que lo describen como cruel y
prepotente, además de desagradecido con su paisano Baltasar Alvarez Reyero,
según el testimonio de muchos de los vecinos mineros y azogueros de Aullagas.
En su conflicto con el corregidor se levantaron denuncias que decían que era
cruel con los trabajadores y “que a puros golpes había muerto a dos o tres indios
trabajadores de la mina que administra”, y que cuando era canchero de Baltasar,
azotó a un negro hasta la muerte porque acusado de robo declaró que lo había
incitado Alvarez Villarroel.162 Escobedo tampoco tenía muy buena opinión de
este azoguero.163
Baltasar Alvarez Reyero volvió a la Península en febrero de 1790 y, como
solía ser comportamiento generalizado entre los indianos exitosos, se construyó

161 ags. sgu, Leg. 6811, 27, Imagen 22.


162 agi. Buenos Aires, 439. N° 4.
163 agi. Buenos Aires, 439. Reservada, Nº 50. Dice Escobedo de Alvarez Villarroel: “este sujeto
es notado públicamente de conducta criminal y repetidos e impunes atentados sobre que dudo
si en la misma Audiencia se ha seguido autos criminalmente”.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 69

una casona en su pueblo de Lois (León), y continuó los vínculos con su pariente
Tomás Alvarez Acevedo, con el cual se unió en compadrazgo al bautizar a uno de
sus hijos. También para rematar su posición de prestigio solicitaba a la Corona
un ascenso a coronel del ejército en 1792. Esta petición se le denegó, a pesar de
que siendo sargento mayor de las milicias de Chayanta decía haber tenido una
actuación significativa durante la sublevación, detalle del que no tenemos ninguna
evidencia, tal cual se argumenta también en la resolución de su solicitud.164
Esteban Amezcaray y el Dr. Juan Bautista Ormaechea eran socios y propieta-
rios de lo que llamaron dos ingenios menores, que según la descripción no tenían
almadenetas sino ruedas, piedras voladoras y soleras, es decir se trataba de lo que
conocemos por trapiches. Estas instalaciones se encontraban a dos leguas del río
Macha, pero también tenían otro ingenio llamado Aguas de Castilla en Uncía,
el cual costó levantarlo “de cuatro a cinco mil pesos”. Las principales minas que
trabajaban se ubicaban en el cerro de Anconasa, en la veta de la Encarnación y en
la veta de Colquechaca, y en el cerro de la Gavia y la veta con el mismo nombre.
Amezcaray era todo un personaje en Aullagas, referencia entre los mismos
azogueros y bien relacionado con las principales autoridades de La Plata. La Real
Audiencia de Charcas le propuso para sustituir a Joaquín Alós, pero se disculpó.
Amezcaray había estado haciéndole préstamos a Tomás Catari y es muy posible
que supiera que la situación no estaba en Chayanta como para ejercer de corre-
gidor. No tenemos datos precisos sobre la relación de Tomás y el azoguero, pero
sabemos que le hizo préstamos que le fueron devueltos después de su muerte
por sus hermanos. En qué condiciones y para qué fue empleado el dinero, no lo
sabemos pero resulta bastante significativo.
Desafortunadamente no contamos con muchos detalles sobre la vinculación
de este azoguero y su socio el Doctor Ormaechea, del cual sabemos que mantuvo
un fuerte conflicto con el corregidor Alós, que le llevó hasta la cárcel. Escobedo
decía en una de sus cartas a José de Gálvez en noviembre de 1780, donde informaba
la situación de Chayanta, de la existencia de un grupo de oposición al corregidor
Alós, donde se encontraban relacionados el cura Merlos, el coronel Alvarez Vi-
llarroel, el presidente de la Audiencia de Charcas, el oidor Marqués de la Plata y
al doctor Ormaechea, abogado de la Audiencia de Charcas.165
Juan Bautista Ormachea, abogado de la Real Audiencia de Charcas, gui-
puzcoano de nacimiento, decía haberse doctorado en teología en la Universidad
de Córdoba de Tucumán, y pasó a la ciudad de La Plata en calidad de jurista
consultor en el Concilio Provincial a celebrarse en esa ciudad en 1776. En la
Universidad de San Francisco Javier se doctoró en derecho y consiguió en 1779

164 ags. sgu, leg. 6811,27.


165 agi. Buenos Aires, 439. Reservada N° 50. Escobedo a Gálvez, Potosí 16 de noviembre de
1780.
70 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

ser nombrado por el presidente de la Audiencia de Charcas, auditor de Guerra


y también fue alcalde ordinario de La Plata. Aunque se sospechó de su apoyo a
Tomás Catari y fue evidente su enemistad con el corregidor Joaquín Alós, en un
memorial presentado en 1790 para pedir un puesto de oidor en la Audiencia de
Charcas, destaca su importante papel en la pacificación de Chayanta y en la lucha
contra los sublevados. Dice haber despachado a 98 hombres de sus minas para
prender a Pedro Caypa, cacique y líder de Pocoata.166 No es de extrañar que no
hiciera alusión a sus propiedades mineras en Chayanta, pues se supone que en
teoría, según la legislación, los oidores no debían de tener ese tipo de negocios
dentro de la jurisdicción de la institución donde se desempeñaban. En 1792, los
dos socios Amezcaray y Ormaechea tenían dos trapiches en Aullagas y un ingenio
Agua Caliente en Uncía. Tenían importantes minas de plata en los cerros de la
Gallofa, la Gavia y en Anconasa, concretamente en la famosa veta Colquechaca.
También poseían intereses de oro en Capasirca, distante a 6 leguas de Chayanta.167
El coronel de milicias Francisco de Güemes, el cual se declaraba “Azoguero,
descubridor, dueño de minas e ingenios en esta ribera de Aullagas” fue un personaje
importante en la intendencia de Potosí. En 1775 fue nombrado administrador
del Banco de Rescate de Potosí (partidario de Pedro Tagle, oidor y anterior ad-
ministrador del banco), pero no tuvo mucho éxito ni apoyos en su gestión y fue
sustituido por el Conde de San Antonio en 1776, debido a su enfermedad y a la
enemistad con el gremio de azogueros.168 Es posible que poco después de dejar su
cargo en Potosí se fuera a Aullagas y le comprara el ingenio Ayoma a Francisco
Amaral, en 4500 pesos por estar en malas condiciones.169 En 1776 se decía vecino
de La Plata y estaba casado con Antonia Prudencia Martirena del Barranco, la
cual cuando enviudó se volvió a casar con Joaquín Pérez Uriondo y Murgía, oidor
de la Real Audiencia de la Plata.170
El administrador del ingenio San Roque de Ayoma, que compró a Francisco
Amaral, fue José Antonio Echaniz. En 1784 trabajaba en compañía de Felipe
Peláez de la Canal una mina llamada San Nicolás en el cerro de Anconasa, la
cual en 1785 se cerró por las aguas,171 pero a la muerte de Felipe, su viuda María
Josefa Artajona tuvo un fuerte conflicto con Güemes acerca de las propiedades
que comprendían la compañía. Tan sólo encontramos referencia a la producción

166 agi. Estado, 76, n. 33. Relación de los méritos y servicios del doctor D. Juan Bautista de
Ormaechea.
167 Visita del mineral de Aullagas. El informe de Dr. Juan Bautista Ormaechea, 30 de abril de
1792.
168 Sobre la gestión de Francisco Güemes en el Banco de Rescate de Potosí, véase Buechler,
Gobierno, Minería y Sociedad…, p. 49.
169 anb. csj. 100. Juicio seguido por Manuel de Santander, 1832-1834.
170 anb. csj. 100. N° 1, 100. Años 1800-1801.
171 anb. Minas, T° 73, N° 11, Años 1785-86
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 71

de esta asociación durante los años de 1787 y 1788, registrándose algo menos de
cinco mil marcos.
Güemes se movía entre distintos centros y entre distintas Cajas Reales, sa-
bemos que en 1780 estaba sacando azogues de la Caja Real de Oruro.172 Tenía un
hermano contador en la Caja Real de Carangas, el cual es posible que también
lo abasteciera de azogues.173 En 1767 estaba registrando plata también en esta
Caja de Carangas, aunque en pequeñas cantidades; hay registros de sus frecuentes
traslados a este centro, hasta que su hermano murió a manos de los sublevados
en Carangas.174 El coronel Francisco de Güemes representa un claro ejemplo de
personaje bien establecido en la ciudad de la Plata, con cierto prestigio, y bien
relacionado, que ejercía de rescatador, minero y azoguero y pensamos que era esta
última actividad la que le permitía mantener su posición social. En todo caso los
registros de plata fueron fluctuantes y su mejor año fue en 1785, cuando registró
más de diez mil marcos de plata.
Pedro Vicente Vargas interventor del ingenio que fuera del finado José
Astuena, consiguió hacerse con unas minas pertenecientes a la testamentaria de
este azoguero, la cual le adjudicó Francisco de Paula Sanz con el argumento de
despueble. Vargas era hijastro de Blas Gascón, oficial real de la Caja de Oruro,
el cual se casó y se fue a Buenos Aires y lo dejó como contador sustituto de esa
Caja en 1777. Estando en Oruro, propuso a Escobedo erigir un Banco de rescate
en 1781, y suponemos que ya debía de conocer el caso de Joaquín de Alós en
Chayanta y de las ventajas que obtuvo a través del rescate de plata.175 En 1784
estaba pidiendo continuar en la Caja de Oruro, donde argumentaba haber servido
fielmente desde 1778 y dijo haber contraído una gran responsabilidad por haber-
se casado con Rosa de Ayala, la viuda del corregidor de Paria asesinado por los
sublevados en 1781.176 A partir de 1786 lo encontramos realizando importantes
registros de plata que podían provenir de sus minas propias o de la testamentaria
de Astuena, pues estaba encargado de la administración de las posesiones que
este azoguero dejó a sus herederos, entre ellas el ingenio de Guancarani (véase la
visita de Aullagas en el anexo).
Como apuntábamos anteriormente, la mayoría de los azogueros de Aullagas
estaba vinculada a la administración colonial o a la inversa. Ya observamos que ha-
bían azogueros-corregidores, corregidores-azogueros, oficiales reales-azogueros,
oidores-azogueros, administradores de rentas, y por supuesto aquellos vinculados

172 agi. Charcas, 649, Caja Real de Oruro, 1780.


173 Juan Manuel Güemes murió durante los acontecimientos de la sublevación indígena en
Carangas. Véase Gavira, Población indígena, sublevación y minería, pp. 77-84.
174 Encontramos en 1787 en Potosí un azoguero llamado José Güemes, del cual no sabemos si
estaba emparentado con Francisco Güemes.
175 Gavira, Historia de una crisis…, p. 239.
176 agi. Charcas, 709.
72 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

con los cargos municipales, como por ejemplo el de alférez real. Es difícil gene-
ralizar si primero era el poder económico y después la posición política, o a la
inversa. Tenemos ejemplos, como hemos señalado, en los dos sentidos.
Lo que advertimos durante el segundo quinquenio de la década de los ochen-
ta es que los grandes registros que efectuaban los azogueros de los que hemos
hecho referencia ya no son tan cuantiosos, salvo Alvarez Reyero que continuaba
registrando cantidades superiores a los treinta mil marcos, el resto como se puede
apreciar en el siguiente cuadro disminuyó sus registros. También hay que señalar
que en este quinquenio baja la producción en un 50% aproximadamente. Des-
tacamos que se observa una mayor cantidad de plata registrada por trapicheros
o azogueros menores.

Cuadro VI
Registradores de plata de Chayanta, 1786-1790

Registradores Total de marcos Proporción en cuanto el total de la plata registrada:


239,219 Marcos
Villafañe Lucas 12.498 marcos 5,22%
Alvarez Reyero 35.413 marcos 14,80%
Amezcaray, Esteban 8.088 marcos 3,38%
Gúemes, Francisco 6.252 marcos 2,61%
Carpio Tomasa 2.192 marcos 0,91%
Amaral, J. Antonio No registra ---
Urtizberea, Ramon 1.099 marcos 0,45%
Fuente: AHP. Libro del Banco de San Carlos.

Respecto a la década de los noventa, toda la información nos manifiesta una


crisis importante. Los registros de la plata descendieron de manera drástica en
1792 cuando no se alcanzó ni treinta mil marcos (véase el cuadro vii). El subde-
legado y visitador de minas Luís Antonio del Toro nos comentaba en la Visita de
Aullagas que las causas de esta crisis eran múltiples y que ya se arrastraba el año
anterior. El visitador hacía una relación de motivos entre los cuales se destacaban
la antigüedad de las explotaciones y la falta de recursos de los mineros azogueros.
Las minas cada vez tenían más profundidad y el problema de las inundaciones
requería de capital para invertir en los socavones o máquinas para desagües. Una
manifestación contundente es la cantidad de minas sin labor y de ingenios y tra-
piches también parados.177

177 Véase apéndice, Visita del mineral de Aullagas, 1792.


los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 73

Cuadro VII
Producción de Chayanta 1780-1800

Años Marcos Años Marcos


1780 60,082 1790 46,005
1781 63,392 1791 43,632
1782 106,430 1792 27,235
1783 99,108 1793 29,032
1784 108,053 1794 38,920
1785 79,950 1795 32,277
1786 51,888 1796 34,530
1787 61,733 1797 29,659
1788 45,215 1798 28,832
1789 34,378 1799 26,571
1790 46,005 1800 13,128
Fuente: AHP. Libro del Banco de San Carlos.

– Los trapicheros:

Según el Diccionario de la Real Academia Española, trapiche es una palabra de


origen latino que designa al molino para extraer el jugo de algunos frutos de la
tierra, como la aceituna o la caña de azúcar. Realmente este era el origen de los
trapiches de mineral, pues la estructura era la misma, un molino para triturar
el mineral que generalmente se movía por fuerza animal o humana. El trapiche
funcionaba haciendo girar dos ruedas pesadas sobre una pista, que a veces se
encontraba un poco sumergida para agregar el mercurio y magistral para el be-
neficio de la plata. Esta instalación era más pequeña y por tanto de menor costo
y mantenimiento que el ingenio; eso también explica que frente los 10 ingenios
en Aullagas en 1792, hubiera 20 trapiches, aunque algunos no estaban en esa
fecha en labor.
Debemos señalar que los trapicheros tenían un origen social y étnico muy
variado, encontramos a españoles, mestizos e indios, y también mujeres. La opi-
nión generalizada sobre los trapicheros era muy negativa por su vinculación con
los capchas y jucos, o también considerados ladrones de minas. La definición de
jucos aportada por Rück es la siguiente:

“Los trabajadores que furtivamente entran a las minas abandonadas por algún tiempo
para explorar el mejor metal que encuentran con grave perjuicio de los dueños y
del mismo laboreo por el desorden con que verifican sus trabajos y por no extraer
jamás caja alguna con lo cual poco a poco obstruyen toda labor. En Potosí guardan
cierto orden que en algunas veces es acordado con el dueño de la mina y a vista de
74 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

los mayordomos de éste, para impedir cualquier trabajo inconveniente y ruinoso.


Los metales que explotan los jucos los suelen partir con el dueño de la mina, lo que
no impide que se queden siempre con la parte más rica”.178

Durante el siglo xviii, en Potosí se mantuvo en ocasiones una batalla contra


ellos pues los creían responsables de los robos, pues no siempre la entrada en las
minas eran con el permiso y vigilancia de los propietarios. Los capchas, señala
Tandeter,179 habían surgido a fines del siglo xvii y se habían permitido como
estrategia para atraer a la mano de obra libre al centro de Potosí, pudiéndose
comparar con el partido en los centros del virreinato novohispanos, las doblas
en Oruro, o la pepena en las minas de Chile. En 1764, el virrey Amat explicaba
así la situación: “especie de compensación de cuerpo a cuerpo (de empresarios
a trabajadores) por aquel salario que se les deja de pagar”.180 Pero los capchas
terminaron representando un sector de la minería independiente con acceso a ga-
nancias sustanciales y eso levantó reticencias entre las autoridades y los azogueros.
Según Tandeter, los capchas acudían a los dueños de trapiches para utilizar sus
instalaciones para beneficiar la plata extraída; para ello también necesitaban un
crédito o avío que podía ser provisto por los trapicheros, pulperos o rescatistas de
plata. Los trapicheros sacaban una buena ganancia por las condiciones ventajosas
que imponían a los capchas por el uso de las instalaciones y del crédito. También
se quedaban con los relaves o restos de amalgama de mercurio y plata que podía
volver a procesarse con sustanciosos beneficios.
El número de trapiches en Potosí fue aumentando a medida que proliferaban
los capchas. En 1759 existía en la villa de Potosí 210 trapicheros y rescatistas de
pella, de los cuales 84 eran españoles y 126 indios, incluyendo 9 curacas. La preocu-
pación de las autoridades por la importancia que tomaban los ladrones de minas
y sus escándalos se tradujo en algunas medidas que no dieron el fruto esperado.181
Se consideró que el número excesivo de trapiches era responsable de estimular la
labor de los capchas y una de las soluciones que se propusieron fue destruir todos los
trapiches que fueran de indios, mestizos, zambos, y mulatos. Se pretendía restituir
el prestigio que antes tenían como azogueros al quedar en manos de propietarios
españoles. Al final no prosperó esta medida. De todas formas, en Potosí los tra-
picheros se asociaron generalmente con gente de mal vivir y con el contrabando.
En Chayanta, al igual que en Oruro, no encontramos vinculación directa
entre los ladrones o jucos y los trapicheros; sin embargo también encontramos

178 F. Lange y C. Salazar-Soler, Diccionario de Términos Mineros…, p. 301.


179 Enrique Tandeter, “La producción como actividad popular: ladrones de minas en Potosí”, en
Nova América, 4, 1981, pp. 43-65.
180 Ibidem, citado por Tandeter, p. 49.
181 Ventura Santélices pedía la presencia de más soldados en Potosí para controlar a los capchas,
pero el virrey se negó por creer exagerada la propuesta. agi. Charcas, 435.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 75

connotaciones negativas, pues así decía el subdelegado Francisco Arias sobre el


comportamiento de Francisco Javier Boza y su mujer que con el título de azogueros
residían en Toracari, los cuales tenían escandalizado el pueblo con “su conducta y
versación”. Denunciaba el poco trabajo de sus minas e ingenios, producto de su
“irregular conducta que más corresponde al de un infeliz trapichero”.182 De manera
que terminaban por relacionar el escándalo, la falta de formalidad y la irregular
conducta con los trapicheros. En cambio, otros trapicheros eran bien aceptados
y además tenían minas como era el caso de Don Juan Morales o el administrador
de tabacos de Chayanta, Don Melchor Ribera.183
Los veinte trapicheros que señalamos en esta lista elaborada en 1792 son de
diferente origen étnico, sexo y, por tanto, prestigio social. Nos parece interesan-
te destacar a Pascual Titu, indígena, y como él mismo se denomina “tributario
del ayllo de Sullcata”,184 el cual además aparece en la lista sin el don, que hemos
respetado en la trascripción del documento. Por supuesto, los indios podían ser
propietarios de minas, y en el mismo Chayanta se reconocen minas en manos
indígenas aunque donde más frecuente encontramos estos casos es en Salinas de
Garcimendoza. En este centro minero se cerró la Caja Real debido a su crisis
minera a fines del siglo xvii y durante el siglo xviii encontramos muchas minas
registradas por indígenas. También había indígenas que aunque no registraban
las minas las usufructuaban por estar abandonadas, algo muy frecuente en los
centros mineros de larga duración.
Respecto a la existencia de un número significativo de trapicheros sin minas,
hay que afirmar comparar los minerales a los cancheros y jornaleros. Se trata del
mineral que se extrae de las minas a través del sistema de capitanes, trabajadores
independientes que acuerdan con los propietarios el reparto del mineral extraído
y que eran provistos de herramientas por los dueños de las minas; o también
de las buscas o remuneración en mineral de los trabajadores. En el informe del
trapichero Melchor Rivera se dice: “lo que se compra [mineral] de los dueño
legítimos, cancheros y jornaleros que se dice la busca”185 o el trapichero Andrés
Villa: “Estos metales se compran de los cancheros y jornaleros como es público y
notorio”186. Sin embargo, no hay referencias al alquiler de estas instalaciones por
los capitanes como ocurría en Potosí con el negocio de trapicheros y Capchas.­
Se puede inferir entonces que la minería informal podría manifestarse en la
proliferación de pequeñas instalaciones para el beneficio de metales, como eran
los trapiches.

182 anb. Minas, T. 73, N° 11. Fecha 1785-86.


183 Véase apéndice la Visita del mineral de Aullagas de 1792.
184 Ibídem.
185 Visita del mineral de Aullagas de 1792. Informe de Melchor Rivera.
186 Ibídem. Informe de Andrés Villa.
76 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Entre los propietarios de trapiches encontramos dos mujeres, Bernarda de


Iporri y María Ordoñez, esta última a nombre de Hermenegildo Lisondo, el
cual es posible que fuera su marido. De todas formas, hemos hecho referencia en
trabajos anteriores sobre Oruro o Carangas, a la presencia de mujeres entre los
azogueros y trapicheros. Mujeres que negociaban, que sacaban azogues, que rea-
lizaban compañías, y también castigaban a sus trabajadores con látigo en mano.187
En el caso de Chayanta no reconocemos ninguna mujer como dueña de ingenios,
es decir azoguera de profesión, pero si dueña de trapiches y como se denominaba
Bernarda Iporri, “vecina y trapichera en este asiento mineral de Aullagas”.188 En
Oruro, por ejemplo, Manuela Plazas se consideraba azoguera y como tal hacia
sus negocios y aparecía en los documentos.189 En Potosí no tenemos referencia
de ninguna mujer que realizase esta labor durante el siglo xviii y cuando María
Teresa Menéndez pidió permiso para trabajar su ingenio de Huaillahuasi y ser
admitida como miembro del Gremio, le negaron la posibilidad de común acuerdo
todos los miembros del Gremio de azogueros. La única salida que les quedaba a
las mujeres en Potosí era casarse o alquilar el ingenio.190
En los registros de Chayanta encontramos un grupo de mujeres que regis-
traban plata bajo su nombre: María Benavides, María Josefa Artajona Berdeja,
Tomasa Bustillo, Tomasa Carpio, Manuela Rosales, María Collao, Juana Velez,
Rosa Iporri, Ana Mexías, Marcelina Montellanos y María Sanguera. Sin embargo,
no sabemos si todas ellas tenían un papel activo en la minería o eran simples con-
sortes. En todo caso, es frecuente encontrarlas en los centros mineros de provincias
realizando ciertas actividades, con mayor o menor presencia en la minería, algo
que parece impensable en Potosí.
No podemos establecer qué proporción de mineral era registrada por trapiche-
ros y qué otro tanto era registrado por los azogueros de forma exhaustiva, porque no
tenemos los nombres de todos los trapicheros de Chayanta, tan sólo los de Aullagas;
y además podrían estar registrando la plata los aviadores, como era lo frecuente.
En la visita al mineral de Aullagas en 1792, la mayoría de los trapicheros decían
entregar la plata a los aviadores y estos las registraban en el Banco de Potosí. Sin
embargo, encontramos trapicheros que registraban bajo su nombre una conside-
rable cantidad. En la década de 1781 a 1790 en los registros de plata encontramos
algunos trapicheros entre los registradores más importantes, por ejemplo Tomás
Núñez que sin tener cuantiosas cantidades presenta un registro muy regular durante
toda la década, aunque subió el registro durante los años de 1786 a 1790. Otros con
registros regulares eran Lorenzo Peláez y Hermenegildo Lisondo.

187 Gavira, Historia de una crisis…, p. 99.


188 Véase apéndice la Visita del mineral de Aullagas de 1792.
189 Gavira, Historia de una crisis..., p.100
190 Buechler, Minería y Sociedad…, p. 337
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 77

Cuadro VIII
Trapicheros de Aullagas, 1792

D. Juan Morales de Figuera, tiene mina, en labor.


D. José Conde, además tiene minas, con licencia de Joaquín Alós.
D. Vicente León, en corriente, con licencia de Domingo Anglés.
D. Julián Lobo, con licencia de Nicolás Urzainqui.
D. Tomas Núñez, con licencia del subdelegado.
D. Melchor Ribera, licencia corregidor Diego Velasco en 1783.
D. Guillermo Zedillo, licencia de Nicolás Urzainqui.
D. Mariano Espejado, no tiene minas, en corriente, licencia de Diego Velasco.
D. Andrés Villa, no tiene minas, en corriente, licencia Diego Velasco.
D. Vicente Jurado, no está al corriente.
D. Pedro Ampuero, arrendado, con licencia del subdelegado Francisco Arias.
D. Manuel Campero, en corriente, con licencia del subdelegado Francisco Arias.
Dª Bernarda de Iporri, en corriente con licencia del corregidor Domingo Anglés.
D. Pedro Requena, capitán de milicias, arrendado.
D. Pedro Salcedo, en corriente.
D. Hilario Centellas, en corriente, con Licencia de Urzainqui.
D. Mariano Medrano, no está al corriente.
D. Lorenzo Peláez, no está al corriente.
Dª María Ordoñez a nombre de D. Hermenegildo Lisondo, licencia de Joaquín Alós
D. Vicente Benítez, arrendado, con licencia de Miguel Toro y Villalobos.
Pascual Titu, en corriente, con Licencia de Joaquín Alós.

La mayoría de los trapiches, según observamos por el expediente de la visita


de minas de Aullagas, habían sido construidos recientemente, podríamos suponer
que fueron animados por el auge minero de la década de los setenta y ochenta. Es
decir, durante la gestión del corregidor Nicolás Urzainqui 1773-77 se construyeron
tres instalaciones, durante la gestión de Joaquín Alós 1777-80 se construyeron otras
tres, durante la gestión de Diego Velasco 1780-83 tres trapiches, y durante la del
subdelegado Francisco Arias 1784-1791, otros tres. Por tanto, la mayoría de los
trapiches en labor del asiento minero de Aullagas fueron construidos y alentados
por el aumento de la producción de fines de los setenta y principios de los ochenta,
y ya para 1792 encontramos algunos que estaban sin labor por la carencia de me-
tales, como los de Mariano Medrano, Lorenzo Peláez o Vicente Jurado. Algunos
de los trapicheros decían tener minas y otros trabajaban el mineral comprado a los
capitanes que, como abordaremos más adelante, eran los que trabajan las minas de
forma autónoma y repartían el mineral con los dueños de las minas.
78 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

2. Propietarios de minas

Vamos a dedicar este apartado a abordar la historia de los dueños de minas que
podríamos denominar como mineros, aunque en Potosí por lo general se entendía
como minero al encargado de la mina. También vamos a permitirnos presentar los
cerros donde se encontraban las vetas y las minas más importantes de Chayanta,
haciendo algunas distinciones entre asientos de minas y minerales.
Por lo general, todos los azogueros y algunos trapicheros eran dueños de minas
y de socavones, entendiendo por estos últimos los túneles de acceso a las galerías,
utilizados ocasionalmente para el desagüe o ventilación.191 Sin embargo también
estaban presentes algunos propietarios de minas que beneficiaban su mineral en
las instalaciones de los azogueros o trapicheros de Chayanta. Como pudimos
comprobar por los testimonios sobre los principales azogueros (entendiendo
propietarios de minas e ingenios), estas obras de infraestructura conocidas como
socavones requerían de una fuerte inversión y a veces colaboraban diferentes in-
teresados en la empresa de construcción. Era frecuente que con la profundización
de las minas se produjeran inundaciones y se necesitase de alguna manera vaciarlas
para continuar con el trabajo. No siempre se consideraba la mejor solución la
instalación de malacates, o máquinas destinadas para desaguar, las cuales también
requerían una fuerte inversión para la construcción de un pozo perpendicular y la
instalación de la máquina movida por tracción animal o humana; por lo general
en las minas altoperuanas se acudía a darles solución a través de los socavones,
que además ofrecían beneficios a más interesados y dueños de diferentes minas.192

191 Las diferentes definiciones de socavón que daban los expertos eran: García de Llanos, “los
que principalmente tienen ese nombre son los que se dan sin veta, dirigidos a ella, que suele
ser los comedios o faldas de un cerro y superficie de la tierra, rompiendo por derecho hasta
llegar a las minas a que se dirigen a fin de cogerlas en más honduras y labrarlas por ellos más
cómodamente”. Véase García de Llanos, Diccionario y maneras de hablar, p. 117. Velásquez
de León: “Socavón o contramina es un canal de cañón subterráneo seguido y casi horizontal
que comunica con las otras labores de la mina, las más profundas, que fuere posible, para que
por él salgan naturalmente las aguas que las inhabilitan”. Gamboa: “uno o vario callejones
subterráneos por las faldas de los montes para comunicarse con los tiros, desaguar las minas
y sacar metales, tepetates y desmontes, por deberse formar en lugar más bajo que los planes”.
Estas dos últimas definiciones están recogidas en F. Lange y C. Salazar, Diccionario de términos
mineros para la América Española (siglos xvi-xix).
192 Las características de un buen socavón según Rubín de Celis eran las siguientes: “El socavón
debe dirigirse por el camino más corto y por el paraje por donde más pronto corte las vetas o
descubra otras nuevas para aliviar así a la azoguería y costear su continuación…debe dirigirse
por donde aproveche para las lumbreras los huecos de las minas trabajadas…debe ser capaz,
solido y con suficiente ventilación…”. agi. Charcas, 438. N° 2. Dictamen de Miguel Rubín
de Celis, comisionado por el virrey del Río de la Plata para el reconocimiento de la obra del
socavón, Potosí, 27 de noviembre de 1783.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 79

En Chayanta podemos distinguir diferentes asientos mineros y minerales.193


La diferencia entre estos dos términos, según nos explica García Llanos, está en
la cantidad de gente asentada. En el asiento se supone que hay un mayor número
de gente viviendo, además de las instalaciones mineras, sin embargo en los mine-
rales nos encontramos las instalaciones mineras con un número de gente menor,
limitado a los que trabajan. Por ejemplo el asiento minero de Aullagas, era pueblo
y doctrina, y Anconasa, muy cercano a éste, era vice-parroquia y mineral, pero en-
contramos que durante la colonia la utilización de uno u otro término es aleatoria.
Los distintos asientos y minerales podían comprender diferentes cerros, los
cuales podían tener registradas una o más vetas, las cuales estaban divididas en
estacas194 de minas. Generalmente una vez que las vetas195 eran descubiertas se
registraban, se les ponía en muchas ocasiones nombre de una advocación y se iban
dividiendo en estacas de minas (antigua unidad de medida minera cuya extensión
variaba entre 60 y 100 varas horizontales y que correspondía al derecho de trabajo
de una persona).196 Según la legislación, una persona no podía acumular más de tres
estacas de minas en la misma veta. Para registrar una mina, se llevaba hasta la Caja
Real más cercana una muestra de mineral y después de pagar un monto estipulado,
generalmente 50-80 pesos (en la segunda mitad del siglo xviii) para una estaca de
60-80 varas, se concedían dos estacas al descubridor y se señalaba la llamada estaca
del rey que salía a remate público, hasta 1791 en que se reglamentó cederlas al
descubridor.197 Las Ordenanzas del virrey Francisco de Toledo fue el primer código
que reglamentaba para la minería americana estos aspectos, el cateo, el registro de
minas, las estacas, todo lo concerniente a la actividad minera. Para conservar la mina,
o mejor dicho la concesión del rey para trabajar una mina, debían de comenzar las
labores antes de que transcurriera tres meses de haberla registrado, de no ser así
podía pedirla otra persona por despoblada. Esto ocurría frecuentemente en los

193 Asiento: Todo caserío estable levantado donde hay mineral, con el propósito de explotarlo,
también significaba mineral: “es cualquier mineral poblado y antes de estarlo no lo es por no
haberse hecho asiento en él y solamente se dirá mineral, aunque se usa a veces de entre ambos
vocablos sin diferencia, más lo primero es en rigor de propiedad”, en García de Llanos, Diccionario
y maneras…, p. 10. En el siglo xix, “todo cerro, quebrada, falda y llano en que se explota vetas,
mantos, rebosaderas, veneros o aventaderos y que tiene a lo menos cinco empresarios en trabajo
con 2 ingenios o 4 codos o rastras” (Rück, 32), en F. Langue y C. Salazar-Soler, Diccionario…
194 Véase el capítulo primero.
195 Veta: (s. xvi) “vena de piedras metálicas que atraviesan los cerros; llamase manto cuando se
extiende en el monte, clavada, cuando va recta y perpendicular al cerro, echada o recostada
cuando sale por los lados, ganando longitud, serpenteada cuando culebrea, socia cuando se
juntaron otra, rama cuando sale de la principal” en F. Langue y C. Salazar-Soler, Diccionario…
196 F. Langue y C. Salazar-Soler, Diccionario…, p. 223. Definición de Rück.
197 En Nueva España, las Nuevas Ordenanzas de Minería suprimieron la estaca del Rey, sin
embargo en el virreinato del Perú y del Río de la Plata continuó vigente hasta 1791, cuando
el Consejo de Indias tomó la resolución de suprimirlas también en el resto del territorio
americano. agi. Lima, 1353. Resolución del Consejo de Indias, 2 de diciembre de 1791.
80 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

asientos mineros de larga duración donde se abandonaban las minas y se volvían a


trabajar con el tiempo, representando un motivo de frecuentes conflictos, pues el
antiguo dueño no se resignaba a perderla una vez que alguien volvía a sacar mineral.
Con el paso del tiempo y la complejidad de las labores y explotaciones mineras, se
fue ampliando la legislación que pretendía dar solución a todos los problemas que
fueron surgiendo y quedó recogida en la Recopilación de las Leyes de Indias hasta
la Nuevas Ordenanzas de Minería de Nueva España198 de 1783.
En Chayanta había diferentes asientos mineros, los más importantes en la se-
gunda mitad del siglo xviii fueron los siguientes que vamos a enumerar, señalando
los cerros, las vetas y las minas más importantes con sus dueños respectivos. Esta
información proviene de un Plan de minas fechado en 1808 que ofrece información
sobre quienes realizaron los registros de las vetas y estacas y quienes las poseían
en ese año. También nos describe las riquezas de las minas y la ley de los metales.

Asiento minero de Aullagas:

Este Asiento lo incluían el mineral de Aullagas y el de cerros, vetas y los propie-


tarios de las estacas de minas fueron los siguientes:
En el cerro de la Gallofa, perteneciente a Aullagas, destacaba la veta del mismo
nombre donde se ubicaron minas muy ricas que dieron grandes riquezas en la
década de los setenta, pero se aguaron y hubo que dar inicio a la construcción de
un socavón que estuvo a cargo de José Astuena, y que a fines de siglo todavía no
se había terminado.
Las Minas y propietarios de la Veta de la Gallofa (Aullagas):

* Cerro abajo:

– La Gallofa: José Astuena y después sus herederos, en nombre de éstos Pedro


Vicente Vargas
– El Rosario: José Astuena, y después sus herederos
– La del Rey: José Astuena y después sus herederos
– Mercedes: Roque Novera y después Manuel Bayro
– San Roque: Lucas Villafañe
– Guayrachina: Cayetano Uriondo
– La Exaltación: Nicolás Urzainqui obtenida por despueble

* Cerro arriba:

– José Alegre, por despueble


– Clemente Pelaez y después sus herederos

198 El Código Carolino no se llegó a aprobar, véase el capítulo iii.


los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 81

Dos vetas importantes fueron las situadas en el Cerro de la Gabia registrada


por Juan Antonio Barceló, llamado el catalán, y que después se quedó en manos
de Francisco Güemes, y más tarde en manos de sus herederos; y el Gato, la cual
durante dos años dio mineral muy rico, de hasta ochenta marcos el cajón, poste-
riormente se redujo a 8 y 10 marcos.
El Cerro de Guaina-Cucho, con la veta del mismo nombre registrada por
Domingo Palacios y Domingo Baquero, cortada por un socavón que fue obra de
Francisco Amaral.
Los propietarios de la Veta de Guaina-Cucho

* Cerro abajo:

– Luis Salamanca, obtenida por despueble


– Lucas Villafañe por compra a Lorenzo Brantes
– Lucas Villafañe, obtenida por despueble
– José Conde, por despueble
– Francisco Basagoitia, por despueble
– Luis Robledo, desamparada
– Luis Robledo por compra a Jacobo Mosquera, también desamparada

* Cerro arriba:

– Tres minas de Francisco Amaral y después de su hijo José Antonio

El Cerro Botixa-laca,199 a media legua del asiento de Aullagas, tiene tan sólo
dos registros que a fines de siglo estaban abandonados, uno fue de Manuel Bayro
y otro de Cayetano Uriondo. También Cerro Hermoso laboreado desde mitad de
siglo xviii y para fines de este siglo ya estaba abandonado.

Anconasa, asiento de Aullagas

Veta de la Purísima: descubrimiento de los antiguos, la poseyó José Astuena y des-


pués sus albaceas y después Pedro Vicente Vargas la consiguió por despueble. Los
registros más ricos fueron el Santo Cristo de Francisco Amaral y Nuestra Señora
del Camino de Baltasar Alvarez Reyero, los minerales en su mejor momento rin-
dieron brozas de setenta marcos y rosicler y barra de más de cien marcos por cajón.

– Francisco Amaral con el nombre de Santo Cristo y después su heredero e


hijo José Antonio

199 Este nombre quiere decir cuello de botija y lo usan para expresar la estrechez. Véase García
de Llanos, Diccionario y maneras …, p. 65
82 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

– El Abra la pidió por despueble Francisco Basagoytia


– Cerro arriba, Nicolás Cortés
– Nuestra Señora del Camino, debajo de dicha veta, registrada por Baltasar
Alvarez Reyero a quien sucedió Francisco Basagoytia
– José Benavides y a su muerte sus herederos y a su gobierno Francisco Llera
Maxon
– Pedro Benavides
– Dos estacas de Blas Vargas y después su yerno Pablo Sanabria y su socio y
habilitador José Ferrás

Veta del Sacramento: Registrada por los antiguos y después por Felipe Peláez
de la Canal.

– Santísima Trinidad: los herederos de José Benavides bajo dirección de Fran-


cisco Llera Maxon
– Dos estacas registradas por Baltasar Alvarez Reyero y después su sucesor
Francisco Basagoytia

Veta Fajardo: Registrada por José Benavides, heredaron sus menores y su


administrador Francisco Llera Maxon. Produjo un gran caudal cuando fue explo-
tada por la viuda Polonia Delgado y su segundo marido Fernando de la Baquera.
Veta de la Encarnación: Registrada por José Astuena y sus herederos.

– Estaca registrada por la testamentaria de Astuena


– La del Rey comprada por el albacea Dr. Juan Bautista Ormaechea
– Estaca de Ormaechea
– Estaca de Esteban Amescaray

* Cerro arriba

– Francisco Amaral y después su hijo José Antonio

Veta de San Nicolás: Registrada por Felipe Peláez de la Canal, después su


viuda y sus hijos.

– Tres estacas de los herederos de Felipe


– El Carmen de Francisco Güemes

Veta de Santa Rita: Registrada por Cristóbal Ramón de Achutegui.



– Los menores herederos de José Benavides
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 83

– Francisco Llera Maxón


– Juan Bautista Ugarte

Veta Colquechaca: Se registró bajo el título de Jesús María de Menguengue


por Francisco de Amaral y después de su muerte quedó en manos de su hijo José
Antonio.

– Juan Bautista Ormaechea


– Francisco Gumucio
– Estaca que vendió Carlos Guerra a Baltasar Alvarez Reyero y le sucedió
Francisco Basagoytia

Asiento de Ocurí

Cerro de Santa Elena, con la veta de San Antonio, donde labora un indio llamado Dio-
nisio Blas. A esta veta le dio corte un socavón realizado por Juan Antonio Fernández
que al no obtener los beneficios esperados la abandonó y se instaló en la Plata. Otro
socavón que no dio los resultados esperados fue el llamado de Santo Domingo.
Cerro de Acha-cochi una legua al sur de Ocurí, se registró una veta en 1796
por Francisco Basagoytia. Se le ha dado socavón a la veta, pero tienen pocos es-
tacados. Los metales que dio fueron pacos200 de quince a veinte marcos por cajón
y negrillos201 de veinte marcos.

Asiento de Maragua:

Cerro Santa Bárbara de Chipa con diferentes vetas registradas por los antiguos: El
Sacramento, Mercedes y la Saga-Suyo. Baltasar Alvarez Reyero formó compañía
con Feliz María Amarelo para la construcción de un socavón que se quedó en
posesión del primero y al que le sucedió Francisco Basagoytia. Las minas que se
trabajaban a principios del siglo xix eran: Muro-coya, y Guadalupe. La primera
fue trabajada Basagoytia y extrajo metal de ley entre veinte y veinte y cinco marcos
por cajón. Otra de las minas antiguas por las que se interesó este azoguero fue
Quello-coya, invirtió mucho en su limpia y desagüe esperando las riquezas que
dio en otros tiempos, pero no consiguió cumplir con sus expectativas.

200 Según García de Llanos, Diccionario y maneras.., Pacos: “Quiere decir bermejo”. Véase En F.
Lange y C. Salazar, Diccionario de términos mineros para la América Española (siglos xvi-xix),
Pacos: “Minerales de aspecto terroso o compacto, más o menos colorados, amarillentos o
pardos…”.
201 Negrillos: “De los metales de vetas el último es el metal negrillo y el que más profundo está
en ellas, por lo cual viene a ser metal crudio de mucha maleza y así muy dificultoso de bene-
ficiar”, en García de Llanos, Diccionario y maneras...
84 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Otro socavón antiguo llamado Santo Domingo fue registrado por Nicolás
Urzainqui, antiguo corregidor de Chayanta y trapichero en Potosí. Se dedicó a
trabajar los puentes y guaricuncas202 y no sacando mucho beneficio lo abandonó
y después lo poseyó Antonio Orosco que lo terminó desamparando a principios
del siglo xix.

Asiento de Toracari

Cerro de Mallco-cota con la veta Guadalupe descubierta por los antiguos, en 1a dé-
cada de los setenta. Francisco Boza registró una cata nombrada San Lorenzo por
orientación de un indio de la cual salió mucho mineral paco hasta que el agua hizo
que se tuviera que abandonar. Se fabricaron dos ingenios en Toracari. Francisco
Boza arrendó la mina a Juan Luna y aunque no sacó grandes riquezas consiguió
mineral de hasta doce marcos por cajón.

Asiento de Uncía

Cerro de Uncía: A principios del siglo xix se encontraba su veta Espíritu Santo en
manos de Juan Bautista Ormaechea socio y heredero de Amezcaray. Las principales
minas se denominaban San Nicolás, San Agustín, Juan del Valle y la Capalleria.
Este cerro tenía también minas de cobre y estaño que habían sido explotadas por
los antiguos y también por Amezcaray.
Guacu-uta: Cerro de San Miguel donde tiene dos bocaminas Juan Murillo.
Horca-Pata: Mineral de plata con minas antiguas trabajadas a fines de siglo
xviii y principios del xix por jucos o indios rebuscadores.
Choque-cayana: Mineral también antiguo trabajado por los indios.
Las características de las minas y minerales de Chayanta eran a fines del siglo
xviii las propias de un mineral con mucho tiempo en explotación. La mayoría de
las vetas necesitaban de cortes para el desagüe que se hacía mediante los socavones.
Son pocos los testimonios que tenemos sobre la utilización de otros medios, salvo
las “máquinas” construidas por el francés Malherbe, de las cuales no tenemos mu-
chos detalles y las que después instaló el polaco Juan Daniel Weber en el socavón
de Colquechaca y que abordaremos en el siguiente capítulo.
Los metales de plata más ricos se dieron durante la década de los ochenta en
las minas de la Gallofa y de Anconasa, en la veta de la Purísima, los mayores be-
neficiados fueron como se pueden comprobar Astuena, Amaral y Alvarez Reyero.
Otros grandes propietarios fueron Basagoitia, Güemes, Ormaechea, Villafañe,
etc. todos ellos generalmente azogueros que se evidenciaron como grandes re-
gistradores de plata en los libros del Banco de San Carlos.

202 Soportes como puentes que se dejan para la seguridad.


los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 85

No pretendemos decir que todos los arriba anotados eran los únicos pro-
pietarios de minas, sabemos que como centro de larga duración muchas minas
habían sido abandonadas y vueltas a poner en labor por diferentes propietarios
o por sus descendientes. Por ejemplo, Vicente Burgoa tenía propiedades en las
vetas de San Agustín de Guaincucho y en la del Gato en el cerro de la Gavia y no
poseía ingenio ni trapiche, por lo cual él mismo se denominaba “dueño de minas
y azoguero menor del asiento de San Miguel de Aullagas”,203 decía que los metales
de sus minas y otros que rescataba los beneficiaba en trapiche ajeno. Es decir,
había propietarios de minas que no eran dueños de instalaciones de beneficiar la
plata y que vendían su mineral a otros mineros azogueros o trapicheros y que por
tanto no dejaron evidencias como registradores de plata en el Banco. También
hay que considerar, como ya aludimos, que los indios podían ser propietarios de
minas o trabajar por su cuenta minas abandonadas, algo frecuente en los centros
mineros antiguos.204

3. Los trabajadores de minas e ingenios

La historiografía colonial ha marcado grandes diferencias entre las dos regiones


mineras por excelencia: virreinato de Nueva España y del Perú. Respecto a la
novohispana ha propagado la imagen del trabajador minero libre y privilegiado, y
sin embargo para el virreinato de Río de la Plata, especialmente la región minera
del Alto Perú, la centralización de los estudios mineros sobre el famoso centro de
Potosí ha proyectado la imagen del trabajador forzado. En la actualidad las dos
imágenes han caído en desuso ya que los trabajos de investigación más recientes
muestran situaciones más complejas, pues en ambos virreinatos alternaban la mano
de obra coaccionada institucionalmente y la mano de obra libre o voluntaria.205
Igualmente sigue siendo complicado intentar definir y generalizar las carac-
terísticas de los trabajadores mineros en los Andes durante el periodo colonial.
Por una parte, la mita de Potosí consiguió propagar una imagen de esclavitud y

203 Véase la visita del mineral de Aullagas de 1792.


204 De ellos tenemos evidencias en las minas Garcimendoza durante el siglo xviii y en Carangas a
fines del siglo xviii. Véase Gavira, Población indígena, sublevación y minería en Carangas, cap. 5.
205 Por ejemplo para el caso de Nueva España véase Cuauhtémoc Velasco, “Los Trabajadores
mineros en la Nueva España, 1750-1810”, La clase obrera en la Historia de México. De la Co-
lonia al Imperio, en Florescano et al., Tomo I, México, Siglo xxi editores, 1980. Brigida Von
Mentz, Trabajo, sujeción y libertad en el centro de la Nueva España: esclavos, aprendices, campesinos
y operarios manufactureros, siglo xvi a xviii. México, ciesas, 1999. Bernd Hausberger realiza
una comparación interesante entre el norte Nueva España y el Alto Perú. Véase “Comunidad
indígena y minería en la época colonial. El noroeste de México y el Alto Perú en comparación”,
Ibero-Amerikanisches Archiv. Zeitschrift für Sozialwissenschaften und Geschichte. Jahrgang
23, 3/4, Berlín, 1997, pp. 263-312.
86 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

coacción sobre los operarios mineros extendida a todos los centros andinos. Por
otra parte en Nueva España se señalaba la mano de obra como libre y mayori-
tariamente mestiza. Sin embargo, ya para el siglo xviii eran pocos centros que
gozaban con el beneficio de la mita, o mano de obra forzada y barata. Aunque
no por ello dejamos de reconocer el fuerte impacto del trabajo forzado entre una
extensa población altoandina. Los centros mineros ubicados en corregimientos
o partidos obligados a contribuir con mitayos a Potosí tenían un problema aña-
dido a la hora de disponer de trabajadores. Finalmente para algunas regiones de
Nueva España hemos advertido que la mano de obra coaccionada era igualmente
importante y se quiso incrementar a fines del siglo xviii.206
A partir de las últimas décadas del siglo xviii, tenemos evidencias de que se
produjo en ambos virreinatos un aumento de denuncias y conflictos entre traba-
jadores y los dueños de minas e ingenios, provocados por una política de coacción
más radical hacía el mercado de trabajo. Las causas principales en la región minera
de Charcas o Alto Perú fueron la crisis minera de un buen número de centros
como Oruro y Carangas, y la supresión de parte de las obligaciones impositivas
de la población indígena, como fue el reparto de mercancías. El indio, al tener
menor presión impositiva redujo su necesidad de conseguir dinero para pagar las
mercancías que repartía el corregidor, por tanto acudía menos frecuentemente
a emplearse en las minas o ingenios para conseguir numerario. La disminución
en la oferta de mano de obra provocó que se ejercieran otros mecanismos de
coacción. Para Potosí, Enrique Tandeter ha enfatizado la importancia de la renta
mitaya o sobreexplotación de los trabajadores forzosos. Estudios realizados sobre
otros distritos mineros como Oruro y Carangas, también revelan un aumento
de la coacción sobre la mano de obra minera, supuestamente voluntaria.207 En el
virreinato de Nueva España, aunque en una coyuntura de auge, algunos estudios
muestran testimonios del empeoramiento de las condiciones laborales para los
trabajadores mineros.208 También se ha difundido la idea de que la mano de obra
era libre y voluntaria, sin embargo nosotros encontramos testimonios que aluden
a un aumento de la coacción institucional, en gran medida impulsado por este
mismo auge minero. Brígida Von Mentz ya hacía esta sugerencia del aumento de la

206 Gavira, Minería y Población en Michoacán durante el siglo xviii. Morelia, 2009.
207 Sobre Potosí, véase Enrique Tandeter, Coacción y Mercado. Para la región de Oruro y Caran-
gas, véase Gavira, “Reclutamiento y remuneración de la mano de obra minera en Oruro,
1750-1810”. En Anuario de Estudios Americanos, t. lvii-1, 2000, Sevilla. Y Población Indígena,
Sublevación y Minería en Carangas, Arica, 2008.
208 Según Brading todas las pruebas conducen a una baja en las ganancias de los trabajadores.
En Guanajuato, la reducción del partido a los trabajadores provocó una disminución de la
oferta de mano de obra, que fue a menudo solucionada con un aumento de los métodos de
reclutamiento forzoso. Véase David Brading, Mineros y comerciantes en el México borbónico
(1763-1810), México, Fondo de Cultura Económica, 1975, pp. 367-374.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 87

coacción en las minas de Nueva España,209 que hemos confirmado posteriormente


en nuestros estudios sobre la población michoacana.210
La eterna queja de los dueños de minas e ingenios sobre la falta de trabajadores
ponía a la Corona en una situación incómoda, pero además se añadía el problema
de la falta de disciplina de los empleados. Para estudiar el proceso de disciplina
de los trabajadores mineros y su resistencia, en un artículo anterior estuvimos
analizando el papel y la intervención del Estado, así como los instrumentos, téc-
nicas y estrategias que emplearon los empresarios.211 Para ello ya hicimos alusión
a los dos diferentes conceptos de trabajo: el de la población indígena y el de los
españoles, así como la evolución que experimentó este mismo concepto durante
el siglo xviii en la Europa occidental. El mercantilismo propugnaba la impor-
tancia del trabajo y disponibilidad de una población abundante y debidamente
ocupada, para lo cual creía preciso una intervención estatal basada en la coacción.
Sin embargo, avanzado el siglo, la política ilustrada era partidaria de potenciar
los valores del trabajo motivado, pero de forma paralela reforzaba la aplicación
de las leyes contra vagabundos y mendigos. La vida ociosa era considerada como
un atentado a la utilidad pública y pasaría a la legislación penal como delito.212
Los vagabundos durante el siglo xviii se convirtieron en una clase marginal que
se identificaba con la ilegalidad, y a la que había que mermar, además de por
ser una lacra social, por su potencial peligro.213 Pero con el pretexto de esta ley
se cometían grandes abusos tal como lo describen numerosos testimonios, por
ejemplo los referidos por Brading en Guanajuato o en el caso andino los ocurridos
en Oruro,214 o como veremos a continuación en el mismo partido de Chayanta.
En todos estos casos se forzó a trabajar a gente que incluso estaba empleada en
otros trabajos o con otros patrones, bajo el argumento de que eran gente ociosa
y con el beneplácito de las autoridades o la ley, este argumento y estrategia era
más contundente si cabe con la población indígena.

209 Brígida Von Menz, “Coyuntura minera y protesta campesina en el centro de Nueva España,
siglo xviii”, Inés Herrera (coord.), La Minería Mexicana. de la Colonia al siglo xx, México,
Instituto Dr. José María Luis Mora y Colegio de Michoacán, 1998, pp. 23-45.
210 Hemos encontrado testimonios donde se observa cómo el auge minero de Guanajuato propició
una explotación más intensiva de la mano de obra y el aumento de los trabajadores forzados
que provenían de Michoacán. Véase, Gavira, Minería y Población en Michoacán durante el siglo
xviii, Morelia, 2009. Cap. 1.
211 Gavira, “Disciplina laboral y Códigos mineros en los virreinatos del Río de la Pata y Nueva Es-
paña a fines del periodo colonial”, Relaciones. Primavera, 2005 vol. xxvi. Colegio de Michoacán.
212 Fernando Díez, Utilidad, deseo y virtud. La formación de la idea moderna del trabajo, Barcelona,
Ediciones Península, 2001.
213 Por ejemplo, en los centros mineros galeses cuando se estaban gestando protestas o había
amenaza de conflictos, se aplicaba las leyes de los vagabundos para apresar a los dirigentes o
trabajadores conflictivos. Véase C J.L. & B. Hammond, The town labourer (1760-1832). Vol.
1. Londres, 1949 [1917].
214 Gavira, Historia de una crisis...
88 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

La posición de la Corona en cuanto a los reclamos y quejas de los empresarios


mineros fue muy ambigua, por una parte su interés por fomentar la producción de
metales preciosos propició una protección y subvención a la minería en todos los
aspectos que incluía la concesión de trabajadores forzosos (mita o repartimientos),
pero por otra, se encontraba con la obligación moral de la “conservación” de la
población indígena. Para ello se instituyó la figura del protector de naturales y
una legislación contra los abusos.
La mayoría de los centros mineros del virreinato del Perú y del Rio de la Plata
tenían, supuestamente o, mejor dicho, institucionalmente una mano de obra libre,
es decir contratada por su propia voluntad o como hemos hecho referencia en
otros trabajos reclutadas bajo distintas fórmulas coactivas pero no institucionales.
El adelanto de dinero, la presión de las autoridades, corregidores o caciques, que
obligaban a los tributarios a contratarse en la minería. Mecanismos que eran fre-
cuentes también en otras actividades económicas y algunos de ellos también eran
practicados en Europa. Veamos qué tipo de trabajadores y relaciones laborales
encontramos en Chayanta.

a) Trabajadores mineros en Chayanta:

La mayoría de los trabajadores empleados en la actividad minera en Chayanta eran


indígenas, las minas y los ingenios estaban situados en las serranías del partido,
un partido que tenía una mayoría de población indígena;215 y un segundo grupo
poblacional lo constituían los comprendidos dentro de la categoría de mestizos
o cholos. Pocos datos tenemos sobre población negra en Chayanta, y aunque
no descartamos su existencia la suponemos minoritaria junto con los mulatos.
Como ya hicimos referencia respecto a Oruro, también encontramos españoles
trabajando en la minería pero generalmente en los puestos de mayor confianza,
como eran beneficiadores, mayordomos y administradores de ingenios. Pero a
pesar de ser españoles la concepción que se tenían de éstos con respecto a sus
comportamientos o “modales” no era muy buena. Por ejemplo Jorge Escobedo,
gobernador de Potosí, opinaba lo siguiente:

“Si ud viera los beneficiadores y mineros del país vestidos de andrajos, borrachos no
pocas veces, e incapaces de dar los buenos días…”.216

215 En la visita del mineral de Aullagas encontramos muchas referencias a: “Los indios que acuden
al trabajo son de los pueblos confines o limítrofes a este mineral…”, “…se empleaba en dicho
ejercicio seis indios…”, “pagaba a los indios jornaleros…” Véase apéndice.
216 agi. Charcas, 437 A. Documento N° 3. Informe de Escobedo, Potosí, 1779. En este caso
minero se refiere a los encargados o responsables de las explotaciones mineras, no de los
propietarios.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 89

Hablar de trabajadores nos parece una tarea complicada porque la minería


colonial presenta un panorama complejo con distintas condiciones, sueldos y
labores. Para hacerlo más fácil abordaremos por separados los trabajadores de
minas y los trabajadores de ingenios. También nos parece importante señalar que la
población indígena de Chayanta tenía entre sus obligaciones acudir como mitayos
a trabajar las minas en Potosí, pero las minas del partido no tenían asignación de
trabajadores forzados, por tanto era una mano de obra institucionalmente libre
para el trabajo minero, aunque ya abordaremos algunas prácticas algo alejadas
del concepto de libertad de empleo.
Otro de los aspectos que hacen muy complicado la generalización son cuestio-
nes propias de las condiciones de la actividad, como pudiera ser su estacionalidad,
o de las mismas condiciones e intereses de los que se empleaban en la actividad.
Por ejemplo, sabemos que a partir de 1781 un grupo de trabajadores mineros
que provenían del centro minero de Oruro se instalaba en Chayanta debido a la
crisis minera que afectaba a las minas de Oruro y el consiguiente auge de las de
Chayanta. En este caso se trata de un grupo de trabajadores que tenía la minería
como profesión. En otros casos, los operarios eran indígenas asentados en las
tierras del ingenio y se ocupaban de sus labores tradicionales además de la minería:

“Los indios que concurren al trabajo son los más vecinos del ingenio porque las tierras
propias de el graciosamente se les distribuye para sus sembradíos, el temperamento
y cercanía a la parroquia de Pocoata son unos alicientes que no los dejan ausentarse
aún en tiempo en que no tienen que trabajar”.217

Los del ingenio del Rosario también estaban asentados en el mismo ingenio
y decía el administrador que temporalmente eran escasos “por los meses de mayo
hasta fines de julio por la costumbre anticuada que tienen de bajar a los valles al
recojo de sus cosechas o a apearse de víveres”.218 En definitiva, encontramos un
grupo de trabajadores mineros especializados y otro grupo de trabajadores que
consistía en la población indígena asentada en el corregimiento o partido y que
como era costumbre no tenía la actividad minera como único ni principal recurso.

– Trabajadores de las minas

No es la primera vez que nos vemos en la necesidad de describir las distintas labores
que realizaban los trabajadores en las minas para escribir sobre sus condiciones
laborales y sueldos.219 Con respecto al trabajo extractivo, es decir el de sacar el

217 Informe de Pedro Vicente Vargas. Visita del mineral de Aullagas de 1792. Véase apéndice.
218 Informe de Miguel José Narezo como administrador general del ingenio Nuestra Sra. del
Rosario. Visita del mineral de Aullagas de 1792.
219 Véanse Gavira, “Reclutamiento y remuneración…” y “Disciplina laboral y Códigos mineros…”
90 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

mineral a la superficie o cancha mina, debemos priorizar dos labores principales,


la del barretero y del apiri.220 El primero excavaba los frontones y el otro trans-
portaba el mineral a la superficie. Ambos trabajos eran pesados y arriesgados,
especialmente a partir del uso de la pólvora. De los dos, el mejor considerado
era el barretero pues de su pericia también dependía el seguimiento de las vetas
y encontrar buen mineral, y también generalmente era el mejor pagado. Según
la visita de minas de Aullagas de 1792, el sueldo generalizado era entre 4 reales y
5 por turno o mita. En algunos casos parece que también se les pagaba lo mismo
a los apiris o cargadores de mineral. El arreador, también llamado “mandón”, o
personal encargado de vigilar el trabajo y presionar para que no hubiera distrac-
ciones ni robos, era mejor pagado por lo general. Un arreador en las minas de
Santos Burgoa cobraba 5 pesos semanales, en la de José Conde ganaba 6 pesos,221
dependía de factores diversos como la actividad, la producción, la cantidad de
trabajadores, etc. También era el caso del cancha-minero, encargado de surtir a
los trabajadores de velas, materiales y herramientas para el trabajo, de controlar
y supervisar el trabajo de las o los palliris que partían y clasificaban los minerales,
labor que era realizada con frecuencia por mujeres y niños.
Los sueldos señalados se pagaban en caso de que los trabajadores fueran em-
pleados por el dueño, porque como vamos a destacar en las minas de Chayanta,
parece que era frecuente que se trabajaran con los llamados capitanes, con los
cuales el dueño compartía el mineral o el dinero producto de la venta del mineral
extraído. Sirva de ejemplo la información de la propietaria de la mina San Nicolás,
Doña María Josefa Artajona:

“Estos [el mineral] partimos por mitad, la una parte tomo como dueño de la mina
y la otra corresponde a los capitanes por su trabajo. A veces se venden todo en el
todo y se hace repartición de la plata…Los capitanes se costean el sebo y lo demás
que necesitan para su trabajo pero la herramienta la toman de la hacienda y se les
da de balde”.222

Este método llamado de capitanes no era muy bien visto por las autoridades
que suponían que la ambición y falta de pericia de estos capitanes provocaban
perjuicios en las minas. Según la opinión del intendente de Potosí, Francisco de

220 Apiris: “…en las minas son los indios que se ocupan en sacar el metal que otros barretean
o juntan en la mina a la haz de tierra. Dícense apiris de apai, que quiere decir lleva, y ri que
significa ve, y todo junto perdiéndose una a (como en otra muchas dicciones sucede perderse
letras), viene a quedar apiri en singular, que es como decir tomo y ve o ve y lleva. Ocúpanse
en esto en las minas los indios que son para menos trabajo o principalmente en ellas, los cuales
son como criados de los que barretean el metal y les sirven de cuando les quieren mandar”
García Llanos, Diccionario y Maneras…, p. 9.
221 Visita del mineral de Aullagas. Véase apéndice.
222 Visita del mineral de Aullagas. Véase apéndice.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 91

Paula Sanz,223 este tipo de concierto era una de las causas de la crisis de Aullagas y
una forma poco inteligente de trabajar las minas. El intedente no tomó en cuenta
que la crisis de Aullagas no permitía que se trabajaran las minas con empleados
a sueldo porque los propietarios no tenían suficiente capital para realizar las
inversiones necesarias, y en todo caso el capital se invertía en la infraestructura
e insumos y no en la mano de obra, como ocurrió en el caso del socavón de Col-
quechaca. Como ejemplo sirva el comentario señalado por la propietaria de la
mina San Nicolás:

“Me he reducido a trabajar con capitanes por no tener como sostener el trabajo de modo
que sólo el defecto de dinero suficiente me ha obligado a este género de laboreo”.224

Sobre las formas de remuneración en el caso de los jornaleros o empleados,


no contamos con muchos detalles, pero suponemos que como en otras minas
altoandinas los pagos podrían ser en dinero, productos y mineral.225 Por ejemplo,
en la mina del Abra en Anconasa su administrador Narezo decía que pagaban los
sábados en la noche “y el metal que sacan los parten con la hacienda bajo el nombre
de busca”.226 Sobre las formas de pagos tenemos más información respecto a los
ingenios que sobre las minas, pues como aludimos anteriormente la situación de
crisis que se vivía en Aullagas de 1792, refleja una mayoría de minas trabajadas con
el sistema de los capitanes de minas, donde las dos partes implicadas acordaban
repartirse el mineral extraído o el dinero producto de su venta. En este caso no se
puede hablar de empleados o jornaleros, pues se podrían considerar una especie
de asociación entre el propietario y los trabajadores especializados dedicados a
esta labor como actividad principal.
De cualquier forma siempre aparecía la figura del canchero o mayordomo
que era el encargado de supervisar a los capitanes y al resto de los trabajadores de
la cancha mina. Estos mayordomos eran los hombres de confianza de los propie-
tarios y solían ser por lo general mestizos. En el informe de Don Vicente León,
dueño de minas en Aullagas, se señalaba que empleaba cinco barreteros y cinco
apiris que ganaban lo mismo entre 4 y medio y cinco reales al día y además “un
mirador con mesa puesta y dos pesos a la semana”,227 pero no sabemos en detalle
en qué consistía la expresión “con mesa puesta”, suponemos que pudiera ser la
comida proporcionada para que no abandonara su lugar de supervisión en la mina.

223 El intendente publicó un bando donde se prohibía esta práctica en caso de no contar con la
supervisión de un Guardavista. Véase la visita de Aullagas.
224 Visita del mineral de Aullagas. Véase apéndice.
225 Gavira, “Reclutamiento y remuneración de la mano de obra minera en Oruro”.
226 Informe de Miguel José Narezo como administrador general del ingenio Nuestra Sra. del
Rosario y las minas anexas. Visita del mineral de Aullagas de 1792.
227 Visita del mineral de Aullagas. Véase apéndice.
92 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Lejos de este tipo de trabajador de minas independiente (los capitanes) que


trabajan bajo su propia disciplina e interés nos encontramos también con informa-
ción sobre trabajadores coaccionados. Tenemos evidencias de una práctica que se
denominó “guataco” y que consistió en forzar a la población a trabajar en las minas
bajo formas coactivas y violentas. Este método que era frecuente en los centros
mineros durante el siglo xviii estaba respaldado por la ley que obligaba a vagos
y desempleados a trabajar, el problema era que bajo este supuesto se llevaban a la
gente sin asegurarse de que estuvieran desempleadas. En Oruro ya observamos
este mismo método que llamaban “salir a harcar”228 y en otros centros mineros de
la América colonial eran denominados laceros o recogedores.229 Esta práctica solía
perjudicar no sólo a las víctimas o implicados sino también a los otros propietarios
o hacendados que tenían necesidad de mano de obra y salían perjudicados por este
proceso violento. Así denunciaba un representante del azoguero Basagoytia:

“digo que en el asiento de Aullagas de tiempos a esta parte se ha introducido un


pernicioso abuso que se le ha intitulado Guataco y es de violentar y forzar los
azogueros y mineros gente para el trabajo de sus labores, llevando a ellas amarrada
la que encuentran por los medios más estrepitosos que les sugiere un criminal
despotismo”.230

A principios de 1792 estaba en plena labor la construcción del socavón de


Colquechaca, que abordaremos con más detalles en el capítulo siguiente, en cuya
empresa estaban asociados y tenían intereses Daniel Weber, José Antonio Amaral,
Nicolás Urzainqui, y el subdelegado del partido Arismendi. Todos ellos fueron
denunciados por el azoguero Basagoytia porque entraron en la cancha de su mina
“el Abra” y se llevaron una gran parte de sus empleados de forma violenta231. El
azoguero se quejaba:

“El suceso ha sido en Aullagas escandaloso precipitado de mal exemplo y de resultas


sumamente perjudiciales, pues dejando a un lado sin trabajo la mina de que se extrajo
la gente en daño del Real Haber y beneficio público, que se interesan primeramente

228 Harcar: atajar impedir o detener lo que va, corre o sale en animales y personas y aún obras y
negocios.
229 Gavira, “Disciplina laboral y Códigos mineros en los virreinatos del Río de la Plata y Nueva
España a fines del periodo colonial”, pp. 215-217. La legislación de fines del siglo xviii re-
glamentó la práctica de los recogedores o laceros que enganchaban a todos los que no podían
demostrar estar empleados. El principio de utilidad social amparaba esta reglamentación que
como bien se señala en las Ordenanzas de Minería de la Nueva España, no se debía de aplicar
a españoles o mestizos.
230 ahp. Banco de San Carlos, 291, f. 148. Gregorio Núñez a nombre de Francisco Basagoytia.
231 Describen en el documento cómo sospechando las levas violentas obligaron a dormir a sus
trabajadores en la Cancha y a las dos de la mañana entraron escalando los muros y que de
forma violenta se llevaron a la gente.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 93

en el laboreo de las minas si ahora se ha executado semejante agresión y fuerza


saltando y escalando paredes y si se ha tolerado con un disimulo nada menos que de
extremada conducta y prudencia, otro día se repetirá el insulto tal vez con mayor
altanería y seguirá la población hasta que la frecuencia de extorsiones y violencias
cauce un suceso que no pueda remediarse”.232

Decía el azoguero que otros mineros, como por ejemplo el propietario de la


mina del Sacramento, que era la más importante, también estaba amenazado por
los operarios de Amaral. Pedía justicia y rogaba que el subdelegado no tomara parte
en esta denuncia por ser recusado “por la notoria relación de amistad íntima que
mantiene con las partes”.233 Otra de las prácticas que denunciaban estos azogueros
era que los socios implicados en este socavón de Colquechaca no pagaban el total
de los jornales para obligar a los operarios a volver al trabajo.
No hemos encontrado muchas referencias sobre las condiciones laborales, ni
sobre protestas de la población indígena por abusos en la remuneración, horarios o
formas de reclutamiento. La escasa información que ofrece el informe de la visita
al mineral de Aullagas, realizado por los azogueros, trapicheros y propietarios de
minas resulta muy limitada; todos decían pagar el jornal “en plata física”, salvo
algunas excepciones que decían que descontaban “el pan y coca que entre semana
voluntariamente por necesidad y costumbre se les va dando”.234 El administrador
del ingenio San Antonio nos decía que el procedimiento para pagar era el siguiente:

“el día lunes cuando se conchababan se les socorre con 4 reales de coca y uno de pan,
entre medio de semana se les franquean estos efectos cuando voluntariamente ellos
piden y concluida la semana se les ajusta la cuenta de lo que tienen devengado y la
del gasto ocasionado y se les abona en plata efectiva todo el alcance que hacen”.235

El informe de la visita a Aullagas no presenta ninguna irregularidad ni abusos


con respecto a la mano de obra, ni infracción de la legislación. Pero no por ello
hay que suponer que la relación entre los azogueros y propietarios de minas y la
mano de obra fuera idílica y libre de abusos.

– Trabajadores en los trapiches e ingenios

El proceso de beneficio del mineral de plata a través del azogue requería de insta-
laciones especializadas como eran los ingenios y trapiches y también de mano de

232 ahp. Banco de San Carlos, 291.


233 Ibídem. En el siguiente capítulo cuando abordemos el socavón de Colquechaca advertiremos
la participación del subdelegado Arismendi en la empresa.
234 Informe realizado por Pedro Vicente Vargas. Visita del mineral de Aullagas, 1792.
235 Informe de Don José González Tames administrador del ingenio de San Antonio de las Peñas
o Escalerilla. Visita del mineral de Aullagas, 1792.
94 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

obra encargada de ciertas labores específicas. El primer paso era moler el mineral
y para ello estaban los mortiris que debían abastecer de mineral a los mazos o los
molinos del trapiche. Este proceso era pesado y perjudicial para la salud porque
los operarios respiraban el polvo de mineral y terminaban enfermándose de cho-
co o asma (silicosis).236 A fines del siglo xviii, algunas voces sensibilizadas con
estos percances para la salud de los trabajadores proponían que se debía trabajar
con mascarillas, además de humedecer el mineral para que no se esparciera por
el aire.237 Estos llamados mortiris, moledores o molenderos eran por lo general
pagados por tareas “cada uno muelen día y noche tres tareas…y ganan por moler
seis reales por tarea”, en otros casos “seis reales diarios como se acostumbra en
este mineral”.238 D. José González administrador de un ingenio nos aclara que “el
jornal es una mita, la mita es doce horas”.239 Continuaban en el proceso los cedasiris
o cernidores, operarios encargados de cernir el mineral y clasificarlo, que podían
ganar de tres a seis reales por tarea dependiendo del caso,240 o por mita o turno.
El mineral una vez molido y clasificado se metía al horno por lo que encontramos
horneros y atiziris241 o atizeros, los cuales también podían ganar por tarea o por
mita. El hornero era mejor pagado que el atiziri, encargado de mantener el fuego
a cierta intensidad. Después el mineral pasaba a ser mezclado con la amalgama
y por último se le incorporaba el azogue, esta torta debía de repasarse por los
repasiris, los cuales ganaban, según el informe de la visita de Aullagas, 10 reales.
Los mejores pagados eran los trabajadores que tenían mayores responsabilida-
des, como los administradores, mayordomos y los beneficiadores. Estos ganaban
en función de la cantidad de trabajo, del número de trabajadores existentes y de
los resultados de las labores. En concreto, el beneficiador era de los trabajadores
más apreciados porque de su pericia dependían los resultados obtenidos en el
proceso de beneficio. El salario del beneficiador del ingenio de Lurucachi era de

236 anb. T. 129. Informe del doctor Pedro Francisco Arismendi al intendente de Potosí, 1794.
Los polvos metálicos “les ulceran los pulmones y les causa una toz incurable que en su idioma
llaman choco, a cuya causa mueren unos, se estropean y enferman otros”.
237 Muchos caciques se quejaban de la muerte de los mitayos destinados a esa labor en Potosí.
La Audiencia de Charcas emitió un informe al Consejo de Indias en 1796 advirtiendo de la
peligrosidad para la salud de esta labor y los estragos entre la población indígena. C. Gavira,
“Disciplina laboral y Códigos mineros…”, p. 219.
238 Informe del dueño de trapiche Mariano Espejado. Visita del mineral de Aullagas, 1792.
239 Informe de Don José González Tames administrador del ingenio de San Antonio de las Peñas
o Escalerilla. Visita del mineral de Aullagas, 1792.
240 Encontramos informes donde se dicen que pagan 6 reales por tareas y en otros se les paga 3
reales, por ejemplo en el trapiche de Lorenzo Peláez. Visita del mineral de Aullagas, 1792.
241 Procede de la palabra Atizar o Atizador: “Operario encargado de atizar y conservar en su
debido punto el fuego de los hornos de tuesta y de fundición acarreando el combustible y
echándolo a la sabelera a medida que se lo ordene el hornero”, F. Langue, Diccionario de
términos mineros para la América española (siglos xvi-xix), p. 41.
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 95

20 pesos semanales, el más alto de toda la empresa, del ingenio de la Palca era de
25 pesos. Referente al sueldo del administrador tenemos diferentes cantidades que
van desde 10 pesos a la semana en el ingenio Lurucachi y 20 pesos a la semana,
en caso de José González Tames, del ingenio San Antonio.242
A manera de conclusión y a partir de las escasas referencias de las fuentes que
contamos, podemos decir que la mayoría de los trabajadores empleados en las
minas y los ingenios eran indios, tal como se puede apreciar en el informe de la
visita de Aullagas de 1792. Sin embargo, no toda esta población indígena asentada
en el corregimiento o partido tenía la actividad minera como recurso exclusivo y
prioritario, así entendemos el comentario de un propietario de ingenio cuando
dice que los trabajadores estaban asentados en las tierras del ingenio y cercanos
a su parroquia, los cuales “son unos alicientes que no los dejan ausentarse aun en
tiempo en que no tiene que trabajar”. Ya hemos aludido a la estacionalidad del
trabajo en los ingenios y también al sistema de doble domicilio de la población
indígena y su empleo en la agricultura y comercio con los valles.243 Sin embargo,
también debemos destacar la existencia de un grupo de operarios especializados
que decían provenir de Oruro, “criados en el exercicio de las minas e ingenios y
por consiguiente son muy diestros”,244 aunque estos trabajadores del ingenio de
San Antonio de las Peñas ya no laboraban pues señalaba el administrador que se
encontraba sin labor desde febrero de 1791.
Por el carácter de la información de que disponemos, no podemos hablar de
condiciones laborales, pues tan sólo contamos con los datos que ofrecen los mis-
mos dueños de ingenios y trapiches a las autoridades. Sería necesario completar
la documentación con otro tipo de informes y expedientes que nos ayudaran a
tener una idea más completa sobre el reclutamiento, remuneración y condiciones
laborales. Contamos con evidencias sobre el caso del guataco de Colquechaca,
este mecanismo violento y coactivo de reclutamiento que se produjo en 1792 en
la empresa que construía el socavón para desaguar las minas de Colquechaca,
nos parece representativo de la época y de la actividad minera, pero no podemos
arriesgarnos a decir que fuese generalizado. Es interesante destacar que en esta
empresa estaban asociados, como abordaremos en el siguiente capítulo, azogueros,
subdelegados, y expertos de la expedición alemana, que contaban con apoyo de
las altas autoridades de Potosí.

242 Visita del mineral de Aullagas, 1792.


243 La articulación de las labores mineras con otras actividades ha sido abordada por Tristan
Platt para el caso de los tributarios de Lípez. Véase de este autor, “Calendarios tributarios
e intervención mercantil. La articulación estacional de los ayllus de Lípez con el mercado
minero potosino (siglo xix)”, en Olivia Harris et al., La participación indígena en los mercados
surandinos. Estrategias y reproducción social. Siglo xvi a xx. La Paz, 1987.
244 Informe de Don José González Tames administrador del ingenio de San Antonio de las Peñas
o Escalerilla. Visita del mineral de Aullagas, 1792.
96 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Cuadro IX
Registradores de plata de Chayanta, 1781-1785

Registradores 1781 1782 1783 1784 1785


Almansa Joaquín 632.4 707.3 576.8 204
Alvarez Reyero Baltazar 7129 4065 13125 15985
Amaral Francisco 3308.3
Amaral José Antonio 8318.6 2094.7
Amescaray Esteban 10899.5 5573.3 3159.8 5656.1 8196.8
Arias José 538.7 1085.8 972.5
Benavides María 1314 987 2428.5 1436 908.4
Berdeja M. Josefa 186.3 258 641.3 482.3
Burgoa Santos 286.1 248.6 421.3 377.8 200.3
Bustillos Tomasa 371.5 780.1 523.9 155
Campero Manuel 50.7 383.3 361 174
Carpio Tomasa 1593.1 1949.4 3784.5 2165.9 1079.5
Chavarria José 1043.7 509.1
Collao María 247.1 917 397.3 172.9
Cordova Luís 818.5 1112.4 1588.7 859 243.5
Cortés Thomás 51.1 131 719.5 295.4
Cueto Joaquín 133.4 875.6 401.8 147
Echanis José Antonio 1180.7 234.4
Goyenaga Manuel Ignacio 22 3051 9646 13132 9968
Guemes Francisco de 1016.4 923.6 8904.7 10646.9
Gumucio Francisco 5206 2558.9
Iglesias Gabriel 981.5 611.1 1563.9 3037.1
Jurado Vicente 248.6 1066.4 615.2
Laris Juan Bautista 2187 887.1 351.7
León Vicente 128.5 187.4 723.9 1103.7 69.6
Lisondo Hermenegildo 170.8 817.3 991 1532.9 754.4
Núñez Tomás 573.2 907.4 287.2 408.3 284.4
Ormaechea, Juan B. 280.6 2489.2
Osorio Marcelo 298.8 352.6 23.1 1341 403.4
Padilla Eusebio 1298.1
Parada Matías 32.2 612.6 831.4 391.9
Pedregal Sebastián 1597.7 1886.2
Peláez Lorenzo 1170.4 747.4 767.8 2143.6
Raya Victoriano 328.6 276.9 319.8 949.9
los protagonistas: azogueros, mineros y trabajadores 97

Registradores 1781 1782 1783 1784 1785


Reinaga José 266 945.8 5334.5 2682.3 964.2
Requena Pedro 243.4 1501.1 726.9 370 575
Romay Juan Antonio 455.7 234.9 369.8 258.4
Rosales Manuela 846 1081.2 385.6
Sandi Marcos 881.1 1045.7 1027.1 1029.3 308.1
Santos Francisco 562.5 2097.3 3168.8 2181.9 1778.5
Sedillo Guillermo 574.8 935.3 673.9 54
Sotomayor Hipólito 295.9 384.4 895.5 548.6 537.1
Tirao Vicente 332.5 889.4 92.8
Urtizberea, Francisco 827 2124.2 199
Urtizberea, Ramón 2219.9 2609.6 2082.4 401.5 415.1
Vélez Juana 573.7 387 1814.8 2042.5 1125.4
Villa Santiago 179.6 214.2 1202.6 610.6 134.4
Villafañe Lucas 4542.3 14194.9 13386.9 9123.2 2738

Cuadro X
Registradores de plata de Chayanta, 1786-1790

Registradores 1786 1787 1788 1789 1790


Aguilar Torivio 116 369 753 125
Alvarez Baltazar 9622 10176 1968 3786 9861
Amezcaray Esteban 816 3615 2862 795
Basagoitia Francisco 1237
Benavides Manuela 99 496 411
Benavides María 1227 1670 1164
Bengoa Nicolás 139 442 239
Burgoa Santos 306 334 429 479 340
Burgos Isabel 503.8
Cabrera Juan José 638 87 136
Caceres Juan 487
Carpio Tomasa 744 656 792
Cordoba Luis 290 354
Güemes y compañía 2332 2050
Garcia María 1116 782
Goyenaga, Manuel I. 2766 1493 551 2504 90
Güemes Francisco 2555 506 1894 1295
Iglesias Gabriel 428 120
98 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Registradores 1781 1782 1783 1784 1785


Iporri Rosa 106 508 33
Jurado Vicente 531 1522 1158 105
Lizondo Hermenegildo 361 1110 181 120
Mexia Ana 203 1130 139
Majon Francisco 188 844
Montellanos Marcelina 128 128 128
Nareso Miguel J. 616.7 1249
Nuñez Tomás 1811 1519 1447 1727 1755
Ormaechea, Juan B. 19 495 3265
Urtizberea, Ramón 667 247 81 104
Pedregal Sebastian 5295 5207 5399 2557 2776
Pelaez Lorenzo 1912 2059 1819
Perogil Manuel 79 617 2086 1646
Reinaga José 1738 3264 800
Requena Pedro 439 383 174.6 282
Rivas José 210 505 437 972
Romay Juan A. 645 1674 365 155
Rosales Manuela 721 93 514 29
Sanchez Robledo l. 981
Sandi Marcos 650 254 79
Sanguera Maria 954 3265 1655 1103 3095
Santos Francisco 1465 1329 909 1377 615
Sotomayor Hipólito 749 785 409 843 1004
Ursainqui Nicolás 809 535 649
Vargas Pedro Vicente 5845 3415 2760 1564
Villafañe Lucas 4016 2783 2452 1485 1756
capítulo iii

A la sombra de Potosí: la nueva mita


y el Socavón de Colquechaca

La década de los setenta del siglo xviii ha sido considerada decisiva para la apli-
cación de las reformas en la América española. A partir de 1776 la creación del
virreinato del Río de la Plata conllevó cambios y adaptaciones que produjeron
conflictos y tensiones político-económicas, especialmente.245 El Alto Perú y las dos
Cajas Reales que aglutinaban los distritos con mayor producción minera, Potosí
y Oruro,246 habían quedado integradas dentro de virreinato del Río de la Plata.
En este nuevo virreinato no se aplicó una política minera homogénea, y tanto
los asientos integrados en la Caja Real de Potosí y denominados “los minerales
de afuera”, como el resto de los asientos mineros, se vieron desfavorecidos en
muchos aspectos por el trato privilegiado que se le concedió al famoso gremio
de azogueros del Cerro de Potosí, como ya hemos referido en otras ocasiones.
La mayoría de las medidas de fomento que propusieron las reformas borbónicas
quedaron emplazadas en la Villa Imperial, como fue la subvención de azogue,
materiales y créditos que proporcionaba el Real Banco de San Carlos al gremio
de los azogueros potosinos, los cuales contaban también con la asignación de
trabajadores mitayos y la instalación en la misma villa de la Casa de la Moneda.247

245 Un ejemplo sobre los conflictos que originó la creación del nuevo virreinato fue la prohibición
de pasar plata en pasta de un virreinato a otro, con ello se perjudicaba a Lima, centro económico
acreedor hasta entonces. También hubo problemas con Tarapacá, cuyos mineros estaban vinculados
con Carangas y Potosí. Véase M.C. Gavira, “La Caja real de Carangas y el mineral de Huantajaya,
1750-1804”, en Anuario. Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, año 1999, pp. 105-139.
246 J. Fisher, Minas y mineros…, p. 33, cuadro 3, “Cálculos de Amat de la plata registrada en el
Perú (1776)”.
247 Enrique Tandeter, Coacción y Mercado… y Rose M. Buechler, Gobierno, Minería y sociedad…
Estos dos autores tratan de manera amplia la política minera y Potosí durante la segunda
década del siglo XVIII.
100 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

El primer régimen de intendencia que se estableció en el continente ameri-


cano fue en el virreinato del Rio de la Plata con fecha de 1782. La premura en la
creación de este virreinato fue producto de la situación de crisis y conflicto que la
sublevación indígena había conseguido establecer en gran parte de su jurisdicción,
especialmente en el Alto Perú. La Real Ordenanza para el establecimiento e instrucción
de intendentes de ejército y provincia en el Virreinato de Buenos Aires en 1782, conocida
como la Real Ordenanza de Intendentes fue aplicada durante el reinado de Carlos
iii.248 Según estudiosos como Mariluz Urquijo, esta legislación es fiel reflejo del
pensamiento ilustrado, evidenciando especialmente las respectivas funciones de la
metrópoli y las colonias, y por tanto manifestándose diferencias en el conjunto de
disposiciones. En todo caso, el objetivo era potenciar el Estado aumentando a la
vez sus recursos y para ello había que consolidar un buen cuerpo de funcionarios
que fueran capaces de gestionar y aumentar la Real Hacienda. En esta política,
los intendentes serían los hombres clave para conseguir esos objetivos ayudados
por sus subordinados directos: los subdelegados.249
El primer Intendente de Potosí, Juan del Pino Manrique, ejerciendo una de
las competencias asignadas a su nuevo cargo realizó una visita a su jurisdicción con
la intención de formar una nueva matrícula de indios, la cual tuvo consecuencias
decisivas para Chayanta, al proponerse poco tiempo después aumentar el número
de mitayos destinados a las minas de Potosí, lo que se llamó “la nueva mita”.250
Esto conllevó grandes discusiones y posicionamientos respecto al trabajo mitayo,
como trataremos detenidamente en este capítulo.
Otra de las cuestiones que tuvieron impacto en la minería de Chayanta fue
la construcción del socavón de Colquechaca, en el cerro de Anconasa, el cual se
emprendió con un préstamo del Real Banco de San Carlos,251 el único préstamo
que se concedió a los azogueros de provincias que no pertenecían al Gremio de

248 Laura San Martino, Constitución indiana de Carlos iii. La Real Ordenanza de Intendentes de 1782,
Buenos Aires, 1999.
249 La bibliografía sobre la administración colonial en los territorios comprendidos en la ju-
risdicción territorial de la Audiencia de Charcas, hoy Bolivia, para este periodo no es muy
extensa, se pueden señalar trabajos clásicos como el de Jon Lynch (1962) sobre el virreinato
del Río de la Plata, y de los historiadores del derecho como Emilio Ravignani, José M. Mariluz
Urquijo (1995), Ricardo Rees Jones (1995), Eduardo Martiré (1987 y 1995) y Edberto Oscar
Acevedo (1992) que han publicado diferentes estudios sobre las instituciones y autoridades
de fines de la colonia. Sobre el espacio del Alto Perú o jurisdicción territorial de la Audiencia
de Charcas son más escasos y destacan los trabajos centrados en Potosí, los cuales abordan
la política borbónica y sus implicaciones en la minería, como ejemplo sirvan los trabajos de
Enrique Tandeter y Rose M. Buechler.
250 Sobre este tema, véase E. Tandeter, Coacción… y R.M. Buechler, Gobierno, Minería y sociedad…
251 Guillermo Mira, “El Real Banco de San Carlos y la minería altoperuana colonial, 1779-1825”,
en Julio Sánchez, Guillermo Mira y Rafael Dobado, La savia del Imperio. Salamanca, 1997.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 101

Potosí, y en el que tuvo mucho que ver el empeño de uno de los miembros que
componía la expedición de los metalúrgicos que llegaron de Europa, Daniel Weber,
en asociación con el azoguero de Aullagas, José Antonio Amaral. La concesión de
dinero a la minería de provincias supuso una novedad en la actuación del Banco de
Rescate. La inversión de este préstamo también desató una gran polémica y una
gran cantidad de informes y expedientes que nos permiten analizar y conocer el
otro lado de la minería en Chayanta: la crisis de 1792, de la cual quedó testimo-
nios en la visita al mineral de Aullagas que adjuntamos en el anexo documental.
Estos dos acontecimientos, que no tuvieron un desenlace muy positivo para
los implicados, generaron una gran polémica y cantidad de trámites que nos van
a permitir analizar algunos procesos muy interesantes como la adjudicación de
nuevos mitayos y la resistencia que conllevó esta decisión por la cantidad de in-
tereses que implicaba. También se volvió a cuestionar la legitimidad de la mano
de obra obligatoria y las condiciones laborales de los mitayos. Por si fuera poco,
la Iglesia salió salpicada en esta polémica pues se pusieron en evidencia los abusos
de los curas doctrineros respecto al número de tributarios que tenían a su servicio
y los cobros por los servicios religiosos.252
Finalmente, en el último apartado de este capítulo abordaremos la visita de
Aullagas realizada en 1792, señalando las condiciones en que se realizó y las ca-
racterísticas de esta visita, generada a partir de intereses del Banco de San Carlos
de Potosí. La inversión del Banco y los escándalos que originó el proyecto del
socavón de Colquechaca provocaron que el gobernador intendente de Potosí
abriera una investigación en Aullagas, la cual representa una fuente de información
importante que nos proporciona una cantidad de datos decisivos para conocer la
actividad minera en tiempos de crisis. Abordaremos por tanto el objetivo de esta
visita y las condiciones en que fue realizada, lo cual determina la información y
las limitaciones que ofrece como documento de primera mano.

1. La visita del intendente Juan del Pino Manrique al partido


de Chayanta

El 18 de junio de 1787 salía el gobernador Juan del Pino Manrique a realizar


una visita al partido de Chayanta, dando cumplimiento a lo dispuesto en La Real
Ordenanza de Intendentes de 1782.253 Le daba prioridad a Chayanta –decía el in-
tendente– porque la magnitud de sus tributos así lo requería, además de considerar­

252 agi. Charcas, 440, N° 41.


253 Sobre la Real Ordenanzas de Intendentes véanse los trabajos de Laura San Martino de Dromi,
La Constitución Indiana de Carlos iii, Buenos Aires, 1999; José M. Mariluz (coord.), Estudios
sobre la Real Ordenanza de Intendentes del Río de la Plata, Buenos Aires, 1995.
102 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

que el mineral de Aullagas necesitaba de su presencia para evitar extravíos de plata


y detener los partidos que se gestaban entre los mineros. Como era lo correcto,
se dio aviso al subdelegado y se citaron en Pitantora para comenzar la visita, y
desde aquí Juan del Pino vio la necesidad de crear unas instrucciones para los
alcaldes pedáneos.254
Una de las cuestiones que señalaba el intendente de Potosí a su vuelta de
Chayanta fue el recibimiento que le dispensaron “los azogueros, hacendados, curas,
caciques, gobernadores y demás gentes de un país que poco ha tuvo gran parte en
las pasadas novedades”,255 refiriéndose, por supuesto, a la sublevación de 1780-81.
Así que en palabras del intendente fue recibido con gran gozo y esplendor. Se
quedó tres días en el mineral de Aullagas, poniendo en riesgo su salud. Decía que
éste clima era peor que el de Potosí, pues efectivamente estaba a mayor altitud y
en un paraje más incomodo. Precisamente los azogueros y vecinos de Aullagas le
comentaron la idoneidad de trasladar el pueblo a un paraje inmediato más cómodo
y habitable y les respondió que se estudiaría la posibilidad con respecto a las leyes;
esto finalmente no se realizó hasta bien entrado el siglo xix.
Nos parece muy significativo que Juan del Pino Manrique a su regreso
hiciera detallada relación de todo lo que había adquirido durante esta visita.
Suponemos que para evitar que le ocurriese como el anterior visitador Ma-
nuel García de la Plata, decidió pasar por la aduana todo su equipaje, dando
a entender que el oidor García de la Plata obtuvo beneficios de manera poco
ortodoxa durante la visita encargada por la Real Audiencia de Charcas, o al me-
nos se reconocieron las sospechas. Entre las cosas que dijo traer el intendente
se encontraba una pintura procedente de un saqueo de los indios durante la
sublevación, unas piedras de gabinete, unos libros, y una tarja de plata que le
regaló el azoguero Baltasar Alvarez Reyero.256
La información de esta visita a Chayanta y del resto de la intendencia fue
publicada bajo el título Descripción de la villa de Potosí y de los partidos sujetos a su
intendencia”.257 Este malagueño de origen, vinculado a la visita general del virrei-
nato peruano de José Antonio Areche y Jorge Escobedo, fue el primer intendente
de Potosí, nombrado en 1781 gobernador de Potosí después de que Jorge Esco-
bedo tuviese que marchar a Lima a encargarse de la visita del virreinato peruano.
Juan del Pino Manrique tuvo que trasladarse desde La Plata donde era fiscal de

254 agi. Charcas, 438, N° 155. Potosí 16 de junio de 1787.


255 agi. Charcas, 438, Nº 163. El intendente de Potosí dando cuenta de la visita al partido de
Chayanta, Potosí 16 de agosto de 1787.
256 agi. Charcas, 438. Ibídem.
257 Juan del Pino Manrique, “Descripción de la Villa de Potosí y de los partidos sujetos a su
intendencia”, en Colección de obras y documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las
Provincias del Río de la Plata, con notas y disertaciones por Pedro de Angelis.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 103

la Audiencia de Charcas.258 Como primer intendente de Potosí, en 1783 tuvo que


poner en práctica la nueva jurisdicción y funciones de su cargo. La intendencia de
Potosí incluía cinco partidos: Porco, Chayanta, Chicas, Lípez y Atacama.
Entre sus obligaciones como intendente se encontraba la de formar una
matrícula de la población de sus partidos y comenzó a ejecutarla en 1787. El 4
de mayo de ese año se enviaron órdenes al subdelegado de Chayanta Francisco
Arias para que procediera a realizar una matrícula de indios que consistió en 19
padroncillos que dieron un aumento de más de diez mil pesos con respecto a la
antigua matrícula realizada en tiempos del corregidor Joaquín Alós.259
Los resultados de la contabilización de la población en su jurisdicción de
Potosí, los resume de esta manera:

“La población de todos los partidos es, según las últimas revisitas, en Porco de 31.712
almas, en Chayanta de 54.638, 18.000 poco más o menos en Chichas, 3.864 en Lipez,
3.657 en Atacama y 60.000 que de todas clases se reputan en el valle de Tarija”.260

Estas cifras parecen reflejar el total de la población de la intendencia de


Potosí, es decir no se trata de contabilizar sólo a los tributarios, sino también a
mujeres, niños, mestizos y blancos.261 A juzgar por esta información, Chayanta
era uno de los partidos más poblados, además de los más ricos por sus recursos
minerales y agrícolas.
Los resultados de la matrícula de Chayanta de 1787 son los siguientes:

258 Según John Lynch, este malagueño de origen estudió derecho en la Universidad de Granada
y después de ser gobernador intendente de Potosí fue nombrado en 1788 alcalde del crimen
de la Audiencia de Lima y en 1797 ascendido a oidor. También fue representante legal del
periódico el Mercurio Peruano y murió en Lima en 1814. Véase de este autor, Administración
colonial española, 1782-1810. Es sistema de intendencias en el Virreinato del Río de la Plata. Eubeda
Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1762.
259 agi. Charcas, 438, N° 155.
260 Juan del Pino Manrique, “Descripción de la Villa de Potosí …”.
261 Mónica Adrián presenta un cuadro elaborado desde fuentes ubicadas en el Archivo General
de la Nación, Buenos Aires, de la misma visita de 1786 donde se mencionan 9 doctrinas o
curatos y el total de la población es de 54,638. Véase, “Acerca de las unidades de análisis en
el sur andino colonial a partir de un estudio de caso: Chayanta siglo xvi-siglo xviii”, Buenos
Aires, 2012, p. 21, cuadro 8b.
104 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Cuadro XI
Matrícula de Chayanta en 1787

Curatos Originarios Forasteros con tierra Forasteros sin tierra Totales importes
Chayanta 363 a 4p.7r. 864 12.294,2
Aymaya 133 197 2.675,6
Panacachi 113 146 2.123,6
Sacaca 113 1432 232 a 20r. 12.285,6
San Pedro 126 159 2.341,4
Moscari 136 572 5.330
Pitantora 179 275 2.628
Moromoro 96 308 169 3.937
Macha 121 537 692 8.129,2
Pocoata 425 758 9.449,4
TOTALES 2078 5248 1093 61.149,6
Fuentes: AGI. Charcas, 439.

Estas cifras también cuestionan el posible descenso que la historiografía plan-


teó sobre el impacto de la sublevación de la década de los ochenta y la represión
sobre la población indígena.262 Quizás no sea del todo conveniente plantearlo de
forma generalizada desde las fuentes que tenemos disponibles, pero ateniéndonos
a esta información hay que dejar constancia de que no se observa ninguna caída
demográfica. Esto mismo ya lo evidenciamos en las fuentes que hemos trabajado
sobre el partido de Carangas.263
El aumento desde la última tasación sobre la anterior fue de más de diez mil
pesos en Chayanta y en Porco más de veinte mil pesos. Estos resultados fueron
un argumento para contemplar la posibilidad de aumentar la mita en este partido
y en el de Porco. Por supuesto que con ello se levantó un gran conflicto que se
conoció como “la nueva mita”, que consistía básicamente en querer aumentar
los mitayos del partido de Chayanta para destinarlos a tres azogueros de Potosí,
Urzainqui, Jauregui y Orueta, en compensación, respecto a estos dos últimos,
al apoyo a la expedición de mineralogistas alemanes que llegaron a Potosí en
1789. En principio, se quiso adjudicar nuevos mitayos procedente de Chayanta
a Nicolás Urzainqui, pero después se ampliaron las concesiones y la distribución
quedó de la siguiente manera: mitayos de Chayanta para Jauregui y Orueta y de
Porco para Urzainqui, antiguo corregidor de Chayanta, con intereses mineros en
Potosí, donde construyó 4 trapiches a los que les solía llamar ingenios menores.

262 E. Tandeter, “Población y Economía. Andes, siglo xviii”, en Revista Andina, año 13, núm. 1,
Cuzco.
263 Gavira, Población indígena, sublevación y minería en Carangas, Arica, 2008.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 105

El primero en solicitar a la Corona indios de mita para sus trapiches fue Ni-
colás Urzainqui, y la consulta con Pino Manrique fue favorable, pues decía que ya
había contemplado el aumento de la mita en las Ordenanzas que había formado y
enviado a Buenos Aires, y que este aumento sería posible debido a las cifras que se
produjeron en las nuevas revisitas de indios de Porco y Chayanta.264 Sin embargo,
fue su sucesor Francisco de Paula Sanz el que recibió la real orden concediéndole
los mitayos a Urzainqui265 y el que más énfasis le puso a que se cumpliera una
nueva mita que había sido también contemplada en el Código Carolino.
Respecto a las Ordenanzas aludidas por Pino Manrique, hay que señalar que
fueron una de las asignaturas pendientes en el virreinato del Río de la Plata, donde
los intereses propiamente potosinos hicieron difícil la aplicación de las Nuevas
Ordenanzas de Minería de Nueva España o una adaptación de las mismas. Fue-
ron dos los intentos frustrados de estas ordenanzas. Primero se le encomendó a
Pino Manrique como intendente de Potosí, el cual decidió que la adaptación de
las ordenanzas mexicanas no era lo más conveniente en el virreinato de la Plata.
Fruto de sus deliberaciones y las de su asesor Pedro Vicente Cañete, se redactó
un primer proyecto que no se aprobó y quedó paralizado en Buenos Aires por el
superintendente Francisco de Paula Sanz. En este primer proyecto se trataban
extensamente los temas potosinos más preocupantes: los arrendamientos y la mita.
El segundo proyecto, “El Código Carolino”, fue responsabilidad de Francisco de
Paula Sanz que sustituyó a Pino Manrique en la intendencia de Potosí a fines de
1788. Cañete se mantuvo en el cargo de asesor y continuó con una participación
decisiva en la elaboración del Código, del cual se dice fue responsable. En 1794,
una vez terminado, fue enviado al virrey Nicolás Arredondo. Su paralización tuvo
mucho que ver con los conflictos suscitados entre las diferentes autoridades y los
mismos azogueros sobre los temas propiamente potosinos como eran nuevamente
los arrendamientos266 y la mita.267 Según Tandeter, la discusión sobre la “nueva

264 agi. Charcas, 439. N° 22. El intendente de Potosí, Juan del Pino Manrique. Potosí 30 de
septiembre de 1788.
265 agi. Charcas, 439. N° 18. El intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz manifiesta haber
mandado cumplir la Real Orden. Potosí, 30 de enero de 1790.
266 En Potosí había un importante número de dueños de ingenios o haciendas de beneficio
que arrendaban sus propiedades, incluido la mano de obra forzosa o mitayos que tenían
concedidos. Durante la segunda mitad del siglo xviii, el precio de las rentas subió en gran
proporción, considerándose un obstáculo para el crecimiento de la actividad minera. Véase
Enrique Tandeter, Coacción y mercado, p. 201-203.
267 El mismo año de 1794, una representación de los azogueros del virreinato levantó una pro-
testa por el Código y argumentó: “el tercero y principal, porque ni el gremio de azogueros de
Potosí ni el de fuera, ha concurrido ni tratado su contexto, sino los doce diputados a quienes
les leyeron (ya concluidas) con rapidez y sin arbitrio, ni personería de los cuerpos de minería
interno y externo, como inmediatos interesados que costean el trabajo”. agi. Charcas, 695.
Potosí, 25-ix-94. Representación de azogueros al virrey Nicolás Arredondo.
106 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

mita” decidió el fracaso del Código.268 Eduardo Martiré opina que el Código no
prosperó por su excesivo reglamentarismo e intervencionismo estatal en la ac-
tividad minera. Según este autor, este pretendido control se enfrentó al criterio
predominante en la época que se caracterizaba por una mayor liberalidad en el
proceso de desarrollo económico.269
En definitiva, el trato de prioridad concedido a Potosí perjudicó en parte a
los otros centros mineros incluidos dentro del virreinato del Río de la Plata.270 La
paralización de las nuevas ordenanzas de minería suponía una nueva frustración
para el resto de los asientos mineros, los cuales continuaron dependiendo de las
decisiones generadas por los intereses potosinos, de la distribución del azogue por
el Banco de San Carlos, de la marginación a la hora de conceder créditos, de los
perjuicios que provocaba la concesión de mitayos en la población de las provincias
y, por tanto, de la disponibilidad de mano de obra, y también de los gastos que
suponían tener que enviar las barras de plata hasta la Casa de Moneda de Potosí.271
Las Ordenanzas de Minería de Nueva España se aprobaron en 1783 y se
adaptaron para el virreinato del Perú y Chile en 1785 por Jorge Escobedo. En
el virreinato del Río de la Plata se mantuvieron las ordenanzas de Toledo y las
disposiciones recogidas en la Recopilación de las leyes de Indias.272 Básicamente,
el proyecto de reforma sobre la minería colonial se puso en ejecución después de
la independencia de Bolivia, aunque con algunos contratiempos, y se estableció
como vigentes las Ordenanzas de Nueva España mientras se elaboraba un Código
minero propio ¿Por qué se impusieron durante la República las Ordenanzas de
Nueva España, y no el Código Carolino? Suponemos que el motivo principal fue
porque las primeras estaban asociadas al auge de la minería mexicana de fines del
siglo xviii, y también porque el Código Carolino contemplaba una reglamentación

268 Tandeter, Coacción y mercado..., p. 247.


269 Eduardo Martiré, El Código Carolino de Ordenanzas Reales de las minas de Potosí y demás provincias
del Río de la Plata de Pedro Vicente Cañete, vol. I (Buenos Aires, 1973) vol. II (Buenos Aires,
1974), p. 254.
270 Rose M. Buechler hace referencia a las protestas de los mineros provincianos que vieron
el Código como una manifestación más de la notoria tendencia potosina: “la de arreglar el
mundo en favor suyo y en detrimento de todos los demás”. Véase de esta autora, Gobierno,
Minería…, p. 209. También Eduardo Saguier hace referencia en sus trabajos a los perjuicios
que conllevó al resto de los centros mineros el privilegio con que la Corona trataba a Potosí.
Véase “La crisis revolucionaria en el Alto Perú y el Gremio de Azogueros”, Historia y Cultura,
vol. 21-22, La Paz, 1992, pp. 111-137.
271 A partir de la creación de las intendencias se puso en vigor una ley para que se pagara a los
azogueros la plata en moneda en las Cajas reales, pero esto no fue posible siempre y aunque
algunos años se rescató fue en muy corta cantidad; por tanto los azogueros debían de enviar
su plata a la Casa de Moneda de Potosí o malvenderla a los comerciantes. La Caja Real de
Carangas nunca rescató y la de Oruro tan solo rescató algunos años. Véase Gavira, Historia
de una crisis…, cap. 5.
272 Eduardo Martiré, Historia del derecho minero argentino, Buenos Aires, 1979, p.33.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 107

muy extensa sobre la mita potosina, que al estar suprimida ya no tenía sentido.
En todo caso, éste ya había sido rechazado por su excesivo intervencionismo y
reglamentación que era fruto de la mentalidad ilustrada de sus creadores, el in-
tendente de Potosí y su asesor Cañete.273

“La nueva mita”

La mita como institución encargada de facilitar el uso de la energía indígena para


las empresas de españoles, no era del todo original si tenemos en cuenta que en
otras regiones como la Nueva España este objetivo era cubierto por los indios de
tandas o repartimientos, que era también la adaptación del servicio o tributo en
trabajo de los pueblos prehispánicos.274 La mita de Potosí, como institución de
origen incaico, reglamentaba un sistema de tributación en trabajo por turnos y
se adaptó durante el gobierno del virrey Toledo a los intereses españoles con el
beneplácito de las autoridades indígenas. Toledo consiguió organizar y legitimar,
según nos señala Tristan Platt, un pacto de reciprocidad entre los caciques y la
Corona, de manera que el cumplimiento del tributo y la mita garantizaban el
respeto a sus tierras y autoridades.275 Este mismo carácter contractual es aludido
por el intendente de Potosí Francisco de Paula Sanz, durante sus intentos por
defender la mita y aumentar el número de mitayos:

“Toledo formó la idea de resucitar el repartimiento de la Mita, que Guayna-Capa


había establecido, pero, en medio de aquel principio y de haber recaído en nuestros
Soberanos el dominio que tenían los Incas no quiso prevalerse de la autoridad ni
de tal antecedente y intentó formalizar un contrato con los caciques desde Canas y
Canches hasta la provincia de Charcas y capitular con ellos el servicio de la séptima
parte de los indios de sus respectivos ayllos o parcialidades, capitulando por esta
obligación la libertad de los repartimientos particulares y demás pensiones que sufrían
en sus pueblos hasta entonces y de este modo, aunque resucitó aquel antiguo servicio
forzado del tiempo de los incas, fue mudándolo en un contrato voluntario, bien que
obligatorio de padres a hijos bajo las condiciones y qualidades estipuladas”.276

273 Eduardo Martiré, El Código Carolino de Pedro Vicente Cañete. Buenos Aires, 1973. Vol I, pp.
254-55.
274 Véase por ejemplo Margarita Menegus, “La destrucción del señorío indígena y la formación
de la República de Indios en la Nueva España”, en H. Bonilla, El sistema colonial en la América
Española.
275 Según Platt, la mita ya gozaba de cierta legitimidad entre la población andina, por la existencia
previa de mitas incaicas y señoriales aymaras con diversas funciones político-económicas y mi-
litares. Véase de este autor, “Señorío aymara y trabajo minero. De la mita al K’ajcheo en Potosí
(1545-1837”, en Marchena Fernández, Potosí. Plata para Europa, Sevilla, 2000, pp. 191-211.
276 Francisco de Paula Sanz, 9 de marzo de 1793. Citado por Tandeter, Coacción y mercado…p.,
37. Procede de María del Carmen Cortés, “Una polémica en torno a la mita de Potosí a fines
del siglo xviii”, en Revista de Indias, N° 30. Año 1970.
108 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

La mita ha sido el centro de estudios relevantes que ponen en evidencia la


importancia de esta institución que proporcionaba mano de obra barata y forzosa
a la minería potosina, y quizás este mismo monopolio de atención por parte de
la historiografía colonial ha priorizado este tipo de trabajo forzoso en la minería
colonial andina, sin tener en cuenta que en los centros mineros sin concesión
de mitayos los trabajadores eran reclutados de distintas formas, como ya hemos
señalado en otros trabajos.277
Sobre el origen de la mita potosina, señala Bakewell, que el virrey Toledo tan
sólo se encargó de reglamentar unas prácticas ya existentes de repartos de indios a
los propietarios de minas. El virrey Toledo comenzó a organizar el reclutamiento
de mitayos para Potosí en 1572. Esta fecha fue decisiva debido al cambio tec-
nológico que suponía la adopción del beneficio de la plata con mercurio, el cual
como sabemos requería mayor número de trabajadores. En principio, reclutó a
un aproximado de 9.500 hombres, la mitad de los cuales debía de trabajar en las
minas e ingenios y la otra mitad en tareas de provecho, como vender sus propias
mercancías o beneficiar plata por su cuenta. Estos primeros años no se había
establecido un sueldo en moneda sino en mineral y no sabemos nada de los ho-
rarios laborales. Tampoco quedaba bien definida la temporalidad ni el papel de
las autoridades indígenas que acompañaban a los mitayos.278 El descontrol y los
abusos propició que el virrey Toledo tuviera que proponer un nuevo plan en 1575,
donde ya se decidió aumentar el número de indios reclutados (entre el 15-17 % de
la población de La Plata, La Paz y Cuzco) y estipuló que debía de dividirse en tres
grupos, dos tercios en huelga y un tercio en el trabajo. Este tercio en el trabajo se
conoce como mita ordinaria y el número total de trabajadores reclutados como
mita gruesa. Ese año la mita ordinaria fue de 3.861 y la mita gruesa fue de 11.494
hombres. Tres años más tarde se aumentó hasta 14.181 mitayos.279
Estas cifras se mantuvieron más o menos hasta un siglo después cuando en
1688 el duque de la Palata la rebajó abruptamente a 5.658 y volvió a reducirse otra
vez en 1692 por el conde de la Monclova a 4.101 mitayos. Sin embargo, con el
tiempo empezaron los problemas: movilidad y disminución de la población. Los
indígenas que se desplazaban huyendo de la mita y se establecían en otros lugares
se denominaron forasteros y éstos no estaban contemplados para cumplir con esta
obligación. Otro gran problema era el descenso de la población indígena que junto
con las migraciones dejó muchos lugares bastante diezmados e imposibilitados
para cubrir con las cargas asignadas. El censo realizado por el virrey duque de la

277 Gavira, “Reclutamiento y remuneración de la mano de obra minera de Oruro, 1750-1810”,


en Anuario de Estudios Americanos, t. lvii-1, Sevilla, 2000, pp. 223-250.
278 Bakewell, Mineros de la Montaña Roja. El trabajo de los indios de Potosí, 1550-1650. Alianza
Editorial, Madrid, 1989.
279 Ibídem, p. 83-84. La distribución fue la siguiente 1.118 mitayos a las minas, 3.055 a las refi-
nerías y al reprocesado de los restos para la amalgamación 228 mitayos.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 109

Palata calculó que la disminución de la población indígena en el área sujeta a la


mita fue de 45% desde la revisita del virrey Toledo.280
En el siglo xviii, concretamente la Real Orden de 1732, tranquilizó a los
azogueros del Gremio de Potosí, pues la nueva dinastía Borbón se declaraba a
favor de la mita y no pretendía realizar ninguna novedad al respecto. Hay que
decir que esta fue una medida decisiva que junto a otras como el entable mitayo
promovieron que en la segunda mitad del siglo xviii se produjera una recuperación
en la producción del centro que aumentó el valor de los ingenios y la demanda de
aquellos que tenían adjudicados mitayos.281 Durante la segunda mitad del siglo
xviii, señala Tandeter, aparecieron una cantidad considerable de azogueros aven-
tureros llegados generalmente a través del comercio y establecidos en Potosí en
busca de la fortuna en la minería. Como ya lo hemos señalado, algunos de ellos
se establecieron en provincias y no por ello les fue tan mal, como por ejemplo
fueron los casos de José Astuena, o Francisco de Amaral.

La mita de Urzainqui

La mejora en la producción de plata del Cerro Rico estuvo acompañada de un


aumento en las demandas de los azogueros, los cuales encontraron la coyuntura
perfecta en las reformas borbónicas y la preocupación de la Corona por apoyar
la minería. Empezaron, por ejemplo, a beneficiarse de los cambios en el precio
del azogue que bajó y comenzó a suministrase desde Potosí, la constitución del
Banco de San Carlos con los préstamos y su política de apoyo a los azogueros
del Gremio, y por último la expedición de los mineralogistas europeos con sus
novedades tecnológicas y sus conocimientos. En este contexto un nuevo azoguero,
Nicolás Urzainqui, demandaba a la Corona que se le concediesen mitayos para
sus intereses en Potosí.
Nicolás Urzainqui, peninsular nacido en Navarra, fue corregidor de Chayan-
ta hasta 1779, año en que entró a servir el cargo Joaquín Alós. En 1788 Nicolás
estaba asentado en Potosí desde donde escribía a la Corona pidiendo que le per-
mitieran cobrar las deudas pendientes en la provincia de Chayanta pues decía que
había dejado gran cantidad de pesos por cobrar en conceptos de “contratos de
justicia, suplementos, rezagos de tributos y bulas”.282 El motivo por el cual dejó
estos pendientes fue por la situación de conflictividad durante la sublevación y
la orden de la Corona para que no se cobrase dinero en estas provincias subleva-
das por parte de los corregidores. Decía Urzainqui que esto le había conllevado

280 E. Tandeter, Coacción…, p. 45.


281 Ibídem.
282 ags. sgu. 6801,15. Distintas peticiones de Nicolás Urzainqui para cobrar sus deudas en la
provincia de Chayanta.
110 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

graves perjuicios económicos. Suponemos que fueron estas quejas y peticiones


las que consiguieron que al final se apiadasen y pretendieran reponerle de alguna
manera las pérdidas. El Rey, por real orden del 20 de agosto de 1789, concedía a
este minero 210 indios mitayos de gruesa, es decir 70 indios de punta que debían
salir de alguno de los dos partidos que dieron aumento de población en la últi-
ma revisita realizada por el intendente de Potosí. Este trámite duró en consulta
mucho tiempo y al final como podremos comprobar ni siquiera se cumplió. Los
oficiales de la Caja Real de Potosí pidieron que todos los partidos enviaran la
séptima y que cumplieran con su obligación. En el caso de Porco y Chayanta el
aumento sería considerable y suficiente para asignar la mita a Urzainqui.283 Esta
fue la petición de los oficiales reales de Potosí sobre los mitayos que a Chayanta
y Porco les correspondían enviar:

Cuadro XII
Mitayos correspondientes a Chayanta y Porco

Matrícula la Monclova Chayanta Porco


Deben 627 Mitayos Deben 426 Mitayos
Envían 533 Mitayos Envían 318 Mitayos
Ultima revisita de 1786-87 Deben 1.056 Mitayos Deben 769 Mitayos
Fuente RAH. Colección Mata Linares.

En respuesta a esta petición, el subdelegado de la provincia de Porco infor-


maba que de los 18 pueblos o curatos de Porco, 10 eran de originarios y 8 de
forasteros sin tierras; comentaba que estos últimos no debían ser forzados a cumplir
con la obligación de mitar porque no tenían recursos, además de la dificultad de
retenerlos. Alegaba que no se había innovado respecto a la obligación de cumplir
con la mita de los forasteros y que por tanto los oficiales reales se equivocaron
en las cifras. Aludía que los azogueros decían recibir sin escrúpulos originarios y
forasteros, pero estos últimos eran personeros pagados por los mismos tributarios
originarios. También argumentaba que como el sistema establece dos semanas
de trabajo y dos de descanso, si el mitayo es pobre no podía mantenerse él y su
familia durante esas dos semanas y se veía obligado a trabajar sin descansar, sien-
do totalmente injusto. El subdelegado Pedro Francisco de Arismendi decía que
intentaría cumplir con la orden y enviaba una relación de los pueblos obligados
a mitar y de los que estaban exentos.284
El subdelegado de Chayanta también cuestionaba las cifras que proponían
los oficiales reales de Potosí. En el pueblo de San Pedro de Macha decía haber

283 rah. Mata Linares. Oficiales de la Caja real de Potosí, Potosí 22 de febrero de 1790.
284 rah. Mata Linares. Informe del subdelegado del partido de Porco, 29 de abril de 1790.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 111

un equívoco de 103 indios. Respecto a los originarios y forasteros con tierras o


sin tierras de Moromoro y Pintatora no debían ser incluidos pues gozaban del
privilegio de no mitar porque los primeros tenía la obligación de hacer trincheras
en la plaza de la ciudad de La Plata por la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe,
y respecto a los de Pintatora decía que no sabía por qué estaban exentos. Co-
mentaba que era difícil cumplir con la asignación de mitayos porque los caciques
tenían muchas dificultades para obtener el número asignado de trabajadores, los
originarios acomodados ponían personeros, pero los caciques tenían que cumplir
y “reponer por los muertos, ausentes y reservados” con la dificultad añadida de
tener que entregar un crecido número a los doctrineros para el servicio de sus
iglesias. En todo caso, decía que se le podía asignar a Urzainqui los indios de
cédula según los números que él proponía, pero que debería de ponérsele una
condición que consistía en que:

“Sea obligado a retener a cada uno de los originarios dos reales por semana de los
propios salarios que pagare y a los forasteros un real para que al año que sirvan su
mita y en el que salen debiendo a sus caciques dos y tres tercios de sus tributos, lo
puedan satisfacer en atención a la corruptela o abuso de que están poseídos de no
querer pagar sus tributos el año de su servicio”.285

Es evidente que los subdelegados tenían que defender la posición de los


caciques pues si estos no les entregaban los tributos se veían en la obligación de
completarlos. Por tanto, defendían y eran celosos de las listas de tributarios que
se proponían desde la Real Hacienda, porque las listas internas establecidas con
los caciques eran negociables pero a los oficiales reales había que responderles
de forma íntegra para no dejar deudas pendientes, que cuestionaran “su amor y
servicio al Rey”.
La Corona, para considerar la petición de Urzainqui, pidió un informe al in-
tendente de Potosí, al virrey, y al Gremio de azogueros. Todos los informes fueron
positivos respecto a que se le concedieran 70 mitayos de punta. Los azogueros del
Gremio de Potosí decían en su informe que Urzainqui había trabajado muchos
años siete cabezas de ingenios y que había construido trapiches, destacándose
como buen azoguero.286 Señalaban que su petición de mitayos no perjudicaba a
ninguno de los miembros del Gremio. No perdieron la oportunidad para comen-
tar lo bien pagado que estaban los mitayos y exigían que se aplicase la real orden
de 1732, donde se establecía que igual debían cumplir originarios que forasteros

285 rah. Mata Linares. Informe del subdelegado del partido de Chayanta, 20 de mayo de 1790.
286 agi. Charcas, 700. En el Estado que demuestra los marcos de plata registrados por los azo-
gueros de Potosí durante 1785-89, Urzainqui registró las siguientes cantidades: 1786-1,070
marcos, 1787-4,022 marcos, 1788-4,289 marcos, 1789-1,513 marcos.
112 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

con la obligación de mitar.287 Ya aludimos a que los dos subdelegados de Porco y


Chayanta no consideraban conveniente hacer novedad sobre ese punto.
El intendente de Potosí Francisco de Paula Sanz, en su informe al virrey
del Río de la Plata el 16 de noviembre de 1790, en respuesta de su comisión de
averiguación sobre la corrección del proceso para conceder los indios de cédula
solicitados por Urzainqui, contestaba finalmente que sería aconsejable reducir el
número de mitayos de 210 a 170 de grueso para el trabajo en las minas e inge-
nios, de éstos 12 para el cerro y 40 de punta,288 dejando algunos sobrantes. En
1791, después de concedida la merced de los mitayos, Urzainqui colaboró con
la expedición de Nordenflich, realizando experimentos del método de barriles
en el Ingenio de Vilapaloma.289 No podemos precisar si fue por voluntad propia
o inducido por el intendente como reciprocidad por su apoyo con los mitayos.
Suponemos que esta concesión fue un antecedente decisivo para la siguiente ad-
judicación de indios de cédulas a los azogueros Orueta y Jauregui, sin embargo
ninguno consiguió mitayos para sus empresas.

La mita de Orueta y Jauregui

La minería fue una actividad prioritaria para los intereses de la Corona, y durante
las últimas décadas del siglo xviii este interés se concentró en una atención es-
pecial por la tecnología. La ilustración había impulsado las ciencias en gran parte
de Europa, y España no quedó al margen de este interés. Se organizaron muchas
expediciones científicas que involucraron los territorios americanos, sin embargo
la minería concentraba un interés especial por motivos bien definidos, generaba
una gran cantidad de dinero a las Arcas Reales. Por ejemplo, las expediciones en
busca de azogue en Nueva España no obedecían a un mero interés científico,
estaban organizadas para fomentar la producción de plata y no depender del
abastecimiento de azogue desde la península, el cual se tornaba caro e inestable
por depender de condiciones externas.
La metalurgia y mineralogía centro-europeas habían levantado muchas ex-
pectativas y la Corona se propuso enviar súbditos españoles capaces de informarse
y prepararse para volver a renovar la minería colonial, la cual se consideraba
atrasada. Se becaron a jóvenes como Fausto Elhuyar, comisionados para estudiar
in situ el nuevo método de amalgamación inventado por Ignaz von Born y buscar
peritos mineros destinados a implantar este método en América. La comisión de

287 rah. Mata Linares. Informe del Subdelegado del partido de Chayanta, 20 de mayo de 1790.
288 rah. Mata Linares. Informe del gobernador de Potosí sobre la mita de Urzainqui, 16 de
noviembre de 1790.
289 agi. Charcas, 700. Mapa económico firmado por Nicolás Urzainqui en el ingenio Vilapaloma,
16 de abril de 1791.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 113

expertos­destinados a la región andina estaba dirigida por Nordenflicht y com-


puesta por Daniel Weber, Antonio Zacarias Helms y Gottlb Friedrich Mothes.
En un principio estaba programado que pasaran por Cabo de Hornos hasta Arica
para desembarcar azogue, pero Francisco de Paula Sanz logró que llegaran al
puerto de Montevideo y se dirigieran hacia Potosí, donde la expedición llegó el
24 de enero de 1789.290
En febrero de 1789 el intendente de Potosí comunicaba del arribo a la villa
de la compañía de mineralogistas y pedía al virrey de Lima que dejara a Daniel
Weber en Potosí para encargarse del socavón, de la construcción de la máquina de
barriles y de poner finalmente en pie esa academia de mineralogía que hacía tiempo
se proyectaba y que se estaba capitalizando con parte del descuento aplicado a los
azogueros en el Banco de San Carlos. El virrey de Lima mostró su desacuerdo
porque estaba esperando la llegada de Weber para enviarlo a Huancavelica,291 pero
Weber al final se quedó en Potosí y, como abordaremos más adelante, concentró
sus intereses en Chayanta.
Para la construcción de los barriles o máquinas que venían a demostrar la mayor
utilidad de este método traído por los especialistas desde Europa, se necesitó de
colaboración y dinero de parte de los azogueros. Luis Orueta y Juan Bautista Jau-
regui se ofrecieron para financiar una máquina de barriles en su ingenio. Estos dos
peninsulares no hacía mucho tiempo que habían llegado a Potosí vía Buenos Aires
y por intereses comerciales, supieron vincularse y apegarse al intendente Sanz,292 el
cual para recompensar sus servicios les apoyó en su pretensión de pedir mitayos. El
25 de octubre de 1792 el intendente escribía al virrey de Buenos Aires pidiéndole
“que se les asigne la mita correspondiente al nuevo ingenio que están concluyendo
y que estaría acabado en dos o tres meses”;293 argumentaba que esto era posible
con el aumento de la séptima de las provincias revisitadas. Esta recompensa le fue
concedida por real orden del 5 de mayo de 1793 y en julio de 1794, en consulta
con el virrey y Francisco de Paula Sanz, se determinó la cantidad de 184 mitayos
procedentes del aumento de la población tributaria resultante de la revisita de 1787
de Chayanta, específicamente de los pueblos de Pocoata, Moscari y San Pedro.294
Cuando en 1795 se intentó aplicar esta asignación ocurrieron hechos decisivos
en Chayanta. El gobernador intendente de Potosí decía: y se armó el “tolle tolle”

290 Rose M. Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad…, pp. 107-110.


291 agi. Charcas, Carta del virrey del Perú a Antonio Valdez, Lima 30 de octubre de 1789. El
virrey se queja del intendente de Potosí Francisco de Paula Sanz por estar deteniendo a los
expertos en Potosí, que hacían mucha falta en Huancavelica.
292 Según Buechler, el intendente Paula Sanz tenía importantes deudas contraídas desde se
estancia en Buenos Aires con Orueta. Véase Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad, p. 356
293 agi. Charcas 700. Paula Sanz al virrey Nicolás Arredondo, Potosí 25 de octubre de 1792.
294 agi. Estado, 80, N° 19. El virrey del Río de la Plata a Diego Gardoqui. Buenos Aires, 3 de
julio de 1795.
114 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

a diez días de poner en práctica la nueva mita.295 El indio Victoriano Ayrá, en el


paraje de Machamacha, cerca de Pocoata, incitó a rebelión a los tributarios para
que no pagasen los tributos ni reconocieran al cacique propietario de la parcialidad
de Urinsaya, Toribio Navarro, el cual los había “vendido”, según el pretendiente,
al intendente de Potosí. Marcelino Lupa fue el responsable de correr la voz de
insurrección ante la Audiencia de Charcas.296 El fiscal de la Audiencia Victorián
Villaba no perdió el tiempo en enviar un informe al virrey en Buenos Aires.
Al final, el virrey del Río de la Plata ordenó al subdelegado de Chayanta que
no hiciera novedad respeto al número de mitayos, temiendo que el descontento y
la protesta se convirtieran en una rebelión. Señalaba el virrey que la sublevación
general de 1780 “se originó en el partido de Chayanta por una causa de cacicaz-
go” y que sin embargo entonces se había despachado la mita con normalidad.
Dispuso que de manera muy disimulada se prendiera al sedicioso de Victoriano
Ayrá y lo mandaran preso a la capital. Decía el virrey que no se debía mantenerlo
en Chayanta, “por ser cosa notoriamente sabida que sus naturales son los más
belicosos que se conocen en este reyno”.297
Este aumento de mitayos abrió un conflicto sobre la mita que dividió a las
autoridades y personalidades de la Audiencia de Charcas. El fiscal de la Audiencia,
Victorián Villava, lanzó una campaña contra la mita que además fue apoyada por
parte de la iglesia de Charcas. Para contentar a los gobernadores y tributarios de
Chayanta, el intendente y el subdelegado de Chayanta prometieron reducir al
mínimo posible los servicios a los curas e Iglesia. Esta promesa levantó la firme
oposición de muchos de los curas de Chayanta, los cuales fueron a quejarse al
arzobispo de Charcas.
Los excesos de los curas fueron detallados en diferentes informes con testi-
monios que hablaban de los abusos económicos y de poder que cometían los curas
de forma generalizada, y que en algunos curatos eran más escandalosos; según el
intendente y el subdelegado:

“los abusos, las supersticiones, la irreligiosidad y las tiranías que se practican en los
curatos de aquel partido, singularmente en los de Chayantacas y Laymes de la misma
capital de Chayanta y en el de San Pedro de Buenavista”.298

Denunciaba Francisco de Paula Sanz que los curas tenían ocupados mil ciento
veinte y tres indios de aquel partido en los servicios y fiestas, además de treinta y

295 agi. Charcas, 440. Francisco de Paula Sanz a Diego Gardoqui. Potosí, 26 de junio de 1796.
296 Hay que señalar que el padre de Marcelino Lupa fue el cacique que ajusticiaron los indígenas
durante la sublevación de Catari.
297 agi. Estado, 80, n° 19. El virrey del Río de la Plata a Diego Gardoqui. Buenos Aires, 3 de
julio de 1795.
298 agi. Charcas, 440. Francisco de Paula Sanz a Diego Gardoqui, Potosí, 26 de junio de 1796.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 115

seis más en que se equivocaron las relaciones. Según el intendente, este servicio
duplicaba en número a la mita establecida al partido de Chayanta. Recordemos
que la matrícula de la Monclova señalaba que debían enviar 627 mitayos, aunque
sólo enviaban 533 tributarios, es decir realmente más del doble de tributarios
estaban al servicio de la Iglesia.
El intendente Francisco de Paula Sanz destacaba 4 curas como los más pro-
blemáticos: los de Chayantacas, y Laymes de la misma capital de Chayanta, el de
San Pedro de Buena Vista y el de Micani. El subdelegado de Chayanta removió a
estos curas, los cuales aliados con el fiscal Villava consiguieron hacerse más fuertes
en su oposición. El virrey, en vista del conflicto entre el Arzobispo de Charcas y
el intendente de Potosí sobre los abusos de los curas, determinó que se enviaran
comisionados de ambas partes al partido para investigar la situación y averiguar
si eran ciertos los abusos de los curas.299 Decía el intendente que la sublevación
en Chayanta era “una inventiva de los curas”.300
Como consecuencia de este conflicto se suspendió la mita asignada a los mi-
neros Orueta y Jauregui, por miedo a que los tributarios del partido de Chayanta
se sublevaran nuevamente. En sus ambiciones, el intendente se había enfrentado a
dos instituciones clave, la Audiencia de Charcas y la Iglesia, y como era de esperar
no pudo salir airoso de este conflicto. El final le fue adverso en todos los sentidos
porque tuvo que doblegarse cuando se le separó como intendente del patronato
en su provincia301 y también resignarse ya que el Código Carolino donde estaba
contemplada y regulada “la nueva mita” no fue aprobado. El virrey Pedro Melo
de Portugal, que se decía amigo y compadre de Paula Sanz, murió en 1797 y
así se quedó el intendente sin su gran protector. El siguiente virrey repitió las
órdenes para que no se repartieran nuevos mitayos y Francisco de Paula Sanz
contestaba en 1799 que no había innovado con respecto a la mita y que no se
habían repartido indios de cédula a Jauregui y Orueta ni tampoco a Urzainqui
porque cuando se dio la orden para paralizar el procedimiento en Chayanta, se
comunicó al subdelegado de Porco para que no procediera a conceder la mita
de Urzainqui. Según las fuentes, los tributarios de Porco también se quejaron
ante la Audiencia de Charcas.302
Otra de las consecuencias de este proceso fue el conflicto sobre los caciques.
La Audiencia de Charcas determinó que los caciques no deberían ser nombrados

299 Según el informe del Intendente de Potosí en Chayanta, se producían 133 renovaciones, 416
fiestas, 491 alférez, 446 mayordomos y 305 sirvientes; teniendo en cuenta que para todo ello
gastan “los pobres indios” la cantidad de 18,412 pesos, según declararon los caciques. agi.
Charcas, 696. Carta del virrey Pedro Melo de Portugal a Diego Gardoqui, Buenos Aires, 30
diciembre de 1796.
300 agi. Charcas, 440, Nº 31. Francisco de Paula Sanz a Diego Gardoqui, Potosí 26 de junio de
1796.
301 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad…, p. 265.
302 agi. Charcas, 700. Francisco de Paula Sanz al virrey. Potosí, 26 de marzo de 1799.
116 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

por el intendente ni por el subdelegado, pues se debía respetar el derecho de sangre


entre los aspirantes a ejercer este tipo de autoridad entre los indígenas. Detrás
de esta real provisión se vislumbraba la disputa y el celo por las competencias
entre la nueva institución de la intendencia y la Audiencia de Charcas. También
se llegó a rumorear que Francisco de Paula Sanz había pagado a algunos caciques
de Chayanta para que les apoyaran en el conflicto de la mita y denunciaran los
abusos de los curas. La respuesta del subdelegado de Chayanta, Arismendi, a esta
disposición de la Real Audiencia fue larga y a la vez contundente, decía sentirse
coartado en sus facultades y que no se podría garantizar así la mita, ni la paz de
un partido tan problemático como Chayanta. Decía que en estas condiciones él
no podría responder por las quiebras en el Real Erario, por los trastornos en el
pueblo, y por la falta de la mita.303 En definitiva, el subdelegado propugnaba por
lo que era ya una realidad sin la cual se hacía difícil el gobierno en los pueblos de
indios: la colaboración entre los caciques y los cargos españoles. No sabemos cómo
se resolvió el conflicto pero si podemos apuntar que en 1797 se abrió un amplio
expediente ante la Audiencia de Charcas por las denuncias de algunos tributarios
de los ayllus de laymes, puracas, chulpas, chayantacas, carachas, sicoyas hacia sus
caciques por malos tratos.304
Durante algunos años, como señala Buechler, los indos de Chayanta fueron
las víctimas de muchos conflictos, entre ellos de las disputas entre instituciones
pues tuvieron que soportar las visitas de comisionados que investigaban al clero y
también los rumores del aumento de la mita; en definitiva fueron el instrumento
para alcanzar las ambiciones de algunas autoridades y de las políticas gestionadas
desde Potosí y desde Charcas.305 El único que realmente luchó por abolir la mita
de Potosí y acabar con ese servicio tan costoso de cumplir para la población in-
dígena fue Victorián Villalba, que desde su llegada al Alto Perú en 1791, empezó
una campaña de descrédito contra la institución y contra las autoridades que
querían incrementar este servicio obligatorio.306 Los argumentos de Villaba307 se
resumían en 4 principalmente:

1. Que el trabajo de las minas de Potosí no era público.


2. Que aún siendo público no daba derecho a forzar a los indios.
3. Que el indio no era tan indolente como se piensa.
4. Que aún siendo indolente no debía ser obligado a este trabajo coactivamente.

303 agi. Charcas, 440. Documento n° 4. Potosí, 13 abril de 1796.


304 anb. Minas, Año 1798.
305 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad, pp. 248-292.
306 Tandeter, Coacción y mercado, p- 248.
307 María Antonia Triano, “Planteamientos políticos del fiscal Villaba”, en Europa e Iberoamérica:
cinco siglos de intercambios. Vol. iii, Actas del ix Congreso Internacional de Historia de América,
Sevilla, 1992, pp. 309-323.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 117

Sin embargo, tan solo consiguió que no se implementara el aumento en el


número de mitayos, pues la institución se mantuvo hasta 1812, año en que fue
abolida por las Cortes de Cádiz.

2. El desagüe de Colquechaca

Después del auge minero de los ochenta, la producción en Chayanta parece que
tuvo un importante receso, que en su mayoría se debía a los problemas en la extrac-
ción del mineral. Una gran cantidad de minas aguadas demandaban importantes
inversiones que fuesen capaces de dejar el acceso libre a la extracción de metales.
Este problema era frecuente con el paso del tiempo y la profundización de las
minas. La solución, como abordamos en el capítulo anterior, consistía en desaguar
las minas a través de socavones, de malacates, o bombas que extrajeran el agua.
Esto requería de una fuerte inversión que solía ser escasa en la minería andina.
En el siglo xviii los métodos para sacar el agua de las minas consistían prin-
cipalmente en socavones o túneles que a través del desnivel traspasaban el agua a
distintos planes. Otra de las maneras, como ya comentamos, eran los malacates
que tirados por fuerza animal o humana sacaban el agua en botas o cubos hasta
la superficie. En el caso de las bombas hidráulicas propuestas por Weber, sospe-
chamos que se trataba del modelo alemán descrito ya por Agrícola en su tratado
del siglo xvi. Nada que ver con las bombas a vapor que se instalaron en Cerro de
Pasco308 a principios del siglo xix, ni las tan complicadas bombas de Newcomen
que se intentó transferir hasta las minas novohispanas a principios del siglo xviii.309
Entre el grupo de especialistas europeos que se estableció en Potosí durante
dos años, con la intención de renovar y “modernizar” el proceso de beneficio de
la plata a través del “no tan original” método de barriles,310 se encontraba Juan
Daniel Weber. Este experto considerado el segundo director de la expedición fue
descrito por Elhuyar como minero de segunda clase “que sin embargo de tener
los principios necesarios hasta cierto punto y conocimientos de todos los Ramos

308 John Fisher, Minas y mineros en el Perú colonial, 1776-1824, Lima, 1977, p. 229-233. La primera
bomba fue instalada en Santa Rosa en julio de 1816, un año más tarde ya dio problemas que
no supieron resolver los dos operarios ingleses que llegaron con las máquinas. En 1817 llegó
el ingeniero inventor Trevithick y se solucionó. Las bombas se paralizaron en 1820 debido
a los conflictos armados por la independencia y en 1825 cuando se restableció la actividad
minera sólo quedaba una bomba en funcionamiento que explotó en 1828.
309 Carlos Sempat Assadourian, “La bomba de fuego de Newcomen y otros artificios de desagüe:
un intento de transferencia de tecnología inglesa a la minería novohispana, 1726-1731”,
Historia Mexicana, Vol. L: 3, Colegio de México, pp. 385-453.
310 Tristan Platt, “La alquimia de la modernidad. Los fondos de cobre de Alonso Barba y la
Independencia de la Metalurgia Boliviana (1780-1880), en Anuario. Archivo y Bibliotecas de
Bolivia. Sucre, 1999.
118 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de Minería, no están acostumbrados a objetos muy vastos”; sin embargo, señala


Buechler, otros los consideraban “el polaco más hábil”.311 En octubre de 1790
Nordenflicht salía hacia Huancavelica y Weber se quedaba solo en Potosí,312
donde decidió no insistir más en la introducción de la máquina de barriles y con-
centrarse en su labor de socavonero. Esta actividad la concentró en dos aéreas, en
Potosí como encargado de retomar el real socavón, y en Chayanta en el socavón
de Colquechaca, como veremos a continuación.
El real socavón, en Potosí, ocasionó una gran polémica entre los mismos
expertos y mineros que a lo largo de los años fueron cambiando de opinión. El
primer emplazamiento elegido fue por la quebrada Lípez-Orco, pero Escobedo
decidió durante su gobierno cambiar el lugar por Surco, orientación que tenía
mayores ventajas. En 1783, el comisionado Rubín de Celis313 denunció que el so-
cavón estaba mal dirigido y que no conseguiría su objetivo, y en 1789 esto mismo
fue confirmado por los alemanes. El Banco había gastado un total de 130,000
pesos en un socavón mal planteado. Nordenflich preparó un nuevo proyecto y
se decidió retomar el antiguo socavón de Berrio. La dirección de esta empresa
fue asignada a Weber, que comenzó en julio de 1790. Esta obra se eternizó sin
conseguir ningún éxito, pues en 1811, cuando se despidió a Weber, había inver-
tido más de medio millón de pesos y no se había concluido.314 Al parecer estaba
tan inmerso en sus intereses particulares en Aullagas, que no se aparecía por el
Cerro Rico a dirigir las labores315.
En 1790 el intendente de Potosí se llevó a Weber a realizar un recorrido
por la provincia para que viese la riqueza de los minerales de afuera, y así es que
pudo comprobar cuan ricos eran los yacimientos de los alrededores, llamándole
la atención en concreto los de Aullagas316. Decía en uno de sus informes que
fue hasta allá y los reconoció encontrando las minas aguadas en su mayoría. La
riqueza del mineral le estimuló para proponer a los dueños de minas el desagüe a

311 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad..., pp. 144-145.


312 Se quedó en Potosí junto con dos miembros considerados de “tercera clase de la expedición”.
Citado por J. Fisher, Minas y mineros…, p. 130.
313 agi. Charcas 438, N° 2. Dictamen de Miguel Rubín de Celis, comisionado por el virrey del
Río de la Plata para el reconocimiento de la obra del socavón, Potosí, 27 de noviembre de
1783.
314 Guillermo Mira, “El Real Banco de San Carlos…” pp. 351-356. Buechler, Gobierno, Minería
y Sociedad, p. 144-150. Gastón Ardúz Eguia, Ensayos sobre la historia de la minería Altoperuana,
Madrid, Editorial Paraninfo, 1985, p. 130-133.
315 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad..., p. 148. Señala la autora que al comienzo de la guerra
de independencia en 1811 “La Junta de Buenos Aires” mandó a realizar una inspección que
aseguró que la obra estaba a cargo de Antonio Zabaleta porque muy raras veces el socavonero
se aparecía por allí, por lo cual Weber fue destituido de la dirección.
316 agi. Charcas, 700. Potosí, 30 de Julio de 1780. Correspondencia de Francisco de Paula Sanz
con Valdez.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 119

través de bombas hidráulicas, pero parece que no tuvo mucho éxito su propuesta.
El único azoguero interesado fue José Antonio Amaral, propietario de minas en
Colquechaca, que era una veta descubierta y registrada por Francisco Amaral,
padre de José Antonio, bajo el nombre de Jesús María de Menguengue, situada en
Anconasa, viceparroquia de Aullagas, en una quebrada conocida con este mismo
nombre de Colquechaca. Este azoguero consiguió muchas riquezas de sus minas,
pues según los testimonios dieron minerales de alta ley hasta que se aguaron y
tuvo que realizar un socavón para su desagüe. Otros azogueros que también se
beneficiaron de estas riquezas de la veta fueron Ormaechea, Francisco Gumucio
y Alvarez Reyero.317
Es probable que José Antonio Amaral quisiera recuperar esa riqueza que ya
conocía en otros tiempos y que podría sacarle de los apuros económicos en que
le había dejado su padre, pues heredó grandes deudas por habilitación (véase
capítulo anterior). En estas condiciones, no se podía esperar que José Antonio
Amaral aportase ningún dinero a esta asociación con Weber para el desagüe de
las minas. Le tocó a este último desembolsar capital poniendo 8 mil pesos que
apenas le alcanzó para la construcción de las bombas. Ante la falta de liquidez
recurrió al Banco de San Carlos, al cual le pidió un préstamo de 10 mil pesos
bajo la fianza de su sueldo y con la garantía del ingenio que poseía José Anto-
nio Amaral en Aullagas.318 Los trámites los resolvió en el mes de enero de 1792
Nicolás Urzainqui como representante de José Antonio Amaral, según aparece
en las actas del Banco. No podemos especificar el papel de Urzainqui en estos
momentos, pero sin duda este azoguero que ya conocemos por haber sido corre-
gidor de Chayanta y propietario de minas en Aullagas, se había convertido en un
personaje influyente en la minería de provincia y en la minería potosina, donde
consiguió representar al Gremio de azogueros y construir 4 trapiches, además de
la concesión fallida de mitayos.
Este préstamo concedido por el Real Banco de San Carlos fue el único del
que tenemos noticias que se otorgara para auxiliar a los minerales de provincia,
aunque es de notar la posibilidad de que se le adjudicara a Weber en su posición
de experto metalúrgico y por su amistad con el intendente Francisco de Paula
Sanz, pues nos parece poco probable que se le hubiera otorgado a cualquier otro
azoguero provinciano, sin que estos personajes estuviesen apoyando el proyecto.
Otra de las cuestiones que debemos señalar es que Weber estaba haciendo una
inversión a título personal, actividad que no le era permitida según la legislación
y que al final le dejó fuera del negocio.

317 anb. Minas, T-81, N° 5, 1808. “Plan individual que se remite al gobierno e intendencia de
Potosí con arreglo a los puntos instructivos que de allí se me comunica da las noticias de los
minerales y sus minas de la provincia de Chayanta así de plata como de oro y de sus veneros
de este metal”.
318 ahp. Banco de San Carlos, 291, p. 148.
120 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Muy pronto se le agotó a Weber el capital y parece que el subdelegado de


Chayanta, Pedro Francisco Arismendi, se sumó a esta empresa, aunque no sabemos
de forma concreta cuál fue su inversión.

“Visto por el subdelegado que mis disposiciones con las bombas hacían el debido
efecto y la mina rica de cuya habilitación se seguía beneficio al Real Haber y al público
y que no había con que sostener el trabajo, pasó a vender todas sus cosas servibles,
se hizo de algún dinero y sostuvo el desagüe, por cuya diligencia se consiguió alguna
parte de metal muy rico en cuya virtud hizo el correspondiente informe acompañando
con parte de este metal”.319

Pedro Francisco Arismendi era criollo nacido en Potosí, hijo de Luis Arismendi
y María Ondarza,320 había sido subdelegado de Porco en 1785 y de Chayanta a partir
de 1791. Entre sus gestiones se especifica en su hoja de servicio haber apoyado la
empresa del desagüe de las minas de Colquechaca, a través del método de bombas
alemanas, “exponiendo su vida en el proyecto y su propio dinero” y también haber
apoyado la construcción de barriles en el mineral de Toracari a costa de Juan Ruiz
de Luna.321 Desafortunadamente no tenemos más información sobre la construcción
y resultados de la implantación de esta máquina de barriles en Chayanta.
No podemos precisar cuándo se abandonó el proyecto de las bombas y co-
menzó el socavón ni tampoco sabemos qué aportó a esta compañía el subdelegado
Arismendi, aunque tenemos algunas referencias sobre cuestiones de habilitación
y de estrategia.

“solo su celo supo sostenerlo por tanto tiempo facilitando desde luego maderas
para la construcción de ellas entrando personalmente en la mina para alentar a
los trabajadores, buscando a estos por todas partes y sosteniendo al fin el trabajo a
esfuerzos de haber hasta empeñado sus propias alhajas para el pago de aquellos, hasta
mi ida a aquel mineral porque los interesados se vieron sin fondos para mantenerlo”.322

Al poco tiempo, como comentaba el intendente, se habían consumido todo


el capital y Weber volvió a solicitar un préstamo al Banco, el cual le fue negado.

319 rah. Colección Mata Linares, T. 69, Informe de Juan Daniel Weber, Potosí, 25 de septiembre
de 1792.
320 Es posible que fuera pariente de José Roque Arismendi, el cual tenía intereses mineros en
Aullagas. Véase ANB. Minas, T- 72, n° 2. Año 1764.
321 agi. Charcas 694. Hoja de servicios de Pedro Francisco de Arismendi, Potosí, 31 de mayo
de 1797. En este documento firmado por el intendente Francisco de Paula Sanz se especifica
las siguientes características: aptitud para cualquier empleo y principalmente magistraturas,
Talento: escogido; Conducta: muy arreglada; Aplicación: constantísima.
322 agi. Charcas, 440, N° 28. El intendente de Potosí Francisco de Paula Sanz manifiesta los
méritos del subdelegado de Chayanta.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 121

El subdelegado Arismendi, muy amigo del intendente, aprovechó un nuevo


descubrimiento en el mes de marzo que le llevó a realizar un informe donde se
describía el nuevo descubrimiento de minerales ricos en el pozo San Antonio.
Estas circunstancias atrajo la atención de muchos azogueros que decidieron pasar
hasta Chayanta y presenciar los resultados de la “visita de ojos” realizada por los
comisionados de Francisco de Paula Sanz durante los primeros días de abril de
1792, de la cual poseemos el testimonio que adjuntamos en el anexo documental.
Además, la compañía de Amaral, Weber y Urzainqui había sido denunciada por
prácticas de reclutamiento irrespetuosas y violentas, malos tratos a los trabajadores
y abusos en el atraso de los salarios y las deudas contraídas por este concepto.323
Es muy curioso que justamente cuando se pedía investigar y castigar estos abusos
sobre la población de Chayanta, que de forma violenta era arrastrada hacia el
trabajo en el socavón de Colquechaca, apareciera una veta interesante en el pozo
de San Antonio. En estos días aprovecharon el subdelegado Arismendi y Amaral
para nombrar peritos y comprobar semejantes adelantos.324
El intendente, convencido del éxito de la empresa, consiguió un nuevo apoyo
del Banco y cuatro nuevos socios para capitalizar la compañía, entre ellos el Conde
de Casa Real de Moneda, Francisco Barrón, Ignacio Gómez y Francisco López.325
Estos socios atraídos por el nuevo descubrimiento del pozo de San Antonio, cuya
“vista de ojos” fue encomendada a Ignacio Gómez y Francisco López decidieron
hacer una compañía bajo el nombre y protección de San Francisco de Paula, con
las siguientes condiciones:326

1° “La compañía anteriormente establecida entre don Daniel Weber, don José
Antonio Amaral y don Nicolás Urzainqui quedaba enteramente sin efecto”.
2° Que los tres primeros: Conde Casa Real, Francisco Barrón e Ignacio Gómez
pondrán cada uno dos mil pesos en dinero o especies y que los últimos no
ponen nada porque Amaral es el propietario de la minas de Colquechaca,

323 Véase el capítulo 2, el apartado sobre trabajadores. Se reclutaron trabajadores de forma


violenta, asaltando a la gente que estaba empleada en el comercio, cuando estaban escasos
de operarios e incluso entraron en otros ingenios para llevarse empleados que descansaban.
También hubo quejas de que no pagaban el salario íntegro a los trabajadores para que volviesen
a emplearse y no se fueran. En 1794 se registró una denuncia por Agustín Roldán quejándose
de que se contrató como canchero en la empresa de Colquechaca con un salario de 8 pesos
semanales y le dejaron una deuda pendiente. anb. Minas, T. 154, N° 17
324 ahp. Banco de San Carlos, 291, ff. 148-170.
325 rah. Colección Mata Linares, T. 69, Carta Instructiva al Exmo. Sr. Dn. Nicolás Antonio
de Arredondo, teniente General de los Reales Exércitos de S.M. Virrey y Capitán Gral. Del
Río de la Plata por el 2º director de la expedición mineralógica D. Juan Daniel Weber, 25 de
septiembre de 1792. Del último socio Antonio López no volvemos a saber y no se encuentra
en los documentos relativos a la compañía.
326 ahp. Banco de San Carlos, 291, ff. 165-168.
122 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Menguengue y Guaynacucho y Weber y Urzainqui ya depositaron capital


anteriormente.
3° El intendente conseguía que el Banco de San Carlos les prestara 14 mil pesos
que ellos devolverían en el plazo de un año.
4° Que entraba en el contrato no sólo la mina Colquechaca sino Menguengue
y Gauinacucho.
5° Se pagaría a Amaral en concepto de arrendamiento del ingenio de la Palca,
40 pesos semanales.
6° La compañía duraría 6 años y durante ese tiempo deberán los seis socios
ponerse de acuerdo para nombrar el administrador, el canchero, minero y
demás empleados y si no hubiere acuerdo mediaría el intendente de Potosí.
7° Que el socio que faltase, en caso de no dejar representante, se debería con-
formar con la decisión de la mayoría.
8° Aquel socio que decidiera retirarse antes de tiempo perdería el capital inver-
tido y sus derechos.
9° Que se añaden a la mina Colquechaca tres pertenencias sucesivas.
10° Que si todos abandonaban el negocio y se quedaba José Antonio Amaral y
Daniel Weber, ambos debían continuar la compañía durante 4 años hasta
cubrir los ocho mil pesos que invirtió en el trabajo Weber. En caso de no
recuperar la cantidad se repartirían entre los dos las existencias.
11° Que los metales acopiados hasta ahora se pesarán y se beneficiarán en la forma
que dispusieren y con lo que se produjere se pagarán los jornales rezagados y
los suplementos “hechos por mano del subdelegado don Pedro Francisco de
Arismendi y siempre que no alcancen dichos productos, quedará responsable
la compañía irlos pagando”327
12° Si la compañía progresa se debe retener en la caja del tesorero los 12 mil
pesos del fondo de ella, y de los sobrante se puede repartir en partes iguales.
13° Que la primera obligación de la compañía sería pagar la deuda de los 10 mil
pesos a la Real Hacienda.

En definitiva, sobre el papel se puede observar cómo se quitaron de la pre-


sencia activa y con derechos de dos socios como eran Weber y el subdelegado
Arizmendi que no deberían por ley entrar en el negocio con fines particulares.
Sin embargo, se le reconocían sus aportaciones, las cuales quedaron registradas
y les serían devueltas.
Pero Weber quedó muy decepcionado y realizó un informe quejándose al Rey
y argumentando su falta de responsabilidad en el fracaso de esta empresa328. Una

327 Ibídem. f. 167.


328 rah. Colección Mata Linares, T. 69, Informe de Juan Daniel Weber, Potosí, 25 de septiembre
de 1792. “Verdad es que el gobernador de Potosí me ha concedido una acción en la mina
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 123

vez conformada esta compañía, decía Weber que empezó su ruina cuando saca-
ron a su carpintero y hombre de confianza, y se quejaba también de que Nicolás
Urzainqui “destruyó sus bombas”, y consiguió que lo apartaran de la dirección
de la empresa. Los socios introdujeron una nueva bomba “que tenía a lo largo no
menos que 20 varas”. Como él esperaba, no tuvieron ningún éxito con esta bomba
y tuvieron que volver a reducirla. Comentaba irónicamente la arrogancia de los
americanos en corregir su proyecto y manifestaba abiertamente en su informe su
pensamiento eurocéntrico, evidenciando su opinión de una forma prepotente:

“Inmediatamente le contesté que era una de las mayores maravillas que se había visto
en todo el Mundo desde el primer siglo a esta parte y que si desde luego verificaba la
evacuación del agua con esta clase de bombas tendría yo la mayor gloria de haberme
instruido en América de una obra tan extraña asegurando que en su continente se
hallaban sujetos que pueden fundar escuelas para los europeos más sabios teóricos
y prácticos en este arte”.329

La posición de superioridad en cuanto al conocimiento y práctica de la meta-


lurgia era una actitud ya conocida entre los centroeuropeos que llegaron en esta
expedición a fines del siglo xviii, y que a pesar de ello no consiguieron implantar
ninguna mejora constatable en el proceso de extracción y beneficio de plata en la
minería andina. La mayoría de los estudiosos de esta expedición sostienen que la
prepotencia europea fue en parte causa del fracaso, la otra parte fue por motivos
técnicos pues no tuvieron en cuenta, además del desprecio de la experiencia, el
conocimiento de la minería americana.330
El interés de la Corona en este rubro hacía aparcar los sentimientos nacio-
nalistas más cerrados e intolerantes en beneficio del interés económico. Estas
bombas hidráulicas o bombas alemanas son testimonio de que la minería ameri-
cana contó con la tecnología posible a la hora de solventar problemas y aumentar
la producción. Desde comienzos del siglo xviii, ya se habían puesto en marcha
proyectos que buscaban solventar los problemas del desagüe con tecnología
europea. Sirva de ejemplo el caso estudiado por Assadourian sobre la comisión

después de un capital de 18 mil pesos que llevo puestos en ella y cada acción de los demás
compañeros es sola de 4 mil pesos, bien se como ministro de sm. no puedo obtener acción
alguna en minas sobre que ve. dispondrá y determinará en ella, pero en vista de la emulación
de estas gentes contra los acertados proyectos de la expedición mineralógica y mis sacrificios
de que me he visto en la precisión usarlos, resolverá la justificación de ve. lo que fuere de su
agrado hacia mi alivio al bien de la Corona y del público”.
329 Ibídem.
330 Véanse T. Platt, “La alquimia de la modernidad…”, R. M. Buechler, Gobierno, Minería y So-
ciedad..., J. Fisher, Minas y mineros…, B. Hausberger, “El universalismo científico del Barón
Ignaz von Born y las Transferencia de tecnología minera entre Hispanoamérica y Alemania
a fines del siglo xviii”, en Historia Mexicana, V. 59, año 2009.
124 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

novohispana encargada de viajar a Inglaterra a copiar y llevar hasta México la


maquinaria necesaria para solucionar la inundación de las minas novohispanas.331
El gobernador intendente redujo el papel de Weber en la empresa a simple
asesoramiento o dirección del laboreo en acuerdo con los socios y por supuesto
su renuncia a la parte correspondiente, pues como comisionado de la Corona no
podía tener acciones de minas. Los gastos de la compañía eran de 32 mil pesos,
los cuales se encontraban obligados a pagar en mancomún el Conde Casa Real,
Francisco Barrón, Ignacio Gómez, José Antonio Amaral, Nicolás Urzainqui y
Francisco López. Weber se consideraba exento de responsabilidad y del pago de
créditos por las irregularidades en los procedimientos. Declaró que los 24 mil
pesos que el Banco de San Carlos prestó debían ser cubiertos por los responsa-
bles: el gobernador intendente de Potosí, el subdelegado de Chayanta y los seis
individuos socios de la compañía. Además también demandaba que le pagaran los
ocho mil pesos que puso de su bolsillo.
Weber se quejaba amargamente de que el gobernador intendente Sanz que-
ría proceder a embargarle su sueldo y demandaba apoyo para el operario Juan
Gotthelf, al cual le debía la compañía 500 pesos después de despedirlo. También
se quejaba de que Cañete, el teniente asesor de la Intendencia, lo miraba mal y
le hacía firmar documentos sin precisarle bien su contenido pues no dominaba la
lengua castellana. Se quejaba de que “la emulación del referido teniente contra
mí es tan pública que no ignora el más inculto, no sólo de esta villa sino de todo
el resto de América y de Europa”.332
En definitiva, para estas fechas ya se había acabado el apoyo que antes se había
manifestado a los expertos alemanes. Parece que una vez fracasado el objetivo
principal de imponer un mejor procedimiento para beneficiar el mineral, ya no
había que tener contemplaciones.
El principal perjudicado en el fracaso del socavón de Colquechaca fue
José Antonio Amaral, el cual puso su ingenio de La Palca como fianza y le fue
embargado a fines de 1792. Weber propuso que fuera Amaral quien pagara 30
pesos a la semana y que así cubriría 1.060 pesos al año que podrían aumentar
si se le descontara otro tanto de las piñas que llevara al Banco de San Carlos el
dicho azoguero, de manera que en poco más de tres años terminaría de pagar la
deuda de los 10,000 pesos con que el Banco auxilió a la empresa del desagüe de
Colquechaca. Respecto a la deuda de la compañía formada por los 6 socios y que
ascendía a 17,000 pesos que estaba conformada por 16,000 del fondo del Banco
de San Carlos y 1,000 de la Academia de San Juan Nepomuceno, se pensaba pa-
gar con el remate de los bienes de la compañía, de los cuales ya tenían la primera

331 Sempat Assadourian, “La bomba de fuego de Newcomen…”


332 rah. Colección Mata Linares, T. 69. Carta Instructiva al Exmo. Sr. Don Nicolás Arredondo…,
25 de septiembre de 1792.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 125

propuesta de Manuel Bairo sobre algunos de los “juegos de bombas y canaletas


y maderas”.333 José Antonio Amaral accedió a esta fórmula para saldar la deuda
con el Banco de Rescate, y ese mismo mes de diciembre estaba poniéndose bajo
arriendo el ingenio de La Palca durante cinco años a favor de Pedro Samudio,
azoguero y vecino de Aullagas, con las condiciones siguientes:

1. Que el arriendo corriera desde el 1 de febrero de 1793.


2. Que la renta fuera por valor de 30 pesos semanales que pagará al administrador
del Banco de San Carlos.
3. Las labores que se daban con dicho ingenio eran “el socavón de Colquechaca,
sus lumbreras llamadas Menguengue y los intereses que en ella encierra, así
mismo el socavón de Gauinacuchu y sus intereses en dicha veta, dejándole
a José Antonio Amaral la mina nombrada el Santo Cristo en calidad de ali-
mentos”.
4. Que las obras y refracciones mayores fueran a cuenta del dueño y las menores
que no excedieran de 50 pesos del arrendatario.
5. Que los pleitos que surgidos por estos intereses fueran a cuenta del dueño.
6. Era a modo de “gracia” que el arrendatario le permitía al dueño seguir viviendo
en su vivienda dentro del ingenio, sin que debiera intervenir en el negocio.334

Como se observa en las escrituras, José Antonio Amaral salió bastante perju-
dicado y quedó con sus propiedades disponibles muy reducidas. Sin embargo, no
por eso dejó de confiar y hacer negocios poco tiempo después con Weber. Éste
no acababa de dar por terminada la empresa del socavón de Colquechaca y ya
había proyectado el socavón de San Bartolomé en Aullagas, el cual tuvo éxito en
el desagüe de las minas, según Buechler. Weber declaró que este socavón costó
106.053 pesos y pretendió que tal y como reglamentaba las Ordenanzas Generales
del Perú, los propietarios de minas beneficiados debían de contribuir en los gastos.
En 1804, José Antonio Amaral, en recompensa por los beneficios del desagüe de
sus minas de San Miguel y San Antonio a través del socavón de San Bartolomé, le
concedió quedarse con las tres cuartas partes de todo el mineral extraído a través
de éste en calidad de socio durante cinco años.335 Según las evidencias encontradas,
Weber continuó en Aullagas invirtiendo en empresas particulares; los registros
de plata en el Banco procedentes de sus intereses en este asiento minero durante
1811 y 1812 fueron de 3,784 y 5,302 marcos de plata, cantidad nada despreciable.
Ciertamente la cercanía al famoso centro de Potosí, capital de la intendencia
para fines del siglo xviii, fue un factor decisivo para el partido de Chayanta y

333 ahp. cgi. 646, pp. 218-19. Potosí, 1 de diciembre de 1792.


334 Ibídem, p. 230-31.
335 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad..., pp. 147-148.
126 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

para su actividad minera. En un principio, el intento de aumentar el número de


mitayos y los conflictos que provocaron, terminaron por hacer del partido de
Chayanta y sus tributarios un campo de batalla político, donde hasta la Iglesia
quedó implicada. La cercanía y riquezas del mineral de Aullagas fueron provi-
denciales para que Weber, miembro de la expedición de expertos europeos, se
propusiera hacer del desagüe de sus minas un negocio personal. Es poco probable
que José Antonio Amaral hubiera conseguido crédito del Banco de San Carlos y
el interés de importantes azogueros potosinos, si no fuera porque Weber estaba
detrás del proyecto del socavón de Colquechaca y por la protección del intendente
Francisco de Paula Sanz. Para bien o para mal, el famoso cerro de Potosí siempre
proyectaba su sombra.

3. La visita del mineral de Aullagas de 1792

La “visita” era un instrumento de control aplicado por la Corona a distintas au-


toridades, jurisdicciones, o instituciones. La visita a las minas e ingenios era una
inspección que realizaba el corregidor o gobernador de un distrito como alcalde de
minas para comprobar si la actividad minera se desarrollaba en el concierto con las
leyes vigentes. A partir del régimen de intendencias, le correspondía al subdelegado
realizar esta inspección todos los años acompañado de dos jueces veedores.
Sobre el procedimiento y los resultados de estas visitas a las minas e inge-
nios y trapiches hay una opinión generalizada de que se convirtieron en un mero
trámite tanto en Potosí como en el resto de los centros mineros. Con respecto a
la localización de estos testimonios hay que decir que son más escasos y difíciles
de encontrar en caso de los minerales de provincias o de otros distritos336, y las
que se conservan en mayor número son las de Potosí (véase el Archivo General
de Indias); por tanto el hallazgo de una visita como la que presentamos sobre el
asiento minero de Aullagas es un golpe de suerte porque además fue una visita
especial y por tanto de gran riqueza informativa, aunque como comentaremos
seguidamente también con limitaciones.
Como señalamos en otra ocasión, el gobernador de Potosí, Jorge Escobe-
do, era de la opinión que este trámite, las visitas, “tenía mucho de ceremonia”.
Buechler afirma que Francisco de Paula Sanz y Pedro Vicente Cañete después de
estudiar las visitas pasadas se dieron cuenta que eran muy uniformes y que al final
se traducían en un mero rito337. En Potosí, comenta esta historiadora, fue a partir
de la crítica de los expertos alemanes sobre la forma y técnica de extracción del

336 Por ejemplo, de Carangas, nunca he encontrado una visita, de Oruro hemos encontrado
algunas, sin embargo no son tan ricas como las de Potosí.
337 Buechler, Gobierno, Minería y Sociedad...,p. 361.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 127

mineral calificándola de “Cueva de rata”, que el intendente de Potosí, Francisco


de Paula Sanz, decidió introducir cambios en la visita anual que se realizaba a las
minas del cerro. Esta inspección que generalmente había sido protocolaria empe-
zaría a realizarse con más cuidado para apartar a los mineros que no realizaran las
actividades convenientemente.338 La reacción de los azogueros no se hizo esperar
y se quejaron de la rigidez y de la intervención de la Corona sobre sus actividades.
Al alcalde mayor de minas le correspondía realizar la visita, que generalmente
era una competencia asociada al corregidor en las provincias del Alto Perú, y que
se auxiliaba de veedores, generalmente gente experta en minas. Después, esta com-
petencia se supone que la heredó el subdelegado como autoridad que sustituyó a
los corregidores, ejerciendo por tanto como alcalde mayor de minas en el partido.
Sin embargo, en 1798, se quejaban algunos azogueros encabezados por Francisco
de Basagoitia de que no le competía al subdelegado de Chayanta realizar la visita
y que era el intendente de Potosí, el acalde mayor de minas, quien debía nombrar
a los veedores correspondientes. Nos parece un tanto significativo que las protes-
tas no se produjeran hasta ese año de 1798. Según Basagoytia, los corregidores
efectuaban las visitas cada 5 años, sin embargo cuenta que de 40 años a esa parte
se realizaba anualmente, con el correspondiente gasto que suponía para todos
los propietarios. Además se quejaba el azoguero de la ausencia del subdelegado,
pues era penoso para los azogueros tener que desplazarse para buscarle en caso de
necesidad, con los gastos y perjuicios que ello implicaba.339 Este año de 1798, un
grupo de azogueros se quejaba también del precio de las visitas. Argumentaban
que en el partido de Chichas las visitas sólo costaban cuatro pesos por cada mina,
en el de Porco doce pesos, en el de Oruro otros doces pesos, y seis pesos en los
diversos minerales de Chayanta a excepción del mineral de Aullagas, donde los
subdelegados cobraban 96 pesos.340
Sin embargo, sospechamos que todo esto debía de ser una campaña de incon-
formidad con el subdelegado, pues era un hecho ya consolidado en esa fecha que
los subdelegados se encargaran de las visitas a las minas, ingenios y trapiches. En
Oruro, el alcalde Gregorio Aldave acudía en 1784 ante la Audiencia de Charcas
quejándose de que esta no era competencia de los nuevos cargos, pero finalmente
la Audiencia respondió a favor de los subdelegados.341 También tenemos constancia
de que en Oruro la visita costaba igual que en Chayanta, 96 pesos.342 Por tanto,

338 Ibídem, pp. 113-114.


339 anb. Minas, T. 79, N° 6. Francisco de Basagoytia al Intendente Francisco de Paula Sanz,
Potosí, 18 de febrero de 1799.
340 anb. Minas, T. 79, N° 4. Los azogueros al Intendente Francisco de Paula Sanz, Aullagas, 30
de septiembre de 1798.
341 anb. Minas, T. 90. N° 7.
342 Véase Gavira, Historia de una Crisis…, p. 214. En el cuaderno de gastos de la mina San José
aparece el pago de la visita en 1776, de 96 pesos.
128 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

suponemos que en esta fecha ya estaban bien establecidas las competencias de los
subdelegados en los centros mineros, y es posible que hubiera una intencionalidad
en el manejo de la información de los azogueros que se quejaban.

El expediente de la visita de Aullagas

Esta inspección de las minas e ingenios y trapiches de Aullagas fechada en 1792


se realizó a partir de unas circunstancias muy concretas. La visita surgió cuando
Daniel Weber, José Antonio Amaral y Nicolás Urzainqui intentaban conseguir
recursos del Banco de San Carlos bajo la novedad de haber descubierto por fin
un filón en Colquechaca. Es posible que también el escándalo que propiciaron
los socios de la compañía del desagüe de Colquechaca a partir del reclutamiento
violento de trabajadores y de las denuncias de otros azogueros de Aullagas, pro-
movieran la visita. Así manifestaba el intendente gobernador de Potosí el origen
de la visita y su preocupación del estado de la minería en el Partido de Chayanta:

“Sin embargo de haber sido el primer objetivo de mi venida a este mineral el


reconocimiento de las empresas promovidas en la mina Colquechaca por el celo del
actual Juez Real Subdelegado del Partido de Chayanta, pero habiendo reconocido en
el corto tiempo de mi permanencia en este asiento que los mas ingenios de su ribera
se halla parados y muy pocas minas en corriente labor…”.343

Las presiones del subdelegado y los demás implicados en los intereses de


Colquechaca incitaron a Francisco de Paula Sanz a llevar a cabo la visita de forma
personal, asegurando mayor seriedad a todo el proceso. Sin embargo, después de
estudiar detenidamente el contenido de la vista, no se advierte ninguna preocu-
pación por las condiciones de la mano de obra, ni sobre las formas de reclutar o
remunerar a los trabajadores, lo que hubiese provocado la denuncia por el guataco
o reclutamiento violento de trabajadores. Es mucho más probable que la visita
respondiera al descubrimiento de mineral rico en el Pozo de San Antonio durante
el mes de marzo. Con esta novedad, Amaral promovió una visita de expertos a las
minas para que atestiguaran la importancia del descubrimiento,344 y con las piedras
sacadas y el testimonio de estos expertos pedían Amaral, Weber y Urzainqui la
ayuda y protección del intendente a la empresa.
El expediente de la visita tiene fecha en su encabezado del 30 de marzo de 1792,
pero en realidad lo componen diferentes informes y declaraciones de los dueños de
minas, ingenios y trapiches con fechas comprendidas en los primeros días abril. El
auto donde se les comunicaba la inspección a los interesados y propietarios en el

343 Véase la visita del mineral de Aullagas.


344 El 16 de marzo los expertos y testigos bajaban a la mina de Colquechaca para atestiguar el
nuevo descubrimiento en el pozo San Antonio. ahp. Banco de San Carlos, 291, f. 155-158.
a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 129

mineral de San Miguel de Aullagas, firmado por el intendente Francisco de Paula


Sanz, se expidió con fecha de 30 de marzo, y se les ordenaba a los trapicheros, azo-
gueros y dueños de minas que presentasen una memoria con información sobre las
licencias y giro de su trabajo. Este expediente contiene las memorias, y los resúmenes
del visitador Luis Antonio Toro a partir de las “razones (informes) presentadas por
los azogueros, dueños de minas y trapicheros del mismo mineral”, además de unas
conclusiones y bando del intendente Francisco de Paula Sanz.
Entre las conclusiones finales certificadas por el alcalde veedor D. Luis Anto-
nio Toro y el intendente, se manifiesta que el mineral se encontraba en decadencia
y “que las más de sus ricas y poderosas labores se hallan abandonadas”, pero con
la costumbre de poblarlas justamente cuando se realizaban las visitas para evitar
que otros interesados pidieran las minas por despueble u abandono amparados por
las leyes. Según el intendente, esta era una de las causas de la decadencia de este
mineral. También hace un señalamiento de la falta de libros que deberían llevar
los trapicheros y los azogueros. Hay que decir que el intendente esperaba encon-
trar los mismos procedimientos que desde años atrás ya era costumbre en Potosí,
donde todos los azogueros presentaban sus libros, aunque fuese con información
generada especialmente para la visita o inspección anual. Por ejemplo, en otros
centros mineros como Oruro o Carangas jamás hemos encontrado expedientes
de visitas que contemplara esta información. En el caso de los trapicheros de
Chayanta así lo manifestaban en casi todos los informes:

“Por lo que mira a los libros que se menciona no ha sido costumbre en los trapicheros
arreglarlos porque solamente se ha practicado, se les da cuenta o se chancela con
los habilitadores de plata o azogues…nosotros los trapicheros nos acomodamos con
nuestra poca práctica y corta experiencia a nuestro modo y leal saber y entender”345

El expediente terminaba con un bando que debía ser puesto en lugar público
y acatado por todos los interesados en las labores mineras, donde se exigía poblar
y habilitar todos sus intereses en el tiempo de tres meses y posteriormente se
darían por despobladas todas las labores que no estuvieran en actividad. También
se exigían a los azogueros y trapicheros los libros formales “de molienda, quemas,
beneficios y lava de sus metales”, donde debía de estar incluida toda la informa-
ción de la cual se hacía relación (véase el final del expediente). Igualmente los
propietarios de minas y socavones debían de realizar una memoria con todos los
costos y salarios e insumos y avances realizados cada tres meses. Estos informes
deberían ser entregados al subdelegado bajo pena de 50 pesos por retrasos de
más de 15 días cumplidos. Posteriormente el subdelegado debería entregar un
estado general de la minería a la Superintendencia de minas de esa provincia,
que suponemos recaía en el intendente gobernador de Potosí. Sin embargo hay

345 Véase la visita del mineral de Aullagas, 1792 en el apéndice.


130 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

que advertir que nunca hemos encontrado esta información sobre Aullagas con
posterioridad a esta fecha.
Otro de los focos rojos que más escandalizó al intendente Francisco de Paula
Sanz fue la práctica generalizada del trabajo de las minas a base de capitanes o
capitanías, donde no intervenía ningún especialista en “economía metálica” y se
dividían los metales entre trabajadores y dueños. En el bando se prohibía esta
práctica en caso de no contar con la supervisión de un “Guardavista”, y así lo de-
bían procurar los dos veedores nombrados bajo multa de 50 pesos, Luis Antonio
Toro y Nar° (suponemos Narciso) Becerra.
Termina entonces el expediente dándose fe de que fueron informados en
junta a los azogueros y trapicheros del mineral con fecha de 9 de abril de 1792,
en presencia del intendente Sanz, del asesor Dr. Cañete y de dos testigos Fran-
cisco López e Ignacio Gómez. Estos dos últimos eran dos azogueros de Potosí
que habían sido comisionados por el intendente Francisco de Paula Sanz y que
después quisieron participar en la compañía de Colquechaca. Ese mismo día se
expuso el bando en la plaza y demás lugares públicos.
No podemos precisar los resultados de esta inspección, y si efectivamente se
pusieron en práctica las normas que exigía el intendente por el bando de abril de
1792. Dudamos que los trapicheros y azogueros tomasen conciencia de la necesi-
dad de cambiar sus prácticas y llevar libros con las anotaciones de todos los trabajos
realizados, los sueldos, los resultados de la producción y demás información que
dejaran evidencias además de las prácticas y actividades, de la rentabilidad y las
ganancias del beneficio, proceso a partir del cual se podían “perder o extraviar”
minerales de plata sin pagar impuestos.
Debemos destacar que consideramos esta visita al mineral de Aullagas de gran
valor, aunque muestra un tipo de información muy oficial presentada por los mismos
mineros, azogueros y trapicheros, bien propietarios o arrendatarios. Destacamos
la falta de información de primera mano de los veedores, los cuales realizaban la
inspección a las propiedades mineras, como se solía decir la “vista de ojos”. Al
reducirse la visita a los meros informes emitidos por los mismos propietarios o
administradores se pierde mucha información que pudiera haber sido ocultada.
Por ejemplo, en las visitas a las minas se determinaba si éstas contaban con puentes
seguros y si las normas de seguridad habían sido respetadas, también se hablaba con
los trabajadores para saber si eran bien pagados, si recibían buen trato y todo se
realizaba conforme a las leyes. En los documentos que hemos trabajado respecto a
Oruro tampoco hemos encontrado denuncias ni quejas de los trabajadores, mostrán-
dose una plena normalidad, pero en ciertas ocasiones los visitadores hacían alguna
advertencia para que se reparase algún tramo inseguro que, bajo promesa del dueño
o encargado, se comprometían a solucionar.346 A pesar de los límites de esta fuente,

346 Gavira, Historia de una Crisis…, capítulo 2 y 5.


a la sombra de potosí: la nueva mita y el socavón de colquechaca 131

reconocemos el gran valor al presentarnos una perspectiva completa del mineral de


Aullagas completa, en cuanto a las minas, leyes del mineral, ingenios y trapiches, los
propietarios de las instalaciones y los arrendatarios, los sueldos y la procedencia de
los trabajadores y mucha información que carecemos para otros asientos mineros.

Cuadro XIII
Relación de propietarios de Ingenios y Trapiches que presentan informes
en la Visita de Aullagas de 1792

Nombres Ingenios o Trapiches Estado de la instalación


Francisco Llera Majón San Antonio de las Peñas o La Escalerilla En labor
Tomás Cortés Lurucachi En labor
Alvarez Reyero Nuestra Sra. del Rosario En labor
Francisco Basagoytia (arrendatario)
José Antonio Amaral La Palca En paro
Manuel Bayro Angostura En labor
Juan B. Ormaechea y Trapiches: Macha y Esquena En labor
Esteban Amezcaray Ingenios: Agua Caliente
Pedro Vicente Vargas Nuestra Sra. Concepción de Guancarani En labor
Ramón Urtizberea Churicala No presentan informe
Francisco Güemes Ayoma No presentan informe
Juan Morales de Figuera Un trapiche En labor
José Conde Un trapiche En labor
Vicente León Un trapiche En labor
Julián Lobo Un trapiche En labor
Tomás Núñez Un trapiche
Melchor Ribera Un trapiche
Guillermo Cedillo Un trapiche
Mariano Espejado Un trapiche
Andres Villa Un trapiche
Vicente Jurado Un trapiche En paro
Pedro Ampuero Un trapiche en arriendo En labor
Manuel Campero Un trapiche En labor
Bernarda Iporri Un trapiche En labor
Pedro Requena Un trapiche en arriendo
Pedro Salcedo Un trapiche En labor
Hilario Centellas Un trapiche En labor
Mariano Medrano Un trapiche En paro
Lorenzo Pélaez Un trapiche En paro
María Ordoñez Un trapiche
Vicente Benítez Un trapiche en arriendo En labor
Pascual Titu Un trapiche En labor
Fuente: AHP. Gobierno e intendencia, Caja 30, N° 16.
132 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Cuadro XIV
Relación de propietarios de minas

Nombres Posesiones
José Antonio Amaral Minas de Santo Cristo socavón Colquechaca con mina de
Guaynacucho y Menguengue
Cayetano Pérez Oriondo Mina de Gabia en la veta del Gato y socavón la Rocha
Diego Barrón Compañía socavón Botija Laja
Vicente Burgoa Una mina en la veta el Gato
José Conde Mina en Guaynacucho
Hermenegildo Lisondo Mina de Condomarca
Manuel Bayro Mina en San Roque y Botija-Laja
Roque Hoguera Mina de las Mercedes y San Farncisco
Francisco Basagoitia Mina de Sacramento, Abra, El Gato
Esteban Amezcaray y Dr. Ormaechea Mina del Embudo, Sierra y Gabriel
José Hilario en nombre de Francisco Llera La Mina Fajardo
Pedro Vicente Vargas, administrador de la Mina de Bronce y la Purisima, Jesús María, Rosario, la Gavia,
Testamentaria de Astuena la Gallofa Grande, socavón Begoña
Pedro Vicente Vargas Mina en san Miguel y en la veta el Gato.
María Josefa Artajona Mina en San Nicolás
Sebastián Pedregal y José Tamez Mina en el Cerro Santa Bárbara
Francisco Barrón Mina en San Agustín
Luis Sánchez Robledo Mina en Guainacucho y el Gato
Ramón Urtizberea Mina Surimi y Cocha
Luis Lobo Mina en cerro San Mateo
Fuente: AHP. Gobierno e intendencia, Caja 30, N° 16.

Cuadro XV
Dueños de Ingenios en la Visita de Aullagas de 1792

Nombres Ingenios
Francisco Llera Majon
Tomás Cortés Lurucachi
José Antonio Amaral La Palca
Francisco Basagoitia El Rosario
Manuel Bairo Angostura
Juan Bautista Ormaechea y Esteban Amezcarai Macha y Esquena
Pedro Vicente Vargas administrador de los bienes de la viuda de Astuena Guancarani
Ramón Urtizberea Churicala
Francisco Güemez Ayoma
Fuente: AHP. Gobierno e intendencia, Caja 30, N° 16.
Conclusiones

A lo largo de estos tres capítulos hemos pretendido aproximarnos a cómo y quiénes


desarrollaron la actividad minera en Chayanta durante la segunda mitad del siglo
xviii y, en concreto, durante la década de los ochenta, periodo crucial en el co-
rregimiento o partido de Chayanta y también en el Alto Perú. Un primer objetivo
consistió en evaluar la producción de las minas de plata de Chayanta y explicar el
auge que se producía en la década de los ochenta en plena sublevación indígena
y años inmediatos posteriores. Explicar esta coyuntura nos obligó a adentrarnos
en la región y analizar las relaciones entre los diferentes actores implicados en
la minería, en la administración colonial y en la sublevación indígena. Chayanta
resultaba un espacio complejo donde se desarrollaron reciprocidades difíciles de
entender en primera instancia. Ayudas y préstamos de azogueros principales al
líder Tomás Catari, deudas canceladas y respeto de propiedades minera por parte
de los hermanos Catari; en definitiva cierto entendimiento entre azogueros y líde-
res de la sublevación. Estas relaciones, alianzas y estrategias hicieron posible que
mientras en otros distritos mineros la sublevación fue responsable de una crisis
en la producción minera, en Chayanta se manifestaba un auge que sólo se pudo
permitir con el beneplácito de los sublevados. Este entendimiento, que supuso
al menos el respeto de las instalaciones mineras, el abastecimiento de insumos
necesarios como azogue, sal, taquia, ichu y de la misma mano de obra, fue deci-
sivo para que se pudiera realizar una actividad minera normalizada y manifestarse
en las cantidades de plata registradas en el Real Banco de San Carlos de Potosí.
Este auge minero que empezó en 1775, fruto de los ricos minerales de Anconasa
y Aullagas, tuvo su cima en 1782, y duró toda la década de los ochenta. En 1792
empezó a manifestarse una crisis minera de la cual presentamos las evidencias más
importantes en el apéndice documental: la visita al mineral de Aullagas.
134 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

También hemos pretendido dar a conocer a los protagonistas de la actividad


minera: los azogueros, mineros y trabajadores. La elite azoguera y sus relaciones
con el poder han sido analizadas para poder desarrollar las alianzas y redes que se
originaron al interior del corregimiento y que fueron decisivas en ese ambiente de
conflictividad donde se percibía tres bandos muy concretos: azogueros, corregidor,
y Tomás Catari, como líder de la sublevación.
En todo caso, no hemos podido establecer de forma clara las condiciones de
las alianzas de cada grupo porque no es fácil a partir de la documentación con
la que contamos, pero a pesar de ello nos hemos arriesgado a veces a interpretar
de manera más libre las fuentes y también los silencios y ausencias. En nuestra
opinión queda pendiente un análisis más detallado sobre el papel de la Audiencia
de Charcas y la implicación de los oidores en esta coyuntura. Algunos personajes
claves fueron: los presidentes Ruedas y Pinedo, los oidores García de la Plata,
Blanco Cicerón y Pedro Cernadas, la mayoría de los cuales fueron investigados
durante años sin que se llegara a emitir un dictamen de culpabilidad o irregu-
laridad en su gestión. El permiso para abrir el banco de rescates del corregidor
Alós, el apoyo de parte de la Audiencia de Charcas, su promoción después de la
sublevación, todas estas evidencias nos sugieren una serie de alianzas o intereses
comunes en las que habría que profundizar.
Respecto a los trabajadores, hemos encontrado pocas evidencias en la visita
de Aullagas que nos permitan profundizar en las condiciones laborales de los
jornaleros o asalariados. Es cierto que se habla de pagos en plata física, salvo
excepciones donde parte de la remuneración se realizaba en productos como
coca y pan que tomaban de “forma voluntaria”, y sin especificar el precio a que
se daban estos productos. También se hace alusión a turnos de doce horas. La
mayoría de los trabajadores según esta documentación eran “indios” asentados
en las tierras de los ingenios o en lugares cercanos. Se señala la estacionalidad de
la labor minera, tal como hemos encontrado en otros centros mineros,347 donde
los indígenas contemplaban su empleo en la minería como una actividad esta-
cional y complementaria para conseguir recursos y, tal como señaló Tristán Platt
para la población de Lípez en el siglo xix, integrada en su propio calendario de
actividades.348
Otra parte importante de la actividad minera, especialmente la extractiva se
realizaba bajo condiciones diferentes, bajo conciertos entre los capitanes con sus
cuadrillas y los propietarios, estos capitanes eran gente independiente que repartía

347 Gavira, Población Indígena, Sublevación y Minería en carangas, cap. 1.


348 Tristan Platt, “Calendarios tributarios e intervención mercantil. La articulación estacional de
los ayllus de Lípez con el mercado minero potosino (siglo xix), en Harris, Larson, Tandeter
(comps), La participación indígena en los mercados surandinos. Estrategias y reproducción social.
Siglos xvi a xx. La Paz, 1987.
conclusión 135

el mineral extraído con el dueño de la mina. Al parecer este método de trabajo


era más frecuente cuando no se tenía suficientes recursos para emplear jornaleros,
así se manifiesta en la visita del mineral de Aullagas. El intendente Francisco de
Paula Sanz veía en este sistema de trabajo grandes perjuicios para las explotaciones
y decía que era motivo y causa de crisis. Sin duda alguna estos capitanes tenían
muy poca diferencia con los capchas de Potosí o los jucos, teniendo en cuenta la
definición de Rück.
También debemos señalar que hemos encontrado evidencias de abusos sobre
la población indígena en cuanto al reclutamiento violento y paga de jornales en el
sistema que llamaban “Guataco”. Según la denuncia de un azoguero de Aullagas,
los socios de la compañía del socavón de Colquechaca estaban reclutando a gente
de forma violenta e incluso se habían llevado a sus trabajadores para emplearlos
en este socavón que tenía el respaldo del subdelegado de Chayanta. Qué tan
representativo o generalizado era este tipo de mecanismos y abusos, no lo po-
demos precisar aunque no era exclusivo de Chayanta, pues en todos los centros
americanos se practicaba la salida de los recogedores con el beneplácito de las
autoridades coloniales y bajo el argumento de combatir la vagancia y promover
la utilidad social.
La posición de estos minerales de Chayanta bajo el área de influencia del
famoso Potosí, centro del poder económico y político en el Alto Perú, constitu-
yó un hecho decisivo para el corregimiento o partido, el cual se vio influenciado
para bien y para mal. Algunos de los azogueros “aventureros” que llegaban en
la segunda mitad del siglo xviii a probar fortuna en el Cerro Rico tuvieron que
desplazarse hasta los minerales de Chayanta para buscar una posibilidad, debido
a las condiciones difíciles para integrarse al Gremio de Azogueros potosinos. La
riqueza de los minerales de Aullagas en la década de los setenta, propició también
que azogueros de Potosí adquirieran intereses en unas vetas que ofrecieron grandes
riquezas y que posteriormente en los noventa se quisieron recuperar a costa de
grandes inversiones. Una prueba de los intereses de los azogueros potosinos fue
la inversión del Banco de San Carlos en el socavón de Colquechaca, la única que
se hizo en minerales de provincia. Pero a pesar de este interés de los azogueros y
autoridades potosinas en Chayanta, la política minera dictada a partir de la conve-
niencia de los azogueros del Cerro Rico no tuvo ningún tipo de condescendencia
con los minerales de provincia, los cuales como hemos podido demostrar eran
centros importantes en cuanto a producción de plata y se mantuvieron durante
todo el periodo colonial en condiciones menos favorables que las de Potosí.
Anexos

Expediente de la visita del mineral de San Miguel de Aullagas


por el señor gobernador intendente de la provincia de Potosí
(AHP, Gobierno e Intendencia 1792, Caja 30, N° 16)

En 30 de marzo de 1792

Sin embargo de haber sido el primer objeto de mi venida a este mineral el re-
conocimiento de las empresas promovidas en la mina de Colquechaca por el
celo del actual Juez Real Subdelegado del Partido de Chayanta, pero habiendo
reconocido en el corto tiempo de mi permanencia en este asiento que los más
de los ingenios de su ribera se hallan parados y muy pocas minas en corriente
labor y que aún éstas se trabajan en la mayor parte por personas extrañas con el
título de capitanes por ser los que hacen cabeza a la cuadrillas de operarios que
conciertan y habilitan ellos mismos por el interés de partir con los amos todos
los metales extraídos de sus pertenecías, ocasionándose de este método abusivo
el que por aumentar las sacas y disminuir los costos se desamparan los chiles y se
emplean las barretas hacia los altos, con el irreparable perjuicio de ir cegando los
planes con la broza y desmontes que arrojan en ellos por ahorrar su extracción
a las canchas o bocaminas, de modo que en el discurso de pocos años es forzoso
que queden inhabilitadas las labores y que si sucediesen inundarse se haga im-
practicable su desagüe / en perjuicio de los mismos interesados de los derechos
del Rey y del bien general del Estado. En lo que a más ha de notarse que no
empleen su industria y sus caudales en el trabajo de las minas sus propios dueños
o en su nombre otras personas suficientes y prácticas supliendo con aprobación
del Gobierno la falta de residencia de aquellos, cumplan las condiciones con que
138 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

s.m. ha transferido en ellos el dominio útil de los minerales; sirven también de


impedimento a que otros vasallos aprovechen los poderosos depósitos que oculta
al presente la desidia por el justo temor que después de descubrirlos con el sacri-
ficio de sus dineros y talentos hayan de consumir todos los frutos en pleitear con
los pretendidos dueños de las pertenencias abandonadas. En atención a éstos, a
otros gravísimos abusos que tienen reducido a este asiento en los últimos periodos
de su decadencia y despoblación en medio de hallarse en virgen la porción más
opulenta de sus ricas vetas, ordeno y mando que se abra y forme juicio de visita
de este mineral de Aullagas y que en él se averigüe por mí y por el señor teniente,
mi asesor general, todo lo concerniente a la economía de los trabajos, a la paga
de los operarios, a la justificación de los conciertos de las capitanías, a los precios
de los abastos y demás efectos de habilitación, al manejo en el menudeo de los
azogues con el modo plazos, y valores de su expendio y así mesmo en orden al
método y formalidades con que hacen las compras de metales los trapicheros y
los que se guardan en el envío de las piñas a Potosí para precaver los extravíos en
fraude de los reales diezmos de s.m., para todo lo cual se oirá instructivamente
por modo extrajudicial al citado Juez Real subdelegado. Y sin perjuicio de las
averiguaciones que quedan prevenidas se notificará por el /Alcalde Veedor don
Luis Antonio de Toro a todos los dueños de minas e ingenios presentes o en su
defecto a los cancheros y capitanes e igualmente a los trapicheros que para el
martes que se contará 3 del mes de abril próximo siguiente presenten una razón
puntual y bien instruida de los ingenios que poseyeran en esta rivera con expresión
del número de cabezas y de las almadenetas que tengan cada una de ellas, de los
operarios empleados en el morterado, buitrones, y hornos, el salario que ganan
los citados ministerios, el modo, lugar, tiempo y materia en que se les hace la paga
y el pueblo o pueblos de donde de ordinario ocurren los trabajadores para estos
conchavos, los cajones de metal que muele cada cabeza a todo corriente, y según
el actual estado de las fincas, el método que se observa en los beneficios y ensayes
por menor, así por amalgamación como por fundición, el tiempo que duran las
mazas hasta verificarse las lavas, la ley de ellas, las porciones de metal que ocupa
casa hornada a saber si la quema es al tercio o al quinto o de ahí para abajo, la
cantidad de sal, azogue y demás magistrales que regularmente se emplean en el
beneficio de cada cajón especificándose en cada una de las especies sobredichas
sus respectivos precios y los parajes de su surtimiento, no menos que de los sala-
rios de carpinteros, y herrero y de los repuestos que tengan de azadones y demás
herramientas con las maderas necesarias para exes, ruedas, y otros aperos para
ingenios, bien entendido que en este artículo se ha de declarar la calidad de los
exes, es decir son de una pieza o de cuarterones con sus costos correspondientes
y se previene que si las fincas estuvieren paradas se deberá declarar el tiempo y el
motivo de las suspensión. Y en cuanto a las minas se presentará otra igual memo-
ria firmada por los dueños, cancheros o capitanes / declarando en ella el nombre
anexos 139

de la mina, el rumbo de la boca, la veta en que está situada, y los frontones que
tuviere abiertos, con expresión de los que se trabajare y de los otros donde no
se tuviere labor por inundación o por otra causa, los pozos perpendiculares que
hubiere a los planes, los puentes guaricuncas o potos, con el número de varas que
hubieren corridas desde cada frontón hasta la bocamina, así en el camino principal
como en los barrenos, distinguiendo las distancias de los quintos por donde se
arreglan las mitas, los rumbos, el ancho y altura de los citados caminos, barrenos
y vetas y la profundidad perpendicular en que estuvieren los planes de cada labor
desde la superficie de la boca, la anchura y grados de decaída de cada veta, con
distinción de las que fueren perpendiculares o profundas, la clase y naturaleza de
sus metales, cajas y criaderos, el número de barreteros y apiris de cada labor, las
mitas que enteran en cada veinte y cuatro horas, los viajes establecidos en cada
quinto y el número de arrobas que conduce el operario en cada viaje, el jornal
que ganan éstos según sus ministerios, los empleados subalternos que tienen a su
cargo, la dirección y el manejo económico de las labores con sus salarios adecuados
a cada clase, la saca diaria o semanal, el costo de su conducción a cada ingenio o
trapiche, con los gastos de pólvora, herramientas, velas, pongos, de suerte que
por estas razones se pueda venir en conocimiento del estado de cada mina y de
las ventajas o decadencia de sus frutos. Entiéndase la misma obligación con los /
trapicheros los cuales deberán expresar las licencias con que hubieren armado sus
quimbaletes, los quintales que muelen al día, los peones que se emplean en cada
trapiche y las lavas que hacen semanalmente ya sea por mayor o en puchos con
las leyes de cada una, las personas y formalidades con que compran los metales,
para todos los cuales efectos tendrán entendido los dueños de minas e ingenios,
capitanes y trapicheros que han de arreglar las expresadas razones por los libros
de sus respectivos giros o expresarán en su defecto que no los tienen. Y porque
el referido alcalde veedor Toro debe hallarse instruido de todas las minas que hay
abiertas en este mineral sean o no abandonadas por cualquiera causa presentará
también una memoria certificada de todas las bocaminas, tajos, catas, barrenos y
socavones que se hallaren en este mineral expresando el tiempo de su abandono y
los dueños a quien pertenecen inclusive los interese y estacas ya sean del rey o de
particulares aunque convenga a la felicidad pública y al aprovechamiento de los
mineros de este asiento. Así lo proveo mando y firmo con dicho señor teniente
mi asesor general en este asiento de San Miguel de Aullagas por ante el capitán
don Ignacio Gómez de Olivos y don Francisco Lopes como testigo nombrados
para toda la actuación de visita a falta de escribano en treinta de marzo de mil
setecientos noventa y dos años.

Sanz Doctor Cañete


Francisco Lopes
Ignacio Gómez
140 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Yo el Alcalde Veedor Don Luis Antonio de Toro certifico en cuanto a lugar de


derecho que habiendo citado en cumplimiento del auto antecedente a los azogueros
dueños de minas e ingenios y trapicheros de este asiento de San Miguel de Aulla-
gas, comparecieron en Junta celebrada en la casa y morada del señor gobernador
intendente el día dos del corriente por la tarde los interesados siguientes: Don José
Antonio Amaral, Don Manuel Bayro, el Dr. Juan Bautista Ormaechea, Don Pedro
Vargas, Don Miguel Nazareno como apoderado de Don Francisco Basagoytia,
Don Cayetano Oriundo por parte de Don Francisco Güemes, Don Tomás Cortés
/ todos ellos dueños de minas e ingenios de la Rivera de Lurucachi, el Rosario
y Ayoma. Doña Josefa Artajona, Don Francisco Barrón, Don Roque Noguera,
Don Luis Robledo, José Conde con más los trapicheros Don Miguel Campero,
Don Manuel Yporre, Don Pedro Requena, Pedro Salcedo, Vicente León, Don
Lorenzo Peláez, Don Vicente Jurado, Tomás Núñez, y aunque faltan algunos los
enteré en sus propias personas sobre el contenido de dicho auto lo que certifico.
Y para que conste lo firmo en tres de abril de mil setecientos noventa y dos años.

Luis Antonio Toro

Señor Gobernador Intendente

Don José González Tames, administrador general de los intereses de minas e


ingenios que en este asiento posee Don Francisco Llera Majón, en cumplimien-
to de lo mandado por V.S., en Auto de treinta de marzo próximo pasado, dijo
que: la bocamina Fajardo con la advocación de la Santísima Trinidad entra con
el rumbo nor-noroeste, un muy corto trecho, y sin veta, siguiendo con varios
rumbos, pero siempre dirigido al este por hallarse la boca mina al oeste de la
veta principal de la Santísima Trinidad (Alias) la de Zibelo, que generalmente
tiene el de norte-sur, habrá de perpendicular hasta el primer quinto cincuenta
varas con veinte de longitud o plano, desde la boca mina y desde dicho quinto
hasta el desmonte caminan los operarios apiris veinte un viajes por el jornal de
medio peso o 4 reales de la moneda corriente en estos dominios y carga cada
operario tres arrobas en cada un viaje en este quinto y en los demás. El jornal es
una mita, la mita es doce horas, los caminos muy corrientes hasta dicho quinto,
desde este al segundo hay de plano 40 varas y de perpendicular 25 y caminan
viajes en una mita 24. Este segundo quinto está situado en la veta Zibelo que
corre con el rumbo ya dicho de norte-sur, su decaída a la parte del este o cuerpo
de cerro y consta de dicha decaída de más del 60% / El tercer quinto está en la
misma veta a la parte del norte a las 30 varas de plano y 35 dichas de pique y
hacen viajes por jornal veinte y ocho cada operario apiri, asimismo hay en este
quinto un ramo o vetilla con rumbo este sur oesnoroeste, cuya junta está comi-
anexos 141

da de los antiguos y habiéndolo laboreado a la parte del oesnoroeste, cosa de


cinco varas, produjo ricos metales hasta que se embancó a los tres extremos y
solo lleva una pequeña señal de metal en medio del banco y se laborea el frontón
maestro del oesnoroeste, desde ese extremo hice seguir un barreno al sur y a las
doce varas corto otro ramo con el rumbo anterior y en el trecho de 12 varas hizo
ricos metales de encadenado fierro viejo y lisa, bien que no en mucha porción
por ser delgados estos ramos, pues cuando jamás los vi de ancho de cuatro dedos
pero en el de tres si he visto en este ultimo ramo mantengo tres varetas o fron-
tones en actual laboreo y en metales de inferior calidad la distancia de estos
frontones a la boca mina será de 110 varas de pique y doscientos de plano por
las revueltas que el camino tiene. El cuarto quinto dista del tercero 45 varas casi
todas perpendiculares y caminan los apires 42 viajes por mita o jornal. El quin-
to último está en distancia / y veinte varas de pique y más de ochenta de plano,
éste es el quinto suyo o adonde se va echando la caja o desmonte que sale de tres
frontones y aunque están distantes no trabajan por tarea los apiris. Estos tres
frontones están armados en un ramo que la veta principal corto y corre al rum-
bo nordeste-sudoeste, están en metal brozas en el ancho de tres dedos y otro
frontón va corriendo en la veta en diligencia al pique con más de 15 varas, tiene
rasgado laboreado solo tres varas desde la veta grande al sudoeste y habrá a la
boca mina de perpendicular ciento ochenta varas y trescientas dicha plano en el
mismo perpendicular y cincuenta varas a la parte norte, se hallan tapados con
caja cinco frontones en metal broza y en el ancho de sesma y por no costear se
hallan abandonados. También a la parte del sur en la misma veta de Zibelo hay
tres frontones en virgen en metal ancho de media tercia brozas de ínfima ley y
por tener el camino más de seiscientas varas de plano y doscientas de pique no
costean y se hallan abandonados siendo el objeto principal de esta labor, en el
intermedio que hay entre estos frontones y los del norte se reconoce un trecho
taqueado o inundado por mis antecesores, desde sus altos, hasta los planes que
a pesar de costosas limpias que tengo practicadas, no he podido reconocer los
puentes y guaricuncas que tenga ni la profundidad y solo tengo noticia fija que
son los parajes que produjeron millones de pesos que tienen un / plan aguado y
propasado del socavón en mucha riqueza. Tienen estas labores otros intereses
en la veta de San Nicolás y en la Purísima, que los dos, según los títulos poseso-
rios que tengo, tienen el rumbo noroeste-sudeste, pero por estar siempre en
pleito la de la Purísima entre los convecinos sobre la entidad, rumbo y paraje y
no haber decidido no se a que paraje buscarme para laborearla y por esta parte
o interés se halla en virgen o a lo menos sin haber aprovechado una gran alza de
metal sus dueños ni por mi ni mis antecesores. Ya tengo hecha relación de los
rumbos, decaídas y estados de las vetas, ramos y venillas y solo resta hacerla de
los panizos, cajas y criaderos que estas tienen y diré que los criaderos de Zibelo
son de bronce menudo, chumbe y soroches, las cajas blancas, con jaboncillos y
142 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

es veta manto, hace metales ricos siempre que con ella hacen juntar otras vetas
o ramos, lo que no es difícil por tener rumbo contrariado a todas las demás vetas
vetillas y ramos de este mineral y es costoso el laboreo por la blandura del man-
to y se laborea con Poteo o cellapeo, pero tiene la ventaja a las demás de dar en
una mita más que ellas en un mes, según lo tiene manifestado en el mineral pues
en una noche se han extraído de ellos, con solo un barretero más de mil pesos /
según relación del mismo que compra el metal que aún permanece en este asien-
to. Los ramos o vetillas de que llevo y tengo hecha relación y otros que tengo
reconocidos como accesorios a la veta principal, no tienen decaídas y sus cria-
dores son chumbes mantos que los atraviesan y cachizo blanco y las cajas azule-
jas. La saca diaria o semanal de esta mina no es averiguable por consiguiente ni
el costo de ella, porque hay semana que no se extrae ninguno, otras poco y otras
algo más, pero siempre en corta cantidad aunque sea de mucho valor, y los cos-
tos siempre son unos mismos. En estas tres últimas semanas, no se ha encontra-
do gente de trabajo en este asiento y solo tengo en la actual semana 2 barreteros
y 8 apiris y en las anteriores siempre mantuve ocho de los primeros y veinte de
los segundos. Los salarios que se pagan son seis pesos a un pongo seis pesos al
arreador, diez al canchero y veinte de mi salario como administrador general e
ingenio 4 al herrero o más o menos según los ternos o barreteros trabajan. Los
gastos que ocasiona son 4 onzas de sebo o una vela en la mita o jornal cada api-
ri, los barreteros una libra, o cuatro velas para tres jornales, los pongos, minero,
arreadores, media libra de sebo, o dos velas por mita, el canchero sin regla, ni
media, los ponguillos ganan 5 reales cada mita, tendrá de consumo en herra-
mientas anualmente / según el presente laboreo hasta cien pesos en botas, cos-
talillos, algodón, para pavilos y otras menudencias hasta otros ciento, y parecién-
dome ser suficiente la relación hecha de esta mina y labor de Fajardo, pasaré
hacerla del ingenio de San Antonio de las Peñas o Escalerillas como anexo de
ella y a mi administración, diré que está distante una legua del Mineral, y que la
conducción o baja de los metales a él tiene de costo veinte reales por cajón; que
tiene seis almadenetas en una sola cabeza que el eje es de una sola pieza; que no
puedo asentar su costo por ser el más antiguo que yo en el ingenio y no haber
visto cuentas del costo de su conducción, que no hay maderas ningunas de re-
puesto en el, solo mazos, y sobarbos, por ser indispensable el conservar estas dos
especies de repuestos que la solo cabeza con las seis almadenetas, en los seis
meses del año podrá moler hasta ocho cajones y en los otros seis meses ni cinco
podrá moler por la escasez del agua, solo caminando con 4 almadenetas, estos
ocho cajones de metal que semanalmente podrá moler en tiempo de aguas será
con la ocupación de 6 hombres continuos de día y de noche que ha seis por
punta serán 12 dichos/ y cada uno de ellos ganara a la semana tres pesos y los
dos serviris de los doce ganan 4 reales mas cada uno a la semana por el cargo de
gobernar y distribuir a los demás. Llevaba pues la harina que resulta del metal
anexos 143

molido a los hornos de calcinación, se introduce a ellos aquella cantidad que se


regula suficiente de suerte que esta porción se gradua, según la más o menos
porción de chacurrusca que se le introduce o campaña, para facilitar la más
pronta calcinación, y según la calidad de los metales, de manera que cuanto más
rico es el metal se pone menos porción de harina y para que cada cosa vaya en
su lugar expresaré las clases las clases de metal que produce el mineral y lomas
de Anconasa, según sus conocidos nombre y son a saber: el macizo que se le
extrae la plata por fundición, 2ª Clase chamiscas, 3ª clase Pintas; 4ª Clase Brozas
5ª Clase cipadillos, 6ª y más inferior llampos. Todas estas 5 especies de metales
se les extrae la Plata por calcinación y amalgamación las harinas de la 2ª clase se
quema al octavo, o décimo, las de las 3ª y 4ª al quinto o sexto y las de la 5ª y 6ª
y más inferior Llampos. Todas estas 5 especies de metales se les extrae la plata
por calcinación y amalgamación las harinas de la 2ª clase se queman al octavo o
decimo en casa horno se necesitan y mantienen tres horneros para la quema de
cada hornada y se les paga por cada una a cada individuo de los tres / desde dos
y medio reales hasta cuatro reales según la resistencia y duración que tenga el
metal en el horno, el costo que tiene cada hornada de la materia combustible,
según la prolija experiencia tengo hecha en este ingenio es de seis a siete reales
después que el horno está bien caliente y caldeado y la provisión de este apero
o material se hace de las estancias inmediatas y la conducen sus dueños, y pasa-
ré a la trituración y repaso de las harinas ya calcinadas y diré que se les agrega
aquella porción de azogue que se conjetura ser necesaria, no a que se pongan las
masas en estado de lava sino a que sufra otro tanto mercurio, como lo que se le
puso al principio antes de lavarlas. La regulación que se hace es según los ensa-
yes se hayan hecho en las ollas o callanas por menor y según la ley prometan así
se les ponen los materiales de estaño, plomo, cal, o cieno que son los generales
y comunes magistrales que se ponen en la ribera, también en el horno y buitrón
se le agrega porción de sal molida, como cosa de uno y medio quintales a cada
una hornada y cuerpo de buitrón tiene de costo el quintal tres reales en este
ingenio y lo traen sus dueños desde 9 leguas de distancia de los cerros de Cara-
ta: la cal / cuesta 4 reales quintal, siendo apagada y la sin apagar a 5 reales, la
traen de Tiriti que dista siete leguas: el cieno traen de las inmediaciones a un
real el quintal, el estaño de junto a Oruro doce pesos quintal, el plomo traen de
Potosí a 5 pesos quintal. La provisión de azogue se hace del Real Banco, y tienen
de costo hasta 75 pesos quintal inclusive la conducción, la duración de las lavas
en el buitrón es según el más o menos repaso se les aplica, pero lo regular con
seis días a continuo repaso o al lo menos debe ponérseles a cada dos cuerpos un
peón y los podrán sin duda en estado de lava a los seis días. La ley de las lavas
no se puede asegurar de fijo y solo se dirá por regulación. Los llampos son de
ocho a diez marcos y de ahí para arriba según se le hayan agregado mayor o
menor cantidad de las otras harinas de más superior calidad, por componerse
144 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

este metal de los desperdicios que los demás tienen dentro de la mina, Lo raya-
dillos es el metal que se escoge a los demás superiores con mucha caja que por
ser inseparable de ella se benefician juntos, y por lo común su ley es de diez a
doce marcos por cajón y no es abundante las brozas son soroches gruesos y me-
nudos y teniendo mucho del menudo pasa ley de 40 marcos por cajón y siendo
la mayor parte del soroche grueso apenas darán 30 marcos cajón, y siendo la
mayor parte del soroche grueso apenas dará 30 marcos por cajón. Las pintas son
aquellos metales que / tienen dentro de los soroches alguna porción de metal
que llaman macizo y según esta se produce marcos por cajón desde ciento hasta
400, y en las mismas circunstancias, que por tener mayor cantidad de macizo se
les da ese nombre y su ley es de 400 marcos para arriba y hasta mil y pasa muchas
veces y lo que se llama macizo es de ley por fundición de más de seis marcos y
hasta ocho mil suele llegar. Herramientas necesarias y existentes en este ingenio
son azadones para el repaso y hay hasta cuarenta, útiles, rodadillos de fierro para
los hornos que cada uno necesita tres y tengo seis, consumo de estos dos aperos
será de 40 de los primeros que cuesta 4 pesos y los traen de España, de los se-
gundos que son hechos que gasta cada horno anualmente diez y ocho, y cada
uno tienen de costo 6 pesos. La remisión de marcos siempre la hice al Real
Banco con guía o los remito a Don Francisco Llera Majón para que haga mani-
festación de ellos y también por no tener plata para los operarios ha vendido aquí
algunas piñas a los rescatiris con la precisa circunstancia de que han de entregar
Guía del Real Banco. La paga a los operarios se les hace en los términos siguien-
tes: el día lunes cuando/ se conchaban se les socorre con 4 reales de coca y uno
de pan, entre medio de la semana se les franquean estos efectos cuanto volunta-
riamente ellos piden y concluida la semana se les ajusta la cuenta de lo que tienen
devengado, y la del gasto que han ocasionado y se les abona en la plata efectiva
todo el alcance que hacen, guardando este mismo método con todo el mineral
y ribera de Oruro, criado en el exercicio de las minas e ingenios y por consi-
guiente son muy diestros. El salario que ganan son 4 reales por mita, solo los
muchachos que a estos se les paga según sus fuerzas a los lavadores el día que
lavan las masas se les paga a seis reales por mita los que están dentro del lavade-
ro y un peso al lavador. Salario del mayordomo son ocho pesos, el herrero seis,
el carpintero seis. Este ingenio se halla parado desde el día 28 de febrero del año
pasado de 1791, el motivo es por no haber tenido metales que beneficiar, no
como sacarlos de la mina por los pocos o ningunos auxilios que he tenido de un
año y medio a esta parte y así mismo los metales que / salían eran de inferior
calidad y en poca cantidad. Es cuanto tengo que exponer con entero arreglo a
lo mandado por VS en el expresado auto. En este mineral de Anconasa, asiento
de Aullagas, a los tres días del mes de abril de mil setecientos noventa y dos años.

Firma Josef González Tames


anexos 145

Señor Gobernador Intendente

En cumplimiento del Auto proveído por la superioridad de vs en treinta del próxi-


mo mes de marzo que expira del presente año de mil setecientos noventa y dos,
comparezco ante su justificado celo para representarle que soy legítimo dueño del
ingenio de Lurucachi, tres leguas distante de este Mineral de Aullagas, por haberlo
construido desde el año de ochenta y cuatro, hasta el de ochenta y seis con los
considerables gastos que atienden a la cantidad de catorce mil pesos, hallándose
el presente enteramente concluido, y en su virtud haber corrido el espacio de
seis años con el despacho formal que requiere una obra de esta clase, y para dar
una evidente razón como se manda en dicho auto de las maderas necesarias digo:
Primeramente dicho ingenio de Lurucachi una rueda de siete barras y media
de alto de madera Guaycha, sus cuatro aspas y contra aspas de lo mesmo.
Ytem sus almadenetas y clavazón de fierro excepto los zinchos del exe y los
guijos son de bronce vaciados
Ytem el exe es de cuatro piezas bien ensamblados de madera zoto.
Ytem las levas constan de seis roscas de a tres cabezas con las que corren las
seis almadenetas, las que son de a catorce arrobas cada una y corre todo el año
por la permanencia del agua suficiente.
Ytem los castillos son de madera tipo fuerte y ancho.
Ytem las cadenas son cuatro de madera zoto y sus respectivos tabiques de la
misma madera
Ytem los mazos de las almadenetas son seis madera de zoto con sus cinchos
de fierro y sobarbos de las misma madera.
Ytem el morterado es de piedra Alademosca que es la más segura en estas
riveras.
Ytem dos cedazos de hilo de Alambre con sus cajones y todas de pellejo o
cuero de vaca.
Ytem el cárcamo de cal y piedra de modo que carecen (hombre) / parado
debajo de la rueda del ingenio.
Ytem el Baluarte es de pared de piedra doble que tiene cuatro varas de alto,
en que se sostiene la canal. Dicha canal y chiflón es de madera de cedro, tiene de
largo catorce varas y el chiflón de cuatro con un perpendicular particular.
Ytem dos hornos de quemar metales al 3° o al 4° que caben sesenta y cinco
arrobas de harinas de metal
Pero cuando los metales son de cantidad se deben hasta el décimo por cajón
y en este caso no se reparan en los costos de las quemas.
Ytem el costo de cada hornada de metal es de veinte reales en esta forma: en
icha se insume cinco reales, cinco reales en sal tres reales que valen seis arrobas,
al respecto de dos reales el quintal, que con doce reales costo de tres peones hor-
neros que se emplean en cada horno son los mismos veinte reales demostrados.
146 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Y cuando los metales, imperceptibles de sus malezas que ni el más perspicaz


operario pueda alcanzar sus incógnitos senos para su especulación se insume más
costo de materiales aunque sea de corta ley y tardando e quemarse ocho horas en
el horno cuyo tiempo desmaya el calor del horno y a fuerza de caldear ocasiona
mayor gasto y muchos pesos. No hay límite, ni punto fijo, ni en los costos ni en
las quemas por ser tan diversos los metales en sus calidades y criaderos como
tengo observado de los distintos minerales de esta provincia como profesor que
he dio en este exercicio.
El ingenio muele de toda especie de metales de forma que en día y noche muele
tres cajones con siete peones por punta y ganan estos a cuatro reales por mita cada
uno y un mayordomo para el cuidado del buitrón, que este y el antecedente­se
alternan las veladas y gana los mismos seis pesos y en esta forma muele el citado
ingenio venteyun cajones a la semana.
Ytem otro mayordomo para el cuidado del buitrón que este y el antecedente
se alternan a las veladas y gana los mismos seis pesos y en esta forma muele el
citado ingenio veinteyun cajones a la semana.
Ytem tiene buitrón, lavadero, piña, guasi, almacén para los azogues y aperos,
semanería para recoger los azadones y herramientas, cerco cuadrado para acopiar
la leña, galpón para la icha, y otro separado para entrojar la sal, cal, y salitre para
los beneficios y la casería de cuatro viviendas principales.
Ytem la acequia del ingenio tiene quinientas varas de latitud muy fuerte su
toma en peñasco todo que no se pensiona en repasos en ningún tiempo.
Ytem de los operarios precisos es el beneficiador este gana el salario veinte
pesos y el administrador diez pesos cada semana.
Tratando sobre los beneficios siendo metales negrillos tardan ocho días y
siendo pacos tardan quince días cada semana.
Ytem el material de estaño conforme la calidad de los metales, unos gastan
más y menos, siendo brozas gastan cinco libras por cajón.
Ytem en cuanto al menudeo del azogue es irremediable que cada marco deje
de ocupar cinco libras y haciendo regulación de diez marcos el cajón de metal
ha de ocupar cincuenta libras y siendo de cien marcos, quinientas libras y de este
modo se deberá regular el menudeo de dicho azogue.
En razón de las minas de Anconasa, según tengo reparado, cuando se beneficia
metales que tenga plata visible, aumenta el azogue, no hay pérdida y solo ocupa
dos libras y media cada marco de plata.
Ytem siendo rosicler el metal más fácil sale la plata por fundición y más ley
que por beneficio de azogue/
Ytem las labores que tengo están sobre la abra de Anconasa, la una con el
nombre de San Joseph, tiene la labradura ciento y cincuenta varas hasta el último
plan tiene un quinto y medio, corre su rumbo este oeste, tiene tres piques en metal
y tres frontones, su ley de dieciocho marcos.
anexos 147

Ytem otra mina más abajo nombrada Animas con el mismo rumbo distinta
veta, con apartamiento de veinte varas, tiene de profundidad ciento y diez varas
hasta el último plan con un quinto y algo más, tiene el crucero Real de norte a
sur, este va a cortar el norte cuatro vetas, la de santa Bárbara; la de la Lisa, la veta
de la Purísima en la que tengo dos estacas, sin cortar; y la última es la de Zibelo,
tiene tres frontones y dos piques, tiene dos bocaminas a distancia de seis varas
una con otra con la misma veta para comunicarse para el viento.
Ytem su ley de estos metales son de diez marcos unas veces y otras de quince
por la variación de no afijar la veta, por faltarle profundidad y está en virgen estas
vetas que aquí relaciono.
Ytem este ingenio y minas están parados, por haberme faltado facultades,
ya cosa de tres años. El desembolso de la fábrica de este ingenio me quitó todo
el huelgo.
Es cuanto puedo exponer a vs en fuerza de mi obediencia y rendimiento al
auto proveído por su superior integridad

Firma: Tomás Cortés

En cumplimiento del superior auto dado por vs en este mineral el 30 de marzo


próximo pasado para que los dueños de las minas e ingenios den una instrucción
del estado actual de sus labores bajo las reglas prevenidas en dicho auto, expondré
yo don Miguel José Narezo como administrador general de los intereses mine-
rales de mi patrón el teniente coronel del exército don Francisco Basagoytia, por
hallarse este en la ciudad de la Plata a la defensa de los litigios que le han proveído
y puesto en el mineral, lo que acontece a los de mi cargo.
En el curato de San Pedro de Macha a las tres leguas río arriba poseo un
ingenio de solo una cabeza con seis almadenetas de fierro, y peso de dos a tres
quintales, exe de una pieza con galpón más que regular, rueda, y demás aperos
concernientes con el título de Nuestra Señora del Rosario, y es propio con la
cancha del Sacramento cita en la vice parroquia de Anconasa de don Baltazar
Alvarez Reyero, Sargento Mayor de las milicias de esta provincia y Alferez Real
del muy ilustre Cabildo de la Ciudad de la Plata, quien a su partida para España
por el mes de febrero de noventa, lo dejó en arriendo con todas las labores de
minas a él pertenecientes al expresado mi patrón.
Este ingenio se halla con cuatro hornos nuevos, dos galpones con unas veinte
cuatro a veinte y cinco mil cargas de icha. Otros dos con unos mil y quinientos
quintales de sal, otro cuarto con unas ciento cincuenta arrobas de cal viva, un
almacén con veinte y cinco a treinta quintales de pólvora, y doscientos maitos
guías. Buena casería, buitrón, lavadero con sus cuatro costihuelas para recoger los
relaves, almacén de azogues, piña-guasi con baúl para requemar seis piñas, varios
148 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

cuartos para la custodia de metales y una capilla pública para la que mantengo
capellán por hacer beneficio de que diariamente tenga misa y a mi costa el gran
número de almas que en su territorio viven.
Ultra de esto está abastecido de toda lava de herramienta, maderas, y de más
de esencia necesaria para llevar una gruesa de trabajo si sus minas se hallaran en
estado de concedérselo pero como estas están en una total decadencia a más gastos
y diligencias que se practican sin rehusar el consumo de un fuerte desembolso
semanal sucede que si por dos o tres meses se consigue un trabajo de entreteni-
miento y no formal por otros tantos me precisa esté parado y a causa de no verme
necesitado de los operarios mantengo en todo tiempo beneficiador con quince
pesos / semanales, mayordomo y topeador cada uno con cuatro, semanero con
tres y medio, carpintero con seis, herrero con cinco y dos alcaldes de la hacienda
con dos pesos, siendo estos en pagamentos en plata efectiva.
Por el tiempo de su trabajo ocupo tres horneros en cada horno y estos regu-
larmente dos, a quienes se les paga por cada hornada a tres reales. En el morte-
rado dos puntas de a seis peones con su serviri. En el buitrón de veinte a treinta
repasiris, en el pampeo de ocho a doce cabritos haciendo estos números fixos por
la mayor o menor necesidad a la que nos arreglamos.
El estipendio de mortiris y repasiris es de cuatro reales por mita y estas seis si
la semana es completa por no haber fiestas que impidan trabajar. El de los cabritos
es según sus fuerzas y así los hay de a dos, dos y medio y tres reales haciéndoles
su paga cada domingo en plata física y con solo el rebajo del valor de la coca y
pan que voluntariamente consumen y es preciso proveerlos por de no exponerlos
a necesidad.
Todos los trabajadores son habitadores del ingenio y por ello no ocurren de
otras partes y se hallara escasísimo de ellos por los meses de mayo hasta fines de
julio por la costumbre anticuada que tienen de bajar a los valles al recojo de sus
cosechas o a apearse de víveres.
La molienda que rindiera si lograra / abundancia de metal fuera desde no-
viembre o diciembre a mayo junio de doce cajones de negrillo por semana y en
los demás meses de seis por la escasez de agua que en ellos se experimenta no
habiendo de donde agregarla.
Las quemas de los metales es según su clase y beneficiador y así el que en el
día tengo la da a las puntas de rosicler y barra al decimo, a la brosa al séptimo,
al rayadillo al sexto y la llampo al quinto y de la ley de estas clases de metal no
puedo dar razón fixa por la variación.
Cada hornada consume de icha treinta y tantas cargas de valor de dos pesos
de sal en horno y buitrón cuatro quintales, su importe un peso, y de cieno, cal,
estaño, o plomo y azogue según la calidad del metal y tardan en el beneficio de
quince a veinte días.
anexos 149

Mediante no tener más que advertir acerca del ingenio seguiré por lo tocante
a minas como vs ordena.

Cancha del Sacramento en Anconasa

Esta es la ya cortada que arrendó con el ingenio mi patrón en cuyo patio está
la boca mina entrada a la estaca de Nuestra Señora del Camino en la veta de
la Purísima, su rumbo noroestes sureste y su decaída al sudoeste sucesiva a la
descubridora del finado Don José Astuena y a más de esta poseo varias estacas a
distintos rumbos y bajo de la misma boca de las que no doy razón por no tener
verisimilitud de ellas y sus documentos hallarse en poder de / mi patrón para
sus defensas.
Dicha minas tiene de camino hasta sus últimos planes unas tres mil varas y
no perpendículo más de trescientas. De la boca la primer quinto donde se halla
una sola de quince varas de largo y siete de ancho con un torno corriente en un
pozo de setenta varas hay ciento, y para enterar la mita el apiri hace treinta y cinco
viajes hasta la cancha con metal o caxones.
De este quinto el segundo nombrado la sala del Bazo del Torno hay otras
ciento y para completar la mita entre ocho peones completan con el torno noventa
y cinco arranques de diez a doce arrobas.
Al tercer quinto de San Agustín hay las mismas y la completan hasta el segundo
con los treinta y cinco viajes y en él se encuentra un barreno, su rumbo noroeste
con la latitud de setenta varas plano con que se cortó la veta de la Purísima y aquí
se halla el cuarto quinto con nombre de la Chapaleta y de el al tercero hacen
cincuenta viajes por mita.
Al quinto llamado de Sandoval cincuenta varas y sus viajes setenta y de él al
sexto quinto no hay regulación de viajes por hacer solo los que pueden.
De este al 7° quinto se regulan ciento veinte varas y por ellas hacen veinte ocho
viajes en mita, y de el al plan hay cincuenta varas y viajes los que pudieran por mita.
El numero de varas citado en los quintos / se entiende la latitud y por las
vueltas y revueltas que esta mina tiene se hace la regulación de las tres mil varas
hasta los planes.
Sus caminos se hallan en él todo hábiles así en la anchura como en la altura
siendo los mejores de todo el mineral.
Los criaderos de sus metales son según su clase y veta por lo que unos son
en panizo y otros en caliche.
Los frontones que en la actualidad laborean son seis en el sexto quinto pues
aunque se pudiera poner cuarenta no se executa por hallarse su veta en menos
de medio dedo y aun los que se trabajan rara vez se pone en tres motivo de que
se saca no pase de medio caxón de brosa, de ley la presente de veinte marcos un
150 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

caxón de Rayadallido, su ley de diez y algún tiempo que no se arregla por muchas
semanas no sacarse y otras un caxón o medio de ocho marcos de ley y solo si de
sus planes a no estar aguados se sacara mucha cantidad de metales poderosísimos.
Ocupo doce barreteros con treinta o más apiris que sacan ocho mitas a cuatro
reales y de estos el que caga tres arrobas se le paga a tres reales y de éstos el que
carga tres arrobas se le paga a tres reales por la falta de la arroba al completo de
las cuatro que es costumbre.
Los empleados en esta labor son canchero con diez pesos, minero con seis,
arreador chaquire y herrero con cuatro, dos pongos a cinco y de palliris comun-
mente doce pesos./

Mina del abra de Anconasa

Por el septiembre del año próximo pasado se le adjudicó a mi patrón esta mina
por despoblada habiendo sido su último poseedor don Rodrigo Moreno ya fina-
do y compañía, la cual tiene desde su entrada un chiflón de ochenta varas y es el
primer quinto del que hacen sus peones veinte y un viajes por mitas y de aquí al
paraje donde están cuatro barretas en trabajo habrá la distancia de ciento y veinte
varas, y son veinte y cuatro viajes los que enteran.
Esta mina sigue los mismos rumbos y vetas que la anterior y el no tener más
frontonería es por hasta el día haberme ocupado en su limpia para reconocerla y
es el ancho de ella de dos a cuatro dedos y en banco sus caxas y de su ley y saca
no doy razón por hacer solo dos a tres semanas que ha principiado a dar metal
soroche en cantidad de quince a veinte cargas de broza y otras tanda de Rayadillo
del que no se ha hecho beneficio mayor ni menor y el que anteriormente daba
era un chumbe seco sin ley de costeo.
Asiste en ella el canchero con seis pesos arreador con cuatro dos pongos a
cinco, ocho barreteros y veinte apiris con dos palliris que sacan las mesmas mitas
que en el Sacramento.
Por costumbre de este mineral se les fraquean / graciosamente ambas minas
y ultra de su salario o jornal a minero, herrero, pongos, barreteros y apiris los
sábados con su noche y el metal que sacan los parten con la hacienda bajo del
nombre de busca, siendo aquel a más mala que se halle la mina de ley de ochenta
a cien marcos caxón.

Cata del Gato

En el registro de la veta del Gato hecho el junio del año pasado de noventa y uno por
don Francisco Güemes se le adjudicó a mi patrón una estaca cerro arriba sucesiva a
la ley del Rey con rumbo sudeste noroeste en la que se abrió boca del haz de la tierra
y tiene seguidas de cincuenta a sesenta varas de camino con perpendículo de treinta
anexos 151

y cinco a cuarenta y aunque se ha cortado un ramo con el citado rumbo no es fixo


su seguimiento ni calidad de metal por ya ser paco ya negrillo y todo en bazofia.
A su lado cerro arriba ha abierto el pozo de ordenanza el que se sigue para
dar más porción de viento a la labor en la que mantengo tres barretas en busca
del perdido Gato y tanto que no se halla a más diligencias y gastos de unos dos
mil pesos que en ella he insumido.

Gasto de Materiales

De sebo collado se acostumbre dar a cuatro o más / y del machacado a cinco y


media por mita a barreteros y apiris que en los mandones no hay regla.
De pólvora en la mina del Sacramento cuatro a cinco arrobas con seis maitos
guías. En la de la Abra y Gato una arroba con dos maitos guías en cada una y de
Acero e las tres de doce a quince libras todo semanal.
El valor de cebo es de diez y seis pesos quintal de la pólvora real y medio de
las guías dos reales al maito que componen ciento y del acero a cuatro reales libra.
De toda clase de herramienta hay para habilitar de cuarenta cincuenta fron-
tones sin que tuviese decadencia su laboreo por falta de pieza alguno.

Mina de Guaynacuchu

Esta también se le adjudicó a mi patrón por despoblada el año próximo pasado y


hallándose inundada con caxa y agua hasta la boca y lograda su limpia y desagüe se
encontró su veta a las cuarenta a cincuenta varas de perpendículo y ciento veinte
de camino en caudal de una vara con sudeste noroeste y es sucesiva cerro abajo a
la estaca de José Conde que es por donde le entra la cantidad de agua que preciso
para su laboreo mantener con carrillo y baldeo y reconocida ser la ley de su metal
de solo siente marcos que no rinde el gasto / del beneficio haber desamparado
los demás interesados el desagüe de las suyas por la abundancia ser caldera de
las demás y a principios del enero del presente año en sola una noche haberme
vencido el agua suspendiese muchas varas la deje con el fin de pasado el tiempo
de ellas volver a la empresa si los demás estacados fuesen capaces de seguirla y
conjeturáremos alguna utilidad en más profundidad.
Por la baja del caxón de metal de cualquier clase se paga desde la mina del
Sacramento Abra y Gauinacuchu al ingenio a cuatro pesos y por la del Gato a
cinco. Los pagamentos de todas las labores se hacen en el mismo día y término
que se lleva dicho acostumbrarse en el ingenio.
Es cuanto verídicamente puedo y debe exponer en obedecimiento de la Orden
Superior de vs y según mi corto entender y práctica. Anconaza y abril 4 de 1792.

Firma: Miguel Josef de Narezo


152 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Señor Gobernador e Intendente Don Francisco de Paula Sanz

Razón en donde se hace constar los ingenios y minas que don José Antonio de
Amaral disfruta y posee en este mineral de Aullagas y su rivera, estado y situación
en que se hallan con todo lo demás ordenando por la superioridad del Señor Go-
bernador Intendente de la provincia de Potosí en auto del 30 de marzo próximo
pasado y es a saber:
Primeramente posee un ingenio nombrado la Palca de una cabeza con seis
almadenetas el que por estar parado no ocupa al presente operario alguno pero
estando en giro al administrador gana veinte pesos de semana un mayordomo seis
pesos el beneficiador veinte y cinco pesos, carpintero seis pesos, herrero cuatro
pesos, los horneros según el número de hornadas que sacan siendo de metal
cuatro reales cada una y siendo de relaves dos y medio reales, y regularmente
sacan entre día y noche tres hornadas del primero y seis del segundo siendo el
modo, lugar, tiempo y materia en que se les hace la paga, en el mismo ingenio
los días domingos en plata, especialmente los mandones, pues a los horneros
indispensablemente se les da ocho reales de coca a la semana y a los peones
de morterado y repaso cuatro reales y estos a excepción de uno que otro que
hay avecindados en la hacienda, los demás son vagos sin que se sepa el pueblo
o pueblos de donde ocurren. Muele a la semana ocho a diez caxones de brozas
pero siendo llampos llega hasta doce o catorce y es todo el corriente que se
puede llevar permitiéndolo al acopio de metales siendo el método que se lleva
en el beneficio por amalgamación y no por fundición. Duran las mazas hasta
beneficiarse siendo de brozas, doce y quince días y siendo de llampos seis y siete
días su ley es varia y según la calidad y condición de la mina pues en una logran
de quince marcos y veinte y en otras alcanza hasta treinta y cuarenta según los
trechos mejores que se hallan en las vetas. Las brozas se queman al 5° que es /
lo mismo que decir diez quintales en cada hornada y los llampos a lo dicho por
la abundante porción que estos hace. Diez arrobas de sal llevan las brozas en el
horno y cinco arrobas en el buitrón, aunque algunas veces según la condición del
metal hay variación en esta regla que suele ser lo común y general, los llampos
llevan en el horno ocho arrobas y en el buitrón cuatro arrobas. Se incorporan
regularmente las brozas con setenta libras de azogue y hasta su conducción en el
beneficio con ciento setenta y cinco libras esto es el respecto el incorporo y yapas
que lleva. Los llampos se incorporan con diez y ocho libras cuya ley es muy varia
pues unas veces alcanza a diez marcos pero también baja hasta seis marcos que no
costea y se termina su beneficio regularmente unos con otros con treinta y seis
libras de azogue. El magistral que se aplica así a las brozas como a los llampos
es el de la cal a aquellas cuatro birquea que compondrán ocho arrobas, la que
se consigue en estas inmediaciones al precio de tres reales siendo cal viva y dos
reales siendo apagada. Y respecto a hallarse sin trabajo dicho ingenio carece de
anexos 153

repuestos de azadones y demás herramientas y solo se halla con su rueda eje y


mazos corrientes siendo aquel de cuatro cuartones y todos conducidos del valle
puestos en la Palca costaron cuatrocientos pesos a ciento cada uno. Está parado
este ingenio hace el termino de seis meses a causa de los notorios atrasos que ha
experimentado / el interesado con la inundación de las minas de Menguengue
y Guainacucho que se hallan poseídas de agua y no haberlas podido habilitar y
haber sido preciso por esta razón abandonar como va dicho el trabajo del ingenio.
En cuanto a minas es dueño dicho Amaral de la de Guainacucho y su soca-
vón en la veta de la Gallofa, la boca de uno y otro hace norte sur y la veta este y
oeste y como se dice arriba está inundada de agua por hallarse sus planes infe-
riores al del socavón más de cincuenta varas y en Menguengue acaece lo mismo
a causa de la misma imposibilidad pues sus planes también se hallan inferiores
al socavón de que también es dueño y se nomina de Colquechaca. Solo trabaja
el Santo Cristo de que igualmente es dueño en la veta de la Purísima su rumbo
noroeste sudeste y su boca nordeste con tres compañas únicamente con el objeto
de amparar la mina, respecto de las cortas facultades con que se halla pues con
ellas desde luego hay donde dilatar el trabajo sin impedimento del agua en más
de cien frontones y dos pozos de a treinta varas, uno sobre otro para la extracción
de caja y metales. Tiene infinitas puentes y guaricuncas de difícil numeración,
así para los altos como para los planes. Tiene siete quintos, cuatro de a ciento
y cincuenta varas y tres de a cincuenta y hasta la boca desde el plan setecientas
cincuenta varas y tres de a cincuenta y hasta la boca desde el plan setecientas de
los frontones hasta salir a fuera siendo / el arreglo de las mitas o jornales a cuatro
reales día y no según lo que trabajaren de quinto a quinto siendo así mismo los
rumbos de los caminos el que se lleva dicho de la veta que es la que trabaja y el
ancho de los caminos muy vario pues unas veces se encuentra de dos varas, otras
de menos, y otras sumamente estrechos. La anchura de la veta de cuatro dedos
y algunas veces se pone en una cuarta. Los grados de decaída regularmente me-
dia vara en una vara. La clase y naturaleza de sus metales soroches, su criadero
y caxas, caliches blancos. En cada veinte y cuatro horas entran dos mitas, los
viajes establecidos en cada quinto aunque por lo regular no hay regla que haga
ley, los que son de cincuenta varas, según más o menos de lo tendido o cómodo
del camino, catorce botas en cada aculli que vienen a ser por mita cincuenta y
seis botas de cuatro arrobas cada una y en los de a ciento cincuenta varas, cinco
viajes en cada aculli y siendo plano el camino se suele extender hasta ocho y diez
botas de las mismas cuatro arrobas. El jornal ya está dicho ser del de cuatro reales
y solo el minero gana diez pesos, el arreador seis pesos y el canchero quinces
pesos. En la saca no hay regla ni orden porque pende de la porción del trabajo
y naturaleza de la veta que unas veces se cierra y otras se abre, pero con veinte
barretas se ha tenido por / experiencia sacar en el Santocristo, unas semanas con
otras tres cajones de brozas fuera de las pintas que al año se logran poco más
154 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

o menos seis cajones, estando la mina regular. La conducción al ingenio es de


cuatro pesos cajón, siendo el gasto de la pólvora con las tres compañas dichas
de media arroba a la semana, tres pesos de velas y 2 libras de herramientas que
se conjeturan por práctica y juicio prudencial, siendo el jornal establecido de los
pongos a seis reales cada mita con una caxeta de coca que se les da a gracia. Con
lo que parece queda contestado y cumplido el superior mandato de su Señoría.
Aullagas 5 de abril de 1792.

José Antonio Amaral

Estado que declara los intereses de la Rivera y Cerro de este asiento de Aullagas
pertenecientes al capitán don Manuel Bayro y gasto semanal (variable) causado
en el trabajo y labor de la diligencia que está siguiendo, a saber:

Rivera

Un ingenio de una cabeza y 7 almadenetas con eje de cuatro cartones nombrado


Angostura, sin rueda, bocatoma ni aperos, parado por falta de posibles.

Cerro

Una mina estaca en la veta de la Gallofa rumbo norueste sueste, nominada San
Roque, su boca está noroeste, inundada por lo que no se puede relacionar sus
corridos, piques y frontones.
Una mina estaca en la veta tenida por el Gato, al norueste sueste llamada de
San Antonio, su boca al este norueste con 20 varas de corrida cerro abajo, pique
frontón.
Una mina sucesiva a ésta en la misma veta cerro abajo en virgen amparada
con la boca de la antecedente cedida por don José Antonio Amaral.
Una diligencia en dicho cerro por el lado del sol, camino de Botijalaca, veta
virgen, al oeste norueste boca al este, con dos piques el de cero arriba con 30 varas
y el de cerro abajo con 40, que se labran con los operarios y gastos siguientes:

Mandón: Miguel Villegas


Barreteros: Mariano Losano, Manuel Gallegos, Melchor Castro.
Apiris: Mateo Santos y Melchor Aransibia.
Gasto semanal:
anexos 155

Mitas Salario Coca Pan Sebo Pólvora Algodón Ps/Rs


Villegas 4,
Losano 8 5 rs 0 0 2* 5,0
Gallegos 7 5 rs. 0 6 2 4,3
Castro 8 5 rs. 2 rs. 5 rs. 2 5,0
Santos 7 4 rs. 1 ½ rs. 3 rs. 3,4
Aransibia 8 4rs. 1 ½ rs. 3 rs. 4,0
2* 1, 1/2
38 7 rs. 2 ps. 6* 2* 1, 1/2 25, 7

Aullagas Abril 3/ 92 Manuel Bayro

Señor Gobernador Intendente

El doctor don Juan Bautista de Ormaechea por sí y a nombre de su consorte don


Esteban de Amezcaray, ausente y enfermo, azogueros de Minas e Ingenios de
este Mineral y su Rivera, cumpliendo con lo acordado en la Superior Providencia
de VS librada con fecha de 30 del pasado mes de marzo en obsequio de su ciega
obediencia, expone lo siguiente:
En la jurisdicción de las doctrinas de Macha a distancia de dos leguas del Río
abajo, comedios con la de Pocoata, poseemos dos ingenios menores edificados desde
sus cimientos a costa de ingentes miles de con todas las oficinas precisas, almacenes
y demás viviendas hechas a todo costo con las correspondientes licencias y títulos,
compuestos estos cada uno de sus ruedas, piedra voladora, solera y eje de una pieza,
que muelen por sutil. Ocupa cada uno, a saber el de agua un cargador o molendero
que dentra el día lunes a dos mitas, para que siga otro el martes en la misma forma,
de suerte que en cada semana necesita dos operarios trabajadores. Si es seco se
necesitan para dar un abasto y mantener una saca regular de harinas 6 trabajadores
u operarios en cada semana, tres para el día lunes, y tres para el día martes, a fin
de que no pare la molienda. El salario de cada operario de ambos ingenios son de
cuatro reales por cada mita, aunque algunas veces se emplean algunos de menor
salario, como de tres reales por mita, pero lo seguro es el primer precio. Tiene tres
hornos hechos a todo costo, regularmente caminan dos. El salario o jornal que
ganan los operarios que queman el metal es según la calidad de los metales, si son
de pintas a 4 reales cada hornada, si de broza 3 y si llampos y rayadillos a 2 ½, bien
entendido que en cada horno se ocupan tres peones horneros que queman el metal
y cada uno gana aquel jornal de cada jornada. El modo, lugar y materia en que se
les hace la paga es que llegado el día domingo rebajando a cada peón o jornalero el
156 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

gasto de coca y pan que ha hecho en toda la semana, el sobrante se les da sobre el
mostrador en plata constante. Estos jornaleros o trabajadores no se sabe de los más
su residencia fija, porque como son voluntarios una semana o dos trabajan en un
ingenio y después se mudan a otros, y así andan vagando de hacienda en hacienda,
pero lo que se observa es que concurren con / más empeño a la hacienda que se
les hace los pagamentos con puntualidad y sin gravarles en cosa ninguna; y por lo
mismo nos sobran gente. Ambos ingenios de molienda por sutil con los operarios
ya dichos regularmente muelen de 16 a 18 cajones a todo corriente cada semana
y según actual estado en que se hallan hoy nuestras labores, solo se compone esta
molienda de metales llampos, rayadillos, y algunas brozas, quemados los primeros al
4° y su beneficio en buitrón por repaso, duran regularmente en dicho buitrón hasta
verificarse las lavas de doce a quince días. Su ley en las circunstancias presentes es
de ocho a diez marcos cada cajón. La porción de metales molido que ocupa cada
hornada es según la calidad de ellos, porque componiéndose un cajón de metal de
50 quintales si son de pintas quemados al 6° ocupa cada hornada a 33 arrobas más
o menos, y su ley de 120 a 130 marcos por cajón por lo común, y siendo superiores
suelen llegar a 200 y el poco macizo que se suele conseguir marco por libra, poco
más o menos, así de rosicler como de barra, si son de brozas quemados al 4° a 40
arrobas cada hornada, su ley regular de 40 marcos algunas veces y algunas menos, si
son de llampos y rayadillos quemados 4° a 50 arrobas. Bien entendidos que siendo
los metales que se benefician de los intereses de la Encarnación son de esta ley que se
dice y sin son los de Jesús María, situados ambos en la loma de Anconasa las brozas
suelen rendir de 20 marcos para arriba, los llampos y rayadillos de 40 para arriba
que pintas y macizos no ha producido hasta hoy esta labor, cuyas bajas de unos y
otros hasta los ingenios son de 6 pesos por cajón a excepción de los de la labro de
la Gavia en el cerro de la Gallofa, que son de 7 pesos cajón, cuyas brozas rinden de
16 marcos para arriba, los metales que necesitan estos metales para sus beneficios
no se puede con fijeza asegurar, porque son tan variables que muchas veces un
mismo metal padece diferentes enfermedades que necesita también de diferentes
materiales para continuar con su beneficio. La cantidad de sal que necesitan así
para la quema como para dicho beneficio, tampoco se puede hacer un cómputo de
su cantidad fixa, porque a unos se les echa más y a otros menos. El azogue es según
la ley de ellos. El precio de la carga de sal que surten de la salinas distante 10 a 11
leguas es de 2 reales cada una que se compone de 5 arrobas 5 libras. La icha que
sirve para la quema de los metales que la traen de las inmediaciones y contornos
al ingenio, su precio es cada 32 cargas de un saco regular un peso de plata / fuerte
y a esta proporción los demás materiales, como son cieno, cobre, cal, estaño, que
este cuesta en la fundición de Guanini de 10 a 12 pesos quintal que todo se halla
almacenado con abundancia. Los mandones que ocupan estos ingenios son 3: un
mayordomo con el salario de 6 pesos semanales y mesa, un arreador con el mismo
sueldo, un carpintero que está al cuidado y repaso de los ingenios y saca de sus ha-
anexos 157

rinas con salario de 4 pesos semanales, sin incluir el capellán que entre una y otra
semana con las misas que se les paga en el intermedio de ellas, pasa a ser de diez
pesos semanales. Los gastos de azadones que se hacen es según la corriente que se
lleva, entendiéndose lo mismo con las demás herramientas y maderas para oficinas,
y demás gastos que se ocasionan en haciendas de esta naturaleza, sin incluir los ejes
de que se componen los dos ingenios y los que se hallan en ser para su refacción.
Estos son de una pieza, cada uno de ellos, su precio de 20 pesos más o menos cor-
tados en el monte y su conducción de mucho más precio por el trabajo de traerlos
de indios, por los caminos fragosos de que abunda este partido de Chayanta, siendo
su tamaño de 5 a 6 varas y una tercera de ancho cada costado. La aspas y cucharas
para las ruedas todo corriente en el monte, su precio es de 24 pesos casa una, fuera
de su conducción. El costo de hechuras de ambas ruedas hasta ponerlas en estado
de dar vueltas y que muelen con una misma agua, siendo sus baluartes, bóvedas,
y desagües todo de cal y piedra, hecho en todo costo, son a saber el primero que
se halla en mayor superficie que sirve para moler agua y en seco costo se hechura
cien pesos que se satisfacieron al carpintero que los gobierna. Sus piedras con las
que actualmente camina y las que tiene de refacción, así voladoras como soleras
unas tienen de costo 120 pesos, 140 y algunas 160, según el tamaño y calidad de
ellas, el otro que muele solamente en seco tuvo de costo de hechura 110 pesos sus
piedras en la misma conformidad que las otras, de tal suerte que el total de estas
dos maquinas y sus obras materiales con sus respectivas oficinas y la cantidad de
fierro que ocupa cada uno de os codos cinchos, gorrones, dados, nabos, pernos, y
demás que se gasta, como igualmente maderas, cueros de nos tienen de costo más
de diez mil pesos.
El ingenio de Agua Caliente en la doctrina de Chayanta distante de estos edi-
ficados en esta de Macha 18 leguas, es de la misma conformidad que los anteriores
ya relacionados. Su erección tuvo de costo / de cuatro a cinco mil pesos y hoy en
sus refacciones, diligencias de barrenos, contrabarrenos, recortes, limpias para
su reconocimiento en el mineral antiguo de plata despoblado desde inmemorial
tiempo a esta parte nombrado Unsia, se lleva insumidos más de 8 mil pesos con la
esperanza que ofrecen los ensayes hechos que podrán ser de utilidad sus vetas, de
manera que pasa su costo total de catorce mil pesos con los aperos, herramientas,
materiales, así para las minas, como para el ingenio, de que se va abasteciendo sin
reportar hasta hoy utilidad ninguna, ni sacar un marco de plata, sino desembolso
con el fin solo de que así nosotros como el bien público, logramos algunos alivios:
El temperamento en que se halla situado dicho ingenio es muy benigno sin que
incida en el extremo del calor o frio, dista a las minas en que están siguiendo las
diligencias y laboreo, cerca de dos leguas todo pampa. Sus bastimentos son abun-
dantes con abundancia y con más equidad que los que se surten a este mineral.
Las bajas de metales a 20 reales cada cajón, con advertencia que solo la sal tiene
de costo un real más la carga a la que se paga en los anteriores nuestros ingenios.
158 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Todo este giro se halla a cargo de dos mandones, un arreador en el cerro con 6
pesos semanales y otro en el ingenio, el que se halla parado con el mismo sueldo
con los operarios del giro, su costo semanal es de [¿] pesos en plata por ahora.
En el mineral de oro nombrado Capasirca, distante 6 leguas de Chayanta a
esta parte poseemos un socavón y sus intereses respectivos, los cuales se hallan sin
trabajo a causa de que habiéndose seguido dicho socavón y hecho el corte se siguió
el laboreo aplicándose y a cosa de 19 o 21 varas nos venció el agua, quedando los
frontones y planes con su orito. Y por motivo de las aguas, habíamos suspendido
la continuación y hoy nos hallamos ya proporcionando los medios más oportunos
para su habilitación cuya corrida de dicho socavón hasta lograr los cortes fue a
costa de nuestro propio peculio.
En lo contractivo a las minas y su laboreo. En este asiento. Y la loma de An-
conasa poseemos y laboreamos con / legítimos títulos y documentos en el registro
de la Encarnación perteneciente a la testamentaria del finado José Astuena, dos
estacas sucesivas a la descubridora, su rumbo este oeste con el nombre de San
Antonio a la parte del este y juntamente otra por compra hecha a SM a la parte
del Oeste, bajo el mismo nombre de la estaca del Rey, la que se halla en el día
con algunas barretas en diligencias y sus planes en agua, toda rasgada de mojón
a mojón y las dos expresadas con el nombre de San Antonio a la parte de cerro
abajo. Sus planes se hallan en agua, es sus comedios cuatro ternos en metales, y
seis siguiéndolos banquerías y chingascanes, en que se hallan los frontones con
la porfía de vencer estas dificultades hasta encontrar los metales que acostumbra
dar, la cancha de sus servidumbre nombrada San Antonio, edificada desde los
cimientos a todo costo con las oficinas necesarias con su poto y bocamina su
rumbo norueste sueste y sus caminos que sirven para el tránsito de respecto a
haberlos habilitados de ciegos e inundados de caja y cuota más de trescientas va-
ras de profundidad con otras ciento que se habrán corrido hasta el estado en que
se hallan hoy los frontones que completan las cuatrocientas varas que se regula
podrán haber dichos planes, con advertencia que en dichos planes se hallan ocho
frontones y piques en metal en los mismos intereses, laboreados por don francisco
Basagoytia, arrendatario de Don Baltasar Alvarez Reyero por la clandestina in-
troducción que ha hecho desde los suyos por medio de dos barreteros en travesía
de él, cuyo pleito se halla pendiente en la Real Audiencia del distrito. Sus puentes
y guaricuncas dejadas y laboreadas al rigor de las ordenanzas. La capacidad que
tiene la servidumbre de estos caminos pasa de tres varas de altos, y dos de ancho
con su correspondiente patillaje fabricado a todo costo para el alivio de la gente
con 7 quintos o salitas para el acopie de caja y metales, y descanso de los traba-
jadores. Tiene de profundidad perpendicular desde la superficie de la boca hasta
los expresados planes en agua poco más o menos 250 varas en cuyo tránsito y sus
conmedios hemos emprendido y vamos siguiendo dos barrenos en solicitud de
nuestros mismos intereses de la Encarnación y al descubrimiento y / cortes de
anexos 159

otras vetas a cuerpo de cerro y un barreno tiene corrida ciento cincuenta varas
con su respectiva lumbrera hasta el haz de la tierra y sin embargo de que se han
cortado varios ramillos, no se han rasgado porque se contemplan de ninguna
utilidad y tiene de costo sobre la cantidad de ocho mil y mas pesos de que no se
ha reportado un marco de plata, como ni tampoco del otro barreno que está en
mayor profundidad que también se está siguiendo con la corrida de 43 varas al
mismo destino que el primero cuyos costos pasan de 900 pesos la anchura de la
veta en que traemos nuestro laboreo. No hay regla segura por la variación que
padecen en general casi todas. Su decaída al sur en cada vara es de una cuarta un
poco más o menos, la calidad de sus metales, ha sido barra, rosicler, fierroviejo,
lisa, pasacana, pintas, broza y rayadillos, según proporciona la busca de su saca
en las aspas, cruceros, caños y otros ojos de metal libres de banqueria y manto,
sus cajas y criaderos es de panizo blanco, que mudándose este en otros colores es
seguridad de la enfermedad que padece ya la veta. Por lo que respecta al número
de barreteros y apiris es según el estado de las labores, porque hallándose estas en
bonanza abunda la gente y hallándose en decadencia como hoy sucede, escasea.
Por lo regular es de 60 hombres trabajadores semanalmente poco más o menos y
estos jornaleros asalariados, siendo su paga a la costumbre del mineral de cuatro
reales plata constante por cada mita a los barreteros y lo mismo a los apiris tos-
toneros que cargan cuatro arrobas y la los cabritos o jóvenes de menor edad a 3 y
3½ y todos entran a tres mitas con el correspondiente sebo de 66 onzas no siendo
derretido que costea la hacienda, como también las botas de que se sirven. Los
viajes que hacen de quinto a quinto son con variación según la proporción de sus
distancias, planes y piques, por donde se conducen en la servidumbre del camino
hasta la cancha, según de halla asentado en la práctica del giro los empleados para
el régimen de igual destino se componen de un canchero con el sueldo de ocho
pesos semanales y mesa, un minero y dos arreadores con su pongo y ponguillo,
todos estos con seis pesos semanales y la mesa. Cuando la mina está en bonanza
tiene de saca hasta tres cajones y hoy en el estado de decadencia en que se hallan
apenas alcanza a medio cajón. La pólvora y guías costea la hacienda a proporción
/ de la necesidad que demanda el estado de su laboreo, entendiéndose lo mismo
con la herramienta, cuyo herrero lleva por la compostura o calzas de cada terno
cuatro reales semanalmente.
Igualmente poseemos con justos títulos otro interés de setenta varas con
el nombre de San Ignacio de Loyola en el registro de Jesús María en la veta de
Colquechaca que practicó el finado don José Astuena, su rumbo este oeste con
alguna variación. La cancha de su servidumbre nombrada Jesús María, edificada
desde sus cimientos, contigua la iglesia de este asiento de Anconasa con las oficinas
necesarias, su rumbo este oeste el mismo de la veta con el cual sigue sus cami-
nos hasta sus planes, nos tiene de costo, con la aventura de caminos y ponerlos
hábiles y corrientes para el tránsito de la gente más de seis mil pesos. Tiene tres
160 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

frontones­en metal y muchos banqueados y manteados, los cuales se van siguiendo


en diligencias hasta alcanzar metal. Su saca muy corta en el estado presente, su
ley se tiene expresado en lo que respecta al ingenio, los puentes y guaricuncas
dejadas y laboreadas con forme a la Real Ordenanza, lo mismo el tránsito de los
caminos, pues se han sacado desde el haz de la tierra a todo costo y en los mismos
términos que los de San Antonio. Tiene de distancia desde la superficie de la boca
hasta los planes doscientas cincuenta varas con sus tres quintos proporcionados
para la saca de metales y descanso de la gente. La anchura de la veta cerca de
vara y media por ser veta de manto y en varios trechos forma sus ojos de metal
en las juntas o cruceros suele hacer sus pintas y entonces se mejora la broza. Su
decaída al norte con media vara por vara en partes, sus cajas y criaderos azulejas,
que cuando se pierde el manto es regla de que se encuentre algún metalito. Suele
ocuparse veinte trabajadores por lo general de los cuales se suelen variar y más
en la estación presente por la constitución en que se hallan las labores. Los viajes
que se hacen de los quintos, pagamentos de operarios, según la calidad de sus
precios, es en la manera y forma que lo que se acostumbra en las labores de San
Antonio. Tiene un arreador con seis pesos de semana y mesa, su minero, pongo y
ponguillo. Entendiéndose lo mismo con la pólvora y guías, cebo, y / herramienta
en la misma conformidad que se tiene observado en las labores de San Antonio.
En el cerro de la Gavia, en el registro que practicó don Juan Antonio Barceló
en la veta del mismo nombre, poseemos con justo titulo otro interés con el rumbo
este oeste. Tiene otros cinco frontones, dos en diligencias hasta alcanzar el metal
y los demás banqueados y en chingasón. Su cancha y caminos hechos y sacados
nuevamente a toda costa a fuerza de nuestro propio peculio. Tiene de distancia
hasta la boca desde los planes ciento cincuenta varas y de perpendículo desde el
haz de la tierra sesenta y siete varas hasta el último plan. Su saca muy corta y su
ley de las brozas de diez y seis marcos para arriba que aunque la veta es ancha pero
es my acosada de continuos bancos que se cree estar ya pasando todos estos en
virtud de las diligencias infatigables que se van practicando para alcanzar metal.
Su decaída al norte con tres cuartas en cada vara. Sus criaderos los mismos que
los de las anteriores labores. Los operarios que se ocupan regularmente son seis
tostoneros pagados según el entable de las anteriores labores con su mandón con
cuatro pesos de semana: pólvora, cebo, y herramienta en la misma conformidad
que lo prevenido antecedentemente, advirtiéndose que todos los marcos que se
han sacado se van sacando de los metales que han producido nuestras labores, se
han remitido todos con guía y en derechura al Real Banco de San Carlos de Potosí
de donde nos proveemos de los azogues necesarios para el giro.
Es cuanto dimana del concepto que rueda en lo sustancial sobre la ingenua
verdad, regulada del conocimiento práctico de la importancia del giro en que nos
hemos conducido sin omitir dispendio de caudal, ni laborioso desvelo que cabe
a beneficio del Real Patrimonio, pública causa, y nuestro particular interés y su
anexos 161

idea prudencial, servirá de regla para satisfacer el infatigable celo de VS que se


ha contraído a consultar con la proporción de eficaces medios a la restauración
de la azoguería y fomento de sus autores, dedicados al exercicio / de un destino
tan laudable y uno de los de primera atención del Rey nuestro amo que puesto a
cuidado de VS descansa con justeza y razón en su notoria vigilancia, actividad, y
demás buenas partes de que se halla adornada su atendible persona con el mani-
fiesto desempeño de las varias incumbencias anexas a su sagrado ministerio en que
resplandece la aplicación de la distributiva y con especialidad para con los pobres
y el mejor aire y acabo de los mineros con los objetos a que se hallan ligados y es
cuanto puedo exponer en la parte posible y modo instructivo para llenar el eficaz
deseo de VS para los fines que lo conduzcan

Aullagas y abril 30 de 1792

Doctor Juan Bautista de Ormaechea

Por el alcalde veedor D. Luis Antonio de Toro se me ha hecho saber la superior


orden de v.s. de treinta de marzo próximo pasado a fin de que pase a sus manos
una razón individual de los puntos que en ella se contienen acerca del mecanismo
y laboreo de las minas e ingenio según práctica y costumbres de este mineral y
en su puntual cumplimiento debo exponer a v.s que el ingenio que en esta ribera
poseo es el nombrado Nuestra Sra. De la Concepción de Guancarani situado en
la del río de Macha a distancia de cinco leguas de este mineral sin exercicio actual
desde más de año a esta parte por las disensiones y litigios que he tenido con los
albaceas del finado don José Astuena ( a cuya alma heredera le corresponde parte
de dicho ingenio y minas a él anexas). Sobre la preferencia en la administración
de él, sin que por mi parte haya habido el más mínimo obstáculo ni impedimento
acerca de su giro pues habiéndolo mantenido en exercicio todo el tiempo que
estuvo a mi cargo la administración de estos intereses que fue mas de cinco años,
cesó este a fines del año pasado del 90 por las indicadas controversias, sobre todo
lo que penden los autos en esta Subdelegación de los que tengo por ocioso hacer
prolija relación a v.s. molestando su bien dedicada atención, bien entendido que
como ellos consta, en cuanto el laboreo de dicho ingenio y minas tengo expuesto
por mi parte lo que se ordena en la Ordenanza 7ª del título de los despoblados
de las de este Reino.
La situación de él, su construcción, temperamento, y proporciones, son de
las más bellas que se pueden apetecer y haber ventajas a todos los que se/ conocen
en la ribera: Sus oficinas, buitrones, almacenes, acequias, hornos y morterado
muy buenas, aunque ya algo deterioradas con el tiempo de la cesación, a pesar
162 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de mis esfuerzos en refaccionarlas y mantenerlas a costa de mi propio peculio.


Tiene una sola rueda, seis almadenetas de 14,5 mas arrobas cada una, con su exe
correspondiente compuesto de cuarterones: Se muelen semanalmente de diez
a doce cajones de metal de a cincuenta quintales cada uno: Se emplean en esta
oficina 14 hombres el de a seis por punta entre los que se cuentan dos mayores
que llaman sirviris, lo que también se ocupan en los cedasos de cernir el metal:
el salario de estos es de cuatro reales por mita a excepción de los dos sirviris a
quienes en recompensa del cuidado y comando que tienen con los demás se les
paga al fin de la semana, una mita más de las que corresponde.
Hay en dicho ingenio cinco hornos de quemar metal y en cada uno se que-
man diariamente por lo regular cuatro hornadas del que llaman Broza, porque
los demás como son rebrozas o rayadillos, llampo y relaves, suele ser mayor el
número de quemas diarias a proporción de la mayor o menor docilidad de ellos
para el beneficio sin que en esta parte haya regla fija, pues como la dirección de
estas depende de los beneficiadores, suelen darles el tiempo que les sugiere su
capricho y de aquí provienen el principio capital de las pérdidas con creces de
los dueños pues no volatizándose los antimonios y acompañados de malignos de
metal con el poco tiempo de quema o consumiéndose la plata con el demasiado
fuego, viene después a salir herrado en el buitrón el beneficio. La porción de
harina de metal que se cuenta en cada horno (la que después en el buitrón vienen
a ser un cuerpo) no es tampoco igual ni fija en todos los metales pues vemos los
dueños con arto dolor de muchos intereses que todos los/ días semanas y meses
hay mutación y los beneficiadores queman unos mismos metales unas veces al
4tº. 5tº 6tº 7tº. El pasto para la llama y fuego de dichos hornos es el estiércol
de carnero que en idioma del país llaman icha y que ésta se compra a 24 cargas
por cada peso, pero como su consistencia es muy poca y su consumo grande es
uno de los renglones más considerables en el gasto. Son necesarias además de
estos para los hornos unas palas de fierro a dieciocho pesos cada una, que llaman
rodadillos, con sus mangos de madera para la agitación y ventilación del metal
cuyo consumo es muy considerable pues apenas dura cada una ocho a diez días.
Los hombres que se emplean en cada horno son tres y a cada uno de ellos se les
paga no por mitas sino arreglado a las hornadas y clase de metal y así las brozas
y pintas a cuatro reales cada una, las rebrozas y raspadillos a tres y medio y los
relaves a dos y medio de manera que cada individuo de estos gana semanalmente
7, 9 o más pesos, y también tienen estos operarios mayoral a quien llaman capitán
de hornos con 4 pesos semanales.
En el buitrón duran las masas por lo común ocho días en él se hace beneficio
por amalgamación con los acompañados de sal, cieno, cal, estaño, cobre (así llaman
al relave quemado en un grado sumo) y plomo, pero estos no entran precisamente
en todo el beneficio pues los beneficiadores usan promiscua y alternativamente de
anexos 163

unos y otros a excepción de la sal que ésta se gasta indispensablemente en mucha


cantidad así en el buitrón como en los hornos, y su consumo ascenderá a diez
quintales por cajón: el precio de estos materiales es de la sal a dos reales quintal
y el cieno a real la carga que pesa dos arrobas, el estaño a 14 pesos el quintal /
el plomo a cinco, la cal a ocho reales y ultimámente el azogue a setenta y tres
pesos sin incluir en estas cantidades el costo del flete para su conducción desde
la villa de Oruro o Potosí. Son necesarios para el buitrón muchos azadones para
el repaso de la masa cuyo precio es de 4 a 5 pesos cada uno y su consumo grande.
El número de peones que en se emplean, es proporcional a los cajones de metal
que se benefician cada semana, regulando cada dos cuerpos de masa un hombre.
A estos se les paga cuatro reales por cada mita y se les da el domingo en dinero
efectivo descontando el valor del pan y coca que entre semana voluntariamente
por necesidad y costumbre se les van dando. Además de estos son necesarios un
administrador, sueldo de 12 pesos, dos mayordomos con 6, un carpintero y herrero
con 4 pesos cada uno. El repuesto de azadones, maderas, y demás utensilios es
a proporción del trabajo que se trate y de los fondos de dinero, pues cada uno
en este punto procura siempre apurar sus industrias y ahorros, bien entendido
que en la actualidad no es de los peor aperados de sal, fierro, icha, maderas,
azadones, rodadillos, pólvora, guías, caperuzas, platillos para el requemo de la
pella, cieno y otras mil menudencias que cada paso ocasionan desembolso del
dinero con estado por la necesidad. Los indios que concurren al trabajo son los
más vecinos del ingenio porque las tierras propias de él graciosamente se les
distribuye para sus sembradíos, el temperamento y cercanía a la parroquia de
Pocoata son unos alicientes/ que no los dejan ausentarse aún en tiempo en que
no tienen que trabajar.
Por lo tocante a las minas, las pertenecientes a la testamentaria del expresado
Astuena y anexas al ingenio son la del Bronce, Jesús María en Anconasa y las de
Rosario, Gavia, Gallofa grande y Socavón Begoña (obra jefe de todo el reino) en el
cerro la Gallofa. Estas se hallan en la actualidad sin trabajo por las mismas causas
arriba expuestas: sus rumbos, y dirección y así en las bocas o entradas, como en
la corrida y caminos son tan diversos como las betas y lugares de su situación. El
método de trabajo en ellas es el mismo que se observa en todo el mineral y que ya
sabrá v.s. por otras relaciones. Sus caminos, puentes, planes y quintos, capaces,
cómodos y limpios. Los frontones que hay en cada una, tantos cuantos quieren
abrir los mineros para proporcionar metales y éstos rara vez se trabajan a un
tiempo porque sucede que en una misma semana mudan los mineros las barretas
a diversos frontones. La ley de sus metales es tan diversa, como son los criaderos,
ojos, o bolsones que se encuentran en una misma veta, pues unas veces asciende a
80, 100, 500 o más marcos, siendo la ínfima del metal que llaman llampo de doce
a quince marcos, a excepción de la mina Gallofa, cuya riqueza imponderable de
164 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

metales y de su beta Real, ancha y subiesiba dio morito a la costa y penosa obra
del Socavón de Begoña, cuya finalización será sin duda el electro que / visitará
todo el Reino. La profundidad perpendicular de estas minas es en la que más de
trescientas varas desde la boca hasta los últimos planes, y la corrida horizontal del
socavón de cerca de seiscientas para cuyo motivo se desliza por el tanta porción
de agua de la detenida en la mina y beta a la que se dirige como la que ha visto
v.s. por sus mismos ojos. Los indios que acuden al trabajo son de los pueblos
confines o limítrofes a este mineral. Las arrobas de metal que extrae cada apiri son
de según práctica de tres a cuatro, haciendo con ellas de quinto a quinto y a seis, y
a nueve viajes, según la menor o mayor distancia de unos a otros, y últimamente
el costo de la conducción de dichos metales desde estas minas hasta el ingenio es
de siete pesos por cajón.
Tengo particular y separadamente además de éstas, otras dos minas, una en la
beta Pocotra registrada por don Francisco Güemes con el nombre del Gato, sin
trabajo en ella de pocas semanas a esta parte a causa de la incertidumbre y des-
confianza que nos asiste a todos los interesados de haberse herrado las mensuras
y rumbo de dicha beta por ignorancia o malicia de los veedores nombrados, y la
otra en la loma de Anconasa que por habérseme adjudicado por despoblada poco
tiempo ha, aun no hay trabajo formal de /extracción de metales, pues únicamente
en la limpia de caminos, piques y frontones tengo empleados actualmente treinta
hombres sin intermisión desde el mismo día en que se me dio la posesión, guiado
de las esperanzas de encontrar en ellas muchos metales y barra de disfrutaron sus
primeros poseedores d. Teodoro y d. Luís Guerra, quienes sofocados por la falta
de aire y respiración, se vieron precisados de dejar con arto dolor suyo y de todo
el mineral esta empresa, la que ya en el día he corregido a expensas de muchos
dineros y arbitrios, facilitando la comunicación del aire no solamente para esta
estaca de mina sino también para el socavón Menguenguen propio de D. José
Antonio Amaral, mina de San Nicolás, de doña María Artajona y otras inmediatas
que carecían antes de este beneficio. Y es cuanto en el particular puedo exponer
a v.s. en virtud de su Superior mandato. Aullagas y Abril 4 de 1792.

Pedro Vicente Vargas (firma)

Sor. Intendente de Exército y Gobernador Intendente de Potosí D. Francisco


de Paula Sanz.
Razón que se presenta al Sr. Gobernador Intendente y Alcalde mayor de Mi-
nas de la Villa Imperial de Potosí y su partido por Doña María Josefa Artajona y
Eslava del método que observan los capitanes en el laboreo de la mina San Nicolás.
Tres son los que actualmente trabajan. El metal que sacan en toda la semana se
compone de seis u ocho costadillos poco más o menos, éstos partimos por mitad,
anexos 165

la una parte tomo como dueño de la mina y la otra corresponde a los capitanes
por su trabajo. A veces se venden en el todo y se hace repartición de la plata que
según la calidad del metal nos toca a veinte o treinta pesos.
Los capitanes se costean el sebo y lo demás que necesitan para su trabajo pero
la herramienta toman de la hacienda y se les da de balde.
Cada capitán pone un hormero para que éste saque la caja hasta dos quintos
y cuando el dueño pone cuatro o cinco de su parte caminan todos juntos hasta
el desmonte.
Me he reducido a trabajar con capitanes por no tener como sostener el trabajo
de modo que solo el defecto de dinero suficiente me ha obligado a este género
de laboreo.
Últimamente dos de estos capitanes están corriendo un barreno para cortar
la veta de San Nicolás que para aquella parte se halla virgen.
Es cuanto ocurre decir sobre el actual estado/ de la mina de San Nicolás.
Anconasa y abril de de 92.

Firma: María Josefa Artajona y Eslava.

Sr. Gobernador Intendente

Don Vicente Burgoa, dueño de minas y azoguero menor, en este asiento de San
Miguel de Aullagas, en cumplimiento del auto librado por v.s. en treinta del
pasado mes de marzo, expongo lo siguiente.
Primeramente que poseo un interés en la veta de San Agustín de Guanina-
cucho, en el registro que practicó Don Manuel de la Serna, pedida por yerma y
despoblada, a la parte del cerro arriba, la que fue de don Pascual del Pozo a los
últimos planes sesenta varas del camino, con sus vueltas y revueltas. Tiene de
perpendículo hasta el último plan treinta varas, cuyos caminos los he limpiado
y desaguado de ciegos e inundados, en el espacio de cuatro meses a costa de mi
propio peculio, cuyas cartas cuentas semanales se instruirán a fondeo siempre
que sea necesario manifestarlas, el desembolso de más de cuatro mil pesos en las
consabidas diligencias en cuyo trabajo mantenía semanalmente cincuenta peones
jornaleros más o menos con su pongo y ponguillo con un arreador asalariado con
cinco pesos semanales.
Y concluida que fue dicha limpia y desagüe seguí laboreo, cosa de treinta
varas a ambos costados del cerro y cosa de diez varas al pique / con veinte y más
peones de trabajo que componían dos puntas, cuya saca semanal correspondía a
un cajón más o menos, el cual trabajo duro el espacio de dos meses, que por el
motivo del agua y decadencia de ley de los metales se suspendió el trabajo hasta
el día, desde el mes de diciembre.
166 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Igualmente poseo otro interés de sesenta varas en la veta del Gato, en el


cerro de la Gavia, a la parte de cerro abajo, sucesiva y frente a la descubridora y
registrada por d. Francisco de Guemes, en el cual mantengo mi trabajo de dos
semanas a esta parte, respecto a que en el tiempo que media desde el mes de
diciembre en que suspendí el trabajo de la otra estaca, me hallaba dando el pozo
de ordenanza para una boca ciega, antigua y aguada, con el fin de internarme a
dicha estaca, por donde nos señaló el veedor mensurante del dicho registro y
como encontrase la veta en total decadencia, que su anchura no llegaba al filo de
un cuchillo y dudoso si anterior esta o no, y no están sacada la cabeza a la parte
de afuera, de su instructor pedí por escrito al juez Real subdelegado que arreglado
a ordenanza, me franqueara Don Cayetano de Oriondo, como canchero de Don
Francisco Güemes, su boca mina y servidumbres de sus caminos, con el fin de
seguir mis labores, y no hallarse patente dicha estaca, por un barreno interior que
siguió don Ramón de Urtizberea; a lo que se opuso fuertemente con pretextos
frívolos y artículos morales, hasta que hice segunda instancia, y conseguí dicha
entrada, en cuyo laboreo mantengo dos peones jornaleros, siguiendo el frontón
que se halla en diligencia y pareciendo recién algún metalito paco.
Que en cuanto a trapiche no tengo ninguno propio que algunos metales
que por vía de rescate compro y otros que produce la mina los beneficio en otro,
pagando sus correspondientes fletes; cuyos marcos se remiten al banco de Potosí
por ramo del remesero conductor. Bien entendido que los metales que produjo
la estaca de Guainacucho, la mitad se hallan en ser y la otra mitad se beneficiaron
en el ingenio del Rosario, que se halla a cargo del teniente coronel don Francisco
de Basagoitia de una ley muy baja, que ni aún alcanza a satisfacer sus costos, por
cuyo motivo se suspendió continuar con el trabajo. Que es cuanto debo exponer
sobre el particular. Aullagas y Abril tres de mil setecientos noventa y dos.

Firma: Pedro Vicente Vargas /

Sor. Gobernador Intendente

Don Juan Morales vecino de este mineral dueño de minas y trapiche en ella. En
cumplimiento del superior auto de V.S. de treinta de marzo próximo pasado el que
se me hizo saber por el alcalde veedor Don Luis Antonio de Toro, digo: que poseo
una mina en el norte de la Purísima, en el cerro vulgarmente nombrado de Lloco
Lloco por licencia de registro y amojonamiento de dicha veta por el general y Justicia
mayor que fue don Nicolás Urzainqui de esta provincia en el año setenta y cuatro
por el mes de marzo y adjudicación hecha a su tenor de la mina estaca de sesenta
vara y la salteada según ordenanzas por el juez real subdelegado D. Francisco Arias.
El rumbo de la bocamina es nor-noroeste y sur-sureste, la misma veta que sigue. El
anexos 167

pozo perpendicular tiene cuarenta y cinco varas. El trapiche que poseo se halla al pie
de dicha mina con su respectiva piedra de moler metales de una voladora su solera
corriente con su torno sus azadones de madera, cueros de repaso para beneficio de
dicho trabajo y peones ninguno por no tener trabajo de las muchas pérdidas que
he padecido de la poca ley de los metales de dicha mina porque a VS, no podré dar
razón de los marcos ni de otros metales que trabajan los demás trapicheros en este
mineral pero si continuar amparando dicha mina y pagar / las visitas de dicho trapiche
para resguardarlo de mi derecho y por lo que hace a los libres de caxas de que hace
mención nunca ha sido costumbre en los referidos trapicheros arreglarlos, pero si
solamente se ha llevado cuenta de chancelar con los aviadores de plata y azogues
por ser estos los que conducen los marcos con su guía por mano de los remeseros
al Real Banco de Potosí, siendo cierto todo lo que en este memorial se menciona
por ser notorio a todos los vecinos de este mineral. Que es cuanto debo exponer a
la sabia rectitud de V.S. del que rige. Y es dicho en este asiento de San Miguel de
Aullagas en seis de abril de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Juan Morales de Figuera

Sr. Gobernador intendente

José Conde, azoguero menor y dueño de minas en este asiento de San Miguel de
Aullagas, en cumplimiento del mandato de V.S. en su auto de treinta del pasado
mes de marzo, debo exponer a su Inteligencia con mi mayor rendimiento: que
poseo una mina con el nombre de Sr. San José y se me concedió licencia para la
limpia, por estar inundada de agua, por el subdelegado de este partido, la cual
para en poder de dicho Señor por haber puestome pleito D. Vicente Burgoa. Este
habiendo largado toda el agua a dicha mi mina, después de haber estado limpia, se
ha llenado hasta la boca y no se ha podido trabajar por este principal motivo. En
dicho trabajo que estuve el largo tiempo de siete meses más o menos tuve catorce
peones, como pusieron el dicho Burgoa y el teniente coronel D. Francisco de
Basagoitia, como colindante a mi mina, y ser la descubridora. El rumbo de la boca
es nor-nordeste y sur-sueste la misma beta que sigue. Frontones ninguno se tiene
abiertos, el pozo es perpendicular hasta el próximo plan, se tienen corridas treinta
y cinco varas. En los peones se gastaban cuatro reales diarios / en el mandón que
estaba al cuidado se gastaban o se le daban seis pesos semanales.
Por lo que hace al trapiche que mantengo debo exponer se me concedió
licencia por el general D. Joaquín de Alós, para armar los quimbaletes el año de
mil setecientos setenta y nueve. La visita la he pagado según es la costumbre.
Diariamente se muelen, habiendo gruesa de metales, tres quintales o menos cada
día, los que tienen de peso por tarea seis arrobas, pero las más de las semanas no
168 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

tienen que moler. En el trabajo se emplean lo menos cuatro indios, que ganan
seis reales diarios, y se les paga en plata efectiva. Que también se emplea en dicho
trapiche un hornero y un atisiri, el primero gana ocho reales y el segundo cuatro.
En el repaso cuando hay gruesa trabajan así mismo cuatro peones y de cada tarea
se les da diez reales a cada uno. Las lavas son de quince a quince días. La ley de los
metales: unos admiten quema baja de primera suerte, otros de segunda / tercera,
cuarta o quinta los de este asiento y la Gallofa, a excepción de los de Anconasa,
que solo admiten de primera, segunda y tercera y sublevando los dejan de dar
aquella ley correspondiente. Estos metales y otros de igual calidad se compran
regularmente de los legítimos dueños o los cancheros que hacen personería o de
los jornaleros a quienes se les da buscas. Por lo que mira a los libros que se men-
ciona no ha sido costumbre en los trapicheros arreglarlos porque solamente se ha
practicado, se le da cuenta o se chancela con los habilitadores de plata y azogues,
que estos le dan la libra por siete reales. En cuanto a la saca de marcos, de quince
en quince días, unas veces cuarenta y cincuenta marcos y otras de veinte a veinte y
cinco, según la calidad de los metales. Estos marcos caminan con guía para el Real
Banco de Potosí. Por lo que respecta al beneficio de los ya dichos metales nosotros
los trapicheros nos acomodamos con nuestra poca práctica y corta experiencia a
nuestro modo y leal saber y entender. En orden a la fundición de los nominados
metales por tiempos y cuando estos salen y se consiguen electos, puestos a los
fuelles, regularmente rinden, siendo de / barra de trece a catorce onzas la libra,
el rocicler cuando es de Anconasa suele dar de ocho a diez onzas, inclusive a liza,
encadenado, plomo ronco, plata blanca, a excepción del fierro viejo y palmería,
que ascendería la propia ley de la dicha barra. Que es cuanto puedo exponer a la
justificación de V. M. en cumplimiento de lo mandado en su auto del que rige.
Aullagas y abril tres de mil cumpliendo con el mandato de V.S. sobre se le informe
las minas que poseemos y demás circunstancias que le acompañan, debo decir,
que habiendo hecho compañía con D. Diego Barrón, a trabajar un socavón real
en este asiento por el mes de abril de mil setecientos noventa, según aparece en
la escritura que se otorgó en la ciudad de la Plata por el señor Juan José Aramayo,
este no ha sido posible concluirlo por motivo de que el dicho D. Diego Barrón y
su hijo Gregorio, no han verificado el seguimiento de una obra, que verídicamente
manifestaba algún alivio a todos los de este vecindario. Dicho Socavón se halla en
el cerro de Botija Laca, al pie o su remate inmediato al de Charaque en la empresa
se han gastado más de cinco mil pesos desde su principio como consta de las cartas
cuentas que he llevado incluidos dos mil y ochocientos pesos que se han gastado
por los compañeros en la forma siguiente. Primeramente cinco barreteros que
ganaban al día cinco reales y cuatro y medio reales a veces, cinco apiris los cuales
también ganaban en la misma conformidad. Un mirador con mesa puesta y dos
pesos semanales en la pólvora se gastaban veinte libras, en guías dos maitos, en
sebo cuarenta reales en algodón cuatro libras. La herramienta eran dos ternos
anexos 169

que componían cuarenta piezas. El rumbo del socavón corre la noreste, cuarto al
este, a cortar varios ramos, dirigido todo a coger una veta principal, cuyo rumbo
corre de norte a sur, tres grados menos, la corrida del socavón tiene doscientas
ochenta y dos varas en llano. El levante o pique tiene ciento y cuarenta varas en la
cual se han cortado seis ramos, los cuales están sin picar por falta de dinero como
llevo referido. Dicho socavón tiene el nombre de nuestra Sra. de la Candelaria.
En cuanto al trapiche debo decir se me concedió licencia por el justicia
mayor D. Domingo Anglés para armar los quimbaletes que tengo en el día, por
diciembre del año de setecientos ochenta y uno. La visita siempre se ha pagado
como es costumbre. Diariamente se muelen cuando hay gruesa de metales tres
quintales cada día, lo que tienen de peso por tarea seis arrobas, pero que las más
de las semanas no tienen que moler y en el trabajo se emplean en dicho trapiche
un hornero y un atizador, los cuales ganan el primero ocho reales y el segundo
cuatro reales en el repaso cuando hay gruesa trabajan cuatro peones y por cada
tarea se les paga diez reales a cada uno. Las lavas son de quince a quince días. La
ley de los metales según la calidad que tienen, los ricos ascienden / a diez o doce
marcos por una tarea. Los ínfimos a dos y tres marcos con pérdida de azogues de a
marco por libra. Sus quemas según la calidad de los metales, unos admiten quema
baja de primera suerte, otros de segunda, tercera, cuarta y quinta los de este asta
y la Gallofa a excepción de los de Anconasa que solo admiten primera y segunda
y tercera, elevándolos dejan de dar aquella ley correspondiente; estos metales y
otros de igual especie se compran regularmente de los legítimos dueños o los
cancheros que hacen personería, o de los jornaleros que les dan sus buscas. Por
lo que mira a los libros que se menciona no ha sido costumbre en los trapicheros
arreglarlos por que solamente se ha practicado, se les da cuenta o se chancela
con los habilitadores de plata y azogues (que estos se les da libra por siete reales)
en cuanto a la saca de marcos, de quince en quince días, unas veces cuarenta y
cincuenta marcos y otras de veinte a veinticinco según la calidad de los metales.
Dichos marcos caminan con guía firmada para el Banco de San Carlos de Potosí.
Por lo que mira al beneficio de los ya citados metales nosotros los trapicheros,
por no exponernos a los desperdicios de los profesores de esta facultad nos aco-
modamos con nuestra práctica y corta experiencia a nuestro modo y leal entender.
Y en orden a lo que se previene de la fundición de los nominados metales / por
tiempos y cuando estos salen y siguen electos o se consiguen puestos a los fuelles,
regularmente rinden siendo de barra la trece a catorce onza la libra y el rosicler,
cuando son de Anconasa, suelen dar de ocho a diez onzas, inclusive la Lua, enca-
denado, plomo Ronco, plata blanca; a excepción del fierro viejo y palmería que
ascienden a la misma ley de la dicha barra. Que es cuanto de lo mandado en su
Auto del que firma. Aullagas y abril tres de mil setecientos noventa y dos

Firma: Vicente León


170 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Sr. Gobernador Intendente

Don Julián Lobo, vecino de este mineral, dueño de trapiche en ella en la me-
jor forma que haya lugar en derecho ante la justificación de vs. parece y digo.
Que en cumplimiento del auto proveído con fecha treinta de marzo próximo
pasado, sobre que a los dueños de trapiches presenten una memoria prolija y
circunstanciada del modo de trabajos y aperos de ella lo que se me hizo saber por
el alcalde veedor D. Luis Antonio de Toro, la cual hago en la forma y manera
siguiente. Primeramente se compone el trapiche que poseo con licencias dadas
por el Gral y Justicia mayor que fue de esta provincia D. Nicolás de Urzainqui,
con dos moliendas de moler metales, sus piedras voladeras y soleras corrientes
las cuales muelen de día y noche las tareas acostumbradas de cinco y cinco libras,
su torno, cueros, azadones, y demás herramientas necesaria para dicho exercicio,
en el mantengo seis peones en dicha molienda que ganan por tarea referida cada
peón un peso y los quemadores diez reales como así mismo su atizador. Los me-
tales se compran de los cancheros y de los buscadores de este mineral según la
calidad de ellos, siendo metal rico el quintal por cien pesos y en el día por trece
pesos el referido quintal y por / lo que respecta al libro de Caja nunca se ha /
observado, solo si tener cuenta o chancelar con el aviador de azogues y plata de
este exercicio por lo que estos remiten los marcos al Real Banco de Potosí por
mano de los remeseros como es público y notorio a los vecinos de este asiento,
según las guías que para este efecto recoge el señor administrador de dicho
banco el expresado remesero para satisfacción del aviador. Que es cuanto en el
particular debo exponer a vs. en observación de su Superior Auto. Y es dicho
en este asiento de San Miguel de Aullagas en seis días del mes de abril de mil
setecientos noventa y dos años.

Firma: Julián Lobo

Sr. Gobernador Intendente

Don Tomas Núñez, vecino de este asiento y Mineral de San Miguel de Aullagas,
parezco ante la justificación de vs. y digo que poseo un trapiche nombrado de
Sr. San José, en este asiento, que lo hube de dependencia de D. Gregorio Velez y
Gallardo por mil y mas pesos que le habilite en azogues y plata, para dicho trapi-
che lo que por adjudicación y licencias de SS. Subdelegados trabajo con algunas
personas a quienes avío. Los metales de la Gavia tienen dos marcos el quintal y
de la Gallofa lo mesmo, las quemas se ve por el hornero y se graduan por la chua
si quiere quema alta o baja para cuyo beneficio mantengo seis peones para mole-
dores, cernidores, fornero, atisiri, repasiri, a los moledores se les paga del quintal
anexos 171

7 reales al hornero y atisiri se le paga 9 reales, al repasiri se le paga 10 reales la


icha, y sal 5 reales, perdida de azogue el marco por libra una chipa, de carbón
2 y medio reales, esto es lo cuesta el quintal de metal, mas aperos del trapiche,
cuatro azadones de fierro, dos rodadillos, seis pellejo, picos de fierro, para picar
la piedra un fogonero, cedazos de alambre y clarín. Los metales de Ancanosa de
tres o dos marcos de toda palla que se compran de los dueños de minas, de cuyo
producto los marcos los despacho al Real Banco de San Carlos de la Villa y Capital
de la Provincia / de Potosí con los remeseros, que es cuanto puedo exponer a la
justificación de V.S. en cumplimiento de lo mandado.

Firma: Tomas Núñez

Sr. Gobernador Intendente

Don Melchor de Ribera vecino de este mineral y administrador de tabacos en ella


en mejor forma que haya lugar de derecho ante la justificación de vs. en su cum-
plimiento de Auto que se ha expedido, parezco y digo que poseo en este asiento un
trapiche de moler metales con su piedra respectiva y compone de una boladera con
su solera corriente, su horno y demás materiales necesarios, el que tiene licencia a
pedimento mío por el corregidor y Justicia mayor D. Diego de Velasco el que me
concedió en el año ochenta y tres por el mes de septiembre que desde dicho tiem-
po he pagado las respectivas visitas a los jueces territoriales de este partido como
consta de los recibos, que dicho trapiche no trabaja en el día por no haber metales
que costeen el giro de mi manejo por la poca ley de ellos, que el tipo que mantenía
trabajo en el referido trapiche y corría molienda gruesa y compraba el quintal de
metal por cien pesos y poco mas molía tres quintales al día con pesos de seis arrobas
por tarea y empleaba en dicho ejercicio seis/ indios que ganaban seis reales diarios
pagándose en plata efectiva. El hornero y atisiri ganaban dos pesos entre ambos y la
gente que repasan en los cueros, según la tarea acostumbrada diez reales. Las lavas
eran de quince a quince días como es metal de la Gavia y la Gallofa, tales de ellos
según su calidad. Los ricos metales se benefician de doce a catorce marcos, como
es pinta de rocicler y los inferiores de dos tres marcos con pérdidas de azogues y
admiten estos metales como es el de la Gallofa quema baja y la Gavia lo mesmo,
lo que se compra de los dueños legítimos, cancheros y jornaleros que dice la busca
y es respecto al libro de caxa no ha sido costumbre en llevar solo si unicamente se
lleva apuntes para chancelar con el a su fiador de azogue y plata para dicho trabajo
y nos da libra de azogue a siete reales. En lo demás debo exponer a vs. como es
debido que los marcos beneficiados se remiten al Real Banco de Potosí por mano
del remesero de este asiento con las formalidades respectivas de la tornaguía que
en dicho banco se le da por el administrador de ella.
172 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Que es cuanto en el particular debo hacer a VS. en cumplimiento de su su-


perior auto. Y es fecho en este asiento de San Miguel de Aullagas en cuatro días
del mes de abril de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Melchor Rivera

Sr. Gobernador Intendente

D. Guillermo Cedillo, vecino de este mineral, dueño de un trapiche como me-


jor derecho convenga ante rexeta justificación de V.S. parezco y digo que en su
cumplimiento del auto librado en treinta de mes de marzo se ordena se presente
en esta intendencia una memoria exacta y prolija del trabajo de dicho trapiche lo
cual la hago con las razones y el método en la forma y manera siguiente:
Primeramente mantengo en el trapiche que poseo a pedimento mío y licen-
cia concedidas por el Gral. y justicia mayor que fue desta provincia D. Nicolás
Urzaynqui, una piedra voladora con su solera de moler metal corriente en el cual
se muele una tarea que compone de cinco a diez libras
Asimismo mantengo un horno de quemar metal para cuyo beneficio subsisten
ocho cueros para repasar metal, azadones, siete de madera y herramienta necesaria
para dicho trabajo, los peones como es el hornero, molendero y repasires por la
tarea diez reales, en cuanto a los metales se compra conforme a la ley y calidad de
ellos el quintal por ochenta pesos y en el día por trece pesos por inferior calidad
y respecto a minas no tengo / ninguno y solo si rescato los expresados metales
para dicho trabajo de lo que en cada visita se paga al Ss. Jueces doce pesos por
cada visita de cada año se acostumbra.
En cuanto a los marcos entrego a mi [aviador] y los despacha con el remesero
a la villa de Potosí al Real Banco, según la tornaguía que entrega dicho remesero
por lo que no llevamos libro alguno de caxa.
Que es cuanto puedo exponer vs. en particular en observancia del auto que
en esta razón se provee por el superior Gobierno de esta Intendencia y es fecho
en este Asiento de San Miguel de Aullagas en cuatro días del mes de abril de mil
setecientos noventa y dos años.

Firma: Guillermo Cedillo

Sr. Gobernador Intendente

Don Mariano Espejado, vecino de este mineral dueño de un trapiche en ella como
de derecho mejor proceda ante la justificación de vs. según el auto expedido
anexos 173

parezco y digo que poseo en este asiento un trapiche de moler metales con su
piedra que compone de una voladora y su solera corriente, su horno de quemar
metal con sus aperos necesarios, el cual tiene licencias pedidas por mi del Juez Real
Subdelegado que fue D. Francisco Arias como consta de los recibos de las visitas
que cada año se paga a los jueces de minas en cuanto al trabajo de molienda mide
la tarea que llaman cinco @ diez libras y en el se emplean seis indios y ganan seis
reales diarios como se acostumbra en este mineral. El hornero y atisiri ambos a
dos pesos por cada tarea y el repaso lo mismo.
La ley de los metales conforme la calidad se beneficia de diez a doce marcos,
siendo rico con pintas de rocicler y si es inferior de dos a tres marcos de cuatro
azadones de madera ocho cueros y rodadillo de ferro para dicho horno.
Las quemas se hacen según la / calidad de los metales porque admiten unos
quema baja y otros alta como es el de la Gallofa y la Gavia, estos se compran de
los dueños de la minas, cancheros, horneros y como es público y notorio.
Y respecto al libro de caxa jamás se ha observado llevar cuenta ni razón de
los marcos rescatados, solo si apuntes de los aviadores quienes nos dan plata y
azogue en habilitación de este trabajo y chancelar como es debido dándonos el
azogue la libra a 7 reales y algunas veces a seis y medio reales.
Por lo que hace a marcos se remite por mano de los remeseros al Real Banco
de la Villa de Potosí con la formalidad necesaria según la tornaguía que saca dicho
remesero del administrador de dicho Banco. Que es cuanto puedo exponer a V.S.
en el particular de la observancia de su superior auto y es dicho en este acento de
San Miguel de Aullagas en cinco días del mes de abril de mil setecientos noventa
y dos años.

Firma: Mariano Espejado

Sr. Gobernador Intendente

D. Andrés Villa, vecino de este mineral dueño de un trapiche en ella como de


derecho mejor proceda ante la justificación de vs. según el auto expedido parezco
y digo que poseo en este asiento, un trapiche de moler metales con su piedra
que compone de una voladora, su solera corriente y su horno de quemar el cual
trapiche tiene licencia dada por el corregidor y Justicia mayor que fue de esta
provincia D. Diego Velasco como consta de dicha licencia que en debida forma
presento para que se vuelva original para los usos de mi derecho. En cuanto al
trabajo se mantiene mi giro de muy poca entidad por las ningunas facultades
que subsisten en mi persona que por lo que hace al trabajo de los metales apenas
trabajo una tarea que compone de cinco arrobas y cinco libras y en el empleo
174 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

cuatro indios que ganan seis reales diarios los que pago en plata más un hornero
y atisire que ganan ambos un peso y el repaso según la tarea acostumbrada, la ley
de los metales conforme a la calidad, se benefician si son ricos de diez marcos
a doce marcos y si es inferior de tres a cuatro marcos con pérdidas de azogues.
Las quemas según la especie de los metales porque admiten unos quema baja
o alta y en esto no hay regla fija. Estos metales se compra de los cancheros y
jornaleros como es público y notorio. Y por lo que respecta al libro de Caxa,
jamás se ha llevado cuenta ni razón, solo unicamente apuntes para chancelar
con los aviadores de azogue y plata por la habilitación que nos hace el favor de
daros la libra de azogue por 7 reales.
En cuanto a los marcos se remiten al Real Banco de la villa de Potosí por
mano los remeseros con la formalidad de su tornaguía que para el efecto le da el
administrador de dicho banco. Que es cuanto debo exponer a v.s. en el particular
en observancia de su superior auto. Es fecho en este Asiento de San Miguel de
Aullagas en cinco de Abril de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Andrés Villar

En cumplimiento de lo mandado por el Sr. Gobernador Intendente de la Imperial


Villa de Potosí y su distrito por recibo de 31 de marzo del presente año en la que
nos ordena y manda que los trapicheros de este mineral presentemos la cuenta y
forma del laboreo en dichos trapiches.
Hago presente que soy dueño de un trapiche nombrado del Carmen, conti-
guo al de D. Pedro Requena, con adjudicación de sitio y posesión después de su
construcción dello, ante el subdelegado que fue D. Miguel de Toro y Villalobos
cuyos títulos paran en el archivo de este partido de Chayanta. Cuando estaba
corriente dicho trapiche se llevaba la cuenta de la compra de metales y su remi-
sión, pero hoy se halla el referido trapiche sin laboreo a más de siete meses, así
por la escasez de metales y la ninguna utilidad de ellos y por la escasez de gente,
esperando si haiga algunos metales que puedan costar los duplicados gastos que
tienen el beneficio en dichos trapiches y es a saber en la forma siguiente.

Molienda

Por dos molenderos que cada uno día y noche muelen tres tareas que se componen
de 6 arrobas cada tarea y ganan por moler a 6 reales por tarea.

Cernidor

Por dos cernidores que cada uno ganan a tres reales por tarea.
anexos 175

Horneros

Por dos horneros que ganan a cuatro reales por quemar cada tarea.

Atizadores

Por dos atizadores ganan a 2 reales por cada tarea.

Repasiris

Por cinco peones para el buitrón que es suficiente para llevar la corriente de medio
cajón y más de la semana y mas a la semana que a cuatro tareas que cada uno re-
pasan, en dos cueros, son las 20 tareas y ganan a diez reales por repasar cada tarea.

De la compra de metales

Sobre compra de metales hay variedad siendo pintas buenas conforme la tiranía de
los cancheros y peones, unas veces se compran por cuarenta, cincuenta, y sesenta
pesos en las que las mas veces se pierde, en cuanto al rocicler se compra en peso
de balanza a 5 pesos libra y el fierro viejo a 6 y 7 pesos y lo mismo la barra, con-
sumo del azogue desde el buitrón hasta refogar la piña una libra en cada marco.

De la calidad

De los trapiches, que se llaman en este mineral, se componen de un galpón su


solera y voladora de piedra con una manija de madera. El horno se compone
de otro galpón en lo que está el horno de quemar metales, que en dos hornadas
se quema una tarea, su buitrón se compone en cueros de vaca, seis azadones de
madera. Es cuanto puedo decir en particular por lo que a mi me toca, salvo que
los otros trapicheros tenga otra economía. Anconasa y Abril 3 de 1792.

Firma: Vicente Jurado

Sr. Gobernador Intendente

D. Pedro Ampuero, vecino y del comercio de este mineral de Aullagas, con su


mayor rendimiento ante la justificación de vs. según el Auto que se ha expedido
parece y dice: Que posee en este asiento un trapiche de moler metales con sus dos
quimbaletes y un horno por licencia dada por el justicia mayor D. Diego de Velasco
en diez y siete de noviembre de mil setecientos ochenta y tres, que desde dicho
176 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

tiempo ha pagado las respectiva visitas, según consta de los recibos que mantiene
en su poder. Que en el día lo tiene arrendado por no costearle la compra de metales
y su correspondiente beneficio. Que durante se hallaba en dicho ejercicio le consta
ciertamente que cuando había gruesa de metales se molían a lo menos tres quintales
al día con pesos de seis @ por tarea. En este trabajo se empleaban cuatro indios lo
menos que ganaban seis reales diarios y se les pagaba en plata física, también se em-
pleaban en el citado trapiche un hornero y un atisiri que ganaban dos pesos diarios
entre ambos. En el repaso trabajaban tres o cuatro peones a quienes se les pagaba
diez reales por tarea. Las lavas eran de quince a quince días. La ley de los metales
según su calidad, los ricos daban de diez a doce marcos por tarea, los ínfimos de
cuatro a cinco marcos y a veces de dos / con pérdida de azogues de a marco por libra.
Las quemas según la especie de los metales, unos admiten quema baja y otros alta,
estos se compran, como es público a los legítimos dueños, cancheros y jornaleros.
Por lo que respecta a los libros no ha sido costumbre el llevarlos, pues unicamente
se llevan apuntes para chancelar con los aviadores de plata y azogues, estos se nos
da al precio de siete reales. En lo respectivo a la saca de marcos debo exponer que
en quince o más días, se sacan cuarenta, cincuenta o cien marcos y otras veces de
veinte y cinco a treinta según la calidad o especie de los metales. Dichos marcos
siempre se despachan a la villa de Potosí con su correspondiente guía por mano de
los remeseros. En lo que mira al beneficio de los metales nosotros los trapicheros
nos acomodamos con nuestra corta práctica y experiencia. En orden a la fundición
de los nominados metales por tiempo y cuando estos salen y se consiguen electos
puestos en los fuelles, suelen salir, esto es siendo de barra, de trece a catorce onzas
la libra y el Rocicler cuando es de Anconasa / de ocho a diez onzas, inclusive la lisa,
encadenado, plomo ronco, plata blanca a excepción del fierro viejo y palmería que
asciende a la misma ley de la precitada barra. Que es cuanto puedo exponer a la
justificación de VS. en cumplimiento de lo mandado en su Auto. Aullagas y Abril
tres de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Pedro Ampuero

Sr. Gobernador Intendente

Don Manuel Campero, vecino trapichero en este asiento y Mineral de Aullagas,


con mi mayor rendimiento y veneración, ante vs. parezco y digo: que en obser-
vancia y cumplimiento del auto expresado el día veinte y nueve del pasado debo
exponer a la inteligencia de V.S. en breves razones el modo y método de manejarnos
con los trapiches que actualmente trabajo en la manera siguiente: Primeramente
que el trapiche que poseo, bajo el patrocinio de nuestra Srª de los Dolores se me
concedió la respectiva licencia y adjudicación por el Sr. Juez Real Subdelegado
anexos 177

D. Francisco Arias para armar sus quimbaletes y fabricar sus hornos por el año
de ochenta y uno o ochenta y dos, según tengo presente, el cual se halla en el
Archivo de este partido, desde cuyo tiempo se ha contribuido anualmente la co-
rrespondiente visita a los SS. Subdelegados que son de doce pesos como aparece
de los recibos que mantengo en mi poder, lo que se manifestarán siendo necesario.
Que diariamente se muele tres quintales cada día, lo que tienen de peso seis @
por tarea, pero las más de las semanas no tienen que moler y en este trabajo se
emplean cuatro indios, dos moledores, y dos cernidores, lo que ganan seis reales
por tarea / en plata física. Que también se emplean en dicho trapiche un hornero
y otro que atize, los cuales ganan el primero nueve reales por tres hornadas que
salen al día, el segundo seis reales por las mismas, en las cuales se gastan dos reales
de sal en cada tarea y de taquia en cada hornada tres reales. Que también en el
repaso trabajan cuatro o seis peones con sus correspondientes azadones de fierro
y cueros de baca y por cada tarea se les paga a diez reales a cada uno. Las lavas
que se hacen son de quince a quince días. La ley de los metales es conforme a la
calidad de ellos. Los ricos ascienden a diez y doce marcos por tarea, los ínfimos
y pobres de dos a tres, cuatro a cinco marcos por tarea, los ínfimos y pobres de
dos, tres, cuatro a cinco marcos con pérdida de azogues de a marco por libra
indispensable, los que se nos carga por el patrón o habilitador a siete reales por
libra. Sus quemas, según la calidad de los metales, unos admiten quema baja de
primera suerte otros de segunda, tercera, cuarta y quinta los de este asiento y los
de la Gallofa a excepción de los de Anconasa que solo admiten primera, segunda
y tercera y sublevándolos dejan de dar la ley correspondiente. Estos metales y
otros de igual calidad se compran regularmente a sus legítimos dueños o a los
cancheros que hacen personería por ellos y sus capitanes que con su propio peculio
sacan los referidos metales al partir por mitad con ellos y de los jornaleros que les
franquean sus / buscas, lo que así mismo dejan la mitad para los citados dueños y
por lo que mira a la fundición de los nominados metales por topos y cuando estos
salen y se consiguen electos, puestos a los fuelles regularmente rinden siendo de
barra de trece a catorce onzas por libra el rocicler, cuando es de Anconasa suele
dar de ocho a diez onzas, inclusive la lisa encadenada, a excepción de fierro viejo y
palmería, que ascienden a la misma ley de la supradicha barra. En orden a lo que
se previene sobre los libros de cuentas que se menciona, no ha sido costumbre
arreglarlos porque solamente se ha practicado que cada quince días se le da cuenta
o se chancela con el habilitador, la plata y los azogues que se nos da entregándole
en piña unas veces cuarenta, cincuenta, ochenta, y más marcos y otras de veinte,
veinte y cinco a treinta, según la calidad de los metales superiores o inferiores. Que
estos marcos caminan con guía firmada y precisa condición que se les imponen
a los remeseros por el citado habilitador bajo las penas que el Sor. Juez Real de
este partido arbitrara, para entregarlos al Real Banco de San Carlos de la Villa y
Capital de la provincia de Potosí y en el término de diez o doce días dan cuenta
178 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

de su entrega con la correspondiente tornaguía, que acusa su administrador. En


cuanto al beneficio de los ya citados metales, nosotros los referidos trapicheros
por no exponernos a los desperdicios y otras restas que nos ocasionan los profe-
sores de esta facultad. Nos acomodamos con nuestra corta práctica y experiencia
a beneficiar y darles su ley a nuestro modo y leal saber y entender, el que de años
a esta parte a costa de nuestro peculio y personal trabajo y desvelo hemos apren-
dido y adelantado largamente nuestra habilidad sin ser preciso el valernos de otro
que sea de esta facultad como llevo dicho. Que es todo cuanto puedo asegurar a
la recta justificación de VS. en cumplimiento de sus preceptos en el referido su
Auto. Aullagas y Abril tres de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Manuel Campero

Sr. Gobernador Intendente.

Doña Bernarda de Iporri, vecina y trapichera en este asiento del mineral de Au-
llagas con mi mayor rendimiento y veneración ante V.S. parezco y digo que en
observancia y cumplimiento del auto expedido el día veinte y nueve del pasado
mes debo exponer a la inteligencia de V.Sª en breves razones el modo y método
de manejarnos en los trapiches que actualmente trabajo en la manera siguiente.
Primeramente que el trapiche que poseo bajo el patrocinio de Sr San José se me
concedió la correspondiente licencia y adjudicación por el justicia mayor que fue
en aquel tiempo D. Domingo Anglés para armar los quimbaletes y fábricas de
sus hornos el cual se halla en el archivo de este partido, desde cuyo tiempo se ha
contribuido anualmente la correspondiente visita a los S.S. subdelegados que son
de doce pesos como aparece de los recibos que mantengo en mi poder, lo que
se manifestarán siendo necesario. Que diariamente se muele en dicho trapiche
cuando hay gruesa de metales tres quintales cada día los que tienen de peso seis
arrobas por tarea, pero las más de las semanas no tienen que moler y en este
trabajo se emplean cuatro indios, dos moledores y dos cernidores, los que ganan
a seis reales por tarea en plata física. Que también se emplean en dicho trapiche
un hornero y otro que atize, los cuales ganan el primero nueve reales por tres
hornadas que salen al día, el segundo seis reales por las mismas en las cuales se
gastan dos reales de sal / en cada tarea y de taquia en cada hornada tres reales,
que también en el repaso trabajan cuatro o seis peones con sus correspondientes
azadones de fierro y cueros de baca y por cada tarea se le paga seis reales a cada
uno. Las lavas que se hacen son de quince a quince días. La ley de los metales es
conforme a la calidad de ellos los ricos ascienden a diez y doce marcos par tarea
los ínfimos y pobres de dos, tres, cuatro a cinco marcos con pérdida de azogues
de a marco por libra indispensable, los que nos carga por el patrón habilitador a
anexos 179

siete reales por libra. Sus quemas según la calidad de los metales unos admiten
quema baja de primera suerte, otros de segunda, tercera, cuarta y quinta los de
este asiento y los de la Gallofa a excepción de los de Anconasa que solo admiten
primera, segunda y tercera y sublevándolos dejan de dar la ley correspondiente.
Estos metales y otros de igual calidad se compran regularmente a sus legítimos
dueños o a los cancheros que hacen personería por ellos y sus capitanes, que con
su propio peculio sacan los referidos metales al partir por mitad con ellos y de los
jornaleros que les franquean las buscas, lo que así mismo dejan la mitad para citados
dueños. Y por lo que mira a la fundición de los nominados metales por tiempos
y cuando estos salen y se consiguen electos, puestos en los fuelles regularmente
/ rinden siendo de barra de trece a catorce onzas por libra el rocicler, cuando es
de Anconasa, suele dar de ocho a diez onzas, inclusive la lisa encadenada etc a
excepción del fierro viejo y palmeria que ascienden a la misma ley de la supra dicha
barra. En orden a lo que se previene sobre los libros de cuentas se menciona no
ha sido costumbre arreglarlos porque solamente se ha practicado que cada quince
días se le da cuanta o se chancela con el habilitador la plata y azogues que se nos
da, entregándole en pina unas veces cuarenta, cincuenta, ochenta y mas marcos y
otras de veinte, veinte y cinco a treinta, según la calidad de los metales superiores
o inferiores. Que estos marcos caminan con guía firmada y precisa condición que
se les impone a los remeseros por el citado por el citado habilitador, bajo las penas
que el SR. Juez Real de este partido arbitra para entregarlos al Real Banco de San
Carlos de la Villa y Capital de la Provincia de Potosí, y en el término de diez o
doce días dan cuenta de su entrega con la correspondiente tornaguía, que acusa
su Administrador. En cuanto al beneficio de los ya citados metales nosotros los
referidos trapicheros por no exponernos a los desperdicios y otras resultas que nos
ocasionan los profesores de esta facultad, nos acomodamos con nuestra práctica
y experiencia a beneficiar y darles su ley a nuestro modo, leal saber y entender,
el que de años a esta parte, a costa de nuestro peculio, personal trabajo y desvelo
hemos aprendido y adelantado largamente nuestra habilidad sin ser preciso va-
lernos de otro, que sea de esta facultad como llevo dicho. Que es cuanto puedo
asegurar a la acreditada justificación de V.S. en cumplimiento de sus preceptos en
el referido su auto. Aullagas de abril tres de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Bernarda Iporri

Sr. Gobernador Intendente

Don Pedro Requena capitán de milicias de este Asiento y Mineral de Aullagas


con mi mayor veneración obedeciendo en cumplimiento de lo que se ordena en
el auto librado por vs. en treinta del mes de marzo, que los dueños de trapiche
180 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

presenten una memoria exacta y prolija, la cual hago en la forma que trabaja mi
arrendero en el trapiche que poseo.
Primeramente se compone el citado trapiche de una piedra voladora con su
solera de moler metal, el cual muele de día una tarea de cinco @ cinco libras y
de noche otras tantas y se lleva trabajo corriente y no tiene quimbalete alguno.
Así mismo tiene un horno de quemar metal y para cuyo beneficio se mantiene
ocho cueros, seis azadones de madera, dos rodillos de fierro, con todo el material
necesario para dicho trabajo. Los peones que trabajan en la molienda ganan en la
tarea que llevo dicho un peso cada peón y en el horno cuando queman seis reales
con los atizadores.
En cuanto a los metales se compra según la calidad de su ley, siendo metal
rico el quintal por cien pesos y en el día por la decadencia de las minas en tres
pesos el expresado quintal y porque respecto a minas no mantengo trabajo alguno.
En cuanto a los marcos se despacha por mano de los remeseros al Real Banco de
esta villa de Potosí, como se acostumbra en este mineral según las tornaguías que
dicho remesero nos entrega para nuestro gobierno. Bien entendido que jamás
sobre el particular se ha observado llevar libro de caxa, en cuanto a las licencias
se tienen dadas por los ss. Jueces territoriales de este partido a quienes pagamos
las visitas de sus respectivos años según el trabajo y unas veces diez pesos y otras
doce pesos con apercibimiento.
Que es cuanto puedo exponer a v.s. en cumplimiento de dicho auto para
inteligencia de sus superior gobierno, y es fecho en este asiento de San Miguel
de Aullagas en cuatro de abril de mil setecientos noventa y dos años.

Firma: Pedro Requena

Sr. Superintendente General

Don Pedro Salcedo, vecino de este Asiento de Anconasa y dueño de un trapiche


que se halla en el paraje del Agua de Castilla, con la debida veneración parezco
ante la recta justificación a vs. y respecto al cumplimiento del auto antecedente
sobre referidos trapiches que existen en este mineral el cual tengo bajo de la co-
rrespondiente licencia de los jueces del territorio, la que en debida forma presento
con la solemnidad necesaria para que v.sª quede satisfecho en el particular asunto
y fecho se me devuelva para guardar a mi derecho.
Primeramente se compone el citado trapiche de tres quimbaletes, los que
están corriente que muelen al día cada uno cinco @ cernido y floriado.
Asimismo tienen un horno de quemar metales, que al día se queman tres
quintales y para cuyo beneficio de dichos quemadillos se mantiene doce cueros y
anexos 181

en cada uno a dos quintales, con más doce azadones y todo material y herramientas
necesaria para este ministerio.
Y para todo el trabajo de este exercicio se mantiene catorce peones. En cuanto
sobre los metales de los planes se compraba conforme la calidad de su correspon-
diente ley, unas veces por quinientos o seiscientos pesos cinco quintales y de estos
producía ciento treinta marcos. Y otras [¿] quintal por cien pesos y de éste setenta
marcos por haberse estado trabajándose en los tiempos anteriores en los planes.
Y cuando están las minas decaídas como actualmente se hallan, se compra
cuatro quintales por trece pesos y de estos apenas a rendido cinco marcos y en el
discurso del año se compra continuamente a quince pesos el quintal conforme la
calidad de los metales.
En cuanto a los marcos no hemos llevado cuanta y razón porque los marcos
que salen entregamos a los aviadores quienes podrán dar la razón según las guías
del Real Banco de Potosí y por tanto y haciendo esta debida memoria la que va
verdaderamente en todo su contenido, la que vsª se sirva de recibirme como a
un rendido vasallo.

Firma: Pedro Salcedo

Sr. Gobernador Intendente

Don Hilario Centellas, azoguero menor de este Asiento de San Miguel de Aulla-
gas, cumpliendo con lo mandado en el auto expedido por su Señoría debo decir
que tengo un trapiche en la panadería más abajo de Colquechaca, confinante
con uno que posee Mariano Medrano, yerno de Yugra, el cual poseo con licencia
del corregidor Don Nicolás Urzainqui, según me acuerdo estos instrumentos
los mantiene en su poder D. Ramón de Urtizberea por cantidad de pesos que
le salí a deber, a quien le contribuí como haré constar con más de dos mil pesos
en un año que me hallé en mi dicho trapiche. En él diariamente mantenía sobre
más de diez peones, lo cuales ganaban en esta forma; diez reales los repasiris, el
molendero, hornero, cotejador y cernidor ganaban cuatro pesos por cada tarea.
Los marcos que se sacaban eran de treinta u ochenta semanales en aquel tiempo,
que estuvo en boya la mina de San Nicolás, de donde compraba los metales. En
el día no ha sido posible mejorar, motivo de que los metales no dan la ley co-
rrespondiente pues a penas salen en el día tres a cuatro marcos semanalmente,
comprando dichos metales el quintal por seis u ocho pesos que es cuanto puedo
exponer a V.S en virtud de dicho auto. Aullagas y Abril cinco de mil setecientos
noventa y dos años.

Firma: Hilario Centellas


182 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Sr. Gobernador Intendente

En cumplimiento del Superior auto de vs. que se reduce a cada individuo de los
de este mineral de razón de los intereses que tiene debo exponer: Que soy dueño
legitimo de un trapiche que desde sus cimientos tengo fabricado. Se compone de
una piedra y su correspondiente oficina. El trabajo de el se halla parado el espacio
de seis meses a causa de estar el mineral sin metales para comprar que es el modo
de su habilitación. Es cuanto puedo informar al Superior ánimo de vs. Aullagas
y Abril siete de mil setecientos noventa y dos.

Firma: Mariano Medrano

Sr. Gobernador Intendente

En puntual observancia de lo mandado por v.s. sobre los puntos contenidos en


el auto proveído en 31 del próximo pasado: doy la razón que por el se manda en
los términos siguientes. Primeramente digo que poseo en propiedad un trapiche
o quimbalete de moler metales con el nombre de Sr San José situado en el centro
de este Asiento de San Miguel de Aullagas, bajo de los títulos que mantengo en
mi poder.
En dicho trapiche en el día no llevo trabajo alguno a causa de estar todas las
labores del mineral en tal decadencia que no hay absolutamente de a donde com-
prar metales que reporten alguna utilidad al trapichero. Y deberá entenderse esta
razón por lo que hace ahora tres años en que lleve algún trabajo en el, reducido
a quince tareas de metal que lavaba semanalmente de 5 a 6 @ tarea, y los metales
unas veces eran de pintas de barra, rocicler o Lisa y otras de broza de calidad
superior y de inferior. Los precios en que los compraba eran según su calidad y
ley y regularmente la tarea de pintas venía a salir de 15 a 20 pesos y a veces que
casi se reducía a macizo llegaba a subir hasta 100 pesos y de la barra a 2 pesos.
Los peones que se empleaban en el trabajo de ordinario eran diez, en esta forma
cinco en el repaso, tres en la molienda y dos en el horno, a los primeros les pagaba
a diez reales por cada tarea, a los segundos a seis reales y a los cernidores a tres y
a los últimos a seis reales y a los atiseros a dos reales, todo en plata. El consumo
de azogues por lo regular es el de una libra / por marco. Que es la razón que
puedo dar sobre el particular del citado auto. Y para que así conste la firmé en
este asiento de Aullagas en 7 de abril de 1792.

Firma: Lorenzo Pelaez


anexos 183

Sr. Gobernador Intendente

Doña María Ordoñez en nombre de D. Ermenegildo Lisondo, ausente en la villa


de Potosí, quien me dejó a mi cuidado el trapiche nombrado de Sr. San José. Y
dicho trapiche tiene dos quimbaletes, dos hornos con sus aperos corrientes. Como
en otros trapiches: ordenándome para que en ella rebajen los Marchantes que
vienen con sus metales a trabajar o beneficiar, del quintal del metal de Anconasa de
toda palla dos marcos, un marco y medio algunos. Lo que llevan a sus aviadores. Se
paga al moledor y cernidor 7 reales al hornero 9 reales con el atisiri, al repasiri 10
reales, con gasto de taquia, icha, sal que todo cuesta 5 reales, la pérdida de azogue
libra por marco. Los metales se compra en las canchas de los cancheros. El señor
D. Joaquín Alós le adjudicó y juntamente los SS. Subdelegados territoriales han
hecho sus visitas concediéndoles licencia, Y en su virtud expongo a vs. para que
determine lo que fuere de su agrado.

Firma: María Ordoñez

Sr. Gobernador Intendente

D. Vicente Benítez, vecino de este asiento de Aullagas, parezco ante la Justifica-


ción de vs. y digo que tengo un trapiche en la quebrada de Colquechaca, con el
título de Nª Sª de las Mercedes, y por no tener arbitrios ni fondos para trabajar
tengo dado en arriendo a D. Isidro de Orcos por haber estado dicho trapiche
dos años sin trabajar, el cual va refraccionándose para empezar a trabajar. Que
tiene un horno con su rodadillo un quimbalete, cuatro pellejos, cuatro azadones
de madera, dos cedazos de alambre, dos cotejadores de clarín, un pico de picar
la piedra, la piedra del quimbalete. Pagaba a los indios jornaleros del quintal de
molienda, 6 reales cernidor y cotejador, 3 reales al hornero y atisiri 4 por cada
jornada al repasiri del quintal de metal al repasiri 10 reales. El quintal de Anconasa
de todas las labores de toda palla de dos marcos con pérdida marco por libra esto
se gradúa por la sega que demuestra en la chua de ensayar según la calidad de los
metales si quiere alto o bajo porque tienen diferentes calidades.
El Sr. Juez Real Subdº D. Miguel de Toro y Villalobos me concedió la licencia
y visita.
Es cuanto ocurre exponer a vs. según su mandato.

Firma: Vicente Benítez


184 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Sr. Gobernador Intendente

Pascual Titu tributario del ayllo Sullcata, y vecino de este mineral como mejor
preceda ante V.S. perezco y digo que por la notificación del Alcalde veedor D.
Luis Antonio Toro, se me hizo saber el superior auto de treinta de marzo próximo
pasado en que se ordena que los dueños de los trapiches presenten en esta inten-
dencia una memoria prolija y circunstanciada de su licencia y el modo del giro en
su trabajo es lo siguiente, primeramente poseo un trapiche en la panadería con
el nombre de San Bartolomé Ticapampa con licencia dada en nombre de S.M.
por el General y Corregidor que fue de esta provincia don Joaquín de Alós por el
año de ochentaydos y dada posesión por el juez comisionado y capitán D. Pedro
Requena en el que tengo una piedra voladora con su solera, su horno de quemar
metales y demás herramientas necesarias para dicho trabajo, peones no tengo,
sino los trabajo personalmente por ser mis facultades cortas y no llevar trabajo
grueso en dicho trapiche, y solo unicamente comprar metales de los cancheros,
jornaleros que en este asiento tienen el nombre de buscantes. Mina ninguna poseo,
el azogue lo compro de la libra a siete reales como se acos / tumbra en el país. Las
visitas he pagado cada año dos pesos a los jueces territoriales. Que es cuanto en
particular puedo dar razón según se ordena a cumplimiento de su superior auto de
v.s. en observancia de mi obligación y obedecimiento del celo de su justificación
y es fecho en este mineral de Aullagas y abril 5 de 1792.

Firma: Pascual Titu

En cumplimiento del Superior auto de vs. del 30 de marzo próximo pasado a


fin de como alcalde veedor de este mineral presente a la Superioridad de vs. una
memoria certificada de todas las bocas minas, tajos, catas, barrenos y socavones
que en él se hallan con excepción del tiempo de abandono y de sus dueños aunque
sean estacas pertenecientes a s.m. debo decir que las que comunmente se conocen
son las siguientes:
Primeramente D. José Antonio de Amaral dueño de las Minas del Santo
Cristo y socavón de Colquechaca con trabajo Guaynacucho y Menguengue, sin él.
D. Cayetano Pérez de Oriondo, dueño del Gato con trabajo la Abra y Socavón
de Rocha que ahora poco tiene pedido, sin él.
D. Diego Barrón y compañía del socavón de Botija- Laja, con trabajo.
D. Vicente Burgoa dueño de una mina en la Veta del Gato, con trabajo.
D. José Conde en la de Guaynacucho, con trabajo.
D. Hermenegildo Lisondo, dueño de la mina de Condo-marca, sin trabajo.
D. Manuel Baipo de San Roque y Botija- Laca, con trabajo.
anexos 185

D. Roque Hoguera de las Mercedes y San Francisco, con trabajo.


D. Francisco Basagoitia de las del Sacramento, Abra, el Gato con trabajo y
Guanacucho, sin él.
D. Esteban Amezcaray y el Doctor Juan Bautista Ormaechea de las del em-
budo y Jesús Sierra y Gabriel, con trabajo.
D. José Hilario Tamez como apoderado de D. Francisco Llera Manjón y
éste como acreedor de los menores de D. José Benavides dueños principales de
la mina de Fajardo, con trabajos.
D. Pedro Vicente Vargas de las de Bronce o Purísima, Jesús María, el Rosario,
la Gavia, la Gallofa Grande, socavón de Begoña, sin trabajo en todos los cuales
intereses hay diversos accionistas, según tengo entendido como bienes yacentes
de la testamentaria de D. José Astuena.
El mismo D. Pedro particularmente por sí de las de San Miguel con trabajo
y otra en la veta de Gato, sin él.
Dª María Josefa de Artajona y Eslava de la de San Nicolás, con trabajo.
D. Sebastián Pedregal y su socio D. José Tamez dueños de una cata en el
Cerro de Santa Bárbara, con trabajo.
D. Francisco Barrón de la de San Agustín, sin trabajo.
D. Luis Sánchez Robledo de la de Guaynacucho y el Gato, sin trabajo.
D. Ramón Urtizberea de la de Surimi Cocha, sin trabajo.
D. Luis Lobo dueño de una mina en el cerro de San Mateo, sin trabajo.

Estas son las boca-minas y dueños que más comunmente son conocidas en
este mineral y he podido traer a la memoria. Fuera de ellas hay diversas catas y
socavones lumbreras, porque como la riqueza de estos cerros es tan grande y tan
conocida en todo el reino, infinitas las vetas, aspas, cruceros, y ramos esparcidos
por todos ellos sucede muy a menudo que los descubrimientos son muy frecuentes
de aquí que los registros son casi diarios y por consiguiente muchos los dueños
de estacas o minas en virtud de las peticiones de todos por los recibos o registros
de esta subdelegación.
A esto se agrega que por las boca-minas que llevo relacionadas y otras varias
se trabajan diversas estacas de uno mismo o diversos sujetos, porque como en la
corrida y continuación de una veta que una vez se empezó se encuentran otras
varias se estacan distintos dueños y de aquí que son muchas las labores.
El motivo de no estar todas en actual laboreo es a mi ver porque como las
profundidades a que se hallan dichas vetas es por lo regular a distancia de veinte
/ a veinte y cinco varas de perpendículo. Los minerales y aperos necesarios para
el trabajo caros, la consistencia o dureza de los cerros grande y las habilitaciones
cortas, se ven los dueños de las minas como otros tan ralos con la riqueza a la
vista y casi en las manos sin poderla desentrañar con alivio suyo del Estado y Real
186 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

Erario por los inconvenientes indicados al que se agrega otro no menor y es de


las muchas aguas que se encuentran retenidas en las concavidades de los cerros.
El tiempo de la cesación de trabajo en las arriba expresadas no es igual en todas
pues una han estado laboreándose hasta ahora poco, otras hace el espacio de un
año y en otras más sin que en este punto pueda expresar a v.s. individualmente
con certeza lo que sucede, pues como esto provienen de los mayores o menores
fondos de los dueños y obstáculos que se les presentan, ya de la falta de materiales
de auxilios o tal vez de litigios o disensiones entre los individuos internados se
observa muy a menudo que estos paran con el trabajo por algunas semanas, meses
o tal vez años y es cuanto puedo expresar a V.S. en virtud de la Superior Orden.
Aullagas y Abril 3 de 1792.

Firma: Luis Antonio Toro

Cumpliendo con lo mandado por el Sr. Gobernador Intendente de esta Provincia en


providencia de 4 de este mes hemos reconocido las razones exibidas por los azogue-
ros trapicheros de este asiento de San Miguel de Aullagas y resultan las siguientes,

Dueños de minas e Ingenios

D. José González Tames como apoderado de D. Francisco Llera Majón, vecino


de Potosí y arrendatario del ingenio nombrado la Escalerilla distante media legua
de este asiento.
D. Tomás Cortés vecino de este asiento, dueño de Ingenio en la quebrada
de Lurucachi.
D. Miguel José Narezo, administrador general de D. Francisco Barsagoytia,
vecino de la ciudad de la plata con intereses en la Gallofa y Anconasa que maneja
un ingenio en la quebrada del Rosario bajo de esta misma advocación pertenece
a D. Baltasar Alvarez Reyero.
D. José Antonio Amaral, dueño de minas en la Gallofa y Anconasa y del
ingenio nombrado la Palca.
D. Manuel Bayro dueño de las minas en el cerro de la Gallofa y de Botija
Laca y del ingenio nombrado la Angostura.
D. Juan Bautista Ormaechea y don / Esteban Amescaray dueño de minas en
la Gallofa y Anconasa y del ingenio nombrado Macha Esquena en la ribera del
Rosario.
D. Pedro Vicente Vargas como interventor de los intereses que corresponden
a Dª Josefa Rodríguez (residente en Buenos Aires) como viuda de D. José Astuena
con minas en Anconasa y la Gallofa y con pertenencia en el ingenio nombrado
Guancarani.
anexos 187

NOTA

Que D. Ramón de Urtizberea, dueño del ingenio nombrado Churicala y el


Administrador de D. Francisco Güemes dueño del ingenio de Ayoma no han
presentado las razones de sus respectivos intereses y trabajos.

Dueños de minas sin ingenios


Dª María Josefa Artajona con minas en Anconasa
D. Vicente Burgoa con minas en la Gallofa
D. Juan Morales con minas en Lloco Lloco
D. José Conde con interés litigioso en Guainacucho
D. Vicente León con interés en un socavón del cerro Botija Laca

Trapicheros
D. José Conde
D. Vicente León
D. Julián Lobo
D. Tomas Núñez
D. Melchor Ribera
D. Guillermo Zedillo
D. Mariano Espejado
D. Andrés Villa
D. Vicente Jurado
D. Pedro Ampuero
D. Manuel Campero
Dª Bernarda de Iporri
D. Pedro Requena
D. Pedro Salcedo
D. Hilario Centellas
D. Mariano Medrano
D. Lorenzo Peláez
Dª María Ordoñez a nombre de D. Hermenegildo Lisondo
D. Vicente Benítez
Pascual Titu

Todas las cuales contenidas en las tres clases antecedentes son las que han
exhibido las razones que constan agregadas a este expediente y en virtud de lo
mandado por el Sr. Gobernador Intendente lo firmamos en este asiento de San
Miguel de Aullagas a seis de abril de mil setecientos noventa y dos años

Firma: Francisco López


Firma: Ignacio Gómez
188 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

San Miguel de Aullagas y abril, 7 de 1792

Resultando de las razones presentadas por los azogueros dueños de minas e in-
genios en este asiento y por los trapicheros del mismo mineral, junto con lo que
certifica el alcalde veedor D. Luis Antonio Toro que las más de sus ricas y pode-
rosas labores se hallan abandonadas sin traer en ellas los interesados el trabajo y
pueble que disponen las Reales ordenanzas sino en ciertos días del año antes de
cumplirse el plazo señalado a los despuebles para defraudar con este ingenioso
arbitrio el cumplimiento de las leyes y estorbar las denuncias que podrían hacer
otros vasallos más útiles e industriosos, originándose de este abuso la impondera-
ble decadencia en que se hallan al presente las minas del Asiento según se me ha
informado por personas de toda verdad además de lo que he reconocido por mi
mismo y notarse por otra parte que los trapicheros no llevan libros de su giro, ni
los dueños de ingenios, los de sus beneficios y lavas con la claridad y método que
exige la importancia de este ramo. En remedio de todo ordeno y mando que todo
los dueños de minas, socavones y barrenos comprendidos en la jurisdicción de este
asiento y con especialidad los que cita el referido alcalde veedor en su certificación
de 3 de este mes, habiliten y pueblen / conforme a ordenanza todos los intereses de
sus respectivas pertenencias dentro del término de tres meses que se les asigna por
último y perentorio y deberán correr desde la publicación de este auto en adelante
con apercibimiento que fenecido este tiempo se tendrán por despobladas dichas
labores sin necesidad de otra diligencia que la simple vista del juez por donde se
acredite que en el día primero y otros cualesquiera siguientes al último en que
cerrare dicho trimestre no se hallen en actual trabajo, y desde ahora para entonces
las declaro por despoblada al efecto de que cualquiera persona las pueda denunciar
como tales, pero atendiendo al mérito de los dueños actuales los amparo en el
entre tanto para que puedan diligenciar comodamente los avíos que necesitasen
para la continuación de sus empresas. Bien entendido que así los azogueros como
los trapicheros indistintamente han de estar obligados a llevar libros formales de
molienda, quemas, beneficios y lavas de sus metales fuera de las cartas-cuentas
de los gastos del cerro, expresando menudamente los cajones que semanalmente
muelen y ciernen con sus respectivas leyes pérdida y consumo de azogue con los
costos respectivos / A estas haciendas con separación de las minas de suerte que
sumadas sus importancias según la clase a que pertenecen inclusive materiales
salarios y jornales con el importe líquido de la piña se reconozca a golpe de vista
el estado del giro con sus ventajas o atrasos y los referidos trapicheros llevarán
igualmente sus libros de compras de metales con declaración de los vendedores
ya sean dueños o capitanes de labor donde se sacaran los metales y de su calidad a
saber rosicler, macizo, barra, fierro viejo, polvorilla, chamisca, ralladillos, plomo
ronco u otros semejantes asentando sus respectivas leyes, consumo de azogue y
costos de su quema y beneficio en jornales salarios y materiales, de modo que
anexos 189

ajustada la quema de cada semana se manifieste el resultado de ella. Siendo pre-


vención que con arreglo a los dichos libros y cartas-cuentas se ha de formar por
cada interesado de tres en tres meses un estado bien instruido que abrace todos
los artículos que quedan dispuestos en este auto y los que trabajaren en las minas
socavones o barrenos añadirán sobre el número de varas que han manifestado en
esta visita las que corrieren en cada tres meses horizontal y perpendicularmente
en sus pertenencias con los frontones, piques y pozos incluyendo los empleados en
el trabajo con salario y a jornal de forma que unidas todas las memorias se venga
en conocimiento del número de intereses poblados, de los operarios ocupados
en todo el mineral , ingenios, hornos y trapiches de los importes de jornales y
salarios de los cajones extraídos y beneficiados de la ley de cada uno de ellos según
la clase de los / metales del azogue consumido en cada cajón, de los costos en la
saca y beneficio y de los productos líquidos de las piñas, con apercibimiento que
los que no cumplieren con estas condiciones han de incurrir como desde luego
los declaro incurso en la multa de cincuenta pesos aplicados en la forma ordi-
naria cuya exacción se comete al Juez Real Subdelegado para que haga efectiva
irremisiblemente siempre que a los quince días siguientes al cumplimiento del
trimestre no se entreguen dichos estados en su mano propia o en la del sujeto
que tuviere su encargo para remitirlas inmediatamente a la Superintendencia
de minas de esta provincia inmediatamente constarme el desorden en que están
las minas que se trabajan por capitanías a causa de no cuidarse del buen orden
de las labores y que los mandones a quien se confía la inspección de las sacas no
entienden de la Economía metálica ni tienen suficiencia evitar fraudes en la par-
tición de los metales entre los amos y capitanes, se prohíbe absolutamente el que
se puedan trabajar minas por capitanías sin que asista al laboreo un Guardavista
que tenga inteligencia de minería y se califique por tal con precedente aprobación
por escrito de cualquiera de los dos alcaldes veedores que con esta fecha tengo
nombrados para este asiento y si contra el tenor de lo proveído nombraren los
dueños persona en quienes no concurran semejantes calidades incurrirán aquellos
en la multa de cincuenta pesos aplicados en la dicha forma y estos en privación
perpetua de poder exceder ministerio de minería de los que gozan salario con más
de ocho días de prisión en la cárcel del asiento cuyo cumplimiento deberán celar
los alcaldes veedores D. Luis Antonio Toro y D. Narº / Becerra sin usar la menor
dispensación bajo la mismas penas por cualquier disimulo y para que se uniforme
en toda esta provincia un mismo método de visita para extender a todos sus mine-
rales los conocimientos de esta Superintendencia y dar cuenta a S.M. anualmente
del estado de ellos con la instrucción que conviene practicar las visitas de minas
el Juez Real Subdelegado de este partido conforme en todo a lo resuelto en este
auto y al de 30 de marzo anterior, cuya copia autorizada por dicho subdelegado se
fijará en la plaza principal después de haberse notificado en Junta de Azogueros y
publicado por Bando para que llegue a noticia de todos. Con declaración que con
190 minería en chayanta: la sublevación indígena y el auge minero, 1775-1792

esta diligencia han de quedar obligados todos a su cumplimiento sin embargo de


cualquier pretexto. Así lo proveo, mando y firmo con dictamen del señor oidor
honorario D. Pedro Vicente Cañete, mi asesor Gral. en el día mes y año de su
fecha con testigos a falta de escribano

Firmas: Francisco de Paula Sanz


Dr. Pedro Vicente Cañete
Francisco López
Ignacio Gómez

En nueve días del mes de abril de mil setecientos / noventa y dos años. Estando en
Junta los azogueros y trapicheros de este mineral en la Casa donde tiene morada
el Sor. Gobernador Intendente de esta provincia se les leyó en voz alta inteligible
a presencia de su Señoría y el Señor Teniente Asesor por nosotros los testigos de
esta actuación el tenor del auto antecedente y lo firmaron dichos SS. Gobernador
y su teniente asesor por ante nos a falta de escribano.

Firmas: Francisco de Paula Sanz Dr. Pedro Vicente Cañete


Francisco López Ignacio Gómez.

En dicho día mes y año yo D. Jacobo Mosquera, alcalde pedáneo de este asiento y
mineral de San Miguel de Aullagas mandé publicar por bando a usanza de Guerra
en la forma acostumbrada el auto antecedente en la plaza y demás lugares públicos
de esta población de orden del señor Gobernador Intendente y para que conste
lo pongo por diligencia y lo firmo en la fecha de arriba

Firma: Jacobo Mosquera


Firma: Francisco López
Firma: Ignacio Gómez
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