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Me imagino que la indignación que hoy sienten muchos mexicanos ante las violentas

manifestaciones feministas del día de ayer en CDMX, donde para muchos, se ha violentado la
patria, el legado cultural y nuestras leyes; es parecida a la que sintieron los judíos cuando llegó
Jesús al templo y, según el evangelio, "volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que
vendían" (Mateo 21:12).

Para los judíos, el templo además de ser un legado de los antiguos, de configurar la identidad legal
y cultural de la nación; era un símbolo del “shalom” (paz y el favor) de Dios. Sin embargo, con el
tiempo, el templo llegó a convertirse en un elemento clave para la economía de Jerusalén. Por esto:
¡Era intocable!

El problema para Jesús fue que la institución había perdido su esencia y nadie se estaba dando
cuenta o simplemente no querían aceptarlo. Aquello que debía ser un lugar de encuentro con Dios,
había dejado de serlo y se había convertido en una "guarida de ladrones" (Mateo 21:13). Por esto,
se necesitaba un acto violento para despertar a los judíos de su adormecimiento social y espiritual,
para que fuesen capases de voltear a ver las problemáticas diarias que estaba viviendo el pueblo;
de las cuales, nadie se enteraba porque: “si el templo está bien, seguramente todo lo demás
también lo está”. Y sí, Jesús fue quien lo hizo: tiró las mesas y las sillas; lo cual, seguramente, desde
la perspectiva judía, se catalogó como un "acto de vandalismo".

Esta mañana al leer las noticias, reflexionaba y me preguntaba: ¿qué tal si este tipo de
manifestaciones que podríamos catalogar de "violentas" y como “actos de vandalismo” es lo que
necesitamos hoy para despertar del adormecimiento social y espiritual en el que estamos
viviendo?

A la fecha van más de 1,100 muertas y esto, al parecer, no nos indigna tanto; pero sí nos enfurece
que nuestro "templo" (el Ángel de la Independencia, las patrullas, los autobuses, “la gran CDMX”;
etc.) haya sido vandalizado por un grupo de mujeres que están clamando por justicia y paz.

Tal vez sería tiempo de preguntarnos si estos templos nuestros siguen manteniendo una relación
genuina con la esencia en base a la que fueron establecidos. ¿Sigue representándonos una estatua
de la “independencia” en una nación donde sus mujeres no pueden transitar libremente porque
viven con el miedo de ser asesinadas? ¿Las patrullas y los oficiales que deberían estar transitando
y cuidando a los ciudadanos y ciudadanas, pero que en lugar de eso con el tiempo se han ido
volviendo cada vez más corruptos, siguen representando los ideales de nuestra nación? Me
pregunto, ¿nuestras grades ciudades y nuestros opulentos edificios siguen representando a una
nación “civilizada y en desarrollo” aún cuando nos estamos matando unos a otros?