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GUIADO POR EL ESPÍRITU

Un cambio de mente y de corazón, puede conducir a los líderes a la guía


que el Señor quiere dar.

¿Cuál es su modelo de liderazgo? ¿De dónde lo obtuvo? ¿Es éste bíblico?

Muchos líderes cristianos trabajan con el modelo de líder como un jefe


ejecutivo oficial. Es el que fija metas, hace planes con base en la mejor
información disponible, estrategiza y por lo general tiene un
acercamiento drástico.

Los líderes eclesiásticos también tienden a percibirse como


profesionales. El líder es visto como alguien que ha acumulado una gran
cantidad de conocimiento sobre el cristianismo.

Estos dos modelos frecuentemente logran algo de éxito. Sin embargo,


he llegado a creer que ninguno se aproxima a lo fundamental del
liderazgo en la Iglesia. No que haya nada malo en la planificación
administrativa, ni en la competencia profesional en sí misma. Lo que sí
está mal es que muy a menudo le permitimos a estas herramientas
excluir la dependencia en el Señor Jesucristo y en la guianza de Su
Espíritu.

El modelo de liderazgo del Nuevo Testamento es diferente en muchos


aspectos si lo comparamos con estos otros modelos. El modelo de
liderazgo del Nuevo Testamento está esencialmente preocupado por
seguir a un maestro de forma personal - fundamentalmente, al Maestro.
En el Nuevo Testamento el líder es un siervo entrenado y probado en
una relación rabínica. Se distingue no por sus habilidades
administrativas sino por la habilidad de pasar a otra persona el camino
de la vida que a él le ha sido enseñado. Se distingue no por lo que sabe
sino por a quién conoce. Sus habilidades y conocimiento vienen de su
relación con Dios y con un maestro humano, dando como resultado un
cambio de carácter, marcado por la humildad, la sabiduría, y el
discernimiento.

La Iglesia de hoy ha tratado de casar el modelo de liderazgo del Nuevo


Testamento con los modelos de la corporación-profesional. El
matrimonio no ha funcionado muy bien. Rendimos homenaje a la
humildad mientras descartamos la dependencia consta nte del Maestro.
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Confiamos primero en las herramientas administrativas profesionales


reemplazando la confianza en la presencia personal del Señor y la
iniciativa y guía del Espíritu. No esperamos Su acción ni dirección.

El Señor es un Dios celoso, como lo dice el primer mandamiento. Desde


el comienzo Su intención fue hacernos dependientes de Él. Es por eso
que necesitamos un modelo de liderazgo que sea sensible a Él.

PERMITIENDO QUE DIOS HABLE

Quiero dejar bien claro que yo mismo he sido entrenado en la


planificación administrativa. Por años he estado involucrado en el
movimiento de plantar iglesias, el cual ha contribuido mucho al
entendimiento técnico del como funciona una iglesia. He diseñado
planes maestros de cinco o diez años para organizaciones cristianas.
Estoy familiarizado con el

proceso de organización de ideas, establecimiento de metas, redacción


de planes, y ayudar a la gente a seguir adelante. No estoy en contra del
planeamiento. Estoy a favor de los planes pero después de que Dios
haya hablado.

Mi experiencia es que Dios quiere hablar. El reto no se basa en dejar


que Dios nos guíe sino en esperar fielmente en Él para escucharle.

En la Viña hemos tenido experiencia en cuanto a recibir discernimiento


en donde debemos enfocar geográficamente nuestros esfuerzos, que
metas establecer para crecer, como crear la estructura pastoral, cuando
llevar acabo eventos grandes, y cosas parecidas. No veo nada anormal
en esto, y creo que otras iglesias y grupos pueden experimentarlo
también.

Para dar un ejemplo, en estos momentos creemos que el Señor esta


respaldando nuestro crecimiento numérico ya que hemos crecido en la
Viña en Anaheim tanto en carácter y como en santidad. El año pasado
tuvimos un promedio neto de crecimiento de 1.200 personas - un
crecimiento bueno para una iglesia de 7.500. Pero el otoño pasado el
Espíritu me mostró que en 1990 íbamos a ver un muy poco crecimiento
numérico. A cambio veríamos cosas significativas sucediendo en las
vidas de las personas - la clase de retos y actividades que por lo general
son el resultado de altos niveles de perseverancia y de un sólido
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compromiso. Le pedí al personal que estuviera preparado para esto.


Comenzando en enero vimos un declinar en el número de personas
nuevas que asistían a nuestra iglesia y un cambio en lo que estaba
sucediendo en las vidas de muchos de los líderes y de otros miembros.

También recibimos discernimiento para llevar acabo las actividades. El


Señor nos daría la sensibilidad para ir a ciertos lugares o grupos,
mostrándonos que debíamos ir allá o acá, que teníamos que trabajar
con un grupo de cierta edad u otra, que debíamos usar cierta clase de
despliegue o este otro. Como personal sentíamos cual era el siguiente
paso y nos uníamos para tomarlo juntos.

Estas decisiones requerían el uso de los dones de discernimiento. Los


llamamos entre nosotros "los ojos de Dios" o "los ojos del Espíritu".
Dones como palabra de sabiduría, palabra de conocimiento,
discernimiento de espíritus, dones proféticos, y, algunas veces, lenguas
e interpretación.

Cuando se nos ha sido dado el discernimiento, es difícil mantener estos


dones separados. Tal vez no estamos en capacidad de decir con
precisión cual de los dones estamos utilizando en un determinado
momento. Todo lo que sabemos es q ue algo viene de parte del Señor.

Al experimentar este tipo de guía, nunca planeamos sin antes dejar que
Dios hable. Una vez que Él nos ha dado su dirección entonces "donde
ponemos los caballos" es algo que nosotros tenemos que averiguar.

Muy a menudo nos encontramos a nosotros mismos como un barco en


el mar sin viento, todas nuestras velas están flojas. Podemos desarrollar
un plan, pero no hay entusiasmo para implementarlo. El Espíritu de Dios
no está hablando.

Debemos reconocer que nosotros no hemos tenido mucho éxito


"haciendo que Dios hable". Nos hemos encontrado en períodos grandes
de tiempo donde no hemos podido "sacar nada de El" que sea de
suficiente importancia como para planear. Aunque hemos dedicado un
buen período de tiempo, algunas veces hasta meses, buscando al Señor
rogándole que nos dé Su dirección.

Ahora, órdenes viejas son buenas órdenes. No es que no tenemos nada


que hacer durante esos períodos cuando no tenemos guía nueva. Hay
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muchas cosas que tienen su lugar desde que Dios nos habló de ellas en
el pasado. Así que, no las abandonamos. No debemos confundir el
esperar en el Señor con el no hacer nada.

No debemos hacer nuevos planes sin discernir la guía de Dios. Ya que


hay momentos cuando simplemente tenemos que decir "no hay nuevos
planes para el otoño, no hay dirección nueva para el invierno. No
estamos planeando nada para 1991 - sólo trataremos de mejorar lo que
hemos estado haciendo".

GUÍA EN EL PASTORADO

Junto con el discernimiento corporativo en la vida de la iglesia, también


tenemos que esperar el discernimiento para la gente que estamos
pastoreando. Por ejemplo, algunos de nosotros en el cuerpo pastoral a
menudo recibimos un sentir del Señor y hacemos preguntas sobre un
miembro. Aunque tenemos un promedio de asistencia de más de 5.000
personas, cuando estoy predicando muy a menudo sé quienes no están
ahí. Cuando me bajo del púlpito, y mi asistente está conmigo, hacemos
una lista de personas: "averiguar por esta familia, averiguar por aquella
otra". Al cruzarme en el pasillo con las personas, algunas veces recibo
discernimiento en cuanto a cosas que suceden en sus vidas.

La percepción espiritual tiene que ver con la actividad demoníaca en la


vida de las personas. Algunas veces tengo una sensación en cuanto a
los demonios que están afectando a la gente y lo que están haciendo en
sus vidas.

Dios da otros dones espirituales que son herramientas importantes para


el cuidado pastoral. Hay dones que yo llamaría "las manos de Dios", que
tienen que ver con fe sanadora y milagros; y "la voz de Dios" - dones
que tienen que ver con la enseñanza y la predicación, lenguas,
interpretación, profecía, etc. Estos operan junto a los dones de
discernimiento.

DEBILIDAD APOSTÓLICA

¿Cómo aprendemos a dirigir de acuerdo al modelo del Nuevo


Testamento en cuanto a la dependencia personal al Maestro? A
diferencia de los modelos de liderazgo administrativos y profesionales la
clave no es manejar ciertas habilidades o acumular conocimiento. La
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clave es la humildad - un carácter humilde y una dependencia humilde


en el Señor.

Debemos entender que un liderazgo de servicio humilde acarrea


debilidad. En nuestro mundo occidental no vemos una asociación
positiva entre la debilidad y el liderazgo. Tampoco, Pablo la tenía al
principio. Pero después de pedirle al Señor por tres veces que le quitara
el aguijón en la carne, Pablo escucha a Dios decir, "Bástate mi gracia;
porque mi poder se perfecciona en la debilidad." Entonces Pablo escribe,
"Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,
para que repose sobre mí el poder de Cristo." (2 Corintios 12:9).

El Reino de Dios prosperará a través de aquellos que voluntariamente


someten lo que la carne llama debilidad. Contrastando la sabiduría del
mundo con la sabiduría del Señor, Pablo dice, "más para los llamados,
así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.
Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de
Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra
vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios,
para avergonzar a lo fuerte; para que, como está escrito: El que se
gloría, gloríese en el Señor." (1 Corintios 1:24-27, 31)

Dios usa las cosas débiles del mundo. Él usa las cosas que no son sabias
según los parámetros del mundo. Dios ha escogido usar lo llamado
debilidad e insensatez para triunfar sobre la fuerza y la sabiduría, para
que ese poderoso vaso ungido no le robe a Jesús el afecto de la gente.

La debilidad no siempre es fuerza en los siervos de Dios. Muy a menudo


Dios nos invita a que aceptemos la debilidad voluntariamente. Existen
varias formas de esfuerzos de debilidad que estamos disfrutando y la
Escritura nos exhorta a ejercerlos.

Algunas veces, se nos anima a interceder. Para aquellas personas que


les gusta tomar cargos y hacer que las cosas sucedan, mantenerse en
intercesión pareciera una actividad de debilidad. Si, todos nosotros
hemos sido llamados a esta actividad. Isaías dice: "Sobre tus muros, oh
Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán
jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua,
hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra."
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(Isaías 62:6-7). En 1 Tesalonicenses Pablo nos dice: "orando de noche y


de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y
completemos lo que falte a vuestra fe." (1 Tesalonicenses 3:10). De
manera que debemos practicar la intercesión responsablemente, por
sobre sentirse bien o mal.

De igual manera ayunar es una de esas actividades de debilidad.


Ayunamos en secreto, en nuestro armario. Podemos incrementar
nuestro ayuno y oración y aun así no recibir resultados inmediatos. Ellos
pueden estar guardados para algún momento específico de nuestra vida
o en la vida de otros. No podemos manipular a Dios a través de la
oración o el ayuno; no podemos enmarcarlo a Él en nuestro horario. De
todas maneras ayunar es un esfuerzo de debilidad.

DEBILIDAD EN LA PERSECUCIÓN

La experiencia de debilidad que tiene menos voluntarios es la


persecución. Nadie la busca. Pero pareciera que viene en proporción
directa con el avance del Reino de Dios. Si somos responsables y
obedientes, seremos perseguidos.

La persecución a menudo viene de parte de nuestros propios hermanos


y hermanas. ¡En qué clase de posición de debilidad nos pone esto! No
podemos vengarnos. Dependiendo de las circunstancias, no podemos ni
siquiera defendernos, porque estamos sujetos a las enseñanzas de la
Escritura en cuanto al como tenemos que comportarnos. Si, tenemos
que aceptar la persecución como nuestra carga, como parte de la
provisión de Dios para mantenernos equilibrados y humildes.

Una forma peculiar de debilidad es la perplejidad. Si esperamos en Dios,


sufriremos por temporadas cuando Él estará en silencio. Cuando Él no
sopla ningún viento en nuestras velas sentimos la tentación de alejarnos
de Él. Pero Pablo nos dice: "que estamos atribulados en todo, más no
angustiados; en apuros más no desesperados" (2 Corintios 4:8)

Isaías expresa este tema de otra manera: ¿Quién hay entre vosotros
que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y
carece de luz, confíe en el Nombre de Jehová, y apóyese en su Dios."
(Isaías 50:10). Cualquiera que ha pasado por tiempos de dificultad y no
ha podido alcanzar el confort, el socorro, de la Palabra del Señor, sabe
exactamente de lo que Isaías está hablando.
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CRECIENDO EN EL DISCERNIMIENTO

El liderazgo de servicio humilde recibe naturalmente su aporte de los


dones de discernimiento. Usar estos dones es parte de la dependencia
en el Señor, los cuales necesitamos más que los esfuerzos naturales
para movernos hacia adelante en la obra del Señor.

Crecer en el liderazgo de acuerdo al modelo del Nuevo Testamento,


involucra crecer en el discernimiento. ¿Cómo podemos hacer esto?

Para recibir discernimiento, debemos sacar la viga de nuestro propio


ojo. Jesús dijo, "¿Y porque miras la paja que está en el ojo de tu
hermano, y no hechas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo
dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en
el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces
verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano." (Mateo 7:3-5)

En el Nuevo Testamento el problema disciplinario más común no fue la


inmoralidad sino las divisiones. La división incluye el chisme y el acarreo
de cuentos. De manera que la Escritura está repleta de instrucciones y
exhortaciones acerca del hablar en amor. Tenemos que disciplinarnos si
vamos a lograr esto. Si lo logramos, encontraremos que lo opaco de
nuestro discernimiento espiritual es quitado.

LIMPIANDO LA CASA

Abrirnos a los dones del Espíritu de discernimiento incluye la limpieza de


nuestra casa también. Hace algunos meses, por ejemplo, el Señor me
habló a través del Salmo 101 especialmente con el "No pondré delante
de mis ojos cosa injusta." Señor, ¿qué cosa injusta pasa delante de mis
ojos?" Oré. Me di cuenta que era la televisión. No estaba viendo mucha
televisión en ese tiempo. Pero el Espíritu de Dios me habló muy
claramente y me pidió que apagara el aparato. Así que lo apagamos, y
en pocos días pude sentir que el discernimiento había aumentado en mi
vida.

Pero la limpieza de la casa es sólo un paso. También tenemos que llenar


la casa. La ausencia de oscuridad no es lo mismo que presencia de luz,
una casa limpia no representa necesariamente una casa llena. Debemos
poner el pecado de lado para buscar a Dios, de manera que el Espíritu
nos llene y manifieste su amor a través de nosotros. Debemos
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desarrollar un estilo de vida en la cual nos presentemos delante del


Señor, recibimos de Él, y actuamos desde ahí.

Muchos de los problemas que se nos presentan en la iglesia hoy días


están directamente relacionados con el hecho de que no tenemos
suficiente mentalidad celestial. No tenemos suficiente perspicacia
espiritual. Así como los apóstoles perdían muy a menudo
completamente el significado de las palabras de Jesús al finalizar su vida
terrenal, nosotros también perdemos con regularidad los propósitos de
Dios. Estamos extraviados de la manera como Él desea guíarnos y
trabajar a través de nosotros.

Pero los apóstoles avanzaron de una visión opaca y de la falta de


discernimiento a una condición de considerable discernimiento. Veamos
Hechos 5, donde Pedro fue capaz de ver dentro del corazón de Ananías
y Safira y ver que ellos le habían mentido al Espíritu Santo.

El punto a considerar aquí no es la severidad del castigo, sino la claridad


del discernimiento de Pedro.

Yo creo que podemos tener esa clase de discernimiento en la iglesia.


Nuestro quehacer depende de nuestro alejamiento del foco mundano y
el acercamiento a la dimensión espiritual que está disponible a todo
cristiano que la opera.

No todos nosotros tenemos los mismos dones, pero corporalmente la


iglesia puede tener el mismo discernimiento. En cualquier lugar donde el
Cuerpo de Cristo esté reunido, tenemos el potencial para operar en la
manera de discernimiento espiritual que vemos en la Escritura.

Mucho del entrenamiento de los líderes cristianos de hoy está diseñado


dentro de un armazón filosófico que casi no incluye perspicacia o
habilidad espiritual. Como resultado, muchos de nosotros nos movemos
en un reino espiritual sin mucho discernimiento espiritual. Para sentir
una realización personal en Cristo y el Espíritu adquirimos formas del
liderazgo secular. Pero hay mucho más a la disposición del cuerpo de
Cristo, ya que el Señor Jesús quiere guiarnos.