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En la tarde de hoy estaremos meditando en el texto de Isaías 42:3

que dice:
¡No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que
humeare; por medio de la verdad traerá justicia!

El titulo está basado en las mismas palabras de texto como:


LA CAÑA CASCADA

INTRODUCCION
Para adentrarnos en el entendimiento de las palabras del profeta, primero
debemos, reconocer que esta porción bíblica y aun todo el capítulo 42 hace
referencia a Cristo el mesías prometido, quien tenía que venir como había
sido anunciado en el huerto del Edén, cuando la simiente de la mujer
heriría a la simiente de satanás… esto, era necesario no solo porque en la
condición del hombre, le era imposible salvarse, sino también porque las
promesas hechas desde hacía cientos de años no eran posibles de cumplir
sin su venida, pues Él mismo es el cumplimiento máximo de todas ellas.
Así mismo podemos decir que isaias es el profeta que mas habla del Mesias
y que anuncia a las misericordias del Cristo quien habría de venir, quien no
quebrara la caña cascada, ubicando el contexto de lo que representa
esta caña, caña que normalmente crece en zonas húmedas, también se
caracterizan por no ser una planta fuerte ni firme.
También podemos decir que la caña es una planta común en Egipto,
Palestina y Siria, su tallo termina en una gran espiga de flores blancas,
con un diámetro de 5 a 8 cm. En la base y puede alcanzar una altura de
2.5 a 5.5 metros.
Una “caña cascada” sería, desde luego, algo muy débil.
Visto lo anterior podemos afirmar que desde la caída de Adán y por la
herencia del pecado que recibimos, el alma del hombre se encuentra
quebrada, arruinada y deteriorada por el pecado, y su llama
humeante esta por extinguirse (solo goza de la gracia común). Entonces
Agonizando, apagándose a punto de desaparecer es la condición actual
para todo hijo de Adán. Sin que no le quede más que ¡destrucción
eterna!
Esto será así, a menos que despierte mediante el obrar de la gracia
soberana y por la predicación del evangelio.
Por otra parte está el creyente en debilidad por el peso del pecado que
también como la caña necesita ser cascado, es por esto mis hermanos
que mi intención a través del texto leído es que podamos ver la
misericordia de Cristo nuestra Justicia para nuestra vida, para ello he
dividido el mismo en tres puntos a saber:

1. UN LLAMADO DESDE EL QUEBRANTO


La caña cascada es un hombre en estado de miseria, carente de algún
bien espiritual, arrastrado por el pecado, viviendo en la fragilidad de su
propia vida sin estar consciente de que un día… su pecado y su posición de
llama a punto de extinguirse se apagará y comparecerá ante nuestro
Buen y justo Dios para recibir el pago debida a su extravío. Y este pago no
es otro, que ¡una horrenda y terrible condenación eterna! Tal como
lo citan las escrituras “El que en él cree, no es condenado; pero el
que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el
nombre del unigénito Hijo de Dios” Juan 3:18.
Pero así mismo debemos entender mis hermanos que este hombre no sabe
de su estado de miseria hasta que por la gracia de Dios escucha el
mensaje del evangelio en una forma eficaz para su vida, para así despertar
de los muertos a una nueva vida. Como el hijo prodigo que volvió en sí y
entendió por la gracia de Dios su condición y reconoció lo que era, Y así
como este hijo corrió al padre en busca de ayuda así todos los que por el
llamado eficaz del evangelio fueron a Cristo para socorro, al ver por su
nuevo nacimiento como el pecado es la causa de ese desdichado y penoso
estado de carencia espiritual, lo que permite también quitar cualquier
excusa que pretende el pecado, por que sabemos que estemos cascados y
quebrantados.
Pues solo un regenerado tendrá la capacidad para percibir su propio
pecado, y su miseria espiritual, resultando esto en un profundo quebranto.
Asi el que antes había sido impenitente no viendo ningún auxilio en si
mismo, ahora en su nuevo estado es llevado por un deseo incansable de
buscar ayuda en Cristo, y aunque no nos sentimos dignos de su
misericordia. Esta chispa de esperanza, combatida por las dudas y temores
que surgen de nuestra corrupción, hace que seamos semejantes a un
pábilo que humea; para que estos dos juntos, una caña cascada y un
pábilo que humeare, constituyan el estado de un pobre hombre que
reconoce su miseria espiritual y es tal que nuestro Salvador Cristo lo
denomina “pobre en espíritu” (Mt. 5:3), el cual ve su penuria y también
que es un deudor de la justicia divina. Carece de recursos de provisión en
sí mismo o en la criatura, y por lo tanto, se lamenta y en vista de alguna
esperanza de misericordia desde la promesa y desde los ejemplos de
aquellos que la han obtenido, se despierta a tener hambre y sed de ella.

2. UNA RESPUESTA AL QUEBRANTO


Después de convertirnos, tenemos necesidad de ser cascados de modo que
las cañas sepan que son cañas y no robles. Incluso las cañas han de ser
cascadas, debido a los restos del orgullo que permanece en nuestra
naturaleza y para que veamos que vivimos según la misericordia. Puede
que estas heridas nos ayuden en nuestra debilidad y desanimo, viendo a
los más fuertes sacudidos y cascados. Como Pedro quien fue cascado
cuando lloró amargamente (Mateo 26:75). pues Antes que fuese cascado,
en esta caña había más viento que sustancia cuando dijo, “Aunque todos
se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26:33). No
pueden faltarle al Pueblo de Dios estos ejemplos. Las hazañas heróicas de
aquellos muy dignos santos no confortan a la Iglesia tanto como sus caídas
y moretones. Por tanto David fue cascado hasta que llegó a la libre
confesión, sin duplicidad de espíritu (Salmo 32:3-5 “Mientras callé, se
envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. 4 Porque de día
y de noche se agravó sobre mí tu mano;) Se volvió mi verdor en
sequedades de verano.; más aún sus dolencias a la verdad se levantaron
en su propio sentimiento hasta serle aquel agudo dolor de huesos abatidos
(Salmo 51:8 “Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos
que has abatido). Pues así Acaz se queja de que Dios haya molido sus
huesos como un león (Isaías 38:13 “Contaba yo hasta la mañana.
Como un león molió todos mis huesos; de la mañana a la noche
me acabarás.). Así Pablo, la vasija escogida, tenía necesidad del
mensajero de Satanás que le abofeteara para que no se enalteciera
sobremanera (2 Corintios 12:7).

Por consiguiente aprendemos que no debemos juzgarnos muy


severamente a nosotros ni a otros cuando Dios nos aflige con bofetada tras
bofetada. Debe haber una conformidad con nuestra Cabeza, Cristo, quien
por nosotros “herido fue” (Isaías 53:5) para que conociésemos la medida
en la que estamos unidos con él. Por esta razón cuando juzgamos la
debilidad y la aflicción del hermano en vez de orar por ellos y amarlos
somos como espíritus impíos, ignorantes de las maneras en las que Dios
lleva a sus hijos al cielo, reprochando a los cristianos angustiados como
seres miserables, mientras que Dios está haciendo una buena obra de
gracia en ellos. No es nada fácil llevar a un hombre de la naturaleza a la
gracia, y de la gracia a la gloria, dado que nuestros corazones son tan
inquebrantables y rebeldes solo por la obra de Cristo es posible por su
gracia bendita.

3. UNA VERDAD QUE TRAE JUSTICIA


Así pues teniendo en cuenta lo mencionado de como somos cascados como
la caña pensemos ahora en que el texto nos manifiesta también la
misericordia de Cristo, quien es la verdad en si mismo y en su palabra, y
quien en unión con el nos ha librado del justo juicio que merecíamos por
nuestro agravio y ahora ha traído su justicia para revestirnos, pues la que
nos es propia no es mas que un trapo de inmundicia, así pues podemos
pensar que; los creyentes parecen estar diseñados; al ser comparados con
una "caña", como que no valen nada con respecto a Dios, a quien no
pueden sacar provecho; y a la vista de los hombres, pueden ser
considerados como nada; y en sí mismos, y en su propia opinión, quienes
se juzgan indignos de la menor de las misericordias; y porque son débiles,
no solo como todos los hombres, de cuya debilidad son sensibles; pero son
débiles en gracia, especialmente en fe, y tienen poca esperanza, vemos
que su amor es el más fuerte; y porque están tambaleándose como la
caña, sacudidos de un lado a otro muchas veces con cada viento de
doctrina, y sacudidos por las tentaciones de Satanás, y perturbados con
muchas dudas y temores; y son como una caña "magullada" que se aprieta
y casi se rompe en pedazos, por lo que no sirve de nada; estos están rotos
de corazón, bajo un sentido de pecado e indignidad; cuyos espíritus están
magullados y heridos con él, y cuyos corazones están contritos a causa de
ello. Vemos nosotros que Cristo no pone su vara de hierro, la que en
realidad es merecida sino que nos extiende el cetro de oro de su gracia; no
nos ha llamado al servicio y sufrimientos más allá de nuestras fuerza; pero
nos fortalece, apoya y sostiene con la diestra de su justicia; él ata los
corazones rotos, derramando el bálsamo de Galaad, su propia sangre y el
vino y el aceite de su amor; nos alienta en su solicitud a él para la
salvación, y manifiesta su gracia perdonadora, y nos restaura y revive asi el
Alma, en confianza y fortaleza de quien es nuestra justicia Cristo bendito
por los siglos.

APLICACIÓNES PRACTICAS
1. Qué deberíamos aprender de todo esto sino que acercarnos
confiadamente al trono de gracia (Heb. 4:16) en todas nuestras angustias?
¿Nos desanimarán nuestros pecados cuando allí aparece él solo para
pecadores? ¿Estás cascado? Cobra ánimo, porque él te llama. No escondas
tus heridas, ábrele todo a él y no prestes atención al consejo de Satanás.
Ve a Cristo, aunque tiemblas, así como esa pobre mujer que le dijo, “Si
tocare solamente su manto” (Mat. 9:21). Seremos sanados y recibiremos
una respuesta amable. Ve confiadamente a Dios en tu carne; él es carne
de nuestra carne y hueso de nuestro hueso por esta misma razón, de
modo que nos acerquemos a él valientemente. Jamás tengas miedo de
acercarte a Dios, ya que tenemos tal Mediador entre nosotros y Dios, el
cual no solo es nuestro amigo, sino también nuestro hermano y marido.
Bien podrían los ángeles proclamar desde el cielo, “Regocijaos en el Señor
siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Fil. 4:4). Pablo sabía bastante bien
por qué lo hacía. La paz y el gozo son los dos frutos principales del reino
de Cristo. Sea como sea el mundo, si bien en el mundo no podemos
regocijarnos, no obstante podemos regocijarnos en el Señor. Su presencia
hace confortable cualquier circunstancia. “No temáis,” les dijo a sus
discípulos cuando tenían miedo, como si hubieran visto un fantasma, “yo
soy” (Mat. 14:27), dijo como si no hubiera razón de temer cuando él
estuviera presente.

2. Dejemos que esto nos apoye cuando nos sentimos cascados. Es la


manera de Cristo primero de herir, y luego de sanar. Ninguna alma sana y
entera jamás entrará al cielo. Cuando tentado, piensa: Cristo por mí fue
tentado; de acuerdo a mis pruebas serán su gracia y consuelos. Si Cristo es
tan misericordioso para no quebrarme, tampoco me quebraré con la
desesperación, ni me entregaré a Satanás, el león rugiente, para que me
haga pedazos.

3. Observa por un lado la disposición diferente de Cristo y por otro lado, la


de Satanás y sus instrumentos. Satanás nos oprime cuando somos los más
débiles, igual que Simeón y Leví cuando cayeron sobre la casa de Siquem,
“cuando sentían ellos el mayor dolor” (Gén. 34:25), pero Cristo cerrará en
nosotros todas las brechas que el pecado y Satanás han abierto. Él “venda
a los quebrantados de corazón” (Isa. 61:1). Tal y como una madre es más
tierna para con el hijo más enfermo y débil, así Cristo se inclina por serles
misericordioso a los más débiles. Asimismo él pone dentro de las cosas
más débiles un instinto de apoyarse en algo más fuerte que ellos. La
enredadera se apoya en el olmo y las criaturas más débiles suelen tener los
más fuertes abrigos. La consciencia de la Iglesia de su propia debilidad la
hace dispuesta a apoyarse en su Amado, y a esconderse bajo sus alas.