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Discípulos de Cristo Hoy

Discipulado y misión son temas vertebrales del Documento de Participación. El discípulo, llamado personalmente al
discipulado, se caracteriza por su encuentro con Jesucristo, raíz, fuente y cumbre de su vida. Va detrás del Señor, y se
hace uno con su estilo de vida, constituyéndose él mismo en Evangelio vivo del Padre, una suerte de “otro Cristo”, y su
encuentro privilegiado con Cristo se produce a través de los sacramentos. La respuesta del discípulo lo asocia con una
comunidad, de modo que vive en comunión fraterna en Cristo con Pedro y los sucesores de los apóstoles, asumiendo la
edificación y la misión de la Iglesia. Es esencial en él la vocación misionera, y vive la prioridad irrenunciable del amor
misericordioso y preferencial por los más pobres y necesitados. Por otra parte, vive una fe abierta a todo lo que es
verdaderamente racional, a lo creado y a los mejores caminos de la humanidad. Para ser discípulo y cumplir su misión, es
indispensable una formación que supone una experiencia de Jesucristo constantemente renovada, la escucha atenta de la
palabra de Dios, la adhesión profunda y personal a Cristo, la integración en la comunidad de los discípulos, el seguimiento
moral de Cristo, el afán misionero y el testimonio en la sociedad. Se precisa de proyectos exigentes de formación de los
discípulos, con una Iglesia unida en diversidad y pluralidad.

En la diversidad de carismas que hay en la Iglesia, los pastores son maestros-discípulos, y la vida consagrada tiene una
importancia especial como vía del discipulado. Pero, los dones de comunión, participación y corresponsabilidad como
discípulos de Cristo, son cada vez más característicos de los fieles laicos. Ahora bien, el documento advierte que en
América Latina se ha descuidado relativamente la formación de los laicos para ordenar las realidades temporales dentro de
un marco de coherencia cristiana. Muchos relevantes constructores de sociedad católicos desconocen la Doctrina Social de
la Iglesia o son responsables de medios de comunicación que parecen prescindir de la fe y de los valores cristianos.

Tras la presentación del discípulo que hace el Documento de Participación, el autor del artículo reflexiona respecto del
hecho que el discipulado es un carácter común a todo el Pueblo de Dios, involucrando tanto a los consagrados como a los
laicos. Sin embargo, en la práctica de la Iglesia tiende a omitirse la idea del “sacerdocio común” de los fieles. Lo anterior
redunda en una visión al menos implícitamente jerarcológica al interior de la vida de la Iglesia, y en una suerte de división
de las tareas de modo tal que los asuntos de la Iglesia son responsabilidad del clero, mientras que los asuntos del mundo
competen a los laicos. Esta tendencia debería dejar su lugar a una eclesiología de comunión y participación, donde
pastores y consagrados forman parte del mundo y los laicos también son corresponsables de la vida de la Iglesia.

Toda época hace descubrimientos existenciales que enriquecen la experiencia humana, más aún si consideramos que toda
peregrinación humana en la tierra es histórica y finita, aunque no por ello deja de estar abierta a la verdad. La parcialidad es
un regalo, no una carencia. Así, mirando en forma positiva los elementos particulares sensibles a la mentalidad del hombre
y la mujer de hoy, hay que destacar que los procesos de modernización impulsan hacia una mayoría de edad o adultez.
Esto es concordante con la idea cristiana de persona, es decir, un absoluto-relativo, dotado de libertad de conciencia y de
opción, y que al mismo tiempo está fundado y tiene por fin la comunión fraterna con las demás personas y con Dios mismo.
Por eso corresponde preguntarse cómo apurar el paso hacia un cristianismo de adultos vivido por todos los creyentes, que
supere visiones unilateralmente jerarquizantes tanto de la vida eclesial como civil. Asimismo, un cristianismo y un
catolicismo de discípulos que se reconozca en construcción, bajo la premisa de la común igualdad de todos los creyentes,
entre los cuales las relaciones de autoridad descansan en el trato de hermanos, de modo tal que la autoridad tenga
primacía en el contexto de hermanos adultos.

Este es un resumen de un artículo del libro Porvenir de los católicos latinoamericanos, editado por Samuel Yánez y Diego
García, del Centro Teológico Manuel Larraín, fundado en conjunto por la Facultad de Teología de la P. Universidad Católica
de Chile y la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. El libro se encuentra a la venta en
algunas librerías Feria Chilena del Libro, Antártica, en la UAH (Alameda 1869 tercer piso), y a través de www.mensaje.cl .
Sus artículos también pueden ser consultados íntegramente en www.centromanuellarrain.cl .