Sei sulla pagina 1di 3

1. No a la discriminación.

2. Existen diferentes formas de hacer una familia.


3. Todos tenemos los mismos derechos de amar.
4. La necesidad de que a las niñas no se les debería exponer la
imagen de la mujer como esposa o madre, ni involucrarlas en
actividades femeninas tradicionales
5. El sentido del término género ha evolucionado,
diferenciándose de la palabra sexo para expresar que la realidad
de la situación y los roles de la mujer y del hombre son
construcciones sociales sujetas a cambios. Por eso, los intentos de
varios Estados miembros de borrar el término género en la
Plataforma de Acción y reemplazarlo por el de sexo es una
tentativa insultante y degradante que intenta revocar los logros
de las mujeres, de intimidarnos y de bloquear el progreso del
futuro.
6.Los sexos ya no son dos sino cinco, y por tanto no se debería
hablar de hombre y mujer, sino de mujeres heterosexuales,
mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres
homosexuales y bisexuales
7.No existe un hombre natural o una mujer natural, no hay
conjunción de características o de una conducta exclusiva de un
sólo sexo, ni siquiera en la vida psíquica.
8. Se debe escuchar las opiniones de las mujeres jóvenes a ser diferentes, ya
que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio

9. El derecho a escoger, dado el caso, cuándo y con quién engendrar hijos,


como elementos fundamentales de los derechos humanos de toda mujer, sin
distingo de orientación sexual
La postura de la Iglesia sobre este tema es muy clara: tanto San
Juan Pablo II en su encíclica Veritatis Splendor, como Benedicto
XVI y Francisco, éste en la encíclica Laudato Si, en la exhortación
apostólica Amoris Laetitia y en un reciente discurso a los obispos
polacos en la JMJ tienen durísimas palabras contra esta
anticristiana, pero políticamente correcta, ideología. Veamos por
qué.

Disparate segundo: el ser humano puede escoger libremente su


sexo. Lo importante en el ser humano no es su biología, sino el rol
social y cultural que asume, lo que nos permite escoger el sexo y
cambiarlo, si así lo estimamos oportuno, hasta el punto de que las
diferencias entre hombres y mujeres no tienen relación con las
causas naturales o biológicas, sino que se deben a
determinaciones sociales. El ser humano nace sexualmente
neutro, posteriormente es socializado como hombre o mujer.
Podemos, por tanto, escoger qué sexo preferimos y cambiarlo
cuantas vedes queramos. Se pretende ¿educar? así a nuestros
niños y adolescentes. Mi esperanza es que las víctimas de esas
clases lleguen a casa y digan a sus padres: “El profe nos ha dicho
hoy que si quiero, puedo ser chica, y mi hermana, chico. Mamá,
el profe está loco”.

Disparate sexto: se fomenta la fornicación. En la ideología de


género, la fornicación es un derecho, porque el fin de la sexualidad
es el placer y él o ella tienen sus órganos sexuales para usarlos
cuando y como les venga en gana. Estamos ante un libertinaje en
el terreno sexual que está arruinando muchas vidas impidiéndoles
el acceso a la madurez que se requiere para poder tener una
familia estable. Otra consecuencia es el fomento de la
promiscuidad, que es una conducta de alto riesgo que lleva a las
enfermedades de transmisión sexual y disminuye en varios años la
esperanza de vida de quien la practica. Esto hace que la
promiscuidad, tanto homo como heterosexual, no sólo es un
pecado contra la castidad, es decir contra el sexto mandamiento,
sino también contra el quinto, al poner en riesgo la propia salud.
Todas las personas, independientemente de su identidad de género,
tienen el mismo potencial para aprender y desarrollarse plenamente. La
Igualdad de Género se refiere a la igual valoración de los diferentes
comportamientos, aspiraciones y necesidades de mujeres y varones. En
una situación de igualdad real, los derechos, deberes y oportunidades de
las personas no dependen de su identidad de género, y por lo tanto,
todos tienen las mismas condiciones y posibilidades para ejercer sus
derechos, así como para ampliar sus capacidades y oportunidades de
desarrollo personal, contribuyendo al desarrollo social y beneficiándose
de sus resultados.
Si bien aquello que consideramos “femenino” o “masculino” se basa en
una diferencia biológica-sexual, estas son nociones que
vamos construyendo día a día, en nuestras interacciones. Si bien las
relaciones de género históricamente han perjudicado en mayor medida a
las mujeres, también existen dimensiones donde perjudican a los
varones. En general, como país, si tenemos desigualdades de género, no
podemos hablar de un desarrollo sostenible y democrático pleno.»