Sei sulla pagina 1di 5

¿Qué es la Religión?

Gálatas 3:10-14

“Pero los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la
maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: “Maldito es todo el que no
cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro
de la Ley de Dios. Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo
ante Dios por tratar de cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: Es por
medio de la fe que el justo tiene vida. El camino de la fe es muy diferente
del camino de la ley, que dice: Es mediante la obediencia a la ley que una
persona tiene vida. Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en
la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de
nuestras fechorías. Pues está escrito: Maldito todo el que es colgado en un
madero. Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma
bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes
pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.”

¿Qué es la religión”

Suele definirse como un sistema cultural, de determinados comportamientos y


prácticas, que relacionan a la humanidad a elementos sobrenaturales o espirituales.

Lo primero que debemos conocer es que la religión se trata de algo cultural y la


definición de cultura se refiere a un conjunto de conocimientos e ideas no especializados
adquiridos, gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio
y el trabajo, también se refiere al conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres
que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.

La religión nace por intereses particulares u organizacionales, con el fin de


distorsionar y destruir la relación genuina que debe existir entre el Padre Celestial y sus hijos.
Mientras que el verdadero evangelio está por encima de cualquier interés particular u
organizacional, porque Dios no es religión, es una relación de Padre a hijo.

Una vez que el ser humano, basa su acercamiento con Dios en la religión, le abre
puertas a un sin número de prácticas que se vuelven costumbres, esto quiere decir, que sin
darnos cuenta damos entrada a espíritus religiosos, encargados de mantener al hombre
alejados de Dios, viviendo sus propias reglas, doctrinas o dogmas, haciéndoles creer que eso
les garantiza su salvación y la verdad es que las doctrinas contaminan al hombre (Marcos 7:5-
9, 15), algo importante es que debemos saber que Dios es legal, pero no es legalista, pero
que es ser legalista? Se refiere a aquellas personas que se sienten tan seguros acerca de
doctrinas o interpretaciones particulares de la palabra de Dios, que llegan al punto de excluir
de su círculo a quienes no comparten sus puntos de vista, eso es legalismo. Muchos creyentes
legalistas de hoy cometen el error de demandar solidaridad incondicional a sus propias
interpretaciones bíblicas, y aún a sus propias tradiciones. Por ejemplo, hay personas que
piensan que, para ser salvos simplemente debe evitar fumar, evitar consumir bebidas
alcohólicas, ir al cine, usar pantalón, etc., mientras que por otro lado, critican, murmuran,
escarnecen, no han perdonado a quienes les causo un daño y la verdad es que el evitar las
primeras cosas y seguir haciendo lo segundo no es ninguna garantía de espiritualidad. Pecado
es pecado, desde arrebatarle la vida a alguien, hasta decir una mentirita blanca y la biblia dice
que la paga del pecado es la muerte.

¿Cuáles son los objetivos de estos espíritus religiosos?

1. Dividir. Mateo 12:25 “Jesús conocía sus pensamientos y les contestó: «Todo reino
dividido por una guerra civil está condenado al fracaso. Una ciudad o una familia
dividida por peleas se desintegrará.”

2. Incentivar la rebeldía y el orgullo. 1RA Samuel 15:23 “La rebelión es tan pecaminosa
como la hechicería, y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos” Santiago
4:17 “Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo.”

3. Manipular. Génesis 3:1-4 “La serpiente era más astuta que todos los animales
salvajes que Dios el Señor había creado, y le preguntó a la mujer: ¿Así que Dios les
ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín? y la mujer le contestó:
Podemos comer del fruto de cualquier árbol, menos del árbol que está en medio
del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol,
porque si lo hacemos, moriremos. Pero la serpiente le dijo a la mujer: No es cierto.
No morirán.” Aquí podemos ver de forma clara, como empieza la manipulación,
por parte de la “serpiente” al decir medias verdades mezcladas con medias
mentiras. Estas medias mentiras, empiezan diciendo que “estaba prohibido comer
de TODOS los frutos del huerto”, cuando la prohibición era exclusivamente de
“UN fruto en concreto”. La segunda mentira a medias, es cuando la serpiente le
dice que “no morirán” si coméis de dicho árbol. Lo que nunca le explico a Eva es
que no se refería a una muerte física sino a una muerte espiritual, que moriría su
relación con Dios.

4. Obsesión por las cosas buenas, hasta volverlas malas. Judas 1:4 “Porque algunos
hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados
para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de
nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.”
5. Vivir una vida de apariencia. Gálatas 2:11-21 “Pero, cuando Pedro llegó a
Antioquía, tuve que enfrentarlo cara a cara, porque él estaba muy equivocado en lo
que hacía. Cuando llegó por primera vez, Pedro comía con los gentiles que son
cristianos, quienes no estaban circuncidados. Pero después, cuando llegaron algunos
amigos de Santiago, Pedro no quiso comer más con esos gentiles. Tenía miedo a la
crítica de los que insistían en la necesidad de la circuncisión. Como resultado, otros
cristianos judíos imitaron la hipocresía de Pedro, e incluso Bernabé se dejó llevar
por esa hipocresía. Cuando vi que ellos no seguían la verdad del mensaje del
evangelio, le dije a Pedro delante de todos los demás: «Si tú, que eres judío de
nacimiento, dejaste a un lado las leyes judías y vives como un gentil, ¿por qué ahora
tratas de obligar a estos gentiles a seguir las tradiciones judías? »Tú y yo somos
judíos de nacimiento, no somos “pecadores” como los gentiles. Sin embargo,
sabemos que una persona es declarada justa ante Dios por la fe en Jesucristo y no
por la obediencia a la ley. Y nosotros hemos creído en Cristo Jesús para poder ser
declarados justos ante Dios por causa de nuestra fe en Cristo y no porque hayamos
obedecido la ley. Pues nadie jamás será declarado justo ante Dios mediante la
obediencia a la ley»*. Pero supongamos que intentamos ser declarados justos ante
Dios por medio de la fe en Cristo y luego se nos declara culpables por haber
abandonado la ley. ¿Acaso esto quiere decir que Cristo nos ha llevado al pecado?
¡Por supuesto que no! Más bien, soy un pecador si vuelvo a construir el viejo
sistema de la ley que ya eché abajo. Pues, cuando intenté obedecer la ley, la ley
misma me condenó. Así que morí a la ley, es decir, dejé de intentar cumplir todas
sus exigencias —a fin de vivir para Dios. Mi antiguo yo ha sido crucificado con
Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo
terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por
mí. Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley
pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo
muriera.

¿Cómo desalojar a los espíritus religiosos?

1. Teniendo Identidad. Saber de dónde vengo (Romanos 8:29-30), saber quién soy
(Gálatas 3:26) y saber hacia dónde voy (Juan 14:2-3).

2. Saber que somos ministros del nuevo pacto. 2 Corintios 3:1-6 “¿Otra vez
comenzamos a elogiarnos a nosotros mismos? ¿Acaso somos como otros, que
necesitan llevarles cartas de recomendación o que les piden que se escriban tales
cartas en nombre de ellos? ¡Por supuesto que no! La única carta de recomendación
que necesitamos son ustedes mismos. Sus vidas son una carta escrita en nuestro*
corazón; todos pueden leerla y reconocer el buen trabajo que hicimos entre ustedes.
Es evidente que son una carta de Cristo que muestra el resultado de nuestro
ministerio entre ustedes. Esta «carta» no está escrita con pluma y tinta, sino con el
Espíritu del Dios viviente. No está tallada en tablas de piedra, sino en corazones
humanos. Estamos seguros de todo esto debido a la gran confianza que tenemos en
Dios por medio de Cristo. No es que pensemos que estamos capacitados para hacer
algo por nuestra propia cuenta. Nuestra aptitud proviene de Dios. Él nos capacitó
para que seamos ministros de su nuevo pacto. Éste no es un pacto de leyes escritas,
sino del Espíritu. El antiguo pacto escrito termina en muerte; pero, de acuerdo con
el nuevo pacto, el Espíritu da vida.”

3. Nuestra Fe. Hebreos 11:1 “La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que
esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” Gálatas
3:10-14 “Pero los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la
maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple
ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la Ley de
Dios. Queda claro, entonces, que nadie puede hacerse justo ante Dios por tratar de
cumplir la ley, ya que las Escrituras dicen: «Es por medio de la fe que el justo tiene
vida. El camino de la fe es muy diferente del camino de la ley, que dice: Es
mediante la obediencia a la ley que una persona tiene vida. Pero Cristo nos ha
rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó
sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: Maldito todo el que es
colgado en un madero. Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la
misma bendición que le prometió a Abraham, a fin de que los creyentes
pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.

4. El Amor. 1 Corintios 13:4-8 “El amor es paciente y bondadoso. El amor no es


celoso ni fanfarrón ni orgulloso, ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su
manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la
injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por
vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda
circunstancia. La profecía, el hablar en idiomas desconocidos*, y el conocimiento
especial se volverán inútiles. ¡Pero el amor durará para siempre! Gálatas 5:13-14;
22-26 “Pues ustedes, mis hermanos, han sido llamados a vivir en libertad. Pero no
usen esa libertad para satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa. Al
contrario, usen la libertad para servirse unos a otros por amor. Pues toda la ley
puede resumirse en un solo mandato: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.” “Pero
la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz,
paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes
contra esas cosas! Los que pertenecen a Cristo Jesús han clavado en la cruz las
pasiones y los deseos de la naturaleza pecaminosa y los han crucificado allí. Ya que
vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida.
No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia
unos de otros.”
Otro ejemplo de amor, lo evidenciamos en el apóstol Juan, este hombre en Lucas
9:54 le pregunto a Yeshua si quería que hicieran descender fuego del cielo para matar a los
samaritanos, pero un tiempo después, en 1 Juan 4:8 dijo que el que no ama, no conoce a
Dios, porque Dios es amor.

¿Acaso es mala la Ley?

Gálatas 3:19-29 “Entonces, ¿para qué se entregó la ley? Fue añadida a la promesa
para mostrarle a la gente sus pecados. Pero la intención era que la ley durara sólo hasta la
llegada del Hijo prometido. Por medio de ángeles, Dios entregó su ley a Moisés, quien hizo
de mediador entre Dios y el pueblo. Ahora bien, un mediador es de ayuda si dos o más
partes tienen que llegar a un acuerdo. Pero Dios —quien es uno solo —no usó ningún
mediador cuando le dio la promesa a Abraham. ¿Hay algún conflicto, entonces, entre la ley
de Dios y las promesas de Dios?* ¡De ninguna manera! Si la ley pudiera darnos vida nueva,
nosotros podríamos hacernos justos ante Dios por obedecerla. Pero las Escrituras declaran
que todos somos prisioneros del pecado, así que recibimos la promesa de libertad que Dios
hizo únicamente por creer en Jesucristo. Antes de que se nos abriera el camino de la fe en
Cristo, estábamos vigilados por la ley. Nos mantuvo en custodia protectora, por así decirlo,
hasta que fuera revelado el camino de la fe. Dicho de otra manera, la ley fue nuestra tutora
hasta que vino Cristo; nos protegió hasta que se nos declarara justo ante Dios por medio de
la fe. Y ahora que ha llegado el camino de la fe, ya no necesitamos que la ley sea nuestra
tutora. Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Y todos los que fueron
unidos a Cristo en el bautismo se han puesto a Cristo como si se pusieran ropa nueva. Ya no
hay judío ni gentil,* esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en
Cristo Jesús. Y, ahora que pertenecen a Cristo, son verdaderos hijos* de Abraham. Son sus
herederos, y la promesa de Dios a Abraham les pertenece a ustedes.”

Bendiciones…