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12/13, DESEMBRE, 05

10 TEMAS COMUNES
AL PSICOANÁLISIS
Y A LA INVESTIGACIÓN SOCIAL
JOSÉ-MIGUEL MARINAS
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

R E S U M E N

SE TRATA DE APROXIMAR LOS TEMAS MÁS IMPORTANTES QUE TIENEN EN COMUN LA INVES-
TIGACIÓN SOCIAL DE ORIENTACIÓN CRÍTICA, CUALITATIVA, Y LOS HALLAZGOS QUE EL PSI-
COANÁLISIS PONE A CONTRIBUCIÓN PARA UN DEBATE TEÓRICO.

Como testimonio de los debates Que el psicoanálisis tiene en común


propiciados en el contexto de este pro- rasgos teóricos y elementos del contexto
ceso de acercamiento entre investiga- político que lo acercan a las ciencias so-
ción social y psicoanálisis, se me ocu- ciales no positivista ni conductistamente
rre presentar diez puntos de encuentro orientadas, es algo sabido pero menos
entre ambos espacios de saber y de frecuentado. La identidad quebrada,
praxis. Precisamente aquellos que no la ciudadanía inventada, los estilos de
están cerrados para ninguno de los dos consumo y de la exclusión, son otros
y que, por ello, pueden ayudar a fecun- tantos hilos que forman el bastidor co-
dar nuevos itinerarios de la investiga- mún del nacimiento de la ciencia social
ción y el análisis. con pretensiones críticas y de interven-
Elegir diez tiene, obviamente, un ción (Marinas 2001), así como la cons-
carácter entre el fetiche y la retórica, trucción de la hipótesis de la otra esce-
pero responde a los que, haciendo re- na —lo inconsciente— como punto de
cuento, hemos ido tratando en las su- anclaje de los síntomas sin nombre que
cesivas ponencias de las que me hice crecían en las ciudades de los primeros
cargo. Ponencias cuya acogida agra- estudios sociales (Marinas 2004).
dezco, verbalmente, y con también con Si pretendemos ahora acotar estos
este texto. puntos comunes es porque los entende-
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mos —como Barthes hizo en su día con Esta atención al lenguaje como un
el concepto de texto (Barthes 1970)— raro objeto, como un proceso que se
como objetos de interés que pueden vuelve sobre sí, como algo que la con-
haber nacido en uno u otro de los cam- dición de familiar pasa a la de inquie-
pos, pero ahora son procesos abiertos tante o inhóspito (Umheimlich) es una
que , como tales, desbordan la práctica marca inicial de tema común. En efecto,
de cada uno de los itinerarios (análisis, al psicoanálisis se le debe la atención
sociología crítica). Precisamente porque, especial a un lenguaje que no se puede
como peculio común a la sociología crí- entender ya como instrumento, sino que
tica y al psicoanálisis, en las múltiples habla y dice por sí mismo. Podemos
variedades de ambos, existe una pers- acotarlo en tres dimensiones. (a) El len-
pectiva ética que sitúa la investigación guaje como objeto. (b)El lenguaje como
de otra manera. Los procesos del psiquis- poiesis. (c) El lenguaje como letra.
mo, aquellos que por su falta de código Que el lenguaje, el discurso, tiene
previo, conocido, abrieron a la hipóte- propiedades que escapan a la volunta-
sis de la otra escena (lo inconsciente) no riedad y al programa de los hablantes
son sino el envés, o la cinta misma de es lo que quiere decir la conversión del
Moebius (GÁRATE Y MARINAS, 2003) lenguaje en objeto, en el sentido de ele-
cuyo recorrido lleva a los procesos de mento cargado o revestido con la lógica
la acción y del discurso social. misma del deseo. El primer efecto es,
Qué temas, también en el sentido como mostraron muchos de los prime-
musical, se recorren desde uno y otro ros investigadores sociales comenzan-
de los modos de buscar y de saber. Los do por el Foucault de “Las Palabras y
enumero con un comentario a cada las Cosas” (Foucault 1970), la extrañe-
uno, tratando de mostrar qué hay de za respecto del hablante. El resultado
consolidado en la presencia del tema es, pues, la vivencia de una distancia
en la investigación hasta haber llegado entre sujeto y palabra, así como antes
a ser un lugar común, en unos, y qué la ha habido entre palabra y cosa: en-
hay de apenas contaminación incipien- tre la representación del mundo tenida
te en otros. por natural y que ya no funciona tan
fácilmente (porque el mundo en la in-
La preocupación por el lenguaje dustrialización ha cambiado de base)
Al caracterizar los rasgos comunes y la representación del sujeto (que no
de los diferentes autores tildados de “es- alcanza a decirse lo que se ocurre, lo
tructuralistas”, Barthes, en una entrevista que quiere, porque su territorio interior
para los Archives du XX Siècle, procla- ha cambiado a tenor de los cambios
maba con un punto de ironía, que lo sociales, identitarios). Esta objetivación,
que les unía eran dos cosas: “no leerse esta conversión en objeto del lenguaje
unos a otros y una misma pasión por es el primer motivo de atención para
el lenguaje”. quien analiza el psiquismo. Es también
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motivo de atención para quien cata el detiene y produce un efecto de sentido.


discurso social —como concreción del Hay una palabra que nombra lo que an-
vínculo y del conflicto— y observa que tes no tenía modo de ser dicho. Y ese
el lenguaje además de decir, esconde, proceso hace que un nuevo modo de
distorsiona, clasifica, organiza identi- acotar, habitar, proyectar, surja.
dades…Lenguaje como objeto (frente Si en el proceso de investigación
al sujeto) que se vuelve sobre él y lo se dan fenómenos en los que el nom-
nombra y lo acota, de un modo que brar causa sorpresa —y de ello dan
escapa a su discernimiento inmediato, fe nuestras transcripciones, cuader-
pues lo nombra y lo acota no de mane- nos de campo, memorias personales:
ra instrumental sino por el desvío obje- las que activamos en clase para poner
tivador del deseo (el objeto del deseo, ejemplos—
que no es mera cosa, sino objeto que (c) La atención al significante, al
suscita el deseo). proceso de producción de los signos
(b) Pero sobre el lenguaje hay otra que tratan de construir los equivalen-
dimensión que lleva la contraria, que tes de los signos reprimidos en la otra
avanza respecto de esta mencionada. escena, llevó al psicoanálisis, especial-
La mirada objetivadora sobre el dis- mente en la elaboración de Jacques La-
curso tiende, como tantas veces se ha can, a atender a un modo del lenguaje
mencionado en el proceso de investi- que es la letra. Si el significante perte-
gación, especialmente por parte de Al- nece al plano de lo simbólico, (la ca-
fonso Ortí, a una cierta cosificación, dena significante se instaura mediante
que al desarticular reduce a signo y a el llamado falo como significante-amo),
signo quieto lo que es capturado en la letra se encuentra del lado de lo real
un flujo de conversación (en el grupo, (Lacan 1970) D’un discours qui ne se-
en la entrevista, en la historia de vida). rait pas du semblant, Seminario XXIII,
Ese riesgo encuentra su corrector o, al 1970-1971). Sin que podamos aún en-
menos, su paliativo cuando se deja im- trar en un desarrollo desde la investiga-
presionar por otro de los hallazgos que ción social del plano de lo real (en la
sobre el lenguaje surgen en el campo politología de Zizeck tenemos algunos
de análisis. Me refiero a la cualidad de ejemplos incipientes), de aquí surge una
hacer cosas que las palabras tienen, es apertura que desborda el semiologismo,
decir a la función poética del discurso. del que fue acusada la aproximación a
La poiesis o capacidad de hacer existir la perspectiva de Lacan desde la cien-
mediante la palabra, tiene un alcance cia social, para acercarse a los efectos
que reúne y supera análisis y sociolo- que el discurso, en su cara no mera-
gía. El análisis nos descubre que en el mente significativa, obra en ese plano
flujo del decir sin ton ni son —que eso llamado lo real.
es la regla de la asociación libre— hay Que las palabras hacen cosas y no
momentos en los que la interpretación solo hablan de ellas tiene que ver con
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la preocupación extrema por la literali- sobre todo de la forma en que se dice.


dad (que no es la letra lacaniana, pero Es que esta circunstancia es la que or-
es su pródromo). De ahí la atención a ganiza en mucha parte el sentido del
la letra que entronca con nuestra tra- discurso entero.
dición escrituraria y de traducción. En Como ocurre en las historias de
los clásicos, como Fray Luis de León, se vida, quien habla se despliega en va-
habla de “declarar la corteza de la le- rias posiciones de sujeto, en virtud
tra” como mejor tarea de interpretación precisamente de los destinatarios rea-
(Cantar de Cantares, Introducción) .Y les o virtuales a los que dirige los tra-
ese es el punto de vista en que concluye mos de su relato (Santamarina y Mari-
y se completa el interés por el lengua- nas 1995). Lo llamativo de este punto
je: la exquisita atención a la literalidad de vista es que contribuye a diluir las
des discurso, a su inscripción —no sólo contraposiciones sujeto / objeto, sin
hablada— en el proceso de producción por ello caer en una especie de fu-
de sentido y de señalar los límites de lo sión real y metodológica incapaz de
decible y de lo dicho. hacerse cargo de las diferencias entre
los discursos y los sujetos.
El otro y el deseo Lo interesante de la escucha analí-
La segunda evidencia del interés por tica más allá de su eficacia en el espa-
el discurso tal como este ha sido “des- cio de la sesión es que arroja una cierta
velado” en la perspectiva psicoanalítica, luz sobre las relaciones de escucha que
tiene que ver con el enunciado segun- tienen como objeto hacernos cargo del
do (que completa aunque parece co- discurso social que los sujetos portan.
rregir el que acabamos de explorar: las Así, es notorio el campo de reflexión
palabras hacen cosas), a saber: decir es que se le plantea al coordinador de gru-
siempre decir para otro. Es lo que hace po (Ibáñez 1985) como quien ocupa el
que en la producción discursiva y en su espacio del poder y del saber, o al me-
análisis tengamos en cuenta el espacio nos se le atribuye. Esto mismo ocurre,
de conversación, es decir el juego de de manera acaso más rica y matizada
formas de suscitar el deseo (de decir, en el caso de las entrevistas y, sobre
de acertar, de persuadir, de seducir) que todo, de las historias de vida.
todo discurso despliega. La posición de quien escucha (quien
Más allá del conversacionalismo está como entrevistadora o entrevista-
(Wolf 1988), nos percatamos de que dor) suscita o filtra, o incluso bloquea
no se trata sólo del señalamiento de los el surgimiento de un discurso en el que
juegos de réplicas y contrarréplicas. N quien habla diga algo. Es decir que vaya
sólo es que en el grupo de discusión más allá de la transmisión de los lugares
sea relevante saber quién (real o po- comunes, del discurso Standard
Standard, o de
tencialmente) está escuchando, es de- la ideología dominante, para decir una
cir es destinatario de lo que se dice y palabra potencialmente más llena.
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Las condiciones de esta palabra que inconsciente. Entre lo que espontánea-


pasa de su condición normal de medio- mente dice quien está en posición de
decir, a una palabra con todas las de la analizante y lo que escucha quien ocu-
ley, tiene que ver con el reconocimiento pa el lugar de analista pasan cosas de
de tres factores: orden no banal. Lo que siempre llamó
(a) La existencia de una dimensión la atención es que la mejor metodolo-
inconsciente a la que no se accede gía que Freud encuentra (“Caso Dora”,
pero que “hace ruido”, filtra o bloquea 1905, y “Conferencias de Introducción
el decir. Esa dimensión se actúa de una al Psicoanálisis”, 1915) es lo que él lla-
forma determinada según la capaci- ma “escuchar con lo inconsciente”, es
dad de escuchar (contratransferencia), decir no poner ciencia ni modelo entre
haciéndose cargo de o denostando lo lo que se está diciendo y lo que escu-
que se oye. cha. O, lo que es lo mismo, escuchar
(b) La relación concreta que se tra- con la atención flotante requerida por el
ba con quien escucha, que puede llevar proceso de formarse fenómenos de su-
a la proyección de imágenes positivas perficie, significantes, cuyo sentido no
o simpáticas o, por el contrario, aversi- cuadra, cuya insistencia invita a seguir
vas. En ambos casos hay que tener en diciendo, a puntuar de otra manera que
cuenta —en la escucha, en quien co- la que enseñaron en la escuela lo que
ordina— tales fluctuaciones. se intenta decir sin saber bien.
(c) La escucha de quien habla de Esa es la capacidad de escuchar sin
sus propias mociones o procesos pre- precipitarse a interpretar que interesa, a
conscientes. En la medida en que quien mi entender, en los procesos de investi-
habla es su primer interlocutor y nota gación social del discurso. La que lleva
tales procesos difíciles, que son la prue- a Lacan a felicitar a Balint —de quien
ba de que su decir es más importante tanto aprende pese a que discrepa teó-
que lo dicho. ricamente de él, dice— en alguno de
sus casos famosos, en los que se permite
La escucha, más allá del referente decir a quien habla: “no le entiendo”,
Esto es lo que implica, como se pue- antes de precipitarse a construir un cú-
de ver, una atención especial a las re- mulo de abigarradas redes hermenéuti-
glas relativas a la escucha. Puesto que cas. Este es fragmento del seminario 1
ella determina en buena medida el sur- (Lacan 1954) en el que merece la pena
gimiento de un discurso más verdade- detenerse un poco: “Balint no cae en la
ro y existencialmente encarnado, y no contratransferencia- es decir, hablando
meras opiniones o posiciones parciales con propiedad no es un imbécil- ; en
ante los fenómenos que se investigan. el lenguaje cifrado en el cual estamos
El psicoanálisis trabaja, como es estancados se llama ambivalencia al he-
sabido, con un tipo de escucha espe- cho de odiar a alguien, y contratransfe-
cial, acorde con la gran hipótesis de lo rencia al hecho de ser un imbécil. Balint
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no es un imbécil, escucha a esta per- del análisis, si investigamos no es tanto


sona como un hombre que ya ha oído para verificar (un modelo, una hipótesis
muchas cosas, a muchas personas, que cerrada) cuanto para descubrir.
ha madurado. Y no comprende. A veces Precisamente porque el material con
sucede. Hay historias como ésta que no el que nos las habemos es un material
se comprenden. Cuando no compren- sensible que dice tanto de quien lo dice
dan una historia, no se acusen de in- (por eso afirmamos cosas de los proce-
mediato, díganse: no comprendo, esto sos sociales a partir de la palabra de los
debe tener un sentido. No sólo Balint sujetos: ellos se constituyen también en
no comprende, sino que considera que esa palabra que nos dirigen), como de
tiene derecho a no comprender. No le lo que está construyendo al decirlo así
dice nada al señor, y lo hace volver. para alguien que son sus azarosos com-
El tipo vuelve. Sigue contando su pañeros de grupo, o para quien está in-
historia. Carga las tintas. Balint sigue sin vestigando en ese momento.
comprender. Lo que le cuenta el otro
son cosas tan verosímiles como otras La comprensión escénica
cualesquiera, pero el problema es que Ya lo hemos desarrollado en otros
no concuerdan. Estas cosas pasan, son lugares (Santamarina y Marinas 1994;
experiencias clínicas que hay que tener Marinas 2004), pero cabe siempre un
muy en cuenta, y que, a veces, nos lle- matiz más. Me refiero al hecho de que
van a presumir el diagnóstico de algo si algo tienen el común la experiencia
orgánico. Pero no se trata de esto en del análisis y la indagación de los sín-
este caso. Balint dice a su cliente: Es tomas sociales es que en ambos encon-
curioso, usted me cuenta muchas co- tramos no sentidos prohibidos, metafísi-
sas muy interesantes, pero debo decirle cos, sino escenas que fueron expulsadas
que no comprendo nada de su historia. (de nuestra consciencia particular, de
Entonces el tipo se relaja, una amplia las representaciones colectivas) porque
sonrisa aparece en su rostro: Usted es no eran soportables para ese momen-
el primer hombre sincero que encuen- to y cultura.
tro; ya conté todas estas cosas a varios La represión —que primero tiene
colegas suyos, quienes vieron en ellas sentido político y Freud se lo apropia
enseguida el indicio de una estructu- para lo suyo— indica con un dedo man-
ra interesante, refinada. Le conté todo chado la escena que quedó fuera.
esto como un test, para ver si usted Por eso conviene proceder —hablo
era, como los otros, un charlatán y un ahora del análisis de las historias de
mentiroso”. vida particulares, o de la historia oral
“No comprendo: esto debe tener un en torno a un acontecimiento o proce-
sentido”, parece un buen consejo para so— de modo que establezcamos las
la escucha y la interpretación. Y esto escenas que se encabalgan y no permi-
porque, como ocurre en la experiencia ten un desanudamiento liberador.
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Partimos en ello de la importancia de un discurso incompleto pero percu-


de la escena 1 (la de la sesión, o, sal- tiente, incesante).
vadas las distancias, la de la entrevis- Así decimos que preferimos ver el
ta: tienen metas distintas, por eso las trabajo del psicoanálisis como una com-
aproximamos con mucho cuidado). prensión escénica que como una her-
Lo que en ella se acuerda, se traba, el menéutica textual.
modo de convenir en que alguien ha-
bla ante o para alguien, el modo en El jeroglífico, el sueño
que ese alguien le replica o se queda La estructura del lenguaje no se pre-
en silencio, resulta decisivo para que se senta como en el plano en el que lo es-
pueda movilizar lo demás: los conteni- peran los gramáticos: formando enun-
dos y sobre todo los personajes, los sig- ciados que pueden ser normales o anó-
nificantes que actúan en tales escenas malos. Costroso trabajamos siempre con
que no son la 1. la connotación y la anomalía. Es decir
Esas escenas 2, son las de la vida con lo heterogéneo.
cotidiana de la persona que habla, que Si esto es así se nos pide que sea-
va contando su vida de un modo no mos fieles a la manera de darse el dis-
preparado de antemano. Estas se mo- curso ante o para nosotros (en realidad,
vilizan en el relato, en la medida en a través de nosotros).Y la mejor manera
que quien habla toma a tales personajes de serlo es partir del hecho de que en
como interlocutores de su discurso. Lo cada fragmento del discurso gravitan,
hace de modo no del todo consciente, se amalgaman, bullen, siempre varios
lo revela en el modo de hablar, en el códigos.
discurso o estilo del otro que aparece Eso es lo que hace que atendamos
en su decir. a la letra del discurso para ver sus jun-
De ellas se atisba la escena 3 (en turas, sus rarezas, lo que llama la aten-
psicoanálisis, la escena primaria, que ción en medio de su banalidad.
pertenece a los fantasmas o fantasías Si el sueño —primer campo de prue-
originarias con las que el propio sujeto bas de la hipótesis de lo inconsciente—
compone su inconsciente). En el cam- es realización de un deseo, en el discurso
po de la investigación social, diríamos que entre los interlocutores circula tam-
que atisbamos aquí los momentos de bién se da, a su modo, este fenómeno.
composición traumática del discur- Si te felicitan por “las charlas que das”
so que afecta al sujeto. No sólo en su (cuando apenas has abierto la boca en
biografía particular, sino en lo que está toda la tarde) bien puede ser que el ha-
tejido con esta (las condiciones de mi- blar en grupo cumpla deseos más anti-
gración o exilio, los daños reales o a guos que el tema que los convoca, que
veces imaginarios pero de efecto real, los grupos en los que se participa.
las palabras que no alcanzaron a decir En ellos detectamos evidencias que
lo que sucedía y quedan como retales luego cumple analizar. Hablar mucho,
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hablar por los codos, no deja, decimos, de eso puede suceder. Así como su con-
de constituir un fenómeno que tiene trario de rutina y bloqueo.
que ver con la oralidad. Y esto es empe- Eso nos autoriza a llamar con más
zar por lo más plano. De ahí deducimos plenitud síntoma a lo que investiga-
que las vueltas y revueltas que en torno mos.
a un fenómeno social se dan (actitudes Un síntoma, al fin y al cabo es un
ante el aborto, motivaciones para con- signo que se dirige a alguien y que no
sumir un tipo de espacio y tiempo de tiene bien establecida la relación entre
ocio, relaciones personales en la vida su representamen y el objeto, y por ello
cotidiana entre iguales) son indicio de no genera un claro interpretante.
un conjunto de planos más complejos Si lo vemos según el esquema de
(identidad de género en crisis o en afir- Peirce (2002)
mación + inserción laboral + elementos
biográficos recordados a medias ante Interpretante
este fenómeno concreto, etc.) que son Representamen
heterogéneos y de diferente peso.
Tratar un enunciado como un jero-
glífico no es suponer que sea enreve-
sado o hermético de por sí: es suponer
que se debe a diversos códigos desarro-
llados de modo desigual (en el algunos Objeto
casos sale antes el mensaje que el có-
digo, perplejidad mayor que es uno de nos damos cuenta de que aunque po-
los motores de nuestro oficio). demos señalar “lo que pasa”, describir
las señales, los rasgos del fenómeno
El síntoma: emergente, alegoría conflictivo, traumático, oscuro, no lo-
Es verdad que la investigación social gramos establecer un nuevo modo de
no es terapia. Ni siquiera en los mejores decir (un nuevo signo o interpretante
momentos que, por fortuna, movilizan que conecte con y dé nombre cabal al
en una buena investigación e interven- objeto) precisamente porque la relación
ción consiguiente. No sabemos, por ofi- con el signo, o representamen, no se ha
cio, los efectos de restauración subjetiva completado.
que se operan en el proceso de produc- Si aprendemos a analizar síntomas
ción del discurso que suscitamos —en es porque sabemos que cada uno de
los grupos, en las historias de vida: la ellos aporta un nuevo signo, una nueva
medida la dan los numerosos episodios manera de nombrar. Esta está en las ca-
en los que quien habla se sorprende de bezas de quienes hablan, la barruntan,
lo que está diciendo por primera vez de pero no alcanzan a construir ese nuevo
esa manera, más clara, más fácil— no signo o representamen que organice lo
lo sabemos pero suponemos que algo que se está queriendo decir.
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Por eso decimos que la investiga- Si quien habla adorna lo que dice,
ción social cualitativa sigue teniendo al- retoca los hechos o francamente los dis-
gún valor para acercarnos a lo que está torsiona, lo hace desde una lógica pro-
pasando, no a lo dado, ni a lo comple- pia: para construir un referente que le
to. Sí a lo que está en proceso. sirva mejor que los verosímiles y ajusta-
dos a los hechos. Como en la que Freud
La necesidad frente al deseo llama “novela familiar del neurótico”
En la investigación trabajamos pro- (Freud 1909), los acontecimientos frag-
poniendo siempre un plano, un basti- mentarios se enhebran en un relato que
dor (semejante a las construcciones en no responde sino a la voluntad de reco-
el análisis) que, con un fragmento, nos nocimiento de quien habla fantaseando.
permiten completar una silueta entera. Lo que Fraser subraya con fruto para el
Esa construcción supone que lo que trabajo empírico es lo siguiente: que esos
mueve el discurso no se agota en el hechos de ficción aunque se puedan
plano de las necesidades (que siempre contrastar con datos empíricos, son sig-
están presentes marcando los conteni- nificativos por el resultado posterior que
dos, no los límites del discurso) o los dan. Porque se constituyen en referentes
intereses (que apuntan a metas concre- que orientan la vida que vendrá.
tas dentro de la ideología dominante, Por eso este tema resulta de gran
denominadas desde ella aunque vayan interés en el trabajo discursivo. No se
literalmente en su contra, a subvertirla). escucha la palabra de cada cual para
El plano que aquí apunta es la cuali- detectar la lógica de su deseo peculiar.
dad dinámica, errática del discurso en Pero sí se escucha y se trata de no ne-
la medida en que está movido por la gar los efectos que lo inconsciente, el
lógica del deseo. deseo que busca un figura en la que
¿Cuál es esta, y en qué medida in- apaciguarse —sin, estructuralmente, lo-
teresa a la investigación social, (que no grarlo— producen en el discurso que se
es terapia)? intercambia en la investigación. Aunque
La misma que desplaza y agita las no lo analizamos (en su vertiente pecu-
palabras de los informantes de Ronald liar), no lo podemos negar (no dejamos
Fraser (Fraser 1991) en su trabajo so- de escucharlo y ver sus efectos en el
bre la historia oral de la guerra civil discurso común).
española. Lo que llama la atención
es que los errores, las incongruencias Lo inconsciente, lo preconsciente, lo
desde la lógica de los intereses o de consciente
la necesidad, se hacen verosímiles y Del mismo tipo que el fenómeno o
legibles desde la perspectiva del de- tema común anterior, es la adopción de
seo. Que es —en lo que nosotros ve- la primera tópica freudiana como mo-
mos en las historias de vida— deseo dos de categorizar lo que del discurso
de reconocimiento. resulta accesible o vedado.
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De modo ya probado, se toma lo mamente que ver conmigo), su misma


preconsciente como lo que está prefi- posibilidad, es efecto del trabajo de ha-
gurado pero aún no accede a nuestro blar. No es su principal objetivo. Si se
decir común. Alfonso Ortí me ha he- da, mejor.
cho la merced de extender lo que yo Esto lo vemos suceder cuando me-
daba como un apunte a la equivalen- nos se espera, en los tiempos aparen-
cia preconsciente —prognosis. Con lo temente muertos de un grupo, en deta-
que creo yo que se evidencia que, si lles banales de una historia de vida. Lo
no interpretamos con lo inconsciente que daría pie para seguir investigando
en nuestro trabajo, sí que lo hacemos por qué nos fijamos en estos planos di-
movilizando lo que podemos tener en versos que nos dan otro sentido al tér-
común con nuestros interlocutores: las mino sujeto.
representaciones que forman nuestro Quizá habría que llamarlo de una
preconsciente (los nombres no conclui- vez por su nombre: lo sujeto (lo su-
dos, los preconceptos, los borradores, puesto).
las suposiciones con que vamos perci-
biendo la vida cotidiana y haciéndola Lo éxtimo
con sentido). La atención a lo visible se extrema.
Lo consciente gana también en fa- En la investigación venimos de un modo
cetas, en volumen, en la medida en que de entender el oficio y el esfuerzo bajo
no se toma como el plano final (o úni- la metáfora del buzo. Lacan, siguiendo
co) del discurso, sino ya siempre como a Freud, nos enseña que lo inconsciente
conectado con otras dos dimensiones: no es íntimo sino éxtimo (Lacan 1960),
lo preconsciente que surte de represen- es decir que tiene un borde externo que
taciones de tanteo, de interpretantes en lo hace susceptible de ser detectado…si
el sentido peirciano, acerca de lo que se sabe escuchar. Como ocurre en el fa-
vivimos y no sabemos del todo decir; y moso relato de Poe, La carta robada, La-
lo inconsciente, la otra escena que su- can destaca en numerosos lugares que
ponemos para poder entender algo de los fenómenos inconscientes se dan a
los recovecos, de los jeroglíficos que ver en la superficie.
forman nuestros dichos. Por eso se recomienda la atención
Lo inaccesible de lo inconsciente, a la letra, el cuidado por no traducir
nos hace ser más atentos a sus repre- antes de tiempo, la sensibilidad ante
sentaciones (VorstellungRäpresentanz), todos los detalles por muy periféricos
porque no son representaciones de da- que parezcan.
tos, sino de escenas del sujeto que no Nada nos dice que no estamos ante
llegan a lo consciente. una nueva clave de un fenómeno, ante
La ganancia en la conscientización una verdadera alegoría de lo que está
(en hacer consciente algo, en hacerse viniendo y no se saber nombrar por en-
consciente de que ese algo tiene ínti- tero, cuando nos sorprende un acento
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(del sur en vez de ser del norte) un tér- arranca de la dificultad de nombrar el
mino menos usual, una manera de dejar límite, el agujero que bordea el vínculo
las frases a medio terminar, el reperto- social y que amenaza con disolver los
rio de lo que Barthes llamaba conno- laxos que hacen lo común.
tadores, que, en realidad no nos llevan Lo político es el referente básico,
a códigos preexistentes, sino que los es el hacerse de la forma de la socie-
inventan. dad. No es una especialidad entre los
Por eso recomendamos que lo que oficios, sino el objeto mismo de la re-
sorprende no se tire —por subjetivo— flexión psicoanalítica.
sino que se prosiga, como quien sigue Por eso la investigación sectorial-
un rastro o un hilo, hasta llegar a su mente acotada (de mercados, de opi-
cabo no presentable. nión, de instituciones) siempre nos lleva
De esos cabos, aparentemente suel- a la pregunta más indiscreta e impres-
tos, surgen las mejores interpretacio- cindible: ¿qué nos mantiene unidos?
nes. Investigar no es, pues, establecer los
efectos de causas o códigos preexisten-
Lo político y el vínculo social tes (como analizar no es fijar el lugar
La investigación social surge y parte donde quedó interrumpido en el pa-
de una prenoción de lo que es la socie- sado el hilo conductor del sujeto) sino
dad, de lo que forma el vínculo. Como más bien preguntar a los síntomas, al
el psicoanálisis nos enseña, muchas ve- discurso: ¿qué hay de nuevo?
ces en forma de mitos (Edipo) o de ale- Porque el sujeto (o lo sujeto) no lo
gorías (la novela familiar, el revés de los está del todo. Al menos mientras de-
sueños, los actos fallidos), le discurso see.

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NÚMS. 12/13, DESEMBRE, 05
10 TEMAS COMUNES AL PSICOANÁLISIS Y A LA INVESTIGACIÓN SOCIAL

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