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Técnicas de tierra en alquerías históricas de la huerta

valenciana

José Luis Baró Zarzo


Carme Villar Bosch

La ciudad de Valencia y su Huerta circundante han tando sus características constructivas y planteando
formado históricamente un tándem inextricable. Pero soluciones técnicas de conservación. La constatación
si dicha trabazón ha hecho posible la génesis de este inesperada de algunas soluciones constructivas poco
ecosistema cultural de más de mil años de existencia, comunes ha despertado el interés en ahondar en estu-
desde la segunda mitad del siglo XX el paisaje de la dio específico las técnicas mixtas de tierra en el con-
huerta se ha visto devorado por la expansión coloni- texto tratado.
zadora de la propia ciudad, hasta el punto de poner Pero para comprender mejor su razón de ser, he-
en peligro su supervivencia. A esta realidad desalen- mos de partir de la aproximación al concepto de al-
tadora se une otra no menos halagüeña: la crisis en- quería y conocer someramente su evolución tipológi-
démica que viene arrastrando la producción agrícola ca, al menos desde el período tardomedieval
valenciana en las últimas décadas por la fuerte com- cristiano hasta mediados del siglo XX, momento en
petencia con otros mercados. que se erigen las últimas alquerías en la huerta valen-
Para paliar esta situación, la administración auto- ciana.
nómica ha emprendido un Plan de Acción Territorial
con el que definir estrategias dirigidas a salvaguardar
la Huerta como paisaje vivo y vinculado a la activi- CONCEPTO DE «ALQUERÍA»
dad agrícola. Una de sus líneas tácticas está orientada
a la protección del patrimonio cultural y visual, in- Podemos señalar hasta tres significados diferentes y
cluyendo muchas de sus edificaciones históricas, en- acumulativos del vocablo alquería, siempre vincula-
tre las que se encuentran molinos, barracas y alque- dos a formas de poblamiento disperso del medio ru-
rías. ral en tierras de regadío.
Paralelamente, desde la Universitat Politècnica de Etimológicamente, el término proviene del árabe
València, se viene desarrollando el Proyecto de Inno- hispánico alqaríyya, y este a su vez del árabe clásico
vación y Mejora Educativa «Con las manos», dirigi- qaryah,2 para indicar una agrupación pre-urbana de
do por la profesora Camilla Mileto, que pretende casas, entre 10-15 y hasta 100, que constituían un nú-
«profundizar en el conocimiento de la arquitectura de cleo de población colectiva con un cabeza de familia
tierra, entendiendo su importancia como patrimonio (Guinot 2002, 33). Con la conquista cristiana se des-
local, y sus posibilidades en el diseño de una nueva truyeron muchas de ellas; algunas como Aledua, Bo-
arquitectura más sostenible».1Los alumnos de Res- filla o Benicalaf se despoblaron posteriormente, y
tauración Arquitectónica han venido analizando di- otras progresaron a ciudades vigentes como Alfarp o
versos edificios tradicionales de la Huerta, contras- Benifaraig.

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Figura1 Figura 2
Alquería valenciana (fragmento). Óleo de Joaquín Sorolla Alquería de Falcó, ss. XV-XVII

La segunda acepción alude a una casa o conjunto EVOLUCIÓN TIPOLÓGICA


reducido de casas de grandes dimensiones en manos
de terratenientes. El origen de estos edificios se re- La casa tardomedieval
monta a los rafals de época taifal, explotaciones agra-
rias privadas propiedad de nobles o funcionarios que Poco se ha podido averiguar acerca del rafal islámi-
solían contar con una casa de cierto lujo y categoría co, pero no cabe duda de que contribuyó al mestizaje
arquitectónica (Íd., 33). Tras la Reconquista, los rafals del modelo de casa tardomedieval cristiana. Tal
fueron cedidos a nobles y burgueses cristianos que re- como apunta Del Rey (2002, 145-146) con relación a
sidían en la capital. En los siglos posteriores, las al- la Alquería del Moro, el sistema de acceso indirecto
querías evolucionaron hacia la gran casona agraria de desde la calle intercalando un patio para preservar la
finales del XVII y de todo el XVIII, que funcionaba intimidad doméstica procede de la tradición islámica,
como centro de producción y lugar de residencia de mientras que la articulación de la casa en torno a un
sus propietarios –generalmente a tiempo parcial–, así espacio central con escalera deriva del palacio gótico
como de inquilinos y administradores (figura 2). valenciano. Hablamos de una construcción señorial
El último de los significados de alquería remite a con un esquema basilical muy claro en planta, pero
las casas o grupo de casas de labradores de tamaño todavía inmaduro en volumen, el que forman tres na-
familiar que fueron proliferando en la huerta durante ves perpendiculares a fachada, la central de mayor
los siglos XIX y XX. Se trata de construcciones amplitud, más una cabecera o nave transversal que
compactas que constituyen el hogar de pequeños pro- recoge la anchura de las otras tres (figura 3).
pietarios autónomos que trabajan y explotan la tierra.
El cambio de titularidad se vio favorecido por el es-
caso rendimiento que proporcionaban a los terrate- La casa compacta
nientes los alquileres de las fincas, unido a las venta-
josas condiciones de adquisición para los labradores En torno al XVI, las soluciones de piezas compactas
que tenían derechos consolidados como arrendatarios con crujías paralelas a fachada comenzaron a desban-
históricos. La fragmentación de la propiedad y el sis- car a la casa tardomedieval. Este sistema se fue conso-
tema de explotación intensivo explican la prolifera- lidando definitivamente a partir del siglo XVII, hasta
ción de casas a pie de parcela. estabilizarse desde el punto de vista formal con las

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cia de los más modernos portones adintelados o con


arco rebajado.
La alquería de labrador, no obstante, sigue siendo
una casa compacta y sencilla, con dos plantas forja-
das sobre doble crujía, apoyadas en los muros extre-
mos y un pórtico central. La vivienda se mantiene en
planta baja, mientras que la andana ve regularizar su
altura.

Los espacios complementarios

Con el tiempo, a la casa principal se le adosaban


otros volúmenes para uso práctico. Estos cobertizos
o porches (porxades) solían presentar una o dos plan-
tas con crujía única y cubierta a un agua. De cons-
trucción más modesta que la casa, se utilizaban como
almacén de aperos, cuadra para animales de tiro o es-
Figura 3 tablo para el engorde de cerdos y vacas. Sobre la
Planta general de la alquería del Moro, ss. XIII-XIV (Del porxada se ubicaba la pallisa, que servía para guar-
Rey 2002, 147) dar la paja con que alimentar a las bestias. En la par-
te posterior de la casa se formaba un patio trasero o
corral, delimitado por tapias y cuerpos añadidos, en
aportaciones de la Academia en la segunda mitad del torno al cual se organizaba la cría de los animales.
XVIII (Del Rey 1990, 531). La buena aceptación fa- Algunas alquerías disponían de pérgola emparrada
voreció su pervivencia hasta bien entrado el siglo XX. delante de la casa, proporcionando un espacio de
En las alquerías de tipo señorial, el espacio reser- transición apacible en sombra. Otro elemento vincu-
vado para los dueños se situaba en la planta supe- lado tradicionalmente con las alquerías es la torre.
rior, mientras que los estatgers o aperadores se alo- Pero si en origen suponía una unidad propia a la que
jaban normalmente a nivel de suelo. Con el tiempo, se vinculaba la casa –véase la alquería de la Torre–,
al pasar estas construcciones a manos de los arren- con el tiempo la torre devino en un elemento lúdico,
datarios, las plantas altas se transformaron en cam- añadido ahora a la casa como mirador romántico con
bras o andanas para uso económico (Marco 2015). vistas al mar (miramar) –alquería del Magistre (Del
En los siglos XVII y XVIII, estas cambras contaban Rey 2002, 103-104)–.
con doble o triple nivel de huecos y una altura des-
mesurada en contraste con la más ajustada vivienda
de planta baja. LA ADECUACIÓN AL MEDIO

Uno de los principios de suyo inherentes al tempera-


La casa de labrador mento de la arquitectura rural es su capacidad de
adecuación al medio físico y humano que le es pro-
Los lugareños suelen distinguir las alquerías más an- pio. Desde el punto de vista físico, supone la adapta-
tiguas, a las que califican impropiamente de moru- ción a las condiciones climatológicas y geográficas
nas, de las más modernas casas de labrador en base a locales (orientación, topografía…), así como la elec-
tres rasgos característicos: el tamaño, mucho mayor ción de materiales próximos y accesibles; desde el
en extensión y altura que las modestas construccio- enfoque humano, implica la sujeción a los conoci-
nes familiares contemporáneas; la orientación a me- mientos y técnicas constructivas característicos del
diodía (o SW), en lugar de a Levante (o SE);3 y la lugar y del momento, y la acomodación a las necesi-
portada en arco de medio punto o carpanel, a diferen- dades funcionales de los habitantes.

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En las alquerías de la huerta valenciana encontra-


mos medidas adaptativas de orden físico, tales como
el encalado de las fachadas; la inclinación suave de
las cubiertas; la disposición de la andana como col-
chón térmico … En cuanto a los materiales, tanto la
tierra arcillosa, como la arena de río, la paja y –qui-
zás menos– la piedra, se encuentran en abundancia
en el entorno hortícola valenciano, lo que permite la
integración en su entorno, tanto por el cromatismo
como por la misma materia (García 2015, 71). En el
caso de la madera, si bien la producción no es estric-
tamente autóctona, el suministro a la capital se ha
visto favorecido por el transporte fluvial de madera-
das procedentes del Rincón de Ademuz y Sur de
Cuenca. Por otro lado, las técnicas constructivas em-
pleadas son siempre sencillas y han estado ligadas a
la tradición de la arquitectura local: tapia en sus va-
riantes valencianas, fábrica de ladrillos, de adobes,
mampostería… Figura 4
Detalle típico de una alquería con muros de tapia valencia-
na del siglo XVI
LOS MUROS

La tapia valenciana los ladrillos a tizón con una separación similar en ho-
rizontal y en vertical, de 6-15 cm (II) ó 4-10 cm (III);
Entre las alquerías estudiadas no se han localizado una profundidad de la costra de cal entre 5 y 10 cm
muros de tapia común ni de tapia real, pero sí una (II) ó 2 a 8 cm (III); y un espesor de muros compren-
gran incidencia de tapia valenciana en algunas de sus
múltiples versiones. Se trata de una técnica que deri-
va de la tapia calicostrada y se caracteriza por la in-
corporación de ladrillos al encofrado. La separación
entre hiladas marca el espesor de las tongadas, te-
niendo en cuenta que el mortero fresco de cal se acu-
ña sobre la base de la hilada de ladrillos y contra el
encofrado. La presencia de ladrillos permite reforzar
las caras de los muros y, dependiendo de la variedad
de tapia, también la cohesión interna del muro entre
las caras reforzadas y el relleno interior de tierra. Se
trata de una técnica peculiar –aunque no exclusiva–
del área levantina española, a caballo entre la tapia
más genérica y la fábrica de ladrillo aparejado.
De las cuatro variedades de tapia valenciana pro-
puestas por Valentina Cristini y Francesca Martella
en su estudio cronotipológico (2015, 458), que van
desde las muestras más antiguas de la primera mitad
del siglo XIV hasta las más recientes del XVIII, en el
área abordada se han detectado las modalidades II, Figura5
III y IV (figura 4).Los tipos II (ss. XIV-XVI) y III Detalle típico de una alquería con muros de tapia valencia-
(ss. XVI-XVII) se caracterizan por la disposición de na del siglo XVIII

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dido entre 35 y 60 centímetros (Cristini 2015, 459;


Martella 2014, 70-106).
El último de los tipos, el IV (figura 5), difiere sus-
tancialmente de los anteriores. La densificación del
ladrillo y su colocación a soga y tizón le proporcio-
nan una apariencia similar a la de la fábrica de ladri-
llo aparejado, hasta el punto de llegar a confundirse
con ella. Las hiladas guardan una hechura regular,
con tendeles y llagas de 2 a 4 cm (Cristini 2015, 459;
Martella 2014, 107-109).
En ocasiones las tapias presentan un aparejo uni-
forme, soga-tizón, similar al aparejo flamenco. Otras,
en cambio, la disposición es muy irregular, con ladri-
llos recuperados o de desecho, alternando con mam-
puestos de piedra sin criterio alguno de orden.

La fábrica de ladrillos
Figura 6
Detalle típico de una alquería con muros de ladrillo visible
A partir del siglo XVI, la fábrica de ladrillos apareja-
dos comenzó a convivir con la tapia valenciana. En
el XVII se iniciaba el declive de la tapia, siendo sus- gen un volumen compacto de una crujía con vertiente
tituida por la fábrica en la segunda mitad de la centu- única y, con posterioridad, se le endosó otro cuerpo si-
ria, de manera que en el XVIII ya no era usual que se métrico por la parte trasera, dándole la apariencia de
utilizasen encofrados para alzar los muros. Con todo, una construcción de doble crujía. El testero sur evi-
es posible que en el mundo rural dicha transición se dencia tal diacronía con paños de tapia valenciana del
dilatase en el tiempo. tipo II, datables en los siglos XIV o XV, y paños de fá-
La fábrica de ladrillos que predomina en los siglos
XVII y XVIII es la que Cristini (2015, 466) califica de
visible, debido a que «no presenta las características
de las enlucidas, pero tampoco se pueden considerar
como aparejos cara a vista». Son fábricas que dejan
entrever los ladrillos entre las juntas selladas, algo que
tiene que ver con el proceso mismo de ejecución. Por
entonces los ladrillos artesanales adolecían de imper-
fecciones y falta de homogeneidad; de ahí que se re-
vocasen o sellasen las juntas (Íd. 2005, p. 469). La fá-
brica se elaboraba con tendeles muy gruesos (2-5 cm)
y llagas casi inexistentes, utilizando un mortero de cal
rico en áridos de grano medio. La junta se dejaba ini-
cialmente sin acabar, formando un plano inclinado con
pendiente hacia el exterior y, una vez fraguado el mor-
tero, se completaba con una mezcla más fina hasta en-
rasar con los ladrillos. De esta manera se conseguía un
acabado bruñido, que le proporcionaba a la fábrica
una textura como listada (figura 6).
La alquería de Tallarrós constituye un buen ejemplo Figura7
donde compararlas texturas de la tapia valenciana y el Testero de la alquería de Tallarrós, cerca de Valencia (ss.
ladrillo visible (figura 7). La casa comprendía en ori- XV-XVII).

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brica de ladrillo visible, que podrían corresponder al


año que figura en la fachada oriental: 1629.
Cuando la producción de ladrillos mejoró su cali-
dad gracias a la aplicación de los modernos procesos
de industrialización, se abrieron las puertas a su exhi-
bición sin complejos como material visto. Alternati-
vamente, el ladrillo se podía dejar oculto bajo un en-
lucido protector de cal, yeso o combinación de
ambos. En cualquier caso se trata de fábricas muy re-
gulares con juntas estrechas. Desde el último tercio
del XIX encontramos esta técnica –vista u oculta–
aplicada en casas de labrador de la huerta valenciana,
consolidándose como la fábrica más extendida a par-
tir de la segunda década del XX (Algarra 2002, 44).

La fábrica de adobes

Los adobes ogassons se elaboraban con tierra arcillo- Figura 8


sa, a la que se añadía agua para amasar y dar consis- Detalle típico de una alquería con muros de adobes
tencia a la mezcla, y paja de trilla (pallús)4 e incluso
estiércol para armar y controlar la retracción inheren-
te al proceso mismo de secado.5 edificaciones más modestas, como barracas y
El tamaño de las piezas venía dado por las medi- cobertizos (porxades). Los ejemplos analizados da-
das interiores del molde de madera donde se confor- tan de la segunda mitad del XIX y primera del XX,
maban (adobera o gradilla). Aunque para una misma pero está por completar el estudio cronotipológico en
obra dicho tamaño no variaba, sí lo hacía de unas el ámbito valenciano. También se han localizado
obras a otras, lo que da a entender que las medidas adobes en algunas casas de labrador, combinada con
de los adobes no estaban estandarizadas. En la zona otros tipos de fábrica. Considerando el esfuerzo in-
de la huerta valenciana, las dimensiones oscilan entre versor del pequeño agricultor al adquirir una porción
40-42 cm de largo, 20 y 24 de ancho, y 7 a 10 de de terreno en propiedad, no sorprende la limitación
grueso, según Cazorla (2015). Aplicado a las barra- de recursos dedicados a erigir la casa. Dicha circuns-
cas valencianas, Miguel del Rey (ARV) apunta a tancia se manifiesta, por ejemplo, en el empleo de la-
unos muros con piezas de 45x35x6 cm elaborados drillos reciclados y fábricas de adobe en una misma
con una mezcla de arcilla y paja, sin arena. casa, o en la construcción selectiva con adobes en las
Los aparejos más sencillos en muros de adobe fachadas más soleadas (alquería del Rispo, alquería
eran los de soga (muros de 1 pie) y tizón (1½ pies). de Severino…).
En la construcción de barracas, Víctor Gosálvez El ladrillo se insertaba en obras de adobes como
(1915) menciona también el aparejo a punter i boser, material de refuerzo, en aquellos puntos de mayor
que alterna en la misma hilada pares de adobes a concentración de tensiones: esquinas salientes, perí-
soga con un tizón, lo que implica la proporción dupla metro de huecos, formación de durmientes, aleros,
de las piezas. En cualquier caso, los bloques se reci- etcétera. Para la conexión de las dos fábricas se reali-
bían en obra con una pasta de características simila- zaban adarajas, haciendo coincidir en cada dentellón
res a la masa de los propios adobes, de manera que un número entero –aunque diferente– de hiladas de
las propiedades de la fábrica en su conjunto resulta- ladrillos y adobes (figura 9).
ban bastante homogéneas. El espesor de las juntas Por lo general, los muros de adobes se aparejaban
oscilaba entre 1 y 3 centímetros (figura 8). sobre un cimiento-zócalo de mampostería de piedra
Históricamente, la construcción con adobes se ha para alejar los bloques de tierra de la humedad as-
venido empleando en la huerta valenciana para las cendente por capilaridad. Con todo, es posible que

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Figura 9 Figura 10
Refuerzo en esquina de fábrica de ladrillo en muro de ado- Detalle típico de una casa de labrador de finales del XIX
be (Alquería del Pollastre)

los mampuestos se recibieran a su vez con pasta de


barro.6
Dada la avidez de agua y la resistencia modesta de
estas fábricas comparada con la tapia valenciana, lo ha-
bitual es encontrarlas protegidas con un revoco de barro
o un enlucido de cal, yeso o combinación de ambos.

Otras fábricas contemporáneas

En el último tercio del XIX se consolidó la fábrica de


mampostería con verdugadas de ladrillo como técni-
ca alternativa en la construcción de casas de labrador
(figura 10). De amplio espectro entre las edificacio-
nes industriales y religiosas coetáneas, combina frag-
mentos de fábrica de ladrillo en esquinas, aleros,
Figura11
jambas, vierteaguas, arcos, etc. con cumplidos lien- Fábrica de bloques de tierra estabilizada con yeso en una de
zos de mampostería ordinaria. las ampliaciones de la Alquería del Pollastre
Más reciente incluso –inicios del XX– es el em-
pleo de bloques de tierra estabilizada. Se trata de pie-
zas conformadas en moldes de dimensiones variables PUNTOS SINGULARES
con un hormigón modesto a base de gravas y tierra al
que se añade un conglomerante de cal o yeso (figura Arcos y dinteles
11). Por el aspecto de los bloques y el tipo de aparejo
esta fábrica recuerda la técnica tradicional de la toba Para salvar la luz de los huecos predominan dos tipos
(Algarra 2002, 44). de soluciones: los dinteles de madera y los arcos

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adintelados de ladrillo en rosca. Curiosamente, en al- Siendo que desde el siglo XVI la vivienda tiende a
querías como Tronaes, las series de triples huecos de situarse a ras de suelo, no es muy habitual encontrar
la andana combinan las dos fórmulas: dinteles en el balcones en la arquitectura diseminada de la huerta
nivel superior y arcos en el resto. valenciana. Los hay en modelos de casas nobles (al-
Los dinteles están formados por pequeños rollizos quería de la Torre, Juliá, Falcó…), que se acompañan
o prismas de madera desbastada apoyados en las de barandillas de forja a las que pueden superponerse
jambas, en número de dos, tres o más piezas en fun- rejas sobresalientes que encierran todo el hueco.
ción del espesor del muro, de la sección de las piezas Las alquerías con andana carecen de balcones.
y de la luz del hueco. Es habitual que queden prote- No obstante, suelen contar con algún hueco
gidos de la intemperie por un enlucido, de ahí que se balconera para la entrada y salida de productos a la
coloquen retranqueados ligeramente del plano de cambra. En estos casos la barandilla puede ser
acabado de fachada. Para mejorar la adherencia con removible. Como complemento para el izado de las
el revestimiento se aplican incisiones en su superficie cosechas se disponía de una polea metálica
o se trenzan cuerdas de esparto o tomiza a su alrede- suspendida en la vertical del portón principal, junto
dor (Mileto-Vegas 2011, 179). al cual se posicionaba el carro antes de proceder a la
En cuanto a los arcos, las más de las veces se apa- carga y descarga.
rejan con ayuda de cimbra, recibiendo los ladrillos
con yeso o mortero de cal, sin encofrar. Se distinguen
por su trazado preciso, perfilado de los ladrillos y re- Durmientes y aleros
ducido espesor de las juntas. Previamente se deben
haber alzado las jambas hasta la cota inferior del ex- En los muros de tapia valenciana no es habitual en-
tradós, dejando preparados los planos inclinados de contrar durmientes bajo forjados en base a la buena
apoyo, desde los que se emprende el arco. Aunque consistencia del soporte. Sin embargo, los cargaderos
menos corriente, es posible encontrar arcos ejecuta- juegan un papel fundamental para evitar cizallamien-
dos en el interior de una tapiada. El resultado, muy tos y aplastamientos localizados en paredes de ado-
desigual al no poder controlar con garantías el re- bes o tapia común. Y así, los muros de las barracas se
planteo de las piezas, hace pensar en la intención remataban con vigas soleras (cadorsa) de «18-16 cm
más que probable de acabado con enlucido. que servían de apoyo a los tirantes inclinados y hori-
zontales de la estructura de cubierta y al techo o pla-
no superior accesible» (Del Rey, ARV). Estos dur-
Huecos mientes de coronamiento vienen a desempeñar una
labor añadida de atado o zunchado perimetral de toda
No abundan las portadas de piedra en las alquerías va- la obra.
lencianas con excepción hecha de las construcciones Las soluciones de aleros de rasillas, muy recurren-
de tipo señorial (Falcó, Juliá, Apoderats, Fonda…). La tes en el ámbito de estudio, se caracterizan por su
mayoría son de ladrillo, y forman arcos de medio pun- efectividad, sencillez constructiva y vuelo contenido
to o carpanel, rebajados y portones adintelados. Solían (25 a 35 centímetros). Se elaboran con una, dos o
contar con guardarruedas a ambos lados del umbral tres hiladas de baldosas o ladrillos voladas sucesiva-
para que los quicios no fueran rozados por los ejes de mente, colocadas a tizón,8 sobre las que avanzan li-
los carros.7Los del seiscientos se presentan como gran- geramente las bocatejas. En construcciones nobles
des bloques de piedra redondeados y muy masivos. como la alquería de Falcó o de la Torre, las rasillas
Posteriormente se fueron estilizando. proporcionan el soporte que permite la formación de
Con respecto a las ventanas, son típicos del XVIII aleros más refinados, moldurados con yeso. La línea
los abocinados de yeso, que forman derrames en todo de cumbrera en las casas compactas de una crujía no
su perímetro para expulsar las aguas y proteger el suele situarse a borde, sino separada ligeramente del
marco de las carpinterías sin mermar la entrada de plano posterior, generando un minúsculo faldón que
luz y aire. En general, lo derrames son planos, si bien cuenta con alero propio aunque más simplificado.
el capialzado superior puede presentarse también Alternativamente, los aleros se forman por prolon-
volteado. gación del entramado de tejado, a base depares de

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madera y tablero bajo tejas. Este recurso es más re- tras que el resto de las fachadas podía incluso quedar
petido en cuerpos anexos que en casas compactas, si sin tratamiento alguno.
bien se pueden encontrar en algunas alquerías anti- Como caso singular, en el volumen más oriental
guas, como la Campaneta, del siglo XVIII. de la alquería del Moro se desvela bajo otras capas
posteriores de acabado un motivo decorativo típico
del Barroco, consistente en el simulado de sillares
Revestimientos sobre el enlucido, pintados en dos tonos.

El revestimiento sobre muros de tierra es asiduo


por razones de durabilidad y de decoro.9 En las caras CONCLUSIONES
exteriores de fachada consisten normalmente en en-
lucidos continuos con mortero de cal, yeso o mezcla La sencillez de las soluciones constructivas y la aus-
de ellos, aplicados en dos o más capas con el árido teridad de las formas corroboran la condición modes-
cada vez más fino (Mileto-Vegas 2011, 199). Exten- ta de las alquerías y su sentido eminentemente prácti-
dido sobre fábricas de mampostería, el enlucido po- co. Los materiales y técnicas utilizados se ciñen en
día dejar algunas piedras al descubierto, contornea- todo momento a las condiciones del entorno y se
das con el propio mortero (Algarra 2002, 44), como mantienen fieles a la tradición de la arquitectura lo-
ocurre en la alquería del Torrentí. cal.
Un revestimiento singular que se tendía sobre los Ahora bien, quedan algunas incógnitas por resol-
muros de las barracas y otras construcciones de ado- ver: ¿hasta qué punto la evolución tipológica se vio
bes es la arcilla a mano (argila a mà). Su aplicación afectada por cambios en las técnicas constructivas?
daba lugar a curiosas texturas en las que se llega a Pongamos un ejemplo: ¿existe alguna conexión entre
apreciar las marcas de los dedos. Los materiales utili- la aparición de las esbeltas andanas de la seda (ss.
zados son idénticos a los que integran los adobes: XVII-XVIII) y la sustitución progresiva de la tapia
fang i pallús. valenciana por la más monolítica fábrica de ladrillos?
Característico de la arquitectura de la huerta valen-
ciana es el encalado blanco de las fachadas. Esta téc-
nica aporta un aspecto decoroso a los muros, aña- NOTAS
diendo mayor protección e higiene y mejorando las
prestaciones higrotérmicas de la casa, al no impedir Esta investigación se ha realizado en el marco del
la transpirabilidad y reflejar todos los colores del es- Proyecto de Investigación del Ministerio de Econo-
pectro solar. La durabilidad limitada de los encalados mía y Competitividad «Restauración y rehabilitación
obligaba a renovar su aplicación con cierta asiduidad de arquitectura tradicional de tierra en la Península
(Mileto-Vegas 2011, 200). Ibérica. Líneas guía y herramientas para una inter-
En las alquerías más antiguas, debajo de las innu- vención sostenible» (Ref: BIA2014-55924-R; inves-
merables capas blancas, se descubren restos de enca- tigadores principales Camilla Mileto y Fernando Ve-
lado azul, obtenido por la adición a la cal de azulete gas López-Manzanares).
o añil. Esta costumbre, tan extendida en la tradición
mediterránea, podría derivar originariamente de una 1. De la memoria del proyecto.
supuesta intención en ahuyentar de la casa a brujas y 2. Voz «alquería» (DRAE, ed. 23ª).
demonios. 3. No obstante, pese a que la mayoría de las alquerías del
Los encalados se aplicaban sobre los enlucidos, XVIII y anteriores están orientadas a Sur, encontramos
excepciones, como la alquería de les Tronaes en Mali-
pero también directamente sobre las tapias y el ladri-
lla.
llo visible, dejando entrever sutilmente la textura 4. El pallús, traducido al castellano como «cascabillo»,
subyacente. En la casa de labrador, no siempre se en- está formado por fragmentos de cascarilla y arista de
calaban todos los cerramientos: la costumbre era la los cereales, producto de la trilla (Diccionari català-va-
de aplicarlo en la fachada principal. A las paredes lencià-balear, Institut d’Estudis Catalans).
orientadas a Norte o Nordeste se les aplicaba una 5. También pueden incorporar algo de arena, en función
capa de alquitrán para protegerlas de la lluvia, mien- de las características de la arcilla.

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6. Tal como recoge Villanueva (1827, VIII), el recibido lencia: Generalitat Valenciana. Véase también: <http://
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9. Esta circunstancia, no obstante, supone una dificultad Ministerio de Cultura y del Ministerio de Fomento del Go-
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