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CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

Por Francisco Serna

1. ¿Qué es la Biblia?

Una definición de la Biblia normalmente aceptada por nosotros los católicos es:

Palabra sagrada escrita, inspirada por el Espíritu de Dios y recogida en unos libros, no como letra muerta sino viva y vivificante,
que sigue hablando hoy a todos los creyentes. Es también palabra humana escrita por hombres que pertenecieron al pueblo
de Israel y a la comunidad cristiana primitiva, y cuyos libros forman lo que llamamos el Antiguo y Nuevo Testamento. Es, por
último, palabra de la Iglesia recogida en una lista de libros que llamamos canon de las escrituras, porque reconocemos en ellos
su vinculación a la época de los apóstoles, y porque contienen y expresan fielmente el deseo de Dios, manifestado
definitivamente en Jesucristo, de salvar a todos los hombres.

La Biblia es, por lo tanto, el libro que recoge la revelación de Dios al hombre. Sin embargo, es importante entender que ella se
nos presenta llena de problemas: errores cosmológicos, párrafos incomprensibles, imágenes de Dios contradictorias, etc. Será,
entonces, aquí necesario ir entregando los elementos que permitan comprenderla y eventualmente leerla y adherir a su
contenido.

El nombre más antiguo de la Biblia es el de Biblos (Libro). Aparece por primera, vez en Daniel 9, 2. Añadiéndole el adjetivo de
“sagrado”, aparece en 2ª Macabeos 8, 23. Estas citas hay que comprobarlas en el texto original. Como nombre más
generalizado hay que reseñar el de Biblion, diminutivo de Biblos y que significa librillo, folleto. Por primera vez, aparece en 1º
Macabeos 12, 9. El neutro plural de biblion es Biblia, que significa librillos, folletos y es de este neutro plural de donde surge
nuestra palabra castellana Biblia.

2. ¿Para qué leer la Biblia?

¿Por qué es necesario leer la Biblia? ¿Qué aporta ella a nuestra vida? Dios realiza una “alianza” con nosotros (como Iglesia,
como país, como individuos) y a partir de esta alianza nuestra historia se convierte en historia de salvación. Dios camina en
nuestra propia historia y ésta se va transformando de acuerdo con nuestras decisiones y las decisiones de Dios. La historia de
cada comunidad cristiana, de cada país, de cada persona, es única. Sin embargo, existe un cierto “parecido”, una “cierta
analogía”, entre ellas. ¿Cómo saber que nuestra propia historia (eclesial, social, personal) se va realmente transformando en
historia de la salvación? ¿Cómo reconocer el paso de Dios en nuestra propia vida?

Existe una historia que es “modelo” de las otras, que da la “clave” para entender las otras. Al recorrer esa historia podemos
percibir el parecido con la nuestra, siempre que la leamos con el corazón abierto y con ciertos instrumentos de ayuda. Se trata
de la “historia bíblica”. Al recorrer las distintas etapas de la historia bíblica haremos siempre una comparación con nuestra
propia historia de fe buscando iluminar esta última.

3. La inspiración en la biblia

La Doctrina de la Iglesia enseñada por el Vaticano II, respecto a la Biblia, queda resumida en los siguientes apartados:

1. “La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo”.
En estas palabras fundamentalmente se enseña que no está contenida en la Biblia toda la revelación, puesto que la plenitud
de la revelación se encuentra en la Tradición de la Iglesia y en la Sagrada Escritura. También se enseña que los escritos de la
Biblia son inspirados.
2. “Todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, son sagrados y canónicos en cuanto que, escritos
por la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia”.
3. “En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos que usaban de todas sus facultades y talentos;
de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería”
La enseñanza de la Iglesia en estas palabras es:
- Dios es autor principal.
- Los hagiógrafos también son verdaderos autores subordinados (instrumentales o secundarios).
- Los autores humanos, los hagiógrafos, emplearon sus facultades y talentos al escribir, escribieron todo y solo lo que Dios
quería que escribieran.

Definición del concepto de inspiración: “La inspiración, pues, en el sentido bíblico es una acción divina o influjo sobrenatural
por el cual Dios ilumina el entendimiento del autor sagrado al escribir un libro y mueve eficazmente su voluntad para que
exprese la verdad que él mismo quiere expresar, resultando así Dios autor principal del libro, y el hombre autor secundario e
instrumental “(M. Martín Sánchez, Manual de la Sagrada Escritura, Tomo I, editorial Palabra, Madrid 1976, p 35)

Por lo tanto, en la inspiración de la Sagrada Escritura entran tres factores:

1. Dios que inspira. Este factor es denominado inspiración activa.


2. El hagiógrafo que es inspirado, receptor de la inspiración. A este segundo factor se le llama inspiración pasiva.
3. El libro como término de la inspiración. Recibe este factor el nombre de inspiración terminativa.

La inspiración que Dios infunde en el hagiógrafo consiste en:

1. Una ilustración sobrenatural del entendimiento, que le ayuda al autor humano a pensar y concebir intelectualmente con
rectitud.
2. Una moción de la voluntad, que le lleva a querer escribir con fidelidad lo que ha puesto en su entendimiento.
3. Una asistencia divina, a favor del hagiógrafo, para que escriba de hecho todas las cosas y solo aquellas que Dios quiere.
“Ahondando un poco más, podemos decir que cada facultad humana recibe la fuerza del Espíritu Santo según su propia
naturaleza. Así en el entendimiento produce efectos de iluminación y conocimiento sobrenatural; en la voluntad mociones e
impulsos para decidir; en la imaginación visiones y representaciones; en las facultades de realización práctica, capacidad para
llevar a cabo las decisiones del entendimiento y de la voluntad” (A.M. Artola- J.M. Sánchez Caro. Biblia y palabra de Dios Verbo
Divino, Estella 1995, p 191).

Aunque en los apartados anteriores está recogida ya la enseñanza del Vaticano II sobre la inspiración y verdad de la Sagrada
Escritura, conviene conocer el texto completo del Concilio, que es el siguiente:

“La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La
Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas
sus partes son sagrados y canónicos, en cuanto que escritos por inspiración del Espíritu Santo (Jn 20, 31; Tm 3, 16; 2 P 1, 19-
21; 3, 15-16) tienen a Dios como autor y como tales han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros sagrados
Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos
como verdaderos autores, pusieron por escrito y todo y solo lo que Dios quería. Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o
autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los Libros sagrados, enseñan sólidamente, fielmente y sin error la
verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para nuestra salvación”. (Dei Verbum II).

El Concilio Vaticano II, en el número 11 de la Constitución Dogmática Dei Verbum, enseña:


"Pues como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse por afirmado por el Espíritu Santo, hay que
confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error la verdad que Dios quiso consignar en las
Sagradas Letras para nuestra salvación ".

El mismo documento del Vaticano II, en el número 12, afirma:


"Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer
lo que Dios quiere comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con
dichas palabras ".
3.1. La inspiración divina

Comenzaremos, en primer lugar, con lo que se ha llamado la “inspiración”; es decir, la afirmación de que en la Biblia estamos
ante una Palabra de Dios que se comunica a través de una palabra humana. Para ello es necesario distinguir “inspiración” de
“revelación”. “Inspiración divina” significa que Dios eligió a hombres y posiblemente mujeres para que pusieran por escrito sus
acciones salvadoras en beneficio de su pueblo escogido. Dios -a través de personas concretas- es “autor” en primer lugar, de
los textos bíblicos, los hagiógrafos son también autores, pero en segundo lugar pues ha partido del Señor la iniciativa de inspirar
la escritura de los textos.

Los autores bíblicos, los hagiógrafos, son propia y verdaderamente autores, hombres y mujeres cuya capacidad imaginativa y
expresiva no queda reducida en nada por ser inspirados. Más aún, fueron personas que al escribir se manifiestan enteramente
enraizados en un mundo concreto. Son voz que expresa la fe de un pueblo de creyentes, voz condicionada por la cultura,
preocupaciones y expresiones de ese pueblo. La “inspiración” es esa influencia misteriosa de Dios en los autores humanos de
la Biblia que, respetando su forma de ser, asegura su fidelidad al poner por escrito la Revelación tanto en lo que respecta a las
acciones salvadoras como a las palabras que las iluminan. La “inspiración” no asegura “la mejor expresión” de esa Revelación
(no todos los autores bíblicos son buenos escritores), pero sí una consignación completa e inequívoca de lo esencial.

En el fondo, estamos ante una Palabra divina que se comunica a través de una Palabra humana. Así como Dios se ha hecho
hombre en Jesús de Nazareth, así la Palabra de Dios se revela en el interior de una Palabra humana. De modo que, así como
no se puede percibir la divinidad de Jesús si no se conoce su humanidad, así tampoco es posible conocer la Palabra de Dios
si no se toma en serio el carácter humano de la Biblia. La palabra de Dios no la recibiremos sino escuchando la palabra de
Israel, la Palabra de la Iglesia que está en la Biblia. Dicho desde otro punto de vista, la Palabra de Dios no la podemos conocer
sino mediada por la Palabra de los que nos han precedido en la fe. No existe una vía que lleve a Dios pasando por fuera de la
comunidad de los creyentes.

Este hecho tiene una enorme significación en cuanto a nuestro acercamiento a la Biblia. Al leerla debemos estar siempre
preguntándonos: “¿Quién lo escribió?”, "¿Qué quiso decir el autor bíblico cuando escribió esto?”, “¿Para quién o quienes lo
escribió?”, “¿Cuándo lo escribió?”, “¿Dónde lo escribió?”, estas preguntas son importantes ya que sus respuestas nos ayuda
a entender de una mejor manera el mensaje divino; allí en lo que él quiso comunicar, ahí mismo es donde está la Palabra de
Dios.

4. Géneros literarios

¿Qué son los “géneros literarios”? Son las formas de expresión escrita que tiene una determinada cultura. Por ejemplo, en el
caso de la cultura moderna, un escrito es una novela, un cuento, un poema, una carta, un libro de historia, etc. Un mensaje se
transmite de forma muy diferente a través de estos medios: no le pedimos a un poema que nos relate un hecho con la misma
exactitud que un libro de historia; cuando leemos un cuento sabemos que los hechos que ahí se narran son ficticios, que
expresan una enseñanza, que no necesariamente se refieren a acontecimientos históricos, etc.

Esto que para nosotros es tan obvio no solemos aplicarlo cuando leemos la Biblia. Por ejemplo, ante el libro de Jonás, que es
un hermoso cuento, a veces nos preguntamos cómo hizo el protagonista para permanecer tres días en el vientre de la ballena.
Ante el Génesis, como podemos compaginar la historia de la creación con las investigaciones sobre la evolución de la vida.
Los ejemplos podrían multiplicarse. Los géneros literarios son hijos de una cultura, de una época, de un pueblo. Cada uno de
ellos tiene ciertas “reglas del juego” a las que el autor debe adaptarse (aunque pueda realizar una cierta “acomodación”
personal) para poder ser comprendido. Por ejemplo, pensemos en cómo se escribe hoy una carta o un memorándum. Los
géneros literarios bíblicos no son los nuestros y se ha necesitado de mucho estudio de la literatura israelita, egipcia y
mesopotámica para comprenderlos. Para conocerlos bien nosotros debemos recurrir a los comentarios bíblicos.

La expresión “género literario” se utiliza con un sentido amplio cuando se habla de determinados tipos de libros, por ejemplo,
los libros proféticos, sapienciales, los códigos legales, los evangelios, etc. Se utiliza también en un sentido restringido cuando
alude a pequeñas unidades originalmente orales que han pasado a formar parte de un libro. Por ej.: parábolas, proverbios,
leyendas de variado tipo, relatos épicos, etc.

4.1. La verdad en la Biblia

Cuando decimos que un hecho determinado que narra un texto no es “histórico” (por ejemplo, la historia de Jonás) no estamos
diciendo que no sea “verdadero”. Un hecho narrado puede ser histórico o ficticio. La “verdad” (que se contrapone a la “falsedad”)
de esa narración se refiere al aporte que ella hace en ese “camino de salvación” que es la verdad bíblica. En el ejemplo puesto
anteriormente, el libro de Jonás aporta el redescubrimiento de la misión de Israel hacia los gentiles.

Se presenta entonces un importante problema: ¿quién decide cuando un libro es inspirado o no? O, dicho de otro modo, ¿quién
ha determinado cuáles son los libros que forman parte de la Biblia? O ¿Cómo sabemos que lo narrado en la Biblia es verdadero?
Es la Iglesia, o el antiguo Israel, la que ha determinado qué libros forman parte de la Biblia. Como decíamos, el escritor de un
libro bíblico es un hombre que, habiendo interiorizado de tal modo la Revelación de Dios, ha sabido, por querer de Dios mismo,
expresarla plena e inequívocamente en su obra. Pero es la comunidad creyente la que ha corroborado posteriormente la
perfecta concordancia entre esta obra y su convicción de fe. Es a partir de este juicio que se ha formado la Biblia. Que se ha
formado el "Canon bíblico", como se dice técnicamente.

Es importante aclarar el sentido exacto de tres términos que pueden llevar a confusiones. Ellos son:

a) Inspiración: es decir, el hecho de que Dios, mediante un hombre, sea el autor de un libro bíblico. Es, por tanto, una
característica del libro mismo.
b) Canonicidad: es decir, el que la Iglesia haya reconocido públicamente un libro como inspirado y lo haya hecho formar parte
del “canon” (lista oficial de libros inspirados) bíblico.
c) Autenticidad: es decir, la atribución de un libro a su verdadero autor. Este es un hecho que no afecta a la fe y es demostrable
empíricamente.

Dados los conceptos de inspiración y canonicidad más arriba anotados, el que se niegue la autenticidad de un escrito (por
ejemplo, el decir que la Carta a los Hebreos no fue escrita por san Pablo) no significa de ningún modo negar su inspiración o
su canonicidad; ya que la canonicidad no proviene del prestigio de su autor, sino del reconocimiento hecho por la Iglesia de
que en él está la Palabra de Dios.

Así como la Biblia es conservada por la Iglesia también debe ser leída “en la Iglesia”. El Concilio Vaticano II nos da varias
normas al respecto: "La Escritura se ha de leer e interpretar en el mismo Espíritu con que fue escrita; por tanto, para descubrir
el verdadero sentido del texto sagrado hay que tener en cuenta con no menor cuidado el contenido y la unidad de toda la
Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía de la fe. A los exégetas toca aplicar estas normas de trabajo para ir
penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la
Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios
el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios" (DV, 12 c).

Estas normas apuntan a una lectura integral de la Escritura: ella es obra del único Dios (“Espíritu”) que nos da en ella un
“camino de salvación”. Por ello al interpretar un texto no pueden aislarse de todo el proceso global de la salvación en la totalidad
de los textos. También es necesario conocer cómo las diferentes generaciones de cristianos y los teólogos y el Magisterio han
entendido el texto que uno estudia a lo largo de la historia de la Iglesia (la “tradición viva de toda la Iglesia”). Por último, no se
puede aislar el texto del conjunto de la Revelación (la “analogía de la fe”, que se traduce en el Credo).

4.2. Naturaleza de la verdad revelada en la Biblia

En la Biblia, Dios nos comunica su verdad de cara a la salvación de todos los hombres. Esa verdad revelada comprende:

- Verdades de orden metafísico: Por ejemplo, la realidad de Dios, la inmortalidad del alma…
- Acontecimientos históricos salvadores: Por ejemplo, acciones en favor de Israel, encarnación de Jesucristo, muerte de Jesús
en la cruz, su resurrección...
- Promesas: Por ejemplo, anuncio de la segunda venida de Cristo, la resurrección de los cuerpos, la visión beatífica de los que
mueren en gracia…
- Exigencias ético-morales: Por ejemplo, las bienaventuranzas, el doble precepto del amor, el mandamiento nuevo...

La Biblia es un libro de naturaleza religiosa, no científica, ni histórica. Por eso, no pretende enseñar ni dar explicaciones
científicas sobre la naturaleza física; tampoco pretende informarnos con total exactitud acerca de la historia humana. Teniendo
en cuenta esto, debe afirmarse:

- Cuando la Biblia habla sobre los seres que componen el mundo físico, lo hace según las apariencias sensibles o según el
lenguaje vulgar de aquel momento.
- Cuando la Biblia habla sobre hechos históricos de la vida política o cultural, se garantiza su verdad revelada, es decir, su
enseñanza para el crecimiento espiritual del pueblo; por lo cual se explica que se acentúen ciertos aspectos, se dejen en
segundo lugar otros y se den ciertas lagunas en fechas o sucesión temporal.

4.3. Infalibilidad de la Palabra de Dios

Si la Biblia es Palabra de Dios que ha sido avalada por la Iglesia, ella no puede ser falsa. La Biblia es palabra verdadera en la
cual no existe error ni engaño. Sin embargo, ella parece estar llena de mentiras y contradicciones, como ya se ha mencionado.
Citemos algunas de estas contradicciones problemáticas:

- Contradicciones entre la Biblia y la ciencia: por ejemplo, el sol que se detiene sobre Gabaón (Jos 10,13), el relato de la
creación de Gn 1 que supone una tierra plana cubierta por una claraboya de cristal (el “firmamento”).
- Contradicciones entre la Biblia y la historia: por ejemplo, en Gn 4,22 se dice que Túbal-Caín es “padre de todos los forjadores
de cobre y hierro”; Túbal-Caín es el octavo descendiente de Adán; luego, según el Gn, toda la prehistoria -desde los remotos
orígenes del hombre hasta la edad del hierro-, se despacha en 8 generaciones.
- Contradicciones entre Biblia y la moral: Las hijas de Lot emborrachan a su padre y conciben de él (Gn 19,30ss); se admiten
como cosas naturales el divorcio, la poligamia y el abuso de las esclavas. A lo anterior, se puede agregar la destrucción de las
ciudades conquistadas y el asesinato de sus habitantes (Jos 6,17ss;) presentadas como voluntad de Yahveh.

Para comprender el problema de la verdad en la Biblia es indispensable comprender el concepto bíblico de verdad, que difiere
del concepto griego (que es el que más o menos inconscientemente todos tenemos). Para el griego, continuamente preocupado
por el cambio constante de las cosas, la verdad era la realidad oculta, permanente y fija que daba razón de todos los cambios.
Lo contrario de la verdad era la ilusión, el engaño. La verdad de las cosas se esconde tras las apariencias que engañan a los
sentidos, pero se pone de manifiesto a la inteligencia humana en una especie de visión mental que es el conocer. La verdad
no es otra cosa que el ser verdadero: la esencia o la naturaleza, principio de todas las mutaciones y cambios. La filosofía era
la actividad que la descubría. Esta noción de la verdad filosófica aplicada a la historiografía significaba la búsqueda de la
realidad esencial de los sucesos del pasado y su conexión entre sí. El modelo de verdad era la realidad. A este modelo se
acomodaban la verdad histórica y la verdad del hombre como partes de la entera naturaleza. De ahí que la verdad fuera
mundana, física y natural.

La concepción de la verdad en el israelita es muy distinta. Su experiencia de ella arranca de su vivencia en una comunidad
humana tribal. En el trasfondo nómada o seminómada, la verdad significa la fidelidad a los demás, el mantenimiento de la
palabra dada, que da cohesión, estabilidad y firmeza a toda la vida tribal. De ahí que el concepto de verdad se confunda con
el de fidelidad. La verdad (emunah) es la firmeza, la seguridad, la fidelidad, en la relación correspondiente de parentesco o
alianza. En el modelo griego, la realidad verdadera era la naturaleza en su totalidad, en su orden, en sus leyes, fija e inalterable.
Y esa inmutabilidad era lo divino que existía en la naturaleza. Para el hebreo, en su comprensión humana de la verdad-fidelidad,
la consistencia de toda las fidelidades y estabilidades era un ser personal (Dios) y no la naturaleza. De ahí que para el hebreo
la verdad primordial sea Yahveh, quien, con su fidelidad perpetua, garantiza y fundamenta todas las demás verdades. Por eso,
la verdad hebrea es una verdad esencialmente religiosa. Y, como la religión israelita es fundamentalmente histórica, su verdad
se realiza en los acontecimientos. La verdad hebrea consiste en la correspondencia entre lo dicho y su cumplimiento. Por eso
es una verdad que va aconteciendo. Su manifestación siempre es cosa del futuro de la promesa. A veces la efectividad
inmediata de la palabra revela su verdad, por ejemplo, en el caso de una curación prodigiosa anunciada y realizada. Sin
embargo, generalmente esa efectividad no se hace patente sino en el mediano y largo plazo. En las profecías de maldición o
castigo el plazo es breve. Los anuncios sobre el mesías o sobre el final de la historia (escatología) piden un largo tiempo antes
de que se vea en su realización la Palabra de Dios. En consecuencia, la verdad israelita no está, cómo en la lógica griega, en
la captación del sentido de las afirmaciones, sino en la conformidad entre la promesa bíblica y su realización. Por ejemplo, la
verdad en la Ley está en el premio o castigo futuro de Dios por la fidelidad o infidelidad a esa palabra.

Se ha dicho que la Biblia hay que entenderla dentro de toda la acción salvadora de Dios. Aunque parezca obvio, es necesario
decir que la meta de la acción de Dios es nuestra salvación. Por tanto, la finalidad de la Biblia hay que buscarla en referencia
a nuestra salvación; y su verdad será, por lo mismo, una verdad en vistas a nuestra salvación. La verdad bíblica entonces es,
como dice el Concilio, una “verdad para nuestra salvación”: se trata de el “camino verdadero” que es el que conduce a una
meta de real de plenitud humana: el cumplimiento de las promesas de Dios. El creyente puede confiar en ese camino sin peligro
de quedar defraudado. La “verdad” del Antiguo Testamento ha quedado demostrada porque nos ha conducido a nuestra
salvación que es Cristo. La verdad del Nuevo Testamento espera su ratificación plena en la Parusía.

Si creemos que la Biblia es Palabra de Dios, confirmada por el juicio de la Iglesia; y que, por ser tal, es un camino seguro de
salvación, indica que ella posee una fuerza especial para el creyente. La Biblia es capaz de darnos un mensaje de salvación
para nuestra vida, sobre el cual no podemos pasar ni personal ni comunitariamente. Él está sobre nosotros porque es de Dios
mismo. Sólo nos cabe buscar entenderlo cada vez mejor y más profundamente, a la vez que ir adecuando nuestra vida a él.
Jesús nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6) y “Yo les aseguro: si alguno
guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás” (Jn 8,51).

5. Interpretación de la Biblia

Para que la Sagrada Escritura sea "regla de fe” es necesario: conocer lo que Dios ha querido comunicarnos y, por ello, saber
lo que el hagiógrafo ha querido decirnos de parte de Dios. Esta tarea se consigue interpretando la Biblia de acuerdo con unos
principios o reglas, que deben ser tenidos en cuenta por todo creyente, también por el creyente que es hombre de ciencia o
especialista en la Sagrada Escritura. Estos principios o reglas fundamentales son de dos clases:
- Reglas racionales: son las que se aplican para interpretar correctamente cualquier libro humano.
- Reglas de interpretación católica: son las específicas para la Biblia, es decir, aquellas que solamente han de tenerse en cuenta
para interpretar la Sagrada Escritura.

5.1. Reglas racionales

El intérprete cristiano de la Biblia debe emplear los recursos que ponen a su alcance las ciencias humanas. Ha de actuar lo
mismo que cuando se interpreta cualquier libro de la antigüedad. Entre esos recursos, hay que señalar el estudio filológico del
texto. Esto exige: conocer las lenguas originales de la Biblia y también las afines, hebreo, arameo y griego; conocimiento de
los usos literarios de Oriente, por ejemplo, el uso de metáforas atrevidas; tener en cuenta el contexto; tener presentes los
lugares paralelos.

La crítica textual: tiene por objeto " restablecer el texto primitivo que se supone alterado". Dicho de otro modo, determina con
la mayor exactitud posible el texto más próximo al original. Debe examinar las alteraciones del texto (omisiones, añadiduras,
cambios de lugar de palabras...) y las causas de esas alteraciones que unas veces fueron involuntarias y otras intencionadas.
Debe aplicar las llamadas normas de crítica textual para la selección de variantes. Las más conocidas son éstas: "La lección
más difícil se ha de preferir a la más fácil", por la tendencia del copista a querer esclarecer. "La lección más breve se ha de
preferir a la más larga", a no ser que se oponga al testimonio de códices más antiguos. "Se ha de tener como genuina aquella
lección que explica el origen de las demás".
La crítica literaria: tiene por objeto conocer los géneros literarios empleados por el autor y también las características
estilísticas y lingüísticas del autor, de su tiempo y de su medio ambiente. Y todo ello encaminado a conocer mejor la intención
del autor y el sentido de lo escrito. También han de tenerse en cuenta otras ciencias que contribuyen a alcanzar un conocimiento
más profundo de la Biblia, como son la gramática, la lingüística, la etnología, la sociología, la psicología, la hermenéutica de
los símbolos.

5.2. Reglas de interpretación católica

Para interpretar auténticamente la Biblia es necesario leer cada parte de esta teniendo en cuenta el contexto particular, en el
que dicho pasaje se encuentra, y el conjunto de todos los escritos bíblicos en su unidad. Esa unidad y totalidad de la Biblia se
origina, ante todo, por el hecho de que Dios es su autor principal. Y dicha unidad se da: entre todos los libros del Antiguo
Testamento, entre los libros del Nuevo Testamento y entre los de un Testamento y otro. Por esta razón, lo contenido en los
libros del Antiguo Testamento es preparación para el Nuevo, y lo contenido en el Nuevo es culminación del Antiguo: “Los libros
del Antiguo Testamento sólo pueden ser plenamente entendidos a la luz del Nuevo Testamento, y, a su vez, los libros del
Nuevo Testamento sólo pueden ser comprendidos en relación con los escritos del Antiguo Testamento”.

Para entender rectamente la Biblia hay que hacerlo desde la tradición viva de la Iglesia. La tradición es continuación del diálogo
de Dios con el hombre en la Iglesia. Ese diálogo no amplía el contenido de la revelación, porque ésta terminó con la muerte
del último apóstol. Por la tradición viva de la Iglesia se transmite toda la revelación. Y esa transmisión de lo revelado la Iglesia
lo hace con su fe, con su vida y con su praxis. La Iglesia transmite lo que ella es, lo que ella vive, lo que ella realiza, lo que ella
cree, lo que ella ha recibido de Dios. Todo lo que la tradición transmite es Palabra de Dios, esté revelado explícita o
implícitamente en la Biblia, o no se encuentre revelado en la Biblia. La Tradición tiene mayor contenido revelado que la Biblia
o Sagrada Escritura. La Iglesia no deriva la certeza de todas las verdades reveladas sólo desde la Biblia. Así queda enseñado
en este texto del Vaticano II:

“La Tradición y la Escritura están estrechamente unidas y compenetradas; manan de la misma fuente, se unen en un mismo
caudal, corren hacia el mismo fin. La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, en cuanto escrita con inspiración del Espíritu
Santo. La Tradición recibe la Palabra de Dios encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra
a los sucesores, para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su
predicación. Por eso, la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado, y así ambas se han de
recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción” (Dei Verbum, 9).

Para interpretar correctamente la Sagrada Escritura hay que seguir y aceptar el magisterio vivo de la Iglesia. El Vaticano II lo
enseña así: “El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al
Magisterio vivo de la Iglesia” (Dei Verbum, 10). Esto quiere decir que el Magisterio eclesiástico debe tenerse como norma
suprema de interpretación. Un católico no puede interpretar auténticamente la Escritura en contra de la interpretación que hace
la Iglesia. La interpretación de la Biblia no queda al criterio de los creyentes individualmente considerados, ni siquiera a los más
sabios. El Magisterio tiene el derecho y tiene el deber de decir la última palabra sobre lo que enseña la Sagrada Escritura. El
Magisterio de la Iglesia enseña que el criterio unánime de los Santos Padres es criterio de tradición divina y que nadie puede
interpretar la Biblia en contra de ese unánime consentimiento de los Santos Padres. También enseña que hay que tener en
cuenta la analogía de la fe, es decir, la consonancia de las verdades reveladas: el pasaje oscuro hay que interpretarlo a la luz
de los pasajes claros que hablan del mismo tema.

6. Estructura general de la Biblia

La Biblia es una colección de libros, una biblioteca de gran tamaño: tiene más de mil páginas. Está compuesta de dos grandes
partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Estas dos partes a su vez contienen muchas unidades menores: el AT
tiene 46 y el NT 27. Es importante fijarse en este dato y no olvidarlo: la Biblia no es un solo libro, sino 73 libros diferentes. La
misma palabra “Biblia” significa en griego “libros”. Estos escritos pertenecen a épocas y autores muy diferentes entre sí. Sin
embargo, a pesar de esta diversidad de libros, autores y épocas, es posible percibir una unidad fundamental en la Biblia:
contiene la palabra del único Dios a su único pueblo (Israel en el AT, la Iglesia en el NT). A partir de esta unidad fundamental
se pueden entender los dos “testamentos”: hay una antigua y una nueva Alianza, una antigua y nueva manera de hablar Dios
a los hombres, una promesa y un cumplimiento.

El AT contiene la historia de la promesa de Dios. De un Dios que eligió a un pueblo y lo fue educando de muchas maneras y
en diversas ocasiones a fin de hacerlo capaz de entrar en un diálogo adulto con Él. Se trata entonces de una etapa de
preparación, de una promesa de algo más pleno, de un modo de relacionarse que no es aún una relación de adultos. En el NT
tenemos el cumplimiento de la promesa: en Jesús, Dios se hace presente en medio de su pueblo. Esa presencia tan radical
inaugura un nuevo tipo de relación con Dios llamada por San Pablo “adulta” (Gal 3,25). Sin embargo, este cumplimiento es aún
inicial. Ya que se nos promete una presencia más plena de Jesús con su Segunda Venida (“Parusía”) en la cual Dios renovará
y llevará a plenitud a toda la humanidad y a nuestro mundo. Por lo mismo, el NT termina clamando “¡Ven, Señor Jesús!”.

La distribución de los diferentes libros de la Biblia es la siguiente:

6.1. Antiguo Testamento (46 libros)

No. NOMBRE Y ABREVIATURA No. NOMBRE Y ABREVIATURA


1 Génesis Gn 24 Proverbios Pr
2 Éxodo Ex 25 Cohelet Qo (Esclesiastés)
3 Levítico Lv 26 Cantar de los cantares Ct
4 Números Nm 27 Sabiduría Sb
5 Deuteronomio Dt 28 Sirácida Si
6 Josué Jos 29 Isaías Is
7 Jueces Jc 30 Jeremías Jr
8 Rut Rt 31 Lamentaciones Lm
9 1º Samuel 1 S 32 Baruc Ba
10 2º Samuel 2 S 33 Ezequiel Ez
11 1º Reyes 1 R 34 Daniel Dn
12 2º Reyes 2 R 35 Oseas Os
13 1º Crónicas 1 Cro 36 Joel Jl
14 2ª Crónicas 2 Cro 37 Amós Am
15 Esdras Esd (Esclesiástico) 38 Abdías Ab
16 Nehemías Ne 39 Jonás Jon
17 Tobías Tb 40 Miqueas Mi
18 Judit Jdt 41 Nahum Na
19 Esther Est 42 Habacuc Ha
20 1º Macabeos 1 M 43 Sofonías So
21 2º Macabeos 2 M 44 Ageo Ag
22 Job Jb 45 Zacarías Za
23 Salmos Sal 46 Malaquías Ml

6.2. Nuevo Testamento (27 Libros)

No. NOMBRE Y ABREVIATURA No. NOMBRE Y ABREVIATURA


47 Mateo Mt 61 1ª Timoteo 1 Tm
48 Marcos Mc 62 2ª Timoteo 2 Tm
49 Lucas Lc 63 Tito Tt
50 Juan Jn 64 Filemón Flm
51 Hechos de los Apóstoles Hch 65 Hebreos Hb
52 Romanos Rm 66 Santiago St
53 1ª Corintios 1 Co 67 1ª Pedro 1 P
54 2ª Corintios 2 Co 68 2ª Pedro 2 P
55 Gálatas Ga 69 1ª Juan 1 Jn
56 Efesios Ef 70 2ª Juan 2 Jn
57 Filipenses Flp 71 3ª Juan 3 Jn
58 Colosenses Col 72 Judas Jds
59 1ª Tesalonicenses 1 Ts 73 Apocalipsis Ap
60 2ª Tesalonicenses 1 Ts

6.3. Ordenación de los libros del Antiguo Testamento

De los libros del Antiguo Testamento ha habido tres ordenaciones: la hebrea, la griega o versión de los LXX y la católica. Según
la ordenación hebrea, los libros del Antiguo Testamente se ordenan en tres grupos:

La Ley: son los números 1, 2, 3, 4, 5, tal como aparecen en la lista anterior, es decir, son los libros conocidos con el nombre
de Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia.
Los Profetas: son los números 6, 7, 9-10, 11-12, 29, 30, 33, 35-46 tal como aparece en la lista anterior.
Los Escritos: son los números 23, 22, 24, 8, 26, 25, 31, 19, 34, 15-16, 13-14 tal como aparecen la lista anterior.

Según la ordenación griega, los libros se ordenan en cuatro grupos:

Legislación: son los números 1, 2, 3, 4 y 5 tal como aparece en la lista arriba indicada. Cinco en total.
Historia: son los números 6. 7, 8, 9-10, 11-12, 13-14, 15, 16, 19, 18, 17, 20-21, tal como está arriba. Dieciséis en total.
Poetas: son los números 23, 24, 25, 26, 22, 27, 28, tal como aparecen en la lista de más arriba. Siete en total.
Profetas: 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 29, 30, 32, 31, 33, 34, tal como están arriba. Dieciocho en total.

Son por tanto 46 libros, los 46 que posteriormente la iglesia católica reconoció como inspirados en el concilio de Trento. La
ordenación griega es la que se encuentra en la versión de los LXX traducción griega de la Biblia hecha en Alejandría por setenta
sabios. Es una traducción corregida y aumentada. Los traductores al encontrarse con vocablos hebreos sin equivalente en
griego forjaron un vocabulario, religioso nuevo y en ese sentido es una traducción corregida. Y también es aumentada porque
incluyeron varios libros que se leían en las sinagogas de Alejandría, pero no aceptados por la comunidad de Jerusalén. En
concreto, esos libros son: Baruc, Tobías, Eclesiástico, Judit, lª Macabeos, Sabiduría y 2ª Macabeos (los cinco primeros escritos
en hebreo y traducidos al griego, y los dos últimos escritos originalmente en griego).

Según la ordenación católica, los libros se ordenan en cuatro grupos:

Pentateuco: son los libros 1, 2, 3, 4, y 5 tal como aparecen en la lista anteriormente apuntada.
Libros históricos: son los libros 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, y 21 tal como aparecen en la lista
anteriormente apuntada.
Libros poéticos y sapienciales: son los libros 22, 23, 24, 25, 26, 27 y 28 tal como aparecen en la lista anteriormente apuntada
Libros proféticos: son los libros 29,30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45 y 46, tal como aparecen en la
lista anteriormente apuntada.

6.4. Ordenación de los libros del Nuevo Testamento

La ordenación católica de los libros del Nuevo Testamento es la siguiente:

Históricos: son los cuatro evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Didácticos: son las cartas de San Pablo y las cartas restantes conocidas con el nombre de cartas católicas.
Proféticos: El libro del Apocalipsis.
7. Formación de los libros del Antiguo Testamento

En cuanto Palabra de Dios, el Antiguo Testamento fue surgiendo como consecuencia de las preguntas que el pueblo hacía a
Dios, desde los acontecimientos de su historia y desde la experiencia:
- Del nomadismo de los patriarcas, de la esclavitud y liberación de Egipto por Moisés, de la conquista de la tierra prometida por
Josué, del reparto del país por las doce tribus, de la monarquía, del cisma y destierro a Babilonia, de la vuelta y restauración y
del contacto con los otros pueblos y culturas.

También surgió como consecuencia de las preguntas que hombres y mujeres, en un plano más individual, se hacían desde la
experiencia tenida con la ocasión:
- Del amor y del dolor, de la prosperidad y miseria, de la esclavitud y libertad, de la alegría y tristeza, de la enfermedad y de la
muerte, de la esperanza y desesperación, etc.
- Hombres que atravesaron situaciones muy diversas, a lo largo de más de mil años de historia (siglos XX-1 a. C.)
- Utilizaron distintos modos de decir, es decir, diversos géneros literarios.
- Emplearon lenguas diferentes: hebreo, arameo y griego.
- Se sirvieron de tradiciones orales que, desde Abraham y los patriarcas, fueron transmitidas de padres a hijos durante los mil
años antes citados. Estas tradiciones se refieren fundamentalmente a tradiciones sobre la historia de Israel en Egipto y en el
desierto, a narraciones de los patriarcas, a relatos sobre la creación y los orígenes del hombre y del mal, y a tradiciones sobre
Josué y los Jueces.

Las mencionadas tradiciones orales fueron puestas por escrito, aunque estos escritos no eran todavía texto bíblico. Los
estudiosos de la Sagrada Escritura o exegetas descubren cuatro tradiciones escritas en el Pentateuco:
1. Tradición yahvista (representada en el cuadro anterior con la letra J):
- Nació en Jerusalén, reino del sur.
- Es del siglo X a. C.: de la época de Salomón.
2. Tradición elohista (representada por la letra E):
- Nació en el reino del norte.
- Es del siglo VIII a. C.: de la época del rey Ezequías y del profeta Isaías.
3. Tradición deuteronómica (representada por la letra D):
- Nació en el reino del norte.
- Sus mejores frutos los dio en Jerusalén, reino del sur.
- Es del siglo VII a. C.: de la época del rey Josías.
- A esta tradición pertenece el libro del deuteronomio.
4. Tradición sacerdotal (representada por la letra P):
- Nació en Babilonia, obra de los sacerdotes judíos allí desterrados.
- Es del siglo VI a. C.: de la época del destierro y del profeta Ezequiel.

Hay que distinguir tres grandes bloques dentro de los distintos libros del Antiguo Testamento:

1. El primer bloque lo formarían aquellos libros que estuvieron precedidos de tradición. Se dividen en dos grupos:
- Los precedidos de tradición oral y, después, escrita. Son los libros del pentateuco (génesis, éxodo, levítico, números y
deuteronomio). Estos escritos fueron el resultado de la ordenación que Israel emprendió después del destierro de Babilonia en
el siglo VI a. C.
- En esta ordenación, se entremezclaron las diversas tradiciones orales y escritas. La palabra castellana C A B A LA. Proviene
de la palabra hebrea Q A B B A L A H, que significa tradición y, en concreto, tradición oral judía que explicaba y fijaba el sentido
de los libros del Antiguo Testamento en lo moral, en lo práctico, en lo místico y en lo especulativo.
- Estos cinco libros coleccionados recibieron el nombre de LA LEY (La Torá), el núcleo más importante para un judío.
- Los precedidos sólo de tradición oral y que son Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 de Reyes.

2. El segundo gran bloque está formado por los profetas:


- Sin tradición oral precedente.
- Directamente escritos por los autores inspirados.
- Son los libros de los profetas mayores y menores (según la ordenación católica ), en total, dieciocho.

3. Por último, el tercer grupo lo formarían el resto de los libros, conocidos por los judíos con el nombre de Escritos:
- Sin tradición oral precedente.
- Directamente escritos por los autores inspirados.
- Escritos entre los siglos V - I a.C.

8. Formación de los Evangelios

Antes de hablar sobre cómo se escribieron los evangelios, hay que distinguir entre el Evangelio y los evangelios. El Evangelio
es la Buena Noticia, es decir, se quiere expresar con ello la persona y la obra de Jesús, salvador del mundo. Cuando se habla
de los evangelios, nos estamos refiriendo a cuatro versiones escritas sobre la persona y la obra de Jesús, dicho de otro modo,
sobre el Evangelio. Esas versiones fueron escritas por Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

No hay que pensar que los evangelistas escribieron los evangelios, libros inspirados, como al dictado del Espíritu Santo, de
una sola vez. La Iglesia enseña que hubo tres etapas en la formación de los evangelios. La primera es la del Evangelio, es
decir, Jesús, el Hijo de Dios encarnado en María Virgen, nacido en Belén, muerto y resucitado, que nos anunció el Evangelio
del Reino. Por tanto, esta etapa está constituida, tal como decíamos más arriba, por la persona de Cristo, su vida en la tierra y
su doctrina.

La segunda etapa es la de la predicación apostólica, la de la tradición hablada y escrita. Los apóstoles, obedeciendo el mandato
de Jesús, predicaron el Evangelio donde podían y, especialmente, en las celebraciones litúrgicas. Muchas veces lo que los
apóstoles comunicaban de la vida y doctrina de Jesús era para responder y dar luz a los problemas que planteaban los
cristianos en aquellas comunidades primitivas. En esta segunda etapa, para guardar con mayor fidelidad el mensaje de Jesús
que transmitían los apóstoles:
- Los cristianos empezaron a poner por escrito lo más importante de la predicación apostólica.
- Entre esos escritos, aparecían primeramente los relatos de la pasión y resurrección de Jesús.
- Posteriormente se escribieron las parábolas y los relatos de los milagros realizados por Cristo.
- Por último, algunos episodios de la infancia del Señor.
Conviene resaltar que estas tradiciones escritas no son todavía el texto de los evangelios, pero los evangelistas los tuvieron
en cuenta para redactar sus evangelios respectivos.

La etapa tercera es la de los evangelios. Unos cuantos años después de la muerte de Cristo, los evangelistas, inspirados por
Dios, empezaron a escribir sus evangelios. No se sabe la fecha exacta. Probablemente:
- Marcos fue escrito entre los años 64 y 70.
- Lucas entre los años 70 y 80.
- Mateo no antes del 70, con probabilidad hacia el 80.
- Juan, hacia el año 90. Algunos expertos dicen que hacia el año 100.

Los evangelios no dicen todo lo que Jesús hizo y dijo, sino que escogen algo de lo mucho que se transmitía de viva voz o en
pequeños escritos. A veces reducen los datos de la tradición; otras veces, los amplían. Con ello adaptan el mensaje de Jesús
a las necesidades de la comunidad cristiana a la que van dirigidos. Por lo demás, los cuatro evangelios conservan el estilo de
la predicación evangélica, pues de ella nacieron y a ella quieren servir. Son históricos y, a la vez, testimonios de fe que quieren
conducir la fe y cambiar el corazón y la vida de los creyentes: transmiten el Cristo de la fe de las primitivas comunidades
cristianas en plena identidad con el Cristo histórico.

El Concilio Vaticano II, en la Const. Dei Verbum 19, enseña: "La Iglesia sostuvo y sostiene firmemente y con la máxima
constancia que los cuatro evangelios, cuya historicidad afirma sin ninguna duda, transmiten fielmente lo que Jesús, Hijo de
Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente ". Los evangelios, como género literario, se caracterizan por el hecho
de ser un anuncio gozoso de la vida histórica y de la doctrina de Jesús, bajo la forma de una historia de Jesús. En cuanto al
contenido y materialidad de las palabras:
- Los tres sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) tienen en común 350 versículos. Mateo y Lucas coinciden, además, en otros 230
versículos. Mateo y Marcos en 180. Por último, Marcos y Lucas en unos 100.
- La dependencia de unos evangelios sinópticos de los otros, o de documentos anteriores a los tres, que no se han conservado,
es una cuestión que la investigación, al menos por ahora, no ha logrado solucionar.
- El evangelio de San Juan, aunque presenta una estructura y desarrollo diferentes, recoge también la predicación apostólica
y tiene, por eso, muchas coincidencias con los evangelios sinópticos.

En la formación de los evangelios se pueden distinguir tres etapas:


1. La vida y la enseñanza de Jesús. La Iglesia mantiene firmemente que los evangelios... comunican fielmente lo que Jesús
hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos hasta el día en que fue levantado al cielo (Dei Verbum 19).
2. La tradición oral. “Los apóstoles ciertamente después de la ascensión del Señor predicaron a sus oyentes lo que Él había
dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo
y por la luz del Espíritu de Verdad” (Dei Verbum 19).
3. Los evangelios escritos. “Los autores sagrados escribieron los cuatro evangelios, escogiendo algunas cosas de la muchas
que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de la iglesias,
conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús”
(Dei Verbum 19).

9. Modo de citar o interpretar las citas bíblicas

Conviene tener en cuenta los siguientes apartados:

9.1. División de cada libro de la Biblia.


- Cada libro de la Biblia se divide en capítulos, que están numerados: el número suele resaltar por su tamaño y por la tinta.
- Cada capítulo, a su vez, se divide en versículos que también están numerados.
- El libro de los Salmos no tiene capítulos: van numerados los Salmos.
- Los epígrafes o títulos y subtítulos que van en los capítulos y apartes de los libros, son autoría del editor.

9.2. Signos en las citas bíblicas.


- Lo primero que se encuentra en la cita bíblica es la sigla del libro. Se encuentran también los números y junto con ellos alguno
o algunos de estos signos.
- Una coma: separa siempre el capítulo del versículo (Lc 5,4).
- Un guion: entre versículos del mismo capítulo (Mt 5,7-10), entre distintos capítulos (Mt 7-9), entre versículos de distintos
capítulos: el número que va a la izquierda del guion es versículo, y el que va a la derecha es capítulo (Lc 7,5-10,4).
- Un punto: separa versículos no seguidos, pero del mismo capítulo (Jn 10,2.5.8.15).
- Un punto y coma: separa citas distintas que, además, son de distintos capítulos, pero del mismo libro. En este caso, la sigla
del libro se pone sólo en la primera cita (Mc 2,7-9; 4,5; 7,1-4.8). Separa citas de libros distintos (Mt 1,9.12-15; Lc 8,3; Jn 1,1).

9.3. Además de lo dicho y a modo de observaciones prácticas, sería bueno tener en cuenta las siguientes:
- El número que va a la izquierda de una coma es siempre capítulo y el de la derecha es siempre versículo.
- Si sólo hay dos números y en medio un guion, los números son capítulos.
- Los números a ambos lados de un punto son versículos.
- Si va un guion en medio de dos números, y el de la izquierda va precedido de una coma y el de la derecha va seguido también
de coma, el número de la izquierda del guion es versículo y el de la derecha es capítulo.

10. El canon bíblico

La inspiración es antes que la canonicidad. La inspiración se da al escribir el libro, y depende de Dios. La canonicidad se da,
cuando la Iglesia reconoce como inspirado un libro. Depende por tanto de Dios y de la Iglesia. De ahí que suela decirse: “Dios
inspira el libro, la Iglesia lo canoniza”. Un libro, pues, es canónico, en cuanto que está recibido por la Iglesia en el canon. Y
todo libro canónico es inspirado, sin embargo, al menos como posibilidad no todo libro inspirado es canónico. Pueden existir
libros inspirados, que se han perdido y que no se encuentran en el canon bíblico. Suele ponerse como ejemplo de este caso,
la carta a los de Laodicea.

Llamamos canon de la Escritura o canon bíblico a la lista, catálogo o colección de libros que la Iglesia ha declarado como
inspirados y que reciben con especial veneración en virtud de su origen divino. Según esto, se llama libro canónico, en sentido
bíblico, a aquel libro que:
- es tenido en la Iglesia por regla (kanón) de fe y costumbres (dogma y moral),
- porque está inspirado por Dios,
- y, en cuanto tal, ha sido entregado a la misma Iglesia.

Para entender el significado de la palabra regla (kanón, en griego) hay que conocer que:
- La palabra kanón probablemente viene de la palabra semita Q A N E H, que significa caña, vara recta.
- En literatura clásica, canon, significa vara recta para sostener derecha una cosa y, de ahí, derivó su significado a la regla de
la que se valían los artífices para medir las cosas o hacerlas rectas.
- En la literatura eclesiástica, canon significa, para los Santos Padres, la norma de fe y de verdad, es decir, la doctrina de los
Apóstoles. Como esta doctrina de los Apóstoles se manifiesta especialmente en la Sagrada Escritura y en los Concilios, desde
el siglo IV, a los libros de la Biblia se les llamó canónicos; a la colección de libros de la Biblia, canon de la Sagrada Escritura.

10.1. Canon judío y canon católico

El canon judío es una colección de libros que los judíos tuvieron como libros sagrados. Hay dos cánones:

1. El canon de Palestina: son los libros que utilizaban los judíos de Palestina. En concreto, son los protocanónicos del Antiguo
Testamento más, el 3° y 4° de los Macabeos y las Odas. Estos tres últimos no los admite el canon católico.
2. El canon alejandrino: son los que usaban los judíos helénicos, los de la Diáspora. En concreto, son los protocanónicos y los
deuteronómicos del Antiguo Testamento.

El canon católico son los libros que los católicos tenemos como sagrados, enumerados por el Concilio de Trento en su cuarta
sesión (D. 784), cuyo texto es el siguiente:

“El sacrosanto ecuménico y universal concilio de Trento, legítimamente reunido en el Espíritu Santo, bajo la presidencia de los
tres mismos Legados de la Sede Apostólica, poniéndose perpetuamente ante sus ojos que, quitados los errores, se conserve
en la Iglesia la pureza misma del Evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras Santas, promulgó
primero por su propia boca Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, y mandó luego que, fuera predicado por ministerio de sus
apóstoles a toda criatura…como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres; y viendo perfectamente
que esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en
mano, han llegado hasta nosotros desde los apóstoles, quienes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo, o bien por
inspiración del Espíritu Santo; siguiendo los ejemplos de los Padres Ortodoxos, con igual afecto de piedad e igual reverencia
recibe y venera todos los libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, como quiera que un solo Dios es autor de ambos
y también las tradiciones mismas que pertenecen ora a la fe ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Espíritu
Santo dictadas y por continua sucesión conservadas en la Iglesia Católica. Ahora bien creyó deber suyo escribir a este decreto
un índice (o canon) de los libros sagrados, para que a nadie pueda ocurrir duda sobre cuáles son los que por el mismo concilio
son recibidos. Son los que a continuación se escriben: (a continuación, todos los libros del AT y NT).

Y si alguno no recibiere como sagrados y canónicos los libros mismos íntegros con todas sus partes, tal como se han
acostumbrado a leer en la Iglesia católica y se contienen en la antigua edición vulgata latina, y despreciare a ciencia y conciencia
las tradiciones predichas, sea anatema. Entiendan, pues, todos, por qué orden y camino, después de echado el fundamento
de la fe ha de avanzar el concilio mismo y de qué testimonios y auxilios se ha de valer principalmente para confirmar los dogmas
y restaurar en la Iglesia las costumbres”.
El canon bíblico católico, además de ser recogido en el concilio de Trento (año 1546), tal como acabamos de ver, se halla
reconocido implícitamente también en el Concilio Vaticano I (año 1870), sesión tercera (D. 1787), en cuanto que afirma que los
libros del canon son los que enumera el concilio de Trento y se contienen en la vulgata latina. Lo que hacen estos dos concilios
es confirmar la Tradición Apostólica, que aparece claramente desde el siglo IV.

Las normas que se tuvieron en cuenta para saber si un libro era o no canónico fueron:
1. Saber si había sido citado por Cristo o los apóstoles como Escritura divina.
2. Saber si había sido citado como Escritura divina en las obras de origen y tradición cristiana. Todos los de la versión de los
setenta fueron citados como inspirados por los Santos Padres de los siglos primero y segundo.

De esto se concluye que la Iglesia recibió el catálogo de los Libros Sagrados de Cristo y de los apóstoles, verdad que ha sido
confirmada por el magisterio infalible de la Iglesia, en los concilios antes citados, y el magisterio de la Iglesia es para los
católicos el criterio de canonicidad y de absoluta certeza.

10.2. El canon del Nuevo Testamento

Como punto de partida, hay que tener en cuenta estas tres cosas:
- En tiempos de Cristo, existía entre los judíos una firme persuasión, aprobada por el mismo Cristo y por los apóstoles, de que
los libros del Antiguo Testamento estaban inspirados por Dios y, por tanto, divinos.
- Los primeros cristianos, las comunidades primitivas, tenían la misma veneración a las cartas y escritos de los apóstoles que
los judíos, Cristo y los apóstoles tenían a los libros del Antiguo Testamento.
- Más aún, los mismos apóstoles mandan, algunas veces, que sus cartas sean leídas públicamente (Tes 5,27; Ap 1,3) y que
se leyeran en otras iglesias (Col 4,16).

En la formación de este canon, hubo un proceso gradual:


- No consta que Cristo escribiera o mandara escribir a los apóstoles. Les mando predicar, cosa que hicieron. Este fue el período
de la " catequesis oral".
- Posteriormente, empiezan a aparecer los escritos neotestamentarios, no antes del año 40 y no más tarde de la década de los
90. Se puede decir que el proceso en la " canonización" de los evangelios y las cartas de S. Pablo terminó pronto. De las cartas
de S. Pablo dirá ya S. Pedro: "Muchos las interpretan mal, lo mismo que las demás Escrituras " (II Pet 3,16).

En cuanto a los demás libros, el proceso fue más lento, porque existieron dudas hasta el siglo IV respecto a algunos libros:
- En los tres primeros siglos, se admitieron como inspirados los 27 libros del Nuevo Testamento. Veinte de ellos, siempre y en
todas las iglesias. Siete de ellos, o no siempre o no en todas las iglesias. Son los deuteronómicos, más en concreto, Hebreos,
Santiago, II de S. Pedro, II y III de S. Juan, S. Judas y Apocalipsis.
- A las dudas, en cuanto a la canonicidad de estos siete libros, colaboraron no poco los libros apócrifos, escritos difundidos por
herejes, con títulos y argumentos parecidos a los canónicos, que se presentaban como inspirados y que, sin embargo,
enseñaban doctrinas falsas. Al final del tema, se hablará más ampliamente de estos libros.
- De estas dudas, surgió la necesidad de establecer qué libros eran de origen divino. A finales del siglo IV, desaparecieron casi
todas las dudas, como se ha apuntado anteriormente.

10.3. Libros apócrifos

Apócrifo quiere decir oculto; se dice de una cosa sustraída a la vista, escondida, secreta. Para los católicos, libro apócrifo es lo
mismo que libro no canónico. Los protestantes llaman apócrifos a los libros que nosotros llamamos deuterocanónicos, y a los
que nosotros designamos con el nombre de apócrifos ellos los llaman pseudoepígrafos, es decir, escritos con nombre falso.
Los escritos apócrifos del Antiguo Testamento se deben, en parte, al deseo de agregar a la Ley nuevas tradiciones o
exhortaciones morales, y también al deseo de completar la historia bíblica. Todos los libros apócrifos del Nuevo Testamento
fueron escritos por los cristianos. La mayor parte de las veces, tenían por objeto satisfacer la curiosidad de los fieles. Para ello,
narraban muchas cosas, unas veces piadosas, otras pueriles, acerca de la infancia de Cristo, de su vida pública, del nacimiento
de la Santísima Virgen, etc. Los que se deben a los herejes tenían por objeto proponer y justificar los errores de su secta.

Estos libros apócrifos pretendían pasar como canónicos, al amparo de su falsa atribución a autores inspirados, pero la Iglesia
no los ha reconocido como tales. Algunos de los libros apócrifos son los siguientes:
1. Del Antiguo Testamento: el libro de los Jubileos, los libros In y IV de Esdras, la oración de Manasés, los libros III y IV de los
Macabeos, los Salmos y las Odas de Salomón, el libro de Henoch, los oráculos de las Sibilas...
2. Del Nuevo Testamento: el Protoevangelio de Santiago, el Tránsito de María, las Actas de Pablo, el Evangelio según los
Hebreos, la Carta de nuestro Señor Jesucristo a Abgaro...

¿Es posible que se hayan perdido libros sagrados? A esta pregunta hay que responder que, si tal libro no era de utilidad para
la Iglesia, no parece imposible su pérdida antes de establecerse el canon y, por lo tanto, enumerarse los libros canónicos. De
hecho, en el Nuevo Testamento se habla de una carta a la Iglesia de Laodicea, que se ha perdido y que, tal vez, era libro
sagrado. De hecho, no se ha perdido ningún libro, después de declarar la canonicidad de estos.

Si se hallara hoy algún libro supuestamente inspirado, ¿podría añadirse al canon católico? La respuesta es negativa, si se trata
de libros posteriores a los apóstoles, porque la Revelación terminó con la muerte del último apóstol. Si, por el contrario, se
tratara de libros anteriores a la muerte del último apóstol, como la carta a los de Laodicea, sería posible, en teoría, agregarlos
al canon, si así lo decretara la autoridad eclesiástica tras detenido estudio. En la práctica sería muy difícil que se aceptara un
cambio pues dicho libro no habría hacho parte de la Tradición en la conformación de las comunidades cristiana a lo largo de
estos 2000 años de historia y de su crecimiento en la fe.

11. Etapas de la historia sagrada que aparece en la Biblia

Etapas de la historia del pueblo de Israel:

11.1. Los Patriarcas: Los antepasados del pueblo de Israel vivieron como nómadas, agrupados en clanes que tenían un origen
común. Este origen era un hombre al que llamaban patriarca. Los patriarcas fueron Abraham (+ 1800 a. C.), Isaac, Jacob y sus
doce hijos, entre los cuales resalta José. Sobre los doce hijos de Jacob se fundamentaron las doce tribus de Israel. Esta etapa
de los patriarcas duró desde el siglo XX al siglo XIV a. C., ambos incluidos.

11.2. El Éxodo: Esta etapa tuvo lugar en el siglo XIII a. C. y el libro del Éxodo narra todo lo que en ella sucedió desde la
liberación de Egipto hasta la tierra prometida. El protagonista fue Moisés.

11.3. La tierra prometida: Esta nueva etapa abarca los siglos XII y XI a. C. La tierra prometida se llamaba entonces Canaán,
después recibiría el nombre de Palestina. Los protagonistas fueron Josué, que introdujo al pueblo en la tierra prometida y los
jueces entre los que resaltan Débora, Gedeón y Jefté.

11.4. Los reyes: Esta etapa dura aproximadamente desde el siglo X hasta el comienzo del siglo VI. Los reyes principales
fueron Saúl, David, Salomón, Exequias y Josías. Resaltan en ella, como profetas, Samuel, Elías, Eliseo, Amós, Óseas, Isaías,
Miqueas, Sofonías, Nahúm, Jeremías y Habacuc. A la muerte de Salomón, que construyó el templo de Jerusalén, el reino se
dividió en dos:
- Reino del norte, llamado de Israel, con capital en Samaria. En él reina Jeroboam.
- Reino del sur, o de Judá, con capital en Jerusalén. En él reina Roboam.
Samaria cayó en poder del rey asirio Sargón I en el año 721 a. C., desapareciendo el reino del norte. Jerusalén cayó en poder
del rey de Babilonia, Nabucodonosor, en el año 587 a. C. y deportó a Babilonia a los israelitas más influyentes, empezando así
lo que se conoce con el nombre del destierro en Babilonia.

11.5. El destierro: Los del norte sufrieron el destierro, como queda dicho, en Asiria y los del sur en Babilonia. Durante su
cautiverio en Babilonia, los judíos mantienen su fe gracias a los sacerdotes y al profeta Ezequiel. El destierro de Babilonia
terminó en el año 538 a.C. gracias al edicto de Ciro el Grande; aunque con el edicto de Ciro todos podían volver a su patria,
no todos los judíos volvieron de hecho. Esto dio origen al nacimiento de la Diáspora. Las comunidades judías que no viven en
Palestina organizan su vida religiosa en torno a la sinagoga, lugar para la oración y para interpretar y enseñar la Ley.

11.6. El Retorno. El judaísmo: Dura esta etapa desde comienzos del siglo V al siglo I a. C. Son los últimos cinco siglos que
preceden al nacimiento de Jesús de Nazaret, y en ellos los judíos soportaron el dominio de Persia, Grecia y Roma. En el
dominio persa:
- Gozan de una cierta independencia política.
- El sacerdote Esdras reconstruye el templo de Jerusalén (año 515 a. C.)
- El gobernador Nehemías reconstruye las murallas de Jerusalén (año 423 a. C.)
- En este periodo surgen los profetas Ageo, Zacarías, Abdías y Joel.
En el dominio griego:
- Los judíos experimentaron el influjo de la cultura griega extendida por Alejandro Magno (año 323 a. C.), una vez conquistada
Palestina.
- En tiempos de uno de sus sucesores, Antíoco IV Epífanes (años 175-163 a. C.) estalla la rebelión de los macabeos.
En el dominio romano:
- Los judíos quedan incorporados, en tiempos de Pompeyo (año 63 a. C.), a la provincia romana de Siria.
- Siendo Octavio Augusto emperador de Roma, Herodes el grande gobernaba Palestina, como rey aliado. Durante su reinado
nació Jesús, el Mesías anunciado por los profetas.

12. Recorrido descriptivo por la Biblia

Haremos ahora un recorrido descriptivo de la Biblia poniendo especial énfasis en los “categorías” de libros que la Sagrada
Escritura tiene.

12.1. Antiguo Testamento

12.1.1. Pentateuco

Este grupo de 5 libros constituye la Ley de Israel, la que a veces es conocida con el nombre de “Torah”. En ellos se relata el
origen del mundo y de Israel como pueblo. Contiene códigos legales de distintas épocas. Su proceso de composición es
complejo: a partir de diversas tradiciones orales, varios autores van escribiéndolo en los siglos X al V a.C. Los libros son los
siguientes:

a) Génesis. Es el libro de los orígenes. En él se relatan los orígenes del mundo (caps. 1-11) y de Israel. Respecto del Pueblo,
se relata la historia de los patriarcas Abrahán, Isaac, Jacob y José.
b) Éxodo. Relata la situación de opresión, la actividad de Moisés en pro de su liberación que culmina con la milagrosa salida
de Egipto, y la realización de la Alianza en el monte Sinaí. Contiene algunos códigos legales muy antiguos.
c) Levítico. Contiene las prescripciones cultuales de Israel. Señala cómo deben efectuarse los sacrificios y otros actos rituales.
d) Números. Relata las distintas etapas de la vida del Pueblo en el desierto; cuando, después de haberse encontrado con Dios
en el monte Sinaí, va lentamente caminando hacia la tierra de Canaán. Contiene algunos códigos legales.
e) Deuteronomio. El nombre de este libro significa “Segunda Ley”, ya que en él se vuelve a formular la Ley del Sinaí en la forma
de una serie de discursos puestos en boca de Moisés cuando el Pueblo está a punto de entrar a la tierra prometida. El libro
termina con la muerte de Moisés.

12.1.2. Los libros históricos

Relatan la historia de Israel mostrando su sentido religioso. A veces contienen varias versiones de un mismo hecho. Al interior
de este grupo se puede distinguir algunos conjuntos:

12.1.2.1. La historia deuteronomista


Se trata de un relato continuo que va desde la conquista de Canaán hasta el exilio de Babilonia. Los libros son los siguientes:

a) Josué. Relata la conquista de una manera idealizada. El personaje central es Josué, sucesor de Moisés.
b) Jueces. Presenta otra versión de la conquista, mucho más realista que el libro anterior. El pueblo es conducido por los
“jueces”, que son guerreros “carismáticos” (es decir, no profesionales).
c) 1 Samuel: relata los episodios que llevaron a la instauración de la monarquía en Israel con el gobierno de Saúl.
d) 2 Samuel. Relata el reinado de David, principal rey de Israel.
e) 1 Reyes. Relata el reinado de Salomón, el Cisma y los primeros años de los “reinos paralelos”.
f) 2 Reyes. Relata la historia de los reinos de Israel (Norte) y Judá (Sur) hasta su desaparición.

12.1.2.2. La historia sacerdotal

g) 1 y 2 Crónicas. Relata la misma historia que el bloque anterior, pero con otra perspectiva. Le interesa resaltar los elementos
cultuales de Israel que adquirieron gran importancia durante y después del Exilio. Se presentan como un complemento a la
historia deuteronomista.
h) Esdras y Nehemías. En la misma perspectiva que los dos anteriores relatan los primeros años del judaísmo.

12.1.2.3. Historias “edificantes”

i) Rut, Tobías, Judit y Ester. Historias “edificantes” de personajes que efectuaron historias de liberación. Son más bien ficticios.
Están escritos en la época del judaísmo.

12.1.2.4. Los libros de los Macabeos

j) 1 y 2 Macabeos. Relatan distintos episodios de la guerra de guerrillas llevada a cabo por la familia de los Macabeos durante
la dominación griega.

12.1.3. Libros Poéticos (Lírica)

La tercera categoría de libros del AT es la de los “libros poéticos”. No se trata de los únicos textos poéticos del AT (ya que más
o menos un tercio de éste es poético) sino de escritos en los cuales su carácter poético es lo que está en primer plano.

k) Salmos. Colección 150 oraciones de Israel compuesta a lo largo de casi todo el AT.
l) Cantar de los Cantares. Colección de poemas de amor de Israel utilizados, al parecer, en celebraciones matrimoniales.
ll) Lamentaciones de Jeremías. Oraciones en las que se lamenta la ruina de Jerusalén después de su devastación por los
babilónicos.

12.1.4. Libros Sapienciales

La cuarta categoría de escritos del AT es la de los “sapienciales”. Se trata de la “sabiduría” de Israel. A diferencia de la filosofía
griega, se trata de un conjunto de proverbios, poemas, y otros géneros que pretenden transmitir una sabiduría práctica para
alcanzar el éxito y la felicidad en la vida. Se distinguen de todos los otros escritos del AT en casi no se nombra a Dios, a Israel
y a la Alianza; en cambio, contienen una profunda reflexión sobre el hombre en general y su mundo.

m) Job. Relato ficticio que, mediante la forma literaria de un juicio público, presenta el problema de la justicia de Dios. La
acusación de Job a Dios es ¿por qué los pecadores prosperan en la vida, mientras que a los justos les va mal?
n) Proverbios. Recopilación de refranes de sabiduría popular. La colección, que recoge proverbios muy antiguos, está precedida
de un canto que exalta el origen divino de la Sabiduría.
ñ) Eclesiastés (o Qohélet). Ácida crítica a las concepciones tradicionales de la sabiduría; por ejemplo, a la “doctrina de la
retribución”, que sostenía que Dios proporcionaba bienestar a los justos y desgracia a los injustos. El autor dirá, sin ambages,
que al justo e injusto les espera como destino el “Sheol” o lugar de los muertos. No existe aún en esta época la fe en la
resurrección.
o) Sabiduría. Es el último líbro del AT. Resalta a la Sabiduría divina, mostrándola presente en el mundo y en la historia. Junto
a 2 Macabeos, son los únicos libros que afirman la resurrección de los justos.
p) Eclesiástico (o Sirácida). Colección de proverbios con algunos discursos sobre la Sabiduría divina.

12.1.5. Libros Proféticos

El profeta es un hombre escogido por Dios para anunciar al Pueblo su Palabra. Ésta juzga la vida presente de Israel, en todas
sus dimensiones, a la luz de la Alianza. El profeta anuncia las consecuencias que acarrea la fidelidad o infidelidad al Pacto:
bendición y prosperidad en el primer caso, maldición y desgracia en el segundo. Los libros proféticos están ordenados de mayor
(tamaño) a menor. De acuerdo con ello, se puede hablar de “profetas mayores” (los que tienen libros más largos) y “profetas
menores” (con libro breve).

q) Profetas mayores. Son: Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel.


r) Profetas menores. Son: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías,
Malaquías.

12.2. Nuevo Testamento

12.2.1. Evangelios Sinópticos

Se conocen con este nombre los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, a causa de su idéntico esquema para presentar la vida
de Jesús que permite ponerlos en tres columnas y darles una “mirada de conjunto” (=sinópsis). Los evangelios son obras
tardías. Antes de ellos, las acciones y palabras de Jesús se transmitieron, primero, oralmente y después en pequeñas
colecciones escritas. El evangelio más antiguo, Marcos, fue compuesto poco antes del año 70; por lo que, entre la Pascua de
Jesús y él, hay un lapsus de unos 30 años.

a) Mateo. Su autor no es Mateo-Leví de los Doce, como se ha creído tradicionalmente, sino un judeocristiano desconocido que
se dirige a una comunidad cristiana judía. Presenta a Jesús en estrecha conexión con el AT. Es escrito entre los años 70 a 90,
probablemente en Antioquía.
b) Marcos. Escrito entre el 60 y 70 por Juan Marcos, ayudante primero de Pablo y después de Pedro. Los destinatarios son
cristianos gentiles, probablemente de Roma. Este evangelio fue conocido por los autores de Mateo y Lucas.
c) Lucas. Ayudante de Pablo y de origen gentil, escribe su evangelio para una comunidad griega entre los años 70 y 90. Este
evangelio continúa en el libro de “Hechos de los Apóstoles”, del mismo autor.

12.2.2. Evangelio de Juan

Fue compuesto en sucesivas redacciones en un largo período de tiempo que va desde unos años antes del 70 hasta
aproximadamente el año 90. Sus autores pertenecen a comunidades fundadas por el apóstol Juan, de los Doce. Se cree que
el apóstol fundó una especie de “escuela” de discípulos suyos que elaboró este evangelio bajo su dirección.

12.2.3. Hechos de los Apóstoles

Se trata de una historia de la difusión del cristianismo a partir de la ascensión de Jesús y Pentecostés hasta la llegada de Pablo
a Roma, capital del Imperio. Escrita por el evangelista Lucas, es una especie de “segunda parte” del evangelio. Fue escrito
poco después de éste.

12.2.4. Cartas de Pablo


Se trata de la correspondencia que el apóstol Pablo mantiene con las comunidades fundadas por él (precisamente de esas
comunidades toman las cartas su nombre). A partir de preguntas o problemas concretos planteados por las ellas, el apóstol
comunica su pensamiento en numerosos asuntos de la vida cristiana. El punto de partida de Pablo es la muerte y resurrección
de Jesucristo del cual saca sus consecuencias para la vida del cristiano. Estas cartas son los escritos más antiguos del NT. Su
ordenación no es cronológica sino por tamaño (de más larga a más corta). Sabemos que la carta más antigua (la 1
Tesalonicenses) fue escrita en el año 51, la última que se puede datar con seguridad es Romanos, escrita el 58.

No todas las cartas que se atribuyen al apóstol son suyas. Se consideran con seguridad de él: Romanos, 1 y 2 Corintios,
Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses, Filemón. No son de él: Efesios, 1 y 2 Timoteo, Tito, Hebreos. Se discute si son de Pablo:
Colosenses y 2 Tesalonicenses. Las cartas van en el siguiente orden: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses,
Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos.

12.2.5. Epístolas Católicas

Se trata de 7 cartas que van dirigidas por varios autores a todos los cristianos (de ahí su nombre de “católicas”, que significa
“universales”).

a) Santiago. Esta carta es un escrito de carácter sapiencial, en el cual se combate fuertemente a una fe que no se traduzca en
solidaridad con los pobres. Probablemente la escribió Santiago, el “hermano del Señor” (que no es el de los Doce), quien
gobernó la comunidad de Jerusalén entre el 41 y el 62. Se debate mucho la fecha de composición de esta carta. Algunos la
ubican en los años 60 y otros en los 80.
b) 1 Pedro. Se discute si fue escrita por Pedro o por un cristiano anónimo que usa de su autoridad. En el primer caso, estaría
escrita antes de la muerte del apóstol el año 64; en el segundo sería de la década del 70. Busca animar a comunidades rurales
de Asia Menor que comenzaban a sufrir persecuciones.
c) 2 Pedro. Escrito tardío (probablemente de fines del siglo I), que no pertenece al apóstol, y que busca responder al problema
del retraso de la Parusía (o Segunda Venida de Cristo).
d) 1, 2 y 3 Juan. Probablemente fueron escritas por un autor anónimo perteneciente a la “escuela joánica”, tal vez el redactor
final del Evangelio de Juan. Su datación se estima en torno al año 100. Ante un cisma que remece a la comunidad, el autor
insiste en la realidad humana de Jesús y en el mandamiento del amor.
e) Judas. Carta escrita a fines del siglo I por un judeocristiano que pone su obra bajo la autoridad de Judas Tadeo, de los Doce.
Utilizando un lenguaje apocalíptico, advierte a los cristianos que no se dejen seducir por unos “falsos maestros”, que están
actuando al interior de la comunidad sembrando confusión.

12.2.6. El Apocalipsis

Esta obra fue escrita durante la persecución que sufrió la Iglesia en tiempos del emperador Domiciano, a fines del siglo I. Su
autor pertenece a la “escuela joánica”, por eso el escrito es puesto en boca del apóstol Juan. Mediante un lenguaje recargado
de símbolos tomados del AT, la obra busca animar a los cristianos perseguidos presentando una visión cristiana de la historia.
Aparentemente el Imperio opresor, y las fuerzas del mal que están detrás, están consiguiendo una victoria definitiva frente a la
Iglesia perseguida; sin embargo, ello no es así. Quién mueve los hilos de la historia es Cristo y de Él es el triunfo final que
ocurrirá en la Parusía. En ella Jesús derrotará no sólo al Imperio sino a todas las fuerzas del mal.

13. Recorriendo la geografía y la historia bíblicas

13.1. Geografía bíblica

Los relatos bíblicos se ubican geográficamente en el Oriente Medio. La tierra dada por Dios a su pueblo es el territorio de
Canaán o Palestina (el mismo que ocupa actualmente Israel) A partir de este lugar central la historia bíblica tendrá
ramificaciones a Egipto, en tiempos del Éxodo; a Babilonia (actualmente Bagdad, en Irak), en tiempos del Exilio, y al Asia Menor
(actualmente Turquía), Grecia y Roma, en tiempos de los apóstoles.
El territorio bíblico por excelencia, en todo caso, es Palestina. Ésta es una angosta franja de tierra que tiene la forma de un
trapecio cuya base inferior mide unos 100 kms y la superior unos 50; su altura es de unos 220 kms. El mediterráneo lo limita al
oeste y el valle del Jordán (una profunda hendidura o falla geológica) por el este. El territorio de puede dividir en tres franjas
imaginarias y paralelas: a) la costa, b) la montaña central, c) el valle del Jordán. Las presentaremos recorriéndolas de norte a
sur:

a) La zona costera. La costa palestinense es suave y arenosa, formando en algunos lugares amplias dunas. El único puerto
natural es el formado al pie del Monte Carmelo (de hecho, los únicos puertos de que disponen los judíos son los de Jafa y
Cesárea; este último construido en tiempos de Herodes el Grande, poco antes del nacimiento de Jesús). Esta realidad mantuvo
a Israel siempre alejado del mar, que fue visto más como un peligro potencial que como un campo de trabajo.

b) La montaña central. Con este nombre se conoce la zona comprendida entre la llanura costera y el valle del Jordán. Al
recorrerla de norte a sur se puede distinguir en ella las siguientes secciones:
- Galilea: Situada en el norte, es una zona de colinas suaves y fértiles, intensamente cultivadas (trigo, cebada) y con mucha
población. En la baja Galilea se concentra la mayor cantidad de habitantes de Israel, los que habitan en pequeñas aldeas. Se
trata de la zona donde Jesús desempeña la mayor parte de su ministerio. Al sur de Galilea, y separándola de Samaria se
encuentra un fértil valle conocido como llanura del Esdrelón o Valle de Yisreel. Es la zona agrícola más fértil de Palestina con
1546 metros de altura
- Samaria. Constituye el corazón geográfico del país. Zona montañosa que se levanta al sur de Yizreel. En el sector norte, o
“baja Samaria”, hay pequeños valles fértiles entre las montañas.
- Judea. Región de montañas más altas, quebradas y secas. En el centro de esta zona se encuentra la ciudad de Jerusalén.
Hay un fuerte contraste entre el sector occidental (hacia el Mar Mediterráneo) y el sector oriental (hacia el Jordán). El primero
tiene sectores más planos y recibe lluvias que permiten una agricultura no despreciable (hay además viñas, olivos, y una gran
variedad de árboles frutales). El segundo es abrupto y seco, hasta el punto de ser conocido como el “Desierto de Judá”.

c) El valle del Jordán. El río Jordán tiene su origen en una serie de arroyos que nacen en las laderas del monte Hermón (2.814
mts) y que se reúnen en el pantano Hulé. Éste se encuentra a 2 mts sobre el nivel del mar. Saliendo de este pantano el Jordán
baja rápidamente hasta llegar al lago de Genesaret (o lago-mar de Tiberíades, o mar de Galilea; 212 ms. bajo el nivel del mar).
Este lago tiene 21 kms. de largo por 10,5 kms. de anchura máxima. Sus aguas son cristalinas y con abundante pesca (en ellas
se desarrollan todas las escenas de pesca de los evangelios). En su sector occidental hay una amplia y fértil llanura que fue
muy cultivada y habitada desde la antigüedad. Allí se ubican muchos de los pequeños pueblos a los que hacen referencia los
evangelios. El lado oriental es seco y árido, con laderas abruptamente cortadas; es una región casi deshabitada. Del sur del
lago renace el río Jordán, bajando hasta llegar al Mar Muerto. Debido a los numerosos meandros del río se forma una tupida
vegetación que contrasta con la sequedad del valle rodeado de secas montañas. El Jordán desemboca y termina en el Mar
Muerto. Este es un lago que se encuentra a 392 mts bajo el nivel del mar. Por lo mismo, carece de desagüe, manteniéndose
su nivel por evaporación. Esta especial característica ha elevado tanto la salinidad de sus aguas que es imposible la vida en
ellas. De ahí proviene su nombre. Los sectores adyacentes a este lago son muy desérticos.

El territorio de Palestina no es muy grande. La superficie total está en torno a los 10.000 kms cuadrados (Colombia tiene casi
1’142.000 kms cuadrados). Las distancias son cortas, aunque los caminos no siempre son fáciles (de Jerusalén a Nazaret hay
unos 140 km; más o menos la distancia de Bogotá a Espinal - Tolima).

13.2. Historia bíblica

La historia que aparece en la Biblia se ha dado a llamar “Historia de la Salvación”. Esta historia cuenta con muchos “capítulos”,
los cuales pueden decirnos mucho si contamos con algunas pistas de actualización. El recorrido será el siguiente; cada
“capítulo” contendrá un conjunto de textos en los que están los principales hechos de un determinado período histórico; la
lectura irá acompañada de preguntas que sirvan de guía; vendrá después de una explicación de los aspectos más importantes,
tanto de la lectura como de la etapa histórica, y, finalmente, una reflexión que pretende ayudar a descubrir las similitudes de la
historia del Pueblo de Dios con la nuestra. Por supuesto que se tendrán en cuenta los momentos más significativos de esta
historia y la literatura más representativa de éstos “capítulos”.
13.2.1. Abraham y el camino hacia la promesa

Lectura: Génesis 11,27 - 19,38; 21,1-7; 22,1-19; 23; 25,7-11.

Preguntas: Abraham es considerado por el Antiguo y Nuevo Testamento el “padre de la fe”. ¿Qué misión encomienda Dios a
Abraham?, ¿qué le promete? ¿Cómo responde Abraham? ¿En qué gestos Abraham muestra su fe? ¿En qué gestos Abraham
flaquea en su fe? ¿Cómo se cumple la promesa de Dios?

13.2.1.1. Síntesis:

Abraham es el jefe de un clan “hebreo” (es decir, de aquellos pastores seminómadas que vivían en las fronteras de los grandes
imperios) de la zona de Ur, ciudad de la baja Mesopotamia. Allí es llamado por Dios para darle la misión de formar un pueblo
que sea el gran intermediario entre Dios y la humanidad (12,3: “por ti se bendecirán todas las naciones de la tierra”); para ello
le promete 3 cosas: a) una tierra, b) una descendencia numerosa, y c) una especial intimidad con Dios (que se concreta en la
Alianza).

La promesa hecha por Dios corresponde a los principales anhelos de un grupo de pastores itinerantes: tener un territorio propio
para transformarse en agricultores y, con ello, vivir una vida menos dura; ser lo suficientemente numerosos para defenderse
en un medio tan hostil como es el del Cercano Oriente. Lo más original es la tercera promesa: la compañía y ayuda de Dios en
este peregrinar. Estas promesas constituirán el hilo de la historia relatada en el Antiguo Testamento. ¿Cómo responde
Abraham? Haciendo algo: emprende el camino confiado en las promesas de Dios. Ellas parecen especialmente
desconcertantes si se toma en cuenta que él y su mujer Sarah son ancianos y no pueden concebir; y, además, que Dios los
hace vivir como “extraños y forasteros” en la tierra que les ha prometido. En todo este relato, por supuesto, hay mucha
exageración; sin embargo, el mensaje es claro: hay que apoyarse más en las fuerzas de Dios que en las propias posibilidades.
Al final, Abraham recibirá como anticipos y “primicias” de las promesas a su hijo Isaac y una pequeña parcela de tierra para
enterrar a su familia. El cumplimiento pleno demorará varios siglos.

Los descendientes de Abraham son Isaac y después Jacob (hijo del primero). Este último (llamado también Israel) es el padre
de 12 hijos que serán, a su vez, las “cabezas” de las futuras 12 tribus de Israel. Debido a una hambruna en Palestina, Jacob y
sus hijos se trasladan a Egipto. Allí al cabo de varios siglos llegan a ser un pueblo numeroso. Desde el punto de vista histórico,
los especialistas están de acuerdo en que se trata de textos legendarios. Los patriarcas existieron (algunos de ellos), pero los
acontecimientos que se les atribuyen son ficticios; lo que no impide encontrar en estos relatos orientaciones permanentes para
la fe cristiana.

13.2.1.2. Explicación de algunos textos:

Interpretar correctamente los textos del Gn presupone conocer ciertos antecedentes como la formación del Pentateuco (los 5
primeros libros de la Biblia), y el modo como se integraron los clanes hebreos a la cultura cananea de la Palestina del Segundo
Milenio antes de Cristo.

La formación del Pentateuco

Nuestro actual Pentateuco es fruto de un largo proceso de composición que abarca varios siglos. En un primer momento, los
hechos que narra (los patriarcas y el éxodo), las leyendas y textos legales que contiene se transmitieron oralmente en
“pequeñas unidades” completamente independientes entre sí. Sólo a partir del reinado de Salomón (s. X a.C.), surge la primera
“historia global” del pueblo, que abarca desde la creación hasta poco antes de la conquista, por un escritor anónimo de la corte
de Salomón al que llamamos “yahvista” (J). Esta historia recopila estas pequeñas unidades y forma con ellas un relato que
tiene un sentido global. Un intento parecido realiza en el Reino del Norte un grupo de autores que llamamos “elohista” (E) hacia
los siglos IX - VIII a.C. un tercer grupo de autores une las dos obras anteriores fundiéndolas en una sola unidad y añadiéndoles
ciertos detalles. Se trata de el “deuteronomista” (D) (s VII). Por último, una agrupación de sacerdotes de la época del Exilio
compone otra historia de Israel y la une al Pentateuco dándole a este último su forma final a comienzos del judaísmo (el
“sacerdotal” o “P”).

Características de los cananeos

Se trata de una cultura urbano-agrícola altamente sofisticada, que se traduce en el amplio cultivo del suelo, las ciudades
amuralladas y la fundación de santuarios dedicados a los dioses El y Baal. Abundan las leyendas explicativas de costumbres,
lugares sagrados, cosas extrañas (como la existencia del Mar Muerto).

Características de los hebreos

La entrada de los hebreos en Palestina es muy posterior a la de los cananeos y se va realizando muy gradualmente. Como
vimos, los hebreos son pastores seminómadas que viven en los límites entre los desiertos y la civilización. Su estadía o no en
un lugar depende de la abundancia o escases de agua. Cada uno de los clanes hebreos tiene un antepasado común (a veces
los autores lo llaman el “antepasado mítico”) que da al grupo su nombre (“el clan de Fulano”). Se cree que todos los miembros
del clan descienden de él. Cada uno de estos clanes tiene un “dios protector” que está ligado al “antepasado mítico”. Este dios
no tiene nombre; es llamado “el dios de Fulano”. El dios protector promete (y esto es universal en los clanes seminómadas) al
grupo una tierra fértil (el gran anhelo de estos clanes es establecerse y llegar un día a ser agricultores).

Unión de los hebreos con los cananeos

Cuando los hebreos conquistan Canaán imponen su propia religión; sin embargo, incorporan algunos elementos de la religión
cananea. En concreto, hacen propios los santuarios y sus leyendas de origen. En las leyendas de santuarios modificadas el
“dios protector del clan” pasará a adoptar el nombre de “El”. El habitante anónimo del país que recibe la visita divina pasará a
ser ahora el “antepasado mítico” del clan: Abrahán, Jacob o Israel. El acontecimiento narrado pasará a ser comprendido no
como un acontecimiento mítico sino como un hecho histórico (aunque de hecho no lo sea). Un hecho que merece ser
mencionado es que cada clan hebreo tiene un origen independiente: existe el clan de Abrahán, de Isaac, de Jacob o de Israel.
Las relaciones de parentesco que aparecen en los textos bíblicos corresponden a historias surgidas de las distintas alianzas
que realizan los distintos grupos (y por lo tanto son ficticias). Cuando todos estos clanes pasen a ser una sola nación entonces
estaremos ante una sola historia en la cual Abrahán es padre de Isaac, el cual a su vez lo es de Jacob y éste de José. La
promesa entonces no será ya un pequeño trozo de tierra a ocupar en un plazo más o menos breve sino toda la tierra de
Palestina y se cumplirá con la monarquía davídica.

13.2.1.3. Texto1: Gn 11,27 - 12,1-9 (El llamado de Abrahán)

Abrahán es un pastor seminómada originario de Ur, ciudad importante del Antiguo Imperio Babilónico. A este “patriarca” Dios
le encomienda la difícil misión de hacer de “puente” o intermediario entre él y la humanidad. Para ello Dios le pide que abandone
las seguridades que actualmente tiene en Jarán y se encamine hacia un lugar en el que no sabe lo que le espera. En el fondo,
Dios le pide una confianza absoluta en su promesa. Detrás de las promesas de la tierra y la descendencia se encuentra la
“bendición” de Yahveh, que es esa fuerza divina que otorga “vida” en sentido bíblico; esto es, salud, alegría, prosperidad, larga
vida, descendencia. La bendición es para todos los pueblos, pero a través del elegido. La elección va unida siempre a una
misión en beneficio del pueblo de Dios o de todos los pueblos. La promesa de Dios contrasta con la realidad de los elegidos:
Abrahán es anciano y su mujer estéril (11,30); la fidelidad a Yahveh implicará un gran abandono en Él y mucha paciencia. La
respuesta de Abrahán se condensa en una frase brevísima: “Marchó, pues, Abrahán, como se lo había dicho Yahveh”. Lo que
importa a Dios no son las palabras sino los hechos. Abrahán es presentado como modelo de fe; es quien camina confiado
hacia la meta que Dios propone. En su camino, Abrahán va fundando santuarios: en Siquem y en Betel. En realidad, se trata
de antiquísimos santuarios cananeos cuya fundación se atribuye a Abrahán.

13.2.1.4. Texto 2: Gn 18,1-15 (Teofanía de Mambré).


Se trata, originalmente, de la leyenda cultual del santuario de Mambré. Para comprenderla se requiere de una explicación
previa. La llegada de extranjeros de origen desconocido provoca siempre en los sedentarios dos reacciones. A veces se
considera que traen desgracias y se les niega toda acogida. Otras veces se les llena de atenciones ya que puede tratarse de
mensajeros celestes o de dioses. Nunca se sabe con seguridad de qué se trata. Según la acogida, los extranjeros podían
pronunciar bendiciones o maldiciones. En las tradiciones de varios pueblos se encuentran relatos de nacimientos atribuidos a
estas misteriosas visitas (Grecia, Islandia). En Mambré existía la leyenda según la cual el dios “El”, acompañado de dos seres
celestes, se había aparecido en ese lugar. La persona que les había brindado hospitalidad no tenía hijos. Los extraños
personajes le habrían prometido uno. Esta promesa se cumplió, y a partir de ahí Mambré se convirtió en un lugar sagrado.
Cuando el clan de Abrahán y de Isaac ingresan a Canaán y conquistan la tierra, la leyenda se modifica. Ahora el “dios de
Abrahán” recibe el nombre de “El Shadai”. Abrahán y su esposa Sara se convierten en los anfitriones de El y de sus compañeros
divinos. El que va a nacer es Isaac. A fines del reinado de Salomón, el redactor “yahvista” recoge la leyenda y cambia el nombre
divino. Ahora se trata de Yahvéh, nombre que traen los hebreos que han pasado por Egipto.

13.2.1.5. Texto 3: Gn 19 (Destrucción de Sodoma y Gomorra)

Los moabitas y amonitas se consideraban descendientes de Lot. De ellos surge la leyenda que explicaba el origen del Mar
Muerto. Ésta relataba que en donde está actualmente dicho mar existían dos ciudades que habían sido tragadas por un
terremoto. Lot, su “antepasado mítico”, fue salvado gracias a la intervención de un miembro de su familia que habitaba en las
montañas de Mambré. El clan de Abrahán transforma este mito en leyenda del santuario de Mambré. Ahora el que rescata a
Lot es Abrahán. Este último se convierte en tío de Lot (dado que el clan de Abrahán ha hecho alianza con los moabitas y
amonitas). A nivel del redactor final (J), Lot es salvado por la intercesión de Abrahán y por haber dado hospitalidad a Yahveh
y a sus dos ángeles. Lot ofrece sus hijas a los sodomitas. El honor de una mujer, en la época del redactor J, valía menos que
el sagrado deber de la hospitalidad. El pecado de “sodomía” es considerado particularmente grave en Israel. Se castiga con la
muerte. Sin embargo, detrás de este pecado hay uno mucho más grave: considerarse por encima de cualquier ley. Por ello, el
autor presenta como un castigo justificado la destrucción de las dos ciudades corruptas. La conversión de la mujer de Lot en
estatua de sal es una leyenda que explica la forma de mujer que tendría alguna de las formaciones salinas de las orillas del
Mar Muerto. La ciudad de Soar recuerda al “resto de Israel” del que hablan algunos profetas (Sof 3,12-13). Todo indica que
primitivamente este era un “relato paralelo” al del diluvio.

13.2.1.6. Texto 4: Gn 18,16-33 (Intercesión de Abrahán).

Se trata de un texto compuesto por el “yahvista” a fines del reinado de Salomón. Hace de “transición” entre los dos textos
anteriores (la teofanía de Mambré y la destrucción de Sodoma y Gomorra). Recoge la “doctrina tradicional de la retribución”
pero a su vez la modifica. Ésta sostenía que Dios recompensaba con bendición (y por tanto con bienes, descendencia, salud,
prosperidad) la fidelidad a la Alianza, y castigaba con maldición (pobreza, infertilidad, enfermedad, desgracias de todo tipo) la
infidelidad. Bendición y maldición afectaban a todo el grupo en el cual se daba la fidelidad o el pecado. En este último punto,
el yahvista hace una modificación: 10 justos pueden hacer que Dios perdone a una ciudad.

13.2.2. Reflexión:

Vivir la fe es caminar hacia la meta que Dios nos propone. Esta meta, sin embargo, es algo que supera completamente nuestras
posibilidades e incluso nuestra imaginación. Las 3 promesas de Abraham son, según Jesús, las de una humanidad nueva (la
“descendencia numerosa”) un mundo nuevo (la “tierra”) y el encuentro cara a cara con Dios. ¿Cómo será nuestro mundo y
nuestra humanidad cuando sean renovados por la Segunda Venida de Cristo? Es inútil el intento de imaginarlos. Debe
bastarnos la certeza de que toda nuestra persona llegará a su plenitud en medio de un universo renovado. Es importante para
ser cristiano saber descubrir los modestos signos actuales de la acción de Dios que prepara ese futuro; y ello sin exigirle
“pruebas tangibles” al Señor (como el “ver para creer” de santo Tomás, en Jn 20,28-29). Tener fe, precisamente, es creer en
lo que no se ve.

Una última consideración. Para muchos la elección de Abrahán es un motivo de escándalo; el que se traduce en preguntas
como: ¿Por qué Dios elige a tal persona y no a otra? ¿Por qué Dios se dirige a un pueblo determinado y no a toda la humanidad?
Lo verdaderamente importante es que, al elegir a algunos, Dios lo hace en función de todos ("para que sean benditas todas las
naciones de la tierra"). La elección no acaba en el elegido; a través de esa persona o grupo concreto, Dios va llegando a todos
los hombres para que, al final, todos lleguen a ser llamados y tengan su lugar en el proyecto de Dios.

13.2.2. El Éxodo, la verdadera libertad y “vivir en alianza”

13.2.2.1. Primera parte: la liberación de Egipto y la fiesta de la Pascua

Lectura: Éxodo 1,1 - 7,7; 11,1 - 14,31

13.2.2.2. Preguntas: ¿En qué consiste la opresión que los hebreos sufren en Egipto? ¿Cómo se presenta Dios? ¿Qué significa
Yahveh? ¿Qué encomienda a Moisés? ¿Cómo reacciona el pueblo? ¿Qué signos componen la celebración de la Pascua?,
¿qué significan cada uno de esos signos? ¿De qué modo Yahveh salva al pueblo en el “paso del Mar”?

13.2.2.3. Síntesis:

En líneas muy gruesas estamos ante acontecimientos históricos; sin embargo, éstos han sido muy simplificados y magnificados.
Por ejemplo, no todas las tribus estuvieron en Egipto y salieron de él, los que salieron no eran 600.000 (como afirma el texto),
no fueron perseguidos por el ejército del Faraón, con él a la cabeza, sino por un pequeño destacamento, etc. Israel fue un
pueblo que se formó a partir de grupos muy dispares, algunos nómadas, otros sedentarios, que hicieron sucesivas alianzas
entre sí. Al final predominó la experiencia vivida por el grupo del éxodo con Moisés a la cabeza.

Después de la historia de los Patriarcas en el libro del Génesis, nos encontramos con que, unos 400 años después, Israel está
sometido a duros trabajos y amenazado de exterminio. Se trata de una esclavitud sociopolítica a la vez que religiosa. Lo
primero, porque el pueblo está sometido a trabajos forzados en las construcciones faraónicas y todos los niños varones son
asesinados al nacer; lo segundo, porque el Faraón impide al pueblo dar culto a Dios como desea, lo que acarrea idolatría.
Ambas esclavitudes las ha interiorizado Israel y se ha convertido en un pueblo dividido y temeroso. El libro del Éxodo (2,23)
nos dice que “los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subió
a Dios”. Dios llama entonces a Moisés y los envía al faraón para que saque a Israel de Egipto. Moisés es un israelita que fue
salvado de la muerte gracias a la fe y astucia de su madre (que lo mete en un canasto recubierto de alquitrán y lo esconde en
el río Nilo; en ese río lo recoge la hija del Rey, que se compadece de él). El niño se cría en la corte del Faraón y solamente ya
adulto se reencuentra con sus hermanos de raza.

Al ver a un israelita maltratando a un hebreo, Moisés lo mata; pero luego, asustado, arranca al desierto, se casa y se establece
como pastor junto a su suegro. Es allí, en el desierto, cuando Moisés está establecido y lejos de sus hermanos, en donde recibe
el llamado de Dios. En él, Dios se presenta como “Yahveh”, que significa “yo soy el que estará”, en el sentido de “ahí estaré,
cuando necesites mi ayuda, listo para salvarte”. Dios no revela quién es, ya que eso no puede ser captado por el hombre, por
superar enteramente su entendimiento, pero sí comunica lo que hace: salvarnos. Yahveh pide a Moisés que vaya donde el
Faraón y le solicite la salida del pueblo. El elegido hace presente a Dios la falta de aptitudes para la misión, pero el Señor
insiste en su encargo y le ofrece su ayuda. Moisés debe luchar en contra de las negativas del Faraón y el miedo del pueblo.
Después de una serie de episodios, recordados y engrandecidos por el recuerdo popular (las “plagas”), éste sale de Egipto de
noche. El Faraón se da cuenta de su ausencia y sale a perseguirlo con su ejército. Los israelitas llegan a orillas del Mar Rojo y
no pueden cruzar. Por delante tienen las aguas y por detrás el ejército egipcio. Aquí se produce la acción salvadora de Yahveh.
Dios permite el paso por las aguas a Israel e impide el del ejercito egipcio, que se hunde en ellas. Este hecho es considerado
como la principal intervención milagrosa de Dios a favor de su pueblo, como la gran acción liberadora que dará origen a Israel
como nación; ella es celebrada gozosamente en la fiesta de Pascua.

13.2.2.4. Texto 1: Ex 13, 17 – 14,31 (Salida de Egipto y paso del mar)

Este texto conoce dos tradiciones respecto de la salida de Egipto y de la travesía por el desierto: una que suele llamarse
“éxodo-expulsión” y otra “éxodo-huida”. La primera tradición afirma que los hebreos fueron expulsados de Egipto y siguieron
una ruta por la costa del Mediterráneo y entraron a Palestina por el sur. En cambio, la tradición del éxodo-huida nos habla de
un grupo que, bajo la conducción de Moisés, recorre el desierto del Sinaí y penetra a Canaán por el oriente, atravesando el
Jordán. Al fundirse estas dos tradiciones se habló de un “arrepentimiento del Faraón”, que luego de expulsar a los hebreos
cambia de idea y los persigue. Posteriormente todas las tribus aceptaron como central la tradición del éxodo-huida, pero sin
eliminar completamente la otra. La reconstrucción del recorrido exacto es imposible debido a que ignoramos la mayoría de los
lugares mencionados en el texto. El momento culminante del texto es 14,15-31 en que los israelitas se encuentran “entre la
espada y la pared”: a un lado el ejército egipcio y en otro el mar. Pierden la fe confiada: temen y acusan a Moisés, lo que es
acusar a Dios. Su reproche es una blasfemia: consideran al “Dios de la vida” un “Dios asesino”. Son ciegos voluntarios,
incapaces de aceptar a ese Dios que lleva a la libertad; añoran la esclavitud. Frente a ellos, Moisés es el profeta creyente que
asegura la victoria y exige una fe sin límites.

En Ex. 14,15-31 se entremezclan dos versiones del hecho del “paso del mar”. Según una de ellas, Moisés alza su bastón y el
mar se divide en dos murallas de agua, entre ellas pasan los israelitas “a pie seco”. Cuando los egipcios ingresan al mar,
Moisés baja el bastón y las murallas de agua vuelven a su cauce normal engullendo a los egipcios. La segunda versión es más
compleja: Yahveh hace soplar un viento del este que disminuye el nivel de las aguas, durante la noche una fuerte niebla impide
a los ejércitos entrar en contacto y cambia la dirección del viento. Las aguas, entonces, suben de nivel atascando los carros y
finalmente haciendo huir a los egipcios (v.25). Esta última es más antigua y es más verosímil históricamente. La primera,
muestra la acción divina como un acto creador a semejanza de Gn 1,1 y 7 (en que Dios ordena el caos acuático separando las
aguas).

13.2.2.5. Segunda parte: la travesía por el desierto, la celebración de la Alianza y la entrega de los mandamientos.

Lectura: Ex 15,22 - 17,16; 19 - 24; Números 20,1-13; Deuteronomio 32,48-52; Deut. 34,1-12;

13.2.2.6. Preguntas: ¿Qué acciones hace Dios a favor de su pueblo? ¿Cómo responde el pueblo? ¿Qué rol asume Moisés?
¿Qué es la Alianza?, ¿a qué se comprometen las partes? ¿Qué sentido tienen (o, más simple, “para qué sirven”) los
mandamientos en su conjunto?

13.2.2.7. Síntesis:

Después de la salida de Egipto, el pueblo se encuentra libre de opresiones exteriores, pero sujeto a su propia esclavitud interior
(idolatría, división, temor y añoranza de la seguridad que ofrece la dominación). El desierto, en la Biblia, es el lugar por
excelencia del encuentro desnudo con Dios y consigo mismo. Es “la hora de la verdad” y de las mayores tentaciones. Allí el
hombre no tiene distractores que le ayuden a postergar su respuesta a los llamados divinos. En ese lugar Dios celebra con
Israel, en el monte Sinaí, una “Alianza”. Ésta es un compromiso mutuo entre Dios y su pueblo. Yahveh se compromete a hacer
de Israel su “propiedad”, auxiliarlo en sus dificultades y educarlo a fin de que se encamine a Él como fuente de vida plena. El
pueblo, por su parte, se compromete a cumplir la Ley. Por la Ley se entienden aquí los 10 mandamientos (el “Decálogo” de Éx
20,1-17). Ella pretende ser una ayuda dada por Dios para que el pueblo alcance la verdadera libertad, que es la capacidad de
conducir la propia vida hacia una meta de plenitud, de verdadera realización existencial. En efecto, hasta ahora Israel ha
conseguido lo que se llama la “libertad de”: o sea, se ha liberado de la opresión egipcia, con todo lo que eso conllevaba. Sin
embargo, mucho más importante es la “libertad para”, que es el encaminar la vida hacia algo que realmente “valga la pena”.

13.2.2.8. Reflexión:

El principal “dogma” de nuestra sociedad moderna es que cada uno debe establecer su propio proyecto de vida, sin que importe
demasiado cuál deba ser éste. Sin embargo, según cuál sea su proyecto vital, el hombre se construye o se destruye. En la
Biblia, Dios nos presenta “su” proyecto y nos pide que nos integremos a él, porque ese proyecto es fuente de vida plena.
Nuestros planes deben irse metiendo en los de Dios si queremos de verdad realizarnos como personas. Para ello debemos
discernir los llamados de Dios, que se dan a través de las necesidades de nuestros hermanos. Preguntas claves, para ello son:
¿Qué necesidades de mi prójimo me siento llamado a satisfacer?; ¿cuáles son los “talentos”, o “carismas” que Dios me ha
dado para ello? Un primer esbozo del proyecto divino está en la Ley. En ella Dios nos dice “lo que no hay que hacer”; es decir,
establece los límites de ese sendero que es el del amor, camino que lleva a la “vida” (eterna). El Señor no nos indica cómo hay
que amar (¡no nos da “recetas”!) pero sí nos da una señal de cuando nos hemos salido del sendero del amor. De este modo,
la Ley no suprime nuestra creatividad, sino que apela a ella: debemos ir descubriendo cómo amar.

Dios nos invita, entonces, a vivir no en la soledad de nuestro propio proyecto sino en la compañía de la Alianza. Ella tiene
varios “círculos”: es con la Iglesia, con Colombia y con cada uno de nosotros. Vivir es caminar con Dios. Nuestras decisiones,
siguiendo las orientaciones del Señor, van tejiendo nuestra historia, cuyo futuro ¡nunca está trazado de antemano! (como
afirman los adivinos de todo tipo); él es siempre una posibilidad de plenitud abierta.

13.2.3. La conquista y el nuevo rostro de Dios

Lecturas: Josué 1 - 7; Jueces 1;

13.2.3.1. Preguntas: ¿Qué fronteras tiene la tierra que Yahveh ofrece a su pueblo (ubicarse en un mapa)? ¿Qué pide Dios al
pueblo? ¿Cómo se lleva a cabo la conquista (comparar la versión de Jos 1 con la de Jc 1)? ¿Qué es el anatema? ¿Qué
problemas nos plantea hoy, a nuestra fe, la conquista y el anatema?

13.2.3.2. Síntesis:

Israel conquista Palestina mediante una infiltración progresiva en la que cada tribu actúa en forma independiente. La imagen
que nos presenta el libro de Josué de una auténtica procesión de las doce tribus corresponde más bien el ideal de la época
que una realidad. El grupo más importante ingresa por el oriente bajo la dirección de Josué, sucesor de Moisés. El despojo de
otros pueblos y el asesinato de muchos habitantes de las ciudades cananeas nos presente un grave problema: ¿cómo puede
ser voluntad de Dios semejante barbaridad? Debemos comprender la historia bíblica como un proceso en que Dios va revelando
gradualmente su forma de ser y su voluntad. El Señor acepta a los hombres tal como son, con su mentalidad; pero, a la vez,
va haciéndolos crecer en la fe y en el amor, y ello por etapas, sin saltarse pasos. Que Israel interpretara la conquista y el
asesinato de cananeos como voluntad de Dios es algo normal en la época. Todos los pueblos del Oriente Medio lo hacían.
Será necesario un largo recorrido para llegar al “amor a los enemigos” que predica Jesús.

En todo caso, fueron muchísimos los momentos en que Israel simplemente se mezcló con la población cananea e incorporó
muchos de sus ritos y creencias. Se trata de una civilización agrícola y urbana muy superior a la de los hebreos, con un estilo
de vida mucho más confortable que el que ha llevado hasta ahora el pueblo. Gradualmente Israel pasará de ser un pueblo
nómada a uno sedentario. No se tiene aún una dirección única. El pueblo funciona como una agrupación de tribus unidas por
una fe, un santuario y una Ley común. La autoridad política la ejercen los jueces mayores y menores. Los primeros son
guerreros que dirigen al pueblo en caso de guerra y mientras ésta dure. Los segundos interpretan la Ley y ejercen la justicia.
El santuario común es de tipo “nómada”: el “Arca de la Alianza”. Se trata de una caja de madera, chapeada en oro, que guarda
en su interior las “tablas de la Ley”, que contienen los 10 mandamientos. Se transportaba mediante dos varas, al modo de una
camilla. En la parte superior, había tallados dos querubines, cuyas alas formaban un trono para Yahveh, en donde el residía y
custodiaba la Ley. El Arca se guardaba en la “tienda de la reunión”, y se llevaba en las batallas para asegurar la victoria. Una
vez al año, frente a ella, todo Israel renovaba solemnemente la Alianza.

Dos cosas son importantes en este período:

- La primera es el don de la tierra. Ésta constituye el cumplimiento de la promesa dada a Abraham y un don para todo el pueblo.
Cada israelita tiene su “heredad”, es decir, un trozo de tierra para él y su familia. Esta pequeña parcela no se puede vender ni
regalar.
- La segunda es la crisis religiosa que se produce con la instalación. Hasta ahora Yahveh ha sido un Dios nómada, que camina
con el pueblo y que está vinculado fundamentalmente a las personas. ¿Estará Yahveh vinculado ahora a los lugares? ¿Podrá
Él asegurar la fecundidad de la tierra? Uno de los desafíos que tendrá Israel será descubrir que -sin dejar de ser nómada y
vinculado a las personas- Dios puede estar presente en la nueva situación del pueblo y asegurar la prosperidad.
13.2.3.3. Reflexión:

Es cosa importante renovar nuestra imagen de Dios a medida que nuestra vida cambia. No se trata de hacer una “acomodación”
del Señor, sino de percibir que en su infinita riqueza él aparece con “nuevos rostros” en situaciones nuevas. Muchos cristianos
adultos se han quedado con la comprensión de Dios que les dio la catequesis que recibieron en su infancia; sin embargo, la
consecuencia de ello es la disociación entre fe y vida, ya que pasa entonces a ser muy difícil descubrir la presencia de Dios en
los acontecimientos. Redescubrir a Dios en condiciones de cambio profundo exige estudio, reflexión y oración.

13.2.4. La monarquía y el adormecimiento de la fe.

Lecturas: Amós 5,1,1 – 6,7; 7,10-17; Isaías 7,1-17; 8,1 - 9,6; 11,1-9

13.2.4.1. Preguntas:

- Para Am 5,1-17: (Canto fúnebre) ¿Quién es la joven? ¿Qué le sucederá? (Betel y Guilgal son los principales santuarios
yahvistas del Reino del Norte) ¿Qué critica el profeta (sintetizar)? ¿Qué propone? ¿Qué castigo anuncia?
- Para Am 5,18-20: ¿Qué era el "día del Señor? ¿Qué esperaba obtener de él el pueblo? ¿Qué va a obtener según Amós?
- Para Am. 5,21 - 6,7: ¿Qué critica? ¿Qué propone?
- Para Am 7,10-17: ¿Quién expulsa a Amós? ¿Por qué? ¿Cómo presenta Amós su oficio de profeta? ¿Qué castigo anuncia?
- Para Is 7,1-9: ¿Cuál es la amenaza que se cierne sobre Judá? ¿Qué anuncia Isaías? ¿Qué actitud exige del rey? ¿Qué
significa y qué sentido tiene el nombre del primer niño?
- Is 7,10-17: ¿Qué ofrece -en un comienzo- Isaías al rey? ¿Cómo reacciona el rey? ¿Qué significa el nombre de este segundo
niño? ¿Qué anuncia Isaías con ese nombre?
- Is 8,1-20: ¿Qué significa el nombre de este tercer niño? ¿Qué anuncia Isaías con ese nombre? ¿Qué actitud propone Isaías
para su pueblo?
- Is 8,21 - 9,6: ¿Qué rasgos tendrá el rey futuro? ¿De qué liberará al pueblo?
- Is 11,1-9: ¿A qué se refiere el versículo 1? ¿Con qué rasgos (dos o tres rasgos) aparece el rey futuro? ¿Con qué rasgos
aparece el reino futuro? ¿Cómo se ha cumplido -a tu juicio esta profecía?

13.2.4.2. Síntesis:

La organización de la conquista entra en crisis debido a la derrota sufrida por Israel en manos de los filisteos. Ellos son un
pueblo de origen griego que desembarca por el sur (por la actual franja de Gaza) y que termina conquistando casi todo el
territorio de Israel. Se hace necesaria la unificación del pueblo bajo una sola cabeza que dirija el combate. La idea de la
monarquía es resistida por amplios grupos en Israel. Se la ve como un atentado a Yahveh, único rey, y como una grave
limitación a la libertad individual. Por otra parte, parece necesaria para el desarrollo militar y económico. Finalmente, se la
termina aceptando al concebir al monarca como representante de Yahveh en medio de su pueblo. Después de los fracasos del
primer rey, Saúl, la monarquía trae el poderío militar, el esplendor político y socioeconómico con David y Salomón. Jerusalén
pasa a ser la capital del Reino, la ciudad de Yahveh. Salomón construye el Templo y ubica ahí el Arca, de modo que Dios pasa
a vivir en ese lugar.

A fines del reinado de Salomón, a causa de una guerra civil, el Reino de divide en dos: Judá (Sur) e Israel (Norte). El primero
termina con la invasión del Imperio Asirio en el año 721. El segundo con la del Imperio Babilónico, el 587. La monarquía trae
un eficiente sistema administrativo y un fuerte desarrollo económico. Sin embargo, acarrea también corrupción, injusticia social
e idolatría. Los reyes recompensarán con tierras a los altos funcionarios y generales victoriosos, pasando por sobre las normas
relativas a la “heredad”. Los grandes comerciantes se apropian también de la tierra. Surgen las clases sociales (en la época
del desierto no existían) y un abismo llega a separar a los ricos de los pobres. La justicia pasa a estar al servicio de los más
ricos. En lo religioso, el pueblo a menudo prefiere rendir culto a los “baales” que a Yahveh. Los “baales” son los dioses cananeos
que, se creía, concedían la lluvia, la fecundidad de la tierra y la abundancia de frutos; son, en el fondo, los dioses del confort y
de la prosperidad económica. Al culto de los baales se agrega el “culto” a los grandes imperios, con los que los reyes hacen
alianzas de dudoso beneficio buscando el poder y la seguridad a toda costa.
El pueblo ha ganado en comodidad y esplendor; sin embargo, ha perdido en verdad y en libertad; está adormecido y dividido.
Se ha olvidado de Yahveh. Por eso será presa fácil de la codicia de los grandes imperios que quieren hacer suya la estratégica
tierra de Palestina, lugar de paso de oriente a occidente y de Mesopotamia a Egipto. Esta situación de injusticia, idolatría y
adormecimiento, la denunciarán los profetas. Ellos son hombres a los que Yahveh llama para decir una palabra suya a su
pueblo. La palabra divina dice relación con la fidelidad o infidelidad a la Alianza y con las consecuencias futuras de esa fidelidad
(bendición) o infidelidad (castigo). Los profetas no hablan de un futuro prefijado (como los adivinos) sino de un futuro siempre
abierto, ya que si el pueblo se arrepiente de su mala conducta Dios puede cambiar el castigo que tiene pensado.

13.2.4.3. Texto 1: Am 5,1-17: Canto fúnebre por Samaria.

La primera lamentación sobre Samaría (vv.1-3) es un duelo anticipado por la ruina de la ciudad, representada como una joven
virgen (imagen de la vulnerabilidad y de la tragedia que supone el rechazo final). Avanzando en la imagen, y representándola
como una madre, lamenta el profeta la pérdida de sus hijos, aunque queda un resto, por pequeño que sea: no todo está perdido,
algo sobrevive a la desolación. Sigue la invitación a buscar al Señor (vv. 4-6): “búsquen ustedes y vivirán”. Utilizando el lenguaje
del culto, vuelve a establecer una contraposición entre éste y la justicia. Los santuarios no salvan por sí solos e incluso sufrirán
las consecuencias del destierro. La doxología de los vv. 8-9 parece ser un agregado posterior. En todo caso su tema es Dios
como creador y Señor del cosmos. Como creador da orden al cosmos; sin embargo, si no se hace su voluntad puede dejar
actuar al caos destructor. Los ayes (vv. 7.10-13) se centran en el tema de la injusticia. La dulzura de la justicia se ha convertido
en la amargura de la injusticia (el “ajenjo” es una hierba amarga). Son directamente acusados los jueces, que odian al testigo
honesto y al juez justo. El v.11 apunta a la causa última de la injusticia: la codicia. Por sobornos oprimen al justo y al pobre en
el tribunal. El castigo será no poder disfrutar del propio trabajo. El segundo “búsquen ustedes” (vv.14-15) tiene como objeto el
bien, que se concreta en el restablecimiento del derecho en el tribunal. La finalidad de esta búsqueda es la “vida” (plena), la
presencia del Señor y la seguridad de alcanzar su misericordia. Termina el oráculo con la segunda lamentación sobre Israel
(vv. 16-17). La última palabra la tiene el juicio castigador. Da la impresión de que todos los esfuerzos han sido vanos y se
hubiera alejado toda perspectiva de conversión. El paso del Señor es castigo.

13.2.4.4. Texto 2: Am 7,10-17: Conflicto con Amasías y expulsión de Amós

Interrumpe las visiones un relato sobre la actividad de Amós y su enfrentamiento con el sacerdote oficial del reino, Amasías.
Amós no es un profeta contratado por el rey y que vive de su profecía. Él ha comenzado a profetizar como resultado de una
acción “violenta” de Dios que irrumpe en la normalidad de su vida (v.15). Ese carácter de “profeta no profesional” le permite
una total libertad para anunciar la palabra de Dios. Es interesante destacar que Amasías no descalifica a Amós como falso
profeta, sino, por el contrario, teme que su oráculo pueda cumplirse y por eso lo expulsa. Amós predice un castigo que sólo se
cumplirá 40 años después. El profeta no es un adivino sino un intérprete de los signos de la historia a la luz de la voluntad de
Dios. El futuro es siempre un futuro abierto: Dios puede retirar el castigo si el hombre se convierte. Amós teme que esa
conversión sea ya imposible por la dureza de corazón del pueblo y de sus dirigentes.

13.2.4.5. Reflexión:

“Estén ustedes atentos y velen” nos dice Jesús, porque Él puede volver en cualquier momento. ¿Qué significa, en el contexto
de la fe, velar? Es iluminador comenzar al revés: por explicar que es “estar dormido”. El tema del adormecimiento en la Biblia
siempre está vinculado al de los ídolos. “Dormir” es poner la confianza en los ídolos y no en Dios. Cuando ellos ocupan el lugar
de Dios entonces nos volvemos ciegos a su actuación, ya no reconocemos su presencia. Los ídolos de Israel fueron los
“baales”, dioses de la prosperidad económica. Los nuestros son “secularizados”, es decir, no los concebimos como seres
personales, pero... los dejamos actuar como tales. Los son el amor al dinero, al poder, a la fama, etc. Cada cual debe discernir
cuáles son sus propios ídolos. Como, aun cuando estemos atrapados por los ídolos y adormecidos, Dios nos sigue queriendo,
por eso nos envía profetas. Si nuestro adormecimiento es muy grande ellos serán muy duros con nosotros.

A nivel individual, la acción profética se da mediante la “corrección fraterna” (ver Mt 18,15-18); a nivel colectivo, a través de
personas que forman la “conciencia moral” de un pueblo. Una última reflexión. Según los profetas, Dios premia y castiga, y de
un modo colectivo. No es esa la postura de Jesús. Para Él, el único castigo es quedarse fuera de la salvación. Se trata, por lo
tanto, de un “auto-castigo”. Las desgracias y la guerra no pueden ser considerados en ninguna circunstancia castigo de Dios,
aunque a veces el hombre se las busque. Dios es aquel que trata, por todos los medios, pero respetando la libertad humana,
de librarnos del daño que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás. En todo caso, a los profetas no se les puede exigir
un pensamiento cristiano (debe recordarse lo dicho más arriba sobre la revelación progresiva de Dios).

13.2.5. El Exilio y las crisis de fe

Textos: No existe en la Biblia un texto que relate de modo completo este período. Deberemos conformarnos, en este caso,
con la narración del comienzo del exilio, contenida en el libro del profeta Jeremías, y el anuncio de su fin, presente en la
segunda parte del libro de Isaías, escrita por un profeta anónimo.

13.2.5.1. Preguntas:

Jeremías 39 – 45
¿Cuáles son los principales hechos del comienzo del exilio? ¿A qué se debe, según Jeremías, este castigo aplicado por
Yahveh?

Isaías 40 – 41
¿Qué anuncia, en síntesis, el profeta? ¿Qué va a hacer Ciro, rey de Persia? ¿Cuál es el estado de ánimo del pueblo?

13.2.5.2. Explicación:

Como veíamos en la etapa anterior, el Pueblo, dividido en dos, sucumbe en mano de los grandes imperios de la época. El
Reino del Norte termina con la invasión del Imperio Asirio, en el año 721, y Judá, con la del Imperio Babilónico, el 587. Los
habitantes del antiguo Reino del Norte son dispersados por todo el territorio asirio y pierden su carácter de nación. Un siglo y
medio después, los babilonios toman a Judá y destruyen Jerusalén y el Templo. El Reino del Sur corre mejor suerte, ya que
los invasores trasladan a la mayoría del pueblo a un sector determinado de la ciudad de Babilonia, en donde pueden vivir juntos
y gozar de un cierto grado de autonomía. Esto les permitirá no desaparecer como nación y mantener su religión. Desde el
punto de vista de la fe, el exilio constituye una verdadera catástrofe, ya que quita a Israel todas las seguridades en las cuales
se apoyaba. Los signos del cumplimiento de las promesas dadas a Abraham han desaparecido; en efecto: a) No hay rey ni
independencia nacional (descendencia); b) han sido despojados de su tierra y deben vivir fuera de ella; c) la expresión visible
de la intimidad con Dios, el Templo, ha sido destruido.

Ante todo, esto surge la interrogante de si la Alianza sigue en pie. ¿Habrá abandonado definitivamente Dios a su pueblo? Ante
esta duda tan radical, algunos profetas traen un mensaje de esperanza: Dios ha castigado a su pueblo; sin embargo, prepara
el regreso a la tierra y a un modo de vida más pleno. La pérdida de seguridades del exilio será la ocasión de un nuevo
resurgimiento de Israel. Destruidas todas las instituciones nacionales fundamentales, el pueblo se reúne formando pequeñas
comunidades religiosas. Por medio de ellas, Israel busca superar el peligro de ser absorbido por los demás pueblos, a la vez
que intenta una nueva forma de vivir la fe. Hay, también, un cambio en la imagen de Yahveh: se lo descubre como un Dios
universal. Este Dios que parece muerto es ahora percibido como Señor del Universo entero. Le corresponde a Israel, en esta
nueva situación, ser un pueblo misionero, encargado de anunciar a todas las naciones a Yahveh como el único Dios.

13.2.5.3. Texto 1: Is 40, 1-11. Anuncio de la liberación

El profeta se dirige a un pueblo destrozado en su integridad política y social, y que está en el centro del poder político y religioso
de un imperio de infinitos recursos, capaz de inmovilizar todo intento de liberación. Los llevados a cautiverio son un grupo
relativamente reducido. La vida sigue en Judá, bajo otras condiciones políticas y sociales. No caben dudas acerca del
empobrecimiento del país, diezmado por los soldados en campaña, con graves tributos pagados al Imperio y probablemente
el reclutamiento militar para el ejército invasor. El profeta predica cuando los exiliados llevan unos 40 años en Babilonia. Se
están realizando las conquistas de Ciro. El pueblo ha vivido un tiempo de maduración de su fe frente al castigo y sufrimiento,
pero también hay una erosión progresiva de la “memoria histórica”. Yahveh aparece como un dios vencido ante los dioses de
Babilonia. La situación económica es dura. Al asedio del Imperio por otros pueblos se suma su división interna. Hay inflación y
caída de la producción. La mayoría de los exiliados debe haber vivido en condiciones bastante precarias. Llama la atención el
comienzo brusco, sin encabezamiento sobre el autor, tiempo y lugar.

En el texto vemos varias “voces” pero la mayoría de las veces no sabemos quién habla o a quién se dirige. Se trata de un
recurso literario. En los vv.1-2 la palabra repetida es “consuelen” (ustedes). La nación dispersa es todavía “mi pueblo”, y Yahveh
“el Dios de ustedes”. La Alianza sigue en pie. Los dioses babilónicos no son más poderosos que Yahveh. No dice quién debe
“consolar”, pero distingue 2 tipos de destinatarios: los exiliados (1a) y los que se han quedado en Jerusalén (1b). Se invita a
los exiliados a regresar a Jerusalén. La referencia al exilio como “milicia” (o “servicio militar”) no es sólo una imagen literaria:
los prisioneros de la guerra eran usados por los conquistadores como soldados en nuevas campañas militares. La expresión
“hablar al corazón” oscila entre el cariño y la necesidad de convencer. En los vv. 3-5 el tema es el camino de Babilonia a
Jerusalén (unos 1000 km.). En medio está el desierto, en donde hay pistas y senderos que fácilmente se borran. Pero no se
llega a Jerusalén por vía recta, sino por el rodeo de la Siria del Norte, en donde hay valles y montañas que hay que aplanar.
En esta breve unidad el pueblo ha desaparecido y el camino es para “nuestro Dios”. Dios se manifestará como energía (“gloria”)
que cumple lo prometido (“la boca de Yahveh ha hablado”). En los vv. 6-8 se nos habla de la caducidad del ser humano. Las
imágenes “vegetales” aluden al imperio opresor cuya caducidad contrasta con la palabra salvadora de Yahveh. Finalmente, los
vv. 9-11 colocan a Jerusalén como mensajera de las buenas noticias a las otras ciudades de Judá. Debe anunciar que la
manifestación de la gloria de Dios (v. 5a) tendrá lugar en Jerusalén. Las ciudades serán incorporadas a la Alianza. Dios mismo
hará de “pastor” cuidando a su pueblo.

13.2.5.4. Reflexión:

¿Qué nos dice esta experiencia respecto de nuestra propia fe? Toda crisis es una experiencia de muerte y resurrección. Hay
una forma de vivir y de mirar las cosas que muere; se pasa por un momento de confusión y de oscuridad, en donde no se sabe
qué futuro nos espera. Sin embargo, si esa experiencia la hacemos con Dios, nos conduce a otra forma de enfocar nuestra
vida, más plena y madura. En ella redescubrimos a Dios de una forma más amplia y nuestra adhesión a Él se hace más
generosa y desinteresada.

13.2.6. El judaísmo, institucionalización y apertura a un Dios universal.

Texto: Tampoco tenemos un relato completo de este período. Por ello escojo la narración del comienzo de esta etapa, en el
libro de Esdras.

Esdras 1 – 8 (se puede omitir el cap. 2)

13.2.6.1. Pregunta: ¿Cuáles son las principales acciones que dirige el escriba Esdras para reconstruir el país de Judá?

13.2.6.2. Explicación:

El Imperio Babilónico es derrotado por el Imperio Persa. El año 539, este último conquista la ciudad de Babilonia. Ciro, el
emperador, es un hombre respetuoso de los pueblos que va conquistando, de sus costumbres y tradiciones. En virtud de esta
política, permite a Israel retornar a Palestina y reconstruir el Templo de Jerusalén. Más aún, les devuelve los objetos de culto
que habían sido llevados a Babilonia (pero el Arca de la Alianza se pierde totalmente) y les da una cierta ayuda económica
para su reconstrucción. Se llama judaísmo al período comprendido entre los años 538 a.C. al 135 d.C. En esta época, Israel
no tendrá autonomía política ni territorio propio; se agrupará en pequeñas comunidades en torno a sinagogas (casas de
oración). La mayoría de los judíos vive fuera de Palestina. Los que están en ella son un pequeño grupo en torno a Jerusalén.
Éste pasa a estar dominado por los grandes imperios de la época: persa, griego, romano. Lo anterior plantea el problema de
buscar elementos que cohesionen a Israel (en su manera de ser y en su fe) de tal manera que no se diluya en medio de los
imperios vencedores. El primer elemento que surge es el Templo. Se lo propondrá como factor decisivo de diferenciación: judío
será quien acuda al Templo a realizar sacrificios. Israel será una comunidad congregada en torno al Santuario. Sin embargo,
con el tiempo se ve que este elemento es insuficiente. La mayoría de los judíos sigue viviendo fuera de Palestina, y en el mejor
de los casos, peregrinará a Jerusalén unas pocas veces en su vida. De ahí que se proponga, entonces, un segundo elemento
distintivo: la Ley (o Torah). Ella está compuesta ahora por los cinco libros del Pentateuco, es decir, los 5 primeros libros de
nuestra Biblia. Se lee todos los sábados en la Sinagoga y es comentada por los maestros de la Ley o escribas. A partir de
ahora, un judío se distingue del que no lo es por la Torah. Su cumplimiento o no cumplimiento determinará quienes en el interior
del pueblo serán considerados “justos” o “injustos”, respectivamente.

Si bien, en general, en este período el pueblo judío puede vivir en paz; sin embargo, existe una cierta desilusión. La opresión
de los grandes imperios y la dispersión no puede ser la última palabra de Yahveh respecto de su pueblo. Por ello se espera la
llegada del “reino de Dios”, es decir, de un tiempo en el que Dios reine, y no los imperios y el pecado. La mayoría de Israel
espera la llegada de un “mesías”, es decir, de un monarca salvador del pueblo. La imagen más frecuente del mesías es la de
un libertador al estilo del rey David, del que se espera que derrote a los imperios, haga justicia al interior del pueblo y haga de
Israel una gran nación.

13.2.6.3. Reflexión:

¿Qué puede decirnos a nuestra propia historia este período? A mi juicio aquí está presente la tensión entre las necesarias
instituciones que debe tener la fe (en la época, el Templo, la Ley) y la apertura a ese Dios que está más allá de cualquier
institución y que es Padre de todos los hombres. Es fácil que nos encerremos en nuestras comunidades, en nuestro lenguaje
habitual, en nuestro modo de ver las cosas, y no veamos al Dios que actúa en nuestra sociedad y en nuestro mundo. ¿De qué
modo está actuando Dios en los jóvenes (a menudo alejados de la Iglesia), en los intelectuales, en los artistas? ¿Qué
acontecimientos de nuestro mundo son “signos de los tiempos”, es decir, desafíos de Dios para nosotros?

13.2.7. Jesucristo y la gratuidad del amor de Dios.

Texto: Mc 1 – 3; 14 - 16

13.27.1. Preguntas: ¿Qué rasgos caracterizan a Jesús como Mesías? ¿En qué hechos muestra una autoridad especial? ¿Cuál
es el mensaje de Jesús? ¿cuáles son sus principales acciones? ¿Por qué los fariseos, escribas y sumos sacerdotes rechazan
a Jesús?, ¿por qué lo condenan a muerte? ¿cómo reaccionan los discípulos? ¿Qué “testamento” deja Jesús resucitado a sus
discípulos?

13.2.7.2. Explicación:

“El tiempo se ha cumplido y el Reinado de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Mc1,15). Con este
anuncio Jesús se conecta con la esperanza más profunda de su pueblo: la de que Dios va a reinar completamente sobre los
suyos derrotando a todo lo que se opone a la justicia y vida en plenitud. Sin embargo, Jesús no se presenta como “mesías” al
modo como lo concebía la mayoría de Israel, esto es, como el monarca esperado iba a liberar a derrotar a los enemigos del
pueblo y a hacer justicia en su interior recompensado a los justos y castigando a los pecadores. Jesús nunca critica
abiertamente a la opresión romana ni prepara una rebelión. Su mensaje está más bien dirigido a un cambio que debe darse
primero al interior de Israel. Aun así, Jesús realiza milagros en la línea de los que el profeta Isaías atribuía al mesías esperado.
Pero, en vez de hacer justicia recompensando a los “justos” (es decir, a los que cumplen la Ley) y castigando severamente a
los “injustos”, ofrece la entrada al Reino de Dios a todos, particularmente a estos últimos.

Percibe muy agudamente que la Ley y el Templo (los grandes elementos cohesionadores del judaísmo) han pasado a ser
instrumentos de marginación de la gente: “Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y
abatidos, como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9,36). Por eso, no duda en curar enfermos en sábado, en denunciar la pérdida
del sentido original del Templo y en comer con los pecadores (el signo de comunión por excelencia). Jesús actúa con una
autoridad suprema: perdona los pecados (atribución exclusiva de Dios), corrige la Ley de Moisés, condiciona la salvación a la
acogida o rechazo de su persona. Debido a esto las principales autoridades judías lo condenan a muerte sirviéndose para ello
del poder romano. Jesús termina en la cruz, pena que se aplicaba en la época a los esclavos y a los subversivos. Sin embargo,
Dios Padre lo resucita de entre los muertos dejando en claro que Jesús es su Hijo Amado, su presencia definitiva en medio de
los hombres. La humanidad, representada por el pueblo judío, ha rechazado a Dios mismo. Sin embargo, Él es fiel a su Alianza
y por tanto ofrece una nueva oportunidad. Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y los invita a continuar su misión en la
Iglesia. Le corresponderá ahora ser la continuadora de Israel y luz de las naciones.

13.2.7.4. Reflexión:

Con Jesús se profundiza al máximo la disyuntiva que vimos en el punto anterior. En períodos de crisis tendemos a forjarnos
nuestra propia salvación mediante medios que pueden ser, a primera vista, legítimos; en realidad, nuestro único apoyo real es
el amor gratuito de Dios que nos acoge tal como somos y, así, transforma nuestra vida. ¿Cuáles son nuestros apoyos? ¿Qué
daños producen en otros? ¿Tenemos conciencia de que Dios nos ama? ¿Amamos a los otros como Dios nos ama?

13.2.8. La Iglesia y la universalidad de la fe.

Texto: Hechos 2,1-14.36-47; 4,32-37; 5,12-42; 6,1-15; 7,51-60; 8,1-8; 9,1-31; 11,19-30; 13,1-3.13-16.42-52; 14,1-28; 15,1-31.

13.2.8.1. Preguntas: ¿Qué anuncia la Iglesia? ¿mediante que signos? ¿Qué características tiene la comunidad de Jerusalén?
¿Por qué el Sanedrín persigue a los apóstoles? ¿Por qué los judíos persiguen a Esteban? ¿Qué importancia tiene la comunidad
de Antioquía? ¿qué importancia tiene Pablo? ¿De qué trata el “Concilio de Jerusalén” ?, ¿a qué acuerdo llega?

13.2.8.2. Explicación:

De las apariciones de Jesús resucitado y del envío del Espíritu surge la Iglesia. Al principio ella está compuesta por judíos de
Palestina. Éstos siguen cumpliendo la Ley, asistiendo a la Sinagoga y realizando sacrificios en el Templo. Sin embargo, tienen
conciencia de pertenecer al Nuevo Pueblo de Dios. Por ello comparten sus bienes, realizan milagros, profundizan en la Palabra
de Dios y celebran la Eucaristía. Al igual que Jesús, la Iglesia Primitiva conoce la persecución. Ésta proviene de los mismos
que persiguieron a Jesús. En el año 34, un grupo importante de cristianos debe huir de Jerusalén. Algunos de ellos fundan la
comunidad de Antioquía, en la costa de lo que hoy es Siria. Por primera vez, en esta comunidad se acepta a no-judíos (paganos,
gentiles) en la Iglesia sin exigirles la circuncisión, es decir, sin que tengan que cumplir la Ley de Moisés. Esta decisión provoca
en la Iglesia un problema serio. ¿Es necesario hacerse judío para entrar en la Iglesia? ¿Es necesario cumplir la Ley de Moisés
para ser cristiano? El principal defensor de que los gentiles ingresaran a la Iglesia sin circuncisión fue San Pablo, ex fariseo y
perseguidor de la Iglesia, al que se aparece Jesús y lo llama a ser apóstol.

La Iglesia se divide: unos dan la razón a Pablo y otros no. La reunión de todos los apóstoles en la Asamblea de Jerusalén (año
48) zanja la cuestión a favor del apóstol. Sin embargo, la división subsistirá, lo cual no será obstáculo para que el cristianismo
se expanda por todo el Mediterráneo, siguiendo el mandato de Jesús: “hagan discípulos en todas las naciones” (Mt 28,19).

13.2.8.3. Reflexión:

Lo que está en juego en la discusión de esta Asamblea es algo bien central. Se trata de lo que hoy llamamos “evangelización
de la cultura”. Porque Jesús resucitado está presente en todos los hombres, el cristianismo debe ser capaz de insertarse en
cualquier nacionalidad y mentalidad sin renunciar a su esencia. Debiera existir un cristianismo latinoamericano, asiático,
africano, etc. diferentes del tradicional europeo. La fe cristiana debe asumir todo lo que hay de positivo y válido de la cultura en
la que se inserta y, a la vez, corregir lo que es contrario al amor de Dios en ese modo de ser. Siempre será una tentación de
los cristianos que llevan más tiempo en la Iglesia o que tienen más influencia en ella el imponer su modo de vivir la fe. Los
adultos tienden a hacerlo con los jóvenes, los varones con las mujeres, los sacerdotes con los laicos, los ricos con los pobres.
La Iglesia debe pertenecer a todos, ser su hogar; ello no ocurre cuando muchos deben, para entrar en ella, dejar en el umbral
los mejores dones que han recibido del Espíritu.