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La meritocracia (proveniente del latín merĭtum ‘debida recompensa’, a su vez

de mereri ‘ganar, merecer’; y el sufijo -cracia del griego krátos, o κράτος en griego, ‘poder,
fuerza’)12345 es una forma de gobierno basada en el mérito (los mejores), y en términos más
generales, se refiere a la discriminación positiva por méritos. Las posiciones jerárquicas son
conquistadas con base en el mérito, y hay un predominio de valores asociados a la
capacidad individual o al espíritu competitivo, tales como, por ejemplo, la excelencia en
educación o deportes.

Un modelo meritocrático es un principio o ideal de organización social que tiende a


promover a los individuos en los diferentes cuerpos sociales: escuela, universidad,
instituciones civiles o militares, mundo del trabajo, administraciones, estado, etc. según su
mérito (aptitud, trabajo, esfuerzo, habilidades, inteligencia, virtud) y no según su origen
social (sistema de clases), riqueza (reproducción social) o relaciones individuales (sistema
de "amiguismo").

Por extensión, «meritocracia» hace referencia a la selección social o jerarquización social


por la valoración de un tipo de méritos (meritaje) para el desempeño de puestos de
gobierno, laborales, económicos y sociales.67

Orígenes y definición[editar]

Los primeros indicios de este mecanismo se remontan a la antigüedad, en


China. Confucio y Han Fei son dos pensadores que propusieron un sistema próximo al
meritocrático. También pueden ser citados Gengis Kan y Napoleón Bonaparte; cada cual
utilizó en su vida y en la política de sus estados elementos de la meritocracia. La república
ideal de Platón es otro claro ejemplo de meritocracia.

La palabra meritocracia quizá aparezca por primera vez en el libro Rise of the meritocracy,
de Michael Young (1958). Allí se la cargaba de contenido negativo, ya que la historia
trataba de una sociedad futura en la cual la posición social de una persona era determinada
por el coeficiente intelectual y el esfuerzo. Young utilizó la palabra mérito en un sentido
peyorativo, diferente al común o aquel usado por los defensores de la meritocracia. Para
estos, mérito significaría habilidad, inteligencia y esfuerzo (una crítica común a la
meritocracia es la ausencia de una medida específica de esos valores y la arbitrariedad de
las elecciones).8

El principal argumento a favor de la meritocracia es que proporciona mayor eficiencia que


otros sistemas jerárquicos, dado que las distinciones no se hacen por sexo o raza ni
por riqueza o posición social, entre otros factores biológicos o culturales. El mérito del
esfuerzo individual se entiende como un criterio más justo que otros para la distribución de
los premios y las ventajas sociales asociadas.
Conforme a lo que el sufijo -cracia indica, la meritocracia es, estrictamente hablando, un
sistema de gobierno basado en la habilidad (mérito) en vez de la riqueza o posición social.
En este contexto, mérito significa básicamente ‘inteligencia‘ y ‘esfuerzo’, Mientras que la
palabra meritocracia es ahora muy usada para describir un tipo de sociedad donde la
riqueza, los ingresos y la clase social son designados por competición, asumiéndose que los
vencedores merecen tales ventajas. Consecuentemente, la palabra adquirió una connotación
de darwinismo social; se usa para describir sociedades agresivamente competitivas, con
grandes diferencias de ingresos y riqueza, en contraste con las sociedades igualitarias.

Gobiernos y organismos meritocráticos enfatizan el talento, la educación formal y la


competencia, en lugar de las diferencias existentes como clase social, etnia o sexo. En la
práctica, las investigaciones sobre movilidad social indican que todos estos criterios
supuestamente neutros favorecen a los hijos de los que ya son privilegiados de algún modo.

En una democracia representativa, donde el poder estaría en las manos de los representantes
electos, los elementos meritocráticos se incluyen en el uso de consultores especializados
para ayudar a la formulación de políticas y en un servicio civil meritocrático para
implementar dichas consultorías. El problema perenne de la defensa meritocrática es definir
en forma precisa qué se entiende por mérito.

Estados meritocráticos[editar]

La meritocracia está asociada, por ejemplo, al estado burocrático, siendo la forma por la
cual los funcionarios estatales son seleccionados para sus puestos de acuerdo con su
capacidad (a través de concursos, por ejemplo). O también más comúnmente asociado a
los exámenes de ingreso o evaluación en las escuelas, en las cuales no
hay discriminación entre los alumnos en cuanto a las preguntas o temas propuestos. Así, la
meritocracia también indica posiciones conseguidas por mérito personal.

Aunque la mayoría de los gobiernos están basados en parte en la meritocracia, esta no se


expresa de forma pura en ningún lugar. Gobiernos como el de Singapur o el
de Finlandia utilizan estándares meritocráticos para la elección de autoridades, aunque
mezclados con otros. Un modelo próximo a la meritocracia puede ser la jerarquía militar,
en la cual teóricamente los puestos se obtienen por adecuación a ciertos valores.

En Ecuador fue creado el Instituto Nacional de la Meritocracia, adscrito al Ministerio de


Relaciones Laborales.9

China imperial y meritocracia[editar]

En la China antigua existía un sistema de exámenes imperiales para el reclutamiento de


los mandarines. Los estudiantes eran preparados a través del estudio obligatorio de obras
clásicas de las cuales las más antiguas se atribuyen a Confucio (551 - 479 aC), maestro de
los letrados, que privilegió la enseñanza y los ritos para la formación del "hombre bueno"
destinado a servir al Estado. El método, utilizado por ejemplo en la Academia Hanlin, era
meritocrático en principio: consistía en la selección de "talentos" más bien por el esfuerzo
personal que por el origen social de los candidatos.10 Este sistema, generalizado en el siglo
XIV bajo la dinastía Ming para luchar contra la aristocracia, fue abolido en 1905, hacia el
final de los Qing. Algunos investigadores sostienen que el método habría inspirado
directamente la introducción de "los procedimientos psicológicos para la selección y
evaluación de los funcionarios en Inglaterra y otros países europeos".11

En Francia, el reclutamiento por competencia en el servicio público y las grands écoles se


inspira en el sistema de exámenes imperiales, traídos de China por los jesuitas, que lo
habían adoptado en sus escuelas.12 De 1704 a 1711, Voltaire fue estudiante en los Jesuitas,
en el colegio Louis-le-Grand. Escribió en 1770: "la mente del hombre no puede imaginar
un gobierno mejor que el de China, donde todos los poderes están en manos de una
burocracia cuyos miembros han sido admitidos después de exámenes muy difíciles";
"China es un país que premia la virtud y alienta el mérito: un campesino honesto y pobre se
hace mandarín".

Para Murat Lama, autor de Lee Kuan Yew, Singapur y el renacimiento de China (2016), es
a través de su compromiso con la meritocracia mandarina como Voltaire ha influido más en
la revolución francesa.13 En 1794, el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios, la Escuela
Normal y la Escuela Politécnica, creada por la Convención, se abrieron para "reclutamiento
competitivo sobre la base del mérito individual". Para estar "en línea con el ideal
republicano".

Benjamin Elman, profesor de historia de Asia del Este, inspirado en el análisis de Bourdieu
y Passeron, comenta sobre la meritocracia imperial china, como lo han hecho los
sociólogos para el período contemporáneo: "[ella ] fue también la fuente de profundas
desigualdades sociales.14