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FACULTAD DE DERECHO

“LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES”

DERECHO CONSTITUCIONAL

DOCENTE: INTEGRANTES:

Arequipa – Perú
2019
INDICE

INTRODUCCIÓN........................................................................................................................................... 2
I. CONCEPTO Y SIGNIFICADO DE DERECHOS FUNDAMENTALES ........................................................... 4
II. ETAPAS DEL CONSTITUCIONALISMO .................................................................................................. 5
III. CARACTERISTICAS DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES .................................................................. 7
IV. LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES EN LA CONSTITUCIÓN PEUANA DE 1993 ............................. 8
V. LA PERSONA JURÍDICA COMO TITULAR DE DERECHOS FUNDAMENTALES ...................................... 20
A) SOBRE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES ................................................................................... 23
B) PERSONAS JURÍDICAS PRIVADAS Y DERECHOS FUNDAMENTALES .............................................. 25
C) ALCANCE DE LA TITULARIDAD DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES ......................................... 27
D) PERSONAS JURÍDICAS PÚBLICAS Y DERECHOS FUNDAMENTALES ............................................... 31
E) ALGUNAS EXCEPCIONES ............................................................................................................... 33
F) LA DIMENSIÓN OBJETIVA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES ................................................ 35
VI. FUNDAMENTACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS O DERECHOS FUNDAMENTALES Y SU
CONCEPTO ................................................................................................................................................ 36
A) FUNDAMENTACIÓN IUSNATURALISTA U OBJETIVISMO JURÍDICO .............................................. 37
B) LA CORRIENTE DEL IUSNATURALISMO RACIONALISTA Y LAS TEORÍAS DEL CONTRATO SOCIAL . 45
VII. CONCLUSIONES ............................................................................................................................ 50
BIBLIOGRAFÍA............................................................................................................................................ 51
INTRODUCCIÓN

No es infrecuente encontrar en la literatura académica el uso indistinto de la expresión derechos


humanos y derechos fundamentales; términos que, en ocasiones incluso, se los asimila a las
denominaciones derechos naturales, derechos públicos subjetivos, libertades públicas y
derechos morales; lo cual determina la necesidad de establecer algunas precisiones
conceptuales sobre el alcance de dichas expresiones, abocándonos por la pertinencia y
frecuencia de su uso, a las dos denominaciones primeramente aludidas.

Así, Robles1, estima que la expresión derechos humanos o derechos del hombre llamados
clásicamente derechos naturales, y en la actualidad derechos morales, no son en realidad
auténticos derechos -protegidos mediante acción procesal ante un juez- sino criterios morales
de especial relevancia para la convivencia humana, y que en todo caso, "una vez que los
derechos humanos, o mejor dicho, determinados derechos humanos, se positivizan, adquieren
la categoría de verdaderos derechos protegidos procesalmente y pasan a ser derechos
fundamentales, en un determinado ordenamiento jurídico"; o lo que es lo mismo: los derechos
fundamentales son derechos humanos positivados.

Pérez Luño2, en esta misma línea, considera que el término "derechos humanos" debe quedar
reservado para la moralidad y "derechos fundamentales" para la juridicidad.

Peces Barba3, por su parte, estima que el término "derechos fundamentales" es más preciso
que la expresión "derechos humanos" y "carece del lastre de la ambigüedad que ésta supone".

De nuestra parte, partiendo del orden normativo vigente, consideramos que es posible sostener
que bajo la expresión "derechos fundamentales" se designa a los derechos garantizados por la

1 Robles, Gregorio, Los derechos fundamentales y la ética en la sociedad actual, Ed. Civitas,
S.A., Madrid, 1997, p. 20.

2 Cfr. Pérez Luño, citado por Peces Barba, en Op. cit., p. 36.

3 Peces-Barba Martínez, Gregorio, Curso de Derechos Fundamentales, Universidad Carlos III


de Madrid - Boletín Oficial del Estado, Madrid, 1999, p. 36.
Constitución y que en cambio, la denominación "derechos humanos", hace referencia a
derechos garantizados por normas internacionales. Las primeras tienen como fuente de
producción al legislador constituyente, y las segundas, a los Estados y organismos
internacionales.

Conforme a esto, ambos son derechos positivos tendentes a salvaguardar unos mismos valores
que, desde un punto de vista moral y político, se consideran básicos para la convivencia
humana 4 . Cabe aclarar sin embargo, que toda otra utilización de la expresión "derechos
humanos" fuera del contexto señalado, tendría una connotación estrictamente moral.

4 Diez - Picazo, Luis María, "Aproximación a la idea de los derechos fundamentales", Revista
Peruana de Derecho Constitucional, número 2, 2000, Lima, p. 221.
I. CONCEPTO Y SIGNIFICADO DE DERECHOS FUNDAMENTALES

Resulta de rigor, el brindar un concepto de la disciplina o tema objeto de estudio. En este


cometido, diremos con Luigi Ferrajoli, que derechos fundamentales son "Todos aquellos
derechos subjetivos que corresponden universalmente a todos los seres humanos dotados del
status de personas, de ciudadanos o personas con capacidad de obrar; entendiendo por
derecho subjetivo cualquier expectativa positiva (de prestaciones) o negativa (de no sufrir
lesiones) adscrita a un sujeto por una norma jurídica...".

Del concepto glosado se extrae que una de las notas caracterizadoras de todo derecho
fundamental es el de ser un derecho subjetivo. Con esto quiere ponerse de relieve que el titular
del derecho tiene la facultad de exigir su respeto y observancia, pudiendo acudir para ello al
órgano jurisdiccional competente para en su caso reclamar, a través de los recursos que
establece el respectivo orden jurídico, la protección de tales derechos y la reparación del
menoscabo sufrido.

Sin embargo, conviene precisar, que los límites a los derechos fundamentales no sólo pueden
provenir de preceptos limitadores que el legislador ordinario pueda crear con los que se vacíe
el contenido esencial a un derecho concreto, sino también a través de otras medidas legislativas
que no limiten directamente derechos fundamentales, sino que, regulando otras materias
establezcan unas condiciones inadecuadas para la realización efectiva de los derechos
fundamentales o lo que es lo mismo, que tales normas se traduzcan en un muro de contención
infranqueable para que la persona pueda ejercer los derechos que el orden constitucional le
reconoce; de ahí que los derechos fundamenta les no sólo garantizan derechos subjetivos de
las personas, sino también principios objetivos básicos del orden constitucional, que influyen de
manera decisiva sobre el ordenamiento jurídico en su conjunto, legitimando y limitando el poder
estatal, creando así un marco de convivencia humana propicio para el desarrollo libre de la
personalidad. Así, los derechos fundamentales como principios objetivos (preceptos negativos
de competencia), limitan las atribuciones de los tres poderes.

Tal vez ninguno de los institutos jurídicos vinculados a los derechos del hombre, ha tenido tal
nivel de receptividad en los textos constitucionales de las distintas latitudes del mundo como los
derechos fundamentales. En efecto, los que en sus orígenes fueron concebidos como mera
propuesta, desde su configuración primigenia en el Bill of Rights de 1689 en Inglaterra; en la
Declaración de Virginia de 1776, y fundamentalmente, según nuestro entendimiento, en la
Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano de 1789 en Francia,
contemporáneamente se constituyen en el sustrato básico imprescindible del Estado de
Derecho; de tal manera que ahora, para que un Estado pueda adjetivarse como "de Derecho",
deben llenarse al menos unos estándares mínimos exigibles; entre los que se encuentra, la
subordinación de la legislación a un ordenamiento de valores que esa sociedad (expresada a
través de un consenso básico: su Constitución); consenso que al menos debe abarcar: el
reconocimiento de los derechos contenidos en la Declaración de la Naciones Unidas sobre
Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948 y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles
y Políticos del 19 de diciembre de 1966. Esto importa, claro está, una internacionalización de
los derechos fundamentales, que a nuestro entender, es donde mejor se ha expresado, en
términos de convivencia humana, la llamada globalización.

Nos parece que avala el criterio de la globalización expuesto, el hecho de que las declaraciones
de derechos en los instrumentos internacionales antes aludidos consagran, de manera más o
menos uniforme, previsiones sobre los derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la
igualdad, a la propiedad, a la privacidad, a la libertad de opinión, reunión y asociación; derechos
éstos que con algunas ligeras diferencias, se encuentran reconocidos por las distintas
constituciones. Esto también reafirma la validez de la tesis de que no hay Estado de Derecho
sin el reconocimiento de los derechos fundamentales. Y como lo advierte Lösing, el principio
Estado de Derecho se va desarrollando según se van desarrollando los derechos fundamentales
y según va variando la interpretación de los mismos; lo cual determina la existencia de un flujo
y reflujo permanente entre la interpretación de los derechos fundamentales y la interpretación
del principio Estado de Derecho; o lo que es lo mismo: los derechos fundamentales son
interpretados a la luz de los principios del Estado de Derecho y el Estado de Derecho se nutre
de la interpretación de los derechos fundamentales.

II. ETAPAS DEL CONSTITUCIONALISMO

CONSTITUCIONALISMO CLÁSICO

El constitucionalismo clásico o liberal reconoce su origen en el desarrollo de las primeras


libertades públicas inglesas. No nace espontáneamente ni observa una única fórmula. Por
el contrario, se consolida gradualmente a través de sucesivos avances en los que los
sectores cada vez más amplios de la sociedad civil se benefician de sus derechos.

CARACTERÍSTICAS

 Reconoció y protegió los denominados derechos individuales de carácter civil y


político.
 La legitimidad para gobernar se sustentaba en la soberana decisión del pueblo.
 Principios de legalidad como base y fundamento para el ejercicio de las conductas
coexistenciales.
 Estableció la noción de poder constituyente.
 Estableció la noción de representación política.
 Formalizó el sistema capitalista como expresión económica que el Estado debe
respetar.
CONSTITUCIONALISMO SOCIAL

Proceso por el cual los aspectos sociales van nutriendo y reconfigurando la concepción
clásica de los derechos, atendiendo a los acontecimientos políticos y sociales vividos en
occidente durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

CARACTERÍSTICAS

 Reconoció que los derechos individuales deben ejercerse en armonía con los
intereses generales de la sociedad.
 Amplio la gama de los derechos fundamentales de la persona al ámbito
económico, social y cultural.
 Fomento la presencia del Estado en el ámbito económico, ya sea de carácter
promotor, regulador , planificador o conductor.
 Fomento la dignificación ética del trabajo.
 Planteo la solidaridad como deber jurídico y la justicia como deber político del
Estado.

CONSTITUCIONALISMO CONTEMPORÁNEO

Se manifiesta como consecuencia de las secuelas dejadas por la Segunda Guerra


Mundial, los procesos de integración interestatales o internacionalización y especificación
de los derechos fundamentales de la persona.

CARACTERÍSTICAS

 La humanidad quedó advertida de la necesidad de contrarrestar con más


democracia los peligros del totalitarismo, así como extender el reconocimiento,
protección y promoción de los derechos a sectores más amplios y otrora
desprotegidos.
 Fomento masivo de los principios, valores, instituciones y categorías de naturaleza
democrática.
 Proceso de autolimitación de la soberanía estatal y la trasformación de ciertas
potestades u organismos internacionales.
 Extensión de las técnicas de frenos y contrapesos a favor de órganos no políticos
(Defensoría del Pueblo).
 Auspicio del control de la constitucionalidad por medio de entes con jurisdicción
concentrada.
 Ampliación creciente del catálogo de derechos fundamentales y creación de
nuevos instrumentos de protección.

III. CARACTERISTICAS DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

a) Gozan de máximo rango; es decir, son creación de la jurisprudencia constitucional


que posee un grado de vinculatoriedad pleno o se encuentran consignados en textos con
rango constitucional o superior, por lo que rigen como normas generales y superiores
sobre el resto de las disposiciones.

b) Poseen máxima fuerza jurídica; es decir, la lectura simbólicamente programática


de los derechos fundamentales debe ser descartada, dado que tanto los fueros
jurisdiccionales, organismos legislativos y administrativos como los derivados de actos
privados, deben observarlos, tutelarlos y promoverlos.

c) Poseen grado de máxima importancia del objeto; es decir, no regulan


cuestiones específicas e intrascendentes, sino que rigen para los elementos
estructurales de la sociedad y el hombre (vida, libertad, propiedad, etc.).

d) Poseen un máximo grado de indeterminación; es decir, la normativa es bastante


escueta en cuanto a cuáles son los supuestos de hecho sobre los cuales han de
aplicarse. En efecto, los derechos son lo que son en virtud de las técnicas de
interpretación, lo cual les otorga la ductilidad necesaria para adaptarse a todo tiempo y
circunstancia.
IV. LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES EN LA CONSTITUCIÓN
PEUANA DE 1993

En nuestra Constitución, los derechos anteriormente mencionados se encuentran


decepcionados de la siguiente forma:

 Derechos de la 1º generación: derechos civiles: Arts.1 y 2, incisos


1,2,3,4,5,6,7,8,9,1,0,11,12,13,14,15,16,1,7,18,,20,21,22,22,24, a-h; Derechos
políticos : Arts. 30,31,32,33 y 35,

 Derechos de la 2º generación: derechos sociales: Arts:4,5,6,7,8,9,10,11,12,13 y 14


; derechos económicos y culturales: ,15,16,17,18,19,20,21,23,24,25,26,27,28

 Derechos de la 3º generación : derechos colectivos : inc 19 del artículo 2,. Artículos


67,68 y 69; Inciso 22 del Artículo 2º.

Aunque muchos autores proclaman la existencia de una Cuarta generación de Derechos


Humanos aún no ha tenido relevancia suficiente en nuestro medio, por lo que solo se tomara
en cuenta las tres generaciones de derechos Humanos:

 Derecho a la personalidad jurídica:

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

1. A la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física

y a su libre desarrollo y bienestar.

El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece.

Sobre el derecho de todo ser humano a ser persona el Art. 1º de la Convención Americana
sobre Derechos humanos dice que:

"para los efectos de ésta Convención, persona es todo ser humano".

Con respecto al reconocimiento de la personalidad jurídica el Art. 3º de la Convención


Americana sobre los Derechos Humanos dice "toda persona tiene derecho al
reconocimiento de su personalidad jurídica" ;
El Art.16 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos expresa que "todo ser
humano tiene derecho en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica".

Para la Convención Americana sobre los Derechos Humanos en su Art. 6 "nadie puede ser
sometido a esclavitud o servidumbre, y tanto ésta como la trata de esclavos y la trata de
mujeres están prohibidas en todas sus formas" y para el Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos se establece exactamente lo mismo.

 Prohibición de la esclavitud y prohibición de la compraventa de personas ()

Nuestra Constitución prohíbe la esclavitud y la servidumbre y prohibe la comercialización de


esclavos. Es así como para nuestra constitución queda abolida definitivamente la
"muerte civil". Esto quiere decir que las personas no serán tratadas ya como cosas sino
como personas reconociéndoseles definitivamente el derecho a la personalidad jurídica por
el solo hecho de ser humanos.

ART 2, inc. 24-b de La Constitucio Politica dice: ……..Están prohibidas la esclavitud, la


servidumbre y la trata de seres humanos en cualquiera de sus formas.

De igualmodo la Declaracion Universal de Derechos Humanos dice en su Artículo 4:

"Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos


están prohibidas en todas sus formas".

 La dignidad personal

Es verdad evidente que la persona humana tiene una dignidad que deriva del hecho de ser,
ontológicamente una persona, y que el derecho debe reconocérsela por ser tal. Nuestra
Constitución si enumera este derecho en el Art 1, cuando se le refiere cmo fin supremo
del Estado:

Artículo 1.- Defensa de la persona humana

La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de


la sociedad y del Estado.

Tambien en su Art, 24º de laConstitucion hace algunas referencias a las condiciones dignas
de trabajo:
Ninguna relación laboral puede limitar el ejercicio de los derechos constitucionales, ni
desconocer o rebajar la dignidad del trabajador.

Según la Convención Americana sobre los Derechos Humanos en su Art. 11 dice :

"Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad".

 La integridad de la persona

Respecto de este derecho nuestra Constitución politica dice:

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

1. A la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y


bienestar. El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece.

Art. 5.2 de la Convención Americana sobre los Derechos Humanos referido al respeto a la
integridad personal, o a la exención de malos tratos:

Artículo 5.- Derecho a la Integridad Personal

1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.

 Derecho a la vida y sus circunstancias

Tanto en la anterior Constitución como en esta el derecho a la vida siempre ha estado


expresamente contemplado, por ser el derecho humano fundamental que es base e inicio
para hablar de otros derechos. La constitución de 1993 no hizo explícito tal reconocimiento
por vía de incorporación con jerarquía constitucional de los Tratados de Derechos
Humanos.

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

1. A la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y


bienestar. El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece.

Reconocimiento de este Derecho en diferentes instrumentos Internacionales:


ARTICULO 3.- Todo individuo tiene
Declaracion Universal de Derechos
derecho a la vida, a la libertad y a la
Humanos
seguridad de su persona.

Art. 4º.- Artículo 4.- Derecho a la Vida


1. Toda persona tiene derecho a que
Convencion America de Derechos se respete su vida. Este derecho
Humanos Pacto de San Jose de Costa estará protegido por la ley y, en
Rica general, a partir del momento de la
concepción. Nadie puede ser privado
de la vida arbitrariamente.

ARTICULO 6 1. El derecho a la vida es


inherente a la persona humana. Este
Pacto Internacional de Derechos
derecho estará protegido por la ley.
Civiles y Politicos
Nadie podrá ser privado de la vida
arbitrariamente.

El derecho a la vida entendido como derecho al mantenimiento de la existencia -o derecho


a la pervivencia puede definirse como el derecho de la persona a conservar
su estructura psicosomático de forma íntegra, de tal forma que pueda realizar -de la forma
más plena posible- los restantes elementos que la componen:

a) Ambiente sano : la preservación de las características naturales del ambiente deriva en


un equilibrio que posibilita el desarrollo de los seres vivos.

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

A la paz, a la tranquilidad, al disfrute del tiempo libre y al descanso, así como a gozar de un
ambiente equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida.

b) Seguridad social integral: Este derecho reconocido en nuestra Constitución:

Artículo 10.- Derecho a la Seguridad Social


El Estado reconoce el derecho universal y progresivo de toda persona a la seguridad social,
para su protección frente a las contingencias que precise la ley y para la elevación de
su calidad de vida.

Se trata de la protección del derecho que forma parte del derecho a la vida. El primer
derecho que adquiere la persona es el de ser protegido y recibir amparo cuando no tiene la
posibilidad de procurarse medios económicos por estado de invalidez, incapacidad
o vejez que puedan asegurarle su existencia. Se trata de que sean cubiertas las
necesidades básicas de salud, alimentación.

c) Eliminación de toda forma de discriminación:

Para garantizar la igualdad de trato, con especial referencia a mujeres, niños, ancianos y
discapacitados. Pero al mismo tiempo a los sociales nativos y afroperuanos que son una
minoría racial en nuestra sociedad. Se declara una igualdad de derechos y tratamiento
legal.

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

2. A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo,
idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole.

d) Reconocimiento de derechos humanos, la tortura, tratos y penas crueles, inhumanos o


degradantes:

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

24. A la libertad y a la seguridad personales. En consecuencia:

h. Nadie debe ser víctima de violencia moral, psíquica o física, ni sometido a tortura o a
tratos inhumanos o humillantes. Cualquiera puede pedir de inmediato el examen médico de
la persona agraviada o de aquélla imposibilitada de recurrir por sí misma a la autoridad.
Carecen de valor las declaraciones obtenidas por la violencia. Quien la emplea incurre
en responsabilidad.

f) Protección de la niñez y la ancianidad : La protección de la niñez, específicamente


contemplada en la Convención sobre los Niños contempla en el texto constitucional:
Artículo 4.- Protección a la familia. Promoción del matrimonio

La comunidad y el Estado protegen especialmente al niño, al adolescente, a la madre y al


anciano en situación de abandono. También protegen a la familia y promueven
el matrimonio. Reconocen a estos últimos como institutos naturales y fundamentales de la
sociedad.

La forma del matrimonio y las causas de separación y de disolución son reguladas por la
ley.

Los derechos de los ancianos a disponer de los medios necesarios para su bienestar
personal a través de beneficios jubilatorios y planes asistenciales, son protegidos por
extensión.

g) Protección de los discapacitados: La situación de disminución en la aptitud física o


psíquica de las personas no hace mengua en la dignidad humana y esa situación de
desventaja debe ser compensada por la sociedad.

Artículo 7.- Derecho a la salud. Protección al discapacitado

Todos tienen derecho a la protección de su salud, la del medio familiar y la de la comunidad,


así como el deber de contribuir a su promoción y defensa. La persona incapacitada para
velar por sí misma a causa de una deficiencia física o mental tiene derecho al respeto de
su dignidad y a un régimen legal de protección, atención, readaptación y seguridad.

h) Protección integral de la familia :La Carta Magna contempla la protección integral de la


familia:

Articulo 4º.-. También protegen a la familia y promueven el matrimonio. Reconocen a estos


últimos como institutos naturales y fundamentales de la sociedad.

La forma del matrimonio y las causas de separación y de disolución son reguladas por la
ley.

Artículo 5.- Concubinato La unión estable de un varón y una mujer, libres de impedimento
matrimonial, que forman un hogar de hecho, da lugar a una comunidad de bienes sujeta al
régimen de la sociedad de gananciales en cuanto sea aplicable.
Esta norma es complementada por el Pacto de San José de Costa Rica alude en su Art. 17
a derechos específicos para la formación de la familia y el mantenimiento de su cohesión,
ya que la vida del hombre no puede desarrollarse sino en el ámbito natural de la familia y
al proteger a la familia se protege a la vida misma.

i) Favorecer el desarrollo humano: Cuando establece que legislador debe tener como valor
básico al dictar normas el desarrollo humano en sus aspectos físico y espiritual, al igual que
el desarrollo institucional de la Nación y de las provincias. Promover no sólo el desarrollo
económico, sino también educativo, cultural, tecnológico y científico, que es una manera de
respetar y proteger el derecho a la vida.

Artículo 14.-Educación para la vida y el trabajo. Los medios de comunicación social

La educación promueve el conocimiento, el aprendizaje y la práctica de las


humanidades, la ciencia, la técnica, las artes, la educación física y el deporte. Prepara para
la vida y el trabajo y fomenta la solidaridad.

Es deber del Estado promover el desarrollo científico y tecnológico del país.

La formación ética y cívica y la enseñanza de la Constitución y de los derechos humanos


son obligatorias en todo el proceso educativo civil o militar. La educación religiosa se
imparte con respeto a la libertad de las conciencias.

La enseñanza se imparte, en todos sus niveles, con sujeción a los principios


constitucionales y a los fines de la correspondiente institución educativa.

Los medios de comunicación social deben colaborar con el Estado en la educación y en la


formación moral y cultural.

 Derecho a la libertad y seguridad personal

En nuestra Constitución se establece que nadie puede ser arrestado, sino en virtud de orden
escrita de autoridad competente, más los principios de legalidad y de razonabilidad son
paralelos a las normas internacionales que reconocen operativamente estos derechos en
forma conjunta. La abolición del trabajo forzoso u obligatorio se induce del de la constitución
al declarar que ningún servicio personal es exigible sino en virtud de ley o de sentencia
fundada en ley. Los tratados internacionales coinciden con la tesitura constitucional.

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona


Toda persona tiene derecho:

24. A la libertad y a la seguridad personales. En consecuencia:

a. Nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer lo que ella no
prohíbe.

d. Nadie será procesado ni condenado por acto u omisión que al tiempo de cometerse no
esté previamente calificado en la ley, de manera expresa e inequívoca, como infracción
punible; ni sancionado con pena no prevista en la ley.

f. Nadie puede ser detenido sino por mandamiento escrito y motivado del Juez o por las
autoridades policiales en caso de flagrante delito.

 Igualdad ante la ley

Está claramente explicitado en nuestra Constitución en el 2,

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

2. A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo,
idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole.

 Intimidad personal

En nuestra Constitución se reconoce el "principio de reserva" por el cual


las acciones privadas de los hombres hacen a la vida y a la moral privada de ellos, si no
ofenden al orden y a la moral pública. Por añadidura, la inviolabilidad del domicilio y la
correspondencia aparece en el.

7. Al honor y a la buena reputación, a la intimidad personal y familiar así como a la voz y a


la imagen propias.

 Libertad religiosa

Consagra la libertad de cultos en forma expresa y en forma implícita la libertad


de conciencia que es indispensable y prioritaria para ejercer la anterior.
Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

3. A la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No hay


persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión. El ejercicio público
de todas las confesiones es libre, siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público.

 Derecho a la Nacionalidad

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

21. A su nacionalidad. Nadie puede ser despojado de ella. Tampoco puede ser privado del
derecho de obtener o de renovar su pasaporte dentro o fuera del territorio de la República.

 Derechos de los pueblos indígenas

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

19. A su identidad étnica y cultural. El Estado reconoce y protege la pluralidad étnica y


cultural de la Nación.

Tambien reconoce su existencia de los rublos indígenas como comunidades nativas y les
da su autonmia economica administrativa y sus tieras son de propiedad imprescriptible
(ART. 89º)

 Libertad de prensa

Uno de los derechos humanos más importantes en un Estado republicano y democrático


es la libertad de expresarse y el inc. 4º del Art 2 dispone la libre publicación de las ideas
por la prensa sin ningún tipo de censura previa el ultimo parrafo respalda dicha libertad no
permitiendo su restricción por medio de reglamentaciones surgidas del Estado:

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:


4. A las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante
la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin previa
autorización ni censura ni impedimento algunos, bajo las responsabilidades de ley

Los delitos cometidos por medio del libro, la prensa y demás medios
de comunicación social se tipifican en el Código Penal y se juzgan en el fuero común.

Es delito toda acción que suspende o clausura algún órgano de expresión o le impide
circular libremente. Los derechos de informar y opinar comprenden los de fundar medios
de comunicación

 Derecho de libre asociación

Nuestra Constitución en una fórmula concisa y amplia establece la libertad de asociarse


con fines útiles y universales, siempre que no contravenga las leyes y elorden publico:

Artículo 2.- Derechos fundamentales de la persona

Toda persona tiene derecho:

13. A asociarse y a constituir fundaciones y diversas formas de organización jurídica sin


fines de lucro, sin autorización previa y con arreglo a ley. No pueden ser disueltas por
resolución administrativa.

 Derecho de propiedad

NuestraConstitucion. además de reconocer la propiedad privada como un derecho humano


fundamental, y el derecho de usar y disponer de ella, declara que ésta es inviolable, pero
si se puede expropiar:

Artículo 70.- Inviolabilidad del derecho de propiedad

El derecho de propiedad es inviolable. El Estado lo garantiza. Se ejerce en armonía con el


bien común y dentro de los límites de ley. A nadie puede privarse de su propiedad
sino, exclusivamente, por causa de seguridad nacional o necesidad pública, declarada por
ley, y previo pago en efectivo de indemnización justipreciada que incluya compensación por
el eventual perjuicio. Hay acción ante el Poder Judicial para contestar el valor de la
propiedad que el Estado haya señalado en el procedimiento expropiatorio.

 Derechos Politicos
Se garantiza el pleno ejercicio de los derechos políticos, no enunciados en la anterior
Constitución, que se derivaban básicamente por interpretación del que establece que las
declaraciones, derechos y garantías enumerados no se entenderán como negación de otros
enumerados, pero que nacen de lasoberanía del pueblo y de la forma republicana
adoptada.

Artículo 31.- Participación ciudadana en asuntos públicos

Los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos mediante referéndum;
iniciativa legislativa; remoción o revocación de autoridades y demanda de rendición
de cuentas. Tienen también el derecho de ser elegidos y de elegir libremente a sus
representantes, de acuerdo con las condiciones y procedimientos determinados por ley
orgánica.

 Derecho a la creación y organización de partidos políticos Los partidos


políticos revisten el carácter de institución, ya que ellos contienen el ideario de los
ciudadanos que la componen.

Artículo 35.- Organizaciones Políticas

Los ciudadanos pueden ejercer sus derechos individualmente o a través


de organizaciones políticas como partidos, movimientos o alianzas, conforme a ley. Tales
organizaciones concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular. Su
inscripción en el registro correspondiente les concede personalidad jurídica.

 Derecho a la iniciativa popular

Se pone el acento en el mayor protagonismo del ciudadano, sin diluir


el sistema representativo, aunque en una especie de democracia semi-directa, a quienes
por gozar del derecho político a ejercer el sufragio se les permite promover iniciativas de
origen exclusivamente popular.

"Artículo 31.- Los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos mediante
referéndum; iniciativa legislativa;………

 Derecho a la consulta popular

Otro modo de participación democrática es este artículo que se ha incorporado a las


declaraciones, derechos y garantías, por la cual la ciudadanía emite su opinión.
 Derecho a la educación y sus circunstancias

El derecho a la educación es el equivalente moral al derecho a la vida, por considerar que


la vida sin educación sería meramente vegetativa y la educación es el fundamento de la
cultura. Sitúa a la educación en el marco de las "circunstancias" del hombre. Así el Articulo
17 establece que la educación debe ser garantizada por el Estado. El Estado asume
diversas obligaciones para hacer efectivo el ejercicio de este derecho: la reglamentación
del derecho de enseñanaza a cargo de la docencia Articulo 15, la organización y bases de
la educación, la planificación de la instrucción general y universitaria( Articulo 18º), la
promoción de la formación profesional, de la investigación, del desarrollo tecnológico y
científico, de la ciencia, el conocimiento y la cultura (Articulo 14, Articulo 18), garantía
de equidad y gratuidad de la educación pública estatal, autonomía y autarquía universitaria
y derechos culturales reconocidos en los tratados constitucionalizados .

 Derecho al medio ambiente

La Constitución otorga en este momento la protección a un amplio espectro de bienes


comunes, tratando de amparar el ambiente y las circunstancias donde se desarrolla la vida
del hombre, caracterizando el derecho al ambiente como un derecho común a todos los
habitantes, tratándolo como un derecho a un ambiente apto para el desarrollo humano.
Estan implícitamente contemplaos en los Articulos 67,68 y 69 de la Constitución.

 Derecho de consumidores y usuarios de bienes y servicios Se dio jerarquía


constitucional a la protección y tutela de los derechos de los consumidores y
usuarios de bienes y servicios. El objetivo es lograr una mejor calidad de vida: salud
(medicamentos y bienes que consume); seguridad (integridad física y seguridad
individual o personal de los consumidores, etc.)

La contitucion no establece direcyamnete un a proteccion de este derecho pero se


sobrenetiende incorporado en el Articulo 65º.

Artículo 65.- Protección al consumidor

El Estado defiende el interés de los consumidores y usuarios. Para tal efecto garantiza el
derecho a la información sobre los bienes y servicios que se encuentran a su disposición
en el mercado. Asimismo vela, en particular, por la salud y la seguridad de la población.
 Defensa del sistema democrático y del orden institucional

La historia peruana no describe es una continuidad jurídica y política del Estado, de sus
poderes y del ejercicio pleno de los derechos del ciudadano. Este recorrido histórico es la
causa eficiente de lano incorporación de ningun texto mas que implícitamente el Derecho
de Insurgencia:

Artículo 43.- Estado democrático de derecho. Forma de Gobierno

La República del Perú es democrática, social, independiente y soberana.

El Estado es uno e indivisible.

Su gobierno es unitario, representativo y descentralizado, y se organiza según el principio


de la separación de poderes.

Arrtículo 46.- Gobierno usurpador. Derecho de insurgencia

Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asumen funciones públicas


en violación de la Constitución y de las leyes.

La población civil tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional.

Son nulos los actos de quienes usurpan funciones públicas.

V. LA PERSONA JURÍDICA COMO TITULAR DE DERECHOS


FUNDAMENTALES

Sin duda que una de las cuestiones no sólo más importantes sino también de mayor
dificultad en la Teoría general del Derecho, es la referida a los sujetos de derecho, en
particular, a los sujetos de los derechos fundamentales. La importancia y dificultad se
definen principalmente por la extensión que ha experimentado la categoría sujetos de
derecho, desde la persona natural individualmente considerada, hasta los animales y
plantas (hoy en día no es extraño escuchar hablar de “derecho de los animales” y de
“derecho de las plantas”), pasando por los colectivos humanos organizados como personas
jurídicas. En este contexto, la cuestión que se intentará resolver a lo largo de estas páginas
será la siguiente: las personas jurídicas ¿pueden ser consideradas titulares de derechos
fundamentales? El análisis de la cuestión se desenvolverá a través de los siguientes tres
momentos.
El primero se destinará al estudio de dos conceptos previos: el de personas jurídicas y el
de derechos fundamentales. Con base en este análisis previo se intentará determinar si las
personas jurídico privadas pueden o no titularizar derechos fundamentales; para en un
tercer momento plantear esta misma pregunta respecto de las personas jurídico públicas.
Si bien la cuestión intentará responderse fundamentalmente desde el ordenamiento
constitucional peruano, no se perderá de vista lo que ocurre en el ordenamiento
constitucional español y en el alemán. La referencia al primero es necesaria porque en la
Constitución española, al igual que en la peruana, no se ha reconocido expresamente la
posibilidad de que las personas jurídicas puedan titularizar derechos fundamentales, sin
embargo –y se verá con cual alcance– el Tribunal Constitucional español lo ha permitido,
llenando el vacío normativo. Y también se acudirá al ordenamiento constitucional alemán
en la medida que ha servido de influencia a las decisiones del Tribunal Constitucional
español. CONSIDERACIONES PREVIAS Sobre las personas jurídicas Hablar de personas
jurídicas necesariamente exige hablar de algunos conceptos básicos de la Teoría del
Derecho. El primero de ellos es el de sujeto de derecho. Al menos desde tres perspectivas
puede formularse una definición de esta categoría jurídica: desde el punto de vista del sujeto
que crea las normas jurídicas; desde la perspectiva de la dirección de la norma jurídica; y
desde el contenido de las normas jurídicas. La más usual de estas tres perspectivas –y a
la que aquí interesa mencionar– es la tercera. Desde ella se considera sujetos de derecho
“a los protagonistas de las relaciones jurídicas en tanto que titulares de derechos subjetivos
y obligaciones”.

En la tradición jurídica actual –desde la época del derecho romano– está vigente la
siguiente summa divisio del Derecho: todos los seres o son personas o son cosas. No es
posible una tercera hipótesis (Tertium non datur). En la medida que las cosas no pueden
responder ni del ejercicio de sus derechos, ni del cumplimiento de sus obligaciones, sólo
las personas humanas fueron y son consideradas como sujetos de derecho. Todas las
personas y sólo ellas son consideradas sujeto de derecho en la medida que sólo ellos tienen
la inteligencia racional y la voluntad libre para afrontar con éxito la adquisición de los bienes
que supone el derecho, y el cumplimiento de las obligaciones que supone el deber. En la
medida que sólo la persona puede ser sujeto de derecho, se habla de personalidad jurídica,
la que se define –consecuentemente– como el “especial atributo o cualidad que hace
posible que aquellos sujetos que lo poseen puedan intervenir en el desarrollo de las
relaciones sociales de tal modo que su intervención dé origen a la aparición de unos
determinados efectos o consecuencias jurídicas. Así definida la personalidad jurídica,
coincide plenamente con lo que se entiende por capacidad jurídica: “aptitud general para la
titularidad de los derechos y obligaciones inherentes a la propia condición de persona”.
Toda persona, por el sólo hecho de ser tal tiene capacidad jurídica, no requiere el
cumplimiento de ningún adicional requisito ni exigencia para su reconocimiento, en este
sentido es absoluta e indisponible. Distinta es la capacidad de obrar, categoría que
responde no a la posibilidad de ser o no titular de derechos, sino a la capacidad para ejercer
los derechos y cumplir las obligaciones que se tienen titularizadas. Así, se define “como ‘la
posibilidad que tiene el sujeto de realizar por sí mismo los derechos y obligaciones de que
es titular’ o bien como ‘aptitud para realizar actos dotados de eficacia jurídica’”

. A diferencia de la anterior, se trata de una capacidad que se puede tener de modo relativo,
es decir en la medida que se cumplen determinados requisitos exigidos por ley; y –
complementariamente– es divisible, es decir, se puede tener capacidad para realizar
determinados actos y otros no. No existe ninguna dificultad en reconocer como persona –y
por tanto, sujeto de derecho–, a todo individuo hombre o mujer, perteneciente desde un
punto de vista biológico a la especie humana homo sapiens.

Por lo tanto, una primera manifestación de la personalidad jurídica se debe hacer radicar
en la persona humana, persona natural, o persona física. Pero no es la única manifestación.
Si bien nos fijamos podremos concluir de la persona humana las siguientes dos
características. Primera, que ontológicamente está llamada a vivir en sociedad, lo que la
hace una realidad radicalmente social. La persona humana encuentra y recibe en la
convivencia con otras personas grados de desarrollo mayores que los que obtendría por su
propia cuenta. Significa esto, y he aquí la segunda característica, que la persona humana
es una realidad esencialmente imperfecta que tiende a la perfección y que necesita ir
adquiriendo bienes humanos para alcanzar esos grados de desarrollo mayor1. Ocurre, sin
embargo, que por sí misma no puede alcanzar todos esos bienes humanos, lo que le ha
llevado a organizarse con otros en grupos. Es en este contexto que se habla de una
segunda manifestación de la personalidad jurídica: la persona jurídica. Así como no había
problema ninguno en reconocer que todos los individuos humanos por su propia naturaleza
tienen asignada una aptitud para ser titulares de derechos y obligaciones (ser sujetos de
derecho), no ha sido tan claro reconocerla para las personas jurídicas. Se ha hecho
necesaria la intervención del derecho positivo para el reconocimiento de las personas
jurídicas como sujetos de derecho. En este sentido, las personas jurídicas son “siempre una
creación del respectivo ordenamiento jurídico”.
Pero la decisión del ordenamiento jurídico no es arbitraria, sino que el reconocimiento lo
ha realizado sobre entes que tienen un substrato humano, el cual justifica la extensión de
la personalidad jurídica a sujetos que por sí mismos no la tendrían. Y es que, no se olvide,
la existencia de las personas jurídicas como sujetos de derechos viene justificada por “la
necesidad que han tenido siempre los grupos humanos de conseguir ciertos fines sociales
que superan las posibilidades de acción de los individuos aislados”.

La persona jurídica, por tanto, tiene la capacidad jurídica que el ordenamiento jurídico
correspondiente le haya atribuido y en la amplitud que él haya decidido. También se le ha
reconocido la capacidad de obrar. Sin embargo, en la medida que es la persona humana el
único sujeto capaz de actuar por sí mismo en la vida jurídica, las personas jurídicas se ven
obligadas a actuar a través de las personas naturales que integran los órganos que la
conforman, de modo que “[l]os efectos de los actos que realizan los órganos no se imputan
a los individuos que los llevan a cabo, sino a la persona jurídica colectiva a la que
representan

A) SOBRE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

Se abordará ahora el estudio –breve– del segundo elemento sobre el cual se intentará dar
respuesta a la cuestión de la titularidad de los derechos fundamentales por parte de las
personas jurídicas. Una concepción básica –y pacífica– de lo que son los derechos
humanos es la siguiente: aquellos derechos que titulariza la persona humana por el hecho
de ser tal. Una definición de este estilo, siendo acertada, no nos brinda una definición que
nos sirva para aplicarla a las distintas relaciones jurídicas. Sin embargo, es de especial
utilidad porque nos coloca en la línea argumentativa correcta, pues nos dice que hay que
fijarnos en la persona humana para definir los derechos humanos. Y fijarse en la persona
humana es fijarse en aquello por lo cual la persona humana es lo que es y no es una realidad
distinta, es decir, fijarse en la esencia humana. Muchas cosas pueden decirse acerca de la
esencia o naturaleza humana. Aquí sólo conviene recordar las siguientes dos. Primera, que
es una naturaleza imperfecta que está llamada a la perfección; y segunda, que la perfección
la va adquiriendo en la medida que adquiere bienes humanos que satisfagan necesidades
humanas. En este contexto, los derechos del hombre por ser hombre pueden definirse de
la siguiente manera: “como el conjunto de bienes humanos que han de ser reconocidos y
garantizados por el Derecho a fin de permitir a la persona alcanzar cuotas de perfección
humana en la medida que logra satisfacer necesidades o exigencias propia y efectivamente
humanas”.

La expresión derecho humanos suele emplearse para la definición en el ámbito


internacional o filosófico de los derechos del hombre por ser hombre. Cuando estos
derechos son referidos de un ordenamiento jurídico concreto, la expresión que suele
emplearse es la de derechos fundamentales. Con lo cual, los derechos fundamentales son
los derechos del hombre por ser tal reconocidos y garantizados en un ordenamiento jurídico
determinado. En referencia al ordenamiento constitucional peruano –que en este punto
coincide con el ordenamiento constitucional alemán y el español– el principal criterio de
hermenéutica jurídica vigente es el siguiente: la persona humana es el fin de toda realidad
política, social y económica (artículo 1 CP). No cabe duda que a partir de aquí, la persona
humana se convierte en “el principio constitucional superior que informa el entero
ordenamiento constitucional y legal”.

En este sentido, toda la actividad estatal se justifica y encuentra su legitimidad en la ayuda


que le signifique a la persona humana para adquirir los diferentes bienes humanos que le
supongan cuotas de perfeccionamiento (y de felicidad) cada vez más altas. Que la persona
humana es el fin, equivale a decir que los derechos fundamentales son el fin.
Consecuentemente, la actividad estatal encuentra su justificación y legitimidad en la ayuda
que signifique para la plena vigencia de todos los derechos fundamentales de todas y cada
una de las personas humanas. Adicionalmente, los derechos fundamentales valen lo que
vale su contenido esencial, es decir, aquello por lo cual el derecho fundamental es el que
es y no es otro distinto. Y su contenido esencial –y en esto también hay coincidencia con el
ordenamiento alemán y el español–, tiene una doble dimensión.

La primera de ellas es la llamada dimensión subjetiva o de libertad (Subjektive


Grundrechtsgehalte), la cual está conformada por el conjunto de facultades de acción que
el derecho reserva a su titular y que exige la abstención por parte del poder público. En esta
dimensión se depositan “los derechos subjetivos de defensa de los individuos frente al
Estado”, que “garantizan un ‘status’ jurídico o la libertad en un ámbito de la existencia”. En
palabras del Tribunal Constitucional peruano, esta dimensión protege “un ámbito de
autonomía individual contra acciones u omisiones derivadas de cualquiera de los poderes
públicos”. Junto a este ámbito de libertad, se reconoce a los derechos fundamentales una
dimensión objetiva o institucional (Objektive Grundrechtsgehalte). Significa esto que los
derechos fundamentales no sólo otorgan facultades de acción a sus titulares, sino que ellos
mismos tienen un significado especial para el entero ordenamiento jurídico y la convivencia
política. Son valores objetivos que informan un sistema jurídico (Grundrechte als objektive
Wertentscheidungen) , el cual debe ser interpretado y aplicado de modo que esos valores
no sólo no se vean impedidos de regir, sino que incluso vea promovida su plena eficacia.
Consecuentemente, esta dimensión objetiva o institucional genera deberes positivos (de
actuación al poder político).

En palabras del Tribunal Constitucional español, se trata de los “elementos esenciales de


un ordenamiento objetivo de la comunidad nacional”, o “los componentes estructurales
básicos, tanto del conjunto del orden jurídico objetivo como de cada una de las ramas que
lo integran”. Estos valores objetivos son la base y el fundamento de una convivencia
humana justa y pacífica. Como ha dicho el Tribunal Constitucional peruano, hay que
reconocer en los derechos fundamentales “el establecimiento de verdaderos valores
supremos, es decir, el componente estructural básico del orden constitucional”, con otras
palabras, “los valores materiales de todo el sistema jurídico nacional”.

B) PERSONAS JURÍDICAS PRIVADAS Y DERECHOS FUNDAMENTALES

Fundamento para el reconocimiento de la titularidad de derechos fundamentales Con estos


presupuestos es posible abordar la cuestión de la titularidad de derechos fundamentales
por parte de las personas jurídicas. Las personas jurídicas pueden clasificarse en públicas
y en privadas.

Esto exige necesariamente –como ya se indicó antes– plantear la cuestión respecto de


unas y otras por separado, por lo que la pregunta que se intentará resolver en este apartado
es si las personas jurídicas privadas pueden o no titularizar derechos fundamentales. El
punto de partida debe de ser lo que al respecto se ha dispuesto en la Constitución. Dos
razones lo justifican. La primera es que debido a que en las personas jurídicas no es posible
reconocer una naturaleza tal que permita –y exija– predicar de ellas una personalidad
jurídica como ocurre con las personas naturales, sino que esa personalidad jurídica es una
creación del Derecho, habrá que acudir a ese Derecho para determinar lo jurídicamente
vinculante en este punto. Y la segunda razón es que siendo la Constitución el fundamento
del entero ordenamiento jurídico como norma suprema que es, se ha de empezar por ella.
Son pocos los casos de ordenamientos jurídicos en los que es la propia Constitución la que
da una respuesta expresa y clara a la cuestión de la titularidad de los derechos
fundamentales. La Constitución peruana no ha sido uno de esos casos. Esta situación exige
acudir –de la mano siempre de la interpretación del Tribunal Constitucional peruano– a
principios constitucionales o a disposiciones constitucionales de las que indirectamente se
pueda obtener una respuesta a la cuestión antes planteada. De un rápido examen del texto
constitucional peruano, se advierte que existen preceptos constitucionales en los que se
reconoce derechos fundamentales relacionados con el ejercicio no individual –colectivo, por
tanto– de determinados derechos fundamentales. Así, por ejemplo, se ha reconocido que
toda persona tiene derecho a la libertad de religión, en forma individual o asociada (artículo
2.3 CP); y que todos tienen derecho a asociarse y a constituir fundaciones y diversas formas
de organización jurídica sin fines de lucro, sin autorización previa y con arreglo a ley;
(artículo 2.13 CP). También se ha reconocido que todos tienen derecho a participar, en
forma individual o asociada, en la vida política, económica, social y cultural de la Nación
(artículo 2.17 CP); y que todos tienen derecho a formular peticiones, individual o
colectivamente, por escrito ante la autoridad competente, la que está obligada a dar al
interesado una respuesta también por escrito (artículo 2.20 CP). Y en fin, fuera del artículo
2 CP existen reconocidos derechos como el de promover universidades privadas (artículo
18 CP); el derecho de sindicación (artículo 28 CP), o el derecho de propiedad en cualquier
forma asociativa sobre la tierra (artículo 88 CP).

¿Qué significado jurídico puede tener este reconocimiento constitucional? Ya antes se ha


advertido que existe una incontestable realidad: el hombre que tiende a la perfección (a su
pleno desarrollo) necesita alcanzar objetivos que o no podrá lograr individualmente o – en
todo caso– difícilmente podrá conseguirlos sólo. El Constituyente peruano no ha ignorado
esa realidad, sino que reconociéndola ha decidido crear los cauces iusfundamentales para
que a través de ellos las personas individualmente consideradas puedan reunirse con otras
a fin de intentar la consecución conjunta de objetivos que, por otro lado, son
constitucionalmente legítimos. De modo que puede afirmarse que la persona jurídica
aparece como consecuencia precisamente del ejercicio de un derecho fundamental, al
menos de los mencionados expresamente en el párrafo anterior. La justificación de que se
le haya brindado una protección iusfundamental a la necesidad asociativa de la persona
humana, consecuentemente, radica en que en definitiva con el reconocimiento de
realidades asociativas o colectivas se trata de hacer efectivo lo más plenamente posible el
principal criterio de hermenéutica constitucional: la consideración de la persona humana
como fin; o dicho con otras palabras, la plena vigencia de los derechos fundamentales,
entre ellos, los mencionados de modo expreso inmediatamente antes. Por lo tanto, puede
concluirse ya que en el ordenamiento constitucional peruano las personas jurídicas privadas
pueden ser titulares de derechos fundamentales.

En palabras del Tribunal Constitucional peruano “el reconocimiento de los diversos


derechos constitucionales es, en principio, a favor de las personas naturales. Por extensión,
considera que también las personas jurídicas pueden ser titulares de algunos derechos
fundamentales”. Así, y por poner algunos ejemplos con base en los dispositivos
constitucionales antes referidos, se ha de admitir que una congregación religiosa llega a
titularizar el derecho de libertad religiosa; que un partido político llega a titularizar el derecho
a participar en la vida política del país; que un sindicato titulariza el derecho de libertad
sindical e incluso el de negociación colectiva; y, en fin, se ha de admitir que una comunidad
campesina titulariza el derecho de propiedad agraria. Obviamente, todas estas personas
jurídicas –la congregación religiosa, el partido político y el sindicato– deberán haberse
constituido según las exigencias y formalidades legales previstas.

C) ALCANCE DE LA TITULARIDAD DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

Razones para un alcance amplio Dicho esto, corresponde avanzar un poco más y plantear
la siguiente pregunta. ¿Sólo es posible reconocer la titularidad de los derechos
fundamentales expresamente mencionados como de ejercicio asociativo o colectivo por
parte del Constituyente peruano? Dicho con otras palabras, ¿es posible atribuir a las
personas jurídico privadas la titularidad de derechos fundamentales distintos a los
mencionados anteriormente de modo expreso? Dos razones permiten presentar una
respuesta positiva. La primera razón es que constitucionalmente está justificada una
interpretación amplia en la medida que detrás de la atribución de derechos fundamentales
a las personas jurídico privadas se encuentra el logro de cuotas mayores de desarrollo
personal de la persona individual, las cuales se lograrán en la medida que ocurra una plena
vigencia de los derechos fundamentales. No se olvide que la existencia de la persona
jurídica “no se entiende si no es en relación con las personas naturales que están tras ella”,
pues “las personas jurídicas no pueden ser consideradas un fin en sí mismas, sino como
un medio que hace posible alcanzar determinados fines que son de difícil o imposible
realización de manera individual”.

En palabras del Tribunal Constitucional español, “la plena efectividad de los derechos
fundamentales exige reconocer que la titularidad de los mismos no corresponde sólo a los
individuos aisladamente considerados, sino también en cuanto se encuentran insertos en
grupos y organizaciones, cuya finalidad sea específicamente la de defender determinados
ámbitos de libertad o realizar los intereses y los valores que forman el sustrato último del
derecho fundamental”.

La segunda razón, por su parte, es que si se trata de obtener el pleno desarrollo de la


persona humana, entonces no es coherente interpretar los dispositivos constitucionales
como si sólo reconociesen derechos fundamentales que permiten la creación de personas
jurídicas privadas (la confesión religiosa, el partido político, el sindicato o la comunidad
campesina) para conseguir objetivos que la persona no alcanzaría por si sola, sino que
necesariamente se ha de interpretar que el Constituyente peruano ha querido proteger la
creación y la actuación de la persona jurídica privada en la consecución de sus diversos
objetivos como manifestación del libre y pleno desarrollo de la persona humana. Como bien
ha dicho el Tribunal Constitucional alemán “sólo cuando la constitución y la actividad de
una persona jurídica es expresión del libre desarrollo de las privadas, naturales personas
(…) está justificado considerar a las personas jurídicas como titulares de derechos
fundamentales”. Una interpretación contraria “concluiría con la incoherencia de, por un lado,
habilitar el ejercicio de facultades a toda asociación (…) y, por otro, negar las garantías
necesarias para que tal derecho se ejerza y, sobre todo, puedan ser susceptibles de
protección”. Y es que, “si el derecho a asociarse es un derecho constitucional y si los fines
de la persona colectiva están protegidos constitucionalmente por el reconocimiento de la
titularidad de aquellos derechos acordes con los mismos, resulta lógico que se les
reconozca también constitucionalmente la titularidad de aquellos otros derechos que sean
necesarios y complementarios para la consecución de esos fines”.

Por lo tanto, se hace constitucionalmente exigible no sólo reconocer que es un derecho


fundamental el crear organizaciones, sino también reconocer que lo creado en ejercicio del
derecho fundamental –la persona jurídica privada– exige se le reconozcan también
derechos fundamentales, pues “[e]s necesario (…) asegurar a la persona jurídica un status
que le garantice determinados ámbitos de actuación y la necesaria protección por parte del
estado”. Y es que, en palabras del Tribunal Constitucional español, “el pleno reconocimiento
constitucional del fenómeno asociativo y de la articulación de entidades colectivas dotadas
de personalidad, exige asumir una interpretación amplia de las expresiones con las que, en
cada caso, se denomine al titular de los derechos constitucionalmente reconocidos y
legislativamente desarrollados”. Un alcance amplio pero limitado Las dos razones antes
mencionadas permiten extender a otros derechos fundamentales la titularidad por parte de
las personas jurídico privadas, sin embargo, habrá que establecer cuál es su amplitud. La
extensión puede ser ilimitada o limitada. Podría ser ilimitada si se llegase a comprobar que
las personas jurídicas son realidades iguales a las personas naturales. Como se hizo notar
anteriormente, la persona natural es una realidad distinta a la persona jurídica: mientras de
las primeras era posible predicar una naturaleza humana (y consecuente dignidad humana)
cuya constatación permitía reconocer una igual y absoluta capacidad jurídica, lo mismo no
ocurría con la persona jurídica mera creación del derecho, a la que es imposible reconocerle
naturaleza y dignidad humanas. Si no es ilimitada, la cuestión se desplaza a saber cuáles
pueden ser esos límites. Ante la imposibilidad de formular de modo general esos límites
debido a que las personas jurídicas al ser una creación del Derecho tienen capacidad
jurídica con la amplitud que lo decida cada Derecho en particular, sí es posible formular
algunos criterios que permitirán justificar la limitación de la extensión o, dicho de otro modo,
criterios que permitan la extensión “en la medida en que les sea extensibles”.

Estos criterios son al menos dos: la naturaleza del derecho fundamental, es decir, su
contenido constitucionalmente protegido; y la aptitud del derecho fundamental para
alcanzar la finalidad perseguida por la persona jurídica en concreto. Con base en estos
criterios pueden establecerse dos tipos de derechos fundamentales en relación con su
posible titularidad por parte de las personas jurídicas. El primero reuniría una serie de
derechos que de ningún modo podrían ser titularizados por ellas. Aquí se encuentran –y sin
intensión de ser exhaustivos– derechos como el derecho a la vida, a la identidad, a la
integridad moral, psíquica y física y al libre desarrollo y bienestar (artículo 2.1 CP); la libertad
de conciencia (artículo 2.3 CP); el derecho a la intimidad personal y familia y el derecho a
la voz y a la imagen propias (artículo 2.7 CP); el derecho a mantener reserva sobre las
convicciones políticas, filosóficas, religiosas o de cualquiera otra índole (artículo 2.18 CP);
el derecho a la identidad étnica y cultural (2.19 CP); el derecho a la paz, a la tranquilidad,
al disfrute del tiempo libre y al descanso, así como a gozar de un ambiente equilibrado y
adecuado al desarrollo de su vida (artículo 2.22 CP); el derecho a la legítima defensa
(artículo 2.23 CP); el derecho a la libertad y a la seguridad personales (artículo 2.24 CP); el
derecho al matrimonio (artículo 4 CP); el derecho a la protección de la salud (artículo 7 CP);
el derecho a la seguridad social (artículo 10 CP). En la medida que el contenido
constitucional de estos derechos fundamentales se formula en necesaria referencia a una
persona individual, no son derechos atribuibles a personas jurídicas privadas, impidiendo
que estas las titularicen.
En un segundo grupo se reunirían derechos fundamentales cuya titularidad es posible sea
atribuida a las personas jurídico privadas. Nuevamente sin afán de presentar una lista
completa, a este grupo pertenecen derechos como el derecho a la igualdad ante la ley
(artículo 2.2 CP)57; las libertades de información, opinión, expresión y difusión del
pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de
comunicación social (artículo 2.4 CP); a solicitar sin expresión de causa la información que
requiera y a recibirla de cualquier entidad pública (artículo 2.5 CP); el derecho al honor y a
la buena reputación (artículo 2.7 CP); el derecho a la inviolabilidad del domicilio (artículos
2.14 y 62 CP); el derecho de propiedad (artículo 2.16 CP); el derecho al debido proceso y
a todas las garantías jurisdiccionales (artículo 139 CP); y la libertad de trabajo (artículo 59
CP).

Todos estos derechos fundamentales, debido a que su contenido constitucional se formula


al margen de un sujeto individualmente considerado, es posible predicarlos de todas las
personas jurídicas privadas. Complementariamente, hay que tomar en consideración que
dependiendo de la finalidad perseguida por una persona jurídica puede estar justificado no
reconocer la titularidad de un derecho fundamental. Por ejemplo, un partido político cuya
finalidad es participar en la vida política del país, no puede invocar libertad de culto, pero sí
podrá titularizar libertad de información; o una asociación creada para promover un centro
universitario privado no podrá titularizar la libertad sindical, pero sí podrá invocar el derecho
de propiedad. En estos casos es válida limitar la titularidad de derechos fundamentales,
porque debido a la finalidad (naturaleza) de la persona jurídica no exige ni justifica atribuirle
las facultades que el contenido constitucional del respectivo derecho fundamental prevé.
De todo lo que se lleva dicho es posible concluir que en referencia al ordenamiento
constitucional peruano, aún ante la ausencia de un precepto que de modo claro y general
otorgue la titularidad de los derechos fundamentales a las personas jurídicas privadas, el
Constituyente ha permitido que ellas titularicen derechos fundamentales. Así se concluye
de concretos preceptos constitucionales que permiten la creación de personas jurídicas
(organizaciones religiosas, partidos políticos, sindicatos, comunidades campesinas, etc.), y
del reconocimiento que sólo es posible alcanzar los fines que las personas jurídicas
persiguen, si se reconocen a los entes colectivos así creados el ejercicio de determinados
derechos fundamentales, aquellos que por su naturaleza y características (contenido
constitucional protegido) puedan ser extensibles a las personas jurídicas. Y no podía ser de
otro modo cuando la persona humana es considerada un fin en si misma, y –
consecuentemente– las plenas vigencias de los derechos fundamentales se convierten en
el fin de la sociedad y del Estado. Dicho con otras palabras, reconocer que las personas
jurídicas privadas (como un ente distinto a sus miembros) titularizan derechos
fundamentales, y que el ordenamiento jurídico les brinda protección efectiva, queda
justificado plenamente en tanto con ello se favorece una mayor vigencia de los derechos
fundamentales de sus miembros. Aunque esta titularidad siendo amplia es limitada por unos
criterios que apuntan esencialmente al contenido del derecho fundamental.

D) PERSONAS JURÍDICAS PÚBLICAS Y DERECHOS FUNDAMENTALES

La no titularización como regla general Corresponde ahora abordar la segunda parte de la


cuestión que se intenta resolver en este trabajo. La pregunta que se intentará responder en
este apartado es si las personas jurídico públicas pueden ser consideradas como titulares
de derechos fundamentales. Al igual que en el caso de las personas jurídico privadas, el
Constituyente peruano ha guardado silencio acerca de la titularidad de derechos
fundamentales por parte de las personas jurídico públicas. Pero a diferencia de aquellas,
sobre estas no pueden encontrarse dispositivos constitucionales desde los cuales pueda
concluirse una respuesta afirmativa a la titularidad. El asunto se agrava si se toma en
consideración que, en definitiva, el principal argumento que sustentaba la titularidad de
derechos fundamentales por parte de las personas jurídico privadas era que detrás de ellas
se encontraban las personas naturales. En efecto, se dijo anteriormente que el pleno
desarrollo de la persona humana, fin de la sociedad y del Estado, obligaba a reconocer
jurídicamente la necesidad que tienen las personas individuales de agruparse con otras a
fin de lograr fines y objetivos que de otro modo no podrían alcanzar o, en todo caso, sólo
difícilmente alcanzarían. Reconociendo que esas agrupaciones organizadas como
personas jurídico privadas significaban el favorecimiento de la plena vigencia de los
derechos fundamentales de las personas individuales que las conformaban, es que se
justificaba plenamente el reconocimiento y garantía de derechos fundamentales a las
personas jurídicas. Pero en el caso de las personas jurídico públicas las situación cambia
radicalmente al menos por las dos siguientes circunstancias. La primera es que las
personas jurídico públicas no son consecuencia de la agrupación de personas naturales
que se asocian para la consecución de objetivos y fines que supongan la plena vigencia de
sus derechos fundamentales y con ella, el pleno desarrollo de su personalidad. Muy por el
contrario, ellas son creaciones del derecho como consecuencia de decisiones políticas y/o
técnicas que adopta el poder público con la finalidad de organizarse mejor a fin reconseguir
mayor eficacia en el ejercicio del poder. En buena cuenta, el sujeto que se encuentra detrás
de la persona jurídico pública no es la persona natural individual, sino el Estado. La segunda
es que el Estado, más precisamente el poder público, no titulariza derechos fundamentales.
Como se sabe, desde el constitucionalismo clásico, la Constitución en general y los
derechos fundamentales en particular, se concibieron, reconocieron y protegieron como
límites al ejercicio del poder público. De lo que se trataba con su vigencia era asegurar
ámbitos de libertad al individuo impidiendo que en ellos entrase el Estado a través del
ejercicio desbocado del poder público.

Así, “ni el origen, ni el sentido, ni la estructura de los derechos fundamentales permiten


fácilmente su extensión a los poderes públicos, en quienes vendrían a concurrir
simultáneamente el carácter de sujetos activos y pasivos de los derechos”. Y es que, en
palabras del Tribunal Constitucional peruano, “la titularidad de los derechos constitucionales
no corresponde a los diversos órganos de la Administración Pública (…), sino
concretamente, a los individuos o personas morales que son sometidos a aquél”. Esto no
significa, por otro lado, que el poder público no cuente con una serie de instrumentos a fin
de cumplir las obligaciones que se le imponen como gestor del bien común. Muy por el
contrario, el poder público tiene asignadas una serie de facultades –e incluso prerrogativas–
para el cumplimiento de los objetivos que tiene asignados. Dentro de este contexto se
puede decir desde ya que el Tribunal Constitucional peruano se equivoca –y mucho–
cuando fundamenta la titularidad de derechos fundamentales por parte de las
municipalidades (una persona jurídica pública) en el hecho de que si no se aceptase se
incurriría en una incoherencia: “la incoherencia de, por un lado, habilitar el ejercicio de
facultades a las municipalidades consagradas en la Constitución y, por otro, negar las
garantías necesarias para que las mismas se ejerzan y, sobre todo, puedan ser
susceptibles de protección”. Y es un error porque admitir que el poder público tiene
constitucionalmente atribuidas facultades, no significa admitir que tiene atribuidos derechos
fundamentales. Las atribuciones y facultades –incluso constitucionales– que se han de
reconocer y proteger jurídicamente, no configuran derechos fundamentales.
Consecuentemente, se ha de rechazar por principio que las personas jurídicas públicas
titularicen derechos fundamentales al menos por las dos siguientes razones: primera,
porque detrás de la persona jurídico pública se encuentra el poder público; y segunda,
porque no está en juego ni la protección ni el favorecimiento de la plena vigencia de derecho
fundamental alguno, al no poder éstos ser titularizados por el poder público.
E) ALGUNAS EXCEPCIONES

Cuando la persona jurídico pública actúa como un particular, Sin embargo, se tendría que
admitir que si se lograse argumentar una situación tal en la que las dos razones expresadas
en el apartado anterior se contrarrestaran al punto de prácticamente desaparecer, se
tendría que admitir la posibilidad de que los derechos intentará esa argumentación. Es fácil
constatar que no toda actuación de un órgano público (persona jurídico pública) se
desenvuelve como consecuencia de la función pública. Hay las veces en las que la
actuación del órgano público se asemeja más a la de un particular.

En este sentido se comprenden las “objeciones básicas que se extienden a la competencia


iusfundamental de las personas jurídicas de derecho público en el ámbito del desempeño
de cometidos públicos” , a las que se ha referido el Tribunal Constitucional alemán. Así,
cuando el órgano público actúe en ejercicio de la función pública a fin de cumplir con los
cometidos públicos (öffentliche Aufgaben) que se le encarguen, es decir, cuando actúe
como poder público, absolutamente no será posible predicar de esos órganos la titularidad
de derechos fundamentales. Pero, por el contrario, cuando ese tipo de actuación no se dé,
y más bien lo que ocurra es una actuación despojada de la prerrogativa o facultad que le
depara la función pública, y al margen de la gestión de algún cometido público, sería posible
admitir la titularidad. Por ejemplo, eso ocurre cuando el órgano público es procesado. En
este caso, es innegable la capacidad procesal con la que cuenta, en la medida que puede
ser demandado o puede incluso demandar. Cuando cualquiera de estas dos situaciones
ocurre, el órgano público no actúa como poder público, sino como parte procesal, en las
mismas condiciones en las que habría actuado un particular y, por tanto, sometido a las
mismas obligaciones y favorecido con las mismas garantías que un particular. En este caso,
no puede afirmarse tan categóricamente que detrás de la parte procesal se encuentra el
poder público. En el marco de esta argumentación se ha de sostener –como ha ocurrido en
el ordenamiento jurídico alemán y en el español– que las personas jurídico públicas pueden
titularizar el derecho fundamental al debido proceso o tutela judicial efectiva. A este derecho
fundamental, y con base en el mismo fundamento, podrá añadirse otro: el derecho de
propiedad. Esto ocurrirá cuando la actuación del órgano público se rija por el derecho
privado. Como se sabe la actuación “se desdobla en una actuación en forma soberana a
través de actos y contratos administrativos; y una actuación privada, fundamentalmente de
gestión patrimonial, en que se aplica el Derecho privado”.

Esta solución, por lo demás, no ha sido ajena a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional
peruano, el cual tiene declarado en una demanda de amparo interpuesta por un órgano
público –el Instituto Peruano de Seguridad Social– que “es evidente que las Ordenanzas
Municipales cuestionadas, limitan el libre ejercicio del uso y disfrute del derecho de
propiedad del demandante lesionándolo, por lo que en tales circunstancias se ha producido
un ejercicio irregular de funciones por parte de la Municipalidad demandada, resultando
fundada la acción interpuesta”. Cuando la persona jurídico pública exige espacios de
libertad Advertida esta posibilidad aún puede darse un paso más y constatar que existen
situaciones en las que la actuación del órgano público se desarrolla con un grado de
independencia del poder público suficiente como para exigir espacios de libertad. Esta
exigencia de espacios de libertad viene generada fundamentalmente porque la actuación
del órgano público va estrechamente relacionada con la efectiva vigencia de derechos
fundamentales de personas naturales. Como ha manifestado el Tribunal Constitucional
alemán, se trata de personas jurídico públicas “que sirven a la realización de los derechos
individuales de los ciudadanos y se mantienen como organismos autónomos,
independientes o en todo caso distantes del Estado”. Precisamente porque a través de la
intervención –y hasta cierto punto mediación– de estas personas jurídico públicas se
permite y favorece el ejercicio de derechos fundamentales por parte de las personas
naturales, es que aquellas reclaman espacios de libertad y, consecuentemente, la
posibilidad de llegar a titularizar derechos fundamentales. De esta forma, es posible
reconocer derechos fundamentales a las personas jurídico públicas “siempre que recaben
para sí mismas ámbitos de libertad, de los que deben disfrutar sus miembros, o la
generalidad de los ciudadanos”.

Esta descrita situación ocurre –por ejemplo– con personas jurídicas de derecho público
como una universidad estatal o un medio de comunicación estatal. Ambos reclaman
ámbitos de libertad, precisamente para mantener su autonomía respecto del poder público
(y de los poderes privados), y así favorecer el ejercicio de la libertad de enseñanza y de
investigación que promueve la primera (artículo 18 CP); y las libertades de expresión e
información que promueve la segunda (artículos 2.4, 35 y 61 CP). En este sentido se ha
desenvuelto la jurisprudencia del Tribunal Constitucional alemán y la del español.

F) LA DIMENSIÓN OBJETIVA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

El razonamiento, sin embargo, necesita de un paso más. A lo que se lleva dicho podría
contestarse de la siguiente manera: es verdad que existen situaciones en las que los
órganos públicos pueden actuar como particulares, o como mediadores en el ejercicio de
los derechos fundamentales de personas naturales, y que –por tanto– requieren de ámbitos
de libertad y de garantía jurídica, pero eso no obliga necesariamente a considerar que en
esos casos pueden llegar a titularizar derechos fundamentales, debido a que la protección
jurídica puede ofrecerse por otras vías –también jurídicas– distintas, por ejemplo,
reconociéndoles inmunidades o prerrogativas especiales. A esto puede contestarse de la
siguiente manera. Es verdad que las personas jurídicas privadas o públicas al ser una
creación del derecho, el derecho mismo decide el contenido y alcance de la protección que
les brinda, al punto que podría haberse negado la capacidad de titularizar derechos
fundamentales a los órganos públicos. Sin embargo dos razones apuntan en la dirección
de reconocer excepcionalmente que los referidos órganos pueden titularizar derechos
fundamentales.

La primera es que objetivamente –y al margen de quien pueda ser considerado titular– las
situaciones comentadas forman parte del contenido constitucional del derecho fundamental
involucrado. Así, por ejemplo, al margen de quien sea la parte procesal, forma parte del
contenido constitucional del derecho fundamental al debido proceso la proscripción de
situaciones de indefensión, de modo que si una parte procesal – por ejemplo– no es
notificada debidamente, o injustificadamente no se le permite presentar alguna prueba, al
margen de la naturaleza de la parte procesal –se ha de insistir–, se está contraviniendo el
contenido constitucional del derecho fundamental al debido proceso. Y la segunda razón es
que la ya estudiada dimensión objetiva de los derechos fundamentales no permite más que
reconocerlos como tales ahí donde se manifieste el contenido constitucional de alguno de
ellos. En efecto, si los derechos fundamentales tienen una dimensión objetiva por la cual
conforman –al margen de los concretos sujetos– el conjunto de valores materiales que
sustenta y anima un concreto ordenamiento jurídico, entonces, ahí donde se encuentre
presente el contenido constitucional de un derecho fundamental, no puede dejarse de
reconocer como tal derecho fundamental ni de ofrecerle una protección iusfundamental (por
ejemplo, a través del proceso constitucional de amparo), al margen de la naturaleza jurídica
de quien está llamado a realizar el contenido constitucional hallado. Para seguir con el
ejemplo propuesto, si a una parte procesal no se le permite probar, al margen de su
naturaleza jurídica se está vulnerando el contenido constitucional del derecho fundamental
al debido proceso, derecho que se ha de reconocer a la parte procesal afectada y no a otra
distinta, al margen de su naturaleza pública o privada. No reconocerlo así, significa
desconocer la dimensión material y objetiva de los derechos fundamentales, en buena
cuenta significa desconocer el derecho fundamental mismo, es decir, vulnerarlo en su
contenido constitucional. Por lo tanto, puede concluirse que excepcionalmente y sólo con
base al juego de las tres razones expresadas anteriormente, puede llegarse a reconocer
que una persona jurídico pública titulariza derechos fundamentales, al menos los tres
referidos antes y en las condiciones explicadas.

VI. FUNDAMENTACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS O DERECHOS


FUNDAMENTALES Y SU CONCEPTO

En nuestra opinión, es necesario considerar conjuntamente el tema del fundamento y del


concepto de los derechos humanos. El fundamento responde a la pregunta del porqué de
los derechos humanos, mientras que el concepto responde a la pregunta del para qué de
los derechos humanos, sobre todo en una perspectiva dinámica, con lo cual coincidimos
con Peces-Barba y Prieto.

Asimismo, la fundamentación y la protección de los derechos fundamentales, aunque


constituyen temas diferentes, ya que el primero es filosófico y el segundo de carácter
jurídico-político, no se pueden presentar completamente diferenciados. Por tanto, en otro
acápite de este capítulo consideraremos la forma de proteger los derechos, pero teniendo
presente que una de las formas de protegerlos es respaldándolos con buenos fundamentos
a la hora de defenderlos. Esta defensa es un auténtico desafío moral en nuestra época y
un elemento fundamental para la realización de la justicia en el ámbito del derecho y para
la legitimación del poder político en la sociedad contemporánea.
A) FUNDAMENTACIÓN IUSNATURALISTA U OBJETIVISMO JURÍDICO

Esta teoría sostiene la existencia de un derecho natural, consistente en un ordenamiento


universal que se deduce de la naturaleza humana, de donde se derivan derechos naturales
como facultades que ostenta la persona como reflejo de un cierto orden normativo natural.

Passerin d’Entréves señala la importancia e influencia de la concepción iusnaturalista en


las ideas y en la práctica histórica occidental durante estos dos milenios.

Diversos autores muestran la diversidad de orientaciones en el desarrollo del derecho


natural o concepción iusnaturalista, entre ellos, Antonio Truyol distingue entre un
iusnaturalismo platónico-aristotélico, un iusnaturalismo estoico, un iusnaturalismo
trascendente o teológico, un iusnaturalismo racionalista, un iusnaturalismo metafísico
historicista, un iusnaturalismo neokantiano y un iusnaturalismo axiológico.

Para el análisis que nos interesa de los derechos humanos reduciremos dicha clasificación
a tres ámbitos, que nos parecen los adecuados, pese a la discrecionalidad que supone toda
clasificación. Una primera corriente iusnaturalista ontológica, que puede denominarse
también aristotélico-tomista o teológica y que incluye el neotomismo contemporáneo; la
segunda corriente constituye el iusnaturalismo racionalista y del contrato social, incluyendo
las concepciones neocontractualistas; y una tercera corriente que puede considerarse como
iusnaturalismo deontológico, ético o axiológico.

La corriente del derecho natural ontológico que se concreta en las concepciones tomistas
y neotomistas En estas concepciones parte de una ontología como ciencia del ser que
reconoce los fundamentos metafísicos del orden moral, creando un orden natural objetivo
y trascendente de contenido ético que participa del orden de la ley eterna, abarcador de
todo el universo (Santo Tomás de Aquino).Es en este orden natural y objetivo donde tienen
sus raíces los derechos humanos o fundamentales, el cual es accesible al conocimiento
humano a través de la recta razón. El ser (natural) del derecho (natural) se constituye como
deber ser del derecho (positivo).

El modelo iusnaturalista aristotélico-tomista o teológico tiene en Santo Tomás de Aquino su


expresión de mayor lucidez, como señala Antonio Truyol, “fruto de una maravillosa labor de
síntesis que supo armonizar elementos que a otros parecían inconciliables, y de un
equilibrio metodológico, en el que ordenadamente conviven la especulación racional y la
investigación personal, el sistema de Aquinatense ha gravitado luminosamente sobre el
pensamiento católico posterior”.

En la misma línea, Passerin D’Entréves nos señala: “Esta función completamente nueva de
la idea del derecho natural no aparece en ningún lugar tan patente como en las enseñanzas
de Santo Tomás de Aquino. Él es el máximo representante de la filosofía medieval, a la par
que el pensador más constructivo y sistemático de la Edad Media”, agregando: “por tanto
podemos elegir sin escrúpulos la teoría del derecho natural de Santo Tomás como la mejor
ilustración del papel que aquella noción estaba llamada a desempeñar en uno de los
grandes periodos constructivos de la civilización occidental”.

Santo Tomás, en la Suma teológica, determina los conceptos de ley eterna, ley natural y
ley positiva, señalando:

“.. hemos dicho ya que la ley no es otra cosa sino el dictamen de la razón práctica
de parte del soberano que gobierna una sociedad perfecta. Pero es claro que, siendo el
mundo gobernado por la providencia divina, toda la comunidad del universo está regida por
la razón de Dios, y por consiguiente la misma razón que gobierna todas las cosas tiene
carácter de ley, siendo de Dios como de un soberano del Universo, y ya que la razón deriva
no concibe nada en el tiempo sino sólo en la eternidad, como se dice en el Libro de los
Proverbios (8.23), de ahí se sigue que hemos de llamar eterna dicha ley... Por tanto, dado
que todas las cosas gobernadas por la razón están sujetas a la regla y medida de la ley
eterna... es claro que todas las cosas participan de la ley eterna, en cuanto la llevan impresa
en sus inclinaciones a los propios actos y fines. Y entre las demás criaturas, el hombre está
dirigido de un modo más excelente por la divina providencia, en cuanto el mismo cae bajo
la dirección de la providencia, y a la vez dirige las cosas para su propio bien y el de los
demás. De ahí que el hombre participa de la razón eterna, por la cual se inclina
naturalmente el debido orden de sus actos y de su fin. Y tal participación en la ley eterna
en la criatura racional es lo que llamamos ley natural... La ley natural no es otra cosa sino
la participación de la ley eterna en la criatura racional... A partir de los preceptos de la ley
natural que son los principios comunes e indemostrables, la razón humana ha de proceder
a obtener leyes más particulares. Y estas determinaciones particulares encontradas según
el proceso de la razón humana se llaman leyes humanas.”

Así, la ley natural y la ley humana se encuentran ordenadas a la ley divina o eterna,
fundándose todo el ordenamiento en la autoridad de Dios. Así, el ser del derecho natural,
que es la participación del hombre en el orden general instaurado por Dios, se convierte en
el deber ser del derecho positivo.

El verdadero derecho es el derecho natural; el derecho positivo lo es de forma derivada, y


sólo en la medida en que es coherente y armoniza con el criterio de justicia instituido por el
derecho natural. Así, las normas del derecho positivo que no se ajustan al derecho natural
no es derecho legítimo ni válido. Al respecto, Santo Tomás señala:

Como dice Agustín en Del Libre Albedrio, libro I, capítulo 5, “no parece ser ley la que no sea
justa”. Por tanto, una ley tiene fuerza en tanto en cuanto es justa. Y en las cosas humanas
se dice que algo es justo en cuanto es recto según la regla de la razón. Pues la razón es la
primera norma de la ley como se ha dicho. De ahí se sigue que toda ley humana en tanto
es ley en cuanto se deriva de la ley natural. Más si en algún caso una ley se contrapone a
la ley natural, ya no es ley, sino corrupción de la ley.

El iusnaturalismo tiene el valor indesmentible de centrar la preocupación en el vínculo entre


derecho y moral y de reflexión sobre la justicia.

Dentro del iusnaturalismo del siglo XX pueden considerarse, además, entre otros, y J.
Messner, a Heinrich Rommen, a Michael Villey, a Jacques Lechercq, a Giorgio del Vecchio,
a Legaz y Lacambra, a Jacques Maritain.

Para Heinrich Rommen, del derecho natural forma parte del orden moral, siendo la parte de
dicho orden que rige la convivencia social en orden a la concreción de la justicia y el bien
común. Esta parte del orden moral se concreta en un conjunto mínimo de normas
fundamentales, de las cuales dos de ellas son las fundamentales, la de dar a cada uno lo
suyo y el no dar a las otras personas. De estas normas, por inferencia lógica, se van
deduciendo otras (véase El derecho natural y la historia).

En la perspectiva neotomista contemporánea puede señalarse destacadamente a Jacques


Maritain, para quien:

La persona tiene una dignidad absoluta porque está en relación directa con lo absoluto,
único medio en que puede hallar su plena realización; su patria espiritual es todo el universo
de los bienes que tienen valor absoluto, y que reflejan, en cierto modo, un absoluto superior
al mundo, hacia el cual tienden. Esta descripción, señala Maritain, no es monopolio de la
filosofía cristiana, siendo “común a todas las filosofías que, de una u otra manera,
reconocen la existencia de un absoluto superior al orden de todo el universo, y el valor
supratemporal del alma humana.

Esta persona reclama la vida en sociedad, la vida política, en una sociedad de personas
humanas, en un todo de todos, en la medida en que cada persona es un todo que tiene
libertades e independencia. La sociedad política tiene un fin o bien propio que es el bien
común, el cual se pervierte si no contribuye al desarrollo de las personas.

Para Maritain, el derecho natural “es un legado del pensamiento cristiano y del pensamiento
clásico”.

Esto significa que hay “en virtud de la propia naturaleza humana, un orden a una disposición
que la razón humana puede descubrir, y según la cual debe obrar la voluntad humana para
acordarse a los fines necesarios del ser humano. La ley no escrita, o el derecho natural, no
es otra cosa que esto”.

La naturaleza deriva de Dios, y la ley no escrita deriva de la ley eterna, que es la sabiduría
creadora.

En todo caso, basta “creer en la naturaleza humana y en la libertad del ser humano para
estar persuadido de que hay una ley no escrita, para saber que el derecho natural es algo
real en la orden moral como las leyes del crecimiento y la senilidad en el orden físico”.

Maritain precisa que “el único conocimiento práctico que todos los hombres tienen natural
e infaliblemente en común es que es preciso hacer el bien y evitar el mal. Éste es el
preámbulo y el principio de la ley natural, pero no es la ley misma”.

En este ámbito, Maritain actualiza a Santo Tomás en la Summa Teológica cuando señala
este último que el primer principio de la razón práctica y de la ley natural es que “el bien hay
que hacerlo y perseguirlo y el mal evitarlo”; así toda persona que llega al uso de razón, en
cuanto desee formular un juicio, ya tendrá presentes las nociones de bien y mal en el campo
de acción de su entendimiento, que son anteriores al acto de juzgar.

Maritain precisa así que “la ley natural es el conjunto de cosas que deben hacerse o no
hacerse, que surgen de una manera necesaria del solo hecho de que el hombre es hombre,
en ausencia de toda otra consideración”.
Las personas pueden errar y tener un conocimiento imperfecto o defectuoso, o actuar con
pasión que afecte su entendimiento, actuando mal o cometiendo graves crímenes, pero ello
nada prueba en relación con la ley natural, como las fallas de una persona al sumar nada
prueba contra la arit-mética. En efecto, “la ley natural es una ley no escrita. El conocimiento
que de ella tiene el hombre ha crecido poco a poco con los progresos de la conciencia
moral”, agregando que:

“.. el conocimiento que los hombres han tenido de la ley no escrita ha pasado por más
formas y estados diversos que los que hubieran creído ciertos filósofos o teólogos. El
conocimiento de esta ley que tiene nuestra conciencia moral es, sin duda, aún imperfecto,
y es probable que se desarrolle y afirme en tanto dure la humanidad. El derecho aparecerá
en su flor y su perfección cuando el Evangelio haya penetrado hasta el fondo de la
substancia humana.”

La ley natural y la luz de la conciencia moral reconocen, asimismo, los derechos vinculados
a la misma naturaleza del hombre. “La persona humana tiene derechos por el hecho de ser
una persona, un todo dueño de sí y de sus actos, sino un fin; un fin que debe ser tratado
como tal. La dignidad de la persona humana: esta frase no quiere decir nada si no significa
que debe ser respetada y, sujeto de derecho, posee derechos”.

Así, los derechos humanos se derivan de la dignidad de la persona humana, y ésta se funda
en la ley natural. “La verdadera filosofía de los derechos de la persona humana descansa,
pues, sobre la idea de la ley natural. La misma ley natural que nos prescribe nuestros
deberes más fundamentales, y en virtud de la cual obliga toda ley, es también la que nos
asigna nuestros derechos fundamentales”.

Las conciencias de los derechos de la persona tienen su origen, dirá Maritain “en la
concepción del hombre y del derecho natural establecida por siglos de filosofía cristiana”.

En definitiva, los derechos fundamentales como el derecho a la existencia y a la vida el


derecho a la libertad de la persona o derecho a conducir la vida como dueño de sí mismo y
de sus actos, responsable de éstos ante Dios y ante la ley de la ciudad, el derecho a la
búsqueda de la perfección de la vida humana, moral y racional y, el derecho a la búsqueda
del bien eterno, el derecho a la integridad corporal, el derecho a la propiedad privada de los
bienes materiales, que es una salvaguarda de las libertades de la persona, el derecho a
casarse según la propia elección, y de fundar una familia con la seguridad de las libertades
que le son propias, el derecho de asociación, el respeto a la libertad humana de cada uno,
representa o no un valor económico para la sociedad, todos estos derechos arraigan en la
vocación de la persona, agente espiritual y libre, al orden de los valores absolutos y a un
destino superior al tiempo.

Maritain se refiere también a los derechos de la persona cívica que dependen


indirectamente del derecho natural y surgen de la constitución fundamental de la sociedad
política. El hombre reclama naturalmente llevar una vida política y participar activamente en
la vida de la comunidad política. “Las libertades políticas y los derechos políticos... reposan
sobre este postulado de la naturaleza humana”.

En efecto, si la autoridad política tiene la función de dirigir a una sociedad de hombres libres
hacia el bien común, “es normal que esos hombres libres escojan por sí mismos quiénes
tendrán la función de dirigirlos: es ésta la forma más elemental de la participación activa en
la vida política”. El sufragio universal, la elección de los dirigentes del Estado, la asociación
en partidos políticos, la igualdad política, la igualdad ante la ley, la igual admisibilidad de
todos los ciudadanos a los empleos públicos sin discriminación.

La obra de Maritain se refiere también al reconocimiento de los derechos humanos en el


ámbito social, económico y cultural. Sin perjuicio de ello, la preocupación central se
manifiesta respecto de los derechos del ser humano en la función del trabajo,

la adquisición de conciencia de una dignidad humana ofendida y humillada, y la adquisición


de conciencia de la misión del mundo obrero en la historia moderna. Significa la ascensión
hacia la libertad y la personalidad, tomada en su realidad interior y en su expresión social,
de una comunidad de personas, de la comunidad a la vez más próxima a las bases
materiales de la vida humana y más sacrificada, la comunidad del trabajo manual, la
comunidad de las personas humanas afectadas a este trabajo, en definitiva, “la adquisición
histórica de que hablamos, es la adquisición de la conciencia de la dignidad del trabajo y
de la dignidad obrera, de la dignidad de la persona humana en el trabajador como tal”, lo
que requiere tomar forma en el derecho a un salario justo, el derecho a un título de trabajo
(estabilidad y progreso en la actividad laboral), en un sistema de cogestión y copropiedad
(en que el trabajador participa de la gestión de la empresa), la libertad sindical, asociaciones
profesionales, la estructuración de toda la organización de la economía sobre un principio
estructural y cooperativo, derecho a la asistencia en caso de miseria, enfermedad, vejez y
desocupación.
Maritain concluye este análisis, señalando que “el progreso marcha en el sentido de la
emancipación humana, no solamente en el orden político, sino también en el orden
económico y social”, donde las diversas formas de servidumbre sean abolidas, “lo cual
supone no solamente el paso a estados de organización mejores, sino asimismo el paso a
una conciencia mejor de la dignidad de la persona humana en cada uno de nosotros, y de
la primacía del amor fraternal entre todos los valores de nuestra vida. De este modo
avanzaremos hacia la conquista de la libertad”. Jacques Maritian señala:

se trata de establecer la existencia de derechos naturales inherentes al ser humano,


anteriores y superiores a las legislaciones escritas y a los acuerdos entre los gobiernos,
derechos que no le incumbe a la comunidad civil otorgar, sino el reconocer y sancionar
como universalmente valederos, y que ninguna consideración de utilidad social podría, ni
siquiera momentáneamente, abolir o autorizar su infracción.

El mismo Maritain dirá que:

toda justificación racional de la idea de los derechos del hombre, así como la idea del
derecho en general, exige que hallemos en sus verdaderas connotaciones metafísicas, en
su dinamismo realista y en la humildad de sus relaciones con la naturaleza y la experiencia,
la noción de la ley natural, desfigurada por el racionalismo del siglo XVIII. Nos percatamos
entonces de que determinado orden ideal, arraigado en la naturaleza del hombre y de la
sociedad humana, puede imponer exigencias morales, por doquier válidas en el mundo de
la experiencia, de la historia y del hecho, y crear, por igual para la conciencia y para la ley
escrita, el principio permanente y las normas primeras y universales del deber.

Maritain, en el prólogo a Los derechos del hombre, investigación de la UNESCO realizada


en 1947, señalaba que:

“.. la adoptación o el rechazo de la ley natural como fundamento de los derechos del
hombre dividía en dos grupos opuestos las opiniones sobre dicho fundamento..., para los
primeros, el hombre, en razón de las exigencias de su esencia, posee ciertos derechos
fundamentales e inalienables anteriores (por su naturaleza) y superiores a la sociedad, y
por ella misma nace y se desarrolla la vida social, con cuantos derechos y deberes implica.
Para los segundos, el hombre, en razón del desarrollo histórico de la sociedad se ve
revestido de derechos de continuo variables y sometidos al flujo del devenir y que son el
resultado de la sociedad misma, a medida que progresa a compás del movimiento de la
historia.”

Para J. Maritain, el contraste entre las dos es “ irreductible y no admite conciliación en el


plana teórico”, pero ella:

podría, primero, atenuarse algo, siempre y cuando que por los partidarios de la ley natural
se subraye que, si bien ciertos derechos fundamentales responden a una exigencia inicial
de esta ley y otros derechos a una exigencia posterior e incluso a un simple anhelo de esta
última, nuestro conocimiento de unos y otros queda en todo el caso sometido a un desarrollo
lento y azaroso, por lo cual sólo emergen como reglas de conducta reconocidas a medida
y en virtud del progreso de la conciencia moral y del desarrollo histórico de las sociedades;
y siempre y cuando que por los adversarios de la ley natural se recalcara que, si bien hay
derechos que aparecen como función de la evolución de la sociedad, en cambio, otros
derechos más primitivos aparecen como función de la misma existencia de la sociedad.36

La concepción neotomista se ve reflejada en la doctrina social de la Iglesia católica, a través


de las encíclicas sociales, constituyendo la encíclica pacem in terris del papa Juan XXIII,
establecida en 1963, una muestra representativa. Dicha encíclica señala:

En toda convivencia humana bien organizada y fecunda hay que colocar como fundamento
el principio de que todo ser humano es persona, es decir, una naturaleza dotada de
inteligencia y de voluntad libre, y que por lo tanto de esa misma naturaleza directamente
nacen al mismo tiempo derechos y deberes que al ser universales e inviolables son también
absolutamente inalienables.

Asimismo, el papa Pablo VI, en su mensaje al presidente de la Asamblea General de las


Naciones Unidas con ocasión del XXV aniversario de la Declaración Universal de los
derechos humanos (10 de diciembre de 1973), realizó una firme defensa de los Derechos
Humanos, en los siguientes términos:

Impulsado por la conciencia de nuestra misión, que consiste en hacer presente, vivo y actual
el mensaje de salvación proclamado por Cristo, no hemos dejado de afirmar repetidas
veces, a lo largo de nuestro pontificado, nuestra adhesión moral a las actividades de las
Naciones Unidas en favor de la justicia, la paz y el desarrollo de todos los pueblos.
Al disponerse esa ilustre Asamblea internacional a celebrar el XXV aniversario de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, queremos aprovechar la ocasión una vez
más para expresar nuestra gran confianza y, al mismo tiempo, nuestra firme conformidad
por el empeo de la Organización de las Naciones Unidas en favor de la promoción cada vez
más concreta, más autorizada y más eficaz, del respeto de los derechos fundamentales del
hombre.

Como dijimos en otra circunstancia, la Declaración de los Derechos Humanos “sigue siendo
para nosotros uno de los timbres de gloria más hermosos” de vuestra Organización
(Mensaje con ocasión del XXV aniversario de la Organización de las Naciones Unidas, AAS
62 1970, p. 684), especialmente si se tiene en cuenta la importancia que le corresponde
como camino seguro para la paz. En realidad, la paz y el derecho son dos bienes
relacionados directa y recíprocamente como causa y efecto: no puede haber paz verdadera
donde no se respeten, se defiendan y se promuevan los derechos humanos. Si esta
promoción de los derechos de la persona humana lleva a la paz, la paz por su parte favorece
su realización.

B) LA CORRIENTE DEL IUSNATURALISMO RACIONALISTA Y LAS TEORÍAS


DEL CONTRATO SOCIAL

Estas teorías son construcciones puramente hipotéticas o analíticas.

Las teorías contractualistas constituyen construcciones teóricas que tienen por objeto
explicar la existencia de la sociedad política con base en un pacto o un contrato que se
concretaría en el origen de la sociedad en forma de un acto jurídico revestido de
conformidad voluntaria o aceptación de las personas.

Respecto de las concepciones contractualistas hay diversas versiones, las que Kliemt
clasifica en versiones puramente explicativas, versiones explicativo-legitimantes y
versiones puramente legitimantes de la concepción básica.

A su vez, como señala Matteucci, hay tres niveles del discurso contractualita: uno es el de
aquellos que sostienen que el pasaje del estado de naturaleza al estado de sociedad es un
hecho histórico realmente acontecido; otros consideran al estado de naturaleza como una
simple hipótesis lógica, con el objetivo de crear la idea racional o jurídica de Estado como
debe ser, dándole un fundamento a la obligación política en el consenso de las personas a
una autoridad que los represente; finalmente, otro sector ve en el contrato social
únicamente un instrumento de acción política que tiene por objeto imponer límites a quienes
detentan el poder.

a. El contractualismo clásico

En el contractualismo clásico de los siglos XVII y XVIII el contrato social tiene por objeto
proteger derechos naturales, como señala Eusebio Fernández:

el poder político nacido del pacto social va a obtener la legitimidad de su origen y ejercicio
en el reconocimiento, defensa y protección de unos derechos naturales cuya procedencia
se encuentra en una situación presocial o estado natural, y cuya justificación filosófica se
halla en la existencia de un derecho deducido de la naturaleza natural del hombre, anterior
en el tiempo a todo Derecho elaborado por las sociedades políticas realmente existentes y
superior cualitativamente a las leyes positivas, tan superior que les otorga su validez moral
y jurídica.

Ello es comprobable en H. Groccio; S. Pufendorf; B. Spinoza; J. Locke; J. J. Rousseau; E.


Kant, entre otros.

Para Hugo Grocio, el ius denota “una cualidad moral, ligada a la persona, en virtud de la
cual se puede legítimamente tener o hacer ciertas cosas”, el cual se convierte en una
facultad sobre sí mismo o libertad y un poder sobre los otros o dominio, confundiéndose
con la facultad de exigir lo que es debido. Este derecho-facultad es un “derecho natural”,
que consiste en ciertos principios de la recta razón “que nos permiten conocer que una
acción es moralmente honesta o deshonesta, según su correspondencia o no con una
naturaleza razonable o sociable”. Para Hugo Grocio, en la universalidad del derecho natural
surge el derecho a contraer matrimonio, el derecho a la propiedad privada y el derecho a la
tolerancia religiosa.

Para E. Kant, el contrato social es:

una mera idea de la razón, pero que tiene indudable realidad (práctica), a saber: la de
obligar a cada legislador para que dé sus leyes tal como si éstas pudiesen haber nacido de
la voluntad reunida de todo un pueblo y para que considere a cada súbdito, en cuanto quiere
ser ciudadano, como si él hubiera estado de acuerdo con una voluntad tal. Esto es, en
efecto, la piedra de toque, la juridicidad de una ley pública capaz de regir para todos.
E. Kant sostiene que los miembros de la sociedad civil tienen tres atributos jurídicos
derivados de su calidad de ciudadano: la libertad legal, la igualdad civil y la independencia
y autonomía.

Como señalaba Del Vecchio, Kant concibe el contrato social “como pura idea que expresa
el fundamento jurídico del Estado como su arquetipo racional”.

Con Kant acaba la escuela del derecho natural y comienza la del derecho racional.

b. El neocontractualismo

Como señala Fernández, el neocontractualismo:

afirma que la legitimidad del poder político se encuentra en el reconocimiento, defensa y


protección de los derechos humanos fundamentales, equivale a afirmar que el contenido
del contrato es siempre la mejor forma de articular (a través de derecho jurídico,
Constituciones, instituciones sociales, planes económicos, modelos de sociedad) el
respeto, ejercicio y garantía de los derechos humanos fundamentales, no los derechos
humanos mismos, que como derechos morales, son previos al poder político y al derecho.

Las concepciones neocontractualistas, más que explicar el origen y existencia de la


sociedad, tienen la finalidad de fundamentar una determinada concepción de sociedad.

Coincide en esta posición Dworkin, para el cual, la teoría de los derechos que se encuentra
implícita en la construcción del contrato, tiene que ser una teoría “que se base en el
concepto de los derechos que son ‘naturales’ en el sentido de que no son el producto de
ninguna legislación, convención o contrato hipotético”.

En esta perspectiva se sitúa Rawls, el cual señala claramente:

lo que he tratado de hacer es generalizar y llevar la teoría tradicional del contrato social
representada por Locke, Rousseau y Kant, a un nivel más elevado de abstracción... La
teoría resultante es de naturaleza altamente Kantiana... Mis ambiciones respecto al libro
quedarán completamente realizadas si permite ver más claramente los principales rasgos
estructurales de una concepción alternativa de la justicia que está implícita en la tradición
contractualista, señalando el camino de su ulterior elaboración. Creo que, de los puntos de
vista tradicionales, es esta concepción la que mejor se aproxima a nuestros juicios
meditados acerca de la justicia y la que constituye la base moral más apropiada para una
sociedad democrática. Norberto Bobbio comparte esta posición neocontractualista
sealando:

La vieja teoría del contrato social no solo no ha sido desmentida en la realidad del desarrollo
histórico, sino que es más actual que nunca, aún necesita ser revisada y puesta al día... El
contrato como una institución fundamental para la regulación de las relaciones sociales de
interés público es más que nunca una realidad de hecho.

En esta posición se sitúa también James Buchanan, quien señala que “la relevancia de la
teoría contractual debe estribar no en su explicación del origen del gobierno, sino en su
ayuda potencial para perfeccionar las instituciones de gobiernos existentes”.

c. El iusnaturalismo deontológico contemporáneo o fundamentación ética o


axiológica de los derechos humanos

Los derechos humanos se fundamentan en el derecho natural; sin embargo, se refiere a un


derecho natural que, más que tratarse de un orden jurídico (distinto al derecho positivo), se
trata, como expresa Frede Castberg, de “principios jurídicos suprapositivos” y objetivamente
válidos, de “juicio de valor de validez general y postulados —normas generales— que
parecen tener un fundamento suficiente en la naturaleza humana”, en la dignidad de la
persona humana.

En esta corriente el derecho natural se traduce y concreta en un complejo de valores,


considerando que el derecho positivo debe adecuarse al valor, o que sólo posee esencia
de derecho la norma jurídica positiva o derecho que tiende a concretar y realizar el valor
como debe ser. Como dice Passerin D’Entrèves, el derecho natural aparece como “un
conjunto de valores que determinan el carácter del derecho y que determinan su
medida”.También, en una matización sobre la materia, Hans Welsel sostendrá que
constituyen principios jurídicos que otorgan legitimidad al derecho positivo y a los cuales
este último derecho está subordinado.

La fundamentación ética de los derechos humanos como derechos morales busca explicitar
la doble vertiente jurídica y ética de ellos, diferenciándose de la concepción iusnaturalista
ontológica por el hecho de que “al mismo tiempo que insistir en su especial importancia e
inalienabilidad propugna la exigencia de reconocimiento, protección y garantías jurídicas
plenas”.
Una fundamentación iusnaturalista atenuada no es partidaria de la universalidad ni de la
inmutabilidad del derecho natural, sino de su historicidad, de acuerdo con la naturaleza
histórica del hombre. En esta corriente se ubican Legaz Lacambra y Antonio Enrique Pérez
Luño.

Para L. Legaz Lacambra, “es indiscutible que los derechos humanos son derechos
naturales y que en la existencia de éstos consiste la realidad del derecho natural”.

Los derechos humanos así formulados pueden aún ser considerados “derechos naturales”
pero en función de la naturaleza histórica del hombre, y que el sistema iusnaturalista a que
responde esta formulación está transido de historicidad, y por lo mismo, no parece
adecuado asignarle una universalidad que no responda a la variedad de situaciones
humanas-sociales que se dan incluso en un mismo momento de la historia.

Finalmente, Peces-Barba ofrece una definición que busca abarcar los diferentes matices
del concepto de derechos fundamentales, entregando un concepto desde un punto de vista
objetivo y otro desde un punto de vista subjetivo.

Desde el punto de vista objetivo, los derechos fundamentales son:

el conjunto de normas de un ordenamiento jurídico, que forman un subsistema de éste,


fundadas en la libertad, la igualdad, la seguridad y la solidaridad, expresión de la dignidad
del hombre, que forman parte de la norma básica material de identificación del
ordenamiento, y constituyen un sector de la moralidad procedimental positivizada, que
legitima el Estado social y democrático de derecho.

Desde el punto de vista subjetivo los define:

como aquellos derechos subjetivos, libertades, potestades o inmunidades que el


ordenamiento positivo establece, de protección a la persona, en lo referente a su vida, a su
libertad, a la igualdad y no discriminación, a su participación política y social, a su
promoción, a su seguridad, o a cualquier otro aspecto fundamental que afecte a la libre
elección de sus planes de vida (de su moralidad privada), basada en la moralidad de la
libertad, la igualdad, la seguridad jurídica y la solidaridad, exigiendo el respeto, o la actividad
positiva de los poderes públicos o de las personas individuales o grupos sociales, con
posibilidad de reclamar su cumplimiento coactivo en caso de desconocimiento o violación.
VII. CONCLUSIONES

Los Derechos Fundamentales son la resultante de la Búsqueda de equidad entre los


ciudadanos. Su promoción nos ha llevado a vernos de forma igual pero lamentablemente
siguen existiendo formas de acción que no permiten el libre desenvolvimiento de la persona.

Los Derechos Fundamentales, es una forma de vida, que se traduce en la libertad de


opinión, de acción, entre otros logrando una pacífica interacción de las personas dentro de
una Sociedad.

Los Derechos Fundamentales son importantes en el sentido de igualdad de oportunidades


y de desarrollo, pero también implica que nosotros como hombres sepamos valorar ello y
promover la diversidad pero de manera pacífica, con verdadera justicia y un gran valor.

El Peru por su parte ha consagrado los Derechos Humanos en sus Cartas Fundamentales
en el transcurso de la vida republicana, el problema radica en que los gobernantes de turno
estuvieron sobre ella pisoteando todo el ordenamiento jurídico y ejerciendo a su vez un
mandato arbitrario que como ya sabemos es inapelable y antijurídico, el cual por obvias
razones hecha al piso el sistema de Control Constitucional.

Para finalizar, en la normatividad existente dentro del Estado, deben estar protegidos y
consagrados los Derechos Fundamentales de manera explícita y clara, para efectos de no
dar lugar a antinomias jurídicas y defender a toda costa (mediante la ley por supuesto) el
derecho a ser el principal centro de atención del Estado.
BIBLIOGRAFÍA

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