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II.- CRISTOLOGIA BIBLICA.

Manifestación de Jesucristo en el Antiguo testamento

2.1.- LA ESPERA DEL SALVADOR (A.T.).

Ya el Antiguo Testamento hace referencia al Mesías que vendría,


al Salvador y Redentor. Así, en la maldición de la serpiente
inmediatamente posterior a la caída en el pecado, ya se
encuentra oculta la primera mención al Redentor que vendría
(Gn. 3:15).

El autor de la epístola a los Hebreos ve una referencia a


Jesucristo en los actos del rey y sacerdote Melquisedec, quien
trae pan y vino a Abraham y lo bendice (Gn. 14:17-20; He. 7).

Dios, el Hijo, acompañó al pueblo escogido, Israel, a través de


la historia. El Apóstol Pablo describe expresamente la presencia
de Cristo durante el peregrinaje por el desierto: “Nuestros
padres [...] bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían
de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo" (1 Co.
10:1-4).

Algunos profetas del Antiguo Testamento hacen referencia a


detalles concretos relacionados con la venida del Redentor:

Isaías lo describió con nombres que subrayan su unicidad:


“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado
sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" (Is. 9:6).

Miqueas anunció el lugar de nacimiento del Señor: “Pero tú,


Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de
ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde
el principio, desde los días de la eternidad" (Mi. 5:2).
Malaquías profetizó a alguien que prepararía el camino del Hijo
de Dios: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el
camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el
Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien
deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los
ejércitos" (Mal. 3:1). El que prepararía el camino es Juan, el
Bautista (Mt. 11:10).

Zacarías describió la entrada del Señor en Jerusalén: “Alégrate


mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he
aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando
sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna" (Zac. 9:9).

Así, tanto la encarnación del Hijo de Dios como su camino sobre


la tierra, fueron vaticinados en el Antiguo Testamento.

La teofanía: proviene de dos palabras del griego – teo y epifaino – y


primariamente significa la aparición de Dios en forma humana. Estas apariciones
en el AT se dieron en breves períodos durante los cuales el único y verdadero
Dios vino a la tierra en forma de hombre.

- “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él
le ha dado a conocer”.

- La primer parte del verso puede ser leída de la siguiente manera: “Al Padre
nadie le vio jamás”. La gramática del griego es tajante, se trata de un negativo
universal. Nadie, en ningún momento ha visto a Dios. Juan 5:37 es aun más
explícito:

- “También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis


visto su voz, ni habéis visto su aspecto”.

- ¿Qué hacemos entonces con todos los pasajes que expresan que ciertos
hombres han visto a Dios? Por ejemplo, el profeta Isaías testificó:

- “Entonces dije: ¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de
labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto
mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Is. 6:5) (énfasis nuestro)

- El hebreo dice literalmente: “El Rey, Jehová de los ejércitos, mis ojos han
visto”.

- La incógnita se despeja cuando entendemos que es posible para una de las


personas de la Deidad ser vista mientras que las otras no lo son. Juan 1:18 y
5:37 nos informan que nadie jamás ha visto al Padre pero sí han visto al Hijo.
Si usted cree en la doctrina de la Trinidad, la contradicción desaparece. Pero
si usted suscribe a la teología modalista de los pentecostales del nombre, está
atrapado en un callejón sin salida.
- Dios “Apareció”

- A través de la historia bíblica, Dios se le “apareció” a varios personajes bíblicos:

- Gn. 12:7 Abraham

- 18:1 Abraham (importante: cuando los angeles visitaron a Abraham)

- 26:2 Isaac

- 24 Isaac

- Gn 32:22 Jacob lucha con el angel

- Numeros 12:6-8 (Dios se le aparece a Moises cara a cara)


- ¿Qué clase de “apariencia”?

- Una cara requiere una cabeza y una cabeza requiere un cuerpo, o sea la forma física de
Jehová era un cuerpo humano.

- Ya desde Génesis 3:8 vemos que Adán y Eva oyen los pasos de Jehová Dios
paseándose en el huerto (pobremente traducido en la Biblia en español como “la voz de
Jehová”).

- El hecho de que Adán y Eva se escondieron entre los árboles sólo tiene sentido cuando
reconocemos que se ocultaron de alguien que pudo ser visto y oído. No eran tan
ingenuos como para pensar que se podían escapar de la omniciencia y omnipresencia de
Dios. El esconderse detrás de un árbol implica que existe algo material o físico del otro
lado del árbol. El ocultamiento intencional de Adán y Eva presupone una forma física de
Dios.

- ¿Cómo presentan los evangelios a Jesús?


La “armonía” de los Evangelios es la concordancia entre los cuatro Evangelios
bíblicos. Los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento son como los
integrantes de un cuarteto de cantantes. Cada uno canta un tono diferente de
la melodía, sin embargo todas las diferentes voces combinadas forman una
hermosa composición. Cada uno de los cuatro Evangelios da testimonio de
Jesús desde una perspectiva aparentemente diferente, pero en conjunto,
todos ellos relatan la misma historia. Y de esta manera los cuatro forman una
armonía. A esta agrupación cronológica de los Evangelios se le llama
‘armonía de los Evangelios.’ Algunas Biblias incluyen una sección de
referencia llamada precisamente armonía de los Evangelios, que cumple el
mismo propósito.

Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son llamados “Sinópticos,” porque


incluyen muchos eventos en común de la vida de Jesús (la palabra sinóptico
significa “la misma perspectiva”). Juan se distingue de estos, al proporcionar
detalles no incluidos en los otros tres. Cada uno de estos Evangelios fue
escrito para un grupo diferente de receptores, y pone énfasis en ciertas
facetas del ministerio de Jesús. El Evangelio de Mateo fue escrito
principalmente para los judíos, y subraya el cumplimiento de las profecías en
Jesús, el rey mesiánico. Marcos fue escrito principalmente para los romanos o
cristianos gentiles, así que incluye unas pocas profecías del Antiguo
Testamento y explica además ciertas palabras y costumbres judías. Marcos
presenta a Jesús como el Siervo Divino. Lucas, también fue escrito
principalmente para los creyentes gentiles, por lo que igualmente explica
muchas palabras y costumbres judías y utiliza nombres griegos. Lucas se dio
a la tarea de escribir una narrativa ordenada de la vida de Jesús y lo presenta
como el Hijo del Hombre, enfatizando también Su humanidad. El Evangelio de
Juan presentó a Jesús como el Hijo de Dios, e incluyó más revelaciones
acerca de Él que ninguno de los otros Evangelios. También ofrece un relato
mucho más detallado de los eventos en los últimos días de Jesús.

Algunos han intentado desacreditar la Biblia señalando aparentes


inconsistencias en la narrativa de los Evangelios. Éstos señalan las
diferencias en el orden en que eventos son presentados, o detalles menores
dentro de estos eventos. Cuando las cuatro narrativas se alinean lado a lado,
vemos que no todas siguen un estricto orden cronológico. Esto es debido a
que muchas de las narrativas están colocadas por orden temático, en el cual
los eventos se agrupan de acuerdo a un tema común. Este orden temático es
la manera en que la mayoría de nosotros conversamos normalmente.

Las diferencias en detalles menores, tales como el número de ángeles en la


tumba de Cristo (Mateo 28:5, Marcos 16:5, Lucas 24:4, Juan 20:12), también
se explican permitiendo que el mismo texto así lo exponga. Mateo y Marcos
mencionan “un ángel”, mientras que Lucas y Juan mencionan “dos ángeles.”
Sin embargo, Mateo y Marco nunca dicen que había “únicamente” un ángel;
simplemente dicen que un ángel estaba presente. Tales diferencias son
complementarias y no contradictorias. Nueva información puede ser añadida,
pero nunca se niega la veracidad de la información anterior.

Como el resto de las Escrituras, los cuatro Evangelios son un hermoso


testimonio de la revelación de Dios al hombre. Imagina a un cobrador de
impuestos (Mateo), un joven judío sin experiencia con un historial de
irresponsabilidad (Marcos), un doctor romano (Lucas), y un pescador judío
(Juan), todos ellos escribiendo testimonios de la vida de Jesús en completa
armonía. No hay duda que, sin la intervención de Dios, ellos no hubieran
podido escribir estas narrativas con tal exactitud (2 Timoteo 3:16). La historia,
la profecía, y los detalles personales se agrupan todos para componer una
imagen increíblemente acertada de Jesús, el Mesías, e l Rey, el Siervo y el Hijo
de Dios.

- Nombres y atributos de Cristo:


- Jesús, es el equivalente en griego del nombre hebreo Josué, que a
su vez significa “Jehová el Salvador o la salvación de Jehová”.
Emanuel, es Dios con nosotros. Dios hecho hombre. Dios hecho
carne.
Cordero de Dios, presentándose así como en el sacrificio perfecto
para el perdón de nuestros pecados.
Redentor, pues es el único digno de pagar nuestras deudas
espirituales y otorgarnos plena libertad.
Jesús es llamado la Verdad, el Camino y la Vida. Se le define como
el Verbo de Dios, el principio y el fin, el Rey de reyes y Señor de
señores, el Buen Pastor, Luz del mundo, Admirable, Consejero, Dios
Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
El apóstol Pablo presenta a Jesús, entre otros atributos, como el
único Mediador entre Dios y los hombres.
Tratando de describir la grandeza de Jesús, la revelación paulina tan
solo alcanzó a expresar que Dios exaltó a Jesús hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de
Jesús se doble toda rodilla; y toda boca confiese públicamente que
Jesucristo es el Señor.

- La omnipresencia de Jesús

Nosotros podemos tomar absolutamente cualquiera de los 89


capítulos de los Evangelios y podremos decir con total precisión
dónde estaba Jesús. Estaba en la casa de Pedro sentado junto a la
suegra de este; o estaba en Jerusalén, en el aposento alto sentado
entre sus discípulos. Y cuando decimos dónde estaba, sabemos
que no estaba presente en otro logar. No estaba al mismo tiempo
presente en Roma, ni estaba en Egipto; solo estaba donde leemos
que estaba.

El pueblo se preguntó si Jesús vendría a la Fiesta en Jerusalén.


Marta y María se lamentaban que Jesús no hubiese venido a sanar a
Lázaro. El centurión no quería que Jesús viniese a su casa.
Siempre se trató de que Jesús no estaba presente en tal y cual
lugar.

La omnisciencia de Jesús

Sin duda Jesús demostró saber mucho más que una persona
común y corriente. Sabía por ejemplo los pensamientos de las
personas. No es telepatía o leer los pensamientos es comprender
profundamente el corazón y mente de las personas (Juan 2:24-25
“Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y
no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre,
pues él sabía lo que había en el hombre”). Y sabía detalles privados
de sus vidas. Debido a ese tipo de conocimiento es que fue
reconocido no como Dios omnisciente, sino como un profeta (Juan
4:19 “Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.”.

La omnipotencia de Jesús

Durante su ministerio público Jesús hizo milagros y señales


comparables a los de los grandes profetas de la antigüedad. Que
como ya vimos, generaron que se lo confundiera con alguno de
ellos (Mateo 16:14; Marcos 8:28 y Lucas 9:19 “Ellos respondieron:
Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de
los antiguos ha resucitado”).

Jesús llegó a resucitar tres personas – no apenas a Lázaro – pero


eso también fue parte del ministerio de los profetas antiguos. Elías
resucitó a un muchacho (1 Reyes 17:17-24). Incluso Pedro resucitó
a Dorcas (Hechos 9:37-41); y Pablo resucitó a Eutico (Hechos 20:8-
10).

EL poder “de Jesús” no era propio, así como el poder “de los
profetas” siempre se trata del poder de Dios actuando por medio de
las personas. Y ese era el caso de Jesús (Hechos 2:22 “Jesús
nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las
maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por
medio de él, como vosotros mismos sabéis” y Juan 5:30 “No puedo
yo hacer nada por mí mismo… sino la voluntad del que me envió, la
del Padre.”)