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Tito 3

Esta epístola nos presenta una imagen que cubre el espectro total de lo que Dios quiere para
la iglesia. Y hoy llegamos, estimado oyente, al estudio del capítulo 3 de la Epístola del Apóstol
San Pablo a Tito. Este capítulo trata el tema de las buenas obras que debe hacer la iglesia.
Como ya hemos dicho anteriormente, estos tres capítulos dividen esta epístola de una manera
bien definida. En el primer capítulo vimos que la iglesia es una organización, y que debe
funcionar ordenadamente. En el segundo capítulo vimos que la iglesia tiene que tener una
sana doctrina, basada en la Palabra de Dios. Y aquí en este tercer capítulo, vamos a ver que,
para ser todo lo que Dios quiere que la iglesia sea, la iglesia debe realizar buenas obras. Ahora,
en el primer versículo de este capítulo 3 de la epístola a Tito, encontramos estas palabras, que
inician el párrafo titulado

Las obras de Dios son una evidencia de salvación

"Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén
dispuestos a toda buena obra."

Lo primero que el Apóstol Pablo mencionó aquí fue que los miembros de la iglesia tenían que
ser personas que respetaran las leyes. Creemos que un creyente debe obedecer las leyes del
país en el cual vive, a menos que dichas leyes estén en conflicto o contradigan sus deberes y
relación con Dios.

Este tema hace surgir la pregunta sobre qué debería hacer un creyente cuando las leyes del
país están en conflicto o contradicen su relación con Dios. Por ejemplo, ¿debería un joven que
ha sido llamado a cumplir el servicio militar salir a luchar en una guerra si sus convicciones
cristianas le indican lo contrario? En algunos países un joven con convicciones verdaderas en
contra de participar en una guerra, puede ser un objetor de conciencia, y entonces no tiene
que unirse a un ejército llevando armas, sino que puede dedicar al ejército la misma cantidad
de tiempo que los otros jóvenes que sí portan armas, pero asignado a tareas que no le obliguen
a participar en un combate. Creemos que cualquier joven con esas convicciones deber
respetado y comprendido porque se requiere valor y convicciones firmes estar dispuesto a
cumplir con sus obligaciones militares vistiendo un uniforme, pero al mismo tiempo, negándose
a empuñar las armas. Por otra parte, en algunos países la entrada al ejército es voluntaria y
los interesados en la carrera militar pueden optar por ella libremente, eligiéndola como una
profesión.

Nosotros debemos sujetarnos a los gobernantes y poderes políticos que nos gobiernan. Esta
actitud debería formar parte de la enseñanza de una iglesia, una parte del mensaje que debería
transmitirse a los miembros de la iglesia es que ellos deberían ser obedientes a las autoridades,
a los poderes establecidos. Y no es que seamos obedientes a la persona, sino al cargo que ella
representa. El hecho de que no todas esas personas nos atiendan como es debido, no
desempeñen bien sus funciones o no nos presten la ayuda que necesitemos no quiere decir
que todos actúen de esa manera.

Ahora, esto también nos presenta la cuestión de si un creyente debe o no debe entrar en la
política. Bueno, creemos que el creyente, individualmente, tiene que ser libre para implicarse
en la vida política si así lo siente o desea. Pero creemos que la iglesia debería inmiscuirse en
la política. Si tuviéramos un verdadero movimiento del Espíritu de Dios en el día de hoy, de la
iglesia saldrían hombres y mujeres que podrían ocupar cargos en el gobierno.

Esto fue lo que ocurrió en la época de Wesley en Inglaterra. Él nunca trató de opinar sobre la
resolución de los problemas políticos de las autoridades de su país o incluso sobre la Iglesia
de Inglaterra. Simplemente se dedicó a predicar la Palabra de Dios. Como resultado de su
predicación muchos se convirtieron. Y así fue como personas que actuaban al margen de la
sociedad, buscando su propio provecho personal, que no tenían ningún interés por los más
desfavorecidos y con pocos recursos, vieron sus vidas transformadas al conocer a Cristo.
Entonces, comenzaron un gran movimiento obrero asociado a la renovación espiritual
producida por Wesley en Inglaterra. Ese movimiento obrero constituyó el comienzo de un
movimiento contrario al trabajo de los niños y a favor de la protección de los obreros en su
puesto de trabajo. Necesitamos individuos que formen parte del gobierno y emprendan una
acción social, pero la iglesia organización no ha sido llamada para introducirse en la acción
política.

El apóstol Pablo les aconsejó a aquellos creyentes que estén dispuestos a toda buena obra. La
iglesia debe instruir a los individuos sobre como estar ansiosos, ilusionados, y sobre como
aprender a realizar buenas obras. Ya vamos a comprobar este énfasis al continuar en nuestro
estudio.
Ahora el apóstol procedió a presentar el lado negativo de la exhortación: leamos el versículo
2 de este capítulo 3 de la epístola a Tito:

"Que a nadie difamen, que no sean amigos de contiendas, sino amables, mostrando toda
mansedumbre para con toda la humanidad."

Y comenzó diciendo que a nadie difamen. Significa que no debemos calumniar o hablar mal de
ninguna persona. Y esta actitud que se nos pide también incluye la actitud de no repetir los
chismes. Alguien ha dicho que uno no puede creer todo lo que oye, pero uno puede repetirlo.
Y de esto estaba hablando Pablo aquí: de que no debemos repetir lo que oímos. Muchos
comentarios negativos pasan de persona a persona sin la más mínima evidencia o prueba de
que un determinado comentario es cierto. También se dice que hay personas que creen
cualquier cosa si uno se le susurra al oído.

Sin embargo, si la iglesia tiene una evidencia sólida de que un miembro de la misma está
implicado en una acción mala, esa persona debe ser puesta en evidencia. Recordemos que
Pablo nombró a ciertos hombres que obraron con maldad: Figelo y Hermógenes (que lo
abandonaron); Himeneo y Fileto (que al expresar su ignorancia debilitaron la fe de algunos
creyentes); y Alejandro, el herrero (que le hizo mucho daño a Pablo). Después el apóstol
mencionó también a Demas, que lo había abandonado por amor a este mundo. Continuemos
leyendo el versículo 3 de este tercer capítulo:

"Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de


placeres y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, odiados y odiándonos unos a otros."

Amigo oyente, esta es la imagen de las personas que no han sido salvas, es una imagen suya
y mía de antes de que conociéramos a Cristo. Eramos insensatos, desobedientes, estábamos
descarriados, y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia
y la envidia, éramos detestables y nos odiábamos unos a otros. Esta es una imagen real y viva
de un mundo perdido.

Y usted puede visitar hogares que no son cristianos, oficinas y fábricas donde trabajen
personas que no tienen una relación con Dios y encontrará situaciones como éstas.
Desgraciadamente se pueden ver algunos de estos casos en círculos cristianos, o al menos
entre quienes profesan ser cristianos. Se finge amar pero, en el fondo de la personalidad se
esconde la envidia, el detestar a otras personas y el cotilleo. Estas actitudes constituyen un
desprestigio para la causa de Cristo. Así que tenemos aquí una descripción de cómo son, como
viven y qué sienten aquellos que no son salvos. Esta nunca debería ser una imagen de usted
y de de mí como cristianos. Ahora, los versículos 4 y 5 de este capítulo 3 de la epístola a Tito,
dicen:

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor para con la
humanidad, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su
misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo"

Aquí se destaca la frase no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho. El versículo
3 nos dio una imagen de cómo éramos antes de conocer al Señor Jesucristo como Salvador.
Pero es importante entender que el convertirse en un cristiano no significa simplemente pasar
página, hacer borrón y cuenta nueva; porque a veces usted se encontrará a sí mismo
escribiendo en la nueva página, las mismas cosas que escribió en la vieja página. Manifestar
buenos propósitos para un nuevo año de vida y prometer hacer las cosas mejor no le convierte
a usted en un cristiano. Tampoco se salvará usted en base a sus propias obras de justicia, ni
por buenas obras o acciones que haya hecho.

Dice aquí que nos salvó... por su misericordia. Porque Cristo murió por nosotros y pagó el
castigo de nuestros pecados, Dios está preparado para extender Su misericordia hacia
nosotros; es según Su misericordia que Él nos salvó. Y Él es rico en misericordia, lo cual
significa que tiene abundancia de ella. No importa quién sea usted, amigo oyente, Él puede
salvarle a usted hoy porque Cristo murió por usted. Él pagó el castigo y le ha traspasado a
usted Su justicia.

Y continuó diciendo en este versículo 5, por el lavamiento de la regeneración. Y esta palabra


lavamiento que se nos presenta aquí, nos habla de esa fuente de regeneración. En el Antiguo
Testamento, esa fuente o lavacro que estaba en el tabernáculo y luego en el templo,
representa esta realidad espiritual.

El lavamiento de la regeneración es de lo que estaba hablando el Señor en el tercer capítulo


de Juan, versículo 5, cuando le dijo a Nicodemo, el que no nace de agua y del Espíritu no
puede entrar en el reino de Dios. El agua representa a la Palabra de Dios. Amigo oyente, esta
Palabra puede lavarle a usted. Tiene un poder santificador, tiene un poder para limpiar.
Nosotros somos limpiados por la Palabra de Dios. Y el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios.
Así que en la frase "nacer de agua y del Espíritu" se nos explica la forma en que nacemos
espiritualmente de nuevo.

Y destacamos la frase final del versículo: y por la renovación en el Espíritu Santo. Porque Él
nos regenera. Ahora, en el versículo 6 dice:

"El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador"

¿Ha notado usted que en todo lo que Dios hace, hay un excedente? Él es capaz de hacer
muchísimo más que lo que todo lo que podamos imaginarnos o pedir. Y continúa diciendo el
versículo 7 de este capítulo 3 de la carta a Tito:

"Para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos conforme a la esperanza de
la vida eterna."

Como vemos, aquí se habla de la esperanza de la vida eterna, la cual nuevamente está
señalando a la gran esperanza del creyente, que es la venida de Cristo a recoger a Su iglesia.

Leamos ahora el versículo 8 de este capítulo 3 de la carta a Tito, que inicia un nuevo párrafo
dedicado a hablar sobre

Las buenas obras son provechosas para el presente y el futuro

"Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen
en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres."

El hecho mismo de que el creyente sea salvo por la Gracia de Dios, no le exime de realizar
buenas obras. El hecho es que él debe procurar ocuparse en buenas obras. El Apóstol Pablo
dijo que Tito debía continuar insistiendo en esto con firmeza.

Estimado oyente, después que usted ha sido salvo, Dios va a hablar con usted en cuanto a las
buenas obras. Hasta ese momento, Él ni siquiera está interesado en sus "buenas obras",
porque lo que usted llama una buena obra, Dios lo califica como ropa sucia. La justicia del ser
humano es como trapos sucios a la vista de Dios (como vemos en Isaías 64:6. Él no quiere
eso de parte suya, estimado oyente. El quiere salvarle. Y si usted viene a Él tal cual es,
entonces, Él le salvará, porque ya ha hecho algo por usted. Él no le está pidiendo que haga
algo, porque ¿qué podría usted hacer por Dios? Pero después de haber sido salvo, si usted es
un hijo de Dios, entonces Él quiere hablarle sobre realizar buenas obras. Y también quiere que
usted se implique en comunicar a otros el mensaje de la Palabra de Dios.

Así que el procurar ocuparse en buenas obras es un asunto para pensar, para reflexionar, para
considerar seriamente; debemos meditar en ello y preocuparnos por producir obras para Dios.
Ahora continuemos leyendo el versículo 9 de Tito capítulo 3:

"Pero evita las cuestiones necias, como genealogías, contiendas y discusiones acerca de la
Ley, porque son vanas y sin provecho"

Nosotros tenemos que defender la fe, según dijo el apóstol Pablo, pero no debemos hacerlo
por medio de discusiones o debates. Esta actitud no es positiva; nunca ha guiado a nadie al
Señor. Quizás usted pueda derrotar a una persona intelectualmente por medio de sus
argumentos, pero ello no toca su corazón y la gana para Cristo. Debemos evitar las
controversias y preguntas necias, así como los enfrentamientos por causa de las genealogías
y debates sobre la ley.

Hay personas que quieren que hablemos en cuanto a temas sensacionalistas, como por
ejemplo, de los demonios y sobre temas como el exorcismo. Pero no debemos implicarnos en
ese tipo de cuestiones. Preferimos mucho más hablarle sobre el Espíritu Santo que puede
morar en usted. Si Él habita en usted, estimado oyente, ningún demonio podría jamás
poseerle. Recordemos lo que dice 1 Juan 4:4, mayor es el que está en vosotros que el que
está en el mundo. Esto es lo que realmente necesitamos saber. Es tan fácil, a veces, desviarse
de lo que es verdaderamente importante. Ahora, en el versículo 10 leemos:

"Al que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo"

Alguna vez se nos ha pedido colaborar con ciertos proyectos en los cuales participan personas
que tienen puntos de vista que se oponen a la Palabra de Dios. En este sentido, debemos
recordar que Dios nos ha dicho que no nos asociemos con tales personas. Continuemos leyendo
el versículo 11:

"Sabiendo que el tal se ha pervertido, y que peca y está condenado por su propio juicio."

El hereje o apóstata es alguien que se ha apartado de la verdad. Y dicen los versículos 12 al


14:
"Cuando te envíe a Artemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí a Nicópolis, porque allí he
determinado pasar el invierno. A Zenas, intérprete de la Ley, y a Apolos, encamínalos con
solicitud, de modo que nada les falte. Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas
obras para los casos de necesidad, para que no se queden sin dar fruto."

Como era habitual, Pablo concluyó su carta con algunas alusiones personales. Aunque no
sabemos dónde se encontraba cuando escribió esta carta, estaba planeando pasar el invierno
en Nicópolis, situada en la costa Adriática de Grecia. Evidentemente Pablo tenía la intención
de enviar a Artemas o a Síquico para relevar a Tito en Creta. De Artemas no sabemos nada, y
tampoco de Zenas, el abogado, quien tampoco fue mencionado en ningún otro lugar del Nuevo
Testamento. Apolo sí, era un conocido colaborador.

Pablo añadió un consejo final sobre las buenas obras. Tenemos que "aprender" a perseverar
en las buenas obras. Es algo que requiere un empeño especial. Hay muchas personas que
piensan que es una tarea fácil, pero necesitamos saber cuáles son aquellas que Dios considera
buenas obras, y tenemos que aprender a realizarlas.

Y Pablo concluyó esta carta tan práctica a Tito con una bendición. Leamos el versículo 15 de
este tercer y último capítulo de esta epístola:

"Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea
con todos vosotros. Amén."

Y así concluimos este estudio y, Dios mediante, en nuestro próximo programa continuaremos
en el Nuevo Testamento y comenzaremos a estudiar la epístola del Apóstol Pablo a Filemón.
Le invitamos a que nos acompañe a examinar esa breve carta, con la seguridad de que la
Palabra de Dios nos enseñará cosas nuevas y prácticas.

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