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Técnicas para ayudar al niño a manejar la frustración

Evitar la sobreprotección y el exceso de permisividad


La sobreprotección impide a los niños afrontar el fracaso. Evitamos que se produzca dándoselo todo hecho,
ayudándoles en todo, evitándoles cualquier problema, etc. La permisividad incapacita a los chicos a hacer frente a los
problemas, ya que siempre consiguen lo que quieren.
Dar ejemplo
La actitud positiva con la que los padres afrontamos un fracaso o una situación difícil, le servirá de ejemplo para que
ellos aprendan a solucionar sus problemas.
Deja que se frustre
Cuando tu hijo se enfade, grite o patalee, no vayas inmediatamente a satisfacer sus exigencias. De esta forma aceptará
que no siempre lleva la razón y tendrá que buscar la solución adecuada ante las situaciones difíciles.
Evita que vea los fracasos como algo negativo
Explícale que en la vida se encontrará con momentos de éxito y otros de fracaso. Los fracasos son aprendizajes, nos
ayudan a mejorar y nos dan la posibilidad de crecer también como personas. Lo importante es darnos cuenta en qué
nos hemos equivocado y cómo lo podemos solucionar para evitar que vuelva a ocurrir.
Educarle en el esfuerzo
Hay que enseñar a los niños lo importante que es esforzarse en todo lo que hacen. Todas las cosas se consiguen a
base de esfuerzo. Y éste será en muchos momentos lo que les ayude a resolver sus fracasos.
Establecer unos objetivos razonables
Hay que poner unos objetivos realistas, adecuados a la edad y madurez del niño, de esta forma tendrá más tolerancia
a la frustración. Si los objetivos no son adecuados a su edad, será incapaz de afrontarlos y fracasará, aumentando su
malestar personal.
Enséñale a ser perseverante
Es esencial para superar situaciones difíciles. Si el niño aprende a ser constante en todo lo que se ponga a hacer, podrá
solucionar muchos de los problemas que se le presenten y podrá manejar la frustración.
Reforzar cuando reaccione de manera apropiada ante una situación difícil
Cuando el niño, ante una situación complicada, tarde en reaccionar con su respuesta habitual de agresividad, tenemos
que elogiarlo siempre.
Promueve la independencia
Hazlo cuando los niños ya no son tan bebés (2, 3, 4 años), adquieren cierto grado de autonomía, y son ellos quienes
quieren hacer las cosas, comer, vestirse, etc. Favorece esta autonomía, déjalo hacer tareas solito y de esta manera
dispondrá de herramientas para tolerar la frustración.
La frustración es algo característico del ser humano. Si los padres nos empeñamos en evitarlo, estamos condenando a
nuestros hijos a la infelicidad. Tolerar la frustración implica ser capaz de hacer frente a los problemas que nos
encontramos a lo largo de la vida. Si intentamos complacer en todo a nuestros hijos para evitar que se frustren, lo
único que estaremos haciendo es impedir su desarrollo como persona.
Recuerda siempre que una persona feliz no es aquella que nunca comete errores o que tiene todo lo que desea. Una
persona feliz es aquella que afronta sus errores y aprende de ellos.
A manejar y tolerar la frustración se aprende desde pequeño, y depende en gran medida de lo que los padres
hagamos.
Cuando un niño presenta baja tolerancia a la frustración, en parte será debido a los aprendizajes que haya tenido y en
parte a su carácter. Por eso es fundamental tener claro como padres, que la frustración es un 'mal necesario' y que los
niños tienen que saber gestionarlo.
Si el niño consigue siempre o casi siempre lo que quiere cuando lo pide, o tras una rabieta obtiene lo que deseaba o
se libra de lo que no quería, o si le evitamos cualquier tipo de sufrimiento, (porque nos da pensar verle pasarlo mal,
porque no queremos que sufra, o por no escucharle más...) no le enseñamos a manejar sus emociones y mucho menos
sus conductas.
Por esto es fundamental enseñar a los niños a tolerar la frustración desde pequeños y para ello los padres debemos
tener claras una serie pautas:
- Las normas y límites son fundamentales y han de cumplirse con tranquilidad pero con firmeza.
- El NO, aunque frustre a los pequeños, es necesario.
- Aprender a gestionar las rabietas cuando se produzcan, y no ceder ante ellas.
- Tener muy claro que la frustración es inevitable en la vida, y que si los pequeños no aprenden a manejarla y aceptarla,
en su vida adulta les costará mucho más.
Si nos encontramos con que nuestro hijo es un niño con baja tolerancia a la frustración, como padres podemos
reconducir esa situación, podemos reeducar al niño para que poco a poco aprenda a manejarla.
- Primero debemos analizar qué ha podido llevar a esa situación, (¿normas y límites poco claros?, ¿carácter?) y
comenzar a cambiar lo que sea necesario.
- Ayudar al niño a diferenciar entre sus deseos y necesidades, ayudándole a entender que no siempre se puede tener
lo que se quiere cuando se desea.
- Enseñarle a tolerar la demora del refuerzo o de conseguir lo que quiere. Si me pide algo, no dárselo inmediatamente,
sino cuando pueda o yo como adulto considere oportuno y explicarle en qué momento lo tendrá, o por qué no lo
tendrá.
- Cuando el niño se frustre, ayúdele a entender lo que le pasa. De donde viene su tristeza o su enfado, y que exprese
con palabras lo que le ocurra.
- Establece y pon normas, límites y rutinas claros y acordes a la edad de los niños.
En el caso en que la situación nos desborde, acudir a un profesional que nos guíe y nos oriente siempre es la mejor
opción. Nos ayudará a analizar la situación y nos ayudará en el proceso.