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El olvido del ser como consecuencia de la tecnificación y la

destemporalización

Licea Pérez Leonor de Jesús

Exp. 217258

Curso de Actualización

La actual realidad en la que nos encontramos presenta dos grandes problemas que parecen
pasar inadvertidos por los que nos encontramos en ella, a saber, estos problemas son la
destemporalización y la sobre tecnificación. Estas dos situaciones nos llevan a un Olvido
del Ser. Dichos problemas se encuentran latentes en nuestra cotidianidad y sin embargo nos
es desafecto, pocos son los que logran dar cuenta de ello.

El presente trabajo pretende tematizar estos problemas que menciona Heidegger desde su
época (Siglo XX) y denotar que aún en la actualidad están presentes y quizá hasta con más
fuerza. Para tal tarea se toman de referencia los siguientes textos de Martin Heidegger; Los
conceptos fundamentales de la metafísica, el época de la imagen del mundo y Parménides.
También se hace un apoyo con el autor Byung-Chul Han y su texto el aroma del tiempo.

Para comenzar con el ensayo haré una breve introducción con una cita del texto de
Heidegger, sobre el comienzo.

El comprender acerca del “ser” está esencialmente alejado de un saber del ser. Pues ese
comprender del ser se inclina continuamente a explicar el ser a partir del ente.

El hombre de acuerdo con Heidegger es un ser privilegiado en comparación con los demás,
ya que es el único que da cuenta de su existencia. Debido a esto lo nombra no como
hombre sino como Dasain (ser-ahí), pero este término no es para todos los hombres, si no
precisamente solo a aquellos que dan cuenta de su existencia, de su estado de arrojados en
el mundo. Si bien Heidegger nos diferencia de los otros entes por esta cualidad de sabernos
existentes también lo hace por la mano, esta junto con la palabra, son características
esenciales del hombre, pues con ellas nos vamos a tematizar como casa del Ser a través del

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lenguaje, que como bien sabemos no es lenguaje en el único sentido de la escritura o del
habla, sino de todo lo que abarca él mismo “el hombre no `tiene´ manos, sino que la mano
posee la esencia del hombre” (Heidegger,2005).

Como se mencionó anterior mente, ningún animal tiene mano, esta no surge de la pezuña o
la garra. Es la mano la que nos permite el contacto con los entes, que se convierten en
`seres a la mano´ debido a su condición de útiles. El hombre actúa a través de la mano y por
medio de ella lo hace también la palabra, que a su vez se convierte en escritura, de manera
que pueda ser captada por la mirada, así la palabra captada por la mirada, es decir, la
escritura a través de la mano se convierte en manuscrito, pero ¿Qué tiene que ver la
escritura con el Ser? O bien ¿en qué se relaciona con el olvido del Ser? Eso se resolverá
más adelante.

El hombre tiene la característica el entendimiento y esta necesidad por la palabra, la cual es


parte de su naturaleza por saberse lenguaje y en ocasiones lo lleva a plasmarla de manera
escrita. En distintos contextos la escritura era utilizada para ayudar a la memoria, o para la
mera reflexión. Rescatando un texto de Foucault la escritura de sí, Foucault hace la
recuperación de Atanasio donde menciona que la escritura es un ejercicio para alejarse de la
vergüenza y el pecado, para los Grecolatinos (Plutarco, Séneca, Marco Aurelio) es un `arte
de vivir´ que necesita un ejercicio constante para poder llevarlo a la perfección y por último
menciona a Epíteto quien considera la escritura como un ejercicio para la meditación sobre
sí mismo que reactiva lo que sabe.

Vale la pena rescatar este análisis de Foucault para enfatizar algo, a saber, la escritura
como un ejercicio, es decir un repetir constante, y que además, no puede ser realizado por
otro sino que lo debe de hacer uno mismo. Podemos denotar que todas esta consideraciones
y posibles usos de la escritura tiene una característica en común, son escritos, es decir
palabras grabadas en papel con tinta y por medio de la mano, quizá suene un tanto burdo y
quizá hasta ridículo resalta está característica, pero es la que permitía tener el contacto con
el Ser, aquél que se dice que hemos perdido en la actualidad.

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Heidegger menciona que el hombre moderno ya emplea otro medio para escribir, la
máquina que escribe, esta acción ya no va y viene por medio de la mano, sino que es una
impresión mecánica de las palabras. Esto representa en palabras de Heidegger, la creciente
destrucción de la palabra. La máquina de escribir le quita la escritura al dominio de la
palabra, y si bien, la palabra aun se conserva, esta ya no tiene la misma esencia y tiene su
propio significado aunque limitado.

Recordemos como dijimos anterior mente, la escritura se usaba en distintos ámbitos, desde
apuntes académicos hasta cuestiones más personales como cartas o diarios. La escritura de
diarios o cartas permitían, por medio de la caligrafía, dar cuenta de la personalidad del
autor, el tiempo que tomó este para escribirlo e incluso hasta el estado de ánimo en el que
se encontraba el autor al elaborarlo. Sin embargo Heidegger menciona que una carta
perturba y dificulta la lectura rápida por lo que se considera un asunto anticuado “en la
máquina de escribir todos los hombres tienen el mismo aspecto” (Heidegger, 2005) como
la máquina de escribir plasma la palabra en una hoja por medio de la impresión, la
caligrafía permanece inexistente y con ello lo que mencionábamos anteriormente, el
carácter del escritor.

Existe una transformación en la relación del ser con el hombre, esta transformación se da
cuando la escritura se retrae del origen, de la mano y es transferida a la máquina. El hombre
ya no tiene ese contacto directo con el papel y la tienta, ya no plasma su sentir con ellos, si
no que la máquina de escribir aparece como un intermediario. Esta relación que se ha
interrumpido es la conexión esencial que pertenece a la mano que indica-escribiendo, en la
palabra escrita, esta se inscribe en el ente mismo.

La máquina de escribir, es una representación de la técnica, la cual es la esencia de la


modernidad, estamos plagados de técnica mecanizada, Heidegger aborrece esta parte de su
realidad ya que como lo mencionamos, le técnica, y más específicos en nuestro trabajo la
máquina de escribir, representa un intermediario que no permite que la relación entre ser y
Dasein se lleve a cabo de manera correcta, o bien, que esta no se lleve a cabo. Incluso
podíamos enfatizar que Heidegger ve la tecnificación como un gran problema, y es en su
realidad cuando la tecnología apenas comenzaba a surgir o salir a la luz ¿qué pensaría
Heidegger si pudiera dar un vistazo al actual Siglo XXI? En esta época llena de empresas

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que se rigen por un orden, un método y una ciencia que no admite cooperación de alguna
otra empresa que se rija por lo que ella establece.

La tecnificación para nuestra realidad ya es vista casi como una necesidad, y no digo que
este mal, sin embargo, a mi parecer ya existe una “sobre-tecnificación” (si podemos
llamarlo de esa forma, Heidegger habla de la carta como algo indeseado incluso como una
dificultad para la lectura, y en efecto, si damos un vistazo a nuestro contexto ¿quién escribe
una carta? O incluso más personal ¿Cuántas cartas hemos escrito a lo largo de nuestra
vida?, quizá porque precisamente, la tecnología “facilita” la comunicación y la carta se
convierte en obsoleta, pero ese no sería impedimento de escribirla tan solo por el placer o la
emoción que ella nos permite, como ya mencionamos la carta puede llevar consigo todos
los sentimientos que el autor vive en el instante que la escribe, o hasta el simple detalle de
perfumarla antes de la entrega, esas son experiencias que la técnica no se da el lujo de
proporcionar.

Así como la carta, el diario ya ha sido olvidado ¿quién posee un diario? Cuantas personas
se han olvidado de lo grato que era llegar al final del día y plasmar lo que había acontecido
en él. Sin embargo el diario no era tan banal como lo parecía, no era un confesionario o una
compilación de discursos sobre sí, podía considerarse un memorial, porque el escritor se
recordaba a sí mismo, era tal la entrega de sí en la escritura del diario que el autor podía
volver a él para reencontrarse cuando se sentía perdido. Sin embargo el uso del diario ya es
cosa del pasado, me atrevería a decir que es casi nulo su uso, más allá de los románticos
amantes de lo antiguo o aquellos que quieren preservar sus vivencias para generaciones
futuras, o que pretenden extender su conocimiento plasmado de manera cronológica. Pero
para todas las cosas ya mencionadas, la técnica ya nos ofrece una opción más fácil y rápida.

La técnica puede llegar a sobre pasarnos e incluso nos está destruyendo, no tanto de manera
física (aunque podemos decir que debido a la técnica se nos presentas algunas dificultades
físicas, como la adquisición de enfermedades o el deterioro de alguna parte del cuerpo)
¿cuántas veces un mensaje de texto no ha llevado a una malinterpretación? Las palabras, ya
no impresas (desde el ámbito de Heidegger) sino transportada (desde nuestra realidad)
debido a esta falta del carácter e incluso de ese sentimentalismo es fácil tomarlas en
cualquier sentido, como menciona Heidegger, todo los hombres son iguales ante esta

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técnica, las palabras serán tomas según la disposición y el ánimo del lector y no del escritor
(como debería de ser) ¿no representa esto una ruptura en las relaciones con los demás?
¿No podría llevarnos esto mismo a una ruptura con el sí mismo? Ya que como
mencionábamos anteriormente, la escritura representaba una reflexión interior y regreso al
sí mismo. La sobre tecnificación representa un olvido del sí y a su vez, un olvido del Ser,
ya que esta técnica se presenta como intermediario que no permita la relación Ser-ente.

Ya hemos hablado hasta este punto sobre la escritura y la tecnificación, la relación entre
ellos y el Ser y como se ve influenciado el ente con cada uno de ellos, ahora retomaremos
el tema de la destemporalización.

El tiempo carece de un carácter ordenador, el mundo se queda sin tiempo, se está


presentando un problema con él, el tiempo se está fragmentando, esta fragmentación no
permite experimentar ningún tipo de duración. Una característica de esta fragmentación el
es la aceleración del tiempo y la incapacidad que se tiene por concluir las cosas, ya no
existe preocupación en ponerles fin o “cerrar ciclos” porque en un tiempo atomizado, las
cosas ya no tienen “su tiempo” , ya no tenemos un tiempo establecido para nada, ni siquiera
para comer, como decíamos líneas arriba, el tiempo ya no tiene este carácter ordenador.

En nuestra actualidad, las cosas ligadas con el tiempo se convierten en pasado en solo un
instante, se deja de tomarle importancia a las cosas “el presente se reduce a picos de
actualidad” (Chul Han, 2016), se pasa de un presente a otro en cuestión de nada. Ningún
momento es importante, todos son iguales, no existe alguno que marque la diferencia en
nuestra vivencia, Festejamos el cumpleaños de la misma manera, vemos a las mismas
personas, el mismo pastel, los mismos deseos. Nuestras experiencias se tornan
superficiales, ninguno representa diferencia, no hay alguno que represente cambio en
nosotros.

Dios juega un papel importante en el tiempo, ya que funciona como estabilizador del
mismo. La muerte de Dios anunciada por Nietzsche tiene gran importancia como causa de
esta destemporalización, el poder que ejercía Dios en el tiempo es tomado por el hombre
libre y se forma un cambio de régimen, este cambio nos presenta una pérdida del sostén del
tiempo. EL tiempo solo tiene sentido en tanto que progresa a una meta.

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El tiempo anteriormente se manejaba como una línea recta, tendiendo hacia un objetivo.
Cuando esta línea pierde tensión, es decir, pierde su fundamento, bien podría ser Dios, se
descompone en puntos que dan tumbos sin dirección alguna. El tiempo termina
convirtiéndose en un tiempo de puntos “entre los puntos se abre necesariamente un vacío,
en el que no sucede nada, no se produce sensación alguna” (Chul Han, 2016) los intervalos
donde no sucede nada causan aburrimiento.

Vale la pena hacer un gran paréntesis para explicar la cuestión del aburrimiento en
Heidegger. Existen tres tipos de aburrimiento: aburrirse con: aquel aburrimiento del que
uno se puede escabullir con ayuda de un pasatiempo y que además existe algo que nos
aburre, este viene desde afuera; aburrirse en: el aburrimiento del que no se puede escapar
con un pasatiempo y pareciera que el tiempo transcurre de manera más lenta, precisamente
porque no hay un “ante que” me estoy aburriendo, este aburrimiento se dice que viene
desde la existencia misma, este aburrimiento es el que da pie a la siguiente fase del
aburrimiento, el aburrimiento profundo: aquel aburrimiento en el que el sentido temporal
deja de tener sentido, es decir, el sentido del tiempo se pierde, podría pensarse o sentir que
el tiempo ya no existe, este aburrimiento nos lleva expresamente a un “abrazar al sí mismo”

Resulta interesante pensar que justamente es este estado de ánimo el que no le es ajeno a
ninguna persona, pues ¿quién no se ha aburrido? La diferencia consistiría en pensar ¿quién
se ha dejado aburrir? Pues es fácil reconocer las primeras dos fases del aburrimiento pero
¿quién ha llegado a la tercera y se ha abrazado a sí mismo?

Regresando a la destemporalización. En esta temporalidad fragmentada surge un tiempo


discontinuo, un acontecimiento ya no presenta en sí ningún indicio de que habrá una
continuidad, de que después de esto vendrá algún otro acontecimiento “No promete nada
más allá de su presencia instantánea. Surge un tiempo sin recuerdo ni esperanza” (Chul
Han, 2016) Con esta cita de Chul Han viene a mi mente una frase muy presente en mi
cotidianidad ´lo único que tienes seguro es el ahora´ y me surge la interrogante de ¿cómo
fue que esta frase tan cargada de sentido me había sido indiferente? En nuestro presente ya
estaba tematizado el problema de este tiempo sin esperanza y aquellos que repetían esta

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frase daban indicios de saberlo, sin embargo al formar parte de nuestra tradición pasaba
desapercibida.

Al sabernos Dasein, nos damos cuenta que estamos en un mundo, en el cual se deben cubrir
necesidades, las cuales habrá que cubrirlas por medio del trabajo, esto nos lleva a vivir de
una manera acelerada, como ya se dijo unas páginas antes, pasando de un presente a otro.
El Dasein sumergido en sus quehaceres cotidianos, en los que precisamente ya no se rigen
de “un tiempo” establecido, ya no se tiene tiempo para nada, no existe un tiempo
determinado para cada cosa, hace las cosas cuando tiene tiempo, si es que lo tiene.
Precisamente por este “no tener tiempo” es que se presenta la dificultad de concluir las
cosas.

En el caso del trabajador, el sujeto de la experiencia debe de permanecer sujeto a lo


sorprendente, lo venidero e indefinido del futuro, de lo contrario, queda reducido solo a eso,
un trabajador, uno que solo acaba con el tiempo, no cambia porque los cambios
desestabilizan y eso perjudica la producción laboral. En cambio, el sujeto de la experiencia,
nunca es el mismo, siempre está abierto al cambio, se mantiene en la transición entre el
pasado y el futuro. Es ahí donde existe la perdida de nuestro tiempo, no se tienen nuevas
experiencias, no solo con otros, sino con uno mismo, no hay cosas que nos marquen o
hagan cambio en nosotros. No “tenemos tiempo” ¿tiempo para qué? Existe ya una
indiferencia a la vida, debido a esta atomización. Esta indiferencia a la vida, puede
derivarse del aburrimiento, todos se aburren ¿pero quién deja que el aburrimiento los
“consuma”? en nuestra época existen innumerables maneras de “perder el tiempo” y más
que perderlo es pasarlo, uno ya no se aburre (en su primera etapa) porque precisamente el
mercado nos vende un sinfín de posibilidades para escapar de este aburrimiento, pero si el
aburrimiento (en su última etapa) representa un “encontrarse a sí mismo” y no se quiere
aburrir, podemos decir que no quiere “encontrarse”.

Por la destemporalización ya no existe esta oportunidad al encontrarse pero es lo mismo


para la tecnificación porque esta misma puede ser lo que impide llegar a este ultimo tipo de
aburrimiento, en innumerables ocasiones cuando uno se siente “aburrido” comienza por
tomar el móvil o algún otro artefacto para no tener este contacto con sí mismo, que como
mencionamos no es otra cosa más que una negación al yo. Debido a esto hay un olvido del

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ser, no olvido en el sentido actual de que la cosa ya no esté ahí, sino que el ser mismo se
retrae, y lo más preocupante es que no se presenta cuando uno quiere, sino que el ente debe
estar a la escucha del Ser, atento a cuando el quiera mostrarse, porque como menciona
Heráclito “la naturaleza ama esconderse” es la misma situación para el Ser, el Ser ama
esconderse y solo se presenta para aquellos que son dignos de escuchar lo que tiene para
decir, sin embargo aquellos que pueden escucharlos, deben dejar a un lado todas estas
barreras técnicas, dar un paso atrás y reencontrarse consigo mismos.

Byung- Chul Han, el aroma del tiempo, Herder,Barcelona, 2016,4ta edición.

HEIDEGGER, Martin, concepciones fundamentales de la metafísica, Alianza, Madrid,


2007.

HEIDEGGER, Martin, caminos del bosque, Alianza, Madrid, 2010.

HEIDEGGER, Martin, Pármenides, Akal, Madrid, 2005.