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QUE SON LAS LENGUAS ROMANTICAS

Anteriormente hablamos de las lenguas germánicas en uno de nuestros post del


blog de la Escuela de Idiomas de la Cámara de Bilbao. En este post hablaremos de
las lenguas romances (también denominadas lenguas románicas o lenguas
neolatinas). Conocer la historia de los idiomas nos ayudará a entender el presente
lingüístico y así, se nos hará más fácil aprender el idioma que estemos estudiando.

¿QUÉ SON LAS LENGUAS ROMANCES?


Las lenguas romances son una rama de lenguas indoeuropeas que están
relacionadas entre sí (morfológicamente, fonéticamente…) y que históricamente
aparecieron como un resultado o una evolución del latín.

¿CUÁLES SON LAS LENGUAS ROMANCES?


Actualmente, el número de lenguas romances son más de veinte, aunque lo cierto
es que muchas de las variedades regionales están amenazadas y sólo media docena
de ellas tienen un uso general y varios millones de hablantes por todo el mundo.
Entre los idiomas que agrupan las lenguas romances podemos encontrar las
siguientes: en el grupo galorrománico están el francés y el arpitán, en el grupo italo-
rumano están el rumano, italiano y el siciliano, en el grupo occitano-románico están
el occitano el friulano y el catalán, en el grupo iberrománico están el
navarroaragonés, el español, el asturleonés, el gallego y el portugués.
Como podemos observar en este mapa de las lenguas romances, las lenguas
romances se reparten por todo el mundo por las colonizaciones llevadas a cabo por
los europeos siglos atrás.

Las lenguas romances actuales

En la actualidad, existen unos 700 millones de hablantes de lenguas romances,


siendo el español el más expandido con un total de unos 330 millones de
hispanohablantes. Le sigue el portugués, con unos 200 millones, el francés con cerca
de 76 millones y el italiano con más de 64 millones. Y tampoco nos podemos olvidar
de otras importantes como el rumano, que llega a los 25 millones.
Aunque todas las lenguas romances tienen ciertas similitudes, no podemos decir que
un español nativo pueda entender perfectamente a un francés, por ejemplo. Eso sí,
estudiar idiomas que tienen orígenes comunes será más fácil que decantarse, por
ejemplo, por lenguas germánicas, como el alemán o inglés, cuyo estudio resulta
mucho más complejo para quienes tenemos idiomas con origen en el latín.
Si se analiza una lengua romance, se observan similitudes muy claras con el latín.
Una buena parte del vocabulario básico se encuentra en el antiguo idioma romano
y las estructuras gramaticales se han mantenido en buena medida pese a las
diferencias fonológicas.
Aunque es difícil saber con exactitud cuántas lenguas romances existen en realidad,
hoy se tiene constancia de unos 44 idiomas, más allá de las ya citadas como más
habladas. No nos podemos olvidar de otras muy importantes como el catalán o el
gallego, el napolitano, el siciliano o el véneto, o el haitiano creollo.
Además, existen otras que se han conservado a pesar de tener muy pocos hablantes,
como el bable o asturleonés, las variantes del corso cismontano, como el gallurés o
el sassarés, el isturroumano con unos 1000 hablantes únicamente, el romanche, el
istriano o el galo itálico de Basilicata.

EPOCAS PREROMANAS

Antes de la llegada de los romanos, nuestra Península estaba ya habitada por


diversos
A esta época la llamamos época prerromana. Algunos de los pueblos más
importantes fueron: iberos, celtas, vascones, cántabros, fenicios, griegos,
cartagineses...
Veamos el siguiente vídeo que nos informa de estos pueblos.

Los antiguos moradores de nuestra Península fueron incorporando paulatinamente


el uso del latín y abandonando su propia lengua. Solamente permaneció el euskera,
lengua del pueblo vasco. Sin embargo aún hoy perduran en nuestra lengua palabras
de origen prerromano.

Mapa de pueblos prerromanos

Algunos topónimos, es decir, nombres de pueblos y ciudades, son de origen


prerromano. Así:
- Gadir (Cádiz) y Malaka (Málaga) parece que fueron de origen fenicio.
- Cartago Nova (Cartagena), Hispania, Ebusus (ibiza), de origen cartaginés.
- Del griego provienen Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias).
- Del celta, Mirobrigia (Ciudad Rodrigo), Brigantium (Betanzos), Segontia
(Sigüenza).

La presencia griega
Los griegos llegaron a la península en el s. IV aC., aproximadamente.
Se asentaron, principalmente, en la costa, y en ella fundaron sus colonias. Las
principales y más conocidas, como acabas de ver y escuchar, fueron: Rhode (Rosas)
y Emporion (Ampurias), en Cataluña y Hemeroskopeion (posiblemente Denia) en la
Comunidad Valenciana.

Ruinas arqueológicas de Ampurias


Emporion fue una de las más importantes y conocidas colonias griegas de la
península. Fue también un importante centro comercial (su propio nombre,
emporion, significa "comercio, mercado"). Uno de los hechos de mayor relevancia
fue la introducción de moneda como unidad de referencia para estabñecer el valor
de las mercancías.

Los primeros pobladores de Extremadura


Fueron los turdetanos, lusitanos y vetones (o vettones). Éstos últimos fueron los
primeros pobladores de la zona de Coria; concretamente, según algunos estudiosos,
una rama de éstos, llamados los arragones, que dejaron huella en la hidronimia
(nombres de ríos) de la zona: el río Árrago.

Para ampliar conocimientos sobre los pueblos prerromanos de la Península y los


de Extremadura, consulta el siguiente ODE (Objeto Digital Educativo) y los siguientes
enlaces:

- ODE excelente de Ángel L. Gallego del IES "Vegas Bajas" de Montijo. Es muy
interesante realizar las actividades que propone.

PUEBLOS DE LA PENINSULA IBERICA

La división de la Península según las civilizaciones


En primer lugar, dentro de nuestra lección sobre los pueblos que habitaban la
península ibérica antes de los romanos, debemos dividir el mapa, teniendo como
clave las diferencias encontradas en la toponimia:

Zona tartesia: la cual corresponde con la parte sur-occidental de la península, siendo


el epicentro de esta la desembocadura del río Guadalquivir.
Zona íbera: comprendida en la costa levantina, la parte oriental de Andalucía y
Cataluña.
Zona céltica: esta comprende el interior de la meseta y toda la costa atlántica y
cantábrica, salvo la zona del País Vasco.
Los tartesos
A día de hoy la cultura tartesia sigue sobrecogiendo a gran parte de las personas
que se acercan a estudiar más sobre estas poblaciones que habitaron la zona de la
desembocadura del río Guadalquivir. Según los historiadores y arqueólogos, esta
serie de pueblos, vinieron a desarrollarse en la primera mitad del primer milenio a.C.

Dentro de nuestra lección sobre los pueblos que habitaban la península ibérica antes
de los romanos, continuaremos advirtiendo que no encontraremos una civilización
o pueblo propiamente tartesio, sino que este era probablemente de origen íbero, el
cual fue aculturándose con la llegada a las costas del Mediterráneo, de la civilización
fenicia.

Esta hipótesis está fijada debido a que Gadir era una colonia comercial fundada por
los fenicios, quienes comerciaban con las tribus y poblaciones del interior de la costa.
Con el paso del tiempo irían clonando los modos de vida de la civilización oriental
como era el uso de sus vestimentas, la creación de elementos y objetos de estilo
orientales, estos aprendieron las técnicas de extracción del mineral fenicio, pueblo
con el que comerciaron en gran medida.

Posiblemente, la leyenda de Argantonio (un rey tartesio) no sea más que el posible
nombre de uno de los jefes tribales de estas. Pero lo que sí tenemos que tener claro
es que en la Península en ningún momento encontraremos un Imperio Tartesio,
como han defendido muchos autores.

Pueblos que habitaban la Península Ibérica antes de los romanos - Los tartesos
Celtas e íberos
Pocas son las diferencias que encontraremos entre los dos grupos de pueblos
prerromanos aquí expuestos, siendo la más clara el origen de la lengua. Eran pueblos
cuya economía se basaba en la agricultura y en la ganadería. Apenas tenían
relaciones comerciales, siendo bastante autárquicos a lo que ello respecta.

Además, eran poblaciones bastante belicosas y de esa manera era normal encontrar
racias entre los diferentes “reinos” que había por todo el territorio peninsular. Un
elemento muy característico de estos serán las actuaciones en forma de racias, sobre
los pueblos del sur de la Península, es decir, sobre el denominado pueblo tartesio
que era, sin duda, de los pueblos prerromanos, el más rico.

Vivían en núcleos fortificados con murallas de piedra, elemento que chocó a los
romanos al llegar a la Península pues tuvieron que hacer frente a pueblos guerreros
que, además, tenían grandes fortificaciones. Esto hizo que la conquista de Hispania
fuera un verdadero suplicio para los extranjeros.
Sus cultos estaban relacionados con la naturaleza, siendo los más fuertes los
relacionados con el sol, la luna y la fertilidad. Los íberos contaban además con las
sacerdotisas siendo una clara excepción dentro de los pueblos indoeuropeos.

Poco más se conoce de la cultura de estos pueblos que habitaban la Península Ibérica
antes de los romanos, debido a que carecían de escritura y la poca que se conserva
procede de una serie de estelas que son ilegibles a día de hoy por los expertos.

Pueblos que habitaban la Península Ibérica antes de los romanos - Celtas e


íberosImagen: Taringa
Las colonizaciones de la Península Ibérica
Tenemos que detenernos en una serie de pueblos que procedían de otros lugares
del Mediterráneo y que acabaron creando colonias en las costas de España. Entre
ellos podemos encontrar lo siguientes:

Fenicios

Para los inicios del siglo IX a.C. encontramos evidencias en la costa mediterránea
sobre la fundación de una serie de puertos de origen fenicio, como será Malaka
(Málaga). Este pueblo oriental es conocido por su gran actividad comercial, por la
que traían objetos exóticos de Oriente a cambio de metales preciosos y otros
materiales, que en sus lugares de origen eran escasos.

También fueron los fundadores de Gadir (Cádiz), ciudad en la que encontraremos su


gran bastión y donde se situaba el Templo a Melkar que era un lugar de comercio
seguro. No era un pueblo guerrero, sino que su actividad versaba en contactar con
las poblaciones autóctonas del lugar y mediante una serie de ofrendas (regalos) a
los jefes de las tribus, llegar a una serie de acuerdos con los que ganar beneficios.

Según las investigaciones este es el pueblo que aculturó a las poblaciones del sur de
la Península y que darían origen a la leyenda del reino de Tartesos.

Griegos

En el año 537 a.C. los griegos fundaban Massalia (Marsella) y Emporion (Ampurias)
llegando por tanto a la Península Ibérica. Los modelos de colonización griega, como
ya conocemos, responden más a un elemento de exceso poblacional, por el cual las
polis, decidían enviar al excedente a crear otras ciudades en otros lugares del
Mediterráneo para que estas entraran en contacto con las poblaciones autóctonas,
con las que debían comerciar y así poder establecer líneas comerciales a mayor
escala por todo el Mediterráneo.

Eran, no obstante, menos abiertos a las relaciones, es decir, solían crear sus ciudades
sobre promontorios en lugares costeros o incluso en islas frente a la tierra, para de
esa manera evitar ataques. No encontraremos la unión entre los pueblos. Fueron
poblaciones que superaron las Guerras Púnicas y que acabaron siendo absorbidas
por los romanos.

Cartagineses

Cártago era una colonia fenicia situada en el norte de África. Tras el año 572 a.C.
sustituiría el poder fenicio en la zona, pues ese fue el año en el cual Nabucodonosor,
conquistó la ciudad de Tiro. La diferencia entre un sistema y otro fue que Cártago
decidió pasar de las relaciones comerciales a tener un control más intenso sobre las
poblaciones íberas, de esa manera encontraremos un gran interés sobre todo por
las minas, como fueron las de Cástulo.

Uno de los elementos que hicieron que los romanos tuvieran tantas dificultades para
acabar con su presencia en la Península se debió a que contrató como mercenarios
a la gran mayoría de pueblos íberos y celtíberos de la Península, poblaciones muy
pobres pero muy guerreras y que solían venderse como mercenarios.

Su presencia estuvo en la Península Ibérica hasta el fin de la segunda guerra Púnica,


en el año 201 a.C. aunque su cultura permaneció en el subconsciente de la población
hasta bien entrada la romanización. En este vídeo de unRPOFESOR te descubrimos
el proceso de romanización de la Península Ibérica.

CAMBIOS EN LA LENGUA

El latín, al igual que todas las demás lenguas, tenía variedades lingüísticas
relacionadas con factores dialectales (variedades diatópicas), con factores
socioculturales (variedades diastráticas), con factores históricos y evolutivos
(variedades diacrónicas) y con factores relacionados con los distintos registros
expresivos (variedades diafásicas); pues bien, el latín vulgar (también llamado latín
popular, latín familiar, latín cotidiano o latín nuevo) era la variante oral del latín, es
decir, el latín que utilizaban los romanos (fueran cultos, semicultos o analfabetos) en
la calle, con la familia y, en general, en los contextos relajados. Se trata, por tanto, de
un latín que se aleja del latín clásico y normativo debido a la espontaneidad y viveza
que le otorga su naturaleza oral y cotidiana. Esta variante diafásica de la lengua latina
es de vital importancia puesto que es de ella (y no del latín culto de la literatura y los
registros formales) de donde van a proceder las lenguas romances o románicas, y
más en concreto del latín vulgar del período tardío (S. II-VI).

A principios del S. XX, el gran filólogo D. Ramón Menéndez Pidal empezó a estudiar
el latín vulgar guiado por la intuición de que debía ser en esa variante en la que se
encontrasen las pautas para poder reconstruir y entender el origen del español y del
resto de lenguas romances. Desde entonces, las investigaciones realizadas en el
terreno de la Filología Románica han permitido entender mucho mejor el origen de
estas lenguas. No obstante, un problema se plantea de inmediato: ¿cómo estudiar
una variante lingüística que es oral y que se distancia mucho de las variantes escritas?
¿De dónde se puede extraer información? Los filólogos que se han ocupado de este
asunto han sido capaces, con el tiempo, de hallar algunos materiales muy valiosos.