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MARTES 10 DE SEPTIEMBRE DEL 2019

CODICES MESOAMERICANOS

Una pieza clave para entender cómo eran las sociedades prehispánicas que vivieron en el actual
territorio de México, son los códices que dejaron en su haber. Son muy preciados debido a su
antigüedad y a que pocos fueron los que sobrevivieron a la destrucción sistemática que los frailes
realizaron en el nuevo continente entre los cuales destacan Fray Juan de Zumárraga y Fray
Lambda. Ellos justificaban la destrucción diciendo que era el resultado del trabajo del demonio el
cual tenía control sobre los nativos antes de que llegara la verdadera fe. La destrucción fue tan
generalizada que los mismos indígenas conversos al catolicismo denunciaban a sus propios
familiares que escondían los códices en lugares remotos como cuevas o manantiales.

¿qué es un códice? Se le llaman códices, del latín codex a libro manuscrito, a los documentos
pictóricos o de imágenes realizados como productos culturales de las grandes civilizaciones maya,
mexica, mixteca otomí, purépecha, etc., que surgieron y se desarrollaron en Mesoamérica. Tenían
distintos propósitos desde cuestiones administrativas -por ejemplo para saber cuál había sido el
tributo entregado durante un periodo de tiempo a Tenochtitlan-, religiosas -como el Tonalpohualli
(Códice Vaticano B) el cuál era un documento de consulta para poner nombre a un recién nacido-, y
calendáricas. También tenían como propósito dejar registro de grandes hazañas de gobernantes,
de linajes o gobernantes como el caso del Códice Colombino que narra las conquistas del
gobernante mixteco 8 Venado.

¿Quiénes realizaban los códices? Estos artistas se les llamaba tlacuilos (náhuatl tlacuiloa que
significa el que labra la piedra o la madera) y eran tomados de cualquier clase social desde niños.
Eran llevados a colegios donde desde temprana edad les enseñaban a dibujar y a pintar sobre
láminas de papel amate, fibra de henequén, pieles de animales (venado) o textiles de algodón. No
bastaba con dominar esta actividad para ser un excelente tlacuilo, también tenían que aprender
con detalle a representar por medio de pictogramas su lengua, como aprender la cultura e historia
de su pueblo. Al tener todos estos conocimientos los tlacuilos fácilmente subían en la jerarquía
social pues eran muy apreciados por gobernantes, sacerdotes, jueces e inclusive por guerreros para
escribir los mensajes durante tiempo de guerra. Los códices en tiempos prehispánicos del
postclásico erab guardados en amoxcallis o “casa de códices”. Inclusive después de la conquista
estos personajes era muy valorados por las autoridades coloniales como lo atestigua la anécdota
en la que el Virrey Antonio de Mendoza ordenó a los tlacuilos que hicieran una representación de
su historia y cultura para enviarla al monarca español, Felipe II. Esta tarea tuvo como resultado el
Códice Mendocino, uno de los más hermosos códices mexicas que actualmente se encuentra en la
Universidad de Oxford en Inglaterra.

Tras la Conquista de México, los códices fueron destruidos en grandes cantidades en actos como el
Auto de Maní —realizado el 12 de julio de 1562 en Maní (Yucatán)—, donde Diego de Landa
ordenó la incineración de varios de estos documentos, obra de los mayas, por considerarlos
muestra de la idolatría indígena. Otros más se extraviaron o no sobrevivieron al paso del tiempo.
En la actualidad se conserva sólo un puñado de ellos, todos resguardados por museos y bibliotecas
de Europa, con excepción del Códice Colombino y del Códice maya de México, que se encuentran en
la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México (BNAH). Este pequeño grupo está
compuesto por siete códices mixtecos, cuatro códices mayas y los siete códices del grupo Borgia. A
ellos se suman otros que fueron realizados o concluidos durante la Colonia, aunque su temática y
estilo presentan escasa o ninguna influencia europea. Dichos documentos son los cuatro códices
mexicas y el Códice Selden, de origen mixteco. En total se pueden contar alrededor de 23 códices
prehispánicos.