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Mientras los cursos de pregrado de John fueron memorables, en donde realmente

brilló fue en los pequeños seminarios. Estos fueron dedicados a la investigación


original y en clase todos esperaban pisar terreno nuevo como parte del trabajo de
curso. En el caso de arqueología, John se enfocó sobre las colecciones en el
Robert H. Lowie Museum of Anthropology (Ahora el Phoebe A. Hearst Museum
of Anthropology) que había sido reunido por Max Uhle, Alfred Kroeber y otros;
en el caso de la investigación etnohistórica, favoreció la confianza en crónicas
tempranas en el español original. Estos cursos requerían dedicación total y para
señalar esto a lo extraños, frecuentemente programaba las reuniones en la tarde
del viernes, algunas veces igualmente estipulando que se requería el
conocimiento del español y el alemán para la inscripción. El requisito para los
seminaristas siempre fue un trabajo final que presentara una investigación
original que John leería con mucho cuidado; ningún error era tan pequeño como
para dejar de ser importante. Por ejemplo, en un trabajo que escribí sobre
iconografía Moche, usé números arábigos en lugar de romanos para referirme a
la fases de Rafael Larco. John se tomó el tiempo para corregir cada número
erróneo en el manuscrito - grosso modo esto significa unas quince correcciones
por página en treinta páginas. No fue un error que haya repetido alguna otra vez.

El aula de clase fue sólo el comienzo de la influencia de John sobre los que
hicieron investigaciones de graduación con él. Para John, el mundo del estudioso
significó más que una carrera; fue una vocación - una manera de vivir que
demandó un compromiso completo. Sin hacerlo explícito, comunicaba su opinión
que la calidad de un investigador era reflejo directo de su carácter y la necesidad
de precisión e investigación profunda representaba una obligación moral para
aquellos aspirantes a investigadores. Lo que hizo este reto tan desalentador fue la
aparente maestría de John en una amplia gama de temas. John fue entrenado
como un antropólogo de cuatro campos y sus investigaciones contribuyeron en la
Lingüística (Rowe 1950b, 1954) Etnografía (Rowe 1950a) e Historia (Rowe
2003). El conocimiento comprensivo de John sobre los Andes era sólo la punta
del iceberg. Alguna idea de esta asombrosa amplitud intelectual puede intuirse
cuando se leen sus escritos sobre los orígenes renacentistas de la antropología
(1964, 1965) o su análisis sobre las gramáticas de los siglos dieciséis y diecisiete.

A pesar de sus dotes, John nunca parecía satisfecho con su propio conocimiento
o comprensión. Para él era común retornar a una pregunta casual, hecha varios
días antes, a vista de los resultados de investigaciones que había estado haciendo
desde la conversación. Por ejemplo, alguna vez mencioné que el término
"Callejón de Conchudos" se usa en Chavín de Huántar para referirse a la serie de
valles ribereños al este de la Cordillera Blanca que contribuyen al Marañón. John
parecía escéptico acerca de esto. Varios días más tarde apareció con una página
que resumía los cambios de significado del término "Callejón de Conchudos"
desde tiempos coloniales hasta el siglo diecinueve.

Una desventaja de este perspectiva casi religiosa de erudición era que John
nunca tuvo paciencia con colegas que fueron menos rigurosos que él con la
evidencia. A pesar de lo original que pudieran ser sus ideas, si eran
investigadores descuidados, John simplemente pensaba que no merecían respeto.
Debe hacerse hincapié que John demandaba fidelidad a la evidencia, no a sus
ideas. Siempre estuvo abierto a revisar sus propuestas revaluadas sobre la base de
nuevos descubrimientos o análisis alternativos de la evidencia existente. Fue un
entusiasta defensor del ensayo de Thomas Chamberlin (1890) "Method of
Multiple Working Hipotheses" y distribuyó copias de este trabajo a estudiantes
graduados recibidos. Por el contrario, tuvo gran escepticismo de las clases de
razonamiento deductivo y "leyes" propuestos por arqueólogos procesuales.

En la segunda mitad de la década de 1960 John se separó de Bárbara Burnett y


en 1970 se casó con Patricia Lyon. Patricia había recibido un doctorado en la
Universidad de California en Berkeley, basado sobre trabajo etnográfico entre los
Wachipaeri del llano amazónico al este del Cuzco y compartía con John su
interés académico y dedicación al Perú. Por el resto de su vida, ella trabajó cerca
de él en investigación, trabajo de campo y en el Institute of Andean Studies.

Pensándolo bien, John hizo un notable esfuerzo por ser accesible a sus
estudiantes graduados. Nos dijo que podíamos llamarlo a casa a cualquier hora
excepto durante el Prairie Home Companion, su programa de radio favorito. El y
Pat recibían informalmente a sus estudiantes y amigos muchos fines de semana y,
con una cerveza, discutían los recientes descubrimientos y debates en curso en la
arqueología peruana. John no pertenecía a la clase de bebedores de licor que
fueron tan comunes en su generación de arqueólogos, pero podía beber una copa
de pisco puro sin gesto de dolor o mostrar algún efecto. Cuando escuchaba las
nuevas de recientes descubrimientos arqueológicos en Perú o una idea interesante
por primera vez, John sonreía ampliamente, se frotaba las manos y reía entre
dientes para sí mismo. Sus ojos brillaban y podías ver que era verdaderamente
feliz.

El estilo personal de John fue simple. Durante la década de 1970 además de un


reloj de diario no portaba joyas y en la universidad vestía simplemente en traje,
camisa blanca y una delgada corbata a rayas. Fuera de la Universidad de
California en Berkeley vestía camisas rayadas, o en el invierno, camisas de
franela. En el campo optaba por pantalones y camisas caqui. En gran parte, su
oficina estaba desprovista de decoración y su casa fue igualmente austera. Su
comedor estaba presidido por un retrato al óleo de uno de los lejanos ancestros de
John, un respetado capitán de mar de Rodhe Island llamado Joseph Tinkham. A
mi el retrato siempre me parecía un puritano de Nueva Inglaterra exorcizando a
caprichosos estudiantes graduados. Las pocas piezas de arte latinoamericano que
decoraban la casa de John en las colinas de Berkeley fueron recuerdos de sus
amigos sudamericanos. El estilo personal de John sugería a alguien que ha
decidido evitar todo lo que pudiera distraerlo de sus objetivos de investigación.
El vicio más obvio de John fue su amor por los libros, que acumuló en una vasta
biblioteca personal que llenaba su casa y oficina. El involucramiento total en su
elección profesional también influenció en la forma en que empleaba su tiempo
libre. Como comenta su hija Lucy Burnett Rowe, ahora una genetista
experimental, "Fue extremadamente dedicado. No fue la clase de persona que
tomaría unas vacaciones tradicionales. Amaba lo que hizo e hizo siempre lo que
amaba".

Una cosa que ciertamente John amaba era al Perú y su gente. Por sus
enseñanzas, conferencias y publicaciones John se hizo tan influyente allí como en
los Estados Unidos. Cada verano, John dejaba Berkeley por el Cuzco y empleaba
varios meses en el campo o en los archivos. Sin embargo, de acuerdo con el
antropólogo Jorge Flores, la percepción de los cuzqueños de los movimientos de
John fue bastante diferente. Lo veían como residente del Cuzco, pero teniendo
que irse cada año por un extenso periodo a enseñar y ganarse la vida en
California. Mientras estaba en el Cuzco conducía un antiguo Land Rover al cual
él y Pat llamaban Genevieve. Cuando encontré a John en el Cuzco en la
temporada de campo del verano de 1973, en Qotakalli, parecía subsistir
principalmente de bananas maduras y pan en el almuerzo y sardinas, galletas y
popcorn en la cena. En ocasiones especiales salía afuera para comer chifa o, a La
Ñusta, su restaurante favorito. Este modesto establecimiento de comidas consistía
de unas pocas mesas de madera sobre el precario segundo piso de una vieja casa
de adobes. La trucha de lago y otras comidas fueron sencillas y aún buenas, pero
muy memorables fueron los licores dulces que los dueños sacaban al final de la
comida. En este, más bien lúgubre ambiente las bebidas turquesa y verde limón,
luego de la comida, parecían con un resplandor radiactivo.

En tanto que Cuzco era el destino final de los veranos de John, siempre destinaba
tiempo para encontrarse con amigos en Lima enterándose de las políticas
arqueológicas locales. Al parecer, John gozaba del clima social e intelectual de
Lima. Un hombre de hábitos fijos, inicialmente John se quedaba en la pensión
Morris, donde también había residido Uhle. Una vez que este establecimiento
cerró, se cambió cerca de la Plaza de Armas, al Hotel Maury, donde fue
inventado el Pisco Sour. Dejó en claro a todos sus estudiantes que trabajar en el
Perú era un gran privilegio, así como una responsabilidad seria. Por ejemplo,
personalmente me enseñó que era esencial hablar y leer en español, publicar en
revistas locales y compartir resultados de investigaciones en español en
conferencias y encuentros locales. John trabajó diestramente una terminología
común para un inventario de sitios y su sistema fue aceptado como oficial por el
gobierno peruano (Rowe 1971a, Rowe y Bonavia 1965). John siempre consideró
a la arqueología peruana como un esfuerzo conjunto compartido por arqueólogos
peruanos e investigadores extranjeros. Su círculo social estuvo conformado por
amigos, investigadores y estudiantes peruanos. La profunda estima en la que sus
colegas peruanos tenían a John se hace evidente en los testimonios que han
aparecido (e.g., Amat 2004, Flores 2003, Guillén 2004, Santillana 2004). Su
actitud hacia el Perú podía no haber sido más diferente que la de muchos
arqueólogos estadounidenses que en las décadas de 1960 y 1970 vieron al Perú
como su laboratorio para estudios de procesos culturales.

El español de John fue impecable pero distintivo y, en esto, fue parecido su


inglés. Hablaba muy lentamente, con gran precisión y sus sentencias
frecuentemente eran interrumpidas con largas pausas. Estas fueron tan largas que
quienes no lo conocían algunas veces pensaban (especialmente cuando hablaba
en español) que John era incapaz de encontrar la palabra adecuada, o que había
perdido el hilo de su pensamiento. Por el contrario, John siempre reasumía con
exactitud la palabra o frase correcta. No mucho después de que comencé a
estudiar con él, tuve la inquietante comprensión de que los comentarios hablados
de John eran como un texto escrito y que sería factible publicar los comentarios
orales de John verbatim.

En tanto que el estilo personal de John sugería a una persona muy conservadora,
sus convicciones fueron cualquier cosa menos conservadoras. Fue un escéptico
religioso que parecía negarse a creencias de alguna clase aceptadas como
verdades. John estuvo fuertemente comprometido con la igualdad racial y de
género, y tuvo estudiantes minoritarios y féminas en un tiempo en que estuvieron
severamente subrepresentados en la arqueología. También apoyo los derechos de
los gays y animó la investigación pionera de uno de sus estudiantes en el tema de
la homosexualidad en el Perú prehispánico (Arboleda 1981).

En el campo John varió sus actividades de año en año. Algunos años se focalizó
en los archivos del Cuzco mientras que en otros favoreció exploraciones de
campo, algunas veces siguiendo sus hallazgos anteriores o poniéndose al día
sobre los descubrimientos hechos por colegas del Cuzco u otras regiones. Sus
exploraciones con Gordon Willey y Donald Collier en Ayacucho fueron
importantes en el establecimiento de Huari como un centro Horizonte Medio
equivalente a y, en competencia con, Tiahuanaco (Rowe et al. 1950) y las
investigaciones que dirigió en la costa sur en colaboración con Dorothy Menzel,
Fritz Riddel, David Robinson, Dwight Wallace, Lawrence Dawson y Duncan
Masson entre 1954 y 1969 fueron cruciales para desarrollar la secuencia maestra
del valle de Ica (Menzel, Rowe y Dawson 1954, Rowe 1958, 1960a, 1962b). Las
exploraciones que John llevó adelante en el departamento de Apurimac con
Oscar Núñez del Prado en 1954 fueron, asimismo, esfuerzos pioneros (Rowe
1956b). John raramente excavó luego de su trabajo de disertación en el Cuzco,
aún así hizo algunos pozos de prueba cerca del Templo Nuevo de Chavín de
Huántar en 1962. Y en la década de 1970, con Patricia Lyon, llevó a cabo cuatro
temporadas de investigación a pequeña escala en Qotakalli y Tarawi -cerca del
aeropuerto del Cuzco- en un esfuerzo por esclarecer la cronología cerámica local
que le preocupaba desde su tesis de doctorado. En sus años posteriores redobló
sus investigaciones en la historia peruana Inca y Colonial e hizo un crucial
descubrimiento concerniente a la responsabilidad de Pachacuti en la construcción
de Machu Picchu (1987). Igualmente, a pesar de sus colegas preocupados por su
salud, a sus setenta años John continuó sus caminatas a sitios bastante altos cerca
del Cuzco que pensaba podían ser de interés arqueológico.

No es posible ofrecer aquí un detallado tratamiento de las contribuciones


sustantivas de John a los métodos y la teoría de la arqueología peruana,
lingüística histórica, historia colonial peruana, la historia de la antropología y la
etnografía de América del Sur (ver Hammel 1969; Menzel 1969), ni es necesario
proporcionar una bibliografía completa de sus publicaciones pues están
disponibles varias que son excelentes (Abraham et al. 2006, Amat 2004, Pfeiffer
1969). Sin embargo, es apropiado destacar brevemente aquí algunos de sus
logros intelectuales y su amplia perspectiva del pasado andino. Mucho de su
tiempo fue dedicado a temas de cronología y secuencias cerámicas (Rowe 1957b,
1962c). Sus escritos sobre la cronología de la escultura Chavín (Rowe 1962a), la
secuencia cerámica Paracas (Menzel et al. 1964), la expansión del imperio Inca
(Rowe 1945, 1946) y los vasos de madera Inca y Colonial (1961) son
contribuciones esenciales. Las preocupaciones de John con respecto a la
cronología, incluyendo la cronología relativa basada en el estilo de cerámica,
nunca fue un fin en sí mismo. Por el contrario, estuvieron en función de sus
investigaciones por una herramienta confiable para seguir las huellas del cambio
cultural, dado sus reservas acerca de la precisión y exactitud de los fechados
radiocarbónicos (Rowe 1967). Entrenado en arqueología clásica, John reconoció
que la cerámica tenía el potencial para un control cronológico refinado, pero
señaló que el método de análisis tipo-variedad defendido por la mayor parte de
los investigadores norteamericanos era incapaz de esta precisión.
John también reconoció que el esquema basado en estadíos o etapas que estaba
siendo usado para discutir cronología relativa era ambiguo y confuso, así como
recargado con supuestos evolucionistas injustificados. Observó que la
incorporación de estadíos, tales como Formativo, en los sistemas cronológicos,
inevitablemente, resultaba en un razonamiento circular (Rowe 1962c). John
intentó resolver estos problemas formulando una nueva estructura basada en
períodos que estaba libre de terminología evolucionista. Para propósitos de
claridad y precisión fue atada a la secuencia cerámica del valle de Ica. Esta así
llamada "secuencia maestra" podría ser cruzada con las secuencias de áreas
adyacentes hasta que todos los Andes Centrales fueran integrados en una sola
secuencia y terminología esquemática. El valle de Ica fue seleccionado no porque
fuera central en la prehistoria andina, sino porque su secuencia era la mejor
conocida del área, gracias a los esfuerzos de Uhle, Kroeber, Menzel, Dawson y
otros. Luego de cerca de la mitad de una centuria la terminología de Rowe
permanece en uso general, particularmente en los Estados Unidos y Europa.

Aunque mucha de su carrera fue paralela al desarrollo, dominio y declive de la


arqueología procesual, este popular movimiento intelectual tuvo poco impacto en
el trabajo de John. John fue siempre un pensador ferozmente independiente y se
resistió a esos desarrollos. Su indiscutible rechazo a la difusión a larga distancia
(1966) y evolución sociocultural (1962c) se hizo claro en sus escritos y no veía
como objetivo gastar su tiempo debatiendo estas ideas, a pesar de lo popular que
fueron en las décadas de 1960 y 1970. Igualmente, favoreció las aproximaciones
empíricas e inductivas sobre las deductivas, y así, consideró la noción de leyes
nomotéticas en arqueología como un sueño imposible. Para John, las culturas
siempre fueron cambiantes y la meta de los arqueólogos era alcanzar un
entendimiento histórico del contexto y proceso de estos cambios. A diferencia de
muchos de sus contemporáneos John consideró importante el rol de los
individuos y sus escritos anticiparon preocupaciones más recientes con respecto
al libre albedrío. Su tratamiento de Pachacuti, por ejemplo, sugiere el rol crucial
que jugó este emperador en la creación del Tahuantinsuyo, su sistema de
creencias y sus instituciones estatales. Mucho antes de que la gente escribiera
sobre "tradiciones inventadas", John describió cómo el Inca emperador Pachacuti
inventó varias de las creencias religiosas Inca y las prácticas administrativas a fin
de llevar adelante su propósito imperial (Rowe 1960b, 1968, 1985a). John
también se diferenció de los "Nuevos Arqueólogos" de las décadas de 1960 y
1970 y aborrecía su jerga. Sus artículos fueron escritos en un inglés lúcido y
fueron hechos para ser entendidos igualmente por especialistas y no entendidos.
Este estilo de escribir fue deliberado y, de acuerdo a su hija Ann, para
conseguirlo John fue tan lejos como hacer que su esposa Bárbara leyera todos sus
manuscritos a fin de asegurarse de alcanzar esta meta.
John también se interesó por la resistencia andina a la opresión europea antes de
que esto estuviera de moda y, muchos de sus escritos históricos conciernen a las
rebeliones nativas y sus líderes (1955, 1971b, 1982, 1985b), así como, la
naturaleza de la opresión española (1957a). El análisis de John de los vasos
coloniales de madera (keros) y las pinturas coloniales al óleo de los gobernantes
incas (1951, 1961) estuvieron entre los primeros intentos para explorar cómo la
identidad Inca y la resistencia nativa se expresaron en el material cultural post-
conquista. Mientras historiadores del arte como George Kubler insistieron en la
disyunción entre la cultura pre y post-conquista John destacó la existencia de
continuidades culturales, no como vestigios culturales, sino como expresiones
concientes de resistencia.

Durante su carrera en la Universidad de California en Berkeley John influenció a


lingüistas y etnógrafos tales como William Sturtevant, Harold C. Conklin y
Eugene A. Hammel, pero quizás su impacto principal fue como asesor principal
de más de veinte estudiantes de doctorado especializados en la arqueología de los
And