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Filología

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Piedra de Rosetta, estela escrita en tres lenguas, antiguo egipcio jeroglífico,


demótico y griego, que sirvió al egiptólogo Jean-François Champollion para
descifrar la escritura jeroglífica egipcia.
La filología (del latín philologĭa, y este del griego φιλολογία philología, ‘amor o
interés por las palabras’) es el estudio de los textos escritos, a través de los
que se intenta reconstruir, lo más fielmente posible, el sentido original de estos
con el respaldo de la cultura que en ellos subyace.

El trabajo filológico se aproxima al hermenéutico, al menos en la medida en que


interpreta el sentido, y se sirve, por tanto, del estudio del lenguaje, la
literatura y demás manifestaciones idiomáticas, en cuanto constituyen la expresión
de una comunidad cultural determinada o de varias, o de meros individuos. Se
entiende usualmente por filología, bien el estudio de las lenguas y las
literaturas, así como la correspondiente cultura de sus hablantes, bien el estudio
diacrónico o eidético de los textos literarios o incluso de todo vestigio de lengua
escrita o de la lengua en general.

En su más amplio y pleno sentido, especialmente en las tradiciones modernas


románica y germánica, Filología es el término general que designa el estudio de las
lenguas naturales y abarca, pues, tanto la serie disciplinaria de la Ciencia del
Lenguaje o Lingüística (Lingüística histórica, Lingüística teórico-descriptiva y
Lingüística aplicada), una de las dos grandes series filológicas, como aquella otra
formada por la Ciencia de la literatura (esto es, Historia de la literatura, Teoría
de la literatura y Crítica literaria), según ha venido a establecer simétricamente
el desarrollo de los criterios de la "ciencia real". Ello representa en
consecuencia, no solo la integración de la Retórica y la Poética clásicas (cosa
evidente desde la Antigüedad), y también modernas, sino la completa integración de
todas aquellas metodologías internas, ya fuertemente transversales y compartidas
como sobre todo la Comparatística, la Gramática comparada o la Literatura
comparada, ya técnicamente restrictivas y particularizadoras como la Ecdótica o
Crítica textual.

En este último aspecto, además, la Filología, técnicamente fundada para Occidente


en el Museo de Alejandría, ha asumido paulatinamente durante la segunda mitad del
siglo XX el instrumental proporcionado por los medios digitales, los cuales han
transformado la aplicabilidad e incluso los resultados (en el caso del hipertexto)
del trabajo crítico textual y en general la edición de textos.

La Filología, en cuyo seno se suele distinguir entre filología general y filologías


particulares (aproximadamente correspondientes a lenguas o familias de lenguas o
bien regiones culturales) constituye en conjunto el milenario, más extenso,
fundamentador y multiplicadamente cultivado sector disciplinar de las Ciencias
humanas.

Índice
1 Filología griega y helenística
2 Época clásica latina
3 Humanismo
4 Siglo XVIII
5 Siglo XIX
6 Siglo XX
7 Campos metodológicos de aplicación de la filología
8 El ámbito disciplinario de la Filología
9 Clasificación
10 Bibliografía general
11 Enlaces externos
Filología griega y helenística
Entre varias consideraciones, fue ganando terreno aquella que concebía la labor de
alguien consagrado a la explicación de textos desde los diferentes puntos de vista
posibles, actividad ésta que comenzó siendo una afición noble cultivada con mayor o
menor acierto y, hasta cierto punto, de manera no profesional. Tanto Gramática
(grammatiké) como Filología son disciplinas entroncadas en no pequeña medida, si
bien cada una adquirirá grados de especialización y esta última denominación
acabará disfrutando de la capacidad definitoria más abarcadora e incluyente por
tanto de la anterior. Aunque en diferente grado, otro tanto sucede respecto de la
Retórica, en menor medida respecto de la Poética.

A veces se utiliza "filología helenística" queriendo designar la "filología griega"


en su más amplio sentido, pero la calificación de "helenístico" es preferible sea
restringida al determinado periodo y cultura tardíos de la lengua griega clásica,
por lo demás dispersa y frecuentemente entremezclada con el cristianismo. A este
periodo corresponden autores tan eminentes como Longino, Filón de Alejandría o
Plotino.

Los primeros filólogos en el sentido restrictivo fueron los alejandrinos (siglo III
a. C.), discípulos de los sofistas, cuyo más sobresaliente representante es
Aristófanes de Bizancio (siglo III a. C.), fundador de un método que su discípulo
Aristarco de Samotracia, director de la Biblioteca de Alejandría, aplicó, más
tarde, al estudio de los poemas de Homero. Estos primeros filólogos desarrollaron,
en la Biblioteca de Alejandría, una importante actividad editorial, centrada en la
copia de manuscritos de los más importantes y representativos autores del pasado,
cuyos textos se limpiaban de errores y se interpretaban de acuerdo con unas normas
determinadas. En manos de los alejandrinos, la filología se convirtió, así, en un
conjunto de conocimientos sistemáticos y ordenados, aunque amplios y poco
profundos, puesto que el filólogo debía poseer no solo conocimientos lingüísticos y
literarios, sino también históricos, geográficos, artísticos, retóricos, etc. Por
eso se le consideraba la persona ideal tanto para explicar los textos como para
reconstruirlos, modernizarlos y restaurarlos.

La primera Gramática (Techne Grammatiké), la de Dionisio de Tracia, es muestra


excelente de la amplitud y diversidad de los quehaceres filológicos, ya
gramaticales si tomamos esta palabra en nuestro limitado sentido contemporáneo, ya
críticos y literarios. Aquello que acabaría genéricamente llamándose "filología"
comenzó ocupándose, por una parte, de la lectura correcta de los textos y, por
otra, de la fijación, depuración y exégesis de los mismos. Las experiencias
adquiridas y los materiales empleados en esta actividad se irían recogiendo en
léxicos, repertorios, inventarios, etc. La filología se convierte, así, en época
alejandrina, en una disciplina de carácter enciclopédico que abarca enseñanzas de
gramática, retórica, historia, epigrafía, numismática, bibliografía, métrica, etc.
Los filólogos así formados son, por antonomasia, hombres cultos que reúnen, aun de
manera esquemática, los saberes de su época.

Época clásica latina


Roma asimiló los métodos de los cesarianos y continuó la labor emprendida por
estos; fue el caso de Varrón (siglo I a. C.), por ejemplo. En época imperial
proliferan quienes estudian, critican y comentan las obras maestras de la cultura
latina, llamándose a sí mismos filólogos o gramáticos, voz que irá suplantando a la
primera hasta hacerla desaparecer. En efecto, el término filología se utilizará
poco en el Bajo Imperio, coincidiendo con la decadencia de los estudios de este
tipo, que llegan a desaparecer casi por completo a partir de este momento y durante
toda la Edad Media. A pesar de ello, es importante recordar las figuras del latino
Servio Macrobio (siglo IV) y, mucho más tarde, el bizantino Focio (siglo IX);
también puede destacarse la edición de las Suidas (siglo X) bizantinas siguiendo
métodos alejandrinos.
La época latina construyó la gran síntesis de las disciplinas de raigambre
filológica mediante la Retórica, como no podía ser de otro modo, es decir gracias a
las Institutio Oratoria de Quintiliano a finales del siglo I. Esta poderosa
construcción, que fundía asimismo la cultura humanística y por tanto la educación,
determinaría el curso medieval, gramaticalizado y de poética retorizada, proceso
que solo alcanzará a desmembrarse tras el final de las corrientes tradicionalistas
y dialécticas, por así decir enmarañadamente medievales, en virtud de la nueva
visión de las Poetrias, ya emancipadas de la persistente pervivencia gramatical de
Donato y Prisciano. El De Vulgari Eloquentia de Dante, no publicado en su tiempo,
fue un atisbo que tardó en localizar su propio camino. A la Patrística,
especialmente a San Jerónimo y San Agustín, es preciso reconocer que se debe no ya
la integración de la cultura y los saberes filológicos grecolatinos en el nuevo
mundo cristianizado, sino la creación por este de una retórica, una filología y
traductología que habrían de confluir en la obra de Erasmo de Rotterdam. Por otra
parte, la reactualización de Cicerón representará la nueva Retórica o Eloquentia
renacentista.

Humanismo
La cultura del Renacimiento y, sobre todo, del Humanismo, constituye, ya sea en su
vertiente de interpretación más cívica (Eugenio Garin) o más filológica
(Kristeller), el gran establecimiento de la filología moderna y el primer gran
dominio y acopio de las fuentes clásicas. Se ha discutido mucho acerca de la
importancia medieval del llamado Protorrenacimiento, o de la distinción de varios
Prerrenacimientos, uno de los cuales podría entenderse como específicamente
filológico. La importancia de la operación académica llevada a cabo por Carlomagno
es de todo punto indudable y relativa a lo que llamamos historia y creación de las
escuelas catedralicias y las universidades propiamente dichas.

Como es bien sabido, la creación de la imprenta y la edición de textos clásicos en


este nuevo medio significó algo parecido a una revolución cultural extendida a
todos los ámbitos del conocimiento y las posibilidades de su difusión. Si el
Cuatrocientos fue la prodigiosa época del arte y su teoría, el Quinientos fue la de
la Poética y la Crítica (Minturno, Escaligero, Castelvetro), pero todo ese tiempo
fue en general el de los saberes filológicos, cuando menos desde los maestros de
Petrarca. Puede decirse que se instauró la pasión bibliográfica en el destino
buscado de restituir a los clásicos grecolatinos y los textos escriturísticos.
Durante el siglo XV, personajes tan importantes y dispares como Aldo Manuzio o
Angelo Poliziano habían señalado el camino de la dedicación al estudio de los
clásicos, cuyo estilo imitan y cuyos textos editan. El siglo XVI es para los
estudios filológicos en amplio sentido, la época quizás sobre todo de Julio César
Escaligero, que continúa entre otras cosas el "parangón" (base originaria de la
Comparatística o Literatura comparada) en la tradición virtuosista de Dionisio de
Halicarnaso. Se trata de un ingente decurso filológico que cruza de Salutati a
Pontano, de Bracciolini y Valla a Bocaccio, Pletón o Ficino. Y así lo demuestran
también Henri Estienne, o Erasmo de Rotterdam, quien retoma y eleva la tradición
jeronimiana, o Nebrija y la fundamentación de la nueva lengua de América.

Siglo XVIII
En el siglo XVIII, la Ilustración y el renovado interés por la ciencia en general
hacen renacer o establecen una nueva etapa para el interés filológico. Richard
Bentley instaura en la Universidad de Cambridge los estudios clásicos dando un
definitivo empuje a los estudios filológicos; por primera vez, puede decirse, es
superada la filología alejandrina mediante la teorización de la existencia de la
digamma en los textos homéricos. Es una etapa de corrección de los textos
deteriorados o deformados, acomodándolos al estilo de sus autores (usus scribendi)
y a las circunstancias de su época de origen.

En el último cuarto del siglo XVIII, el término "filología" es rescatado por


Friedrich August Wolf, considerado en este sentido padre de la filología moderna.
Wolf, en efecto, abre un nuevo periodo importante para la historia de las
disciplinas lingüísticas en sentido amplio. Ferdinand de Saussure, consideraba la
filología de Wolf como un «movimiento científico», que tiene por objeto de estudio
no solo la lengua sino también la fijación, interpretación y comentario de textos,
lo que le lleva a ocuparse de la historia literaria, las costumbres, las
instituciones, etcétera, utilizando un método propio: la crítica. Estas
investigaciones filológicas, según Saussure, tendrían el mérito de haber preparado
el camino de la lingüística histórica.

Pero el último cuarto del Setecientos es señaladamente el momento de la creación,


por parte de la "Escuela Universalista Española del siglo XVIII", esto es Lorenzo
Hervás (Catálogo de las Lenguas) y Juan Andrés (Origen, progresos y estado actual
de toda la literatura), de la Lingüística comparada y la Historia literaria
universal y comparada o Literatura comparada, respectivamente. Es el moderno gran
impulso de una tradición que de diferente modo procede directamente de Dionisio de
Halicarnaso, Escalígero y Erasmo.

Siglo XIX
La filología alemana del siglo XIX, junto a la Estética y en general la Filosofía,
representa uno de los mayores momentos de la cultura de la Humanidad. Tras Wilhelm
von Humboldt, cenit de la Lingüística, el siglo XIX va a configurar el desarrollo
de la filología comparada en el marco del nuevo humanismo alemán. La publicación, a
mediados de siglo, de la primera Gramática comparada por parte de Franz Bopp,
sirvió para demostrar que se podía llevar a cabo un proceso avanzado de comparación
entre las lenguas. La filología comparada puede considerarse en gran medida una
consecuencia directa del movimiento romántico. El afán por el conocimiento del
pasado, tan propio del Romanticismo, contribuyó a crear la mentalidad historicista
que le era necesaria, mientras que el deseo de conocer el alma de los pueblos, por
otro lado, también típicamente romántico, condujo a la evolución historiográfica,
filosófica y filológica aplicada a un nuevo estudio de sus lenguas y literaturas.
Gracias a tales condicionamientos, los románticos miraron hacia las lenguas y
literaturas clásicas. Y, en el estudio de las lenguas clásicas, el método
histórico-comparatista dio excelentes resultados en la reconstrucción de una lengua
de la cual no se conservaban textos escritos, pero que podía presuponerse por la
comparación de diversas lenguas europeas y asiáticas, especialmente el sánscrito:
el proto-indoeuropeo. También el exotismo romántico significó la primera gran
apertura al oriente asiático, que habría de ser tan importante para la gran
filología que encierra la Mitología comparada de Max Müller. Muy pronto, la
evolución de la nueva filología romántica, amparada en una tradición ejemplarmente
sólida en la propia Alemania desde tiempos de Lessing, se había incorporado a la
naciente epistemología científica. La filología decimonónica determinó uno de sus
centros de interés en las lenguas y literaturas de los pueblos románicos, a cuyo
estudio aplicó los métodos de la filología clásica. Esto dio lugar al nacimiento
propiamente dicho de la filología Románica. En ecdótica, el filólogo Karl Lachmann
idea y aplica un procedimiento para reconstruir científicamente textos perdidos a
través de la comparación o colación de errores comunes, que en su honor será
denominado método lachmaniano.

Siglo XX
El siglo XX asistió al nacimiento y fuerte desarrollo de la lingüística formal y
estructural radicalmente neo-neopositivista, especialmente a partir del Curso
transmitido de Ferdinand de Saussure. En este sentido, sería probablemente
necesario distinguir entre filología y este tipo de lingüística de tendencia
tecnológica y la extensa gama de sus escuelas y modelos. No cabe olvidar, con todo,
la subsistencia de una dispersa lingüística idealista, así el caso eminente de Karl
Vossler, discípulo de Benedetto Croce, al igual que es preciso recordar a propósito
de los ámbitos de la Ciencia literaria. Pero el hecho, sin embargo, es que el
último cuarto del siglo XX dio muestras de un claro desplazamiento de las escuelas
formalistas hacia el dominio pragmático y, por otra parte, hizo patente el ya
inocultable desvanecimiento de tales proyectos tecnológicos. En cualquier caso, la
Filología había continuado su labor, quizás un tanto ensimismada o encerrada, con
centro en los textos escritos, pero también definitivamente abierta a los aspectos
más sincrónicos de la tradición oral así como a las nuevas circunstancias tanto
teóricas y críticas como instrumentales propiciadas por los medios digitales.

Campos metodológicos de aplicación de la filología


La Filología, en su sentido más característico o restringido, pero dentro del
ámbito de la filología general, ha tenido y tiene diversos cometidos:

Comparación de lenguas y de literaturas. Desde el siglo XVIII, y como


establecimiento disciplinar a partir del XIX, la filología comparada se ocupó de
estudiar la relación entre distintas lenguas. De esta forma, las semejanzas entre
el sánscrito y las lenguas europeas (observadas por primera vez a principios del
siglo XVI) llevaron a especular sobre la posibilidad de la existencia de una lengua
anterior común de la cual todas procedían, el proto-indoeuropeo. Por su parte, el
comparatismo literario, que nace como método gracias a Dionisio de Halicarnaso,
padre de la Crítica literaria, se desenvuelve a lo largo de la tradición
humanística e inicia su época moderna, al igual que la lingüística comparada,
inmediatamente definida como filología comparada, también en el Setecientos, sobre
todo como consecuencia de las realizaciones de la Escuela Universalista Española
del siglo XVIII.
Reconstrucción de textos. La ciencia filológica, en tanto "Crítica textual" (a
veces también denominada Textología), se ocupa de la reconstrucción de los textos
originales (constitutio) de un autor, basándose en el estudio de las diferentes
copias (examinatio) o transmisión de manuscritos conservados, a fin de determinar
variantes o errores y sus clases y proceder a subsanarlos (emendatio). Igualmente,
se ocupa de determinar la paternidad literaria de un texto (autoría), su fecha de
composición (datación, ya por medios lingüísticos o no), su completa genealogía
(stemma), etc. Es el caso eminente y complejo, por ejemplo, de la reconstrucción de
las primeras versiones de los evangelios cristianos y, en general, de la Biblia, y
también con notable preferencia los textos medievales.
Ecdótica o edición textual. La Ecdótica en realidad viene usualmente a integrarse o
confundirse en el proceso de la Crítica textual. La actividad filológica también se
enfoca relevantemente a la edición de los textos de autores clásicos y modernos,
acompañando a estos del correspondiente aparato crítico (anotaciones y variantes),
el cual persigue determinar y ofrecer explicativamente al lector con rigor estricto
la realidad textual de las obras e incluso, accediendo al campo de la Crítica
literaria o interpretación, el trasfondo cultural y vital que subyace al texto.
El ámbito disciplinario de la Filología
Históricamente, la Filología, más que relacionarse o confundirse con otras
disciplinas, ha sido subrayada en la preferencia de alguna de sus partes, las
cuales al fin no son sino parte de su propia configuración y por ello de su
identidad de más pleno horizonte y sentido. Es de señalar la difícil relación
durante el siglo XX del ámbito más característicamente filológico con cierta
Lingüística estructural y formalista. Pero también es de subrayar, y ahora de
manera más estable, la relación filológica con la Hermenéutica y con la Historia y,
evidentemente, la Historia de la literatura (y en general la Ciencia de la
literatura: junto a la historiografía literaria, la Teoría literaria y la Crítica
literaria, disciplinas mediante las cuales alcanza la Filología su estado de cuerpo
entero, pero que, de manera semejante a la Lingüística, también padecieron durante
el siglo XX, en grandes sectores, de una complicada coyuntura técnica formalista y
en consecuencia también de difícil vecindad filológica).

La Filología se confunde con la Hermenéutica en la medida en que ambas buscan el


significado de los textos o su interpretación. Pero en esto la Crítica literaria ha
de ser entendida a su vez como una particularización hermenéutica. Tanto la
filología como su especificación de tipo lingüístico se ocupan del mismo objeto de
estudio: el lenguaje humano. Pero la diferencia básica consiste en la preferencia
crítico textual con frecuencia asignada a lo filológico, su indagación más
particular y reconstructiva, de fijación de textos, que deviene ecdótica, frente al
interés lingüístico por el lenguaje en sí mismo y la utilización de textos
únicamente como un medio más de conocimiento de este.

Por su parte, Historia y Filología colaboran en la reconstrucción de los hechos


históricos pero, mientras la primera se ocupa, efectivamente, de la reconstrucción
de los hechos, auxiliándose, en este caso, del método filológico y de otros medios
y disciplinas, la segunda trata de situar los textos concretos en una época
determinada, sirviéndose, en este caso, de los conocimientos históricos.

En realidad, la Filología, tanto en su sentido general relativo a los textos de las


lenguas naturales como en el particularizado diacrónico y ecdótico, comparte su
objeto con la serie disciplinaria de la Ciencia literaria, el cual es
primordialmente la Literatura en tanto que textos constituidos en unidades o grupos
de unidades textuales "altamente elaboradas".

Clasificación
En el pleno ámbito de la disciplina, del conjunto de ámbitos disciplinarios y por
encima de la metodología, es preciso distinguir entre Filología general y
Filologías particulares. Pudiera decirse que existen tantas filologías como
culturas, o como lenguas, pero estas no son magnitudes correspondientes ni a veces
tienen independencia. Es preciso subrayar, al margen del mundo egipcio
(Egiptología), sobre todo las dos grandes culturas filológicas asiáticas, hindú y
china, y a partir de esta última toda la gama que de ella deriva (coreana,
japonesa...). Tanto la Indología como la Sinología son concebidas en general como
filología en amplio sentido. Otro tanto habría que decir de la Coreanología y la
Niponología o Japonología. Por otra parte, al margen de la Filología Árabe y la
Filología Semítica, que integraría a la anterior al tiempo que participa de una
filología especial, la Bíblica, respecto del mundo africano subsahariano es preciso
subrayar por su parte que el Africanismo se funda en lenguas y áreas culturales
originalmente orales, sin escritura, es decir que solo cabe concebir su
configuración filológica desde la aplicación moderna, ya se trate desde las lenguas
autóctonas o desde las europeas importadas o coloniales.

En la tradición europea se diferencian varios grandes campos filológicos


fundamentales, algunos de los cuales, como después se indicará, han tenido
importantísima proyección extraeuropea:

Filología Clásica o griega y latina antiguas y sus pervivencias, fundamento de la


cultura occidental y sus respectivos campos filológicos.
Filología Bíblica o Escriturística, parcialmente asociada a la Clásica, pero
también a la Semítica en virtud de la historia del texto sagrado, de cuyo nuevo
Testamento deriva la calificación de Filología Neotestamentaria junto a la de
Veterotestamentaria. Estas distinciones, histórica y conceptualmente se vinculan a
la disciplina Hermenéutica.
Filología Alemana o Germanística, que también atañe a varias regiones
centroeuropeas, sobre todo Austria.
Filología Inglesa, a veces denominada Anglística, posteriormente Angloamericana por
expansión geográfica intercontinental.

Filologia

Filología Eslava o Eslavística, formada por todas las lenguas de ese ámbito, desde
el ruso, polaco y ucraniano hasta el búlgaro, checo, eslovaco o croata.
Filología Románica, o Romanística, formada por toda la familia de lenguas
neolatinas o románicas. Esta y las europeas antedichas han recibido con frecuencia
la denominación de Filología Moderna, por evidente oposición a la Clásica,
constituida por las Lenguas muertas.
Dentro de la gran familia Románica, la Filología italiana y la Filología Francesa
poseen una gran dimensión nacional. A diferencia de estas, y otras de ámbito más
reducido como la Filología Rumana, la Filología Portuguesa, trocadamente
indisociable de la Galaica como Filología Gallegoportuguesa, posee una gran
proyección americana brasileña y en alguna medida africana mozambiqueña. Aún más
que esta última, la Filología Española como Hispánica ha tenido y configura una
extensísima proyección americana o Hispanoamericana. Por ello, a la Filología
Española conviene más la denominación de Hispánica, pues atañe directamente al
patrimonio y a la realidad viva de más de quinientos millones de hablantes de todo
el mundo.

Filología Hispánica o Hispanística es la designación que tomando como tronco la


lengua española, proyección de la castellana, tiene su gran dimensión en la América
Hispánica. La Filología Hispánica posee una base anterior representada por la
Iberística y se vincula íntimamente a la portuguesa mediante el gallego y la
moderna Filología Gallega o Gallegoportuguesa, al igual que por otra parte la
variante románica catalana y su moderna Filología Catalana. Caso lingüísticamente
mucho más particularizado, importante para la Iberística, aun por aislado, es el
constituido por la lengua vasca (o vascongada, vascuence, euskera), no románica y
de origen indeterminado, cuya cooficialidad en la región peninsular correspondiente
ha dado lugar a una Filología Vasca. En amplio sentido de cultura, la designación
Hispánica cubre lo antedicho y otros diversos elementos medievales, también
neolatinos y, propiamente como Filología Hispánica cabe observar su rigurosa
pertinencia, aun actual, respecto de la lengua Sefardí, algunas peculiares e
interesantes derivaciones, así la africana guineana ecuatorial, la saharaui y, por
otra parte geográficamente muy lejana, asiática, la del idioma tagalo, o filipino
de base tagala, y la relativa al conjunto de la cultura y de las lenguas filipinas
(ilocano, cebuano, bicolano...), de base malaya pero entroncadas con la española,
más su criollo español propiamente dicho, el chabacano. Así pues, el Filipinismo,
al menos en parte, puede ser considerado una rama de la hispanística. Pero
naturalmente, la gran conformación de la Filología Hispánica es consecuencia de
América y, en cualquier caso, se complementa o coincide con los estudios de
Hispanismo.