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QUE ES LA LITERATURA Y QUE IMPORTA LO QUE SEA

¿Por qué habríamos de preocuparnos de si los textos que leemos son literarios o no?
No parece que la distinción sea crucial para el método. No se trata de que todos los textos sean
de algún modo iguales: alguns se consideran más ricos, más poderosos, ejemplares, revolucionarios
o fundamentales, por las razones que sean. Pero ambas obras, las literarias y las no literarias,
pueden estudiarse conjuntamente con métodos parejos.

Literalidad fuera de la literatura

Muchos de los rasgos que con frecuencia se han tenido por literarios resultan ser tambbién
fundamentales en discursos y prácticas no literarios.
La teoría ha insistido en la importancia crucial que en muchos textos no literarios tienen recursos
retóricos, como la metáfora; de manera que se ha demostrado cómo puede esta dar forma a un
pensamiento no literario, con lo cual, se demuestra la profunda literalidad de esos textos
complicando así la separación entre lo literario y lo no literario.

Entonces...
¿Qué es la literatura?

La pregunta no reclama una definición sino más bien un análisis lo que lleva a otras interrogantes:

¿qué distingue las obras literarias de las no literarias?


¿qué diferencia la literatura de otras actividades o entretenimientos del ser humano?

No hay una respuesta verdaderamente válida, las razones están al alcance de todos: Las obras
literarias son de todos los tamaños y colores, y la mayoría parece tener más rasgos en común con
obras "no literarias" que con obras literarias propiamente dichas.

Desde una perspectiva histórica lo que hoy llamamos literatura se ha venido escribiendo desde
hace más de veinticinco siglos, pero el sentido actual de la palabra literatura se remonta a poco más
allá de 1800.
Las obras que hoy se estudian como literatura inglesa, española, latina en las escuelas y
universidades anteriormente se consideraban sólo ejemplos del uso posible del lenguaje y la
retórica.
El sentido moderno de literatura en Occidente, entendida como un escrito de imaginación, tiene
su origen en los teóricos del Romanticismo alemán de la transición de los siglos XVIII y XIX. Pero
incluso si nos limitamos a los dos últimos siglos, la categoría de literatura escapa a nuestra
definición: ¿acaso muchas de las obras que hoy consideramos literatura y que carecen de rima,
metro, escritas en un lenguaje propio de la conversación ordinaria, hubieran cumplido con los
requisitos para ser considerados "literatura" en siglos anteriores?
Uno siente la tentación de abandonar y concluir que es literatura sólo lo que una determinada
sociedad considera como tal; pero, desde luego, una conclusión como esta es completamente
insatisfactoria y no resuelve la cuestión sino que la desplaza. En ese sentido, en lugar de preguntarns
qué es literatura debemos preguntarnos qué es lo que nos impulsa a nosotros (o miembros de una
sociedad) a tratar algo como literatura, quizá la literatura sea como las malas hierbas: plantas que
los jardines no quieren que crezcan en "su jardín", lo que lleva de nuevo a la interrogante: ¿qué
elementos de nuestra cultura entran en juego cuando tratamos un texto como literatura?
En este punto, entenderemos algunas características que generalmente se toman en cuenta a la
hora de enfrentarse a un texto literario:

1. ¿Dónde encontramos el texto?


2. ¿invita a prestar un tipo de atención? ¿invita a pensar?
3. ¿Se presta un interés especial a las palabras y su relación?
4. ¿Ha superado un proceso de selección?

Con todo esto, podríamos concluir que la literatura es yb acto de habla o un suceso textual que
suscita ciertos tipos de atención. Contrasta con otras clases de actos de habla. En algunos casos, lo
que nos lleva a tratar algo como literatura es que lo encontramos en un contexto que lo identifica
como tal. A veces el objeto tiene características que lo hacen literario y otras veces es el contexto
literario el que motiva la decisión. Que el lenguaje esté estructurado de forma rigurosa no es
suficiente para convertir un texto en literario, la literatura bi es un mero marco en el que quepa
cualquier forma de lenguaje, no todas las palabras que coloquemos sobre un papel con forma de
poema funcionarán como literatura. A su vez, la literatura es más que un uso particular del lenguaje,
pues muchas obras no hacen ostentación de esa supuesta diferencia; funcionan de un modo
especial porque reciben una atención especial.
¿Qué es la literatura? Uno pensaría que esa ha de ser una cuestión central en la teoría literaria,pero
en realidad no parece haber importado demasiado. ¿Por qué razón?
Al parecer hay sobre todo dos razones. En primer lugar, dado que la propia teoría entremezcla
ideas de la filosofía, la lingüística, la historia, la teoría política y el psicoanálisis, ¿por qué habríamos
de preocuparnos de si los textos que leemos son literarios o no? Los estudiantes y los profesores de
literatura tienen hoy a su alcance una larga serie de proyectos de investigación sobre los que escribir
y leer — «imágenes de la mujer a principios del siglo XX», por poner un ejemplo—que dan cabida
con igual derecho a textos tanto literarios como no literarios. Se pueden estudiarlas novelas de
Virginia Woolf, la narración de los casos clínicos de Freud o incluso esos dos ámbitos, y no parece
que la distinción sea crucial para el método. No se trata de que todos los textos sean de algún modo
iguales: algunos se consideran más ricos, más poderosos, ejemplares,revolucionarios o
fundamentales, por las razones que sean. Pero ambas obras, las literarias y las no literarias, pueden
estudiarse conjuntamente y con métodos parejos

Literariedad fuera de la literatura

En segundo lugar, la distinción no es crucial porque diversas obras de teoría hayan descubierto lo
que podríamos llamar, simplificando al máximo, la «literariedad» de numerosos fenómenos no
literarios. Muchos de los rasgos que con frecuencia se han tenido por literarios resultan ser también
fundamentales en discursos y prácticas no literarios. Por ejemplo, en las discusiones recientes sobre
la naturaleza de la comprensión histórica, se ha tomado como modelo el análisis de la comprensión
de una narración. Un historiador no ofrece propiamente explicaciones equiparables alas leyes
científicas con valor predictivo; no puede mostrar que si X se da conjuntamente con Y,entonces
indefectiblemente pasará Z. Lo que hace, más bien, es mostrar cómo un hecho condujo a otro, qué
produjo que estallara una guerra mundial y no por qué tenía que estallar. El modelo subyacente a
la explicación histórica es, por tanto, la lógica de la narración: la manera en que las narraciones
muestran que algo ocurre, al engranar la situación inicial, el desarrollo y el resultado de modo que
adquieran sentido.El modelo de inteligibilidad histórica es, en resumen, el de la narración literaria.
Los que gustamos de leer y escuchar relatos podemos determinar con facilidad si la trama tiene
sentido yes coherente, o si la historia ha quedado sin final. Si tanto la narrativa histórica como la
literaria se caracterizan por los mismos modelos de lo que tiene sentido y lo que estructura una
historia,entonces deja de parecer un problema teórico urgente la distinción entre ambas.
Asimismo, la teoría ha insistido en la importancia crucial que en muchos textos no literarios —ya
se trate de las narraciones freudianas de casos clínicos o de obras de discusión filosófica— tienen
recursos retóricos como la metáfora, que se creía definitoria de la literatura, pero solía concebirse
como meramente ornamental en otros tipos de discurso. Al mostrar cómo una figura retórica puede
dar forma al pensamiento en discursos no literarios, los teóricos han demostrado la profunda
literariedad de esos textos supuestamente no literarios, complicando así la separación entre lo
literario y lo no literario.
Sin embargo, el mismo hecho de referirnos al descubrimiento de la «literariedad» de fenómenos
no literarios para describir esta situación indica que la noción de literatura continúa desempeñando
un determinado papel que debemos desentrañar.

¿De qué pregunta se trata?

Nos encontramos de vuelta en la pregunta inicial, «¿Qué es la literatura?», que no encuentra


respuesta. ¿De qué pregunta se trata, sin embargo? Si fuera un chavalín de cinco años el que se
acercara a preguntármelo, lo tendría fácil: «La literatura son los cuentos, los poemas y el teatro», le
diría. Pero si me lo pregunta un teórico, es difícil saber cómo afrontar la pregunta; quizá me interpela
sobre la naturaleza general del objeto «literatura», que los dos conocemos a fondo. ¿Qué tipo de
objeto o de actividad es? ¿Qué hace? ¿A qué fin atiende? En tal caso, «¿Qué es Literatura?» no
reclama una definición sino más bien un análisis! incluso la discusión sobre por qué hay que
ocuparse de la literatura. · .
'Pero «¿Qué es literatura?» podría ser igualmente una pregunta sobre los rasgos distintivos de las
obras que coincidimos en llamar literarias: ¿qué las distingue de las no literarias?, ¿qué diferencia a
la literatura de otras actividades o entretenimientos del ser humano? Esta cuestión podría tener
como origen el dudar sobre cómo decidir qué libro es literatura y cuál no; pero es más probable que
ya se tenga una idea previa de qué se considera literario y se quiera saber algo diferente: ¿existen
rasgos distintivos esenciales presentes en odas las obras literarias?
Es difícil responder a eso. La teoría ha pugnado por encontrar la respuesta, pero sin demasiado
éxito. Las razones están al alcance de todos: las obras literarias son de todos los tamaños y colores,
y la mayoría parece tener más aspectos en común con obras que pocas veces llamamos literatura
que con otras que son reconocidamente literarias. Así, Jane Eyrt, de Charlotte Bronte, se parece
bastante más a una autobiografía que a un soneto; y un poema de Roben Buma -My love is like a
red, red rose» («Mi amada es una rosa, Una rosa roja»)- se parece más a una canción popular que a
Hamblet
¿Existen rasgos compartidos por los poemas, las obras de teatro y las novelas que los distingan de,
pongamos por eso las canciones, la transcripción de una conversación o las autobiografías?

Perspectiva histórica

Basta con contemplarla bajo una ligera perspectiva histórica para que la cuestión se nos complique
más. Lo que hoy llamamos literatura se ha venido escribiendo desde hace más de veinticinco siglos,
pero el sentido actual de la palabra Literatura se remonta a poco más allá de 1800. Antes de esa
fecha, literatura y términos afines en otras lenguas europeas significaban «escritos» o
«Conocimiento erudito». Todavía hoy se conserva en inglés o alemán la acepción común de
«bibliorafía» o «estudios» para litterature y Literatur, e incluso en español cabe esa acepción cuando
se habla, por ejemplo, de «literatura médica». Las obras que hoy se estudian como lite-ratura
inglesa, española o latina en las escuelas y universidades antes se consideraban sólo ejemplos
excelsos del uso posible del lenguaje y la retórica, y no un tipo particular de escritura. Eran muesta
de una categoría mayor de prácticas ejemplares de la escritura y el pensamiento, que indica el
discurso retórico, los sermones, la historia y la fílosofía: No se pedía a los estudiantes que los
interpretaran, en el sentido en que se interpretan hoy las obras literarias, procurando explicar «de
qué tratan en realidad». Se llevaban a cabo otras tareas los estudiantes memorizaban las obras·,
estudiaban su gramática, identificaban sus figuras retóricas y las estructuras o procedimientos de la
argumentación. Una obra como la Eneida de Virgilio, que hoy se estudia como literatura, recibía un
trato muy diferente en las escuelas de antes de 1850.
El sentido moderno de literatura en Occidente, entendida como un escrito de imaginación, tiene su
origen en los teó-ricos del Romanticismo alemán de la transición de los si-glos XVlii y XIX y, por
buscar una fuente concreta, en el libro que publicó en 1800 la baronesa francesa Madame de Staël,
muy cercana a los primeros románticos alemanes: De la literatura considerada en sus relaciones con
las instituciones sociales. Pero incluso si nos limitamos a los dos últimos síglos, la categoria de la
literatura escapa a nuestra definicion: ¿acaso ciertas obras que hoy consideramos literatura -
poemas sin rima ni metro aparente, esccritos en el lenguaje propio de la conversacion ordinaria-
hubieran cumplido los requisitos para que Madame de Staël calificara de «literatura»? . Y
deberíamos dar entrada en nuestras consideraciones a las culturas no europeas, lo que complica
todavía más la cuestión. Uno siente la tentación de abandonar y concluir que es que es la literatura;
un conjunto de textos arbitros de esa cultura reconocen como pertenecientes a la literatura.

Desde luego, una conclusión como esta es totalmente insatisfactoria. No resuelve la cuestión, sólo
la desplaza; en lugar de preguntarnos que es la literatura, debemos preguntarnos ahora qué es lo
que nos impulsa (a nosotros, o a los miembros de otra sociedad a tratar algo como literatura. Sin
embargo, lo mismo ocurre en otras categorias que no se refieren a propiedades especificas sino sólo
a los criterios, variables, de cada grupo social. Tómese por ejemplo una pregunta como «¿Que es
una mala hierba?» ¿Existé Üna esencia de la «malayerbidad», un algo especial, un no sé qué, que
las malas hierbas comparten y que las distingue de las otras plan-
tas? Quien con su mejor voluntad se haya puesto a escardar un jardín sabe cuánto cuesta distinguir
una mala hierba de las otras plantas, y se preguntará cuál es el secreto. ¿Qué puede ser? ¿Cómo se
reconoce una mala hierba? Bien, el secreto es que no hay secreto. Las malas hierbas son
sencillamente plantas que los jardineros no quieren que crezcan en su jardín.
Quien tenga curiosidad por ellas perderá el tiempo si busca la naturaleza botánica de la
«malayerbidad»; las. características físicas o formales que hacen que una planta sea una mala
hierba. En lugar de eso hay que emprender estudios históricos, sociológicos y quizá psicológicos
sobre los tipos de planta que se consideran indeseables por parte de diferentes grupos en diferentes
lugares.
Quizá la literatura es como las .malas hierbas. Pero esta respuesta no elimina la pregunta; la
reformula de nuevo: ¿que elementos de nuestra cultura entran en juego cuando trata-
mos un texto como literatura?

·
Tratar textos como literatura

Supongamos que nos encontramos una frase como la siguiente


We dance round in a ring and suppose,
But the Secret sits in tbe middle and knows.

(Bailamos en círculo y suponemos,


Pero el Secreto sabe, sentado en el centro.)

Bueno, ¿de qué se trata, y cómo lo sabemos? Dependerá en gran parte de dónde encontremos este
texto. Si aparece en el apartado de horóscopo de un periódico, no será más que una redacción in
usualmente enigmática; pero si tiene valor de ejemplo, como en esta ocasión, podemos indagar las
diversas posibilidades que nos ofrecen los usos corrientes del lengua-je. ¿Es quizá una adivinanza, y
nos toca adivinar el Secreto? O tal vez se trate de publicidad de un producto nuevo, el Secreto, pues
es frecuente que la publicidad recurra a la rima -«Winston tastes good, like a cigarette should»,
«Recuérdalo: con agua sólo cueces, con Avecrem enriqueces»- y se ha ido volviendo
progresivamente más enigmática, para intentar impactar a un público cada vez cansado. Aun así,
esta frase parece esligada de todo contexto práctico ima , incluida la venta e un o ucto. 1 aña irnos
que el texto rima y que, tras las dos primeras palabras, sigue un esquema rítmico regular de
alterpanda de sílabas átonas y tónicas (roundin-a-ríng-and-sup-póse), surge la posibilidad de que
este texto pueda ser poesía, una muestra de literatura.
Algo no cuadra del todo, sin embargo; lo que origina la posibilidad de que estemos ante un texto
literario es que no tiene utilidad practica evidente, pero ¿podemos conseguir ese mismo efecto si
sacámos otras frases del contexto en que se clarifica su funcion? Tomemos una frase de un libro de
instrucciones, un prospecto, un anuncio, un periodico, y escribamosla aislada sobre el papel

Agitese energicamente y déjese reposar cinco minutos.

¿Es literatura? ¿Lo he convertido en literatura al sacarlo del contexto práctico de unas instrucciones?
Tal vez si, pero no está muy claro que lo haya logrado. Parece que nos falta algo: la frase no tiene
recursos que nos permitan trabajar sobre ella. Para que fuera literatura necesitaríamos, acaso,
inventar un título cuya relación con el «verso» creara problemas y obligara a ejercitar la imaginación:
«El secreto», por ejemplo, o «La esenéia de la compasión»
No obstante, sería bastante más fácil sí la frase sonara algo así como «Una nube de azúcar al alba,
en la almohada», que parece tener mas oportunidades de ser literatura, pues no puede ser nada
más que una imagen, lo que invita a un cierto tipo de atencion, invita a pensar. Esto sucede con los
textos en los que la relacion entre forma y contenido puede dar que pensar. En esta perspectiva, la
frase que abre un hbro de filosofia como el W. O. Quine, from a logical point of view, podría ser
considerada un poema:
Una cosa extraña
sobre el problema ontológico es su
sencillez

Dispuesta en la página en esas tres líneas y rodeada de intimidatorios márgenes de silencio, la frase
puede despertar una forma de atención que podríamos llamar «Literaria»: un interes por las
palabras, por cómo se relacionan entre sí, qué implican, y especialmente un interés por saber cómo
se relacionan lo dicho y la manera en que se dice. Es decir, por estar escrita de esa manera, la frase
parece capaz de responder a la idea moderna de poema y al tipo de atención que se asocia hoy con
la literatura. Si alguien nos dijera este enunciado, le preguntaríamos qué quiere decir; pero al
tomarlo como un poema, la pregunta ya no es la misma; no se trata de qué quiere decir el poema;
como funciona el leguaje; qué hace este texto, en definitiva.
Si aislamos la primera frase, «Una cosa extraña», se deriva la cuestión de qué es una cosa y
cuándo una cosa es extraña. «¿Qué es una cosa?» es precisamente una de las cuestiones de la
ontología, la ciencia del ser, el estudio de lo que es o existe. Pero «cosa» en el sintagma «una cosa
extraña» no se refiere a un objeto físico, sino a algo parecido a una relación o un aspecto que no
parecen existir de la misma manera que existe una casa o una piedra. La frase, por tanto, postula la
sencillez pero no practica lo que postula, sino que ilustra, en esa ambigüedad de la cosa, una parte
de los imponentes problemas que afronta la ontología. Sin embargo, la propia sencillez del poema -
el hecho de que se pare después de «sencillez», como si no fuera necesario añadir nada- otorga
credibilidad a la por otra parte inverosímil afirmación de la sencillez. En cualquier caso, si la aislamos
de este modo, la frase puede generar una actividad como la que hemos desarrollado: .1 modelo de
actividad interpretativa. que asociamos con la literatura.

UNA INTRODUCCION A LA TEORIA LITERARIA

En la extensión de su texto intenta distinguir entre cuatro puntos de vista sobre cómo poder disertar
por escrito esta pregunta que plantea verdaderamente qué es literatura. La distingue como ficción,
es decir que el texto contenga un discurso ficcional; como un uso específico del lenguaje; como un
discurso no pragmático, haciendo referencia a que el texto no tiene utilidad práctica; y por último,
a la exageración del término, un discurso valorado exageradamente, de una forma especial.

El desarrollo de dichas ideas me conlleva a someter una mezcla de estas cuatro ya existentes a una
hibridación entre ellas, haciendo surgir así una quinta opción. Seleccionando rasgos de una y
compartiéndolos con características de la otra, surge una visión un poco personal, a pesar de la
mayéutica que las palabras de Terry Eagleton y alguien más hayan supuesto en dicha visión sobre
¿qué es, realmente, literatura? De antemano, avanzo que no puedo decantarme estrictamente por
una de las cuatro opciones expuestas por Eagleton en su texto –de hecho, al final de sus líneas
constata que no podría hacerlo ni él mismo-, sin embargo, quizás estoy más de acuerdo, y me sitúo
a favor, con lo que la segunda definición revela. Me adhiero a la sentencia “la literatura es un uso
específico del lenguaje” por distintas razones, pero antes, vale la pena hacer una breve síntesis de
lo que significa esta definición para el autor. Asimismo, podré intervenir intercaladamente con mi
visión sobre la versión de Eagleton.

Ciertamente no se podría devenir a una posición como esta sin preceder antes de la distinción entre
“hecho” y “ficción”. No obstante pronto llegaríamos a concebir la literatura desde una visión en que
“quizá haya que definir la literatura no con base en su carácter novelístico o imaginario sino en su
empleo característico de la lengua”, y estas son palabras de Eagleton.

Tiene que ver con la forma propia y específica del lenguaje. Lo que nos ayuda a distinguir qué es
literatura o no. La literatura utiliza un lenguaje específico que comporta que cuando leamos un texto
sepamos si eso que estamos leyendo es literatura.

Shklovsky plantea la teoría de la desautomatización o extrañamiento. El arte te ofrece realidad


desde una nueva percepción, nos obliga a percibir la realidad desde otro punto de vista. Sin
embargo, lo que interesa no es solo construir obras, sino fijarnos cómo están hechas.
El uso específico del lenguaje está vinculado al formalismo. El lenguaje del formalismo es la
desautomatización, utilizar un lenguaje con uso distinto al cotidiano. Los formalistas rusos no tenían
en cuenta la historia de la literatura, motivo por el que definían el lenguaje literario como literatura.
A pesar de su intención, lo que hicieron fue intentar definir el uso del lenguaje literario y no la
literatura. Para reconocer el uso del lenguaje que le da el lector a un texto, el lenguaje tiene que
romper una norma con procedimientos literarios. Un ejemplo para este caso radica en la prosa. Su
función era encontrar un “uso literario” al “lenguaje literario” que se aleja del “lenguaje cotidiano”.

No toda la literatura utiliza ese lenguaje. Por lo tanto, la segunda definición que propone Eagleton
es útil, pero no válida para toda la literatura. No todo el lenguaje de todas las obras literarias es
lenguaje literario, sin embargo, sí es literatura. En su texto, el autor insiste constantemente en
afirmaciones como “la literatura es una organización especial del lenguaje” y también se puede
apreciar cuanto comparte con las bases de la ideología formalista, que considera “la obra literaria
como conjunto más o menos arbitrario de recursos, a los que solo más tarde estimaron como
funciones dentro de un sistema textual total”.

Es aquí donde reside su mayor estado de descripción del tema, el lenguaje cotidiano, el que usamos
cada día. No lo utilizamos para llevar a cabo lo que sería una obra literaria, sin embargo, más
adelante cuestiona este hecho diciendo que esto depende según el punto de vista desde el que se
observe. Para poder adentrarnos en esta perspectiva es antes necesario intentar delimitar la
frontera entre el lenguaje literario y el lenguaje cotidiano. Será entonces cuando trataremos la
perspectiva según en la que esté el lector.

El escritor británico supone que en lo que entendemos por una escena del día a día, como podría
ser por ejemplo esperar en la parada del autobús, el horario que nos informa en que horas pasa y
por qué parada, utiliza un lenguaje completamente estándar, claro y conciso. Se hace referencia
aquí al lenguaje, es decir, por mucho que dicho lenguaje sea una tabla impresa con números que
me indican determinadas horas del día, se entiende por lenguaje el hecho que no hay ambigüedad
cuando vemos por ejemplo que el siguiente coche de línea pasará a las 9:45 de la mañana. No
obstante, el lenguaje que se utilizaría en un chiste de Woody Allen -al margen de que no sea por
escrito y teniendo en cuenta que estamos hablando de lenguaje y no de expresión escrita-, denota
cierta ironía en sus palabras, relaciones entre lo que está diciendo y entre lo que realmente quiere
decir. El juego con el vocabulario es lo que indica que puede haber distintos estadios de este mismo,
los cuales podrían ser clasificables en su uso.

La literatura, al igual que otros tipos de arte, divaga mucho sobre cualquier tipo de categoría que
podamos implantar en el intento de razonar su funcionamiento. Se puede utilizar un vocabulario
que, quizás ambiguamente, identificamos como cotidiano para designar una escena completamente
caricaturesca, convirtiéndola así en literaria. Y viceversa, adquiriendo un registro literario en el
momento de entablar una conversación con otra persona para bromear. Es desde este punto de
vista en el que tenemos que intentar comprender esta definición desde otra perspectiva, es decir,
desde la visión del receptor del mensaje, ya sea en el lenguaje literario o cotidiano.

En estas circunstancias quizá Eagleton critica el considerar la literatura como los formalistas, que
equivale a pensar que toda literatura es poesía. También en ese punto del texto hace el autor
mención a un tema que yo querría remarcar. Trata los chascarrillos, las porras deportivas, los lemas
o slogans, los encabezados periodísticos y los anuncios publicitarios, cuestionándolos, a pesar de
que sean “a menudo verbalmente llamativos”, teniendo en cuenta su afirmación al respecto
“generalmente no se clasifica como literatura”.

Y cito: “el periodismo es ilegible y la literatura no es leída”. Palabras de Oscar Wilde que me vienen
al dedillo para empezar con mi argumentación. Y aunque estas palabras se alejan un poco de lo que
yo quiero aportar, podré llegar a una conclusión precedida de dicha frase y las definiciones de
Eagleton. En los textos de Wilde sobre el periodismo, critica el mal uso del periodismo y afirma que
es consecuencia de no leer.

Cuando el crítico literario dice que los textos de prensa citados antes, utilizando el lenguaje literario
atrae al lector, sin ser considerado lo que escribe “generalmente literatura”, podrían rasgos de la
tercera definición ayudar a contradecir dicha afirmación anterior. Se dice que la segunda definición
no es óptima para toda clase de literatura, pero la pragmática de un escrito, unida al punto de vista
del lector, pueden hacer de cualquier texto una perspectiva que quizás también se podría tener en
cuenta a la hora de definir qué es literatura.

En la tercera definición, describimos literatura a partir del uso del texto, no en función de estructuras
internas. Literatura es todo tipo de texto sin fin práctico, que consumimos por puro placer. Según el
uso que le des a un texto, este va a ser una cosa u otra. Que sea el lector quien determine la
propiedad del texto implica que no se puede partir de un patrón para clasificar la literatura. La idea
de literatura ha variado a lo largo de la historia y aquí se plantea la definición desde el uso, lo cual
nos puede servir para distinguir donde no situamos la literatura.

Tenemos en cuenta que la literatura, desde el punto de vista en que la leemos, puede serlo o no.
Entonces, vemos muy claramente que esto podría formular un concepto demasiado confuso. No
obstante, podemos articular palabras para que así no sea y conseguir de este modo lo que sería la
quinta e hipotética definición que antes comentaba, procediendo de las definiciones de Terry. Si nos
centramos en las bases de la segunda definición, literatura es todo aquel texto que empre un uso
específico del lenguaje. Ya formulando mi propia definición, no podemos negar que todo texto tiene
un fin práctico, afirmación que quizás esté en desacorde con el texto de Eagleton. La pragmática de
un texto no está en la consideración del lector sino en la finalidad por la cual el autor escribe.

La afirmación “Pedro come manzanas” no es quizás una frase en la que podamos encontrar lenguaje
literario, ni tampoco una frase que pueda tener ningún tipo de significado práctico a priori. Sin
embargo, sí puede ser una frase la cual su autor utilice para poner un ejemplo sobre que es o no es
un microrelato. Por lo tanto, ya empezamos a ver más puntos de vista sobre la practicidad de un
texto. Otro ejemplo podría ser unas instrucciones de montaje de algún objeto, o bien un prospecto
sobre como consumir debidamente una medicina.

Remontemos pues a la misma perspectiva que antes. Desde lo que relata la tercera definición, es
literatura todo aquel texto que no requiere de un uso práctico, el cual consumimos por el simple
hecho de recibir puro placer al leer. De este modo, no podemos decir que son literatura los dos
ejemplos citados de textos instructivos (las instrucciones y el prospecto). Sin embargo ¿cómo
podríamos definir unas instrucciones para subir las escaleras? Es aquí donde quería llegar para dar
sentido a la referencia anteriormente mencionada del periodismo. Unas instrucciones son
puramente con sentido y finalidad práctica, no obstante Julio Cortázar caricaturiza este punto de
vista y es capaz de someter un texto instructivo cierto lenguaje literario, que a su misma vez
podríamos considerar cotidiano, pero que por el simple hecho de leerlo en tal contexto, podemos
denominarlo como literatura. En mi humilde opinión, pienso que esto puede suceder a la inversa.

Jacobo Rivero es un autor de entre muchos que realiza trabajos periodísticos tan extensos y de tanta
extratemporalidad, que para publicar sus textos no le es suficiente una simple columna de un medio
como una revista o un diario. En cambio, decide publicar sus escritos en formato libro. Su finalidad
no es otra que informar, por lo tanto ya tiene un carácter práctico que le alejaría de ser literatura a
pesar de usar un lenguaje específico. A la vez, partiendo de vivencias y experiencias propias, es capaz
de relatar un cuento ficticio, sin basarlo en hechos reales, pero sometiendo los personajes de su
texto a una realidad que ha ocurrido en la historia real, fuera de la diégesis. Mediante una historia
de su propia cosecha, refleja la realidad que en la vida real se vivió en algún momento, en algún
lugar determinado. Sin salir de la frontera que limita la pragmática de su texto, es decir, sin dejar de
informar de algo que podría haber ocurrido en unas circunstancias que son reales, estructura los
cementos de una narración ficticia allí.

Es por esto que yo me quiero referir a los chascarrillos, porras y slogans “a menudo, generalmente
llamativos”, para dejar a entrever que a partir de las herramientas que nos han proporcionado las
definiciones de Eagleton, también podríamos considerar según qué trabajo periodístico como un
texto literario.

Más que saber la receta de literatura, sería preferible no dejar de lado nada que se haya escrito. No
tacharlo de “no literatura”. La segunda definición es la que más me representa, ya que creo que es
mediante el uso del lenguaje que se puede conseguir todo tipo de literatura. Eagleton se refiere al
uso del lenguaje literario quizá como algo que Góngora, Quevedo, Lope de Vega o Calderón tuvieron
en su momento y que más adelante Borges, García Márquez, Pàmies o bien Monzó utilizaran otro
adecuado a su época. En Lope de Vega hay un ejemplo de lo que quiero llegar a decir. Cuando se
congenian unos preceptos sobre cómo debe realizarse la dramaturgia, en el siglo XVII llega Lope
para establecer unos de nuevos. Me refiero que no podemos encontrar una definición exacta y
perfecta de qué es literatura y sí, en cambio, definir modos de utilizar la literatura. Obviamente,
esto estará abierto a nuevas aportaciones, pero sin embargo ya nos permitiría poder encontrar una
posible definición en tanto qué es literatura. La literatura es un uso específico del lenguaje sin duda,
pero no en el sentido de dejar de lado el vocabulario cotidiano, ni tampoco en el de afirmar si esto
o aquello no es literatura.

Apuntes sobre Terry Eagleton tomados en clase de Literatura Comparada impartida por David Roas

Hay cuatro posibles formas de definir la literatura:

Literatura es ficción; un discurso ficcional.

Literatura es un uso específico del lenguaje.

Literatura es un discurso no pragmático; no tiene utilidad práctica.

Literatura es un discurso que es valorado extremadamente; de una forma especial.

LITERATURA ES FICCIÓN; UN DISCURSO FICCIONAL


Ficción: producto de la imaginación; pacto de ficción con el narrador.

Todos los textos se escriben para creer mundos diferentes desde las convenciones del género y del
mundo en que se crea esa obra.

Todo texto crea un mundo posible en función de unas leyes lógicas internas, por eso unas no se
pueden aplicar a otras.

Teoría de los mundos posibles

· Modelo del mundo que tiene que ver con la realidad.

· Modelo ficcional verosímil: imita el funcionamiento del mundo real y le traslada al mundo literario.

· Modelo ficción no verosímil/fantástica: construyen un mundo que nada tiene que ver con las
convecciones de la realidad.

Verosimilitud: argumento con lógica interna.

Todo texto intenta construir una idea denominada efecto de realidad. Los textos literarios son
ficción, no sujetos a la realidad.

LITERATURA ES UN USO ESPECÍFICO DEL LENGUAJE

Tiene que ver con la forma propia y específica del lenguaje. Lo que nos ayuda a distinguir que es
literatura o no. La literatura utiliza un lenguaje específico que comporta que cuando leamos un texto
sepamos distinguir si eso que estamos leyendo es literatura.

Shklovsky plantea la teoría de la desautomatización o extrañamiento. El arte te ofrece realidad


desde una nueva percepción, nos obliga a percibir la realidad desde otro punto de vista. Sin
embargo, lo que interesa no es solo construir obras, sino fijarnos cómo están hechas. El uso
específico del lenguaje está vinculado al formalismo. El lenguaje del formalismo es la
desautomatización. Un lenguaje con uso distinto al cotidiano.

Los formalistas rusos no tenían en cuenta la historia de la literatura. Definían el lenguaje literario
como literatura. Intentaron definir el uso del lenguaje literario y no la literatura. Para reconocer el
uso del lenguaje que le da el lector a un texto el lenguaje tiene que romper una norma con
procedimientos literarios.

EJEMPLO DE PROSA: Su función era encontrar un “uso literario” al “lenguaje literario” que se aleja
del “lenguaje cotidiano”.

No toda la literatura utiliza ese lenguaje. Por lo tanto, la segunda definición que propone Eagleton
es útil, pero no válida para toda la literatura. No todo el lenguaje de todas las obras literarias es
lenguaje literario, sin embargo, sí es literatura.

LITERATURA ES UN DISCURSO NO PRAGMÁTICO; NO TIENE UTILIDAD PRÁCTICA


Definimos literatura a partir del uso del texto, no en función de estructuras internas.

Literatura: tipo de texto sin fin práctico. Texto que consumimos por puro placer.

Según el uso que le des a un texto, ese texto va a ser una cosa u otra. Que sea el lector quien
determine la propiedad del texto, implica que no se puede partir de un patrón para clasificar la
literatura. La idea de literatura ha variado a lo largo de la historia. Plantea la definición desde el uso.
Nos puede servir para distinguir donde no situamos la literatura.

LITERATURA ES UN DISCURSO QUE ES VALORADO EXTREMADAMENTE; DE UNA FORMA ESPECIAL

Destruye cualquier tipo de acercamiento para definir la literatura. La literatura se define porque
alguien dice que es literatura. Plantea si hay, o no, propiedad en el texto para definir los textos. La
literatura no se puede determinar desde un concepto particular. Es imposible describir la literatura
con una propiedad objetiva. La literatura es un producto social, variable en el curso de la historia,
cuya definición está sujeta a los valores y juicios de los grupos que detentan el poder.
1) Diferentes posibles definiciones de Literatura:
a) la literatura como obra de ‘imaginación’, en el sentido de ficción, de escribir sobre algo que no
es literalmente real”
b) la literatura como un discurso ‘no pragmático’, que carece de un fin práctico inmediato y que
debe referirse a una situación de carácter general. Algunas veces –no siempre- puede emplear un
lenguaje singular como si se propusiera dejar fuera de duda ése hecho, como si deseara señalar que
lo que entra en juego es una forma de hablar. Este enfoque está dirigido a la manera de hablar y no
a la realidad de aquello sobre lo que se habla; a veces, se interpreta como si con ello se quisiera
indicar que entendemos por literatura cierto tipo de lenguaje autorreferente, un lenguaje que habla
de sí mismo.
c) la literatura como las diferentes obras en que la gente se relaciona con lo escrito (entonces, la
literatura deja de considerarse como una cualidad o un conjunto de de cualidades inherentes que
quedan de manifiesto en cierto tipo de obras)
d) la gente denomina “literatura” a los escritos que le parecen buenos., frente a la mala escritura.

2) La literatura como “obra de la imaginación” frente a los formalistas:


Al respecto de considerar la literatura “como obra de ‘imaginación’, en el sentido de ficción, de
escribir sobre algo que no es literalmente real” Eagleton sostiene que basta con pensar un poco en
esta definición para ver que no es concluyente ya que, al distinguir entre “hecho” y “ficción” para
saber qué es, y que no, Literatura, no logra su objetivo, es decir, su definición. Por ejemplo:
Shakespeare es considerado bajo el rubro de literatura inglesa del siglo xvii, al igual que los ensayos
de Bacon, los sermones de John Donne y otras obras que tocan diversos temas y de diversas áreas.
Es decir, frente a las dificultades de definir la literatura en base a hechos “reales”, “históricos” o de
“ficción”. O en base a escritos “creadores” o de “imaginación” Eagleton propone, para cambiar el
enfoque de definición, al formalista ruso Roman Jackobson, que fija su atención en el empleo
característico de la lengua. Entonces, desde esta perspectiva formalista, la literatura consiste en
“una forma de escribir en la cual, se violenta organizadamente el lenguaje ordinario”. La literatura
trasforma e intensifica el lenguaje ordinario; se aleja sistemáticamente de la forma en que se habla
en la vida diaria. Ante esto, Eagleton sostiene que el considerar la literatura como lo hacen los
formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura es poesía.
3) Problemas que plantea la definición de la literatura según el uso espacial de la lengua - los
formalistas:
Los formalistas fueron un grupo militante y críticos, surgidos los años anteriores a la revolución
bolchevique de 1917. Éstos rechazaron las doctrinas simbolistas que anteriormente habían influido
en la crítica literaria y se enfocaron en la realidad material del texto literario. Es decir, esencialmente
aplicaron la lingüística al estudio de la literatura sin detenerse en el “contenido” literario (donde se
podía sucumbir a lo psicológico o a lo sociológico y donde, además, el “contenido” sólo era una
“motivación” de la forma, una ocasión u oportunidad conveniente para un tipo particular de
ejercicio formal). Según ellos, la crítica debía separar arte y misterio y ocuparse de la forma en que
los textos literarios realmente funcionan; ya que la literatura era una organización especial del
lenguaje. Tenía leyes propias específicas, estructuras y recursos, que debían estudiarse en sí mismos
en vez de ser reducidos a algo diferente. La obra literaria no era vehículo ideológico, ni reflejo de la
realidad social ni encarnación de alguna verdad trascendental; era un hecho material cuyo
funcionamiento puede analizarse “como se examina el de una máquina”. Para los formalistas, la
obra literaria estaba hecha de palabras, no de objetos o de sentimientos, y era un error considerarla
como expresión del criterio de un autor. Por ejemplo, “Rebelión en la granja” de Orvewll, no era,
según los formalistas, una alegoría del estalinismo, sino que, por el contrario, el estalinismo simple
y llanamente proporcionó una oportunidad útil para tejer una alegoría.
Entonces, los formalistas, que no se habían propuesto definir la “literatura” sino definir “lo literario”
vieron el lenguaje literario como un conjunto de desviaciones de la norma, donde la obra literaria
era un conjunto más o menos arbitrario de “recursos”, a los que luego estimaron como elementos
relacionados entre sí o como “funciones” dentro de un sistema textual total. Entre los “recursos”
quedaban incluidos: sonido, imágenes, ritmo, sintaxis, metro, rima, técnicas narrativas, es decir,
todos los elementos literarios formales. Ante esto, Eagleton sostiene que el considerar la literatura
como lo hacen los formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura es poesía.

Otra de las características criticadas por Eagleton a los formalistas es el hecho de que no pasa de ser
una ilusión el creer que existe un solo lenguaje “normal”; ya que cualquier lenguaje real y verdadero
consiste en gamas muy complejas del discurso, las cuales se diferencian según la clase social, la
región, el sexo, la categoría y así sucesivamente; es decir, hay factores que por ningún concepto
pueden unificarse cómodamente en una sola comunidad lingüística homogénea.

4) Efecto desfamiliarizante en la literatura:


El efecto desfamiliarizante o “enajenante” era lo común en todos los “recursos” que se utilizaban
en la obra literaria. Es lo específico del lenguaje literario, lo que distinguía de otras formas de
discurso, ya que “deforma” el lenguaje ordinario en diversas formas. Éste, ak ser sometido a la
presión de los recursos literarios, el lenguaje literario se intensificaba, condensaba, retorcía,
comprimía, extendida, invertía, donde el lenguaje “se volvía extraño”. Pero, Eagleton sostiene que
el hecho de que el lenguaje empleado en una obra parezca “alienante” o “enajenante” no garantiza
que en todo tiempo y lugar haya poseído esas características. Resulta enajenante sólo frente a cierto
fondo lingüístico normativo, pero si éste se modifica, quizás el lenguaje ya no se considere literario.
Además, el discurso literario aliena o enajena el lenguaje ordinario, pero al hacerlo, proporciona
una posesión más completa, más íntima de la experiencia. El relato, el argumento, como dirían los
formalistas, emplea recursos que “entorpecen” o “retardan” a fin de retener nuestra atención. En
el lenguaje literario, estos recursos quedan “al desnudo”.
5) Críticas a la concepción de literatura como “lo bueno” o lo “bien escrito”
(lo “práctico” y lo “no práctico”)
Eagleton nos dice que en buena parte de lo que se clasifica como literatura el valor-verdad y la
pertinencia práctica de lo que se dice “se considera importante” para el efecto total. Pero aún si el
tratamiento “no pragmático” del discurso es parte de lo que quiere decirse con el término
“literatura”, se deduce de esta definición que no se puede definir la misma objetivamente,
dejándose la definición a la forma en que alguien decide “leer” , o no, la naturaleza de lo escrito.
Además, hay ciertos tipos de textos –poemas, obras dramáticas, novelas, etc- que obviamente no
se concibieron con “fines pragmáticos”, pero ello no garantiza que en realidad vayan a leerse
adoptando ése punto de vista.
Por otro lado, muchas de las obras que se estudian como literatura en las instituciones académicas
fueron “construidas” para ser leídas como literatura, pero también es verdad que con muchas otras
no fue así. Un escrito puede comenzar a vivir como historia o filosofía y, posteriormente, ser
clasificado como literatura (o al revés).
Entonces, la literatura pasa a ser considerada como las diferentes obras en que la gente se relaciona
con lo escrito (alejándose de ser una cualidad o un conjunto de de cualidades inherentes que
quedan de manifiesto en cierto tipo de obras). Ya que lo que importa no es de dónde vino, sino
cómo trata la gente a un escrito. No hay nada que constituya la “esencia” misma de la literatura.
Cualquier texto puede leerse sin “afán pragmático”, suponiendo que en esto consista el leer algo
como literatura; asimismo, cualquier texto puede ser leído “poéticamente”. Hay que ver el papel
que desempeña un texto en un contexto social, lo que lo relaciona con su entorno y lo que lo
diferencia de él, su comportamiento, a los fines que se le puede destinar y a las actividades humanas
que lo rodean. Pero, distinguir tajantemente entre lo “práctico” y lo “no práctico” sólo resulta
posible en una sociedad como la nuestra, donde la literatura en buena parte ha dejado de tener una
función práctica.
Aquí es donde aparece, frente a la distinción de qué es y que no, literatura, que la gente denomina
“literatura” a los escritos que le parecen “buenos”. Aunque el autor sostiene que los juicios de valor
tienen mucho que ver con lo que se juzga como literatura y con lo que se juzga que no lo es,
dependiendo de la categoría de lo “bien escrito”, de lo que se considera “bien escrito”, aún –dice
Eagleton- cuando se trate de un ejemplo inferior de una forma generalmente apreciada.

6) Posición de Terry Eagleton:

Hay que abandonar de una vez por todas la ilusión de que la categoría “literatura” es “objetiva”, en
el sentido de ser algo inmutable, dado para toda la eternidad. Cualquier cosa puede ser literatura,
y cualquier cosa que inalterable e incuestionablemente se considera literatura puede dejar de serlo.
Hay que abandonar cualquier opinión acerca de que el estudio de la literatura es el estudio de una
entidad estable y bien definida, como ocurre con la entomología: Algunos tipos de novela son
literatura, otros no. Cierta literatura es novelística, pero otra no. No existe literatura tomada como
un conjunto de obras de valor asegurado e inalterable, caracterizado por ciertas propiedades,
intrínsecas y compartidas. Esto es así, acompañando y en conjunto con el hecho de que los juicios
de valor son notoriamente variables, es por eso que la definición de literatura como forma de
escribir altamente apreciada no es una entidad estable.
No hay obras ni tradiciones literarias valederas, por sí mismas, independientemente de lo que sobre
ellas se haya dicho o se vaya a decir. “Valor” es un término transitorio, significa que algunas personas
aprecian en circunstancias específicas, basándose en determinados criterios y a la luz de fines
preestablecidos.
Por otro lado, y frente a la “actualidad” de algunas temáticas de obras de larga data, Eagleton
sostiene que, las sociedades “reescriben”, así sea inconscientemente todas las obras literarias que
leen. Más aún, “leer” equivale siempre a “reescribir”. Ninguna obra, ni la evaluación que en alguna
época se haga de ella pueden, sin más ni más, llegar a nuevos grupos humanos sin experimentar
cambios que quizá las hagan irreconocibles, Esta es una de las razones por las cuales lo que se
considera como literatura sufre una notoria inestabilidad.
Además, una de las cuestiones que se “oculta” (en mayor o menor medida) en los juicios de valor,
es la ideología (entendiéndola como las formas en lo que decimos y creemos se conecta con la
estructura de poder o con las relaciones de poder en la sociedad en la cual vivimos.

Es decir, lo que Eagleton hace es plantear las diferentes definiciones de literatura para descubrirlas
como mera construcciones según juicios de valores (completamente variables) que se insertan y
comprenden una red de categorías de valores (la cual plantea como necesaria para poder
comunicarnos), donde los intereses son elementos constitutivos del conocimiento. Donde no hay
que olvidar que los estos juicios e intereses se encuentran “determinados” o “encauzados” por la
ideología que responde a intereses sociales (hegemónicos) donde, dentro de todo este marco, la
literatura no puede definirse o determinarse como una “categoría descriptiva objetiva”, ni que
puede enmarcársela en lo que “la gente caprichosamente decide llamar literatura”. Entonces,
Eagleton cierra su introducción diciendo que “la literatura no existe en el mismo sentido en que
puede decirse que los insectos existen”, es decir, no tiene una categorización o una definición clara,
específica y objetiva.