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La discriminación por color de piel es más intensa

en las zonas rurales de Colombia, según lo señala


una reciente investigación de la Universidad de los
Andes.
“Aunque solo un 5,4 por ciento de las personas
encuestas por el Observatorio de la Democracia
aseguraron sentirse discriminadas por su color de
piel, Colombia sigue siendo un país donde persiste
el racismo y los imaginarios sociales alrededor del
tema”, señala esta prestigiosa universidad al citar
la Encuesta Barómetro de las Américas, que indica
que en las zonas rurales del país, en época de
“posconflicto”, ese índice de discriminación
“aumenta de forma considerable”.
Por ejemplo, en zonas como Buenaventura, en el
Pacífico, “mujeres y hombres afro preferían no
contratar personas de su etnia porque
consideraban que eran ‘perezosos’”.
Las cifras del Observatorio reflejan que los
afrocolombianos son el grupo étnico que más se ha
sentido discriminado por su color de piel, con un
19,8% de los encuestados. Después están los
indígenas (14,2%), mestizos (3%) y por último,
blancos (1,9%).
Pero hay un dato más curioso, y es que las
regiones donde más personas se sintieron
discriminadas son zonas con mayor número de
población étnica: el Pacífico, la Amazonía, la
Orinoquía y el Caribe.
Entre tanto, casi la mitad de los encuestados
(47,5%) afirmó que los lugares públicos son los
espacios donde más han sentido el racismo,
seguido de su lugar de trabajo (43,5%).

El privilegio de dedicarse a algo que uno ama y en lo que uno es


excepcionalmente bueno es raro para hombres y mujeres. La
diferencia, sin embargo, es que las mujeres que aman lo que hacen
y son buenas en ello generalmente tienen que soportar jefes que
las tratan de manera condescendiente y les arrebatan las
oportunidades que se merecen, colegas irrespetuosos, ambientes
de trabajo excluyentes y agresivos, y familias que les preguntan
por qué se esfuerzan tanto si al fin y al cabo son simplemente
mujeres.

Cada pequeño evento puede ser tratado como algo poco


importante, que uno debería aprender a dejar pasar: es parte de la
vida; no se puede ganar el juego si uno no tiene la espina para
aguantar. Por ejemplo, pueden decirle a uno que, a sus cuarenta y
cinco años, todavía es “muy joven” para un cargo y que luego elijan
a un hombre de cuarenta y dos años para el mismo cargo. Pueden
decirle a uno que se veía mejor que nunca, estás linda, pero no se
entendió nada de lo que presentó, y que eso es un elogio. Su mamá
puede cuestionarle que quiera estudiar medicina cuando lo que
hacen las mujeres es ser secretarias: al fin y al cabo, cuando las
mujeres se casan deben dedicarse a sus maridos. Cuando se
discute el problema de la discriminación y el acoso, de hecho, esto
es lo que sale a relucir: si es algo tan sencillo, ¿por qué se quejan
tanto? Todos tenemos que soportar algo… Lo que se pierde de
vista es que estos comentarios, chistes, expresiones inofensivas,
se acumulan y lo obligan a uno a preguntarse cotidianamente ¿por
qué me aguanto esto? ¿por qué me lo sigo aguantando?
Creo que es importante que tengamos en cuenta este
efecto del tiempo sobre la capacidad de las mujeres para
ejercer cargos de liderazgo. No tiene sentido entregar a las
más jóvenes toda la carga del liderazgo, aunque claro que
la juventud no debería ser nunca la razón para negarles
oportunidades a las personas. Pero si las mujeres que
tienen la edad, el entrenamiento y la capacidad para seguir,
están muy cansadas, entonces no vamos a poder cambiar
la estructura de poder que tenemos ahora. ¿Qué podemos
hacer para animar a estas mujeres a seguir a pesar de las
dificultades y obstáculos? ¿Cómo podemos darles el
mensaje que ahora no van a tener que seguir demostrando
que son capaces o aguantar comentarios desagradables?
¿Cómo podemos hacer para que su trabajo sea más
agradable?

Entendida la xenofobia como el odio, el recelo, la hostilidad y el rechazo hacia los


extranjeros, es evidente que hay expresiones con menor intensidad que ya se
volvieron comunes y que van desde las agresiones que reciben cada día los
vendedores informales hasta la negación a rentarles un inmueble o emplearlos por
ser venezolanos. A este contexto se le suma también el cubrimiento de los medios
que en algunas ocasiones genera temor e incertidumbre, el vínculo que se hace
con criminalidad y nacionalidad, y con la asociación de la llegada de venezolanos
con la pérdida del trabajo y oportunidades para los colombianos.

Lo que se pierde de vista con todas estas expresiones de odio es que detrás está
un drama humano. Muchos de los venezolanos que llegan al país no vienen
voluntariamente, sino que se han visto obligados a huir del país por la situación
económica, social y política de Venezuela. Así lo ha manifestado en varias
ocasiones el director general de Migración Colombia, Christian Krüger. En este
momento en ese país escasean los alimentos, las medicinas y el servicio de salud.
Pero además muchos han sido perseguidos por el gobierno del presidente Nicolás
Maduro.

Migración Colombia publicó un comunicado en el que expresó su preocupación


ante las amenazas que vienen circulando en redes sociales en contra de los
ciudadanos venezolanos que se encuentran dentro del territorio colombiano e hizo
un llamado a la tolerancia.

Las autoridades, encabezadas por el presidente Juan Manuel Santos,


han hecho un llamado a la sociedad a no sucumbir a los mensajes de
odio contra los venezolanos y a recordar que en el pasado fueron ellos
los que tendieron la mano: “Les pido a todos los colombianos que
evitemos la xenofobia, las actitudes hostiles contra los venezolanos”, dijo
el mandatario colombiano. La migración es un fenómeno social que no
hay que verlo de un solo lado.
La sociedad colombiana en su mayoría se ha mostrado solidaria, pero
tanto ellos como las Alcaldías y gobernaciones de los departamentos de
frontera han pedido ayuda al gobierno nacional desde hace tiempo
porque la llegada masiva de extranjeros los ha impactado por ser los
principales receptores. No es mentira que tengan que afrontar colapsos
de la salud, que las calles estén llenas de personas deambulando
buscando algo para el sustento de su familia, que las pocas plazas de
empleo están en disputa y que se hayan aumentado los asentamientos
humanos en condiciones de extrema pobreza y tensión social.