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SERVIDUMBRE MODERNA

Basta sólo con vivir en este mundo para ser parte de su sistema. Un sistema que
está en constante movimiento, en constante cambio, ofreciéndole a todos los que
habitan en él infinidad de cosas necesarias para sobrevivir. Perteneciendo a una
sociedad consumista estamos expuestos a la servidumbre, a sumergirnos en
labores que nos absorben y desgastan. Aun sabiendo esto, nos dejamos someter
porque consideramos que es la “única” manera de poder obtener todo aquello que
es indispensable para sobrevivir y por absurdo que parezca dado el carácter
consumista del modelo bajo el cual vivimos, también es la forma de adquirir lo que
no necesitamos pero creemos que necesitamos.

Incentivando nosotros mismos a quienes nos aprietan la soga al cuello, al dejarnos


seducir solo logramos convertirnos en servidores netos o simples marionetas no
solo sometidos a cumplir con las labores que se nos asigna sino que también a
llevar una vida de insatisfacciones y frustraciones creadas por la industria a través
de los medios para vendernos espejismos de todo tipo y de esta manera
engancharnos, hacernos sentir pobres y creer que llevamos una vida miserable
sino formamos gustosos un eslabón más dentro de la cadena de consumo con la
cual nos asfixian.

A lo largo de los años hemos observado los grandes cambios que han ocurrido en
tecnología, ciencia, deportes, nuevas tendencias que el comercio se encarga de
transmitir, estimulando así al ser humano a ser parte de una carrera para poder
adquirir dichos productos. Acondicionando cada espacio con aquellas cosas que el
comercio ofrece, vendiéndonos la idea de que solo estaremos completamente
satisfechos cuando poseamos sus mercancías, duplicándonos las cargas con más
de una labor volviéndonos cada vez más y más esclavos del sistema.
Cuanto más avance el tiempo se crearán nuevas formas de consumismo, basta
observar nuestra necesidad actual de vestirnos, de alimentarnos, de estar a la par
con la tecnología para deducir fácil mente que la estrategia va a modificarse,
quizás alcance niveles inimaginables de sutileza pero de lo que no hay duda es de
que se fortalecerá mientras la sigamos nutriendo.
Estando el ser humano sumergido en labores destinadas a conseguir los medios
que le permitan “apropiarse” del último modelo, el tiempo, ese efímero tesoro, se
le escurre gota a gota entre los dedos como en un reloj de arena que no puede ser
invertido para volver a comenzar, porque cuando la vida se nos va es para
siempre. Ha surgido una competencia por quien posee más bienes materiales
creando una apariencia de abundancia para así ocultar la escasez en que
estamos.
Esta situación se profundiza aún más cuando se les otorga el poder a otros
hombres que en realidad abusan y explotan a aquellos que a su parecer están por
debajo de su nivel social y económico, enriqueciéndose cada vez más acosta de
otros, bien es dicho que él tiene quiere más y hace lo que sea para conseguirlo.
La ironía de todo es que el que es esclavista es también esclavo de sus deseos de
obtener todo lo que el sistema ofrece.

Pero la explotación no solo es dirigida a seres humanos, lamentablemente para


poder disfrutar de productos como alimentos, vestidos, joyas, tecnología suele
ocurrir que las materias primas se consiguen acosta del saqueo de los recursos
del planeta desangrándola cada día sin medir los límites ni las consecuencias solo
por mantener un capitalismo salvaje que su objetivo es producir y producir
complaciendo los caprichos y excentricidades de esta sociedad consumista y
derrochadora.
“CONSUMISMO FRENETICO” es el nombre que algunos le dan al sistema
dominante donde la norma es trabajar sin pausa, creando desgaste, agotamiento y
robándose nuestra vitalidad en labores extenuantes solo para pagar a crédito la
vida miserable que llevamos, todo esto para el beneficio de unos pocos a quienes
además tendríamos que agradecerles por darnos la oportunidad de trabajarles,
¿Porque hablo de una vida miserable? Porque somos esclavos de tiempo
completo, comprando la diversión para disfrutarla por un periodo breve
(obsolescencia programada) pero matándonos en la medida en que transcurre el
tiempo.

La perversidad del juego al que nos someten nos entrega un arma de doble filo,
tanto agotamiento, tanto exceso laboral trae consigo las enfermedades del esclavo
moderno sometido al estrés. Desde pequeños somos programados, crecemos con
la ideología que este sistema nos vende, que para poder progresar en esta
sociedad debemos formarnos para producir dinero siendo este el dios de la
humanidad del cual nadie se escapa sin excepción siendo esto una cadena de
consumo y excesos que se muestra de una manera muy sutil que nos hace creer
que somos los dueños del mundo, que somos los únicos seres dominantes pero
lejos estamos de ello siendo el dinero el amo y señor de nuestras vidas, No
complacidos con la situación, igual que corderos al matadero vamos a las urnas
como ya les había dicho para otorgarle ese falso poder a los gobernantes, para
que se encarguen de los asuntos del país con la mentira “democrática” que dice:
todos tenemos derechos y somos parte de un solo cuerpo colectivo.
No se trata por supuesto de una apología de la pobreza ni estamos diciendo aquí
que trabajar sea un desgaste innecesario, por el contrario el trabajo no solo
dignifica al ser humano sino que además el trabajo colectivo catapulta una
sociedad, de lo que hablamos aquí es de las reglas del juego y de las trampas a
las que recurren algunos jugadores para aprovecharse de los otros, tan simple
como eso. No hay que olvidar que ante todo somos seres humanos utilizando de
la forma posible nuestra única oportunidad para experimentar la vida, no vaya a
ser que se nos cumpla el vaticinio del poeta Geraldino Brasil que: la distancia más
grande de la tierra bien puede estar entre las puertas de dos apartamentos.
ENSAYO:

SERVIDUMBRE MODERNA

MARIA FERNANDA ORTEGA CEFERINO

DIRIGIDO A:

HERNAN ROJO

CENSA CALDAS