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Desarrollo consciente

(Un mensaje del maestro zen Thich Nhat Hanh en el Vesak-2011)

¿De qué modo debe desarrollarse nuestra sociedad, económica y socialmente, para que podamos
tocar el interser, la interconexión de todos en este planeta: culturas y gobiernos, continentes y
naciones, tierra y cielo, plantas y animales, estudiantes y profesores, padres e hijos?

¿Cómo podemos guiar a la nueva generación de jóvenes hacia un mundo más sano y
saludable, física, emocional y espiritualmente?

¿Qué enseñanzas y prácticas del budismo pueden ayudarnos a encontrar la verdadera felicidad y la
libertad, y a manejar y lidiar con nuestro actual estado social y económico?

Felicitamos al Consejo Supremo de la Sangha Budista y a todos los participantes y organizadores


de la octava conferencia del Vesak, por haberse reunido como comunidad para celebrar y disfrutar
de nuestra unión y generar fraternidad y hermandad. Es nuestra convicción que las enseñanzas y
prácticas budistas pueden hacer una contribución importante hacia una espiritualidad y una ética
mundiales que puedan guiar a la humanidad en este momento crítico.

Al observar las crisis que estamos presenciando en diversas partes del mundo, está claro que la era
de las naciones independientes con intereses y fronteras distintas está llegando a su fin; que el
sufrimiento y el dolor de una nación están fundamentalmente vinculados, y son compartidos, por
los corazones de las personas de todas las naciones; que la inestabilidad y la depresión de otra
nación afecta a la prosperidad y la seguridad de los pueblos de todo el planeta. En este tiempo y
lugar, es evidente que el desarrollo social y económico, y todos los desafíos que conlleva, ya no es
una cuestión individual.

Pero no nos falta la esperanza. Los problemas a los que se enfrentan nuestro planeta y nuestra
humanidad (problemas ambientales, disfunción familiar y social, inestabilidad económica y
política) nos dan una oportunidad para detenernos, y reconocer, volver a examinar, las fuentes de
nuestro sufrimiento y así encontrar un camino que pueda conducirnos hacia un futuro mejor y a un
presente aún más brillante. Esta es la fórmula básica que el Buda usó en vida para guiar a sus
semejantes en la forma de ocuparse de su sufrimiento. Esta fórmula básica puede servirnos ahora
como guía hacia nuestra propia salvación. Las tres virtudes propias del budismo que son la plena
consciencia, la concentración y la visión profunda nos pueden llevar a la salvación. Aplicadas de
forma apropiada y con destreza nos pueden ayudar a descubrir una ética global y una forma
consciente de vida que pueda guiar el desarrollo de nuestra sociedad en una dirección más sana y
saludable.

Debemos encontrar la forma de aplicar las enseñanzas budistas, es decir, la práctica de la plena
consciencia, las enseñanzas sobre el sufrimiento y el bienestar, la sabiduría del Interser y la no
discriminación, los cinco entrenamientos de la plena consciencia y las enseñanzas sobre los cuatro
alimentos, para que nuestra sociedad pueda llegar a ser más consciente al producir y consumir, de
manera que las empresas y los individuos puedan producir menos residuos tóxicos que dañen
nuestra mente colectiva y el medio ambiente, y puedan consumir menos y de una manera que
alimente nuestro cuerpo y corazón. Nosotros, como individuos y como naciones, debemos aplicar
las enseñanzas budistas de la moderación, de saber que ya tenemos suficiente.

En la intimidad de nuestros hogares, los padres y los hijos aplican las enseñanzas para poder tener
más tiempo y estar más presentes los unos para los otros (y no para las pantallas de su ordenador)
y se pueda restaurar la comunicación aprendiendo a escuchar profundamente y a hablar con más
amor.
En las estériles y frías aulas y salas de nuestras instituciones, maestros y estudiantes pueden
aprender maneras de ayudarse mutuamente como si estuvieran en el ambiente cálido de la familia,
a estar menos estresados, a relajarse y manejar sus sentimientos y emociones, y a trabajar en un
dirección valiosa y saludable, educando a los jóvenes no sólo como mano de obra de la máquina
capitalista, sino para crear una generación más amable y más libre que coopere en vez de competir.

En los centros directivos de empresas y lugares de trabajo gubernamentales, colegas y compañeros


de trabajo pueden servir más conscientemente, creando fraternidad y hermandad, nutriendo su
compasión y generosidad y guiando a nuestra sociedad en el sentido de la verdadera felicidad y la
reconciliación.

En estos tiempos modernos, en los que buscamos modelos de desarrollo en las diez direcciones, la
libertad de desarrollarse es muy apreciada y buscada, pero, ¿cuál es el precio para nuestros jóvenes
y nuestro frágil medio ambiente?¿Cuál es el costo para nuestro cuerpo y conciencia individual y
colectivas?

Nunca es demasiado tarde para hacer una pausa, reflexionar y encontrar las prácticas que puedan
aportar de nuevo el sentido de la responsabilidad y un comportamiento ético a nuestra sociedad, a
nuestros gobiernos, a nuestras familias y a nuestras vidas.

Con amor y confianza,


Thích Nhat Hanh