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inter.c.a.mbio, año 3, n.

4 (2006), 125-143
[ISSN: 1659-0139]

Género y esclavitud
en el Caribe
durante la época colonial
Mauricio Menjívar Ochoa1
Recepción: 11 de mayo de 2007 / Aprobación: 7 de junio de 2007

Resumen Abstract

Durante el período de la esclavitud, During Slavism, men and women


los hombres y las mujeres que confluye- who came from Europe and Africa to
ron en el Caribe, procedentes de África The Caribbean had to change their gen-
y Europa, debieron realizar significativos der conceptions due to the relations of
ajustes en sus concepciones de género, a new sign that were constructed in the
debido a la construcción de relaciones new space. The main focus of this essay
sociales de nuevo signo. En este sentido, is to understand the gender adjustments
el propósito de este ensayo captar los that they were forced to make in that
ajustes de género que hombres y muje- context, as well as the social conditions
res, procedentes África y Europa, debie- that explain those adjustments. The first
ron realizar una vez en el Caribe durante part of the essay is focused in the West
la época colonial, así como las condicio- and Central Africa gender hierarch that
nes sociales que contribuyen a explicar were part of the gender mental map of
dichos ajustes. Para estos efectos, en un the slaves. The second part makes an
primer momento el ensayo se enfoca en approach to the European gender no-
las jerarquías de género existentes en el tions in the Caribbean and the way
África occidental y centro occidental que European and African gender notions
formaron parte del mapa mental de géne- interacted. The essay finishes discuss-
ro de los sujetos. En segundo momento, ing the significant adjustments that both
se aproxima a las nociones de género populations, but spetially those from an
de los europeos una vez en el Caribe y African Origen, should develop due to
la manera que estas interactuaron con their conflictive interaction. Also, shows
la población esclavizada. Hecho este the redefinition of the population status

1 Profesor de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR), Investigador del Centro de
Investigaciones Históricas y del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas (UCR). 125
Correo electrónico: mauricio_m8a@racsa.co.cr.
Mauricio Menjívar Ochoa

recuento, el ensayo concluye señalan- in the new context in comparison with


do, por una parte, los profundos ajus- that posessed in their original Land.
tes que las poblaciones de uno y otro
lugar, pero fundamentalmente los de
origen africano, debieron realizar como
producto de su interacción conflictiva. Key Words
Adicionalmente muestra la redefinición
que la población tuvo en la jerarquía de Gender / Race / Slavery / Africa /
género en relación con el lugar ocupado Colonial Caribbean
en su lugar de origen.

Palabras clave

Género / raza / esclavitud / África /


Caribe

Introducción

L as definiciones de género, en su expresión más elemental, hacen


alusión a la identidad: en sociedades concretas, hombres y muje-
res, plurales por definición, establecen sus masculinidades y femi-
nidades, unos frente a otros. Como señala Badinter (1993, 25-26) masculini-
dad y feminidad son construcciones relativas, su construcción social sólo tiene
sentido con referencia al otro. Esta demarcación intergenérica esta signada en
la gran mayoría de las sociedades, por relaciones asimétricas de poder que
tienden a favorecer a los hombres sobre las mujeres.

Sin embargo, el panorama no se agota en las relaciones intergenéricas,


pues una situación similar opera en la definición de la masculinidad en un plano
intragenérico: teóricamente existen masculinidades dominantes2 socialmente
sancionadas, que marcan la pauta del significado social de ser hombre y que por
lo tanto se define en contraposición a otras masculinidades “no dominantes”:
la de los hombres con menos acceso a los recursos económicos, políticos y
simbólicos (Menjívar: 2001). En el marco de sociedades dominadas fuerte-

126 2 Algunos autores como Michael Kimmel hablan de una “masculinidad hegemónica” (ver: Menjívar; 2001:
3). Para una crítica de esta noción ver Menjívar, 2007.

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mente por los hombres, también las les denigrados”. En el caso del Ca-
jerarquías femeninas son posibles ribe, durante el período colonial, en
frente a otras mujeres3, lo cual pue- esta posición de “otros raciales de-
de igualmente estar cruzado por las nigrados” median género, “raza”, así
definiciones étnicas.4 como la condición de esclavitud. Con
la incorporación de estos dentro de
Las definiciones intra e intergené- las relaciones económicas caribeñas,
ricas cobran aún mayor complejidad tendieron a hacerse más complejas
en contextos de diversidad étnica las definiciones identitarias y, por lo
donde las relaciones están mediadas tanto, la jerarquización de género.
por percepciones racializadas, es Así, por ejemplo, los hombres euro-
decir, donde existen, parafraseando peos blancos, se definieron no sólo
a Putnam (1999, 151) “’otros’ racia- frente a una gama de mujeres euro-
peas (libres, servidoras por contrato
3 Camilla Lacoste-Dujardin (1993, 15) ha seña-
y convictas, como sucedió particular-
lado cómo en las sociedades magrebíes, don- mente en las primeras etapas de la
de existe un “dominio rotundo de los hombres
sobre las mujeres, una categoría de mujeres,
migración europea hacia el Caribe),
las madres de varones, había podido desem- sino respecto de las mujeres de ori-
peñar el papel de grandes sacerdotisas de gen africano, esclavas o libres, ne-
este dominio de los hombres y de la opresión
de las mujeres”. gras o mulatas. De igual manera, es
4 Elizabeth Badinter (1993: 25) retoma una dis- muy posible que en un nivel intrage-
cusión contemporánea entre una “mujer blan- nérico entraran en juego los “otros ra-
ca” y “una mujer negra”, que puede servir para
ilustrar las diferencias entre mujeres en las que ciales”, lo cual podría pensarse operó
intervienen relaciones de poder, marcadas por tanto dentro de las relaciones entre
concepciones racializadas. Ambas mujeres
discutían “sobre si la igualdad sexual esta- hombres (hombre europeo/hombre
ba por encima de las diferencias raciales. La “no-europeo”), como entre mujeres
mujer blanca afirmaba [señala Badinter reto-
mando a Kimmel] que el hecho de ser ambas (mujer europea/mujer “no-europea”),
mujeres las volvía solidarias y que la diferencia si el tema es visto desde la óptica de
de color pasaba a un segundo plano. Pero la
otra no estaba de acuerdo.
los esclavistas.
“-¿Que ve cuando se mira al espejo por la ma-
ñana?
“-Veo a una mujer –respondió la mujer blan-
Otras múltiples interrelaciones
ca. entre género y etnia5 son posibles,
“-Precisamente ese es el problema –replicó la
negra. Yo veo a una negra. Para mí la raza se
cuya enumeración no respondería a
manifiesta a diario porque es la causa de mi un juego de probabilidades antojadi-
inferioridad social. Para usted, en cambio, es
invisible. Esa es la razón por la cual nuestra
zas, sino a la constatación de que el
alianza me parecerá siempre un poco artifi-
cial”. 5 La noción de etnia, como la de género, tiene
Más allá de la conclusión política, que podría un fuerte contenido identitario. Siguiendo a
ser o no compartida, el relato ilustra una cla- Murillo (1999: 187) el reconocimiento de una
ra diferenciación intragenérica entre mujeres. frontera étnica es la que “define al grupo”. En
Debe notarse que el problema trasciende las este sentido los “elementos internos y exter-
individualidades y que la racialización que me- nos al grupo que intervienen en la construc-
dia la discusión se inscribe en marcos sociales ción de dicha frontera o límite” se producen en 127
más amplios, ciertamente conflictivos. el proceso de relación frente a “otros”.

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proceso de construcción de la cultu- diferenciado que hombres y mujeres


ra en el Caribe estuvo marcado por tienen, nuevamente desde una pers-
el intercambio de sujetos de distin- pectiva inter e intra genérica así como
tas procedencias. En este sentido, y etárea, a diferentes recursos de po-
si bien es cierto que la cultura de los der en esferas como la política, la
esclavos y esclavas tuvo sus raíces economía y el orden simbólico (la re-
en África, en el Caribe debieron hacer ligión por ejemplo). El tercer aspecto,
significativos ajustes en sus antiguas crucial para entender las relaciones
concepciones de género. Ello se de- de género en el Caribe, deviene de
bió a los cambios que debieron en- las concepciones raciales.
frentar en el marco de la institucionali-
dad esclavista y de las concepciones Partiendo de que en la conforma-
de género de los europeos mismos. ción de la cultura en el Caribe reviste
Captar los ajustes de género que los particular importancia la interacción
diferentes sujetos, venidos de diver- entre herencia africana y constreñi-
sas procedencias del Mundo Atlán- mientos institucionales y concepcio-
tico6, debieron realizar una vez en el nes europeas, el plan de este trabajo
Caribe en la época colonial, así como se desarrolla en dos momentos. En el
las condiciones que contribuyen a la primer momento centramos nuestra
explicación de dichos ajustes, es el atención en las relaciones de paren-
propósito de este ensayo. tesco en el África occidental y centro
occidental que, junto con otra infor-
La noción de jerarquía de género, mación, nos brindan una perspectiva
como es usada aquí, busca reflejar la sobre la jerarquía de género que pudo
inserción social diferenciada que tie- ser parte, para parafrasear a Lovejoy,
nen hombres y mujeres en el mundo del “mapa mental”7 de la población
del trabajo, desde una perspectiva de origen africano en América.8 En
inter e intra genérica, a partir de tres un segundo momento realizamos un
aspectos medulares estrechamente abordaje de algunos aspectos que
interrelacionados. El primer aspecto nos aproximan a las nociones de gé-
alude a la manera en que las cons- nero de los europeos que pudieron
trucciones sociales enfatizan formas entrar en juego una vez en el Caribe
de ser, pensar y actuar diferencia-
7 Lovejoy y Trotman (2002: 69), han sostenido
das que se atribuyen a partir de un que el “mapa mental que los Africanos esclavi-
cuerpo sexuado. El segundo aspecto zados trajeron consigo” a América, contribuyó
a que muchas personas esclavizadas pudie-
deviene al considerar las relaciones ran “extraerse a sí mismos de la mentalidad
de poder que se derivan del acceso de la masa” de esclavos y así reformular sus
expectativas y ajustar sus visiones.
6 La noción de Mundo Atlántico sostendría que 8 Es de las regiones del África Occidental y del
para entender el Caribe deben analizarse las África centro-occidental, de donde provinieron
relaciones entre esta región, Europa y África, en su gran mayoría las personas esclavas con
128 en virtud de la confluencia de tales procesos destino a América, una vez abierta la trata At-
históricos. lántica a partir del siglo XV.

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y sus concreciones en el Caribe pro- La región del África Occidental,


ducto de la interacción con la pobla- cuya sección costera se ubica en el
ción esclavizada. Cabo de Benin, era conocida en épo-
cas precoloniales como la “Costa de
Cabe anotar de antemano que los Esclavos”, región de donde fueron
el panorama que podremos dar es a exportadas grandes cantidades de
todas luces desigual y limitado. Ello personas esclavizadas hacia América
se debe no sólo a la complejidad y hasta la década de 1860 (Law: 2001,
profunda heterogeneidad del Caribe, 29-31). Estas sociedades responden
sino a los diferentes momentos his- a un modo de producción domésti-
tóricos por los que atravesó durante co donde la edad y las distinciones
el período de nuestro interés y, so- sexuales eran fundamentales. Esto
bre todo, por el carecer dinámico de significa, en primer término, que el po-
los sujetos. En tal sentido, estas son der político estaba basado en la ge-
consideraciones más bien generales rontocracia masculina, la cual ostenta-
e introductorias. ba el control de los medios de produc-
ción, el acceso a las mujeres y a su
descendencia (Lovejoy: 1983, 12).

Relaciones de A la altura del siglo XVI las muje-


parentesco res tenían una asignación de especial
relevancia en el mantenimiento social
y jerarquías de género
tanto desde una perspectiva pro-
en África occidental ductiva como reproductiva. Por una
y centro-occidental parte, las mujeres eran usualmente
las principales trabajadoras agríco-
Una parte fundamental de la or- las (Bush: 1990, 21), mientras que
ganización social en el África occi- por otra, su capacidad reproductiva
dental y centro-occidental entre los era de particular importancia. De aquí
siglos XVI y XIX la constituyen las rela- que “las variables cruciales para la
ciones de parentesco (Lovejoy, 1983; dominación gerontocrática incluían el
Shields, 1997). Es en torno a estas número de mujeres casadas con los
que se organizan las relaciones entre mayores, el número de hijos nacidos
hombres y mujeres, tanto en el plano de cada esposa, la habilidad de ase-
inter como intra genérico, producien- gurar la cooperación de los parientes
do una marcada y compleja jerarqui-
zación social.9 guientes, sino hasta el siglo XIX. La investiga-
ción doctoral de Francine Shields (1997) se
aboca precisamente a éste último siglo. Esta
9 Sobre las relaciones de parentesco en estas autora centra su análisis en el período en que
regiones, Paul Lovejoy ha desarrollado un in- la trata Transatlántica se encuentra en su fase
teresante diagnóstico en los inicios del siglo final y se comienza a experimentar con más
XVI. No conocemos otros estudios que nos fuerza la economía del aceite de palma en re- 129
brinden información sobre los dos siglos si- gión Yoruba.

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menores y de los parientes afines, y unidad básica de residencia y pro-


el acceso a los recursos no-humanos ducción11. Aunque los del bale tenían
del linaje, incluyendo tierras, árboles, control sobre sus propias familias,
productos salvajes, (...) y agua” (Lo- la autoridad de aquel era suprema
vejoy: 1983, 12-13). (Shields: 1997, 27).

Los sistemas de parentesco y li- Las prácticas maritales existen-


naje también incluían esclavos que tes en el África Occidental y cen-
realizaban las mismas funciones que tro-occidental marcan dos rasgos
los miembros del linaje. No obstan- fundamentales en las sociedades
te, estos no eran un “elemento deci- basadas en el parentesco. Por una
sivo en la producción” (Klein: 1986, parte, “las mujeres de servicio [es-
18). Además de la esclavitud, existían clavas y peonas] estaban en gran
otras categorías de dependencia, demanda” y, por otra, “la asimilación
una de las cuales era el peonaje en y no la segregación” era promovida
que las personas eran retenidas por en tales relaciones. Las mujeres es-
deudas10, así como otras formas de clavas podían cambia su posición
dependencia de menores. (Lovejoy: social y devenían en “dependientes
1983, 13). libres, especialmente después de
que tenían hijos de un hombre”. Por
La gerontocracia significaba, por el contrario, “las esclavas esposas de
otra parte, que no todos los hombres hombres esclavos retenían su esta-
tienen igual acceso al poder y al re- tus servil”. Es decir que son los lazos
parto de los beneficios sociales. Aquí, de parentesco, determinados por na-
la vulnerabilidad de los parientes jó- cimiento, lo que permitía el acto de
venes radicaba en sus insuficientes emancipación y lo que explica que las
riqueza y edad. Ello incluía el acce- mujeres y su descendencia nacida en
so a las mujeres esclavas, regulado la familia fueran “fácilmente asimila-
por los hombres de mayor edad. No das”, y más bien “tratadas más como
obstante, para los hombres libres del
linaje, el ascenso social no era impo- 11 El agbo ile “consistía [según Shields] en un
sible. En la sociedad Yoruba del si- conjunto de edificios con un promedio de dos
a tres cuartos por familia”. Los cuartos, que se
glo XIX, los hijos del hombre cabeza encontraban dispuestos alrededor de un pa-
de familia (bale), podían establecer tio, eran ocupados por las esposas y sus hijos
dependientes, cada una de las cuales tenía
su propio “compound” (agbo ile), o
una o más habitaciones “mientras que su es-
poso ocupaba un cuarto separado”. El agbo
ile, estaba compuesto por el hombre cabeza
10 En el peonaje un grupo contrae una deuda de familia, sus esposas, sus hijas ya sea que
con otro a cambio de la cual deja a uno de sus estas estuvieran “solteras/divorciadas/viudas”,
miembros hasta que pueda honrar el pago co- sus hijos con sus respectivas esposas e hijos.
rrespondiente a la deuda. Aquellas personas Además se encontraban en este espacio los
que son empeñadas no pueden ser vendidas peones, amigos y extranjeros bajo la protec-
130 por el grupo receptor, y la expectativa es que ción del hombre cabeza de familia (Shields;
su peonaje sea breve. 1997: 27).

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miembros de la casa”. No obstante, En el sentido anterior, resulta in-


esta expectativa podía ser violada en teresante anotar la posibilidad de las
la práctica (Lovejoy: 1983, 14; Love- mujeres de acceder a los recursos
joy y Trotman: 2002, 71). productivos como la tierra y el capital.
El uso de la tierra por parte de muje-
Adicionalmente, asimilación no res, así como de hombres, podía ser
significa en estas sociedades jerar- autorizado por el bale u otra autori-
quizadas, que todas las personas dad, muy posiblemente masculina.
ostentaran un estatus similar. En el Con algunos sesgos que privilegia-
agbo ile Yoruba del siglo XIX, existía ban a los hombres, esta tierra podía
un orden de antigüedad entre las mu- ser traspasada a los hijos de ambos
jeres, lo cual implicaba que las que sexos. En lo que respecta al capital
llegaban primero al compound tenían esta autora señala que “era también
un mayor estatus. Existía, al mismo fácilmente accesible a ambos sexos”,
tiempo, cierta cuota de respeto de- el cual provenía de sociedades credi-
bido a la edad de las mujeres sobre ticias llamadas esusu. Por otra parte,
otras mujeres así como sobre otros se ha señalado que era “deber del es-
miembros con menor estatus como poso suplir a su esposa con el capital
los esclavos. A pesar de ostentar necesario para empezar un negocio”
tal autoridad, las mujeres no podían (Shields: 1997, 30-31). ¿Qué nivel de
asumir la jefatura de la familia ni re- beneficios y lugar en la toma de de-
presentarla públicamente (Shields: cisiones residía en las mujeres? Cual-
1997, 29-31). quiera que este fuera, la regulación
de la tierra recaía en la figura del bale.
La segmentación sexual del tra- Indicador significativo de un control
bajo era parte constitutiva de la jerar- diferenciado de los recursos, gené-
quización de género Yoruba del siglo ricamente hablando. De este control
XIX. Niños y niñas llevaban a cabo diferenciado también sería muestra el
tareas y aprendizajes siguiendo una que las esposas accedieran al capital
división sexual del trabajo. En este por intermedio de su esposo.
sentido, según Shields (1997) y a di-
ferencia de otros historiadores e his- El panorama que arroja la infor-
toriadoras (Bush: 1990), la agricultura mación sobre las regiones de África
era “dominada” por los hombres. No estudiadas apunta a la existencia de
obstante hay coincidencia respec- una jerarquía de género patriarcal en
to de la predominancia femenina en la que, sin embargo, una parte de los
el comercio. Además tejían, teñían, hombres puede ocupar los peldaños
vendían comida y hacían alfarería, más bajos. Aún en el marco de un or-
disponiendo frecuentemente de in- den patriarcal, la jerarquía de género
dependencia económica (Shields: no pone únicamente a los hombres
1997, 30). en su cúspide, sino que entremezcla 131

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las relaciones intergenéricas con las de los europeos, ¿cuáles eran las ex-
intragenéricas. De ahí que, aun cuan- pectativas sobre el papel de las mu-
do el control de los recursos producti- jeres en el Caribe?
vos estaba bajo la regulación mascu-
lina, las mujeres tienen cierto acceso Una primera parte de esta pre-
a ellos. Esta situación se acompaña gunta remite a las concepciones de
con una evidente distinción de lo que los europeos en Europa, sobre la cual
es socialmente considerado como quisiéramos avanzar algunas nocio-
trabajo “masculino” de aquel que es nes muy generales. Según algunos
considerado como “femenino”. En han reseñado, existen diferencias
las definiciones de los sujetos tienen de género entre el norte y el sur de
especial relevancia no sólo las distin- Europa, el cual está marcado por la
ciones de sexo, sino las de edad y existencia de mayores posibilidades
condición de “libertad”, dependencia para las mujeres en el Norte en el pe-
y esclavitud. En suma, la jerarquía ríodo que va de 1700 a 1900. En el
de género en el África occidental y norte mismo existían algunas diferen-
centro-occidental es el resultado de cias, pues la posición de las mujeres
la conjugación de una serie de condi- en Holanda era más sólida ante la ley
ciones personales y sociales a partir que en el caso inglés, aunque con
de complejas relaciones de poder y limitaciones similares en el rango de
subordinación. ocupaciones que podían desempe-
ñar. En Inglaterra, “el rango de ocu-
paciones abiertas a las mujeres fue
mayor en el siglo XVII de lo que serían
Trabajo y jerarquías de con posterioridad”. Lo cierto es que
género en el Caribe mujeres y niños/as tuvieron que rea-
lizar “trabajo manual severo”, como
el asociado a la minería del carbón,
En la trata Trasatlántica participa- mismo que a la postre tendería a “de-
ron múltiples países europeos. Entre clinar hasta la insignificancia” (Eltis:
ellos tuvieron colonias en el Caribe 2000, 87-88).
los españoles a partir de finales del
siglo XV, y los ingleses y franceses En la provincia, “las mujeres tra-
a partir del siglo XVI, quienes dispu- bajaron en un amplio rango de tareas
taron el dominio a los primeros. Los (...) incluyendo la labor del campo”.
holandeses, por su parte, conjunta- En este contexto “ellas produjeron
ron sus esfuerzos en un inicio con los bienes para los otros dentro del ho-
otros noreuropeos en la implementa- gar” y trabajaron fuera de este por
ción de las plantaciones azucareras, una paga. No obstante, en la pers-
y tuvieron asentamientos en Surinam. pectiva de Eltis, tanto en la agricul-
132 Dadas las concepciones de género tura como en la manufactura y los

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servicios, el trabajo pesado tendió a que en este tipo de sociedad “dado


ser desempeñado fundamentalmen- que la sociedad valoriza al hombre,
te por hombres más que por mujeres, al marido, es normal que la esposa
si bien fueron las mujeres de los Paí- anteponga los intereses de éste a los
ses Bajos y de Inglaterra las que, en del bebé (...) la autoridad del padre y
el contexto Europeo, se ocuparon en el marido domina en la célula familiar
mayor medida en estos (Eltis: 2000, (...) todo debe girar a su alrededor”
88-90). (Badinter: 2000, 56-59). Esto permi-
tiría señalar dos elementos. El más
En el sentido anterior y en un aná- evidente es el poder masculino. El
lisis desmitificador de la existencia del segundo, sería la importancia de las
instinto materno, Elizabeth Badinter mujeres noreuropeas en diferentes
(1980) brinda elementos para pon- áreas de la economía.
derar el papel de las mujeres en el
trabajo de tipo productivo, así como Estamos menos familiarizados
en el reproductivo. Según Badinter con el orden de género en España,
a la altura del siglo XVIII, las mujeres no obstante la “Real Cedula de su
estuvieron directamente asociadas al Majestad” (sic)13, emitida en 1789
trabajo de sus maridos, siendo difí- (ANCR: 1784, f. 9-21)14, nos brinda
cil conservar a sus hijos a su lado y un panorama sobre las concepcio-
criarlos. Tal es el caso de las mujeres nes mediante las cuales se buscaba
que trabajan en el telar, la panadería regular las relaciones entre hombres
o la carnicería, que exigían el trabajo y mujeres esclavizados en las “Indias
de las mujeres lejos de la esfera re- é islas Filipinas”. Esta Real Cedula
productiva pues de lo contrario “el procuraba ser una instrucción a los
marido tendría que contratar a un dueños de esclavos respecto del tipo
obrero que ocupara el sitio vacante de educación, trato y ocupación que
en la tienda”. Las mujeres que des- debían darles a sus esclavos “confor-
empeñaron otros oficios pudieron, me á los principios y reglas, que dic-
no obstante, conservar a sus hijos e tan la Religión, la humanidad y el bien
hijas.12 Aún así, Badinter sostendría del Estado, compatibles con la escla-
vitud y tranquilidad publica” (sic). Su
12 Los padres de otros oficios con ingresos exi-
guos, más bien “tenían interés en conservar
emisión por parte del Rey respondía
al niño con ellos, puesto que no podían pagar
a ninguna nodriza, ni siquiera la más barata”.
Tal es el caso de “las mujeres de los sombre- tras que las campesinas preferían “criar a sus
reros”, que “no trabajaban con sus maridos”, hijos en su casa”, aunque las más pobres les
ocupándose en algunos oficios en sus pro- abandonaban para criar a los de las ciudades
pias casas o empleándose a tiempo parcial. (Badinter; 2000: 55-56).
También es la situación de las “devanadoras 13 Al citar la Real Cédula, se ha conservado la
de seda, las bordadoras, o las vendedoras de ortografía del original.
frutas y legumbres en el mercado”. Aquellas
mujeres trabajadoras de las fábricas “colo- 14 ANCR es la abreviatura de Archivo Nacional
caban a sus hijos durante la jornada, pero al de Costa Rica, mientras que la letra “f.” es la 133
parecer los recuperaban por la noche”, mien- del folio.

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al interés de facilitar “á todos mis Va- (ANCR: 1784, f. 15-16, las cursi-
sallos de América, que poseen Es- vas son nuestras).
clavos, instruirse suficientemente en
todas las disposiciones...” (ANCR; Como podrá apreciarse, la seg-
1784: f. 14). Es claro que cierto aisla- mentación del trabajo respondía a la
miento respecto de España, permitía ejecución de tareas diferenciadas ge-
a las colonias evadir los códigos rea- néricamente, en las que las mujeres
les (Quiñones: 1997, 271), no obs- no debían ser empleadas como jor-
tante dicha normativa nos brinda una naleras sino “en trabajos conformes
aproximación sobre las mentalidades con su sexo”. A ello se le sumaba
al respecto. una segregación sexual, pues hom-
bres y mujeres no debían “mezclar-
Sobre la ocupación, la Real Cé- se”. No resulta tan claro si estas de-
dula estipulaba que “La primera y bían destinarse fundamentalmente al
principal ocupación de los Esclavos “servicio doméstico”, aunque parece
debe ser la Agricultura y demás la- probable. Queda por ver la verdadera
bores del campo, y no los oficios de aplicación de la Real Cédula, no obs-
vida sedentaria”. Los Dueños debían tante, la concepción que le subyace
arreglar implicaría una desvalorización del tra-
bajo femenino.
“...las tareas del trabajo diario
de los Esclavos proporcionadas Ahora bien ¿qué sucedía en el
á sus edades, fuerzas y robus- Caribe en relación a las concepcio-
tes (sic): de forma que debiendo nes de género aplicadas al terreno
principiar y concluir el trabajo del trabajo?
de sol á sol, les queden en este
mismo tiempo dos horas en el En primer lugar habría que señalar
dia para que las empleen en ma- que la información disponible sobre
nufacturas, ú ocupaciones, que la Isla de Barbados para los primeros
cedan en su personal beneficio períodos del asentamiento noreuro-
y utilidad; sin que puedan los peo, apunta a que el sistema produc-
Dueños, ó Mayordomos obligar tivo y, ligado a este, el tráfico escla-
á trabajar por tareas á los mayo- vista, era una empresa fuertemente
res de sesenta años, ni menores controlada por los hombres. Efecti-
de diez y siete, como tampoco á vamente “sólo 6 de 1340 personas”
las Esclavas, ni emplear á estas registradas como empleadoras en
en trabajos no conformes con Barbados, a mediados del siglo XVII,
su sexo, ó en los que tengan eran mujeres y sólo había 100 com-
que mezclarse con los varones, pradoras de esclavos de un total de
ni destinar á aquellas á jornaleras 1405 de la Royal African Company,
134 antes de 1708 (Eltis: 2000, 99).

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Los datos de migración “sugieren fue la fuerza de trabajo esclavizada


que las mujeres de descendientes de origen africano la que tendió a do-
Europeos nunca fueron parte signifi- minar el panorama en el Caribe, par-
cativa de la fuerza de trabajo de los ticularmente en las primeras etapas
sectores de exportación de las econo- del período colonial17. ¿Cuáles eran
mías Atlánticas”. Y si bien las esposas las expectativas que tenía la elite eu-
de los “campesinos” en las primeras ropea sobre mujeres y hombres es-
etapas de la colonización noreuropea clavizados de origen africano?
en el Caribe “pudieron trabajar lar-
gas horas” en la agricultura, muchas La organización de la fuerza de
se dedicaron a “labores manuales”. trabajo esclava en este contexto,
Después de 1700 las posiciones que guardó diferencias entre las islas in-
los plantadores pensaban para las glesas y las francesas del siglo XVIII.
mujeres libres eran “como esposas y Las islas inglesas, debe decirse, es-
miembros familiares”. Entre las per- taban más volcadas a la producción
sonas emigrantes de origen europeo, de azúcar. En las plantaciones azu-
estas mujeres estarían ubicadas en careras típicas el 60% de los escla-
la cima de la jerarquía intragenérica, vos trabajaba en el cañaveral, el 10%
respecto de mujeres sirvientes y con- desempeñaban tareas de molienda y
victas –que constituyeron fuerza de refinación del azúcar, menos del 2%
trabajo forzada en el Caribe-, y posi- labores de servicio en la casa del amo,
blemente también arriba de los hom- y el resto en la transportación de los
bres europeos de estas dos mismas productos, o era población muy vieja
condiciones15 (Eltis: 2000, 95- 99). o muy joven para desempeñar alguna
labor. En las plantaciones jamaiquinas
Luego del primer intento por traer típicas de aquel siglo, en las cuadrillas
fuerza de trabajo forzada europea16, de trabajo las mujeres representaban
el 60%, lo cual supuso para algunos
15 El análisis de las relaciones de poder y las je- una proporción “inesperada” en rela-
rarquías se complejiza al considerar la violencia
hacia las mujeres. En este sentido, un hombre ción con los hombres. Por otra par-
de una categoría social inferior podría ejercer te, “a niños y viejos se les asignaban
violencia sexual hacia una mujer ubicada en la
elite, lo cual vuelve relativa la jerarquía social.
Desdichadamente por ahora no disponemos
de información a este respecto que resulta de testigo de esta tendencia en las colonias ingle-
crucial importancia. sas del Caribe.
16 También en el período de colonización tem- 17 Esto aplica para ciertos períodos y para ciertos
prana del Caribe, uno de los primeros intentos lugares del Caribe. En Trinidad, por ejemplo, a
de los europeos por aprovisionarse de fuer- partir de 1845 se produjo una gran migración
za de trabajo para las colonias en el Caribe, de origen indio (procedente de las East Indias)
se afincó en traer europeos bajo formas que como servidores y servidoras por contrato.
implicaban algún tipo de coerción: este fue el En el año de 1980 las mujeres indias repre-
caso de los sirvientes por contrato y los con- sentaban el 39.6% del total de la población
victos. Para el período que va de 1638 a 1931, femenina, mientras que las mujeres afrodes-
en ambos casos los hombres fueron mayoría cendientes eran el 39.9% (Mohammed; 2002: 135
desde 1700 (Eltis; 2000: 95). El siglo XVII es 131-132).

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ocupaciones acordes con su capaci- salvo por ciertas categorías ocupa-


dad física” (Klein: 1986, 48). cionales especializadas que eran ocu-
padas por los hombres. El hecho de
Así pues, en el Caribe Inglés las que existiera una pareja distribución
mujeres trabajaban arduamente, jun- por sexos en las labores de plantar,
to con los hombres, en las tareas de cultivar y cosechar y que las muje-
la corta de la caña, la carga de pe- res desempeñaran prácticamente los
sadas canastas de provisiones, así mismos trabajos físicos que los hom-
como en la preparación del terreno bres, mostraría la eficiencia con que
para la siembra. En la isla de Barba- la plantación organizaba su fuerza de
dos, así como en Jamaica, las muje- trabajo. ¿También mostraría tal situa-
res habrían constituido una fuerza de ción una concepción de género de
trabajo mayoritaria en aquellos traba- los europeos orientada a la paridad
jos asociados a la caña (Quiñones: en cuanto al desempeño ocupacional
1997, 277). de mujeres y hombres? Las concep-
ciones de género de los europeos en
En las Islas francesas, la planta- Europa mostrarían que las mujeres sí
ción azucarera organizada en torno a juegan un papel importante en la eco-
tres tipos de cuadrilla, tenía un 75% nomía, no obstante subordinada a la
de mujeres en dos de ellas y menos labor masculina y menos valorada
de la mitad de hombres en la res- que esta, como ha mostrado Eliza-
tante. Mientras que la primera y más beth Badinter. Muestra de ello sería a
grande “estaba compuesta por varo- nuestro parecer que en el Caribe las
nes y mujeres en la flor de la vida y del labores más especializadas eran re-
vigor físico”, la segunda la componían servadas a los hombres.
personas en malas condiciones para
trabajar: “africanos recién llegados, Una interesante perspectiva so-
madres recién paridas, convalecien- bre las expectativas que en un inicio
tes y otros por el estilo”. La última tuvieron los esclavistas europeos so-
cuadrilla, la componían niños entre bre la población esclavizada la brinda
ocho y trece años (Klein: 1986, 48). Eltis en la obra ya citada. Según este
En la hacienda cafetalera francesa, autor “los comerciantes de esclavos
la proporción era mayoritariamente fueron a África buscando principal-
masculina dentro de las cuadrillas: 60 mente hombres. Lo que encontraron,
de cada 100. en los principales mercados en Áfri-
ca Occidental al menos, fueron más
Así pues, en términos generales, mujeres ofrecidas a la venta de lo que
en la esfera del trabajo extradomés- ellos querían”. No obstante, los plan-
tico, los roles se diferenciaron úni- tadores y los comerciantes de escla-
camente de manera marginal entre vos habrían hecho ajustes de género
136 hombres y mujeres (Bush: 1990 6), y muy pronto los portugueses en el

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temprano Brasil, los franceses e ingle- tradicionales, la valoración europea


ses en el Caribe, y los holandeses en respecto del trabajo femenino y mas-
Surinam pusieron a la mujer a traba- culino y un pragmatismo económico
jar en los campos”. En los inicios del que privilegiaría la visión de las perso-
siglo XVIII la proporción de la fuerza nas esclavizadas como unidades de
de trabajo femenina de la plantación trabajo (Bush: 1990, 37).
trabajando fue muy cercana a aque-
lla masculina”. Esto es especialmente La información que hemos pre-
cierto si se le compara con aquella sentado arriba nos lleva a proponer
que había al interior de los europeos que para el “mapa mental de género”
bajo condición servil y entre convic- de al menos una parte de los hom-
tos. En el período 1663-1700 el 59 % bres europeos no debió ser extraño
de la población esclava que migraba que las mujeres trabajaran en las la-
al Caribe era masculina y un 63% en bores productivas, puesto que debió
el período que va de 1701 a 1800. ser parte de su experiencia en Euro-
Para ninguna nacionalidad europea pa. Los hombres europeos pudieron
este porcentaje fue menor al 75.6%. desvalorizar el trabajo de sus compa-
De esta manera “los plantadores a triotas femeninas, pero no ser total-
través de las Américas encontraron mente desconocedores de éste. De
que podían hacer ganancias con tal manera que si bien pudo haber un
las mujeres desempeñando [casi] la “ajuste de género”, este no debió ser
misma labor que los hombres en los tan radical como se pensaría o como
campos”. En conclusión, “la deman- para atribuir el trabajo femenino de
da por esclavos de un género y edad las mujeres esclavizadas en América
particular fue mucho más elástica en un cien por cien a las condiciones
que la demanda por esclavos como de género en África.
un todo” (Eltis: 2000, 101).
Efectivamente, se ha puesto es-
De tal suerte, al parecer hubo un pecial énfasis en la afirmación de que
“ajuste de género” en las concepcio- las mujeres africanas fueron cruciales
nes de los europeos condicionadas tanto para la producción como para
por las características del mercado la reproducción en África, afirmación
esclavista a lo interno de África y, muy que suele ir acompañada de una no-
posiblemente, por las características ción respecto de la menor importan-
mismas del trabajo de las mujeres en cia de la participación económica de
aquella su tierra natal. Así, como ha las mujeres europeas. En virtud de la
argumentado Barbara Bush para el incorporación de las mujeres escla-
Caribe francés, la compleja división vizadas en las labores de plantación
sexual del trabajo en las plantacio- en el Caribe, algunas interpretacio-
nes pareciera ser el producto de una nes señalarían que a los ojos de “los
combinación entre los roles africanos observadores europeos” el trabajo 137

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agrícola de las mujeres africanas en gunda es que “los europeos estaban


África, sería prueba de su naturale- preparados para ver a las mujeres
za de-sexuada a este respecto, aún africanas trabajando en los campos
cuando en otros aspectos no lo fue- de plantación”, aunque no en las
se (Putnam: 2002, 23). En otras pa- tareas cualificadas, pero al mismo
labras, el argumento apuntaría que tiempo “tenían barreras en contra de
la incorporación de las mujeres de usar mujeres europeas para más ta-
origen africano se habría producido reas que las del hogar” (Eltis: 2000,
dado que los europeos observaron 113). Eltis tiende a invisibilizar el papel
su potencial en África, y no tanto productivo de las mujeres europeas,
porque esta fuera la experiencia de lo que probablemente también po-
las mujeres europeas. Este sesgo, dría haber sucedido con los colonos
podríamos proponer como hipó- europeos. En todo caso, a nuestro
tesis, estaría asociado a la menor parecer la cuestión que habría que
atención puesta al “mapa mental de plantearse es, ¿porqué habrían de
género” que los propios europeos trabajar las mujeres europeas en las
traían consigo de sus países de ori- labores del campo una vez abierta la
gen, donde las mujeres “ayudaban a trata Transatlántica, misma que per-
sus maridos”, como sostiene Badin- mitió un creciente y considerable flujo
ter (1980) refiriéndose en particular de población esclavizada a lo largo
al caso francés. de varios siglos?

En un sentido similar Eltis sos- Resulta útil la distinción entre “eu-


tiene que “la insistencia africana en ropeo/no-europeo” propuesta por es-
ofrecer mujeres como esclavas” creó te autor para entender las característi-
“una tensión entre el chauvinismo cas que asume el trabajo de las muje-
basado en las diferencias Europeo/ res ubicadas en diferentes rangos de
no-Europeo y el chauvinismo basado la jerarquía de género. No extrañará,
en el género. Solamente los no eu- cabría hipotetizar, que las condicio-
ropeos podían ser esclavos [continúa nes del Nuevo Mundo tendieran a
nuestro autor], pero si muchos de es- acentuar el papel reproductivo de las
tos esclavos eran femeninos, ¿podían europeas que eran familia de los es-
ser puestos a trabajar en cuadrillas y clavistas. También podría proponerse
ser azotadas?” Al menos dos conclu- que este acento pudo haber tendido,
siones de esta situación nos interesa con el tiempo, más a la administra-
destacar del argumento de Eltis. La ción y dirección del trabajo reproduc-
primera es que “fueron las percep- tivo de otras mujeres que a la ejecu-
ciones de los roles de género las que ción misma de tareas. Como hemos
se vinieron por el suelo” (Eltis: 2000, anotado, los europeos contaron con
102), y por lo tanto las percepciones mujeres en posición servil durante los
138 raciales habrían predominado. La se- primeros años, y con mujeres escla-

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Género y esclavitud en el Caribe durante la época colonial

vas afrodescendientes con posterio- ajustes a sus mapas identitarios de


ridad.18 género. Esto pudo suceder debido al
cambio de las condiciones sociales a
A este último respecto cabe se- que se enfrentaron en el Nuevo Mun-
ñalar que muchos niños y niñas de do con respecto a las que tenían en
origen europeo “en las plantaciones su tierra de origen. La inserción de las
de las colonias debieron pasar mu- personas en un orden social distinto
cho más de sus años formativos en la implicó en muchos casos, y necesa-
compañía de sus institutrices negras riamente, un cambio sustantivo en su
que con sus madres” (Mintz y Price: jerarquía tanto inter como intra gené-
1992, 28). Otra evidencia del siglo XIX rica. Entre otras personas, el cambio
apunta a que las mujeres esclavas pudo ser menos radical.
no sólo eran ocupadas en el cam-
po, sino también como domésticas La generalidad de los hombres
y lavanderas (Higman: 1991, 256). europeos libres pudo alcanzar los
Aún cuando las esclavas domésticas estratos más altos de la jerarquía de
pudiesen tener algunos privilegios, género en el Caribe. No obstante,
estaban igualmente sujetas al abuso debe tenerse en cuenta que este fue
sexual por parte del amo o sus hijos. un sector igualmente heterogéneo,
De igual manera, en el marco de re- debido a las diferencias en el acce-
laciones de intimidad y de profunda so al poder político y económico.
asimetría, la relación entre la mujer Lo cierto es que muchos de estos
blanca y la esclava, además de que hombres tuvieron considerablemente
podía estar marcada por los celos y más posibilidades de poder sobre las
la desconfianza, significó un trato de mujeres de origen no-europeo, y muy
crueldad y castigo de la primera hacia posiblemente de origen europeo. La
la segunda (Quiñones: 1997, 275). esclavitud entremezcló, entre otros
aspectos sustantivos, la dominación
de género con la racial y la etárea.

Conclusiones El mayor poder del que dispuso la


elite europea, en alianza con ciertos
En el marco de las sociedades del sectores en África, fue la posibilidad
Caribe, al menos una buena parte de de desarraigar a las personas y así
los sujetos que confluyeron tuvieron negar radicalmente su inserción social
que hacer, en mayor o menor medida, originaria. Esto negó a muchos hom-
bres el estatus de género privilegiado
18 Muy seguramente también en Europa las mu- que pudieran tener en su tierra origi-
jeres ubicadas en los estratos económicos nal. Es en este sentido que debieron
más altos tendrían personas a su servicio para
las labores reproductivas, como es el caso realizar un ajuste indentitario de gé-
del cuido de los hijos señalado por Badinter nero los hombres afro-descendientes 139
(1980).

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que en África tenían un estatus de dades de parentesco. Sin embargo,


patriarcas libres en el contexto de las su captura, su desarraigo y el control
sociedades de parentesco. No tene- de su cuerpo y sexualidad, implicaba
mos completa seguridad respecto de que igualmente en África estaban ex-
la conservación de privilegios como el puestas y sometidas a la violencia de
acceso a varias mujeres en el Caribe. género impartida por los patriarcas.
Algunos pudieron tener posiciones de
mayor poder, particularmente sobre Igual dificultad enfrentamos para
otras personas en su misma condi- establecer en este breve ensayo, una
ción. Aún así, las nuevas condiciones clara definición de las diferencias que
del sistema esclavista caribeño no les las mujeres afrodescenientes experi-
podrían haber permitido reconstruir el mentaron en el plano económico en
mismo estatus que les otorgaban las su tránsito Trasatlántico. Quizá habría
relaciones de parentesco en su tierra que arriesgar una primera constata-
originaria. ción y es que, de ambos lados del
Atlántico, las mujeres estuvieron re-
Las mujeres esclavizadas sufrie- gidas por las reglas de acceso a los
ron, de igual manera que los hombres, recursos productivos reguladas por
el desarraigo y la desvinculación so- los hombres. También, bajo esta lógi-
cial. Esto aplica particularmente para ca de dominación, las mujeres fueron
el caso de las mujeres libres, e inclu- en ambas regiones recursos produc-
so entre las sometidas a peonaje por tivos “movilizados” por los hombres,
deudas. Su nueva posición en el nue- ya fueran africanos o europeos. En
vo mundo es, a nuestro criterio, mu- ambos casos esta situación se de-
cho más difícil de definir en términos rivó de una posición inferior de las
comparativos con su África originaria. mujeres en la jerarquía intergenérica.
Los mecanismos de ascenso social Luego de estas generalidades posi-
de estas mujeres en el Nuevo Mundo, blemente habría que comenzar por
para nada estaban reglamentados ni analizar los matices que en uno y otro
seguían un patrón con la raigambre lugar caracterizaron el papel de las
del África Occidental ni Centro-oc- mujeres de acuerdo a su categoría
cidental. Si bien, las mujeres cuyos en la jerarquía de género. No nos es
hijos mulatos fueron protegidos por posible analizar todas las variables ni
sus padres blancos, podrían haber realizar generalizaciones. Sólo unas
recibido condiciones relativamente pinceladas nos es posible dar.
mejores, lo cierto es que el abuso y
la violación fue una práctica difundi- En el sentido anterior, la literatura
da en el Nuevo Mundo. No es menos analizada ha resaltado la importancia
cierto que del otro lado del Atlántico de las mujeres en la economía africa-
las mujeres esclavas podían ascender na, tanto en la agricultura como la co-
140 socialmente en el marco de las socie- mercialización. Bajo condiciones de

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Género y esclavitud en el Caribe durante la época colonial

esclavitud, la importancia de la fuerza puestas sólo por abuelas, madres y


de trabajo femenina fue fundamental, tías, se pudieron haber fortalecido los
luego de que los europeos realizaran lazos de cooperación y solo uno de
sus propios ajustes de género. Estos, múltiples arreglos familiares posibles.
aún así, reprodujeron sus propios es- Lo cierto es que estos arreglos fami-
tereotipos al otorgarles las labores liares debieron ser muy diferentes a
no calificadas. No solo para los euro- aquellos vividos en África.
peos, sino para las naciones en Áfri-
ca, la valoración del trabajo femenino Las jerarquías de género de los
podría haber sido inferior que la del hombres que tenían una experiencia
masculino, aunque las mujeres fue- como esclavos en África no debieron
ran decisivas para la economía. modificarse tan radicalmente, com-
parativamente hablando, una vez en
Aun con la importancia que tuvie- las Américas. Esto, vale aclarar, sin
ron las mujeres para las economías disminuir en lo absoluto las vejacio-
del Mundo Atlántico, el papel repro- nes a las que fueran sometidos en el
ductivo también fue una constante: “nuevo mundo”. Aún así su posición,
es una parte de su definición de gé- al menos en éste último espacio,
nero otorgada aquí y allá. A este res- pudo redefinirse si lograban comprar
pecto, tanto para las europeas como su libertad. Precisamente el caso
para las afro-americanas, pudieron de los libertos es otro de los análisis
producirse ajustes fundamentales. pendientes en cuanto al lugar que
Para las europeas libres pudo haber- ocupaban en las jerarquías intra e in-
se acentuado el rol doméstico. Este tergenéricas.
pudo haber estado más orientado a
la administración de los asuntos re- Otro aspecto de gran interés poco
productivos al mando de otras muje- tratado por nosotros, es el de las re-
res, lo cual pudo no serles ajeno en su laciones de género intraétnicas entre
Europa originaria a aquellas de cierta sectores subordinados. Mohammed
clase o estrato socioeconómico. En (2002) ha desarrollado un interesante
el “Nuevo Mundo”, esta relación pudo estudio sobre las relaciones de géne-
haberse racializado. Para las afrodes- ro en la población procedente de la
cendientes antaño libres, el ajuste de- India en Trinidad. En su valioso estu-
bió ser aún mayor en las plantaciones dio sobre la creolización de las mu-
del Caribe. Si bien en África podían jeres indias, esta autora muestra las
ser esclavizadas y desarraigadas, su profundas jerarquías intergenéricas
posibilidad de reinserción en los lina- que se reprodujeron entre las mu-
jes pudo volverse más compleja en el jeres y hombres indios en el Nuevo
Caribe. No obstante, las relaciones Mundo.
familiares pudieron reconfigurarse en
este último espacio: en familias com- 141

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Así pues, entre los múltiples lla- ted Kingdom: Cambridge Univer-
mados de atención que estudios sity Press.
como los reseñados plantean, está la
necesidad de captar el carácter pro- Higman, B.W. (1990). “Household
fundamente dinámico y heterogéneo Sturcture and Fertility on Jamai-
de esta región durante el período co- can Slave Plantation: A Ninete-
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