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María Alejandra Bahamón Villamizar 426979

REFLEXION VISITA AL ANSIANATO

Durante la vida son diversos los momentos por los que pasamos. Se inicia con la
niñez, etapa en la que nos sentimos libres con el simple despertar en la mañana, con el abrazo
de nuestra mamá nos sentimos seguros, el valor de los objetos y de las personas es
directamente proporcional a lo divertidos o tiernos que puedan ser, es la etapa en la que
necesitamos de todos, para descubrir, ser y conocernos.

Otro gran momento es la juventud y la adultez, porque están juntas, porque son muy
similares, durante estas etapas de la vida, la existencia es a decir verdad algo egoísta,
caminamos pensando en lo que somo y en lo que hacemos, sin preocuparnos por construir
un futuro con mas que solo dinero, corremos creyendo que esta etapa es para siempre, cada
uno camina en sus ideas, existe en sus realidades y olvida lo relevante que es ver alrededor.
Pero la vida siempre nos alcanza, y los años nos pasan su cuenta de cobro.

La vejez, etapa de tranquilidad y buenos pensamientos, etapa de descanso, de no


correr, de caminar, de no gritar, de susurrar, etapa de gozar de los frutos de nuestra existencia,
de mirar para atrás en nuestra vida y ver lo bien que labramos el camino, para otras personas
que vienen detrás, época de abrazos y de reciprocidad, época para que nos devuelvan todo lo
que fuimos capaces de dar, con fuerza y energía.

Yo me encuentro en la juventud, en el correr diario, en el vivir a contra reloj, y la


experiencia del ancianato, fue una pausa en el camino, un alto para descansar y analizar ¿qué
tan bien manejo mi vida? compartir con personas que dieron todo en su vida joven, y ahora
lo único que piden es tiempo y cariño, sacudió mi existencia, ver que amar y ayudar a los
demás puede estar simplemente en darle la mano, brindarle una sonrisa, acompañarle y
hacerle pasar un buen rato, que la vida no solo esta en lo material, que el amor no solo se da
con palabras, me enseño a querer abrazar a mi mamá todos los días a ver a mis tías y a mi
familia con los ojos de agradecimiento que antes no las veía, no solo con respeto porque ese
siempre lo tuvieron, con ojos de amor, con ganas de brindarles compañía, cariño, de querer
compartir un buen momento.
Esta experiencia también me deja la alegría de querer levantarme todos los días, y
hacer algo bueno por las personas, no solo darles un plato de comida, aunque es necesario no
lo es todo ya que logre comprender que el cuerpo no es el único que necesita alimento, el
alma necesita lo mismo, ver a alguien que sufre y pasar de largo dejo de ser una opción para
mí.

Agradezco infinitamente la experiencia y la posibilidad que me brindo la vida de


poder ver que con solo la sonrisa de algunas personas con tanta sabiduría, la vida pueda
empezar a analizarse y vivirse diferente, la experiencia quedo en mi para siempre, ya que
convirtió a la joven, seria y poco emocional, en una mujer mas pensante en el otro, mas
dedicada a querer estar con el otro y en búsqueda de llegar a la vejez orgullosa de quien
construí, para que mi sonrisa en un futuro, cambie la vida de otra joven como yo.

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