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Arte, sexualidad y ritos a la

naturaleza en la cultura preincaica


Ocultamiento y destrucción de los Huacos eróticos de la
cultura moche

No hace muchos años atrás, Federico Kauffmann Doig publicó su libro « Sexo y
magia sexual en el antiguo Perú », un tema por desgracia poco tratado por otros
especialistas de la cultura andina. Kauffmann considera que el sexo en el antiguo
Perú tuvo relación con la fecundidad de la tierra y señala que actualmente, en
algunos pueblos andinos existen muchos ritos en los que se combina la sexualidad
con lo mágico-religioso: «El objetivo de estos ritos es el de solicitar por medios
mágicos, justamente la fecundidad de los animales y de las plantas». Menciona como
ejemplo, un rito que se conserva en Langui, Cusco, donde para cierta festividad,
hombres y mujeres se visten con ornamentos de carneros y llamas y bailan como en
una representación sexual.

Efectivamente, bajo el Incario existieron muchos de esos rituales. Los jóvenes


participaban de danzas rituales de la fecundidad, como aquella celebrada en honor
de Chaupiñanca, diosa de la sensualidad, en que los hombres terminaban bailando
completamente desnudos porque creían que al verlos en esa guisa disfrutaba más
la Pachamama o la «madre tierra». Otras festividades terminaban en lo que hoy
llamaríamos orgías desenfrenadas. Existía también otra festividad de la fecundidad,
llamada Acataymita, que tenía lugar en el mes de diciembre, cuando empezaban a
madurar los paltos, Consistía en reunirse hombres y mujeres jóvenes en un
descampado rodeado de huertas, completamente desnudos; luego corrían
velozmente hacia un cerro algo distante, el varón persiguiendo a la hembra, y el
hombre que alcanzaba a una mujer, la tumbaba y copulaba con ella. Este rito duraba
seis días y se creía que ejercía una influencia mágica en la maduración de los frutos.
Sin duda, todos esos ritos tendrían raigambre preinca, y aunque los cristianos
trataron de extirparlos, siguieron siendo practicados aún mucho después de la
conquista (en la Relación de los agustinos, año 1557, aparece una referencia escueta
a la práctica de esta costumbre en la región de Huamachuco).

También hay evidencia de un culto fálico o sea la erección del miembro sexual
masculino para invocar la fecundidad de la tierra y de los animales. En Chucuito
(Puno) [1] y cerca de la Iglesia principal, existe un bosque de falos agresivos tallados
en piedra, conocido como el adoratorio de Inca Uyo (o « miembro viril del inca »,
como jocosamente lo bautizaron los lugareños), aunque se cree que originalmente
dichas escultura estaban desperdigados por la campiña.
En general, al margen de su relación con lo mágico-religioso, podemos aseverar que
los antiguos peruanos practicaron una sexualidad libre de conflictos de tipo moral,
viendo como algo natural el buscar el placer sin más objetivo que el placer. El
erotismo estaría presente en todas partes, en todos los actos, en todos los momentos
de la vida, el incendio de una mirada, el tocamiento de la piel, en la penetración de
los cuerpos, en el embarazo y hasta en el parto, cuando el varón sufre los dolores de
la parturienta y se acuesta a su lado, para compartir la dulzura del alumbramiento,
escena esta representada en un ceramio moche.

Según vemos en las representaciones de la cerámica escultórica de diversas culturas


preincas (Moche, Vicús, Chimú), podemos inferir que la cópula era ejercida de las
más diversas formas. Asimismo, de lo expresado en los documentos que nos han
dejado cronistas y «extirpadores de idolatrías», tenemos algunos atisbos sobre las
prácticas íntimas de los nativos peruanos; por ejemplo, una simple relación sexual
entre muchachos no tenía las implicaciones morales o jerárquicas observadas en
otras sociedades; ya desde la pubertad e incluso antes (dependiendo de cada
sociedad) se adquiría la experiencia amatoria y no era un asunto grave la pérdida de
virginidad. Por la documentación existente se deduce también que existían mujeres
dedicadas a instruir a los niños en la masturbación y cómo prolongar la erección. Se
sabe que en el Acllahuasi o casa de las escogidas, las muchachas entre 13 y 15
años, destinadas a ser esposas o concubinas de los nobles, eran adiestradas por la
mamacona (o matrona, o sea la aclla de más edad) en las artes que debía saber una
mujer casada, incluido el entrenamiento sexual para que pudieran satisfacer
plenamente a sus futuras parejas.

Todo ello ahora lo llamaríamos perversiones o aberraciones, pero para los antiguos
peruanos era de lo más sano y normal. Por cierto, más conocido por el gran público
es cómo los moches representaron con mucho detalle en sus ceramios diversas
posiciones del coito, contabilizándose en número de ocho. Generalmente se
representa al hombre vestido y a la mujer desnuda. Como parte del juego amoroso
están incluidos el sexo oral y anal. Unos pocos huacos representan también la
masturbación y relaciones homosexuales, aunque estos últimos sean más dudosos,
por hallarse dañados o fragmentados, o bien porque no se percibe con claridad los
detalles. Como ya expliqué anteriormente, todo indica que los ceramios que
representaban « aberraciones », fueron destruidos por las mismas manos de quienes
supuestamente debían salvaguardarlos, aunque no sepamos exactamente la
cantidad de piezas que sufrieron ese triste fin.
El sexo anal (dentro del ámbito de la heterosexualidad, o sea hombre-mujer) está
representado con « frecuencia extraordinaria » en los ceramios moches según
señala Kauffmann Doig y se cree que era un método anticonceptivo muy practicado
entre los moches, lo cual no es simple suposición gratuita, sino que se basa en
indicios razonables. Por ejemplo, existe un ceramio donde se ve a una mujer dando
de lactar a su hijo mientras que un hombre la penetra analmente ; de esa manera se
evitaría el embarazo, pues era regla firmemente obedecida, hasta hoy en el mundo
andino, de que la mujer debía evitar quedar otra vez embarazada durante el tiempo
de lactancia de la criatura, para no interrumpir la producción de leche materna.

Por cierto, como una muestra de la pobre mentalidad de cierta gente encargada de
cuidar el patrimonio cultural, en el « Museo Nacional de Arqueología, Antropología e
Historia del Perú », (MNAAHP) de Pueblo Libre (Lima), cientos de huacos eróticos
permanecen escondidos en los depósitos de este enorme edificio ; recién en marzo
del 2004 fueron sacados « a la luz », tras casi medio siglo de ocultamiento, para una
exposición temporal alusiva al tema sexual en el antiguo Perú, pero, una vez
concluido el evento fueron de nuevo guardados sin mayores explicaciones. En
cambio, cerca de allí, en el Museo Larco Hoyle, la exposición de las cerámicas
eróticas está continuamente abierta al gran público.

La destrucción de los Huacos « aberrantes »


Quisiera precisar algo más en lo que respecta a la información sobre los huacos
eróticos censurados. Eso lo comentó Marco Aurelio Denegri en una diálogo que
sostuvo con Federico Kauffmann Doig en su programa televisivo « La función de la
palabra ». Denegri destacaba que buena parte de nuestro patrimonio cultural ha
desaparecido, no solo por obra de los huaqueros y traficantes de piezas
precolombinas, sino por obra de los mismos investigadores y arqueólogos, bajo los
impulsos de una moralina y un patrioterismo mal entendido, inaceptable en una labor
como esa.

Se destruyeron o mutilaron muchísimas piezas arqueológicas que representaban


«prácticas degeneradas», degeneradas según el concepto occidental y cristiano,
claro está. ¿Cómo sabemos que existieron dichas piezas? Por ejemplo, en su
conocidísima obra «La antigüedad de la sífilis en el Perú», el gran Julio C. Tello
afirma textualmente que «la representación de la cópula de seres humanos con
llamas se encuentra con harta frecuencia» en las excavaciones; el asunto es que
actualmente no existe NINGUNA de esas representaciones. ¿Qué fueron de ellas?
Denegri contó que el doctor Arturo Jiménez Borja le mencionó como vió en una
ocasión a la doctora Rebeca Carrión Cachot arrojar al suelo cerámicas con
representaciones eróticas que consideraba «degeneradas» o «aberrantes». Y no
solo dicha arqueóloga, sino que muchos otros procedieron de esa misma manera,
imbuidos en un equívoco afán de querer conservar solo una «visión digna» de
nuestro pasado prehispánico. No solo las representaciones de zoofilia sufrieron a
manos de estos iconoclastas (por llamarlos de alguna manera), sino también las de
homosexualismo y sabrá Dios que otras más. Lo cual indudablemente ha sido una
pérdida irreparable del legado cultural de nuestros ancestros. Y claro, no faltará
alguien por allí que pretenda culpar de todo ello a la «moral restrictiva» que impone
la Iglesia Católica en materia sexual, pero hay que dejar en claro las cosas.

Los antiguos peruanos tenían también sus tabúes, al igual que nosotros actualmente,
el asunto es que hay que entender las costumbres de acuerdo a la época y al
ambiente en que se desarrollaron y no pretender juzgarlas con nuestra moderna
mentalidad occidental y cristiana. No se puede medir a las sociedades antiguas con
la vara o la medida con que ahora nos medimos. Es más, uno de los errores de los
misioneros y doctrineros católicos fue indudablemente calificar de «satánicos» los
rituales y ceremonias religiosas de los nativos, cuando estos no tenían el concepto
de Satanás, y por lo tanto mal podrían ser «adoradores del diablo». Sin duda un
absurdo total.

Saludos, Álvaro S. Chiara G


Álvaro S. Chiara G para Los Antiguos Peruanos-
>http://losantiguosperuanos.blogspot.fr]
FUENTE: http://www.elcorreo.eu.org/Arte-sexualidad-y-ritos-a-la-naturaleza-en-la-
cultura-preincaica?lang=fr
Perú, 4 de diciembre de 2007
INCA UYO: ESPACIO DEDICADO A LA FERTILIDAD

Magia Sexual en el Perú Antiguo


Posted on 26/02/2014 0Comments0

¿La sexualidad en el antiguo Perú estuvo fuertemente emparentada con la


fecundidad de la tierra ? El arte erótico mochica ha dejado un registro de la
intensa actividad amorosa de los antiguos peruanos.
Texto : Luis Miranda
Fotos : Museo Rafael Larco Hoyle
Fuente: Revista Rumbos de Sol y Piedra (www.rumbosdelperu.com)

¿Qué intentaban decir los antiguos peruanos, especialmente los moches, a través
de esa rica gama de huacos eróticos que fabricaron con celo descriptivo y que hoy,
muchos siglos después, asombran por su variedad y desenfado? Se ha dicho que
reflejan la intensa, casi envidiable sexualidad de los pretéritos pobladores de estos
pagos. Se ha dicho, también, que su arte buscaba fines pedagógicos e incluso que
sus desproporcionados órganos, así modelados en tiesa arcilla, indicaban el abuso
de sustancias tóxicas derivadas de la hoja de coca.
Federico Kauffman Doig se burla de esas creencias y asegura que dichas vasijas e
incluso algunos monumentos arquitectónicos de perfil fálico contienen un mensaje
mágico y religioso, y evidencian un arraigado culto a la fertilidad que surgió en una
tierra avara y ruda, a la que sus habitantes primigenios lograron arrancar frutos sólo
luego de muchos esfuerzos.
El doctor Kauffman Doig, uno de los arqueólogos más inquietos de la actualidad,
empezó a familiarizarse con los testimonios del erotismo en el antiguo Perú hace 40
años, cuando –recién graduado- fue tomado como secretario en el Museo Nacional
de Arqueología y Antropología del Perú. En esa época los huacos eróticos eran
escondidos en cuartos bajo llave, ocultándolos de la mirada del público. Sólo tenían
acceso a ellos los investigadores extranjeros recomendados por el ministro de
Educación. Por lo común sus escenas nada veladas abochornaban o eran objetos
de suspicacias y risitas mal reprimidas.
Invitado por Mircea Eliade, Kauffman Doig participó en 1987 en su Encyclopedia of
Religion con un capítulo sobre el Perú antiguo, una oportunidad valiosa que le
permitió profundizar en la religión andina, la cual encontró estrechamente ligada a
la magia sexual. De hecho, Kauffman Doig ya había sido autor de una pequeña obra
acerca de la sexualidad moche.
Según señala con efusivos ademanes, la religiosidad andina ha sido totalmente
distorsionada, inventada en buena cuenta en base a algunas leyendas tejidas por
los misioneros para dirigir los pensamientos religiosos de acuerdo al cristianismo.
De esta manera nació un dios postizo, Wiracocha, especie de Jehová peruano
todopoderoso. “Encontré que en el fondo era uno de los tantos nombres que recibía
el dios del agua. Era muy importante porque el hombre de la antigüedad estaba
sometido a tiempos de sequía o de lluvias torrenciales relacionadas a El Niño. Luego
de una investigación en Apurimac pude concluir que los dioses del pasado no eran
nada asexuados”, nos dice.
Un dios que da el agua necesita de una contraparte, la Pachamama. Según las
creencias prehispánicas el agua fecundaba a la Tierra, una mujer que procreaba y
surtía de alimentos. La vida espiritual del antiguo Perú estaba impregnada del tema
sexual. Los recipientes eróticos no tenían una función pornográfica sino mágica. En
algunos casos contenían esencias litúrgicas. Los grandes falos de sus vasijas no
habrían tenido otro propósito que facilitar la bebida de dichos mejunjes. Sorbete o
cañita, como le dicen. En todo caso, la feliz puesta en práctica de las artes amatorias
podía considerarse, por mecanismo mágico, como un llamado a la abundancia de
la Tierra y el exorcismo de la miseria.
Sin embargo, alejándonos de estas interpretaciones, hay detalles en la cerámica
moche que muestran algunos usos particulares. La casi ausencia de besos durante
la escena coital contrasta con el reiterativo manoseo mutuo, la mujer casi siempre
estimula el miembro viril del varón mientras él roza el mentón de ella. El tema de la
homosexualidad, masculina y femenina, también está presente en algunas vasijas.
“Es frecuente ver representaciones de coito per anum en el lecho mientras la mujer
abraza un bebé. Esto refuerza la idea de que las madres de esa época no querían
tener hijos mientras daban de lactar. He visto en las mujeres del campo, hoy, que
evitan concebir luego del parto, por el hecho de que ven suspendida su producción
de leche. En la época antigua no había manera de conseguirla de otra fuente.
Curiosamente la leche de llama no era usada”. La alta proporción de escenas de
este tipo sugiere control de la natalidad.

Esto no quiere decir que los moches sólo recurrieran a esa práctica erótica con
propósitos anticonceptivos. “Probablemente era realizada sin otro fin que el goce”,
agrega Kauffman Doig. “Después de todo, los moches eran personas como
cualquier otra”.
Sus representaciones sexuales significan sólo el dos por ciento de su obra cerámica,
lo cual echa por tierra aquella supuesta fijación por el sexo. Esto era apenas una
parte de todas las actividades que pudieron plasmar con su inconfundible estilo. Las
abundantes representaciones de mujeres manteniendo relaciones con esqueletos
sugiere la concepción de alianzas amorosas que iban más allá de la muerte, en
algún Cielo o Purgatorio de cuyos patéticos detalles ya nos es imposible tener
testimonio.

FUENTE: https://arqueologiadelperu.com/magia-sexual-en-el-peru-antiguo/
La cultura inca y la sexualidad
La cultura inca practicaba el sexo con total libertad.
Su motivación principal era la obtención del placer y no solamente la reproductiva
como vemos en otras culturas
El erotismo estaba presente en todas las partes, en todos los actos, en todos los
momentos de la vida, una mirada, un tocamiento de piel, la penetración de los cuerpos,
el embarazo y el parto, vemos como el varón sufre los dolores de la parturienta y se
acuesta a su lado para compartir el alumbramiento, todo esto se encuentra muy bien
representado en la cerámica moche.

En la cultura inca, lo masculino y lo femenino representan fuerzas indisolubles, cuya


complementariedad hacía posible la constitución del orden universal.

El Estado inca interviene directamente en todos los aspectos de la vida de sus


habitantes. La unión conyugal estaba regulada por el Estado. Legisló hasta el máximo
detalle todos los aspectos del matrimonio. Este matrimonio nunca tuvo una motivación
religiosa, sino solamente administrativa.

Normalmente cada año se acudía a la plaza principal de cada capital de provincia y se


formaban dos filas, una de hombres y otra de mujeres. La posición de cada uno de ellos
estaba marcada por su status social. Era el monarca inca o en su lugar su el
representante provincial, quien emparejaba a los miembros de ambos sexos y los
casaba.

En el mundo inca existía el matrimonio “servinacuy”. que era el matrimonio a prueba. La


pareja convivía durante un tiempo y si este era positivo confirmaban la unión. En este
periodo se practicaba el sexo sin ninguna cortapisa e incluso se podía tener hijos. Si el
servinacuy acababa con ruptura, estos hijos eran aceptados y se iban con su madre de
regreso a su hogar materno.

Uno de los aspectos más llamativos es que se podían celebrar uniones matrimoniales
entre parientes, pero esto sólo era un privilegio de la nobleza inca. Estos convivían con
sus hermanas con la finalidad de preservar los privilegios de la noble estirpe.

El servinacuy fue duramente reprimido por la iglesia española como se demuestra en el


catecismo que redactó el jesuita Pablo Joseph de Arriaga, por orden del Concilio
Provincial de Lima en 1582. También en los Sinodales del arzobispo de 1613.

La nobleza podía ser polígama, sin embargo la monogamia era mayoritaria pues
resultaba muy caro poder mantener varias mujeres al mismo tiempo.

En las ordenanzas VIII y IX del Virrey de Toledo dice”… Por cuanto hay costumbre entre
los indios casi generalmente, no casarse sin primero haberse conocido, tratado o
conversado algún tiempo y hecho vida maridable entre sí… Ordeno y mando que se
procure, así por los sacerdotes, corregidores, caciques y alcaldes persuadir y quitar a
dichos indios esa costumbre tan nociva y perniciosa… El indio cristiano que tuviese
acceso con india infiel o estuviese amancebado con ella, por la primera vez, que lo
trasquilen y den cien azotes; y por segunda lo remitan preso con la información del
Corregidor, para que se lo castigue conforme a derecho…”

“También se prohíbe al inca tener a su lado a su hermana, ni cuña, ni tía, ni primera


hermana, ni manceba de su padre, siendo las tales de menos de cincuenta años
abajo… que ninguna india moza, ni viuda sirva ni de beber a su hermano, ni cuñado, ni
tío, ni primo, siendo de cincuenta para abajo… so pena de los cien azotes y trasquila y
que sirvan dos años en los hospitales”.
A la familia campesina no se le permitía cambiar de residencia, ni cambiar los colores y
las formas de su atuendo que representaban su clase social, por lo que se permitía
reconocer su origen y siempre se casaban con gente de su mismo status. Aquí el
ascenso en la escala social no existía.

La residencia del nuevo matrimonio eran casas o runas que eran construidas por sus
parientes, quienes también aportaban el ajuar. Los incas no tienen muebles, se comía
en el suelo y la cama era un lecho hecho con piel de llama. Todo se guardaba en cestos
y tinajas, en una especie de nichos que había en las paredes. Su menaje eran
recipientes de alfarería, ollas negras adornadas con dibujos, platos, cucharas de
madera…

Las mujeres viudas y con hijos guardaban la abstinencia y no se volvían a casar,


mientras que los viudos intentaban volverse a casar rápidamente. En la sociedad inca
el hombre era considerado superior a la mujer, sirva el ejemplo de que la mujer no podía
comer en el mismo cazo que el marido, mientras que sí se permitía que lo pudieran
hacer animales. A pesar de esto, el papel de la mujer era muy importante, pues cuidaba
de la casa, hijos, incluso trabajaba en los campos y recogía las cosechas.

La edad en que la mujer inca tenía su primer hijo rondaba los dieciocho años. Las
relaciones sexuales entre los jóvenes estaban bien visto. El que la chica fuera
demandada era símbolo de atracción, le daba prestigio social y le era más fácil tener
pretendientes. En este tipo de relaciones era habitual que ella quedara embarazada,
con lo cual demostraba que era fértil y su valor aumentaba.

Debemos saber que la virginidad no tenía ningún valor en el mundo inca y tampoco ser
files a la pareja, porque tenían hijos con distintas mujeres, tanto ellos como ellas, era
otra forma de organización social, algo que hoy en día por la diferente manera de estar
organizados socialmente y con leyes mundiales, ya se considera obsoleto, leyes y
costumbres del pasado que no se aceptan.

Cuando la mujer queda embarazada se realizaban unos rituales con el objetivo de que
tuviera un buen embarazo. En su proceso de embarazo seguía son su vida normal. Si
presentaba dificultades el embarazo enseguida intervenía el hechicero que ponía sobre
su tripa una especie de pasta curativa formada principalmente por el maíz, pero este
maíz debía ser masticado previamente por mujeres jóvenes vírgenes.

Como he dicho anteriormente, la embarazada seguía trabajando normalmente y paría


allí donde se encontrara, cortaba el cordón umbilical del bebe con un trozo de cerámica
o con las uñas. Posteriormente, se lavaba ella y el bebe, pero sin sumergir al recién
nacido, bebía agua en su boca y rociaba posteriormente al bebe.

La vida cotidiana de la mujer inca era muy monótona. En los primeros días del
nacimiento del bebe el padre permanecía junto a su mujer y el niño descansaba en una
cuna de la cual no se le saca ni para comer.

Las mujeres mientras criaban a sus hijos se abstenían de tener relaciones sexuales
porque consideraban que era malo para la leche del niño. Se acababa el destete cuando
cumplía los dos años.

A partir de los siete años se producía la división sexual del trabajo, si era niño la
educación le correspondía a su padre y si era niña lo hacía la madre. Si eran de clase
social baja no acudían a las escuelas, pero sí lo hacían las clases privilegiadas que eran
educados en las escuelas de Cuzco, donde incluso recibían educación sexual.

La instrucción de las clases humildes, se limitaba a los conocimientos más elementales.

Las niñas de clase privilegiada tenían dos opciones, la primera permanecer junto a la
madre donde se les enseñaban las tareas propias de la mujer, o la segunda opción, que
era entrar en casas escogidas donde aprendían como maestras expertas y pasaban al
rango de Vírgenes del Sol.

Cuando se llega a la pubertad significa iniciar el camino hacia el matrimonio y el formar


una familia. Cuando la chica llega a la pubertad, con la primera menstruación se
celebraba una ceremonia donde la joven guardaba ayuno durante dos días, toma un
poco de maíz crudo el tercer día, se lava el cuarto día y recibe sus vestidos nuevos y se
trenza los cabellos.

Desde ese momento se dedica a las labores domésticas hasta que cumpla los
dieciocho años que era el momento del matrimonio en la cultura inca. Si la chica era
bella se llevaba a la capital del Estado o a la de la provincia y de esta forma podría
convertirse en mujer de un alto funcionario o concubina del Sapa Inca. Normalmente la
chica inca permanecía en su ayllu o pueblo.

La prostitución en el mundo inca existía y era tratados con gran desprecio por los
hombres. Las mujeres no hablaban con ellas pues si lo hacían podían ser rapadas en
público. Si las prostitutas estaban casadas eran repudiadas por sus maridos. Las
prostitutas recibían el nombre de pampayruna.

Si seguimos las descripción que hace Blas Valero o la de Garcilaso Inca de la Vega,
cuando hablan de las prostitutas dicen “Se permitía que en semejantes juntas de
borracheras y bebidas viniesen las mujeres rameras o solteras que no fuesen vírgenes
ni viudas, o las mancebas o mujeres legítimas de cada uno, y en casas o escondrijos,
que por allí había muchos, cometiesen fornicaciones y torpezas, porque cesasen los
incestos, los adulterios y estrupos y nefandos”.

Garcilaso describe así la vida de los pampayruna “Vivían en los campos, en unas malas
chozas, cada una de por sí y no juntas: No podían entrar en los pueblos porque no
comunicasen con otras mujeres. Llámenles pampayruna, nombre que significa la
morada y el oficio, porque es compuesto de pampa que es la plaza del campo llano y
runa, que es singular quiere decir persona hombre o mujer, en plural quiere decir gente.
Juntas ambas dicciones, si las toma en la significación del campo, pampayruna, quiere
decir, gente que vive en el campo, esto es por su mal oficio; y si los toman en la
significación de plaza, quiere decir, persona o mujer de plaza, dando a entender que,
con plaza pública y está dispuesta para recibir a cuantos quieran ir a ella, así lo están
ellas y son públicas para todo el mundo. En suma quiere decir, mujer pública”

Dentro del mundo inca la homosexualidad era practicada con frecuencia, así nos lo
relata Pedro Cieza de León o el padre Martín de Murúa que dice “… y en estrotos, por
los tener el demonio más presos en las cadenas de su perdición se tiene ciertamente
que en los oráculos y adoratorios donde se daban las respuestas hacia entender que
convenía para el servicio suyo que algunos mozos desde su niñez estuviesen en los
templos, para que a tiempo y cuando se hiciesen sacrificios y fiestas solemnes, los
señores y otros principales usasen con ellos el maldito pecado de la sodomía. Y para
que entiendan lo que esto leyeron como aun se guardaban entre algunos esta diabólica
santimonia pondré una relación que me dio della Fray Domingo de Santo Tomás….”.

“Verdad es que generalmente entre los serranos y yungas el demonio ha introducido


este vicio debajo de especie en santidad, y es que cada templo o adoratorio principal
tiene un hombre o dos o más, según es el ídolo. Los cuales andan vestidos como
mujeres desde el tiempo que eran niños… De tal manera que lo que les saque de aquí
en que estaba el demonio tan señoreando en esta tierra que, no se contentando con los
hacer caer en pecado tan enorme, les hacía entender que tal vicio era especie de
santidad y religión para tenerlos más sujetos”.

Como vemos la homosexualidad en el Estado inca presenta rasgos de religión. El rito


homosexual tenía mucho de religioso “por eso no era reprensible porque los
participantes. Al ejecutarlo, reproducían lo que el mito narraba. Por el cumplimiento de
la relación homosexual, lo sagrado se manifestaba”.
Hay un texto que dice “Sucedía muy a menudo que un Alaeq que iba al templo a tomar
los servicios de un prostituto sagrado terminaba enamorándose de él y celoso de que
su amado estuviera en la obligación de servir a otro noble, pagaba al templo por el
derecho de exclusividad. Solo el gran Ciequich podía comprar a uno de los prostitutos
sagrados y llevárselo a su palacio”.

Además, en la sociedad inca había una homosexualidad secular encubierta que


practicaban diversos pueblos, particularmente los yungas situados en la costa norte del
Pacífico, que los gobernantes incas reprimieron duramente: “… Tuvo el inga gran rigor
en castigar el pecado nefando… Quien cometiere el pecado de sodomía, que muera
arrastrado y ahorcado, y luego sea quemado con todos sus vestidos y lo mismo si se
juntase con alguna bestia”.

La homosexualidad femenina era muy conocida entre los precolombinos. Los incas
tenían en gran aprecio a las mujeres, que se desenvolvían en el trato social como si
fueran varones, gozando de muchos privilegios e incluso podían participar en combates
y se les daba la posibilidad de mantener relaciones promiscuas entre ellas. El
lesbianismo estaba idealizado como conducta sexual en los estratos nobiliarios incas.

Hay sociedades matriarcales dentro del mundo inca. como lo podemos comprobar
siguiendo a Antonio de Herrera y Tordesillas que nos habla de algunas etnias de
mujeres que tenían papeles masculinos. Estas estaban situadas en la zona incaica del
Amazonas y las describe así “algunas mujeres dejan los ejercicios de mujeres, imitan a
los hombres, se cortan como ellos los cabellos, van a la guerra y a la caza con arco y
flechas”. Este pueblo son las conocidas como amazonas

Las amazonas se organizan a través de pequeños reinos que se sitúan en los límites
del imperio inca y eran gobernadas por una reina que era apoyada por las guerreras.
Para conseguir vivir fuera del control masculino, las amazonas vivían en fortalezas
inexpugnables que se llamaban warmi pucara.

Estos pueblos de amazonas tuvieron fuertes relaciones comerciales con todo el imperio
inca y fueron muy respetadas. Hubo una reina amazona llamada Goboimilla que
significa “cielo de oro”, que pagaba tributo al emperador con ropa tejida.

Los incas utilizaron los términos chanchak marmi, kakcha, warkana o komi para
denominarlas como lesbianas.

Además de las amazonas nos encontramos con una zona de Perú donde también se
practicaba el matriarcado y eran llamadas capullanas. Si seguimos el relato de Fray
Reginaldo Lizárraga cuenta el siguiente relato “A orillas del río Motape hallé un pueblo
gobernado por mujeres que eran las capullanas, llamadas así por los españoles a causa
de su vestido que tenía a manera de capuces, con que se cubren de la garganta hasta
los pies, ciñéndose la cintura con bandas. Estas capullanas que eran las señoras en su
infidelidad, se casaban como querían porque al no contentarlas el marido lo desechaban
y se casaban con otro. El día de la boda, el marido escogido se sentaba junto a la señora
y se hacía gran fiesta de borrachera. El desechado se hallaba allí, pero arrinconado,
sentado en el suelo llorando su desaventura, sin que nadie le diese una sed de agua.
Los novios con gran alegría le hacían burla al pobre”.

Francisco de Toledo manda un informe la Rey de España sobre la situación del Perú y
decía “Fue la gente de la costa y llanos, a quien llamaba yungas, gentes muy débiles;
en la mayor parte de la costa gobernaban y mandaban mujeres a quienes llamaba
tallaponas y en otras partes llamaban capullanas. Estas eran muy respetadas, aun que
habían curacas de mucho respeto. Ellos acudían a las chacras y a otros oficios que se
ofrecía, porque lo de más ordinario se remitía a las capullanas o tallaponas; y esta
costumbre guardaban en todos los llanos de las costa como por ley y estas capullanas
eran mujeres de los curacas que eran las mandonas”.
Huanarpo

En la cultura inca debemos destacar la presencia de los huacos con una gran cantidad
de cerámica escultórica donde se veía las prácticas sexuales más habituales. Se
pueden comprobar cómo existían relaciones sexuales entre muchachos y estas no
tenían ningún tipo de implicaciones morales ni jerárquicas como las vemos actualmente.
Desde pequeño se enseñaba la experiencia amatoria. Se sabe que existían mujeres
dedicadas a instruir a los niños en la masturbación o como prolongar la erección.

Todo esto es visto hoy como perversiones o aberraciones, pero para la cultura inca estas
prácticas era lo más sano y normal. Lo podemos comprobar cómo los moches presentan
ocho formas de hacer el coito y podemos ver en los huacos como se hace la
masturbación y las relaciones homosexuales.

Es frecuente ver en los moches la práctica del sexo anal. Se cree que era un método
anticonceptivo muy practicado. Hay una cerámica donde se ve a una mujer dando de
lactar a su hijo mientras un hombre la penetra analmente, de esta manera se evitaría el
embarazo, pues hay una regla que dice que durante la lactancia la mujer debe evitar
quedar embarazada.

Hay mucha documentación que nos ha llegado de los incas lo que nos permite tener
una idea aproximada de su vida y costumbres y todo nos ha llegado a través de la
iglesia. Pero debemos saber, que lo que tenemos ha sido previamente seleccionado por
ésta y lo que nunca le ha interesado en función de su ideología lo ha eliminado. Veamos
algunos ejemplos Julio C Tello en su libro “La Antigüedad de la sífilis en Perú” dice “la
representación de la cópula de seres humanos con llamas se encuentra con harta
frecuencia”, sin embargo actualmente no encontramos nada de ello

¿Qué ha pasado?

Está clarísimo, la Iglesia católica que ha sido el guardia de la ortodoxia no puede permitir
que determinadas imágenes lleguen a las gentes actuales y se encargaron de
destruirlas. Debemos recordar como la gran poetisa griega Safo de Lesbos con una
ingente obra poética de amor a las mujeres prácticamente ha desaparecido porque la
Iglesia decidió que debía desaparecer. Aquí sucede lo mismo con determinados huacos
donde se daban representaciones de zoofilia, así como las prácticas de
homosexualidad. Esta ortodoxia cristiana ha supuesto una pérdida irreparable del
legado cultural de nuestros antepasados.

Lo mismo podemos decir de la iglesia con respecto al matriarcado, que como hemos
visto existía en zonas incas y la iglesia ha ocultado para imponer el patriarcado con su
rigorismo religioso y ético y reducir el papel de la mujer a la más pura sumisión.

En el mundo inca se han utilizado muy frecuentemente afrodisiacos sexuales, su


finalidad era aumentar la excitación y el placer sexual. Estos productos eran muy usados
tanto por la nobleza como por el sacerdocio inca. Dos son los productos más
consumidos: el chotorpo que era una planta macho y sirve para aumentar la resistencia
en la fornicación y el guarnapo que tenía el efecto contrario. Además, era frecuente el
uso de amuletos sexuales.

Todavía queda mucho por conocer de este pueblo inca que nos asombra por su
liberalidad.

FUENTE:https://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/cultura-inca-
sexualidad/20170306180802137423.html
EDMUNDO FAYANAS ESCUER
NUEVATRIBUNA.ES06/03/17