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09/08/19

Nombre: Rodrigo Quiroga Arismendi

Seminario: Cultura Material

Profesora: Alejandra Vega

Ensayo bibliografía

El humano y las cosas han estado estrechamente relacionados desde siempre,


una conexión y utilización que ha ayudado a la persona en su estado más simple,
cotidiano y casual dentro de un medio social como también individualmente a
sobrevivir al mismo mundo material, adaptarse a este , siendo “humanizado” en el
proceso, una especie de intermediario. El significado de un objeto puede tener
distintos enfoques, perspectivas, dependiendo enteramente(o una fracción, como
veremos a continuación) del que interactúa, abriendo una brecha en las teorías
respecto a un dilema que no solo se compacta a la mera cultura material, sino a la
realidad plausible abiertamente filosófica que vivimos. Queramos o no, lo material
y sus interacciones-consecuencias afecta de gran manera nuestra concepción
inmediata, autores como Woodward (2007, pp. 14-15) hablan de la cultura material
y su interacción en dos planos, uno más mental o relacionado con las ideas y el
otro palpable o físico. Asimismo, dando el rigor e importancia a los objetos, nos
permiten armar nuestra realidad y darle sentido al mundo. Hablar de la vida social
es mencionar todo tipo de interacción entre personas, resulta obvio mencionar a
los objetos dentro de esta categoría, ya que su calidad de externo le resulta
óptima en su significancia. Ver algo desde fuera y analizarlo es mucho más fácil
que pensar en uno mismo como tal, auto reconociéndose e intentando darse
propósito, la figura de objeto es perfecta como realidad inmediata maleable, capaz
de transmitirse ideas o al contrario, como veremos en el siguiente ensayo, la
capacidad infravalorada del objeto y su innegable participación en prácticamente
todo.
Para empezar toca plantearse acerca de que tanta importancia se le da a la
importante materialidad en su categoría social, siendo de esta manera importante
también como las intelectualidades han tratado el tema o si lo han usado
debidamente, Olsen dice al respecto:

“Sin embargo, creo que todavía se puede argumentar con fuerza que la
materialidad de la vida social ha sido marginada incluso estigmatizadas en los
discursos científicos y filosóficos durante el siglo 20”. (Olsen, 2003, p.1)

Dándonos una idea de lo grave de la situación, resultan claras las razones; un


enfoque completamente en nosotros, humanos, seres pensantes, diferentes a los
marginados objetos nos da una potestad hacia ellos, ejerciendo poder, por mero
uso. Durante el siglo XX como herramienta para otras investigaciones, se le
plantea puente hacia otros saberes más necesarios, Olsen menciona:

“lo material era sólo un medio para llegar a otra cosa y más importante, las
culturas y las sociedades: la vida de los pueblos pasados”. (Olsen, 2003, p.3)

De esta manera es como eran usado los objetos al menos en la arqueología y


otras disciplinas afines, su denominación de fuente le bajo todo el perfil posible
otorgándole erróneamente más teoría que práctica, olvidándose de lo importante
que es tener contacto con el pasado a estudiar

“En última instancia, haciendo hincapié en la manera en que las cosas crea gente
es parte de una estrategia retórica para reequilibrar la relación entre personas y
cosas, para que los artefactos no siempre sean vistos como pasivos y la gente
como activa”. (Gosden, 2005, p.1)

Planteamientos como el anterior nos dan idea de cómo deberían ser vistos los
objetos en su magnitud real, un puesto digno en el que se pueda dar cuenta de
otro fenómenos al respecto, revelando otra perspectiva Gosden (2005) nos
propone a los objetos en otro enfoque, podría decirse contrario, abriendo un
universo al grupo social añadiéndoles una obligación, la de adaptarse a su mundo
a priori, inmersos en el mundo del objeto y no al revés.

¿Pero esto es suficiente para darle un significado al objeto? se puede hablar de


cultura material o en este caso se puede definir a los objetos, no dándose
únicamente relaciones respecto a su función, sino como las personas
personalmente las significan o las relaciones que resultan a partir de estas,
sistema hablado o vivido de los objetos, siendo parte de un sistema de
significados y de la “realidad vivida del objeto” (Baudrillard, 1999, p.9). Pero se da
por hecho algo, la calidad de activos a las personas, significando algo, inanimado
e inmóvil; en su carácter de herramienta se le niega su rol en la mente del sujeto
como también en su vida social.

“…es de vital importancia para demostrar que podría haber muchos casos en que
las formas de pensamiento abstracto y la representación mental tomen la forma
sugerida por los objetos, en lugar de que los objetos simplemente estén
manifestando formas de pensamiento preexistentes”. (Gosden, 2005, p.3)

Y su importancia se puede ver reflejada en nuestra contemporaneidad, es cuestión


de observar la ropa, los artefactos, todo esa cultura material que nos rodea y
prácticamente nos abraza sin soltarnos, ese conocimiento que pareciera ya
obtenido o a priori, objetos que enseñan más que profesores o que trabajan mejor
que 100 personas, sea funcional o no, su aporte se puede observar alrededor y ha
pasado inadvertido, el hecho del reemplazo, la creación de inteligencias artificiales
y nuestra dependencia , al respecto: “debe ser una de cada vez mayor
importancia ‐ que cada vez que más y más tareas se delegan a los actores no
humanos, cada vez más y más acciones son mediadas por cosas” (Olsen, 2003,
p.2)

Siendo así, las consecuencias de la tecnología están presentes, no todos los


objetos son inmóviles y hasta algunos pueden suplir tareas del humano, de esta
manera las máquinas son una prueba actual de la significancia de los objetos y
como estos moldean el pensar del sujeto en colectivo, en su misión de consumir,
más bien dependen del artefacto, requieren su ayuda, su existencia se trastorna
en base al objeto: “Las formas de los objetos tienen efectos sobre las personas,
pero sólo cuando se modulan a través de historias de descendencia y modificación
y nociones de origen o procedencia”. (Gosden, 2005, p.5)

La cultura material generalmente tiene significancia dual, ya que se le puede aludir


a la forma y a la función:

“…puede ser discernidas dos identidades principales atribuibles a la cultura


material: una relacionada con su importancia funcional, tecnológica y de
adaptación, la otra con su significado social y cultural (su papel de signo, metáfora,
símbolo).” (Olsen, 2003, p.4).

Así es como tales identidades se corresponden, no excluyendo la una a la otra,


estas dos son dimensiones inherentes al objeto a partir de su contacto con el
sujeto, siendo este el actor en necesidad de dividirlo. Baudrillard(1999) plantea
algo parecido, dimensión esencial e inesencial explicándolos con un ejemplo: la
cafetera; siendo en este caso la forma, el color, la figura y el tamaño lo
psicológico-social, lo que no es necesario al sistema ni a su eficacia ni
optimización, en cambio, el motor siendo adherente al concepto de sistema
funcional como tal, no teniendo ni la necesidad de hacer café, como parte de su
socialización, un sistema lo más eficaz posible, técnico y estructurado; la otra
dimensión del objeto.

Se podría hablar de una tercera dimensión, considerada también para el tema a


tratar, en este caso la vida social, Appadurai plantea:

“La esencia de esta perspectiva puede formularse del modo siguiente: el


intercambio económico crea valor. El valor está contenido en las mercancías que
se intercambian. Centrándose en las cosas que se intercambian, y no
simplemente en las formas o las funciones del intercambio, es posible argüir que
lo que crea la conexión entre intercambio y valor es la política, entendida en
sentido amplio. Esta afirmación justifica la idea de que las mercancías, como las
personas, tienen una vida social” (Appadurai, 1986, p.17).
Se nos plantea una mayor importancia hacia los objetos además de darle atributos
humanos tales como la política, entendida como las relaciones o las luchas
directamente hacia el poder, el autor deja en claro su relevancia en la concepción
del sujeto, siendo mucho más que formas y funciones.

La larga duración de la cultura material da tiempo para que la socialización de las


personas pueda ser efectuada a partir de mundos materiales determinados antes
de su nacimiento (Gosden, 2005, p.4), la niñez es la etapa más importante porque
acondiciona la vida social del sujeto, rodeado de objetos ya “establecidos”
propuestos por la localidad, implantando de cierta forma una imagen
preestablecida y una idea de tal mundo: “La gente cristaliza en los intersticios
entre los objetos, tomando el espacio concedido a ellos por el mundo de los
objetos, con nuestros sentidos y emociones educados por el mundo objeto”.
(Gosden, 2005, p.4)

Pero esta importancia no implica la conciencia de la misma, los objetos pueden


tener su relevancia argumentada, pero siguen invisibilizados y las relaciones entre
sujeto-objeto son vistas inferiores a diferencia de las de sujeto-sujeto ampliamente
estudiadas:

“Así que tenemos un conjunto de relaciones que se dan por sentado como real,
auténtico y honesto, otro conjunto que a priori son falsas.” (Olsen, 2003, p.9)

El autor plantea tal desinterés por parte del sector académico hacia la cultura
material y los objetos, siendo cierto, pero con algo de optimismo, optando por
criticar y formular situaciones en las que los objetos son indispensables, en una
época en la que dependemos completamente de ellos, el control no es algo que
tengamos en su totalidad; a falta de un eje tan trascendente como sería la
manipulación de nuestras percepciones de las cosas, en este caso, un sistema de
objetos planeado para hacernos creer nuestra superioridad e intentar olvidarnos
de la vulnerable situación que nos dejan:

“Empiezas a preguntarte ¿solo? ¿Solo? ¿Sin apoyo? ¿No tenía la ayuda de un


par de esquís, la compañía de un trineo, la protección de la ropa, la comodidad de
una tienda de campaña y una bolsa de dormir, la alimentación de algunos
alimentos secos congelados, los 'ojos' de un navegador, vínculos de comunicación
con algunos satélites cruzando el cielo por encima de su cabeza, etc, etc?” (Olsen,
2003, p.14).

Sin embargo, es fácil confundir en estos parámetros a los objetos, al enfocarse


solo en el significado, pierde su carácter práctico, y en su labor servicial termina
convirtiéndose en un simple documento, representando signos y volviendo a la
categoría de inferior, a la espera de ser interpretado:

“Que la cultura material es en el mundo y desempeña un papel constitutivo


fundamentalmente diferente para nuestro ser en este mundo al de los textos y el
lenguaje”. (Olsen, 2003, p.4).

En conclusión puedo atribuirle a los objetos la importancia planteada en un


principio, intentando reivindicar la cultura material y su estudio a partir de los
argumentos planteados a lo largo del ensayo. La vida social y la influencia clara de
los objetos son innegables, siendo parte de la cosmovisión, perdurando en el
tiempo, esperando nuevos sujetos preparados para socializar en sus redes de
objetos.

La necesidad atribuida al sujeto puede ser discutida abiertamente, siendo una


comparación de autores, la perspectiva final la da cada uno respecto a su
contexto, teniendo en cuenta las dimensiones y concepciones hacia los objetos;
abstracto, funcional o político, todas están dentro de una misma red conectada a
nuestra cultura y la pasada, anclada a nosotros desde el principio y hasta el final.

No hay certeza de su relación jerárquica, entre sujeto y objeto, sin embargo, el


estigma de objeto pasivo, propiedad humana, al servicio de nosotros, va
cambiando y sus concepciones también. La significación de los objetos y la cultura
material en la vida social sería la de esencial y me atrevería a decir en algún grado
imposible, ¿pues que hubiese sido de nuestros primeros ancestros en un hostil
mundo sin lanzas, pieles sacadas de animales o simplemente comida? nuestro
cuerpo y naturaleza no ayudan mucho, obligando a nuestra mente a usar la
realidad material a su favor, imponiéndose frente a ella, no regalando ni un suspiro
en su intento de controlar lo ya controlado.

Bibliografía:
-Appadurai, A. (1986). La vida social de las cosas. México: Editorial Grijalbo.

-Baudrillard, J. (1999). El Sistema de los objetos. México: Siglo XXI.

-Gosden, C.(2005). What Do Objects Want? Journal of Archaeological Method and


Theory, Vol. 12.

-Olsen, B. (2003). Material Culture After Text. Norwegian Archaeological Review,


Vol. 36.

-Woodward,I.(2007).Understanding Material Culture.Denmark: Syddansk


Universitet.