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Al comando del amor Samantha Kane

Camaradas de Armas 4

Traduct oras Inexp erta s

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Al comando del amor Samantha Kane
Camaradas de Armas 4

Resumen
Ian había regresado del infierno de la guerra hacía dos años. Era tiempo de hacer
honor a la palabra empeñada hacia tantos años y casarse con su prometida la Srta. Sophia
Middleton.
Para Sophie muchos años han pasado desde que su padre firmó el compromiso
matrimonial con Ian Witherspoon, y por fin ha llegado el momento, por fin saldrá de su casa y
será libre. Que importa si el costo implica compartir a Ian con Derek sabiendo que nunca la
amará por que no se lo merece.
Ian solo podía pensar en conseguir su amor, ella era lo que Derek y él necesitaban,
amor, paz, alegría, hijos, si tan solo Derek pudiera aceptarlo.
Ella era lo Derek odiaba. Ella lograría quitarle su lugar en la cama y el corazón de Ian,
dejándolo sin nada. Pero no le sería tan fácil. Lucharía contra Ian, contra ella y contra sus
propios sentimientos ante la increíble mujer que iba descubriendo cada día.
Robertson sabía que la única manera de vengarse definitivamente de Lord Randall y
Tony Richards era dañando a sus amigos, Sophie, Ian y Derek serán sus víctimas para ello
cuenta con su más poderosa arma: el monstruo que acecha en las pesadillas de Sophie.
Las cartas están dadas, sólo falta saber quién comandará el amor…

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Capítulo Uno
Ian Witherspoon estaba absolutamente asombrado de lo tranquilo que se sentía
considerando que acababa de dejar a su amante para ir al encuentro de su novia. Por todas las
promesas que le había hecho durante los últimos doce años, que no podía recordar, en los que
ni siquiera la había visto, Entonces ella había sido una pequeña cosita ratonil de diez años,
delgada y de suave pelo castaño, puro ojos y ropa. Él había tenido entonces dieciocho
inmaduros años, y de muy mala gana había convenido el matrimonio sólo por congraciarse
con su padre.
Entonces comenzó la guerra, y Derek, había llegado y se había olvidado de la
amarronada1 pequeña Sophie Middleton. Oh sí, Derek. Su amante estaba menos que
emocionado con las próximas nupcias de Ian. Ian había intentado todo por hacerle entender a
Derek entender por qué lo hacía. Pero Derek rechazó escuchar, así como rechazaba hablar del
pasado o del futuro. Derek quería vivir el presente, sin pensar en causas o consecuencias. Ian,
realmente, no podía culparlo. Había visto demasiadas consecuencias en su corta vida. ¿Acaso
no las habían visto todos ellos? Pero su obstinado rechazo hasta para hablar de la situación
tenía Ian tremendamente frustrado.
Mientras se acercaba hacia la escalera del salón Ian pensaba en sus amigos Jason
Randall, Tony Richards y su esposa Kate, Lady Randall. Jason y Tony habían luchado al lado
de Ian y Derek en la Península, y habían sufrido de la misma manera que Ian y Derek en la
guerra. Sin embargo, ellos habían encontrado la felicidad con Kate. ¿Por qué Derek no podía
ver que Ian buscaba para ambos esa misma felicidad evasiva con la señorita Middleton?
Ian sacó a Derek y a sus problemas firmemente de su mente. Ahora mismo la
abandonada señorita Middleton lo esperaba con su padre en el salón. No sólo lo había estado
esperando desde la mañana, sino que hacía una semana que había llegado a su casa de
Londres solo por la semana, esperando regresar a Lake District donde había ido a ayudar a un
amigo que lo necesitaba.
Ian se detuvo el tiempo suficiente como para comprobar su corbata de fantasía en el
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Sophie siempre será pensada por Ian como castaña. Preferí elegir este “amarronada” porque me pareció que era el
adjetivo que mejor se adapta a la idea de castaña, considerando la predilección de Sophie por vestir prendas de color
marrón.
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espejo del pasillo. Quería asegurarse no solo de que su corbata fuera la adecuada, sino toda su
persona para pedir el perdón de la señorita Middleton, Ian dio un paso deliberadamente por el
pasillo hacia el salón. Un lacayo le abrió la puerta, entonces ni siquiera tuvo que detener sus
grandes pasos para entrar al cuarto. Los dos ocupantes se dieron vuelta hacia la puerta con
expectación e Ian les concedió una cortés sonrisa. .
— Buena días, señor Middleton, señorita Middleton, — él saludó. Había decidido no
mostrarse demasiado arrepentido ante ellos. Una pequeña cantidad de remordimientos, con
una disculpa vergonzosa sería requerida desde luego, pero principalmente esperaba
comportarse como se sentía, lamentaba haberlos hecho esperar, pero no lamentaba haber
ayudado a su amigo Jonathan Overton en su difícil momento. Conociéndose lamentaba haber
tenido que dejar a Jonathan demasiado pronto.
Ian vio que el señor Isaac Middleton lo evaluaba imperturbablemente. Sir Middleton
había sido armado caballero por lograr una cantidad obscena de dinero en el comercio. Oh, si
ellos dijeron que era por los servicios terriblemente importantes que había hecho para la
corona desde luego, pero todos y cada uno sabía que era por el dinero. Es por eso que Ian
había sido prometido a su hija. El padre de Ian era Lord Thomas Witherspoon, el hijo más
joven del Conde de Wilchester. Concedido, Ian no tenía un título él mismo y estaba más bien
fuera del circuito para ser Conde pero había notado que sus primos eran increíblemente
prolíficos, por eso se habían conectado con Lord Thomas Witherspoon necesitado de un
enorme préstamo y porque el señor Middleton quería ingresar a la alta sociedad. Así Sophie e
Ian fueron emparejados y los dos padres quedaron orgullosos y felices.
Ian había sido miserable desde entonces. Había estado imaginándose ser deslumbrado
por algún diamante de primera., cuando… y si lo decidía, se instalara. Con arrogancia había
asumido que su buen aspecto vencería su carencia completa de ingresos. Aquella carencia de
ingresos había permitido a su padre amenazarlo satisfactoriamente con cortar su pobre
mensualidad a no ser que se comprometiera con la muchacha. La pequeña y amarronada
Sophie no había hecho nada por mejorar el descontento de Ian. El único consuelo era que no
tendría que volver a verla durante al menos los próximos ochos años. Él se aseguró que esa
provisión estuviera en el contrato de matrimonio, a cambio Sophie recibiría un nuevo estatus
político por su matrimonio muy grande. Nadie pareció darse cuenta de que el dinero

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probablemente vendría de su propia dote.


Durante esos años Ian se había olvidado de ella. Cuándo le pidió a su padre que le
comprara una comisión en el ejército, Ian se había sorprendida cuando el anciano le había
preguntado, — ¿Y en cuanto a la señorita Middleton? — Él casi había contestado, — ¿La
señorita qué? —En su propia defensa ni siquiera había pensado que estaría en la guerra más
que un año o dos, y como la señorita Middleton tenía sólo dieciséis en ese tiempo asumió que
lo resolvería bien.
Había estado en la guerra durante cuatro años. Y cuando volvió, traía a Derek con él y
toda una flota de demonios tras sus talones. Se precipitó al lado de Sophie Middleton para una
boda pródiga que no pidió. No pensó en que ella se preocuparía demasiado; Le había escrito
para contarle de su comisión y no había oído ni una sola cosa de ella al menos en cuatro años.
Ella sabía donde estaba, podría haberse puesto en contacto con él. Y tampoco lo había
buscado en los dos años que hacía que había regresado.
Ian recordó el por qué finalmente había decidido casarse con ella. No tenía nada que
ver con sus encantos. Francamente no sabía si tenía alguno. Lo que quería era un nuevo
comienzo. Él tenía el amor de Derek, pero no había hecho a ninguno de ellos realmente feliz.
Ellos estaban anclados en el pasado, en una guerra de la que raras veces hablaban. La guerra
atormentaba a Derek mucho más que a Ian. Ian esperaba que pudieran comenzar de nuevo
con alguien no asociado a ella y a todo lo que pasó allí. Sophie Middleton era la forma de
hacerlo. Lo sabía. Finalmente podrían poner el pasado detrás de ellos y vivir totalmente en el
presente, para planear un futuro. Ian quería una familia. Quería niños. Y quería darle esas
mismas cosas a Derek.
Desde que Ian había decidido que deseaba casarse, lógicamente había concluido que la
novia que había tenidos esperando durante años, sería tan buena como cualquier otra.
Pensaba que después de doce años al menos la debía una boda.
Ian finalmente se permitió estudiar a la señorita Middleton. Ella lo había mirado
brevemente cuando entró, pero se había dado vueltas alejándose casi al instante. Notó ahora
que ella mordía su labio inferior nerviosamente y que tenía las mejillas rojas. Agarraba sus
manos uniéndolas delante suyo lo bastante fuerte como para blanquear sus nudillos. Estaba
tan marrón como siempre. El pelo castaño atrapado en un bollo muy útil, el vestido marrón

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más adecuado para un día de trabajo que para una reunión con tu prometido que no ves desde
hace doce años. Él asumió, con un suspiro hacia adentro, que sus ojos también serían todavía
marrones. Él la observaba de costado, muy nerviosa, y justo en ese instante, un pequeño rayo
de luz de sol se arrastró por la ventana para golpear su cara. Sus ojos brillaban como cálido
ámbar, y en su pelo los rayos de luz cobriza, daban a su tono de piel el color de la nata.
Interesante. Ella no era tan marrón después de todo
— Bien, Sr. Witherspoon, — ladró el Señor Middleton, capturando la atención de Ian,
— le agradezco que nos haya invitado antes de la boda. Estoy muy contento de ver que es un
hombre que cumple con sus promesas después de todo. Sus acciones me habían hecho
preguntarme si no estaba decidido dejar a Sophie y marcharse de su vida antes de casarse con
ella.
— Sí, — Ian habló arrastrando las palabras, — en cuanto a eso…
El señor Middleton lo interrumpió. — Ah bien, no es necesario que de alguna
explicación. Un joven con semillas para sembrar y después de la guerra, pues me atrevo a
decir que debía tener algunas semillas almacenadas, ¿no? — La risa de señor Middleton era tan
gruesa como su humor. — No importa, hemos mantenido a Sophie en casa estos años. No vi
ninguna necesidad de que callejeara sobre todo cuando ya había sido comprometida, entonces
no tiene que preocuparse por ella, si sabe lo que digo, hasta en una edad tan avanzada. No ha
tenida ningún galán que la comprometa. La hemos mantenido para usted, esté seguro.
Los ojos de Ian se ensancharon ante esta ordinaria afirmación. Él reflexivamente miró a
la señorita Middleton y la vio estremecerse de horror, sus rasgos cansados arrugaron su frente,
sus mejillas pasaron del rojo al blanco. ¿Qué diablos le había hecho a la pobre muchacha,
abandonándola a la sensible misericordia de Middleton todos estos años? Si ella no hubiera
sido una prisionera en su propia casa, su comportamiento muy probablemente no habría
promovido su timidez e inexperiencia. Ian le envió una pequeña sonrisa de entendimiento y él
vio sus ojos ensancharse con la sorpresa antes de que ella mirara abajo.
— La señorita Middleton puede requerir alguna explicación, — Ian le dijo su padre,
todavía mirando a la joven que mira fijamente la alfombra Aubusson2 bajo sus pies.

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Esto de traducir y tener excusas para agregar notas de pie me encanta, si no lo sabes las famosas alfombras
Aubosson, comenzaron a importarse desde Francia, del lugar del mismo nombre y solo para la nobleza en 1743, se
caracterizan por su gran tamaño y se dice que es la alfombra por excelencia de los reyes.
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— ¿Qué? — exclamó el señor Middleton. — ¿Qué Sophie necesita una explicación? Me


atrevo a decir que no. Ella hará lo que se le dice y no cometerá errores, señor Ella no hace
preguntas a sus mayores, ni nada por el estilo, como algunas jóvenes en estos días. Sabe cuál
es su lugar. No, Sophie no requiere ninguna explicación.
Ian no había dejado de mirarla por lo que pudo notar como ante eso se mordía el labio
inferior más duramente. Él deseba que ella hablara por ella misma. ¿Qué pensaba? ¿Quería
este matrimonio? Nunca se le había ocurrido a Ian que ella no lo quisiera. Había asumido que
ella estaría tan deseosa de casarse como cualquier otra joven. Él aún era atractivo en su
treintena, y había hecho bastante dinero propio en los años posteriores a su compromiso. Él
era, bajo cualquier norma, un candidato bastante deseable para cualquiera. Y consideraba que
la señorita Middleton era precisamente como cualquiera.
Sophie deseó que el piso se abriera y la tragara entera, incluso si caía directamente
sobre el diablo. Seguramente el Diablo era preferible a estar unos minutos más en compañía
del sapo autoritario, pomposo, insensible e ignorante de su padre. Sophie siempre se sentía mejor
después de que llamar a su padre de esa forma, aún cuando solo se oía en su cabeza. A veces
ella estaba tan enojada con él que no podía encontrar un nombre más sucio para llamarlo,
entonces sólo se conformaba con cantarse que lo odiaba, lo odio, lo odio, lo odio…. Esto calmaba
sus nervios y limpiaba su cabeza de manera que pudiera estar en su horrible presencia durante
otro día. .
El mantra de hoy era diferente. Hoy sonaba algo así como, por favor has que se case
conmigo, por favor has que se case conmigo. Ésta era una versión más corta de las oraciones que
ella envió a Dios cada día de los últimos doce años. Ella no sabía nada sobre él. En realidad
apenas lo recordaba, Cuando apareció ese día, había estado tan asustada como cuando había
ido con su padre a firmar los papeles del compromiso. Ella había asumido entonces que él se
parecería a su padre y a su hermano el malvado Harold, tacaño y vicioso. El sólo pensar que
estaría cerca suyo desde ese día, la había asustado terriblemente. Sabía como tratar con su
padre y con Harold, donde ocultarse de ellos y que evitar decir cuando la huida no era posible.
Ella no sabía como protegerse del Señor Witherspoon o de su padre.
Pero ellos la habían abandonado, allí, aquel día. Antes de irse él le había hablado
directamente, por primera y única vez. Recordaba sus palabras muy claramente, ella se las

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había repetido muy a menudo desde entonces.


— Bien, jovencita, — él había hablado arrastrando las palabras con una sonrisa, —
supongo que deberemos casarnos, ¡ummm! Me atrevo a decir que no será malo. No tengo un
carácter muy horrible, después de todo. Intentaré hacerte feliz y te trataré muy bien, supongo.
Pero primero ambos necesitamos crecer. Cuando seas mayor, señorita Middleton, vendré para
ti y serás mi esposa.
En los años posteriores a cuando la abandonó, la vida de Sophie en la casa de su padre
se puso peor y peor. La única cosa que la había mantenido sana todos esos años era recordar
sus palabras y la promesa que le había hecho. Sabía que ella no era ningún negocio. Harold se
lo había dicho bastante a menudo, que no era atractiva, que era demasiado simple, demasiada
delgada, demasiado poco inteligente como para pensar en ella. Harold se lo había dicho
porque su padre, el señor Witherspoon, se lo había dicho a él cuando había venido de visita.
Que él nunca querría a una muchacha como Sophie por esposa. Harold la torturó con sus
burla, sus amenazas de decirle al Sr. Witherspoon todo sobre ella, y una vez hecho,
seguramente él jamás vendría. Sophie no podía menos que pensar que eso sería algo bueno
para ella, en esos momentos no recordaba que fuera tan hermoso. Alto, de cabellera dorada,
clásicamente cortada, con amables ojos azules, del color del cielo en verano. Si lo hubiera
recordado no habría tenido ninguna esperanza de que volviera por ella tras esos largos años de
espera.
Entonces hacía dos meses atrás su carta llegó. Harold se había ido hacía casi un año, el
año más maravilloso en la vida de Sophie. Estaba en el Continente gastando cada penique que
podía exprimirle al Señor Middleton. Personalmente Sophie no creía que hubiera alguna
cantidad de peniques que salvara el alma deslustrada de Harold. Cuando su padre le dijo que
aquel Sr. Witherspoon finalmente había decidido casarse con ella después de todo, se
entumeció con el choque, sentándose en el pequeño solar que reclamaba para si durante horas,
incapaz de creer que fuera cierto. Aquella noche en la cena el señor Middleton le había
informado que viajarían a Londres dentro de dos meses para visitar al Sr. Witherspoon y hacer
los planes de la boda. Habían obligado a Sophie a acostarse temprano y apenas llegó a su
cuarto, casi lo estropea todo, comenzó a gritar y llorar hasta que no le quedaron más lágrimas
y su pecho y garganta dolían. Ella abandonaría la casa de su padre. Escaparía.

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Los dos meses pasados habían sido los tiempos más duros de los doce años anteriores.
Ella ahora sabía que la libertad la esperaba y eso hizo que sus cadenas fueran mucho más
difíciles de llevar. Cada mañana se despertaba preguntando si éste sería el día en que Harold
volvería y arruinaría todo. Pero Harold nunca vino, y finalmente, finalmente… llegó el día que
debían viajar a Londres. Sophie con mucho cuidado no había hablado más de una docena de
palabras con su padre desde que llegó la carta del Señor Witherspoon. Ella no le daría
ninguna excusa para posponer el viaje o, Dios no lo quiera, cancelarlo.
Y luego ellos estaban aquí, en su casa. Para Sophie la espera no había terminado; él no
había llegado. Durante una semana entera se preguntó si habría abandonado la idea de
casarse. Los pasos de un criado en el vestíbulo la hicieron estremecerse, seguro traía una carta
suya diciéndole que había cambiado de idea. Su padre se había adaptado al castillo como si lo
poseyera, llevando sus negocios desde la biblioteca de Witherspoon, bebiéndose sus bebidas y
reprendiendo a sus criados. Y Sophie había esperado silenciosamente, tal como lo había hecho
durante los doce años pasados. Por favor has que se case conmigo, por favor has que se case conmigo.
Y ahora aquí estaba él.
— ¿Señorita Middleton? — El Señor Witherspoon le hablaba, y comprendió que
esperaba una respuesta de ella. Él no iba solo aceptar las palabras de su padre como propias. Él
quería oírla. Esto era una experiencia embriagadora.
— Yo… — Ella tuvo que detenerse para limpiar su garganta. No se esperaba que
hablara muy a menudo. — No requiero explicaciones señor, estoy feliz de que usted
finalmente haya llegado. — Listo, eso debería estar bien. No hubo nada en su declaración que
pudiera ser tomado como una ofensa, seguramente. Fue cortés y evasivo.
— Espero que su espera no haya sido desagradable — el Sr. Witherspoon le contestó
correctamente— ¿Ha sido bien atendida por mis criados, se ha sentido cómoda?
— ¡No le haga caso, señor! —Dijo el Señor Middleton con ira—. ¡Finalmente llegó!
¿Verdad? ¿Te estás quejando, muchacha? — Él cruzó a través del cuarto para agarrar su brazo,
y Sophie se puso rígida en la preparación. Ella no se alejó, eso siempre lo hacía peor. Antes de
que él pudiera tocarla, el Sr. Witherspoon lo interceptó, conduciéndolo hábilmente al sofá.
— ¿Puede interesarle alguna bebida, señor Middleton? Tengo una colección bastante
impresionante de whisky. Un amigo de Escocia me las envía, sabe. Aunque sea algo temprano,

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creo que es tiempo de brindar porque finalmente este matrimonio va a celebrarse, ¿no es así?
— Él suavemente llamó al criado mientras hablaba. El mayordomo se materializó en la
entrada.
— Whisky escocés, por favor, Montague, — le dijo Witherspoon, y el criado giró
alejándose sin decir una palabra.
— Una bebida sería bienvenida, Witherspoon. Su mayordomo amablemente me deja
probar un poco de este whisky en su ausencia. Materia excelente, excelente.
Witherspoon por lo miró. — Gracias, señor Middleton. También es mi bebida favorita
Casi inmediatamente Montague reapareció con dos copas y una botella sobre una
bandeja. — ¿Té, señorita? — Él le preguntó a Sophie suavemente mientras vertía el whisky.
Montague había sido increíblemente cortés con ella, casi hasta amable, y en secreto a
Sophie le encantaba. Ella no se lo había dejado ver durante ese tiempo, era un criado, y su
padre se mostraba muy alterado cuando veía que ella era demasiado amable con los criados.
No quería que su padre se lo dijera al Sr. Witherspoon y por su culpa despidiera a Montague.
Cuando ella le contestó, mantuvo su tono impersonal. — No, gracias.
Witherspoon la miró de una manera extraña cuando ella contestó a Montague. Sus
rasgos permanecían neutros, pero por dentro ella sentía pánico. Oh Dios, ¿qué había hecho?
¿Debería haber tomado el té? ¿Haberle hecho caso a Montague? ¿O qué?
Witherspoon miró hacia atrás a su padre sin hablarle. — Aquí está su whisky, señor
Middleton. Realmente disfrute de él, mientras converso algunas ideas sobre la boda con la
señorita Middleton. Tema aburrido, realmente. Se la devolveré después de que nos hayamos
puesto de acuerdo en algunas cosas. —Mientras él había estado hablando, se había mantenido
en constante movimiento. Le dio a su padre su bebida y se deslizó para tomar el codo de
Sophie y la impulsó hacia la puerta. Ella caminó tiesa y torpe a su lado, sorprendida con su
capacidad de manipular a su padre, impresionada con el calor y la fuerza de su mano en su
brazo. Estaba preparada para su apretón pero no para uno que le dejaría una contusión
mientras la arrastraba detrás de si, sin embargo su aspecto permaneció apacible.
El padre de Sophie frunció el ceño. — El plan le gustará, Witherspoon. Sophie no
necesita una enorme boda como las de antes. No tengo mucho tiempo o dinero para gastar en
ella de todos modos. Ya gasté demasiado en ese departamento con la boda de su hermana

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Corrina, ahora, ella lo hizo bien, se casó con Lord Applesmith, ahora ella es Lady, — dijo
groseramente.
Witherspoon se detuvo en la entrada de salón y sonrió correctamente a su padre,
claramente rechazando sentirse ofendido — ¿Applesmith, usted dice? Un bueno hombre,
Excelente. Bien, la señorita Middleton podrá tener todo lo que quiera, me atrevo a decir.
Antes de que su padre pudiera contestar, el lacayo cerró la puerta detrás de ellos. Sophie
esperó oír el bramido después de ellos, pero el silencio saludó su salida. Ella con recato siguió
al Señor Witherspoon, pero por dentro se alegraba. Su padre le dejaba ir. Él ya dejaba la
molesta responsabilidad de ella al Sr. Witherspoon. Ahora si sólo pudiera estar segura que era
una cosa buena.
No soltó el tranquilo apretón del brazo de Sophie hasta que la llevó hacia el estudio,
por dentro estaba bullendo. Té, para ella, por el bien de Cristo, Qué imbécil completamente
desgraciado era su padre. No tenía ningún recuerdo de eso. Si lo hubiera sabido seguramente
habría rescatado a la pobre Sophie mucho antes.
Si ella quisiera ser rescatada, si quería… Él estaba algo inseguro de sus pensamientos y
sentimientos cuando entró en el salón. Ella no le mostró nada más que una obvia aversión
hacia su padre, quien era merecedor de ello. Ian realmente no podría culparla, de todos
modos. No, que no pudiera revelar como se sentía sobre él y este matrimonio. Tenía la
intención de averiguarlo una vez que la tuviera en el estudio. Tenía la esperanza de que le
hablara más allí. En realidad había contado sus palabras esta mañana. No había dicho más de
veinte palabras en toda la conversación.
Él condujo a Sophie directamente a una cómoda silla de un terciopelo borgoña
profundo. Ian y Derek habían pasado muchas horas instalados en la sala de lectura entre esas
dos sillas. Después de que ella se sentara, Ian se volvió y cerró la puerta para asegurar su
aislamiento. Cuando él regresó vio a Sophie un poco asustada. Maravilloso, su novia se
asustaba de estar en el mismo cuarto que él. Esto solo mejoraba cada vez más.
Ella no había dicho una palabra, nada. Si estaba asustada al parecer no iba a hablar
sobre ello. Suspirando por dentro, Ian con cuidado se acercó y se sentó sobre el posabrazos de
la silla donde estaba ella.
— Señorita Middleton… — él comenzó y luego hizo una pausa. — Te importa si te

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llamo Sophie?
Ella cabeceó. Bien, eso era una respuesta de todos modos. — ¿Eso es un sí me importa
o sí puedo llamarte Sophie? — Ian le preguntó tenso, intentando sacarla.
— Puede llamarme como le plazca, Señor Witherspoon, — ella le contestó suavemente.
Su voz era baja y ronca, probablemente por la completa carencia de empleo, pensó Ian
irónicamente. Sin embargo, él se encontró agradablemente sorprendido de sentir que le
gustaba. Esto levantó el cabello de su nuca en un signo seguro de deseo. Que raro había
resultado todo con ella, Ian reflexionó. Ojos de ámbar, pelo de cobre, la voz aterciopelada,
todo en Sophie Middleton resultaba ser nada de lo que él había esperado, como aspectos
completamente opuestos. . Él la miró con el ceño fruncido mientras pensaba.
De un modo distraído él miró la boca de Sophie apretarse. Alzó la vista a sus ojos y ella
rápidamente miró hacia abajo. Maldito, ella debió haberlo visto fruncir el ceño y asumió que
estaba enfadado en ella.
— Sophie, quise que habláramos a solas para saber si todo está bien contigo... — Ian
mantuvo su tono apacible y enseñando en sus rasgos una máscara agradable.
Sophie solo lo miró confusa. — ¿Si… si estoy bien?
Ian agitó una mano vagamente en el aire. — Todo esto, la boda, el matrimonio, yo.
¿Quiéres casarte conmigo? No tienes que llevarlo a cabo si no quieres, lo sabes. No lo haré.
Cuando hayas crecido, señorita Middleton, vendré por ti y serás mi esposa. Él no quiere casarse
conmigo, Sophie pensó, horrorizada. Esa fue la promesa hecha por un muchachito al que
obligaron en una situación en la que de ningún modo tenía control. Ahora que era un hombre,
no quería casarse con ella. Oh, ella lo supo a lo largo de todo este tiempo, realmente. Harold
había intentado advertírselo pero ella no había querido creerlo. Ella se había convencido que
era nada más que tortura emocional, pero él había estado diciéndole la verdad. Ella debería
haber supuesto cuando el Señor. Witherspoon esperó cuatro años más desde la fecha
especificada en el contrato de matrimonio para ponerse en contacto con ellos, debería haberlo
sospechado. Y ahora aquí estaba, él iba a regresarla deprisa.
Sophie cerró sus ojos. Después de las dos o tres primeras veces que Harold la había
tocado, ella había dejado de pedir. Ella no le daba esa satisfacción, fuera lo fuera lo que le
hiciera. Pero ahora ella pediría si tenía que hacerlo. No tenía nada de orgullo, nada que perder.

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Le pediría al Sr. Witherspoon que se casara con ella. Despacio Sophie se hundió bajo sus
rodillas.
Derek se había acercado hacia las puertas ventana de la terraza cuando oyó a Ian y su
novia bajar por el pasillo al estudio. Él había estado ocultándose allí, intentando sentirse
cómodo en uno de los cuartos favoritos de Ian y suyo. Ahora, sería corrompido por esa
hembra.
Ella sonaba como una idiota. — Puede llamarme como le complazca, Sr.
Witherspoon, y… ¿Si estoy bien? — Dios, ¿Cómo Ian podría soportarlo? Derek se sintió
tentado de echar una ojeada y ver cómo era. Él podía imaginarla con su pelo castaño perfecto
y ojos negros vacíos, vestida a la última moda, con las ropas más caras. Su papá le había
comprado a alguien de la nobleza. ¡Bah! Ella era una puta que follaba en su camino hacia la
nobleza.
Cuando Ian le preguntó si ella quería casarse con él, Derek sostuvo su aliento. Quizás
ella le diría que no. Ian no lo haría, él decía la verdad. Él la había puesto en libertad y decidía
jugar el papel de sinvergüenza arriesgando su reputación. Ella estaba silenciosa entonces Derek
se movió e inclinó para mirar desde la puerta.
— ¿Qué diablos? — Ian exclamó de repente dentro del estudio y Derek se movió más
rápido para mirar a través del vidrio. No supo que hacer con la escena que lo saludó.
Ian estaba de pie delante del sillón y la señorita Middleton se arrodillaba ante él.
Cuando Derek miró, ella bajó su cabeza al piso a los pies de Ian, abrochando sus manos antes
ella como si rezara.
— Por favor, Sr. Witherspoon, si tiene algo de caridad en su alma, por favor, le pido,
cásese conmigo. — Su voz era baja, ensordecida por la alfombra, pero Derek podía oír el
temblor en ella, casi podía sentir su sinceridad. Ella no es perfecta, fue en todo lo que pudo
pensar.
— Sophie, Sophie, por favor, levántate, — Ian le imploró, alcanzándola y agarrando
sus hombros para levantarla. Él logró levantar su cabeza y torso aunque ella permaneció
arrodillada. Derek se hizo hacia atrás al ver las lágrimas sobre su cara.
— Le juro, Sr. Witherspoon, — ella le dijo fervientemente, con su voz enronquecida, —
seré una esposa buena, dócil. Haré lo que usted quiera, lo juro. Usted puede despedirme cada

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vez que no me necesita más. Puede enviarme al campo, iré silenciosamente. Sé que no soy un
buen negocio, pero usted nunca lamentará casarse conmigo, se lo juro. — Ella vaciló, pero se
precipitó cuando Ian comenzó a hablar. — Sé sobre su amante, sobre el Sr. Knightly. No me
importo, se lo juro. No me meteré en su camino, no me quejaré. Solo le daré un heredero si
eso es todo para lo que me necesita y me diluiré en el fondo. — Ella obviamente no
comprendía la repulsión que sentía ante la idea de que Ian la aceptara sólo por un niño con su
cara.
— Por favor, por favor, no me envíe de regreso. No lo haga, se lo pido. — Lo último
fue dicho con un sollozo mientras se derrumbaba e Ian la levantaba del piso y la sentaba sobre
el sofá. Él se sentó al lado de ella, todavía sosteniendo sus hombros, y ella visiblemente
estremecida.
— Sophie, tengo la absoluta intención de casarme contigo si es lo que deseas. Shh, mi
querida, — él canturreó, empujando un pañuelo en su mano—, deja de llorar. No te enviaré
de regreso, incluso si no quieres casarte conmigo. Encontraré un lugar para ti. Nunca tendrás
que volver, Sophia, lo juro.
— Sophie, — ella susurró tan suavemente que Derek casi no la oyó.
— ¿Qué? — Ian preguntó, confuso.
— Mi nombre es Sophie, — ella dijo, limpiando sus ojos. Ella miró a Ian como si él
hubiera colgado la luna. — Y quiero casarme con usted, Sr. Witherspoon.
Ian recogió su mano con las suyas. — Entonces vamos a hacerlo, Sophie—, él le dijo
suavemente—, cuanto antes. — Él con cuidado sostuvo su mano entre las suyas—. ¿Me
harías el honor de ser a mi esposa, Sophie? — Ella cabeceó rígidamente y comenzó a llorar
otra vez. Ian se elevó para sentarse a su lado, torpemente acariciando su espalda mientras ella
sollozaba en su pañuelo.
Derek silenciosamente se alejó de la puerta y se apoyó detrás contra la áspera pared de
ladrillo. El infierno sangriento, ¿cómo luchar contra esto? La Señorita Middleton resultaba ser
un enemigo más formidable de los que alguna vez podría haberse imaginado.
Él miró desde la terraza hacia abajo, a los jardines y el césped. ¿Por qué Ian la trajo
aquí? ¿Por qué insistió en cambiar todo? Ellos habían sido felices de la manera en que estaban,
¿verdad? ¡Ellos vivían silenciosamente, disfrutando de su ocio, y tenían mucho de ello! ¿Por

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qué un hombre dejaría eso por una esposa y un hijo llorón? Ian había intentado decirle a
Derek que este matrimonio era tanto para él como para Ian. Que Derek necesitaba una mujer
en su vida, una familia propia. Con el reclamo de Ian a la señorita Middleton, ellos podrían
tener eso y seguir juntos, exactamente como Jason, Tony y Kate.
Derek se sentó sobre uno de los bancos, y luego se recostó sobre él. Él descansó con un
pie sobre el banco y levantó su brazo a través de su frente, borrando el sol mientras miraba
fijamente a las nubes. Su confusión interior parecía ridícula ante su relajada postura. Él pensó
otra vez de los motivos de Ian para este matrimonio. ¿Es que acaso Ian no era muy feliz?
Quizás su vida no tenía altura máximas, ¿y qué? Él había visto bastantes de ellas con la
guerra. Deliberadamente bloqueó los recuerdos. Y si Derek no quería pensar en el futuro, ¿Y
qué? La guerra seguramente les había enseñado que cualquier futuro era incierto. Lo mejor es
vivir el ahora y dejar al futuro tener cuidado de sí.
Le gustaba su vida tal como estaba. La gente no lo molestaba y él no se sentía solo.
Tenía el tiempo para sus libros, y a Tattersalls. Quizás un día él participaría de algunas
carreras. Sí, eso es lo que él haría algún día. Y no era como si necesitaran el dinero de la
señorita Middleton ahora. Brett Haversham los había ayudado a tener una pequeña fortuna, y
Derek había aprendido bastante de él así que podría seguir haciéndolo bastante bien solo. Él
había cambiado la modesta herencia de su padre en un ingreso bastante presuntuoso.
Esto era otra cosa. Familia, familia, familia. Ian siempre hablaba sobre el deseo de una
familia. Derek no lo entendía. Él había sido único hijo, mientras tenía a sus padres. Su madre
murió cuando él era jovencito y él y su padre no habían estado particularmente muy cerca.
Cuando murió antes de que Derek volviera de la guerra sintió una pequeño pesar, pero
seguramente no se había sentido devastado. No era como si las numerosas relaciones
familiares de Ian hubieran sido más exitosas. Ellos se habían desprendido de él por Derek.
Derek sentía de tanto en tanto una cierta puñalada de culpa sobre ello, pero había sido
decisión de Ian. Derek sabía que Ian echaba de menos a sus hermanos, las enormes reuniones
del clan Witherspoon que ocurrían varias veces por año. Él había crecido con tantos parientes
que no podía ir al baño sin tropezarse con uno. Y ahora solo eran los dos.
Derek se sentó de repente cuando una horrorosa idea le apareció ¡Por Dios!, ¿Cuántos
niños querrían Ian? Seguramente demasiados. Él gimió y colgó su cabeza. ¿Qué mierda hacía

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Ian? ¿Había perdido la cabeza?

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Capítulo dos
Después de su emotiva reunión en el estudio, Ian sugirió a Sophie que subiese a
descansar. No se molestó en informar a Sir Middleton acerca de lo que habían acordado. Se
limitó a enviar a un lacayo para informar que Ian y Sophie estarían ocupados el resto del día.
Si ahora lo viese, Ian tenía miedo de matarlo, literalmente. Casi podía sentir la garganta del
hombre aplastándose lentamente bajo la presión de sus manos, silenciando sus obscenas y
depravadas palabras para siempre. No quiso presionar a Sophie con detalles de porque pediría
a un virtual extraño que se casara con ella. Era suficiente con que lo hubiese hecho así. Ella era
su responsabilidad ahora.
No quería que la boda supusiese una carga para Sophie, así que escribió una nota a
Kate, Lady Randall, la esposa de un viejo amigo. En ella informaba a Kate de su próxima
boda y le pedía que por favor ayudase a su novia a prepararse. El sabía que Kate vendría.
Luego fue en busca de Derek.
Encontró a Derek arriba, en su habitación. Derek casi nunca la usaba. Cuando él
dormía, algo que no era frecuente, lo hacia con Ian, en su cuarto. No era un buen augurio
encontrar a Derek en la poca frecuentada habitación.
Cerró la puerta detrás de él cuando entró. Si él y Derek iban a tener una discusión
prefería no anunciárselo a los criados o a Sophie. Derek lo sorprendió girándose junto a la
ventana por la que había estado mirando.
— ¿Entonces todo está decidido? —Preguntó Derek en un tono neutro poco habitual en
él. El sexto sentido de Ian percibió problemas inmediatamente.
—Si. Sophie ha aceptado ser mi esposa. Respondió con cautela. –Me gustaría hacerlo lo
más rápidamente posible. Estoy pensando en conseguir una licencia especial.
Derek lo miró durante unos instantes como esperando que continuase. Cuando no lo
hizo, miró a lo lejos, su expresión se resquebrajó lo suficiente para mostrar a Ian un atisbo del
enojo y de la frustración que sentía. Miró de nuevo hacia Ian una vez que logró recuperar el
control. — ¿No ha pasado nada interesante entonces?
Ian dudó en contarle la escena que había tenido lugar en el estudio, pero decidió no
hacerlo. Derek despreciaba la debilidad. Lo había aprendido en la guerra. La debilidad
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significaba que no vivirías mucho tiempo. No quería que Sophie empezase ya con una marca
contra ella, por lo que negó con la cabeza.
—No, no realmente. Su padre es un patán, sin embargo. Cuanto antes podamos
librarnos de él, mejor.
Derek desabrochó con ira los botones de su abrigo y puso las manos agresivamente
sobre sus caderas. –Así que estás ansioso de casarte con ella para deshacerte de su padre. Esa
es una buena razón. Si, puedo apoyar esa lógica.
Ian suspiró. –Derek… su voz sonó calmada ya que no sabía que más decirle. Había
intentado explicárselo pero Derek no había querido escuchar.
—No digas Derek. —Cogió una silla junto a un pequeño escritorio y se dejó caer en
ella. Ian se estremeció. La silla era una Luís XV y la miró como si fuese a partirse en dos por el
tratamiento de Derek. Derek gesticuló salvajemente hacia el antiguo e impersonal dormitorio.
— ¿Entonces estoy desterrado aquí? ¿Debo trasladar mis cosas hoy?
Ian se contuvo apenas de gritarle una respuesta afirmativa. ¿Por qué estaba Derek
haciendo esto tan difícil? Ian había realizado todo lo que se le había ocurrido para intentar
hablar con Derek acerca de este matrimonio, pero Derek se negaba. Él huía siempre, sin oír
sus explicaciones. Ian había dejado de intentarlo. Estaba desesperado y completamente
frustrado. No sabía que más hacer aparte de llevarlo acabo y tratar con las consecuencias
luego. Sabía en su corazón que era lo mejor para ambos. ¿Por qué Derek no podía confiar en
que él estaba haciendo esto por los dos? ¿Acaso no había cuidado siempre de Derek, hecho lo
que era mejor para él?
—No. —Se obligó a si mismo a ser paciente. –No quiero que te traslades aquí. Quiero
que te quedes en nuestro cuarto, donde siempre has sido bienvenido y donde lo seguirás
siendo.
— ¿Por nuestro cuarto te estas refiriendo a tu nueva esposa? Sé que tú prefieres
mantener a tus amantes a mano. Pero no creo que ella esté entusiasmada por compartir su
alojamiento conmigo. —Derek se puso en pie con la misma violencia con la que se había
sentado. Comenzó a pasearse delante de Ian. –Ella va a tomar el control, es lo que las mujeres
hacen. Pronto estarás bailando su melodía. “Si Sophie” “No Sophie” es suficiente para
hacerme sentir enfermo.

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La negativa de Ian murió en su boca, en cambio preguntó — ¿Cómo has sabido que su
nombre es Sophie?
Derek giró y lo miro con aire de culpabilidad, esta vez Ian realmente suspiró.
– ¿Entonces has escuchado la conversación?
Derek continuó el ataque inmediatamente. –E hice bien, ya que tú no ibas a contármelo
todo. ¡No puedo creer que te pidiese que te casases con ella! Y tú te lo tragaste, cada palabra.
Te compadezco por ser tan crédulo. Y si, realmente ella es tan… patética, aún te compadezco
más. Pasó sus manos por su pelo con frustración. – ¡Intento salvarte, Ian, de cometer un
tremendo error! Págale y échala. Si te casas con ella nos convertiremos en unos desgraciados.
Ian caminó fatigadamente hacia la cama y se sentó en el borde. Olía a humedad por la
falta de uso. –No puedo Derek. Si lo que sospecho es verdad…no puedo. No viste su cara.
Está desesperada. Ella me necesita. —Alzó la vista hacia Derek con esperanza. –Ella nos
necesita, y nosotros la necesitamos a ella.
Derek retrocedió alzando sus manos de forma defensiva. –Oh no, no me arrastres a
esto. Tú eres el que quiere casarse, no yo. Yo soy la victima aquí. Ella es la araña atrayendo a
la confiada mosca, esa serías tú, en su tejido de culpa y piedad. Puedo ver a través de ella. Ian,
no podrá resistirse a ti, nadie puede. Ya verás, enseguida estará detrás de ti para deshacerse de
mí. Dejo de retroceder y le apuntó con un dedo. –Oh si, esa fue la parte más conmovedora de
su discurso, cuando aseguraba que no le importaba que tuvieses un amante.
—Derek.
Una vez más Ian fue interrumpido. –No lo hagas, —advirtió Derek, entrecerrando los
ojos en dirección a Ian. –No intentes que tenga compasión de ella. Ha conseguido que te cases
con ella, ¿No? ¿Por qué coño voy a tener que tener compasión de ella? —Derek se quitó el
abrigo y lo lanzó a través de la habitación.
—Soy consciente…
— ¡Eres completamente inconsciente! —Gritó Derek. –Te está manipulando. No digo
que su padre no sea un desgraciado, y que probablemente la ha intimidado desde la cuna. Pero
te está usando, Ian. Para ella solo eres una salida de su infierno personal. Maldita sea, tú
puedes tenerme y a ella le importa una mierda. Solo eres un cuerpo caliente que arrastrar
delante de un cura y que abrirá la puerta de su celda. No te conoce, y no te ama.

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—No puedo ver…


— ¡Exactamente! ¡No puedes ver nada!
Derek siguió despotricando contra Sophie y el matrimonio. Ian había escuchado los
mismos argumentos durante meses. Derek no estaba diciendo nada nuevo. Posó una mirada
distraída sobre él. Dios, a veces olvidaba lo increíblemente guapo que era. Era
extremadamente alto, no importaba donde fueran, siempre era el hombre más alto. Tenía el
pelo castaño, grueso y ondulado, ojos color avellana de una hermosa mezcla de verde y gris.
Sus brazos eran fuertes y musculosos, sus hombros anchos, sus caderas y cintura eran
delgados, pero sus nalgas estaban agradablemente redondeadas, firmes y musculosas y
encajaban perfectamente en las manos de Ian. El oscuro pelo de su pecho se estrechaba por su
vientre hasta formar un espeso nido alrededor de su pene. Ian amaba enterrar su nariz allí y
oler esa esencia almizclada de Derek que lo volvía loco. Las piernas de Derek eran
larguísimas, fuertes, con duros músculos y estaban cubiertas por un grueso vello oscuro.
Cuando Ian montaba a Derek, firme y duramente, el pelo de sus piernas rozaba los muslos
más lisos de Ian, enviando escalofríos directamente a su polla. Derek era todo un hombre, y
todo suyo. De repente Ian se dio cuenta de que Derek había dejado de hablar.
—Dios, maldito seas, —susurró Derek. — ¿Cómo puedes casarte con ella cuando me
miras a mí así?
— ¿Vas a permitirme hablar? —Preguntó Ian bromeando.
—Si tienes algo que vale la pena decir. —Contestó Derek, de nuevo recobrando su
beligerancia. Con una mano indicó a Ian que hablase.
Ian sonrió. —Te amo. Derek resopló y la sonrisa de Ian se convirtió en una burlona
sonrisa ladeada. —No tengo nada más que decir. Apenas puedo pensar coherentemente.
Estaba aquí sentado pensando lo increíblemente atractivo que eres, y que eres mió, y ahora
estoy tan duro como una lanza y no puedo pensar en absoluto.
— ¡Aargh! —Gruño Derek—. Estoy listo para la batalla y tú me desarmas de nuevo con
tu encanto de mierda. Esto realmente apesta, Ian.
—Lo se. Ven aquí y haz algo con esto. —Ian se recostó sobre la cama apoyándose sobre
sus codos, su erección presionando contra el frente de sus pantalones.
Derek se arrancó la corbata y la lanzó al suelo. Mientras abría su camisa gruñó, —Si

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piensas que voy a ir ahí y chupar esa dura polla que estas mostrando, puedes pensarlo de
nuevo.
—Bien. —Ian se mostró agradable. — ¿Si no es aquí, dónde?
Derek se encontraba de pie en medio del cuarto. Su camisa abierta colgaba sobre sus
anchos hombros, enmarcando la perfección de su pecho y estomago. Sus pantalones estaban
bajos sobre sus caderas y cuando Derek apoyó los puños sobre sus caderas los empujaba lo
justo para que Ian pudiese ver el nacimiento del vello púbico que amaba. Ian sintió como su
polla daba un tirón. Alzó la vista hacia Derek y elevó una ceja. — ¿Estas exhibiendo ese
cuerpo para mi beneficio? Estoy realmente duro. ¿Estas intentando que me corra aquí solo?
—Contra la pared, junto a la puerta. —Ordenó Derek.
Ian se levantó. –Hoy tus deseos son órdenes, Derek. —Pasó junto a él y fue hacia la
pared, se giró y se apoyó contra ella, entrecerró sus ojos. — Pero mañana es mi turno de
nuevo.
— ¿Ah, si, vas a hacer todo lo que yo quiera hoy? —Derek alardeó frotando sus manos.
–No sabía que supieses como soltar las riendas.
—Tú nunca has querido que lo hiciese. Amas ser montado duramente. —Ian abrió sus
pantalones y los empujó hacia abajo para dejar libre su polla. Estaba tan dura que golpeó
contra su estomago mientras él se recostaba contra la pared. –Olvida lo que he dicho. Tú harás
lo que yo ordene, y ahora mismo quiero que vengas aquí y chupes esto.
Derek se dirigió hacia la pared moviéndose con la gracia de un maldito gato predador.
Cristo, todo acerca de él excitaba a Ian, incluso después de cinco años juntos. Derek apoyó un
antebrazo en la pared, junto a la cabeza de Ian y se inclinó para susurrar en su oído.
— ¿Y que harás tú por mí, amante, si yo chupo esa polla? —Las palabras de Derek
estuvieron acompañadas por un ligero roce a lo largo de toda la longitud de la erección de Ian.
Ian giró la cabeza para poder mirar a Derek, sus caras tan cerca que podría haberlo
besado casi sin moverse. –Hazlo bien y yo te follaré con ella más tarde.
—Tú siempre sabes lo que tienes que decir. —Bromeó Derek y se movió el pequeño
espacio requerido para que sus labios se encontrasen.
Ian inmediatamente abrió su boca y devoró la de Derek. Comió sus labios y aspiró su
lengua acariciando el interior de sus mejillas. Sus dientes mordisquearon el labio inferior de

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Derek y Derek se apretó contra él. Ian dobló su rodilla para permitir que Derek montase su
muslo, su polla era un bulto caliente contra él. Ian lo rodeó con sus brazos para alcanzar el
culo de Derek, las firmes nalgas llenaron sus manos y presionó la polla de Derek contra su
muslo. Derek se liberó de su beso con un estremecimiento.
—Cuidado con eso, Capitán. —Dijo Derek temblorosamente. –Puedes hacer un daño
permanente de esa forma. —Su aliento silbó cuando Ian exprimió una de sus nalgas con fuerza
y trazó el caliente valle en el centro de sus pantalones con los dedos de la otra mano. Dios,
Derek amaba eso, el recordatorio de lo que le esperaba más tarde le condujo más profundo en
el remolino de su deseo.
—Dios, mira que eres fácil. —Ian se rió con la voz ronca. –Al menos podrías intentar
ponerte difícil.
—Creía que lo hacia, —contestó Derek con irritación, su argumentación minada por un
fuerte empujón contra el muslo de Ian y otro estremecimiento.
Solo aquí, con Ian, era Derek capaz de mostrar su debilidad. Era una de las cosas que
Derek amaba de estar con él. Su debilidad era un desencadenante para la pasión de Ian. Ian
ansiaba su rendición, y rindiéndose, Derek vencía. Él poseía el alma de Ian tan completamente
como Ian poseía la suya.
Ian se rió de nuevo. Apartó sus manos del culo de Derek y éste comenzó a quejarse
hasta que Ian descansó sus palmas contra su estomago y lo acarició en su subida hacia los
hombros de Derek. –Quítate la jodida camisa.
La voz de Ian sonó baja y profunda, y cuando Derek miró su cara los ojos de Ian eran
duros y estaban nublados por el deseo. Aquella mirada había precedido a tantos momentos de
amor y saciedad sexual que habría bastado para poner duro a Derek, incluso si él no lo
estuviese tocando así. Derek jadeó cuando sintió el tirón de su polla.
—Jesús, ¿Vas a correrte ahora? —La voz de Ian sonó divertida, con un hilo subyacente
de indulgente satisfacción.
—Podría hacerlo, ya que es tu polla la que esta lista para ser chupada, no la mía.
—No hagas a otros… —murmuró Ian con una astuta sonrisa burlona.
—Vas a ir al infierno, Ian Witherspoon. —Derek lo reprendió irónicamente.
Tras esas palabras Ian empujó bruscamente la camisa de Derek de sus hombros y le

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ayudó a sacársela por sus brazos para dejarla caer al suelo. –El cielo primero. —Contestó Ian.
Derek gimió cuando Ian se inclinó para morder un pezón duro por la excitación. Luego se
echó ligeramente hacia atrás para lamer la picazón producida, antes de hacerse hacia un lado
para empezar a deslizar indiscriminadamente su lengua a lo largo de los músculos del pecho
de Derek, sus dedos se enredados en el pelo que allí había, tironeando con cuidado. La cabeza
de Derek se hizo hacia atrás y mordió sus labios para impedirse gemir mientras agarraba los
hombros de Ian. Se deleitó en la adoración de Ian a su cuerpo. Sabía que podía hacer que Ian
se volviese loco solo con un vistazo de su pecho o brazos. Ian se volvía completamente salvaje
cuando veía a Derek desnudo.
Ian suavemente envolvió con sus brazos el pecho de Derek. Sus dedos acariciaron su
columna mientras levantaba la cabeza para lamer sus labios. Derek abrió su boca para permitir
la entrada a Ian y se perdió en un beso increíblemente tierno, suave y posesivo. Cuando Ian se
echó hacia atrás, Derek se encontró con que sus propios brazos rodeaban el cuello de Ian, sus
dedos enterrados en su suave pelo de bebé. Se aferró a él hasta que Ian suavemente lo empujó
para que dejase caer sus brazos.
—Quítate el resto de la ropa. —La orden fue emitida con una voz firme, una que no
permitía ningún tipo de desobediencia. Derek lánguidamente obedeció.
Era una sensación especialmente erótica estar desnudo en los brazos de Ian mientras
este permanecía vestido casi completamente. Hacia que Derek se sintiese un poco como un
esclavo sexual, y en secreto era una sensación que a él le encantaba. Bueno, no tan secreto. Se
lo había dicho a Ian una vez, y se había convertido en uno de los juegos favoritos de Ian.
Cuando Derek estuvo orgullosamente desnudo, Ian sintió como el espectáculo
aumentaba aun más su deseo. Lamió sus labios y dirigió su puño hacia abajo para envolver su
pene y bombearlo varias veces, claramente disfrutando de la vista. Derek se mantuvo
dócilmente frente a él, el objeto de su deseó, dispuesto a cumplir cada orden de Ian.
—Mastúrbate para mí. Quiero verte venir.
La respiración de Derek saltó. Cristo, Ian lo estaba haciendo arder hoy. Cuando lo
miraba así, haciendo que Derek actuase para él, podía sentir su poder sobre su amante. Miró
fijamente a Ian y despacio dejó correr sus manos sobre su pecho, deteniéndose para pellizcar
con fuerza sus propios pezones. Los froto con las palmas de sus manos y saboreó la picadura.

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Camaradas de Armas 4

Ian lo miró todo con avidez, su respiración se volvió inestable.


— ¿Vas a venirte solo con mirarme? —Derek parecía casi aburrido, pero su laboriosa
respiración contradijo esa impresión.
Ian le sonrió perversamente mientras soltaba su polla. –Oh, no querido. No tengo
ninguna intención de negarme a mi mismo el placer de entrar en tu boca.
La cabeza de Derek perdió terreno y dirigió sus manos hacia abajo por su estomago
hasta que alcanzó su polla, la sostuvo firmemente en su mano mientras con la otra buscaba sus
pelotas y las hacia rodar juntas. El placer hizo que elevase su cabeza e inclinase sus hombros.
—Amas estos juegos, ¿Verdad? —Ian susurró guturalmente. –Amas mostrarme tu
cuerpo para hacer que lo desee ferozmente cuando veo como disfrutas dándote placer a ti
mismo.
—Si. —El tono de Derek sonó áspero y desafiante mientras veía como Ian miraba
fascinado como su dedo extendía suavemente el líquido preseminal alrededor de la cabeza de
su pene, hasta que ésta brilló con el sol que entraba por la ventana a su izquierda. Ante esa
visión, Ian se apoyó contra la pared, cerró sus ojos y tragó con fuerza. Cuando abrió
nuevamente los ojos rió débilmente.
—Si continuas con esto, amor, no vas a conseguir chupar mi polla, y yo sé que lo
deseas.
Derek se detuvo y dejó ir su polla. —Bastardo, —susurró. Despacio caminó hacia
delante hasta que estuvo tan cerca de Ian que pudo ver sus pupilas dilatadas por el deseo.
—Permiso Capitán, para chupar y masturbarme al mismo tiempo. —Sonrió
irónicamente. –No voy a durar tampoco, estoy jodidamente cerca. Quiero saborearte en mi
boca cuando me corra, Ian. Necesito saborearte. —No esperó por el permiso, se puso de
rodillas ante Ian, sujetando tanto su propia polla como la de él, se echó hacia delante y chupó
la caliente y firme cabeza de la polla de Ian.
—Si, —silbó Ian, sus manos se dirigieron a los lados de la cabeza de Derek. Una sujetó
su pelo fuertemente la otra la colocó tiernamente sobre su mejilla. –Si, córrete mientras me
pruebas, Derek. Hazme venir contigo.
Derek no necesitó ningún otro estimulo. Deslizó sus labios a lo largo de la longitud de
Ian tan lejos como podía ir cómodamente, luego colocó su puño allí como marca. Se retiró y

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luego empujo hasta su puño de nuevo, haciendo que Ian se estremeciese y apoyase su cabeza
contra la pared. Le tomó un momento encontrar un ritmo de trabajo, tanto para Ian como para
él, su mano se movió sobre su polla con el mismo ritmo que su boca sobre Ian. Chupó
profundamente en cada descenso y lamió con su lengua la parte inferior del pene cada vez que
tiraba hacia atrás. Ian se retorció y gimió, sobre todo cuando la lengua de Derek rozaba el
punto que se encontraba justo debajo de la cabeza de su polla. Derek sabía lo que le gustaba y
disfrutaba haciéndolo.
La respiración de Ian se volvió pesada, cada exhalación se convirtió en un gruñido,
Derek pudo sentir como se endurecía aún más en su boca. El clímax de Derek estaba justo
fuera de su alcance, casi doloroso en su reticencia. Bombeó con su puño más duro chupando
inconscientemente más profundo a Ian.
—Cristo, Derek, me voy a correr. Es tan bueno, tú eres tan bueno. —Las manos de Ian
se agarraron a sus hombros, los dedos se clavaron en sus músculos, Ian se inclinó sobre él,
follando dentro y fuera de su boca mientras Derek lo chupaba. Las manos de Ian lo sujetaron
detrás de su cabeza, empujándolo duramente sobre su polla hasta que la punta casi tocó la
parte de atrás de su garganta. Casi era demasiado, y lo habría sido si Derek no hubiese tomado
la precaución de poner su puño como límite para que Ian no pudiese ahogarlo. Derek sabía por
experiencia que Ian se descontrolaba cuando se iba a correr en la boca de Derek. Él quería
deslizar su polla hacia abajo por la garganta de Derek y lo intentó, no quería herirlo o
intimidarlo, pero es que se sentía tan bien. Derek adoraba saber que esto era tan bueno para él.
Ian gimió su nombre y Derek sintió el primer chorro de su semen sobre su lengua. Tragó
convulsivamente alrededor de la polla de Ian, provocando que éste gimiese y se sacudiese, más
semen brotó contra la garganta de Derek. Cuando tragó sintió como su propio orgasmo
estallaba. Cuando eyaculó. el placer fue casi doloroso y sintió como su polla se sacudía y
quemaba con el calor de su semen. Mantuvo el agarre de Ian, sosteniéndolo en su boca,
saboreándolo y lamiéndolo con su lengua mientras gemía por su propia satisfacción.
Después de correrse, Derek quitó su puño de alrededor de Ian, pero mantuvo su pene
ablandado en su boca y lo chupo suavemente, lavándolo con su lengua. Ian jadeó sin aliento y
se inclinó sobre él otra vez. Sus manos se deslizaron sobre los hombros de Derek, mimándolo,
acariciando la parte superior de su fuerte espalda suavemente. Cuando Ian estuvo pequeño y

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suave en su boca, Derek finalmente lo dejó en libertad.


—Derek. —Dijo suavemente Ian mientras deslizaba sus manos por el pelo de Derek.
Derek alzó la vista arrodillado ante él, una súplica sexual. –No olvides lo que puedo
hacer por ti, Ian. —Dijo, su voz sonó inestable. –No pienses por un minuto que ella puede
darte esto.
Ian pestañeó despacio varias veces, moviendo su cabeza de un lado a otro, luego colocó
su mano sobre la mejilla de Derek. –Antes podría olvidarme de respirar que olvidar como me
desbastas, Derek. —Para variar, él no dijo nada sobre ella, y Derek intentó quedar satisfecho
con la respuesta.

La tarde siguiente en el cuarto de dibujo, Ian se giró para saludar a Lady Randall y su
sobrina con una genuina sonrisa. Como había esperado, Kate, como la señora Randall prefería
ser llamada por sus amigos, había accedido a ayudar a Sophie a prepararse para la boda y
había acudido en cuanto había podido.
Ian no había visto a Derek desde la noche anterior. No había aparecido en la cena e Ian
había tenido que soportar una velada con su grosero futuro suegro dándose importancia en la
conversación y atacando verbalmente a Sophie. Él había interceptado lo peor de los ataques,
pero la tarde se había hecho interminable y Sophie se había retirado inmediatamente después
de la cena. No podía culparla. Él había escapado en cuanto la cortesía lo había hecho posible.
Ser cortés con Sir Middleton se estaba poniendo más y más difícil cada día. Esta mañana Ian
había tomado el desayuno en su cuarto y había ordenado lo mismo para Sophie, así ella no
tendría que sufrir a solas con su padre. Ian deseó haber tenido la oportunidad de hablar de
nuevo con ella.
Derek había reaparecido misteriosamente en la habitación de Ian
aproximadamente una hora después de que Ian se hubiese retirado la pasada noche. Ian no le
preguntó donde había estado y Derek no le ofreció información. Cuando se subió sobre Ian,
este pudo oler receloso que había estado bebiendo, mucho. Lo había despertado ávido, e Ian
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no tuvo problema en cumplir con las promesas hechas durante su encuentro de la mañana.
—Ian, querido. —Dijo Kate, acercándose para besar su mejilla. –Estoy feliz de que
hayas pedido mi ayuda. No conseguí planear una boda verdadera para mi, como recordaras,
así que esto será la boda que no conseguí tener. —Sonrió con placer. — Así que abre tus cofres
y prométeme no dispararás antes de la boda. Kate, Jason y su otro marido Tony se habían
casado en lo que ellos pensaban que era el lecho de muerte de Jason. Jason, sin embargo,
tenía otras ideas y se había despertado en medio de la ceremonia para hacer sus promesas. Él
se había recuperado totalmente de la herida producida por un disparo, ocurrida durante un
duelo por Kate.
—Espero que no sea demasiada carga, Kate, considerando tu condición. —Ian ni
siquiera había pensado en el embarazo de Kate cuando había escrito la nota el día anterior. Sin
embargo ella parecía estar maravillosamente, alta, flexible y rubia. Su vientre solo ligeramente
redondeado con el niño.
Su sobrina, Verónica Thomas resopló con poca elegancia. –Debes de estar bromeando,
Ian. ¡Mírala! Ella está asquerosamente resplandeciente. Nunca ha parecido o se ha sentido
mejor en su vida. Si esto continua, ellos tendrán un niño cada año. —Los ojos de Very tenían
un malévolo brillo cuando se sentó un una delicada butaca.
Kate picó el cebo. – ¡Verónica Thomas! Eso ha sido grosero. Harás que el pobre Ian se
ruborice y que piense no sé qué sobre nosotros. —Fue Kate la que se ruborizó e Ian se
compadeció de ella.
—Ella tiene razón, Kate. Estás absolutamente impresionante. La maternidad te sienta
realmente bien. —Para su consternación, Kate se emocionó y tuvo que sacar un pañuelo de su
bolsito.
—Oh Ian, no te preocupes. Parezco un verdadero grifo estos días. Madre dice que es
por el bebé y que se me pasará. —Tomó aire con delicadeza y guardó su pañuelo en su manga.
— ¡Dios mío! Me eché a llorar cuando la cocinera hizo mi sopa favorita el otro día. ¿Puedes
creértelo? La pobre mujer no sabía que hacer.
Very se rió y se levantó para llevar a Kate una silla. –Es verdad. Esto tiene a Jason y a
Tony locos. Están aterrorizados de decir cualquier cosa que pueda hacer llorar a Kate. Es la
única razón por la que conseguimos salir solas de casa hoy.

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La puerta de la habitación de dibujo se abrió y Derek entró tranquilamente, como si no


se hubiese estado escondiendo. — ¡Vaya, hola, señoras! ¿Y a qué debemos este placer? Se
acercó a Very y a Kate, envolvió a Kate en un abrazo y le dio un fuerte beso en la mejilla que
hizo que ella se riese y empezase a llorar otra vez.
— ¡Oh, mira lo que has hecho, hombre adorable! —Kate rió a través de las lágrimas. –
Justo acababa de parar.
Derek la miró alarmado. — ¿Qué he hecho? ¿Te he hecho daño? A veces olvido el gran
buey que soy. Lo siento mucho, Kate.
Very vino a su rescate dándole un puñetazo en el brazo. –Tú, gran tonto, ella sólo está
un poco emocional por el bebé. ¿Por qué nunca me besas a mí? Soy más joven y estoy
disponible, y soy bastante bonita, desde mi punto de vista.
Todo el mundo se rió del comentario de Very, como ella había pretendido. –Por eso
exactamente no te beso. —Bromeó Derek. –No quiero encontrarme arrastrado delante de un
cura por Jason y Tony. Por no mencionar a Kensington y Wolf que probablemente me
matarían antes de que pudiese llegar allí. Además tu cabeza ya esta bastante hinchada con tus
propios encantos, no necesito contribuir a eso.
—Mi cabeza está perfectamente proporcionada para mi cuerpo, tonto y estos días creo
que Kensington con mucho gusto me vendería a los gitanos. En cuanto a Wolf, hace cualquier
cosa que Kensington quiera. Lord Michael Kensington había estado cortejando a Very
durante el pasado año. Hacía un par de meses había decidido que ella era demasiado joven, o
demasiado replicona o demasiado algo y luego después de unas pocas semanas volvió
arrastrándose porque claramente no podía vivir sin ella. Esto había divertido muchísimo a
todos ellos. Wolf Tarrant era el amante de Kensington, y un enigma para todos los demás. Ian
no creía que la valoración de Very fuese correcta, pero realmente no tenía razones para esa
opinión, solo una sensación.
— ¿Y quien podría culparlo? —Dijo Kate maliciosamente. –Tú eres toda una prueba,
Very. Si yo hubiese pensado claramente cuando eras más joven, te habría vendido a los
gitanos. Yo necesitaba el dinero entonces. Todos incluida Very se rieron con Kate.
Derek condujo a Kate a una silla y después de que ella estuvo sentada se dirigió a
sentarse en el sofá de enfrente. Detuvo el movimiento y dio un respingo ante las palabras que

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Kate dijo a continuación.


—Estamos aquí para ayudar a planificar la boda, por supuesto. Ian dijo que la pobre
señorita Middleton no tiene a nadie que la ayude, así que aquí estamos.
— Bien, me alegro de haberlas visto a ambas. —Dijo Derek mientras caminaba
rápidamente hacia la puerta. –Estoy seguro que volveremos a vernos muy pronto. Buen día,
señoras.
—Derek, —comenzó Ian, pero el otro hombre había llegado a la puerta y se había ido
antes de que pudiese decir más. Kate lo miró aturdida. Incluso Very se quedo sin habla. —
¿Qué es lo que he dicho? —Preguntó Kate con inquietud.
Ian suspiró y se sentó con desaliento en el sofá, su cabeza se apoyó sobre el
respaldo del elegante mueble. –Derek aún tiene que conocer a Sophie. Él desaparece y evita
cualquier situación en que ellos podrían encontrarse.
— Oh querido, —murmuró Kate. –Esto no tiene buen aspecto. ¿Estás seguro de que
este matrimonio es una buena idea, Ian?
Él se echó hacia delante y apoyó los codos sobre las rodillas, juntando sus manos sobre
ellos mientras miraba hacia el suelo. –No puedo echarme atrás ahora, Kate. Yo he comenzado
esto y no puedo dejar a Sophie en esta situación. —Alzó la vista hacia Kate tristemente. –Lo
entenderás cuando la conozcas. Si solo Derek no fuese tan obstinado. Si él dejase de verla
como a un enemigo y en cambio intentase entender que ella nos necesita. — ¿Por qué el no
puede ver lo que intento hacer? —Ian se puso en pie. –No importa. Vamos a enfocarnos en
preparar una bonita boda para Sophie. Yo me ocuparé de Derek. Él cambiara de idea.
— Pero Ian, —dijo Very acaloradamente. —No puedes obligarlo a aceptarla. Vosotros
dos habéis estado juntos por mucho tiempo, hay tanto que han compartido juntos. No creo
que este bien que traigas a Sophie si Derek no la quiere. Very se puso con postura beligerante
delante de Ian, sus brazos en jarras mientras lo miraba airadamente. –Tú le debes mucho, Ian.
Kate había estado mirando a Ian fijamente. Habló suavemente, pero de forma firme. –
Very, estás sacando conclusiones otra vez. ¿No hemos hablado del peligro de hacer eso? Ven y
siéntate. Resérvate el juicio para cuando conozcas a la señorita Middleton. Creo que se lo
debemos a Ian. —Verónica de mala gana se sentó, después de una última feroz mirada a Ian.
— Gracias, —le dijo Ian sinceramente. —Creo que cuando conozcas a Sophie

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Camaradas de Armas 4

comprenderás, Very. Ella necesita todos los amigos que pueda conseguir.
Sophie se acercó a la puerta del salón con agitación. Montague en persona había ido a
llamar a su puerta para informarle que el señor Witherspoon la esperaba con algunos
invitados. A Sophie no le gustaba conocer a nuevas personas. Nunca sabía como actuar o
como comportarse. Esto la hacía sentirse extremadamente incomoda. Harold y su padre
siempre le decían que ella no tenía habilidades sociales.
Casi había decidido darse la vuelta y enviar excusas cuando Montague abrió la puerta
del salón y la anunció. Ella se encontraba en el descansillo y tuvo que apresurarse hacia la
puerta. Era casi como si él supiese que estaba a punto de echar a correr. Se permitió mirarle
con el ceño fruncido pero él simplemente parpadeó de forma inocente y dio un paso hacia
atrás para introducirla en la habitación, cerrando la puerta tras ella.
Sophie miró dentro del cuarto y vio al señor Witherspoon levantarse. Él caminó hacia
ella y no pudo ver alrededor aunque sintiese la presencia de más gente en la habitación. Ella
pudo sentir como se ponía tensa e intranquila. ¿Qué esperaba de ella?
— Hola Sophie, —le dijo tranquilamente cuando se paró frente a ella. –Confió en que
estés bien hoy.
Sus maneras eran tranquilizadoras y Sophie sintió que se calmaba. El señor
Witherspoon había demostrado que era un caballero, y su consuelo. En su estudio, el día
anterior, habían aliviado muchos de sus antiguos miedos. Todavía estaba bastante
avergonzada de cómo había llorado frente a él. ¿Qué pensaría él? Enderezó su columna e
intentó hablar con seguridad.
— Buenos días, señor Witherspoon. Estoy bien gracias, ¿y usted? —Bien, había sonado
cortés y segura de si misma. La sonrisa con la que le respondió le indicó que había tenido
éxito.
— Estoy bien, Sophie. Él se giró en el cuarto y le mostró a dos mujeres atractivas y bien
vestidas que se encontraban allí. –Déjame presentarte a algunas amigas. Ésta es Kate, Lady
Randall, y su sobrina, la señorita Verónica Thomas. —Tomó el codo de Sophie y la introdujo
más lejos en la habitación. –Ellas han venido para ayudarte a planear la boda, querida. Espero
que no te importe mi petición de ayuda.
Sophie sintió como palidecía. Oh Dios, él no confiaba en ella para planificar su boda.

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Por supuesto, ella no sabía nada de planear bodas. No había pensado en el futuro, se había
enfocado solamente en conseguir que él se casase con ella. Qué demonios hacia uno en una
boda. La única a la que alguna vez había acudido era a la de Corrina, y sólo a los votos. No le
habían permitido asistir a la fiesta de después. Pudo sentir como un peso aplastante se situaba
en su pecho al saber que ella era una decepción para él. Alzó la vista hacia el señor
Witherspoon, pero antes de que pudiese pedir perdón la señora Randall habló.
— ¿Cómo está, señorita Middleton? ¿Puedo llamarte Sophie? Tú debes llamarme Kate.
Es maravilloso conocerte finalmente. Ian nos habló de su próximo matrimonio hace semanas.
¡Qué emocionante! Very y yo no podemos esperar para empezar a planificar la boda contigo.
Yo me case…hmm, en unas circunstancias, ya te contaré, así que esta será la primera vez para
mí. No te importa ¿verdad? Lamentaría imponerme. —Lady Randall se puso en pie y Sophie
pudo ver que era alta y hermosa, y estaba exquisitamente vestida. Sophie se sintió una vez más
un espantajo con su sencillo vestido marrón.
— ¿Cómo está? —Murmuró, manteniendo en su cara una máscara cortés. Todos
parecieron esperar que hablase un poco más, así que continuó nerviosamente. –Estoy muy
agradecida por cualquier ayuda que pueda prestarme, señora. No estoy muy versada en
planear eventos sociales, me temo. —Una discreta mirada al señor Witherspoon le mostró que
él le estaba sonriendo de forma alentadora. Mentalmente se relajó.
La mujer más joven que había sido presentada como la señorita Thomas habló
finalmente. — ¿Cómo esta, Señorita Middleton? Felicidades por su próximo matrimonio—.
Miro hacia Sophie confundida. –Espero que no le ofenda mi pregunta, pero, ¿Cuánto tiempo
hace que ha sido presentada en sociedad?
Las mejillas de Sophie ardieron con vergüenza. –Nunca lo he sido, me temo. Padre no
quiso pagar el costo ya que yo ya había sido prometida.
— ¡Verónica! — la reprendió la señora Randall. Se volvió hacia Sophie. –No le hagas
caso, querida. Está terriblemente envidiosa. Ian es una maravillosa captura. Como sabes. —
Sonrió traviesa hacia Sophie y Sophie no supo que responder. ¿Quería la señorita Thomas al
señor Witherspoon? ¿Había Sophie inconscientemente interferido en su relación amorosa?
El señor Witherspoon intervino en la conversación. –Verónica no está más celosa de mi
que lo está del perro de al lado, Kate. Ella sabe que yo nunca habría podido con su carácter

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salvaje. Los ojos de Sophie se dirigieron a él con alarma. ¿Estaba él intentando decir que
debería comportarse o la castigaría? Él sintió su angustia pero pareció no saber qué decir.
—Sophie, no quise decir… —su voz se desvaneció y Sophie mordió su labio.
—No quise ofenderla, Señorita Middleton. —La señorita Thomas habló más confusa
cada vez. –Yo solamente pensaba que su padre era bastante rico, eso es todo. —— ¡Ay! —Ella
saltó cuando la señora Randall la golpeó con su abanico en el brazo—. ¿Qué? ¿No lo es?
Sophie se sintió mortificada. Comprendió que la señorita Thomas hablaba de su vestido
viejo, poco atractivo y nada conveniente para una joven debutarte. Mordió más fuertemente su
labio.
Lady Randall se acercó y cogió a Sophie de un brazo para llevarla hasta el sofá. Sophie
miró desesperadamente hacia el señor Witherspoon, pero él parecía aliviado de que Lady
Randall asumiese el control. –Estoy segura de que la señorita Middleton nos dirá todo sobre
ella cuando estemos planificando la boda, Very. —Dijo firmemente. –No hay ninguna
necesidad de interrogar a la pobre chica hoy,
— Una pequeña pregunta no se puede llamar interrogatorio. —Refunfuñó la señorita
Thomas, girándose para tomar asiento con enfado. — ¿Cómo vamos a saber lo que ella quiere
si no le preguntamos acerca de si misma?
— ¿Qué quiero? —Preguntó Sophie alarmada. — ¿A qué se refiere? —No podía creer
que la joven hablase así a su tía. Seguramente iba a tener problemas por eso. La Señora
Randall tiró de Sophie para que se sentase junto a ella.
La señorita Thomas la miró con extrañeza. –Para la boda, por supuesto.
— Bueno, pues las dejo entonces. —Dijo el señor Witherspoon dirigiéndose hacia la
puerta. Sophie comenzó a levantarse de su asiento, incapaz de creer que él iba a dejarla sola
con esas dos mujeres. ¿Que demonios se suponía que iba a hacer con ellas?
— Si, mejor te vas, Ian. —Dijo Lady Randall poniendo una mano sobre el brazo de
Sophie para detenerla. –Los hombres no tienen lugar en estos asuntos. Una boda es sobre todo
para la novia.
— ¡No! Exclamó Sophie, —No se vaya. —El señor Witherspoon se congeló y miró a su
asustada cara. Lady Randall soltó suavemente su brazo mientras la señorita Thomas la miraba
conmocionada. Ella intentó mantener el pánico fuera de su voz mientras continuaba, —No sé

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nada acerca de cómo planear una boda. Padre ha dicho que no pagará una boda grande. ¿Qué
debo hacer? ¿Dónde será? No…no sé a quien invitar.
Su voz se estaba elevando pero ella no podía controlarlo. El señor Witherspoon miró
afligido su arrebato y Sophie intentó dar marcha atrás, pensando como reparar el daño. —
Quiero decir que no necesito una boda grande o cara. ¿No podríamos casarnos aquí? ¿Con
unos pocos testigos? O sin nadie si usted lo prefiere. —Por la mirada que él tenía, parecía que
solo estaba consiguiendo empeorar las cosas. Miró hacia abajo y se dio cuenta que estaba
retorciendo las manos así que se obligó a si misma a detenerse. Miró hacia Lady Randall y vio
compasión en su rostro. Cuando hecho un vistazo a la señorita Thomas, la cara de la joven
parecía conmocionada por el horror. Oh dios, ¡Que lió! Debería marcharse. Se puso en pie de
un salto y se dirigió hacia la puerta. –Debería irme. Si, me iré.
El señor Witherspoon se acercó y tomó sus manos con cuidado. –Sophie, detente. —
Suspiró. Su voz era tranquila y calmante. Su cara suave con una emoción que Sophie no pudo
descifrar. Ella tomó varias respiraciones profundas y realmente se sintió mejor. Se concentró
en su cara y sintió como su pánico disminuía.
— ¿Mejor? Preguntó suavemente con un apretón en sus manos.
— Si, si, mejor. Lo siento. —Sujetó sus manos, todavía no queriéndolo dejar ir.
— Ahora, sobre la boda. —Los ojos de Sophie se ensancharon con alarma otra vez. –
Sophie. —Dijo admonitorio y ella se forzó a calmarse. —Buena chica. —Él apretó sus manos
otra vez. –Puedes gastar tanto como quieras. —Miró a Lady Randall cuando dijo eso y Sophie
hecho un vistazo para ver a la otra mujer asentir. —Prepararé una lista de amigos para
invitarlos. Se que ellos querrán estar aquí.
— Desde luego que querrán. —Murmuró Lady Randall de acuerdo.
— En cuanto a dónde nos casaremos. —Hizo una pausa para asegurarse de que tenía
toda la atención de Sophie. –No me preocupa donde sea. Todo lo que sé es que quiero casarme
contigo, cuanto más pronto mejor. En realidad voy a conseguir una licencia especial. No quise
forzar tu aceptación obteniendo una licencia especial antes de que tuviésemos la oportunidad
de conocernos y hablar, Sophie. Con una licencia especial no tendremos que esperar. —Miró
hacia Lady Randall. –Kate, ¿Sería posible tener la boda preparada para la próxima semana?
¿Quizás para el próximo jueves?

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La señora Randall lo miró un poco sacudida, pero asintió. –Si, es posible. Tendremos
que trabajar muchísimo para conseguirlo, pero podemos hacerlo, ¿Verdad Very? —Preguntó a
su sobrina. –Será una hermosa boda, Ian.
La señorita Thomas contestó a su tía, sus ojos sobre Sophie. –Si, podemos hacerlo.
Conseguiremos que Kitty nos ayude, y la señora Jones. —Se giró para mirar al señor
Witherspoon. –Tenías razón, Ian. Ahora puedo verlo. —Y con esas enigmáticas palabras
sonrió decidida a Sophie. Esa sonrisa, por alguna razón, le hizo pensar en un protector perro
guardián. No estaba segura de sentirse completamente cómoda con ser objeto de ella.

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Capítulo Tres
Sophie estaba sorprendida de cuán rápidamente se había ido la semana. Ella se casaba
mañana. Casi había aceptado que de verdad iba pasar. Kate y Very habían sido maravillosas
con ella, y lo mismo Kitty Markham. Ella era la mejor amiga de Kate y poseía una tienda de
vestidos. Al parecer la tienda solió pertenecer a Kate, pero después de que se casó con Lord
Randall se la había vendido a Kitty. No sólo había tenido a Kate y Kitty diseñando un
hermoso traje de novia para ella, también la habían ayudado a ordenar un espléndido ajuar,
insistiendo en que Ian tenía el dinero para pagar para él y no le importaría. Ian…siempre le
era difícil pensar en él de esta manera aunque prácticamente le había pedido que usara su
nombre de pila.
Había sido el ajuar el que finalmente había causado palabras de enojo entre Ian y su
padre. Sophie se había sentido sumamente avergonzada de que Kate, Very y Lord Randall
hubieran atestiguado la escena. Después de que ellas volvieron de la primera prueba de Sophie,
Kate había cometido el error contarle a Ian sobre el ajuar mientras el señor Middleton estaba
en el salón.
—Querido Ian, estarás muy feliz saber que hemos ordenado un completo ajuar para la
querida Sophie. Me temo que ella simplemente no tiene ni idea cuánta ropa se requiere en
Londres. — Kate había acompañado su comentario con una sonrisa a Sophie, quien pensó que
era muy amable al decirlo de esa manera sin mencionar que en realidad su guardarropa lleno
de vestidos marrones era muy anticuado.
Sophie había cometido el error de relajarse demasiado. Ella había olvidado como era su
padre.
— ¿En qué has estado pensando, Sophia, ordenando ropa sin la aprobación de
Witherspoon? — le había preguntado el Señor Middleton de manera ultrajante. Él había
cruzado el cuarto, había tomado su brazo y había comenzado a arrastrarla hacia la puerta.
Sophie inmediatamente había echado mano a los años de entrenamiento. Había cerrado su
cara, no había dicho nada y no se había resistido. Ella había evitado mirar a todos los demás
en el cuarto, estoicamente ocultando su vergüenza detrás de aquella cara en blanco.
De repente Ian estaba allí delante de ellos. La mirada sobre su cara asustó a Sophie.
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Ella nunca había visto a nadie tan enojado, ni siquiera Harold o su padre. Cuando él habló ella
en realidad se estremeció con la cólera en su tono amenazador.
— Suéltela en este instante, Middleton. — ¿Qué pensaba Ian hacerle?
Su padre había apretado aún más y la había tirado a su lado. — Manejaré esto,
Witherspoon. Usted no tiene que temer que ella haga esta clase de cosas otra vez. Tiene que
tener mano firme con Sophia. Ella tiene el carácter del diablo y una mente propia. Si usted la
deja hacer algo así como esto, ella estará fuera de control dentro de un mes.
— Dije que la soltara. — Sophie miraba atentamente a la alfombra, remontando los
hermosos remolinos rojos que daban vueltas y vueltas, imaginando que ella se perdía allí, en
ese laberinto, lejos de aquel cuarto y del horrible cerdo de su padre. La orden de Ian hizo que
la tironeara ligeramente, y su padre la sacudió.
— Una buena paliza la pondrá en su lugar. Como todas las mujeres ella solo piensa de
tanto en tanto hacer algo que no le corresponde. Pero ella ha sido bien entrenada,
Witherspoon. Es que esta atmósfera liviana de Londres, le ha dado más licencia de las que está
acostumbrada, me atrevo a decir. Bien, ella no es su responsabilidad aún. No le dejaré pensar
que le hemos permitido correr salvajemente, no señor. Ella ha sido educada para hacer, ver y
oír solo los deberes que su amo le imponga, y no cruzarse en el camino cuando nadie la
necesite.
—Si le toca un solo cabello de su cabeza en mi casa le mataré. — La cabeza de Sophie
se irguió y miró fijamente a Ian con incredulidad. Ella nunca había oído que alguien
amenazara a su padre.
El Señor Middleton fruncía el ceño, no entendía. — ¿Qué está diciendo, señor? ¿No
castigar a mi propia hija? Usted no es su marido aún, señor, y no tiene ningún derecho de
hacerlo.
Ian extendió la mano y agarró el otro brazo de Sophie, dándola un tirón alejándola del
señor Middleton, quien intentó mantenerla sujeta. El apretón de Ian era firme pero él tenía el
cuidado de no hacer daño a Sophie. Su padre no tenía ese tipo de pruritos. Sus dedos cavaban
en la carne suave de su brazo mientras luchaba con Ian sobre ella.
— ¿Qué se cree, Witherspoon, interfiriendo entre mi hija y yo? — Comenzaba a
comprender que Ian estaba enfadado con él y no con Sophie.

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Sophie podría sentir su cara que quemar con la humillación y no pudo detener su
mirada recorriendo a los que se encontraban en el cuarto. Kate miraba lista para llorar y tanto
ella como Lord Randall sostenían los brazos de Very. Verónica se veía como si ella quisiera
golpear a alguien y como un choque Sophie comprendió que era a su padre. Podía verse por la
cara de Very, que si Kate y Lord Randall la dejaban atacaría al señor Middleton. El corazón de
Sophie se derritió en gratitud. La voz de Ian la devolvió a la confrontación entre él y su padre.
— Sophie será mi esposa en menos que una semana. Estamos comprometidos, y he
cumplido con todas mis obligaciones del contrato de matrimonio. Ante los ojos de la ley ya
estamos legalmente atados. La dote se puede ir al demonio, si usted le hace daño otra vez yo le
lanzará de esta casa y la boda continuará sin usted.
El Señor Middleton dejó ir a Sophie y ella se tropezó con Ian, quien la abrazó de
manera protectora. —Está bien, — le dijo Middleton bruscamente, —tómela. Me lavo las
manos con ella. Ella ha sido una prueba desde el día en que nació, y ninguna cantidad de
golpes hizo que su cabeza mejorara. Usted verá. Lamentará el día el en que la deje conseguir lo
que quiera. Y no venga a gritarme después cuando haya hecho sus trapacerías, no señor Si
quiere que ella se vista como alguna puta de clase superior, usted paga por ello, señor, no yo.
— Él marchó con indignación hacia la puerta, pero se volvió bruscamente. — No abandonaré
esta casa hasta que ella sea legalmente su esposa el miércoles. No dejaré que el mundo llame
puta a mi hija si la dejo que permanezca sola con usted. He trabajado demasiado para ganar
un cierto equilibrio en la sociedad, señor, y no dejaré que ninguna hembra a la que tuve la
desgracia de tener lo arruine.
La puerta sonó con fuerza detrás suyo y Sophie soportó rígidamente el abrazo flojo de
Ian, sus ojos enfocados atentamente en el azul de su cara chaqueta adaptada. Ella se ahogaba
con tantas emociones que no sabía cuál sentir, entonces no sintió nada.
— ¿Sophie? — Ian le llamó su voz preocupada. — ¿Estás bien? — Él puso ambas
manos sobre sus hombros y la empujó hacia atrás ligeramente mientras bajaba su cabeza para
mirar su cara. Ella no podía encontrar su mirada. La humillación y la gratitud la abrumaban.
Su voz pareció pequeña y cortada cuando le murmuró al oído. —Yo…Gracias, Señor
Witherspoon. Jamás nadie me había defendido de mi padre antes. Yo… Gracias. — Ella se
horrorizó al sentir lágrimas sobre sus mejillas. Ella lloraba otra vez. Oh Señor, su padre tenía

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razón. Ian probablemente había tomado una mala decisión al querer casarse con ella. — Lo
siento. — Ella se distanció y hurgó por un pañuelo. — Siempre parezco llorar cuando estoy
cerca suyo, Señor Witherspoon. Francamente no sé que esta mal conmigo últimamente. No
soy un rió de llanto, se lo juro. Usted no tiene que preocuparse porque llore todo el tiempo. No
voy a hacerlo, realmente no voy a hacerlo, Es solo que…. supongo.
Ella bruscamente se giró hacia atrás y hacia los demás. Era todo tan humillante. En su
casa al menos nadie lo había visto, experto los criados. Pero ahora, ahora todos lo sabían. Su
propio padre la veía como algo sin valor, no, algo menos que sin valor, Ella era una puta
molestia eso es lo que todos deben estar pensando. De repente algo pasó por sobre ella, casi
derribándola, y Sophie no pudo contener un — ¡Oof! — Eso la detuvo, la hizo girar y Very la
aplastó con su abrazo.
— ¡Oh, Sophie! ¡Sophie! — Fue todo que ella dijo, pero fue bastante. Por su propia
voluntad, los brazos de Sophie subieron y se adhirieron a la alta muchacha, y ella se encontró
sollozando contra su hombro.
Kate se había apresurado y se había alborotado alrededor de las dos y de algún modo
habían terminado en el cuarto de Sophie con un té y tortitas, y unas compresas frías para los
ojos de Sophie.

Ella había pasado cada día desde que llegaron Lord y Lady Randall, haciendo más
compras de ropa y accesorios y cosas necesarias para boda. No había visto a su padre ni una
sola vez, y no había preguntado sobre él.
Sophie fue devuelta al presente con un puñetazo sobre su puerta. — Entre, — dijo, tan
excitada que apenas podía quedarse inmóvil. Kitty traía su traje de novia hoy y Kate y Very
vendrían para mirar la prueba final.
— ¡Hola querida! — dijo Kitty mientras entraba al cuarto. Detrás de ella una de las
criadas llevaba el vestido envuelto con cuidado, y la Sra. Jones, la costurera de la tienda,
cuidaba que no cayera. — Hemos traído sus galas de boda, mi querida. Pienso que oí a Kate y
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a Very abajo en estos momentos, así que salga de su ropa entonces podremos verlo sobre
usted.
Sophie no tuvo que escucharlo dos veces. Ella besó a Kitty exuberantemente en la
mejilla y desapareció detrás del biombo para quitarse su bata. Todavía no le gustaba
desnudarse delante de otros. La primera vez en la tienda de vestidos nadie había dicho nada
sobre las dos o tres cicatrices sobre su espalda, entonces ellas no debían ser tan sensibles como
Sophie pensaba. Ella había sido relevada de no tener que mentir sobre ellas. La fusta de Harold
era pequeña y no debería haber dejado señales grandes a pesar de cuanto habían dolido
entonces.
— ¿Trajo la ropa interior también, Kitty? — Ella preguntó. — No creo que pueda
cambiarme sin ella.
— Desde luego, tontita, ella está aquí mismo, —dijo Kitty, echando una ojeada
alrededor del biombo. — ¿Puedo ayudarte con ellas?
Sophie se ruborizó y agarró su vestido desechado para sostenerlo delante suyo. No, no,
estoy bien. Solo ponlas allí, Kitty. Gracias. — Ella le sonrió de la mujer más vieja para que no
tomara a mal sus palabras o se ofendiera.
En cuanto Kitty la dejó y desapareció, Sophie oyó la puerta abrirse otra vez y voces
levantadas en una conversación feliz.
— ¡Aquí estamos! ¡Llegamos! —Dijo Very con excitación. — ¿Dónde está la novia?
¿Ella aún no ha corrido? Sé que yo lo haría si me casara con Ian y Derek.
Sophie hizo una pausa, confusa. ¿Ian y Derek? Ella debe haber entendido mal. Ella oyó a
Kate chistando a Very.
—Very, será mejor que te calles. Habrías corrido directamente al altar si fueras lo
bastante afortunada para casarte con Ian, pequeña pícara, y lo sabes. —Kitty se reía cuando lo
decía.
— Esta niña, —dijo Kate suavemente, ayudando a Kitty y la Sra. Jones a
desempaquetar el traje de novia, — Compórtate. Sophie pensará que ha caído en una casa de
locos. Ven aquí, Very, toma la parte de abajo y ayúdanos a levantarlo sobre la cabeza de
Sophie.
—No he visto a Derek en años, Sophie, — dijo a Kitty conversacionalmente unos

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minutos más tarde mientras la ayudaron con el vestido. — ¿Dónde está él?
Sophie habló de dentro del vestido. — No lo sé, Kitty. No lo he visto. — El vestido se
deslizó hacia abajo y sobre ella y Sophie buscó las tres caras incrédulas.
— ¿No lo has visto? —Kitty preguntó despacio. — ¿Nunca?
Sophie sacudió su cabeza. — Creo que él me evita. Le envié una nota los otros día, pero
no creo que la haya leído. Intenté asegurarle que aunque Ian y yo nos casamos no tiene que
cambiar nada para él. Se lo he dicho a Ian también. — Ella miró a la distancia de todas. —
Asumo que ustedes saben que ellos son... um, cercanos.
— ¿Cercanos? —Very repitió. — Sophie, ellos son…
Kate la interrumpió. — Sí, pues estoy seguro que él ha estado ocupado preparándose
para la boda también. Ahora mírate, Sophie, realmente debes hacerlo.
Kitty no dejó que Sophie se mirara hasta que el vestido estuviera perfecto. Kate
comenzó a llorar otra vez y Sophie le dio un pañuelo. Ella había tomado varios y los había
dejado sobre la mesa ya que Kate invariablemente necesitaba uno cada hora.
—Oh Sophie, — Very suspiró, sus ojos brillando. —Estás hermosa. Mírate.
Sophie tenía miedo de mirarse. Kitty cabeceó ante las palabras de Very y gesticuló hacia
el espejo detrás de Sophie. —Mírate, —ella la impulsó con una risa enorme. Sophie giró
lentamente.
¿Quien era esa? Esa seguramente no era Sophie Middleton. La mujer en el espejo era
hermosa con el pelo brillante color cobre y curvas deliciosas revestidas en seda y encaje. El
vestido era de un oro pesado de seda que caía desde el corpiño para reunirse en el suelo
alrededor de sus pies ligeramente. La mantilla era un rico encaje de Valencia, encaje que hacía
una ve entre sus pechos y dejaba ver un triángulo de de seda dorada. La seda cubría sus
hombros y por detrás terminaba en una pequeña capa que parecía conformar pequeñas
mangas sobre sus brazos. Caía más corto que la seda de oro para terminar unos centímetros
por encima de sus zapatos. El efecto era etéreo y valiente al mismo tiempo. Sophie parecía una
llama encendida desde adentro. La mujer en el espejo se parecía a alguien que debería estar
casándose con hermoso Ian Witherspoon. Éste había sido uno de los mayores miedos de
Sophie. Que ella apareciera a su lado en la boda delante de sus amigos y ver sus miradas
preguntándose por qué él se casaba con ella. Pero esta Sophie, sí, ella podría casarse con él y

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nadie le haría preguntas. Sus ojos encontraron a Kate en el espejo.


— Sí, — Fue todo lo que Kate dijo, como si supiera lo que Sophie pensaba.
— Encaja perfectamente, señorita, — dijo la Sra. Jones, para agregar. — Ni siquiera es
necesaria una puntada.
—Ian estará totalmente chalado, —Dijo Very riendo, — si aún no lo está. Él apenas
será capaz de esperar el día para violarte.
Sophie se miró estremecerse ante el espejo y desaparecer el color de su cara. Oh Dios,
toda esta semana ella había estado intentando no pensar en la noche de boda.
— Vamos a conseguir sacarte de él antes de que le pase algo. — dijo Kate con bríos,
detrás de ella. —Very por qué no vas y te aseguras que el personal tiene todas sus
instrucciones para mañana.
Very la miró con desconfianza. — ¿Por qué? ¿Qué vas a decirle cuando me vaya?
Kate la miró sobre su hombro, el que Sophie no podía ver.
— ¿Vas a hablarle sobre la noche de boda? Vamos, francamente, Tía Kate, estoy seguro
que no vas a decirle a Sophie algo que ya no sepa.
— ¡Verónica Thomas! — Kate le gritó reprobadoramente. — Como una señorita soltera
seguramente espero que no sepas todo que no debes saber aún.
Desde donde ella estaba arrodillada a los pies de Sophie comprobando el dobladillo del
vestido, Kitty le dijo. — No sé, Kate, ella tiene a la mitad de los hombres dando vueltas
alrededor de su meñique. Podría apostar a que ellos le han dicho todo lo que le interesaba
saber. Y el Señor sabe que ni Kensington y Wolf parece necesitar lecciones.
Sophie intentó dirigir la conversación alejándola del sexo. — ¿Quiénes son Kensington
y Wolf?
La respuesta de Kate se propuso poner silencio a aquella línea de interrogatorio. — los
conocerás mañana, Very...
El nivel de tensión de Sophie se intensificó. — No, Kate, francamente, no tengo que
hablar sobre ello, sabes. — Ella intentó no charlar y perdió la lucha. — Estoy segura que estaré
bien mañana por la noche. Francamente. He vivido en campo, sabes. He visto, pues animales
y esas cosas. — Dios, ella sudaba. Ella tenía que salir del vestido. Ella no quería hablar sobre
el sexo. Ella conocía el sexo. Ella sabía sobre el desgarrante dolor, la humillación. Ella sabía

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como pensar en algo más cuando alguien le hacía aquella cosa horrible. Ella podía ir tan lejos
que ni siquiera lo sentía. Comenzó a agarrar su vestido, intentando sacárselo.
— ¡Sophie! — La voz de Kate fue ruidosa y firme, y Sophie se detuvo, su respiración
era desigual. Ella se miró en el espejo y vio su cara blanca, demasiado pálida, sus ojos llenos de
pánico. Ella miró a Kate y supo que la otra mujer lo había visto, había visto lo que ella no
quería que nadie supiera.
— ¿Sophie? —Dijo Very muy confusa.
—Very, sal, — dijo la Kitty suavemente, y cuando Sophie la miró el mismo
conocimiento se reflejó en ella.
Kitty levantó el vestido. — Kate, apresúrate y consiga desatar las cintas. — Sophie
sintió el vestido flojo y ella automáticamente levantó sus brazos para dejar a Kitty sacarlo por
sobre su cabeza. Cuando ella pudo ver otra vez, Very y la Sra. Jones se habían ido.
Sophie casi se cayó cuando se precipitó detrás del biombo para cambiar su ropa.
Cuando ella se ocultó de la vista cubrió su cara con sus manos e intentó bloquear los
pensamientos que se estrellaban por su cabeza.
— ¿Sophie? — La voz de Kate era tranquila del otro lado de la pantalla. — ¿Estás bien?
¿Necesitas ayuda?
— No, — dijo ella, pero eso salió sordo por entre sus manos y bajo, ella lo intentó de
nuevo. — No, estoy bien, Kate, francamente. Estoy fino. Te encontraré abajo. — Si su voz no
sonara tan inestable podría haberle creído, Pero Kate no lo hizo.
— No me marcharé, Sophie. Puedes salir.
— Kate, —Fue todo lo que Sophie dijo. Ella no sabía que más decir.
—O sales o entro. Elige. — Kate parecía decidida.
Sophie oyó a Kitty que doblaba su traje de novia y arreglaba la seda para guardarla sin
una arruga. Su vestido de bodas, las palabras eran bastante para devolver los temblores que
ella casi había conquistado. Su noche de boda estaba al acecho como un monstruo verdadero
bajo la cama. Sophie sabía que los monstruos eran verdaderos, y la aterraban.
Ella se puso el vestido simple azul que Kitty y la Sra. Jones le habían hecho el día que
fue a su primera prueba. Kitty había dado una sola mirada a su horrible vestido marrón y casi
se había desmayado del horror. Es por eso que a Sophie le gustaba tanto ella, Kitty no

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disimulaba. Si le gustaba algo todos lo sabían y si lo odiaba también. Ella sabía que
intelectualmente, podría confiar en Kate y en Kitty. Pero emocionalmente estaba aterrorizada
de que alguien supiera su secreto. Cuando ella se vistió, despacio salió detrás del biombo.
Ella recibió miradas que eran mezcla de compasión y preocupación sobre sus caras y se
dio vuelta alejándose, acercándose atropelladamente hacia la ventana para retirar la cortina a
un lado y mirar sin ver la calle.
— ¿Quieres hablar sobre ello? — Kate le preguntó silenciosamente. Sophie sacudió su
cabeza. Dios no, ella nunca quería ni siquiera volver a pensar en ello otra vez. Este
matrimonio con Ian, era la seguridad de que nunca tendría que volver a pensar en ello. Estaba
apenada al comprender que la idea de consumar el matrimonio con Ian harían regresar los
horribles recuerdos y sentimientos. Ella no había pensado más allá de esto.
— ¿Cuánto hace que fuiste violada, Sophie? — La pregunta de Kate la hizo
estremecerse. Una violación, sí, eso había sido exactamente, siempre.
— La última vez fue hace más de un año, — ella susurró. —Estoy bien ahora. Ella
todavía no podía volverse para mirar a las dos mujeres.
Sophie estaba tan tensa que no fue hasta que las manos de Kate vinieran para descansar
sobre sus hombros que ella comprendió que la otra mujer se había movido. Ella se obligó a
relajarse contra el toque apacible.
—Sophie, sé algo por lo que has pasado. Yo mismo fui casi fui violada hace dos años.
— Sophie no pudo refrenar su jadeo de incredulidad mientras giraba para mirar a Kate. La alta
rubia, cabeceó, y Sophie vio los recuerdos en sus ojos y supo que ella decía la verdad. —
Puedo decirte francamente, Sophie, que hacer el amor con tu marido no es nada como el acto
de violación. Puede ser una experiencia hermosa, Sophie. Si te lo propones. No temas a lo
que pasará entre tú e Ian. Déjalo que alivie tus recuerdos, y tu dolor y los sustituya por
recuerdos de placer y de amor.
Sophie sintió el pánico inundarla. ¡Kate iba a decírselo a Ian, iba a decírselo! Ella
agarró las manos de Kate fuerte, rogándole. — Por favor no se lo digas a Ian, Kate, por favor.
— Ella sacudía su cabeza una y otra vez, asustada. Harold le había dicho que si él lo
averiguaba, no vendría, ni se casaría con ella. Ningún hombre quiere a una novia usada. —Él
no debe averiguarlo, Kate, oh a Dios, por favor no se lo digas.

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Kitty se había elevado del pequeño taburete donde se había sentado a escuchar. — ¿Él
no lo sabe? — Ella preguntó cautelosamente. —Debes decírselo, Sophie. Si él lo sabe será
capaz de tratarte en consecuencia mañana por la noche.
Los ojos de Sophie eran enormes. ¿En consecuencia? ¿Qué significaba eso? ¿Que él no
seria apacible porque ella no era virgen? — ¡No! ¿Esto es todo lo que tengo, no lo ven?
Prácticamente le obligan a este matrimonio, y él sabe sobre mi padre ya. Si él averigua esto,
me tirará, sé que lo hará. Él no querrá a una esposa que no es virgen, ningún hombre la quiere.
— ¿Fue tu padre? —Kitty preguntó normalmente.
— ¿Mi padre? No, no fue papá — Sophie sinceramente se había sobresaltado. Ella no
podía imaginarse que su padre hiciera algo así en lo absoluto.
— No importa quien fue, Sophie, — dijo Kate con comprensión. —Debes decírselo a
Ian, y si no puedes entonces yo lo haré por ti. ¿Quieres que yo se lo diga?
Sophie comenzó a llorar desesperadamente. — Por favor Kate, se lo diré, voy a hacerlo,
en mi propio tiempo. Por favor. Este matrimonio, es mi última oportunidad, Kate. Si Ian no
se casa conmigo tendré que volver con mi padre, y…y él espera allí, Kate. Esto pasará una y
otra vez y nunca seré libre. Oh Dios, Kate, por favor ayúdame ser libre.
Kate la tomó en sus brazos frotando su espalda con dulzura. —Bien, Sophie, bien. Te
dejaremos decirlo. Pero Sophie, Ian no se preocuparía. Él se casaría contigo de todos modos,
Sophie, si él lo sabe o no, Ian se preocupa por ti, lo hace, ya lo verás. Díselo antes de mañana
en la noche, Sophie. Dale la posibilidad para hacer algo bueno por ti.

— ¡Ow! ¿Por qué esto? — Derek frotó su brazo donde Very lo había golpeado. Él se
ocultaba en el estudio. Había estado sentando en su silla favorita intentando leer mientras
escuchaba a las mujeres arriba que gritaban y charlaban como urracas. Eso es lo que pasa
cuando dejas que las mujeres entren en la casa, ellas revolotean, quitándote la paz y ahora
había una que estaba abusando de él por razones sin sentido.
— Te lo mereces, cascote completamente egoísta. —Very le dijo entre dientes.
Derek se deslizó de la silla y la puso entre él y la enfadada mujer que lo miraba
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airadamente.
—Puedo ser, pero eso no te da derecho a entrar aquí y agredir. — A Derek no le gustó
como de patético sonó, entonces se irguió más y fulminó con la mirada a Very.
—No puedo creer que aún no te hayas encontrado con Sophie, tú... tornillo hueco.
¿Acaso que no sabes lo nerviosa que está? ¿Lo asustada por todo lo que le está pasando? Su
vida entera está cambiando. ¿Ella se confía a extraños y tú no puedes molestarte siquiera en
preguntarle cómo está? ¿Qué estás pensando, que te aparecerás en su noche de bodas en su
dormitorio y le dirás, ¿follamos? ¿Piensa que va a aceptarlo así nada más?
Derek podía ver que Very estaba muy enojada, mucho, y sabía cuán volátil podía ser,
pero también lo estaba enojando a él. Intentó no pensar en la imagen que ella acababa de
pintarle, pero el hecho es que en verdad el poder imaginarse a Sophie follando con Ian lo
enojaba aún más. Él había estado evitando aquellas imágenes mentales toda la semana,
después de que la había visto en la biblioteca.
—Ahora, la estás defendiendo ¿verdad? ¿Acaso ni siquiera puede luchar sus propias
batallas? Primero Ian y ahora tú. Debe ser increíblemente buena. Y no, no tengo ninguna
intención de acostarme con ella. Si Ian la quiere, él puede tenerla, pero no tengo ningún
interés. Ella consigue lo que quiere. Ella quiere a Ian y lo conseguirá con una maniobra
bastante vulgar. Ella no me conseguirá. Puede que no le guste, pero Ian fue mío primero y no
me iré a ninguna parte. Tú y ella pueden tomar su pequeño numerito de la pobre Sophie en
otro lado que no me interesa comprarlo.
— ¡Dios! ¡Eres un ignorante! ¿Acaso no puedes ver nada más allá de tu nariz grande y
gorda, egoísta idiota? Sophie es un viento frágil, cualquiera puede romperla. Si te hubieras
molestado en sacar tu cabeza de tu arnés durante cinco minutos la semana pasada sabrías que
ella pasado la mayor parte de su vida siendo horriblemente abusada por un padre que no tuvo
ninguna compasión de ella, independientemente de que haya sido su hija. Ella tiene miedo de
confiar en otros, tiene miedo de preocuparse por alguien, tiene miedo de ser tocada, para el
amor de Cristo. Ella los necesita, Derek, a ti y a Ian. Ella los necesita por sobre todo nosotros.
No me hagas, y esto lo digo sinceramente, no me hagas lamentar confiar en ti. Si pienso que
eres inútil para ella, Derek, si yo veo que le haces daño, haré un infierno de tu vida. ¿Lo has
entendido?

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Derek se sintió sacudido por las palabras de Very, aunque intentaba no demostrárselo.
¿Eso era verdad? Eso explicaría por qué le había pedido a Ian que se casara con ella. ¿O era
solo parte de su acto? ¿Les había dicho todo eso para conseguir su compasión, ganar su
confianza?
— No conozco lo que ella les ha dicho
Very lo cortó. — Nada. Ella no dirá una palabra, no hablará sobre ello en absoluto. Vi a
su padre intentar arrastrarla para golpearla el otro día, Derek. Y alegremente contó con qué
fuerza él había intentado golpearla para controlarla su espíritu, la mayor parte de su vida. Y
Sophie estaba parada como una estatua, sus hermosos ojos muertos mientras él lo decía.
Nunca quiero verla así otra vez. O de la forma en que se veía esta mañana. —Very se dio la
vuelta alejándose bruscamente, abrazándose. Su voz fue apenas un susurro cuando ella siguió.
—Oh Derek, creo que le han hecho algo horrible, más horrible aún que su horroroso padre la
golpeara. — Ella girar hacia atrás y lo atropelló, agarrando sus brazos con fuerza. — Por
favor no le hagas más daño, Derek. Por favor.
— ¿De qué estás hablando Very? Es poco probable que alguna vez la golpee, debes
conocerme mejor. — Derek se sintió muy herido al saber lo que Very pensaba de él. Él sabía
que tenía una cierta reputación como un matón, pero jamás había golpeado a una mujer,
nunca.
Very sacudió su cabeza. — No, Derek, lo sé. Nunca pensé que podrías hacerlo. —De
repente ella lo abrazó con fuerza. — Pero hay otros medios de hacer daño a alguien, modos
más profundos. Por favor sé amable a ella, Derek.
Derek la abrazó. — Si, Very, si. Intentaré ser agradable con la pequeña Sophie. ¿Está
bien? ¿Te sientes mejor?
Very se retiró y rió tímidamente. — Sí, sí lo hago, porque sé que nunca romperás tu
palabra, Derek. — Ella apoyó en la puerta de estudio. — Tengo que ir a terminar los
preparativos de mañana o la Tía Kate pedirá mi cabeza. — Ella se dio vueltas y abrió la
puerta, mirando por sobre su hombro mientras salía le dijo. — Y por que te ocultas aquí,
cobarde. Eres patético.
— ¡Musaraña! — le gritó él luego de momento.
Ella se rió, cerrando la puerta detrás de ella. Él oyó sus pies que saltaban por el pasillo.

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Derek se dio vuelta y cayó en su silla. ¿Por qué Ian no se lo había dicho? ¿Si lo que
Very decía era verdad, por qué Ian no se lo había confiado? No le llevó mucho tiempo hacer
un profundo examen de conciencia a Derek para entenderlo. Él se había comportado como un
maldito bastardo con el que había sido difícil tratar por los últimos dos meses, después de
que Ian había decidido casarse. Sobre todo desde que Sophie y su padre habían llegado. Ian
probablemente había comprendió que Derek no estaba de humor de perdonar o ser
comprensivo. Él había estado tan preparado para odiarla, para luchar por Ian. Que cuando
comprendió que no habría ninguna lucha, que desde esa primera mañana ella había poseído la
parte de Ian que era suya, Derek se había movido más allá de la razón intentando sobrevivir e
Ian había pagado por ello. Ahora podía verlo.
Maldito infierno a Derek no le gustaba toda esta introspección. Lo hacía sentir un
jovencito inmaduro, doblemente incómodo al reconocer que era un puto y maldito egoísta. Le
dolía más comprender que, aún sabiendo algo de Sophie, él todavía estaba resentido con ella,
y más resentido con cada momento que ella pasaba con Ian, con cada momento futuro, con
cada toque de su mano sobre ella, con los niños que ellos tendrían, con el amor el que
compartirían. Los celos son una cosa fea, y él estaba demasiado lleno de ellos para dejarlo
todo e ir inmediatamente, tal vez demasiado lleno como dejarlos ir alguna vez. Pero por Ian lo
intentaría. Derek no tenía que amarla, ni siquiera tenía que ser su amante, él solo tenía que
encontrar un modo de vivir con ella y no matarla.

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Capítulo Cuatro
Ian estaba en su traje mirando fijamente por la ventana de su recámara las estrellas.
Había oído tanto sobre ellas. Demasiadas teorías sobre lo que eran, reflexiones literarias sobre
que representaban a amantes, a corazones quebrados, peces en el océano, gotas de agua en
una tormenta. Para Ian solo eran estrellas, simplemente existían. Eran brillantes, hermosas, y
daban a la noche un aire de misterio. Él no era un astrónomo y ni quería serlo. Prefería vivir
simplemente, tomar lo que le daban y disfrutar de ello tanto como le fuera posible antes de se
marchara o se lo llevaran. Él no disecaba cosas, no las cuantificaba o cualificaba Esta era una
filosofía que la guerra le había enseñado.
Entonces ¿por qué él estaba aquí parado evaluando su vida? Se casaba mañana con una
dulce y hermosa muchacha, que sería la madre de sus niños. Tenía un amante magnífico a
quien adoraba aún si estaba algo malhumorado. Ian sintió sus labios curvarse en una sonrisa
poco dispuesta ante la imagen. Derek malhumorado era una de las cosas que siempre Ian
había adorado en él. Siempre le había gustado que Derek lo desafiara e intentara arrastrarlo a
sus negros caprichos, obligándolo a ser feliz y vivir su vida de manera más plena. Suspiró.
Había esperado que su esposa fuera capaz de ayudarlo hacer esto por Derek.
Quizás estaba parado en la cima de una nueva vida que lo hacía mirar hacia atrás en el
pasado. Él tenía pocas excusas. Derek era una de ellas. A menudo se había preguntado si hizo
lo correcto por el joven soldado que de repente había aparecido un día a su lado y nunca se
había marchado. Si lo hubiera apartado, si nunca hubiera hecho a Derek suyo en todos los
sentido, ¿sería más feliz ahora? ¿Tendría una esposa y niños, una casa propia, una profesión?
Él debía Derek mucho más que su amor y adoración. Él, a su manera, de un modo egoísta
había arruinado la vida de Derek. Había robado su futuro, su paz. Pero iba a devolvérselos.
Él recordó a aquellos tempranos días, intentando entender cuando había tomado la
decisión, si alguna vez realmente lo había hecho. ¿Hubo alguna vez, un momento en el que se
preguntara si podía amar a ese muchacho o despedirlo? Parecía como si hubieran andando
juntos a la deriva hasta que ser amantes fue simplemente otro paso, otra parte de ser quienes
eran. Y un día despertó y pensó que ya no podría vivir sin él.

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1811, Torres Vedras3, Portugal

— ¿Quién demonios eres tú? — Ian estaba cansado, sucio y de un humor asqueroso.
Estaba cubierto de fango de los días que le había tocado patrullar. Después de Fuentes de
Oñoro4
—El teniente Knightly, Señor, — un joven adolescente le contestó mirándolo fijamente.
Era despiadadamente alto y estaba casi tan sucio como Ian. También estaba bloqueando la
entrada de la tienda de los oficiales donde Ian tenía intenciones de dormir hasta el día del
juicio final o la siguiente misión, cualquiera que llegara primero.
—Salga de mi maldito camino, Teniente, — él gruñó, empujándolo por delante. — Sea
lo que sea lo que quiere tendrá que esperar. Estoy cansado.
— Sí Señor, — fue todo que dijo, e Ian se olvidó de él. Tropezó hacia la tienda y se
quitó sus sucias botas mojadas y la chaqueta húmeda. Él puso su rifle bajo la almohada antes
de que caer sobre ella y pronto una oscuridad de agotamiento absoluto lo tomó.
Cuando Ian despertó se dio cuenta que estaba desorientado. ¿Dónde estaba? ¿Qué día
era? Él balanceó sus pies al costado de la cama y se sentó, frotando su cara. Podía ver la luz del
sol por entre las solapas de la tienda. Entonces debe ser de día, pensó, rascándose una axila
desnuda. ¿Desnudo? ¿Qué demonios? Ian se miró hacia abajo. Él todavía tenía sus pantalones,
pero estaba desnudo de la cintura para arriba. Él jamás se desnudaba completamente, de este
modo jamás sería atrapado inconsciente si era llamado a luchar. Rápidamente él miró a su

3
Torres Vedras es una ciudad portuguesa del Distrito de Lisboa, Su nombre se deriva del latín y significa Torres
Viejas (de la misma forma que Pontevedra significa Puente Viejo). Las Líneas de Torres Vedras fueron líneas de
fortificación construidas en secreto para la defensa de Lisboa durante la Guerra de la Independencia Española, llamada
Guerra Peninsular por los británicos. Su construcción fue ordenada por Arthur Wellesley el primer Duque de
Wellington. Las líneas fueron construidas por trabajadores portugueses entre noviembre de 1809 y septiembre del año
siguientes (N.T.)
4
Se que apreciarán (algunas) este poco de cultura. El ejército británico comandado por Sir Arthur Wellesley
desembarcó el 1 de agosto de 1808 en Figueira (Portugal); ésta fue la primera acción de una guerra que iba a durar casi
seis años y que iba a terminar con el triunfo de Wellesley en el sur de Francia en 1814. Al año siguiente, 1815,
Wellesley, por entonces Duque de Wellington, venció en la definitiva batalla de Waterloo con un ejército que era una
mezcla de británicos, holandeses, belgas, hanoverianos, brunswickers y otros contingentes de distintos estados
europeos. El año de 1811 vio duras luchas una de ellas fue en Fuentes de Oñoro situado en España, Salamanca de
donde parece venir nuestro Ian. (N.T)
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alrededor y tuvo que mirar dos veces antes de poder creer lo que veía. Su camisa y chaqueta
estaban colocadas arriba de un taburete al lado de su cama y se veían secas y limpias. Sus
botas estaban al lado en el suelo, y lucían secas y tan sumamente pulidas que parecían brillar
bajo la débil luz del sol.
Ian agarró su camisa y comenzó a ponérsela, pero vaciló cuando consiguió un olorcillo
de si mismo. Sería vergonzoso, ponerse algo limpio cuando olía a queso rancio y en mal
estado. Apenas la idea había penetrado su cabeza vio una cubeta cubierta con un paño
delgado bajo el taburete. Él se acercó y quitó el paño para encontrar agua limpia. Cuando
metió el paño a la cubeta se sorprendió de encontrar que si bien el agua no estaba caliente lo
había estado... pero cuando después encontró un pedazo de jabón sobre una hoja de papel al
lado de sus botas ya estaba francamente asustado... Pareció solo natural que donde había agua,
debía haber algo jabón. Él fregó su cara, su pelo y el torso con el delgado jabón y el paño
áspero. El agua quedó casi negra cuando terminó, pero parecía un hombre nuevo. Se puso su
camisa y chaqueta, encantado al sentir la ropa seca después de semanas de lana húmeda y
sucia. Sus botas también estaban secas y eso en realidad lo hizo silbar con el placer.
— Capitán. — Alguien lo saludó e Ian balanceándose se dio vueltas para encontrarse
con el Comandante Richards que lo miraba especulativamente. — ¿Ropa limpia? ¿Y esas
botas? Buen Dios, el viejo Boney5 nos encontrará solo por su brillo. ¿A que debemos el
bienvenido alivio bienvenido de su mejorado aspecto?
Ian rió, y hasta él le pareció extraño. Los ojos del comandante Richard se abrieron
amplios. Ian se encogió de buen humor. —Al parecer alguien encontró mi hedor tan ofensivo
que decidió solucionarlo limpiándolo mientras dormía.
—Señor, —la voz detrás de Ian le pareció vagamente familiar. Ian se giró y vio al joven
oficial al que le había ladrado el día antes.
— ¿Qué desea, Teniente? — Ian le preguntó con impaciencia. El muchacho era muy
persistente.
— Permiso para peticionar la transferencia a su comando, Capitán. — La petición
sorprendió a Ian. Él nunca había visto al joven antes, y no muchos hombres querían montar
con Ian. Tenía la tendencia a tomar cada misión suicida que le presentaban. Había un maldito

5
Boney era el sobrenombre con que los ingleses llamaban a Napoleón Bonaparte, burlándose de su estatura.
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rumor, el ridículo cuento de que él no podía morir. Era como si Ian tuviese que probar su
mortalidad cada vez que salía. Él sabía que era una locura, pero muchas veces deseaba que le
pegaran un tiro. Él quería que todos y cada uno dejaran de mirarlo como si fuera la Segunda
Venida. Se debía a la pura suerte el que no había sido herido aún, no a la intervención divina.
— No estoy en misión ahora mismo, Teniente. No necesito un nuevo oficial.
— Con todo el respeto debido, Señor, su aspecto de ayer indicaba que lo necesita.
Ian se sorprendió. El muchacho en realidad tenía la audacia de parecer burlarse por el
aspecto de Ian el día anterior. — Bien, como puede ver, hoy estoy bien.
— ¿Y cómo supone que pasó, Señor? — El joven teniente le preguntó irónicamente con
una ceja levantada.
Ian estaba enojándose. — Gracias, Teniente, — él pronunció a la fuerza entre los
dientes apretados, — pero usted es un oficial, no un ordenanza.
— Bien, el hecho es que usted no lo tiene. — El teniente tuvo el descaro de apoyarse
contra el poste de la tienda con sus brazos cruzados agresivamente.
Ian le frunció el ceño. —Murió.
El teniente Knightly extendió sus brazos. — Bueno, aquí estoy
— Como dije, no tengo necesidad de un oficial nuevo.
El joven soportó y estrechó sus ojos en Ian. —Lo dijo. El asunto es que la mayor parte
de los hombres bajo su comando no pueden limpiar ni sus propios culos mucho menos
patrullando bajo las líneas enemigas, o encontrar simples provisiones para usted. — Él se
adelantó y recogió el jabón que había dejado tirado. —Esto no lo cambié por oro, Capitán,
pero estuve cerca. Usted me debe.
El comandante Richards dio un paso en la conversación. Ian había olvidado que él
estaba allí.
— ¿Bajo el mando de quién está ahora, Teniente?
El teniente Knightly lo miró, se irguió ante el Comandante en una postura militar. —
Crossingham, Señor
— Hablaré con su comandante. A no ser que haya algún impedimento del que usted
sea inconsciente, considérese asignado al Capitán Witherspoon.
— ¡Comandante! —Ian exclamó, horrorizado. — Quizás nosotros deberíamos hablar

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algo más... — Él miró al teniente que sonreía con satisfacción. —en privado.
El comandante Richards lo miró desde su impresionante altura, sus labios contraídos en
la contemplación. — No lo creo, Capitán. El teniente dice lo correcto. Sus hombres necesitan
una patada en culo y al parecer, alguien que les enseñe como limpiárselo después. Su joven
teniente parece poder hacerlo. — Richards se dio media vuelta y salió hasta la entrada de la
tienda. Se dio vuelta y agregó con un sonrisa burlona, — y creo que tenemos una deuda de
gratitud por el jabón. Olía peor que podrido, Capitán.
Ian miró airadamente al Teniente Knightly. — Pequeño y lamentable hijo de puta.
Confía en mí, lamentarás esto.
—No más que usted, Capitán, se lo aseguro, —contestó el teniente sarcásticamente. —
Y no tenía ninguna idea de que conocía a mi madre. —Su respuesta sorprendió una sonrisa de
Ian. El teniente rió socarronamente. — Ahora, déme una lista de las cosas que usted necesita.
Tengo algo de comerciante, ya verá, ahora sería mejor si no se informa demasiado
estrechamente como las adquiero.
No tomó mucho tiempo para Ian y su joven teniente llamarse por sus nombres. Derek
Knightly, podía moverse casi tan bien como Ian en el campo de batalla, detrás de las líneas
enemigas, o saboteando campos franceses para obtener alguna información. Era mejor aún
recolectando provisiones cerca de los campos británicos. Ian vivía como un rey, como lo hacía
la mayor parte de sus hombres. Comida caliente, ropa limpia, vino, mujeres, Derek—
conseguía lo que ellos quisieran. Ian reconocía que Derek se arriesgaba bastante para
conseguirlas. El muchacho parecía poseer la suerte del diablo. De algún modo, e Ian no estaba
seguro cuando había ocurrido, se habían vueltos amigos; más que amigos en realidad. Ellos
estaban malditamente cerca de ser inseparables. Se hizo costumbre para la gente verlos juntos
en todas partes. Si no lo estaban la gente les preguntaba dónde andaba el otro. Ellos
compartían una tienda, la comida, el licor y las mujeres.
La primera vez que ellos compartieron una mujer fue muy parecido a como se habían
hechos amigos, de algún modo pasó, sin un plan o discusión alguna. Derek cayó en la tienda
una noche con una puta española, algo joven pero un poco cansada. Cuando Ian quiso salir
de la tienda, Derek lo paró con una mano en su brazo.
— No te vayas, Ian. — Ian lo miró inquisitivamente. — Solo cierra la tapa y enciende

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la lámpara. — Él lo hizo como Derek le pidió. .


— ¿Y Ahora qué? — Ian le preguntó, pero él lo sabía, y lo quería. Él había oído a
algunos otros oficiales que hablaban sobre compartir mujeres. Él quería hacerlo con Derek.
Con nadie más, solo con Derek. De algún modo parecía una progresión natural de su amistad.
— Ahora la follamos. — La declaración normal de Derek provocó una sonrisa en Ian.
— Bien, eso parece bien, pero ¿cómo?
Los asustados ojos oscuros de Ian notaron la mirada perpleja de Derek. — ¿Qué
significa pero cómo? — La puta colgaba del hombro de Derek, acariciando su pecho por su
chaqueta abierta. —Nosotros podríamos tomar turnos, supongo. O ella podría chupar a uno
de nosotros y follar al otro.
Ian pensó en ello. Sí, ambas eran buenas opciones. Pero si ellos iban a hacerlo, bien
podían hacerlo de manera correcta. — Quiero que la follemos juntos, al mismo tiempo.
Los ojos de Derek se ensancharon ante la sugerencia de Ian. — ¿Ella puede hacer eso?
— Su voz reflejaba su juventud, como si acabara de averiguar que las muchachas eran buenas
para algo después de todo. Ian se encontró riendo extensamente en previsión de la reacción de
Derek a lo que iba a decirle después.
— Por lo que he oído, — Ian le dijo, frotando su barbilla pensativamente mientras
rodeaba a la muchacha y evaluaba sus atributos y predisposición, — uno de nosotros jode su
coño y el otro su culo.
— Cristo Jesús, — susurró Derek atemorizado, — es malditamente ingenioso. —
¿Quien pensó en eso?
Ian se echó a reírse. — No tengo ni idea, Derek, pero también me parece malditamente
bueno. — La puta había entendido lo que pasaría y estaba allí parada entre los dos, Ella
sostuvo dos dedos y los señaló a ambos. Ian cabeceó y ella hizo un gesto por más dinero.
—Bien, veamos si ella sabe lo que hace. —Dijo Derek cautelosamente. —Démosle lo
que pide. — Ian sacó el dinero de su equipo y se lo dio a la puta, quien lo contó con cuidado.
Entonces ella se sacó un zapato, puso el dinero y lo empujó con los dedos de su pie. Luego
comenzó a quitarse el resto de su ropa.
Ian miró a Derek y él se encogió como diciendo por qué no y luego él comenzó a
desnudarse también. Ian se encontró deseando ver a Derek desnudo. Era tan grande, alto y

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esquelético, con una gruesa mata de pelo sobre su pecho. ¿Cómo sería el resto de su cuerpo?
Para no ser obvio, Ian también se desnudó mientras dividía su atención entre Derek y la puta.
Ella terminó primero, y Ian se impresionó
— ¿Cómo demonios consigues a todas las jóvenes, bonitas, Derek? — Él preguntó
mientras la miraba ponerse cómoda sobre la cama.
Derek se sentó al lado de ella y la besó sobre el hombro mientras se sacaba las botas. —
Soy joven, limpio, apuesto y tengo plata para pagarles. ¿Por qué ellas no me escogerían sobre
algunos viejos, gordos y malolientes oficiales? — La puta respondió a la atención de Derek con
una sonrisa y ella pasó a sus rodillas para acariciar sus musculosos hombros y espalda. Se
deslizó detrás suyo y frotó sus grandes pechos contra su espalda, Derek cerró sus ojos y rió. —
¿Hay algo mejor que sentir los pechos desnudos de una mujer contra uno?
Ian se sacaba sus propias botas y bajaba sus pantalones cuidando no ser demasiado
áspero mientras los empujaba sobre su erección. El pensar lo que harían lo había puesto duro y
dolorido. — Probablemente, pero no lo he encontrado aún, — él estuvo de acuerdo. Cuando
quedó desnudo miró a Derek y lo encontró mirando abierta y fijamente su polla.
—Demonios sangrientos, Ian, ¿cómo andas alrededor con esa bestia entre tus piernas?
El saber que Derek lo miraba y lleno de admiración hizo que la polla de Ian temblara, y
sintió que una pequeña gota de líquido se filtraba. — Siento decepcionarte, pero no se ve así
todo el tiempo, — le contó a Derek irónicamente, intentando no dejar ver al otro hombre
como su atención lo afectaba. Dios, él no había imaginado que sería Derek y no la puta quien
lo pusiera tan caliente para follar.
Cuando Derek se levantó y se dio vuelta, finalmente se paró desnudo ante él, Ian se
quedó mudo de sobresalto. Era absolutamente hermoso. Estaba esculpido en gruesos músculos
desde sus hombros hasta sus piernas, su torso y caderas eran delgadas, sus nalgas firmes. Su
polla estaba tan dura como la de Ian, aunque Ian debió admitir que no tan grande como la
suya. Realmente, Ian nunca había comparado su pene con el de otro hombre. Si Derek iba a
ser un modelo, entonces debía supone que él suyo era bastante grande. Su mano en realidad
picaba por enterrarse en la gruesa mata de pelo que rodeaba el pene de Derek. .
Cristo todopoderoso, ¿qué estaba mal con él? Él no se había sentido atraído por otro
hombre, nunca. Esto debía ser su amistad. Él se preocupaba muchísimo por Derek. Era

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probablemente el mejor amigo que alguna vez había tenido. Ian había comprendido hacía
algunas semanas que tener a Derek en su vida había sido puramente fortuito. Él había llegado
lo más abajo que alguna vez había estado, y esas misiones suicidas habían sido solo tentativas
de suicidio a manos del fuego enemigo. Por la amistad de Derek aquellos oscuros días habían
terminados. Estos sentimientos, o lo que fueran, debían atribuirse a eso. Con todo lo que
pasaba, el maldito mundo se había puesto patas arriba con esta guerra, no era extraño
confundir amistad con deseo. La idea lo tranquilizó.
Ian se movió hacia la cama donde la bonita puta estaba sentada esperando
pacientemente y él se sentó a su lado. — ¿Cómo te llamas, amor? —Le preguntó, y ella le miró
con el ceño fruncido, sin entender.
— Ella es bonita y limpia, pero no habla el inglés, — dijo Derek. — Soy bueno, pero no
puedo obrar milagros.
Ian se rió de él. —Eso significa que ella no ha estado en esto largo tiempo. En mi libro,
eso es un más. — Él se volvió hacia la muchacha. — ¿Nombre? — Él dijo despacio. —
¿Nombre? — Él colocó su mano sobre su propio pecho. —Ian. Ian. — Él la señaló a ella. —
¿Nombre?
— Oh, Si, — ella dijo, riendo. Ella colocó su mano sobre su pecho, imitando a Ian. —
Dolores—. Ella lo dijo despacio, pronunciando cada sílaba como él había dicho su nombre. —
Ii—.aa—nn—, ella repitió con una mano sobre su pecho. Luego se giró hacia Derek con
expectación.
— Derek, — él la dijo con su sonrisa socarrona de lobo, y los latidos del corazón de Ian
comenzaron a correr desbocados. Él rápidamente miró hacia atrás a Dolores.
— El Der—ek, — ella dijo despacio y rió triunfalmente, haciendo reír a ambos
hombres.
— Sí, — dijo Derek con una sonrisa. — Ahora, beso. — Y él se inclinó a besar su boca.
Ella intentó evitarlo y Derek frunció el ceño.
— La mayor parte de ellas no te dejarán besarlas, — Ian le dijo, apoyando atrás ante
sus manos. — Ya lo sabes. Algún truco del comercio.
Derek dio a Dolores una sonrisa burlona que derritió su corazón mientras se sentaba
del otro lado de ella y acurrucado su mano entre las suyas, trayéndola a su pecho implorando

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— ¿Por favor, Dolores, beso? — Él le preguntó.


Claramente Dolores no había estado en el comercio por mucho tiempo porque no fue
inmune a los encantos de Derek. — Si, Der— ek, beso, — ella le dijo y se elevó a sus rodillas
mientras se inclinaba para darle un picotazo sobre los labios.
— No creo que sepa como. —dijo Ian con asombro. —Ella sabe como joder a dos
hombres y no tiene ni idea como besar. Parece tan incorrecto. — Él se giró hacia Dolores. —
¿Cuántos años? —Él le preguntó señalándola. Él tocó su pecho. —Veinticinco. —Ella inclinó
su cabeza, obviamente intentando entender. Ian dirigió sus manos abiertas dos veces y luego
sostuvo cinco dedos. —Veinticinco
Derek la giró. —Veinte, — le dijo él, y dirigió sus manos dos veces.
— Oh, Si, — dijo Dolores, riendo. Indicó ella misma. —Diecisiete. —Ella mostró sus
manos una vez y luego sostuvo siete dedos.
— Diecisiete, — Ian susurró. — ¿Deberíamos estar haciendo esto?
Derek miraba a Dolores con la lujuria mal disimulada mientras ella rozaba con sus
manos sus duros pezones. — Si no nosotros, entonces alguien más lo hará. Alguien más ya lo
ha hecho, en realidad. — Él alzó la vista a Ian. — Al menos sabemos que seremos apacibles y
la trataremos bien. — Él miró hacia atrás a Dolores y la besó suavemente y la muchacha fue
de buen grado hacia sus brazos. Derek acarició su mejilla con una mano y usó su pulgar para
abrir su boca. Él la besó más duro, su lengua entró profundamente en su boca. Después de un
momento sobresaltado, sus brazos se abrigaron alrededor de su cuello y ella gimió. Incluso a
los oídos cansados de Ian eso sonó verdadero. Ian controló una mano hacia abajo por su
cuerpo, suave, largo, a su liso trasero, por sus nalgas llenas y más abajo, al rico delta entre sus
muslos. Su calor y humedad convencieron a Ian de su sinceridad. Su toque allí hizo que ella
temblara y gimieran otra vez mientras se arrancaba del beso de Derek. La mirada la que ella
les dirigió le provocó un ligero pánico.
Derek acarició su mejilla otra vez y le dio una sonrisa tierna. Ella provisionalmente se
hizo hacia atrás sonriendo, y luego jadeó cuando el dedo de Ian entró en ella, yendo lento y
profundamente. Ella estaba suave, caliente y mojada, como una húmeda seda envolviéndose
alrededor de su dedo. Sus caderas corcovearon cuando él arremolinó su dedo, buscando su
punto dulce. Él supo que lo había encontró cuando ella se estremeció y mordió su labio. Ian se

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Camaradas de Armas 4

movió a sus rodillas detrás de ella para alcanzarla mejor.


— Madre de Dios6, — ella gimió cuando él se apretó contra su pared interior de seda.
Ian sonrió abiertamente contra su pelo detrás de ella. — Por supuesto, amor, así es,
dime cómo se siente de bueno, — él susurró, sabiendo ella no podía entender las palabras, pero
con la esperanza de transportar su significado a través de su toque y su tono.
— Me gusta besar, — susurró Derek, presionando besos ligeros sobre la cara de Dolores
y su mandíbula. —me gusta besar la boca de una mujer, su cuerpo, ese punto dulce y jugoso
entre sus piernas.
Ian rió en silencio, despacio moviendo su dedo dentro y fuera de la muchacha embutida
entre ellos. — Bien, con seguridad tiene un coño jugoso. — Él colocó mordiscos delicados a lo
largo de su hombro.
— ¿Así es cómo lo llamas? —Derek le preguntó. — Nunca sé como llamarlo. Tiene
tantos malditos nombres. — Él frotó narices contra Dolores y rió. — ¿Qué tienes, Dolores,
coño o gatito? ¿Cómo lo llamas?
Ella rió. —Bésame, der—ek, — ella susurró.
La risa de Derek pasó por Dolores hacia Ian. Ian jadeó ligeramente ante la increíble
intimidad de sentir la risa de Derek durante el sexo mientras él se encontraba completamente
excitado. Estaba condenadamente cerca de correrse. Él tiró encima del hombro de Dolores y
quedó a pulgadas de distancia de las dos bocas que bailan en los movimientos intrincados de
un beso acalorado. Con avidez miró la lengua de Derek cavar en la boca de Dolores, miró su
rendición ante la mojada y sensible invasión, sus ojos revoloteaban cerrados. Sí, a Derek le
gustaba besar. Se notaba en cada toque de sus labios, en cada empuje de su lengua, en cada
pequeño mordisco sobre la comisura de su boca. La propia boca de Ian se inflamó ante lo que
veía y los sonidos del beso. Él no podía dejar a su mente imaginarse llegar a descubrir como
serían los besos de Derek. Sus caderas involuntariamente empujaron ante el pensamiento,
Dolores se movió para que Derek rompiera el beso. Él miró a Ian con ojos idos, vidrioso de
lujuria y los músculos del estómago de Ian se apretaron en respuesta.
Ian rápidamente miró a lo lejos, poniendo su frente sobre el hombro de Dolores,
moviendo su dedo más rápidamente dentro de ella hasta que ella jadeó y se estremeciera de

6
En español, en el original.
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modo incontrolable.
— ¿Cristo, Ian, qué le haces? — Derek preguntó maravillado mientras miraba el placer
sin inhibiciones de Dolores.
— He encontrado su punto de mujer, — susurró Ian, en bastante control ahora como
para alzar la vista hacia Derek.
— ¿Su qué? — La perplejidad de Derek era obvia.
La sonrisa burlona de Ian relució en la oscuridad de la tienda. —Es que deberé
entonces, enseñarte cómo follar a una mujer. ¿Verdad?
— Sé como joder a una mujer. —Derek pareció ofendido. Entonces su sonrisa burlona
destelló. — Solo desconozco como follar como tú.
Ian sintió explotar de risa. Derek siempre lo hacía reírse con su honestidad brutal, a
veces en los momentos más horribles o torpes. Éste era uno de los motivos por lo que tanto le
gustaba. Ian se sintió más asentado sobre la tierra, conversando sobre como follar a una mujer,
en vez de imaginarse como besaba Derek.
Ian sacudió su cabeza y luego explicó. — Cada mujer tiene un punto dulce dentro de su
canal, un lugar que si lo tocas se vuelven salvajes. Para algunas está cerca de su entrada, para
otras más profundo, tanto que la única forma de llegar allí es con tu polla. Pero si lo
encuentras se vendrán como gatas salvajes.
— Eso si es el tipo de cosas que todo joven debería aprender, —dijo Derek seriamente,
haciendo reír a Ian otra vez. — Tendrían que enseñar esto en la escuela.
Ian resopló. —Estoy bastante seguro que la mayor parte de mis profesores desconocían
completamente este conocimiento. Ni siquiera hay libros, enormes y aburridos, que hablen
sobre el tema.
En aquel momento Dolores agarró los hombros de Derek con fuerza, empujándose
hacia abajo sobre los dedos de Ian más duros y con un viejo ritmo. Él avanzó un dedo y frotó
el duro pedazo de su deseo, al principio suavemente, pero luego con creciente presión hasta
que ella dio un gemido que pronto se cortó en un grito que se convirtió en más suave después
mientras movía su cabeza. Ian podría sentir sus paredes vaginales pulsando alrededor de su
dedo, y él empujó otro. Dolores gritó fuerte y se apretó con fuerza contra él.
— Cristo, sus uñas van a dejar señales permanentes en mi hombro, — rió Derek. —

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Definitivamente voy a práctica hasta encontrar el punto que vuelve un caramelo a Dolores. —
Ian se inclinó y extendió besos a lo largo de su nuca mientras ella se derrumbaba en los brazos
de Derek.
Ian sintió el temblor de la muchacha y se inclinó sobre su hombro para un beso.
Entonces notó que ella gritaba. Él levantó su mano y borró una lágrima con sus dedos. —
¿Qué pasa, amor? — Ella dijo algo en español que Ian no entendió, pero Derek fue capaz de
traducir la idea general.
— No creo que alguna vez antes lo haya logrado. — Su voz maravillada sostenía pura
satisfacción masculina. — Ella nunca había venido antes y lo logramos. — Él rió ferozmente a
Ian. — Maldito, somos buenos.
Ian se rió. — ¿Somos? Creo que hice la mayor parte del trabajo.
Derek lamió a lo largo de los labios de Dolores. —Mis besos ayudaron tremendamente.
— Cuando ella se abrió para recibirlo, Derek devoró su boca.
— Sí, creo que lo hiciste, — estuvo de acuerdo Ian en un susurro.
Él sacó sus dedos de Dolores, dejándola mojada e hinchada, y ella gimió. Sus dedos
estaban empapados con sus jugos y él se deslizó despacio hacia atrás, a su culo y la entrada
apretada de allí. Él alivió un dedo mojado hasta el primer nudillo y Dolores rompió del beso
de Derek para gritar sorprendida.
— ¿Qué diablos haces ahora? — Derek preguntó con exasperación. — No puedo ver
una maldita cosa desde aquí. La próxima vez haremos esto durante el día.
— ¿Vas a dejar de hacerme reír? — Ian se quejó con una sonrisa. — Esto, como se
supone, es una experiencia profundamente erótica, no una obra teatral de medio penique.
Esta vez fue el turno de Derek para reírse. — Sí, oh gran profesor de folladas. Ahora
dime qué haces.
Ian retiró su dedo hacia atrás y luego lo insertó un poco más profundo, con cuidado
follándola con él. Dolores dio un gemido profundo y agarró a Derek. —Consigo su culo listo
para follarlo.
— Maldito, me gusta hacer esto contigo. — La voz de Derek era profunda con el deseo
y retumbó a lo largo de los nervios de Ian, haciéndolo temblar.
— Bien. ¿Y a ella? — Ian era tan cuidadoso como podía con ella. En este momento

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Al comando del amor Samantha Kane
Camaradas de Armas 4

todo lo que hacía era instintivo o teórico. Nunca había follado a una mujer en el culo antes.
Mientras más jugaba con el culo de Dolores, mejor le parecía la idea de hacerlo. —Ella está
tan jodidamente apretada y caliente aquí. Jesús, no estoy seguro de que pueda esperar.
La cabeza de Dolores empujó el hombro de Ian, su movimiento tiró a Derek hacia
adelante un poquito más, entonces los dos estaban inclinados sobre Ian. Derek alzó la vista
hacia él con una sonrisa burlona e irreverente. — Ah, creo que esto le gusta. — Derek recorrió
con la mirada la cara de Ian. — ¿Ian? — Él le preguntó, el deseo palpitaba en su voz.
Ian intentó disfrazar tanto como pudo que se estaba quemando por Derek, verlo sobre
su pecho, mirándolo con el deseo escrito en cada línea de su cara. Ian sintió que le dolía. —
Bésala, Derek. Besa sus pechos. Quiero mirarte.
Los ojos de Derek se quedaron en los de Ian mientras pudo sostener su mirada cuando
bajó su cabeza a sus pechos. Él finalmente lo miró mientras besaba uno primero y luego el
otro.
— Lámelos, — Ian le ordenó suavemente.
Derek rodeó los pezones de Dolores con la punta de su lengua y luego abrió su boca
para besar los suaves montículos. Ella agarró su cabeza y lo movió hacia el pezón de un pecho.
Él lo mojó con su lengua y Dolores se retorció gritando.
—Chúpalos. — La voz de Ian fue áspera.
Derek abrió su boca y tomó el pezón de Dolores y chupó con fuerza. Ella casi cayó de
la cama. Mientras él había estado besando sus pechos, Ian despacio había estado trabajando su
dedo más profundo en su culo. Cuando Derek chupó con fuerza, Ian presionó su dedo hasta el
fondo y Dolores gritó, extendiendo sus piernas amplias y retrocediendo contra la mano de
Ian.
La respiración de Ian era difícil y errática. Jamás en su vida había deseado follar tanto.
Toda la situación lo empujaba más allá de todos los límites que conocía y había obedecido
desde que se había hecho hombre. Él deseaba a la joven y bonita Dolores. Él iba a follar a una
mujer con otro hombre, compartirla del modo más íntimo con Derek, a quien deseaba más
que Dolores. La vista, el sonido y el olor de la pasión de Derek volvían loco a Ian. Él iba a
follar a una mujer en el culo por primera vez y muy en fondo de su cabeza sabía que quería
hacer lo mismo con Derek. El sudor mojó su labio superior cuando la imagen suya y de Derek

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Camaradas de Armas 4

cerrados juntos en un abrazo llenó sus pensamientos. Él estaba confundido, excitado,


asustado, ardiendo; la combinación de todas estas emociones lo tenía caminado sobre una
cuerda floja de deseo. Notó que todos sus sentidos, el gusto, el olor, eran más sensibles de lo
que alguna vez habían sido. Él quería recordar cada momento, para años después recordarlos
y pensar en ellos con absoluta claridad. Los tres, jóvenes, sanos, lozanos, explorando y
dándose placer el uno al otro de un modo que antes de esta noche, antes de Derek, sólo había
pensado vagamente como una fantasía.
— Ella está tan apretada, Derek, — susurró Ian. — No quiero hacerle daño.
Derek se desprendió del pecho de Dolores, lamiendo y calmándolo con suaves besos. Él
alzó la vista hacia Ian otra vez, toda su risa se había ido. — Usa uno o dos dedos en ella, Ian,
de la misma manera en que se estira el coño de una mujer. Eres demasiado grande para entrar
antes de que esté lista. —Él miró a Dolores y pasó sus dedos por su mejilla. — Creo que ella
me gusta demasiado como para que nos precipitemos. La quiero, quiero esto. — Él cerró sus
ojos y se inclinó sobre el hombro de Dolores entonces su cara quedó cerca del pecho de Ian y
respiró profundamente. Su frente descansada sobre Ian mientras él besó el oído de Dolores. —
¿Tiene sentido? Cristo, sufro por ti. Apúrate Ian, apresúrate.
Ian no necesitó más estímulo. Él presionó otro dedo en Dolores y despacio empujó con
ellos, estirándola. Ella sollozó y agarró a Derek, besando su cuello, su mejilla, a ciegas
buscando su boca. Él se la dio y tragó sus gritos mientras Ian trabajaba su culo.
— Ahora, ahora, — jadeó Ian, sacando sus dedos. Derek agarró los muslos de Dolores
y la levantó, extendiendo las mejillas de su culo en el proceso. Ian colocó su polla en el
apretado capullo de rosa, buscando un camino para su toque. Él comenzó a entrar en ella, pero
Dolores comenzó a sacudir su cabeza.
— ¡No, no! —Ella se apartó de los brazos de Derek y se arrancó del abrazo de Ian.
Ian puso su mano sobre la cama. Él lo quería, pero no la obligaría. —Está bien,
Dolores, está bien. — Él miró su turbación cuando se dio vuelta. —Mírame, —le dijo ella,
pero Ian no entendió. Ella se inclinó y rápidamente tomó su dolorida polla en su boca.
—Oh Dios, — él gimió, su mano enterrándose en su pelo mientras ella usaba sus labios
y lengua sobre él. Ella lamía su dura longitud, mojándolo, haciéndolo liso.
Ella se retiró y señaló polla. —Mira aquí, ¿Si? — Ella le dijo. Él sacudió su cabeza,

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Al comando del amor Samantha Kane
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perplejo. Ella pasó un dedo por el largo de su polla y lo separó para mostrarle el residuo
mojado de saliva y de repente Ian lo comprendió.
— Lo haces más fácil, — él susurró con una risa inestable. — Si, Dolores, — él dijo,
cabeceando con una sonrisa. —Si—. Ella lo lamió otra vez y luego se dio vuelta y se elevó a
sus rodillas, enfrentando a Derek otra vez, quien silenciosamente había mirado su cambio.
—Der—ek — dijo ella, con una sonrisa, y deslizó sus brazos alrededor de él mientras
besaba un costado de su cuello. Cuando él no respondió ella se separó y colocó sus manos
para que sostuvieran sus muslos por la parte de atrás, como estaban antes. —Der— ek, —ella
intentó otra vez, indicándole que debía levantarla como lo había hecho antes.
— ¿Ian? — llamó él.
Ian se movió detrás de ella. —Ella consiguió mojar mi polla, Derek, supongo que así
entrará más fácil. Levántala hacia arriba otra vez.
— Jesús, creo que estoy enamorado, —Fue todo lo que Derek dijo mientras agarraba
sus muslos y la extendió para Ian.
Ian rió pero cortó su risa, cuando la gruesa cabeza comenzó a deslizarse en el apretado
paso. Él agarró los hombros de Dolores con demasiado con fuerza y ella gritó. —Lo siento, es
solo que se siente tan bueno. —Él la había soltado, pero entonces no tenía nada de que
agarrarse.
— Agárrate de mí, Ian, — dijo Derek suavemente. — Agárrate de mí.
Ian revisó sobre el hombro de Dolores los ojos de Derek y despacio levantó sus manos a
los bíceps de Derek. El sentir los duros músculos, suaves bajo sus manos, la piel caliente, hizo
apretar los músculos del estómago de Ian. Sí, él pensó, ahora es perfecto. Tengo que tocar a Derek
mientras lo hago. Lo necesito para ser una parte de ello. Él empujó su polla despacio en Dolores y las
sensaciones fueron tan exquisitas que cerró sus ojos y apretó su mandíbula con el esfuerzo por
no correrse.
Apretando los brazos de Derek los acercó a los tres, más juntos. Dolores estaba
apretadamente presionada entre los dos hombres, y el sonido de su respiración llenaba la
tienda como un coro de pasión. Cuando la polla de Ian casi se enterró hasta las pelotas en el
culo de Dolores, él se detuvo.
— Derek, — él jadeó, — ahora. Entra en ella ahora.

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— ¿Cómo se siente?
Ian abrió sus ojos y sonrió a Derek. — Jodidamente asombroso. Tienes que intentarlo.
Derek levantó una de las piernas de Dolores más arriba, haciéndola gemir. — Lo haré.
Aquí, sostenla. — Él pasó la pierna a Ian, quien aflojó el brazo de Derek y la sostuvo. Desde
donde estaba, arrodillado delante de Dolores, Derek intentó entrar en ella pero la cama
comenzó a bambolearse. Con una maldición Derek se detuvo. —Movámonos al piso.
Derek con cuidado se alzó y se posó en el suelo. Ian lo siguió con su polla enterrada en
Dolores, para luego él y Dolores sentarse a horcajadas sobre Derek. Ella gimió y agarró las
manos de Ian que habían rodeado su estómago. Cuando ellos estuvieron en el lugar le llevó a
Derek sólo un momento conseguir su polla en posición.
— Bájala, Ian, ponla en mi polla. — Ian bajó Dolores, y encontró que tendría que
doblarla hacia delante e inclinarse para mantenerse adentro. En cuanto Derek comenzó a
entrar en ella, Ian pudo sentirlo, podía sentir la polla de Derek deslizarse a lo largo de la suya
a través de la delgada pared de la vagina de Dolores. Derek se paró con un gemido.
— ¿Lo sientes Ian, me sientes? — dijo Derek con una voz estrangulada.
— Mmm, — Ian masculló, cabeceando. Él ni siquiera podía emitir una sola palabra
golpeado por la lujuria que sintió cuando la polla de Derek entró en Dolores. Sus ojos se
cerraron de golpe para Derek cuando las manos del otro hombre pasaron y cubrieron con las
suyas las caderas Dolores.
— Más, — Derek susurró. — Quiero más de ustedes dos.
Las palabras se confundieron con el grito de Ian mientras empujaba a Dolores abajo
sobre Derek. Ella dio un grito corto, rápidamente sofocado por su mano mientras su cabeza
volaba hacia atrás, haciendo que su cabellera se derramara bajo su espalda. Ella empujó hacia
abajo con fuerza y hacia el cuerpo de Derek tirado en el piso.
— ¡Dios, sí! — gritó Derek, moliéndose contra ella.
— Reduce la velocidad, reduce la velocidad, — jadeó Ian, intentando no unírseles en
una follada sin inhibiciones. Los tres se congelaron por un momento, sus alientos rompían la
tranquilidad de la tienda.
La cabeza de Derek cayó al suelo. — Has algo Ian, rápido. No puedo quedarme así. —
¡Yo…Dios! — Dolores había seguido adelante sobre Derek, moviéndose hasta que él casi

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estaba fuera de ella.


— Va… mos —ella gimió. —Va..mos7. —Ella intentó empujarlo hacia atrás
torpemente.
— Sí, Si, entiendo. — Cuando ella se movió se echándose hacia atrás sobre Derek, Ian
salió, los dos penes se deslizaron uno delante del otro dentro de ella, la capa adicional de
sensaciones hizo a Ian temblar y a Derek gemir. Sin palabras, los tres comenzaron un baile
intrincado, cuando una polla salía la otra entraba, follando a Dolores uno a uno. Sensaciones y
palabras murmuradas con deseo, todo se mezclaba, hasta quién follaba a quién se velaba.
Por Dolores Ian intentó demostrar a Derek como se sentía, al mismo tiempo que
intentaba darle a Dolores una experiencia sensual que quizás ella jamás había tenido antes. Él
quería que ella alcanzara su orgasmo una y otra vez, quería sentirla abrazada a él. Quería oír
sus gritos. Pero también esperaba el punto culminante de Derek, sentir su polla dentro de
Dolores contra la suya, oír los gritos de Derek llenar la noche. Lo necesitaba salvajemente, y
sus empujes se hicieron más duros.
De repente Derek se elevó para besar y amamantar los pechos de Dolores. Ian paró sus
movimientos, feliz con el momento. Él quería que esta follada durara para siempre. Pasó su
mano por el pelo mojado de sudor de Derek inconscientemente, y luego acarició los amplios
hombros de Derek, también humedecidos por el calor de su juego sensual. Derek arqueó su
trasero ante el toque de Ian como un gato y luego despacio se arrancó de él y de Dolores
echándose hacia atrás, hacia el suelo. Sin hablar ellos comenzaron a moverse nuevamente
dentro de Dolores.
Cada vez la presión se construía, hasta que Ian pensaba que él volaría. Ellos se
retiraban y comenzaban otra vez, y otra vez, una y otra vez. Dolores se corrió, y luego volvió
a correrse hasta que quedó laxa y líquida entre sus brazos.
— Ian, — Derek gritó por fin, — no puedo esperar más. Por favor, Dios, Ian, — y
luego se empujó en Dolores profundamente y derramó su semilla caliente mientras ella se
contraía alrededor de ellos uno vez más. Ella cayó hacia adelante sobre el pecho de Derek y
los dos se besaron vorazmente cuando se corrieron. El calor y la ferocidad de la liberación de
Derek combinada con los espasmos apretados del punto culminante de Dolores finalmente

7
En castellano en el original.
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trajeron a Ian. Él se corrió dentro de ella tan duramente que se sintió mareado. Éste había sido
el clímax más increíble de su vida. Él cayó hacia adelante sobre Dolores, pero intentó
mantener la mayor parte de su peso reforzado en sus temblorosos brazos.
Después de recuperarse, Ian se retiró despacio de Dolores, incitando un gemido de
alivio de la delgada mujer. Ian sonrió en silencio cuando cayó a su lado, en el suelo al lado de
Derek. Él levantó un brazo sobre sus ojos, tratando de conseguir algo de aliento para sus
pulmones. Estaba físicamente agotado, pero más feliz de lo que jamás se había sentido desde
que había venido a la guerra. Lo que había comenzado como una experimental joder con su
mejor amigo y una puta se había dado vuelta para convertirse en la experiencia sexual más
emocionalmente estimulante de su vida.
— ¿Ian? — Ian se giró hacia Derek a su derecha y se encontró mirando que Dolores se
había acurrucado contra él, su cabeza sobre su pecho, sus ojos cerrados mientras Derek
acariciaba su pelo. Ellos se veían hermosos juntos y el pecho de Ian se agitó recordando lo que
acababan de vivir.
— ¿Qué pasa, Derek? — Él susurró, una pequeña sonrisa encorvaba sus labios.
— ¿Cuán pronto piensas que podríamos repetirlo otra vez? Quiero cambiar de sitio.
Ian mordió sus labios para sofocar su risa, no quería despertar a Dolores. —Vamos a
dejarla descansar un poquito, Derek. Y luego, si ella es capaz, definitivamente lo haremos otra
vez.
—Maldito si no lo hacemos otra vez, —dijo Derek reverentemente. —Jamás quiero
hacerlo de otro modo.
Ian cerró sus ojos. — Ni yo, Derek, — él susurró. —No sin ti, —sumó
silenciosamente.

Al día siguiente ellos le permitieron a Dolores dormir su noche de pasión en su tienda.


De algún modo una noche se convirtió en dos, y en el final Dolores nunca se marchó. Su
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campamento siguió adelante y ella se movió con ellos. Ian y Derek le enseñaban inglés y le
compraban baratijas y ropa y a cambio de noche ella les enseñaba como amar a una mujer, y
sin querer, como gustar el uno al otro.
Ella era suya. Todos lo reconocían. Nadie intentó comprar sus servicios después de que
Derek golpeara como el infierno a un soldado, cuya oferta, decidió a Derek tratarla como un
insulto. Ellos la estropearon en la cama y a cambio, ella comenzó a cuidarlos como una buena
esposa de ejército. Ellos la amaron a su manera, y ella a la suya, pero la suya no era una
magnífica pasión. Todos sabían que cuando Ian y Derek la dejaran. Dolores se quedaría. Ella
ahorraba todo el dinero que ellos le daban para una dote, entonces ella podría tener un
matrimonio bueno después de que ellos se fueran. Ellos contribuían a su fondo fielmente.
Dolores se hizo más una mejor amiga que una amante, aunque sus noches seguían
estando llenas de pasión experimental, lo que les permitió explorar de una manera juvenil y
sana su sexualidad por primera vez. Se permitían algo y todo con Dolores, Ian y Derek sólo se
tocaron el uno al otro periféricamente cuando ambo follaban a Dolores, a pesar de que el
deseo de Ian por Derek era más irresistible con cada encuentro. Él mantuvo sus sentimientos
para sí, e intentó darse por satisfecho con los breves momentos de intimidad compartida
Dolores estuvo con ellos durante aquel espantoso 1812 en que nacieron los Light
Dragoons8 dónde Ian participaba. Físicamente gastado, emocionalmente agotado, horrorizado
con las matanzas que veían, Ian y Derek encontraban consuelo en el compañerismo y la
ternura de Dolores. Muchas noches Ian despertaba con los sonidos de Derek y Dolores
follando en la cama a su lado, mirándolos. Veía como Dolores probaba la piel de Derek con su
lengua y mordía sus planos pezones duros, hasta que él gemía. A Derek le gustaba que ella lo
lamiera y luego chupara la delicada piel interior de su muslo ó cuando le pasaba las uñas bajo
su espalda para clavarlas en sus nalgas mientras él la montaba. La mayoría de las veces le
gustaba que fuera ella la que estuviera arriba. Le gustaba que chupara su polla pero prefería
correrse en su coño o en su culo, en vez de su boca. Ian miraba todo eso y reservaba la
información.

8
Famosísimo Regimiento, nacieron con la misión de patrullar y explorar, pero luego debido a su osadía y valentía se
convirtieron en uno de los mejores regimientos de que se tenga historia en Inglaterra. Recibieron este nombre debido a
que los soldados viajaban con lo mínimo e indispensable lo que los hacía más rápidos y eficaces. Se distinguieron bajo
las órdenes de Wellington en España y participaron en las luchas napoleónicas, y en la batalla de Waterloo.
Posteriormente participaron en luchas desde la India hasta Norteamérica. (y así les fue… N:T.)
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Ian sabía que algunas noches era Derek el que se despertaba y lo veía follar a Dolores.
Cuando él sabía que Derek lo miraba, Ian se volvía frenético. Él follaba a Dolores con tanta
fuerza que siempre temía hacerle daño, pero nunca se lo hizo. Él pensaba que veía un cierto
entendimiento en sus ojos pero nunca hablaron de ello. En aquellas noches Ian se aseguraba de
hacerle a Dolores las cosas que más le gustaban, como chupar su polla hasta que se corriera en
su garganta. La primera vez que ella lo hizo Derek los miró imperturbable.
— ¿Qué hace? — Le preguntó mientras ella despacio tomaba tanto del miembro de Ian
en su boca como podía y luego abrigaba su mano alrededor de él, donde sus labios se posaban.
Entonces ella comenzaba moverla libremente dirigiéndola adentro y afuera, sin jamás mover la
mano de ese punto.
—Creo que este es su modo de marcar cuanto ella puede tomar cómodamente, —
conjeturó Ian, sin haber visto jamás este método antes. — Soy bastante grande, adivino. De
esta manera no le haré daño por casualidad. — Su respiración se hizo errática mientras ella
expertamente chupaba y lamía su polla.
— Nuestra muchacha folla como un brillante diamante, Ian, — se maravilló Derek.

Ellos perdieron a Dolores en julio de aquel horrible año, en Salamanca. Una explosión
de artillería francesa borró una pequeña sección del campo británico que estaba al costado del
camino a Cuidad Rodrigo9. Varias mujeres y niños así como parte de las tropas murieron.
Dolores fue uno de ellos. Cuando ellos se enteraron del ataque ellos regresaron corriendo sólo
para encontrar caos. Alguien había cubierto el cuerpo de Dolores con una manta y antes de
que Ian pudiera pararlo Derek había rasgado la manta de ella. Ian supo que nunca olvidaría la
vista de su hermosa muchacha quemada más allá del reconocimiento. Y el sonido de los gritos
angustiados de Derek. Ellos habían tenido que arrastrar a Derek alejándola de ella y varios

9
Ciudad Rodrigo es un municipio español en la provincia de Salamanca, en la Comunidad Autónoma de Castilla y
León. Wikipedia afirma que debido a su ubicación fue centro de diversas guerras que ocasionaron su decadencia,
siendo una de ellas, la inglesa. (N.T.)
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hombres quedaron llenos de sangre en el proceso. Sus Oficiales Mayores al mando, Randall y
Richards, asistieron para ayudar a enterrarla y lloraron con Ian. Derek había estado de pie
silencioso y estoico mientras el Reverendo Matthews rezaba sobre su tumba. Entonces él había
subido a su caballo y se había alejado sin volver a mirar hacia atrás.
Durante los próximos meses Ian y Derek apenas hablaban, cada uno perdido en su
propia pena. Ian sentía tanto culpa como pena. Él echaba de menos a Dolores, pero le
apenaba más la pérdida de Derek y de la intimidad que habían compartido. Dios, él echaba de
menos a Derek. No podía negárselo, le dolía terriblemente.
Hacia noviembre, en una pequeña escaramuza cerca de Matilla10, Ian había regresado a
sus tendencias suicidas, saltando hacia el peligro sin cuidado alguno, montando entre balas. Su
corazón estaba roto y se sentía entumecido por dentro. De repente Derek estuvo allí,
arrastrándolo de su caballo en medio de la batalla. — ¿Qué diablos estás haciendo? — Derek le
gritó. — ¿Intentas matarte? — Ante la mirada sobre la cara de Ian, Derek quedó pálido y sus
ojos se ensancharon en el horror. — ¿Y en cuanto a mí? ¿También vas a abandonarme?
Antes de que Ian pudiera contestarle, echó un vistazo sobre el hombro de Derek y se
congeló en el terror. Un soldado francés a quien ellos habían supuesto muerto sobre la tierra
tenía su pistola levantada y apuntaba a Derek por detrás. El momento pareció durar una
eternidad. Ian empujó a Derek abajo y cayó sobre él, cada segundo esperando el impacto de la
bala, en Derek o en si mismo. Nunca llegó. El soldado no pudo realizar un tiro decente y la
bala zumbó por delante inofensivamente muy lejos por arriba de ellos. .
Ian agarró a Derek y Derek lo tomó con fuerza. Ian no podía recuperar su aliento. Él
estaba en pánico, él lo sabía, pero no podía pararse. Dios, casi lo había perdido. Si Derek
hubiera muerto, Ian supo con una claridad repentina que él también habría estado muerto al
final del día, por una bala francesa o por su propia mano. Él sintió la sacudida de Derek y rodó
a su lado, levantándose sobre su codo para mirar debajo suyo. Derek lloraba.
En ese momento Ian comprendió que jamás lo abandonaría. Que no podría vivir sin él

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Matilla de los Caños del Río es un municipio en la provincia de Salamanca, en la Comunidad Autónoma de Castilla
y León, España. Está a una distancia de 34 km de Salamanca, la capital provincial. Al menos eso dice mi amigo
Wikipedia. (N.T.)
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Camaradas de Armas 4

Capítulo Cinco
Derek vio la cabeza de Ian moverse bruscamente hacia el costado cuando abrió la
puerta del dormitorio. Entró silenciosamente en el cuarto y cerró la puerta detrás de él.
Cuando vio a Ian observándolo fijamente se detuvo y apoyó sus hombros contra la puerta.
— ¿Debería marcharme? —preguntó bruscamente, intentando ocultar la vulnerabilidad
que sentía, dejando que la cólera que sentía por su propia debilidad emergiera en vez de ella.
Ian sonreía suavemente. —Desde luego que no. Nunca he querido que te marches.
Derek decidió interpretar un poco la declaración. —Lo dices ahora, pero mañana por la
noche cantarás una melodía diferente.
Ian suspiró. Derek se precipitó para seguir hablando. —Sí, lo sé, no empieces. —se
apartó de la puerta y avanzó a través del cuarto—. Tienes razón. —Él resopló al ver la cara de
asombro de Ian—. No comiences tú tampoco, —dijo con un rastro de su antiguo humor. Se
recostó en el alféizar al lado de donde Ian estaba de pie, descansando justo en el borde, su
rodilla derecha golpeando el muslo de Ian.
—Quiero que seamos sólo nosotros esta noche, Ian, —susurró, mirando el suelo—. Es
nuestra última noche, nuestra última posibilidad para esto. —Él finalmente encontró el coraje
para mirar a Ian y fue recompensado por el calor y la ternura en su sus ojos—. No más lucha,
no más Sophie. —Él levantó su mano para detener la respuesta de Ian—. Solo por esta noche.
Una última vez.
La mirada de Ian se tornó seria y Derek creyó ver un pánico rápidamente disfrazado. —
¿Me abandonarás?
Derek se sorprendió. —Demonios, no. Tendrás que arrastrarme a patadas y gritos, me
temo. Sabes que detesto perder.
— ¿Perder? —Ian pareció confuso—. ¿De qué hablas?
—No voy a dejarla ganar. Si me marcho, ella gana. De modo que lo voy a intentar, Ian,
realmente lo haré.
Ian deslizó su mano sobre el hombro de Derek y hacia abajo por su brazo. El toque era
tierno, pero por debajo de esa ternura estaba el calor que siempre se cocía a fuego lento entre
ellos.
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—Te equivocas, Derek. Si te marchas, Sophie pierde, y yo también.


Derek se giró hacia Ian y se deslizó sobre el alféizar hasta que estuvo lo bastante cerca
para descansar su cabeza sobre el pecho de Ian. El otro hombre comenzó a deslizar sus dedos
por entre el pelo de Derek, su toque era calmante y erótico a la vez. Siempre era así para
Derek. El toque de Ian lo había excitado y consolado desde el principio, antes de que fueran
amantes.
—Quiero hacer el amor contigo esta noche, Ian. Necesito ser tuyo esta noche, porque
mañana tendré que compartirte y eso me mata.
—Cuando estemos los tres juntos…
Derek detuvo a Ian. — ¡No! —sacudió su cabeza y quitó la mano de Ian. Se retiró y
alzó la vista a los ojos de Ian—. No. Aprenderé a vivir con ella, hasta pueda aprender a no
odiarla, pero nunca la amaré, Ian. Nunca seré su amante.
Ian miró por la ventana el cielo nocturno. —Yo pensaba en Dolores.
Derek sintió dolor en su tripa al recordar a su hermosa muchacha. —Ella nunca será
Dolores.
Cuando Ian se volvió hacia Derek, a éste no le gustó la mirada en sus ojos. –No, ella
será más. —Las palabras enfriaron a Derek hasta los huesos. Era exactamente lo que él temía,
que ella fuera más que Dolores, más que Derek, más que cualquier cosas que Derek pudiese
dar o hacer por Ian.
Ian continuó, cada palabra como una flecha que se adentraba en el corazón de Derek.
—Ella será mi esposa y la madre de mis niños. Ella ya tiene un lugar en mi corazón. Quiero
compartir esto contigo, Derek. Por favor déjame hacerlo.
Derek sacudió su cabeza otra vez e Ian sonrió tristemente. —Tú me abandonas.
Derek se puso de pie bruscamente y enfrentó a Ian con ira. —Te dije que no lo haría, y
no lo haré. ¿Intentas apartarme?
Ian lo agarró y lo tiró para abrazarlo. Él habló en la curva de su hombro donde
descansaba su cabeza. —No físicamente, pero dentro de ti estás apartándote de mí, Derek. Te
necesito. No me abandones. —Ian alzó la vista hacia él—. Prometiste que me cuidarías. ¿Lo
recuerdas?

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Abril de 1813, Torres Vedras, Portugal

Derek estaba poco dispuesto a volver al campo. Eso lo hacía sentir culpable y furioso
consigo mismo. Pero Jesús, era tan difícil estar cerca de Ian esos días. Era tan cortés, tan
preocupado y tan lejano. De noche, Derek se recostaba sobre su camastro y oía a Ian respirar
en la oscuridad al lado de él y se veía asaltado por los recuerdos de sus noches apasionadas con
Dolores cuando sus respiraciones desiguales y mezcladas resonaban en la oscuridad.
Él deseaba tanto a Ian a veces, que creía que se volvería loco. ¿Acaso Ian no podía
verlo? ¿Cómo podía no ser consciente de los sentimientos de Derek cuando cada vez que se
daba vuelta encontraba a Derek mirándolo? ¿Cuándo él usaba alguna débil excusa para tocar a
Ian? Habían pasado meses desde que Derek había tenido alguna clase de liberación. Ninguna
desde que Dolores había sido asesinada.
Dolores, otra razón para Derek de sentirse culpable. Si no la hubiera devuelto a su
tienda esa noche, si no hubiera pedido que Ian se quedara, probablemente ella todavía estaría
viva. Pero él había deseado a Ian tan desesperadamente y compartir a Dolores era el único
modo en que podía pensar en tenerlo. Ahora, él estaba perdido para Derek, tan lejos de su
alcance que esas noches idílicas con Dolores parecían sólo un sueño.
Había pensado, después de Matilla, que Ian podría compartir sus sentimientos. La
forma en que él lo había mirado ese día, justo después de que el francés le había disparado en
la espalda, durante un momento creyó ver una mirada casi salvaje de intensa emoción en los
ojos de Ian. Entonces su mirada había cambiado a consternación y aun cuando había salvado
la vida de Derek y todavía montaban juntos y vivían juntos, Ian lentamente se había alejado de
él.
Derek sintió la retirada de Ian como un dolor físico, como si un brazo o la pierna
despacio le fueran arrancados lentamente. Sabía que era hosco como el infierno, casi imposible
de vivir con él en estos días, pero al parecer no podía hacer nada para superarlo. Había perdido
a tantas personas con esta guerra de mierda que cuando vio a Ian entrar imprudentemente en
la batalla en Matilla casi se había vuelto loco de miedo. No iba a ser capaz de continuar si
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perdía a Ian. ¿Qué haría cuando Ian lo abandonase? Sabía que él se marcharía, siempre se
marchaban. Pero Ian no debía morir, no podía morir. Esto era por lo que Derek había buscado
estar bajo su mando en primer lugar, porque todos sabían que él tenía suerte, por lo que las
malditas balas y los cañones no podían tocarlo.
Mientras cabalgaba lentamente de vuelta a través del campo con bienes robados, el
alimento y el vino de un campo cercano, pensó en todos los amigos que habían perdido el año
pasado. Dolores era la más difícil de sobrellevar. Pero Harry Collier había caído, y Bertie
Thorne. Brett Haversham había vuelto a casa después de que haber sido herido. Dios sabía
que tenía suerte de estar vivo aunque no pudiera andar otra vez. Y Gideon North, quien
deseaba no haber tenido tanta suerte, y había gritado y rogado para que el Doctor Peters lo
matara cuando se dio cuenta que la mayor parte de su pierna estaba perdida y su costado
derecho quemado irremediablemente. Dolores había ayudado a cuidarlo hasta que ellos le
encontraron transporte. Ella se había quedado a su lado con su joven sargento y había hecho
que cada hombre en el campo la amase por su compasión. Ian había escrito a Gideon de la
muerte de Dolores, y él había escrito una carta de una sola línea en respuesta, escrita con
mano inestable y garrapateada. Ella merecía algo mejor. Sí, ella lo merecía.
Antes de darse cuenta, estuvo de vuelta en su campamento. Habían estado allí durante
meses. El año anterior había sido un infierno en vida, una batalla después de otra. Habían
estado ociosos durante meses cuidando a sus heridos y esperando refuerzos mientras otros
batallones se llevaban el impacto de la lucha.
La inacción le hacía sufrir incluso más que la indiferencia de Ian. Día tras día se
sentaban en círculos intentando encontrar modos de divertirse hasta que la noche cayera.
Parecía que había ganado una maldita fortuna en tarjetas. Pero todas esas horas pasadas con
Ian actuando tan amable, no demostrando ninguna emoción comenzaban a molestar a Derek.
La noche anterior casi se había quebrado y había pedido a Ian que lo tocara, que lo follara.
Literalmente estaba adolorido de deseo, el espacio entre sus pelotas y su trasero estaba
apretado de deseo. Sabía que quería, lo que su cuerpo quería. Quería a Ian dentro de él
follándolo como él solía follar a Dolores, duro y salvaje con esa enorme verga suya. Él no
había tenido un hombre antes, nunca habían querido uno, pero deseaba a Ian. Sabía que lo
había deseado casi desde el principio. Había tenido que contentarse con amistad. Ahora no

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estuvo seguro siquiera de tener eso.


Una hora más tarde él había cuidado de su montura y había entregado el alimento
había hecho su mejor trabajo. Se dio la vuelta hacia su tienda con un suspiro. Traía comida
caliente y varias botellas de vino con él. Tal vez podría hacer que Ian se emborrachara y
seducirlo. Resopló dada la improbabilidad de eso. Ian raras veces estaba con copas de más. Él
valoraba demasiado el control como para voluntariamente entregarlo a una botella.
—Manténgase malditamente lejos de mi camino, —gruñó a un par de personas que
cometieron el error de ponerse a menos de diez pies de él. La mayoría de la gente no se metía
en su camino en estos días. Se había aficionado a las peleas cuando estaba bien y enojado, y
últimamente estaba demasiado bien y enojado. La cólera se sentía mejor que esa patética
debilidad acerca de Ian. Se sentía malditamente mejor que estar ahogado, abanicado con el
sentimiento que había estado sobreviniéndole últimamente en medio de la noche después de
una pesadilla.
Cuando Derek alcanzó su tienda, Ian no estaba solo. Los Comandantes Richards y
Randall compartían una bebida con él.
—Derek, —lo saludó Ian, su voz amable, pero su mirada intensa—. ¿Dónde has
estado? No te he visto en todo el día.
—Oh, he estado recolectando. Estoy harto del potaje que hemos estado comiendo por
aquí últimamente. —Recogió la botella de la que los tres hombres bebían y miró el vino con
repugnancia—. También estoy harto de esta orina que pasa por vino.
El Comandante Randall levantó una ceja hacia él. —Esto, Teniente, es mi orina de
modo que usted mostrará un poco de respeto.
—La orina de un comandante, todavía es orina, —dijo Derek con un encogimiento de
hombros.
—Qué pequeño adulador, ¿verdad? —dijo Randall mientras levantaba su copa para
tomar otro trago.
Ian se rió con fuerza de esa pequeña salida. — ¿Adulador? ¿Derek? Él apenas sabe
como entregar un elogio genuino mucho menos adular el ego de alguien. —Más risas, Ian
tomó un sorbo.
— ¿Es eso lo qué quieres, Ian? ¿Me necesitas para que adule tu ego? —Él se sacó su

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chaqueta azul clara, el uniforme de los Dragones de Luz, y lo lanzó sobre su catre con
repugnancia—. Eres es el maldito Rajah de la Península, Capitán; el apestoso Príncipe
Supremo de este hoyo de mierda. Tan brillante y hermoso y gracioso que me meo encima con
sus bromas. ¿Así, te sientes mejor?
Él agarró una botella del vino del que él había traído y quitó el corcho. Sin siquiera
buscar un vaso se sentó sobre su catre y bebió directamente de la botella.
—Bien, Rajah, —dijo Richards, tocando su pecho con su mano, luego su boca y
finalmente su frente en una parodia del saludo de respeto de los extranjeros—, casi siento el
tener que dejarte en tan espantosa compañía. —Él miró a Derek un momento y luego rió—.
Casi.
— ¿Dejarlo? ¿Dónde infiernos se va? —exigió Derek, limpiando su boca con el dorso de
la mano.
—A casa, —Randall habló reverentemente—, Inglaterra. “Ese real trono de reyes, esa
isla poderosa”, —citó—. “Esa tierra de majestad, ese asiento de Marte, Ese otro Edén,
semiparaíso.”
—Sí, sí, —interrumpió Derek con impaciencia—. “Ese complot bendito, esa tierra, ese
reino, esa Inglaterra.” —Tomó otro trago de vino luego buscó en las caras asombradas de los
otros tres hombres. — ¿Qué? No soy un cretino. ¿Qué clase de inglés no puede citar a su
Shakespeare?
— ¿Quién demonios eres tú? —preguntó Ian, desconcertado—. Siempre creo que sé
todo sobre ti, y luego me sorprendes.
Derek lo miró fijamente. —Tú no sabes nada sobre mí, Ian. Sólo crees que lo haces.
—Como osas dirigirte a su majestad el Príncipe Supremo de este hoyo de mierda así, —
se burló el comandante Randall.
Derek lo miró y fingió asombro. — ¿Todavía estás aquí? Creí que te ibas a tu reino
poderoso.
—Poderosa isla, cretino come sapo, —dijo Randall con una sonrisa burlona y astuta y
hasta Derek rió cuando los demás se rieron.
El comandante Richards se levantó. —Bien, tenemos que hacer las rondas y decir adiós
a todos.

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—Un brindis primero. —Ian se levantó y elevó su copa, pero antes de que pudiera
hablar Derek se levantó de su catre.
—No con esa orina francesa. —Él vació sus copas en la suciedad fuera de la tienda y las
rellenó con el vino de su botella.
—Buen Dios, Derek, ¿cómo conseguiste esto? —El Comandante Randall preguntó
asombrado mientras tomaba un sorbo apreciativo.
—Mientras menos se diga sobre esto tanto mejor, —le dijo Derek, tocando la copa de
Ian al final—. Vamos solamente a decir que un cierto comandante esperará un ratito.
El comandante Richards levantó su mano. —Suficiente. No necesitamos los detalles.
Ian sostuvo su copa otra vez. —Les deseo suerte, caballeros. Éxito en la obtención de
sus objetivos en Inglaterra. —Todos bebieron al brindis.
— ¿Ellos invaden Inglaterra? ¿Cuál es exactamente su objetivo? —preguntó ligeramente
Derek, echándose hacia atrás.
—El Matrimonio, mi muchacho, —el Comandante Randall le dijo con gravedad
fingida.
— ¿Realmente? ¿Con quién te vas a casar? —Él no estaba interesado en realidad.
Probablemente nunca vería al Comandante Randall otra vez.
—Con la Sra Katherine Collier. —El Comandante Randall dijo su nombre en el mismo
tono que había dicho casa e Inglaterra, como si ella fuera lo mismo para él.
— ¿La esposa de Harry Collier? —Bien, estas eran noticias. No tenía idea de que ellos
habían estado continuando tal asunto. Se preguntó ociosamente si eso había comenzado antes
de la muerte del viejo Harry el año pasado.
—Sí, la misma, —dijo el Comandante Richards, dejando su copa.
Derek se giró hacia él. — ¿Tú también te casas, Comandante?
Richards rió como un hombre con un secreto. —Eso espero, Derek, eso espero.
— ¿Quién es la afortunada novia?
—La Sra. Katherine Collier.
Derek miró fijamente al Comandante Richards un momento, luego miró al
Comandante Randall, quien parecía divertido por su consternación. — ¿No te altera saber que
él hace la corte a tu novia?

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—Al contrario, ella es la novia de los dos.


Derek casi se cayó de su catre. — ¿Qué? ¡No puedes hacer eso! —Muy pocas cosas
eran suficientes para asombrar a Derek, pero esto definitivamente lo había hecho.
—Ustedes lo hicieron. Tú e Ian y Dolores. —El comandante Richards había recogido
su bolso y había avanzado hacia la puerta.
Derek estaba de pie ahora, incrédulo. —Eso es una cosa, una puta española que vive
con dos soldados ingleses en una tienda en medio de una guerra. Otra cosa completamente
distinta es una respetable mujer inglesa que lo haga en algún señorío de fantasía en la vieja y
buena Inglaterra.
—No veo por qué. Yo pensaba que el hecho de que la amamos y pensamos casarnos
con ella lo hacía más aceptable que tu arreglo temporal con Dolores. —La voz del
Comandante Randall se había vuelto fría.
—Ella los lanzará a ustedes dos por la ventana, eso es lo que va a pasar, —predijo
Derek con compasión—. Marca mis palabras, sólo conseguirás angustia si persigues eso.
—Es lo que deseamos, Derek. —El comandante Richards lo miró con dureza—. Tú de
toda la gente deberías saber y entender cuán corta es la vida, tanto tú como Ian. Jason y yo
creemos que es demasiado corta como para no perseguir eso que más deseamos. Hemos estado
aquí demasiado tiempo. —Él sacudió su cabeza tristemente—. Hemos visto demasiada muerte
y demasiada angustia. —Miró al Comandante Randall—. Pero hemos estado juntos tanto
tiempo que la idea de una vida separados es desmesurada. —Él miró hacia atrás a Derek—.
De modo que perseguiremos a Kate y la ganaremos juntos. No se nos negará esta felicidad. La
hemos ganado.
— ¿Ella tiene la clase de coraje que necesitará para desafiar todas las reglas de la
sociedad para que ustedes consigan esa felicidad? ¿Lo tienen ustedes? —Derek hizo la pregunta
seriamente—. No conozco a nadie que lo tenga. Nadie realmente deja todo por amor,
Comandante. Eso sólo ocurre en cuentos de hadas y en Shakespeare.
— ¿Y qué clase de Inglés no puede citar a su Shakespeare? —El comandante Richards
preguntó con una risa triste—. Adiós, Derek. Espero verte otra vez atrás en Inglaterra. Creo
que vas a ser muy interesante cuando crezcas.
—Si crezco más no cabré en Inglaterra, —bromeó Derek, tomando la rama de olivo que

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él le ofrecía. Ellos todos se rieron, aunque un poco obligados y se dieron la mano antes de que
los dos hombres más viejos se marcharan.
Derek ofreció a Ian un poco de su cena caliente y comieron en el silencio. Después se
terminaron otra botella de vino afuera, mirando la puesta de sol. Cuando el cielo estuvo del
color gris púrpura casi de noche, el baño que Derek había pedido llegó.
— ¿Qué es esto? —preguntó Ian ociosamente, dejando su copa de lado.
Derek se puso de pie para dirigir a los hombres donde poner la tina en la tienda. —Casi
había olvidado que alquilé el baño de MacAllister para lavar nuestras cosas. Entonces supuse
que si nuestra ropa iba a estar limpia, nosotros también podíamos estarlo. —Él miró a Ian
mientras los hombres iban por agua caliente—. Sé que apestas, de modo que yo debo estar tan
mal si no peor.
Ian se inclinó y olió bajo sus brazos. Parpadeó. —Maldito infierno, apesto. Un hombre
lo olvida entre el hedor de un campo de batalla, supongo. —Luchó para ponerse de pie—. Que
diablos. Lo haré por ti, ya que eres el único que está lo bastante cerca para olerme. —Él
tropezó un poco en la entrada de la tienda y Derek lo cogió del brazo.
— ¿Cuánto has bebido hoy? —preguntó con sorpresa. Él no podía recordar alguna vez
haber visto a Ian peor por la bebida.
Ian se rió de él torcidamente. —Al parecer demasiado. —Él se rió, aunque el sonido fue
de una manera extraña carente de humor—. Fueron los malditos de Richards y Randall.
Pasaron la mitad del día aquí echando pestes sobre como era esta horrible esta guerra y como
no podían esperar para regresar a encontrarse con la Sra. Collier. Esos dos llevan a un hombre
a la bebida.
Derek ladró de risa. —Bien, no vayas a gritarme mañana por tu dolor de cabeza. Te he
advertido sobre esta bebida, mierda espantosa.
—Oh, cállate, Derek. —Ian se derrumbó sobre su catre—. Toma el baño primero ya
que tú lo pediste. Luego me lavaré yo.
Derek se encogió de hombros. —Parece justo. Te despertaré cuando esté listo.
Los hombres volvieron con el agua y la tina echaba vapor cuando se marcharon. Derek
les dijo que vinieran por la tina en la mañana y cerró la tapa de la tienda detrás de ellos. Él se
desnudó y estaba a punto de meterse en la tina cuando una voz lo llamó.

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— ¿Y ahora, tiene algo para mí, Teniente?


—Oh Cristo, es la muchacha de MacAllister. ¿Ian, le das mis cosas? Y las tuyas
también. —Él lo llamó—. Espera, Millie. El capitán tiene que quitarse las suyas. Luego te los
dará por la tapa.
Hubo un cacareo de risa a través de las paredes de tienda. —Ahora mismo, no me
importa si tengo que tengo que entrar allí, querido. ¿Están ambos desnudos entonces? ¿Quien
no se fijaría en eso, digo yo? Usted dos son la mejor cosa para mirar de los alrededores, tanto
como con ropas, como sin ellas. —Ella se rió otra vez y Derek se unió a ella.
—Nunca te preocupas, Millie. MacAllister vendría buscándonos para estar seguro de si
robamos a su muchacha. Tú te quedas respetablemente de ese lado de la tienda con tu
permiso. —Él se rió de Ian y se asombró cuando vio la extraña mirada que el otro hombre le
lanzaba—. Apresúrate, Ian. La pobre mujer probablemente tiene que recoger varias cosas por
todas partes del campo.
Ian sacudió su cabeza y se desnudó rápidamente. Se puso su manta alrededor de la
cintura y traspasó sus cosas por la tapa. Derek oyó a Millie del otro lado.
—Bien bendiga su corazón, Capitán, ¿Usted no es el tímido? ¿Tiene algo que Millie no
haya vista aún? —Derek se rió de su comentario.
—Muchas gracias, Millie, —le dijo Ian tranquilamente—. Lo apreciamos muchísimo.
La mujer estaba obviamente nerviosa cuando contestó. —Oh, bien entonces, ¿Ahora es
cuando me voy, verdad? Cuidaré de sus cosas, Capitán. Las traeré de vuelta mañana.
—No te preocupes, Millie, —le gritó Derek mientras se acercaba a la tina—. Tenemos
otro juego de ropa para ponernos. No necesitaremos esos por un par de días.
—Bien entonces, Teniente, —le gritó ella, su voz volviendo mientras ella se alejaba—,
muchas gracias. Las tendrá el miércoles.
Ian volvió a la tienda con el ceño fruncido. — ¿Tenemos otro juego?
Derek no se molestó en mirarlo mientras se metía en el agua. —Lo tenemos desde hoy.
¿Yo estaba recolectando, recuerdas?
—Oh, —dijo Ian. Derek lo oyó atropellarse y sentarse de nuevo sobre su catre.
La tina era demasiado pequeña para Derek. Prácticamente sus rodillas no cabían, y
tiraba toda el agua fuera intentando lavarse.

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— ¿Por qué simplemente no te levantas? —preguntó Ian, con la voz aplanada.


Derek le echó un vistazo con sorpresa. Ian parecía dormir con sus tobillos cruzados.
Era difícil decirlo dada la tenue luz de la lámpara, pero sus ojos parecían cerrados. —Creí que
estabas dormido. —se puso de pie, pero se sintió un poco tímido, allí, desnudo delante de Ian.
Sabía que era estúpido. Ian lo había visto muchas veces desnudo, pero algo parecía diferente
ahora. Quizás era solo que él se sentía diferente. Deseaba tanto a Ian que lo hacía sentirse
torpe. Se odiaba por eso, y como siempre, cualquier clase de debilidad lo hacía enfurecerse
consigo mismo. Se fregó con fuerza y salpicó todo, enjuagándose. Se echó para lavar su pelo.
— ¿Quiéres que te vierta agua sobre la cabeza?
Derek dejó caer el jabón de puro susto. — ¡Maldito Dios, Ian! ¿Estás o no estás
dormido?
—Claramente no lo estoy. —Ian estaba divertido, y Derek se puso aún más furioso.
Estaba en una agonía de deseo y torpeza e Ian disfrutaba a expensas de Derek.
—Entonces sí, ven aquí y ayúdame a enjugar este jabón de mis ojos. —Derek enjabonó
su pelo una vez más, frotando la parte superior de su cabeza mientras miraba a Ian levantarse
por el rabillo del ojo. Desde la ventajosa posición de Ian debía parecer como si Derek no
pudiese verlo, porque por primera vez desde Matilla, Derek vio emociones destellando a través
del rostro de Ian como un relámpago. Añoranza, tristeza, deseo, todo apareciendo en sus ojos
y convirtiendo su boca en una delgada línea mientras miraba fijamente a Derek en la tina, con
una intensidad que quemaba. Derek sintió que los fuegos que ardían sin llama dentro de él se
encendían. De pronto se sintió en un infierno de necesidad, consciente de su propia desnudez y
de Ian bajo la delgada cubierta de su manta.
—Dame el cubo, —dijo Ian, con voz impasible. Pero él no podría engañar más a Derek.
Él sentía las mismas cosas que Derek, querían las mismas cosas. Allí estaba su posibilidad y
Derek no sabía que hacer. ¿Cómo se seduce al mejor amigo poco dispuesto de uno?
Lentamente recogió el cubo y comenzó a llenarlo en la tina, pero en el último minuto se lo dio
a Ian vacío. —Aquí, llénalo. Tengo jabón en mis ojos.
Por debajo de sus pestañas vio a Ian suspirar, y mientras él se movía para llenar el cubo
de agua, sus manos temblaban. Los ojos de Ian no descansaban sobre ninguna parte de Derek.
En vez de eso, seguían moviéndose de un punto a otro. Nervioso, incapaz de creer su propio

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atrevimiento, Derek separó sus piernas como haciendo sitio para que Ian llenara el cubo allí.
Ian se congeló. Derek intentó parecer despreocupado. — ¿Hay espacio allí? Aquí, me moveré.
—se puso de rodillas, el agua bailando justo debajo de su pene semi-erecto, su piernas
separadas—. Allí. Apresúrate, Ian, antes de que el agua se enfríe. —miró a Ian cerrar sus ojos
un momento y sitió algo cercano a la culpabilidad por atraerle deliberadamente, pero el
momento pasaría y todo lo que él sentía era alegría. Él estaba tan cerca, Ian era casi suyo.
Entonces en un movimiento rápido Ian llenó el cubo y lo vertió sobre la cabeza de
Derek. Derek chisporroteaba mientras Ian dejaba caer el cubo y se apoyaba lejos.
—Allí, —dijo Ian—, estás listo. Sal y vístete.
Derek se puso de pie y se sacudió como un perro mojado. — ¿Por qué hiciste eso? —
Bramó, frotando el jabón y el agua de sus ojos de verdad esta vez—. Dame un paño, idiota. —
puso un lino áspero en su mano y se secó la cara. Cuando pudo ver otra vez miró airadamente
a Ian. Ian lo miró desapasionadamente. Derek estaba seguro de que había perdido su
posibilidad vio la mirada intensa mirada fija de Ian y luego la sostuvo como si él no pudiera
detenerse.
Derek suspiró y vio el pulso saltar en la garganta de Ian. Lentamente secó su pecho con
el paño y los ojos de Ian lo siguieron. Muy despacio y muy deliberadamente, Derek se secó,
deslizando el paño arriba y abajo de sus brazos, su pecho y estómago. Dio un paso fuera de la
tina y secó sus piernas, y mientras estaba de pie colocó el paño justo bajo su pene, en la espesa
mata de pelo pubiano entre sus piernas y rozó despacio. Alzó la vista hacia Ian a hurtadillas y
vio el sudor correr por su labio superior mientras sus ojos se fijaban en las manos de Derek. Se
secó a fondo su verga y sus pelotas y luego giró su espalda hacia Ian y le extendió el paño.
— ¿Secarías mi espalda? —miró por encima de su hombro y vio a Ian dar un paso
adelante, sus ojos de mirada ausente. Él se obligó a detenerse.
—No, —croó.
— ¿Por qué no? —preguntó Derek, inyectando en su tono con la cantidad exacta de
irritable turbación.
—Seca tu propia maldita espalda, —gruñó Ian, y Derek tuvo que darse vuelta para
ocultar su sonrisa. Por supuesto, iba a tenerlo. Antes de que esa noche se fuera Ian sería suyo.
—Bueno, —se quejó, haciendo un gran espectáculo de doblar sus músculos mientras

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intentaba alcanzar su espalda. Se giró a un lado y otro, dando a Ian un espectáculo. Ian se dio
vuelta bruscamente cuando Derek lo miró.
Derek no pudo detener la pequeña y burlona sonrisa que atravesó su rostro. La borró
antes de hablar. —Bien, vamos, —le dijo a Ian severamente—. No he pagado un buen dinero
para que dejes el agua enfriarse.
Él vio a Ian encogiéndose de hombros mientras suspiraba. Caminó hacia la tina, y
manteniéndose de espaldas a Derek, Ian dejó caer la manta de alrededor de su cintura y dio un
paso en la tina. Se inclinó para sentarse y encontrado que tenía el mismo problema que Derek.
Derek lo dejó flotar durante un minuto o dos mientras se retiraba a su catre. Estaba
estratégicamente colocado delante de Ian, quien miró a Derek con consternación, claramente
lamentando su equivocado cálculo.
—Solo levántate como lo hice yo, —sugirió Derek, manteniendo su tono neutro.
—Vístete, —le ordenó Ian, su voz tranquila, pero firme.
—Me vestiré cuando me parezca. —Derek se sentó sobre el catre de frente a Ian.
Extendió sus piernas ampliamente y colocó sus codos sobre sus rodillas. Apoyó su cabeza a un
lado y frotó su pelo con el lino briosamente, secándolo. Fingió no oír la respiración desigual de
Ian que cortaba el aire.
Cuando su pelo estuvo bastante seco, Derek lanzó el paño sobre el catre al lado de él y
despacio se inclinó hacia atrás, descansando su peso sobre sus manos. Sin mirar a Ian extendió
sus piernas más ampliamente, consciente de como su cuerpo se veía, su verga ahora erguida
con fiereza. Extendió una mano hacia abajo y la ajustó ociosamente, frotando sus pelotas
ligeramente. Podía sentir cada golpe de su corazón en su sexo. Pulsaba al mismo ritmo que la
respiración de Ian. Se obligó a no mirar a Ian, a seguir mirando fijamente su propia erección.
Deslizó su pulgar sobre la hendidura de su pene y se estremeció. Tuvo que dejar de tocarse
entonces. Estaba muy cerca. Podía sentir los ojos de Ian quemándolo como una marca.
Casualmente deslizó su mano encima de su estómago y la frotó sobre su pecho, pellizcando
sus pezones. Movió su mirada fija hacia Ian sin advertirlo y lo cogió mirando fijamente, las
aletas de su nariz llameando como un depredador sintiendo el viento.
— ¿Quieres que te enjuague también? —preguntó Derek, su voz deliberadamente
casual—. Sé cuán condenadamente difícil es maniobrar en esa tina. —Sin esperar una

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respuesta se puso de pie y caminó para recoger el cubo. Se aseguró de ponerse de pie delante
de Ian, su pene directamente en frente de su cara. Vamos a ver que hace él con esto, pensó Derek
con aire de suficiencia—. No te ahogaré como me hiciste tú, —bromeó.
Ian finalmente alzó la vista hacia su cara. —No. —Derek entendió que hablaba más de
que sólo enjuagarlo, pero decidió actuar como si entendiera mal.
—No seas imbécil. Ponte sobre tus rodillas y déjame enjuagarte. Juro que no la lanzaré
en tu cara.
Ian tenía dos opciones, dirigir la tensión sexual que ahogaba el aire o hacer como
Derek pedía y fingir que esto sólo se trataba de enjuagarlo. Derek apostaba a la segunda
opción y ganó. Ian se puso de rodillas.
—Déjame llenar el cubo, —dijo Ian, extendiendo la mano.
—No, esta bien, —respondió Derek, tirándolo fuera de su alcance y luego lo metió
rápidamente en el agua entre las piernas de Ian. Su respiración se hizo tan desigual como la de
Ian mientras veía el enorme pene del otro hombre lleno y duro. Cuando sacó el cubo del agua
dejó que su brazo "accidentalmente" rozara la caliente, e inflamada carne e Ian se estremeció
con un jadeo.
—Derek, —jadeó, con una advertencia en su voz.
—Cierra tus ojos, —le dijo Derek tranquilamente, su voz calmante. Ian obedeció.
Derek vertió el agua lentamente sobre la cabeza de Ian, frotando con cuidado los hilos sedosos
de su pelo para quitarles el jabón. Deslizó su mano por la espalda de Ian, por sus fuertes
hombros y rozó la piel lisa, firme, acariciándola en lugar de enjuagarla. Las manos de Ian
agarraron los lados de la tina de hierro. Cuando estuvo listo, Derek dejó el cubo en el suelo.
—Levántate, —le dijo a Ian, incapaz de esconder el deseo de su voz—. Te secaré.
Los ojos de Ian se mantuvieron cerrados, y sacudió su cabeza. —No. —Su negación era
débil, y se puso de pie, evitando mirar a Derek. Derek caminó y recogió el lino seco que había
traído para Ian. Volvió donde Ian, quien tenía su cabeza inclinada y no lo miraba.
Comenzó con la espalda de Ian, arrastrando lentamente el paño desde su nuca hacia
abajo, a lo largo de fuerte y sinuosa curca de su espalda, hasta la altura de su trasero, varias
veces. La cabeza de Ian se elevó y se inclinó a las caricias de Derek. Derek se acercó un paso y
deslizó el paño sobre las nalgas de Ian y a lo largo de la curva inferior de la hendidura entre la

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nalga y la pierna, para luego volver a acariciar el tentador pliegue que separaba los firmes
globos. Sintió el temblor de Ian y creyó oír un quejido bajo. Estaba realmente disfrutando de la
incomodidad de Ian. Derek estaba tan excitado que sus manos temblaban. Estaba adolorido y
sin aliento y el deseo era casi doloroso en su intensidad.
—Gira, —raspó. Ian sacudió su cabeza otra vez, pero hizo como Derek le ordenaba.
Derek resbaló el lino áspero a través del pecho de Ian, mirando los juegos de luz en las
ondulaciones de pelo rubio ligeramente salpicado sobre sus pectorales. Frotó el paño
suavemente sobre sus pezones como guijarros varias veces hasta que vio el temblor del
estómago de Ian. El temblor lo distrajo y llamó su atención hacia otras cosas.
Derek se puso sobre sus rodillas delante de Ian y comenzó a secar sus piernas. Deslizó
el paño abajo y alrededor de los gruesos muslos, llenos de músculos de sus años en la
caballería. El mismo pelo rubio que brillaba sobre su pecho cubría ligeramente sus piernas. Sus
pies eran largos y llenos de gracia, con un arco alto. La única cosa que Derek no había secado
era el pene de Ian. Alzó la vista y el rostro de Ian estaba vuelto a la distancia, sus ojos
cerrados. Silenciosamente Derek dejó el paño, y extendiendo lentamente la mano la puso
alrededor de la gruesa anchura de la dura erección de Ian. El cuerpo entero de Ian se tensó.
Derek comenzó a inclinarse hacia adelante, su boca se hacía agua en anticipación de poder
saborear la carne dura y ardiente de Ian.
— ¡Derek, no! —El grito de Ian fue tranquilo, pero ferviente. Agarró a Derek por el
pelo y con mucho dolor tiró su cabeza hacia atrás. En vez de disuadirlo, eso lo excitó más.
—Sí, Ian, sí, —gimió, luchando contra su apretón, intentando alcanzar el pene de Ian
con su boca.
Ian sollozó y su otra mano se unió a la primero para sostener la cabeza de Derek atrás.
—No, Derek, no puedo dejarte. Por favor detente.
Sus palabras se registraron y Derek relajó su asimiento y alzó la vista hacia él de
manera inquisidora, dejando que todo su amor y deseo se apareciesen en su cara.
—Derek, Dios, Derek, —susurró Ian, los dedos de su mano derecha acariciando
gentilmente la mejilla de Derek. Se sacudió e intentó arrancar la mano de Derek de su pene,
pero Derek afirmó su apretón ligeramente e Ian jadeó y se estremeció.
—Derek, no puedo hacerte esto. Esto es sólo… no has tenido una mujer en demasiado

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tiempo. Por favor déjame ir. —La voz de Ian se quebró y una tristeza terrible apareció en su
rostro. Derek se sintió ahogado por las emociones, incapaz de respirar.
—Sabes que no es eso, Ian. Me deseas, admítelo. —Derek oyó la súplica desesperada
de su voz y se estremeció por dentro. Él nunca había rogado nada, pero rogaría por Ian—.
Déjame cuidarte, Ian.
—Eres tan joven, Derek. —La voz de Ian estaba unida a un gran pesar—. Tan joven.
No sabes lo que haces, las repercusiones. No quiero que me odies, Derek, y vas a hacerlo. Me
odiarás y a ti mismo.
Derek suspiró, intentando no enfadarse. Le tomó un momento encontrar las palabras
para expresar lo que sentía, y aún cuando habló las creyó inadecuadas. —Ian, te he querido
desde el primer momento en que te vi. Tienes razón. En ese momento no entendí lo que sentía.
Ahora lo hago. Te he visto en los estertores de la pasión, te he visto follar a alguien
profundamente y con fuerza. Quiero eso. Quiero que me poseas. No hay nada que puedas
hacer para hacerme desearte más, y no hay nada que puedas hacer para hacerme desearte
menos. Lo que es, es. Te deseo. Quiero cuidar de ti, de esto. —Acarició la dura longitud de
Ian—. Déjame cuidar de ti, Ian. Nunca lo lamentarás, ni yo.
—No, sólo… no, Derek. Eres tan joven, demasiado joven -
Eso fue suficiente. Derek dejó de hacerse el bueno y se enfureció. — ¡Maldición, Ian!
¿Puedes dejar de decir eso? No era demasiado joven para saber lo que quería cuando yo follaba
a Dolores contigo. ¿Por qué soy demasiado joven cuándo es a ti a quien quiero follar? —soltó a
Ian y se levantó—. Yo estaba ahí afrontando la maldita muerte contigo. ¿No era demasiado
joven para morir por el Rey y por el país, verdad? Pero soy demasiado joven para saber que te
amo y te deseo. Soy demasiado joven para saber que me sentiré así hasta el maldito día en que
muera. —Él empujó a Ian hacia atrás encolerizado—. ¡Arrgh! Realmente me sacas de quicio,
Ian.
Ian se rió. Derek no podía creerlo. — ¿Cuál es tu maldito problema, Ian? No te atrevas
a reírte de lo que siento.
—Derek, —le Ian dijo exasperado, sacudiendo su cabeza—. Así eres tú. Me preguntaba
quien era ese hombre que se arrodillaba frente a mí rogando. —Atrapó la parte de atrás de la
cabeza de Derek con una mano y lo tiró hacia adelante hasta que sus frentes descansaron la

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una contra la otra—. Este hombre creo, —él susurró—. Este loco furioso, a éste lo conozco.
Creí que iba a salvarte, a salvarte de mí. ¿Qué diablos pensaba? Tú me salvaste a mí, Derek.
Me salvaste.
Derek abrigó sus brazos alrededor de Ian, sintiéndose protector y vulnerable al mismo
tiempo. No podía hablar. Las palabras de Ian significaban que sí. Sí, tendría a Ian, se tendrían
el uno al otro. Su sangre galopaba en anticipación, agitada, enamorada. Estaba enamorado por
primera vez en su vida y quería tanto a este hombre. Cristo, se sentía débil por ello.
La piel de Ian estaba todavía caliente y húmeda del baño. Olía a jabón y lino y vino.
Derek quería recordar todo, cada toque, cada olor, cada sonido. Había visto a Ian en cada
situación imaginable, habían compartido casi todas las experiencias que dos hombres podían
compartir. Y sin embargo, todo esto se sentía nuevo y maravilloso. Ian se apartó lo suficiente
para que sus cabezas no se tocaran, pero sus caras todavía estuvieran cerca, todavía alineadas.
Derek tembló en al sentir el roce caliente del aliento de Ian contra sus labios. Podía ver las
sombras que las pestañas de Ian hacían sobre sus mejillas bajo la luz de la lámpara mientras
estrechaba sus ojos, mirando fijamente la boca de Derek.
—Voy a besarte, lo sabes, —susurró Ian.
—Más te vale hacerlo malditamente rápido o lo haré yo, —susurró Derek en respuesta.
La sonrisa de Ian hizo que el estómago de Derek se apretara, haciendo que el
vulnerable punto entre sus pelotas y su trasero se apretara de deseo. La sonrisa de Ian era
salvaje y ardiente, llena de promesas eróticas. —No, harás como yo digo. —Las palabras
dichas suavemente, pero llevaban implícitas una arrogancia que debería haber enfadado a
Derek, no emocionado como había sucedido. Su aliento estaba atrapado en su garganta. La
mano de Ian agarró el pelo de Derek y arrastró su cabeza los centímetros que se requerían para
juntar sus bocas. Había poca ternura en el beso. Era dominante, voraz y excitante.
La lengua de Ian era larga e inteligente. Buscó las comisuras de la boca de Derek
lánguidamente, lamiendo el paladar y el suave tejido detrás de su labio inferior. Derek no pudo
detener el gemido que salió arrastrándose desde lo más profundo de su alma al sentir el sabor
de Ian. Caliente, mojado, suave, Ian era todo lo que Derek había estado soñando desde hacía
más de un año. El beso cumplió con los sueños y luego fue más allá, a un reino de placer que
Derek ni siquiera sabía que existía. Ian no le dio cuartel, rechazando dejar la ventaja a Derek

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de ninguna manera, sólo seguirlo. Luchó con la lengua de Derek, la subyugó y finalmente la
hizo entrar en su boca. Derek sólo pudo adherirse a él, necesitándolo con un dolor que
impregnaba cada fibra de su ser.
Ian sostuvo la cabeza de Derek en su lugar mientras lo besaba, y luego de un minuto su
mano libre comenzó a vagar posesivamente sobre el cuerpo de Derek. Deslizó su palma sobre
el pecho de Derek, por su hombro y hacia abajo por su brazo, acariciando sus músculos y
trazando sus líneas. Sobre el pecho de Derek enterró su mano en la oscuridad, el grueso vello
que cubría la pesada musculatura allí. Ian pareció deleitarse con el cuerpo de Derek, su beso se
volvía más agresivo mientras lo acariciaba. Cuando tomó el pezón de Derek entre sus dedos,
lo pellizcó con fuerza, Derek gritó, no de dolor, sino de excitación. Derek sintió la risa de Ian
contra su boca y luego Ian mordió su labio inferior con cuidado, al mismo tiempo que
pellizcaba el pezón de Derek con fuerza. Las agudas sensaciones fueron directamente a su
verga como un relámpago corriendo por sus venas. Ian rió en silencio al oír el jadeo de placer
de Derek, apartándose del beso casi de mala gana.
— ¿Quiéres cuidarme, Derek? —preguntó Ian tranquilamente, sugestivamente—. ¿Tú?
—Sus labios se posaron en la mejilla de Derek mientras hablaba, y mientras esperaba una
respuesta lo besó tiernamente allí.
Las manos de Derek descansaron contra el pecho de Ian. Podía sentir el corazón de Ian
correr y se emocionó al saber que era él quien se lo provocaba. —Sí, Ian, sí. —Su voz tembló,
sus manos se sacudieron.
Ian acarició la longitud de los brazos de Derek, tomó sus manos y luego se alejó,
conduciendo a Derek al catre detrás de él. Ian se sentó sobre el borde del catre y empujó a
Derek hasta que quedó arrodillado entre las piernas de Ian. Derek jadeaba de excitación.
Quería alcanzar el pene de Ian otra vez, sostenerlo, acariciarlo, probarlo, tragarlo el todo. Pero
instintivamente sabía que debía esperar. Parte de su placer, y del de Ian, era permitir que Ian
controlara su pasión. Derek nunca había pensado como follarían realmente, sólo que lo harían.
En realidad no tenía mucha experiencia como para saber la forma de entregar el mayor placer
posible. Había aprendido mucho de sus sesiones amatorias con Dolores, pero esto era
diferente. Era un nivel de carnalidad que nunca había alcanzado antes. Era un hambre, un
ansia que nunca había sentido antes. Estaba vacío, tan vacío, una vasija que esperaba ser

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llenada por Ian, deleitándose en el banquete puesto frente a él.


Siempre parecía, por todas partes, que Derek era el agresivo. Se revolcaba en el placer
decadente de estar sumiso frente a Ian. Con mucho gusto, con amor, permitía que Ian
dominase allí. Ian agarró su cabeza con ambas manos, con fuerza, y la acercó hacia su verga.
Derek tuvo que bajar completamente su trasero sobre sus talones porque era demasiado alto.
No hubo ninguna vacilación en las manos de Ian. Tiró a Derek inexorablemente hacia su
verga con un firme apretón y presionó la cabeza contra los labios de Derek hasta que éste los
abrió. Ian empujó dentro de su boca con la misma arrogancia con la que lo había besado.
Ian echó su cabeza atrás y gimió profundamente mientras la boca de Derek se cerraba
alrededor de su verga. Derek tuvo que respira por la nariz para tranquilizarse. El sabor salado
y la textura aterciopelada del sexo de Ian eran embriagadores. Era difícil mantener un tren de
pensamiento dada su excitación, pero Derek todavía tenía suficiente sangre fría para recordar
como había visto que se hacía esto antes. Movió su boca despacio hacia abajo por la longitud
de la verga de Ian hasta donde cómodamente podía ir, luego puso un puño justo debajo de su
boca. Sintió la sonrisita de Ian y sacó de su boca el pene caliente y duro, para alzar la vista
hacia él con una sonrisa burlona.
—Dolores, —susurraron ambos y sus sonrisas se volvieron tristes un momento.
Ian rompió la tristeza primero con un parpadeo que reveló en sus ojos una ardiente
llama azul. —Toma más, Derek. Sé que puedes. Toma sólo un poco más. —empujó la cabeza
de Derek hacia abajo, empujando su verga en la boca de Derek. Derek bajó hasta su puño y se
detuvo—. Vamos, amor, más. Relaja tu garganta, Derek, y toma un poco más de mí. —Sus
susurros eran rasposos, profundos y palpitantes de necesidad. Gemía y demandaba, sus
palabras no eran una súplica sino una orden.
Derek realmente podía hacer nada más que obedecer. Tentativamente movió su puño
otra pulgada hacia abajo y lentamente se relajó mientras deslizaba su boca tras de su puño. Era
incómodo al principio pero Ian se quedó inmóvil, esperando pacientemente a que Derek se
adaptarse. Cuando estaba listo sacó su boca al mismo tiempo que lanzaba su lengua hacia
adelante y hacia atrás a lo largo del costado de la verga de Ian, surcado sus pulsantes venas.
Ian sabía delirantemente bien. Derek se dedicó al placer de ello, al conocimiento de sostener a
Ian, de probar a Ian, hacía mucho que amaba a Ian y mucho que lo había deseado. Tembló de

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deseo reprimido, sujetando su propia lujuria hasta saciar a Ian. Comenzó a moverse
rítmicamente arriba y abajo, follando a Ian con su boca y lengua. Cuidadosamente raspó con
sus dientes a lo largo de los costados e Ian gimió guturalmente, empujando con fuerza. Derek
dejó que su boca se llenara de saliva, suavizando el movimiento de Ian dentro y fuera de su
boca hasta que Derek no pudo detener su propio gemido de placer. Ahuecó las pelotas de Ian
con su mano libre, haciéndolas rodar y exprimiéndolas con cuidado. Ian juró mientras follaba
desordenadamente en la boca de Derek, sus manos en el pelo de Derek tiraban con fuerza
suficiente para impedir que la excitación de Derek lo abrumara.
—Quiero entrar aquí, Derek, en esta boca tuya, en tu garganta. Amo la forma en que tu
boca se llena de mi verga. Siempre hablando, jurando, amenazando, jactándose, ahora todo lo
que puedes hacer es succionarme y el gemir mientras te follo. Eres mío, Derek, mío y lo sabes.
—Derek realmente gimió mientras Ian empujaba en su boca con tanta fuerza y rapidez que
todo lo que podía hacer era echar su cabeza atrás y abrir su boca ampliamente para tomarlo.
Quería beber a Ian, estaba desesperado por saborearlo—. Cristo sí, Derek, sí, —jadeó Ian y
luego empujó con fuerza y profundamente mientras Derek sentía el primer chapoteo de semen
caliente en su garganta. Tragó el largo, y grueso pene con dificultad, determinado a tomarlo
todo. El semen de Ian sabía salado, espeso y caliente, tan caliente que quemaba, y el calor
llenaba su propio pene hasta que pensaba había reventado.
Cuando su verga terminó de entregarle su semen, Ian la sacó de la boca de Derek y se
deslizó sobre sus rodillas al suelo, sentándose a horcajadas sobre las piernas de Derek. Todavía
sostenía la cabeza de Derek en sus manos y lo acercó, besándolo apasionadamente. Derek
sabía que Ian podía probarse en su boca, que el beso era una forma en que podían seguir
compartiendo el momento. Era también una recompensa a Derek por lo bueno que había sido.
Gimoteó en su garganta, asombrado de como se sentía, de poder soltar ese sonido de tal
necesidad de tal desesperación. Ian sacó sus manos del pelo de Derek y las deslizó por su
pecho y estómago. Los músculos temblaron de anticipación y Derek contuvo su aliento
cuando Ian hizo una pausa. Entonces Ian hundió sus manos en la gruesa capa de vello
alrededor de la verga de Derek y Derek gritó de placer. Una de las manos de Ian sostuvo las
pelotas de Derek firmemente, la otra se abrigó alrededor de su pene y tiró una vez, dos veces y
eso fue todo lo que necesitó. Él comenzó a gritar cuando su clímax lo atrapó, pero la boca de

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Ian cayó abruptamente sobre la de él y tragó sus gritos. Sintió su semen salir disparado sobre
su estómago y pecho, y comprendió que debía estar cayendo sobre Ian también, debido lo
cerca que estaban. El pensamiento lo hizo estremecerse y otra ondulación de placer lo recorrió,
haciéndolo gemir. Unos segundos después, Ian rompió lentamente el beso. Derek abrió sus
ojos para mirar fijamente el azul ardiente de Ian.
—Siempre cuidaré de ti, Ian, —prometió Derek con voz ronca—, siempre.
—Y yo cuidaré de ti, —susurró Ian en respuesta—, siempre.

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Capítulo Siete
Ian se despertó bruscamente, desorientado, pero bastante seguro de que algo andaba
mal. Le tomó un momento aclimatarse y hacer un inventario antes de descubrir qué era.
Derek se había escapado de la cama y estaba intentando salir furtivamente del cuarto con un
puñado de ropa.
— Hace muchos años que dejamos la necesidad de cambiarnos de camas por la
mañana, Derek, —le dijo suavemente, limpiando su garganta cuando se dio cuenta que su voz
lucía cansada y chillona.
Derek se congeló en el lugar, su mano se detuvo mientras alcanzaba el pomo de la
puerta.
— No puedo hacerlo, Ian, — Dijo Derek e Ian se sorprendió con la angustia de su
voz. ¿Había omitido algo? ¿Qué? Él rodó a su trasero y se sentó, frotando su cara para limpiar
las Telarañas de su cerebro.
— Estoy todavía a medio dormido, querido. Vas a tener que ser un poco más específico.
¿Qué es exactamente lo que te pedí hacer?
Derek se dio vuelta despacio para afrontarlo e Ian se alarmó de ver las lágrimas correr
por sus mejillas.
—Buen Dios, Derek, ¿Qué es lo que pasa? — Ian rápidamente se elevó de la cama y
caminó a través del cuarto al lado de su amante. Él se paró cuando Derek sostuvo su mano.
— ¿Qué día es hoy, Ian?
Ian sacudió su cabeza, intentando seguir la conversación, pero él estaba tan
malditamente cansado. Él y Derek se habían amado mucho tiempo durante la noche. Él miró
la ventana y vio un sol débil un poco más allá del horizonte. Y luego recordó.
Él miró hacia atrás a Derek, sintiéndose completamente perdido en cómo hacer las
cosas mejor para él — Es el día de mi boda, —dijo él suavemente.
Los ojos de Derek se cerraron y suspiró. Él los abrió antes de hablar otra vez, pero no
miró a Ian. — Sé que dije que lo intentaría, pero no puedo estar allí, Ian. Lo siento, solo que

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no puedo. — Él intentó una sonrisa y fue muy doloroso para Ian ver el esfuerzo que le tomó.
— Además, no creo que esté de humor festivo. Es más que probable que convierta el
acontecimiento en una escena de desánimo.
Ian no podía parar su explosión de risa ante lo mucho que lo herían las palabras de
Derek. — Sí, lo supongo más que probable. Mi novia está bastante asustada. Sería un rasgo
muy caballeroso que no la ates a tu miseria. — Él estaba enojado. No quería estarlo, pero lo
estaba.
—Lo siento, Ian,
—Yo también, Derek. —Ian se dio vuelta y caminó rígidamente hasta su traje que
estaba en el suelo. Él lo recogió se lo puso con movimientos desiguales. — Este es
probablemente uno de los días más importantes de mi vida, y tú, como siempre, rechazas
apoyarme. No sé por qué todo lo haces como un choque.
Derek controló una mano por su pelo en la frustración. — Tengo derechos.
—Ahórrame tus patéticas excusas, Derek. — La voz de Ian era fría. — Las he —oído
todas. Demonios, te he dado la mayor parte de ellas desde hace varios años. — Él se dio
vueltas de espaldas y metió sus manos en sus bolsillos. — ¿Entonces cuándo te veré otra vez?
¿La próxima vez que me necesita para actuar como el jefe11? ¿O me enviaras una nota cuándo
necesites una buena follada?
Derek maldijo y lanzó la ropa la que sostenía a Ian.
—No te pongas en el papel de maldita víctima Ian. Todo este lío del matrimonio fue tu
idea. Yo soy el que sufre. Soy la parte herida.
— Boludeces. — Ian se dio vuelta con ira para enfrentar a Derek, dando una patada a la
ropa que había quedado alrededor de sus pies. Derek estaba parado nada más que con su
pantalón, y sus pies y pecho desnudos. —Tú eres el bastardo egoísta aquí, Derek, no la
víctima. — Ian agarró un puñado de su pelo rubio y los tiró mientras gruñía de frustración y
rabia. — ¡No sé qué más hacer para demostrarte que te amo! ¡Hago esto por nosotros! Derek,
no podemos continuar de esta manera. Tú no puedes continuar de este modo. Rechazas
escucharme. — De repente, derrotado, se derrumbó en una silla ante el hogar apagado. Él
sintió como las lágrimas se reunían y cerró sus ojos. — Lo siento. Siento querer más. Siento

11
La autora utiliza la palabra stud, que tiene varios significados, entre ellos el de Macho hermoso y viril. (N.T.)
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querer a niños y una esposa. Siento querer hacerte feliz. Siento hacerte daño. Lo siento
malditamente, Derek.
— Ian, — la voz de Derek estaba más enojada.
— Siento el perderte, — se ahogó Ian. — Siento intentar obligarte a que compartas mi
visión de nuestro futuro. Lo siento si pensé que sería maravilloso tener a otra persona a la que
amemos, un nuevo comienzo. Lo siento, mucho, lo siento. —Él abrió sus ojos y dejó escapar
una lágrima. — ¿No es bastante? ¿No lo siento lo suficiente?
Derek suspiró. —Eres un bastardo manipulador, — él dijo con calma.
Ian se sentó adelante en su silla y con labios apretados rastrilló con su mano su pelo.
— ¿Acaso crees que estoy feliz de ver cuan hundido estoy? —Le gritó.
Derek lo estudió hábilmente. —Debes querer esto mucho, Ian.
— ¿Por qué lo dices?
—Jamás habías usado las lágrimas conmigo antes. —Derek se movió y se inclinó a
recuperar su ropa.
— ¿Acaso no son genuinas? — Ian intentó con esperanza.
Derek resopló con repugnancia.
— Bien. — Ian suspiró. — ¿Qué harás con ello, Derek?
— No te molestes. Las lágrimas trabajaron. — Derek comenzó a alejarse, pero se dio
vuelta. — Suspéndelo, Ian. Todavía hay tiempo.
— ¿Y luego qué? — Esto era en donde Derek siempre lo frustraba cada vez que Ian
había intentado conversarlo con él.
Derek deliberadamente entendió mal la pregunta. —No tienes que enviarla de regreso
con su padre. Podemos encontrar otro lugar para Sophie.
Ian sacudió su cabeza. —No, Derek. No hablo de Sophie. ¿Y luego qué con nosotros?
Derek lo miró inexpresivamente un momento. — Continuamos como estábamos. La
vida vuelve a la normalidad.
Ian puso una mano sobre sus ojos. Derek no creería en sus lágrimas de todos modos. —
No quiero eso.
—Tú la quieres. — Le escupió Derek.
Ian sacudió su cabeza otra vez. — No al principio. Al principio era solo sobre la vida la

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que ella podría darnos. Una casa, niños, paz aburrida y bendita. — Él miró a Derek. — Nunca
te mentí, Derek. El casamiento con Sophie siempre fue un nuevo comienzo para nosotros. Un
nuevo comienzo lejos de la guerra.
— Esto no tiene nada que ver con la guerra, — gruñó Derek. — ¿Por qué siempre
intentas hacer que hable de esa maldita guerra?
— Todo tiene que ver con ella, — gritó Ian. —Tú no eres feliz, Derek. No puedo
hacerte feliz.
Derek dio un paso hacia atrás. — ¿De qué diablos hablas, Ian? Desde luego que haces
feliz.
Ian sacudió su cabeza y esta vez Derek si creyó en que las lágrimas en sus ojos eran
verdaderos. — No, Derek, no lo hago. ¿Cuándo fue la última vez que has reído? No con
sarcasmo, o cólera, realmente reído
—No te atrevas a culparme que porque no río has armado todo este embrollo de un
matrimonio amoroso, idiota. — El corazón de Derek palpitaba de manera irregular.
— ¿Cuándo has dormido toda la noche? — Ian no esperó, él contestó por Derek, que
permanecía silencioso. — Nunca. Ni siquiera el primer día que te encontré. — Ian se elevó de
su silla. — Derek, quiero esas cosas para ti, cosas que no puedo darte. Felicidad, paz,
estabilidad.
Derek se dio vuelta alejándose turbado. — Soy feliz, Ian. Tú eres el que no está feliz
con nuestro arreglo presente.
— No, Derek, no lo estoy. — Ian parecía cansado y derrotado. —Te amo con todo mi
corazón, pero eso no es suficiente. Te mueres por dentro y no puedo ayudarte, y eso me mata.
Derek giró y se paró justo antes de soltar una risa sarcástica. — No seas melodramático,
Ian. Ese es más mi estilo que el tuyo.
Ian suspiró. —Te lo pido, Derek. Te pido por favor que vengas a la boda.
— ¿Declare un alto el fuego y brinde con el enemigo? —Derek se permitió que su
reprimido sarcasmo se infiltrase en sus palabras.
Ian suspiró y se le acercó y pasó una mano hacia abajo por su brazo desnudo. — Esta es
una boda, no una guerra.
—Siempre intentas conseguir que charle sobre la guerra. Estoy luchando ahora.

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— No hay ninguna batalla, Derek. Ganaste mi corazón hace mucho tiempo. Pero le
debo a Sophie el intentar con todo mi corazón hacer que las cosas funcionen.
— No puedes dar todo tu corazón a dos personas, Ian. Eso es matemáticamente
imposible. — Derek sentía deslizarse su autocontrol.
— No hablamos de sus matemáticas, Derek. No hay reglas en el amor.
— Entonces esto es la guerra, — le dijo Derek. Ian suspiró y cerró sus ojos
fatigosamente. Derek continuó. —Lo intentaré, Ian. Vendré a tu boda e intentaré no odiarla.
Eso es todo lo que puedo prometer.

Sophie estaba tan nerviosa que pensó que podría vomitar. Se había levantado durante
toda la noche, paseado de un lado a otro, y preocupado. No había hablado con Ian como le
había prometido a Kate y a Kitty. Eso no era necesario. Ella jugaría a la virgen para él y él
estaría contento y todo estaría bien. No necesitaba guantes de seda, por el bien del cielo. No
estaba rota, no lo estaba. Podría manejar una pequeña noche de bodas
Ella empujó sus brazos en su traje pesado, determinada a encontrar un libro en la
biblioteca que la mantuviera ocupada hasta que su criada viniera con el desayuno. El sol
apenas se había elevado, estaba segura de que todos estaban todavía en cama. Se volvería
loca si se quedara en este cuarto uno minuto más. Silenciosamente abrió su puerta y atisbó por
el vestíbulo. Ella estaba casi en la escalera cuando oyó una puerta abierta detrás de ella. Ella
se apresuró hacia las sombras de un pequeño nicho con un busto encima de un pedestal y miró
en la dirección de las tranquilas voces.
Un hombre el que ella nunca había visto antes abandonaba uno de los dormitorios y
parecía muy obvio que intentaba mostrarse tranquilo. No llevaba nada más que el pantalón y
el corazón de Sophie literalmente se paró en su pecho. Él era sin ninguna una duda el hombre
más hermoso que jamás hubiera visto. Ella había pensado que Ian lo era, pero había algo
tan primitivo en este hombre que lo dejaba solo en la categoría.
Era extraordinariamente alto y tenía el pelo negro ondulado, aunque fue difícil ver en el
vestíbulo débilmente alumbrado. ¿De qué el color serían sus ojos? Sus hombros eran tan
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amplios que llenaron la entrada y no pudo ver a la persona detrás de él con la que conversaba.
Su pecho era amplio y cubierto de un bello negro que se afilaba hacia debajo de su cintura. Él
tenía lo que parecían dos cardenales extrañas sobre su pecho. Ella nunca había visto tantos
músculos en su vida, ni siquiera en los trabajadores de la tierra de su padre. Él era enorme y
magnífico y aterrador.
— Desde luego que estoy tranquilo, —él silbó sobre su hombro, y luego se dio vuelta a
quienquiera que estaba detrás suyo. Sophie cogió una vislumbre cuando se dio vuelta y se
sobresaltó de ver que era Ian. Ella escuchó más difícilmente.
— ¿Estarás allí? — Ian le decía.
— Dije que allí estaría allí y lo haré, — el hombre alto gruñó y Sophie se estremeció.
— Derek, eso me significará muchísimo. Me gusta que lo hagas por mí, y sé que en
última instancia esto significará mucho también para Sophie.
¡Derek! Entonces ese era el evasivo Señor Knightly, el amante de Ian. Bien, ella
seguramente podía notar por que lo deseaba. La mano de Sophie voló para cubrir su boca
cuando una risa tonta y nerviosa intentó escaparse. ¡¡Por Dios!! ¿De dónde había venido ese
pensamiento? Sophie no podía imaginarse desear a nadie. No conociendo exactamente las
consecuencias implicadas.
—Sabes que no doy ni una maldita cosa por eso, — Derek le dijo mientras extendió
una mano y tomaba a Ian por detrás del cuello. Sophie se tensó. ¿Él iba a hacerle daño a Ian?
— Pero haría cualquier cosa por ti, Ian, lo sabes. — Sophie no pudo parar su jadeo cuando lo
vio acercar su boca a la de Ian y ver a los dos hombres besarse apasionadamente.
Su choque fue tan grande que se fue hacia atrás contra la pared y tuvo que agarrar el
busto antes de que cayera al piso. Ian agarró un puñado del pelo de Derek y separó la cabeza
del otro hombre, manteniendo apretado su labio inferior de algún modo hasta que Derek
gimoteó. Entonces Ian lo dejó ir. La mano de Ian se arrastró tranquila por la espada de Derek
hasta detenerse y ahuecar su nalga — Sé que harás lo que quiero, Derek, — Ian ronroneó y
exprimió la mejilla llena, redonda que sostenía, haciendo jadear a Derek—, — y lo disfrutarás.
— Dios caray, Ian, — gruñó Derek, — no comiences algo que no puedes terminar. —
Él se desprendió y quitó la mano de Ian de su parte posterior y la risa de Ian fue baja y
seductora. Ian murmuró algo que ella no pudo entender y vio la deslumbrante sonrisa en

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Camaradas de Armas 4

respuesta de Derek mientras se inclinaba hacia abajo para besar a Ian otra vez, demasiado
rápido esta vez.
—Podrás ordenarme un poco más tarde, — Derek silbó mientras se arrancaba, mirando
furtivamente de arriba a abajo del vestíbulo. Sophie se retiró, intentando mezclarse en la pared
detrás de ella. Él comenzó a andar rápidamente alejándose de ella por el vestíbulo, dándose
vuelta a mitad de camino para mirar hacia atrás con ansia a Ian que había quedado parado
mirándolo. Ian se inclinaba como por accidente contra el marco de la puerta hasta que Derek
esquivó silenciosamente la salita de invitados al final del pasillo, entonces él entró en su propio
cuarto y cerró la puerta sin mirar en dirección de Sophie.
Sophie esperó durante varios minutos para asegurarse que ellos no salieran de sus
cuartos, entonces silenciosamente caminó regresando a su propia recámara. Ella sabía sobre el
Sr. Knightly, desde luego, pero realmente no sabía mucho sobre ello. ¿Verdad? Era algo para
meditar, son amantes, esa es la realidad que tenia que contemplar. Ella sonrió con regocijo y se
lanzó sobre el cómodo sofá delante de la pequeña chimenea llena de rescoldos encendidos del
fuego de la noche pasada. Ian seguramente no querría a Sophie muy a menudo con Derek
alrededor, ¿verdad? Ella se aseguraría de dejárselo perfectamente claro, que era absolutamente
bueno para ella si él deseaba a Derek en su cama con frecuencia. Seguramente hacer un niño
no llevaría demasiado tiempo. Y luego Ian podría dejarla completamente sola. Ella tomaría la
primera oportunidad que se le presentara para asegurárselo a Derek también. Ella había oído a
un criado chismear y sabía que estaba celoso de ella. Bueno, realmente no tenía ninguna
necesidad. Él podría tener Ian si él lo quisiera. Ella solo necesitaba de Ian para que le diera
refugio, solo eso, un lugar para vivir su vida silenciosamente así nunca tendría que volver a la
casa de su padre. Jamás volvería, nunca. Y haría lo qué fuese necesario para asegurarse de que
Ian nunca tuviera una razón para enviarla de regreso.

Sophie no tuvo ni una sola posibilidad de hablar con Ian antes de la boda. Kate, Very y
Kitty llegaron y pasaron las primeras horas de “gran día” como ellas lo llamaban. Su bondad y
entusiasmo sólo servían para poner a Sophie más nerviosa que nunca. Según las tres, todos los
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amigos de Ian estarían hoy, aquí. ¿Qué pensarían ellos de Sophie? Ella se estremeció tratando
de imaginar lo que ellos podrían pensar de su padre. Con esperanza él se marcharía en cuanto
estuviera seguro de que Sophie estaba en sus manos para siempre
Los preparativos de la boda le habían parecido interminables, pero cuando Sophie
estaba de pie en las puertas del salón grande esperando que los lacayos las abrieran así su padre
podía escoltarla, no podía creer que el momento hubiera llegado. Su corazón palpitaba de
terror. En cualquier minuto esperaba que Harold viniera a golpear en la entrada, censurándola
como una puta indigna y arrastrándola de regreso al campo. Un frío chorrito de transpiración
bajó por su espina y ella tembló.
— Para de temblar, —gruñó su padre. —Jamás estaré más feliz que cuando finalmente
me haya lavado las manos contigo. El pervertido de tu marido y su amante podrán tenerte. En
cuanto yo me haya asegurado que esta boda se realice y él no pueda dar marcha atrás, en el
minuto que comprenda lo que está consiguiendo, yo estaré ya fuera la puerta. Y no llores
para que venga a salvarte, señorita, porque extrañas tu casa y a tu familia, No has sido nada
más que una prueba desde el mismo momento en que naciste. Por qué escuché a Harold y no
te casé con alguien más rápido, nunca lo sabré. Witherspoon se habría conformado con
cualquier mujer que le pudiera dar un niño.
Que discurso tan conmovedor en el día de su boda, de un padre cariñoso a su hija. Pensó Sophie
pensó acertadamente. Al menos uno de sus rezos había sido escuchado. Él se iría pronto,
gracias a Dios, y con esperanza ella jamás lo vería otra vez. Su padre no estaba tan
convencido de ello, pese a todo.
— Y no pienses que le daré mi bien ganado dinero a ese bastardo ingrato con el que
estás a punto de casarse. Él dijo, delante de testigos que él no quería tu dote. Bien, él no la
conseguirá, no después del modo en que me ha tratado. ¡¡Ajá!! Me gustaría ver que lo intente.
Sophie estaba horrorizada. ¡Si su padre no daba a Ian su dote, Ian podría enviarla de
regreso! ¡Padre, por favor, —susurró Sophie desesperadamente— debe darle la dote! Está en el
contrato. ¿Él podría anular el matrimonio, verdad? — Ella agarró su brazo y él lo dio un tirón
alejándose de ella.
— ¡Él puede intentarlo! No te llevaré de regreso, deberás ser la mejor puta que haya
encontrado en su vida, sino quieres terminar en la calle. —él le dijo brutalmente, sus ojos

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brillaban con satisfacción. — Siempre pensando en ti misma y jamás en lo que es mejor para
tu familia, ¿verdad? Todas las veces Harold mintió por ti, ¡lo sabía! Sabía que habías estado
afuera, haciendo de prostituta. Bien, ya no lo soportaré más. Ese es problema de Witherspoon
ahora.
Sophie estaba horrorizada. ¿Era ésta la única manera en que Ian la mantendría? ¿Cómo
una puta para él? Ella se estremeció de la repulsión. ¡Ella no podía hacerlo, ella no podría!
Tenía tantas ganas de contarle a su padre sobre las mentiras de Harold, de cómo encubría su
propio vergonzoso y horrible, comportamiento, no el suyo. Ella no lo había querido, nunca.
Alguien limpió su garganta y Sophie buscó hasta encontrar a Montague apoyado en las
puertas de salón, lo bastante cerca bastante como para haberlos oído. Ella enrojeció con la
vergüenza. Montague le sonrió de un modo alentador y ella casi lloró de gratitud.
— ¿Está lista, señorita? — Le preguntó suavemente.
— ¿Lista? — Su padre preguntó con incredulidad. — ¡Desde luego que estamos listos!
Abra la puerta maldita, idiota, así podremos terminar esta farsa de una boda. ¿Estará el Señor
Gran—dífico12, amante aquí?— Él preguntó a Sophie vilmente. Ella se estremeció en el tono
tan ruidoso de su voz.
Montague abrió las puertas y Sophie no pudo levantar sus ojos del piso. Ella sabía que
cada uno en el cuarto había oído las palabras de su padre. ¡Oh Dios! ¿Qué estarían pensando
de ella? Apenas podía andar mientras su padre avanzaba, arrastrándola por el cuarto. Ella
parpadeó detrás de las lágrimas. A mitad de camino hacia Ian sintió que la tranquilidad
descendía mientras se metía en su refugio de años. Ella podría pasar por esto. No le
demostraría a nadie lo avergonzada que estaba. No les mostraría cuánto le preocupaba su
opinión, cuánto quería agradar a los amigos de Ian. Ella levantó su cabeza y cuadró sus
hombros con un aliento profundo, y encontró la mirada fija de Ian.
Él estaba furioso, ella podía verlo. Ella sintió sus labios temblar y apretó su boca con
determinación. Ian le sonreía. Una sonrisa obligada, pero una sonrisa. Sophie se arriesgó a dar
un vistazo a la gente que estaba de pie alrededor del cuarto para atestiguar la boda. Ella vio a
Kate llorar y Sophie le sonrió débilmente, lo que provocó que Kate comenzara a llorar más.
Very le alcanzó un pañuelo y luego guiñó a Sophie. Lord Randall le dio un toque de su mano

12
Juego fonético imposible de traducir, el apellido de Derek es Knightly, el horrible padre dice refiriéndose a él, High-
Migthy, magnífico o grandioso
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bajo su barbilla como si le estuviera pidiendo que levantara su cabeza y entonces ella lo hizo, y
él le sonrió con una cabezada. Ella lanzó sus ojos alrededor del resto del cuarto, buscando a
una persona en particular No quería mirar demasiado estrechamente a todos los extraños que
había allí. No quería ver la condescendencia en sus caras, o la compasión hacia Ian por el
ratón monstruosamente mal educado con el que se casaba. Ella miró a su alrededor una vez,
dos veces, y luego comprendió que él no estaba aquí. Derek no había venido.
De repente ella estaba delante de Ian y su padre estaba dejándola, sin ningún cuidado.
Él se giró y caminó unos pasos de distancia frunciendo el ceño a la gente reunida, mientras
ellos se alejaban y le daban generoso espacio. Ian tomó su mano y la atrajo más cerca para
darle un beso sobre su mejilla. Cuando él susurró en su oído, ella tiró su cabeza ligeramente
en la sorpresa.
— ¿Si mato a tu padre después de la ceremonia, querida, me lo echarías en cara mucho
tiempo?
Sophie se sobresaltada por una aguda explosión de risa que no pudo contener. Ian se
movió, con una risa genuina, y ella se la devolvió. Furtivamente mirando con la comisura de
sus ojos como su padre fruncía el ceño; ella miró a Ian y sacudió su cabeza. Su sonrisa
burlona se ensanchó. Ella le dijo muy, muy suavemente, — Él se marchará inmediatamente
después de la ceremonia.
Ian echó un vistazo al atractivo y joven ministro13 que esperaba por ellos. — ¿Oíste
eso, Stephen? Por favor hazlo tan breve como te sea posible. — Sophie en realidad tembló de
risa ante la sonrisa burlona con que el hombre cabeceó.
—Creo que sería lo mejor para todos los involucrados, —dijo Stephen solemnemente, y
Sophie cabeceó su cabeza en agradecimiento con una felicidad apenas contenida. ¿Qué estaba
mal con ella? Jamás se había sentido tan feliz.
El ministro comenzó con un discurso corto sobre la belleza del amor y el compromiso,
y los ojos de Sophie se pusieron borrosos con las lágrimas. Sí, sí, eso es lo que ella quería, que
alguien la protegiera, que se preocupara si ella vivía o moría, en definitiva que se preocupara
por su felicidad.¿Era eso tan mal? Ian de repente exprimió sus manos y ella comprendió que él
estaba a punto de repetir sus votos. Ella alzó la vista hacia sus ojos cuando él habló.

13
No puedo dejar de compartir que además de la historia de la sobrina ahora esperaremos al reverendo Mathew, y vaya
que puede ser interesante ¿no creen? (Nota interior de pervertida traductora. ¡Por dios es un hombre del Señor!)
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— … Ian Churchill Witherspoon, te tomo a ti, Sophia Terèse Middleton, como mi


esposa …
El resto de las palabras se perdieron mientras él repetía lo que el ministro le decía. Ella
agarró sus manos con las suyas con fuerza y el mundo se redujo solo a ellos dos. Él habló
fervientemente, y Sophie deseó poder creer en las promesas que hacía. Sin comprender lo que
hacía, ella le dio un paso más cerca y sostuvo sus manos atadas a su corazón. Ella oyó su
nombre y miró al ministro.
— ¿Está lista? — Le preguntó él suavemente. Sophie cabeceó y comenzó a repetir las
palabras después de él.
— Sophia Terèse Middleton, te tomo a ti, Ian Churchill Witherspoon, como mi
marido… — Algo cogió su ojo y ella se dio vuelta hacia las puertas ventana abiertas detrás del
ministro. Derek estaba de pie allí, mirándola. Y sin pensar ella comenzó a repetirle el resto de
sus votos.

Ella era increíblemente magnífica. ¿Cómo se atrevía? ¿Dónde demonios estaba el


pequeño ratón postrado a los pies de Ian en el estudio pidiéndole que se casara con ella? Esta
mujer era una llama, una hermosa e hipnotizante llama de deseo desde su pelo de color cobre
hasta sus pechos llenos y sus ojos de brillante ámbar. Él la odió con una pasión que lo
sorprendió. Y luego ella lo hizo. Ella lo miró. Ella lo miró y le repitió sus votos de boda.
— Con mi cuerpo te adoraré… —El estómago de Derek se apretó en una ola de deseo
inesperado, no deseado.
— Para amar, para honrar y obedecer… — Ella hablaba con tanta seriedad, con una
expresión tan cándida, que tuvo que luchar para mantener su cólera.
Cuando ella terminó, hubo un momento de absoluto silencio, de completo silencio en
el cuarto. Derek tuvo que arrastrar sus ojos lejos de los suyos la sensación fue como una
separación física. Él vio sus manos abrochadas presionando contra el pecho de Sophie, apenas
un aliento de espacio entre ellos. Los ojos de Derek pasaron de sus manos a los brazos hasta la
cara de Ian. Ian lo miraba con una mezcla de gratitud, esperanza y alegría. Emociones
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Camaradas de Armas 4

perfectas para el día de bodas de un hombre. En ese momento él supo con absoluta certeza que
había hecho lo correcto al tomar la decisión de venir.
Derek tuvo que mirar lejos cuando sintió lágrimas correr por esos malditos ojos de
mierda. De repente comprendió que había estado interpretando en los últimos meses las
cosas bajo una luz decididamente negativa. Qué bastardo egoísta de mierda había sido. Él se
avergonzó mortalmente de cuán difícil había hecho las cosas para Ian, y también para Sophie.
Él consiguió algo de autocontrol y se dio vuelta para encontrar que la mayor parte del cuarto
lo estaba mirando. Él cruzó sus brazos defensivamente y miró airadamente a Stephen
Matthews, el ministro. Stephen rápidamente giró.
Durante la presentación del anillo, Derek se asqueaba de sí mismo. Ni siquiera se había
tomado la molestia de mirar el anillo de bodas que Ian había comprado para Sophie. Ian le
había pedido que lo acompañara y le ayudara a escogerlo, pero Derek lo había rechazado.
¿Por qué? ¿Acaso para sentir que estaría de pie, en la boda de Ian con una extraña? Bien, esta
era su maldita propia falta. Su determinación de encontrar un modo de vivir con Sophie se
solidificó. Él no quería volver a sentirse como ahora jamás.
Él miró como Stephen los declaró marido y mujer. Sophie lo miró antes de darse vuelta
para aceptar el beso de Ian. El estómago de Derek dio sacudidas otra vez, y con un corazón
hundiéndose comprendió que este matrimonio irrevocablemente cambiaría su futuro.

Sophie estaba aturdida. Inmediatamente después de la ceremonia Ian la llevó al estudio


con el ministro, el Sr. Matthews a quien Ian conocía desde que habían estado en la Península
juntos. Su padre se les unió y todos firmaron los papeles apropiados. Su padre había estado
imperdonablemente grosero, como siempre, y en cuanto ella había escrito su nombre Lord
Randall había aparecido y la había llevado al salón para aceptar las felicitaciones y conocer a
todos los amigos de Ian. Ian aún no aparecía y Sophie esperada con toda sus fuerzas que su
padre cumpliera su promesa de irse.
Lord Randall, Kate, Kitty, Very, el Sr. Richards, Lord Kensington y el Sr. Tarrant la
protegían como una jauría de perros rodeando a una oveja. Ellos se intercambiaban unos a
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otros, y empujaban copa tras copa de champán en su mano. Realmente no tendrían que
molestarse más, ya estaba bastante achispada y habituada a las miradas fijas y los susurros. En
realidad todos parecían bastante preocupados, claramente tenían un genuino afecto por Ian y
le deseaban sinceras felicidades. Ella no podía culparlos para su curiosidad sobre ella, no si
eran sus amigos de verdad.
Ella sólo podía sonreír irónicamente en sus esfuerzos para bloquear su vista de un
Derek bastante taciturno en la esquina al costado del cuarto. Qué pensarían todos se preguntó,
si supieran lo mucho que ella lo compadecía. Ella no le envidiaba su miseria en lo absoluto.
Ella solo lamentaba no haber tenido la oportunidad de hablar con él antes de la boda, para
dejarlo tranquilo. Tanto como le gustaría hacerlo ahora, este no era el momento adecuado o el
lugar. Pobre Derek, lamentaba sinceramente que sus esfuerzos por alejarse de su familia, le
hubieran provocado tanta tristeza
La idea la puso un poco triste, entonces bebió otra copa de champán, alegremente
suministrado por enérgico Lord Kensington. Había estado intrigada por encontrarse al
intrigante Lord Kensington y su Sr. Tarrant. Ellos parecían totalmente cautivados por Very,
quien aceptaba su adoración como una deuda. Como yo, igual, Sophie pensó con una risa tonta
interior que la hizo reír. Ella revisó y vio a Kate mirarla con el ceño preocupado. Sophie
suspiró y dio a Kate una mirada afilada que quería reflejar su exasperación. Claramente ella
transportó algo más, cuando Lord Randall arrancó la copa de champán de su mano y Kate se
precipitó para poner un brazo alrededor de ella.
—Oh, querida, — dijo Kate, preocupando, — ¿no vas a enfermarte, verdad, querida
Sophie?
— ¿Qué? — Sophie preguntó con un ceño. Le llevó mucha concentración hacer arrugar
su frente, y de un modo que pareció incorrecto, pero Sophie se encogió de hombres. Ella se
sentía increíblemente despreocupada, en realidad. ¿Por qué todos la miraban así? Ella se miró
abajo a ella misma y no notó nada mal. ¿Oh Dios, qué había hecho ahora? Todos los viejos
miedos llegaron rugiendo detrás, y ella se retiró un paso, se rodeó con sus brazos mientras
ellos seguían mirándola fijamente. — ¿He hecho algo mal? — Ella preguntó en un susurró a
Kate.
El Sr. Tarrant vino a su rescate. Era un hombre tranquilo, pero Sophie se sorprendió

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un poco por su apoyo. — Nada, mi querida. Kate y Lord Randall simplemente están
preocupados que hayas bebido demasiado y puedas estar sintiéndote por consiguiente enferma.
Pero claramente no lo estás.
Sophie tomó un aliento profundamente aliviado. — No, no, me siento bien, Kate,
francamente. Me siento maravillosamente, en realidad. — Ella acompañó su reafirmación con
una enorme sonrisa, y eso se sintió maravilloso. Sophie no podía recordar la última vez que
ella había reído así. Kate visiblemente se relajó.
— Ah, Tía Kate, déjala sola. Si una muchacha no puede beber en su propia boda no sé
cuando puede. —Very había puesto su brazo alrededor de Sophie. — Pero deberías abstenerte
de ahora en más, querida Sophie. No querrás ir demasiado lejos para disfrutar de tu noche de
bodas. — Ella acompañó la observación con una sonrisa burlonamente lasciva y de repente
Sophie se sintió, realmente enferma. Ella sintió retirarse el color de su cara.
— Por supuesto, eso fue muy bueno, Very, — dijo Lord Kensington secamente. —
Nada como aterrar a una novia que ha bebido.
Kate arrastró a Sophie detrás de ella del cuarto. Cuando salieron del cuarto, kate revisó
para asegurarse que no había nadie más cerca para escuchar y enfrentó a Sophie.
— ¿Hablaste con Ian, Sophie?
Sophie cerró sus ojos y luchó para tragar su bilis. Ella sacudió su cabeza, incapaz de un
discurso.
—Oh, Sophie, — dijo Kate con un suspiro cansado, sentándose al lado de ella sobre el
pequeño canapé. Ella tomó las manos de Sophie. — ¿Quieres que yo hable con él?
Sophie se levantó tan rápido su cabeza comenzó a girar, y ella tuvo que colocar una
mano sobre la pared. — ¡No! No, Kate. Todo estará bien. Ian es un caballero, y estoy seguro
que él actuará de manera apropiada. Esto no tiene nada que ver con lo que podría haber
pasado en mi pasado. Esto es completamente diferente. Tú y Kitty lo dijeron. No tengo nada
que temer, ¿recuerdas? Y desde luego está Derek, entonces, no tengo nada en lo absoluto de
que preocuparme. ¿Bien? — De algún modo su discurso tenía más sentido en su cabeza. Kate
la miró bastante preocupada. —Debes prometerme que no se lo dirás a Ian, Kate, ni tú ni
Kitty. Prométemelo ¡Promételo! —Sophie agarró las manos de Kate y de repente comprendió
que las tenia apretadas con demasiada fuerza cuando Kate se estremeció.

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—Está bien, Sophie. Está bien, te lo prometo. — Ella atrajo a Sophie a su lado otra
vez y presionó la cabeza de Sophie sobre su hombro. —Te prometo que ni Kitty ni yo diremos
nada a Ian sobre ello. Ahora tomemos un profundo aliento y relajémonos aquí durante unos
minutos. — Ella frunció el ceño a Sophie. —Very tiene razón, mi querida. No más champán.
Has tenido suficiente.

Ian caminaba por el salón con un suspiro. Él había tenido que sacar al Sr. Middleton
por la fuerza de la casa, por la puerta de entrada de los criados. El hombre en realidad había
tenido la audacia de intentar chantajearlo, amenazando con exponer su asunto con Derek y las
indiscreciones evidentes pasadas de Sophie a no ser que Ian le pagara una más que abundante
y bonita suma. Ian había rechazado hasta comentarla, en cambio había llamado a dos lacayos
corpulentos para que escoltaran hasta la puerta al Sr. Middleton que protestaba y maldecía.
Afortunadamente estaban bastante lejos de la fiesta que nadie los oyó.
Él exploró la muchedumbre. Sophie conversando en la esquina lejana izquierda,
rodeada por Very y sus dos galanes, así como por varios otros. Ella sacudía una mano, la del
Doctor Peter Thomas y sostenía una copa de champán en la otra, riendo felizmente. Pareció
un poco inestable a sus pies. Cuando lo vio, le hizo una seña con la cabeza para que mirara la
otra esquina. Él se dio vuelta para mirar. Derek estaba allí haciendo todo lo posible por ser
sociable, la que no era la mejor de sus representaciones. Él escuchaba a Freddy, el Duque de
Ashland, y reía y cabeceaba distraídamente. El compañero constante de Freddy, el Sr. Brett
Haversham, estaba de pie al lado de Derek con una mano en su brazo. Ian estaba feliz de que
alguien lo consolara, porque él simplemente hoy no tenía paciencia
¡Qué día feliz!, pensó Ian con una mueca interior. Acabo de echar a mi nuevo suegro que
intentó chantajearme en mi propia casa, sospecho que mi novia está borracha y mi amante se parece a su
perro solo que muerto. Suenen campanas, este es el día de mi boda. Sacudió su cabeza, pellizcándose
el puente de su nariz, sintiendo un dolor de cabeza atacándolo. Miró a su alrededor otra vez y
notó que Kate y Kitty se agrupaban en otra esquina, susurrando con furia hacia Jason y Tony.
¿Por qué sería? Los dos hombres las miraban como si quisieron golpear la cabeza de alguien, y
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Kate siguió limpiándose sus ojos y haciendo sonar su nariz, llorando otra vez. ¿Derek había
hecho algo?
Ian dudaba sobre a cuál esquina dirigirse. Él pensó que simplemente podría retirarse a
su estudio y ponerse tan borracho como Sophie. Antes de que tomara la decisión, Jason y
Tony lo atropellaron.
— ¿Podemos tener un momento de tu tiempo, Ian? — Jason preguntó más bien
formalmente. Su tono no auguraba nada bueno.
—Sea lo que sea lo que ha hecho, no puede ser tan malo. — dijo Ian con un suspiro.
Jason lo miró perplejo. — ¿Quién?
— ¿De qué hablas? — Le preguntó Tony. — ¿Ha pasado algo?
Esta vez fue el turno de Ian de mostrarse confundido. — No sé. ¿No lo saben? Pensé
que Derek había hecho algo.
Tony dio vuelta para explorar el cuarto. —No, —él señaló a Derek, —allí está Derek.
— ¿De qué hablas entonces? —Ian estaba en un completo mar de dudas con esta
conversación.
Jason ligeramente agarró su brazo y lo dirigió hacia la puerta. — Vayamos a conversar
a tu estudio.
Cuando ellos alcanzaron el estudio de Ian, Ian se dirigió directamente a las botellas de
licores y sirvió tres bebidas. Él dio una a cada uno de los hombres y luego levantó la suya en
un brindis.
—Por Dolores, —dijo y bebió toda la copa de un trago. Jason y Tony repitieron el
brindis y bebieron.
Tony levantó una ceja. —Este es un raro brindis sobre todo el día de tu boda, Ian. ¿No?,
no que Dolores no fuera una hermosa muchacha, ¿pero qué te hizo pensar en ella?
Ian miró fijamente su copa vacía mientras la hacía girar entre en su mano. Él se dio
vuelta para servirse otro. — He estado pensando mucho en Dolores en los últimos días. —Él
se volvió hacia Tony. — Ella me enseñó como amar a una mujer, y a su propio modo, como
amar a Derek. Pero lo que es más importante ella me enseñó como amar a una mujer con
Derek. Pienso que todas esas lecciones, en particular la última, pondré en práctica en las
semanas consiguientes. — Él tomó un sorbo calmante de su whisky, su deseo de

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emborracharse se diluía despacio.


— Él lo hará, Ian. —Jason parecía tan seguro que Ian se sorprendió.
— ¿Qué te hace tan seguro?
Jason se sentó en la silla grande de Derek. — Derek necesita dos cosas
desesperadamente. Tiene que ser amado y él te necesita. Y las dos cosas se las darán tú y
Sophie. Dale tiempo. — Jason sostuvo su copa vacía por más whisky. Él se veía dubitativo, y
la agitación de Ian sobre su pequeña conversación aumentó.
— ¿Qué más, Jason? —Le preguntó con desconfianza. Jason suspiró y Tony tomó la
botella de la mano de Ian, llenando la copa de todo el mundo. Entonces empujó a Ian hacia la
silla enfrene de la de Jason — ¿Esas lecciones de Dolores? Creo que vas a necesitarlas más que
de lo que crees, Ian.

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Capítulo Ocho
Ian iba de atrás para adelante en el salón y no sabía qué hacer. Se sentía entumecido.
Había estado tan preocupado por esta noche con Sophie, que ahora se sentía enfermo de solo
pensarlo. ¿Cómo debía hacerle el amor cuando lo único que ella conocía del sexo era violencia
y violación? Él miraba a su hermosa novia y quería rabiar, gritar y golpear a alguien. La idea
de que alguien le había hecho eso después de todo lo demás que había debido soportar lo
dejaba enfermo del estómago. Ella lo miró entonces, una sonrisa a cambio de un ceño
fruncido.
Él le sonrió débilmente, determinado a no arruinar su día de bodas. Ella frunció el ceño
más duro e hizo un gesto pequeño, furtivo hacia la esquina lejana. Él se dio vuelta y vio que
Derek lo miraba. Ian volvió a Sophie, segura de que por una vez Derek podría tener cuidado
de él, pero no Sophie. Ella siguió haciendo gestos con sus manos y rodando sus ojos y
cabeceando en dirección a Derek. Kensington y Wolf miraban el intercambio con avidez,
fascinado. Ian suspiró y decidió, girando para acercarse a Derek. Todos los ojos en el cuarto,
desde luego, estaban sobre él, pero intentó no hacerlos caso. No podía creer que habiendo
estado casado menos de un día, ya estaba optando por su amante por sobre su esposa Sólo que
optaba por ir hacia su amante, no por su amante, ni lo abandonaba. Él pensó que Derek no
disfrutaría de la ironía.
Cuando se acercó a la esquina, Brett vino a encontrarlo.
—Felicidades por tu boda, Ian, — dijo Brett con su solemnidad habitual, aunque
acompañara su comentario con una sonrisa genuina. — Ella es una hermosa muchacha, y
bastante insólita.
Ian lo miró de manera inquisidora, moviendo su cabeza hacia un lado.
Brett rió suavemente. — Very nos presentó a mi y a Freddy a su habitual modo
dramático he hizo algún comentario sobre como amamos todos a la mamá gallina. La Sra.
Witherspoon muy seriamente tomó mi mano y me preguntó muy dulcemente si nos parecía
correcto hablar de madres cuando obviamente Derek estaba hoy tan necesitado de una. —
Brett revisó en Sophie melancólicamente. — Lamento no haberla encontrado antes que tú.
Ian cerró sus ojos cuando la culpa lo apuñaló. —Dios, Brett, yo también lo lamento. —
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él susurró
— ¿Qué? — Brett pareció apenado. — ¿Qué estás diciendo, Ian? No creo que sea
correcto.
Ian abrió sus ojos y miró a Brett con turbación y luego comprendió como había sonado
su comentario. — No, no, no significa eso, Solo pensé que si tú la hubieras encontrado, ella no
habría pasado por tanto. —Él se calló, consciente de lo que casi había dicho. Necesitaba
recomponer su control. Brett lo había malinterpretado, aunque algo de verdad había.
— ¿Estas pensando en su padre? Sí, lo oímos antes de la boda. Pobre muchacha, qué
niñez horrible debió haber tenido. Es una maravilla que ella resultara así, creo.
Ian sólo pudo cabecear. Él miró a Derek, de repente añorando desesperadamente al
otro hombre. Tenia que hablar con Derek, contarle sobre Sophie, compartir esta culpa
espantosa que lo carcomía vivo.
— Continúa, — Brett dijo suavemente. — Freddy y yo nos reuniremos a la multitud de
admiradores de tu nueva esposa.
Ian lo miró con gratitud y despacio caminó hacia Derek que se apoyó contra la pared en
un autoexilio.
— ¿Vienes a sacudirme algunas migajas? — Derek le preguntó con su aspereza habitual.
Entonces él se estremeció e hizo un gesto de dolor, Derek, le pidió perdón. — Jesús, lo siento,
Ian. No lo merecías.
—Estoy feliz de que hayas venido. — La voz de Ian era suave. Él no tenia ganas de
compartir esta conversación con el resto del cuarto.
— Oí el pequeño discurso de su padre antes de la boda. Bastante encantador, ¿no? Qué
cerdo, y el único modelo a imitar de Sophie. ¿Estás seguro que tu pequeña novia no es… — él
hizo una pausa para dar un toque a su cabeza, — un poco inestable?
— Derek, —Ian dijo con decepción.
Derek miró a la distancia y tomó una bebida de champán. ¿Los votos, fueron tu idea?
Le tomó a Ian un momento el comprender lo que Derek pensaba. — ¿Lo dices porque
Sophie te miraba cuando los decía? No, no tuve nada que ver con ello. No estaba ni siquiera
seguro de que vendrías, y hoy no vi a Sophie antes de la boda.
Derek lo miró, perplejo. — ¿Cómo sabía ella quién era yo? Nunca nos hemos

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Camaradas de Armas 4

encontrado.
— No lo sé. — Ian suspiró, la imagen de Sophie haciendo esas promesas sagradas a él
y a Derek provocó una estrechez en su pecho. — Jamás le he hablado a ella de ti, de nosotros,
— Él sacudió su cabeza y cubrió sus ojos con su mano—. Derek… — Él no pudo continuar
con su voz ahogada.
— ¿Ian, Ian, qué está mal? — Derek se enderezó y tocó su brazo con preocupación. —
¿Estás bien?
Ian sacudió su cabeza otra vez. — No, no lo estoy. — Él miró la amada cara de Derek
llena de preocupación y sintió sus emociones tranquilizarse un poco. — Tengo que hablar
contigo en la terraza. — Él se movió hacia las puertas y sintió a Derek seguirlo.
Una vez sobre la terraza, Ian colocó ambas manos sobre el pasamano y se inclinó,
tomando varios alientos profundos para estabilizarse. Derek inclinó su espalda contra el
pasamano a su lado.
— ¿Qué pasa? — Derek estaba tan serio como nunca Ian lo había visto, e Ian
comprendió que debía parecer bastante sacudido.
— Es sobre Sophie.
Derek resopló. — Bien, éste es el día de su boda. Tengo entendido que todo trata sobre
la novia en el día de su boda.
— Ella fue violada, Derek. Más que una vez que al parecer, según lo entendió Kate. —
De solo decir esas palabras le hicieron a Ian sentir que estaba a punto de vomitar.
Derek agarró y tomó el antebrazo de Ian fuerte. — ¿Cuándo?
Ian no lo miró, solo sacudió su cabeza. — No lo sé. No sé nada. Sophie rechazó
hablarme según Jason, quien se enteró fue Kate, a quien Sophie le hizo jurar mantener el
secreto.
Derek exhaló en el asombro. — ¿Esto podría dar otra vuelta a la tragedia? ¿O es una
comedia? No, tragedia, con nuestra propia Ophelia. — Él colocó su mano sobre su pecho y
estiró su otra mano dramáticamente. — ¡Consíguele un convento de monjas! — Él dijo
suavemente, y luego se congeló.
Ian sintió la presencia de Sophie por la calma repentina de Derek. Él buscó y vio su
cara estirada con horror.

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Camaradas de Armas 4

—Yo…yo estaba preocupada, — ella susurró. —Ian se veía tan trastornado, —y… —
Ella sollozó y rápidamente cubrió su boca de su mano. Ian dio un paso hacia ella. Ella se
apoyó lejos. —Tú no. Se suponía que no lo sabrías — ella gritó. — ¿Todos los saben? — Ella
echó un vistazo desesperadamente detrás de ella hacia las puertas y ventanas abiertas. —
¿Ellos? —Giró sobre sus talones y corrió a lo largo de la terraza hacia las puertas, Ian cerca
ella detrás.
— ¡Sophie! — Ian la llamó, persiguiéndola. Él oía a Derek directamente detrás suyo.
Cuando él se precipitó por las puertas, sintió que los invitados se acercaban y tuvo que abrirse
camino por intentando alcanzar a Sophie. Él se detuvo ante la muchedumbre a tiempo para
verla que se detenía delante de Kate llorando.
— ¡Creí que eras mi amiga! — Sophie la acusó, llorando con tanta fuerza que las
palabras más parecieron un aullido angustiado. Ella salió corriendo por las puertas de salón.
— ¡Sophie! —Kate gritó detrás de ella. Ian se precipitó después de Sophie, dejando a
Kate a sus maridos.

Derek quiso seguir a Ian, pero sabía que no era una buena idea. Él se sentía frustrado y
enfadado, y este sentimiento desvalido en su estómago lo enfermaba. En el silencio que siguió
a las salidas dramáticas de Sophie y Ian, él recurrió a una de su defensa favorita, el sarcasmo.
— Y así termina el Primer Acto de nuestra tragedia, damas y caballeros, — él añadió
severamente. — Ahora serviremos los refrescos. — Él se dio la vuelta y se retiró a la terraza.
Derek estuvo de pie allí un momento una vez que salió, completamente perplejo en
cuanto a lo que debería hacer. Su indecisión e inutilidad lo pusieron furioso. Él se balanceó
rápidamente caminando alrededor, lanzando su puño en la pared. En vez del ladrillo, su mano
encontró la plana palma de otra mano quien recibió el golpe con muy poca satisfacción.
— ¡Ow! — Freddy pasó su abusada mano sobre su pecho. — ¡Dios, Derek, que duele!
Debería haberte dejado romper el maldito ladrillo. — Él sacudió su mano irritablemente en el
aire, intentando calmarlo.
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Camaradas de Armas 4

— Sí, deberías haberlo hecho, — gruñó Derek con comprensión. —No te necesito ni a
Brett metiendo sus narices en nuestros asuntos, Freddy. — Él miró airadamente al joven
duque. — Independientemente de los retazos de sabiduría que piensas que debes compartir...
He oído tus opiniones sobre la boda de Ian y ya no necesito otro recordatorio. — Él transfirió
su fulgor a Brett, quien estaba de pie silenciosamente al lado de Freddy. En ese mismo
momento Jason apareció golpeando las puertas.
— ¿Y qué de mi sabiduría, Derek? Deja de compadecerte y actúa como un hombre. Ian
y Sophie te necesitan ahora mismo.
Derek no pudo detener la mirada incrédula que dio a Jason. — No creo que Sophie
quiere verme por el momento, Jason. Esto es algo que ella tiene que trabajar a solas con Ian.
Él es su marido ahora, sea lo que sea eso.
Jason hizo un gesto impaciente. — Desde luego, tienes razón, no lo pensé, aunque esto
seguramente muestra un nivel de entendimiento de tu parte que me sorprende. Pensé que Ian
te necesitaba para actuar como su compañero aquí. Encargarte de sacar a estos invitados a la
boda en su casa con tan poco trastorno como sea posible. Para reducir al mínimo el daño
realizado, independientemente del arrebato que Sophie podría haber causado y asegurarte que
ellos tienen el tiempo y el aislamiento que necesiten.
Derek se horrorizó. — Tratar con la gente es trabajo de Ian, Jason. No soy bueno con
la gente, sabes eso. — Él sacudió su cabeza con decisión. —Si necesitas a golpear a alguien,
soy tu hombre. ¿Evitar el escándalo y calmar las plumas rizadas? Ni en mi mejor día.
—Lo siento, Derek, pero es hora de crecer. — Brett finalmente habló. Él fue
comprensivo, pero firme. — No sé como termina esto, y no quiero saberlo. Obviamente es
algo que angustia en extremo a Sophie, y también a Ian. Incluso antes de la salida llorosa de
Sophie, pude ver cuán alterado estaba Ian. Pero, él no tiene a nadie más que se preocupe por
él, del modo en que alguna vez lo hiciste, Ahora te necesita, Derek. Tienes que estar allí para
él
— Tienes razón, todos ustedes. — Si la situación no fuera tan seria, Derek podría
haberse sido divertido con en las expresiones sobre las caras de sus amigos. —No tienes que
parecer tan impresionado. He estado haciendo algo de examen de conciencia últimamente. —
Él estrechó sus ojos cuando Freddy abrió su boca para hablar. — Sí, Freddy, realmente tengo

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un alma. Comprendo que he puesto a toda esta situación peor con mi comportamiento, y le
dije anoche que haría un esfuerzo sincero de vivir con Sophie. — Él enderezó sus hombros, y
luego se golpeó los puños, luego comprobó su corbata de fantasía. — Entonces iré y jugaré al
pacificador y el anfitrión respetuoso, dos papeles que no se llevan bien conmigo. Pero lo haré
por Ian.
Sin mirar a sus amigos otra vez, Derek caminó regresando al salón. Las dos próximas
horas fueron agotadoras, pero él rió hasta sentir su cara tiesa, moliendo sus dientes todo el
tiempo. Parecía como si él tuviera que contestar las mismas preguntas sobre Sophie e Ian una y
otra vez. Él no era un buen mentiroso, entonces pegaba tan cerca de la verdad como podía. Él
dijo a todos que Sophie había estado muy nerviosa por la boda y por encontrar a todos los
amigos de Ian desde hacía semanas, y que la presión simplemente había podido con la pobre
muchacha. Ella era, después de todo, una campesina que nunca había estado lejos de la casa
de su padre. Él podía sentir subir su bilis sobre todas las cosas que no eran dichas en esa
explicación pero eso no era negocio de nadie, solo suyo, incluso si toda esta gente eran sus
amigos.
Cuando la puerta finalmente se cerró sobre el último de los invitados a la boda, Derek
lanzó un enorme suspiro de alivio. Él se inclinó hacia atrás contra la pared al lado de la
escalera, demasiado cansado como para subirlas.
— Señor, — Montague dijo al lado suyo y Derek casi brincó un pie en el aire del susto
que se dio.
— ¿Por qué diablos hiciste esos? — Él intentó morder al mayordomo.
— Hacer que, Sr. Knightly?
— Moverte sobre una persona tan silenciosamente. La Oficina de Guerra podría
haberte usado contra Napoleón.
Montague ni siquiera dio una sonrisa. — ¿Preparamos una cena ligera para el Sr. y la
Sra. Witherspoon? Ningún de ellos comió mucho después de la ceremonia.
Los ojos de Derek se cerraron brevemente en resignación. Más decisiones. — Ah, sí,
bien. Eso me parece bien. Sí.
—Muy bien, señor. ¿Dónde la servimos?
Jesús, ¿acaso ellos no podían tomar algunas decisiones por si mismos? — Cristo, no sé.

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¿En su cuarto de vestir, el que está al lado de su dormitorio? Creo que ella se sentirá allí, un
poco menos visible ahora. Ella no se sentía muy, mmm, muy bien después de la ceremonia.
Montague se rió de Derek y Derek casi se cayó de la sorpresa. Él siempre asumía que el
mayordomo no le quería mucho. Él raras veces se dirigía a Derek directamente y exudaba un
aire de desaprobación siempre que Ian aceptaba las preferencias de Derek.
— Si puedo afirmarlo, Sr. Knightly, se comportó muy bien con los invitados a la boda
hoy. — Derek alzó la vista con cautela, esperando ver el cielo caerse sobre la increíble
alabanza de Montague.
— Gracias… — Respondió Derek, su turbación era evidente.
Montague limpió su garganta. Él parecía algo incómodo, pero siguió la discusión a
pesar de ello. —La Sra. Witherspoon necesita todo el apoyo y el compañerismo que podemos
ofrecerle en este momento, creo.
Derek sólo pudo parpadear mudo mirando a Montague. El mayordomo suspiró. —
Reconozco la fuente de su angustia. Sinceramente creo que usted y el Sr. Witherspoon harán
todo lo posible por ayudarle.
— ¿Reconoces qué? — Derek le preguntó con desconfianza.
Los ojos de Montague se reenfocaron en un punto sobre el hombro de Derek. —Mi
hija experimentó algo parecido, si no estoy equivocado.
Oh Dios, Derek pensó, horrorizado. ¿Qué se le dice a un hombre cuya hija fue violada? —Lo
siento, Montague. — En verdad lo sentía, lo comprendió de repente. — ¿Ella está bien ahora?
Montague todavía rechazaba mirarlo. —Eso espero, señor, ella murió.
Derek sintió el irse el color de su cara. —Oh Dios, Montague, lo siento. No lo sabía.
¿Cuándo fue atacada cuando… ella?
Montague finalmente lo miró y Derek se estremeció ante la desolación en sus ojos. —
No señor, fue después, por su propia mano.
Derek no pudo contener su jadeo de horror. Involuntariamente él extendió la mano y
agarró el brazo de otro hombre. —No dejaremos que le pase eso a la Sra. Witherspoon,
Montague.
— No señor Nosotros no lo permitiremos. — Él se giró y dio varios pasos antes de
detenerse y darse vuelta. — Tendré una cena ligera para ser servida en una hora.

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Derek cabeceó mecánicamente. — Sí, gracias. Eso será bueno.


— Usted los encontrará en el cuarto de niños. — Derek solo cabeceó otra vez. Estaba
sorprendido con la intuición del hombre.
Él comenzó a subir la escalera antes de que comprender que no tenía ninguna idea de
donde quedaba el cuarto de niños. Hasta ahora ni siquiera sabía que lo tenían. ¿Qué diablos
hacían ellos en el cuarto de niños?

Ian corrió por la escalera llamando a Sophie. Cuando llegó al primer piso, ella había
desaparecido. Él miró en cada dormitorio y no pudo encontrarla. Como última instancia
subió la escalera hasta el poco usado segundo piso, dónde estaba el cuarto de niños vacío de
los dueños anteriores.
— ¿Sophie? —Él la llamó desde la punta de escalera. Oyó el sonido débil de un llanto y
caminó silenciosamente por el pasillo hacia la puerta de la guardería que estaba cerrada. Él lo
empujó para abrir y vio a Sophie inmediatamente. Estaba sentaba en el suelo delante de la
ventana directamente a través de la puerta, sus brazos descansaban sobre el asiento de la
ventana, sosteniendo su cabeza sobre una almohada mientras lloraba suavemente. Sus piernas
estaban dobladas a un costado y ella lograba parecer elegante hasta en su miseria. ¿Ella no lo
había oído entrar? Ian pensó que no.
Él se acercó despacio atravesando el cuarto, sus pasos resonaban en el vacío. El cuarto
de niños que ocupaba la mitad de toda la casa, tenía un brillante de piso de madera. Las
paredes blancas brillaban bajo la luz de la tarde que se marchaba. El único mueble del cuarto
era un pequeño caballo balancín pintado en una esquina, dulce y triste en su soledad. De algún
modo era el acompañante perfecto para las lágrimas de Sophie. El corazón de Ian se rompió
un poco más cuando con claridad comprendió que Sophie nunca había tenido un asilo como
este en su propia niñez.
— ¿Me enviarás de regreso ahora? — Sophie preguntó con una voz cruda, una ronca
cascada que apretó el corazón de Ian, por motivos que no tenían nada que ver con las cosa que
acababan de pasar. Le había gustado su voz la primera vez que la oyó hablar y se había vuelto
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Camaradas de Armas 4

más encantadora con cada conversación sucesiva. El sonido desigual de ella ahora lo hizo
pensar en sudor y calor y alientos desfallecidos y él sin piedad se ordenó bajar su nivel de
atracción.
— Nunca. — Él le dijo convincentemente, claramente, y su voz sonó demasiado
ruidosa en la cámara que resonaba. Él miró como Sophie giró su cabeza rápidamente para
mirarlo su sorpresa fue evidente. Él cruzó el cuarto en largas zancadas y se arrodilló al lado de
Sophie. No hizo caso de su leve estremecimiento ante su proximidad. Él ahora lo entendía, y
creía que el único camino de vencerlo era que se acostumbrara a ello. Espontáneamente, las
palabras de Derek en la noche que hablaron explotaron en su mente.”Déjala que se
acostumbre a ello”” le había dicho. En ese momento Ian no creyó que fuera un consejo útil.
—Nunca te enviaré de regreso, Sophie, o te enviaré a alguna parte si no quieres ir. Nada
de lo que alguna vez hayas hecho o puedas hacer en el futuro me hará despedirte. Eres mi
esposa, y estoy feliz. Te quiero conmigo. ¿Te quedarás? — Él se resistió al impulso de tenderle
la mano, entendiendo que no estaba lista para ello.
Sophie cerró sus ojos y se mordió su labio inferior. —No entiendes. No soy virgen, Ian.
Sé que eso es lo que cada hombre quiere. Harold me lo dijo. Él me dijo que tú no me querrías
si lo averiguabas.
Ian dejó de resistirse y con cuidado abrigado sus manos alrededor de los hombros de
Sophie. Ella se estremeció, pero no se alejó. — Harold se equivocó, y para que lo sepas,
Sophie, la violación no te hace experimentada. Simplemente te hace una víctima. — Otro
pensamiento sacudió a Ian. — ¿has estado con algún hombre voluntariamente, Sophie? — Él
se apresuró a tranquilizarla. — No es que importe. Independientemente de lo sucedido, el
pasado está en el pasado. ¿Pero has estado con alguien desde que fuiste atacada?
Sophie sacudió su cabeza violentamente. — ¡Nunca! ¿Por qué lo haría? Eso fue
horrible. ¿Por qué alguien querría hacer eso? — Ella comenzó a llorar más duro. —Lo siento,
Ian. Tú mereces a alguien que no odie la idea de estar contigo, que no tenga miedo de dejarte
hacerle eso. Yo no puedo. Sé lo horrible que es, lo sé.
Ian intentó tirar a Sophie en sus brazos, pero ella se puso rígida y se retiró bruscamente.
Él la dejó. En cambio él se sentó en el suelo a su lado, sus piernas se estiraron y su trasero se
apoyándose contra el asiento de ventana. Él no la miró.

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— Eso no tiene que ser horrible, Sophie. Puede ser bastante maravilloso en realidad. —
Él frotó su barbilla con un índice. — Dime qué pasó, Sophie. ¿Quién fue?
Ella permaneció callada y él le echó un vistazo para verla sacudir su cabeza otra vez.
— ¿Por qué no me lo dirás? —Él mantuvo su voz en un tono bajo. Luego simplemente
pareció curioso. Por dentro era una masa bullendo de rabia. Él lo averiguaría, y si el hombre
no estaba muerto aún, lo estaría.
— No puedo, — ella susurró. — No puedo decirte quién fue. Él va a… — Ella dejó de
lamer sus labios nerviosamente. — Él me matará. Sé que lo hará.
Ian apretó su mano derecha a su costado, donde Sophie no podía verla. — Nadie te
tocará ahora, Sophie. Eres mía, y protejo lo que es mío.
— Por favor, Ian, — ella suplicó.
Ian suspiró. — Bien, por ahora. ¿Pero puedes decirme qué pasó? ¿Cuándo pasó?
Sophie echó su cabeza sobre sus brazos. — La primera vez fue cuando yo tenía
dieciséis años.
El corazón de Ian tartamudeó en su pecho. La primera vez. Buen Dios. ¿Cuántas veces le
había pasado?
— El año en que me fui a la guerra. — Él no comprendió que había hablado en voz alta
hasta que Sophie le contestó.
— ¿Fue ese año? No lo sabía.
Ian la dio vuelta bruscamente. — ¿Recibiste mi carta? Envié una, diciéndote que había
comprado una comisión.
Sophie levantó su cabeza ligeramente y lo miró. —No, nunca la recibí. Solo asumí que
estabas demasiado ocupado para molestarte conmigo. Nosotros no debíamos estar casados
hasta dentro de dos años, después de todo.
—Debe haberte sobresaltado luego de recibir mis cartas desde la Península. ¿Por qué
nunca contestaste? Yo habría ayudado si hubiera sabido. — Ian no había comprendido hasta
ese momento que su fracaso en responder a sus cartas le había hecho daño. Mientras él había
sido insensible sobre sus sentimientos cuando marchó a la guerra, había esperado que
alguien se preocupara porque estaba allí.
Sophie se enderezó un poco más, sus ojos amplios. —Nunca recibí ninguna carta, Ian.

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Ian la miró con consternación. — ¿Ni una? Debo haber escrito una docena, siempre que
me movía a un campamento nuevo. Puedo entender que una o dos se perdieran en la acción,
¿pero todas?
Sophie solo sacudió su cabeza.
— ¿En cuanto a la carta que te escribí hace dos años, informándote que había vuelto?
Sophie exprimió sus ojos cerrados. — ¿Regresaste hace dos años? — Ella susurró.
Ian se odió en ese momento. Odió el egoísmo y el ensimismamiento con que había
logrado displicentemente despedir a Sophie por tanto tiempo. Lo había comparado con su
propia enfermedad de guerra y la obsesión de su felicidad con Derek. — Pensé que lo sabías.
— Él limpió su garganta, no queriendo hacer saber a Sophie cuán trastornado estaba.
Sophie sacudió su cabeza. —No. —Ella abrió sus ojos, pero rechazó mirarlo, en cambio
el trazó su frente sobre sus brazos. — Asumí que sólo acababas de volver y viniste
directamente antes de enviar por mí.
Ian pasó su mano por su pelo. — Dios, Sophie, lo siento tanto. — Él dejó caer su mano
a su regazo y e hizo la pregunta del que realmente no quería saber la respuesta. — ¿Eso pasó
otra vez, desde que regresé? — Él no tuvo que explicar lo que pensaba.
— Sí, — Sophie dijo suavemente, confirmando sus peores miedos.
Ian apenas podría respirar por la culpa que apretaba su pecho. — Sophie… — Él se
alarmó con la brusquedad de su voz. Él cerró sus ojos contra las quemantes lágrimas.
— ¿Cómo fue eso? — Sophie le preguntó, su voz casi normal.
— ¿Qué? — Ian no podía seguir la pregunta.
— La guerra. ¿Cómo fue eso? — Sophie claramente quería cambiar de tema, y Ian,
como el cobarde que era, la dejó.
—Eso fue horriblemente sangriento. — Solo el decir las palabras liberó a Ian de un
modo que hacía mucho tiempo no sentía. La mayor parte de sus conocidos no deseaban hablar
de la guerra excepto en términos de quiénes ganaban, qué la batalla. Incluso Derek tendía a
evitar hablar de sus experiencias en la guerra, sin incluir el desarrollo de su relación. Pero
luego Derek tenía pesadillas que lo hacían despertar sacudiéndose y sudando. — Odié cada
espantoso y apestoso momento en ella
Sophie levantó su cabeza y lo miró con compasión. — ¿Tú? Pensé que los hombres les

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gustaba la guerra.
Ian se rió, pero no con humor. — ¿Qué cosa les gustaría? La sangre, las tripas, los gritos
de hombres y caballos. Oler como una cloaca porque no has podido bañarte en semanas. El
miedo de que tus amigos y amantes mueran en un ataque de artillería francesa bien hecho. O,
por supuesto, los infinitos días, aburridos, uno tras otro, sin nada que hacer, excepto tener
esperar que llegue la próxima misión. Sí, la guerra parece divertida, ¿verdad? — Él se
estremeció ante la amargura que reflejaba su propia voz.
Sophie giró y se sentó con ella de espaldas en el asiento de ventana y sus piernas,
imitando la posición de Ian. — ¿A quién perdiste?
Su tono era tan comprensivo como su mirada lo había sido, y eso rompió a Ian. Él puso
su cabeza hacia atrás en el banco detrás de ellos y cerró sus ojos mucho tiempo para parar las
lágrimas que comenzaron a rodar por sus mejillas.
Perdí a más de uno.
Él se sobresaltó cuando sintió que la mano de Sophie tocar su manos con dulzura y
luego sus dedos sin apretar se entrelazaron con los suyos. Él se obligó a relajarse y no
espantarla.
— Dímelo, — ella le dijo, y él lo hizo. Las palabras salieron de él, sobre los amigos que
se llevó la muerte, sobre otros cuyas heridas cambiaron su vida. Y le habló también sobre
Dolores, sin ocultarle nada. Sus manos se apretaron más y más mientras contaba.
—Oh, Ian, — ella suspiró cuando finalmente dejó de hablar, —lo siento tanto, no sabía,
La amabas, tanto como Derek. — Su voz pareció tan triste, como si hubiera visto toda la
miseria en el mundo y nada ya le sorprendiera más.
— No, no la amé. No creo que Derek lo hiciera tampoco. Pero ella era una amiga
querida. — Él miró sus manos entrelazadas, y se arriesgó a mover un dedo libre para acariciar
los fuertes tendones de costados. Cuando ella no protestó en contra, pasó acariciando los
nudillos, y con cuidado entre sus dedos. Ella estuvo callada durante tanto tiempo que pensó
que la había vuelto a asustar.
— Solo porque estuviste enamorado de ella no significa que no la amaras. Puedes amar
a un amigo profundamente y su pérdida puede dejarte un enorme agujero. —Ian podía notar
que ella hablaba por propia experiencia.

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— ¿Al quién perdiste?


Su mano exprimió su casi hasta hacerle doler, ante su pregunta. — Perdí al único amigo
que alguna vez tuve. Un criado, en realidad una criada. Ella fue amable conmigo cuando ya
había olvidado lo que era la bondad. Ella intentó protegerme, y pagó por su bondad con el
despido y la degradación.
— Sophie. — Ian se dio vuelta para mirarla, pero no dejó ir su mano. — ¿Ella está
muerta?
Sophie sacudió su cabeza. — No, al menos, no lo creo. Pero ella era de una familia
empobrecida y regresar con ellos no era una opción, en particular después de haber sido
despedida sin referencias. — Ella miró el cuarto. — Según Harold ella no tendía ninguna otra
opción, que hacerse una puta en la taberna local hasta el día en que se marchara y nunca
regresara.
— Sophie, mírame. — Ella lo hizo y su expresión era de tristeza. — Cuéntame sobre tu
vida, Sophie. Todo ese tiempo he pensado en ti como una niña, hasta las dos últimas semanas
cuando pude darme perfecta cuentas de que no lo eras. Te has convertido en una mujer que
me fascina. Debo saber, Sophie. Debo saber todo sobre ti.
Ella se ruborizó, miró hacia abajo y tiró ligeramente, casi como si comprendiera que
sostenía sus manos con demasiada fuerza. Ella intentó arrancarlas, pero Ian no la dejó.
— No, Sophie, por favor, — le suplicó él, — no las saques. Dime, dime algo, alguna
cosa, todo lo que gusta, No seré muy exigente, te lo juro. — Ella todavía parecía insegura. —
¿Cuál es tu color favorito? Creo que es el azul. ¿Tengo razón? ¿Alguna vez ha tenido un
cachorro? ¿Quisieras uno? No puedo deletrear muy bien. ¿Y tú? — Sophie comenzó a sonreír,
sus labios que rizaron hacia arriba con timidez. — Odio las tripas14 y la sopa, pero me gusta la
ternera y la cerveza. Derek dice que tengo gustos de campesino. — Él se estremeció,
preocupado por si debería o no haber mencionado el nombre de Derek, pero Sophie pareció
impasible por ello.
Ella sostuvo una mano, parándolo. — ¡Basta! — Ella gritó con un poco de risa. Ian
deseó mantener esa risa. Quería oír la risa de Sophie por siempre. — Um, déjame ver. Sí,

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Tripe en el original, los chinchulines, mollejas, ubre, forman parte de la famosa parrillada argentina, supongo que
para quienes culturalmente no es costumbre debe ser muy difícil comerla. Mi madre las hierve antes de ponerla a la
parrilla, y son un manjar para nada dietético. (Nota de .Traductora empecinada en hacer notas)
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azul, y no, pero yo siempre quise un cachorro. ¿Cómo lo supiste? ¿Y cómo que no puedes
deletrear? Todos podemos deletrear. Soy particularmente buena con palabras
excepcionalmente largas, por ejemplo, aullidos. ¿No es una maravillosa palabra? ¿Y cómo es
posible que haya alguien a quien no le gusten las tripas? — Ella se estremeció. — ¿Pero sopa?
Me gusta la sopa. Yo podría beberla ruidosamente todos los días, cada día. Y no me
preocuparía si tienes gustos de campesino. No me avergüenzo demasiado sobre lo que me
gusta, supongo. — Ella sonrió abierta y tímidamente a Ian. — También tengo una muy buena
memoria.
Ian rió a carcajadas. —Procuraré recordarlo. ¿Acaso en los próximos diez años aún
estarás fastidiándome por derramar el vino sobre el mantel del salón?
Sophie lo miró horrorizada. — ¡Yo no te fastidiaría! ¡Nunca! — Lo miraba con miedo.
— No lo creo. Nunca te enojarás porque me queje de tu comportamiento.
Ian la cortó, maldiciéndose por olvidarse que de debía andar con pies de plomo cerca
suyo. Haría falta mucho tiempo para lograr que confiara en él. Intentó hablar con ligereza, —
Bien, eso es una decepción. ¿Qué hay de bueno en una esposa sino se queja? ¿Cómo sabré
cómo comportarme, o si realmente me engañas y no me lo dices? Me atrevería a decirte que si
me tratas demasiado bien, la gente comenzará a pensar que hice un mal negocio. —Él sonrió
abiertamente con maldad. — ¿Ellos pueden hasta, el cielo lo prohíba, comenzar a especular si
te casaste conmigo porque te gustaba, y qué sería de mi entonces, me pregunto?
Sophie lo miró desconcertada un momento, y luego resopló con poca elegancia. —
Bien, no podemos hacer eso, ¿verdad? Reservaré el lunes por la mañana a las nueve, antes de
hacer los menús de la semana, para fastidiarte. Así tendrás un excelente modo de comenzar la
semana con objetivos frescos que puedan mantenerte ocupado.
Ian quería dar gritos de alegría. ¡Ella tenía sentido del humor! Su joven, hermosa, y
frágil esposa, no había sido rota. Él la haría fuerte. La nutriría, la regaría con amor y afecto,
pasión y humor, y ella nunca conocería otra vez el miedo o el abandono. Muy despacio él
levantó su mano hasta sus labios y los besó y la risa de Sophie sólo vaciló un poquito.

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Derek silenciosamente se levantó desde donde había estado sentando al lado de la


puerta del cuarto de niños. Él estaba duro y dolorido, y comprendió que el sol comenzaba a
ponerse. Había estado mucho tiempo escuchando la charla entre Sophie y Ian. No se sintió
culpable en absoluto por escucharla disimuladamente. ¿De qué otra manera podría entender
cómo convivir con esta extraña? Se había sobresaltado por lo que conversaron. Nunca había
escuchado a Ian hablar así sobre la guerra. Oírlo había sido duro, tanto que Derek casi se había
levantado para alejarse. Pero cuando Ian terminó, Derek sintió en algún sitio dentro suyo, un
cierto aligeramiento. Sí, él sabía exactamente de lo que Ian hablaba. Él lo había visto y había
sentido las mismas cosas, habían perdido a la misma gente. Él frotó su pecho distraídamente,
todavía sintiendo el dolor que lo había agarrado cuando Ian había hablado de la muerte de
Dolores. Sophie había sido sabia cuando había dicho que tanto Ian como Derek habían amado
a Dolores. Derek sabía no era la clase de amor el que él compartía con Ian, pero era amor
absolutamente igual.
Él oyó a los dos todavía murmurar en el cuarto de niños, y a Sophie reír. Aquel sonido
lo hizo vacilar. Él había tenido que morder sus nudillos cuando había contado que la primera
vez que la habían violada solo tenía nada más que dieciséis años. Él había querido maldecir y
perforar la pared. Ninguna muchachita debería pasar por algo así. Y eso golpeó con fuerza
sobre Ian. Aquella risa significaba que quizás ella no estaba completamente rota y Derek se
sorprendió de saber cuánto lo complacía la idea Él bajó por la escalera furtivamente, no
queriendo molestar la intimidad entre ellos. Era difícil, pero Derek intentaba hacer lo que Ian
necesitaba. Y ahora mismo él necesitaba que Derek lo ayudara a hacer de su noche de bodas
un éxito. Lo que tanto preocupaba a Derek tendría que permanecer malditamente lejos.

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Capítulo nueve
Very estaba de pie en la biblioteca y miraba hacia fuera por la ventana que daba al jardín
trasero. El cuarto detrás de ella estaba únicamente iluminado por el pequeño fuego de la
chimenea. Podía distinguir la escultura griega que se encontraba en la esquina más alejada del
jardín, una forma oscura bajo la luz de la luna. Ella adoraba sentarse allí afuera en los días
calurosos y leer, o charlar con los amigos. ¿Había podido Sophie alguna vez hacer eso?,
¿Relajarse con los amigos? Ella había parecido tan torpe en eso las últimas dos semanas, y
Very lo había atribuido a su horrible padre. Pero al parecer había más, tal como Very había
sospechado ayer. Fue a apartar un mechón de pelo de sus ojos y vio que su mano estaba
temblando. Dios, estaba tan enfadada. Había querido gritar a la tía Kate por no decírselo, y
después quiso ir por el Sr. Middleton y cortar su pene. Tía Kate dijo que Sophie había negado
que fuese él, pero ¿quién mas podía ser? Sobre todo Very quería cortar su propia lengua.
¿Cómo podía haber bromeado con Sophie de aquella manera? ¿Dios, cómo pudo Sophie
soportarla? Ella no podría soportarse a si misma.
Se volvió de repente y agarró una almohada de la silla cercana a la ventana. La golpeó
contra el brazo de la silla con todas sus fuerzas, conteniendo un grito de rabia hasta que éste
salio como un gruñido. Levantó la almohada la rasgó y golpeó de nuevo contra la silla hasta
que finalmente se rompió y las plumas volaron alrededor de su cabeza. Se detuvo entonces,
jadeando por el esfuerzo, frustrada por la cólera que había todavía dentro de ella a pesar de su
violencia.
—Bueno, me alegro de no ser yo la almohada. —la voz de Kensington sonó detrás de
ella.
Ella se volvió y le fulminó con la mirada. —Cállate. Esta noche no soy una compañía
agradable. No tengo la paciencia para aguantar tu supuesto ingenio.
Kensington suspiró y caminó cautelosamente hacia ella. La alcanzó y tiernamente quitó
una pluma de su pelo. —Sé que voy a sentir esto, pero, ¿Cuál es el problema pequeña
Amazona?
Very lo miró fijamente con incredulidad. — ¿Cuál es el problema? ¿Qué cuál es el
problema? Justamente acabo de averiguar que una querida nueva amiga fue violada cuando
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era niña, yo estropeé el día de su boda y ¿tú me preguntas cuál es el problema?


Tentativamente Kensington se acercó y la envolvió con sus brazos suavemente. De
pronto él se convirtió en todo lo que ella necesitaba. Lo asió desesperadamente y él respondió
envolviéndola más firme en su abrazo. ¡Dios, ella había extrañado esto! Él apenas la había
tocado durante casi un año, no desde ese inolvidable primer momento en que ellos se
conocieron, cuando él la había arrastrado a un callejón y le había dado su primer placer como
mujer. Ella enterró su nariz en su cuello y respiró profundamente su querido olor. Picante,
exótico y masculino que hizo que su sangre se espesase y calentase.
—Very, —dijo y ella se estremeció al oír la aspereza del deseo en su voz. Él tomó varias
respiraciones profundas y habló de nuevo, esta vez con un tono casi normal. —Tú no
estropeaste el día de la boda de Sophie. No puedes culparte por su violación. Es triste, pero es
natural que esos recuerdos aparezcan el día de su boda. Se espera que ella comparta la cama
con Ian esta noche. Solo puedo imaginar los miedos que ella tendrá con eso.
Very giró su cabeza para descansarla en su hombro. —Exactamente, y yo lo empeoré
con mi broma. Ella estaba bien hasta que yo dije en broma eso de estar bebida para disfrutar su
noche de bodas. ¡Si sólo tía Kate hubiera confiado en mí antes! Yo nunca habría dicho eso.
Kensington movió su mano hacia abajo por su espalda en lo que se suponía que era un
movimiento consolador. En cambio puso cada uno de sus nervios en llamas. Su coño latió con
deseo hacia él en el momento en que su mano se apoyó en el comienzo de su trasero. No pudo
controlar un pequeño e inestable jadeo. Kensington se congeló e intentó apartarse.
— ¡No! Kensington, por favor. —Very supo que estaba rogando, pero su orgullo no se
interpondría esta vez. Lo necesitaba esta noche. Necesitaba que él le mostrara de nuevo como
el amor te hacía sentir, que le ayudase a limpiar la imagen de Sophie siendo violada que se
había fijado en su cabeza.
—Very, no puedo. —Su voz sonó áspera y él puso sus manos en sus hombros en un
intentó de empujarla hacia atrás.
—Si que puedes, —le dijo, mientras se apretaba más cerca, envolviendo sus brazos
alrededor de su cuello en un fuerte asimiento. Le besó suavemente a lo largo de su mandíbula
y mordió su barbilla, arrancándole un gemido. —Ves, tú me quieres. No puedes negarlo,
puedo sentirlo. Puedo sentir tu pene, duro por mí. —Ella giró sus caderas, sintiendo como la

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dura longitud de él se frotaba contra su estómago. Dio un beso con la boca abierta sobre su
cuello y lamió la piel ligeramente. De repente las manos de él estaban sujetando su culo
bruscamente y la apretaban contra él. Ella se rió triunfalmente y Kensington gimió.
—Dios, maldita sea, Very. Me prometí a mi mismo que te dejaría sola. Eres tan joven,
tan inocente. Dime que me detenga, dime que te deje sola. —Él estaba besándola ferozmente,
sus labios en los suyos en un momento y moviéndose por su cara y cuello al siguiente. Lamió
un camino ascendente desde su hombro hacia el punto suave de detrás de su oreja para luego
morder su lóbulo. Very se estremeció con lujuria no disimulada ante la picadura.
—No te detengas, nunca te detengas, Kensington. Quiero sentirlo de nuevo, esa caída
salvaje por un precipicio que hizo a mi corazón correr y a mi aliento cortarse. Muéstrame lo
que significa amar a un hombre. Hazme simplemente olvidar durante un tiempo lo que le
sucedió a Sophie. Muéstrame lo que se siente cuando lo quieres, cuando deseas a un hombre y
él te hace suya.
Kensington gimió en voz alta con sus palabras y la arrastró hacia el suelo. —Tú me
haces tirar todos mis principios al viento, Very. No puedo resistirme a ti, no puedo luchar
contra esto cuando me dices cuánto me deseas. Serás mi ruina. —Él se dejó caer sobre ella,
Very nunca había sentido un peso tan delicioso. Envolvió una mano alrededor de su cabeza y
lo atrajo hacia ella para un beso, mientras con su pierna abrazaba su cintura y presionaba su
erección contra su montículo, húmedo y dolorido. Aunque separados por las capas de tejido, el
contacto era exquisito y ella gritó en su boca. Él se movió contra ella y ella mordió sus labios
fuertemente. El sabor metálico de la sangre hizo que él tirase hacia atrás.
—Oh Dios, Kensington, lo siento. Me estoy volviendo loca, siento como si tuviese
algún tipo de fiebre en el cerebro. Todo lo que puedo pensar es en ti y en lo maravilloso que te
sientes. Eres tan duro, fuerte y mío. Quiero saborearte, comerte. ¿Es normal esta hambre tan
fiera de ti? —Su voz sonaba jadeante y ávida y ella sonrió al oírse de esa manera. Era glorioso,
todo esto era glorioso.
Kensington se lamió la sangre de su labio mientras arrancaba ferozmente el corpiño de
Very. —No lo sé y no me importa. Solo el saber que te estás muriendo por mí está
volviéndome loco. Me has infectado con tu fiebre. —Ella oyó que su corpiño se rasgaba y
sintió el aire fresco sobre sus acalorados pechos. —Sí, —silbó Kensington. Se sumergió en sus

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pechos como un hombre hambriento, lamiendo, chupando y mordiendo mientras Very se


retorcía bajo él. Introdujo un brazo bajo su espalda y dio un tirón para elevar su pecho antes de
amamantar un pezón sin piedad, Very empujó sus caderas contra él, su polla se frotó contra
ella de tal manera que pudo sentir temblores de excitación a través de todo su cuerpo.
La realidad desapareció, como si tiempo y lugar no tuvieran ningún significado para
ellos. El calor y aspereza de su toque, la percepción de los suaves músculos que se inclinaban
sobre ella, el roce mojado y caliente de su lengua en su piel, parecía ser tan natural, como si la
vida entera de Very la hubiera llevado a este acoplamiento.
—Tócame, Kensington, como hiciste antes. —Ella estaba como poseída, sus brazos y
piernas envolviéndose alrededor de él y besándolo como si pudiese tragarlo entero.
—Michael, —le dijo bruscamente, separándose de ella. Agarró sus hombros y la
sacudió. —Llámame Michael. Quiero oír mi nombre en tus labios mientras estoy amándote,
dilo, Very.
—Michael, —rogó, y la intimidad de su nombre hizo que el latido de su corazón se
acelerase aún más y que su respiración se volviese desigual. —Michael, ámame, por favor. Lo
necesito tanto. —El pelo rubio de Michael se había vuelto oro fundido con la luz del fuego, sus
ojos parecían oscuros e insondables en las sombras de la habitación. Ella se estremeció con un
temor breve ante su expresión inescrutable. Por un momento interminable ellos se quedaron
congelados, ella ante él como una ofrenda, él sobre ella, su conquistador. La naturaleza
dramática de la imagen que se formó en la mente de Very rompió el hechizo. —Michael, —
susurró, mientras se arqueaba hacia él, las manos de Michael fueron a su cintura, agarrándola
casi dolorosamente mientras la acercaba hacia él.
—No soy fuerte, Very, no en lo que a ti se refiere. No he confiado en mí para estar a
solas contigo estos últimos meses. He intentado apartarme, pero soy débil, tan débil. Sigo
volviendo a ti. —Se inclinó para besarla dura y posesivamente. Cuando se apartó, Very jadeó y
empujó sus caderas hacia él. Él extendió la mano y con cuidado paso una yema de su dedo
suavemente por la curva de su pecho. —Ansío esto como un fumador de opio ansía la droga,
Very. Lo necesito. —Ella se apoyó en sus codos para ver su cara mientras él la miraba
fijamente. Sus ojos se cerraron con angustia mientras apartaba su dedo, apretando su mano en
un puño. —Dime que me detenga, Very.

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—Nunca, —susurró ella— Nunca te diré que te detengas.


Cuando la puerta de la biblioteca se abrió, La luz del vestíbulo se desplazó por el suelo
como una flecha que acabó a los pies de Michael. Very jadeó cuando Michael rápidamente
intento escudarla del intruso.
La puerta se cerró silenciosamente con un clic. —Lo siento. ¿Estoy interrumpiendo? —
La voz de Wolf sonó como un ronroneo por el sorprendido deleite, Very soltó la respiración
que estaba conteniendo.
—Wolf, —susurró. Sin pensar extendió la mano hacia él, y él vino como tirado por
unos cordones invisibles. Cuando la alcanzó se dejó caer pesadamente sobre sus rodillas.
Wolf Tarrant no era un hombre grande. Él era alto y delgado, con los músculos
estilizados de un esgrimista y una elegancia emparejada. Su cara se semejaba a su homónimo,
con ángulos afilados, nariz larga y mandíbula cuadrada. En la luz del fuego su pelo rubio
oscuro, espeso y salvaje asumió los colores del propio fuego, rojo, oro, naranja y negro. Él
siempre se mostraba sereno, tan compuesto, pero Very sospechaba que había mucho fuego
dentro de él, bajo esa fachada. Ella anhelaba verlo quemarse para ella. Nunca había pensado
mucho en Wolf en términos sexuales. Había aceptado que venía con Kensington. Pero aquí,
ahora, ella comprendió con alivio y excitación, que lo quería. Quería tocarlo y ser tocada por
él y la felicidad que esto le produjo le hizo sentirse mareada. Ella acarició su fuerte pómulo con
las yemas de sus dedos y con el dedo pulgar acarició su labio inferior. —Wolf, —dijo de
nuevo, su nuevo conocimiento sexual de él como individuo, claro en su voz y su toque.
Wolf cerró sus ojos y bajó su cabeza hacia su caricia. —Very, —dijo con voz quebrada,
—Very. —Se inclinó para besarla y ella se alzó para encontrarlo a medio camino. El beso fue
una exploración tierna, un primer beso en todos los sentidos. Ignoró el hecho de que ella
estaba en el suelo medio desnuda, pillada en un momento de pasión con otro hombre. En ese
beso eran sólo Very y Wolf y la maravilla de su descubrimiento del otro. Él pasó sus brazos
suavemente alrededor de ella hasta que estuvo sosteniéndola, hasta que estuvo abrigada
fuertemente contra su pecho, sus corazones golpeando juntos. Los brazos de ella se situaron
alrededor de su cuello, una mano en su hombro, la otra enterrada en su indomable pelo.
La lengua de Wolf se introdujo tan suavemente en su boca que Very gimoteó ante la
dulce sensación. Era tan diferente a Michael, que la había devorado como un hombre

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hambriento. Wolf la saboreó suavemente hasta que ella no pudo tomar más de su ternura. Ella
rompió el beso con un sollozo. —Por favor, por favor, —rogó, su cuerpo, una vez más, en
llamas. Sus pezones estaban tan duros que dolían por un toque consolador, y podía sentir el
calor de su coño y como se bañaba con la crema de su sexo. Asió el brazo de Wolf, quitándolo
de alrededor de ella y le obligó a que la bajara al suelo. Tomó su mano en la suya y la guió
hasta su pecho, apretándola allí contra el pezón dolorido. —Sí, —gimió arqueando su espalda.
—Michael, —susurró, queriendo que él compartiese este sentimiento. Wolf estaba amasando
su pecho mientras que con la nariz acariciaba su cuello.
—No. —Su voz sonó áspera y angustiada. Wolf se congeló contra ella, y Very miró sobre
su hombro a Michael. Él todavía estaba arrodillado entre sus piernas, pero de algún modo él
parecía lejano, con una separación que él no tenía antes. Estaba evitando cuidadosamente
tocar a Very. Miraba a Wolf con horror, fijándose como su mano estaba sobre el pecho de
Very, y su cara se apretaba contra su cuello. Very no supo qué hacer. Ella estaba dolorida y
ardiendo y encontraba difícil pensar con el éxtasis justo fuera de su alcance.
—Por favor, Michael, —rogó, arqueándose contra la mano de Wolf que había reanudado
sus agradables caricias. Gimió cuando Wolf chupó suavemente su cuello. —Oh Dios, por
favor.
—Yo…yo no puedo, — susurró con la respiración entrecortada y Very lo miró a través
de una niebla mientras él se arrastraba hacia atrás, lejos de ella y Wolf. — ¿Qué he hecho? —
Su pregunta no parecía estar dirigida a ella y Very no contestó.
Wolf se estremeció cuando Very apretó su mano más fuerte contra su pecho. Él se
tendió al lado de ella hasta que pudo sentir su calor y una deliciosa presión contra su costado.
—Michael, —dijo con voz áspera, mientras besaba la piel delicada que se encontraba justo
sobre la clavícula. —No lo hagas, no lo estropees, Michael, —su voz se quebró. Él aclaró su
garganta. —No escapes de esto.
—No puedo, —dijo Michael de nuevo. — ¿Qué estamos haciendo, Wolf? Ella es una
niña. —Él giró su cabeza y cubrió sus ojos como si no pudiera tolerar mirarlos. —No puedo
hacerle esto.
—No soy una niña, —dijo Very y Wolf se elevó para mirarla. Ella miró fijamente a su
cara y no vio rastros de la culpa que parecía asediar a Michael cuando la tocaba. Wolf la

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miraba como a una mujer, una mujer deseable. Su mirada era posesiva, arrogante y orgullosa y
Very quiso ronronear y revolcarse por todo él hasta quedar cubierta por su olor. —Yo quiero
esto, —susurró, y apenas fue capaz de reconocer la sensual voz como propia. —Quiero tocar y
ser tocada, quiero correrme y quiero que un hombre se corra para mí. —Ella miró a Michael.
—Quiero ser una mujer no una niña. Quiero ser deseada por un hombre sin ver la culpa y la
vergüenza en su cara después.
—No puedo, Very. —Dijo Michael con voz quebrada. —No puedo.
—Yo si puedo, —dijo firmemente Wolf en su oído.
Very giró de nuevo hacia Wolf y con lenta deliberación tiró de su cabeza hacia abajo y
lo besó. Ella liberó todo su deseo en aquel beso, intentando decirle todo lo que ella quería y
necesitaba con sus labios, lengua y dientes, y él lo entendió. Se acercó más a ella y deslizó un
brazo bajo ella hasta que su cuello descansó sobre él. A continuación movió una mano hacia
abajo por su estómago para situarla entre sus piernas. Very gimió y se empujó contra él.
— ¿Qué es lo que quieres? —Wolf preguntó contra su boca. — ¿Lo sabes?
—Te quiero dentro de mí. —Exigió Very licenciosamente. —Quiero que me lleves al
límite, Wolf. ¿Lo harás?
—Oh, Very. —Dijo perversamente, —Haré cualquier cosa que desees. Presionó sus
labios de nuevo con los suyos y su lengua bailó deliciosamente en su boca. Very se quedó sin
aliento y tuvo que romper el beso. Ella estaba jadeando pero no había ninguna turbación en su
excitación. Lo que ella sentía con Wolf era un sentimiento primario, como si se hubiesen
despojado de todo lo que no fuese esencial y solo quedase su respiración entrecortada, su
deseo, el roce de un cuerpo contra el otro, y el golpe de sus corazones.
Él rompió el beso suavemente. —Eres maravillosa, Very. ¿Sabes lo preciosa que eres
para mí? —Susurró y la besó de nuevo tiernamente.
—Wolf, oh Dios, Wolf, —dijo, casi al borde de las lágrimas. Ella nunca se había
molestado realmente en verlo antes, aceptando su presencia como un requisito si ella quería
tener a Michael. ¿Cuánto tiempo se había sentido él de esta manera sobre ella? ¿Lo había
herido con su indiferencia? Era una idiota por estar tan ciega. Hoy estaba abriendo los ojos a
muchas cosas. Estaba mareada con los altos y bajos emocionales.
— ¿Cómo puedes? —La voz de Michael fustigó en la oscuridad. — ¿Qué le estás

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haciendo? ¿Qué estas haciendo que haga ella?


Wolf suspiró y descansó su frente contra la sien de Very. Ella movió su mano
suavemente a través de su pelo.
—Quiero dar placer a mi mujer, Michael. Yo no soy el tipo de hombre que jugaría con
ella y la dejaría deseándome por un sentimiento inapropiado de ofendida rectitud moral. — La
voz de Wolf sonaba tan enfadada como la de Michael.
—No importa lo que ella diga, todavía es una niña, Wolf. Ella no entiende lo que tú
exigirás de ella. —La voz de Michael estaba llena de acusación.
—No le obligaré a hacer nada. —Wolf se levantó enfadado, el humor claramente
arruinado. —Pero no le negaré lo que ella quiere. —Se agachó para poner a Very de pie. Ella
todavía estaba un poco inestable y se aferró a él. —Y no intentes colocar la culpa sobre mí. Yo
nunca te he forzado a nada a ti tampoco.
—Dejen de hablar sobre mí como si no estuviese, —dijo ella enfadada. Apuntó a
Michael. —Y deja de hablar sobre mí como si fuese idiota. Sé perfectamente en que me estoy
metiendo.
— ¿Lo sabes? —Preguntó Michael amargamente. — ¿Realmente sabes lo que Wolf y yo
somos el uno para otro?
Very se ocupó a si misma en enderezar su ropa. Había una pequeña rotura en el tejido
de su corpiño, que ella temía, no podría arreglarse. Suspiró. No había querido tener esta
conversación exactamente esta noche, pero ella no era de las que escapaban de un desafío. —
Claro. Son amantes. Mira, lo he dicho y no he salido corriendo, mientras gritaba a la noche. —
Ni siquiera intentó mantener alejado el sarcasmo de su voz. Wolf se rió entre dientes junto a
ella y ella le sonrió.
— ¿Y entiendes lo que eso significa? —Michael no permitió que dejase el tema. — ¿Lo
has pensado siquiera?
Very se movió incómoda. Oh, ella lo había pensado mucho. Casi todas las noches en su
solitaria cama ella pensaba en que significaba exactamente. —Significa que los dos vendrán a
mi cama al mismo tiempo. —Estaba bastante orgullosa de lo firme que parecía.
Michael resopló. —Sí. Pero también significa que nos follamos el uno al otro, Very.
Significa que cuando Wolf me mira de la manera en que te miraba esta noche, que sí él me

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mira de esa forma, no puedo bajarme los pantalones e inclinarme lo suficiente rápido. Esa
polla que aun ahora está dura para ti, Very, —Michael apuntó crudamente hacia la erección de
Wolf, —se entierra en mi culo en cada oportunidad, y yo le devuelvo el favor con bastante
frecuencia. ¿Es eso lo que quieres?
—Basta, Michael, —gruñó Wolf.
Very sintió como empalidecía con su crudeza. Ella había tenido una vaga idea sobre cómo
los hombres hacían el amor entre si, pero gracias a Michael, su educación en el asunto estaba
ahora completa. Ella enderezó sus hombros. —No, está bien, Wolf. —Ella miró a Michael. —
Si eso es lo que tú quieres, entonces sí, yo lo quiero también.
Michael gruñó con frustración y tiró de su pelo mientras se alejaba de ella. — ¿Qué
tengo que hacer para salvarte de ti misma, Very? ¡Te metes en problemas a cada momento, y
yo soy el catalizador! Esto… —hizo un gesto hacia los tres, —Esto es antinatural, ¿Entiendes?
Aunque tu tía tenga la misma relación, no es natural, no es aceptado. —Él ese alejó. —Eres
joven y tienes la oportunidad de vivir una vida normal. —Sacudió su cabeza. —Pero no
conmigo. No con nosotros. —Se dirigió rápidamente hacia la puerta.
Wolf dio dos pasos hacia él. —No lo hagas, Michael. No escapes de nuevo.
Michael se detuvo pero no se dio la vuelta. —Adiós, Wolf. Adiós, Very. Yo…
sin terminar de hablar abrió la puerta. —Adiós. —Salió, cerrando la puerta tras él.
Very resopló y se dirigió hacia el sofá. Se sentó en él con disgusto. — ¿Por qué Michael
tiene que convertir todo en un gran drama? No entiendo por qué se niega a aceptar que soy
una mujer totalmente crecida que sabe exactamente lo que quiere. —Cruzó sus brazos
obstinadamente. —Ya puede mantenerse lejos hasta que este dispuesto a disculpase. No pienso
perdonarlo fácilmente esta vez. A Wolf le llevó un minuto girarse hacia ella. Su sonrisa era
agridulce.
—Bueno, él tiene razón.
— ¿Qué? —Very se sacudió ante la admisión de Wolf.
El hermoso hombre le sonrió, pero ella se desconcertó por el alejamiento de su
expresión. —Tú eres muy joven, Very. Y nosotros no tendríamos una relación normal y
aceptada, ninguno de los tres, por mucho que nosotros podamos desear otra cosa. —Suspiró y
caminó hacia ella. Le ofreció su mano y ella la tomó automáticamente y le permitió ayudarla a

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ponerse de pie. —No discutamos esto ahora, ¿De acuerdo? Vamos, tengo que conseguir
llevarte furtivamente arriba y meterte en la cama.
Very no pudo detener la pequeña sonrisa coqueta que apareció en sus labios. Ese
definitivamente parecía un plan encantador. Wolf vio su sonrisa y sacudió su cabeza con una
pequeña risa. —Michael tiene razón, tienes la costumbre de meterte en problemas. Quería
decir llevarte a la cama para dormir, solamente. Pero no pienses que no estoy tentado. —
Cuando llegaron a la puerta, Wolf se volvió hacia ella e intentó enderezar su ropa, pero se
rindió cuando encontró la rotura de su corpiño. —Voy a tener que hablar a Jason y Tony sobre
la necesidad de mantener un ojo más cuidadoso sobre ti, —masculló.
—No harás eso, —Very jadeó, horrorizada.
—No, admitió Wolf, —No voy a hacerlo porque no quiero perder la oportunidad de
estar a solas contigo de nuevo. Él puso sus manos sobre sus propias caderas y miró hacia el
suelo un momento, agitando su cabeza con desaprobación hacia si mismo mientras se reía.
Echó un vistazo hacia Very a través de sus pestañas. —Lo que, efectivamente, refuerza el
hecho de que soy un hombre muy malo y tú debes apartarte de mí.
Very abrió la puerta del estudio con cuidado y se asomó al vestíbulo mirando arriba y
abajo para asegurarse de que no hubiese nadie. Cuando se aseguró de que la costa estaba libre
salió rápidamente haciendo señas a Wolf para que la siguiese. Se detuvo de repente y Wolf
tropezó con ella, la sujetó de sus brazos y la acercó a él para impedir que ambos cayesen. Very
sonrió perversamente por encima de su hombro. —No puedo evitar atraer los problemas,
Wolf. Y el mayor problema es encontrarme con hombres muy malos. —Le guiño un ojo con
una sonrisa divertida y se liberó de su agarre para correr por el vestíbulo hacia los escalones.

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Capítulo Diez
Después de haber logrado ganar su confianza emocional en el cuarto de niños, Ian y
Sophie se dirigieron a sus cuartos a cambiarse sus atavíos de boda. Ian estaba pensando en
una cena tardía, pero fue informado por su criado que los esperaba a él y a su nueva novia en
su cuarto. Menos que de una hora después de que él la había dejado, Ian se encontró llamando
sobre su puerta.
—Pase, —dijo Sophie en tono agradable, e Ian abrió la puerta. Sophie estaba sentaba
en su tocador cepillando su cabellera.
— Oh, María, estoy tan contenta de que haya regresado. Por favor pregunte al Sr.
Witherspoon si se nos unirá unos minutos para cenar
Ian se congeló, no muy seguro sobre qué hacer. Sophie obviamente no comprendió que
era él. Ella estaba en deshabillé, llevando nada más que una ligera bata sobre su camiseta. El
vestido estaba abierto y se separó mientras ella levantaba sus brazos mientras intentaba tomar
su cabello hacia arriba. Podía ver el contorno de sus pechos, la sombra de sus pezones. Se
sintió como un mirón cuando su polla se revolvió. Esta era la primera vez que Ian veía su pelo
suelto y era una gloriosa mata de brillante cobre que caía sobe su espalda. Era pesado y
grueso, rizado en las puntas. Cuando vio su intento de recogerlo, no pudo evitar su protesta.
—Por favor déjalo suelto.
Sophie chilló y saltó a sus pies. Su respuesta fue tan desproporcionada ante el suave
reclamo de Ian que también brincó.
— ¡Ian! ¿Qué haces aquí? — Sophie jadeó, agarrando los bordes de su bata y
manteniéndolos unidos.
— ¡Por Dios, Sophie! —Ian se agarró su pecho y se apoyó contra la pared. — ¡Casi me
da un ataque! ¿Por qué gritaste? — Él vio a Sophie relajarse ligeramente ante su respuesta
demasiado dramática. Ella rió avergonzada.
—Me asustaste. Esperaba a mi nueva criada y a cambio me contestó la voz de un
hombre. Lo siento. —Ella sacudió su cabeza y se rió con arrepentimiento. — Va a tomarme
algún tiempo acostumbrarme a estar aquí, y al modo como son las cosas.
— Sophie— Ella pisoteó su compasión con una charla nerviosa.
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— Yo iba a enviar María, mi criada nueva, para que nos trajera la cena. ¿No sería
agradable? —Ella gesticuló hacia la simple mesa de juego a través del cuarto en el área
colocada cerca de la chimenea. — ¡Pero, oh! — Ella se miró hacia abajo ella misma con
horror. — ¡No estoy vestida! –Se giró dando a Ian una muy escultural visión de su trasero,
perfilado amorosamente por el delgado material de su bata que se ajustó aún más cuando tiró
la parte delantera para cerrarla. — ¡No mires! Debo estar horrible. Quería estar más
presentable antes de que llegaras. ¡Lo siento tanto! Oh, esto no va en lo absoluto como yo lo
había planeado. — Ella alzó la vista y de repente comprendió que Ian podría verla de frente en
el espejo de su tocador y reaccionó casi como una niña, tapando con su mano sus ojos, como
si así bloquearía la mirada de Ian.
Ian no pudo ayudarla. Se odiaría si tuviera que hacerlo. Se río. Sophie se asomó para
mirarlo entreabriendo dos dedos.
— ¿Te ríes de mí? — Ella preguntó con desconfianza.
Ian sacudió su cabeza. —Sí. Digo no. Solo me río de todo esto. — Él por accidente se
tropezó y cayó en una de las sillas ubicadas alrededor de la mesa. —Y francamente, esto se
siente muy bueno. No estoy seguro de que me haya reído mucho el día de hoy. Gracias.
Sophie lo miró, todavía sospechando. Bien, bien entonces. Puedo vivir con eso. —Ella
comenzó a dirigirse hacia el biombo de la esquina. — Solo me vestiré y luego podremos
comer. —Ella toqueteaba su pelo otra vez mientras giraba y dio dos rápidos pasos antes de que
Ian la detuviera.
— Por favor, Sophie, no te vistas por mi. —Ian apenas estaba vestido él mismo,
teniendo solo puestos sus pantalones y una camisa. — No estoy muy presentable yo mismo. —
Sophie lo miró por sobre su hombro, estaba descalzo. – Solo me puse cómodo.
Sophie masticó su labio inferior un momento y luego cabeceó como si estuviera
tomando una decisión. Ella hizo un nudo bastante complicado para atar su bata y luego se
volvió. —Tienes razón, realmente se siente agradable estar cómodos para variar. —Ella miró
hacia abajo y Ian siguió su mirada hacia sus pies también desnudos. Ella meneó los dedos del
pie. —No creo haber cenado jamás descalza desde que era una niña. Ni se te ocurra jamás
decírselo a alguien.
Ian se rió otra vez y Sophie regresó sentándose enfrente suyo. Ian no tenía corazón

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para decirle que su pelo se había fijado arriba sólo parcialmente sobre un lado, dándola un
aspecto ladeado. Él quería acercarse y arrancarle los alfileres ofensivos, liberando su hermoso
pelo. ¿Realmente había creído que era de un aburrido marrón cuándo la había encontrado
hacía sus dos semanas?
— ¿Enviaremos por Derek, que dices? —Sophie preguntó con inocencia, e Ian
inmediatamente dejó caer su tenedor contra el plato provocando un sonido metálico.
—Yo…no, no lo creo. No esta noche. — Ian recogió su ruidoso tenedor y sirvió a
Sophie una rebanada de jamón frío. Sin mirarla, él continuó. — ¿Cómo supiste que Derek
estuvo hoy, durante la ceremonia?
Sophie suspiró como ella tomó un poco más alimento de los platos que estaban sobre la
mesa. — Yo lo vi salir de tu cuarto esta mañana.
Ian otra vez le tocó sentirse sorprendido. Sólo pudo sacudir su cabeza ante su sorpresa.
— Después de la ceremonia, en el salón, parecías muy preocupada por lo que haría. ¿Por qué?
Sophie dejó su propio tenedor y toqueteó la servilleta en su regazo, evitando mirar a
Ian. —No deseo ser una cuña entre ustedes, Ian. Entiendo como Derek debe sentirse. Pienso
que debe estar muy triste por perderte. Sólo quiero tranquilizarlo y que sepa que no tengo
ninguna intención de separarlos. — Ella escogió algo con su tenedor lo levantó y
deliberadamente tomó un bocado.
Ian se sentó atrás en su silla mirando fijamente a Sophie, intentando descifrarla. — ¿Por
qué? Debes admitir que no muchas nuevas esposas lo entenderían.
Sophie todavía rechazaba mirarlo. –Quiero que sepas que jamás me opondré a que estés
con Derek cada vez que quieras.
Y fue justo ahí, cuando Ian entendió. — ¿Crees que mientras tenga a Derek aquí no
querré hacer el amor contigo, Sophie?
Su rubor revelador contestó por ella. Ian suspiró. —Sophie, eres mi esposa y quiero
tener un matrimonio normal. Deseo que nosotros podamos compartir una cama a menudo.
Espero que seamos benditos con muchos niños. —Él con cuidado evitó mencionar que si él
tenía algún poder de decisión, algunos de esos niños serían de Derek.
Sophie perceptiblemente se estremeció. —Sí, asumí que querrías niños. Esta podría
haber sido la única razón posible para casarte conmigo.

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— No, no lo sería. Quería casarme contigo. Me gustas y te deseo. Si tenemos mucha


suerte, tendremos niños. Pero una vez que llegué a conocerte…me habría casado contigo
incluso si hubiera sabido que jamás podrías tener niños, Sophie.
Sophie no se molestó en fingir que ella estaba más interesada en comer. — Pero al
principio, antes de que conocerte, si estaba motivado por el deseo de tener niños.
Ian apoyó los codos en la mesa y descansó su barbilla sobre sus puños levantados,
entrelazados. —Sí, no te mentiré, eso fue lo me incitó a finalmente escribir a tu padre.
— ¿En cuanto a Derek? – Preguntó con una vocecita pequeña, tranquila, mientras
Sophie, miraba sus manos en su regazo.
— Amo a Derek. Él siempre será una parte de mi vida y, espero, que una parte de la
tuya.
Sophie alzó la vista hacia él rápidamente. — Pero Derek no desea una esposa.
Ian se hizo hacia atrás otra vez. — No, él no deseaba que me casara.
— Yo habría hecho cualquier cosa por casarme conmigo, — dijo Sophie
fervientemente, —cualquier cosa. —Ella miró a Ian con vergüenza. – Pero viendo como te
sientes sobre Derek, y como él siente sobre tu casamiento, no entiendo por qué lo hiciste.
Casarte conmigo, digo. —Ella miró hacia abajo otra vez con una sonrisa humilde. —No soy
un buen premio, me temo.
Ian salió de su asiento y fue a sus rodillas al lado de la silla de Sophie. —Sophie, no
debes pensar eso. Creo que eres hermosa. —Él levantó sus manos y alcanzó los ofensivos
alfileres de su pelo y los retiró, luego con cuidado metió la cálida y gruesa mata de pelo detrás
de su oreja. —Eres dulce, inteligente, amable, ¿crees que debo continuar?, el tipo de cosas que
yo busco. Eres todo lo que un hombre podría desear en una esposa.
Sophie mordió su labio y lo miró con lágrimas en sus ojos. —Olvidaste mencionar
frígida.
— Sophie, ——Ian dijo con una sacudida de su cabeza, y él puso su mano sobre las
suyas que se retorcían en su regazo. — Si no deseas hacer el amor esta noche, lo entenderé.
Podemos esperar.
— ¡No! —La negación de Sophie fue sorprendentemente firme e Ian se retiró
ligeramente, impresionado. Ella agarró su mano con las suyas. — No, por favor, Ian. Sé que

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realmente no estaremos casados si no lo consumamos esta noche. No seré capaz de relajarme


hasta entonces, hasta que yo sepa que no hay ningún regreso.
— Sophie, ¿Acaso no puedes dejar de pensar que te enviaría de regreso? ¿No me
conoces un poquito? Te juré que jamás regresarías, pase lo que pase. Aun cuando no
consumemos este matrimonio, podrías ponerte a gritar en Bond Street que me odias y jamás te
enviaría de regreso. ¿Me crees, verdad? — De pronto le parecía sumamente importante que
Sophie le creyera, que confiara en él.
Sophie cerró sus ojos en la desesperación. Ella sabía lo que Ian le preguntaba, pero ella
no era capas de tener confianza. No aún. Decidió no contestar. Miró a Ian otra vez. — Por
favor, Ian, hazme tu esposa de todos los modos posibles. Me sentiré mejor, más segura. Por
favor.
Ian le sonrió con tristeza. —No disfrutarás de ello, ¿verdad?
Otra vez Sophie no pudo mentirle. Había sido tan agradable con ella, un campeón en
realidad. Él se merecía lo mejor, pero Sophie no podía ser tan ingrata en cuanto a la libertad
que él le daba, no ahora que tenía la posibilidad de serlo.
—Sophie, no quiero hacer el amor contigo si tienes miedo o te hará daño — Ian
parecía afligido. —Quiero que disfrutes haciendo el amor conmigo, lo deseo más que ninguna
otra cosa.
Sophie lo miró con sorpresa genuina. — Eso es imposible, Ian. Las mujeres no
disfrutan del sexo. Lo siento, pero no hay nada agradable en ello para nosotras.
Ian cerró sus ojos y levantó sus manos unidas llevándolas a su frente un momento.
Cuando la miró, la compasión se mostraba en su mirada. —Te equivocas, Sophie. Con el
hombre correcto, o los hombres, puede ser muy agradable para una mujer. Un día lo
entenderás.
Sophie lo miró con escepticismo. — Bueno, creo que estás mal informado, Ian. ¿Alguna
vez en realidad le has hecho eso a una mujer? Seguramente es diferente para los hombres, y
con Derek…
Ian le cortó. — Creo que ya es bastante sobre Derek por esta noche. Y sí, he hecho el
amor con una mujer, varias de hecho. Y previendo tu siguiente comentario, no, no creo que
ellos me mintieran cuando decían que lo habían disfrutado.

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Sophie cerró su boca como si de verdad hubiera estado a punto de decirlo.


Ian suspiró. — Puedo ver que vas a hacerlo difícil.
Sophie se sintió abatida. Ya había sido muy difícil ser golpeada regularmente en casa de
su padre. —Intentaré no serlo, dijo con una vocecita pequeña.
Ian movió su cabeza mientras la miraba. —Puedes tener razón, Sophie. Si decidimos
hacer el amor tengo miedo que tus miedos crezcan en completa desproporción. — Él lo afirmó
con decisión y le ofreció su mano. —Vamos entonces.
Sophie tragó y sintió sus ojos abrirse enormes. — ¿Ahora? Ella chirrió, de repente
aterrorizada. — ¿No deberíamos comer primero?— Ella no sentía nada de hambre, su apetito
la había abandonado, pero él no tenía que saberlo.
— No podría comer nada. —dijo Ian mientras tomaba su mano y la ponía de pie. Él
prácticamente la arrastró a través del cuarto hacia la puerta que separaba sus habitaciones.
— ¿Dónde vamos? —Sophie preguntó, alarmada y con creciente pánico en su voz.
—Vamos a mi dormitorio, — dijo Ian, parándose tan bruscamente que Sophie se acercó
de golpe en su lado. Él puso su brazo alrededor de ella posesivamente. — ¿Estás bien? ¿Sí?
Bueno. Pensé que mi cuarto podría ser mejor si decidías no pasar la noche conmigo.
Entonces podrías volver aquí, después.
Sophie sólo pudo parpadear mirándolo con un terror que crecía. Ian colocó ambas
manos sobre sus hombros y la miró a los ojos. — Respira profundamente, Sophie. Un, dos,
así… — Cuando ella comenzó a respirar otra vez normalmente, Ian prosiguió. — Seré suave,
Sophie. No será nada como lo que te pasó antes.
Sophie agarró su brazo y lo exprimió en la angustia, notando a lo lejos cuán grandes y
firmes eran sus músculos. — ¿Cómo eso puede ser diferente? ¿Acaso no es siempre igual? ¿No
la pones en el mismo lugar? — Ian se estremeció y Sophie tuvo su respuesta. — Dices no será
lo mismo, pero eso es siempre lo mismo, Ian, lo es.
—No, no lo es. — Ian la atrajo hacia él y la abrazó fuerte. Su reacción inicial fue
luchar contra su abrazo, pero su calor y su tranquila fuerza impregnaron la niebla del miedo y
ella se derrumbó contra él.
— Sí, así, Sophie. Confía en mí, —dijo Ian suavemente, besándola sobre la cima de su
cabeza. Ella se acercó hacia su pecho, su mejilla fue a descansar sobre amplia fortaleza. Sus

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brazos estaban flojos y ella supo que no escaparía aún si lo quisiera, pero de una manera
bastante extraña no lo quería. No podía recordar haberse sentido sostenida de esa manera
jamás, como si fuera preciosa y amada. Sus brazos desnudos rodearon la cintura de Ian y ella
se adhirió a él. Metió su cara en su suave camisa de lino y respiró su olor, a sándalo, agua de
lino y un suave almizcle, muy difuso, hasta que comprendió que en realidad era su olor
desnudo. Era una fragancia embriagadora y ella se dejó sentir borracha por él.
Ella quería confiar tanto en este hombre. Sentía como si estuviera al borde de una alta
roca, un error y caería como plomo para morir. ¿Confiar en Ian sería un error? Si él la
traicionara ahora… Ella cerró sus ojos fuerte. No podría soportarlo, no podría. Aún cuando
siempre supo que la única manera de no ser aplastada era construir dentro de ella una roca, sin
importar con cuanta fuerza ellos lo intentaran no lo lograrían, pero Ian si podría aplastarla.
—Eres fuerte, Sophie, sé que lo eres y valiente. Si no lo fueras nunca habrías
sobrevivido a todo lo que viviste. Seguramente hacer el amor conmigo será uno de los deberes
menos onerosos de los que has tenido que aguantar — La voz de Ian jugueteaba. Sophie no
estaba lista para bromear.
—Eso podría destruirme, Ian, — ella susurró.
Sus brazos se apretaron. — No entiendo, Sophie. Juro que no te haré daño. No haré
nada que no desees.
Sophie frotó su mejilla contra su pecho, sorprendido con el jadeo de su aliento y el
correteo de su corazón con la respuesta. ¿Él la quería entonces, la deseaba cuando la reclamó?
Experimentalmente pasó su mano por su espalda, ligeramente. No tenía ningún deseo de ser
agresiva, provocar una respuesta animal que haría que la lanzara abajo y la lastimara. Tal vez
Ian podría controlarlo. Ella había visto a mujeres que no tenían miedo de sus hombres, en
particular en las dos semanas pasadas. Deben existir hombres que no lastimen. Tenía que haberlos
o la supervivencia de Sophie sería nula.
— Lo prometes, Ian? ¿Me prometes que no me hará daño? Creo que si tú entre toda la
gente me lastima, seria el final para mi. No creo que pueda tomar más.
—Oh Sophie, —dijo Ian suavemente, frotando sus manos de arriba a abajo por su
espalda, — Te lo Juro. Te juro que nadie jamás volverá a hacerte daño otra vez. Él parecía tan
sincero, y Sophie tan querida, no, tenía que creer. Desesperadamente quería confiar en él. —

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Entonces has el amor conmigo, Ian. Muéstrame cuan diferente es.


Ian condujo a Sophie hasta su cuarto. Él esperaba que ella quisiera quedarse aquí, estar
con él todo el tiempo. No sabía como trabajaría con Derek, a quien también quería con él,
pero el tiempo se ocuparía de ello, estaba seguro. No se preocuparía de esto ahora. Esta noche
era para Sophie.
Le tomó algo de trabajo quitarle su bata de encima. En su nerviosismo ella había
anudado los lazos tan fuertes que por un momento Ian pensó que debería cortarlos. Sophie no
era mucha ayuda, sus manos temblaban muchísimo. Una vez que ella estuvo de pie ante él con
nada más que su corta camiseta, fue el turno de Ian para temblar.
Ella era magnífica, cada deliciosa y cremosa pulgada suya. Su pelo cobrizo se veía más
oscuro contra su piel color marfil. Sus hombros estaban densamente cubiertos con pecas, e Ian
las amó. Las había visto sobre sus brazos, a pesar de que ella había intentado ocultarlas,
entonces había sospechado que las tenía por todas partes. Se preguntó si las tendría sobre sus
pechos. Esperaba que si. Quería besar todas y cada una de sus pecas. Sus pechos no eran
grandes, pero tampoco eran pequeños. Solo lo justo. Perfectos, tan perfectamente
proporcionados que parecían melocotones con duros pezones oscuros en sus puntas. Su boca
se inflamó con solo ver su sombra oscura sobre la delgada camisola. Su cintura estaba
deliciosamente encorvada y fluía hacia unas caderas llenas, suaves y femeninas y sus
muslos…, eran de esa clase que todo hombre sueña ser rodeado. Sus pies se veían
maravillosamente arqueados y con los dedos del pie más dulces que alguna vez hubiera visto
rizarse en una alfombra. Aquel pensamiento lo hizo reír.
— ¿Te ríes porque te agrado, o porque hay algo gracioso en mi?— Le preguntó Sophie
con voz algo insegura.
Los ojos de Ian se encontraron de golpe sosteniendo su cara. — Tú me agradas
muchísimo, — Se precipitó para tranquilizarle. —Eres hermosa, absolutamente hermosa. —
Él intentó levantar su camisola sobre la cabeza, pero Sophie se negó.
— ¡No! yo…yo no…estoy lista… para esto. — Sus brazos se cruzaron delante de ella
defensivamente y sus dedos del pie se rizaron más fuerte. Ian dejó caer sus manos.
— Bien. — No estaba seguro de cómo proceder. ¡Dios! Anoche, cuando había hablado
con Derek de esto, nunca se había imaginado que sería tan difícil. Anoche, había temido

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modestos nervios normales. Ahora parecía como si todo su futuro dependiera de su capacidad
de hacer el amor apropiadamente a su esposa, esta noche. Sin presiones, Ian se dijo a sí mismo.
Las desalentadoras ramificaciones no deberían afectar su funcionamiento, desde luego que no.
Con gravedad mandó abajo esos pensamientos. — ¿Quisieras que te desnude?
— ¡No! — Sophie prácticamente saltó de su piel. — ¿Digo, no podríamos proceder sin
que ninguno de nosotros se… —ella vagamente pasó una mano arriba y abajo entre ellos, —
desnude?
Ian suspiró por dentro. — Por ahora, —él estuvo de acuerdo suavemente, —pero
eventualmente alguna desnudez será requerida. —Él rió con cuidado para ablandar sus
palabras.
Sophie cabeceó bruscamente. — Bien. Eventualmente. — Ella miró alrededor—. ¿No
deberíamos subir a la cama? Pienso que lo preferiría sobre la cama. Nunca he hecho esto.
Las manos de Ian se apretaron a sus costados pero logró mantener en su cara en tono
agradable tranquilo. Un día él tendría su historia y alguien pagaría. Otra vez se recordó que
esta noche era para Sophie, y suavemente dijo. — Si tú lo quieres. Eso me suena como una
espléndida idea. Yo más bien esperaba la cama.
Sophie subió torpemente en la cama, intentando mantener tanto de ella como fuera
posible cubierto. La camiseta era corta, sin embargo, Ian consiguió un vislumbre de su culo
lleno, redondo y el oscuro pelo pubiano, un vislumbre que lo dejó duro y dolorido en
segundos. Él tomó varios alientos profundos, diciéndose que pasaría un largo tiempo antes de
poder ocuparse de sus propias necesidades. Él subió después de ella. Ella se había acostado y
estaba tiesa como una tabla, sus manos descansan sobre su pecho entonces se pareció
inquietantemente a un cadáver. Ian inmediatamente se colocó a su lado, inclinándose en un
codo, y apoyando su cabeza sobre su mano. Él alcanzó una de sus manos y ella la retiró
rápidamente. Él no le hizo caso y colocó su mano en la suya.
— ¿Y ahora qué? — Ian preguntó con una sonrisa burlona.
— ¿Qué significa qué? ¿En qué estás pensando? — Sophie miró hacia detrás en él, toda
enormes y amplios ojos ambarinos y labios pálidos de miedo.
—Bueno… — Ian habló arrastrando las palabras, — Te juré que no haría nada que no
quisieras, pero eso significa que tengo que saber qué es lo que quieres que haga. Entonces

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tendrás que decírmelo. Ordénamelo. Pídeme algo. Creo que esto podría gustarme. —le dijo
como al pasar, con un meneo sugestivo de sus cejas, y los ojos de Sophie se hicieron más
grandes.
— ¿Ordenarte algo? — Ella parecía tan incrédula que Ian se rió.
— Sí, ordéname algo. ¿Nunca has querido pedir algo a alguien? Personalmente eso me
gusta. Es una de mis cosas favoritas de hacer. —Ian estaba contento, muy contento con el
modo en que las cosas marchaban. Sophie lo miró cautivada. Él se hizo hacia atrás
recostándose sobre su espalda y cruzó sus tobillos negligentemente, extendiendo sus brazos en
un gesto expansivo. — Aquí estoy. Úsame.
Sophie literalmente lo miró muda. Le miró fijamente, abriendo y cerrando su boca.
Lamió sus labios nerviosamente e Ian sintió apretarse sus vísceras. Él intentó controlar su
respiración así Sophie no se alarmaría. Finalmente ella habló.
— Yo…me gustaría ser besada. Nunca me han besado. — Ella no pudo mirarlo
directamente a los ojos cuando habló; en cambio miró fijamente a un punto en algún sitio por
delante de su cabeza.
— Bien, puedo hacer eso, — dijo Ian alegremente. Él se derribó en su codo otra vez y se
inclinó sobre ella con una sonrisa. — Los besos son un lugar excelente para comenzar. Pero te
advierto, no se parecerán a los besos de tu madre.
Sophie parpadeó. — No recuerdo a mi madre.
¿Cristo, pensó Ian, cómo debo hacer esto sin que lo lamente? Se parece a una huérfana
de alguna novela sentimental. — ¿Alguna vez te han besado, Sophie, alguna persona?
— El caballerizo lo intentó una vez, pero estaba bebió, y solo babeó sobre mi, Eso no
cuenta ¿verdad? — Ella arrugó su nariz con repugnancia. — No me gustó, nada. — Entonces
ella lo miró con esperanza. — Más bien espero que puedas hacerlo mejor. Pareces del tipo que
puede hacer esas cosas bien. —Ella puso una mano sobre su pecho y lo miró con cautela. —
Sin embargo, si esto te convertirá en una bestia, entonces podemos renunciar al beso.
Ian resopló con poca elegancia mientras intentando no reírse. — Oh, creo que puedo
controlar mis tendencias bestiales, si tú puedes. En cuanto a si realmente soy bueno en ello,
pues tendrás que juzgarlo tú misma. — Él comenzó a inclinarse en a ella.
— ¿Qué dice Derek? — Sophie preguntó ingenuamente. — Yo te vi besarlo esta

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mañana.
Ian tartamudeó deteniéndose y cerró sus ojos. Comenzaba a sentir como si los tres
estuvieran en la cama, aun cuando Derek en realidad no estaba presente. La curiosidad de
Sophie sobre la relación física entre él y Derek hacía a Ian tan lascivo como la bestia que temía
Sophie.
—Derek está más bien acostumbrado a mis besos. — Ian notó cuan ronco se había
puesto su voz, el deseo obstruía su garganta. Él aún ni siquiera la había besado, apenas la
había tocado y su polla estaba dura y palpitando. Él nunca había estado con alguien tan
inocente como Sophie, y encontró la idea de ser quien la educara increíblemente excitante.
Sophie alzó la vista hasta sus ojos, inconscientemente sensual. — Bésame, Ian. Déjame
verlo.
Ian comenzó a moverse otra vez, cerrando la distancia entre sus labios rápidamente,
antes de que Sophie pudiera cambiar de idea. El primer toque de su boca sobre la suya fue
providencial, suave, sensible. Ella todavía mantenía sus labios flexibles. Ian atropelló sus labios
con los suyos, mordisqueado sobre ellos pero con cuidado, tirando uno de sus labios entre los
suyos y chupando. Él exploró cada pulgada de sus labios sin usar de ninguna manera su
lengua o sus dientes. El beso fue tan inocente como pudo hacerlo, y el cuerpo entero de
Sophie se relajó a su lado en respuesta.
La rendición de Sophie animó a Ian a profundizar el beso. —Ábrete para mí, Sophie, —
le susurró contra sus labios, — abre tu boca para mí así puedo besarte como lo hace un
amante.
Los ojos de Sophie se abrieron despacio y parpadeó como si estuviera en estado de
aturdimiento. — ¿Qué? ¿Cómo, — ella se detuvo y lamió sus labios e Ian tuvo que detener el
gemido en su garganta, — como besan los amantes?
— Con toda la boca, Sophie. — Ian suavemente besó su mandíbula y Sophie
inconscientemente arqueó su cuello para darle más acceso. — Quiero probarte, poner mi
lengua en tu boca y frotarla sobre la tuya, explorar tu dulzor y tu textura.
Sophie jadeó. — No sé, —dijo, con duda en su voz.
Ian besó su mejilla tiernamente, luego la presionó con su propia mejilla. —Por favor,
Sophie, por favor.

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Ella giró su cabeza hacia él y sus labios se separaron mientras ellos se miraban a los
ojos. Esa fue toda la invitación que Ian necesitó. Él presionó sus labios contra los suyos con
bastante fuerza como para obligar a sus labios a abrirse más y luego barrió con su lengua la
caverna caliente de su boca. Durante años había aprendido mucho sobre besos con Derek,
quien era un perito. Muy despacio Ian movió su lengua alrededor de la boca de Sophie,
probándola y dejándola probarlo. Él no le dio demasiada lengua, no deseaba asustarla. Pero le
dio más de lo que podría darle a otra virgen inexperta. Él la deseaba, y quería que lo supiera.
Él le mostró que el deseo no es algo que hay que tenía que temer, pero si algo que debería
abrazar y explorar con él, algo que le daría gran placer.
Sophie sabía fresca y limpia, con leve toque de vino y la menta. Su boca era suave, e Ian
tarareó apreciativamente mientras pasaba su lengua sobre la suave carne de su mejilla interior.
Después de la suavidad aterciopelada de su mejilla él sintió los bordes agudos de sus dientes y
de improviso se imaginó aquellos dientes mordiéndolo con pasión. La imagen quemó un
temblor de lujuria bajo su espina. Mientras intentaba guiarla en su pasión, la lengua de
Sophie de pronto se movió contra la suya. Ian exprimió sus ojos cerrándolos contra la caliente
explosión de entusiasmo que hizo que su polla tironeara. Él apretó sus manos hasta sus uñas
mordieron sus palmas, pero logró impedir que el beso se intensificara con la poderosa pasión
que su cuerpo exigía.
Cuando Ian se rompió el beso, Sophie era una participante dispuesta y había resultado
ser una pupila apropiada. Parecía como si se hubieran besado durante horas, pero la lenta
tortura de la espera valió la pena. Sophie estaba completamente relajada, y si Ian fuera un
buen juez de los deseos de una mujer, y pensaba que lo era, ella estaba excitada. Cuando él
separó su boca, Sophie lo siguió desde la cama, sus labios detrás de los suyos. Él disminuyó la
aspereza de la salida de su boca concediéndole mojados besos pequeños a través de su
mandíbula y cuello; besos que la hicieron nuevamente arquear su cuello otra vez.
— ¿Qué sigue ahora, Sophie? — Él le preguntó suavemente mientras hociqueaba detrás
de su oído. — ¿Qué quieres hacerme ahora? — Ian hizo la pregunta muy deliberadamente. Él
quería que Sophie sintiera que ella era la responsable. Él pudo sentir su sorpresa ante la
pregunta, pero liberó el aliento sostenido cuando ella no se puso tensa de miedo en lo que ellos
habían hecho, o lo que ellos podrían seguir haciendo.

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—No estoy realmente segura de hacia donde ir desde aquí, Ian, —ella dijo jadeando
cuando el mordió el lóbulo de la oreja con sus labios. — Aceptaría con gusto cualquier
sugerencias que quieras ofrecerme.
Ian ocultó su sonrisa en su cuello. — Bien, me gustaría sentir tu piel, Sophie. ¿Te
gustaría sentir la mía? ¿Saborearme?
— ¿Saborearte? — Sophie tartamudeó. — ¿Qué es eso?
— Algo como esto, — Ian susurró y luego pasó su lengua hacia abajo por su cuello
hacia su hombro, dando un codazo sobre el hombro de su camisola liviana bajándola hacia su
brazo. Él descansó sus labios sobre la piel expuesta en un beso con la boca abierta, su lengua
que arremolinaba tensa contra el hueso agudo de allí. Él chupó con cuidado y Sophie se
movió inciertamente bajo él. — Sabes salado y dulce, —susurró Ian en su oído, — un poco al
perfume de jazmín que sabes llevar. Y tu piel es tan suave, parece seda sobre mi lengua.
— Ah, — Sophie respiró.
— Pruébame, Sophie, — suplicó Ian suavemente, y arqueó su cuello sobre su boca. Él
casi lloró con el placer que sintió cuando su lengua golpeó su cuello donde su pulso palpitaba
desesperadamente.
— ¿Así? — Sophie preguntó, con clara incertidumbre.
— Por supuesto, querida, exactamente así, — Ian le dijo fervientemente. — Más,
Sophie, pruébeme un poco más.
Ella lamió sobre su cuello, comenzando en ese punto dónde latía, sobre la manzana de
Adán y hacia abajo, hacia el hueco entre su clavícula, justo sobre dónde se abría su camisa.
Ella aspiró la piel allí e Ian no pudo parar su gemido. Sophie al instante se retiró.
— ¿Te hice daño? — Ella preguntó preocupada.
Ian sacudió su cabeza y bajó más abajo sobre ella hasta que sus labios se recostaron en
el área suave y sensible detrás de su oído. Le gustaba cuando Derek lo lamía allí. — No,
Sophie, esto se siente tan bueno. Más. Lame allí, justo bajo de mi oído. Sí, sí, Sophie, así, — él
jadeó cuando ella hizo lo que le pedía.
—Tú también sabes salado, —susurró Sophie maravillada, — y picante. También
hueles picante. Oh, Ian, sabes tan bien. — Su lengua barrió el punto otra vez y él tembló. —Tu
piel es tan suave aquí, — ella movió su cabeza y lamió el hueco de su garganta otra vez, — y

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aquí. Pero tu cuello tiene rastros de barba. — Ella frotó su nariz contra su cuello y se rió
tontamente, e Ian se sintió completamente perdido.
Él se hizo hacia atrás alejándose de sus manos. Ella dio un pequeño quejido e Ian
intentó atenuar sus movimientos frenéticos pero estaba duro y dolorido, la deseaba tanto. En
aquel momento todo en lo que podía pensar era cuanto quería su boca sobre la suya. Él abrió
más su camisa y la retiró torpemente, intentando sacársela.
— Quiero más, Sophie. Quiero sentir tu boca sobre mí. Por favor no tengas miedo. —
Finalmente consiguió sacarse la camisa y la tiró con apuro. Él miró a Sophie y se sintió muy
feliz al ver que no parecía asustada que se sentó y dejó caer sus hombros con un suspiro de
alivió —Por favor, Sophie. — Él se puso a su lado y giró la cabeza para mirarla. —Por favor
besa mi pecho, pruébame aquí. — Él frotó sus dedos sobre sus pezones. — Chupa aquí.
Sophie pasó un codo al colocarse a su lado, con un pequeño ceño fruncido, —Bien,
bien, Ian, si eso es lo que quieres —Ella se inclinó hacia abajo para besarlo pero Ian la paró
con una mano sobre su mejilla.
— ¿Es eso lo qué tú quieres, Sophie? — le mató el solo preguntárselo, el de darle la
oportunidad de alejarse, pero tenia que hacerlo. Era imperativo que ella sintiera el control.
Ella lo miró sorprendida un momento y luego tímidamente lo miró de abajo de sus
párpados. —Sí—, susurró. Ella frunció el ceño avergonzada durante un segundo. — Sí,
realmente quiero hacerlo. — Miró a Ian durante otro segundo. — Eres realmente hermoso,
Ian. Esta mañana creí que Derek era el hombre más hermoso que alguna vez hubiera visto,
pero tú también lo eres.
Ian cerró sus ojos con alivio, pero luego se abrieron desorbitados cuando sintió que
Sophie lamía su pezón. Él agarró el cubrecama debajo suyo. Ella inexpertamente lamió y besó
el excitado punto y luego lo tomó en su boca y lo chupó. A pesar de su carencia de maestría,
Ian casi se cayó de la cama cuando lo sintió tan delirantemente bueno. Él mordió sus labios y
gimió. Sophie se retiró para mirarlo, una arruga cruzaba su frente.
— Eso significa que se siente bueno, ¿verdad? — Ella le preguntó expectante. —
Cuando lo hiciste antes fue porque te gustó.
Ian ahogó una risa y tiró su cabeza echándose hacia atrás. — Sí, definitivamente me
gustó. — Él siguió embelezado cuando Sophie se inclinó y siguió en la tarea con toda

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dedicación. Lamió cada pulgada de su pecho y estómago, su lengua pasó después por las
líneas de sus músculos, cosquilleando sobre sus costillas. Sus dientes mordisquearon y su boca
chupó. Ella prestó atención especial a sus pezones e Ian casi la golpeó con su deseo cuando
ella literalmente se le subió encima, sus piernas se sentaron a horcajadas sobre su torso
mientras lo lamía. Ella se sostuvo de su cabello con sus manos, mientras tocaba, chupaba y
mordía su pezón izquierdo. Él no podía detener sus manos que intentaron alcanzar sus
piernas, recorriéndolas de arriba a abajo por los suaves músculos mientras ella lo amaba. Sin
pensarlo sus manos se desbordaron en el bajo de su camisola, y cubrieron sus caderas, para
luego ahuecar, su redondo culo. Sophie se congeló.
Ellos se quedaron así durante infinitos minutos, o al menos eso le pareció a Ian. Él
miraba la cima de su cabeza, silenciosamente pidiéndole que no corriera. Despacio ella levantó
sus ojos a los suyos.
Sophie, — le dijo él suavemente, intentando decirle cuanto la quería, prometiéndole
no hacerle daño, pidiéndole que lo dejara amarla, todo en esa sola palabra. Ella cerró sus ojos y
tragó nerviosamente. — Sophie, déjame probarte, — él susurró ronco. — Quiero probarte. —
Sus ojos se abrieron enormes.
Con cuidado él la dejó deslizarse hacia la cama, Sentir sus desnudas piernas sobre la
piel de su estómago, hizo apretar sus músculos, y a su polla tironear. Él se elevó encima sobre
un brazo cuando Sophie se hundió hacia abajo esta quedar a su lado. Él alcanzó el lazo sobre
su camisola y Sophie agarró su mano. Él la miró y se sorprendió al ver que ella solo parecía
algo nerviosa, los nervios de cualquier joven desposada, no aterrorizada como temía. — Sólo
la abriré Sophie, no la quitaré. — Ella visiblemente se relajó.
Ian despacio deshizo el lazo y separó el suave material, bajándolo lentamente para
exponer sus pechos. Su pecho enrojeció e Ian miró como su rubor subía hasta colorear sus
mejillas. Sus ojos estaban cerrados. — Abre tus ojos, Sophie. Mírame. — Ella obedeció, sus
párpados revolotearon cuando tímidamente encontró sus ojos. Ian miró sus pechos y su aliento
se entrecortó en su garganta. — Eres tan hermosa, Sophie. — Él dejó que sus dedos rozaran
ligeramente el redondeado costado de un pecho, más pequeño de lo en un principio había
pensado, pero no menos perfecto. Sophie jadeó con su toque, y él miró, fascinado, como su
pezón se fruncía. Sus pezones eran una obra de arte. Un suave marrón, su entusiasmo les

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había dado un rosado rubor. Sus aréolas eran grandes, cubriendo la casi mitad su pecho. Una
constelación de pecas adornaba la cremosa piel que rodeaba esos maravillosos pezones. —
Me preguntaba si tendrías pecas sobre tus pechos. Esperaba que las tuvieras, entonces yo
podría besar cada una de ellas, —Ian le dijo mientras se inclinaba e hizo solo eso.
Él perdió la pista del tiempo mientras adoraba los pechos de Sophie, hocicándolos,
chupándolos, lamiéndolos. Él pasó tanto tiempo sobre sus pezones como ella había pasado
sobre los suyo y valió la pena cada minuto de ello. Él comprendió en algún punto que Sophie
se arqueaba bajo su boca, sus manos apretaban su pelo y pequeños gemidos provenían de su
garganta. Él parecía un triunfante conquistador y todo porque una muchacha tímida y
hermosa disfrutaba del modo en que se amamantaba de sus pechos.
— Sophie, Sophie, — murmuró él, frotando su mejilla contra su pezón duro como un
guijarro. — Déjame tocarte, Sophie, — él pidió, dejando de chupar su pezón, pero
arremolinando su lengua sobre el caliente y protuberante brote, saboreándolo. — Déjame tocar
tu gatito, Sophie.
Sophie se tensó, su cuerpo entero de pronto se puso tieso y duro. — ¡No lo llames así!
— Ella gritó e intentó apartarlo.
Ian no la dejaría. En cambio se subió y enterró su cara entre su cuello mientras la
sostenía apretada. —Lo siento, querida. Dulce Sophie, no me alejes, solo quiero amarte,
Sophie, por favor. — Ella relajó y luego se adhirió contra él.
—Lo siento, Ian. Yo…por favor, solo no lo llames así. — Él pudo notar que había algo
más que modestia en ello.
— ¿Así lo llamaba? — Él adivinó silenciosamente, suavemente acariciando su pelo
mientras besaba su cara tiernamente. Ella cabeceó nerviosa. — Entonces le daremos otro
nombre. — Sophie lo miró con recelo.
— ¿Cómo qué? ¿Acaso no tiene solo un nombre? — Ella parecía curiosa e Ian se relajó.
— Oh no, mi dulce inocente, eso tiene tantos nombres como estrellas en el cielo. — Él
se retiró para reírse de ella. Ella se sonrió incrédula.
— Pregunto otra vez, ¿cómo qué? —Ella dijo tensa y tiernamente rozó con su pelo la
frente de Ian. Aquel gesto más que nada hizo subir los latidos de su corazón. Ella confiaba en
él. Lo supo, aún cuando ella ni siquiera se lo había dicho.

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— Bueno, nosotros podríamos usar un eufemismo, como… flor. — Ella arrugó su nariz
en aversión. — Sí, estoy en el acuerdo, no me agrada tampoco este.
— ¿Qué nombres verdaderos tiene? Nada de eufemismos. — Sophie se concentraba con
mucha fuerza. Claramente era importante para ella.
Ian lamió sus labios. Su nombre preferido no era usado generalmente por jóvenes
damitas bien educadas. Lo llamo coño, — él dijo tenuemente, listo de seguir adelante si ella no
lo aceptaba dócilmente.
Sus ojos se ensancharon casi imperceptiblemente, sus pupilas se dilataron. Por
supuesto, Ian pensó con una llamarada de deseo, le gustó. Él se inclinó y susurró con
vehemencia en su oído. — ¿Lo llamaremos coño, Sophie? ¿Tu pequeño coño caliente? — Su
respiración se entrecortó.
— Si a ti te gusta, Ian, — ella respondió jadeando.
Ian se rió con maldad en su oído. — Por supuesto, Sophie, me gusta tu pequeño coño
caliente. — Él mordisqueó su oído y ella se quejó. — Déjame tocarlo, Sophie, — él exigió. No
le preguntó, estaba listo para tomar. Incluso mientras hablaba, su mano se movía poco a poco
encima de su camisola, cavando bajo ella para acariciar su muslo suave. — ¿Estás mojada,
Sophie? ¿Esto duele por mí? — La cabeza de Sophie temblaba. — ¿No? ¿Aún no? Te haré
mojar y doler por mí.
— Ian, — dijo con voz estrangulada. Sus caderas empujaron hacia arriba e Ian podría
jurar que ella apenas se daba cuenta de lo que estaba haciendo, o lo que significaba, pensó. Él
movió su mano hacia el montículo de su sexo y ella gimió, arqueó su espalda mientras sus
piernas se sujetaban apretándose.
—Estás mojada, Sophie, — Ian le dijo severamente, la lujuria bajaba por su voz,
oscureciéndola.
— Oh Dios, — ella gritó, — ¿Estoy sangrando?
Ian fue tomado hacia atrás en un segundo. Entonces comprendió que ella nunca había
sentido deseo antes. No sabía lo que eso hacía al cuerpo de una mujer. — No, Sophie. Este es
el modo en que tu cuerpo se prepara para mí, te preparara para ser follada.
Sophie jadeó con una mezcla de miedo y entusiasmo. — No entiendo, Ian, — ella
sollozó. — ¿Qué es eso?

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Camaradas de Armas 4

Ian quitó su mano y agarró una de Sophie, derribándola y abrazándola. — Siente,


Sophie, siente lo que el deseo te hace. Esta es tu crema, tus jugos. También tiene muchos
nombres. Pero es bueno, Sophie, muy bueno. Eso significa que me deseas. Eso significa que tu
cuerpo me dará la bienvenida. — Sophie sollozó otra vez e Ian deja que alejará su mano. Él
puso su espalda en su lugar. — Voy a hacerte correr, Sophie. Y luego voy a follarte y tú te
correrás de nuevo otra vez para mí. — Su cabeza temblaba, pero ella empujó sus caderas,
empujó su mano hacia su montículo. —Sí, Sophie. Si. Solo sigue a tu cuerpo, mi amor, él sabe
lo que debe hacer. — Él movió su mano para extender sus piernas más lejos.
Ian controló sus dedos a lo largo de sus labios, por los pliegues mojados de su coño.
Cristo, ella goteaba, y la boca de Ian salivó de solo pensar en su nata. Esa sería otra lección
dentro de poco tiempo, pese a todo. Él encajó su dedo en su entrada y la sintió ponerse tensa,
pero lo empujó lentamente, separando las paredes de su apretada vagina con cuidado. Ella se
relajó y se hizo más hacia atrás, respirando de manera irregular. Él trabajó su dedo
profundamente, mirando como se mordía su labio inferior. Él solo se tomó un segundo para
preguntarse si seria dolor o placer lo que hacía esquivar su caderas, y arquear su cuello.
Definitivamente, era placer. Él retiró su dedo hacia atrás hasta que solo la punta permaneció
en ella, luego empujó profundamente otra vez. Sophie se estremeció. Después de varios
empujes más, Ian introdujo un segundo dedo. Sophie dejó escapar un pequeño sonido de
placer.
— Sí, dímelo, Sophie. Dime como te sientes. — Ian jodió con sus dos dedos dentro y
fuera aumentando el ritmo. Sophie agarró su muñeca con una mano temblorosa. — Dímelo
Sophie, — él le ordenó.
— Ian, — ella gimió — Ian, yo… nunca he sentido nada como esto. ¡Se siente… tan…
bueno! — Ella se arqueó de modo incontrolable cuando Ian frotó su clítoris con su pulgar
mientras la follaba con sus dedos. La risa de Ian retumbó en su pecho. Con impaciencia él
movió su mano libre hacia abajo y alcanzó su camisola la levantó hasta sus caderas entonces él
pudo ver como sus dedos la follaban. Los temblores de Sophie aumentaron. — ¿Ian, qué pasa?
— Ella parecía asustada, pero el miedo no podía parar sus caderas, no podía dejar que su coño
estrujara sus dedos.
—Estas follando mi mano, Sophie, y te gusta, — él le dijo con satisfacción. —córrete

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Camaradas de Armas 4

para mi, bebé. Córrete en mis brazos. — Ella sacudió su cabeza, perpleja. — Vas a correrte,
Sophie, tu clímax. Un orgasmo es el pináculo del placer durante el sexo. Se siente asombroso,
y te lo estoy dando. Te ayudará a relajarte cuando te folle. Solo deja que llegue naturalmente,
folla mis dedos con fuerza y profundamente y deja que te tome. — Ella se empujó hacia
abajo con fuerza sobre él y gritó, apretando su mano. — Por supuesto, lo hemos encontrado,
Sophie, —Ian murmuró mientras frotaba sus dedos contra ese punto profundo dentro de ella.
Él sacó sus dedos y los llevó luego profundamente, luego los frotó dentro mientras frotaba su
clítoris por fuera y Sophie se desató, tal como él le había prometido que lo haría. El grito de
orgasmo fue la cosa más hermosa Ian alguna vez había escuchado. Él intentó memorizar cada
momento de su clímax, mirar casi todo, el dolor de su rostro cuando ella movió la cabeza
gritando de placer, la forma en que su cuello se arqueó hacia atrás, — los dedos del pie que
cavaron el cubre camas, mientras su mano sostenía su muñeca fuertemente presionada contra
su sexo. Él sintió sus paredes vaginal pulsar contra sus dedos, exprimiéndolos, y casi se vino
cuando se s imaginó haciéndoselo a su polla.
Cuando los espasmos disminuyeron y Sophie se recostó sobre las almohadas, saciada,
Ian despacio se movió de la cama. Él se desabrochó los botones de su pantalón y silbó con
alivio cuando su polla saltó de su confinamiento. Sophie giró su cabeza despacio para mirarlo.
No había nada de miedo sobre su cara, sólo alegría e Ian deslizó sus pantalones hacia abajo y
dio un paso fuera de ellos. Él subió detrás suyo sobre la cama y se ubicó casi sobre Sophie.
— ¿Te sientes bien? — le preguntó con cuidado. — ¿Te asustarás si me colocó sobre ti?
Sophie sacudió su cabeza. — No, porque eres tú, Ian.
Sus palabras lo llevaron a cerrar sus ojos contra las lágrimas que aparecieron, lágrimas
de alegría ante su confianza en él. Él apoyó su cabeza hacia abajo y la besó tiernamente. —
¿Por favor, puedo follarte ahora, Sophie?
Ella cabeceó, meneando sus caderas un poco bajo él. —Te quiero, Ian. Quiero ser tu
esposa de todos los modos.
Ian ajustó sus caderas, extendiendo sus piernas más amplias. Su enorme y
congestionada polla encontró su entrada infaliblemente. Antes de que la penetrara, él frotó la
longitud de su erección a lo largo de sus labios mojados, mojándose e incrementando su
entusiasmo otra vez. — ¿Me deseas Sophie? — Él susurró, mirándola. — ¿Quieres que mi

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Camaradas de Armas 4

polla esté dentro de ti? — Si algo había podido aprender de Sophie en esta tarde, era lo que le
gustaba, y a Sophie le gustaba hablar sucio durante el sexo. Eso estaba muy bien, porque a él
también le gustaba.
Ella gimió y lamió sus labios, apretando el inferior cuando arqueó su espalda y presionó
la cabeza de polla contra su duro y tenso clítoris, — Ian gimió con ella. — Dilo, Sophie, — él
se apretó contra ella, — Dime sí puedo follarte.
— Sí, Ian, — ella susurró con ese tono que tanto le gustaba, casi sin aliento, — Sí, lo
quiero.
Eso fue todo que él necesitó, y retrocedió sus caderas y se empujó con cuidado, la
cabeza de su enorme polla violó su entrada y se deslizó casi hasta mitad de camino dentro de
ella, en un solo y suave movimiento, lubricado por su propia crema caliente.
—Oh Dios, oh Dios, — se cantaba Sophie, agarrando su espalda, sus uñas cavaban en
su piel.
Ian apenas la oyó. Ella estaba tan mojada, apretada y caliente, y él había estado
padeciendo en las horas transcurridas. Todo en lo podía pensar era en que no podía follarla
duro y con furia hasta correrse, y que si lo hacía, no demoraría demasiado porque estaba a
punto de hacerlo. Estaba determinado a lograr que Sophie se corriera antes que se gastara en
ella. Él se empujó completamente en ella y tuvo que dejar un momento para respirar
profundamente y retirarse del abismo. Sophie no tenía ni una idea de cuan cerca él estaba, y
luego ella se retorció bajo él, sus caderas lucharon contra sus manos, que la agarraban,
intentando sostenerla.
Él se dejó ir y la embistió con toda su fuerza, enterrando su cara en su cuello mientras
iba hacia su final. Ella abrigó sus piernas alrededor de su cintura y sus brazos alrededor de su
cuello y lo sostuvo tan fuerte que Ian no estuvo seguro donde terminaba él, y comenzaba ella.
Ella temblaba e Ian pasó una mano con dulzura por sus costados.
—Lo siento, Sophie, lo siento, — él refunfuñó, por dentro maldiciendo su tamaño. —
No quiero hacerte daño, bebé. Soy demasiado grande, lo sé. Yo no debería haberte tomado
esta noche. — Sus palabras confusas fueron interrumpidos por una risa pequeña, ahogada de
Sophie. — ¿Sophie?
Ella se retiró y rió alegremente en voz alta. Enterró ambas manos en su pelo y besó su

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Camaradas de Armas 4

cara, sus mejillas, su nariz, sus labios. — Esto no duele, Ian. Oh Dios, no duele. — Ella lo
abrazó otra vez, y él sintió sus lágrimas sobre su hombro. — Esto no duele, le susurró ella.
Ian estaba feliz, de saber que no le dolía, porque ésta era quizás una de las experiencias
sexuales más profundas de su vida, y esperaba más de su novia que solo no le doliera. Un
punto para su vanidad. Él la besó sobre las sienes. — ¿Puedo moverme entonces, si no duele?
Sophie cabeceó contra sus labios. — ¡Mmm… um! murmuró ella, presionando un beso
contra su cuello, — si eso es lo que quieres, entonces sí. — Ella enmendó su declaración antes
de que él pudiera preguntar. — Significa, que si lo quiero.
Ian rió y comenzó a moverse. Estaba determinado a que cuando la follara, ella fuera
capaz de decir algo más que sólo le había dolido, El deslizar de su polla dentro y fuera de ella,
era una tortura exquisita. Ella era más suave por dentro de lo que alguna vez hubiera sentido
antes, suave, apretada, mojada. Ella parecía pulsar y espesarse alrededor de su polla hasta que
solo pudo sentir su mojado calor, y su corazón golpeando al ritmo de su coño. Estaba
apretándose a su espalda con tanta fuerza que sintió que jamás podrían separarse. Cuando sus
movimientos comenzaron a ser lentos y demoledores círculos, Sophie comenzó a gemir. —
Mueve tus piernas más alto sobre mi espalda, — Ian le ordenó y Sophie no hizo ninguna
pregunta, ella solo lo hizo. El pequeño ajuste hizo que Ian se deslizara más lejos dentro de ella,
y él supo el momento exacto en que su polla golpeó su punto dulce. Ella jadeó y sus uñas se
incrustaron profundamente en su trasero mientras sus caderas tiraban con fuerza contra él.
— Cristo, Sophie, — él murmuró, a ciegas buscando su boca. Él la encontró y la besó,
con besos profundos, mojados, interminables, que ayudaron a concentrar su mente mientras la
follaba como un insensato. Él se retiraba cada vez más lejos, para entrar con un profundo
golpe más al fondo, hasta golpear directamente sobre ese punto tan sensible. Él movió sus
rodillas hasta que se arrodilló, sus piernas se extendieron amplias, su peso se reforzó sobre sus
puños mientras usaba todo su peso y su poder para follarla tan duro como podía, y Sophie lo
tomó y pidió por más con cada quejido y gemido y pinchazo de sus uñas sobre su espalda y
su culo. Ella comenzó en un tono bajo, como si tarareara un gemido que nunca paró, solo se
elevó, y cayó junto con su respiración y el empuje de su polla en ella e Ian supo que ella estaba
cerca. Él empujó su peso hacia abajo sobre ella otra vez, el cambio del ángulo lo ponía en
contacto con su clítoris con cada empuje. Ella comenzó a gritar con suaves y pequeños

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Camaradas de Armas 4

gruñidos femeninos que volvieron loco a Ian mientras se empujaba en ella.


—Córrete, Sophie, — él la impulsó, — Córrete para mi otra vez. Quiero sentir que te
vienes sobre mi polla, a ese pequeño y dulce coño acaramelado. Córrete ahora, bebé.
Sophie gritó y la folló con fuerza, sus caderas encontraban las suyas en un golpe audible
de carne sobre la carne unas veces antes de que ella se arqueara y gritara. Su coño lo exprimió
con tanta fuerza que Ian gritó, y luego sintió la explosión de su orgasmo sobre él, y gritó otra
vez en el alivio de su semen siendo liberado profundamente dentro de ella. El sentir que su
polla y su coño palpitaban juntos, mientras los espasmos los montaban, fue tan maravilloso
que la visión de Ian se oscureció, y se voz se quebró con sus gritos.
Cuando él pudo moverse otra vez, Ian rodó de Sophie y la tiró contra él. Ella se
acurrucó en su calor y se abrigó ella misma alrededor de él sin inhibiciones. Antes de que él
pudiera hablar, él oyó su respiración hacerse más profundo y un pequeño ronquido. Él la
abrazó cerca de si, abrigando su confianza. Tendría muchas cosas en su cabeza mañana, lo
maravillosa que era, lo apasionada, hermosa que era, pero ahora, era suya, nada ni nadie se la
llevaría,. Ella había tenido razón al insistir en que hicieran el amor esta noche. Ahora él podría
descansar mucho mejor.

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Camaradas de Armas 4

Capítulo Once
Derek se despertó de un sobresalto cuando oyó el grito. Desorientado al principio, no
estaba seguro de qué lo había despertado, hasta que el segundo grito reventó en la noche. Éstos
eran distintos de los gritos que Sophie había emitido antes. Esos habían sido gritos de placer.
Esos gritos habían desgarrado en su corazón como flechas cortantes hasta que él sangró por
dentro el whisky que estuvo bebiendo en abundantes cantidades. Éste era un grito de terror.
—Noooo! No, no, no, —Sophie sollozaba. Derek se tiró de la cama y apenas se las
arregló para ponerse sus pantalones antes de que estuviera afuera de la puerta y corriendo por
el pasillo.
Él abrió la puerta de la alcoba de Ian de un golpe, sin golpear. Sophie estaba encogida de
miedo en la esquina opuesta más alejada de la cama. No llevaba puesto nada más que una
delgada camisa, a medio camino de que se le caía, su cremosa piel brillando a la luz de una
vela que se extinguía. Tenía sus manos tapando sus oídos y sus ojos estaban firmemente
cerrados cuando murmuraba entrecortadamente, su pelo era un embrollo alborotado sobre su
cabeza.
—Seré buena, prometo que seré buena. No más, seré buena…— ella gritó con una voz
chillona.
Ian estaba desnudo, arrodillado cerca de ella y muy suavemente diciendo su nombre. —
Sophie, soy yo, Ian. Sólo soy yo, Sophie. Querida, no tengas miedo. Sophie, háblame. — Su
voz estaba llena de miedo aunque él estaba intentando esconderlo. Trató de tocarla y ella se
escabulló hacia atrás para apoyarse contra la pared, sus rodillas dobladas bajo su barbilla.
— ¿Qué demonios le hiciste?— Derek le gruñó.
Ian volvió sus ojos llenos de pánico hacia él. — ¡Nada! Ella tenía una pesadilla y me
despertó con todas sus vueltas y giros. Intenté despertarla, pero en el minuto que toqué su
hombro gritó y literalmente se cayó de la cama. Cuando dije su nombre e intenté ayudarla,
gritó de nuevo y corrió a la esquina. No logro llegar a ella. Oh Dios, Derek, ¿qué hice?
La áspera respiración de Ian se abría paso a través del lastimoso y monótono rezo de
Sophie en la esquina. Ambos sonidos rasgaron la cabeza de Derek, que estaba peor por la
bebida de lo que ya estaba. —Cúbrela. Coloca una manta sobre ella o algo y ponte unos
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Camaradas de Armas 4

pantalones. Voy a buscar a la Señora Montague. Ella sabrá qué hacer.


— ¿La señora Montague?— Ian preguntó, confundido. — ¿El ama de casa? ¿Cómo
demonios sabrá qué hacer?—Él agarró la cubierta de la cama y suavemente la puso alrededor
de los hombros de Sophie. Ella se estremeció y dejó de hablar, agarrando los bordes de la
manta y apretándola firmemente alrededor de ella.
Derek estaba caminando enérgicamente hacia la puerta. —Su hija fue violada. Ellos
tienen un poco de experiencia con las consecuencias, creo. — Cuando llegó al vestíbulo
empezó a correr. No estaba seguro si estaba corriendo hacia los Montagues o de Sophie y sus
pesadillas. Cuando alcanzó los escalones tropezó en una parada. Montague estaba subiendo
los escalones rápidamente, una bata puesta apresuradamente encima de sus ropas de dormir y
una vela en su puño.
—Montague, gracias a Dios, —Derek dijo en voz alta, ni siquiera intentando esconder
su alivio. —Rápido, traiga a la señora Montague. Sophie ha tenido una pesadilla y está muy
trastornada.
Montague se detuvo y visiblemente se tranquilizó. —Oímos el grito en el piso inferior.
La señora Montague me envió a investigar. ¿Desearía que traiga algo de láudano?
— ¡Láudano! Por supuesto, ¿por qué no pensé en eso? Sí, el láudano debería ayudarla a
descansar y calmar sus nervios. Por favor, Montague, y apúrese.
Derek no esperó ver a Montague bajar la escalera. Dio la vuelta y de repente sintió una
desesperada necesidad de volver con Ian y Sophie. ¿Qué estaba pasando? Corrió de vuelta al
cuarto de Ian.
Él llegó al cuarto resbalando, deteniéndose unos metros dentro del dormitorio. Sophie
todavía estaba en la esquina, pero parecía más tranquila. Sus brazos estaban envueltos
alrededor de sus piernas y su cabeza descansaba sobre sus rodillas mientras Ian permanecía
arrodillado a su lado, su mano frotando su espalda arriba y abajo.
— ¿Está bien? — Derek preguntó jadeando un poco.
—Volvió a ser ella misma, —dijo Ian, —pero todavía está un poco temblorosa.
Derek se apoyó contra la pared, su cabeza se inclinó hacia atrás, y cerró sus ojos por el
alivio. Su cabeza se enderezó de nuevo y sus ojos se abrieron mientras acusaba a Ian con odio
en la mirada. — ¿Qué diablos le hiciste? Te dije que fueras despacio y que la dejaras

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Camaradas de Armas 4

acostumbrarse. Jesucristo Ian, ¿Cuál es el problema contigo?


Ian se puso rígido por la atrocidad. —No hice nada que ella no quisiera, Derek. Le
permití tomar las decisiones. Ella estaba en el mando.
— ¿Ella? ¿Al mando? ¡Mírala, Ian! No importa lo que le haya sucedido en el pasado, ella
es como una virgen inocente. ¡Uno no jode a una virgen inocente hasta alcanzar un orgasmo a
gritos sin tener consecuencias!
—Deténganse, por favor. — La voz de Sophie era baja, titubeante, herida. Por favor no
peleen. — Levantó su cabeza y miró a Derek. Él apenas podía ver su cara en la penumbra del
cuarto. —Estaré bien. No es culpa de Ian, Sr. Knightly, de verdad que no lo es. —Cubrió sus
ojos con una mano visiblemente temblorosa. —He tenido estos inconvenientes episodios antes,
me temo. Trataré de no inquietarlo de nuevo. Lo siento mucho.
Derek la odió en ese momento. La odió por hacer que se preocupara. Porque lo hizo, sin
importar todas sus negativas y protestas, él se preocupó. No le gustó verla así, no le gustaba
oírla disculparse tan despreciablemente por sus pesadillas. ¿Cómo se atrevía a asumir la culpa?
Había otra persona a quien le correspondía asumirla mucho más, y algún día Ian y él
averiguarían quién era y le harían cargar todo el peso. Bueno, al menos hasta que lo mataran.
Derek sintió el alivio de su viejo amigo, enfado, y lo aceptó.
—Deja de disculparte. — Dijo bruscamente, —y llámame Derek. No seré capaz de
soportar que me llames Sr. Knightly todo el tiempo, como si fuera un invitado no deseado.
Sophie retrocedió por la sorpresa del tono. —Lo siento. No fue mi intención dar a
entender algo así. Ésta es su casa, claro, y yo soy la intrusa. Me disculpo si lo he incomodado.
— Su voz todavía era débil y áspera por sus gritos.
—Derek, —Ian dijo con una voz de advertencia, entre gruñidos, —ésta difícilmente es la
ocasión para acusar a Sophie.
Antes de que Derek pudiera responder, Montague y la Señora Montague golpearon
ligeramente la puerta de la alcoba. — ¿Sr. Witherspoon? — La señora Montague llamó con
una voz temblorosa. ¿Está bien la señora Witherspoon?
—Sí, por favor entre, Señora Montague, —Ian la llamó.
La señora Montague se apresuró en entrar al cuarto moviendo su cabeza de lado a lado y
corrió al lado de Sophie. — ¿Está usted bien, querida? ¿Desea que la ayude a volver a su

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cuarto?— Ella lanzó una mirada funesta a Ian por encima de su hombro, quien retrocedió con
incredulidad.
—No, Señora Montague, —Sophie le dijo suavemente, "me gustaría quedarme con el Sr.
Witherspoon. No quiero estar sola. — Ella se oyó tan triste que el corazón de Derek se apretó
en su pecho, hizo crujir sus dientes en un intento por suprimir su empatía. Él había tenido
bastante con sus propias pesadillas como para reconocer lo que ella estaba sintiendo.
—Yo podría quedarme con usted, querida, —la señora Montague se ofreció, claramente
aún desconfiado de Ian.
—No, por favor. Fue simplemente un sueño tonto, eso es todo. Consumí demasiado
champán hoy y no la suficiente comida, me temo. No necesariamente fue una receta para una
buena noche de sueño. —Sophie estaba intentando darle poca importancia al incidente y
fracasaba miserablemente.
—Toma un poco láudano, Sophie, — Derek le ordenó. —La señora Montague trajo un
poco y le ayudará a dormir.
Sophie lo miró extrañamente por un momento. —No, no me gusta el láudano. Me han
drogado antes, y no me gusta.
No me gusta, pero me han drogado, pensó Derek con furia. Él apretó sus puños.
—Oh vamos, el Sr. Knightly tiene razón, querida, —la señora Montague estuvo de
acuerdo. —No hay nada de que temer aquí y el láudano la hará dormir bien y sin tener sueños.
Ella vertió un poco en un vaso y lo mezcló con un poco de agua. —Aquí tiene. — Ella intentó
dárselo pero Sophie lo rechazó, volviendo su cara hacia otro lado y empujando el vaso con su
mano.
Ian lo tomó de la señora Montague. —Gracias, Señora Montague. Yo me aseguraré que
ella lo tome. Usted ha sido muy amable. La llamaré si necesitamos algo más. —
Renuentemente la señora Montague se volvió y caminó hacia la puerta. —Sí señor, —dijo con
inseguridad. Montague la sostuvo y cerró la puerta detrás de ellos al salir.
Ian se volvió hacia Sophie. —Sophie, mi amor, toma el láudano. No me alejaré de tu
lado. Nada pasará. — Ella negó con la cabeza, sin mirarlo.
Derek había tenido bastante. Él había dormido muy poco la noche anterior, la boda
había sido una prueba desde el principio hasta el fin y ahora esto. Él le quitó el vaso a Ian,

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derramando un poco. Se agachó delante de Sophie y la agarró de la barbilla con su mano libre,
dando vuelta su cara para mirarlo.
—Beba la maldita cosa, Sophie, —ordenó, colocando el vaso en sus labios. Él empujó
ligeramente su cabeza atrás con el codo y los ojos de Sophie se dilataron. —Estoy exhausto y
debes estar peor. Podrás ser capaz de soportar más drama esta noche, pero yo no puedo. Así
que bébelo y así todos lograremos dormir algo. — Ella abrió su boca y obedientemente bebió
mientras Derek inclinaba el vaso hasta que no quedó nada. Derek se puso de pie abruptamente
y puso el vaso vacío en una mesa cercana de un golpe. — ¡Ahí tienen! ¿Cristo Todopoderoso,
así es como va a ser nuestra vida de hoy en adelante? ¿Una catástrofe tras otra? En ese caso,
definitivamente necesito dormir más de lo que lo he estado haciendo últimamente. — Él salió
a zancadas fuera de la alcoba, sonriendo mientras oía a Sophie refunfuñando detrás de él.

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Capítulo doce
Ian y Derek todavía estaban desayunando cuando Sophie bajó tarde la siguiente mañana.
Todos ellos habían dormido más de lo normal después de la confusión emocional del día, y de
la noche anterior. Ian estaba asombrado de lo tranquilo que estaba Derek con todo eso. Él
había esperado tener que calmar sus sentimientos heridos esta mañana, pero Derek había
aparecido con un saludo bastante alegre y se había sentado ante un gran desayuno. El alegre
saludo había hecho que Ian se pusiese nervioso. Ellos charlaron sobre cosas intrascendentes y
todo el rato los nervios de Ian estuvieron de punta, esperando que Derek dejase de actuar tan
agradable y finalmente empezase con las palabras enfadadas que parecían ser todo lo que él
tenía para Ian últimamente.
Derek hizo señas a Montague para pedir más café antes de que oyeran a Sophie ofrecer
unos tímidos buenos días a una criada en el vestíbulo fuera del comedor. Ian se encogió,
esperando que su llegada fuese el catalizador que hiciese saltar a Derek.
Ella entró en el cuarto e Ian fue golpeado por lo encantadora que se veía. Ni su
prolongado interludio apasionado, ni la pesadilla que lo siguió, se evidenciaban en sus
resplandecientes mejillas o en sus brillantes ojos. Ella se veía dulcemente tentadora con su
nuevo vestido de muselina, cortado de forma que no fuese demasiado ajustado para que fuese
recatado y a la vez seductor. Kitty era un genio, decidió Ian al mirar a su nueva esposa vacilar
en la entrada. Ella estaba mirando a Derek con turbación.
—Buenos días, Sophie, —dijo Ian con tono agradable. —Ven y desayuna, querida.
Hizo señas a un lacayo para que separase la silla de su derecha, justo opuesta a la de Derek.
Sophie se acercó despacio mientras Derek bajaba el periódico que había estado leyendo para
mirar a Sophie.
—Buenos días, Ian, —dijo Sophie suavemente. Por inapropiado que fuese, Ian no pudo
evitar responder físicamente a su ronco tono cuando recordó su voz anoche, diciéndole que lo
deseaba y gritando con abandono en su clímax. Se movió con incomodidad en su silla y Derek
le dirigió una mirada conocedora con una ceja levantada. —Buenos días, Derek, —continuó
un poco insegura, y Derek regresó a su escrutinio.
Ella se sentó cautelosamente y aceptó una taza de té de Montague. —Me gustaría
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disculparme de nuevo para cualquier molestia que yo pueda haber causado anoche. No sé lo
que se apoderó de mi, nervios por la boda, supongo. —Sonrió débilmente.
—Montague, ¿podría tener ese café ahora? —Fue todo el Derek dijo.
Sophie revolvió su té y cuando fue a soltar la cuchara esta chocó ruidosamente con el
platillo. Al intentar agarrarlo golpeó su taza de té que se derramó por toda la mesa. Ella saltó
fuera de su silla, tirándola también. — ¡Oh! lo siento mucho, —Sophie se apresuró a
disculparse. Montague acudió a ayudar al lacayo a limpiar el enredo.
—Esta bien, Sophie, —le dijo Ian dijo acercándose para recoger la silla del suelo y
ayudarla a volver a sentarse. Los criados retiraron eficientemente el mantel de la mesa y
pusieron uno nuevo.
Derek suspiró. —Supongo que esto significa que no hay café.
—Oh, lo siento mucho, —barbotó Sophie y miró alrededor buscando a Montague. —
Consiga al Sr. Knightly un poco de café, Montague. —Ella miró a Derek, retorciendo sus
manos, atrás. —Lo sien…
—Lo sé, lo sientes, —dijo Derek rotundamente. — ¿Podrías, si no fuese demasiado
problema, dejar tanta aflicción para que yo consiga mi desayuno? ¿Hmm?
—Derek, —Ian dijo reprendiendo, mientras entrecerraba sus ojos hacia el otro hombre. Él
realmente había querido estar equivocado acerca de que Sophie iba a sacar el lado malo de
Derek esta mañana, pero él lo conocía demasiado bien.
—Sí, Ian, que no perturbe a Sophie, lo sé. Puedes dejar de gruñirme. —Derek sacudió
su periódico. — ¿Pero honestamente, tiene que disculparse por todo, incluso cosas que no son
su culpa?, por el amor de Dios. Ella va a empezar a disculparse por la lluvia que cae y los
cultivos en barbecho si nosotros le permitimos continuar así.
—Oh, —Sophie protestó indignada. —Yo nunca...
—Bien, Pues deberías empezar, —Le dijo Derek apoyándose hacia atrás en su silla con
una sonrisa astuta. — por cualquier cosa que no hayas hecho, me refiero.
Sophie se puso de pie de nuevo, sus ojos abiertos enormemente y sus labios delgados
por el enfado. Ian dudó si debería intervenir o no. Sophie tendría que aprender a tratar con
Derek sola, y aunque no era perfecto, esta mañana era tan buen momento como cualquier
otro.

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—Oh, ¿vas a salir corriendo de nuevo? Pide que traigan mi caballo de camino, si es que
no estas llorando demasiado fuerte. ¿De acuerdo?
—Oh, —Sophie se puso furiosa, —Y pensar que estaba realmente angustiada por tu
bienestar ayer. ¡No volveré a cometer ese error de nuevo! —Se volvió y se dirigió rápidamente
hacia la puerta.
—Ahora se va y ni siquiera comió nada. ¿Ella se va a dejar caer cada mañana para
derramar cosas y estropear mi café? — ¿Era una sonrisa lo que Derek estaba escondiendo tras
su periódico?
— ¡Oh! —Sophie se giró para enfrentar a Derek, sus mejillas rojas por el enojo. —Eres
insoportable. —Siseó Sophie. — ¡No desayunaría contigo aunque fueses el Rey de Inglaterra!
—Si yo fuera el Rey de Inglaterra, nadie desayunaría conmigo. Así estaría seguro de
conseguir mi café.
Sophie gruñó furiosa mientras salía por la puerta del comedor. —Insufrible. —Todos
oyeron como murmuraba mientras se alejaba.
Derek chasqueó hacia Ian. —Tiene carácter, Ian. No deberías provocarla así. —Le dijo
sonriendo diabólicamente.
Ian se quedó aturdido por un momento. Estaba completamente perdido acerca de qué
hacer. Nunca había visto a Sophie así. Ella realmente había gruñido a Derek. Sophie.
Gruñendo. Era tan inconcebible que no lo habría creído si no lo hubiese visto. Y Derek parecía
realmente feliz con eso. Derek. Feliz. Ian se pellizcó a si mismo. — ¡Ay!
Derek lo miró extrañado. — ¿Qué diablos estás haciendo? ¿Acabas de pellizcarte a ti
mismo?
—Estaba simplemente comprobando, para asegurarme de que esto no era un sueño.
¿Podría alguien aquí decirme qué está pasando? Tú pareces encantado realmente de que mi
esposa te haya insultado y de que se haya ido enojada del cuarto del desayuno. Y Sophie… no
sé por dónde empezar siquiera. Yo nunca la he visto decir bu a un ratón, y acaba de darte un
rapapolvo bastante firme. —Ian bajó su cabeza a sus manos. — ¿Debo seguirla? ¿Debería ir a
calmarla? ¿O debo permitirle seguir enfadada ante tu comportamiento extremadamente
grosero, a lo qué ella tiene completo derecho?
Derek suspiró alegremente. —Pobre Ian. —Ian inclinó su cabeza y fulminó a Derek con

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una torva mirada. Derek puso un codo en la mesa y tomó un sorbo de café. —Pensé que
Sophie necesitaba ganar un poco de confianza. Pero ella, ciertamente, puede mantenerse frente
a mí, y después de todo, seamos honrados, yo tiendo a llevar a la mayoría de las personas a la
locura. Ella no tendrá ningún problema con las brujas que se le acercarán furtivamente en los
salones de Londres. Derek se relajó hacia atrás en su silla sonriendo. —Creo que puedo sacar
lo peor de tu pequeña esposa, Ian. —Se rió ruidosamente. —He decidido que me va a gustar
vivir con Sophie.
—Oh, buen Dios, —gimió Ian, echándose hacia atrás en su asiento. — ¿Tú… qué?
—Mmm, me has oído. Creo que atormentaré a la joven Sophie hasta que ella sea un
fósforo para cualquier hombre sin escrúpulos, sinvergüenza, zorra o perro violador que pueda
tener la desgracia de cruzarse. —La cara de Derek se había oscurecido con el enfado, e Ian no
podría amarlo más que en ese momento. Aunque él se sentía amenazado por Sophie, la
detestaba y en general se comportaba como un asno sobre la mayoría de las cosas referentes a
ella, él se había conmovido y estaba deseoso de ofrecerle su protección. Ian se inclinó en su
silla y se estiró para poner su mano sobre la de Derek que descansaba sobre la mesa.
—Gracias. —No podía expresar lo que él estaba sintiendo. Los criados se encontraban
todavía allí, y él no quería perderse en un arrebato emocional, lo que muy bien podía ocurrir
en cualquier momento.
Derek le devolvió el apretón durante un momento, luego movió su mano. Le dirigió a
Ian una sonrisa burlona. —Eso lo dices ahora, pero cuando la encantadora Sophie esté
arremetiendo contra mí, puedes cansarte de tener que calmarla.
Ian sonrió abiertamente. —Yo soy bastante bueno calmando. Disfruto haciéndolo. No
permitas que mi sensibilidad te detenga, cueste lo que cueste.
Derek sacudió una vez más su periódico y lo levantó lo justo para que cubriese sus ojos.
Levantó sus cejas hacia Ian. —Sí, pudimos oírte calmándola la mitad de la noche que es por
lo qué algunos de nosotros conseguimos dormir tan poco. Soy un chico en edad de crecer, lo
sabes. Necesito dormir.
Ian se inclinó e hizo señas a Derek para que se acercase. Con un cuchicheo bajo le dijo,
—Eso no es lo que me dices cuando quiero calmarte durante toda la noche.
Las pupilas de Derek se dilataron y la pura maldad de su mirada hizo que la respiración

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de Ian se hiciese mas pesada y su pulso se acelera. El momento fue roto cuando Montague
aclaró su garganta. Ian se sentó hacia atrás con un suspiro. — ¿Sí, Montague?
— ¿No le importa que ofrezca mi consejo, Sr. Witherspoon? —Ian asintió sorprendido.
Montague nunca había ofrecido consejo antes. —Yo creo que algún intento de calmar a la
Señora Witherspoon puede estar bien. Ella no esta, —ejém—, familiarizada con la
conversación del Sr. Knightly.
Ian se rió mientras empujaba su silla y se ponía de pie. —La familiaridad apenas
consigue hacer la conversación de Derek mejor, Montague.
Derek habló desde detrás del periódico. —Intentare ignorar ese comentario. Me está
divirtiendo demasiado este asunto, de momento. —Ian se rió de nuevo mientras salía del
comedor. Él estaba de acuerdo con la observación de Derek acerca de que el otro hombre
parecía sacar lo peor de Sophie. Eso y su comentario anoche sobre lo hermoso que encontraba
a Derek le animaron. Ella ya tenía sentimientos fuertes hacia él. Si sólo Ian pudiera encauzar
esos sentimientos hacia el afecto y el deseo.
¿Dónde habría podido ir Sophie? Se detuvo en el vestíbulo y echó una mirada
alrededor. El lacayo estacionado fuera del cuarto indicó con una pequeña inclinación de su
cabeza el pasillo de la izquierda que llevaba a una puerta trasera hacia el jardín. Con una
sonrisa de agradecimiento Ian fue en esa dirección. Cuando él dobló la esquina, vio a Sophie.
Ella estaba apoyada contra la pared con su mano cubriendo su boca y sus ojos muy abiertos.
— ¿Sophie? —pregunto alarmado.
Sophie quitó su mano. —Oh, Ian, lo siento mucho. No sé lo que se apoderó de mí. ¡No
puedo creer que hablase así al Sr. Knightly! Qué debes pensar en mí y qué debe pensar él. Ella
dejó caer su cabeza contra la pared y cerró sus ojos con un gemido. —Yo estuve
increíblemente grosera. Yo nunca soy grosera. La grosería simplemente es una forma de
venganza. Debo disculparme. —Su cabeza se elevó y ella se separó de la pared. —Sí, me
disculparé. Lo siento mucho, Ian, estoy tan afligida. Por favor perdóname. —Retrocedió en
dirección al cuarto del desayuno.
Ian tomó sus manos en las suyas. —Sophie, tu no tienes que tolerar ese tipo de
conducta de nadie, ni siquiera de Derek, sobre todo de Derek. No te disculparás con él por
ponerlo en su lugar, se lo merecía. No debes tener miedo de decir lo que quieras aquí, Sophie.

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Ésta es ahora tu casa y tú estás segura aquí. —Él la tomó en un firme abrazo y después de
vacilar un momento, Sophie se lo devolvió. Ian comprendió tristemente que Sophie
probablemente vacilaría siempre. Para ella, era completamente poco familiar el afecto abierto,
y una vida de abusos era difícil, si no imposible de superar.
Después de un momento demasiado breve en sus brazos, Sophie se retiró, pero Ian no
le permitió alejarse demasiado. Ella no pudo mirarlo cuando habló. —Todavía tengo hambre.
Ian no pudo contener la risa. Entre Derek y Sophie, Se había reído más hoy que en toda
la semana anterior. Tomó esto como un buen augurio para su matrimonio. —Bien, dijo
riéndose entre dientes, —entonces tendremos que ir a desafiar al león en su cubil y conseguirte
un desayuno.
Sophie arrugó su nariz. — ¿No podría ser en otra parte? No deseo perturbar su café. —
Dijo, pronunciando la última palabra mordazmente e Ian se encontró deseando el próximo
intercambio de opiniones entre Sophie y Derek.
—Tengo solamente un cuarto de desayuno, querida. Y ahora es tu cuarto de desayuno.
¿Quizás podrías redecorarlo de forma que provoque la indigestión de Derek? —Mientras
hablaba, había guiado a Sophie de nuevo hacia el cuarto del que ella había salido un poco
antes con tanto aplomo.
—Oh, ¿Crees que puedo hacer eso? Eso sería encantador, —respondió encantada,
entrecerrando sus ojos cuando vio a Derek todavía sentado a la mesa. Derek alzó la vista como
si detectase su enemistad. Sonrió el beatíficamente.
— ¿De vuelta tan pronto? Admítelo, mi conversación te resulta estimulante.
—Tengo hambre, —gruñó Sophie.
—Sí, —dijo Derek con un sabio asentimiento. —Uno generalmente lo tiene cuando
viene a desayunar. Incluso podrías decir que es un requisito. Lo qué hace tu anterior salida
más incomprensible, ya que viniste pero no comiste. Y ahora tienes que regresar. La mente es
un poco confusa.
Ian tuvo que ocultar su boca para esconder una divertida sonrisa. Sophie no estaba tan
divertida.
—No permitas que mis planes de desayuno te detengan, Knightly, —dijo con una firme
mueca. —Yo he pedido tu caballo.

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— ¿Para qué demonios quieres mi caballo? —Preguntó Derek con asombro.


Los ojos de Sophie se ensancharon mientras respiraba pesadamente, agarrando la parte
de atrás de su silla con una mano. —Me pediste que pidiese tu caballo. Yo asumí que querías
salir.
— ¡Oh! Tienes razón. Eso pretendía. —Derek saltó fuera de su silla y se dirigió hacia la
puerta. —Regresaré para la cena, Ian. No permitas a Sophie tire todo antes de que yo consiga
algo.
—Oh, tú… —Derek cerró la puerta elegantemente antes de la réplica mordaz de
Sophie. Sophie giró y dio un tirón a su silla. Se sentó con fuerza y revolvió su nueva taza de té
tan vigorosamente que Ian tuvo miedo por el nuevo mantel de la mesa. Caminó
cautelosamente hacia la cabeza de la mesa. Sophie se giró entrecerrando los ojos hacia él. —
Haré el esfuerzo, Ian, lo haré, aunque acabe conmigo. Por ti haré el esfuerzo.
Ian se sintió completamente fascinado por este nuevo lado de Sophie. Él la amaba
cuando era tímida y dulce, había amado su tímida rendición anoche. Pero esta fiera, el
pensamiento de llevarla a la cama tenía a Ian tan duro que lo único que deseaba era arrastrarla
escaleras arriba. ¿Cómo sería follar a Sophie cuándo ella estaba salvaje y enfadada? El cielo,
pensó con una sonrisa. Dominar y ordenar a esta mujer serían el cielo.

Cuando Derek volvió esa tarde encontró a Ian en su estudio examinando algún
documento. Derek estaba un poco avergonzado con el mandado que lo había mantenido lejos
la mitad del día. Él no quería que Ian o Sophie pudiesen leer demasiado en eso. Era una
ofrenda de una paz, eso era todo.
Ian alzó la vista y sus ojos se ensancharon cuando vio lo que Derek estaba sosteniendo.
El silencio se estiró durante unos momentos interminables, y Derek habló defensivamente. —
Es un regalo de boda para tu esposa. Y no quiero oír una jodida palabra sobre esto. No
significa nada. Es un soborno para conseguir que ella confíe en mí, entonces golpearé cuando
menos se lo espere.
Ian solamente sacudió su cabeza. —Oh, Derek, ¿Qué has hecho?
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Camaradas de Armas 4

Ellos encontraron a Sophie en el jardín. El día era bonito, no demasiado caluroso con una
brisa ligera que revolvía el pelo y aclaraba el aire. Sophie estaba sobre sus rodillas arrancando
hierbajos.
— ¿No tenemos jardinero para esto? —Preguntó Derek, sinceramente perplejo en cuanto a
por qué alguien excavaría voluntariamente en la tierra si otras personas estuviesen alrededor
para hacerlo por ellos.
La cabeza de Sophie se alzó ante la voz de Derek y habló sin volverse para mirarlos. —
Siempre he querido tener un jardín propio. Plantar cosas y mirarlas crecer. Tener la libertad de
estar fuera siempre que quiera y por tanto tiempo como desee. Si crees que a Ian no le gusta,
me detendré. —Sus hombros estaban tiesos y su voz sólo vaciló un poco.
— ¿Por qué demonios habría de importarle a Ian? Después de anoche me atrevo a decir
que podrías escupir en la caja del carbón, llamarlo arte, e Ian se pisaría a si mismo por la prisa
de colgarlo en el vestíbulo. —Derek sonó más divertido que otra cosa.
Sophie jadeó y se volvió hacia él, sus ojos abiertos extensamente. — Qué sabes tú sobre la
pasada… —Se detuvo cuando vio a Ian allí. —Ian, —dijo sin convicción, —solamente estoy…
Se esforzó para ponerse de pie ya que sus faldas la volvieron torpe. Ian caminó rápidamente
hacia ella y la ayudó con una mano en su brazo. Ella intentó no tocarlo con sus manos sucias,
y cuando estuvo de pie intentó limpiarlas frenéticamente.
—Sophie, —dijo Ian, mientras sujetaba sus manos para detenerla, —siéntete libre para
quitar cada hierbajo de la propiedad si eso es lo que deseas, querida. Mañana puedes hablar
con Timmins, el jardinero, y entre los dos pueden buscar todo lo que necesites para el jardín.
—Besó sus manos sucias. Incluso con guantes.
Derek arqueó una ceja. — ¿Ves? —dijo a Sophie. —Te lo dije.
La atención de Sophie se desvió una vez más a Derek. —Desearía que tú no… —Se
detuvo de nuevo. — ¿Qué es eso? —Apuntó hacia el regalo de Derek con una mano
temblorosa.
Derek avanzó y sin ceremonias descargó el cachorro de perro de aguas de pelo dorado
que se retorcía, en los brazos de Sophie. —Tu regalo de bodas. —Retrocedió, no muy seguro
de cómo respondería Sophie.
Ella abrazó el cachorro por un momento, mirando a Derek con asombro. El perro

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empezó a lamer su cara alegremente y Sophie tuvo que cerrar sus ojos y sostenerlo a distancia
de ella. Entonces abrió sus ojos y lo abrazó de nuevo, como si no pudiera conseguir bastante
de él. Ella miró a Ian. —Mira Ian, me ha regalado un cachorro. —Ella sonó ahogada y Derek
se comenzó a sentir incómodo.
—Bien, si no te gusta, siéntete libre para regalarlo. —Habló descuidadamente, como no
queriendo que Sophie supiese lo importante que era para él que ella aceptase su regalo. No lo
entendía ni él mismo. Había empezado casi como un chiste. ¿Quién demonios daba un
cachorro como regalo de bodas? Pero de repente, inexplicablemente, había crecido más allá de
eso.
—Lo adoro. —Susurró Sophie, apretando el perro contra ella hasta que éste gimoteó.
Sophie lo soltó inmediatamente y el cachorro corrió a olfatear el montón de hierbajos, luego
volvió hasta Sophie para bailar junto a sus pies. Cuando ella se agachó para recogerlo, él corrió
lejos y olfateó un árbol, sólo para correr atrás de nuevo, hacia Sophie. Hizo eso varias veces y
Sophie se rió con deleite. Su risa hizo cosas extrañas en el interior de Derek. Él se dijo que era
sólo alivio de que ella estuviese superando su pesadilla, y que a Ian le agradara la felicidad de
Sophie. La mirada que Ian le dirigió, le confirmó esto último. Estaba llena de gratitud y de
amor e hizo exactamente lo mismo en el interior de Derek que la risa de Sophie.
Derek aclaró su garganta. —Bien, ¿No vas a darle un nombre?
Sophie pareció sorprendida. —Yo asumí que ya tenía uno. No sé como llamarlo, nunca
le he puesto nombre a nada antes.
Derek casi maldijo en voz alta ante el recordatorio de la niñez, dejada de la mano de Dios,
de Sophie. Entonces tuvo una idea brillante. Bueno, realmente, él tiene un nombre, pero no sé
si te gustará. Se giró y empezó a alejarse, ocultando su sonrisa.
— ¡Espera! —Lo llamó Sophie. — ¿Cuál es su nombre?
—Derek, —contestó Derek sobre su hombro. Él se rió a carcajadas ante la exclamación
poco contenta de Sophie. Sabía que ella era el tipo de persona que no podría cambiar el
nombre del perro una vez que lo había oído nombrar en voz alta. Sus siguientes palabras lo
confirmaron.
— ¡Oh, Ian! Ahora él siempre será Derek. ¡Caray que hombre! —Ian rió y rió, y lo
último que Derek oyó cuando él regresó a la casa fue a Sophie riendo con él.

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Capítulo Trece
Las siguientes semanas fueron el cielo para Sophie. Por las mañanas se levantaba tan
tarde como deseaba y nadie la reprendía. ¡Comía chocolate por lo menos una vez al día, y a
menudo tres veces si quería! Trabajaba en el jardín todos los días, y aunque fuera poco, sus
esfuerzos se estaban notando. El Sr. Timmins, el jardinero, era un amable y viejo caballero
que no se molestó en lo más mínimo por levantar su propio trabajo para reemplazarlo con las
flores de Sophie. Ella intentó entrenar a Derek, pero era un perro mestizo ingobernable a pesar
de su crianza, igual que su tocayo, dijo Ian en broma. Sophie adoraba al cachorro. Y adoraba a
Ian. Le encantaba todo sobre su nueva vida, exceptuando quizás a Derek Knightly.
Derek era tan imprevisible como desagradable. Nunca se podía contar con él para el
almuerzo o la cena, pero si se presentaba, ¡Ay de ella y de la señora Montague si no había por
lo menos uno de sus platos favoritos en el menú! Cuando ella tomaba prestado un libro de la
biblioteca de Ian, siempre era el que Derek quería leer luego. Sus sábanas no estaban lo
suficientemente frescas, nunca tenía bastante café, odiaba la jardinería y la había ganado siete
veces al ajedrez. Ahora le debía cien libras, lo que era risible ya que ella no tenía esa cantidad
en absoluto. ¡Él realmente le había hecho firmar un PAGARÉ! Menudo descaro el suyo.
Estaba manipulándola para distraerla. Odiaba admitir que esperaba con ansia sus
confrontaciones. Era perversamente inteligente, y cuando pudo mantenerse a su altura en una
de sus pequeñas guerras de palabras, se sintió desmesuradamente orgullosa de sí misma.
Además era tan guapo que casi hacía que Sophie se olvidara de que no le gustaba mucho.
Pero sin duda la mejor cosa de su nueva vida como señora de Ian Witherspoon era su
nuevo marido. Ian era la persona más maravillosa que Sophie había conocido en su vida. Era
guapo, enérgico, amable, generoso, honrado, inteligente y gentil. Era todo lo que ella había
soñado y más. Por la noche él la hacía el amor tan dulcemente que ella a veces lloraba.
Asustaba de tan perfecto que era. Nada en la vida de Sophie le había preparado para ser
amada por Ian Witherspoon. Y pensó que quizá él la amaba un poco. Sophie había estado
preparada para conformarse con cierta amistad y afecto entre ellos. Sabía que él amaba a
Derek, se lo había dicho así. Nunca había pensado que era posible amar a más de una persona.
Pero con cada beso y caricia en el calor de la noche, Ian parecía decirle a Sophie que lo que él
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sentía por ella iba más allá del simple afecto. Le preocupaba que quizá estuviera viendo
demasiado en su forma de hacer el amor. Los hombres no necesitaban amar a una mujer para
hacer el amor con ella. Sophie lo sabía muy bien.
Resguardada por el cálido abrazo de Ian una noche después de semanas de su boda,
Sophie se encontró preguntándose cuando Ian y Derek encontraban tiempo para estar…juntos.
Se ruborizó y escondió su cara en el hombro de Ian. Intimando, se corrigió y entonces hizo una
mueca por su elección de palabras. ¿Oh por el amor de Dios, no podría siquiera decirlo para sí
misma? Follar, cuando encontraban tiempo para follar. El pensamiento la hizo retorcerse.
Ian giró hacia su lado y se deslizó hasta que quedaron mirándose a los ojos. Sophie se
ruborizó de nuevo.
— ¿Qué estás pensando? —Preguntó Ian suavemente, girando su cabeza y cerrando
los ojos mientras frotaba la mejilla contra el pelo de ella extendido en la cama a su alrededor.
—Nada. —Su respuesta fue demasiado rápida y sonaba nerviosa hasta paras sus
propios oídos. Ian se detuvo y abrió los ojos, levantando inquisitivamente una ceja hacia ella.
—Eso no suena como nada. —Él se acerco más a ella y la envolvió con un brazo,
empujándola contra él con una mano en su espalda. —Parece algo que me gustaría oír.
Sophie tragó con turbación. —No, no, estoy segura que no.
Ian se rió suavemente y las reverberaciones atravesaron a Sophie por todos los lugares
por los que Ian estaba tocándola. Envió una ola de deseo que chocó a través de ella y Sophie se
sobresaltó. Acababan de hacer el amor y ella deseaba hacerlo de nuevo. Siempre se sentía
excitada con Ian, eso la sorprendía y alarmaba un poco. Él la hizo olvidarse del pasado y
confiar en él, y ésas eran dos cosas que Sophie había jurado nunca volver a hacer. Ian la hizo
olvidarse de eso también.
—Dime, ángel. Ahora me tienes muerto de curiosidad. — Ian hocicó su cuello y
onduló sus caderas contra ella y ella abrió la boca cuando comprendió que él estaba excitado
también. — ¿Es algo que va a hacerme querer follarte más de lo que ya lo hemos hecho? Bien,
me gustaría definitivamente oírlo.
— ¡Ian! —Sophie había pensado que ella estaba más allá de la turbación después de
acostarse con Ian, pero todavía se ruborizaba. Él le decía las cosas más maravillosamente
pecaminosas en la cama, cosas que la hacían latir, pulsar y humedecerse por la necesidad.

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Parte de razón por la que ahora estaba ruborizándose era debido a la dirección de sus
pensamientos. No tenía ninguna duda que saber que ella estaba pensando sobre él follando con
Derek le haría querer follarla a ella. La desvergonzada mujer que él había liberado dentro de si
jaleó el conocimiento. El exterior, la Sophie tímida, sin embargo, se encontraba incapaz de
decírselo.
La mano de Ian vagó por su espalda para acariciar su trasero. —Tienes un culo
glorioso, Sophie, —dijo suspirando. Él corrió sus dedos ligeramente a lo largo del pliegue entre
sus regordetas nalgas y Sophie cerró sus ojos y tuvo que morderse el labio para evitar un
gemido. Señor, ella adoraba cuando Ian jugaba con sus trasero. Él siempre era efusivo en
alabanzas sobre esa particular parte de su anatomía. Era generoso con la atención a sus pechos
e incluso había recitado una improvisada oda muy mala a sus pezones una noche, pero era su
culo al que él no podía resistirse. Ian se giró de nuevo y de repente Sophie sintió su lengua
golpear el labio que ella se mordía.
—No te calles, amor. Quiero oírte. Gime para mí. —Se deslizó más abajo hasta que su
cara alcanzó sus pechos, y tomó un pezón entre sus dientes. Esta vez Sophie gimió. Ian quito
la mano del trasero y la empujó por delante entre sus piernas. Él subió la mano hacia su culo,
pero ahora su antebrazo se apretaba íntimamente contra los labios de su vagina. Sophie no
podía detener el pequeño empujón de sus caderas contra él. Ian subió más el brazo hasta que
sus bíceps estuvieron frotando su clítoris y Sophie gimió de deleite. Dios, era el cielo follar esos
músculos suyos. Sin querer, la imagen del torso desnudo de Derek que ella había visto aquella
mañana de hace unas semanas apareció en su mente. Sus músculos eran grandes, su brazo casi
tan grueso como el muslo de ella. El pensamiento de follar contra eso hizo a Sophie retorcerse
contra el brazo de Ian.
Ian bombeó su brazo contra el delta mojado de Sophie varias veces, pero no era
suficiente. La hizo quejarse y sentía más humedad que rezumaba de su cuerpo hasta que el
brazo estaba bañado con él, pero la presión sólo excitaba, no la aplacó. Todo el rato Ian
pellizcó y chupó el sensible pezón de Sophie y clavó las uñas en su espalda en protesta. Ian se
apartó tras un último pellizco. —Te daré lo que quieres si me dices lo que estabas pensando. —
Su tono era furtivo y tentador y el gemido de Sophie era tanto por la frustración como por el
deseo. Ian frotó su duro músculo contra ella y supo que iba a ceder. A estas alturas, haría casi

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cualquier cosa por que la follara.


—Tú y Derek, —ella susurró, mientras cerraba los ojos con mortificación.
Ian se congeló por lo que pareció unos minutos interminables, pero que en realidad
sólo fue un segundo. Para compensarla, él echó su brazo atrás hasta que pudo deslizar de
nuevo sus dedos a lo largo de la raja de su trasero, y después a través del valle hinchado y
mojado más adelante. Repitió el movimiento una y otra vez hasta que el ano de Sophie estuvo
tan mojado como su coño, y Sophie se retorció y gimió para él.
— ¿Sobre qué de nosotros? —Ian preguntó finalmente, mientras lamía un camino
alrededor de sus pechos, mordisqueando suavemente en los firmes globos con sus labios.
Sophie estaba salvaje, ni siquiera pensó en lo que estaba diciendo. Ella contestaría todas sus
preguntas, quería contarle todo, no callar nada.
—Cuando… —Sophie tuvo que hacer una pausa para lamer sus labios secos y enterró
su mano en su suave pelo cuando su boca jugaba con sus pechos. — ¿Cuándo encuentran
tiempo para follar? Estás conmigo todas las noches.
Ian se retiró de su pecho con un gemido y enterró su boca contra su costado, mientras
mordiendo su suave piel. Sophie gritó y corcoveó contra su mano. Ian se movió deprisa y
Sophie se encontró de repente rudamente arrojada sobre su estómago y entonces Ian montó
sobre sus muslos, agarrándola las manos con los brazos estirados sobre su cabeza entonces él
susurró en su oreja. — ¿Eso es todo lo que quieres saber, Sophie? ¿Simplemente cuándo follo
con Derek? ¿No cómo? ¿Te gustaría que te dijera cómo? ¿Te gustaría oír todo acerca de cómo
he follado con Derek en mi estudio hoy?
Sophie lloriqueó. Había pensado que sabía todo sobre el deseo después de pasar
semanas en la cama con Ian, pero esto, esta lujuria que entró de golpe a través de ella con la
fuerza de un torbellino, era elemental y aterradora en su magnitud.
Ian interpretó mal su gemido. Soltó sus manos y se echó atrás. —Dios, Sophie, lo
siento. Perdí la cabeza. No tengas miedo, querida. Nunca te dañaré.
Las manos libradas de Sophie asieron las mantas cuando ella empujó sus caderas
hacia Ian. —Dime, —gruñó. —Dime.
Ian colocó sus manos en los hoyuelos encima de sus nalgas y despacio acarició la
longitud de su espalda. Era un movimiento sensual, para excitar en lugar de calmar. Sophie

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arqueó su cuello y gimió. Cuando alcanzó sus hombros él apoyó sus manos en la cama y se
recostó sobre ella. — ¿Te lo muestro también? —Su voz goteó con clara intención sexual,
áspera y profunda y Sophie se estremeció.
— ¿Mostrarme? —Sophie preguntó jadeante. Ian estaba lamiendo su hombro, y con su
pregunta él mordió. Sophie asió las mantas más firmemente, su excitación era tan grande que
dolía. Ian no contestó. En cambio se agachó y agarró una botella de aceite perfumado de la
mesita de noche. Habían usado aceite en ocasiones anteriores. Sophie se estremeció de nuevo
con anticipación pensando en Ian frotando su espalda con él.
—Derek vino a verme a mi estudio hoy, —él empezó, su voz baja.
Sophie se tensó y entonces gimió. Oh Dios, oh Dios, él iba a contárselo. Ian vertió una
generosa cantidad de aceite en la base de su espalda. Frotó el aceite sobre esa zona y después
se movió más abajo sobre sus piernas para tener acceso más fácil a su trasero. Él frotó el aceite
con manos hábiles sobre sus nalgas y amasó los firmes músculos, y Sophie gimió por lo bien
que se sentía.
—Él tenía una cosa en su mente. Él quería follar. Yo estuve más que contento de
obligarlo. —Ian agarró las almohadas amontonadas al final de la cama y los colocó bajo las
caderas de Sophie, elevando su culo hacia arriba. Sophie casi ronroneó con aprobación. La
había follado desde atrás varias veces y le gustaba. Le gustaba cuán profundo él podía entrar,
incluso le gustaba sentirse casi desvalida cuando la cubría de ese modo. Ian continuó su
historia. —Supe lo que él deseaba desde el momento en que entró y cerró de golpe la puerta.
Derek tiene una mirada salvaje en sus ojos cuando está caliente y pidiendo una buena, y dura
follada.
Sophie enterró su cara en la cama y gimió. Ian vertió más aceite, esta vez directamente
en su culo hasta que inundo su raja y la roseta de su ano. Ian la había frotado allí antes cuando
hicieron el amor, y había sido estremecedor y maravilloso, como todo lo que Ian le hacía.
—Sin una palabra, él se quitó toda su ropa. Estaba completamente desnudo en mi
estudio con una erección rabiosa, y todo para mí, para mi placer. Me gusta que Derek se
desnude para mí, que esté desnudo cuando yo estoy vestido. A él le gusta también. Me dijo
una vez que le hace sentirse un poco como mi esclavo sexual. Es un juego que disfruto. — Él
aplanó un dedo encima de la firme entrada a su ano. — ¿Disfrutarías también?

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—Sí, —susurró Sophie, excitada más allá de la resistencia al pensar en Derek


desnudándose para ambos. Él era tan bello. Ian se paró al oír su respuesta, y en su inmovilidad
Sophie pudo oír cómo su respiración se había vuelto trabajosa. —Sí, —él susurró en
contestación, entonces pareció volver en sí.
—Yo no me había movido. Estaba sentado detrás del escritorio y la visión de él, tan
grande, tan varonil, tan excitado, hizo que mi polla se pusiera dura como una roca. Lo
deseaba, y supe que él haría lo que le pidiera. — Ian se apoyó en ella, su boca a su oreja. —
¿Harías lo que te pidiera, Sophie? —Sophie sólo pudo asentir, su voz robada por el deseo. Ian
besó la punta de su oreja tiernamente. —Buena chica.
Ian llevó sus dedos de nuevo por la hendidura de su culo, pero esta vez se detuvo a la
entrada. Sophie sintió un dedo frotándola y entonces se deslizó dentro de ella. La sensación de
su dedo en su ano fue tan chocante que Sophie casi saltó fuera de la cama. —Ian!
—Shh, Sophie, —Ian canturreó, mientras empujaba suavemente sus hombros hacia
abajo con su mano libre. —Esto es lo que estoy preguntándote. ¿Me permitirás, no es así,
querida? Harás lo que yo desee, y te prometo que te gustará. —Él meneó su dedo ligeramente
y Sophie gimió de placer. Claro que le gustaría, le gustaba todo lo que Ian la hacía.
—Derek vino a mí. Yo no tenía que decir ni una palabra. Simplemente supo por la
mirada en mi cara que yo quería que él viniera a mí. Estaba de pie entre mis piernas mientras
yo me sentaba en la silla. ¿Puedes imaginártelo, Sophie? Su polla dura estaba justo delante de
mí. —Ian casi arrancó su dedo de su ano, sólo la punta jugueteando, y un pequeño sollozo de
deseo hipó fuera de ella. Entonces empujó más adentro que antes y ella se tragó un gemido de
deleite. Ian se rió suavemente. —Yo deslicé mis manos por su maravilloso cuerpo. ¿No tiene
Derek un cuerpo maravilloso, Sophie? Sus fuertes bíceps marcándose, su ancho pecho con esa
capa de espeso vello oscuro, su estómago plano y firme trasero, todo sostenido por unos
fuertes muslos duros como piedras.
Sophie podía oír el tono lujurioso de la voz de Ian cuando describió a su amante.
Claramente Derek lo excitaba. El pensamiento debería hacer sentir celosa a Sophie, o por lo
menos incómoda, pero en cambio lo encontró excitante. La imagen de los dos hombres juntos
la estimuló de mala manera. Ian lamió trazando su columna y le sintió apretando su trasero,
sólo que esta vez estaba más lleno y era casi doloroso. La punzada y estiramiento la

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perturbaba, pero también la estremecía. Soltó un quejido e Ian aplanó una mano tiernamente
por su espalda.
—Shh, querida. Simplemente he introducido otro dedo eso es todo. Quiero que sientas
lo que Derek siente cuando yo le follo, Sophie.
—Oh Dios, —Sophie gimió, mientras frotaba su ruborizada mejilla contra el suave
lino de la cama.
Ian estaba sembrando de pequeños besos su espalada cuando lentamente comenzó a
meter y sacar los dedos de ella, constantemente estirándola con el movimiento de sus dedos. —
Yo jugué con sus pezones, estirándolos y frotándolos mientras me agaché y tomé su verga en
mi boca. Yo tragué la cosa entera en un suspiro, justo hasta que yo pude sentirlo en mi
garganta. Cristo, él es dulce, su sabor, su piel y la crema que gotea de su magnifico pene
cuando está duro para mí.
—Ian, Ian, —Sophie susurró, casi llegando al clímax por sus palabras y sus dedos. Ella
estaba tan cerca de su orgasmo que la quemaba. Ian dejó de hablar y sacó los dedos de Sophie,
para su desmayo. Él se colocó encima por detrás, descansando la mayoría de su peso en sus
antebrazos, y suavemente mordió a Sophie en la nuca. Se quedaron así durante un minuto o
dos, hasta que Sophie recuperó el control. Ian se aparto del cuello y lamió el mordisco.
— ¿Mejor? —susurró roncamente. Sophie asintió, y su cabeza no había dejado de
moverse incluso cuando Ian empujó sus dedos nuevamente dentro de ella. Gimió y empujó
contra ellos. —Sí, sí, nena, fóllame así, —Ian murmuró. La temperatura de Sophie subió por la
aprobación y excitación de su voz.
—Dime el resto, Ian, —susurró, follando sus dedos despacio, controlando su
respiración y su deseo. Sabía que Ian quería que esperara, para llevarla al borde junto con él.
—Yo mamé su polla, Sophie. Lo chupé duro y rápido porque sabía que es lo que él
quería. Y mientras lo chupaba, clavé mis dedos en su culo como estoy haciendo contigo. Él
está allí tan apretado, que no puedo meter mi polla a menos que yo lo trabaje antes así. Él
meneó sus dedos y la respiración de Sophie se oyó áspera en el silencio del cuarto. —Lo chupé
hasta que se corrió en mi boca, Sophie, y tragué hasta la última dulce gota. —Él se apoyó
hasta que su voz fue una mera respiración en su oído. — ¿Te gustaría hacer eso, Sophie? Me
gustaría mirar como lo haces algún día.

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Camaradas de Armas 4

La respiración de Sophie salió a tirones. Ya se lo había hecho a Ian. Él le había


enseñado cómo. ¿Significaba que quería mirar mientras se lo hacía a Derek? Su corazón se
detuvo y de repente se aceleró incontrolablemente. El pensamiento la estaba excitando
deliciosamente, pero Sophie lo desechó, horrorizada de su propia perversidad. Ya era
suficientemente malo disfrutar escuchando como su marido le contaba como follaba a otro
hombre. No podría creer que fantaseara sobre chupar su polla. ¡Y Derek, de entre todos los
hombres! Él la atormentaba, ¿cómo podía desearlo?
Cuando su respiración se volvió jadeante, la mano libre de Ian la sujetó por su
muñeca. —Oh sí, yo puedo verte hacerlo. Algún día, Sophie, algún día. —Ella no pudo
contestarle, mortificada por la sensación de anticipación que la atravesó. Él esperó un
momento. —Muy bien, Sophie, respira profundamente. Sophie obedeció de inmediato. De
repente Ian insertó otro dedo dentro de ella. Se opuso en protesta por el espeso dolor que
apretaba dentro y fuera de ella. —Relájate, Sophie está bien. —Ian canturreó y ella se
concentró en su respiración, relajándose con el movimiento de sus dedos. Pronto el dolor
empezó a disminuir y el placer floreció de nuevo. Sintió que Ian vertió un poco más aceite
sobre su mano y su culo y la fricción se convirtió en un caliente deslizamiento que la dejaba
estremecida tras el.
—Después de que chupé su polla me puse de pie y lo empujé rudamente hacia abajo,
reclinado encima de mi escritorio. Abrí mis pantalones y puse un poco de crema en mi
dolorida verga. Guardo alguna en mi escritorio para estas ocasiones. Ves, a Derek le gusta
mucho mi estudio. —Sophie pudo oír un sonido húmedo detrás de ella y se tensó. Reconocía
ese sonido. Ian estaba dando masaje con aceite en su polla tras ella. Sus dedos se apretaron
profundamente dentro de su recto, haciéndola cosquillas cuando se movieron y menearon. —
Entonces yo apreté mi polla contra ese dulce y firme agujero y empujé, Sophie, justo así. —
Los dedos de Ian salieron y fueron reemplazados por una caliente y gruesa presencia, que
empujaba contra ella. Sentía como su ano se estiraba y ensanchaba cuando su polla penetraba
despacio dentro de ella. El sentimiento era indescriptiblemente erótico y esclavizante. Se sentía
llena y follada de una manera que nunca había sentido antes. —Sí, sí, así. —Ian continuó
hasta que se enterró profundamente en su recto. —Lo llené así, y entonces le follé, duro. Lo
deseaba, él estaba loco por ser follado. Yo enterré de golpe mi polla en él entrando y saliendo

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Camaradas de Armas 4

una y otra vez, Sophie, y se sentía tan bueno. —Ian prácticamente siseó la última palabra
cuando empezó a golpear dentro y fuera de ella, no demasiado fuerte, ni rápido, pero profundo
y constante, y Sophie lo sentía tan intenso que sus ojos se llenaron de lágrimas. —Yo le follé
hasta que estuvo rogando, Sophie. Hasta que me pidió que le permitiera correrse de nuevo, y
envolví mi mano alrededor de su verga y bombeé al mismo tiempo que le follaba por su dulce
culo hasta que se corrió, su leche extendida por mi mano y mi escritorio. Entonces yo agarré
sus caderas y empujé tan profundamente en él que pensé que me correría en su garganta. Dios,
—Ian gruñó y Sophie gimió. Ella subió sus rodillas hasta que estuvo a cuatro patas, su culo al
aire con su cabeza y hombros en la cama. La nueva posición le permitió a Ian ir más profundo
y más fuerte que era lo que Sophie ansiaba.
Ian puso sus propias rodillas entre las de Sophie y extendió más sus piernas hasta que
ella apenas se pudo mover. Estaba completamente vulnerable, esa posición solo le permitía
quedarse así y ser follada, y ella disfrutó. No tenía miedo, ni vergüenza, sólo amor y placer e
Ian. Ian agarró sus manos y las extendió a los lados, sus dedos entrelazados. La controlaba,
controlaba su pasión, su placer, su cuerpo, y Sophie se lanzó a la corriente de la lujuria de Ian.
—Dios, Dios, Sophie. He querido follar tu culo desde que la primera vez que
estuvimos juntos. No, incluso antes de eso. Es lo que más me gusta. Permíteme hacerlo,
Sophie, permítemelo. —Las palabras de Ian eran una súplica, pero su tono era de áspera
orden.
—Derek, —ella soltó.
—Le follé hasta que él lloró, Sophie. Yo lo penetraba profundo y largo y él temblaba
con la sensación de mi polla en su culo. Cuando me corrí estaba tan enterrado, duro y caliente
y Derek rogando que me corriera dentro de él, que lo poseyera, que lo hice, lo hice... Yo
quiero poseerte, Sophie, —él gruñó, sus dedos apretándose alrededor de los de ella. —Quiero
correrme aquí, en tu culo, en el culo de Sophie. Quiero reclamarte.
—Sí, Ian, sí, Sophie sollozó. —Dios, ella se quemaba, le dolía y su clímax estaba a
punto de venir.
— ¿Te vas a correr, Sophie? ¿Vas a correrte sintiendo mi polla follando tu suave y
dulce trasero? Córrete para mi, Sophie, ahora. —Ian soltó una de sus manos y metió dos
dedos en su apretada vaina, y fue como si Ian tirase de una palanca y lanzó a Sophie a volar.

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Se arqueó, se tensó y gritó su nombre, los espasmos de su orgasmo la atravesaron hasta que
sus dedos y los de los pies se tensaron. Ian rugió cuando él empujó ferozmente, dura y
profundamente y también se corrió. Ella sintió la inundación caliente de su semen en su recto
y gritó más fuerte.
Cuando acabaron se tendieron palpitantes, incapaces de moverse durante varios
minutos. Sophie se había derrumbado en la cama. Ian tenía sus brazos envueltos alrededor de
su cintura, su frente descansado en su espalda. De vez en cuando Sophie sentía cono Ian se
agitaba detrás de ella. La llevo un momento comprender que él se estaba riendo débilmente.
—Bien, Sophie querida, ahora ya lo sabes. Así es como follo a Derek.

Al día siguiente, Ian estaba sentando a su escritorio revisando la correspondencia


cuando Derek apareció casualmente. No dijo nada a Ian, sólo caminó hacia las puertas
francesas abiertas y miró fuera hacia el jardín. Sophie estaba allí excavando de nuevo en la
tierra. Derek parecía fascinado por las actividades jardineras de Sophie.
Derek se apoyó negligentemente contra el dintel e Ian disfrutó de un momento para
apreciar su rudo perfil y su pelo brillante a la luz del sol. Permitió que su mirada vagara por ese
cuerpo largo, duro y sintió su sangre acelerarse cuando recordó lo que había pasado en este
mismo escritorio ayer, y como se lo describió por la noche a Sophie. De repente el cachorro de
Sophie ladró y corrió por jardín hacia el hombre apoyado en la puerta. Derek se agachó para
acariciar el perro que estaba saltando entre sus piernas.
—Derek, compórtate, —Ian riñó.
—No he hecho nada todavía, —Derek pronunció con lentitud distraído.
Ian se rió. —Estaba hablando con el perro. Te has dado cuentas de que la gente va a
hacer comentarios sobre el hecho que te llamas como un perro.
Derek se enderezó inmediatamente y le lanzó a Ian una mirada perturbadora. —Yo
llegué primero. El perro apareció después de mí.
—Sí, y nuestros amigos son conocidos por su tacto y su habilidad de dejar pasar a la
oportunidad perfecta para picarte.
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Camaradas de Armas 4

Derek frunció el ceño. — Maldición. ¿En qué diablos estaba pensando? ¿Podemos
cambiar su nombre?
Ian sonrió abierta y diabólicamente. —En lo absoluto, Sophie no querrá ni
considerarlo. Derek fue nombrado y Derek se quedará. —Él se recostó en su silla con una
risita. —Creo que ella comprendió las posibilidades inmediatamente y está esperando años de
bromas a tus expensas.
—Hmm, —Derek dijo evasivamente y se giró para mirar el jardín. — ¿Te importaría
decirme por qué tu pequeña esposa no puede mirarme a los ojos esta mañana?
Ian se sentía que su sonrisa se volvía furtiva y caliente. — ¿lo notaste, dices? Supongo
que es porque le dije anoche con vívidos detalles como de bien te folle ayer aquí.
Derek se volvió despacio para mirar a Ian. Su cara era inescrutable, ni feliz ni
perturbada, solo…ligeramente interesada. — ¿Para tu placer o el suyo?
— Resultó bastante bien para ambos, gracias. —Derek lo saludó con un chasquido de
sus dedos. — ¿Que? ¿No quieres detalles?
— ¿Por qué? ¿Estas ardiendo de deseos de devolverme el favor describiendo con vívido
detalle cómo te follaste a tu esposa anoche? —La voz de Derek era neutra e Ian todavía no
podría calibrar su humor.
Ian se levantó y caminó al lado de Derek y los dos miraron Sophie. Excavó un
pequeño agujero en la tierra, y entonces puso una planta floreciente de alguna clase en el
agujero y suavemente dio golpecitos a la tierra alrededor de ella. Tenía una caja entera llena de
esas pequeñas flores, cualquiera que fueran. Eran de colores diferentes y Sophie estaba
plantándolos sin orden aparente. A Ian le gustaba mucho más que la sólida masa de flores de
sólo un color que él había visto en otros jardines. Echó una mirada alrededor y notó que había
plantado varios tipos diferentes de flores, dondequiera que ella encontraba un hueco, o hiciera
un hueco. A Ian no le importaba con tal de que la hiciera feliz. Podía oírla canturrear
suavemente. Obviamente la hacía feliz.
— ¿Por qué lo hace? —Derek todavía estaba perplejo. — ¿Por qué conseguir
ensuciarse la hace feliz?
Ian se encogió de hombros. —No lo sé y no me importa, con tal de que lo sea.
— ¿Pero no te intriga? ¿No quieres saber lo que hace que ella disfrute?

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Camaradas de Armas 4

Ian inclinó la cabeza mientras miraba a Derek. —Me cuenta lo que quiere que yo sepa y
eso la hace estar cómoda. Yo no la presiono para nada. No tengo por que. Lo qué no me dice
normalmente puedo suponerlo. —Él se apoyó contra el marco opuesto a Derek, encarándolo.
—En cuanto a lo que hace que ella se mueva, no, no realmente. Prefiero no saberlo, me gusta
el misterio. Igual que me gusta ese elemento de sorpresa que tú tienes, Derek. Nunca estoy
seguro de lo que vas a decir o a hacer, sólo sé que nueve de cada diez veces será impropio.
Derek se volvió hacia él con una media sonrisa. —E incluso me gusta eso. Lo adoro
realmente, como te niegas a ser cortés cuando todos estamos intentando encorsetarte, meterte
en una caja. Me gusta ser el que quita la tapa y te libera.
Derek atravesó el espacio que los separaba y se apoyó contra Ian, fijándolo al marco
de madera tras él con sus caderas. Él apoyó sobre el marco ambas manos sobre la cabeza de
Ian, empequeñeciéndolo, pero Ian sólo sonrió. Derek se apoyó en él y lamió la sonrisa de sus
labios, entonces lo besó prolongadamente. Ian puso sus manos sobre las caderas de Derek y lo
besó sin vacilación. Cuando Derek se apartó, sus ojos estaban pesados por el deseo. — ¿Y si
Sophie nos ve?
— ¿No es lo qué quieres? ¿Por qué si no me besas aquí? —Ian preguntó suavemente
con una débil sonrisa cuando vio a Derek lamer el sabor de él en sus labios.
Derek se retiró ligeramente, su cara mostrando sorpresa. —No lo sé. No pensé sobre
ello. Quizá. Él se volvió a mirar de nuevo hacia el jardín e Ian siguió su mirada. Sophie
todavía estaba ocupada con sus flores y no había visto el beso. — ¿Cómo reaccionó ella
anoche? ¿Cuándo se lo contaste?
Ian se apoyó en él y frotó su nariz en el cuello de Derek, mientras inhalaba su olor. —
¿Quieres decir que no la oíste? —Su voz sonó engreída y divertida.
Derek se movió hasta que estuvo apoyando de nuevo contra la pared opuesta. No
miró a Ian. —Últimamente no subo arriba hasta que la casa está tranquila.
Ian sintió una opresión en el pecho. —Vuelve. Regresa a nuestro cuarto. Te extraño
por la noche. —Intentó ser casual pero podía oír el anhelo en su propia voz.
Derek sonrió torcidamente. —Y dónde dormirá Sophie? —Regresó finalmente junto a
Ian. Su cara mostraba diversión, pero sus ojos estaban tristes.
—Con nosotros. Mi cama es lo suficientemente grande para todos nosotros. —Había

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gran carga de significado en sus palabras.


La expresión de Derek no cambió. —Sí, pero yo no soy lo suficientemente grande para
compartirla.
—Ella me preguntó, Derek. Me preguntó cómo te follaba. Y se lo demostré. —Ian
estaba de pie lejos de la pared, para asegurar inconscientemente que Derek no se alejara.
—No, —dijo Derek, su voz baja y de algún modo derrotada.
— ¿No qué? ¿Qué no hable sobre ello, o que no lo haga? Yo la follé por el culo, Derek,
y a ella le gustó. Ella disfrutó de cada minuto, de cada pulgada de mi polla. Sabes lo que eso
significa. —Ian se permitió enfadarse. Derek no estaba lejos de hacerlo.
—No. —La voz de Derek fue áspera esta vez.
— ¿Qué no haga qué? Contéstame, Derek. —Ian raramente usaba ese tono voz, con
excepción quizá cuando ellos estaban teniendo sexo. Vio los ojos de Derek brillar cuando sus
labios se apretaron.
—No me digas que ya soy obsoleto.
Ian dijo confuso. — ¿De qué estás hablando?
— Ahora la follas a ella de la manera que acostumbrabas a hacerlo solo conmigo. Ella
duerme en mi cama, así que es ella a la que tomas por el culo. Yo soy el perdedor aquí, Ian, y
no sé como recuperarlo. —Derek se volvió enojado y caminó por el cuarto. — ¡Dios la
maldiga! Odio lo jodidamente patético que suena. —Él se giró para enfrentarse a Ian. — ¿Estás
contento ahora? ¡Mira en lo que me has convertido!— Sosteniendo sus brazos abiertos y
decaídos como si eso expresara su destronada situación.
— ¿En qué te he convertido? —Ian estaba incrédulo y lo demostraba. —No he hecho
ninguna maldita cosa y lo sabes. Yo no he mirado hacia atrás para mostrarte como te amo,
que te acepto como eres, que te quiero. Si tuviera el poder de cambiarte de alguna forma,
estaría malditamente seguro que no serías un recalcitrante dolor en el culo. Te metería el
suficiente sentido común para entender que compartir la cama con Sophie y conmigo es una
buena cosa. Que hacer el amor con ambos sería la maldita mejor cosa que experimentarás en
toda tu descastada vida, perro ingrato. —Ian se acercó tranquilamente hacia su escritorio y se
sentó en su silla. —Te quiero de vuelta en mi cama, Derek, junto con Sophie. Pasará, así que
es mejor que te vayas acostumbrado a la idea.

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— ¿Chasqueas los dedos y se supone que yo tengo que saltar, es eso? —gruñó Derek.
—Yo no soy el perrito faldero de nadie, Ian, ni siquiera el tuyo. Me uniré a ti y a tu esposa en
vuestro tálamo nupcial cuando yo lo crea conveniente y esté preparado, realmente listo, y ni
un minuto antes. Hasta entonces puedes jugara al semental a mi conveniencia dado que no
parece que puedas apartar tus jodidas manos de mí.
—Aclárate Derek. O bien te necesito ya o bien no puedo quitar mis jodidas manos de
ti. No pueden ser las dos cosas.
—Yo nunca dije que fuera racional, simplemente patético.
La voz de Sophie desde la puerta interrumpió el argumento. —Bien, estoy realmente
de acuerdo con esa valoración, si tenemos voto quiero decir. ¿También les preguntaremos a los
vecinos? Estoy bastante segura que han oído la mayoría de esta ilustrativa pequeña discusión.
—Ella se paseó distraídamente por el cuarto, quitándose sus guantes de jardinería cuando
entró. Se detuvo y echó una mirada de consternación alrededor cuando no pudo encontrar un
lugar para dejar los sucios guantes.
—Oh por amor de Cristo, simplemente tíralos al suelo. —Derek encubrió a su obvia
turbación con la afilada orden.
Sophie le miró. —No quiero. Están sucios y harían un lío que alguien más tendría que
limpiar. —Ella retrocedió hacia la puertaventana y tiró los guantes fuera con un movimiento
casi violento. Y se volvió para enfrentarse a Derek. —Y deja de hablarme en ese tono. Yo
tampoco soy el perro faldero de nadie.
—Sophie - Ian empezó aplacador, pero ella lo cortó en seco.
—No te atrevas a intentar suavizar mi temperamento, Ian. También estoy enfadada
contigo. ¿Si quieres a Derek en nuestra cama, no crees que me lo tendrías que haber
mencionado? ¿O es que no tengo nada que opinar acerca de esto? Y debo decirte, que hace
maravillas en la vanidad de una mujer oír como ordenas a hombre renuente que tiene que
hacer el amor con ella.
Derek miraba Ian engreídamente. —Te lo dije, — señaló. Sophie se giró hacia él.
—Tú no hiciste nada de eso. Le dijiste que no vendrías a nuestra cama hasta que
estuvieras preparado. Pues bien, nadie va a venir a mi cama hasta que yo esté bien y
preparada. ¿Qué opináis sobre esto? —Se marchó santurronamente hacia la puerta del

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vestíbulo y empujó para abrirla pero antes los volvió a lanzar otra mirada. —Creo que es
prudente informaros que estoy empezando a sentir dolor de cabeza. Y durará toda la noche. —
Ella atravesó la puerta y paso por delante de un lacayo sobresaltado que rápidamente se
recuperó y alcanzó a cerrar la puerta.
Ian se quedó sin palabras durante un momento. Entonces empezó a reírse. Era
magnífica, por Dios, malditamente magnífica. Ella había entrado aquí y les había dado a
ambos y ni una vez había vacilado o dudado de si misma. Había confiado en ellos lo bastante
para enfadarse.
— ¿De qué infiernos te estás riendo ahora? —Derek preguntó irritado. —Tu esposa te
acaba de echar de su cama.
Ian le sonrió. — ¿Lo hizo, no? Estaba bastante enfadada, y se lanzó derecha a nuestras
gargantas, también puede.
La sonrisa de Derek apareció lentamente sobre su cara. —Lo hizo, ¿no? Él se sentó en
su silla favorita y recogió el libro que había estado leyendo últimamente, poniéndose cómodo.
Él volvió a mirar a Ian con la sonrisa todavía en su cara. —Estaba bastante espectacular, ¿no
es cierto?
—Es completamente magnífica, — Ian contestó orgullosamente. —Una auténtica
bruja.
Un par de horas después, Ian y Derek estaban jugando ociosamente al ajedrez cuando
un golpe sonó en la puerta del estudio. Montague entró tras el permiso de Ian.
—Una carta para usted, señor, dijo Montague, mientras ofrecía una bandeja con una
carta de aspecto impresionante de grueso pergamino con un ornamentado sello en ella.
Ian levantó una ceja inquisitivamente. —Por qué no se la dio a Gibbons? La secretaria
de Ian normalmente se ocupaba de toda su correspondencia en primer lugar, enviando a Ian
aquéllas que juzgaba dignas de su interés y ocupándose del resto directamente.
—Es del Conde de Wilchester, —dijo Montague apagadamente.
Ian enmudeció durante varios segundos. No había oído o tenido noticias de su familia
en los últimos dos años, no desde que había llevado a Derek a casa con él después de la guerra.
Se habían negado a aceptar su relación con Derek, dándose cuenta de lo que eran a pesar de
que Ian hizo un desganado intento de enmascarárselo. ¿Qué demonios quería Wilchester?

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Miraba la misiva sobre la bandeja plateada como si fuera una serpiente particularmente
venenosa.
Fue Derek quien extendió la mano y cogió la carta de la bandeja. —Gracias,
Montague, —dijo educadamente, mientras echaba la carta en el regazo de Ian. — ¿Podría
traernos un poco de té? ¿Quizás con algunos de esos pequeños pasteles del limón que hace la
cocinera?
—Muy bien, Sr. Knightly, —dijo Montague cuando se volvió educadamente y
abandono el cuarto.
Derek estudió el tablero de ajedrez silenciosamente durante varios minutos. Habló sin
mirarle mientras hizo su movimiento. — ¿Vas a leerla, o vas a continuar mirándola como si
fuera a saltar y morderte la nariz?
—Muy bien podría, —Ian dijo beligerante. —Mi familia no es conocida por su bondad
o juego limpio. Así que de hecho, puede contener algún tipo de veneno.
—Sólo de la variedad escrita. Ábrelo, por amor de Dios. —Derek la agarró fuera del
regazo de Ian y la abrió.
Inexplicablemente golpeado por el pánico, Ian la agarró de Derek y se retiró en su
silla, su corazón acelerado. Derek casi se rió de él. —Si ellos fueran a deshacerse de mí, o de ti
si es el caso, lo habrían hecho eficazmente hace dos años. Léelo.
Ian respiró profundamente y empezó a leer. Después de unas pocas frases su pánico se
volvió incredulidad y sintió su mandíbula abriéndose. Se levantó y caminó hacia la ventana
mientras continuaba leyendo. Cuando acabó Derek ya estaba saboreando los pasteles de
limón.
— ¿Bien? —Derek se estaba lamiendo el dulce de un dedo, e Ian tuvo que sonreír por
el infantil gesto. Derek adoraba el dulce. —Estás sonriendo. No debe de ser tan malo.
—No estoy seguro de qué hacer con esto. No te comas todos esos pasteles, quiero
algunos. —Ian volvió y se sentó en su silla, mientras alcanzaba uno. —Me ha convocado.
— ¿Convocado? ¿Para tu ejecución?
—Lo dudo, Para celebrar el retorno del sobrino pródigo a las rodillas de mi tío. —
Realmente la cocinera es excelente. Tendría que acordarse y hacer un comentario a Montague
sobre eso. Los buenos sirvientes eran difíciles de encontrar.

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— ¿La vuelta de quién? Y realmente ¿van a hacerte sentar en sus rodillas?


Ian se rió y Derek sonrió de su propia agudeza. —Yo soy el pródigo. Al parecer ellos
están alborozados con la noticia de mis recientes nupcias. Todo está perdonado -eso se lee
entre líneas- desde que ahora soy un hombre respetablemente casado, y con la misma mujer
que mi padre amorosamente eligió para mi.
—Las familias son tan deliciosas, cuando no se están apuñalando unos a otros por la
espalda por una insospechada joya, claro. ¿Así que ellos están encantados con Sophie, no es
así? ¿Piensan que me has hecho dimitir?
—Al parecer. Me han convocado al asiento familiar para darme de nuevo la
bienvenida al seno de la familia. —Ian no pretendió estar contento con ello.
Derek parecía pensativo. —Creo que debes ir.
— ¿Qué? —Ian estaba completamente asombrado por el comentario de Derek. Había
esperado que Derek mandara a todos al infierno.
—Es el Conde de Wilchester, Ian. Si os reconoce a ti y a Sophie, nadie podrá tocarla.
—La voz de Derek era baja y dura. No le gustó, pero lo que dijo era cierto. Él estaba pensando
en Sophie.
Ian suspiró desconsoladamente. —Tienes razón, claro. Pero yo no voy a llevar a
Sophie conmigo. No necesita conocerá a esa manada de lobos aún. Se la comerían viva. —
Examinaba a Derek. — ¿Estarás bien aquí con Sophie?
Derek asintió maravillándole. — ¿Bien cómo, exactamente? ¿Me comportaré y no la
haré llorar? ¿Me resistiré a todos sus esfuerzos para seducirme? ¿Permitiré que gane al ajedrez,
por una vez? Me temo que tendremos que estudiar bien las condiciones antes de que acepte
una declaración como esa.
Ian se rió entre dientes avergonzado. —Tienes razón, era una pregunta tonta.
Sólo…cuida de ella, ¿lo harás?
—Te vas a Kent, Ian, no a las Cruzadas. ¿Cuánto tiempo les llevará matar y comer el
ternero engordado? Por amor de Dios. Seguramente no estarás allí más de un par de días.
Ian suspiró, disgustado consigo mismo por ser tan aprensivo. —Tienes razón, tienes
razón. Me aseguraré de regresar el jueves.
— ¿Jueves? ¿Quieres decir que te vas hoy? —Derek salto por la sorpresa.

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Ian se rió. —No, mañana. Cuanto antes se acabe mejor.


Sonó otro golpe en la puerta e Ian autorizó, —Entre.
Montague entró e Ian pudo ver la sonrisa en sus ojos. —Las flores están aquí, señor.
Ian se puso en pie de un salto, mientras frotaba sus manos. —Excelente, excelente. Él
se apresuró hacia la puerta.
— ¿Las flores? ¿Que flores? —Derek lo siguió al recibidor. Los lacayos estaban
trayendo ramilletes de casi todos los tipos de flor del invernadero que Derek podría nombrar.
Había brillantes explosiones de color alrededor de ellos. — ¿Qué es todo esto? —Derek
exclamó.
Ian tomó un centro grande de rosas sanguinas de un lacayo y lo llevó por delante de
Derek. —Disculpa, —le dijo. —El rojo es tu color favorito, ¿no es cierto?
Derek entrecerró los ojos mientras agarraba el ramo. —Esto no es todo para mí, y no
quiero un ramo, gracias. —Él puso las flores sobre la mesa más cercana.
—Claro que no son para ti, —dijo Ian, mientras recogía rosas de nuevo. —Son para
Sophie. No podrá resistirse a ellas, especialmente desde que algunas pueden trasplantarse en el
jardín.
Derek se rió. —Siempre has sido bueno con las disculpas, Ian. —Mientras se dirigía a
la puerta. —Te dejaré con ello.
—Derek! — dijo. —Espera. —Caminó hacia él para que no le escucharan los demás.
—Vuelve esta noche, por favor.
Derek levantó su cabeza. — ¿Por qué?
—Porque quiero hacer el amor de nuevo contigo en una cama. —Él movió su cabeza
cuando Derek empezó a contestar. —No, en tu cama. Por ahora. —Él retrocedió, mientras
sonreía al calor que iluminó los ojos de Derek. Él seguía sonriendo mientras subía por las
escaleras hacia Sophie. Oh sí, era el mejor con las disculpas. Era el mejor maldito arrepentido
de todo Londres.

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Capítulo catorce
Ian no encontró a Sophie en su alcoba, o en ninguna otra parte de la casa. Así que él cogió
una de las plantas que acababan de ser entregadas y la buscó en el lugar en que sabía que ella
encontraba consuelo, en el jardín.
Cuando salió por las puertas de la terraza vio al Sr. Timmins inmediatamente.
—Timmins, —llamó, — ¿La señora Witherspoon está aquí fuera?
Timmins se rió. —Por supuesto que está, señor. —Señaló hacia la esquina norte más
lejana. —Ahí señor, arrancando algunos arbustos que planté el año pasado.
Ian hizo una pausa cuando estaba andando por el camino que llevaba a los jardines. —
¿Te importa, Timmins, que la Señora Witherspoon esté excavando tu jardín?
Timmins se encogió de hombros amablemente. —No es mi jardín, señor, es suyo y de la
señora. —Se rascó la cabeza tímidamente. —Y la verdad es, señor, que todo se ve mejor estos
días que cuando yo estaba haciéndolo solo. —Sacudió su cabeza. Ella tiene buen ojo para el
color y la luz y se le dan muy bien las flores, señor. Y hace a la señora tan feliz que yo no me
atrevo a quejarme. —Sonrió al decir esto último.
Ian miró fijamente hacia la esquina mas alejada, aunque no pudo ver a Sophie a lo lejos,
más allá de los árboles. —Sí, lo hace, —dijo con un murmullo de acuerdo. Miró atrás hacia el
jardinero. Esto será todo por hoy, Timmins. Puedes tomarte el resto de la tarde libre.
Los ojos de Timmins se ensancharon con sorpresa. — ¿Señor?
Ian sonrió con complicidad al hombre más viejo. —Tengo que disculparme con mi
esposa, Sr. Timmins. Necesito intimidad para eso.
Las mejillas de Timmins se pusieron rojas y no pudo mirar a Ian. —Oh, bien, sí señor,
por supuesto, señor. Yo me voy entonces. —Él se arriesgó a echar una mirada en dirección a
Ian. — ¿Regreso mañana entonces, señor?
Ian se rió entre dientes. —Sí, Sr. Timmins. Realmente espero haber sido completamente
disculpado para mañana.
El Sr. Timmins resopló suavemente mientras recogía sus herramientas. —Está claro que
usted no ha estado casado por mucho tiempo, señor.
Ian se ahogó con atónita diversión mientras Timmins se iba por el camino hacia fuera del
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jardín.
Ian encontró a Sophie exactamente donde Timmins dijo que estaría. Estaba arrodillada en
la tierra, excavando lo que parecían ser algunas rosas en su lecho de muerte. Su azada mordía
la tierra furiosamente alrededor de un pequeño arbusto cuyas hojas estaban cubiertas con
manchas blancas.
— ¿Qué son esas manchas? —Preguntó Ian en tono de conversación mientras se inclinaba
sobre su hombro.
— ¡Ohhhh! —Sophie dio un pequeño grito y dejó caer la azada. — ¡Ian! ¿De dónde
demonios has salido?
Ian se había retirado un paso por la sorpresa ante el grito de Sophie. —Tienes que dejar de
hacer eso, —e dijo jadeante, —O realmente vas a conseguir que me de una apoplejía. —Se
sentó en la tierra junto a ella, que tenía una mano sobre su corazón por el susto. —Lo siento,
pensé que me habías oído. No estaba intentando acercarme furtivamente a ti.
Sophie empezó a sonreír y entonces frunció el entrecejo ferozmente hacia él. —Todavía
estoy enfadada contigo.
Ian asintió aceptándolo. —Y tienes todo el derecho a estarlo. —Apuntó hacia la planta que
había traído con él y qué había dejado junto al rosal manchado. —Pero vengo con un regalo de
disculpa.
Sophie alejó la planta inmediatamente del arbusto que estaba excavando. —No la
pongas ahí. No querrás infectarla.
Ian torció sus labios con aversión. — ¿Infectarse? ¿De que demonios hablas?
Sophie recogió su azada y continuó excavando. —El Sr. Timmins dice que esta planta
tiene un hongo.
—No puedes cogerlo tú, ¿verdad? —Preguntó Ian con alarma, mientras se imaginaba a
Sophie cubierta de manchas.
Sophie soltó una risita tonta, y con ese sonido Ian supo que ella no estaba tan enfadada
como él había temido. —No, tonto. Es una enfermedad de las plantas, no una enfermedad de
las personas. Es sobre todo un problema de las rosas.
Ian extendió la mano y acarició suavemente con su dedo índice su suave mejilla. —
Entonces debes tener cuidado, —dijo suavemente. —Eres sin duda la rosa más dulce de este

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jardín.
Sophie se volvió para mirarlo y él pudo ver el calor fundirse en sus ojos ambarinos. —
Oh, Ian, ¿Por qué tienes que decir esas cosas maravillosas cuándo te estoy maldiciendo por lo
idiota egoísta que eres?
Ian se deslizó más cerca a Sophie en el césped. Tomó la azada de su mano y la puso
cuidadosamente a un lado. Entonces tiró de sus guantes, despacio, un dedo cada vez. —Soy
un idiota egoísta.
Sophie sacudió su cabeza e Ian vio como sus labios comenzaban a temblar. —No, Ian.
No debí de haberte gritado.
Ian sacudió su cabeza en respuesta, y sonrió tristemente. —Sí, sí que lo soy, Sophie.
Debí haberte preguntado apropiadamente. Debí haberte dicho de entrada lo que esperaba que
pasara. Y espero que me grites cuando lo merezca, como lo hice esta mañana.
Sophie mordió su labio e Ian sintió sus tripas apretarse. Se sorprendió nuevamente de lo
fácil que era para ella despertarlo. — ¿Quieres decir preguntarme acerca de lo que dijiste por la
mañana? ¿Sobre lo de Derek en nuestra cama?
Ian tuvo que cerrar sus ojos y tomar una respiración profunda ante el disparo de puro
deseo que bajó por su columna con las palabras de Sophie. Él asintió y abrió sus ojos. —Sí.
Eso es lo que yo siempre quise, Sophie, cómo yo imaginé nuestra vida, los tres juntos.
Sophie sacudió su cabeza. —Pero Derek no me quiere, Ian, no como tú. No le hagas
hacer algo que él…él no quiere. —Su vacilación mostró su inseguridad e Ian maldijo a ambos,
a él y Derek, el torpe manejo de esta situación. Su propia torpeza sobre todo. Le debería de
haber dicho, incluso antes de que ellos se casaran y haberle dado la oportunidad para decírselo.
Comprendió con súbita claridad que no se lo había dicho por esa misma razón. No había
estado dispuesto a arriesgarse a perderla. Haberse enterado por casualidad al oír una discusión
entre él y Derek era imperdonable.
—Lo siento mucho, Sophie. Siento mucho no habértelo dicho antes. Ésta no es la
forma en que yo habría querido presentarte la idea.
Sophie se giró e Ian le vio retorcer sus manos en su regazo. — ¿Así qué, yo era para ti y
para Derek, entonces? Ella inclinó su cabeza. —Tú realmente no me querías, ¿Verdad?
Ian la cogió por los hombros y la arrastró encima de en su regazo. Enterró sus labios en

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su pelo y habló suave pero fervorosamente. —No pienses eso, Sophie. Dios, he sido un necio y
te he herido, lo qué juré no hacer nunca. Yo siempre te he querido. Desde el instante en que
un rayo de sol rozó tu brillante pelo y tus brillantes ojos, yo te he querido.
Sophie tembló. — ¿De que estas hablando? —Susurró, sus manos tentativamente se
movieron para descansar contra su pecho.
—De que la primera mañana, en el cuarto del dibujo, cuando me buscaste para saludarme,
el sol entró por la ventana y tú estabas tan hermosa. Yo empecé a quererte entonces. Estuve
encantado de saber que iba a querer follar a la mujer con la que iba a casarme.
Sophie se derrumbó contra él. —Oh, Ian, ella se ahogó. —Eres terrible.
Ian la abrazó fuertemente, odiándose por sus lágrimas y deseando poder hacer todo
perfecto. — ¿Terriblemente maravilloso? —Bromeó.
Sophie asintió, sorbiendo delicadamente. —Eso también.
Ian la sostuvo durante unos minutos, mientras acariciaba su pelo y espalda y Sophie se
acomodó en su regazo, sus brazos alrededor de su cuello, sus dedos acariciaron el pelo de su
nuca, enviando escalofríos a lo largo de su piel, e Ian pudo sentir como su polla se endurecía.
Quería tomarla aquí, en su jardín, dónde ella se encontraba tan a gusto, donde formaba parte
de lo que estaba creando. Él quería tranquilizarla de la única manera que sabía, mostrándole
que se preocupaba por ella, que la deseaba. Empezó a tocarla en un intento más de despertar
que de calmar. Cuando oyó su respiración encenderse contra su hombro, supo que había
tenido éxito.
Antes de hacerle el amor, sin embargo, quería aclarar la situación con Derek. —Sophie,
—dijo suavemente. Ella contestó con un pequeño gemido mientras arqueaba su espalda con
sus caricias. — ¿Piensas que algún día podrías dar la bienvenida a Derek en nuestra cama?
Sophie se quedo inmóvil y pareció como si el aire hubiera abandonado el jardín. —No
sé, Ian, —dijo finalmente. Su voz sonaba tranquila y jadeante. Ian reconoció el deseo en ella.
Ella no podía entenderlo, pero quería lo que le estaba ofreciendo. —Yo no sé lo que eso
significa.
Ian se tomó un momento para ajustar sus posiciones. Bajó a Sophie de su regazo y se
movió hacia atrás para apoyarse contra un árbol. Sophie se puso sobre sus rodillas,
sosteniendo su mano. Cuando él estuvo apoyado contra el tronco él la empujó contra él y la

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ayudó a ponerse a horcajadas sobre su regazo, ella intentó permanecer sobre sus rodillas, sin
tocarlo, pero Ian la quería lo más cerca posible. Sujetó sus caderas y la bajó para que el calor
húmedo de su sexo cubriese su duro pene a través de la ropa. Sophie soltó un pequeño gemido,
unido a un involuntario movimiento contra él, que envió una ola de calor a través del pene de
Ian, y él se sintió mover contra ella. Ella empujó ligeramente sus caderas hacia abajo e Ian dejó
que su cabeza se echase hacia atrás contra el tronco del árbol.
Cuando él habló, se pudo oír el sonido de la excitación en sus palabras. —Quiero
follarte con Derek, Sophie. Los dos al mismo tiempo.
Sophie respiraba difícilmente. — ¿Pero, cómo? No creo que puedas, Ian. Eres
demasiado grande para que los dos encajéis ahí.
Ian se rió débilmente y alzó su cabeza para mirarla. Ella estaba ruborizada y había
transpiración sobre su frente y labio, que él, inexplicablemente, quiso lamer. Tenía una
mancha de suciedad en su mejilla. — ¿Recuerde anoche, Sophie? Cuando follé tu culo. Con
Derek, uno de nosotros entraría en tu culo, y el otro follaría tu dulce coño.
—Oh Dios mío, —Susurró Sophie. Sacudió su cabeza y sus ojos se ensancharon. —
Yo…quiero decir, ¿Eso no dolería?
Ian se inclinó para poder acariciar su cuello con la nariz. — ¿Dolió cuándo te follé
anoche, Sophie? Susurró. — ¿Cuándo entré profundamente en tu culo? —Sophie gimió en
respuesta. —Así es cómo se sentiría, pero mejor, porque uno de nosotros estará llenando tu
coño también. Esos dos placeres, Sophie, al mismo tiempo.
—Ian, —gimió, bajando su cabeza para morder su oreja. Él se estremeció.
—Tengo que follarte, Sophie. Ahora. — Ian pudo oír su propia desesperación mientras
empezaba a dar tirones a su falda para quitarla completamente de su camino. Él tenía que ser
parte de ella y hacerla una parte suya. Alcanzó su espalda y deshizo los lazos de su vestido
para bajarlo por sus hombros hasta la curva de sus brazos. Ella se sentaba a horcajadas sobre
él, su mirada eraa somnolienta, y lamía sus labios. Sus dedos manejaron torpemente su corbata
hasta que consiguió aflojarla y quitarla junto a su camisa. Ella detuvo el movimiento con sus
manos sobre su pecho.
— ¡Ian! —exclamó con un cuchicheo frenético. —¡Estamos en el jardín! Esta el Sr.
Timmins.

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Ian se rió. — ¿Ahora recuerdas al Sr. Timmins? —Sacudió su cabeza y apartó sus
manos. —Le di la tarde libre.
Sophie retiró su mano. — ¿Quieres decir que planeabas follarme cuándo viniste aquí?
La indignación llenaba su voz. — ¿Aunque sabías que estaba enfadada contigo?
Con un suspiro Ian se agachó y besó la suave curva superior de su pecho presionado por
la mano de ella. —Yo siempre planeo follarte, Sophie, si tú me lo permites. En cualquier lugar
que nosotros estemos. No puedo lamentar eso.
— ¿Qué? —Chilló. — ¡Ian, eso es escandaloso!
Ian no pudo detener un bramido de risa. — ¿Y por alguna razón pensaste que un
hombre que tenía una esposa y un amante masculino no sería escandaloso?
Sophie pareció sorprendida por un momento y entonces empezó a reírse. —Ése es un
buen punto, Ian. —Ella movió su mano a ambos lados de la cara de Ian. —Yo siempre quiero
follarte a ti también. —Su susurro fue tímido, como si ella estuviera revelando un gran secreto.
Ian le sonrió con complicidad. —Bueno. Mantén ese pensamiento. —Él bajó su camisa
para revelar sus tentadores y pecosos pechos. Dios, cómo los amaba. Se agachó y metió un
tierno pezón en su boca.
Sophie jadeó cuando Ian tomó su pezón en su boca. Ella estaba sobresaltada y excitada
por lo que ellos estaban haciendo. El aire caluroso en sus pechos expuestos, combinado con la
succión y el calor mojado de su boca, endureció sus pezones dolorosamente. Ella sujetó la
cabeza de Ian, sus dedos se enredaron en su suave y fino pelo y sin pensar ella lo guió hacia el
otro pecho, para aliviar su abandonada y dolorida punta. Ian respiró profundamente y tomó su
pezón hambrientamente, chupando y lamiendo. Su lengua se arremolinó sobre el duro botón y
lo golpeó implacablemente. Sophie gimió con la sensación.
Las manos de Ian se introdujeron entre sus piernas abiertas y Sophie escucho que algo
se rasgaba. Sus dedos tocaron su dolorido centro y Sophie supo que había roto su ropa interior
para conseguir llegar a ella.
Él se separó de su pecho y habló, su boca todavía tan cerca que su aliento torturó el
sensibilizado y húmedo pezón. —No te pongas mas esto, Sophie. —Su voz sonaba baja y
desigual y envió una ola de deseo que la atravesó. Ella le había echo esto a él. Él podría amar y
desear a Derek, pero también quería a Sophie. Se intentó centrar en lo que estaba diciendo. —

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Quiero saber que no importa donde estemos, que podría apartarte a un lado y empujar en ti sin
ningún impedimento.
—Ian, —gimió. Dios, él decía las peores cosas, y ella lo amaba. Y ella lo haría, haría lo
que le pedía y dejaría de llevar su ropa interior para que él pudiese follarla siempre que
quisiera. Una pequeña voz en su cabeza agregó, y siempre que yo quiera, Sophie se estremeció
con el conocimiento de que era verdad, él la follaría cada vez que ella quisiese.
Ian acarició con sus dedos sus húmedos labios inferiores y ella pudo sentir como él
extendía alrededor la cálida humedad. Él profundizó en sus pliegues y Sophie giró sus caderas
en respuesta, pidiéndole sin palabras que la tocase en el palpitante clítoris. Él la complació,
pero el toque fue suave y fugaz. Ella gritó con incredulidad, y la risa de Ian sonó caliente y
sugestiva.
— ¿Necesitas algo, Sophie? —Susurró. — ¿Necesitas qué te toque aquí? —Él apretó su
dedo contra el dolorido clítoris, haciendo que se estremeciese con placer. Antes de que ella se
pudiese mover, antes de que ella pudiera trabajar para llegar al clímax, él se retiró de nuevo.
Sophie gruñó y él se rió. —Dime, Sophie, —le tentó. —Dime lo que quieres.
—Hazme venir, Ian, —exigió con voz insegura. —Haz lo que quieras, pero hazme
venir.
—Sophie, —gimió, la empujó para poder liberar su polla. Sophie quitó sus faldas del
camino para poder mirar. Su pene era hermoso, largo grueso y duro. Con venas que latían al
mismo ritmo que ella sentía en su sexo, ella quería que hiciesen música juntos. Ian apenas
había liberado su polla antes de que Sophie estuviese intentando bajarse hacia él.
—Estás tan impaciente como yo, ¿verdad? —Murmuró Ian mientras guiaba sus caderas
hacia abajo con una mano y ella sintió la punta de su lisa y firme cabeza entre sus pliegues.
Miró como acariciaba con la punta sus hinchados labios, separando sus pliegues y cubriéndose
con su crema. Con cada caricia de su pene contra ella, la respiración de Ian se volvía más
desigual. Él casi había perdido el control, y a Sophie le encantaba eso. Ella empezó a ondular
sus caderas acariciándolo con sus labios vaginales, besándolo con su sexo. Ian gimió. Se estiró
y con los dedos de la mano suavemente la abrió para que sus labios internos quedasen
expuestos. Cuando ella continuó su movimiento y lo acarició con aquella sensible carne
interna, él volvió a gemir.

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—Fóllame, Sophie, —le dijo bruscamente. —Permíteme mirar como tomas mi polla,
toda ella.
Sophie no dudó. Se inclinó y sujetó su eje, dirigiéndolo a su apertura. Bajó sus caderas y
aceptó su cabeza en ella, luego se sujetó a sus hombros para mantener el equilibrio. Los dos
respiraron pesadamente. Ella cerró sus ojos y se apretó alrededor de la gruesa y caliente punta
de su polla, apenas dentro de ella. Ian maldijo y ella sonrió, saboreando la sensación de él.
—Maldición, —gruñó— fóllame.
Sophie abrió sus ojos para mirarlo. Él era magnifico. Su pelo se enredaba en sus manos,
sus mejillas estaban ruborizadas por el placer y sus labios rojos por chuparla. Su mirada era
estremecedora, llena de potente y masculino deseo y Sophie lo quiso como nunca lo había
querido antes. Él era suyo. Por lo menos una parte de él. Un pensamiento no deseado trajo a
Derek a su mente, y una imagen de los tres follando, como Ian había descrito, se encendió a
través de su cabeza. El pensamiento hizo que su coño se pusiese aún más cremoso alrededor
de Ian, y él jadeó.
—Sophie, —gritó con voz quebrada.
Sophie se inclinó hacia él. —Bésame, Ian. Bésame mientras yo te hago mío.
—Sí, —Dijo Ian con un jadeo y comenzó a besarla. Ella se bajó por su magnífica polla,
mientras su lengua bailaba acaloradamente con la de él y su boca la devoraba.
Él se sentía como en el cielo dentro de ella. No había sabido lo vacía que había estado,
hasta que él la llenó con su calor y dureza. Ella giró sus caderas ligeramente, intentando tomar
más de él y él gimió profundamente en su boca. Cuando Sophie lo sintió golpear dentro de
ella, gritó.
Ian rompió su beso con un jadeo. —Sí, así, móntame amor, así. Córrete para mí.
Sophie empujó sus caderas, girándolas sobre la polla de Ian sin alzarse. Se sentía tan bien
que Sophie sintió como las lágrimas aparecían en sus ojos. Sophie siguió girando y las manos
de Ian agarraron fuertemente sus caderas, una brusquedad que solo añadió mas placer. Su
cabeza se apoyó de nuevo contra el árbol, sus ojos estaban cerrados. Su cara mostraba una
gran concentración y Sophie supo que él estaba sintiendo cada movimiento que ella hacía, tan
intensamente como ella. De repente él abrió sus ojos y uno de sus dedos pulgares se movió
para frotar su excitado clítoris, Sophie gritó de placer golpeando contra su polla.

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—Eso es, Sophie, —la animó Ian, su voz espesa con la lujuria. —Fóllame, bebé.
Fóllame duro y apretado. Quiero sentir como te corres.
La sensación de la dura polla de Ian frotándose tan deliciosamente dentro de ella, y de su
dedo pulgar presionando donde ella mas alivio necesitaba, y sus calientes y hambrientos ojos
sobre ella, empujaron a Sophie al borde. Empezó a estremecerse, y los músculos internos
temblaron sobre su polla cuando su orgasmo corrió para reclamarla.
—Sí, bebé, sí, —susurró él, ávido, aprobando. —Así, tómalo así.
Sophie culminó con el sonido de su voz. Gritó su nombre y se meció contra él, para
acariciar su polla contra aquel punto glorioso que estaba enviando olas de placer a través de su
cuerpo. Ian mantuvo la presión de su dedo pulgar en ella todo el tiempo, susurrando palabras
de estímulo y aprobación y Sophie giró en una espiral de placer.
Cuando ella se derrumbó contra él, Ian la sostuvo firmemente. Le tomó un minuto
comprender que él todavía estaba duro dentro de ella.
— ¿Ian? —Preguntó, desconcertada.
—Yo quiero más, Sophie, susurró. —No he terminado contigo todavía.
Sus palabras eran pura tentación. Sí, más, Sophie también quería más. Su cuerpo
todavía se aferraba al suyo, con las olas retrocediendo, Sophie se sentó de nuevo sobre él. El
movimiento les hizo dar a los dos un gemido.
Ian extendió la mano una mano y acarició la boca de Sophie con un dedo tembloroso.
—Yo quise decir lo que dije antes, Sophie. Eres la más hermosa y exótica flor de este jardín. —
Ella tocó con la punta de su lengua la yema de su dedo y lo miró temblar con la caricia. —Tus
labios son tan suaves como los pétalos de una rosa, —Ian continuó en un susurro. Con
sorpresa Sophie sintió como Ian salía fuera de ella. Los dedos de su otra mano fueron a sus
labios inferiores. —Suave, —murmuró el, trazando al mismo tiempo los labios de su boca y su
sexo. Sophie se sobresaltó ante el calor que esto mandó a través de ella. —Mojados, como los
pétalos bajo la lluvia, —dijo Ian, y le metió un dedo en la boca al mismo tiempo que
introducía otro dentro de ella. Sophie jadeó ante las sensaciones duales. Ella chupó la punta de
su dedo, mientras apretaba sus músculos internos alrededor del invasor en su sexo. Los ojos
de Ian perdieron enfoque por un momento, a la vez que retiraba ambos dedos. —Florece para
mí, Sophie. Quiero sentir esos suaves labios de pétalo. Me has besado con éstos, —rozó con su

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dedo sus pliegues cremosos, —ahora bésame con éstos. Levantó su mano y rozó su boca con el
mismo dedo que había usado abajo, dejando el sabor a almizcle de su clímax en sus labios.
Sophie jadeó e Ian tocó la punta de su lengua con su dedo húmedo. Sabía caliente y
ligeramente dulce, y algo más. Algo que era diferente del sabor de Ian. Su corazón latió
apresurado.
Sophie se inclinó para besarlo, pero Ian se hecho hacia atrás con una sonrisa. —No,
Sophie. No quiero tu beso ahí. Lo quiero aquí. —Ian tomó su mano y la puso sobre su polla,
todavía caliente y húmeda con su crema. Ella miró a Ian con los ojos enormes. ¿Él quería que
ella lo chupara ahora, cuándo había estado dentro de ella? Ella mordió su labio y los ojos de
Ian oscurecieron. Se resbaló fuera de ella y se puso de pie, apoyado contra el árbol. —Bésame,
Sophie, —susurró y guió su polla a su boca.
Sophie se deslizó sobre sus rodillas más cerca de Ian y abrió su boca para tomarlo, para
beber el sabor de él mezclado con su propia esencia. Desgraciadamente una ramita se metió en
su camino y Sophie jadeó y se echo hacia atrás cuando se clavó en una rodilla. — ¡Ay!
Ian agarró sus hombros inmediatamente para sostenerla. — ¿Estas bien?
Sophie se rió jadeante. —Sí, estoy bien. —Sonrió con arrepentimiento a Ian. —Bueno,
he estropeado el momento.
Ian sonrió abiertamente y empezó a agacharse apoyado al árbol. —Era una mala idea,
yo…
Sophie cortó sus palabras apoyando sus manos rápidamente en sus muslos para
detenerlo y tomó su pene todavía duro en su boca.
—Cristo, —gimió Ian, apoyándose hacia atrás de nuevo.
Sophie no pudo contestar. Saboreó el sabor salado del semen que goteaba de su punta,
sazonado con la dulzura de su propia crema. Chupó la gruesa cabeza de su polla suavemente,
deslizando su lengua por su contorno. Cuando ella golpeó ligeramente la protuberancia
inferior de su pene, justo debajo de la punta, Ian gimió profundamente. Sophie mantuvo su
lengua allí, girándola suavemente alrededor, una y otra vez.
—Dios, Sophie, —Ian jadeó y se estremeció con placer. —Amo esto, amo cuando haces
esto. —Sophie zumbó con placer y asió la base de su polla, orientándolo para poder tomar más
en su boca. —Dime, —Ian dijo bruscamente. —Dime como sabe, por qué te gusta.

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Sophie soltó despacio su polla, dando una última succión a la jugosa cabeza, antes de
permitirle ir completamente. Ian gimió y Sophie sonrió. Ella estaba contenta de que Ian le
hubiese permitido venirse ya. Así ella podía concentrarse en darle placer.
—Tu pene es hermoso, Ian, —dijo suavemente. Movió su dedo arriba y abajo por su
erección con un ligero roce y lo miró temblar en respuesta. —La piel es tan suave. —Se acercó
y frotó su mejilla a lo largo de su pene, acercándolo a su cara con una mano. Estaba húmedo y
caliente. Escuchó el gimoteo de Ian. Entonces envolvió su mano alrededor de él y apretó
suavemente. La respiración de Ian sonaba desigual. —Pero bajo esa suavidad, hay una
gloriosa dureza, hecha para follar, para amar.
—Para ti, Sophie, —susurró Ian. —Hecha para amarte a ti.
El corazón de Sophie tartamudeó por un momento, y ella comprendió que él se refería a
hacer el amor, no a estar enamorado. De todos modos, ella se negó a permitir que eso le
hiciese daño. Esto era suficiente. A Ian le gustaba, la deseaba, y tenía que ser suficiente.
—Y a Derek, —ella no pudo resistirse a añadir y se maldijo por ello. Pero Ian no lo tomó
como una ofensa.
—Sí, y a Derek, —susurró, y cuando Sophie alzó su vista, su cara estaba dura con el
hambre. La vista hizo que algo se apretara en el interior de Sophie, e hizo que esa maravillosa
palpitación comenzase de nuevo dentro de ella.
—Sabe tan bien, Ian, —susurró, mirándolo. Su mirada se puso salvaje y sus labios se
abrieron cuando él empezó a jadear. —Tu sabor es salado y el mío dulce, y están muy bien
juntos.
—Sophie, él gimió, agarrando un puñado de su pelo y empujando suave y firmemente su
boca hacia su polla. Sophie lamió la punta primero, cogiendo las gotas que se escapaban de él
y las caderas de Ian se sacudieron, follando con su polla en su boca. Ella lo tomó con un alegre
suspiro. —Así, Sophie, — él la alabó, —chúpalo así, como si fuese un manjar para saborear.
Sophie amó Ian con su boca durante unos minutos. Chupó, y tomó tanto de su longitud
en su boca como pudo. Lamió de arriba abajo su erección y dio besos y pequeños mordiscos a
lo largo de él, lo que hizo que Ian gimiese y temblase. Ella adoraba chupar su gruesa cabeza.
Era del el tamaño correcto para su boca, un regalo suave, salado. Ian lo disfrutaba claramente,
casi demasiado. Ella estaba chupando de forma entusiasta, cuando de nuevo Ian se empujó

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fuera de su boca.
—Suficiente. —Su voz sonó baja y ronca y Sophie comprendió lo cerca que estaba de
perder el control. El pensamiento envió un placer salvaje a través de ella. Seguramente Derek
no podía hacerlo mejor. —Muévete hacia atrás, —ordenó mientras se ponía sobre sus rodillas,
—Y date la vuelta.
Sophie hizo lo que él ordenó. Sintió a Ian moverse justo detrás de ella y su coño se apretó
con anticipación. Mientras había estado chupándolo, había puesto su vestido de nuevo sobre
sus hombros para poder mover sus brazos para tocarlo. Ian lo empujó de nuevo, sacándolo de
sus brazos y bajándolo hasta su cintura.
—Agáchate, —le dijo, —ponte sobre tus manos y rodillas.
La respiración de Sophie se había convertido en jadeos. Ella estaba lista para venirse justo
a su orden. Se agachó y apoyó sus manos en la tierra. Ian extendió sus piernas más abiertas y
empujó su falda alrededor de su cintura. Entonces ella sintió un tirón y de nuevo escuchó
como algo se rasgaba.
—Éstos tienen que desaparecer, murmuró Ian, mientras arrancaba completamente su ropa
interior. —Quiero sentir como tu culo golpea contra mí mientras te estoy follando. —Sophie se
estremeció ante sus palabras y su áspero tratamiento. Se sintió irresistible, salvaje y libre,
follando a Ian bajo el sol, sintiendo la brisa como un aliento contra su piel. No estaba asustada
de su pasión, se deleitaba en ella. Deleitándose en el control que él ejercía sobre sí mismo y
sobre ella.
Cuando su ropa interior estuvo echa jirones alrededor de ella, Ian extendió las mejillas
de su culo y ella supo que la estaba mirando íntimamente. Extendió sus piernas de forma
licenciosa y dobló los brazos inclinándose más hacia abajo, ofreciéndose sin ninguna
vergüenza.
—Sophie, Cristo si, —gimió Ian. —Tú deseas esto, mucho. —Se movió detrás de ella y con
cuidado empujó su polla dentro hasta la mitad de su longitud. Sophie gimió ante el ardiente
calor de su erótico empalamiento. Ella nunca había pensado que podría disfrutar de esto,
nunca, hasta que Ian le había hecho desearlo, todo el tiempo. ¿Sería igual con Derek? Sophie
jadeó ante el pensamiento traidor, un chorro de crema bañó su coño y el pene de Ian que
empujaba en ella.

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—Sí, —murmuró Ian, como si respondiese a su pregunta y Sophie se apretó contra él en


respuesta.
—Sophie, lo siento, lo siento, —jadeó Ian, no puedo esperar. —Dios, eres tan buena,
amor, te sientes tan bien. —Él la estaba follando duro y profundamente, y Sophie montaba su
polla, empujando hacia atrás en un follar salvaje, furioso, más salvaje de lo que ellos lo habían
echo alguna vez antes. Sophie oyó sus propios jadeos gemidos y gruñidos, y no sintió
vergüenza por ello. Quería gritar cada vez que él resbalaba por encima de ese punto sensible,
gritar lo maravilloso que Ian se sentía dentro de ella. Ian estaba actuando tan ruidosamente en
su placer como ella, su preciado control perdido en las convulsiones de la pasión.
—Sophie, — gritó y lo sintió golpear, profundo y con fuerza, hasta que su polla dio un
tirón y una caliente lava de esperma la llenó. Eso fue suficiente para empujarla a otro
orgasmo, el placer fue tan profundo, que Sophie fue incapaz de hablar en absoluto cuando ola
sobre ola de placer pasó sobre ella.
Cuando el aturdimiento pasó, comprendió que estaba sobre el suelo, su cabeza acunada
en el hombro de Ian, que ahora estaba tendido junto a ella. Él respiraba pesadamente, ella
podía sentir su pecho subiendo y bajando, su cálido aliento fatigado en su pelo. Los brazos de
Ian la sostenían y Sophie sintió la calidez de pertenecerle, una pertenencia que nunca había
sentido antes en su vida.
—Ian, yo… —Ella quería decirle que lo amaba, pero las palabras se negaron a salir de su
garganta. ¿Y si él no quería su amor? ¿Y si estropeaba la relación que tenían ahora? Él amaba a
Derek, se lo había dicho. Él no quería o necesitaba el amor de Sophie.
Ian alzó su cabeza y miró hacia ella confundido. — ¿Qué? —Preguntó suavemente,
apartando con una caricia un rizo de su frente. La caricia fue tan íntima, tan tierna, que Sophie
se obligó sentarse antes de que se le escapasen sus sentimientos bruscamente.
— ¿Por qué yo estoy casi desnuda, y tú casi totalmente vestido? —Preguntó en cambio
con voz insegura. Empezó a remover su vestido, intentando meter sus temblorosos brazos en
las mangas. Ian se sentó a al lado de ella, con una mueca diabólica y empezó a ayudarla.
—Porque me gusta. Me gusta desnudar a mis amantes mientras yo permanezco vestido.
— Se encogió de hombros. —Disfruto con eso. No puedo explicar por qué.
Sophie se giró rápidamente para que él no pudiese ver las lágrimas en sus ojos. ¡Sus

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amantes! Él la había incluido en la misma categoría que a Derek. ¿Ciertamente eso significaba
que él sentía algo por ella? Mordió su labio y el dolor le ayudó a recobrar la calma. — ¿Me lo
atas? —Preguntó. Oyó a Ian hacer un sonido ahogado detrás de ella, por lo que se volvió
mirarlo con preocupación. — ¿Estas bien?
Ian se rió, pero Sophie no estuvo segura de por qué. Por lo menos no hasta que él se
acercó para susurrar en su oído.
—Me encantaría atarte, Sophie. —Bajó un dedo por su columna por su vestido abierto. —
Y ataré tu vestido también.
Sophie balbuceó. —Ian, —dijo con un chillido. Él se rió de nuevo, haciendo a Sophie
imaginar todas las cosas que él podría hacer con ella atada. El pensamiento debería asustarla,
pero en cambio notó como de nuevo se empezaba a arder con la excitación. Se sobresaltó de
nuevo ante lo rápido que podía querer a Ian, tan pronto después de haber hecho el amor.
Ian se inclinó y besó su hombro y su respiración se volvió jadeante. — ¿Hay una rosa
llamada Sophie? Preguntó suavemente con sus manos todavía en los lazos de su vestido.
Sophie tragó con fuerza. —Yo…Yo no estoy segura.
Ian se retiró y empezó a atar sus lazos. —Seguramente en algún lugar de Inglaterra hay
una rosa llamada Sophie, tan hermosa como tú.
Sophie rió suavemente. —No vas a empezar de nuevo con la poesía, ¿Verdad?
Ian hizo sonido disgustado detrás de ella. —Sabía que mi “Oda a los Pezones de Sophie”
sería tristemente poco apreciada.
Sophie no pudo detener su risa. —la “Oda al Execrable Juego de Ajedrez de Sophie” de
Derek fue mucho más divertida.
Las manos de Ian se detuvieron de nuevo. —Él te gusta, ¿Verdad? —Ella no pudo más que
notar la esperanza en su voz.
—Sí, Ian, me gusta, —contestó suavemente. Era verdad. Casi sin darse cuenta, Derek se
había vuelto una parte importante de su nueva vida.
—Es un principio, entonces, — contestó antes de regresar a sus lazos. —No voy a poder
arreglar esto apropiadamente, le dijo. —Primero, no estoy seguro cómo hacerlo. Deshacerlo es
mucho más fácil. Y segundo, estoy planeando llevarte a nuestro cuarto y hacerte el amor
varias veces más, así que no hay ninguna razón para hacer doble trabajo una vez que

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Camaradas de Armas 4

terminemos allí.
— ¡Ian Witherspoon! —Gritó Sophie con ultraje simulado, pero estropeó el efecto
riéndose. — ¿Podrías al menos arreglarlo lo bastante para que yo no me exponga a la vista de
Montague?
Ian mordió su nuca y Sophie gritó, golpeando ciegamente detrás de ella. Las risas de Ian
resonaron en el jardín. —Jovencita descarada, refunfuñó alegremente. —Como si yo fuese a
permitir que te expusieses a cualquiera.
Solo a Derek, casi contestó Sophie bruscamente. Pero consiguió controlar su desobediente
lengua. No estaba lista para pensar en lo que Ian quería. No todavía. Por ahora, quería
disfrutar de tenerlo todo para ella durante un momento.

La mañana siguiente Sophie acompañó a Ian a la puerta cuando se iba. Montague y los
lacayos habían desaparecido misteriosamente, Sophie sospechaba, que para darle a ella y a
Ian la oportunidad de una despedida privada.
Ian había pasado la mayor parte de la tarde del día anterior en la cama de Sophie después
de la disculpa y de una habitación llena de flores a la que Sophie no se había podido resistir.
Ella sabía que él había pasado la mayor parte de la noche en la cama de Derek. Suponía que
debería tener celos, pero honestamente, él la había amado tan bien por la tarde, que todo lo
que había querido hacer por la noche fue dormir. Y Derek había estado tan agradable en el
desayuno esta mañana, que había merecido la pena. Sophie estaba sorprendida de no haber
sentido casi ninguna vergüenza alrededor de Derek después de haberlos oído, por casualidad,
discutir sobre ella el día anterior. No estaba segura de lo que esto significaba.
— ¿Estarás bien? — Preguntó Ian por enésima vez, Sophie le sonrió dulcemente.
—Claro, Ian, estaré bien. Derek está aquí, y Montague y una casa llena de criados
también. Estaré perfectamente bien. Golpeó su cadera contra la de él mientras caminaban del
brazo hacia la puerta. —Pero te extrañaré terriblemente, lo sabes.
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Camaradas de Armas 4

Ian envolvió su brazo alrededor de su cintura firmemente. —Te extrañaré también. No


me gustará dormir solo por la noche.
Sophie se rió. —Ya veo. Entonces estas preocupado por la privación carnal.
Ian se rió. —Apenas. Entre tú y Derek, necesito un descanso. —Él hablaba sobre el sexo
con Derek como si fuera absolutamente normal, y Sophie supuso que lo era, para ellos. Ella
estaba realmente aliviada de que Ian hubiese sido tan natural y franco. Habría sido imposible
fingir que él y Derek eran otra cosa que amantes, y la pretensión la habría hecho sentir
incomoda.
—Bueno, no sé Derek, pero tú, señor, me estas agotando, —Sophie bromeó cuando se
detuvo y se giró hacia él. Alisó el cuello de su chaqueta, repentinamente nerviosa con su
partida. —Ésta será la primera noche desde que nos casamos que estaremos separados.
—No estuve contigo anoche, —dijo Ian suavemente. —Lo siento. Debería haber estado.
Yo…
Sophie puso un dedo contra sus labios para detenerlo. —Estabas conmigo. Sabía que
estabas cerca, e incluso, si te hubiese necesitado, habría podido ir a buscarte al cuarto de
Derek. Me sentí completamente segura. No hay ninguna necesidad de disculparse.
— ¿Qué harás mientras esté fuera? —Ian besó su dedo y apartó un rizo perdido de su
mejilla.
—Oh, me atrevo a decir que complaceré todas mis fantasías sexuales más salvajes con el
vendedor ambulante, redecoraré tu estudio y pondré un retrato desnudo en él.
Ian miró hacia atrás con horror. — ¿Mi estudio? ¿Qué vas a hacer en mi estudio?
Sophie se echó a reír. —Estaba bromeando, Ian. No voy a tocar una sola alfombra raída o
una silla estropeada, lo prometo.
—Pequeña tonta, estoy más interesado en la pintura desnuda. ¿Podemos colgarla
directamente enfrente de la entrada? Quiero que sea la primera cosa que la gente vea cuando
Montague abra la puerta. —Derek salió con indiferencia del cuarto de dibujo, sobresaltando a
Sophie. Era siempre tan silencioso, sobre todo para ser un hombre tan grande. Él era tan
elegante que hacía a Sophie sentirse como una colegiala torpe. Derek movió sus cejas. — ¿Y
qué es eso del vendedor ambulante? No tenía ninguna idea de que él llenase las fantasías
lujuriosas de las “no tan inocentes” damas.

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Camaradas de Armas 4

—Bueno, supongo que no lo sabes todo, —dijo Sophie con un resoplido de superioridad.
—Si yo te dijese todo lo que sé sobre el carnicero, tendrías una apoplejía.
Derek se rió y Sophie sintió una emoción con la victoria. Estaba volviéndose buena en
hacerle reír.
—Reconozco que sé pocas cosas sobre un poco de todo, —dijo con una sonrisa, —pero
no sé mucho sobre nada.
Sophie frunció el entrecejo con sus confusas palabras. — ¿Eso es un enigma que requiere
un café por las mañanas? Porque yo ni siquiera he tenido mi té.
Derek se rió de nuevo, e Ian se unió mientras abrazaba a Sophie. Ella envolvió sus brazos
fuertemente alrededor de él, renuente a permitirse soltarle, porque entonces él se iría. Él volverá,
él volverá. Apretó sus ojos cerrados para detener la quemadura de las lágrimas.
—Vamos, Sophie, no llores, — susurró Ian besando su mejilla. —Volveré, amor, antes de
que te des cuenta. —Movió su dedo pulgar a lo largo de la curva de su mejilla. —Abre tus
bonitos ojos, Sophie. —Ella lo hizo y vio como su querida cara estaba sonriendo suavemente
hacia ella. —Ni siquiera el rey podría mantenerme alejado de ti, querida, por más de una
noche. —Miró por encima de su hombro. —Y Derek estará aquí para hacerte compañía,
¿Verdad, Derek?
— ¿Hoy? ¿Tengo que hacerle compañía todo el día? Iba a ir a Tattersall para ver una
nueva potranca.
Ian frunció el entrecejo hacia él, y Sophie sonrió frotando su nariz en su chaqueta,
empapándose de su delicioso olor. —Bien, lleva a Sophie contigo.
Sophie miró por encima de su hombro y se rió tontamente de la mirada de la cara de
Derek. — ¿Una mujer en Tatt? —Exclamó Derek. ¿Estás loco? —Él quitó peso a sus palabras
haciéndole un guiño cómplice a Sophie.
—Derek. —Ian parecía enfadado y Sophie lo interrumpió.
—Oh Ian, él está bromeando. Estoy llorando porque voy a extrañar a mi nuevo marido,
no porque esté angustiada. Bien, quizás esté un poco angustiada. Estás dejándome con Derek,
después de todo.
Derek resopló detrás de ella. —Es bueno que tenga una buena opinión de mí o me sentiría
completamente poco apreciado por aquí.

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Sophie se rió y luego inspiró ruidosamente alejándose de Ian. —Es porque tu opinión es
tan alta, Derek, que yo no siento la necesidad de compensar.
Derek jadeó con dolor fingido. — ¡Ian, ella me hiere! —Él giró su cuello y pretendió
examinar su hombro por la parte de atrás. —Rápido, mira que ese estoque de ingenio no haya
atravesado mi corazón.
Ian suspiró dramáticamente. —Quizás no debería dejarles solos. No se puede confiar en
ustedes para que se comporten.
—Yo no hice nada, —dijeron a coro al mismo tiempo, Sophie estalló en carcajadas y
Derek sonrió.
—Venga, besa a tu esposa y despídete, Ian. Cuanto más pronto te vayas, más pronto
regresarás a nosotros.
Sophie sintió que su corazón se tambaleaba ante las palabras de Derek. Era la primera vez
que él concedía cualquier propiedad sobre Ian a Sophie. Notó como la emoción se atascaba en
su garganta y quiso abrazarlo con gratitud. En cambio abrazó a Ian y lo besó. Él tomó mando
y el beso rápidamente se convirtió en un beso exigente, que exigía satisfacción. Cuando él se
apartó con un mordisco en su labio inferior, Sophie estaba aferrándose fláccidamente a él.
—No es justo, susurró. —Te vas y me dejas ardiendo por ti. Eres un marido cruel. —Puso
sus manos en su pecho apoyó su mejilla en ellas, escuchando los rápidos latidos de su corazón.
Él no había sido inmune a su beso.
—Quiero asegurarme de que estás pensando en mí cuando el vendedor ambulante venga,
—bromeó Ian acariciando con una mano la columna de Sophie.
Su comentario hizo que se echase hacia atrás y le sonriese. —Cerraré mis ojos y pensaré
en ti y en Inglaterra.
Ian se rió suavemente entre dientes. —Oh, te adoro, Sophie. — Besó su nariz y se volvió
hacia Derek, por lo que no vio la alegría absoluta que ella sentía, irradiando de su cara. Él la
adoraba. Eso estaba cerca del amor, ¿Verdad?
—Adiós, Derek. Te veré pasado mañana. No más tarde del jueves. — Ian le ofreció la
mano que sostenía a Sophie, que todavía colgaba flojamente de su abrazo y Derek la tomó con
suavidad.
Sophie sobresaltada se sintió herida en nombre de Derek. — ¿No vas a darle un beso de

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despedida? —Exclamó. Ambos hombres la miraron con sorpresa.


—No estaba seguro de cómo te sentirías con eso, —dijo Ian con suavidad.
Sophie se separó completamente de sus brazos e hizo girar sus ojos. —Bueno, no es como
si yo no supiese que son amantes, ¿No? Y ciertamente nunca he dicho algo que indique que
eso sea un problema para mí, ¿Verdad? Me gustaría pensar que yo no me sentiría más afectada
mirándote besar a Derek de lo que Derek lo ha estado mirando como me besas a mi.
Ian dudó, pero Derek caminó hacia él y tiró de la solapa de la chaqueta para que Ian lo
enfrentase. Derek puso una mano en la mejilla de Ian, se inclinó y lo besó en los labios. No fue
un beso rápido, sino uno prolongado, y los brazos de Ian rodearon a Derek, uno subió a para
enterrar su mano en el oscuro y espeso pelo de Derek. Sophie pudo ver que Ian abría su boca y
que Derek hacia lo mismo. Pudo ver sus lenguas rozarse entre si antes de que sus labios se
uniesen completamente. Esto la afectó mucho más, y de una manera diferente, a lo que había
esperado. Se asustó por la intensidad del deseo que barrió a través de ella cuando miró a los
dos hombres besarse. Era la cosa más excitante que ella había visto alguna vez, aunque
estuviesen los dos vestidos. ¿Era porque sabía lo que ellos querían? ¿El saber que podría ver
más de esto si ella estuviera de acuerdo en permitir a Derek compartir su cama?
Se separaron y Derek movió su mano desde la mejilla de Ian a su mandíbula. Frotó su
dedo pulgar sensualmente a lo largo del labio inferior de Ian mientras mordía su propio labio.
—Adiós, —susurró finalmente. Ian inclinó de nuevo su cabeza hasta que pudo poner su frente
contra la de Derek, entonces le permitió ir.
Ian aclaró su garganta y se volvió de nuevo hacia Sophie. Ella apenas podía hablar por
encima del golpear de su pulso en su garganta. Sus pezones estaban duros y excitados, su
montículo mojado y palpitante. Intentó esconder su reacción a los dos hombres, pero la
mirada que Derek le dio le dijo que él lo sabía. Fue entonces su turno de aclarar su garganta.
—Bueno, entonces., adiós, querido. Deberías irte ahora o con el tráfico de la ciudad no saldrás
antes del anochecer. —Se acercó y besó a Ian rápidamente en la mejilla. La mirada de él
también lo dijo todo.
—Hablaremos sobre esto cuando regrese a casa. —Ian se dirigió vivamente hacia la
puerta. — ¡Montague! —llamó, y el mayordomo se materializó desde la otra punta del
vestíbulo. —Vigile las cosas aquí mientras yo estoy fuera, Montague. Estaré en casa no más

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tarde del jueves. Si algo importante surge, dígaselo al Sr. Knightly.


—Muy bien, señor, —dijo Montague mientras abría la puerta. Ian estuvo de pie, con su
silueta contra la luz de la mañana durante un momento mirando hacia Sophie y Derek.
Entonces se giró y dirigió sus pasos hacia el carruaje. El corazón de Sophie dio un pequeño
vuelco cuando Montague cerró la puerta con un suave golpe.

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Capítulo Quince
No había recorrido casi todo el trayecto hacia las cuadras de Tattersall antes de que la
culpa lo tuviera girando y regresando a casa. Condenada Sophie, su sentido del humor y ese
destello raro de vulnerabilidad defensiva en sus centellantes ojos de ámbar. Maldición, la
había hecho, ella comenzaba en verdad a gustarle. Él suspiró. La verdad era que pasar una
tarde derrotándola en el ajedrez y ganándole una cantidad de dinero absurda parecía
infinitamente mejor que una tarde en las cuadras de Tattersalls. Él no necesitaba otro caballo
de todos modos, ¡maldición!
Él no la amaría. Se negaba a hacerlo. Amar a alguien es demasiado peligroso. Nunca
había pensado amar a Ian. Ian había estado seguro cuando Derek lo había buscado aquel día
hacía tanto tiempo. Un hombre que no podía morir, no moriría. Derek nunca había pensado
hacer de Ian el centro de su universo, solo pasó. Y el amor de Ian había sido algo maravilloso,
que Derek se hizo vulnerable. Entonces amó a Dolores. Quizás no como amaba a Ian, pero
la había amado igual de todos modos. Y ella había muerto, horriblemente, como tantos otros
en la vida de Derek. Él no pasaría por eso otra vez, no podría. No había nada que pudiera
hacer sobre su amor por Ian, pero por Dios él podría protegerse de Sophie. Él rechazaba
amarla. Pero desearla no significaba amarla. Ellos vivirían juntos durante un largo tiempo, está
bien. Seguramente haría la vida más soportable si él y Sophie fueran al menos amigos.
Derek se asustó al encontrarse frente a la casa. Una vez que un hombre comienza con
esa clase de auto-reflexión es muy difícil pararla. Él había estado haciéndolo demasiado
últimamente. Esto no era sano. Implicaba que él era un tipo de hombre de emociones
enterradas y profundas motivaciones. Derek estaba orgulloso de ser exactamente el hombre
que proyectaba al mundo. No había pretensiones en él, ni agendas ocultas. ¿Qué necesidad
tenía un hombre de reflexiones auto-indulgente? Derek no la necesitaba, No. Él desmontó y
subió el frente sintiéndose indignado. La culpa de todo esto la tenia Sophie. Quizás ella no le
gustaba tanto como pensaba.
Montague abrió la puerta antes de que él alcanzara el dar el último paso. — Buena días,
Sr. Knightly.
Ante su tono, Derek lo miró bruscamente. — Sólo he vuelto porque comprendí que no
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necesito un caballo nuevo. Siento mucho aprecio por Hunter y no quiero dañar sus
sentimientos trayendo un caballo nuevo a sus establos.
— Desde luego, Sr. Knightly. Los caballos son conocidos para su extrema sensibilidad
y celos.
Derek estrechó sus ojos hacia Montague peligrosamente. — ¿Te estás burlando de mi?
Montague simplemente levantó su frente.
Derek lo dejó pasar. — ¡um!—, fue todo que dijo. Él dio al mayordomo su sombrero y
guantes. — ¿Donde está la Sra. Witherspoon? — Él comenzó a andar por el vestíbulo hacia el
estudio antes de que Montague pudiera contestar. Sólo le tomó al mayordomo un momento
para dar sus cosas a un lacayo y seguir.
—La Sra. Witherspoon está en el salón - — él comenzó y Derek lo cortó.
— Espléndido. Estoy muerto de hambre. Envíame algo en una bandeja, ¿si?
— Sr. Knightly. — La voz de Montague fue firme y Derek redujo la velocidad
mirándolo a través de su hombro inquisitivamente. — El hermano de la Sra. Witherspoon el
Sr. Harold Middleton se ha hecho presente.
Derek inmediatamente cambió el curso, girándose y dirigiéndose a la dirección de
enfrente. — ¿Por qué no lo dijiste antes? — Le dijo con irritación. — ¿Está todavía aquí? —
Las posibilidades de que el hijo fuera tan malo como el padre eran muy buenas. Sophie nunca
había mencionado a un hermano, ni una vez que Derek pudiera recordar. Eso no era de buen
agüero.
— Sí, — Montague dijo, desviando el curso que seguía Derek, otra vez. — También
hay un problema con la azotea que atrajo mi atención esta mañana. Un trabajo que tiene que
ser hecho inmediatamente, pero esto será extenso y requiere de su aprobación.
Derek regresó. Jamás lo habían consultado sobre ningún trabajo antes. Encontró que
eso le gustaba bastante. — Bien, si cree que debe ser hecho, hágalo. En cuanto haya
comprobado a Sophie me dirigiré allí y veré cuál se el problema. ¿Se lo ha mencionado a
Gibbons?
— Sí señor Él me mandó a usted. Si usted aprueba el trabajo, tendrá que firmar una
orden de trabajo. Creo que él lo tiene todo organizado.
— Excelente. Ahora dígame… —Él se paró bruscamente ante un ruido que provenía

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del salón varias puertas más abajo. La puerta estaba cerrada, amortiguando el sonido, pero
eso puso de punta el cabello de la nuca de Derek. Ignoró a Montague y aceleró su paso. El
ruido se sintió otra vez y él apuró esos últimos pasos. Esa era la voz de Sophie gritando.

Sophie casi se levantó cuando Montague le informó que su Harold estaba aquí. ¿Cómo
la había encontrado? ¿Cuándo había vuelto? Tuvo que sentarse un momento cuando
comprendió que ni a Ian ni Derek estaban aquí. Tendría que ver a Harold a solas. Cuando
caminó hacia el salón se imaginaba como una prisionera camino a la horca. Cada lento paso
era un paso hacia su muerte. Él estaba aquí. Él había infectado su perfecta casa y su perfecta
vida, ahora todo enfermaría y moriría como lo hizo en su niñez.
Ella paró y se apoyó contra la pared de vestíbulo con una mano sobre su corazón para
reducir la marcha de sus palpitaciones. Alientos profundos, adentro, afuera, y otra vez, y otra
vez… No puede tocarme aquí. No puede tocarme aquí. Lo odio. Lo odio. Lo odio. Repetía Sophie en
un cántico viejo mientras caminaba rumbo al salón. El lacayo que estaba parado fuera del
cuarto, le dirigió una mirada rara antes de abrirle la puerta. Claramente él la había visto
detenerse atrás en el pasillo. Ella le envió una risa trémula cuando pasó a su lado,
deliberadamente mirando hacia la alfombra para no tener que mirar a Harold todavía.
— Buenos días, Sophia. — La voz de Harold cortó severamente el aire añejo del poco
usado cuarto. E hizo que Sophie retrocediera reflexivamente en defensa propia.
— Harold, — ella dijo quedamente, todavía sin mirarlo mientras ella se colocaba entre
él sofá y Harold.
— ¿Te da tanto vergüenza lo que has hecho que no puedes mirarme? — Le dijo él con
indignación.
Sophie se sorprendió tanto que no pudo impedir tirar la cabeza hacia atrás y mirarlo
fijamente. ¿Ella, avergonzada? Debería ser Harold quien estuviera avergonzado, no ella. Ian le
había enseñado eso. Ella siempre supo que lo que Harold le hizo estaba mal, pero ahora sabía
cuanto de mal, cuanto de horrible, como de horrible. Pero su cara era la misma como siempre,
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acusatoria, odiosa, regocijadamente maligna.


—Deberías avergonzarte, muchacha ingrata. Mudarte mientras estaba lejos, y casarte
con el asqueroso pervertido de Witherspoon. Padre me dijo que no expresaste ni una solo
protesta y que prácticamente te lanzaste sobre él en cuanto llegaste aquí.
Harold se acercó hacia ella y Sophie inconscientemente se alejó de él. No se acercó a
ella, en cambio caminó hacia adelante y cerró la puerta con firmeza. Él se giró para
enfrentarla y Sophie lo evaluó desapasionadamente. Él era todavía se veía compuesto y bien
arreglado, su abundante pelo castaño seguía retrocediendo sobre su frente prominente. Sus
ladinos ojos perpetuamente estrechados, sus labios delgados. Uno podría decir que a su modo
no se veía como un hombre poco atractivo, pero para Sophie él representaba lo más horrible
de este mundo. Solo es un hombre, se dijo Sophie, intentando apuntalar su coraje. Esta es mi casa
y no puede tocarme aquí.
— ¿Qué quieres, Harold? — Sophie se sintió orgullosa de su calmado tono mientras
enderezaba sus hombros.
Harold se paró y le miró fijo un largo rato, el suficiente como para hacer que Sophie se
sintiera incómoda y nerviosa otra vez. Ella comenzó a retorcer sus manos y tuvo que agarrar
el respaldo del sofá para detenerse. Harold vio su debilidad y rió cruelmente.
— Cómo te atreves a hablarme de esa maneras, — le dijo amistosamente. — Cuando te
regrese a casa tendré que enseñarte lo que es la obediencia y la mansedumbre otra vez.
Sophie se estremeció, ella no podría ayudarlo. Las lecciones de Harold habían sido
sabiamente duras. Ella no pasaría por eso otra vez. Ella pensó en Ian y en Derek, y suspiró
para calmar sus nervios. Ella estaba a salvo aquí. — Nunca volveré otra vez a tu casa, Harold.
Esta es mí de casa ahora. Y no eres bienvenido.
Él la se le acercó despacio rodeando el sofá, y tanto como quería mantener su distancia,
Sophie no pudo. Ella se hizo hacia atrás, siempre manteniendo el mueble entre ellos.
— Voy a presentar una solicitud al tribunal, Sophia. No será muy difícil demostrar la
crueldad de Witherspoon. Después de todo, él realmente mantiene un amante masculino aquí,
en su de casa, y probablemente te obligue a atenderlo también.
El pulso de Sophie saltó con miedo y sus ojos se ensancharon. ¿Él podría hacer eso?
¿Estaba Ian en el peligro? Seguramente el Conde lo protegería. ¿Pero lo haría? Él había cortado

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las relaciones de Ian con su familia antes debido a su relación con Derek. La mirada de
Harold era calculadora, así Sophie no podía saber si debía creerle o no.
— Si vienes conmigo ahora, Sophia, no tendrás que soportar el desagradable proceso
del tribunal. La perfidia de tu marido no será revelada jamás. —Él comenzó a andar otra vez,
y otra vez Sophie se alejó de él. — Él podría ser encarcelado, Sophia. La homosexualidad es
un crimen, tú lo sabes.
— Estamos casados. — La voz de Sophie era seca y aguda por el miedo. ¡Ian no podía
ir a la prisión! ¿Seguramente ellos no lanzarían a un hombre a la prisión por amar a alguien?
—Tú y yo sabemos que eso no ha cambiado tu relación con el bruto buey con el que te
encamas. Pero podrías protegerlo, Sophia. Todo lo que tienes que hacer es regresar a casa. —
Sophie vaciló y Harold dio un paso más cerca. Ella tropezó mientras intentaba alejarse más. —
Sólo pienso en ti, Sophia. Este no puede ser un lugar agradable para ti.
— Ésta es mí de casa ahora. Debes marcharte y no volver nunca, Harold.
Harold se retiró, con bastante alivio de Sophie. Él se movió furtivamente hacia atrás
hasta rodear al sofá quedando frente a frente. — Sabes que no puedo hacer eso, Sophia. Eres
mi responsabilidad. ¿Qué tipo del hermano yo sería si te dejara quedarte aquí, sufriendo?
¿Qué… — Harold giró rápidamente hacia la puerta y Sophie siguió su mirada. Ella soltó un
pequeño grito cuando de repente él regreso hacia atrás y la tomó del brazo — ¡Te tengo ahora,
Sophia! — Él gruñó en triunfo. —Deberías haber sabido que era mejor mantenerte lejos de mí.
Sophie luchó, jadeando con el terror. ¡Ella no podía romper su agarre! Ella tomó su
mano estúpidamente, apenas sintiendo su silbido de dolor cuando sus uñas se arrastraron por
el dorso de su mano. Él la soltó y ella intentó alejarse, pero estaba mareada con el miedo, los
recuerdos se estrellan por su mente en una larga, infinita sucesión de dolor y degradación.
Ella tropezó al final del sofá y gritó otra vez cuando Harold de repente surgió delante de ella.
Con un gruñido él agarró su brazo otra vez con una mano y la tomó con la otra del cabello,
tironeándolo sin piedad hasta que su cabeza quedó doblada en un ángulo poco natural.
—Pequeña puta asquerosa. ¿Me luchas? ¿Esas son las clases de juegos que al pervertido
de tu nuevo marido le gusta jugar? ¿Luchas contra él cada noche antes de que lo dejes follarte?
Nunca deberías haber venido aquí, Sophia. ¿Recuerda lo que te prometí, si usted alguna vez le
decías a alguien, si alguna vez me dejabas por alguien más?

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Su voz tenía el mismo susurro aterrador que atormentaba sus pesadillas. Desde luego
que lo recordaba. Él le había dicho que mataría a cualquiera que intentara llevársela y si ella
huía, la mataría. Todo comenzó a girar negro cuando Sophie se derrumbó por dentro tanto
como físicamente. Harold tiró su cabeza y todo lo que Sophie pudo hacer fue solo gemir
angustiada. Él la mataría una vez que matara a Ian. Ella no podría luchar, nunca había sido
capaz de luchar.
De repente la puerta se voló abriéndose y Derek irrumpió en el cuarto. Sophie lo miró
como si fuera el aire que necesitaba una mujer ahogada. — ¡Derek! —Ella gritó, y se
sorprendió de lo fuerte que sonó su voz. Ella no moriría entonces, ella no lo haría. —Derek—,
y esta vez no pudo parar el sollozo de su voz, la nota de completo alivio y absoluta seguridad
de que él estaba aquí, él la salvaría.
Derek se movió tan rápidamente que ni siquiera Sophie estuvo preparada para verlo de
repente parada junto a ellos. Él estaba furioso, sus dientes apretados mientras un gruñido se
derramaba de sus labios al mismo tiempo que su mano se abrigó alrededor de la garganta de
Harold. — Maldito bastardo de mierda, — él lo apretó y Sophie vio los ojos de Harold
estrecharse mientras su cara comenzaba a ponerse roja. Él aumentó la presión sobre el pelo de
Sophie, casi sacándolo de las raíces y ella gritó de dolor, las lágrimas saltaron de sus ojos y se
agotaron por sus mejillas.
—Suéltala o te mato, — Derek le dijo con una voz tranquila, mortal. Sophie logró darse
vuelta lo suficiente como para ver su cara y su misma calma era más espantosa que la furia
que había estado allí momentos antes. Ella no dudó ni un solo segundo que lo haría y lloró
más fuerte, Lloró no por el dolor, sino por esta hombre que la estaba protegiendo aún cuando
ella no le gustara, por Ian, quien se preocupaba por ella y quería protegerla de todo, por
Montague que se cernía desde la puerta, con la preocupación cubriendo su cara, por Thomas
y Peter, los dos lacayos que flanqueaban a Montague en la entrada, por esta casa, esta vida,
este santuario. Ella lloró porque por primera vez en su vida se sentía segura y amada y porque
sabía que jamás tendría el miedo otra vez.
La mano de Harold liberó su pelo bruscamente y ella perdió terreno, cayendo sobre la
esquina del sofá para luego caerse en un montón poco digno en el suelo. Más bien que calmar
a Derek, su libertad pareció encender su rabia. Él sacudió a Harold por la garganta sin esfuerzo

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como si él era alguna muñeca macabra, y Sophie sintió subir su bilis. Derek lanzó a Harold en
la pared y el golpe en el hombro del más hombre más bajo provocó un resonante ruido, el
costado de su cabeza se abrió en una grieta contra el delicado cuadro que colgaba allí. El
cuadro se cayó y se rompió y Harold tropezó gruñendo.
—Lamentará esto, — Harold dijo, y su voz ya no tuvo el poder de asustar a Sophie.
Derek lo amenazó de nuevo, su puño levantado y Harold se retiró hacia la puerta con un
rictus de sus labios. — No me rebajaré a pelearme con usted. Pero regresaré.
— Montague, ve que esta rata se aleje de la casa. Él está excluido de esta casa, ¿lo
entiendes? Jamás volverá a poner un pie aquí otra vez.
— Muy bien, Sr. Knightly, — Montague contestó, su alivio era evidente. Él hizo señas
a los dos lacayos y ellos agarraron a Harold por los brazos. Él intentó sacudirlos para liberarse,
pero lo arrastraron del cuarto.
Derek quedó de pie dándole la espalda. Sophie comenzó a temblar. Sus manos se
sacudían tan fuerte que no podía ponerse de pie. Ella oyó un quejido y cubrió su boca cuando
comprendió que había provenido de ella. Derek se dio vueltas para enfrentar el sonido.
Durante un momento infinito él estuvo de pie y mirándola fijamente, su cara era una máscara
congelada. Sophie sintió frío y su temblor se hizo más violento sacudiendo su cuerpo entero.
— Sophie, — le dijo Derek suavemente, y la bondad y la compasión de su voz la
desarmaron. Las lágrimas que lentamente habían estado corriendo por su cara se convirtieron
en un torrente y un sollozo rompió su pecho casi dolorosamente. Una vez que ella comenzó,
no pudo parar. —Sophie—, Derek murmuró y se movió, cayéndose a sus rodillas a su lado.
El la tomó y la arrastró con sus brazos hacia su regazo, meciéndola como a un niño. — Está
bien, Sophie. Esta bien, —le murmuró y Sophie le creyó.

Harold Middleton se movía en la biblioteca de su casa alquilada e inmediatamente fue


hacia el aparador para verterse un generoso vaso de whisky. Él se sirvió expertamente y vació
de golpe la copa. Sólo cuando lo hizo se dio vuelta hacia su invitado.
—La pequeña puta de mi hermana hizo que le amante de su marido me lanzara de la
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casa. ¿Puedes creerlo? Ella se ha olvidado de lo bueno que puedo ser. Me fui hace mucho
tiempo, Si hubiera vuelto cuando lo planeé, nunca habría permitido a esta farsa de
matrimonio ocurrir. — Él señaló con un dedo rígido al hombre que holgazaneaba en una
esquina asoleada del cuarto. —Fue tu culpa. Me convenciste de quedarme en Europa,
financiando sus esquemas y asegurando su comodidad. ¿Ahora cómo podré recuperarla?
Middleton, hasta donde Albert Robertson sabía, era un gusano vil, desagradable y
pervertido. Su dinero, sin embargo, era un activo encantador que hacía al hombre soportable.
Él casi podía compadecer a la hermana de la que había abusado de toda su vida y estaba
obsesionado con recuperar, pero ella se había casado con uno de los muchachos pervertidos
de Lord Jason Randall, entonces ella se merecía lo que recibiera. Randall y sus amigos, habían
obligado a Robertson a confiar en heces como Middleton hasta por el simple pan que comía.
Bien, lo habían obligado. Por suerte Harold Middleton era tan estúpido como él era pernicioso
y Robertson había sido capaz "de tomar prestado" bastante dinero de Middleton sin que el
otro hombre lo supiera.
Robertson había estado ocultándose en Europa la mayor parte durante el último año,
después de que él casi mató a Lord Randall en un duelo cuando Robertson disparó antes. El
escándalo consiguiente lo había convertido en un exiliado, y sus acreedores habían caído
sobre su pobre activo como buitres sobre carroña. No sólo tenía que soportar a hombres
como Middleton, había vendido a su juventud y vigor a ancianas ricas dispuestas a pagar por
él. Si tenia que seguir follando a viejas arrugadas y fingiendo que le gustaba se volvería loco.
Él había estado algo loco cuando realizó una incursión poco aconsejable tiempo atrás en
Inglaterra. Casi había matado a una de las mujeres de los amigos de Randall. Ella no habría
sido una gran pérdida. También estaba casada a un par de sus muchachos soldados, entonces
Robertson pensaba que una puta menos no sería notada
Lamentablemente Randall tenía bastantes amigos quien hicieron la vida de Robertson
una pesadilla. Lo cazaban como un criminal ordinario. Él odiaba a Randall y su amante
homosexual, Tony Richards, pero la puta de su esposa, Kate, tenía un lugar especial en su
rabia. Ella había sido la amante de Robertson. Era prerrogativa de un hombre compartir a su
amante con sus amigos si así lo decidía. Él pagó por el privilegio. ¿Qué si sus supuestos
amigos consiguieran una noche un poco áspera con el estímulo de Robertson? Ella de buen

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Camaradas de Armas 4

grado le había vendido su cuerpo, y él lo usó como creyó apto para su entretenimiento.
Reconocía que en realidad había intentado usarla para saldar una vieja cuenta con Randall y
Richards, pero otra vez fue él quién pagó. Ellos actuaron como si él hubiera profanado algún
navío santo.
Bien, él había aprendido algo de su última visita abortada a Inglaterra. Había aprendido
cuál era la mejor forma de venganza. Y Harold Middleton le había dado el medio y la
oportunidad. Él arremolinó el brandy en su vaso y lo miró brillar al sol mientras miraba como
Middleton se poseía con el paso de los minutos más y más borracho. Cuando él sintió que
Middleton bahía bebido bastante como para ser flexible, pero no tan borracho como para
negar la responsabilidad en caso de su plan saliera mal, Robertson se puso de pie. Middleton
inmediatamente dejó de hablar. Robertson suspiró en lo fácil que había sido entrenarlo.
— Mi querido Middleton, estás en tu absoluto derecho. — Y el idiota en su ciego
orgullo le creyó. — Lo he dicho antes y lo diré otra vez, tu querido Sophia está en peligro
mortal. Cualquier hombre que la obligue a atender a su amante homosexual, que le enseñe a
una muchacha joven e inocente a disfrutar de los placeres pervertidos de la carne seguramente
no se detendrá allí. ¿Quien puede decir que sus…placeres no se descontrolarán alguna noche?
Ella seriamente podría ser perjudicada, y no digamos la angustia mental que la pobre sufre
mientras hablamos. — A Robertson le repugnaba el destello de lujuria indecente que brillaba
en los ojos de Middleton. Cualquier hombre que folle a tu joven hermana está más allá de toda
redención. —Él tuvo que darse vuelta alejándose para ocultar sus arcadas de náuseas. Le
tomó sólo un momento controlar su reacción y regresó. Middleton escuchaba cada palabra. El
idiota era la cabeza de turco perfecta.
— Creo que soy algo osado, Middleton, pero creo que sé como podemos rescatar a tu
querida Sophia. Y quizás puedas ser capaz de enseñarle una lección de valor sobre desafíos
en el proceso.

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Camaradas de Armas 4

Capítulo dieciséis
Ian convirtió sus rasgos en una blanda y agradable máscara antes de entrar en el estudio
privado del conde. Su Tío Víctor se había convertido en Conde hacía sólo cinco años, mientras
Ian estaba en la Península. Su abuelo había sido un hombre bastante frío, remoto. Ian siempre
había estado nervioso en su presencia y feliz cuando al fin pudo marcharse. Su Tío Víctor
había sido amable con él, recordaba eso. No lo había visto a menudo, su tío había estado lejos,
en la escuela, o demasiado ocupado para ver a los niños pequeños de su hermano más joven.
Pero Ian tenía un recuerdo vago de dulces y juguetes y un trato amable. Cuando había sido
llamado a su presencia, sin embargo, había desaparecido todo rastro de ese tío amable,
reemplazado por otro hombre frío, remoto, que emitió un ultimátum sobre sus dudosas
opciones de vida. Ian se había ido de la presencia del conde, una vez más, con gran alivio.
Eso había sido hacía dos años. Ian había desafiado el descontento del conde hacia su
asociación con Derek durante esos años, escogiendo a Derek por encima de su familia. Ahora
se había casado con la mujer que su familia había escogido para él. No lo había hecho como
un medio para volver a congraciarse con el conde. ¿Habría sido visto así? ¿En ese caso, Ian
podría permitir que se mantuviese la equivocación para conseguir que, gracias a la influencia
de su familia, Sophie no fuese aislada? Sí, sí que podía. Él había tomado esa decisión cuando
contestó a la citación del conde.
—Ian, mi querido muchacho, que bueno es verte de nuevo. Te has mantenido lejos
demasiado tiempo. —Su tío se levantó detrás de su escritorio y le ofreció su mano. Era un
hombre alto, casi desgarbado, pero todavía lo bastante distinguido, con su pelo rubio
convirtiéndose en un brillante gris, ojos azul oscuro, inteligentes, en una cara angulosa.
Sintiéndose como un hipócrita, Ian aceptó su mano. Él compuso su pecado con un
saludo agradable. —Mi lord, es bueno regresar. Lo siento si ha interpretado equivocadamente
mi ausencia. He estado muy ocupado reorganizando mi vida después de la guerra. —Sonrió
amablemente y sintió una puñalada de inquietud cuando vio la mirada perspicaz que su tío le
dirigió.
—Sí, eso he oído, —fue todo lo que el conde dijo en respuesta. Dejó ir la mano de Ian.
— ¿Algo de beber? — Él indicó un grupo de sillas cerca del aparador, e Ian lo siguió. Ian
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Camaradas de Armas 4

recordó ahora también esto, lo autosuficiente que su tío siempre parecía. Era un hombre que
guardaba bien sus propios pensamientos, permitiendo raramente que cualquiera se acercase lo
suficiente como para saber lo que realmente estaba pensando. Hacía dos años eso lo había
intimidado. Ahora simplemente lo impresionaba su autodominio. Los años pasados habían
enseñado a Ian que, lo que su tío pensase o no, tendría tanta influencia en Ian como Ian lo
permitiese. Con eso en la mente, tomó el asiento ofrecido.
Ellos no hablaron de nuevo hasta que su tío hubo preparado las bebidas para ambos y
se hubo sentado frente a Ian. El arreglo de asiento era menos tenso de lo que Ian pensó que
iba a ser, casi afable en realidad.
— ¿Has traído a tu nueva esposa contigo? —La pregunta del conde fue hecha de forma
casual, pero Ian se dio cuenta de que tras esas palabras había algo más. Escogió sus propias
palabras cuidadosamente.
—Vine solo esta vez. —Mantuvo en su cara su expresión neutra y agradable. Si las
cosas se iban a poner mal, quería que fuese su tío quien disparara la primera descarga.
— Es una pena. Estoy impaciente por conocerla, como lo está la condesa. —Un
comentario cortés que no requirió ninguna contestación. Ian no ofreció ninguna, pero sonrió.
El conde soltó un expresivo suspiró, e Ian levantó sus cejas con sorpresa ante esta muestra de
emoción. — ¿Es la muchacha que tu padre escogió?
—Sí, —confirmó Ian. No dijo más, enmascarando su sospecha, una vez más, detrás de
una sonrisa.
El conde dejó su bebida en la mesa junto a él. —Ian, no conseguiremos llegar a
ninguna parte si te niegas a contestar a mis preguntas.
— ¿Y hacia dónde vamos? —Preguntó, su voz un poco más dura, su sonrisa un poco
más aguda.
— Estoy intentando averiguar lo que has estado haciendo durante estos dos años. Las
noticias de tu matrimonio fueron una enorme sorpresa para toda la familia. Ninguno de
nosotros estuvo para representar a tu familia, Ian. Eso fue una falta de respeto hacia tu novia,
que, por lo menos por nuestra parte, fue completamente involuntaria.
Ian inclinó su cabeza y miró a su tío. — ¿Eso significa?
El hombre más viejo se apoyó hacia atrás en su silla, unió los dedos de las dos manos,

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Camaradas de Armas 4

y apretó los dedos índices contra sus labios por un momento mientras estudiaba a Ian.
Después de que un instante bajó sus manos a los brazos de la silla. —Significa, —pronunció
con lentitud, reprochando, —que nosotros apoyamos éste matrimonio y nos habría gustado
tener la oportunidad de demostrarlo.
Ah, pensó Ian, esto va de salvar la cara entonces. —Estoy seguro de que nadie tuvo mucho
conocimiento sobre el matrimonio, una palabra aquí y allá de tu parte ahora, bastará.
— ¿Eso será suficiente para tu esposa, o es irrelevante? —El tono del conde fue
decididamente frío, ahora.
Ian fue tomado desprevenido nuevamente ante el despliegue de emoción. —A Sophie
no le podría importar menos. La familia no es importante para ella, ya que la suya es
terriblemente espantosa. Nosotros somos más que suficiente familia para ella. —Ian hizo una
mueca de dolor interiormente ante su uso de la palabra "nosotros". Había esperado superar
esta entrevista sin mencionar el nombre de Derek. El conde debió de ver alguna pequeña
vacilación por su parte y sus ojos se afilaron como los de un halcón.
— ¿Nosotros? —El tono sonó frío, pero sólo ligeramente.
—Sí, nosotros. —Ian o diría más de lo necesario. El conde suspiró de nuevo.
— ¿De quién fue la idea de este matrimonio?
La pregunta tomó Ian por la sorpresa. —De mi padre, —contestó inmediatamente,
sabiendo que eso no era la respuesta que su tío quería.
— ¿Tú querías casarte? — El conde era tenaz, Ian le concedía eso.
— Yo quise casarme. —Ian podía contestar esa pregunta honestamente. Él había
querido casarse. Que pudiese casarse con Sophie era un regalo que apreciaba enormemente.
—Bueno, eso esta bien, —dijo alentadoramente su tío. —Habíamos empezado a
preguntarnos lo que íbamos a hacer con ese compromiso, ya que parecía que nunca te casarías
con ella. Su padre me había informado sobre un posible incumplimiento de contrato.
— ¿Qué? —Ian no se molestó en esconder su incredulidad. —Ese bastardo no se
preocupa en absoluto por ella, solo por su dinero. Espero que le dijera lo que podía hacer con
su incumplimiento de contrato.
— Realmente yo le pregunté si te había preguntado por el matrimonio. Antes de
recibir una contestación, me llegaron las noticias del matrimonio. Asumí que él había

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recurrido a ti, y el compromiso te había llevado al altar.


—No. —Ian fue enfático. No me obligaron a que me casara con Sophie. Yo quise
casarme, y me alegro de haberlo hecho. Nunca lamentaré este matrimonio.
El conde levantó una ceja. —Nunca es mucho tiempo.
— Estoy enamorado de ella. —Las palabras sorprendieron tanto a Ian como a su tío.
Comprendió, sorprendido, que era cierto. Durante algún tiempo había estado evadiendo la
verdad, usando las palabras gustar, adorar y cariño, pero el hecho era que la amaba. Amaba
su humor y su fuerza, su vulnerabilidad y su compasión. Amaba sus pecas y su buena voluntad
para confiar en él. La amaba tanto como amaba a Derek. El pensamiento le hizo parpadear.
¿Cómo infiernos había conseguido ser tan afortunado como para tener a dos personas
asombrosas en su vida para amar? —Estoy enamorado de ella, —dijo de nuevo, sin intentar
esconder su deleite aturdido ante la maravillosa revelación.
Su tío sonrió irónicamente. —Puedo ver eso. —Hizo una pausa y miró fijamente hacia
su bebida viendo como se arremolinaba el líquido ambarino. —El amor no lo resuelve todo,
Ian. —Alzó la vista hacia él con consternación. —Bien. Por una vez los argumentos ambiguos
ingeniosos me fallan. ¿Qué pasa con el Sr. Knightly? ¿Será un problema?
— ¿Derek? ¿Por qué iba a ser un problema? Bien, él y Sophie riñeron un poco al
principio, pero pienso que se están tomando cariño el uno al otro. —Ian estaba demasiado
sorprendido por su reciente descubrimiento para pensar en lo que estaba diciendo.
— ¿Quieres decir que él todavía está contigo? —El tono del conde sonó incrédulo.
Como si comprendiese que había sobrepasado sus límites, tosió delicadamente en su mano. —
Lo siento, no es asunto mío, Ian.
Ian se puso serio ante las palabras de su tío. — ¿Por qué? Ciertamente hace dos años lo
hizo su asunto.
Después de tomar otro trago, su tío soltó su vaso. —El matrimonio lo cambia todo,
muchacho. Una vez que estás casado, lo que pasa en tu cama no es asunto de nadie, más que
de ti y de tu esposa. La sociedad hará la vista gorda ante ciertas irregularidades mientras que tú
y tu esposa presenten un frente unido.
Cuando él no dijo nada más, fue el turno de Ian para mirarlo incrédulamente. —
¿Qué significa eso? Como ahora estoy respetablemente casado, está dispuesto a mirar hacia

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otro lado y permitirme follar con Derek, ¿Es eso lo que está diciendo? —Ian se estaba
enfadando, por él, pero también por Derek. En su enojo se olvidó de su determinación de
reconciliarse con su familia.
Su tío se negó a contestar el enfado de Ian con una cólera similar. En cambio lo miró de
forma inescrutable y cogió su bebida de nuevo. —Yo estuve enamorado una vez. —La
confesión del conde sorprendió a Ian casi tanto como su anterior declaración. —Ella era
inapropiada, claro, para el futuro Conde de Wilchester. —Miró a Ian sardónicamente—
Palabras de mi padre, no mías. Yo acepté porque imaginé que podría casarme con alguien
apropiado como condesa y todavía guardar mi amor por mi amante. —Se puso de pie de
repente y fue a la ventana más cercana para mirar fijamente hacia el crepúsculo. —Sin que yo
lo supiese, mi padre hizo un arreglo con ella. Ella fue casada con un abogado de Gales y
enviada lejos. Tiene cinco niños ahora. Nosotros nos escribimos a menudo. —Él cogió la
bebida. —Si yo hubiera podido tenerlas a ambas… —Dejó el pensamiento incompleto.
— ¿Por qué está diciéndome esto? —Ian preguntó suavemente cuando estaba claro que
el conde había terminado de compartir su pasado.
El conde se volvió para mirarlo, su cara lisa, sin emociones. —Porque me veo en ti.
Ian pensó que no podía tener más sobresaltos de los que ya había tenido, pero se
equivocaba. Sacudió su cabeza. — ¿Cómo?
La sonrisa medio sardónica que demostraba diversión torció los labios de su tío de
nuevo. —He aprendido un poco de ti los últimos dos años, ¿Sabes?
—Tío, a estas alturas yo no sé nada. Estoy aturdido por esta conversación.
Su comentario provocó en su tío una carcajada. —Oh sí, Ian. No cediste, lo ves. Jugué
al autócrata a la perfección y tú me lo tiraste a la cara. A todas nuestras caras. Entonces te
marchaste fuera de a Londres, con tu totalmente inapropiado amante y te dedicaste a crear una
vida separado de tu familia. Te has vuelto un hombre adinerado por ti mismo. En todos los
sentidos has demostrado que no nos necesitas. —Se acercó y puso una mano en el hombro de
Ian. —Y con cada éxito yo me alegré por ti, Ian, en mi corazón. Deseé poder marcharme y
poder vivir mi vida según mis términos. —Apretó el hombro de Ian. —Hasta que un día
comprendí que puedo. —Ian se volvió para mirarlo, inseguro de lo que quería decir. —No
puedo ser lo que era, Ian. Solo puedo ser lo que soy ahora mismo.

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Ian le dirigió una sonrisa genuina a su tío. —Tiene suerte, Tío. Yo tuve que ir a la
guerra para aprender esa lección.
El conde le rodeó para sentarse de nuevo. —Todos nosotros nos preocupamos
enormemente por ti cuando estabas allí, Ian. — Se permitió mostrar sus verdaderos
sentimientos, e Ian se conmovió por las sinceras palabras.
—Lo sé, Tío Víctor. Lo siento. Siento que cuándo regresé…bueno, mi vuelta apenas les
tranquilizó, ¿Verdad? —Sacudió su cabeza por su propia insensatez. No importaba lo que
hubiese sucedido, él había sabido que ellos se habían preocupado por él, que ellos agradecían
su retorno sano y salvo. No lo había apreciado en su momento.
— Fue la preocupación por ti y tu futuro que me condujo la última vez que hablamos.
— Ahora lo sé. —Ian intentó encontrar las palabras para decir lo que esa preocupación
significaba para él y no pudo. Le apesadumbraba saber que el vacío que había sentido cuando
su familia le dio la espalda, se llenaba de nuevo, y fue un dulce alivio. Podía admitir que parte
de la culpa había sido suya. Se había puesto a la defensiva y se había convertido en otra herida,
que se unió a las heridas de guerra todavía sangrando, que nadie más podría ver. —Gracias, —
dijo finalmente. —Gracias por esa preocupación.
Su tío suspiró e Ian pudo ver que un gran peso también se había alzado de sus hombros.
—La condesa desea organizar un baile para celebrar tu matrimonio. ¿Eso te parece bien?
Ian fue tomado por sorpresa. —Un baile. Yo…si, estaría bien. Estoy seguro de que
Sophie estará encantada.
El conde sonrió sin reserva y la expresión le hizo parecer diez años más joven. —Bien,
bien. ¿Estaría bien en tres semanas, en Londres? —Su tío se puso en pie, caminó hacia su
escritorio y empezó a hojear los papeles.
—Sí, eso esta bien. —Ian se puso en pie y enfrentó a su tío. —Derek asistirá con
nosotros. Quería asegurarse de que su tío entendía como era su relación, él, Derek y Sophie.
Su tío se detuvo y miró a Ian, inescrutable de nuevo. —Por supuesto. Estoy seguro de
que él puede ser discreto, si realmente lo intenta.
Ian no pudo contener su risa. —Puede hacerlo, en ocasiones. Procuraré que ésta sea
una de ellas. —Caminó hacia el escritorio. —Por favor no invites al Señor Middleton. Él y
Sophie están alejados, y planeamos mantenerlo de esa manera hasta que muera de una muerte

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miserable.
Su tío escribió una nota en un pedazo de papel. —Hmm, ¿Así están las cosas? Sólo
asegúrate de no acelerar su fallecimiento de forma alguna. —Alzó la vista de sus notas. —
Parece entonces que tu novia está necesitada de familia, Ian. Es buena cosa que tú tengas unos
cuantos de sobra.
Ian sonrió abiertamente. —Nosotros estamos todos necesitados de familia, Tío, lo
admitamos o no. Estaré contento compartir mi abundancia con Sophie. Y con Derek, —pensó
para si mismo, abrumado con la comprensión de que a él también se le daría la bienvenida.
—Entonces te veré en la cena, Ian, puedes permitir a tus parientes darte la bienvenida
de nuevo a casa. Oh, la prima Elspeth está aquí. Por el amor de Dios, no menciones a Derek.
No quiero que le provoques una apoplejía.
Ian se rió y salió del cuarto.

Derek despertó de golpe, incorporándose inmediatamente en la cama, el eco de su grito


reverberando en la habitación vacía. Podía sentir el sudor en su frente, su pelo convertido en
un enredo húmedo sobre su cabeza. Un sendero de sudor frió goteaba por su columna cuando
oyó pasos que corrían por el pasillo. Levantó una mano temblorosa y frotó sus ojos,
intentando borrar la imagen, provocada por el sueño, que todavía permanecía en su cabeza.
Escuchó como la puerta de la habitación se abría, un clic rápido cuando la manilla giró y un
golpe de aire cuando la puerta fue abierta rápidamente. Ella ni siquiera llama, pensó con una
pequeña sonrisa burlona que fue tan insegura como su mano.
— ¿Derek? Su voz sonaba ligeramente jadeante, dando énfasis a esa ligera ronquera
con la que siempre hablaba. Con los ojos cerrados, era una voz sensual, una voz que hablaba
de sexo y de placeres prohibidos y le hizo pensar que ella sabría como el rico chocolate. Sintió
que su pene se endurecía, la lujuria lo golpeó de repente, lo sobresaltó, pero no era del todo
inesperado. Después de uno de sus sueños, Ian siempre lo calmaba con el sexo. Su cuerpo
estaba reaccionando al instinto. Abrió sus ojos rápidamente para alejar su creciente deseo, para
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Al comando del amor Samantha Kane
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demostrar a su cuerpo y a su cerebro que era Sophie, no Ian, no su amante. No habría nada de
sexo esta noche.
Ella parecía una ilusión a la luz de una vela. Un ángel enviado para confortar, un
demonio enviado para incitar. Su camisón blanco parecía una telaraña flotante, que se
aferraba amorosamente a sus curvas, dejando ligeros vislumbres de sus piernas largas y de sus
pezones oscuros y erguidos, insinuando la sombra caliente entre sus muslos. Su pelo suelto
caía sobre sus hombros y por su espalda, la llama captaba destellos rojos sobre sus ondulados
mechones. Derek podía verla como un ángel en su imaginación, una visión perfecta de deseo,
no más real que su miedo, si no fuese por sus pecas. Las pecas que salpicaban sus hombros y
brazos por el tiempo pasado en el jardín, lo trajeron convincentemente a la realidad. Ella no
era una visión, ella era Sophie en carne, sangre y pasión, y cuando Derek miró fijamente esas
pecas, su boca se inundó con la necesidad de probarlas, para averiguar si eran tan deliciosas
como Ian decía.
La lujuria lo volvió débil, la miró fijamente y tembló. El deseo robó su voz y la miró
caminar cautamente por el cuarto, hasta la cama, todo el rato gritándole una advertencia en su
cabeza para que se alejase. Él estaba salvaje, fuera de control. La necesitaba, Dios cómo la
necesitaba, y ella estaba ahí.
— Derek, ¿Estas bien? Te oí gritar. —Ella parecía tan angustiada, tan preocupada por
él. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que importarle? Lo hacía más difícil. Ella se movió y un truco de
la luz hizo que su camisón se volviese aún más diáfano, una niebla superflua alrededor de su
cuerpo deliciosamente desnudo. Derek tuvo que jadear para conseguir respirar mientras su
estomago se apretaba y su pene latía.
— Derek, ella gimió suavemente, mientras se inclinaba hacia él con alarma. Él levantó
su brazo, manteniéndola a distancia con una mano levantada.
— Mantente lejos, —gruñó, cuando todo lo que quería era que se acercarse, lo
suficiente para agarrarla, tirar hacia abajo, cubrirla, devorarla. Su lujuria por ella se estaba
abriendo camino a través de su cuerpo, comiéndolo vivo por el deseo de tenerla.
— Era una pesadilla, ¿Verdad? Ian dijo que a veces las tienes, como yo. Permíteme
ayudar, Derek. ¿Cómo puedo ayudarte? —Prácticamente estaba rogando. Una pequeña y
sensata parte del cerebro de Derek se preguntó si ella sabía por lo que estaba rogando. —

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Camaradas de Armas 4

¿Cómo te ayuda Ian?


Su última pregunta hizo que Derek riese, pero no fue un sonido feliz. Él envolvió un
brazo alrededor de su cintura y se inclinó hacia adelante para descansar su cabeza en las
sábanas. —Simplemente vete, Sophie. Vete. —Giró su cabeza para mirarla, y su preocupación
le hizo ceder un poco. —Estaré bien. Tú tienes que…irte. Vete ahora, por el bien de ambos.
— Derek.
— ¡Maldición, Sophie, simplemente haz lo que te digo! ¿Tienes que ser siempre una
espina en mi trasero? ¿Un hombre no puede tener una pesadilla sin que tú tengas que merodear
alrededor suyo? —Sus palabras la hirieron, él lo sabía y estaba realmente satisfecho. Había
querido herirla, ahuyentarla. Se olvidó de lo duro que había trabajado para conseguir su
confianza en las últimas semanas, pero ella lo recordó.
—No, no me iré, Derek. No me eches fuera. Permíteme ayudar. Ian no esta aquí y
Yo…Yo tengo que cuidar de ti por él. —Ella dio un paso vacilante hacia él y él se incorporo
con una maldición.
— Ian me folla con fuerza, Sophie, hasta que no puedo recordar mi propio nombre
mucho menos los sueños. ¿Es lo que estás ofreciendo? Si no te vas, eso es lo que va a pasar,
Sophie. Yo estoy ahora mismo en el borde. No hará falta mucho para empujarme por encima
de él. Tienes que irte. Tienes que irte ahora.
Él vio las emociones pasar rápidamente por su cara, casi demasiado rápidamente para
entenderlas. Miedo. Compasión. Deseo. No, él debía estar equivocado en esto último. — ¿Por
qué no te vas, Sophie? —Su voz era un susurro ronco. Cada músculo en su cuerpo tensándose
hacia ella, exigiendo que él la capturase y la tomase. Él se resistía, pero, ¿Por cuánto tiempo?
No podría resistir mucho más.
— Si…si es lo que necesitas, Derek, —susurró, y él estuvo perdido.
— Sophie, —fue todo lo que dijo, y se estremeció ante la necesidad en su voz, ante el
alivio. Extendió la mano y la arrastró hacia la cama, arrastrándola a través de su regazo. La
extendió en medio de la cama y rodó encima para cubrirla. Era tan pequeña, tan frágil, tan
delicada. Pensó en ella esforzándose por escapar de ese bastardo esta tarde y sintió los
remanentes de la rabia hirviente que lo había hecho querer matarlo. La recordaba agachada y
llorando en el suelo y la necesidad que sintió de abrazarla gentilmente. —Sophie, —susurró y

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ella elevó su mirada hacia él, confianza, deseo e incertidumbre todo mezclado en la mirada de
sus calientes ojos ambarinos. —Tendré cuidado, Sophie, —le dijo suavemente y vio como
esos ojos empezaban a quemar. Sintió el calor traer la vida dentro de él y gimió cuando ella
abrió sus piernas y lo acunó entre sus muslos.
Cogió un puñado de su suave pelo y ella jadeó mientras su cabeza se arqueaba hacia
atrás. Su reacción rompió su control. Empujó contra ella, intentando encontrar su calor a
través de las sabanas y su camisón, mientras enterraba su cara en su cuello, buscando esa
fragancia que era únicamente de ella, el olor que lo había estado tentando y atormentando
durante semanas. Cuando lo encontró, tuvo que saborearlo, lo lamió de sus pecas, mientras
empujaba su camisón fuera de su camino.
Derek persiguió el sabor a través de sus hombros y comenzó a bajar hacia su pecho,
pero de nuevo el maldito camisón se metió en su camino. Se echo hacia atrás y Sophie chilló
con sorpresa. Ella había pasando sus manos por su espalda y costados mientras él estaba
encima de ella. Ahora se sorprendió cuando él agarró los bordes de su camisón y con un
rápido tirón lo rasgó desde el cuello hasta el dobladillo. Él apartó el material atrás para
exponerla y vio como un estremecimiento pasaba a través de ella. Una mirada rápida a su cara
le mostró que su expresión era de deseo, no de miedo. La emoción de su reacción se disparó a
través de él y sintió como su pene empezaba a gotear. Cristo, él no había deseado a una mujer
con tanta intensidad desde aquellos primeros tiempos con Dolores.
Él puso sus manos en su estómago, haciendo que sus dedos pulgares descansasen
encima de su ombligo y sus dedos meñiques se curvasen sobre sus costados. La percepción de
su carne contra sus manos hizo a Derek cerrar sus ojos cuando una ola de deseo pasó sobre él.
Ella era suave y lisa, tan diferente de Ian. Su toque fue firme, no apacible, cuando movió sus
manos hacia sus pechos. Se detuvo justo debajo de ellos, empujándolos con sus manos hacia
arriba, hasta que sus pezones se pusieron erguidos, duros y enrojecidos con el deseo. Ella tenía
unos pezones gloriosos, grandes y de un castaño suave que mostraba su rubor a la perfección y
complementaba su piel cremosa y las encantadores pecas. Pasó sus dedos pulgares encima de
ellos y ella lloriqueó. Ante la vista de las pecas en los globos llenos de sus pechos, Derek no
pudo evitar agacharse y chupar un pezón vorazmente con su boca.
Dios, él se había olvidado del sabor de una mujer, la vista, sonidos y sabores de pasión

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Camaradas de Armas 4

de una mujer. ¿Había alguna otra mujer que supiese como Sophie? Ella era dulce y terrosa,
como comer fruta fresca escogida, un estallido jugoso de sabor y textura. Sophie arqueó su
espalda y gimió cuando él chupó su pecho profundamente, mientras apretaba su pezón entre
su lengua y el paladar para explorar su textura y forma. Derek estaba montado sobre sus
caderas, y empujó ambas manos bajo su espalda para envolver sus brazos herméticamente
alrededor de ella, tirando de su torso hacia fuera de la cama, doblándola para sostener su
pecho cautivo en su boca. Él se alimentó de su dulce carne, mientras ella descansaba
lánguidamente en su abrazo, sus brazos colgaban a los lados, sus manos descansaban en la
cama, su cabeza caída hacia atrás. Ella era suya, con una confianza absoluta y una rendición
completa que lo empujaron a un estado casi violento de excitación.
Derek subió un brazo por la espalda de Sophie y de nuevo agarró un puñado de su
pelo. Empujó su cabeza hacia arriba y los ojos de Sophie temblaron al abrirse. Ellos se
clavaron en Derek cuando él alzó su cabeza de su pecho, y vio su propio deseo reflejado allí.
La empujó más cerca, hasta que sus labios casi estuvieron tocándose. Quiso besarla, con una
intensidad dolorosa. Quiso ver si su boca sabia como el resto de ella, quiso el calor y la
humedad, respirar el aire de sus pulmones hasta que estuviera lleno de ella, y esto lo asustó
como el infierno. Supo en ese momento que no debía besar a Sophie, nunca. Algún remanente
de auto conservación le dijo que hacerlo sería el fin para él. Sophie levantó sus brazos despacio
y descansó sus manos en sus bíceps, masajeándolos suavemente. El relámpago que su toque
tierno produjo, lo asustó. Se apartó, determinado a tener sexo, satisfacción, incluso consuelo,
pero nada sobre él y Sophie. Ellos eran simplemente un hombre y una mujer que se satisfacen
el uno al otro. No había ni Derek ni Sophie, ningún futuro.
Bruscamente Derek agarró los brazos de Sophie y la apartó. —Sobre tus rodillas, —
ordenó, su voz áspera. Pudo ver su confusión, pero también su aquiescencia. Ella se puso
sobre sus rodillas sin una palabra de protesta y Derek supo que ella haría cualquier cosa que le
pidiera. Ella confiaba en él, y él se odió porque no era digno de ello. Sophie vio algo en su cara
y con una mirada tierna tocó su mejilla. — ¿Derek? —Susurró. Él se alejó y estiró su brazo
derecho para hacerla girar, tirando su arruinado camisón fuera de sus brazos en el proceso. —
¿Derek? —Su voz sonó más alta, asustada.
—Pon tus manos a en la pared. —Hizo que su voz sonase plana, casi impersonal. Él

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Camaradas de Armas 4

podía follar sin perderse. Tenía que hacerlo. Tenía que aprender cómo hacerlo, porque Ian tenía
razón. Él no podría quedarse para siempre fuera de su cama. Tenía que demostrase que podía
follar a Sophie sin amarla. Él no la amaría, no lo haría.
Sophie obedeció, enfrentando la pared junto a la cama y poniendo sus manos al lado
de sus hombros. Derek se movió directamente detrás de ella y abrió sus piernas con una rodilla
hasta que ella estuvo abierta de par en par. La respiración de ella se volvió desigual y él pudo
sentir como los latidos del corazón se aceleraban. Su excitación intensificó la suya. Movió las
manos de ella hasta que estuvieron por encima de su cabeza, apoyándolas contra la pared. —
Mantenlas aquí, —le dijo, e interiormente maldijo el temblor de su voz. Sophie asintió
silenciosamente y se echó hacia atrás sólo lo suficiente para tocar con la curva de su espalda su
pecho. Él quiso alejarla, romper ese contacto, pero no pudo. Era un roce casi inocente, pero
eran las emociones detrás de su movimiento lo que le hizo temblar. Podía darse cuenta de su
necesidad de conectar con él, de sentirlo. Comprendió con frustración que no importaba lo que
él intentase hacer de este encuentro, para Sophie eran ellos dos. Para Sophie iba sobre ella y
Derek.
Él se inclinó entonces y descansó su boca contra la curva suave, dulce de su hombro,
dónde se encontraba ese punto misterioso dónde el olor de una persona parecía concentrarse,
la esencia única de cada uno. Derek quiso perderse en ese olor, cubrirse de Sophie y a su vez,
marcarla con su olor. Sacudió su cabeza con una sonrisa sardónica y lamió el punto hasta que
Sophie se estremeció. Con un sentimiento de inevitabilidad, Derek resbaló su mano por su
cadera y bajó por su estómago hasta encontrar el rizado vello púbico que había sido solo una
sombra bajo su camisón. Enredó sus dedos en él, y cuando sintió lo mojado que estaba, gimió
ruidosamente. Ella estaba goteando, los labios de su coño hinchados, calientes y palpitantes.
—Cristo, —murmuró—. Maldita sea, Sophie. Maldita seas. ¿Esto es para mí? Dime que esto
es para mí. —Resbaló un dedo en ella y sintió su cuello y hombros tensarse con lo firme y
caliente que estaba. Jesús, no le extrañaba que Ian la follase noche y día.
— Derek, —murmuró Sophie, y él no estuvo seguro de si ella estaba contestando su
pregunta o estaba respondiendo a la invasión de su dedo. Él lo sacó y ella gimió.
Derek dobló sus rodillas hasta que pudo maniobrar su polla entre sus piernas. No
empujó en ella. En cambio resbaló hacia adelante, usando su pene para acariciar los labios de

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su coño hasta que la cabeza tropezó con el clítoris pequeño y duro. Ahuecó su pene en su
mano y lo apretó contra ella mientras con dos dedos la mantenía abierta para que pudiese
sentir su polla entre los valles resbaladizos que allí se escondían, moviéndose hacia delante y
hacia atrás, torturándolos a ambos. —Dios, maldito sea, Sophie, —murmuró, besando su
hombro. —Fóllame, Sophie, fóllame ahora.
Si Sophie no hubiera estado casi insensible con la lujuria, ella se habría reído. Ningún
poema de amor o palabras agradables para Derek. Él hacía lo que le gustaba y conseguía todo
con maldiciones y órdenes. Dios, ella lo quería. No había pensado que fuese posible sentirse
así con nadie más que Ian. Esto la sobresaltó, estremeció y horrorizó. No pudo controlar el
escalofrío que sacudió su cuerpo cuando él deslizó su polla de nuevo, contra sus pliegues
resbaladizos e hinchados. La polla de Derek, el cuerpo duro de Derek que la sostenía a su
espalda, la respiración de Derek caliente y pesada en su mejilla. Ella estaba perdida en Derek,
rodeada por él. Era tan grande, Tan masculino. Sus brazos la envolvían y ella sentía como si
estuviera fundiéndose en su calor.
Los dedos de Sophie se curvaron contra la pared cuando Derek extendió los labios de
su vagina más anchos, apretando su polla al mismo tiempo que rodeaba su clítoris con un
dedo. Ella amó lo que él le estaba haciendo. Amó sus maneras ásperas y lo vulnerable que le
hacía sentir, atrapada entre su cuerpo y la pared. No movería sus manos, no podía, no hasta
que él se lo ordenase. Era terriblemente excitante estar bajo el mando de Derek.
— Maldita sea, —gruñó Derek y Sophie sintió un chorro de líquido caliente entre sus
piernas. Derek gimió y frotó su polla en el nuevo néctar de ella. — ¿Te gusta esto? ¿Lo deseas?
—La voz de Derek seguía siendo un gruñido y ella se estremeció. —Voy a dártelo ahora. —Él
se apartó de repente y cogió el brazo de Sophie, mientras la empujaba a la cama.
Ella aterrizó sobre su costado y Derek no le dio tiempo para rodar boca arriba. Cogió
la pierna superior y la levantó, sentándose a horcajadas sobre la otra pierna. Avanzó, doblando
la pierna que sostenía hasta que pudo conseguir estar lo bastante cerca para empujar su polla
en ella. Cuando la punta la penetró, Derek maldijo de nuevo, y Sophie movió un brazo para
sujetar las sábanas, torciendo su torso para enfrentar a Derek mientras sus caderas y piernas
permanecían de lado. Debería haber sido incómodo, pero no lo era. La posición permitía a
Derek penetrar profundamente, puso su pierna alrededor de su cintura, su muslo apretado

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contra su estómago. Él se sentía… diferente a Ian, no tan grande, pero duro y caliente e
igual… de maravilloso. Empujó más profundo y Sophie sintió su canal ensancharse para él,
intentando sostenerlo y chuparlo más profundo. Ella jadeó y terminó gimiendo cuando Derek
agarró su muslo fuertemente, lo bastante para dejar cardenales y empujó rápido y con fuerza
hasta que estuvo completamente dentro de ella, tan profundo que ella supo que él no podría ir
mas allá.
Ella miró a Derek y vio la tensión en los músculos de su cuello, sus brazos que se
hinchaban con el poder contenido con el que sujetaba su pierna contra él. Era hermoso.
Respiraba pesadamente, y la mirada que le echó con ojos nublados, fue salvaje, llena de
hambre sexual. El aliento de Sophie quedo atrapado en su garganta con un pequeño escalofrío
de aprehensión que sólo pareció reforzar su excitación. Se sorprendió a si misma, sorprendida
de cuánto deseaba que la follara duro y rápido, que la controlara y la usara. Él surgía sobre
ella, grande, duro y aterrador, y ella nunca había deseado tanto follar. No hacer el amor, sino
follar. Su deseo era pagano y elemental, ella cerró sus ojos y arqueó su espalda para empujarse
ella misma contra su polla con un profundo ronroneo, que ni siquiera había sabido que podía
hacer, hasta ese momento.
—Jesús, —jadeó Derek—, estas hecha para follar, Sophie. Dime cuanto lo quieres,
porque yo sé que lo haces. Tu coño tiene tanta hambre que me está comiendo vivo. Dime. —
Él salió despacio y empujó de nuevo lentamente. — ¿Así?
Sophie sacudió su cabeza. No, no, no, estaba cantando en su cabeza, más duro, más
rápido, pero no conseguía hacer que su voz trabajase. Derek resbaló sus rodillas más cerca a
ella, tan cerca que no podía salir completamente de ella. Empezó un pequeño y estable
movimiento entrando y saliendo, firme pero corto, como si estuviese imitando el golpe de su
corazón. Sophie gimió suavemente e intentó hacer presión más duro contra él, sus caderas se
movían rápida pero erráticamente y Derek empujó fuertemente mientras tiraba de su pierna.
Su duro muslo rozaba contra su clítoris cada vez que él se movía, y Sophie gimió alto cuando
el placer pasó a través de ella.
—Te gusta esto, ¿Verdad? — Derek se rió entre dientes. Él tenía una mano alrededor
de su rodilla, sosteniendo su pierna, y la otra sobre su cadera dónde su pierna se unía al
cuerpo. Con las dos manos, él podía controlar sus movimientos y él la retuvo todavía. —Dime.

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¿Qué quieres, Sophie? —Su susurro quemó sus oídos, e hizo que su sangre ardiese. — ¿Qué
deseas?
Ella lamió sus labios resecos y sintió la mirada de Derek dirigirse a su boca. Su voz fue
más profunda, más ronca de lo normal, cuando ella finalmente dijo las palabras. —Fóllame,
Derek, —dijo—, duro, rápido y profundamente. Lo necesito. Necesito que me folles ahora.
— Sophie, —él gruñó como sólo Derek podía, y entonces empezó a darle lo que ella
quería.
Derek no podría controlarse aunque lo intentara, así que no se molestó. Permitió que
toda su lujuria furiosa se desatase dentro de él para esta menuda y hermosa muchacha. Todo el
enfado, el odio y el miedo convertidos en una necesidad que lo consumió, una necesidad de
follarla tan profundamente que ella nunca se olvidaría de él, nunca se olvidaría que él la había
poseído tan completamente. Él quería marcar con hierro su nombre sobre su matriz, cuando
empujó su polla una y otra vez en ella. Y ella lo tomó. Ella tomó y tomó y rogó por más. Él
abrazó su pierna contra él, la folló y la miró fragmentarse cuando el primer orgasmo echó su
cabeza hacia atrás y le hizo gritar roncamente.
Ella sollozó su nombre cuando él continuó follándola durante el clímax y más allá. Él
encontró una emoción primitiva en sus gemidos. Quiso abrir las ventanas y las puertas y
permitir que los sonidos de su pasión y satisfacción, anunciasen su proeza al mundo, y
advirtiese a otros que se alejasen de ella, porque ella era suya. Permitió a su cabeza perder
terreno y cerró sus ojos mientras empujaba una y otra vez en su empapado coño. Él se enfocó
en su calor, en la suavidad de su interior, dónde ella sostenía su polla tan herméticamente, en
el sonido de su voz cuando ella decía su nombre. Él quería recordarlo todo perfectamente.
Empezó a sacudirse y sintió sus pelotas endurecerse. Quería correrse, necesitaba correrse.
Llenarla con su semen, para que mañana cuando se levantase, gotease de ella y ella también
recordara, recordase como se sentía que él la follase justo como ella necesitaba que lo hiciese,
recordase sus propios gritos y cómo se había corrido para él.
— ¿Puedes correrte de nuevo, Sophie? ¿Te vendrás de nuevo para mí? Vente en mi
polla, Sophie. —Su voz sonó baja y gutural, como de animal. Eso era a lo que Sophie lo había
reducido, a un animal que no conocía nada más que follar. A Sophie no parecía que le
preocupase, de hecho, ella estaba salvaje por ello y para él, un fósforo para su animal, en todos

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los sentidos.
—Sí, —Gritó—, por favor, —y ella se corrió para él, simplemente así. Él sintió su coño
apretarse fuertemente sobre él y se dejó ir. Él la folló tan profundo como pudo y permitió que
su clímax lo ordeñase mientras su polla daba tirones y soltaba chorros de semen caliente en su
canal, aumentando su calor y humedad y haciéndola gritar y estremecerse de nuevo. Su polla
estaba tan sensible en ese momento que echó su cabeza hacia atrás y gritó su nombre cuando
ellos se fundieron en el intenso placer.
Derek cayó hacia delante, apoyándose en un brazo, mientras todavía sostenía su pierna
con el otro. Sophie gimoteó un poco y cubrió su boca con su mano, sus ojos apretados
fuertemente. Derek respiraba pesadamente como si hubiese corrido una carrera. Su pulso
golpeaba y él se sentía vivo. Quería rugir como el animal que era y proclamar su dominación
sobre esta mujer, su mujer. Quiso cogerla en sus brazos y decirle lo maravillosa que era, lo
hermosa, lo perfecta. En cambio, giró para poner distancia, sin tocarla. Puso un brazo sobre
sus ojos, bloqueándola de su visión e intentó aclarar sus pensamientos. Lo había hecho, estaba
satisfecho, igual que ella. Él le había dado placer también, no había sido egoísta. Era
suficiente. Habían follado, no hecho el amor. Pensar otra cosa sería una mentira.
— Bueno. —La voz de Sophie sonó insegura, débil. Él sintió que la cama se movía y
las sábanas susurraban cuando ella se levantó. Cerró sus manos en un puño para impedirse
extender la mano y detenerla. Ella aclaró su garganta. —Yo no sé tú, pero yo me siento bien.
—Ella parecía torpe y cohibida, y su broma no resultó.
Derek no podía permitir que se fuese así. Abrió sus ojos y se elevó sobre sus codos para
mirarla mientras buscaba su ropa. Él levantó su culo de la cama y tiró de su arruinado camisón
que estaba debajo de él y se lo ofreció silenciosamente. Su rubor era tan rojo que parecía
doloroso y ella no lo miró cuando lo cogió de su mano. Intentó cubrirse con él, pero estaba
más allá cualquier arregló Sólo hizo más atrayente las partes de su piel que aparecían entre los
bordes del camisón roto, el color crema de la seda complementaba el sedoso tono cremoso de
su piel. —Toma mi camisa, —dijo Derek, apuntando hacia la silla detrás de ella. Ella pareció
sobresaltarse con sus palabras, y él comprendió que era lo primero que había dicho desde que
había gritado su nombre cuando se corría. Ella se giró para tomar la camisa y la vista de su
lujurioso culo hizo a Derek rechinar sus dientes.

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—Gracias, —dijo suavemente mientras ella se esforzaba en ponerse su camisa


demasiado grande. Ella se congeló por un momento y luego metió un brazo en la manga.
— Eres bienvenido, —dijo finalmente, su tono fue tan cortés que ellos podrían haber
estado tomando el té en el cuarto de dibujo. Derek se sorprendió por la ligera herida que sintió
en su tono. Con inusual claridad comprendió que esto debía ser peor para ella, considerando
sus palabras y tono.
Él se sentó con un suspiro y se movió para apoyar su espalda contra la pared. Tiró la
sábana sobre su regazo y levantó su rodilla. —Yo no planeé que esto pasase. —Hizo una
mueca de dolor ante el tono acusatorio. Maldición, ni siquiera podía ocuparse bien de una
disculpa.
Sophie habló de espaldas a él. —Yo tampoco lo hice. —Su tono todavía era cortés,
impersonal. De repente ella se giró para enfrentarlo, parecía tan vulnerable y perdida entre los
pliegues de su ropa que su pecho dolió.
—Sophie, —empezó, pero ella interrumpió cualquier cosa que él hubiese podido decir.
—Yo amo a Ian con todo mi corazón y alma, —dijo fervorosamente, como si ella
tuviera que defenderse. ¿Ella no comprendía que él era el bastardo aquí?
— Sé que lo haces. —Y ese era el problema, ¿Verdad? Joder, él odiaba andar a través
de sus propios sentimientos. Sophie había dado todo su amor a Ian, y a Derek no le gustaba ser
un caso de caridad. Él estaba celoso, y se sentía egoísta y desconcertado, y Dios, algo estaba…
mal dentro de él. Él quería que ella lo amara, pero no quería amarla. Eso estaba mal, ¿Verdad?
— Así que lo sabes. —La voz de Sophie ya no era impersonal. Temblaba con la
emoción.
—Sí. —Habla, maldición, Derek se dijo a si mismo. ¿Por qué no puedo hablar simplemente
con ella?
—No arruines esto para mí, Derek, por favor.
Derek la miró bruscamente. ¿De qué estaba hablando?
—Él te ama tanto, Derek. Y yo sólo necesito un poco de él. Tú tienes su corazón. Todo
lo que estoy pidiendo es que me permitas tener una parte pequeña de él. Para alguien como
yo…solo una porción sería mucho. Por favor, Derek, ¿no puedes permitirme tener esa pequeña
parte? —Su voz se quebró al final, y el corazón de Derek también lo hizo. Así que ella sólo lo

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había follado para afianzar su posición aquí. Él no pudo detener su risa sarcástica. Ella
entendió mal. Pensó que estaba riéndose de ella, pero no, él estaba riéndose de su propia
maldita credulidad.
—No te preocupes, Sophie. Estoy bastante seguro de que Ian también está enamorado
de ti. Sería tan probable que me echase a mí como a ti, y ciertamente yo no me arriesgaré a
eso. —Sacudió su cabeza y frotó ambas manos sobre su cara. Entonces soltó un grito fuerte,
frustrado. Cuando miró a Sophie de nuevo, ella había retrocedido contra la pared al lado de la
puerta. —Cristo Todopoderoso, Sophie, ¿cómo demonios Ian ha terminado con dos personas
inadaptadas y patéticas como tú y yo?
Sophie pareció ser tomada desprevenida por un momento y entonces para alivio de
Derek, sonrió, aunque su sonrisa fuese agridulce. —Supongo que él tiene suerte.
Sophie se sentía estrujada, como si fuera una cáscara vacía que se derrumba sobre sí
misma. Su corazón se estaba rompiendo en pequeños pedazos y se asombró de no haber oído
como los fragmentos tintineaban como un vaso roto cuando había caminado por el cuarto.
Había pensado que éste era un principio para Derek y para ella, que Ian podría tener lo que
quería, y lo que Sophie había querido en secreto, juntos los tres, como amantes, enamorados.
Ella estaba enamorada de Derek. Oh Dios. Y él se había alejado y la había tratado como a una
extraña. Ella podría haber sido cualquiera esta noche y él la habría follado. Era todo debido a
la pesadilla, no por cualquier sentimiento que tuviese hacia Sophie.
Entonces sintió pánico. ¿Usaría esto para meter una cuña entre ella e Ian? Ahora se
sentía como una necia. Derek nunca harían eso. Era demasiado honorable. Él pretendía ser un
matón amoral, pero no lo era. Ella lo conocía ahora, sabía cosas que él preferiría que nadie
supiese, nadie excepto Ian. Sabía que era gentil y amable, gracioso y tímido. Él se reiría de esa
descripción, pero era la verdad. Escondía su timidez detrás del vocabulario áspero y el humor
cortante. También era inteligente, algo que él escondía a la mayoría de sus amigos.
Memorizaba casi cada libro que leía. Conocía al menos seis idiomas, que ella supiese, e Ian
decía que él pensaba en números. No estaba segura de lo que eso significaba, pero le hacía un
genio con el ajedrez. También era incondicionalmente fiel a sus amigos. Le había oído hablar
sobre ese hombre, Robertson, el que había herido a Jason y a Kate y alguno de sus otros
amigos, y ella sabía que él lo mataría, si alguna vez lo encontraba. No, Derek nunca usaría sus

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relaciones sexuales contra ella.


Registró sus pensamientos y se sintió palidecer. Oh Dios, era verdad, ella estaba
enamorada de Derek. Y él no sentía nada por ella, nada.
—Bueno, por alguna razón le gustamos. Quizás no es la suerte, sino alguna aberración
perversa en su carácter. —La voz de Derek cortó sus pensamientos.
Sophie tuvo que pensar durante un minuto, para recordar lo que ellos habían estado
hablando. Ella no podía hacer esto. No podía estar de pie aquí y hablar con Derek como si
nada estuviese mal, como si sus sueños no estuvieran ardiendo en llamas alrededor de ellos. Se
giró y caminó rápidamente a la puerta. Hurgó en las mangas largas por un momento y
finalmente abrió la puerta. No se dio la vuelta cuando se apresuró a través de ella. Antes de
cerrarla tras ella, habló encima de su hombro. —Él está enamorado de ti, Derek, el tipo de
amor que es para siempre, porque es un hombre muy inteligente, muy afortunado.
— ¡Sophie! —Llamó Derek, bajando lentamente de la cama, pero ella cerró la puerta
firmemente. —También está enamorado de ti, pequeña necia, —susurró Derek a la puerta
cerrada. —Y que Dios me ayude, creo que yo también. —Se echó hacia atrás en la cama y
cubrió sus ojos, intentando bloquear la pesadilla que sólo se había vuelto peor al hacer el amor
con Sophie. Había sido sobre Dolores, pero era la cara de Sophie la que había visto en las
llamas, la cara de Sophie en el cadáver arruinado, la cara de Sophie que le miraba fijamente
desde la tumba.

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Capítulo Diecisiete
Ian saludó a Montague cuando un mayordomo bostezando le abrió la puerta. Había
montado durante todo el día para llegar a casa con Sophie y Derek. Les había dicho que
estaría en casa a más tardar hoy, y no quería que se preocuparan. Una cosa tras de otra había
retrasado su salida y también se había reducido la velocidad durante el viaje. Había creído que
nunca conseguiría llegar. Ahora todo lo que deseaba era una cama cálida y un cuerpo aun más
cálido para acurrucarse contra él.
—Todos están en la cama, Montague?— preguntó, mientras le entregaba su sombrero y
los guantes al mayordomo.
—Sí señor, hace tiempo. —Ian empezó a dirigirse hacia los escalones cuando fue
detenido por Montague. —Tuvimos un visitante ayer, señor, el Sr. Harold Middleton—.
Ian se paró en seco y se volvió para mirar fijamente al mayordomo.
—El Sr. Knightly se ocupó de él. Hizo que los lacayos le escoltaran fuera y dio
instrucciones de que no se le permitiera de nuevo el acceso a la casa.
— ¿Qué pasó? —El tono de Ian era crispado. Gracias a Dios Derek había estado aquí.
—Él atacó a la señora Middleton. Ella pudo impedir al Sr. Knightly matarlo, pero sólo
por poco. —Lo último lo dijo con una decidida nota de aprobación. Al parecer Derek había
subido completamente en la estima del hombre mayor.
—Bien por el Sr. Knightly. Por favor vea que sus órdenes se sigan. Gracias, Montague.
—Él empezó a volverse pero miró de nuevo hacia Montague. — ¿Está ella bien?
—Un poco agitada, pero aparte de eso creo que está bien, señor.
Ian asintió de nuevo y esta vez subió los escalones. Encontró que su fatiga desaparecía
mientras se acercaba a su alcoba. Había sólo una débil luz que se filtraba por debajo de la
puerta, así que la abrió muy cuidadosamente y entró en el cuarto. Sophie estaba durmiendo, su
mano escondida bajo la almohada y su pelo extendido detrás de ella en su lado. Ian se sentó
despacio en la silla más cercana, todavía mirándola, sus rodillas un poco débiles al pensar en
ella siendo asaltada aquí sin él para protegerla. Gracias a Dios por Derek, pensó de nuevo.

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— ¿Derek? La voz de Sophie venia baja y somnolienta desde la cama, e Ian se levantó y
fue hacia ella.
—No, soy Ian, querida, —murmuró, preguntándose brevemente por qué pensaría que
era Derek.
— ¿Ian? Su voz era más fuerte y se incorporó, mientras escudriñaba en la oscuridad
hasta que él llegó a su lado y se sentó al borde de la cama. — ¡Oh, Ian! —lloró y echó sus
brazos alrededor de él.
—Lo sé. Sé lo que pasó ayer, —le dijo suavemente. — ¿Estás bien?
El cuerpo de Sophie se apretó más contra el suyo y la oyó contener su respiración. —
¿Lo…lo has oído? preguntó, con voz trémula. — ¿Derek te lo ha contado?
—No, Montague. Me dijo que Derek cuidó de ti.
Sophie se echó hacia atrás y le lanzó una mirada culpable a Ian. —No fue culpa de
Derek, Ian, realmente. En parte fue culpa mía. No, totalmente mía. Lo siento, Lo siento
mucho.
—Claro que no es culpa tuya, Sophie, ni de Derek tampoco. ¿Cómo podías saberlo? —
Él extendió la mano y acarició su suave pelo, desde las sienes al hombro. Sophie retrocedió e
Ian maldijo interiormente a su hermano.
—No lo sabíamos, Ian. No lo planeamos. Debes creerme. —Sophie estaba casi rogando
su perdón, y el corazón de Ian se rompió pensando que ella pudiera imaginar que la culparía
del embrutecimiento de su hermano.
—Sophie, sé que no invitaste a tu hermano aquí, por el amor de Dios. Él no te
molestará de nuevo, te lo juro. Gracias a Dios Derek estaba aquí para protegerte.
—Mi…Harold? Estás hablando de Harold? —Sophie estaba confusa y de repente su
alivio fue obvio.
—Por supuesto. ¿Sobre qué si no estás hablando? —Ahora era Ian el confundido.
— ¡Nada! quiero decir, —Sophie se rió cohibidamente y agitó su cabeza. —Oh, Ian,
casi me había olvidado de Harold. —Ella se mordió el labio y miraba sus manos en su regazo.
Ian levantó su barbilla con un dedo.
— ¿Sophie? —él preguntó tranquilamente.
—Derek tuvo una pesadilla anoche. —Dijo Sophie en voz baja también, pero sus

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palabras salieron en una ráfaga.


—Maldición, —dijo Ian severamente y empezó a levantarse, determinado a ver a
Derek. Se detuvo a medio camino y se sentó de nuevo. ¿Cómo podría dejar a Sophie? Ella
probablemente estaba perturbada todavía por la visita de su hermano, no importa lo que dijo.
¿Maldita sea, por qué no podían estar todos en el mismo cuarto? Eso haría su vida mucho más
fácil. ¿Tan difícil era compartir la maldita cama?
Como si ella se diera cuenta de su tumulto interno, Sophie extendió su mano sobre la
suya. —Ve con él, Ian. Te prometo que no tendré ninguna pesadilla esta noche. Él te necesita.
Por favor. — Le sonrió alentadoramente y él le devolvió la sonrisa.
— ¿Estás segura, Sophie?— Recogiéndolas, besó ambas manos. —Yo no quiero dejarte
si todavía estás disgustada.
—Estoy más disgustada por la pesadilla de Derek. Él no dijo mucho, pero estaba muy
agitado por ello, creo. —Ella agitó su cabeza tristemente. —Tengo miedo de no haber sido
quien él necesitaba para ayudarle a superarlo.
Ian pensó en cómo normalmente aliviaba a Derek con sexo después de una de sus
pesadillas. Sophie podría haber ayudado sólo si él se lo permitiera. O sólo si ella se lo ofreciera.
Ian suspiró y se levantó. —Regresaré, Sophie.
No, Ian, está bien, no tienes que…
Ian cortó su protesta. —Dije que regresaré, —le dijo firmemente cuando abrió la puerta
y que luego cerró suavemente tras él.
Él no se molestó en ser silencioso cuando entró al cuarto de Derek. De algún modo
sabía que Derek no estaba durmiendo. Cuando abrió la puerta, encontró Derek sentado en una
silla en la oscuridad, mirando fijamente a través de la abierta ventana. Derek habló sin darse la
vuelta.
—Te vi llegar. Pareces cansado. Acuéstate y hablaremos por la mañana. —Su voz era
casual, pero todavía no miraba a Ian y la alarma interior de éste se disparó. Como había
sospechado, Derek todavía estaba disgustado por la pesadilla.
— ¿Tuvisteis un día ocupado ayer, no, tú y Sophie? —Bien, al menos eso le hizo
reaccionar. Derek giró para mirarlo, sobresaltado.
— ¿Sophie te lo dijo? —preguntó incrédulamente.

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—No, Montague lo hizo, pero acabo de ver a Sophie.


— ¿Cómo diablos lo sabe Montague? —Derek estaba indignado.
— ¿No pediste su ayuda? —Ian estaba de nuevo desconcertado. Quizás estaba más
cansado de lo que suponía.
— ¡Buen Dios, no! ¿Por qué coño iba a pedirle ayuda a Montague?
—Él dijo que mandaste a los lacayos echarle y diste instrucciones de que no le
permitirían entrar de nuevo en la casa. —Ian se sentó en la cama y se permitió mostrar su
fatiga y confusión. —Sin embargo ya pasó, simplemente me alegro de que estuvieras aquí,
Derek. No sé lo que le habría pasado a Sophie si no hubieras estado aquí.
Derek lo miró durante un momento y entonces empezó a reírse. A Ian no le gustó esa
risa. Era amarga y mostraba más infelicidad que diversión.
— ¿Derek? ¿Estás bien?
Derek agitó su cabeza cuando su risa murió, dejando una sonrisa sardónica. —
Middleton. Sí, yo tenía al bastardo en el suelo. Quise matarlo. Él la tenía agarrada por el pelo
y parecía que estaba intentando romper su cuello. Ella estaba tan blanca que por un momento
creí que la había matado, hasta que me vio y gritó mi nombre. —Derek apretó sus manos en
los brazos de la silla e Ian vio el ligero temblor en una de ellas. La descripción de Derek hizo
que Ian también se agitara.
—Nunca debí dejar a los dos solos, nunca, —dijo, furioso consigo mismo. Se asustó cuando
Derek se rió amargamente de nuevo.
—No, Ian, realmente no deberías hacerlo. —Derek se puso en pie de repente y agarró el
brazo de Ian. —Vamos. Sophie te necesita más que yo esta noche.
Ian se resistió. —Derek, párate. —Sophie me envió aquí. Me dijo que tuviste una
pesadilla anoche.
Derek levantó su cabeza y miró Ian escrutadoramente. — ¿Lo hizo? ¿Qué más dijo ella?
—Simplemente que no pudo ayudarte después. Siento no haber estado aquí, Derek.
Maldita sea, estoy tan tan…disgustado que todo esto ocurriera cuando me fui, por no estar
aquí para vosotros.
Derek suspiró y apoyó las manos en sus caderas, perdido en sus pensamientos antes de
girarse hacia Ian. —Tú no puedes estar aquí para nosotros todo el tiempo, Ian. Sophie y yo

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necesitamos aprender a cuidar de nosotros mismos.


—No, no tienes que hacerlo, —dijo Ian bruscamente. —No me importa cuidar de ti.
Eso es por lo qué estoy aquí. Siempre me tendrás, el uno al otro. ¿No fue ella en absoluto de
ayuda para ti anoche? — Él había esperado que un poco de tiempo solos ayudaría a estar más
cerca, pero al parecer no era así.
—No, no lo fue, pero no por la razón que crees.
La contestación de Derek era tan enigmática que dejó a Ian más confuso que antes. —
¿Derek, de que diablos está hablando? Entre Sophie y tú, esta noche no consigo aclarar qué ha
ocurrido.
Derek agarró de nuevo su brazo e Ian le permitió llevarlo fuera del cuarto hacia el
vestíbulo. Ian apenas movió su cabeza cuando Derek abrió sin ceremonias la puerta de la
alcoba y arrastró a Ian detrás de él.
—Aquí, —dijo Derek, mientras empujaba a Ian hacia la cama, tú lo necesitas más que
yo. No soy un caso de caridad.
Sophie se sentó a en la cama cunado llegaron y miro a Derek mientras se cubría los
pechos escasamente vestidos con la sabana. —Yo tampoco lo soy. Tú eres el que tenías la
pesadilla, tú lo necesitas más.
Ian estaba empezando a sentirse como un trapo viejo. — ¿Qué ocurrió mientras estuve
fuera? — exigió, bastante seguro de que había más en la historia de lo que le habían contado
hasta ahora.
—Sophie y yo…
Sophie le cortó con un grito. — ¡Derek!
—Sophie, —respondió Derek sarcásticamente. —Él tiene que saberlo algún día. —
Derek miraba Ian con una expresión cuidadosamente en blanco. —Follé a Sophie anoche,
después de la pesadilla. La máscara de Derek se resquebrajó y mostró su frustración. Él se pasó
una mano a través del pelo y suspiró. —No fue culpa suya. Yo estaba…enfadado. Era un
sueño malo, y Sophie vino, como un tiro exigiendo ayudar, y queriendo saber cómo tú me
ayudabas, y le dije que me follabas hasta dejarme ciego y una cosa llevó a otra… —suspiró de
nuevo, esta vez pareciendo cansado y roto, —y las cosas se nos fueron de las manos. Me
aproveché de su preocupación y compasión, pero no ocurrirá de nuevo.

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Ian no supo qué decir. Nunca habría imaginado que era eso lo que había pasado. Derek
y Sophie… estaba asombrado. No disgustado, pero si desconcertado. No había tenido idea de
que ellos estaban empezando a sentirse así. ¿Había esperado, por supuesto, que un día…pero
tan pronto? Su susto se reemplazó rápidamente por alarma. Ni Sophie ni Derek parecían muy
felices sobre el nuevo giro en su relación.
—No te hagas tan... tan malditamente el mártir. —La voz de Sophie sonaba enfadada,
e Ian estaba casi tan asombrado por su lenguaje como por el hecho de que hubiera follado con
Derek. —No necesito que te eches todas las culpas. Yo estaba allí también, y ciertamente no te
dije que te detuvieras o grite pidiendo ayuda. No se pareció ni remotamente a una violación.
—Maldita sea, Sophie, no tenías ninguna intención cuando viniste corriendo para
ayudarme de que yo fuera a arrastrarte a mi cama.
Derek estaba claramente furioso con ella, pero Ian no sabía por qué. ¿Por intentar
asumir las culpas? Eso no tenía ningún sentido.
—No, no lo hice. Pero si recuerdas correctamente, me dijiste lo que deseabas y me diste
la oportunidad de rechazarte. No lo hice. Te permití arrastrarme a tu cama, y lo que es más, lo
disfruté. Si nosotros vamos a decírselo a Ian, entonces le diremos todo. —Sophie estaba
desafiante y ultrajada y tan increíblemente deseable que Ian quiso arrastrarla directamente a la
cama en ese momento, con Derek también.
Derek no respondió, sólo se apartó a una esquina lejana y se giró de pie ante Ian con
sus brazos cruzados, mientras miraba al suelo. El silencio era incómodo, puntualizado por la
rápida respiración de ambos, Derek y Sophie. Ian supuso que necesitaba decir algo ahora.
—Bien, —dijo, sin perder un momento, —ya veo. Um, estás bien, Sophie? —Él la
miraba, realmente la miraba. No parecía estar agotada o desgastada después de su noche con
Derek, pero Ian podía apostar que ella tenía cardenales. Derek podría ser un amante rudo,
exigente, particularmente después de sus pesadillas. Ian intentó esconder cómo le excitaba el
pensamiento de ver los cardenales de Derek en la cremosa piel de Sophie.
El tono de Sophie fue seco. —Estoy bien. —Miraba sin ver por encima del hombro de
Ian y se abrazó a si misma con los brazos.
—Bien, —dijo Ian, mientras asentía inane, estaba seguro. — ¿Y tú, Derek? ¿Estás bien?
—Claro que estoy bien, —él ladró. —Estoy bien. ¿Por qué no iba a estar bien?

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Camaradas de Armas 4

— ¿Y tú, Ian? ¿Estás bien? Me siento como si…como si te hubiéramos traicionado. —


La voz de Sophie era débil y un poco insegura.
Ian negó con la cabeza. —En absoluto, aquí nadie ha traicionado a nadie. Los amo a
los dos mucho. —Al oír estas palabras, Sophie soltó un gemido y entonces sorbió
ruidosamente, —y si tuvieron que encontrar consuelo entre ustedes porque no estaba aquí, no
voy a lanzar piedras. —Derek resopló, y cuando Ian lo miro Derek arqueó una ceja y torció el
gesto de su boca. —Así que todos estamos bien.
—Muy bien, —Sophie estuvo de acuerdo con una alegría evidentemente falsa.
—Muy bien, —Derek estuvo de acuerdo con un gruñido.
—Exactamente eso, —dijo Ian, mientras asentía de nuevo, —Muy bien. —Se miraron
fijamente entre si durante un minuto hasta que Ian rompió el silencio. —Así, que ¿dónde
infiernos se supone que voy a dormir esta noche? —

Ian terminó en la cama con Sophie porque sencillamente ya estaba allí. Mandar a Derek
de vuelta a su propio cuarto resultó tan difícil para Sophie como para Ian. Derek se había
convertido en una esfinge, por lo que Ian no tenía ninguna idea de lo que Derek estaba
sintiendo, pero lo podía suponer.
Desayunar a la mañana siguiente resulto ser menos difícil de lo que habían imaginado.
Ian contó a Derek y Sophie la reunión con su tío.
Sophie agarró su mano fuertemente cuando él acabó. —Oh, Ian, estoy tan aliviada. Sé
lo duro que era para ti estar alejado de tu familia. Es muy amable por tu parte perdonarle.
Ian no pudo evitar sonreír hacia ella y besar la mano que sostenía la suya. —Sophie,
querida, la mayoría de la gente diría que él fue el amable por perdonarme.
Sophie sorbió delicadamente. —Sí, bien, la mayoría de la gente estaría equivocada, ¿no
es así?
Derek soltó un resoplido de burla. —A la mayoría de la gente no le importa si tienen
razón o no, solo les preocupa no ser la fuente de los chismes, sólo ser los transmisores. El
Conde de Wilchester incluido.
240
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Camaradas de Armas 4

Sophie soltó la mano de Ian y jugueteó con su taza de té. No miró a Derek. —Sí, lo sé.
Muchas personas son mezquinas y malas. Pero otras muchas no lo son. Ingenua o no, me
niego a pasar por vida odiando a todos los que están simplemente equivocados. —Ya he
gastado demasiado tiempo de mi vida odiando.
Derek se enderezó enfadado. —Cristo, Sophie, no quise decir nada por eso. ¿Todo lo
que diga va a ser equivocadamente interpretado como un ataque hacia ti de hoy en adelante?
Ian se apenó de que la tregua terminara tan pronto. —Ella no ha dicho eso, Derek.
Derek miró hacia él. —Et tu, Brute?15 Él empujó atrás su silla. —Bien, supongo que
puedo defenderme por mi mismo. Ciertamente he tenido bastante práctica.
— ¿Qué eso se supone que significa eso? —Preguntó Ian, exasperado. —Estoy
intentando evitar una pelea, no empezar una.
—Deténganse, por favor, —rogó Sophie a ambos, silenciosamente desesperada. —Esto
no es lo que deseo en absoluto, por favor. Ian, Derek tiene razón. Estoy siendo demasiado
sensible. No le grites.
Derek la echó una mirada incendiaria. —No necesito que me defiendas. ¿No acabo de
decir que puedo cuidar de mí?
—Bien pues voy a hacerlo de todas formas, —Sophie le soltó, — simplemente siéntate y
cállate
Derek pestañeó por el asombro. — ¿Me has ordenado que me esté callado?
Sophie asintió vivamente. —Y sentado.
Ian se rió ante la consternación de Derek. —Bien, realmente sabes parar una pelea en
seco. Siéntate, Derek. Ella tiene razón, Estamos todos demasiado sensibles. — Suspiró. —
Vamos a necesitar estar sentados y hablar sobre lo que pasó. —Ante la protesta de Sophie, Ian
levantó una mano con un gesto conciliatorio. —Mas tarde, lo discutiremos. ¿Pero no han oído
lo que les dije antes? Mi tío desea hacer un baile para celebrar nuestro matrimonio dentro de
tres semanas. Pensé que podríamos visitar a Lord Randall hoy e invitarlos a todos

15
«¿Tú también, Brutus?»Estas fueron las últimas palabras que exclamó el emperador Julio César, -“Et tu, Brute?”-
al ser traicionado y acuchillado por su hijo adoptivo a quien había amado y quien fue secundado por Cassius y los
Senadores Romanos. Quizás éste, junto al de Judas Iscariote, son los ejemplos de traidores más celebres de la historia.
(N.T.)

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Camaradas de Armas 4

personalmente. Puedes hablar con Kate y Very sobre ello. Estoy seguro que necesitarás nuevos
vestidos y cursilerías y el resto de lo que sea que las mujeres necesiten para estas ocasiones.
La cara de Sophie palideció. — ¿Un baile? ¿Quieres decir qué tenemos que asistir?
Derek suspiró y se recostó, mientras movía su cabeza. —Claro que tienes que asistir a
un baile en tu honor, tú eres la homenajeada. Ian y tú sois las únicas dos personas que tienen la
obligación de estar allí.
Ian sonrió diabólicamente. —Mmm, sí, bien, yo le dije a mi tío que tú también
asistirías, Derek, por lo que él estará esperándote. Así que eres la tercera persona que
obligatoriamente tiene que estar allí.
Derek parecía absolutamente asombrado. — ¿Él va a permitirme asistir? Sé que le
reconociste nuestra relación, pero que eso era en privado. Ciertamente él no querrá que lo
hagas en público.
—No, no quiere. Pero prometí que serías discreto, como deseamos Sophie, yo y Tío
Víctor, así que no habría nada en contra de tu asistencia. —Cuando Derek empezó a agitar su
cabeza, Ian le lanzó una mirada que dijo sin ninguna duda que no habría discusión. —Deseo
que estés allí, Derek.
Derek estrechó sus ojos durante un minuto, entonces cabeceó de mala gana. —Bueno.
Pero no esperes que baile atendiendo a cualquiera de esos pequeños buitres buscamarido que
estoy seguro de que tu tío pondrá en mi camino. No me lo endilgará para aplacar sus
obligaciones sociales.
Ian le envió una sonrisa torva. —Estoy bastante seguro que el propósito del baile es
celebrar mi matrimonio con Sophie, no intentar casarte a ti, Derek.
—Humm, — murmuró Derek, —No estaría demasiado seguro de eso. Tu tío es un
taimado bastardo.
Sophie había estado notoriamente callada durante su intercambio, e Ian la miraba.
Parecía vagamente enferma con pensar en el baile. —Vamos, Sophie, será un gran
acontecimiento. Te encontrarás a algunas personas buenas y algunas personas -no-tan-buenas.
Te examinarán y te declararán incapaz de cumplir los requisitos de una esposa Witherspoon,
nos mentirán a la cara, comerán la comida de mi tío y después se irán. Entonces nosotros
vendremos a casa y nunca pensaremos en ellos de nuevo.

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Camaradas de Armas 4

Su último comentario consiguió hacer a Sophie soltar una risa nerviosa. — ¿Prometido?
preguntó.
—Yo ni siquiera pensaré en ellos mientras estamos allí, —murmuró Derek con
aversión, y eso hizo a Sophie reírse completamente.

Ellos llegaron a la casa de Lord Randall esa tarde entre un coro de saludos encantados.
Había ya varios señores que estaban allí, y todos saludaron a Sophie calurosamente.
Recordaba a la mayoría de ellos de la boda, pero no le dieron oportunidad de sentirse
avergonzada sobre su dramática salida del desayuno tras la boda. Lo achacaron a los nervios
de la boda y ella permitió dejar esa impresión.
Ian anunció el próximo baile e invitó a todos los presentes a asistir. Hubo mucha
discusión sobre que otros podrían asistir. Sophie se sorprendió al saber que Kate estaba fuera
de la sociedad desde su matrimonio con Jason, y Very no había sido presentada todavía.
—Bien, no somos precisamente bienvenidas en la mayoría de las salas de recibir de la
sociedad elegante, querida, —Kate dijo con un rubor. —Nuestra… situación es muy conocida
en la sociedad, y fruncen universalmente el entrecejo.
— ¿Quieres decir sobre el hecho de que vives con Jason y Tony? Bueno, apenas pienso
en lo que eso significa. Según el tío de Ian, con tal de que el marido y su esposa presenten un
frente unido, lo que ocurra detrás de las puertas cerradas no es asunto de nadie más. Ahora
que Ian está casado, el conde aseguró que nadie mirará mal a Derek en nuestra compañía. —
El tono de Sophie era tan de hecho consumado que el silencio saludó su anuncio. Sophie echó
una mirada alrededor nerviosamente. Se obligó a no retorcer sus manos. — ¿Dije algo malo?
—susurró a Kate.
Kate parpadeaba hacia ella como un búho pero agitó su cabeza ante la pregunta de
Sophie. —No, no, Sophie, tienes razón, por supuesto, simplemente es que nosotros nunca
pensamos sobre eso. Creo que quizás hemos estado engañándonos sobre esto y por qué nos
escondemos aquí. Quizás no sea lo que la sociedad piensa, pero es lo que nosotros pensamos.
—Parecía perturbada, y Sophie se sentía horrible por hacerla sentirse así.
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Camaradas de Armas 4

— ¡Oh Kate!, —gimió, — ¡no seas tonta! Yo también habría tenido miedo, si el tío de
Ian no le hubiera dicho eso. — ¿Está equivocado? —Sophie empezó a sentirse aterrada, y
empezó a sentir su respiración errática.
De repente Ian estaba allí y Derek frunciendo el entrecejo a Kate. —Respira, Sophie, —
dijo Ian suavemente mientras se sentaba a su lado, —suave y despacio. Eso es.
—No había tenido uno de esos ataques nerviosos en semanas, Kate, y ahora vas y la
perturbas. Si Wilchester dice que a nadie le importará, es que a nadie le importará. Todos
ladran como los perros si él lo dice, así que si les dice que lo ignoren, ellos lo harán, —Derek le
gruñó.
—No te atrevas a gritar a Kate, —gruñó Jason, mientras se enfrentaba a Derek,
parándose delante de él.
—Entonces dile a tu esposa que deje de perturbar a Sophie, —Derek ladró, mientras
daba un amenazador paso adelante.
—Derek, —dijo Sophie jadeante, —Estoy bien, realmente. No es culpa de Kate. Ya me
lo dijiste, soy una pequeña ave. Pero no lo soy. ¿Ves? Ya estoy bien. —Se sentó recta e intentó
respirar normalmente. Estaba mortificada por haber dado otro espectáculo, y Derek lo estaba
poniendo peor. Él entrecerró los ojos. —Mira, estoy respirando, —le dijo, mientras tomaba
tres exageradas y profundas respiraciones. — ¿Ves? ya estoy bien.
—Derek, —dijo Ian en voz baja, y después de mirarlos, Derek se retiró.
—Discúlpame, Kate, —dijo de mala gana.
—Oh Derek está bien. Tienes razón. Si Wilchester se los dice ellos ignorarían un
elefante blanco en medio del salón de baile. —Se volvió a Sophie y sonrió. —Tienes mucha
suerte de tener a la familia de Ian, Sophie. Ellos le quieren mucho, y estoy segura que esos
sentimientos se extenderán a ti. —Ella miró a Derek, herido. —Quiero decir…estoy segura que
ellos se sienten así también con Derek. —Su voz se desvaneció al final, como si todos los que
les escuchaban fueran conscientes de que la relación de Ian con Derek había causado la
ruptura con su familia.
Derek sonrió irónicamente. — ¿Bien, eso será digno de ver, no es cierto? Ahora todos
tendrán que venir al baile, aunque solo sea por verme abrazar el seno familiar de Ian.
Ian suspiró y se relajó al lado de Sophie. — ¿Ves, Sophie, no te dije que un baile sería

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Camaradas de Armas 4

una gran diversión? Mira cuanto nos estamos divirtiendo ya y todavía faltan semanas para que
llegue.
Sophie estalló en risas con el sarcasmo de Ian. —Oh, menuda diversión. Te aseguro
que espero con más impaciencia la intensa diversión de despellejar a una buena presa que
bailar delante de centenares de ávidos cotillas de sociedad, todos ladrando como perros. —El
cuarto entero estalló en risas tras la respuesta de Sophie, y Derek sonrió con aprobación hacia
ella.
—Bien, Ian, la idea que tiene tu esposa de diversión puede ser poco ortodoxa, pero me
gusta alguien original, —pronunció con lentitud una voz divertida desde la puerta de la sala.
—Freddy! Kate gritó, ofreciendo su mano cuando él avanzó para saludarla. —Y Brett
también, cuanto me alegro de veros. ¿Habéis regresado tan pronto de Ashton Park?
—Un desagradable tema menor que me llevó poco tiempo y acabó en boda, —dijo
besándole la mano. —Hay cosas que requerirán pronto mi atención, sin embargo. Pero basta
de eso, ¿que es lo que oigo acerca de un baile? —Se volvió y besó la mano de Sophie y ella le
sonrió tímidamente.
¡Un duque estaba besando su mano! —Ella se ruborizó viendo el Sr. Brett Haversham
callado detrás de él.
—Usted realmente brilla, Señora Witherspoon, —dijo el Sr. Haversham con una
sonrisa que lo transformó de anodino a impresionantemente guapo. —El matrimonio parece
sentarla bien. —Miró hacía Ian y Derek que estaba golpeando al duque en el hombro y
riéndose por algo. —Parece que les sienta bien a todos ustedes.
Sophie se ruborizó más si cabe. —Gracias, Sr. Haversham, —contestó educadamente.
—Lo encuentro realmente de mi gusto. Ella lanzó una mirada atrevida a Ian y Haversham se
rió.
El duque se sentó airosamente en un delicado sillón y sonrió calurosamente a la
reunión. —Así que díganme por qué la estimada señora Witherspoon estará bailando delante
de perros ladradores, —inquirió educadamente, y Sophie se rió, y los nervios, al estar en tan
alta compañía, se evaporaron. Se puso rápidamente al corriente sobre el baile.
—Bien, —exclamó, pasmado, —por supuesto que no habrá ningún problema.
Wilchester levanta mucho respeto entre la alta sociedad.

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—Tú asistirás, no es cierto, Freddy? —Kate preguntó. —Como Duque de Ashland


tienes tanto o más poder que Wilchester.
— ¿Lo tengo? —preguntó Freddy. —Bueno, sí, me imagino, sólo que nunca he pensado
en usarlo de tal manera. Si es eso que lo que deseas, mi estimada Kate, entonces llevaré mis
zapatos de baile más de moda y cortaré la cabeza de cualquiera que frunza el ceño a ti o a la
señora Witherspoon. ¿Eso las haría felices, queridas?
—Usted tendrá que bailar con Very, Su Gracia. Será su presentación en sociedad, y
sería realmente la envidia de todos. —Sophie echó una mirada alrededor del cuarto. —Dónde
está Very?
Kate y Jason parecían incómodos. Tony suspiró y Wolf miraba por la puerta hacia el
jardín. —Ella está en el jardín, —Sophie, dijo Kate. — ¿Por qué no sales y la saludas? —
Sophie levantó su cabeza inquisitivamente hacia Kate, pero la otra mujer agitó su cabeza
sutilmente e indicó a Sophie que debía salir, así que ella se levantó y se excusó. Sintió varios
pares de ojos seguirla cuando ella dejó la sala.
Encontró a Very oculta en el fondo del bonito e informal jardín. Estaba sentada en el
pequeño cenador griego, llorando patéticamente. Era tan raro en Very que Sophie se paró del
susto un momento antes de apresurarse hacia ella. —Very, querida, ¿qué te ocurre? —
preguntó, sentándose al lado de la miserable muchacha y abrazándola.
— ¡Oh Sophie! —se lamentó. —Es todo por mi culpa. Y ahora estamos separados. —
Ella sollozó en su húmedo pañuelo. La pobre no era buena llorando. Tenía la cara enrojecida e
hinchada y parecía como si su nariz estuviera llena de algodón.
—Shh, —Sophie la tranquilizó. —Debes calmarte, querida, y contármelo todo.
Sorbió ruidosamente dos veces y miró su pañuelo arruinado. Sophie sacó uno de su
retículo y Very lo tomó agradecida. —Bien, he tenido una buena lloradera, así que me
imagino que tienes razón, es hora de parar. —Sophie casi se rió. Cómo Very se negaba a
regodearse demasiado tiempo en las profundidades de la miseria. Con un suspiro final y un
delicado sonado de su nariz, Very miró a Sophie y Sophie pudo ver cuán infeliz era.
—Todo empezó cuando permití a Wolf hacerme el amor, —Very empezó, como si
estuviera contando un cuento. No consiguió ir más allá porque Sophie interrumpió con un
respingo.

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Al comando del amor Samantha Kane
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— ¿Qué tú permitiste que?


—Bien, no hacer el amor exactamente. No hemos tenido consumación sexual
realmente. —Very hizo una mueca y suspiró. —Realmente, estábamos totalmente vestidos. Y
ninguno se corrió. Así que hacer el amor no es posiblemente la frase correcta.
El susto de Sophie se había vuelto en sospecha. — ¿Cuál es exactamente la frase
correcta?
Very miró a su regazo mientras retorcía el pañuelo en sus manos. —Él me besó. Nos
besamos. Levanto la mirada a Sophie entonces. —Michael estaba allí.
— ¿Kensington?
Very asintió. —Yo estaba besando a Michael, sabes, y bien, quizás algo más que
besando, cuando Wolf vino hacia nosotros. Parecía la cosa más natural del mundo incluir a
Wolf, ya que él y Michael son amantes.
Sophie miró boquiabierta a Very. — ¿Lo son?
Very miró a Sophie con desconcierto. —No sé por qué te sorprende. Después de todo,
tú estás en la misma situación.
Sophie movió su cabeza. —Por supuesto. Lo siento, simplemente no me había dado
cuenta. Continua. —Una parte de Sophie se asustó con la revelación, y otra parte la excitó, y
además, la alivió inmensamente que alguien más pudiera entender su dificultad.
—Bien, después de que Wolf me besara, —Very hizo una pausa, agitando su cabeza, —
no, después de que yo lo besara, Michael tuvo otro de sus ataques de conciencia y se largó. —
Una lágrima resbaló por la mejilla de Very y la golpeó para secarla con impaciencia. —Y
ahora parece que Michael se ha ido. Nadie sabe donde. Al parecer él lo hace cada pocos
meses, cuando el sentimiento de culpa de su relación con Wolf se vuelve más pesado de lo que
puede soportar. —Ella sonó tan triste, que Sophie apretó su mano.
—Te arrepientes de haber besado a Wolf? —Sophie preguntó suavemente, esperando
que la respuesta fuera no.
—Oh no, —Very dijo emocionada. —Me hizo comprender que tengo sentimientos
profundos también por él. Siempre quise a Michael, sabes, y Wolf simplemente estaba allí, una
parte de Michael. Pero esa noche, bien, yo deseé a Wolf. Deseé besar a Wolf. Le vi, realmente
le vi, por primera vez, y vi lo que él siente por mí, y lo quiero, con o sin Michael. Los ojos

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angustiados vueltos a Sophie. —Pero Michael se disgustó mucho. No por celos, sino porque
piensa que está mal, estar los tres juntos.
—Cómo se siente Wolf? —Sophie no era tonta. Veía claramente el paralelismo entre
los problemas de Very y los suyos propios. ¿Quizás si entendiera los sentimientos de Wolf,
entendería a Derek?
—Él me quiere, profundamente, pero está de acuerdo con Jason, Kate y Tony.
Sophie movió su cabeza, desconcertada. — ¿Ellos también saben esto? Esto podría ser
un poco más de lo que Sophie podría manejar en este momento.
Very la miró con horror. — ¡Buen Dios, no! Jason y Tony los habrían azotado a ambos.
No, fue en el día de tu boda. Ellos nos pidieron a Wolf y a mí que nos tomáramos las cosas
con más tranquilidad. Creen que yo soy demasiado joven para tomar una decisión tan
importante. Realmente creen que puedo cambiar de opinión después de que yo vea un poco el
mundo y entretenga a unos pocos más pretendientes. ¿Más? No tengo más que a Wolf y
Michael. ¿Dónde se supone que voy a conseguir más pretendientes?
De repente Sophie comprendió que Very no sabía nada del baile. Rápidamente puso a
Very al día de las últimas noticias.
— ¡Oh, Sophie es maravilloso! —Very estaba alborozada cuando agarró las manos de
Sophie. —Estarás ahora tan contenta de que la familia de Ian lo haya aceptado y vuelva a dar
le la bienvenida. ¡Y un baile! Me moriría por asistir. ¿Dijo Kate si puedo ir?
Sophie se rió. Very parecía estar mejor ahora que cuando Sophie salió para encontrarla.
Estaba volviendo su color y sus ojos estaban recobrando la chispa. Sophie estaba contenta, no
le gustaba ver a su amiga tan infeliz.
—Sí, sí, vas a hacer tu debut en mi baile, Very. ¿No es maravilloso?
Very arrugó su nariz. —Lo supongo, pero se esperará que yo baile con todos esos
míticos pretendientes, estoy segura. —Ella abrió la boca y miró Sophie con sobrecogimiento.
—Oh probablemente esperarán que Ian y tú bailéis un vals juntos. ¡Que divino!
Los ojos de Sophie se ensancharon y sintió el retorno de su malestar anterior con ese
pensamiento. —Very, tienes que ayudarme, —pidió a la bastante recuperada muchacha
agarrándola de las manos.
Very la miró con preocupación. —Claro, Sophie, cualquier cosa que necesites. Dime

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cómo puedo ayudar.


Sophie se mordió el labio y entonces soltó su secreto bruscamente. —Yo no puedo
bailar.
Very se mofó. —No puedes ser tan mala, Sophie. Yo suelo tropezar un poco porque
soy algo más alta que la mayoría de los hombres.
Sophie la miraba como midiéndola. — ¿Pero puedes bailar?
Ver pareció ofendida. — ¡Claro que puedo bailar! Puede que todavía no haya tenido mi
temporada, pero de vez en cuando bailamos aquí en la casa cuando tenemos invitados, y como
normalmente hay escasez de mujeres, yo tengo mi cuota de compañeros de baile.
Sophie respiró profundamente aliviada. —Entonces puedes enseñarme.
Los ojos de Very se abrieron como platos. — ¿Quieres decir que no sabes como bailar?
—Sophie asintió con su cabeza.
Very agarró su mano y la arrastró escalones abajo del cenador, atravesando el jardín
hacia la casa. —Ven, no hay momento como el presente. Tenemos un salón lleno de
compañeros de baile disponibles. Bailarás como una princesa a final del día.
Sophie intentó solar su brazo con una protesta. — ¡Very, no! ¿No podemos hacer esto
discretamente, para que nadie lo sepa? ¿Por favor?
Very resopló. —Por supuesto que no. Cuanto más pronto empecemos, mejor lo harás
dentro de tres semanas. —Ella lanzó una mirada detrás de ella. —No te preocupes, Sophie,
nadie aquí dirá nada simplemente porque no sabes bailar. —De repente Very chasqueó sus
dedos. — ¡Claro! Derek. Derek baila divinamente. Estoy segura que a él no le importará
enseñarte.
Sophie estaba agitando su cabeza frenéticamente. —No, Very, Derek no. Cualquiera
menos Derek, por favor.
Very frunció su frente con irritación. — ¿Todavía está siendo desagradable? Le tiraré de
las orejas, Sophie, y haré que se comporte.
Sophie cerró los ojos. —Nosotras somos amigas, ¿verdad, Very? —preguntó en voz
baja y un poco desesperada. —Por favor no me hagas bailar con Derek.
Very pareció exasperada. —Sophie, no seas boba. Derek no es tan malo.
—Hice el amor con Derek hace dos noches, Very. —Dijo Sophie bruscamente, sus ojos

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abiertos por el susto de oír las palabras una vez salieron de su boca.
— ¿Qué? —Very chilló ruidosamente. —Oh Dios mió, Sophie! —Empujó a Sophie al
banco más cercano y la hizo sentar. — ¿Cómo es? —Preguntó con ávida curiosidad.
Sophie pestañeó y no pudo detener el flujo de palabras. —Fue maravilloso, Very,
increíble. Y creo que yo puedo estar enamorándome de él. —Ella puso una mano sobre su
boca para evitar decir algo más.
— ¿Very? ¿Estás bien? — Wolf apareció en el camino a unos pies de distancia, su
expresión precavida cuando miró a las dos mujeres.
—Vete, —Very le ladró. —Estamos teniendo una conversación privada. —Wolf
pareció sobresaltarse con sus palabras, pero inmediatamente se volvió para cumplir sus deseos.
—Y asegúrate de que nadie más nos moleste, querido, —ella remató alegremente, —y Wolf se
envaró antes de volverse para lanzar una sonrisa a Very y entonces desapareció regresando a
la casa.
Very miró a Sophie con los ojos entrecerrados. —Me lo contarás todo, Sophie. Cada
pequeño detalle. —Y Sophie quitó la mano de su boca y reveló todo con un torrente de
palabras.
—Bien, ¿está todo bien? —preguntó Derek con impaciencia a Wolf cuando él volvía
hacia la terraza.
Wolf le sonrió abiertamente. —Conversación de chicas.
Derek puso los ojos en blanco. — ¿Qué va mal con Very?
Afortunadamente Wolf estaba acostumbrado a sus maneras bruscas y no movió ni una
pestaña antes de contestar. Ellos se habían retirado a la terraza, cansados de las miradas
especulativas de sus bienintencionados amigos. —Kensington se ha ido de nuevo.
—Maldito infierno. Lo siento, Wolf. —Interiormente Derek tenía unas palabras más
selectas para la deserción de Kensington. Wolf apenas se encogió de hombros, pero Derek lo
conocía de mucho tiempo para darse cuenta del dolor detrás de su indiferencia.
—No es la primera vez, ni será la última, sospecho. Pero ha herido a Very.
—Es difícil amar a alguien que no te quiere. —Derek se volvió al oír que Freddy había
salido a la terraza a tiempo de oír su conversación. Derek sabía que estaban hablando sobre
Brett. La devoción de Freddy por el taciturno hombre mayor era bien conocida, y pasaban

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interminables horas especulando por qué Brett se negaba a Freddy cuando era tan obvio que lo
quería.
Derek suspiró. Él no carecía de sus propios problemas en esa área, así que no se sentía
cualificado para ofrecer consejo. Sin pensar dijo en alto. —Es duro dejar que las personas te
amen.
Freddy le echó una mirada mesurada. —Sí, pero es su elección, ¿no es cierto? No
puedes hacerlo por ellos.
Derek miró a lo lejos. Realmente no quería a Freddy indagando dentro de su cabeza,
intentando averiguar lo que le hacía funcionar. Realmente no quería indagar dentro de su
propia cabeza, punto.
— ¿Cómo lo estáis llevando Sophie y tú? —Freddy preguntó casualmente, y Derek
hizo una mueca.
—Bien, —gruñó sin volverse a mirar a Freddy.
—Bastante bien, —Ian corroboró jovialmente tras él, y Derek miró alrededor.
—Infierno sangriento, ¿alguien más va arrastrarse hasta aquí y escuchar detrás de las
puertas mis conversaciones? —Miró a los otros tres hombres en la terraza.
Wolf apenas levantó una ceja y sonrió educadamente. —Yo estaba aquí primero.
Ian se rió. —No es como si estuviera merodeando por corredores oscuros, Derek. He
salido en pleno día por una puerta abierta hacia una terraza igualmente abierta. Muy furtivo
por mi parte, seguro. Ian declamó dramáticamente y meneó sus cejas mientras Freddy y Wolf
se reían, lo qué irracionalmente hizo enfadar más a Derek.
—Derek y Sophie se están llevando sumamente bien estos días, ¿no es verdad, Derek?
—Ian continuó conversando.
—Ian, —advirtió Derek con un gruñido.
Brett cojeó casualmente por puerta hacia la terraza. — ¿Oh, estamos hablando sobre
Sophie? Me gusta ella.
—Joder, —dijo Derek rotundamente. Sabía que Freddy y Brett juntos eran casi
imposibles de sacar de encima una vez que enganchaban algo. Parecía que hoy era él el hueso.
Ian se rió de nuevo, parecía que la estaba pasando maravillosamente a costa de Derek.
—Oh, a Derek ahora también le gusta bastante, ¿verdad, Derek?

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Camaradas de Armas 4

—Ian, no me hagas callarte, —dijo Derek amenazadoramente.


Ian era todo inocencia. —¿Qué? ¿No puedo decirles a nuestros amigos cuánto te gusta
mi esposa?
— ¿Por qué estás haciendo esto? —Derek se debatía entre el enojo y exasperación.
¿Qué estaba haciendo Ian? ¿Por qué estaba presionándolo así?
— ¿Haciendo que? ¿Hablando sobre lo bien que tú y Sophie os lleváis? ¿Es cierto, no?
Hablas con ella y sobre ella incansablemente. La miras cuando está en el jardín. Casi le
permites que te gane al ajedrez. La compraste un cachorro. Permitiste que te consolara.
Estabas dispuesto a golpear a Jason porque ella estaba disgustada. ¿No te gusta, Derek?
Derek agarró el brazo de Ian y lo empujó rudamente contra la pared de ladrillo. Él se
acercó, lo suficiente para gruñir en la oreja de Ian. — ¿Por qué estás haciendo esto? —repitió.
— ¿Algún problema? —Preguntó Tony despacio desde la puerta abierta tras Derek.
Derek se volvió para mirarlo por un momento, pero antes de que pudiera contestar, Ian habló.
— ¿Algún problema, Derek? —Su tono era de mofa, y Derek ya había tenido más de lo
que podía aguantar. Él se alejó de Ian con disgusto.
—No lo sé, Ian. Tú eres quien ha contado a nuestros amigos aquí que yo dormí con tu
esposa. ¿Algún problema?
Tony rápidamente cerró la puerta detrás de él evitando las miradas curiosas que estaban
recibiendo. —Hablen bajo. —Tony estaba ceñudo. —Sophie se merece algo mejor que hablar
de ella como si fuera una vulgar zorra de taberna.
Ian miró a Derek y movió tristemente su cabeza, todo su anterior buen humor
esfumado. —Estoy intentando decirte que no hay ningún problema, Derek, excepto los de tu
cabeza. —Él avanzó un paso hacia Derek y éste se retiró. Ian frunció el entrecejo y le siguió.
Derek permaneció tieso e Ian envolvió una mano alrededor de su nuca y lo empujó hasta que
sus frentes se tocaron. — ¿Maldita sea, Derek, que por qué no puedes admitir que estás
enamorado de ella? ¿Por qué?
—Yo no estoy enamorado de ella, Ian. Es lo que querrías. —En cuanto lo dijo se dio
cuenta de la mentira que era. Y por la mirada en todas sus caras ellos lo sabían también.
— ¿Ian? — La voz de Sophie vino del fondo de los escalones que llevaban al jardín.
Derek miró alrededor, horrorizado de que ella pudiera haber oído su discusión. Sophie vio la

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mirada de su cara y levantó su falda para apresurarse por los escalones. — ¿Derek? ¿Estás
bien? ¿Va algo mal?
Derek e Ian estaban helados, pero los demás hombres en la terraza caminaron hacia
ella en seguida para tranquilizarla.
—No, no, nada está mal, —dijo Tony cuando la encontró en lo alto de los escalones y
envolvió su mano en la curva de su brazo.
Tony echó una mirada a Derek que ordenó sin palabras, y Derek sonrió torcidamente a
Sophie. —No, nada especial. Estaba simplemente siendo tan desagradable como siempre.
Sophie sonrió abiertamente con escepticismo. — ¿Estás admitiendo que eres
desagradable? Ahora sé con seguridad que algo va mal.
Derek oyó que Ian resoplando de diversión detrás de él. —Bien, si todos se están
divirtiendo a mis expensas… —Derek dijo con lentitud mientras se dirigía hacia las puertas de
la sala. Necesitaba alejarse de Sophie antes de que se rindiera y cediera a la tentación de quitar
su mano del brazo de Tony y apretarla a su lado.
Ian se rió. Después de años de compartir todos los estados de humor de Ian, Derek
pudo sentir la infelicidad tras esa risa. —No, nada malo excepto lo habitual. —Derek vio
inmediatamente que Sophie también se percató del humor de Ian, pero cuando empezó a decir
algo, fue interrumpida por Very.
Very estaba subiendo los escalones más lentamente que Sophie. —Ciertamente hay
algo que está mal, —anunció dramáticamente cuando alcanzó la cima de los escalones. —
Sophie no sabe bailar.
— ¡Very! —Sophie gritó, mientras se giraba para mirarla. — ¡Creí que no ibas a decir
nada!
—Bueno, realmente nunca lo prometí, —señaló Very tranquilamente. —E incluso si lo
hubiera hecho, ¿me creerías? — Se lanzó hacia Derek y le apunto con un dedo en su pecho. —
Tú vas a enseñarle.
—Sophie querida, ¿por qué no has dicho nada? —preguntó Ian colocándose al lado de
Derek. — ¿Es eso por lo qué has estado tan disgustada por el baile?
Sophie asintió miserablemente. Derek había estado a punto de negarse a la orden de
Very, pero al ver el dolor en la cara de Sophie se le hizo imposible. Tomó la mano de Sophie.

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—Que me condene si vas a avergonzarnos delante la sociedad entera. Si van a hablar sobre
nosotros a nuestras espaldas, te aseguro que no será debido a tu forma de bailar. —Él empezó
a arrastrarla dentro. — ¿Dónde podemos ir?— Preguntó por encima de su hombro mientras
abría la puerta y entró en la sala.
—Derek, —dijo Ian amenazadoramente detrás de él.
—No te preocupes, Ian, sólo es bailar. Prometo ser dulce y paciente. Al final de la tarde
ella sabrá bailar, o mi nombre no es Derek Knightly. —Intentó parecer divertido, pero podía
oír la desesperación en su propia voz.
—Claramente no eres Derek Knightly porque él no sabe ser dulce y paciente. —Sophie
espetó detrás de él, mientras intentaba liberar su mano inútilmente. — ¡Oh! —clamó cuando
chocó contra la espalda de Derek cuando este se detuvo abruptamente.
—Necesitamos música. —Derek no sabía por qué estaba tan decidido a enseñar a
Sophie a bailar. Su corazón todavía estaba desbocado por la escena con Ian, y el temor de que
Sophie hubiera oído sus comentarios. Enterrado en lo más profundo, dónde se negó a
examinarlo, estaba el conocimiento de las mentiras que había dicho. Él mantenía las mentiras
unas encima de otras, como si se pudieran amontonar las suficientes para que la verdad
quedara sofocada.
— ¿Música para qué? —preguntó Kate con los ojos desorbitados cuando vio la sombría
tropa en procesión desde la terraza.
—Derek va a enseñar a Sophie a bailar, —informó Very al cuarto en general. —Vamos.
El piano está en la biblioteca. ¿Quién va a acompañarnos para bailar? Ya sabéis que asusto
pájaros y animales pequeños con mis despliegues musicales. Y además quiero bailar. Así que
¿quién va a tocar? — Ella cruzó alegremente el cuarto pasando a Derek y Sophie como si
esperara que todos la siguieran, como así fue.
—Yo tocaré, —dijo Ian solemnemente. Derek paró bruscamente y lo miró. Ian sonrió
tiernamente hacia él. —Estás enseñándole a mi esposa a bailar, después de todo. Es lo menos
que puedo hacer.
El corazón de Derek pareció detenerse durante un minuto, y entonces retumbó al doble
de su ritmo normal, mientras se esforzaba por respirar. ¿Sabía Ian lo que le estaba haciendo?
¿Sabía lo que estaba ofreciéndole? La idea era tentadora, ser amado por Ian y Sophie, y

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amarlos, vivir un sueño. Pero los sueños no eran la realidad. Él parpadeó para aclarar su
visión. La realidad era que amar a alguien era un riesgo. Cuando se morían se llevaban un
poco de de uno mismo con ellos. Algunos tomaban más que otros. Él ya estaba arriesgándose
por amar a Ian. No jugaría de nuevo con su corazón. No tenía suficientes pedazos para perder.

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Capítulo Dieciocho
Sophie permaneció jadeante al lado de Derek en la biblioteca mientras algunos lacayos
vaciaron el mobiliario e Ian escogió unas partituras musicales que Very le había dado. Derek
estaba todavía como una estatua al lado de ella, negándose a mirarla y asiendo su mano tan
fuerte que hacia daño. Estaba desconcertada y asustada. ¿Qué ocurría con Derek? ¿Por qué Ian
parecía tan triste? ¿Qué había pasado mientras había estado en el jardín con Very? Las
preguntas giraban en su cabeza haciéndola aturdir.
—Creí que se suponía que bailar era divertido, —dijo en voz baja a Derek.
Él levantó su cabeza bruscamente como si le sorprendiera verla a su lado. Soltó su
mano y se alejó un poco. Se sintió perdida por el abandono. —Lo es. —Su voz era plana,
impersonal.
—Entonces ¿por qué estás tan serio? —Sophie preguntó, su tono tan plano e
impersonal como el suyo. La pregunta, o su tono, parecieron encolerizarlo.
—Estoy pensando simplemente en los pasos, —informó descartándola.
Sophie se alejó ligeramente de él. — ¿Realmente? — dijo seca. —Si tienes que
concentrarte tanto, quizás no eres tan bueno como todos piensan. Quizás debería encontrar
otro maestro.
Los ojos de Derek se entrecerraron, y ella pudo captar un vislumbre de acalorada
emoción en ellos antes de que los velara. —Ningún otro va a enseñarte a bailar, Sophie. Sólo
yo.
La oscura promesa de su voz trajo recuerdos de su noche juntos que centellearon en la
mente de Sophie. Él la había dirigido con esa voz, la había amado con el mismo timbre áspero
y los ojos velados. El latido de su corazón se aceleró y su respiración se volvió errática. — ¿Por
qué? ¿Por qué sólo tú? —Susurró. Antes de que él pudiera contestar, Ian les llamó desde el
piano.
—Primero será un vals. Es un baile relativamente sencillo, y como Very ha señalado,
probablemente se esperará que Sophie y yo bailemos uno juntos para diversión de todos. —
Sophie examinó a Ian y se estremeció un poco ante la mirada inescrutable de su cara. ¿Qué
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estaba pasando? Miró hacia Derek y estaba de nuevo serio, mirando fijamente a Ian.
—Bien. Un vals, —contestó, y giró a Sophie en sus brazos. Puso una mano en su
cintura y sostuvo la otra en alto. Sophie agarró automáticamente su brazo con su mano libre y
sintió los músculos tensarse y temblar bajo su mano. Sophie le miró, y fue como si le hubieran
golpeado en el estómago con tal oleada de deseo que la cruzó y tuvo que luchar para respirar.
Sus bonitos ojos color avellana estaban mirándola fijamente, severos y calientes con una
emoción que podía reconocer claramente, un deseo igual al de ella. Los ojos de Derek con sus
profundidades verdes y grises le hicieron pensar en el bosque. El oscuro corazón de un gran
bosque, la luz del sol filtrándose a través de los árboles, lanzando una suave luz verdosa sobre
el oscuro suelo de tierra. Cuando la miraba así, tan intensamente, tan peligroso, era como el
aire de ese bosque, quieto y callado y lleno de vibrante vida, criaturas salvajes mirando o
simplemente cazando fuera de nuestra vista. La vida se vertía de Derek, vida, calor y
salvajismo que apenas podía contener.
—Pon tu mano en mi hombro. —Sophie parpadeó cuando la voz de Derek penetró en
sus pensamientos. —Sophie, —él repitió con impaciencia, —pon tu mano en mi hombro, no
en mi brazo.
—Oh, —dijo Sophie y rápidamente lo corrigió. Hizo una mueca interiormente por sus
caprichosos pensamientos y la menos inteligente respuesta. No se extrañaba que Derek no la
amara, era una completa idiota.
—Cuando bailes, no importa quien lo hagas, debes de guardar una distancia respetable
entre ti y tu compañero. Los mas porfiados se lanzarán sobre ti si se dan cuenta de cualquier
falta de decora al bailar. —La voz de Derek era distante, como disertando, y Sophie no podía
evitar sentirse un poco herida por su trato desapasionado. Su comentario hizo que soltara un
resoplido muy poco elegante.
—Sí, estoy segura que la impropiedad en mi danza pondrá las lenguas a funcionar. —
Vio a Derek luchar contra una sonrisa por su comentario y sintió una pequeña ráfaga
victoriosa. Entonces Ian empezó a tocar y Sophie se quedó absolutamente asombrada por la
magia musical que sus diestras manos estaban sacando del piano. La pieza era bonita, lenta y
sensual como un poema lírico, una calidad de ensueño. Nunca lo había oído antes.
—No sabía que Ian podía tocar el piano, —dijo, mirando fijamente por encima de su

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hombro a Ian que sentado, se concentraba completamente en la música, como si nadie más
estuviera en el cuarto.
Derek tiro de su mano y ella se volvió a concentrar en él. —Ian es un amante
consumado, Sophie. Él es muy aventajado en todas las cuestiones románticas, incluso la
música. Es una de sus pasiones, aunque raramente lo ha disfrutado en los últimos dos años.
— ¿Por qué? —preguntó jadeante. La combinación de la música sensual de Ian y la
presencia física de Derek estaba excitando tremendamente a Sophie. Sentía su piel firme y
caliente casi llorando de anhelo por ser acariciada. Sus pechos se sentían pesados, sus pezones
duros, su sexo húmedo e hinchado. ¿Por qué? ¿Por qué ahora, delante de un cuarto abarrotado
de personas? Ella se mordió el labio e inconscientemente agarró la mano de Derek más fuerte.
Cuando Derek contestó, su voz fue baja y gruesa por el deseo. Tenía que parar y
aclarar su garganta, pero era demasiado tarde. El sonido había estremecido la espina de Sophie
y se había alojado en su mismo centro que latía al tiempo de la música de Ian. Miró fija y
desvalidamente su boca cuando contestó. —No lo dice. Creo que lo vuelve demasiado
emocional para relajarse con la música. Tiene muchas cosas guardadas tras una puerta cerrada
con llave dentro de él, y la música abre esa puerta que quiere mantener cerrada.—La mirada
que lanzó a Ian era casi dolorosa por su desnuda adoración y preocupación.
—Lo amas mucho, — Sophie susurró, intimidada por la profundidad de los
sentimientos de Derek, asombrada que alguien pudiera pensar que era frío, insensible o un
matón. Derek sentía las cosas profundamente. Él entendía la puerta cerrada de Ian porque
tenía también las suyas propias.
Derek miró de nuevo a ella. —Sí, —fue toda su respuesta. Entonces empezó a
moverse y Sophie le siguió.
Derek la dirigía ligeramente. Usaba su cuerpo para guiarla y le enseñó los pasos
demostrándoselos en lugar de explicarlos. Sophie estaba contenta. Siempre había aprendido
bien esta manera, haciéndolo en lugar de diciéndole qué hacer. De algún modo Derek sabía
eso. No era una sorpresa. Hasta ahora, por experiencia Derek lo sabía todo.
Había varias parejas bailando. Very y Wolf, Kate y Tony, y una bonita muchacha
llamada Rachel que estaba aquí con uno de los amigos de Jason. Estaba bailando con el
Duque de Ashland y parecía como si no pudiera creer su buena suerte. El duque solo reía y la

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giraba alrededor, su danza tan bulliciosa y feliz como el mismo duque. Sophie veía todo como
a través de una neblina. Al principio casi toda su concentración estaba en aprender los pasos
del baile. Mas tarde se centró menos en los pasos y casi exclusivamente en Derek.
Bailar con Derek era extraordinario. Él se movía como si las tontas reglas que se
aplicaban a otras personas no tuvieran ningún significado para él. Era un hombre grande, pero
cuando bailaba era como si flotara sobre el suelo, y Sophie flotó con él. Dejó de mirar hacia
sus pies y simplemente miró los ojos de Derek, perdida en ellos, y él la miraba también
fijamente igualmente traspasado. Era tan guapo, tan grande, fuerte y maravilloso.
Le amo. Le amo. Los pensamientos de Sophie saltaban al tiempo de las zambullidas y
remolinos del baile. Así como su deseo se ahondó, su corazón se hizo pesado. Él no la quería.
Vendría a su cama, con Ian, por Ian, pero él no la quería a ella, a Sophie. Podría ser cualquier
mujer con tal de que Ian estuviera allí. Quiso llorar por lo injusto que era. Toda su vida había
querido a alguien para poder amar. Ahora amaba a dos hombres. Ella estaba siendo egoísta.
Ian la amaba. La había dicho que la amaba. Tenía que ser suficiente. Y aun cuando ella no
pudiera tener el amor de Derek, podría tener su cuerpo, y darle el suyo a él. Y en esas
ocasiones ella soñaría que el la amaba. Lo había intentado durante la mayoría de su vida, pero
ésta sería la mentira más preciosa que se había dicho alguna vez. Le amo.
Ian levantó la mirada de la partitura para ver a Derek y Sophie bailando. Juntos eran
perfectos, él tan grande y fuerte y Sophie alta y delgada y moviéndose con la música como un
sauce por el viento. Los dos eran sorprendentes de ver. Se miraban fijamente a los ojos cuando
ellos saltaban y giraban por el piso, olvidando a todos los demás en el cuarto, incluido él. No le
importó. Estaba seguro de su amor y afecto. La vista de ambos así hizo que su corazón latiera
con fuerza y sus manos templaran sobre las teclas cuando derramó todo su amor en la música
que les dedicaba.
Despacio todos los demás bailarines se detuvieron y se retiraron para mirarles,
magnetizados por su gracia como le ocurría a Ian. Derek había acercado a Sophie hasta que
sus cuerpos se apretaron juntos desde el pecho al muslo, moviendo como uno solo. Su brazo
estaba alrededor de su hombro, su mano en la nuca de él cuando inclinó su cabeza atrás para
mirar profundamente en sus ojos. Habían nacido para bailar juntos, estar juntos. Derek puede
intentar mentirse a si mismo, pero la prueba de su amor estaba allí en la pista de baile, en la

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manera que él la sostenía y la miraba.


Sophie tenía sus sentimientos escritos en la cara. Era obvio para todos que estaba
desesperadamente enamorada de Derek. Sus ojos eran soñadores, sus labios abiertos como
anticipando su beso. Se aferró a él y siguió cada movimiento, mientras le permitía llevarla,
guiarla, confiando en él completamente con todo su ser. Ian se lamentó por ella. ¿Cuántas
veces Derek la heriría antes de que admitiera que la amaba? ¿Ian quería protegerlos ambos del
dolor, pero cómo podría? Era sólo un hombre, y lo único que podría hacer era amarlos a
ambos. Tuvo que mirar a otro lado cerrando los ojos, volcando ese amor a través de la
canción.
Derek estaba bajo un hechizo y deseó no despertar nunca. Sophie se sentía como un
sueño en sus brazos cuando flotaron alrededor del salón. Ella era fuego, calor y pasión como la
luz del sol que brillaba en su encendido pelo cuando se deslizaban cerca de las ventanas
abiertas. Sabía que él la agarraba demasiado cerca, pero necesitaba sentirla apretada contra él,
sentir cada respiración que salía de su pecho, cada latido de su corazón. Su fuego hacia clamar
algo en él, algo que había estado inactivo durante mucho tiempo. Sentía un gran amor y
pasión por Ian, pero esto era diferente. Este sentimiento estaba mezclado junto con la
protección y posesión en una vorágine de emociones que lo tenían desequilibrado y no le
gustaba, pero no había nada que pudiera hacer.
Él estaba ahogándose en las profundidades de su mirada ambarina. No podía apartar
sus ojos, como si lo hubiera embrujado. Pero supo que la culpa era suya, la debilidad suya. Él
no se había protegido lo suficientemente bien de ella. La deseaba. Deseaba sus besos, sus
gemidos, su risa y su rápido ingenio. Ansiaba el terroso y soleado olor de ella después de que
volvía del jardín, y el olor de su té dulce encima de la mesa del desayuno. Ansiaba saborear sus
pecas y la fuerza de sus piernas alrededor de su cintura, la sensación de su pelo contra su
pecho.
¿Cómo? ¿Cómo había permitido que esto ocurriera? Sentía latir su corazón muy
rápido, aterrado en su pecho como para recordarle que era frágil. Confiaba que no fuera
demasiado tarde, que pudiera olvidar esta patética necesidad. Con el corazón hundido
sospechó que ya era demasiado tarde. Estaba demasiado profundo sin forma de salir. Alejarse
significaría dejar atrás una gran parte de él con ella, sin mencionar lo que haría con Ian. ¿Qué

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iba a hacer? Cristo, la amaba. La amaba. El pensamiento le asustó tanto que sintió sus manos
temblar mientras la sostenía.
La música se detuvo y Derek miró Sophie permaneciendo quietos. No se soltaron
inmediatamente, pero pestañeó despacio como si continuaran mirándose fijamente. El deseo
en la mirada de ella era obvio, pero había otras emociones que lo disimulaban. Gradualmente
Derek se dio cuenta del absoluto silencio en el cuarto y la pista de baile vacía a su alrededor. Él
dio un renuente paso atrás de Sophie, pero habían estado tan juntos que apenas seguían a una
distancia respetable. El impulso de huir estaba pinchando sus talones, el miedo y la confusión
nublando su mente.
— ¿Vas a romperme el corazón, Derek? —Sophie susurró rota cuando él dejó caer las
manos. La pregunta lo hirió como una flecha. Él negó, si era por rechazo a su pregunta o por
sus sentimientos no estaba seguro. Se volvió y salió del cuarto sin decir nada, el silencio que
dejó atrás era más ensordecedor que las palabras.

Ian y Sophie dejaron la casa de Jason después de Derek. Llegaron a casa esperando
encontrarle allí, pero no estaba en ninguna parte. Sophie estuvo muy callada durante la cena y
se excusó para acostarse temprano. Ian se unió a ella poco después, determinado a hablar
sobre lo qué estaba pasando y lo que Sophie deseaba. Ian comprendió que él era el culpable de
toda esa situación. Había estado ocultando sus esperanzas y miedos a Sophie, y era tiempo de
parar. Si iban a compartir de verdad una vida juntos, necesitaban ser honestos. Ella estaba ya
en la cama cuando él llegó al cuarto. Sin una palabra se acostó a su lado y la rodeó en su
abrazo.
—Sophie, tenemos que hablar. Sobre Derek, sobre nosotros, sobre lo qué está pasando.
—En el momento que mencionó el asunto Sophie se quebró y empezó a llorar en su hombro.
—Oh, Dios, Sophie, —murmuró, mientras besaba su cabeza suavemente mientras acariciaba
su espalda, sus atragantados sollozos haciendo eco en su cabeza. Él había provocado esto. Se
había centrado en lo que él quería y lo que Derek necesitaba, y había ignorado las necesidades
de Sophie. Le llevó un momento entender lo que Sophie estaba intentando decir a través de sus
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sollozos.
—Lo siento, Ian, lo siento, —ella gimió. El corazón de Ian se estrujó dolorosamente. —
Es por mi culpa, yo lo ahuyenté. Le presioné hoy, y ahora se ha ido. ¡Ido! Cómo debes
odiarme. Me iré, Ian, me iré y Derek regresará contigo. Lo siento. Lo siento tanto.
Ian la sostuvo herméticamente a él, intentando absorber su dolor. — ¡Sophie, no! No
debes creer eso, no debes. He sido yo, siempre empujándolo, diciéndole qué hacer. ¿Por qué
no le dejé solo? —Ian cerró sus ojos e intentó controlarse. —Él regresará. Siempre regresa.
Derek…oh, Sophie. Hay tanto que no entiendes sobre Derek.
Sophie se apartó violentamente, sus puños enganchados a la sabana. —Entiendo que él
te ama, Ian. Entiendo eso. ¿Cómo podría no hacerlo? Y entiendo que no me ama. Me desea y
se odia, y a mi también, por ello.
—Sophie, no…
— ¡Sí! ¡Sí! — Sophie estaba gritando. Se estaba poniendo histérica.
Ian se sentó y se inclinó sobre ella apretada en una bola sollozante. Él asió su hombro
firmemente. —No. Sophie, escúchame. Debes dejar de llorar y debes escucharme, querida. Por
favor.
Los sollozos de Sophie se sosegaron después de un rato, aunque continuó hipando y
sorbiendo en la cama, negándose a mirar a Ian.
—Sophie, no te odio, y tampoco lo hace Derek. Sophie, te amo. Ya te lo he dicho. Y
pienso que Derek podrá amarte también, si se lo permitiera. Él no quiere decirme lo que está
mal. A Derek no le gusta hablar sobre lo qué está pasando dentro de su cabeza, ni siquiera
conmigo. Tengo que sacárselo a la fuerza la mayoría de las veces. Alguna vez acaba por
contarlo, cuando está preparado. Tienes que aprender a ser paciente con Derek, Sophie. Es tan
frágil. Nadie más lo ve, pero yo lo hago. ¿No lo haces tú? ¿No ves cómo se está rompiendo? —
Ian se tragó su propio sollozo. —Él se está rompiendo. Y creí que nosotros podríamos
arreglarlo, tú y yo, Sophie, pero ¿y si es demasiado tarde?
Sophie se volvió hacia él y lo miró fijamente con sus bonitos ojos enrojecidos e
hinchados y todavía húmedos por las lágrimas. Ian buscó en la mesilla de la cama un pañuelo.
Lo encontró y se lo dio a Sophie que limpió sus mejillas y se sonó la nariz. — ¿Qué quieres
decir, Ian? No lo entiendo. ¿Cómo que se está rompiendo? ¿Cómo puedo ayudar a

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solucionarlo?
Ian se tumbó y puso su antebrazo sobre sus ojos para detener las lágrimas. —Las
pesadillas, Sophie, se están volviendo peores, no mejorando. Y Derek, ¿sabias que
acostumbraba a reírse de todo? Era un diablo, con un brutalmente acerado ingenio. Cuando
estábamos con Dolores nos reíamos todo el tiempo, incluso cuando el infierno nos esperaba
justo fuera de nuestra tienda. Pero apenas ríe ahora, Sophie. — Ian quitó su brazo y la miró,
permitiendo mostrar la desolación que él sentía al perder a Derek. —Yo nunca lo he visto
dormir toda de la noche. Él evita a las personas, evita las ataduras. Su rudeza, su agresividad,
se ha hecho peor en su esfuerzo por ahuyentar a las personas. No hace planes para el futuro,
Sophie. Es como si no esperara un futuro.
Sophie se arrimo a Ian y puso su cabeza sobre su pecho, mientras se acomodaba a su
lado. Ian envolvió su brazo alrededor de ella y la sostuvo fuerte como si fuera un ancla en un
mare con tormenta. —Cómo crees que yo ayudaría, Ian? —Preguntó en voz baja.
Ian pasó su mano a través del sedoso pelo de Sophie, mientras acariciaba su cuero
cabelludo. —Derek y yo empezamos durante la guerra, Sophie, y de alguna forma, para Derek
ésta no ha acabado. Yo había esperado que tú fueras un nuevo principio para nosotros, el
comienzo del resto de nuestras vidas. Algo bueno y duradero que no estuviera relacionado con
la jodida Península. —Él giró su cabeza y enterró su cara en el calor y dulzura de su pelo. —
Siempre serías nuestra, Sophie. Ibas a salvarnos, ves. Ibas a darnos un hogar, niños, una
familia, un lugar al que pertenecer. Y paz, Dios, cómo deseaba que nos trajeras paz. —Ian
agitó su cabeza y habló rudamente. —Menudo necio. Y menuda carga para poner en tus
hombros, mi amor.
—Yo le amo. —La voz de Sophie fue baja y temblorosa. Sus palabras atravesaron a Ian
con felicidad, pero también con tristeza. Sophie nunca le había dicho esas palabras a él. No
había comprendido que él necesitaba a Sophie tanto como lo hacía Derek. Ella le había
devuelto todos los sentimientos que pensó que había perdido en la guerra, alegría, risa, la
esperanza. —Cuando ella continuó suspirando, el corazón de Ian se detuvo un momento para
después casi salirse fuera de su pecho. —Le amo tanto como te amo a ti, Ian. Nunca creí que
encontraría a alguien para amar, o que alguien me amaría. Amarte ha sido el regalo más
maravilloso que he recibido nunca. Soy egoísta y avariciosa. Quiero amar Derek, también. Y

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lo quiero aquí con nosotros, amándolo con nosotros, compartiéndolo con nosotros.
Con un sollozo Ian la abrazó férreamente. —Sí. Sí, Sophie también es lo que quiero. Lo
que siempre he querido, para todos nosotros.
Sophie acarició su mejilla tiernamente. —Le encontraremos, Ian, y le arreglaremos.
Nosotros nos arreglaremos. Yo os salvaré, Ian, a ti y a Derek. Tendremos todo lo que hemos
soñado. Te daré niños, y te traeré paz. Y si tengo que arrastrar aquí a Derek aunque sea
gritando y pataleando lo haré.
Ella consoló a Ian y él la consoló también mientras ambos lloraban. Como diría Derek,
Cristo, que jodido enredo era todo.

Ellos no tuvieron que traer a Derek a rastras. A la mañana siguiente Ian miró fuera de
la ventana de su estudio y vio a Derek sentado en un banco del jardín pensativo. Cómo le
gustaba aparecer de repente y actuar como si no se hubiera ido en primer lugar. Ian no podía
estar enfadado. Simplemente se alegraba de verlo. Sophie había ido de compras con Very y
Kate lo que probablemente era por lo qué Derek había salido de su escondite.
Derek le miró cuando Ian se sentó en un banco enfrente de él. —Hola. —Ian dijo
casual, intentando no ahuyentarle. Derek parecía estar de un raro humor.
Derek le lanzó esa pequeña mueca torcida que siempre hacia cuando quería que Ian le
perdonara y deseaba follarle. Derek conocía exactamente qué cartas jugar en este juego. Ian se
endureció para resistirse. Era tiempo de hablar. —Ayer huiste. —Las palabras de Ian eran
deliberadamente provocadoras.
—Sí. —Derek lo sorprendió al estar de acuerdo, no sólo rápido sino calmado. Derek se
levanto del banco e Ian se tensó, anticipándose a otra huida, pero Derek simplemente se apoyó
contra el tronco de un árbol a la orilla el camino y miró fijamente el suelo. El corazón de Ian
empezó a golpear. Derek no estaba corriendo o poniéndose a la defensiva. ¿Significaba esto
que él estaba listo para hablar?
— ¿Por qué? —empezó Ian simplemente. Tenía un millón de preguntas, un millón de
cosas que quería decirle a Derek, pero se obligó a ir despacio.
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—Porque ella me asusta con el infierno. —Derek le miró a través de sus pestañas, su
cara se relajada a pesar de sus palabras.
— ¿Sophie? —Ian preguntó sorprendido. — ¿Por qué?
—Tengo miedo, Ian. Tengo miedo de amarla. —Derek hizo una pausa y pareció
alejarse de nuevo, e Ian casi habla, pero se dio cuenta que Derek tenía más cosas que decir. —
Yo amaba a Dolores, lo sabes.
A Ian le cogió desprevenido el cambio de tema. Sentía que se movía a ciegas a través de
esta conversación. —Yo lo sospeché, aunque nunca me lo dijiste con palabras.
—Ella era…dulce. Nunca había encontrado a una muchacha como ella antes, dulce y
fácil de tener alrededor, aceptando lo que yo era. Y además por la noche, nos permitiría hacer
lo que deseábamos, ella disfrutaba, cada minuto. Era salvaje y hambrienta y nos quiso y no
creyó que estuviera mal.
La voz de Derek era tan baja que Ian apenas podía oírlo, pero podía sentir la emoción
en él. —Lo sé—, Ian estuvo de acuerdo. —Ella era diferente de cualquiera que yo hubiera
conocido alguna vez.
—Pero no la amabas. —Era más de una declaración que una pregunta, pero Ian
respondió.
—La amé, en cierto modo. No como amo a Sophie, pero Dolores fue importante para
mí.
—No—, era el turno de Derek para estar de acuerdo, —no como a Sophie. Él giró sus
hombros en los que se apoyaba para no mirar de Ian. — ¿Recuerdas cómo bailaba? —Él estaba
hablando de nuevo sobre Dolores. —Día, noche, no importaba, Dolores bailaba. Ella saltaba y
bailaba alrededor de la tienda, arremolinándose sus faldas.
— Lo recuerdo. —Ian no podría evitar la tristeza en su voz.
— Soñé que era Sophie. —La voz de Derek era áspera, como si confesara algún
pecado.
— ¿Bailando? Eso no es tan raro, Derek. Bailaste con ella ayer.
Derek negó con la cabeza vigorosamente. —No. La noche que estuviste fuera. La
pesadilla.
—No entiend… —la confusión de Ian se aclaró con un súbito apretón en sus tripas.

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—Oh Dios, Derek—.


Derek volvió a enfrentarse Ian, sus hombros cayeron contra el árbol. Cubrió sus ojos
con una mano temblorosa. —No puedo quitármelo de la cabeza, Ian. ¿Y si ella se muere?
—Derek—, dijo Ian suavemente, —Sophie no va a morirse.
—Dolores lo hizo. — La voz de Derek era yerma, su postura de desaliento. Estaba
rompiéndole el corazón a Ian. Nunca había permitido a Ian o a nadie más que viera tanto de
él, mostrado sus debilidades. Siempre tenía que ser fuerte, beligerante incluso. Ian lo amaba
aun más ahora que le había visto humillado y temblando.
—Estábamos en guerra. Éramos… estúpidos, monstruosamente tontos por no
considerar esa posibilidad. Pero no hay ningún cañón francés aquí, Derek.
Derek se rió renuente. —No, ningún cañón francés, pero hay otras cosas que podrían
llevársela.
Ian no podía luchar contra esa lógica. —Sí, sí las hay. Como podrían hacerlo contigo
o conmigo. La muerte es una parte de la vida, Derek. No puedes permitir que su espectro
ensombrezca tu vida.
Derek golpeó la base de su mano contra su frente por la frustración. —Sé que es así.
Pero no puedo evitar vomitar de solo tener el pensamiento de amar y perder a otra mujer.
—Pero no pudo evitar que me amaras.
Derek miró a Ian sobresaltado. —Nada podría evitar que te amara. Lo hice desde el
primer momento en que te vi.
Ian se rió entre dientes por el recuerdo. —Difícilmente estaba en mi mejor momento.
Gracias a Dios por los jóvenes, asistentes recoge basuras.
— Lo supe cuando vi que los rumores eran ciertos. —Ian dejó de reírse y miró a
Derek, el desaliento y la resignación lo inundaron.
—Supongo que siempre supe que eso era por lo qué viniste, por lo qué te quedaste.
Pero los rumores eran simplemente supersticiones sin sentido, Derek. Puedo morirme, como
todos los demás. Si me amas porque piensas que soy invencible, entonces prepárate a ser
defraudado.
Derek sonrió ligeramente. —Pensé cuando te vi que alguien que lucía como tú, tan
fuerte, tan guapo, un dorado Adonis con la lengua de un estibador de muelle y las habilidades

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Camaradas de Armas 4

luchadoras de un pirata, que si alguien iba a sobrevivir esa guerra, ese serías tú.
Ian se rió incrédulo. —Pensaste que no podía morirme. ¿Por qué era tan importante
para ti? Quiero decir, los hombres morían constantemente alrededor nuestro, era la guerra.
¿Por qué buscar a un hombre que no se moriría? —Ian agitó su cabeza. —No importa. Es una
pregunta idiota.
—Yo estaba en Talavera16.
—Cristo, Derek—. Ian quedó tan sorprendido que no supo qué decir. Derek nunca le
había contado eso. No tenía ni idea de que el había vivido esa pesadilla. Tres mil británicos
contra diez mil franceses, y un incendio que se había abatido encima de los heridos en el
campo de batalla cuando habían terminado. —Nunca me lo dijiste.
—Bueno, hoy es el día de las confesiones, ¿no? —Derek sonrió sombríamente. —
Cuando te conocí había pasado casi dos años sin poder dormir. Estar contigo me permitió
dormir. Derek se frotó su cara con cansancio. —Durante algún tiempo en todo caso.
— ¿Eso es por lo qué me sedujiste esa noche? ¿Porque pensabas que no podía
morirme, que nunca te dejaría? ¿Es la razón por la qué estas aquí hoy? — El pecho de Ian se
encogió.
— No seas imbécil. —El tono de Derek volvió a su acidez normal. —Te seduje esa
noche porque te deseaba, lo había deseado desde hacía algún tiempo, antes que lo de Dolores.
Yo solo te deseaba, Ian. No estaba pensando sobre la muerte, sólo sobre tú y yo.
— ¿Por qué estás ahora aquí? —Ian no estaba seguro que quisiera saberlo. Si la
respuesta le separaba de Derek, alegremente dejaría el asunto correr. Él podría vivir sin saberlo
con tal de que Derek permaneciera junto a él. Casi se lo dijo, pero Derek contestó su pregunta.
—Estoy aquí porque te amo. — La mirada en la cara de Derek era concentrada
cuando miró a Ian. —Puedo haber venido a ti porque creí que nunca te perdería. Pero me
quedé porque me hiciste lo suficientemente fuerte para sobrevivir aun cuando lo hicieras. Te
amo porque tú me amas, con imperfecciones y todo. Nunca he disimulado contigo, nunca te

16
Más notas de Historia. Talavera: el 27 y 28 de julio de 1809 se produce la Batalla de Talavera entre tropas
angloespañolas y francesas, sobre el cerro de Medellín, al norte de la ciudad. Durante la batalla se producen grandes
destrozos en la ciudad. Al final las tropas al mando del general Arthur Wellesley logran expulsar a los franceses al otro
lado del río Alberche. En 1833 se produce a manos de Javier de Burgos, el reparto provincial de España, Talavera,
depauperada a causa de la guerra, pierde la oportunidad de convertirse en Provincia y pasa a pertenecer a la provincia de
Toledo, si bien el sentimiento comarcal es amplio en sus antiguas tierras. (N. de la Correctora)
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Camaradas de Armas 4

he mentido sobre quién soy. Y tú nunca me has hecho menos a mí o mis modales, y me has
defendido siempre. Me has animado a hacer lo que deseara, a seguir mis intereses, y nunca
has pedido nada a cambio. Me mostraste qué el sexo ocurre entre hombres y mujeres, y
también entre nosotros. —Derek se enderezó no apoyándose ya contra el árbol. —Te amo por
lo que me haces cuando estoy contigo. Y porque tenemos una historia juntos. Cuando estamos
juntos no hay ningún yo, sólo un nosotros. Eres la otra la mitad de mi alma, Ian. No lo olvides
nunca.
En algún momento durante el apasionado discurso de Derek, Ian se había puesto en
pie. No se recordó haciéndolo, pero de repente estaba ante Derek, tirando de su cabeza hacía
abajo, besándolo. Derek envolvió un brazo alrededor de Ian y le asió por la chaqueta con su
mano cuando abrió su boca y aceptó a Ian, clamando por él, disfrutando de él. Esto era el por
qué Ian amaba tanto a Derek. Él siempre le había aceptado así, como si su pasión fuera la cosa
más natural y maravillosa del mundo. Ian supo cuan preciosa era esa aceptación. Era la misma
que Sophie recibió también. Él despacio acabó el beso y descansó sus labios contra la
mandíbula de Derek. Derek inclinó su cabeza para darle mejor acceso.
—Sophie está enamorado de ti, —murmuró Ian, mientras besaba un suave punto en la
mandíbula de Derek justo debajo de su oreja.
—Yo no quise que ocurriera, —Derek murmuró, mientras abrazaba a Ian más cerca
estremeciéndose por sus besos.
—Pero ha ocurrido. ¿La vas a rechazar? — Ian se apartó de Derek lo suficiente para
poder ver su cara. Derek parecía asustado, salvaje e inseguro. Ian nunca había visto a Derek
así antes, y su vulnerabilidad hizo a Ian desear poder tomarlo allí mismo.
Derek movió su cabeza en confusión. — ¿Cómo podría rechazarla cuándo la amo
también? ¿Y cómo puedo amarla cuándo estoy tan asustado?
Derek salió bruscamente de sus cavilaciones y de los brazos de Ian gritando hacia la
casa.
— ¿Qué diablos? —Ian murmuró. Permitió a Derek irse y se dirigió rápidamente hacia
las puertas del estudio. Antes de que llegara, Very aparecido en la puerta. Ella estaba
desgreñada y con un pánico desacostumbrado.
— ¡Ian! Derek! ¡Es Sophie! ¡Dé prisa, tenemos que encontrarla!

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Camaradas de Armas 4

Las tripas de Derek se retorcieron de miedo. Sophie, oh Dios, Sophie. ¿Qué estaba
ocurriendo? Derek corrió hacia Very, pero Ian estaba ya allí. Ian sostuvo a la aterrada
muchacha por los hombros mientras preguntaba. Estaba intentando tranquilizarla, pero ciego
de miedo, Derek no la vio temblar o la sangre que tenía en su labio. Él empujó a Ian y agarró
Very, zarandeándola rudamente. — ¿De qué estás hablando? ¡Habla con sentido, Very!
¿Dónde está Sophie?
La aspereza de Derek pareció volver a Very en sus sentidos. Ella volteó sus manos
lejos. —Nosotras estábamos saliendo de una tienda y dos hombres la agarraron. Había
enviado al lacayo al carruaje delante con los paquetes, y cuando intenté detenerlos, uno de
ellos me pegó. ¡Gracias a Dios Tía Kate se quedó atrás! Ellos conocían a Sophie, Derek. La
llamaron por su nombre. Bueno, la llamaron Srta. Middleton. ¡El mas grande, la echó encima
de su hombro y corrió hacia un callejón y lo perdí de vista, yo podía oírla gritar! Intenté
seguirlos y entonces fue cuando el más pequeño me pegó. ¡Me derribó y también se escapó, y
los perdí! ¡Los perdí! — Very estaba de nuevo al borde de la histeria y Derek la movió, más
suavemente esta vez. Ella se tranquilizó. —Me apresuré con tía Kate al carruaje y recorrimos
varias veces los callejeros de arriba abajo pero no vimos nada. Entonces decidimos venir aquí
primero. Tía Kate me dejó aquí y ahora va a casa para decírselo a Jason y a Tony. —Very
empezó llorar y agitarse. —Lo siento. Lo siento, tenía que haberlos detenido.
Derek la acercó a su pecho y la abrazó desesperadamente. Very descansaba en él
mientras lloraba. —No es culpa tuya, Very, — Derek le dijo, torpe por la incredulidad. Él miró
a Ian y el otro hombre estaba blanco como un fantasma, pálido y demacrado.
— ¿Qué calle era, Very? ¿Podrías llevarnos? — Ian habló más rápido de lo que
normalmente hacía, sus palabras impregnadas con un miedo que Derek podía ver reflejado en
sus ojos.
Very asintió contra el pecho de Derek. —Sí, sí, los llevaré allí.
Ian se volvió, mientras Montague estaba dirigiendo a un lacayo. — ¡Consiga el
carruaje del Sr. Witherspoon inmediatamente! — Se volvió hacia Ian. — ¿Hay algo más?
¿Envío a algunos lacayos contigo?
—Sí—, Ian asintió, mientras sonaba otra vez controlado. Anduvo a través del estudio,
mientras decía detrás de él. —Ven, Derek, y trae a Very. Investigaremos en todos lados.

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Camaradas de Armas 4

Alguien tuvo que ver algo sin duda.


Derek le siguió, mientras arrastraba a Very prácticamente con su prisa. Tenían que
encontrar Sophie. Tenían que hacerlo. No podía perderla. Lo supo en ese momento. Ya era
demasiado tarde para él. Estaba enamorado, y movería cielo e infierno para encontrar a la
mujer que era ciertamente su corazón y el alma de Ian.
Gastaron demasiado tiempo peinando las calles cerca del punto del rapto de Sophie.
Cuando admitieron la derrota, el sol se estaba poniendo. Very estaba al lado de ellos con culpa
y pesar. Ian permanecía estoico, pero su miedo y frustración emanaba de él en oleadas. Derek
estaba ahogándose en su propia culpa, dolor y miedo. Si simplemente hubiera admitido que la
amaba. Si no se hubiera largado ayer, podría haber estado con ella hoy para detener el
secuestro. Si todavía fuera un pequeño tímido ratón asustado de dejar la casa en lugar de una
joven mujer recientemente segura de sí misma e independiente de lo que también podría
compartir algo de culpa. Su cabeza era un remolino de escenarios horrendos cuyos resultados
eran siempre el mismo, Sophie, muerta. Estaba enfermo de miedo, y no lo podía evitar.
Llegaron a casa con la intención de enviar a Very en el carruaje a casa de Jason. Pero
cuando llegaron, sin embargo, estaban Jason, Tony y algunos otros esperándolos allí.
— ¿La encontraron? —Exigió Jason ayudando a bajar los escalones del carruaje
mientras un lacayo abría la puerta. Derek vio a Ian negar con su cabeza cuando salió fuera.
—No hay ninguna señal de ella o los hombres que la raptaron. Nadie vio nada. ¡Es
imposible! ¿Cómo una mujer podría ser secuestrada en plena luz del día sin una sola alma
como testigo, excepto Very?
Jason empujó Ian a un lado y Very saltó del carruaje en sus brazos, estallando de
nuevo en lágrimas. Tony bajó los escalones, apresurándose a su lado.
—Very, dulce, ¿estas bien? — Tony pasó su mano tiernamente por detrás de su cabeza,
mientras le hablaba como un niño, y por una vez Very no se quejó. Ella hipaba
miserablemente mientras se aferraba a Jason y cabeceaba abatida.
—No… no la encontramos— Very tartamudeaba a través de sus lágrimas. — ¡Soy una
inútil! ¡No pude decirles nada! ¡Uno grande y otro más bajo, eso es todo lo que recuerdo! ¿Por
qué no puedo recordar algo más?
Las lágrimas de Very llegaron a la conciencia de Derek. No la debían haber obligado,

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no debían haberla arrastrado con ellos para buscar a Sophie. Era demasiado para ella. Era tan
joven. El permanecía sentado en el asiento del carruaje, sus codos sobre las rodillas, y sus
manos asidas. Buscó y se encontró los ojos de Jason sobre la cabeza de Very.
—Lo siento, Jase. No la deberíamos de haber llevado con nosotros. No estábamos en
nuestros cabales. Simplemente estamos tan preocupados…lo siento mucho. —Su voz se
rompió y miró a lo lejos.
—Vamos, Derek. Está bien. —Conociendo a Very, habría insistido en ir de todos
modos. Derek volvió a mirar a Jason y comprendió que realmente quiso decir lo que dijo. Por
encima de su hombro vio a Ian que lo miraba, al borde de pánico, intentando controlarse pero
Derek podían ver su terror. Ian lo necesitaba. Sophie lo necesitaba. Salió del carruaje.
El salón estaba lleno de sus amigos. Cristo, Derek había dado la amistad de estos
hombres por sentado. Nunca lo haría de nuevo. Estaban aquí cuando ellos los necesitaban.
¿No lo habían hecho siempre? Kate y Kitty estaban en el centro del cuarto sentadas en el sofá.
Kate les tendió su mano e Ian y Derek fueron hacia ella.
—Lo siento mucho. —La voz de Kate era áspera con las lágrimas, sus ojos rojos de
tanto llorar. —No pude detenerlos. —Estaba angustiada por el bebé. No pude hacer nada. Lo
lamento.
Ian se sentó a su lado y Derek se arrodilló ante ella. Derek tomó su mano. —No hagas
esto Kate, no te culpes. Sabes que a Sophie no le gustaría. Habría querido que protegieras al
bebé a toda costa. —Él dio golpecitos a su mano. —La encontraremos. Estará bien, ya lo
verás. —Se puso de pie y miró al cuarto, pero su mente se quedó en blanco. ¿Dónde la
tendrían escondida?
Ian estaba pensando en lo mismo. — ¿Quién? ¿Quién la había raptado? ¿Y por qué?
Primero tenemos que averiguar eso antes de que podamos investigar en algún sentido. Ian
cerró los ojos y frotó su mano por la frente como si le doliera. — ¿Por qué se la llevaron?
—Ellos la llamaron Srta. Middleton. — Very habló desde una silla cercana a la puerta
dónde Wolf estaba dándole una copa de coñac. —Ellos la conocían. O sabían de ella no fue
aleatorio.
Derek gruñó con impaciencia. — ¡Dios los maldiga! Sophie no conoce a nadie que no
esté en este cuarto. —Él se movió nerviosamente y golpeó la pared, dejando una pequeña

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mella. —Los mataré, lo juro, si le han dañado un pelo en su cabeza.


Daniel Steinberg habló desde el otro extremo del cuarto. — ¿Qué hay sobre su familia?
Su padre estaba en la boda. ¿Hay alguna razón para que él se la llevara?
Derek clavó su mirada fijamente en Ian incrédulo. Ian tenía la misma mirada en su
cara.
—Harold. —Derek escupió el nombre desagradablemente. —Su hermano, el cabrón.
Esto es algo que él haría. —Empezó a andar hacia la puerta, pero Ian saltó y agarró su brazo.
—Déjame ir. —Ian agitó su cabeza ante la protesta de Derek antes que pudiera hablar.
—No, estás demasiado enfadado. Lo matarás antes de que podamos encontrar Sophie. — Ian
fue hacia la puerta. —Sabemos que quienquiera que la secuestró no era Harold. Pero
probablemente fueron contratados por él. Derek, necesitas rastrear a esos hombres antes. —Ian
retrocedió para mirarlo. —En caso de que Harold se niegue a hablar.
—Puedo ser muy persuasivo, —Derek dijo amenazadoramente.
—Lo necesitamos vivo. —Ian puntualizó y salió por la puerta.
Jason miró que Ian salir y se volvió hacia los demás. —Freddy, Brett, Daniel, vengan
conmigo. Acompañaremos Ian a ver al Sr. Middleton. Ciertamente cualquiera de nosotros
puede ser tan persuasivo como Derek. — Su sonrisa era salvaje cuando lo dijo. Miraba Derek.
—La encontraremos, Derek, y si es el responsable lo pagará.
Derek asintió una vez y ellos salieron. Echó una mirada alrededor. —Ahora, ¿cómo
podemos encontrar a los bastardos que la secuestraron?
Kitty habló por primera vez desde que Ian y Derek habían llegado a casa. —Conozco a
alguien que puede ayudar.

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Capítulo Diecinueve
Devlin O'Shaughnessy buscaba entre los papeles en su escritorio cuando oyó la
conmoción en el vestíbulo fuera de su oficina. Alcanzó la pistola del cajón justo cuando la
puerta de la oficina se abrió de repente.
—Vuelva aquí, ¡usted no puede entrar allí! — Rufus Gallagher su hombre de confianza
gritó al joven hombre que se empeñaba en entrar en de esa manera en la oficina de Devlin.
— ¡Y una mierda que no puedo! —El alto caballero gruñó y cerró de golpe la puerta en
las narices de Rufus. Él clavó la mirada en Devlin quien simplemente levantó sus cejas en un
gesto menos que agradable en contestación.
— ¿Ha venido aquí para una lección de modales? — Devlin preguntó educadamente
mientras depositaba la pistola deliberadamente sobre el escritorio delante de él. No conocía a
ese hombre, lo que podía significar que era más, no menos, peligroso para Devlin. En su línea
de negocio los competidores eliminaban la competencia mediante un funeral. El joven era
evidentemente pendenciero. Se las había arreglado para atravesar por lo menos a cuatro de los
guardias personales de Devlin y apenas tenía fuera de lugar un pelo. Era grande, alto y
musculoso.
—Kitty Markham me dijo que usted podía ayudarme. —Dijo de mala gana pero
parecía casi desesperado.
Devlin se relajó ligeramente con la mención del nombre de Kitty. Ellos habían sido
amantes durante meses, aunque hace tiempo que sus vidas seguían caminos diferentes. Él
nunca permitió a Kitty decir nada sobre su asociación. Ella era respetable ahora, y no
necesitaba que la mancha de una aventura amorosa ilícita con uno de los señores del crimen
más notorios de Londres la desprestigiara.
— ¿Cómo conoce a Kitty? — Devlin gruñó.
—Mi nombre es Derek Knightly, y mi es.. —él tartamudeó torpemente. —La esposa de
un buen amigo ha sido secuestrada.
¿Knightly? Devlin conocía ese nombre. Él debía ser uno de los soldados de Kitty, sobre
que los que ella siempre estaba hablando. De repente el nombre encajó en el lugar.

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— ¿Quién ha sido secuestrada, Sr. Knightly? — Exigió, tensándose visiblemente.


—Sophie, Sophie Witherspoon, —Dijo el Sr. Knightly miserablemente, mientras se
derrumbaba en la silla enfrente de Devlin.
Devlin juró malamente. Kitty adoraba a la pequeña novia Witherspoon, ella había
hablado incansablemente sobre su traje de novia, la boda, el novio, el pasado doloroso de la
joven. Simplemente la otra noche ella había estado casi llorando cuando habló sobre qué bien
estaba encajando Sophie en su nueva vida. — ¿Quién la raptó?
Knightly sólo movió su cabeza. —Tenemos alguna idea de quién puede ser, pero
ninguna evidencia sólida. Very Thomas estaba con ella y pudo darnos sólo una descripción
somera de los hombres que realmente se la llevaron.
—Dígame. —Devlin se acercó. Él conocía a casi todos los que actuaban en Londres.
—La agarraron en Church Street, en una calleja al lado de una tienda dónde habían
estado comprando. Un hombre grande tomó a Sophie y la llevó por el callejón, y un hombre
más bajo que parecía estar vigilando. El pequeño pegó a Very cuando ella intentó detenerlos.
—Knightly de repente saltó de su asiento, como si necesitara ir a alguna parte o hacer algo
pero se quedo paralizado en cambio. — ¡Dios les maldiga! Estamos perdiendo tiempo. ¿Puede
ayudarnos o no?
— ¡Rufus! — Devlin llamó. La puerta de la oficina se abrió y Rufus apareció de pie con
dos de los guardias personales que parecen un poco atontados detrás de él.
— ¿Sí señor? — preguntó Rufus, mientras miraba a Knightly.
—Una amiga del Sr. Knightly ha sido secuestrada. Devlin se recostó en su silla. —Un
hombre grande que se llevó a la señora por un callejón cerca de Church Street y un hombre
mas bajo que parecían estar apoyándolos. Oh, y el pequeño dio una bofetada a otra mujer
cuando intentó detenerlos. ¿Alguna idea?
—Bien, jefe—, empezó Rufus despacio, —No estoy seguro que nosotros conozcamos a
ese tipo de gente…
Devlin le cortó. —Vamos a ayudar.
Rufus lo miró sorprendido, pero asintió e inmediatamente se volvió eficaz. —De
acuerdo, eso parece del estilo de Lukey y Jack, Mickey y Mike, o Ivy y Duke. Es sólo
secuestro, o ¿también la querrían muerta?

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Knightly se tornó pálido y se apoyó contra el escritorio. —Cristo Todopoderoso, no lo


sé. Yo…no sé por qué la querría muerta. Creo que solo quiere que vuelva.
Rufus cabeceó juiciosamente. —Bien, entonces, Lukey y Jack son la mejor apuesta,
jefe. —Él agitó su cabeza tristemente. —Si son Ivy y Duke, la señora estará muerta ya.
Knightly cubrió su boca con una mano temblorosa como si fuera a vomitar o gritar.
—Eso es lo que también creo, Rufus. Verificad para aseguraros que todavía están
haciendo trabajos en Londres. —Devlin se puso de pie y rodeó el escritorio, caminando hacia
una mesa en la esquina. Habló mientras caminaba. —Encuéntralos todos, incluso a Mickey y
Mike. Quiero a la señora de vuelta. Su nombre es Sophie Witherspoon. —Él hizo una pausa y
miró a Rufus. —Es una amiga de Kitty. Los ojos de Rufus se ensancharon y asintió. —Corre
la voz. Hay dinero por buena información.
—Middleton. — dijo Knightly, su voz ronca. —Ellos la llamaron señorita Middleton,
su apellido de soltera. Very dijo que cuando la raptaron la llamaron señorita Middleton.
Devlin cabeceó hacia Rufus y el pequeño hombre pelirrojo corrió precipitadamente
hacia la puerta, ya gritando cuando se cerró tras él. Devlin lleno un vaso de whisky escocés de
una botella de la mesa y se lo dio al pálido joven. Él agarró la bebida y la bebió de un trago sin
un temblor. Devlin no estaba seguro si era fuera porque estaba insensible o porque
acostumbraba tomar bebidas fuertes. Se encogió de hombros mentalmente. No era asunto
suyo.
— ¿Le gustaría regresar a casa? Yo puedo decir a alguien que le lleve, y en cuanto sepa
algo le avisaré.
Knightly negó antes de que Devlin acabara de hablar. —No, esperaré aquí. No quiero
perder tiempo una vez que tengamos algo de información.
Devlin regresó a su silla detrás del escritorio. —Haga lo que quiera. Tome otra bebida o
dos. Puede llevar un tiempo.
Después de una hora de ver al otro hombre vagando por su oficina y bebiéndose otro
whisky escocés, Devlin dejó la pluma en el escritorio. Él no lograba hacer nada, no con
Knightly merodeando y su propia preocupación sobre el bienestar de Sophie Witherspoon.
Kitty quedaría devastada si algo le ocurriera. Devlin no quería defraudarla. Había enviado a su
amigo aquí esperando que Devlin pudiera ayudarles. Estaba determinado a tener éxito.

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Lo primero es lo primero. Distraer a Knightly. —Usted es el amante de Ian


Witherspoon.
El hombre detuvo su deambular y se volvió hacía Devlin con cara pálida. —Sí. —Su
respuesta fue sincera, pero no aclaraba nada.
Devlin sonrió. — ¿Y de la señora Witherspoon? — Él lo suponía, pondría la mano en el
fuego al ver la expresión de Knightly.
—Sí. — De nuevo, ninguna vacilación, ninguna turbación. A Devlin le gustó este
joven.
—Conveniente, ¿no? —Devlin comentó astutamente.
—Nos gusta, —dijo Knightly inexpresivo. Su tono se contradecía con la tensión de sus
hombros y cuello, y el cerrado puño a su costado.
—Kitty me lo dijo, —Devlin añadió, y vio al otro hombre relajarse.
—Kitty es muy importante para nosotros, —dijo Knightly mientras tomaba de nuevo
asiento enfrente de Devlin y bebía antes de poner su vaso sobre el escritorio de Devlin.
Odiaríamos verla herida.
Devlin levantó sus cejas en simulada sorpresa. — ¿Y piensa que yo puedo herirla?
Knightly ladeó su cabeza mientras evaluaba a Devlin. Su escrutinio hizo a Dev querer
retorcerse, pero se obligó a quedarse sentado negligentemente. —No.
Su respuesta sorprendió a Devlin tanto que fue incapaz de enmascarar su sorpresa.
Continuó Knightly, satisfecho de su reacción. —No deliberadamente. Ella fue renuente ofrecer
su ayuda. Creo que ella piensa que le está protegiéndolo.
Devlin resopló con diversión. —Eso es típico de Kitty. El pequeño gatito que protege al
león.
Knightly lanzó una mueca. —Sophie la adora.
Devlin le sonrió afablemente. —Kitty siente el mismo cariño por ella.
Llamaron a la puerta de la oficina un momento antes de que Rufus la abriera y metiera
su cabeza haciendo una mueca.
—Los tenemos, Jefe—, dijo alegremente. —Justo esta mañana Lukey y Jack estaban
preguntando dónde podía vender a una joven rápidamente.
Devlin sentía la ráfaga de alivio a través de sus venas. Gracias a Dios eran Lukey y

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Jack. Esos dos truhanes no podían ser difíciles de rastrear. Vio el alivio reflejado en la cara de
Knightly.
— ¿Mercaderes de esclavos? ¿Hay algo ahora en el puerto? — Devlin preguntó mientras
se abrochaba la chaqueta y agarró su pistola.
—Nah, pero hay una nave en Dover con un capitán que no se preocupa demasiado de
cómo consigue a un pasajero o donde los recoge. Haría la venta por la comisión.
—No pueden haber llegado todavía a Dover, —dijo Knightly, mientras empujaba a
Rufus descortésmente fuera de su camino. —Yo puedo atraparlos en el camino.
Devlin agarró su brazo antes de que él saliera por la puerta. — ¿necesita alguna ayuda?
Knightly sonrió abiertamente y Devlin comprendió que había rascado sólo la superficie
de este hombre. Había tenido raz