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LA MASONERÍA Y SU ACTITUD CON LA IGLESIA.

En la difusión de la Ilustración inglesa y francesa corresponde un lugar de primer orden a la


masonería.

Prescindiendo de las imaginaciones que ligan a la masonería con los egipcios, el pitagorismo,
los Templarios o que la hacen remontarse hasta el mismo paraíso terrenal, su origen más
remoto hay que situarlo en los antiguos Gremios medievales, entre los que se encontraba el
de los arquitectos (masones) quienes mantenían en secreto sus técnicas constructivas. Fueron
muy valorados por reyes y nobles. Hasta el siglo XVII este Gremio conservó su espíritu religioso,
bien católico o protestante.

El cambio radical se produjo a partir del año 1717, año en el que cuatro logias profesionales de
Londres decidieron unirse en la Gran Logia de Inglaterra. A partir de ahí la antigua masonería,
profesional, corporativa, y constructiva pasó a la masonería doctrinaria, ideológica y política.

De Inglaterra se difundieron por todas las naciones europeas y fue uno de los factores
fundamentales de la independencia de las colonias americanas.

Debajo de la intrincada organización de sus grados, jerarquías y simbolismos, plena de


ocultismo, se encubre una ideología similar a la de la Ilustración inglesa y francesa , tanto en el
orden de las creencias religiosas, como morales, su objetivo puede reducirse en estas
palabras:” borrar entre los hombres las preocupaciones de casta, las distinciones convencionales
de colores, opiniones y nacionalidades, combatir el fanatismo y la superstición, extirpar los odios
nacionales y con ellos , el origen de la guerra; llevar el progreso libre y pacífico según el cual
cada individuo debe libremente desarrollar todas sus facultades, haciendo del género humano
una sola familia de hermanos por el amor , la ciencia y el trabajo. Hermosas palabras
¿quién dejaría de suscribirlas?

Para realizar este programa, el obstáculo principal era el catolicismo, representación viva
de la superstición, la intolerancia, la opresión y el servilismo.

Los pasos a dar para el logro de su desaparición, debería comenzar por la difusión de las ideas
ilustradas tal como se encontraban en la Gran Enciclopedia, posteriormente habría que
buscar situarse en los altos puestos políticos, de modo que se puede asegurar que a partir de
los comienzos del siglo XVIII la historia de las naciones está marcada por el signo masónico
con su aspiración al dominio universal.

Ya en abril de 1738 había condenado Clemente XII, por la bula In Eminencia, las congregaciones
masónicas, y, arreciando el peligro, renovó la condenación Benedicto XIV en 18 de mayo de
1751. La Iglesia siguió viva y ante tantas críticas y ataques, comienza a cultivarse la apologética,
la patrística, la historia de la Iglesia, la liturgia y el derecho canónico. “No hay mal que por bien
no venga”

LA PERSECUCIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS Y EL DECRETO PONTIFICIO DE SU


DISOLUCIÓN.

Como hemos visto en Temas anteriores, la presencia de la Compañía de Jesús en la vida de la


Iglesia está marcada por sus servicios a la misma, en el de la vida cristiana a través de los
ejercicios espirituales, en sus renombrados teólogos como Francisco Suárez, en todos los
niveles de la enseñanza y especialmente en la superior, en las misiones, en su obediencia al
Romano Pontífice etc. etc. de forma que resulta inexplicable, no sólo la persecución que sufrió
en el presente siglo por instituciones laicas, especialmente, por las monarquías borbónicas
europeas que seguían considerándose cristianísimas, por el jansenismo y la ilustración, sino el
que su extinción fuera decretada por el mismo papa.
El que podíamos llamar calvario de los jesuitas comenzaría por su expulsión de Portugal en 1759,
en Francia el 1764 y en 1767 de España y de sus colonias americanas, terminando poco después
el 1773 con su crucifixión, decretada su extinción por el Papa Clemente XIV.

¿Cuáles fueron las causas que llevaron a la extinción de la Compañía? Con estas palabras las
sintetiza Marcelino Menéndez y Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles: quiérase a
toda costa acabar con los jesuitas, y cuando el siglo XVIII vino aunárnosle para la común
empresa jansenistas y filósofos. El impulso venía de Francia. Salieron a relucir el probabilismo,
el regicidio, los ritos chinos y malabares, el sistema molinista de la gracia; y juntamente con esto
se les acusó de comerciantes y hasta de contrabandistas, de agitadores de las misiones del
Paraguay y de mantener en santa ignorancia a los indios de sus reducciones para eternizar allí
su dominio.”

El jesuita P. Pinedo, sintetiza las causas en dos grupos. El primer grupo, que él llama causas
internas y entre ellas: la intromisión en la política por medio de los confesores reales; el control
de la administración de los estados, por sus alumnos; la tendencia de los confesores jesuitas al
llamado laxismo, consistente en no dar importancia a pecados tenidos por graves por otros
moralistas y por los jesuitas leves.

Entre las externas, las incluidas en el texto de Menéndez Pelayo y la envidia de algunas otras
órdenes religiosas que veían con malos ojos el influjo de los jesuitas en el campo de la
enseñanza y lo que ellos llamaban “orgullo jesuítico”. Es casi motivo de risa lo que Carlos III, el
rey español, aconsejaba a su hijo el rey de Nápoles “ que expulsara inmediatamente a los jesuitas
de su reino, pues temía que iban a atentar contra su vida en venganza de las vejaciones que
habían sufrido por parte suya” Esta idea se fundaba en la doctrina jesuítica, propia de Santo
Tomás, de que el bien común de una nación podría justificar el tiranicidio, es decir, el dar muerte
al tirano, rey o presidente de una nación, tal como aparece en la obra del jesuita Juan de Mariana
“De rege et regis Institutione.

Otros historiadores hablan de que el motivo de la expulsión de los jesuitas de España fue la
acusación de la participación de los mismos en los motines ocurridos por diversas causas en la
nación, contra Carlos III, tales como el motín de Esquilache, o el motivado por la carencia de
abastecimientos en Madrid, así como por la ausencia de iluminación en las calles madrileñas.
Causa ninguna fundamentada históricamente, y aún en la hipótesis, también improbable, de que
algún jesuita pudiera haber influido en ellos, en nada se justificaba un castigo a toda la Compañía
incluida la de los jesuitas presentes en las misiones, de las distintas colonias españolas.

¿Pero que llevó al papa a decretar la extinción de la Compañía de Jesús en toda la Iglesia?

Básicamente la debilidad e inexperiencia de un pontífice, como Clemente XIV, quien presionado


y amenazado con la provocación de un Cisma por los ministros y embajadores borbónicos y
algunos cardenales enemigos de los jesuitas, terminó cediendo un 21 de julio de 1773. Su
antecesor el Papa Clemente XIII se enfrentó con los mismos poderes en defensa de la Compañía
de Jesús, a los que su sucesor fue incapaz de oponerse.

El general de la Compañía, padre Ricci, se limitó a decir “Yo adoro las disposiciones de Dios.
Fue encarcelado y recluido en las prisiones del castillo de Santángelo, donde murió el 24 de
noviembre de 1775. Los jesuitas españoles fueron llevados inicialmente a los Estados Pontificios
contra el deseo del papa que no los dejó entrar en sus dominios. Miles fueron los jesuitas
extinguidos entre ellos los más de 5.000 provenientes de las misiones americanas.

La Compañía de Jesús no se extinguió del todo, Federico II de Prusia, y Catalina II de Rusia,


prohibieron la promulgación del decreto de extinción en sus estados. Este pequeño rescoldo
permitiría el renacimiento de los jesuitas.