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Pollo: Eso me suena… ¿Qué es?

Tu Mejor Tú: Muy fácil.


La ley de la causalidad enuncia simplemente esto:
Para todo efecto, existe una causa que lo precede.
La buena noticia es que cualquier situación que estés viviendo es
un conjunto de efectos. Si no te gustan, puedes alterarlos cambiando
sus causas.
Por alguna extraña razón, la gente acepta que esto es así para
todo lo que ocurre en el universo, excepto sus vidas. Como si éstas
flotaran en una realidad paralela, exenta de las leyes que afectan
al resto del cosmos.
Supersticiator: Es que en la vida…
Tu Mejor Tú: ¿En la v Según esta religión, las cosas ocurren por casualidad. La vida es
como una lotería. Si te toca, te ha tocado.
Pero los ganadores no creemos en la casualidad. Creemos en la
causalidad.
Creemos que, tanto si resbalas por las escaleras y te rompes la crisma
como si sufres una enfermedad letal… es una putada. Pero no
es casualidad.
Quizás tú no las conozcas o controles, pero siempre hay causas.
Y aunque entender esto no te da necesariamente la victoria, no
querer entenderlo sí te garantiza la derrota.
Amazona de Confort: Qué drásticos.
Excusator: Sí. Eso es tomarse la vida muy a pecho.
No.
Es dejarte claro que, cuando le das la espalda a la causalidad, te
quedas indefenso. Renuncias a una de las herramientas que más
lejos han llevado a nuestra especie: la capacidad de entender y
predecir nuestro entorno.
Así que ha llegado el momento de elegir bando.
Puedes creer en la ley de causa y efecto o en la ley del te ha tocado,
pero no en ambas cosas a la vez.
Tal y como te hemos dicho, a menudo desconocerás qué causas
provocan ciertos efectos. O las conocerás y, aun así, fracasarás a la
hora de modificarlas.
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Cuando esto ocurra, vas a sentirte tentado a creer en la suerte, en
el te ha tocado. A mucha gente esto le resulta más llevadero que
admitir que, sencillamente, no han sido capaces de hacerlo mejor.
Egolatror: ¿Qué quieres? ¿Qué reconozca que no soy
perfecto?
Tu Mejor Tú: No, sólo que esperes tu turno.
Pero es así.
A menudo tu ego va a empujar para que abraces la religión de
la suerte. Sin embargo, el hábito de ser humilde, de aceptar que
siempre hay cosas que aprender, te va a llevar mucho más lejos
que si te refugias en el te ha tocado.
Amazona de Confort: Hay demasiadas cosas que no
controlamos para vivir con esa filosofía.
Desmotivator: Claro, esa filosofía vuestra no va a ninguna
parte.
Tu Mejor Tú: No sabemos a dónde nos lleva.
Mario Luna: Pero sabemos que más lejos que ninguna otra.
Desmotivator: Tonterías. Vivir así es ida qué?
Supersticiator: En la vida, a veces las cosas pasan por
casualidad.
Mario Luna: No. En la vida nada pasa por casualidad.
Tu Mejor Tú: Ni siquiera el que te hayas vuelto a adelantar.
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El problema es que, cuando desconocemos las causas de ciertos
efectos, nos gusta tirar de esa palabra: casualidad.
Nos permite “descansar”.
Oliva: ¿Descansar?
Mario Luna: Sí.
Liberarnos del peso de la responsabilidad de saber que todo tiene una
causa. Y que, cuando nos ocurre algo que no deseamos, es porque no
hemos sabido detectar aquello que lo causó o interferir en ello.
Pero no un ganador.
Un ganador es humilde. Un ganador acepta la situación, aunque
ésta no acaricie su vanidad. Lo viste en “Sé científico”.
Y aunque a veces pueda resultar frustrante, entiende que a la
larga es más frustrante estancarte. Así que adquiere el hábito de
preguntarte:
Esto que me pasa ahora… ¿Cuál es su posible causa?
Y una vez detectada:
¿Puedo cambiarla?
Todos tenemos un familiar, amigo o conocido que ha sido víctima
de un derrame cerebral, un infarto, un cáncer o cualquier otro problema
grave. La creencia popular es te ha tocado.
Borregator: Es que… Si te toca, te toca.
Mario Luna: Efectivamente.
Excusator: ¿Nos das la razón esta vez?
Mario Luna: No.
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Efectivamente,