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Conflictos, solidaridades y resistencias civiles: Una Colombia de paz 1

Contextos e Intervención

Conflictos, solidaridades y resistencias civiles: Una Colombia de paz

José Absalón Orozco Sena

Universidad de Antioquia

Medellín

2019
Conflictos, solidaridades y resistencias civiles: Una Colombia de paz 2

Abstract

El abstract deberá tener un solo párrafo que no exceda las 120 palabras. Es un resumen de

los elementos más importantes de su artículo (paper). Todos los números en el abstract,

excepto aquellos que comienzan una frase, deben escribirse como dígitos en lugar de las

palabras. Para contar el número de palabras en este párrafo, puede seleccionar el párrafo y en

la barra de herramientas/revisar, hacer click en “contar palabras”


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INTRODUCCIÓN

La solidaridad es un valor social que trasciende la ayuda directa o indirecta de los más

necesitados en un determinado contexto. Se trata de un valor que permite trasladar recursos

de primera necesidad hacia puntos, zonas o regiones a las que no llegan programas oficiales o

de distintas organizaciones. De hecho, hay ejemplos de planes estructurados de atención que

en su momento fueron solo iniciativas concretas promovidas por particulares.

La solidaridad también constituye un impulso importante a acciones que ya están en

marcha o que se disponen a ser ejecutadas, sobre todo si tenemos en cuenta que en una

situación de crisis humanitaria es fundamental la ayuda que se les proporcione a las personas

en las 72 primeras horas tras producirse la situación de emergencia.

La solidaridad surge en momentos de “trauma”, especialmente de la guerra, generando

lo que hoy se llama “traumas culturales”. Un trauma cultural se produce cuando los

miembros de una colectividad se sienten sometidos a acontecimientos de horror que deja

marcas indelebles en la conciencia colectiva, marcando sus propias memorias para siempre

en un recuerdo insociable para siempre y cambiando su identidad futura de manera

fundamental e irrevocable

Para soliviantar el trauma colectivo, las comunidades recurren al valor de la

solidaridad, para identificar cognitivamente la existencia y las fuentes del sufrimiento

humano que padecen y también para asumir responsabilidad moral por ello. En la medida que

los grupos o comunidades identifican las causas del trauman y asumen su propia

responsabilidad moral, los miembros de la colectividad definen y defienden sus relaciones de


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solidaridad que les permitan e incluso obliguen-en muchas ocasiones- compartir el

sufrimiento de otros.

En el caso particular de nuestra Colombia, los acontecimientos solidarios de las

comunidades o colectividades en medio de la guerra –diaria y absurda- de nuestro país, los

eventos solidarios son continuos y permanentes. Sin embargo, esta continuidad es diezmada

por los conflictos internos dentro de las mismas colectividades y reforzados por incidentes de

grupos al margen de la ley y el mismo Estado como actor que no favorece la consolidación de

la solidaridad.

Comience su artículo con la introducción. Utilice voz activa, en lugar de la voz pasiva,

ya que ésta última se debe utilizar en su escritura.

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doble espacio; alineada a la izquierda; y los párrafos con sangría 5-7 espacios. El número de

página aparece 2,54 cm desde el borde derecho en la primera línea de cada página, con

exclusión de la página Figuras.

LA SOLIDARIDAD

La palabra solidaridad proviene del sustantivo latín soliditas, que expresa la realidad

homogénea de algo físicamente entero, unido, compacto, cuyas partes integrantes son de

igual naturaleza. La solidaridad es uno de los principios de la filosofía social.

La palabra solidaridad es una palabra de acción positiva, que revela un interés general

o universal por el bien del prójimo.

Las políticas neo - liberales y su globalización han generado una visión más conjunta

del mundo entero; un sentido de solidaridad mayor en la humanidad, especialmente en los

conflictos armados
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La solidaridad es uno de los principios básicos de la dimensión humana y de la

organización social y política. Se constituye como el fin y el motivo primario del valor de la

organización social; y su importancia es radical para el buen desarrollo de una doctrina de

mejoramiento y progreso social.

SOLIDARIDAD: A TRAVÉS DE LA HISTORIA

En la historia de la Humanidad, se han realizado un sin número de guerras con el usufructo

de generar solidaridad entre las comunidades. Lo paradójico es que cada vez que las

comunidades se organizan y consolidan a través del valor de la guerra, empiezan procesos

organizativos para el desarrollo y progreso socio-económico y político para elaborar los

hechos traumáticos y garantizar en términos de cultura no repetir los hechos de guerra o

traumáticos. Una vez que las comunidades, grupos o colectividades están fortalecidas como

sociedad, llegan nuevamente “los vientos de guerra” para ejercer sometimiento.

Acontecimientos de estos, son cíclicos en las diferentes épocas de la historia de la

humanidad, especialmente en el periodo de la modernidad.

En la segunda guerra mundial como hechos transcendental que marco a la humanidad por su

feroz violencia de exterminio de poblaciones, biotipos, naturaleza y ambiente. De igual forma

transformó el curso de la humanidad en las diferentes esferas que integran al individuo dentro

y fuera de la sociedad, entre muchos acontecimientos sociales.

La segunda Guerra Mundial generó uno de los acontecimientos sociales más importantes

en el mundo debido al trauma que generó la posguerra. Algunos actores sociales se han

identificado como agentes causales, la solidaridad moral se ha expandido, el universalismo

moral y la crítica social se han ampliado, y se han efectuado cambios institucionales y legales

fundamentales.

Uno de los más extraordinarios de estos desarrollos ha sido la identificación gradual de los

pueblos cristianos de Occidente con los millones de personas judías asesinadas por los nazis
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en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Durante milenios, la civilización cristiana

había mancillado a los judíos tildándolos de ruines y subhumanos, excluyéndolos de la

sociedad civil, castigándolos en lo económico, persiguiéndolos cultural y políticamente y, en

ocasiones, con medidas de tortura, exterminio y discriminación.

El origen de este revés en la historia mundial, se ubica en la elaboración del trauma. Los

pueblos cristianos que no tuvieron directamente nada que ver con el Holocausto –

estadounidenses, británicos, franceses, escandinavos y austriacos entre ellos– llegaron a

sentirse indirectamente responsables del mismo. De este modo, se distanciaron de los

sentimientos y las prácticas antisemitas en las que alguna vez estuvieron profundamente

implicados. Los ciudadanos de naciones cristianas habían restringido y perseguido judíos en

sus propios países; se habían mantenido al margen cuando Alemania instituyó las Leyes de

Núremberg en 1933 y organizó la Noche de los Cristales Rotos en 1938. Después, de

enterarse de la existencia de los campos de la muerte en 1943, los líderes aliados se rehusaron

a desviar la campaña de bombardeos para detener la vertiginosa masacre siquiera por un día.

En la primavera de 1945, millones de ciudadanos de países occidentales quedaron

horrorizados ante las noticias e imágenes de los campos de concentración y exterminio nazi.

Empero, los efectivos estadounidenses que tomaron estos campos, a menudo mostraban

mayor simpatía por los oficiales alemanes bajo arresto que por los judíos iracundos,

raquíticos, y de apariencia extranjera a los que liberaban. Y en los años inmediatamente

posteriores a la guerra, fue a los bárbaros nazis –no al pueblo alemán, y mucho menos a la

civilización occidental antisemita considerada de manera amplia– a quienes se responsabilizó

por el Holocausto.

Después del trauma, en efecto se delineó de manera muy estricta se empezó a constituir el

“nosotros”, lo cual tomó tres generaciones antes de que el pueblo alemán –y, aun así, solo

aquellos en la nación occidental reconstruida democráticamente– se hiciera cargo de un


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sentido más amplio de responsabilidad, para separarse decididamente de las exculpaciones

auto - justificadoras de los primeros participantes, y de la identidad colectiva colmada de odio

propia de la versión anterior de la nación alemana.

En una de las transformaciones culturales más radicales en la historia moderna, con el paso

del tiempo Alemania se convirtió en amiga leal de Israel, la tierra que las víctimas judías del

nazismo ocuparon para escapar. La nación previamente nazi alberga hoy a la población judía

más grande de Europa central. En los Estados Unidos han sido incorporados escritores,

científicos, médicos y empresarios judíos a los núcleos de los grupos de élite que durante

siglos los habían rechazado.

Esta transformación de la identidad cultural y del estatus social de uno de los grupos más

ferozmente denigrados del mundo fue consecuencia del proceso de elaboración del trauma. El

Holocausto vino a ocupar una posición central en la identidad colectiva de las sociedades

occidentales y, en el curso de esta creciente centralidad, la comprensión del asesinato masivo

de judíos cambió, de manera sutil pero decisiva.

El cambio de expresión cultural y fortalecimiento de la identidad a través de la solidaridad

ha sido la narrativa en sus diferentes formas de expresión del arte: literatura, escultura,

poesía, cine, entre otras. La que más se resalta es la literatura como por ejemplo en el caso del

Holocausto, el diario de Ana Frank, que se convirtió en lectura casi obligada para la

humanidad en la toma de consciencia del horror de la guerra y el valor de la solidaridad, por

cierta uno miles de ejemplos que se dio en Occidente. No siendo menor la pintura y la

escultura.

Dos décadas más tarde, durante las guerras políticas de los años 1960, las democracias

occidentales se vieron obligadas a ceder esta posición narrativa dominante. En esta ocasión –

en comparación con 1945– el control sobre los medios de producción simbólica cambió de

manos, más a causa de razones culturales que por la fuerza de las armas.
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La Segunda Guerra Mundial, en décadas posteriores, también se humanizó a las víctimas de

esta destrucción masiva en cámara lenta, de manera que pudieran provocar identificación

cultural y empatía. Sus estilos de vestir, sus cuerpos tatuados y perforados, sus pinturas,

esculturas, música y danza han entrado recientemente a la médula de la imaginación moderna

contemporánea. Sus luchas por recibir alguna compensación han generado fuerte apoyo

político y, en momentos y circunstancias de lectura social, han provocado significativas

transformaciones institucionales.

Los grupos sociales a menudo se niegan a reconocer el sufrimiento de otros y, aun cuando

lo hacen, frecuentemente ubican la responsabilidad causal de infligir ese sufrimiento en

eventos y actores ajenos a ellos mismos. Lo que se desprende de dicha negación es una falta

de identificación y empatía. Excluirse del proceso de creación del trauma evita la posibilidad

de adquirir una postura moral. Restringe la solidaridad, dejando que los otros sufran solos.

Las leyes no son modificadas ni las instituciones reparadas.

Los estragos que desencadenaron traumas anteriores quedan en su sitio, situación que puede

permitir que los eventos traumáticos originales se repitan.

LA SOLIDARIDAD: NACE Y SE ALIMENTA DEL CONFLICTO

En un sentido banal la solidaridad encuentra su alimento en el seno del conflicto. Se

puede estimar que la solidaridad es a menudo, y a lo mejor siempre, signo de un conflicto

real o latente, de un conflicto que saldría a la luz si no actuase una solidaridad preventiva. El

conflicto la alimenta a la solidaridad.

Con frecuencia, en el paroxismo del conflicto, de la negación hasta la muerte del

punto de vista o de la existencia del otro, se manifiesta, también hasta en la acometida, la

atención al otro, la máxima y heroica solidaridad. Como por ejemplo, la Cruz Roja, al mando

de Marie Curie, ejerció su mejor solidaridad, indiferente a la nacionalidad de los


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beligerantes, en medio de las matanzas de la guerra de 1914-1918, con multiplicidad de

hechos y ejemplos similares durante toda la historia.

La solidaridad de las cosas y desacuerdo o conflicto entre los seres humanos podría ser

regla más bien que excepción. Precisamente porque hay solidaridad de hecho en las

consecuencias negativas de ciertos usos, el derecho a un uso ilimitado sólo puede reservase a

algunos, los más fuertes. Lo anterior expresa un absurdo, sin embrago se presenta

constantemente después de las guerras.

SOLIDARIDA EN AMÉRICA LATINA: Algunos ejemplos

Desde los años 60 surgió una creciente conciencia de que los primeros ejercicios

imperiales no tuvieron lugar contra civilizaciones desarrolladas, sino contra los pueblos que

estaban allí antes que ellos. Sin embargo no fueron evidencias empíricas de alguna realidad

objetiva las que colocaron la aniquilación de los primeros residentes de América en el mapa

de la imaginación occidental. En 1962, Claude Levi-Strauss en su libro “el pensamiento

salvaje” afirmó que el genocidio más dramático de todos, y el más completo, fue el

exterminio de los primeros residentes humanos de la tierra. Los conquistadores españoles y

portugueses destruyeron culturas e instituciones originarias a lo largo del norte y del sur de

América, desatando procesos de destrucción que con el tiempo también ocasionaron la

muerte física de la mayoría de sus pueblos.

Partiendo de esa premisa, el continente Latinoamericano ha sido sometido por

diferentes culturas, entre ellas, la que más se destaca es el “autoritarismo”.

Este tipo de cultura socio-política de sometimiento se ha transmitido de generaciones

en generaciones en América Latina, construyendo desde estos referentes que ofrece unos

gobiernos con terribles crisis en la constitución de su legitimidad y credibilidad.


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La subjetividad en nuestro continente latino se ha constituido en esta enorme crisis

humanitaria, que en su mayoría de veces desapercibida como consecuencia de la guerra que

se ha vivido al interior de cada país, desde la misma emancipación de los españoles y

portugueses, donde en la mayoría de las veces es desapercibida como consecuencia de la

guerra psicológica que logra neutralizar el uso de la violencia política para justificar la

desaparición de la diferencia y con intentos de feroces de desmoronar la solidaridad social.

En el “Cono Sur” el arraigo a la solidaridad se demuestran en los hechos que frente al

manejo ideológico de símbolos de la muerte y de la destrucción por quienes las decretaban,

en su momento: las dictaduras militares. Los medios que trasmitían estas imágenes de guerra,

de horror, de barbarie, banalizan los efectos de la violencia hasta configurar colectivos

sociales “dormitados” que no establezcan lazos de solidaridad sino los propios del

adormecimiento. La falsificación de la realidad es una constante en un clima de violencia

política generalizada.

Hechos de solidaridad, por citar Argentina, Chile y Uruguay, en momentos de

dictaduras militares radicales, hicieron que profesionales y científicos en situaciones de

tortura, de temor a la muerte, de insurgencia produjeran apoyos y acompañamientos a

personas del común que no tenían este tipo de investiduras: Un profesional social y /o de la

salud “torturado” prestará apoyo y acompañamiento a un estudiante universitario o escolar

para calmar su dolor físico y mental; al mismo tiempo, en las mismas condiciones y lugares.

Estos acontecimientos hicieron que “la palabra de unos pocos no era la palabra de la

todos” por lo cual dio paso a la democracia y la legitimidad de ella misma.


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DE SOLIDARIDAD A RESISTENCIAS CIVILES DE PAZ EN COLOMBIA

Colombia lleva más de 60 años en guerra y especialmente en los últimos 30 años donde

se presenta en su máxima expresión frente a los acontecimientos sociales y políticos del país;

se elucida que la paz no ha tenido protagonismo como tal. Se han direccionado las políticas

de gobierno a mitigar o “intentar” frenar la violencia través de acuerdos de paz.

De igual forma, se interviene la violencia para disminuir sus diferentes manifestaciones

y la repercusión que tiene sobre la población, especialmente las que presentan condiciones de

pobreza.

El Estado crea políticas para que los actores violentos, que son minoría en Colombia;

dejen las armas o se reincorporen a la vida social cotidiana con el objetivo de aminorar el

conflicto armado, retomar control hegemónico de las regiones azotadas por la violencia y

disminuya los desplazamientos forzados por ésta misma. Es decir, el Estado Colombiano ha

tomado como protagonistas a los actores de la violencia para tratar de conseguir la paz o

disminuir la violencia.

Diferentes gobiernos en Colombia que van desde 1981 hasta el años 2012, han

intentado generar procesos de paz en con las guerrillas de izquierda y con los grupos armados

de ultraderecha para poder poner fin a décadas de conflicto armado en nuestro país. Sin

embargo, los acuerdos de paz con los diferentes grupos y actores generados del conflicto

armado en Colombia, demuestra que las víctimas y la población civil no participaron de los

acuerdo como mayoría de la población colombiana y con un conocimiento de posibles causas

y de vivenciar los efectos de la guerra. Esta población al ser “relegada” de los procesos de

paz, se da por entendido que la no tienen conocimiento para aportar a la construcción de la

paz. Siendo esta población la que ha experimentado las posibles causas y efectos del horror

de la guerra, tienen conocimiento de causa de cómo prevenir, mitigar o desarrollar procesos

de paz.
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La poblaciones que han sido afectadas por la violencia y los efectos de la guerra, se han

movilizado en manifestaciones y peregrinaciones, en su diario vivir para trabajar por la

reconciliación, la convivencia pacífica y la reconstrucción de un nuevo país que ha quedado

en ruinas desde todas las esferas socio-políticas, económicas y culturales.

La resistencia de la población colombiana, que poco se conoce o difunde; es una actitud

mancomunada y liada que se irradia para cambiar el horror de la guerra y su cultura de

muerte. Esta actitud surge en principios de las acciones solidarias que hicieron frente a los

grupos armados ilegales.

Los actos solidarios se transformaron en prácticas de resistencia de una Colombia de

paz desconocida que han generado procesos de reconciliación y convivencia ciudadana.

Personas gallardas y resistentes al horror y el miedo de la guerra y sus actores, se dieron

cuenta que si era posible cambiar la mentalidad de las personas y de vivir en paz

independiente de las diferencias étnicas, políticas y sociales, a través de generar alternativas

de equidad, moralidad, transparencia y de trabajo comunitario. De estas prácticas exitosas y

de permanencia en el tiempo (Samper, 2001) se pueden nombrar, a manera de síntesis:

1. Pie de Monte llanero (1998): Las comunidades de los municipios de Lejanía, El

Castillo, El Dorado, Cubarral, Guamal y San Martin se unieron a partir de

algunas actividades deportivas para hacer valer y respetar la vida de las mujeres,

hombres y niños, en el pie de monte llanero; ante los grupos armados ilegales

como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las

Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Las actividades deportivas empiezan celebrarse en 1992 uniendo a estos

diferentes municipios del pie de monte llanero, hasta consolidarse las prácticas

ciudadanas dinámicas basadas en el cambio de actitud frente a éstos grupos

armados ilegales y en el principio de que la población no hace parte de un


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proceso de paz porque la misma población no está en guerra independiente de

las diferencias étnicas, políticas y sociales.

2. La Asociación Campesina del Valle de Cimitarra. Los búfalos de la paz: Surgió

como asociación para la recuperación de la tierra, una vida digna, se consagra la

vida y la construcción de paz; a través de proyectos productivos como la recría

de búfalos con el objetivo de mejorar las condiciones de vida la comunidad,

fomentar la propiedad comunitaria, seguir evitando la acumulación de tierra y

seguir luchando por la paz y la justicia.

3. La otra Barrancabermeja “Más allá del puente elevado”: Una resistencia

Cultural. La cultura como abanderamiento de la dignidad y reivindicación de

derechos: estimular la solidaridad y reforzar la resistencia pacífica con

expresiones de los imaginarios colectivos y sus diversidades culturales y étnicas

para afianzar la identidad de paz y la “no negación del otro”.

4. Indígenas del Cauca: Los guerreros de paz. Estas comunidades indígenas han

sido generadoras de movimientos sociales indígenas en Colombia en toda

historia patria y especialmente en los últimos treinta años.

Su resistencia civil se basa en la recuperación, fortalecimiento y protección de

las culturas indígenas, el ejercicio de la autonomía y el desarrollo de un proyecto

político que ellos mismos identifican y nombran como “la construcción de un

nuevo país, un mundo posible y deseable a través de la paz.

5. Municipio de Granada (Antioquia): Se resistieron a los “hombres de la muerte”,

capacitando a la población para que sean micro empresarios o empresarios a

través del acompañamiento mutuo de procesos organizativos y acciones

humanitarias.
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6. Bojayá: Las voces de un pueblo. El alabo es una expresión musical propio de la

región del Chocó de las comunidades afrocolombianas. El alabo consiste en

cantos ancestrales que se dedican a sus muertos como formas de darles un

último adiós y acompañarlos a otros mundos espirituales. Estos cantos a “sus

muertos” son un homenaje y hacen parte de la construcción de memoria y no

olvido de la masacre perpetuada en el año 2002 por las guerrillas de las FARC.

El recordar y acompañar a sus muertos en los “alabos” son una forma de resistir

a la violencia y consagrarse a la comunidad y al cuidado entre sí. El recordar a

sus muertos es una vivencia de paz ante tanta destrucción y muerte”.

RESISTENCIA CIVIL EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN

En la memorias de la guerra y conflicto armando en la ciudad de Medellín en su libro

En Medellín la solidaridad y protección dónde se manifiesta unas prácticas cotidianas, ante

la violencia y sus manifestaciones como “pan de cada día” y “ levantarse día tras día” era

“un acto heroico” de soportar la magnitud de la violencia en los barrios.

Las manifestaciones de algunas formas de solidaridad se hacían a través de los lazos

familiares, los lazos vecinales y los afectos entre sí, ayudaron a fortalecer actitudes de

solidaridad, fomentar la ayuda mutua y el sentido de pertenencia entre las comunidades. De

esta semilla de acciones solidarias, afloraron jornadas diarias de trabajo comunitario, -

especialmente por parte de las mujeres-, y en el encuentro cotidiano con el otro para afrontar

las dificultades individuales y colectivas de la guerra y sus actores armados. Esta forma de

resistir ante los actos violentos del conflicto armado en Medellín dio sus frutos como

condición de solicitar justicia al Estado y denunciar los actos violentos y sus protagonistas a

la manera de protección y “denuncia pedagógica” a presente y futuro.


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A MANERA DE CONCLUSIÓN

Para finalizar, desde mi experiencia, los hechos de colectividad en minorías que

incluyen actores de la guerra y sus víctimas directas o indirectas, no tan aisladas y con mayor

acercamiento entre sí, han generado lazos de solidaridad y reconciliación, de perdón y de

reconstrucción social. Aún muy incipientes pero en progreso pro de mejores condiciones de

vida en las comunidades. Esto ha logrado neutralizar el uso de la violencia política en

muchas esferas y de la guerra psicológica para mitigar la diferencia social y sobre todo la

indiferencia entre semejantes. Por eso, es que estas pequeñas luces y apoyos solidarios vienen

generando “momentos de alegría” y espacios de democracia, en un sociedad marginada por

la guerra.

Títulos
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Subtítulos

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Citas

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autores y fechas de publicación de las fuentes. La fuente completa aparecerá en la lista de

referencias al final del artículo, siguiendo el cuerpo del mismo. Cuando los autores de una

fuente que no forman parte de la estructura formal de la oración, tanto los autores y años de

publicación aparecerán entre paréntesis, separados por punto y coma, por ejemplo (Smith y

Jones, 2001; Anderson, Charles, y Johnson, 2003). Cuando se cita una fuente que tiene tres,

cuatro o cinco autores, todos los autores se incluyen la primera vez que la fuente sea citada.

Cuando esa fuente se cita de nuevo, se utiliza el apellido del primer autor y "et al.". Vea el

ejemplo en el párrafo siguiente.

El uso de este estilo estándar APA "dará lugar a una impresión favorable en su

profesor" (Smith, 2001). Esto fue confirmado de nuevo en 2003 por el profesor Anderson

(Anderson, Charles & Johnson, 2003).

Cuando se cita una fuente que tiene dos autores, ambos autores se citan cada vez. Si hay

seis o más autores a ser citados, usar el apellido del primer autor y "et al.". la primera y cada

vez subsiguiente que ha sido citado. Cuando se utiliza una cita directa, siempre incluya el

autor, año y número de página como parte de la citación. Una cita de menos de 40 palabras,

debe estar encerrado entre comillas dobles y debe ser incorporado en la estructura formal de

la sentencia. Una cita más larga de 40 palabras o más, debería aparecer (sin comillas) en

formato de bloque con cada línea con sangría de cinco espacios desde el margen izquierdo.1
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REFERENCIAS

 ACVC. (S.F.). Plan de desarrollo sostenible de la Zona de Reserva Campesina del


Valle del río Cimitarra, pág. 5.
 ACVC. Plan de desarrollo y de protección integral de los derechos humanos del
Magdalena Medio, 1999, pág. 25.
 Archila, M. (2006). Las identidades en el Magdalena Medio. En Conflictos, poderes e
identidades en el Magdalena Medio, 1990-2001 (pp. 467-508). Bogotá: Conciencias,
Cinep.
EYERMAN, Ron. Cultural Trauma: Slavery and the Formation of African American Identity.

Reino Unido, Cambridge University Press, Cambridge (2001).

EYERMAN, Ron. The Cultural Sociology of Political Assassination. Palgrave MacMillan,

Nueva York (2011).

 http://www.scielo.org.co/
 La situación de derechos humanos en Barrancabermeja y el Magdalena Medio.
Informe presentado ante la Comisión Interamericana de derechos humanos -OEA- el
28 de febrero de 2001, por parte de la Corporación Reiniciar.
LEFORT, Claude. La interrogación de lo político: el dispositivo simbólico de la democracia.

En: Andamios vol.2 no.4 México jun. 2006.

LEVI-STRAUSS, Claude. Pensamiento Salvaje. Editorial: Fondo de Cultura. México: 1968.

MEDELLIN. Memorias de una Guerra Urban. Centro Nacional de Memoria Histórica.


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Notas al pie

 Silva, Diego. Asociaciones campesinas en resistencia civil. Bogotá: Corporación


Universitaria Minuto de Dios, 2011, pág. 124.
1
La información completa del estilo APA lo puede encontrar en el Manual de

Publicación..
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