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Bases biológicas de la Conducta

Tarea: Neuronas Espejo.


Dina Elizabeth Encinas Guerrero.
26 de septiembre de 2018

Neuronas espejo

Las neuronas espejo son un grupo de células que fueron descubiertas por el equipo
del neurobiólogo Giacomo Rizzolatti y que parecen estar relacionadas con los
comportamientos empáticos, sociales e imitativos. Se descubrieron mientras
pretendían estudiar las neuronas encargadas de los movimientos de las manos en
los monos. Para sorpresa de los investigadores, estas neuronas no sólo mostraban
actividad cuando el simio realizaba algún movimiento concreto con sus manos,
también se activaban cuando el mono en cuestión veía a otro miembro de su
especie realizar ese mismo gesto ―como si él mismo estuviese llevándolo a
cabo―.
La misión de estas células es reflejar la actividad que estamos observando. Se
activan cuando ejecutamos una acción determinada, y también cuando
observamos a otro individuo realizando esa misma acción. Permiten “reflejar” la
acción de otro en nuestro propio cerebro, de ahí su nombre. Como ya hemos
comentado fueron observadas en primer lugar en primates, y luego se descubrieron
en humanos y algunas aves. En el ser humano se las encuentra en el área de Broca
y en la corteza parietal.
Los expertos en neurociencia suponen que estas neuronas desempeñan una
función importante dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social,
tales como la empatía ―capacidad de ponerse en el lugar de otro― y la imitación
―fundamental en los procesos de aprendizaje―. De aquí que algunos científicos
consideran que la neurona espejo es uno de los descubrimientos más importantes
de las neurociencias en la última década.
Por ejemplo, cuando escuchamos hablar a alguien y le vemos gesticular, se activan
nuestras neuronas espejo encargadas del control de la lengua y los labios durante
el habla. Las regiones cerebrales que controlan los músculos fonadores están tan
activas como si estuviésemos hablando nosotros mismos. Incluso antes de la
adquisición del lenguaje, los seres humanos ya hacían uso de estas células
especializadas para comunicar e interpretar la gesticulación que configuraba un
medio rudimentario de comunicación.
La peculiaridad de estas células es que no solo permiten reflejar aquello que vemos
fuera en nuestro interior a nivel motor, sino también a nivel emocional. Estas
neuronas están conectadas al sistema límbico ―relacionado con la regulación de
las emociones, la memoria y la atención―. Marco Lacoboni, neurocientífico de la
Universidad de California, mantiene que hay estudios que demuestran que los niños
que imitan y observan las expresiones faciales presentan una mayor activación de
estas neuronas, y a mayor activación de ésta mayor empatía muestra. Esto ocurre
porque si el niño ve a alguien sonreír, sus neuronas espejo crean una simulación
interna de esa sonrisa en su cerebro, envían estas señales al sistema límbico y
acaban por sentir lo mismo que la persona que sonríe.

Por eso, en el periodo de aprendizaje de las conductas y las respuestas


emocionales, se requiere de la observación y la imitación de las reacciones de
quienes nos rodean, las cuales acaban configurando nuestra propia experiencia. En
diferentes disciplinas como los deportes o el aprendizaje del lenguaje resulta
imprescindible la imitación.
Si nos fijamos, los seres humanos nacemos dotados de mecanismos que nos
permiten imitar las acciones que percibimos. Ya desde muy pequeños, con tan solo
unos días de vida, somos capaces de representar expresiones faciales que facilitan
nuestra socialización; y a las pocas semanas ya podemos manifestar emociones
básicas como alegría o enfado.
Durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, estas células hacen posible que
«empaticemos» con los contenidos, habilidades o destrezas que vamos asimilando.
La existencia de estas neuronas nos convierte en seres sociales, y del mismo que
una sociedad se configura debido a unas acciones cooperativas, durante el
aprendizaje también debemos propiciar situaciones que favorezcan la cooperación.
Una educación excesivamente individualista y competitiva entre los alumnos, no es
un reflejo de lo que posteriormente debería ser una vida adulta en sociedad.
Debemos volver a incidir en que las neuronas espejo también reflejan las emociones
de los demás en nuestro cerebro, no solo sus acciones. Esto es de vital importancia
para comprender por qué nos emocionamos ante una representación teatral, una
película o durante la lectura de una novela, o un cuento en el caso de los niños. Y
lo mismo ocurre en el momento del aprendizaje. Por eso siempre recordamos más
a los maestros que nos supieron tratar con cariño y respeto, que a aquellos que
eran unos grandes eruditos en sus materias pero nos llamaban de forma fría por
nuestro apellido.

Bibliografía:
http://www.nuecesyneuronas.com/neuronas-espejo-aprendizaje/