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Mariano Bausilio

Los artesanos, los obreros de las fábricas y la formación de la clase obrera


francesa, 1789-1848.

Edición: 1992, Instituto de Historia Social, Valencia, número 12, 119-140

Biografía autor:

El académico William H. Sewell Jr. fue profesor emérito de la Universidad de Chicago dictando
clases de Historia y Ciencias Políticas. Aunque retirado de dicha Universidad en el año 2007,
actualmente el autor estadounidense dicta cursos y participa en el centro de Chicago de teoría
contemporánea. William tiene particular interés en la historia y su intersección con la teoría
social, especialmente en la Francia moderna. Su escrito historiográfico repasa la formación de
la clase obrera en Francia.

Reseña:

Para empezar a hablar de la formación de la clase obrera francesa primero habría que
despojarse de algunos preceptos que usualmente provienen de la Revolución Industrial
inglesa. En Gran Bretaña, uno de los factores fundamentales que permitió el asentamiento de
las fábricas y el acelerado desarrollo de las ciudades fue un crecimiento demográfico a un nivel
exponencial. No obstante, mientras en este país se llegó a triplicar la población, en Francia
crecía a un ritmo mucho menor, generado un incremento fabril mucho más gradual y,
consecuentemente, continuaría siendo predominante la producción artesanal de alta calidad a
lo largo de todo Francia. Esto último siempre fue un elemento distintivo de este país en cuanto
a bienes de lujo refiere, pero en la industria textil Inglaterra lograba sacar una diferencia
significativa en la calidad del producto a raíz de la modernización de sus herramientas de
trabajo. Ahora bien, ¿cómo podría explicarse que la producción francesa per cápita creciese al
mismo ritmo que la británica hasta la Primera Guerra Mundial? El ya mencionado bajo
crecimiento demográfico fue el que posibilitó esto debido a que permitía mantener índices de
crecimiento altísimos en la renta per cápita.

Dicho esto, se podría afirmar que Francia logró una forma de industrialización alternativa
basada en un campesinado dividido en varios mercados regionales de los cuales solo
participaban en los intercambios monetarios. Es decir, la clase obrera estaba compuesta por
artesanos. Si bien existían grandes ciudades en donde se establecían fábricas, las mismas ya
traían consigo una traición urbana, por lo cual se podría decir que no existió esa ruptura tan
marcada entre el hogar y la fábrica y entre una clase y la otra. Por el contrario, la industria
textil más desarrollada era la del putting-out, que consistía en la fabricación rural y doméstica
de unidades familiares bajo el control de un capitalista que operaba como mercado regional e
interregional, cuyo fin era evitar las exigencias de los gremios urbanos que implicaban costos
mucho más altos. Este sistema, funcional entre los siglos XVII y XVIII, comenzó a sufrir
transformaciones a partir de la Revolución Francesa, que trajo aparejada consigo la supresión
de los gremios y una expansión del mercado nacional y mundial. Sin necesidad de estar bajo la
esclavitud de una máquina, se introdujeron nuevas formas de explotación como la producción
en masa de artículos estándar para vender a un precio bajo, el aumento de la división del
trabajo, la introducción de varios esquemas de subcontratación o diluyendo las especialidades
de los obreros, ente otras cosas que llevaron a una reducción de la autonomía y de los salarios
de los trabajadores. Esto nos lleva a pensar que no se precisaba estar encerrado en una fábrica
para tener condiciones laborales deplorables que lleven a la protesta o manifestación, que
derivaba directamente de una consciencia de clase. Ahora bien, esta consciencia de clase
existió en consecuencia de una comprensión social de su trabajo que provenía del sistema
gremial de las ciudades en las épocas prerrevolucionarias. Es decir, en el Antiguo Régimen
todos los oficios estaban organizados alrededor de algún tipo de corporación con autoridad
real o municipal tenían facultades para regular la práctica comercial en la ciudad, entre las que
se encontraban el monopolio local y la autoridad disciplinaria. Por lo cual, podría afirmarse
que el trabajo era social al igual que las relaciones de producción, siendo también estas
corporaciones unidades de solidaridad y fraternidad que organizaba la distribución de la ayuda
mutua, lo que no significa que hayan sido tiempos de paz. Las disputas entre obreros
calificados y maestros eran frecuentes, además del constante enfrentamiento entre obreros
de distintos oficios que tenían un sentido de pertenencia pero solo respecto a la comunidad a
la que pertenecían, lo cual llevaba a crear lazos de solidaridad dentro de su propio “terreno” y
a la hostilidad con quienes se encontraran por fuera de él.

No obstante, esto se acabó cuando luego de la revolución de julio de 1830 la clase obrera
adoptó el discurso revolucionario liberal para tomar como propia la idea de libertad y así
extender sus luchas a lo largo de tres años y medio hasta abril de 1834. La clase trabajadora
empezó a tomar consciencia de que era ella la que a través de su trabajo útil mantenía al resto
de la sociedad, es decir, a una burguesía que no tardaría en ser catalogada como “la nueva
aristocracia” que utilizaba sus privilegios de propiedad para mantener a sus obreros bajo una
esclavitud industrial. Así, y bajo el concepto de “asociación de todos los oficios”, se avizoró una
primera forma de clase obrera solidaria y unida en 1833 a través de una serie de huelgas en
forma de protesta luego de la crisis económica que se desencadenó después de la revolución
de julio. Cabe destacar que las huelgas fueron apoyadas por la Sociedad de los Derechos del
Hombre, una sociedad que en sus inicios era una secta republicana revolucionaria pero que
luego adoptó algunas ideas socialistas, simbolizando la alianza política entre el republicanismo
radical y el socialismo. A pesar de que la represión de 1834 apabulló los intentos de
emancipación de la clase trabajadora, fueron estos los cimientos de un espacio organizativo
que construyó un movimiento obrero con consciencia de clase que encontró una fuerte réplica
en 1848 en todo Francia a través de una protesta masiva que obligó a proclamar la república y
en donde ya se había ganado un amplio espacio en el escenario político.

Bibliografía

https://history.uchicago.edu/directory/william-h-sewell-jr (para la biografía del autor)

Sewell Jr., W., “Los artesanos, los obreros de las fábricas y la formación de la clase

obrera francesa, 1789-1848”