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ALABANZA DE LOS VIVOS

No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio; pero nosotros bendeciremos a JAH desde
ahora y para siempre. ¡Aleluya!. Salmo 115:17- 18.

E1 Dios viviente debe ser adorado por gente viva; el Dios de bendición debe ser alabado por gente bendita.
Sea lo que sea que hagan los otros, nosotros debemos bendecir a Jehová. "Bendecid al Señor. Nuestro
ejemplo y nuestra persuasión les hará levantarse a alabarle.

I. UN MEMORIAL DE DUELO. Los muertos no alabarán al Señor, ni los que descienden al silencio.
De los incrédulos a nuestro alrededor. Viajan espiritualmente muertos y no pueden alabar al Señor, como si
fueran mudos.

II. UNA RESOLUCIÓN FELIZ. «Nosotros bendeciremos al Señora De todo corazón, con nuestros
cánticos, testimonio y acciones estamos decididos a dar al Señor nuestra amante alabanza, porque:

1. Somos benditos del Señor; cómo no le bendeciremos a Él?


2. El nos bendecirá. Más y más revelarán su amor a nosotros; alabémosle, pues, más y más; sea nuestro firme
propósito que bendeciremos al Señor, venga lo que venga.

III. UN PRINCIPIO APROPIADO. «Nosotros bendeciremos al Señor desde ahora»:


1. Cuando hemos sido espiritualmente renovados y confortados. Cuando la palabra repetida cuatro veces en
ese salmo -«bendeciré»- se hace real en nuestra experiencia vers. 12-14.

IV. ETERNA CONTINUIDAD. «Desde ahora y para siempre.»


1. La alabanza no debe ser suspendida por el cansancio. Renovaremos nuestra fortaleza si bendecimos al
Señor.

2. Ni siquiera la muerte interrumpirá nuestras alabanzas, sino que la elevará a un tono más puro y pleno.

3. Ninguna supuesta calamidad nos privará de expresar nuestra gratitud a Dios. «El Señor dio, y el Señor
quitó; sea bendito el nombre del Señor» (Job 1:21).

La alabanza es la más alta función que cualquier criatura puede realizar. Los rabinos judíos tienen una
hermosa enseñanza, entre sus leyendas, acerca de los ángeles. Dicen que hay dos clases de ángeles, los
ángeles de servicio y los de alabanza.

Y que de estas dos órdenes la última es la más elevada. Dicen también que ningún ángel alaba a Dios dos
veces, sino que cuando ha elevado su voz en el cántico de los cielos, en la misma presencia de Dios, deja de
ser. Ha sido un ser perfecto, ha alcanzado la altura de su grandeza, ha realizado aquello para lo cual fue
creado y por esto se desvanece.

Es evidente la falta de fundamento de esta leyenda; sin embargo, expresa una ver dad solemne: «Que el
principal objetivo de todo hombre y de toda ser creado es glorificar a Dios».

Cuando nosotros bendecimos a Dios por sus misericordias, las prolongamos, y cuando le bendecimos por sus
calamidades, generalmente damos fin a ellas. Cuando llegamos al punto de la alabanza, hemos cumplido el
objetivo de una dispensación. La alabanza es un alma en flor, y la secreta bendición del corazón al Señor es
el fruto del alma.

La alabanza es la miel de la vida que el corazón devoto liba de la flor de cada bendición y gracia de la
Providencia. Antes estar muertos que estar sin alabanza, pues la alabanza es la corona de la vida