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PROYECTO APRENDIZAJE

PSICOLOGIA

POLITECNICO GRANCOLOMBIANO

¿PARA UN MEJOR APRENDIZAJE INLUYEN LOS ESPACIOS?

MARTHA JEANNETH FAJARDO VARGAS


El espacio debe ser un elemento más de la actividad docente y, por tanto, es
necesario estructurarlo y organizarlo adecuadamente. Entendemos que el
ambiente del centro educativo y del aula constituye un instrumento muy
valioso para el aprendizaje, y por eso ha de ser objeto de reflexión y de
planificación para el maestro. Incluye las características arquitectónicas, que
deberían estar al servicio del proyecto educativo del centro y sus modelos
didácticos, aunque la realidad suele ser contraria, es decir, es el edificio el
que condiciona el programa y las actividades, así como los modelos de
aprendizaje.

Se analiza tanto los espacios exteriores como los interiores, estudiando la


planificación, el uso, la articulación, la atención que le otorgan los adultos
que intervienen, el aprovechamiento, la personalización, el valor social, el
desarrollo de la autonomía y de la competencia simbólica entre otros
aspectos.

El equipamiento y el material didáctico son otras características


importantísimas en este tema. A través del buen uso de estos elementos, se
puede facilitar o dificultar la consecución de los objetivos, contenidos,
actitudes, valores... que los centros se propongan (Gairín Sallán, 1995),
convirtiéndolo en un agente educativo que invita a ciertas acciones y
condiciona un determinado tipo de interacción social (De Pablo y Trueba,
1994; Laorden, C. 2001).
Entendido desde esta perspectiva, el espacio se convierte en factor didáctico
puesto que nos ayuda a definir la situación de enseñanza-aprendizaje y nos
permite crear un ambiente estimulante para el desarrollo de todas las
capacidades de nuestro alumnado, así como favorecer la autonomía y
motivación del equipo de profesores. Cualquier espacio de nuestra escuela es
susceptible de ser espacio educativo y , por lo tanto, deberemos organizarlo
coherentemente con respecto a nuestros proyectos y programas.
La creatividad puede ayudar a sacar provecho de espacios comunes como
pasillos, rincones, escaleras, vestíbulos, patios o jardines... lo que nos
permitirá establecer espacios para exponer, espacio para nuestras cosas,
para mirar, para descubrir... rincones de actividades diferentes y talleres para
experimentar. De esta manera multiplicamos los recursos y ampliamos su
utilización. No hay razón para que el aula sea siempre el espacio fijo
tradicional.

Podemos organizar rincones y espacios educativos fuera del aula alejándonos


de un centro aburrido, uniforme, monótono, lleno de espacios estáticos,
iguales año tras año. Seguimos en la línea de Gairín y Antúnez (1996) cuando
señalan lo adecuado y positivo que es exponer ideas, y trabajos en el aula y
fuera de ella, puesto que, animan a sus autores, estimulan al resto del
alumnado y profesorado a ponerse en actividad y decoran el centro escolar
dándole un ambiente más cálido, más personal, considerando la estética en
todo su valor educativo (Cela y Palau, 1997).
Mª. L. Casalrey (2000) propone tres características a la hora de organizar el
espacio:
a) pensado para los niños
b) estimulante, accesible, flexible y funcional
c) estético, agradable para los sentidos.
Por su parte, Lledó y Cano (1994) señalan cinco principios para un nuevo
ambiente escolar en el aula que enumeramos a continuación:
1. El aula debe ser un lugar de encuentro entre unos y otros.
2. Deben sugerir gran cantidad de acciones.
3. Debe estar abierta al mundo que le rodea.
4. Debe ser un espacio acogedor.
5. Nuestra clase tiene que ser un lugar vivo, un lugar distinto, con
personalidad propia.
El espacio y su distribución no es algo lujoso o decorativo, sino que es, sobre
todo, una manera de facilitar la consecución de los objetivos a los alumnos y
adaptar la metodología que en cada momento estamos llevando a cabo. En
consecuencia, la organización del aula siempre está relacionada con opciones
metodológicas concretas que pueden ser estimulantes o inhibidoras de la
actividad.

Como indican Moll y Pujol (1992), los criterios metodológicos que


prevalezcan en el proyecto educativo quedarán reflejados en el ambiente y
en la organización de la actividad dentro del aula. Los espacios de los centros
educativos deben ser fundamentalmente polivalentes y flexibles en su uso y
cumplir una serie de requisitos mínimos que la administración educativa ha
legislado2 .

Sin embargo, además de estos requisitos mínimos debemos tener en cuenta


otras muchas características entre las que destacamos las siguientes:
- Posibilidad de admitir usos diversificados así como cambios en las
estructuras a través de tabiques móviles, cortinas, biombos, puertas
correderas.
- Espacios higiénicos, de fácil acceso, seguros, bien iluminados y cuyo
colorido y textura contribuyan a crear un ambiente agradable, alegre y
cálido.
- Bien planificados según el tipo de actividad que se vaya a realizar en cada
momento, dando respuesta individualizada y ajustada a los necesidades
específicas de los niños.
- Espacios adaptados a las características de las personas que conviven en
ellos facilitando el acceso a aquellos alumnos con necesidades específicas
para moverse en el centro con seguridad y puntos de referencia claros
(eliminando barreras arquitectónicas y adaptando el mobiliario, la
iluminación, las texturas.
- Los materiales deben ser vistos adecuadamente desde la altura de la mirada
de los niños en sus diferentes edades.
- El material educativo debe estar supeditado al proyecto curricular del
centro y a las programaciones de aula.
- Tanto el mobiliario como los materiales tendrán muy planificada su
accesibilidad, cuidado, mantenimiento, visibilidad... Las experiencias
didácticas consultadas en este sentido muestran diversidad de criterios y
planteamientos en cuanto a la disposición del espacio, cuándo y cómo llevar
a cabo los cambios, toma de decisiones, selección de materiales y recursos.
Algunos autores (Cano y Lledó, 1988 ; Pujol y Mongay, 1994; Cela y Palau,
1997) señalan que la distribución de la clase no debe realizarla el profesorado
sino los propios niños desde edades muy tempranas (4 y 5 años). Esta será la
primera actividad colectiva que se tiene que realizar al comienzo del curso
escolar.
Consideran que así es más fácil establecer la clase como lugar propio y ver las
posibilidades de cambio y formas distintas según los intereses del grupo a lo
largo del curso.

En este sentido se pronuncian Cela y Palau (1997) señalando que la


democracia comienza en el aula haciendo que el espacio y el tiempo se
organicen en función de las necesidades de los alumnos y no al revés.
Otros autores, por el contrario, señalan que debe ser el equipo de profesores
fundamentalmente el que, de una forma coherente, organice el espacio del
centro, por áreas de conocimiento, talleres, especialidades y sean los propios
alumnos los que se trasladen de un espacio a otro (Viñas y Delgado, 1988)
Otra perspectiva interesante es la que pone más el énfasis en las
aportaciones que puede hacer toda la Comunidad Educativa y en el hecho de
que estas decisiones al respecto queden reflejadas en el Proyecto Educativo.
Por último, otro criterio propone la organización espacial como elemento
facilitador del tratamiento a la diversidad en cualquiera de sus aspectos:
intelectuales, afectivos, relacionales, motóricos.
En relación con este tema Darder y Gairín (1994) plantean la atención a la
diversidad desde dos enfoques distintos y muy relacionados a la vez: a)la
intervención del profesor-tutor con cada alumno de una forma
individualizada según las distintas necesidades y b) el establecimiento de
formas organizativas del aula y del centro que hagan de la atención a la
diversidad algo estructurado, accesible en un marco general para todos los
alumnos y sus familias, como pueden ser rincones específicos, talleres.

Partiendo del planteamiento presentado, consideramos que el tratamiento


del espacio escolar como recurso educativo constituye un tema fundamental
para la formación inicial del profesorado que, sin embargo, no recibe la
atención adecuada. El acercamiento a la realidad escolar lo viven los alumnos
en los periodos de prácticas y éstos no siempre les dan una idea innovadora
sino que, a veces, se mantienen en una visión tradicional muy semejante a la
vivida en sus años escolares. Por esto, consideramos que el diseño y
organización del ambiente de aprendizaje, constituye un elemento
fundamental en la formación inicial de nuestro alumnado como futuros
maestros, puesto que supone una reflexión previa y una toma de decisiones
con respecto a los objetivos; supone un compromiso ante una opción
metodológica concreta y, en definitiva, supone una forma de organizar la
actividad del aula.
Esta reflexión y planificación ha de llevarse a cabo de una forma grupal, pues
ello estimula la autonomía y la creatividad del alumnado, lo cual resulta muy
enriquecedor. Con esta idea llevamos a cabo una experiencia interdisciplinar
en la Escuela de Magisterio con segundo curso de la especialidad de
Educación Infantil, a partir de dos asignaturas concretas: Organización del
Centro Escolar y Habilidades lingüísticas y su didáctica donde se realiza un
taller de lenguaje. Estas disciplinas han compartido espacios y tiempos a
través de la presente experiencia didáctica y se han tomado decisiones
conjuntamente. Es en la etapa de educación infantil donde se encuentra más
innovación educativa y dónde más utilizados están los distintos espacios
escolares desde un punto de vista versátil y flexible. Las aulas más
innovadoras se suelen encontrar en esta etapa, quizá, entre otras razones,
por las características específicas que marcan estas edades: grupos muy
heterogéneos en cuanto a nivel de madurez, necesidad constante de
actividad, no haber adquirido las técnicas instrumentales básicas.... Los
criterios de organización están determinados fundamentalmente por las
necesidades e intereses de los niños. Necesidades de disfrute, de expresión y
comunicación, de descanso, de actividad, de relación.
En definitiva, el ambiente del aula ha de ser estímulo para el desarrollo y el
aprendizaje. Por otra parte, los materiales juegan un papel fundamental en el
desarrollo y el aprendizaje del niño de esta etapa. La interacción con los
materiales es determinante para el desarrollo de estructuras de su
pensamiento además de influir en su conducta general y en el propio
rendimiento. Diversas investigaciones (Piaget e Inhelder, 1977; Lacasa, P.,
Pérez C. Y Pérez, C. 1985) han mostrado que manipulando y explorando los
objetos los niños descubren sus características y sus funciones, y construyen
y desarrollan las estructuras lógicas básicas de relación, conservación,
clasificación, seriación.
“Los objetos tienen una serie de cualidades a las que se alude al hablar de su
conocimiento físico, pero hay otro conocimiento que no depende
directamente de sus cualidades, sino de la elaboración y reflexión que el niño
es capaz de construir cuando establece relaciones y actúa sobre ellos”. “En
sus juegos, los niños y niñas manipulan los objetos, exploran sus
características y funciones; otras veces, los utilizan de forma original para
representar realidades que no se derivan de los objetos mismos (un palo para
representar un caballo)”. (MEC,1992, p.23) Además, los objetos también
tienen para el niño un significado emocional, ya que provocan o sugieren
sensaciones, emociones, recursos, intereses.
Para llevar a cabo esta experiencia se ha habilitado un aula y se ha
transformado en aula laboratorio de infantil dotándola del mobiliario
adecuado y de una serie de recursos didácticos que se irán enriqueciendo
progresivamente.
Partiendo de este espacio como contexto se realizara una prueba con los
alumnos que crearan un supuesto teórico y a partir de él organizasen el
espacio del aula como parte fundamental de un proyecto que incluía también
la planificación de actividades y experiencias del área de comunicación y
representación. Objetivos de la actividad Cinco son los objetivos
fundamentales:
1. Tomar conciencia de la importancia del espacio como recurso educativo.
2. Aprender a utilizar y sacar provecho adecuado a los espacios y recursos.
3. Desarrollar criterios organizativos que faciliten la aplicación de distintas
metodologías.
4. Reflexionar de forma grupal en la toma de decisiones sobre las
implicaciones educativas que supone la organización del espacio: atención a
la diversidad, necesidades individuales, estimulación de la creatividad,
adaptación.
5. Programar la intervención educativa dando especial relevancia a los
diferentes lenguajes (oral, matemático, plástico, manualidades...)

. Para definir esta metodología, Lovelace y Blasco (1992) proponen un


concepto amplio de “rincón de juego” que engloba tanto el juego libre como
el trabajo manipulativo, el desarrollo social y afectivo y el aprendizaje y a
esto lo denomina “rincones de actividad”. Los rincones deben evolucionar a
lo largo del curso modificándose o enriqueciéndose con nuevos materiales en
la medida en que las necesidades e intereses de los niños vayan cambiando.
Pueden ser muy variados: pintura, disfraces, construcciones, juego simbólico,
cuentos y deben estar dotados de material y ambientados adecuadamente
según su función. (Por ejemplo, el rincón de lectura ha de ser cómodo,
tranquilo y estar bien iluminado). En este sentido observamos que esta
metodología es elegida por la gran mayoría de alumnos y nos preguntamos la
razón. Deberemos profundizar un poco más en otras metodologías para
lograr una toma de decisiones racional y creativa por parte de los alumnos y
analizar la limitación que supone el espacio disponible en este caso concreto.
Es importante anotar que no todos los ambientes de aprendizaje son válidos
para todos los modelos educativos en la intención de alcanzar la excelencia
académica ya que el espacio forma parte inherente de la calidad de la
educación. Es decir, los ambientes de aprendizaje deben moverse de acuerdo
al territorio al que pertenecen, ya que un modelo educativo es

“una recopilación o síntesis de distintas teorías y


enfoques pedagógicos, que orientan a los docentes en
la elaboración de los programas de estudios y en la
sistematización del proceso de enseñanza y
aprendizaje”

(Consultado de http://definicion.de/modelo-educativo/) y el ambiente se


debe adecuar al modelo educativo que es considerado como una base.

Se considera que los ambientes de aprendizaje se dan en la medida en que los


elementos que lo componen interactúan entre sí. Es un elemento curricular y
depende del nivel de congruencia con el modelo educativo, es decir los
supuestos teóricos que definen un determinado modelo educativo
condicionan el ambiente de aprendizaje y el sentido con que se utilizan en
donde se puede dar lugar a que los modelos educativos seas distintos tengan
ambientes de aprendizaje diferente.
Para describir los elementos, componentes, dimensiones y condiciones que se
deben considerar al planear y diseñar un ambiente de aprendizaje de calidad,
empezaremos por hablar de los elementos. Para Duarte
”el aula de clases es donde se ponen en escena las más
fieles y verdades interacciones entre los protagonistas
de la educación intencional, maestros y estudiantes”.

Mientras que Viesca, destaca los contenidos, contenedores, materiales,


herramientas, espacios de producción y ejercitación, espacios de exhibición y
equipamiento.
Madrazo (2004), menciona que un ambiente de aprendizaje está compuesto
por cuatro espacios: físico, social, disciplinar e institucional, coincide con lo que
señala María Lina Iglesias Forneiro, al plantear al ambiente de aprendizaje
como una estructura de cuatro dimensiones; dimensión física, en la que se
explica el espacio físico; la dimensión funcional, el modo en que se utilizan los
espacios; la dimensión temporal, está vinculada a la organización del tiempo y
por último la relación dimensional que se refiere a las distintas relaciones que
se establecen dentro del aula y tienen que ver con aspectos vinculados a los
distintos modos de acceder a los espacios.

Por otro lado, Moreno considera que el tiempo, es el componente para que
sucedan en los momentos y ritmos establecidos por la institución; la
interacción, es el intercambio comunicativo de al menos dos actores,
implicados de tal manera que obtienen cambios notorios que pueden ubicarse
en diferentes niveles; el seguimiento, que busca observar la experiencia que
vive cada uno de los actores en el ambiente; la orientación, es una serie de
elementos que contribuyen a la transparencia en el funcionamiento del
ambiente para administradores, docentes y estudiantes y la integración en
tiempo y espacio.

En cuanto a la evaluación del ambiente de aprendizaje, para Iglesias, es un


proceso cíclico de cuatro fases. La primera es la identificación de las
dimensiones y variables a obtener, la observación de los aspectos significativos
de cada dimensión y ver como se manifiesta, la tercera, el analizar y reflexionar
sobre las implicaciones pedagógicas y educativas comparación-valoración y la
cuarta, la intervención para analizar las posibilidades de cambio y proponer
alternativas con una actitud critica mediante la observación, análisis y
reflexiones.

Para asimilar los procesos que se viven en los ambientes de aprendizaje será
necesario considerar las diferentes dimensiones. Para Carlos Pergolis
(2000,pp.33-34 citado por Duarte, J. s/f) existen tres dimensiones: La escuela
como lugar de la ciudad, la escuela como formación para la ciudad y la escuela
como punto de encuentro.
También existen otras dimensiones, Viesca menciona algunas dimensiones,
como: intención, perfil, tiempo, lugar, currículo, interactividad, productos,
mientras que Iglesias menciona: la física, el cual es el espacio y como se
organiza; la funcional, para que se utiliza y en qué condiciones; la temporal,
cuándo y cómo se utiliza y la relacional, quién y en qué condiciones.
Para que un ambiente de aprendizaje se lleve a cabo de acuerdo a lo previsto
por la institución deben existir las condiciones establecidas para tal efecto.
Andrade, E. plantea tres condiciones; el delimitado, la definición de los
contenidos así como de la complejidad, los niveles y aceptabilidad de
desarrollo de las competencias; el estructurado, los contenidos deben ser
organizados en mapas conceptuales que guíen la planeación de las actividades
y flexible, el desarrollo de nuevos criterios para la administración del currículo.
Duarte menciona que algunas de las necesidades identificadas como la
columna vertebral de la educación que aportan pistas para pensar en
ambientes educativos pueden ser:
Planteamiento de problemas, diseño y ejecución de soluciones, capacidad
analítica investigativa, trabajo en equipo, toma de decisiones y planeación del
trabajo, habilidades y destrezas de lectura comprensiva y de expresión oral y
escrita, capacidad de razonamiento lógico matemático, manejo de la
tecnología informática y del lenguaje digital, conocimiento de idiomas
extranjeros, capacidad para resolver situaciones problemáticas. Para diseñar
un ambiente de aprendizaje, el profesor debe tomar en cuenta que las
tecnologías de la información y la comunicación están cambiando
radicalmente al entorno en el que los alumnos aprendían.

En consecuencia, si antes podía usarse un espacio de la escuela, la comunidad


y el aula como entorno de aprendizaje, ahora espacios distantes pueden ser
empleados como parte del contexto de enseñanza.
Enríquez explica que el docente es central en el aula para la generación de
ambientes que favorezcan los aprendizajes al actuar como mediador
diseñando situaciones de aprendizaje centradas en el estudiante; generando
situaciones motivantes y significativas para los alumnos, lo cual fomenta la
autonomía para aprender, desarrollar el pensamiento crítico y creativo, así
como el trabajo colaborativo. Es en este sentido, que le corresponde propiciar
la comunicación, el diálogo y la toma de acuerdos, con sus estudiantes, a fin
de promover el respeto y la tolerancia.
La escuela constituye un ambiente de aprendizaje bajo esta perspectiva, la cual
asume la organización de espacios comunes, pues los entornos de aprendizaje
no se presentan de manera espontánea, ya que media la intervención docente
al integrarlos, construirlos y emplearlos como tales.
De nada serviría si un espacio se modifica introduciendo innovaciones en sus
materiales si se mantienen inalterables unas acciones y prácticas educativas
cerradas, verticales, meramente instruccionales. Por ello el papel real
transformador del aula está en manos del maestro, de la toma de decisiones y
de la apertura y coherencia entre su discurso democrático y sus actuaciones,
y de la problematización y reflexión crítica que él realice de su práctica y de su
lugar frente a los otros.
Además del aprovechamiento de los espacios y los elementos para apoyar
directa o indirectamente al aprendizaje lo cual permite las interacciones entre
los alumnos y el maestro ya que este debe de actuar como un mediador entre
las experiencias de los alumnos y los saberes que habrá de construir. Por lo
tanto la dimensión de la interacción juega un papel determinante por que la
convivencia escolar es entendida como ese conjunto de relaciones
interpersonales entre los miembros de una comunidad educativa y generan un
determinado clima escolar.
Los valores, las formas de organización, los espacios de interacción real o
virtual, la manera de enfrentar los conflictos, la expresión de emociones, el
tipo de protección que se brinda al alumnado, y otros aspectos configuran en
cada escuela un modo especial de convivir que influye en la calidad de los
aprendizajes, en la formación del alumnado y en el ambiente escolar.
El aprendizaje basado en experiencias de los individuos, lo que el mundo real
les proporciona y sus conocimientos previos serán los que les permitan un
crecimiento intelectual.
Manuel Esteban argumenta que el modelo constructivista es “…parte de un
problema, pregunta o proyecto como núcleo del entorno para el que se ofrece
al aprendiz varios sistemas de interpretación y de apoyo intelectual derivado
de su alrededor” donde el alumno ha de resolver el problema o hallar la
respuesta a las preguntas formuladas.
Igualmente, menciona cinco tipos de aprendizajes: formular y responder
preguntas, comparar ejemplos, resolver problemas, terminar proyectos;
aprendizaje basado en preguntas cuestiones; aprendizaje basado en ejemplos;
aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje basado en problemas.
Cuando le damos la oportunidad a los alumnos de desarrollar este tipos de
preguntas se ven más interesados por descubrir, investigar y de la misma
forma se muestran ansiosos por comentar o dar a conocer lo que han
descubierto, investigado o aprendido tanto el profesor como con sus
compañeros. Es ahí donde se puede socializar el conocimiento y tiene un nivel
de concreción alto.
La calidad de la educación implica que todos los alumnos alcancen los
propósitos educativos y los ambientes de aprendizaje se convierten en el
medio esencial para lograrlo. Romero (1997), citado en el trabajo de Duarte,
dice que “Los espacios consagran relaciones de poder, tanto en el proceso
pedagógico como en el organizacional y de poder gobernativo”. Siendo que los
ambientes de aprendizaje son uno de los factores clave para la calidad
educativa, ya que el ambiente de aprendizaje permite intensificar la formación
en los estudiantes debido a su mediación pedagógica y por otras
características que posee.
El diseño instruccional es el proceso sistémico, planificado y estructurado que
se debe llevar a cabo para producir cursos para la educación presencial o en
línea, ya sea a nivel formativo o de entrenamiento, módulos o unidades
didácticas, objetos de aprendizaje y en general recursos educativos que vayan
mucho más allá de los contenidos.
Un modelo de diseño instruccional se fundamenta en las teorías del
aprendizaje y va desde la definición de lo que el profesor quiere que el
estudiante aprenda –los objetivos de aprendizaje- hasta la evaluación
formativa del proceso. En un sentido más amplio, el diseño instruccional
permite detallar las actividades del proceso de diseño, desarrollo,
implementación y evaluación de propuestas formativas.
Este diseño como eje de planificación para la producción e implementación,
beneficia tanto a profesores como a estudiantes. Utilizar un modelo de diseño
instruccional facilita la elaboración del material, también facilita la gestión del
proceso a los profesores y la ejecución del mismo a los estudiantes, de allí la
importancia de que dicho modelo esté adecuado a las necesidades de la
institución y en especial a las necesidades de los estudiantes.
Asimismo, debe guiar al estudiante para que construya su propio
conocimiento; al analizar necesidades, metas; desarrollando planes para
lograr metas y objetivos educativos de tal forma las acciones educativas, y el
desarrollo del material didáctico constituyen las funciones principales de este
diseño instruccional, como lo expresa la teoría de la modificación de conducta
la cual considera la conducta como la única medida de verdad de la psicología.
Toda institución tiene una visión, misión, perfil de egreso y objetivos generales
por semestre/materia, así como objetivos específicos; los docentes debemos
conocer los programas y lo antes mencionado para lograr esas metas.
Para Turrent, el diseño instruccional “es el desarrollo de un plan o sistema que
promueve el logro de metas y objetivos educativos…” lo cual puede
entenderse como una guía que indica el camino que deben seguir las
actividades diseñadas en un ambiente de aprendizaje, es por ello que no
deben separarse. Según Turrent, el diseño instruccional actual, se caracteriza
por los siguientes rasgos:

a) Las magnitudes didácticas fundamentales están centradas en las actividades


de aprendizaje y el educando
b) las acciones didácticas se consideran como desarrollo, configuración de
ambientes de aprendizaje y tareas de aprendizaje
c) los sistemas de enseñanza-aprendizaje son considerados como productos
reproducibles de procesos de desarrollo fundados y comprobados
científicamente
d) la calidad didáctica se define por su funcionalidad, trascendencia y calidad
de vida
e) los medios (en el sentido más amplio) se utilizan en la estructuración de
medios ambientes de aprendizaje
f) puede ser considerado como un proceso, pero también como un producto.
Sus etapas son:
a) Identificación de necesidades educativas
b) elaboración del objetivo del programa educativo
c) identificación, selección y organización de los contenidos
d) elaboración de objetivos de aprendizaje
e) planeación de estrategias de aprendizaje
f) planeación de la evaluación: aprendizaje y programa educativo

CONCLUSIONES
Finalmente podemos concluir que los entornos de aprendizaje añaden una
dimensión significativa a la experiencia educativa del estudiante, el cual
permite atraer su atención, interés, brindar información, estimular el empleo
de destrezas, comunicando límites y expectativas, facilitando las actividades
de aprendizaje, promover la orientación y fortalecer el deseo de aprender. Los
ambientes de aprendizaje son escenarios construidos para favorecer de
manera intencionada las situaciones de aprendizaje.
Así mismo encontramos algunos componentes, dimensiones y elementos de
un ambiente de aprendizaje que nos permitirán entender a fondo lo que éste
contiene y los elementos que nos beneficiarán en el proceso. Sin embargo,
para diseñar un ambiente de aprendizaje se deben tomar en cuenta algunas
necesidades educativas como: el planteamiento de problemas, diseño y
ejecución de soluciones, capacidad analítica investigativa, trabajo en equipo,
habilidades de lectura comprensiva, manejo de la tecnología, entre otras.
Concluyendo, los ambientes de aprendizaje son el marco donde se desarrollan
los procesos de aprendizaje, ya que permiten intensificar la formación en los
estudiantes debido a su mediación pedagógica y a que representan la
concreción de la acción educativa.
BIBLIOGRAFÍA

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