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LA ENVIDIA DESTRUYE A LOS HERMANOS DE JOSÉ

- Texto: Gn 37:1-11
- Serie: José en egipto
- Meta: Que los cristianos erradiquen la envidia de sus corazones
- Fecha:
- Lugar:

Introducción: Napoleón Bonaparte, Julio César y Alejandro Magno tuvieron algo en


común. Aunque los tres alcanzaron el poder y la gloria, permitieron que por sus venas
corriera un veneno que los carcomía por dentro: la envidia.

“Napoleón envidiaba a César, César envidiaba a Alejandro y Alejandro, me atrevería a


decir, envidiaba a Hércules, que nunca existió”, escribió el filósofo británico Bertrand
Russell.

Está claro que cualquiera puede caer presa de la envidia, sin importar cuánto dinero,
virtudes o éxito tenga en la vida.

La envidia es un sentimiento de tristeza o enojo por los bienes y privilegios de que otros
disfrutan

En las Escrituras, a veces “la palabra celos [...] se refiere al deseo de ser tan próspero
como otra persona, mientras que envidia alude al deseo de arrebatarle lo que posee”.
De modo que, en cierto sentido, quien envidia a alguien no solo ansía lo que tiene, sino
que además pretende quitárselo.

“El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos.”
Proverbios 14:30

Cuando vemos a alguien que tiene algo que a nosotros nos gustaría tener – ya sean
posesiones materiales, cualidades, ministerios o talentos – se levanta una reacción
natural humana que se llama envidia. Se requiere de un esfuerzo constante para ser
libres de esto y para poder estar agradecidos por lo que tenemos y “gozarnos con los
que se gozan” (Romanos 12:15)

No es pecado ser tentado a la envidia, pero si dejas que tales pensamientos vivan y
crezcan en ti, causarán mucho daño.

¿Por qué la envidia es pecado? Porque divide a las personas. Destruye relaciones,
causa discordia, crea espíritu de amargura y maldad. Hace que la gente diga y haga
cosas de maneras tóxicas. Tener envidia es claramente un pecado, y está definido como
tal en la Palabra de Dios.

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.”
Santiago 3:16.
Hoy veremos como la historia bíblica nos muestra que la envidia que anidaban los
hermanos de José les llevó a hacer daño a su hermano.

I. LA ENVIDIA EN EL CORAZÓN DE LOS HERMANOS DE JOSÉ


¿Por qué anidaron envidia los hermanos de José en su corazón?

a) Acusaba a su padre sobre la mala fama de sus hermanos:


Gn 37:2 “Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de
diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los
hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su
padre la mala fama de ellos.”

El primer problema de unidad familiar en la vida de Jacob y de sus hijos viene por
los conflictos de José con sus hermanos. ¿Por qué informaba José a su padre
sobre sus hermanos?

- José era muy responsable y el hombre de confianza de su padre.


- La actividad principal de Jacob y su familia era la cría de ovejas. José desde muy
joven participaba de dicha actividad, pero con un papel diferente. Daba
información a su padre referente a las acciones de sus hermanos.
- Los hijos de Jacob no eran conocidos como hijos modelos, pero por lo visto, Jacob
intentaba controlarlos.
- José se diferenciaba de sus hermanos por no participar con ellos en la mala fama
y por ser el hijo de confianza del padre.

OJO: Siempre un verdadero creyente que hace el bien se va a diferenciar de


aquellos que hacen lo incorrecto.

b) Jacob daba preferencia a José:


Gen 37:3-4 “Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había
tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. 4 Y viendo sus
hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y
no podían hablarle pacíficamente.”

- La traducción correcta: Una túnica de mangas largas…eso demostraba lo que


hacía supervisor entre sus hermanos y no obrero como ellos.
- Jacob mostraba visible y determinadamente su amor y preferencia por José.
Varias eran las razones por las que Jacob tuviera tal inclinación:
 La conducta fiel y correcta de José para con su padre
 Era el hijo de Raquel, la esposa de amor de Jacob
 Su nacimiento fue tardío y algo muy especial
 Juntamente con Benjamín, el otro hijo de Raquel, eran huérfanos de madre.
OJO: Nuevamente vemos como la Biblia nos menciona como la “preferencia” en el
hogar hace que los hermanos terminen con resentimientos y rencor. Un hogar
donde hay preferencias solo destruye la unidad familiar.

c) José no era prudente, era un joven impetuoso:


Gen 37:5-11 “Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a
aborrecerle más todavía. 6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: 7 He
aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se
levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se
inclinaban al mío. 8 Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o
señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y
sus palabras. 9 Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí
que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se
inclinaban a mí. 10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le
reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu
madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? 11 Y sus hermanos le tenían
envidia, mas su padre meditaba en esto.”

Vemos dos grandes pecados:


1° La presunción de José: la misma juventud de José hacía que él sea impulsivo, lo
que ocasionó que pecara de presumido. Presumir significa: Mostrarse muy
orgulloso de sí mismo o de sus cosas. Tal vez José no contaba sus sueños con el
propósito de amargar a sus hermanos, pero siendo el contexto familiar un ambiente
de marcadas preferencias, lo mejor hubiera sido callarse y esperar en Dios: María
(Lc. 2:19, 2:51) Jacob (Gn. 37:11)

2° La envidia de sus hermanos: Envidia significa que no eres feliz con las
bendiciones que Dios les da a otros. Como tú no tienes algo, no quieres que nadie
lo tenga y esa no es la verdad. Hay que aprender a alegrarse de lo que otros
tienen, tengamos igual, más o menos nosotros que ellos.

II. LA ENVIDIA CAUSA GRANDE DESTRUCCIÓN

1) Por envidia Caín mató a su hermano Abel:


Gen 4:3-8 “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una
ofrenda a Jehová. 4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo
más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5 pero no
miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y
decayó su semblante. 6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y
por qué ha decaído tu semblante? 7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no
hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te
enseñorearás de él. 8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y
aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel,
y lo mató”
2) Coré se rebeló contra Moisés por envidia:
Nm 16:1-5 “Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de
Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, 2 y se levantaron
contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de
la congregación, de los del consejo, varones de renombre. 3 Y se juntaron contra
Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación,
todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os
levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? 4 Cuando oyó esto Moisés,
se postró sobre su rostro; 5 y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana
mostrará Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a él; al
que él escogiere, él lo acercará a sí.

3) Por envidia una mujer estaba dispuesta a matar a un niño:


1Re 3:16-27 “En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se
presentaron delante de él. 17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer
morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. 18
Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y
morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos
en la casa. 19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre
él. 20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu
sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. 21 Y
cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que
estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo
había dado a luz. 22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo
es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que
vive. Así hablaban delante del rey. 23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el
que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi
hijo es el que vive. 24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una
espada. 25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la
una, y la otra mitad a la otra. 26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al
rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad
a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 27
Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es
su madre.

- La envidia es un sentimiento tan grande que nubla nuestra juicio, y está dispuesto
a “matar”, “desafiar”, o simplemente hacerle daño al otro, solo porque nosotros no
tenemos lo que los otros tienen.
- Si alojas envidia en tu corazón vas a terminar consumido de envidia.

III. CÓMO PODEMOS VENCER LA ENVIDIA

a) Primero debemos reconocer que tenemos envidia.


- es natural decirnos a nosotros que no somos envidiosos. Pero si el anhelo de
nuestro corazón es el ser liberado de todo el pecado, entonces necesitamos
humillarnos a nosotros mismos y reconocer la verdad.

- La envidia empieza con un simple pensamiento: “No es justo”, “¿Quién se cree


que es?”, “¿Por qué yo no recibo el mismo reconocimiento?”, “¿Por qué son
siempre ellos los que reciben la bendición?” Cosas tan simples como estás causan
intranquilidad en nuestra alma para reaccionar y sobreactuar.
- Nuestro propio ego está preocupado, esto lo podemos experimentar en el trabajo,
la escuela, nuestro matrimonio, familia y en nuestro servicio para servir a Dios.

b) Crucifícate con Cristo


- “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y
lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20.
- Por fe podemos considerarnos a nosotros mismos – nuestros sentimientos,
pensamientos, opiniones, ego, etc.. – crucificados con Cristo, y vivos para Dios en
Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 6:7-11)
- Si vivimos conforme a esta fe podemos vencer las tentaciones, y en lugar de tener
envidia la alegría y el agradecimiento crecen.
- Cada vez que somos tentados podemos orar por fuerza para permanecer ahí
crucificados con Cristo, y recordar que es Él el que ahora vive en mí, así podré
reaccionar conforme a Sus virtudes, sin importar como me sienta.
- De este modo toda “confusión y maldad” no nace de mis reacciones, y puedo
entonces crear vida y paz. (Romanos 8:6)

Conclusión: Amados hermanos, no importa que tanto o poco tenga una u otro, lo
importante es que Dios siempre nos da lo que necesitamos ¿Tienes todo lo que quieres?
Estoy que no, aunque sí tienes todo lo que necesitas.

Fil 4:19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en
Cristo Jesús.